Subdesarrollo docente en educación básica

Alberto Sebastián Barragán*

La formación y actualización de profesores es muy relevante en todos los niveles educativos. En su preparación recae una gran responsabilidad para la calidad de las estrategias y actividades que se desarrollan como procesos de enseñanza, lo cual repercute directamente en la construcción de los aprendizajes de los estudiantes.

En nuestro país hay políticas educativas que han trascendido los sexenios. Por ejemplo, para educación superior, desde 1972 se impulsó el Programa Nacional de Formación de Profesores y en 1994 se creó el Programa Nacional de Superación Académica, con el objetivo de fortalecer la preparación de los académicos en ese nivel educativo, pero en 1996 fue absorbido por el Programa para el Mejoramiento del Profesorado (Promep).

Por más de 10 años, éste se aplicó con resultados positivos, por ello se retomaba cada sexenio y se amplió su cobertura a todas las instituciones de educación superior, hasta convertirse en el Programa para el Desarrollo Profesional Docente (Prodep), en diciembre de 2013, pero como se ofrecían buenos resultados, se decidió ampliar la población objetivo y agregar al programa a los docentes de prescolar, primaria, secundaria y bachillerato. Hoy el programa mantiene una tendencia favorable para educación superior, pero para el nivel básico y medio superior no se puede decir lo mismo.

El Prodep tiene una extraña configuración, porque los objetivos para cada subtipo de población son muy distintos. Por ejemplo, para educación básica, prescribe: garantizar una oferta suficiente y diversificada de programas formativos pertinentes y con calidad que atienda las necesidades que derivan de la evaluación interna de las escuelas públicas de educación básica; para educación media superior: capacitar al personal docente, y para educación superior: “contribuir al desarrollo profesional de los docentes y cuerpos académicos (…) mediante la habilitación académica y la investigación”. Los recursos y los procedimientos también son distintos para cada rango.

Sí, el Prodep tiene un buen desarrollo en educación superior, pero ¿cómo saber si cumple los objetivos para educación básica? Esta respuesta la obtendremos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). El 17 de enero de 2018 se emitió el dictamen de la Auditoría de Desempeño 153-DS, sobre el Programa para el Desarrollo Profesional Docente en Educación Básica, para fiscalizar el Prodep, tipo básico, y verificar la ejecución de objetivos y metas.

En los resultados y recomendaciones de 13 puntos descritos, aparecen valoraciones como: deficiencias en el diseño; subsidios no entregados; falta de diagnóstico nacional o local; no se garantizaron mecanismos de oferta pertinente; no se acreditaron cartas de participación; la dependencia no dispuso de información sobre el cumplimiento; no se acreditó haber desarrollado estrategias de distribución de materiales de estudio para personal sin acceso a computadoras o Internet; la SEP sólo contó con información de cursos y diplomados impartidos de dos de las 32 entidades; no se contó con información o indicadores para evaluar el programa; hubo una reducción de 95.5 por ciento en el presupuesto asignado al Prodep para educación básica; se capacitó sólo a 5 por ciento de la meta de más de un millón… Con todo esto, podríamos concluir que por tratarse de una vertiente del Prodep en el ejercicio 2016, a tres años de su implementación, se perciben graves deficiencias.

Pero mejor leamos aquí una cita exacta del dictamen de la ASF: “En cuanto al cumplimiento del objetivo del programa, la dependencia no acreditó contar con información, indicadores ni metas para evaluar el grado en que el programa contribuyó en el fortalecimiento de los conocimientos, capacidades, competencias y habilidades del personal educativo del nivel básico, con el fin de que este personal desarrollara el perfil idóneo.

Respecto de los recursos financieros del Prodep, en 2016, la SEP y la CNSPD realizaron 24 adecuaciones presupuestarias, que representaron una reducción de un millón 727 mil 992.5 miles de pesos, 95.5 por ciento del presupuesto originalmente asignado al programa en el nivel básico, lo cual implicó que no se alcanzaran las metas de cobertura, por lo que dichas adecuaciones no se realizaron para permitir un mejor cumplimiento de objetivos.

Más adelante, la ASF reconoce que estas deficiencias provocaron que no se lograra avanzar en la conformación del Sistema de Profesionalización Docente y afectaron el cumplimiento de uno de los propósitos de la reforma educativa de 2013, y por ello recomienda corregir, modificar o reorientar el Prodep en el nivel básico.

Por otra parte, la realidad educativa sigue en picada. A pesar de implementar los cursos Aprendizajes clave en línea, donde se justifican altas cantidades de gasto nacional para la formación continua, la plataforma se satura constantemente o no funciona y no hay asistencia para la capacitación de los docentes de la categoría básica. En general, la política de formación continua para docentes de educación básica brilla por sus deficiencias. En estas condiciones, el desarrollo profesional en este nivel educativo no se logrará en los pocos meses que le quedan a la administración de Peña Nieto.

Así arranca el modelo educativo. Hagamos bien las cuentas, porque con la información emitida en el dictamen de la ASF, todo indica que la SEP nos quedará a deber más de lo que imaginábamos.

*Jefe de redacción de Voces Normalistas

Fuente del Artículo:

http://www.jornada.com.mx/2018/04/14/opinion/017a2pol

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Alberto Sebastián Barragán

Jefe de redacción de Voces Normalistas. Conductor de “Dimensión Educativa”, en Radio Ciudadana, 660 AM. México

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