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Ser maestro hoy

Por: Jorge Camacho Bueno.

Ser maestro es una de las profesiones más apasionantes; tiene la virtud de mantenerte siempre joven, porque se renace año a año al recibir nuevos alumnos. Es un trabajo que nunca es el mismo y cuya mayor recompensa es ver convertidos, a los que una vez tuviste como alumnos, en hombres de bien.

En esta fecha tan especial, en que rendimos homenaje a los maestros, es preciso resaltar el valioso impacto en la sociedad que tiene su labor diaria en el aula. El maestro es el corazón de la escuela, quien con su conocimiento, aprecio y preocupación hacia sus alumnos va enseñándoles, día a día, a vivir en esa pequeña sociedad que es el aula. Allí un niño va aprendiendo a convivir con los demás; a comprender distintos caracteres y gustos; a cuidar el orden y limpieza del salón, los patios, y los baños; a proponer con respeto su punto de vista; a participar en las actividades escolares; a respetar las cosas de los demás; a pedir por favor; a agradecer.

El ritmo de vida que impone la sociedad de hoy está cargando sobre los hombros de los maestros aspectos que antes se aprendían en casa. El maestro además de ser bueno en su curso debe enseñar a sus alumnos modales al comer, a respetar las reglas, a saludar, a agradecer, a esperar su turno, a convivir sin violencia. Si queremos forjar una sociedad democrática, justa, segura, donde todos trabajemos por el bien común, debemos reforzar los cimientos. Las familias buscan paz y seguridad en el colegio, pero la escuela será el segundo hogar solamente cuando la familia sea la primera escuela.

Ahora no se puede plantear la formación en virtudes ciudadanas sin involucrar también a las familias. Los colegios organizan sus escuelas de padres porque se reconocen como una comunidad integrada por padres de familia, profesores y directivos, que deben estar unidos en un clima de confianza, trabajando armónicamente para formar a los ciudadanos que el Perú necesita.

Estos últimos años hemos visto con preocupación cómo la actividad educativa va perdiendo prestigio social. Cada vez menos egresados de secundaria desean dedicarse a la docencia. Para el 2021 se ha proyectado un déficit de 469.900 profesores en el sistema educativo. Esta cifra, según un estudio patrocinado por el Ministerio de Educación (2015), incluye los niveles de inicial, primaria y secundaria.

Por otro lado, la sobrerregulación de la actividad docente junto con la inseguridad y violencia en nuestra sociedad están llevando a que cualquier discrepancia sea ocasión de denuncia hacia el maestro y el colegio. Este alto riesgo hace que un maestro se inhiba de corregir o poner orden en clase, y se limite solamente a instruir, perdiendo el niño lo más valioso que puede recibir de su maestro: la formación socioemocional que le permitirá ser buen ciudadano. Esta formación socioemocional será posible solamente si en los colegios se cultiva un clima de confianza y respeto hacia el maestro.

“Educando ciudadanos para el Perú que queremos” fue el tema de CADE Educación de este año. Allí se abordaron diversos aspectos de cómo a través de la escuela se puede educar a los niños y adolescentes para que empiecen tomando conciencia de lo que es vivir en sociedad, colaboren con iniciativas de otros, y pasen luego a ser promotores de soluciones a algún problema de su comunidad. Es decir, ayudarles a salir de la indiferencia social, de la queja y lamento estériles, enseñándoles a involucrarse activamente en cambiar lo que tienen entre manos.

Esta mirada de algunos de los retos actuales de la profesión docente debe llevarnos a generar políticas e iniciativas que: motiven a los alumnos que terminan la secundaria a estudiar la carrera de pedagogía; promuevan la formación de las familias para que cumplan su rol de primeros educadores de sus hijos; y restauren el clima de disciplina y confianza que toda actividad educativa requiere.

Fuente del artículo: https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/maestro-dia-docente-minedu-educacion-hoy-jorge-camacho-bueno-noticia-ecpm-652854

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Insostenible desajuste

Por: El País.

El 27,7% de los jóvenes que se graduaron en 2014 no tenía trabajo cuatro años después y el 37,2% de los titulados que trabajan desempeñan tareas de categorías inferiores a su cualificación

La mejor inversión que un país puede hacer para prosperar es en educación. Cuanto mayor sea el nivel de formación de sus ciudadanos, más vitalidad tendrá su economía y mejor podrá encarar los requerimientos de un sistema productivo cada vez más complejo y tecnificado. Precisamente por la importancia estratégica de esta inversión no podemos permitirnos malbaratar una parte tan sustancial del esfuerzo realizado en formación universitaria. Que un 27,7% de los jóvenes que se graduaron en 2014 no tuviera trabajo cuatro años después y que el 37,2% de los titulados que trabajan desempeñen tareas de categorías inferiores a su cualificación indica un grave desajuste entre los recursos destinados a la formación superior y la capacidad del mercado laboral para aprovechar recursos tan valiosos.

Los datos del estudio sobre la inserción laboral de los graduados publicado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades revela que el problema es estructural y persistente en el tiempo y que no es posible atribuirlo a la coyuntura económica. No es normal que mientras en España el PIB crece más vigorosamente que el promedio de la Unión Europea, los jóvenes graduados españoles tengan una tasa de desempleo y sobrecualificación profesional muy superior a la media.
El problema no radica en la calidad de la formación, similar a la de otros países, sino en la planificación de la oferta de los estudios universitarios y las deficiencias del mercado laboral. Tras la aplicación del plan Bolonia se ha producido una proliferación de títulos que no se corresponde con la demanda laboral real. Hemos pasado de 145 titulaciones a más de 2.000 y la distribución de los alumnos no se ajusta a las salidas laborales de las diferentes carreras. La sobrecarga de estudiantes en ramas humanísticas conduce a que sus titulados acaben haciendo otros trabajos, con frecuencia menos cualificados. Los 74.000 alumnos que en diez años han perdido las carreras técnicas, pese a ser las de mayor empleabilidad, indican que algo falla en la información y los estímulos que reciben los alumnos a la hora de decidir algo tan importante como la futura profesión.

A ello hay que añadir un mercado laboral anómalo en el que solo las grandes empresas parecen en condiciones de absorber a los titulados de mayor cualificación. El tejido industrial y cierta cultura empresarial hacen que muchas de las pequeñas y medianas empresas apenas inviertan en innovación. El estudio muestra que la precariedad está afectando también a las capas de la población con mayores niveles de estudios, y dentro de ella a las mujeres en una escandalosa mayor proporción. No podemos seguir así. Este debe ser uno de los asuntos que el nuevo Gobierno tiene que abordar con mayor celeridad.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/07/04/opinion/1562260658_300737.html

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Educar para incluir

Por: Carmen Landívar de Colonna.

“La educación inclusiva empieza en cada uno, cuando miramos al otro y reconocemos que la diversidad es parte de la naturaleza humana” (Minedu, 2019).

Desde la pedagogía, es un término que hace referencia a la actitud positiva de respuesta a la diversidad desde las instituciones educativas, principalmente la escuela. La inclusión trasciende lo que se conoce como integración, pues aparece como un derecho humano indiscutible. En el Perú lo establece la Ley N° 30797, Art. 19-A, que promueve la educación inclusiva (21/6/2018): el Estado garantiza la creación e implementación de los servicios de apoyo educativo para la atención en educación inclusiva, desarrollando acciones de sensibilización, capacitación y asesoramiento a la comunidad educativa en atención a la diversidad.

La inclusión propone un currículo común para todos en el que implícitamente vayan incorporándose algunas adaptaciones, según las características personales y grupales del alumnado. Así, contribuye a evitar desigualdades y segregación en las instituciones educativas. La escuela inclusiva ha de promover el análisis crítico de los modelos pedagógicos imperantes, de los programas y los proyectos educativos para afrontar adecuadamente los retos de la diversidad. En la actualidad, todavía encontramos alumnos que, según sus características, reciben los apoyos generalmente fuera del aula regular.

La inclusión en el Perú es de interés educativo en la actualidad y es investigado por muchos docentes en quienes se ha elevado ese afán de servicio que es parte de ser maestro. Resulta necesario que los maestros de todos los niveles educativos estemos preparados para ser competentes en la toma de decisiones pedagógicas, según las necesidades de cada estudiante. De esta manera será posible mejorar los aprendizajes, innovando en estrategias que redunden en la calidad educativa.

Las reformas demandan un proceso de reestructuración global para responder a la diversidad. Se debe promover en las escuelas una cultura de colaboración y apoyo mutuo entre profesores, una verdadera integración, diálogo, trabajo en equipo y que seamos capaces de poner en práctica capacidades y modelos de relaciones interpersonales, las cuales quisiéramos que nuestros alumnos practiquen.

A todas estas capacidades debe aspirar el perfil de la formación de los docentes, pues una de las brechas que hay que acortar es la insatisfacción de los docentes en su formación inicial, y continuar en el largo camino de su perfeccionamiento continuo.

La educación inclusiva es, pues, una manera de responder a los retos de la educación del siglo XXI.

Fuente del artículo: http://www.elperuano.pe/noticia-educar-para-incluir-81191.aspx

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Amor para nuestros hijos

Por: Fabrice Houdart.

 

Casi el 40% de los jóvenes de entre 13 y 24 años que se identifican como LGBTQ+ han considerado seriamente el suicidio en el último año. Esta estadística me preocupa, no solamente como hombre homosexual de 40 años, sino como padre de dos hermosos niños quienes espero que nunca tengan que encontrarse ante tal nivel de desesperación. Como el mes del orgullo está a pleno en todo el mundo, debemos recordar que el sufrimiento LGBTQ+ está presente en todos lados, todos los días.

Pero este sufrimiento no es exclusivo a las personas LGBTQ+. Sus hijos e hijas continúan siendo estigmatizados y recordados que estarían mucho mejor con una mamá y un papá comprometidos en una estructura de familia tradicional.

¿Existe realmente una diferencia?

Hay muchos estudios que analizan el impacto del desarrollo infantil de los niños criados en hogares con dos mamás o dos papás. Una investigación del The New England Journal of Medicinereporta que no hay diferencias ni en la salud mental, ni en el desarrollo cognitivo de personas de 25 años que crecieron en familias homoparentales comparadas con un grupo de la misma edad que creció en hogares de familias de parejas heterosexuales. Este estudio también revela que las personas del primer grupo mostraron menos dificultades en general que aquellos en el segundo grupo y concluyó que es más importante que los padres provean confianza y apoyo cuando crían a sus hijos que su orientación sexual.

Un estudio publicado en el Medical Journal of Australia reportó los mismos resultados con una diferencia. Los niños que crecieron en hogares homoparentales recibieron mejor calidad de crianza y mostraron mayor flexibilidad sobre los roles de género, la diversidad sexual y los diferentes tipos de familias.

¿Qué ocurre en América Latina y el Caribe?

El tema de las familias diversas ha estado a la vanguardia en las controversias políticas y manifestaciones masivas en más de un país de la región. El debate se ha enmarcado como uno de expansión de los derechos frente a la defensa de los valores de la familia tradicional. Por ahora, es muy difícil saber sobre la situación de las familias homoparentales en la región por tres motivos:

  1. Los censos nacionales de pocos países reconocen su existencia.
  2. El matrimonio de personas del mismo sexo es legal solo en Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay y Ecuador.
  3. No todas las parejas homosexuales reportan sus relaciones.

Mientras en Argentina, las parejas del mismo sexo están luchando por la posibilidad de adoptar niños; en países como Bolivia y Paraguay, la discusión esta ganando tracción con el posicionamiento de activistas de derechos humanos en las esferas públicas, privadas y de la sociedad civil.

Soy consciente que yo pude sobreponerme al estigma y al prejuicio de la sociedad debido a mis privilegios de nacionalidad, lugar de nacimiento, color de piel, identidad de género y educación. No todas las personas tienen tanta suerte. Muchas de ellas nunca llevan una vida de oportunidad y dignidad – el deseo más básico del ser humano.

No tiene que ser de esta manera. De hecho, yo he tenido discusiones con mis hijos sobre identidad de género y orientación sexual. Leemos libros como “Un día en la vida de Marlon Bundo” y mis hijos saben que las mujeres y los hombres pueden tener esposas o esposas si así lo sienten. No toma demasiado esfuerzo cambiar la narrativa cuando hablamos a nuestros hijos y si haciéndolo podemos salvar sus vidas o la de sus pares, ¿no vale la pena desafiarnos un poquito?

 

 

Juntos, como activistas de derechos humanos, profesionales del desarrollo, oficiales de gobierno, pero más importante aún, como padres y madres, podemos encontrar nuevas maneras de abrir mentes y corazones cerrados armando a nuestros hijos con amor en lugar de odio.

¿Cómo están aprendiendo tus hijos sobre la diversidad familiar? Cuéntanos en la sección de comentarios o mencionando a @BIDgente en Twitter.

Fuente del artículo: https://blogs.iadb.org/desarrollo-infantil/es/familias-diversas/

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Políticas educativas: ¿Del universalismo básico a la focalización compensatoria?

Por: Claudio Rama. 

 

Las políticas sociales constituyen un tema de amplia discusión. Ello se asocia en estos tiempos, tanto a la evaluación de la acción del MIDES y a la necesidad de encarar acciones dados sus resultados obtenidos, como a la situación del país en la materia donde la crisis impacta en variadas situaciones y que los mecanismos existentes de asistencia social no logran responder eficazmente. Ello fue objeto de una interesante reflexión hace unos días por parte de Mg. Eduardo Alonso a través de una charla “Políticas sociales republicanas del Futuro”, en la ocasión del Acto Fundacional del Circulo Republicano impulsado por Manuel Flores Silva y que contó con la participación al cierre de Julio María Sanguinetti.

En la ocasión, el debate se estructuró alrededor de la desarticulación entre políticas universales y políticas focalizadas, mostrando la relativa duplicidad administrativa, la imprecisión de funciones y la ausencia de coordinación eficaz, entre por un lado organismos y acciones que impulsan políticas sociales universales o básicas como el Ministerio de Trabajo, el Banco de Previsión Social, el Codicen o el Ministerio de Educación,  y por el otro lado, un nuevo ámbito que se ha conformado como el MIDES, centrado en políticas sociales focalizadas. La visión que se presentó la existencia de una estructura burocrática paralela de formulación y ejecución de políticas sociales focalizadas frente a los ámbitos institucionales tradicionales de ejecución de políticas universales. Se develó la ausencia de un plan integrado entre políticas universales y políticas focalizadas, pero especialmente la repetición de ámbitos, políticas, acciones y recursos en tanto los organismos tradicionales ejecutores de políticas universales habían ya desarrollado políticas particulares focalizadas.

Las políticas asistenciales focalizadas no han sido nuevas en Uruguay, sino que ellas siempre se articularon con políticas sociales de tipo universal al interior de los propios ámbitos. Éstas políticas que hoy se han tendido a llamar de asistencialismo básico o universal, constituyen políticas de igualación de situaciones y muy tradicionales en el Uruguay batllista, y que en su instrumentación han tendido a derivar también en la creación de políticas focalizadas de acompañamiento a las políticas generales. En nuestro país además ellas han tenido una relativa articulación donde fuese posible a la educación, en tanto se ha partido siempre del paradigma que la formación de capital humano debe ser el objetivo final de cualquier acción social y transferencia monetaria.

La discusión entre políticas de asistencialismo básico y políticas de atención focalizada se constituye también en el centro conceptual de la educación dada las diferencias de capacidades de aprendizajes de las personas y las diferencias de entornos sociales, culturas y recursos. La educación para tener calidad siempre requiere de una atención particularizada para permitir alcanzar los aprendizajes, e igualmente, alcanzar cobertura, requiere políticas universales y también acciones de equidad particularizadas para determinados sectores marginados de menores ingresos, privados de la libertad, del interior, con capacidades especiales, etc. Lo universal existe también como sumatoria de diversidades sociales, culturales, geográficas y económicas.

Así en educación también se ha ido articulando un discurso que plantea la necesidad de articular políticas universales y políticas focalizadas. El universalismo básico requiere ser complementado eficientemente y focalizado con acciones que permitan alcanzar la mayor inclusión. Son acciones de compensación proactiva de tipo social y pedagógico, para alcanzar los resultados del universalismo básico que debe tener la política pública. No es un igualar hacia abajo, sino de impulsar un nivel de asistencialismo básico y universal para todos, para que desde ese piso, la educación ayude a construir trayectorias de éxito.

En educación se tienden a llamar políticas proactivas o de compensación. Es este un debate importante en varios países con existencia de políticas de calidad que han impuesto determinadas barreras de acceso a la universidad (cupos), y que gracias a las políticas focalizadas han creado accesos preferenciales de estudiantes a través de cupos especiales para determinados grupos sociales excluidos y un sinfín de políticas socioeducativas.  En Uruguay, el acceso a los sistemas educativos se ha apoyado en políticas de gratuidad y de acceso abierto. Sin embargo, la realidad muestra que ello no es condición suficiente para cubrir a todos los sectores.

La prueba más clara y ejemplo de este tema, ha sido la creación y el funcionamiento del Fondo de Solidaridad creado por la Ley Nº 16.524 de 1994, que creó un sistema de becas para los estudiantes de bajos ingresos, o los estudios que  tienen evaluaciones como -ahora- las carreras de Tecnologías Médicas de la UDELAR y que requerirían cupos.

En materia de educación superior, las políticas focalizadas se constituyen  en ejes de las políticas públicas. En Brasil fue el debate de la Ley de Cotas para el acceso a la educación superior para la población de color y en Bolivia y México se crearon universidades multiculturales para el acceso de los indígenas, como algunas de las cientos de expresiones de políticas en esta materia proactivas. Cuando los países impulsan políticas de calidad, tienden a promover a la vez  políticas proactivas de compensación. Cuando los países impulsan equidad bajo políticas sólo universales y sin políticas activas, la accesibilidad y a calidad es menor.

Este es el caso del modelo dominante de acceso abierto y centrado en la cobertura y la equidad y no en la calidad como se da en el país. El muestra una enorme desigualdad en los ingresos y egresos, así como el carácter desigual en términos sociales de la educación superior. Uruguay se ha focalizado en políticas de tipo universalistas con una escasa presencia de políticas focalizadas. Si entran todos en la educación, si hay gratuidad universal se pensaba que ello alcanzaba. La solución está viniendo desde el Fondo de Solidaridad que contribuye desde dos niveles. Por un lado aumenta los ingresos a la educación superior de estudiantes de menos recursos, y por la otra, ellos desertan menos y se titulan más, al estar las becas asociadas a los resultados y los esfuerzos.

En esta dinámica hay que empezar a pensar en más políticas focalizadas y revisar un universalismo básico que no está dando hoy los mismos resultados en los nuevos contextos sociales. ¿Cabe preguntarse y reflexionar si convendrá complementar “presencialidad” con tutorías, expandir otros modelos educativos como la educación a distancia, e incluso, si los bajos rendimientos y la repetición deben asociarse a perdida de la gratuidad?

Fuente del artículo: https://www.republica.com.uy/politicas-educativas-del-universalismo-basico-a-la-focalizacion-compensatoria-id717572/

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Las únicas cosas importantes pasan en Educación Infantil

Por: Adrián Cordellat.

 

Puede que sea la etapa vital de mayor y más evidente desarrollo

Alessandro Baricco suele aludir cuando habla de su infancia a una conversación que mantuvo con Amélie Nothomb. Asegura Baricco que la prolífica escritora belga le dijo que las únicas cosas importantes nos pasan en los primeros años de vida y que todo lo demás es un epílogo. Para el escritor italiano esta reflexión es exagerada, aunque reconoce que también cree que las impresiones de los primeros años son fundamentales. “Puede que no hagamos otra cosa que volver ahí”, afirmaba en una entrevista publicada hace unos meses en Jot Down.

Durante la última semana he pensado de forma recurrente en la frase de Nothomb. Concretamente desde que en la reunión de fin de curso tomé conciencia de que mi hija cerraba el 21 de junio una etapa irrepetible, la de la Educación Infantil. Otro puente vital dinamitado que viene a corroborar que el periodista Patxo Unzueta tenía razón cuando señaló la que en su opinión era “la tragedia más definitiva de la condición humana”: la imposibilidad de volver atrás.

El martes, en un corro improvisado de padres, le dije a la profesora de mi hija que es una afortunada por disfrutar de esta etapa de los niños, esa en la que pasan las únicas cosas importantes. Qué responsabilidad también, añadí. Ella lo sabe, porque es testigo privilegiado de la explosión expansiva que se produce durante estos tres años de Educación Infantil. Puede que sea la etapa vital de mayor y más evidente desarrollo. Luego seguimos creciendo y adquiriendo habilidades y conocimientos, nos brotan pelos por el cuerpo, maduramos y envejecemos, pero ya no a la velocidad a la que todo se produce en la primera infancia.

Dejamos a nuestra hija en el colegio con dos años y once meses. Apenas hablaba bien aún. Era una bebé. Tres años después sabe leer, escribir y contar. Y todo lo ha aprendido a través del juego, sin necesidad de sentarse en una mesa a rellenar fichas como si fuese un autómata. Por eso elegimos su colegio. Porque en él hay profesoras y profesores que, pese a las limitaciones, la alta ratio de alumnos y las diferencias de criterio que puedan surgir con los padres, cada día se empeñan y se esfuerzan por demostrar que otra forma de enseñar es posible y que el juego es una herramienta única y por desgracia infrautilizada para el aprendizaje. En la reunión de fin de curso, por cierto, una madre de un compañero de nuestra hija se hizo una pregunta bellísima: “Muchas veces me cuestiono si este colegio lo elegimos para nuestros hijos o para nosotros”. Nadie supo contestársela. Quizás porque nadie tiene una respuesta clara. O sí, pero esa respuesta nos haría parecer demasiado egoístas.

Decía que mi hija entró al colegio siendo una bebé. Hoy es una niña de cinco años y medio que espera ansiosa poder tachar una nueva efeméride en su particular biografía: la caída del primer diente. En eso, en que ya es una niña, pensaba ayer cuando después de recogerla la veía cruzar despreocupada la puerta que separa los pasillos de Infantil y de Primaria. Arriba, clavado en la pared, juraría haber visto un cartel con una flecha en dirección a Primaria en el que me pareció leer la palabra “epílogo”.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/06/19/mamas_papas/1560954361_793549.html

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¿Cómo innovar desde las escuelas?

Por: Luciana Alonso.

 

Uno de los desafíos globales de la educación es incorporar las habilidades del siglo XXI a los planes de estudio en los diferentes niveles educativos. El pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la comunicación, la creatividad y la capacidad de adaptarse al cambio son fundamentales para pensar la sociedad actual y del futuro. Pero lo cierto es que este desafío debe abordarse de manera articulada con otras deudas de los sistemas educativos vinculadas principalmente a los aprendizajes, el abandono y la repitencia escolar. Si nos enfocamos en la Argentina, el documento “Posicionamiento sobre adolescencia en el país”, presentado en 2018 por Unicef, nos muestra que “poco más de la mitad de los jóvenes de entre 10 y 18 años no termina el secundario”. En la misma línea, las estadísticas nacionales muestran que de los alumnos que se egresan en ese nivel “solo el 27% lo hace sin repetir”.

Si tomamos como base la “Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes 2016-2017”, presentado de manera conjunta por el Indec y el Ministerio de Producción y Trabajo, las múltiples causas del abandono escolar están asociadas a las propias limitaciones de la estructura educativa que hacen que en ocasiones las escuelas no puedan acompañar como corresponde la trayectoria de esos estudiantes que terminan saliendo del sistema escolar, ya sea porque la oferta es insuficiente por falta de cupo en las escuelas; o por dificultades de acceso por cuestiones de violencia (35,9%); o porque el contenido impartido no logra captar el interés de los niños que trabajan, ni ayudarlos a superar sus dificultades (35,9%).

La problemática es real y palpable. En todo el mundo están surgiendo modelos alternativos e innovadores que se proponen repensar y rediseñar la escuela y los vínculos que en ella se construyen, para abordar estos desafíos sin perder de vista el objetivo a futuro. Experiencias como Horitzo2020, Escola Nova 21 y el Colegio Montserrat son propuestas de referencia que dan cuenta de ello. En la Argentina no somos ajenos a esta búsqueda.

La red de escuelas de Eutopía alcanza actualmente a 16 escuelas secundarias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una comunidad integrada por 41 directivos, 64 docentes en forma directa y más de 800 en forma indirecta, y cerca de 6 mil estudiantes, pero se propone escalar a otras escuelas y regiones. Esta alianza propone un modelo de acción, un nuevo horizonte de posibilidad, para que las escuelas piensen cuáles son las transformaciones que deben impulsar teniendo en cuenta sus contextos y población. Cada escuela es única, y tiene necesidades y problemáticas particulares que no siempre pueden ser resueltas por las políticas macro. Estamos convencidos de que desde las escuelas y sus comunidades se pueden pensar y llevar adelante diferentes estrategias que permitan generar interés y la participación de los jóvenes en sus propios procesos de aprendizaje; como así también ayudar a la configuración de esquemas institucionales que acompañen el desarrollo de los intereses de estos jóvenes.

Llegó la hora de trabajar juntos para pensar en un cambio del sistema educativo desde las escuelas y sus contextos, y explorar en conjunto nuevas formas de innovar en el aula. Hay que hacer énfasis en el protagonismo de los estudiantes para desarrollar una propuesta educativa que cierre las brechas que existen entre los intereses de los adolescentes y jóvenes, y lo que la escuela les ofrece. En Argentina, América Latina y el mundo, la escuela está en movimiento, la innovación educativa ya está en marcha y no puede esperar.

Fuente del artículo: https://www.perfil.com/noticias/columnistas/como-innovar-desde-las-escuelas.phtml

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