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En México, ¿podremos celebrar el Día de la Niña y el Niño?

Por.: Rosalba Rivera Zúñiga

“2018 podría ser un año histórico para las niñas, niños y adolescentes migrantes, si los países establecen acuerdos y buenas prácticas para garantizar su seguridad y bienestar. La migración, especialmente para la niñez, no tiene que ser peligrosa. Las políticas, prácticas y actitudes que ponen a niñas y niños en riesgo pueden y deben cambiar, y 2018 es el momento para hacerlo!”, fue la expectativa de Ted Chaiban, director de programas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en el marco del Día Internacional de las Personas Migrantes, donde recordó que actualmente 50 millones de niñas y niños, en el mundo, se encuentran en tránsito.

Con apenas 4 meses del 2018, hoy México está frente a la oportunidad de dar un paso real para la protección de la infancia migrante. Desde el pasado 18 de abril, se encuentra en la Cámara de Diputados la minuta con proyecto de decreto, aprobada el pasado 17 de abril en la Cámara de Senadores, para reformar diversos artículos de la Ley de Migración y la Ley Sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político con la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en materia de infancia y adolescencia migrante.

Datos de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) señalan que entre enero y febrero del 2018 se han realizado 4,777 eventos de detención de niñas, niños y adolescentes migrantes, 26% más que en el mismo periodo de tiempo del 2017. De ellos, 73% han sido deportados a sus países. Mientras que entre 2011 y 2016 incrementaron 900% los eventos de detención de esta población.

Tanto organizaciones de la sociedad civil, como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la Organización Internacional para las Migraciones y UNIFEC han instado a las y los diputados, en especial de las comisiones de Asuntos Migratorios y de Gobernación, a aprobar dichas reformas antes de que termine el actual periodo legislativo (30 de abril).

Cabe recordar que este proceso legislativo responde a una armonización de la primera iniciativa de ley preferente enviada por Enrique Peña Nieto, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes publicada en 2014, que, entre otras cosas, reconoce a la niñez y adolescencia como titulares de derechos; establece la no detención de la niñez migrante; el Interés Superior de la Niñez; y su derecho a un debido proceso.

En este contexto, recientemente Alfonso Navarrete, secretario de gobernación, y Manuel Velasco, gobernador de Chiapas, acordaron reforzar la seguridad en la frontera con Guatemala con elementos de la Gendarmería. Coincidiendo con la amenaza de Donald Trump a México, de anular al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el envío de su Guardia Nacional para reforzar su frontera sur.

Sin embargo, esta acción del gobierno mexicano no es nueva. En 2014, luego de la crisis de niñez migrante en Estados Unidos, México recrudece su política migratoria con el Plan Frontera Sur, que entre otras cosas, se refuerza la frontera sur del país con policías y militares, provocando un cambio en las rutas migratorias centroamericanas por zonas más riesgosas. De acuerdo con SEGOB, entre 2013 y 2015 incrementó un 99% los eventos de detención de hombres migrantes y un 233% de mujeres migrantes.

En este panorama, la aprobación de esta armonización legislativa a favor de la niñez migrante seria una luz al final del túnel, pues como lo expresó la senadora Layda Sansores, presidenta de la Comisión de Asuntos Migratorios, “con esta aprobación se da, al menos, un rasguño a Trump, porque mientras él construye muros, nosotros rompemos barreras para la niñez migrante”.

No obstante estas acciones, sigue siendo primordial impulsar la consolidación de una nueva política migratoria que no se enfoque en la represión del fenómeno migratorio, sino en acciones conjuntas entre gobiernos con trabajo continuo para fortalecer la economía social y cultural de las comunidades de origen. Al ser el fenómeno migratorio complejo y multifactorial, demanda acciones complejas e integrales, donde la infancia y la adolescencia son un sector estratégico para lograr una política pública sustentable, sin importar su origen o nacionalidad.

Actualmente, niñas, niños y adolescentes padecen y sobreviven en los diferentes escenarios que integra el amplio y complejo fenómeno migratorio. La infancia migrante y solicitante de asilo, está principalmente constituida por grupos que en sus lugares de nacimiento ya estaban en situaciones de vulnerabilidad, situaciones que trasladan a los lugares de tránsito y destino (REDIM). Por ejemplo, para 2014 el Banco Interamericano de Desarrollo señalaba que aproximadamente 60% de la adolescencia centroamericana no asistía a la escuela y/o vivía en la calle.

Ante este entramado de situaciones, es imperante que nuestra legislación otorgue protección a la niñez y adolescencia migrante y sus familias en nuestro país, a través de la construcción de políticas públicas, en concordancia con la Convención de los Derechos de la Niñez. Así como fortalecer a las instituciones responsables de velar por los derechos de la niñez migrante, desde capacitación del personal, de todos los niveles, hasta otorgar mayor presupuesto para la implementación de acciones integrales.

Por lo que este 30 de abril, Día de la Niña y el Niño, esperamos poder celebrar como país el haber dado un paso contundente y significativo en el largo camino que supone la protección de la niñez y adolescencia migrante y solicitante de asilo en México, con la aprobación de la minuta de decreto en la Cámara de Diputados.

*Fuente: https://desinformemonos.org/mexico-podremos-celebrar-dia-la-nina-nino/

*Fuente de la imagen: http://www.laondaoaxaca.com.mx/2016/05/mas-de-la-mitad-de-ninos-en-mexico-viven-en-pobreza-coneval/

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Yemen’s children have been forgotten by the world for too long

Por: George Graham

Just 12 percent of the funds required to support education activities in the war-torn country this year have been raised

As we approach the entrance to the school, enthusiastic children flock towards us, excited by a visit from outsiders and a distraction from their usual routine. We could be visiting a school in any country – except we’re here in Yemen, a country torn apart by three years of conflict.

I’m visiting schools in Aden, in southern Yemen, which is relatively peaceful now, but saw heavy fighting three years ago when the Houthis captured the city and were then driven out by the Saudi-led coalition. By contrast, Sanaa, the capital city in the north, was being hit by air strikes just a week ago. My colleagues described parts of the northern governorate of Saada as «flattened».

Children robbed of their futures

Even so, in Aden, there’s devastation everywhere. Building after building is a bombed-out carcass, including two of our offices. But the damage isn’t only physical: the economy is in tatters, and many families are struggling to make ends meet. Some supplies and commodities are getting in, but the Yemeni rial has plummeted so much that most people can afford very little. The influx of displaced people from the frontlines has added to the pressure.

The impact of the conflict on the lives of children has been devastating. It has killed them, maimed them, taken the lives of their family and friends, and left many starving and without medical care. It’s also robbing them of their futures.

The girls’ school had been hit by explosive weapons earlier this month, when a nearby fight strayed into the schoolyard

Across the country, schools have been attacked, destroying the structures and the lives of those trapped inside. More than 1,800 schools have been directly impacted by the conflict, including more than 1,500 that have been damaged or destroyed and 21 that are occupied by armed groups. But that’s just the start of it.

The entire education system has been decimated. There’s a severe shortage of teachers; no one has been hired since before the war, leaving many schools reliant on volunteers. The shortage of female teachers is of particular concern, causing many parents to pull their girls out of school. A dire lack of materials, such as textbooks, has left the bookshelves in school libraries almost bare.

Schools decimated

Sometimes there aren’t even buildings in which to teach, so lessons are held outdoors, often in intolerable weather conditions. One «school» we visited was a cluster of sweltering white tents erected next to the obliterated remains of what was once a school building. The Saudi-led coalition bombed the original school, which had been occupied by Houthi armed forces.

Yemen was already a severely impoverished country, and the conflict has not only stopped further development, but rolled back valuable gains. Many children must spend part of their day working to help support their families, leaving them too tired to learn. Classrooms are immensely overcrowded, so children study in shifts.

Displaced Yemeni children sit on tyres at a camp in the Yemeni coastal city of Hodeidah on 17 February 2018 (AFP)

In one of the schools I visited, more than 100 students packed each classroom, with four girls sharing a desk. These children are the lucky ones – close to two million others are out of school.

The girls’ school had been hit by explosive weapons earlier this month, when a nearby fight strayed into the schoolyard. When we met them, the girls were animated and full of hope, but the headteacher told us that they had been terrified that day, fleeing out of doors and windows in panic, and that the whole school was now tense with worry.

The students with whom I spoke were energetic and joyful, giggling as they told me about their dreams of growing up to become doctors, teachers and social workers.

But according to the UN Panel of Experts on Yemen, alarmingly, many boys are being recruited to fight for armed groups instead – stopping their education in its tracks and reducing their future ability to rebuild their country when peace eventually comes. Learning conditions for those still in school are abject, and I found it hard to feel confident that these children’s hopes would ever be realised.

The funding gap

Organisations like Save the Children run programmes, such as catch-up classes to try to stop students from falling too far behind, but the funding is completely insufficient to support the number of children in need.

At the end of my visit, it was abundantly clear that these children have been forgotten by the world for too long. The international community must do much more to protect Yemen’s children.

Pressure must be put on all parties to the conflict to allow life-saving supplies to reach those who need it, to respect their obligations under international law, and most importantly to find a peaceful solution to the war. Ultimately, the crisis will only end through a peaceful and permanent political solution.

READ MORE ►

The war in Yemen: A modern-day Vietnam for the Saudi-led coalition

Meanwhile, governments and other donors must also step up. Twenty-two million people – three-quarters of the population – require some form of humanitarian assistance. Half of those are children. Worryingly, just 12 percent of the funds required to support education activities this year have been raised; it’s time for donors to recognise the critical nature of this part of the response.

One day, this war will end. And we owe it to the children of Yemen – these future doctors, teachers and engineers  –  to ensure they have the basic skills to take control of their future by helping to rebuild their country.

George Graham is Save the Children’s director of conflict and humanitarian policy.

The views expressed in this article belong to the author and do not necessarily reflect the editorial policy of Middle East Eye.

Photo: Yemeni children look out from hung sheets at a makeshift camp for displaced people in the northern Abys district of Yemen’s Hajjah province on 16 April 2018 (AFP)

*Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/children-yemen-deserve-better-1988641947

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Educación de tres pisos: soporte del colonialismo interno

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez*
opinion@laestrella.com.pa

Esta elemental función, no ha estado siendo cumplida por ninguno de los Gobiernos de los últimos 30 años

Todo sistema educativo tiene esencialmente dos funciones, una de carácter instrumental y la otra de carácter histórico estructural.

En la primera, se trata de solventar problemas mencionados a diario por muchos ciudadanos: que si la cobertura, que si el 6 % del PIB, que si las infraestructuras deterioradas, en fin, lo que conduce al logro de los aprendizajes necesarios para insertarse con eficiencia en los mercados de trabajo.

Esta elemental función, no ha estado siendo cumplida por ninguno de los Gobiernos de los últimos 30 años. Resulta una ironía, toda vez que los multimillonarios recursos destinados a este sector, han sido sistemáticamente desviados hacia la satisfacción de pingües ganancias de inversionistas de la construcción, (construcciones de nuevos edificios cuando la mayoría requiere de mejoras y con menores montos de inversión) del comercio importador (¿hacia dónde se dirigen los gastos de la beca universal de los no pobres que la reciben y quiénes son los dueños de esos artículos adquiridos?) además del Programa de aprendizaje de idiomas en el extranjero de dudosa eficiencia y costo-efectividad, entre otros gastos superfluos de magnitudes escandalosas en el Meduca del que grupos de empresarios sacan provecho privado.

La segunda gran misión de la educación está en el plano del tipo de ciudadano que se forma (o deforma) para ser parte de un determinado tipo de economía y orden político jurídico. En Panamá, experimentamos un colonialismo interno en el cual se asignan roles a los pobres para que lo sigan siendo, mientras los hijos de las élites domésticas aprenden a emplear los mecanismos que mantienen sometido a aquellos.

Así, se observa una educación que cumple con esa misión, pero con base en tres pisos, o sea de manera diferenciada de acuerdo al origen social de la población.

Pues bien, a los que se les permite acceso a una educación instrumental precaria, que actualmente son la mayoría de los pobres, vienen a ser parte de un primer piso del edificio de la educación panameña, lo que no ocurre de manera inocente, sino que es provocada por los grupos económicos y políticos que han conducido nuestro sistema educativo.

En el segundo y tercer piso, si se hace efectiva la primera función instrumental, con una particularidad, uno de estos pisos es para formar a los hijos de las élites económicas y políticas, para que sepan ejercer poder y dominio sobre las instituciones y empresas privadas y públicas y el otro piso, destinado a educar a quienes no provienen de las familias adineradas, pero resultan profesionales y operarios cualificados ‘talentosos’ con capacidad para ingeniar las formas que hagan más ricos a los ya ricos.

Se trata de garantizar a través de la educación, que ‘los de abajo’ no tengan oportunidades reales de ocupar los puestos de mando y menos, para aplicar políticas y medidas a favor de las clases sociales de donde provienen, que son mayoritarias.

Por lo demás, todo está administrado bajo un currículo que conduce a las personas a ver como algo natural y conveniente a la relación mercantil totalizadora, esa que se fundamenta en la ética del ‘sálvese quien pueda’ y no en la solidaridad humana; esa que considera los derechos humanos fundamentales de la salud, la educación, la vivienda o el ambiente como meras mercancías, donde tendrá derecho a ellas quien pueda pagarlas, o sea, accesible solamente a la parte alta de la clase media y a las élites que nos dominan. No por azar se han hecho desaparecer asignaturas y ejes temáticos humanísticos, en las últimas ‘transformaciones curriculares’.

Por tanto, una educación con equidad, implicará derrumbar el edificio de tres pisos que sostiene la reproducción del capital cultural e intelectual del colonialismo interno y convertirlos en uno con la mejor condición posible: Sacando al Meduca de las garras de los(as) mercaderes que han estado haciendo fortunas personales, además de devolverle la función de formación humana integral desaparecida en los currículos escolares y universitarios. Para esto, la participación organizada de los docentes a nivel nacional es crucial, lo mismo que la participación de los padres de familia y estudiantes organizados-lo que hoy se conculca por las autoridades-la cual debe impulsarse desde los centros escolares, para evitar la manipulación de la que hoy son objeto por parte de las élites políticas y económicas.

*SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

Fuente del Artículo:

http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/educacion-tres-pisos-soporte-colonialismo-interno/24058335

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Balance educativo sexenal. La visión del INEE. Segunda parte

Por: Roberto Rodríguez

La reciente publicación del INEE, La educación obligatoria en México. Informe 2018 (véase) reporta, con amplitud de datos y series estadísticas, un balance sobre el estado del sistema educativo nacional en los niveles de preescolar, primaria, secundaria y media superior. En el informe se examinan ocho aspectos: contexto, acceso y permanencia, infraestructura y equipamiento, gestión docente, calidad del currículo, convivencia escolar, logro de aprendizajes, y financiamiento federal al sector educativo.

El hilo conductor de la obra consiste en la exploración de las dos dimensiones centrales en la política educativa del sexenio: mejora de la calidad y de la equidad de las oportunidades educativas. La conjunción de estas dimensiones anuda en el objetivo de garantizar el derecho a la educación plasmado en el texto constitucional. Al respecto, el informe insiste en un argumento: los logros de las políticas del periodo gubernamental son significativos, pero insuficientes para asegurar que tanto la calidad como la inclusión son realidades tangibles del sistema.

En los primeros dos capítulos (Contexto socioeconómico en que se desenvuelve el sistema educativo nacional, y El derecho a la educación obligatoria) coinciden en identificar a las poblaciones en mayor condición de vulnerabilidad educativa: niños y jóvenes que viven en localidades rurales y aisladas, poblaciones en condición de pobreza extrema, población indígena o hablante de lenguas indígenas, los que trabajan o realizan actividades domésticas, y las personas con discapacidades. Para estos grupos, señala el informe, se “requieren políticas educativas dirigidas a contrarrestar los efectos adversos de sus contextos particulares a fin de garantizar que finalicen la educación obligatoria y obtengan los conocimientos mínimos necesarios para seguir su formación académica o insertarse en el mercado laboral.”

Al respecto se ofrecen dos datos ilustrativos. Primero, cada año abandonan los niveles obligatorios más de un millón de estudiantes, la gran mayoría en el ciclo de bachillerato. Segundo, la tasa de asistencia de los jóvenes entre 15 y 17 años en condición de pobreza es de 48.4%, mientras que la correspondiente a los no pobres y no vulnerables alcanza un nivel de 94.5%.

En materia de calidad y equidad de los insumos materiales, el informe arriba a una conclusión similar a la que concierne a la equidad en la distribución de oportunidades: “aquellos tipos de escuela que dan servicio a alumnos de contextos desfavorecidos son a los que suele dotárseles con menos insumos materiales o de menor calidad”. En el documento del INEE esta aseveración se ilustra con el análisis comparativo de distintas modalidades de la oferta, en donde las más desfavorecidas resultan ser las escuelas comunitarias en indígenas de enseñanza básica, así como los telebachilleratos comunitarios en media superior.

En la revisión de las prácticas de evaluación docente instauradas en el marco de la reforma, el documento reconoce dos logros importantes: el establecimiento de parámetros y perfiles de desempeño docente, y la política de otorgar las plazas de nuevo ingreso de profesores y directivos mediante exámenes. En cambio, reconoce el informe, las evaluaciones de desempeño han resultado más problemáticas. En primer lugar, porque el número de profesores que han pasado por este proceso de evaluación es bastante menor al total de maestros en servicio, y en segundo por la ausencia de criterios adecuados para evaluar el desempeño de maestros en contextos vulnerables.

Por otra parte, subraya el documento, los procesos asociados a la política docente han tenido un desarrollo insuficiente, como es el caso de las tutorías, acompañamiento, y actualización del magisterio. Quedó pendiente, además, concretar el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela según lo previsto en la reforma.

En materia de calidad curricular, las evaluaciones practicadas por el INEE, señalan que el vigente a partir de 2012 “tiene una estructura sobrecargada de elementos, los cuales además están insuficientemente conceptualizados, o bien, sus relaciones y conexiones son inexistentes o débiles, lo que dificulta su adecuada comprensión y aprovechamiento para el logro de los propósitos educativos”, también se indica que el nuevo modelo curricular, desarrollado a finales de este sexenio, si bien presenta algunas innovaciones pedagógicas, está sujeto a la generación de condiciones adecuadas para su implementación que, de no ocurrir, “no prosperará más allá de una loable aspiración.”

Quizás el resultado más decepcionante entre los mostrados en el informe del INEE es la inmovilidad de los indicadores que reflejan el aprovechamiento escolar en matemáticas y lenguaje durante la última década. Por un lado, los promedios nacionales en esta materia no muestra una evolución progresiva en el periodo; por otro, las brechas sociales que separan el logro académico, según las pruebas estandarizadas en los distintos niveles del sistema, comprueban que la desigualdad socioeconómica tiene una alta repercusión en los resultados, o dicho de otra manera, que la escuela no alcanza a compensar sino, en todo caso, a reproducir los déficit educativos y culturales de las poblaciones en condición de vulnerabilidad.

En resumidas cuentas, ni mejor calidad ni mayor equidad. Acaso incrementos de coberturas y mayor eficiencia terminal. Habrá que ver qué proponen los candidatos en la contienda presidencial a estos desafíos.

Fuente del Artículo:

Balance educativo sexenal. La visión del INEE. Segunda parte

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La Reforma como pretexto

Por: Manuel Navarro Weckmann

Hace unos días se lleva a cabo, en el estado de Chihuahua, un paro de labores en todas las escuelas dependientes del subsistema estatal de educación motivado por una serie de inconsistencias en el pago de salarios que, en algunos casos superaba los ocho meses de retraso, el trato, así como diferencias en la interpretación de la ley en cuanto a las prestaciones que tienen que ver con la fecha que establece la propia Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) al 31 de mayo de 2015.

Al ser la primera ocasión en la historia de la entidad que sucede una movilización de tal magnitud por dicho subsistema, no dejó de sorprender a la comunidad, sin embargo, no hubo problemas de vandalismo, enfrentamientos o provocaciones al llevarse a cabo con calma, limpieza y organización.

Los problemas ya rebasaban a las promesas de cumplimiento. Solo por citar algunos ejemplos: el servicio médico se encontraba regionalizado (no se podía enfermar en una ciudad diferente a la de la adscripción); Sin mayores avisos se dejaron de asignar prestaciones como el escalafón horizontal a personal de apoyo y asistencia a la educación, así como a personal del nivel superior que no entran en la LGSPD entre muchos otras.

A pesar de que en un principio el propio Secretario de Educación encuadraba la problemática a sólo 179 casos, a los pocos días y por orden del Gobernador, se emitieron los primeros 287 cheques de pago. Ello con problemáticas de tardanza, cobro, así como irrisorios montos en algunos casos.

Por otra parte, se encuentra, las horas de Investigación y Regularización Pedagógica (IRP), las Cocurriculares, los ¾ de tiempo y, entre otras, la Plaza de Tiempo Completo Mixto (llamada Clave L), las cuales son interpretadas por la Autoridad Educativa como un Sistema de Promoción, sin embargo, son plazas que tienen indexadas un crecimiento automático al cumplir ciertas condiciones como es el caso de la antigüedad.

Ya en días pasados el propio Diputado Local Miguel Latorre, perteneciente al partido en el gobierno, expresó que “luego de la solución del conflicto se debe de llevar a cabo una limpieza de funcionarios públicos de la propia Secretaría que no hacen bien su trabajo”.

Mas allá del agradecimiento con las familias por el apoyo, tolerancia y acompañamiento, es preciso expresar que en Chihuahua existe un problema de rumbo, estrategia y administración de la educación.

https://manuelnavarrow.com

Fuente del Artículo:

La Reforma como pretexto

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Subdesarrollo docente en educación básica

Alberto Sebastián Barragán*

La formación y actualización de profesores es muy relevante en todos los niveles educativos. En su preparación recae una gran responsabilidad para la calidad de las estrategias y actividades que se desarrollan como procesos de enseñanza, lo cual repercute directamente en la construcción de los aprendizajes de los estudiantes.

En nuestro país hay políticas educativas que han trascendido los sexenios. Por ejemplo, para educación superior, desde 1972 se impulsó el Programa Nacional de Formación de Profesores y en 1994 se creó el Programa Nacional de Superación Académica, con el objetivo de fortalecer la preparación de los académicos en ese nivel educativo, pero en 1996 fue absorbido por el Programa para el Mejoramiento del Profesorado (Promep).

Por más de 10 años, éste se aplicó con resultados positivos, por ello se retomaba cada sexenio y se amplió su cobertura a todas las instituciones de educación superior, hasta convertirse en el Programa para el Desarrollo Profesional Docente (Prodep), en diciembre de 2013, pero como se ofrecían buenos resultados, se decidió ampliar la población objetivo y agregar al programa a los docentes de prescolar, primaria, secundaria y bachillerato. Hoy el programa mantiene una tendencia favorable para educación superior, pero para el nivel básico y medio superior no se puede decir lo mismo.

El Prodep tiene una extraña configuración, porque los objetivos para cada subtipo de población son muy distintos. Por ejemplo, para educación básica, prescribe: garantizar una oferta suficiente y diversificada de programas formativos pertinentes y con calidad que atienda las necesidades que derivan de la evaluación interna de las escuelas públicas de educación básica; para educación media superior: capacitar al personal docente, y para educación superior: “contribuir al desarrollo profesional de los docentes y cuerpos académicos (…) mediante la habilitación académica y la investigación”. Los recursos y los procedimientos también son distintos para cada rango.

Sí, el Prodep tiene un buen desarrollo en educación superior, pero ¿cómo saber si cumple los objetivos para educación básica? Esta respuesta la obtendremos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). El 17 de enero de 2018 se emitió el dictamen de la Auditoría de Desempeño 153-DS, sobre el Programa para el Desarrollo Profesional Docente en Educación Básica, para fiscalizar el Prodep, tipo básico, y verificar la ejecución de objetivos y metas.

En los resultados y recomendaciones de 13 puntos descritos, aparecen valoraciones como: deficiencias en el diseño; subsidios no entregados; falta de diagnóstico nacional o local; no se garantizaron mecanismos de oferta pertinente; no se acreditaron cartas de participación; la dependencia no dispuso de información sobre el cumplimiento; no se acreditó haber desarrollado estrategias de distribución de materiales de estudio para personal sin acceso a computadoras o Internet; la SEP sólo contó con información de cursos y diplomados impartidos de dos de las 32 entidades; no se contó con información o indicadores para evaluar el programa; hubo una reducción de 95.5 por ciento en el presupuesto asignado al Prodep para educación básica; se capacitó sólo a 5 por ciento de la meta de más de un millón… Con todo esto, podríamos concluir que por tratarse de una vertiente del Prodep en el ejercicio 2016, a tres años de su implementación, se perciben graves deficiencias.

Pero mejor leamos aquí una cita exacta del dictamen de la ASF: “En cuanto al cumplimiento del objetivo del programa, la dependencia no acreditó contar con información, indicadores ni metas para evaluar el grado en que el programa contribuyó en el fortalecimiento de los conocimientos, capacidades, competencias y habilidades del personal educativo del nivel básico, con el fin de que este personal desarrollara el perfil idóneo.

Respecto de los recursos financieros del Prodep, en 2016, la SEP y la CNSPD realizaron 24 adecuaciones presupuestarias, que representaron una reducción de un millón 727 mil 992.5 miles de pesos, 95.5 por ciento del presupuesto originalmente asignado al programa en el nivel básico, lo cual implicó que no se alcanzaran las metas de cobertura, por lo que dichas adecuaciones no se realizaron para permitir un mejor cumplimiento de objetivos.

Más adelante, la ASF reconoce que estas deficiencias provocaron que no se lograra avanzar en la conformación del Sistema de Profesionalización Docente y afectaron el cumplimiento de uno de los propósitos de la reforma educativa de 2013, y por ello recomienda corregir, modificar o reorientar el Prodep en el nivel básico.

Por otra parte, la realidad educativa sigue en picada. A pesar de implementar los cursos Aprendizajes clave en línea, donde se justifican altas cantidades de gasto nacional para la formación continua, la plataforma se satura constantemente o no funciona y no hay asistencia para la capacitación de los docentes de la categoría básica. En general, la política de formación continua para docentes de educación básica brilla por sus deficiencias. En estas condiciones, el desarrollo profesional en este nivel educativo no se logrará en los pocos meses que le quedan a la administración de Peña Nieto.

Así arranca el modelo educativo. Hagamos bien las cuentas, porque con la información emitida en el dictamen de la ASF, todo indica que la SEP nos quedará a deber más de lo que imaginábamos.

*Jefe de redacción de Voces Normalistas

Fuente del Artículo:

http://www.jornada.com.mx/2018/04/14/opinion/017a2pol

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Unfashionable Fascism: Mainstream Politicians Switching Sides Under Trump’s Regime of Barbarism

 

Madeleine Albright, without irony, has written a book on resisting Fascism. She has also published an op-ed in the New York Times pushing the same argument. Albright is alarmed and wants to warn the public to stop the fascism emerging under the Trump regime before it is too late.[1]  Unfortunately, moralism on the part of the infamous and notorious is often the enemy of both historical memory and the truth, in spite of their newly discovered opposition to tyranny.   It is hard to believe that a woman who defended the killing of 500,00 children as a result of the imposed US sanctions on Iraq can take up the cause of fighting Fascism while positioning herself (or being positioned by the mainstream media) as being on the forefront of resistance to US authoritarianism. Here is what David Rieff writing in the New York Times says about the sanctions Albright justified: “For many people, the sanctions on Iraq were one of the decade’s great crimes, as appalling as Bosnia or Rwanda. Anger at the United States and Britain, the two principal architects of the policy, often ran white hot. Denis J. Halliday, the United Nations humanitarian coordinator in Iraq for part of the sanctions era, expressed a widely held belief when he said in 1998: ‘We are in the process of destroying an entire society.’ It is as simple and terrifying as that.”[2]Is any policy worth the death of 500,000 children?  She is not alone.

Hilary Clinton, known more politically as a former war monger and an unabashed ally of the financial elite, has also resurrected herself as a crusader in fighting the creeping fascism that now marks the Trump regime. Speaking with Ngozi Adichie at the PEN World Voices Festival, Clinton appears to have completely removed herself from her notorious past as a supporter of the Iraqi war and the military-industrial-financial complex in order to sound the alarm “that freedom of speech and expression is under attack here in our own country” while further calling for numerous voices to make visible the creeping authoritarianism in America.[3] This is an odd flight from memory into the sphere of moral outrage given her own role in supporting domestic and foreign policies both as a former first lady and as Secretary of State that refused to punish CIA torturers, lavished funds on the military war machine, shredded the federal safety net for poor people, and endorsed neoliberal policies that offered no hope and prosperity “for neighborhoods devastated by deindustrialization, globalization, and the disappearance of work.”[4] No irony here. Just the opposite. Her critique of Trump’s fascism does more than alert the public to the obvious about the current government, it also legitimizes a  form of historical amnesia and a long and suppressed legacy of cruelty and human misery. She is not alone.

The U.S. and its Vichy Republican Party has drifted so far to the fascist right that people such as Albright and Clinton come across as the heroic vanguard of a political and ethical resistance to fascism. Under such circumstances, even some outspoken Republicans, again without irony, such as Flake, Corker and McCain are viewed in the mainstream press as principled heroes in spite of the fact that they have supported Trump’s domestic and foreign policies, including his tax reform bill and his cruel and obscene budget, which not only offers $700 billion to the military but condemns millions of people to a life of misery and suffering. While the call to resist fascism is to be welcomed, it has to be interrogated and not aligned with individuals and ideological forces that helped put in place the racist, economic, religious, and educational forces that helped produce it.

I am not simply condemning the hypocrisy of mainstream politicians who are now criticizing the emerging fascism in the United States. Nor am I proposing that only selective condemnations should be welcomed. What I am suggesting is that the seductions of power in high places often work to impose a silence upon people that allows them to not only benefit from and become complicit with authoritarian tendencies and anti-democratic policies and modes of governance, but also once such people are out of power their own histories of complicity are too often easily erased, especially in the mainstream media. Regardless of such a newly found stance against fascism, such actions do nothing to help explain where we are and what we might do next to resist the fascism that has now engulfed American society and its economic, cultural, and political institutions.

What is often unrecognized in the celebrated denunciations of fascism by celebrity politicians is that neoliberalism is the new fascism. And what becomes invisible in the fog of such celebration is neoliberalism’s legacy and deadly mix of market fundamentalism, anti-intellectualism, rabid individualism, white supremacy, toxic masculinity, and all embracing quest for profits. The new and more racist, violent and brutalizing form of neoliberalism under Trump, has produced both a savage politics in the US and a corrupt financial elite that now controls all the commanding institutions of American society including the state. In other words, what disappears are the very conditions that have made possible a new and more feral American-style fascism.   Systemic corruption, crassness, overt racism, a view of misfortune as a weakness, unapologetic bigotry, and a disdain of the public and common good has been normalized under Trump after gaining strength over the last 50 years in American politics. Trump is merely the blunt instrument at the heart of a fascistic neoliberal ideology. We need to be wary, to say the least, about those mainstream politicians now denouncing Trump’s fascism who while in power submitted, as Stanley Aronowitz puts it, “to neoliberal degradations of health care, jobs, public housing, and income guarantees for the long-term unemployed (let alone the rest of us).”[5]

What is often ignored in the emerging critiques of fascism is the history of neoliberalism’s legacy coupled with the mainstream media’s attempts to foreground many if its architects and supporters as celebrated opponents of Trump’s fascist government. Trump is the extreme point of a long series of attacks on democracy and former politicians such as Albright and Clinton cannot be removed from that history. None of these politicians have denounced state violence, nationalism, the myth of American exceptionalism, and the forces that produce obscene inequality in wealth and power in the US, or the oppressive regime of law and order that has ruled America ruthlessly and without apology since the 1980s.

Unchecked and systemic power, a take no prisoners politics, and an unapologetic cruelty are the currency of fascism because they are the wedge that makes fear visceral and violence more than an abstraction. This lethal combination is also a pathological condition endemic to brutal demagogues such as Trump. They demand loyalty not to an ideal that expands the meaning of justice and democracy but loyalty to themselves, one that stands above the truth and rule of law. As The Economist points out, “Trump demands loyalty to himself and to the prejudice and rage which consume the voter base that, on occasion, even he struggles to control. In America that is unprecedented and it is dangerous.”[6] This combination of a demand to an insular notion of loyalty and their penchant for cruelty offers such demagogues not only a terrifying symbol of their unchecked power but also the emotional rush that may provide one of the few options for them to feel any emotion at all.  Cruelty also feeds on irony and cleanses the past of the conditions that allow the mobilizing passions of fascism to bloom. The call to resist fascism is welcome but also complicated and cannot be separated from acts of bad faith that cleanse the historical record of the forces that helped produce it. The public imagination withers under the assault on historical consciousness and the institutions that nurture it.

The fight against fascism is part of a struggle over memory and those critical narratives that refuse to be couched in a form of historical and social amnesia. It is also a fight over the public spheres and institutions that make civic literacy, the public imagination, and critical consciousness possible.  This suggests both a struggle to reclaim historical consciousness and to expose the forces that are and have been complicit with the long standing attack on democratic institutions, values, and social relations, especially those that now hide their past and ideological convictions in the purifying discourse of outrage, disingenuousness, and resistance.

Any resistance to fascism has to be rooted in the call to make education central to politics with a strong emphasis on the teaching of historical consciousness and civic literacy as crucial weapons in the fight against fascism. At the same time, such a fight must take an unwavering standpoint in its refusal to equate capitalism and democracy. Such a battle has to be waged in diverse struggles that can be aligned through a common thread willing to recognize that we are at war over not just the right of economic equality and social justice but also against the powerful and privileged positions of whiteness, a toxic masculinity, and the elimination of the very notion of the social, solidarity, and compassion.

This is a war waged over the possibility of a radical democracy while acknowledging that the rich and powerful will not give up their power without a fight. Instead of listening to politicians and others deeply embedded in a system of exploitation, disposability, austerity, and a criminogenic culture, we need to listen to the voices of the striking teachers, the Parkland students, the women driving the me too movement, the Black Lives Matter movement, and others willing to make resistance visible, collective, and widespread. But we also need to connect these voices as part of a more comprehensive struggle against fascism and the diverse forms of repression that it produces.

A radical and progressive struggle against fascism needs a comprehensive vision, a struggle against economic inequality, and strategies that privilege direct action such as the wildcat strikes we have seen among public school teachers in West Virginia.  There is also a need for wide-ranging educational struggle willing to use both established and alternative institutions of schooling, digital spaces, and diverse forms of social media in order to challenge the propaganda produced by the powerful cultural apparatuses of the right such as Sinclair broadcasting, Fox News, and other establishment sources. There is also a crucial necessity to take up the challenge to educate the young and old in the new technologies and how to use them in the service of economic and social justice. At the same time, there is challenge of the left to produce its own public intellectuals who can write and speak in ways that are rigorous, accessible, and attractive to a broader public. A new politics of education is a precondition for creating a new political formation that refuses to be coopted by the liberal center and is rooted in a vision that endorses fundamental social changes in the fight against American style fascism. Such a challenge will not come from establishment politicians and pundits parading as the new heroes of the resistance to Trump’s fascism.

Notes.

[1] Madeleine Albright, “Will We Stop Trump Before It’s Too Late?” New York Times (April 6, 2018). Online: https://www.nytimes.com/2018/04/06/opinion/sunday/trump-fascism-madeleine-albright.html

[2]David Rieff, “Were Sanctions Right?” New York Times (July 27, 2003). Online: https://www.nytimes.com/2003/07/27/magazine/were-sanctions-right.html

[3] Nina Pearlman, “Creeping Authoritarianism in America: The former secretary of state spoke with author Chimamanda Ngozi Adichie at the PEN World Voices Festival,” The Village Voice (April 24, 2018). Online: https://www.thenation.com/article/hillary-clinton-does-not-deserve-black-peoples-votes

[4] Michelle Alexander, Why Hillary Clinton Doesn’t Deserve the Black Vote

From the crime bill to welfare reform, policies Bill Clinton enacted—and Hillary Clinton supported—decimated black America,” The Nation(February 29, 2016). Online: https://www.thenation.com/article/hillary-clinton-does-not-deserve-black-peoples-votes/

[5] Stanley Aronowitz, “What Kind of Left Does America Need?,” Tikkun, April 14, 2014

[6]Editorial, “What Has become of the Republican Party?,”The Economist (April 21, 2018), p. 9.

Source:

Unfashionable Fascism: Mainstream Politicians Switching Sides Under Trump’s Regime of Barbarism

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