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La Educación en su forma

Por: Carlos Iván González

Cuando hablamos de educación en nuestros entornos cotidianos, regularmente la abordamos desde una perspectiva particular, vaya creemos que hay una sola formación y que esta es única e indivisible. Por lo menos así la imaginamos la mayoría de las personas. Sin embargo, cuando reflexionamos en el papel que tiene la educación, como agente formador de ciudadanos preparados y responsables que darán solidez a los Estados nacionales, nos damos cuenta que es imposible hablar de una sola educación; abriríamos la puerta entonces a un debate sobre las formas de educar o, mejor dicho, a debates sobre las educaciones, y, por supuesto a la influencia que éstas tienen para perfilar una u otra opción de preferencia política.

Partamos ahora de este supuesto: las educaciones, en su caso, las formas en las que nos educaron, tienen que ver con la manera en la que se orientan nuestras intenciones políticas. Por ello, tiene sentido preguntarnos ¿Qué tipo de educaciones hemos tenido en México y cómo puede influenciar, uno u otro formato, en la preferencia de voto hacia uno u otro candidato? Reflexionemos al respecto.

Desde que nacemos somos educados en uno u otro tipo de educación, esto depende de la intervención y elecciones que hacen nuestras familias y, en específico, influye la intervención de nuestros padres y sus experiencias para definir nuestra trayectoria educativa. Ello, nos permite hablar de dos tipos de padres, uno que llamaremos “rico” y otro calificado como “pobre”.

Se estima que un padre con suficiente solvencia económica intervendría mucho en la formación de la familia, lo contrario a un padre pobre, que quizá inclusive se mantenga ausente del seno familiar y que con esfuerzo puede alimentar a su familia. Este padre pobre apelará por la intervención del Estado en la educación, en la seguridad social, en el apoyo oficial para la compra de vivienda.

Por el contrario, un padre rico dirá a el Estado que no se requiere para sus hijos la educación que el Estado ofrece, pues él, al contar con suficiente solvencia económica, puede dar mejores enseñanzas y valores, que las que esta forma de gobierno le pueda dar. Por supuesto, este padre no desea que sus vástagos utilicen el sistema de salud pública y preferirá comprar su casa con un préstamo bancario.

En la forma, tenemos dos tipos de visiones de gobernanza, una en la cual el Estado debe proporcionar una educación gratuita y laica, aunque esto de “laica” es muy cuestionable puesto que la formación cívica y los honores a los símbolos patrios llevan una dosis de religiosidad y de veneración implícita. En la perspectiva del padre rico, el Estado no debe involucrarse con los asuntos formativos, simplemente debe garantizar que haya condiciones favorables y estables para sus empresas.

En México, desde la llegada del Partido Acción Nacional al gobierno federal, en el año 2000, hemos tenido gobiernos de derecha o centro derecha. Nuestro actual presidente es egresado de una de las mejores escuelas que tiene el Opus Dei: la Universidad Panamericana. Por eso es que encontramos un candidato presidencial del PRI que ha transitado entre uno y otro gobierno, de ahí que entendamos que se hable de que PAN y PRI son una sola cosa. Por otro lado, tenemos un candidato que se nos ofrece como la única opción viable para todos aquellos que provienen de esa familia de escasos recursos, que apela por la intervención y apoyo del Estado en la salud, la educación y la vivienda.

Por ende, pareciera no resultar sencillo decidir cuál es la opción más conveniente que elegir en el próximo mes de julio. La forma en la que nos han educado desde la infancia tiene, sin duda, mucha influencia en nuestras tendencias políticas, reflexionemos de manera crítica nuestra decisión en las próximas elecciones.

 Fuente del Artículo:
https://www.periodicoelmexicano.com.mx/columna/la-educacion-en-su-forma
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Educación, ¿primera responsabilidad del Estado?

Por: Guillermo Dávalos

Las medidas extremas asumidas por el magisterio cruceño demandando el incremento de maestros para cubrir el déficit de alrededor de 1.500 docentes en el departamento de Santa Cruz, junto con otras demandas sectoriales, nos obliga a cuestionarnos sobre el precepto constitucional que proclama que “la educación constituye una función suprema y primera responsabilidad financiera del Estado, que tiene la obligación indeclinable de sostenerla, garantizarla y gestionarla” (Art.77 de la CPE).

Revisando los datos, verificamos que, hasta el 2004, lo que se logró fue que el gasto en educación ascendiera al 4,7% del PIB y el 13% del presupuesto general del Estado. Trece años después se constata que el presupuesto de educación no ha crecido sustancialmente, puesto que el presupuesto del sector educativo en 2016 representó algo más del 20% del presupuesto total del Estado (con universidades) y un 8,2% del PIB. Si se quita el gasto de universidades, la participación del sector educativo se reduce al 6,2% del PIB. Es decir que, en términos relativos, no ha variado mucho la asignación presupuestaria a educación.

Por otra parte, los hogares en Santa Cruz destinan, en promedio, la mayor parte de su presupuesto hacia la alimentación (53%). El siguiente sector al cual destinan sus recursos son los gastos en vivienda y servicios básicos (18%), seguidos por los gastos en educación (6,5%). Este último gasto es mayor al que se destina a vestimenta e inclusive a salud.

En la educación pública, el Estado cubre alrededor del 80% del costo de la educación de los niños, niñas y adolescentes y el 20% restante los hogares, destacándose que casi un 95% de estos recursos se destina al pago de salarios de alrededor de 40.000 maestros cruceños. El dato importante que interesa destacar es que la cuantía del gasto por alumno en educación, desde una perspectiva comparada en el contexto sudamericano, en Bolivia es bajo.

Sin embargo, el nivel de inversión no es el único indicador que hace a la calidad educativa, puesto que, como el caso de Finlandia, que sin ser los que más invierten en educación (menos del 7% del PIB), ni los que imponen la mayor carga horaria a los niños en las escuelas, ni se inclinan por dar cantidades excesivas de tarea para la casa, ni excesivos y periódicos exámenes, pero siempre ocupan los primeros puestos en las listas internacionales que evalúan los niveles educativos.

Son muchos los factores que hacen que la educación en Finlandia sea una de las mejores del mundo, pero uno de los temas clave, según varios expertos, es la calidad de los profesores. «El profesorado tiene un nivel de formación extraordinaria, con una selección previa tan exigente que no se compara con ninguna otra en el mundo», explica Xavier Melgarejo, un sicólogo y sicopedagogo español que estudia el sistema educativo en Finlandia desde hace más de una década.

La contraparte de esta exigencia es el reconocimiento, no necesariamente en términos económicos, ya que los sueldos de los educadores no
presentan grandes diferencias con el resto de Europa, pero «los maestros son considerados profesionales académicos y tienen la responsabilidad de desarrollar su trabajo, por eso se ejerce sobre ellos un control social», explica la Secretaria Permanente del Ministerio de Educación y Cultura de Finlandia.

Contrariamente, en Bolivia los maestros no solo han perdido en el último tiempo gradualmente el reconocimiento de la sociedad, sino que
además no están sometidos a ningún control de calidad, puesto que por disposición del artículo 2 inciso 6 de la Ley de Educación: “Se garantiza la carrera docente y la inamovilidad del personal docente, administrativo y de servicio del magisterio nacional”. Es decir, basta graduarse de docente para tener garantizada su “inamovilidad” como educador en una suerte al parecer de apropiación del “derecho a la educación”.

No hay duda que nos hacemos parte del movimiento del magisterio enarbolando la bandera en procura de una educación universal, democrática, gratuita y de calidad, al mismo tiempo de plantear el reto de superar los llamados ‘derechos adquiridos’ como la ‘inamovilidad’ en procura de recuperar el derecho pleno a la educación    de los niños, niñas y adolescentes.

Fuente del Artículo:

https://www.eldeber.com.bo/opinion/Educacion-primera-responsabilidad-del-Estado-20180405-9433.html

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¿Adónde van?

Por: Manuel Gil Antón

El país no puede seguir así: si en la última cuenta disponible (en el año que va de 2015 a 2016) más de un millón de alumnos se fueron de la escuela, y de ellos 770 mil (70%) se perdieron en la educación media superior, hay un problema social y educativo de una magnitud enorme.

En promedio, cada día, incluyendo sábados, domingos y estas de guardar, tres mil dejaron de asistir a sus escuelas: 125 cada hora y dos cada segundo. Es, sin eufemismo alguno, brutal. Inaceptable. Otra imagen: si dividimos esa cantidad en salones de 30 estudiantes cada uno, al inicio del ciclo escolar 36 mil 666 salones estaban llenos de vida, voces, ganas de saber, de esperanza en la educación para el futuro y, al nal, los hallamos vacíos, llenos de polvo los pupitres, repletos de silencio. Huecos.

El sistema educativo es un desbarrancadero que ahonda el socavón de la desigualdad social abrumadora que toleramos. No la atempera siquiera: la impulsa sin pudor alguno. El nivel que próximamente será parte de la educación obligatoria, la media superior, aporta al promedio diario mil novecientos jóvenes que perdemos: son variadas las razones para no continuar los estudios, pero sin duda la más importante es que son expulsados de la posibilidad del aprendizaje escolar, ya sea por las condiciones económicas de sus familias o el hecho de enfrentar el ingreso a un proceso escolar irrelevante, aburrido, o desastroso, desvinculado de sus intereses, o que les exige contar con lo que las deciencias sociales y educativas previas les escatimaron.

La causa de esta pérdida de tantos, para colmo, se les atribuye a ellos: tuviste la oportunidad de estudiar y no la aprovechaste. La víctima de la exclusión, del impacto de la desigualdad y la pobreza que se traduce en las peores condiciones educativas para los que más lo necesitan, termina siendo culpable: ingrato, mala paga del esfuerzo de la patria, cobarde. Tan es así que en muchas ocasiones se les llama “desertores”, igual que en la guerra cuando, por miedo, se abandona el frente. Cada vez es más claro que la desigualdad social en México se refuerza con una dotación desigual, inequitativa, de recursos escolares.

A los más carentes de condiciones socioeconómicas y culturales que impulsen su aprendizaje, el país les destina los servicios educativos menos favorables. Sin un proyecto económico, social y político distinto, incluyente, que tenga como eje fundamental la transformación educativa, los estudiantes que perdemos se irán de la expectativa de un mejor futuro por la vía del conocimiento.

No sólo está en riesgo el porvenir para un empleo, o la “productividad” nacional, sino los caminos en la construcción de personas que sepan preguntar, dudar y criticar: es decir, de una ciudadanía sólida que se haga cargo de la necesidad de pelear por un país distinto, en el que origen no sea destino, ni valga más tener conocidos que conocimiento.

Se van. ¿A dónde? Como dice el dicho: a donde más valgan. Desvalidos para la escuela, buscaran donde valerse o hallarán otros valedores. Es una desgracia para México lo que sucede: no cuida su talento y abre fosas para enterrar expectativas. Saber contar el tamaño del problema es preciso, para que el gobierno deje de contar cuentos. Hacer las cuentas y actuar es imprescindible, no hacer de cuenta —como en estos años— que se reforma lo que ni siquiera se entiende.

Fuente del Artículo:

¿Adónde van?

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Redes sociales: comunicación y educación

Por: Gustavo Hernández Díaz

“La educación debe mediar entre el hombre y las redes sociales, entre el hombre y las comunidades virtuales. Urge comprender el hecho educativo y el proceso comunicacional desde la misma cultura. Saber cómo interactúa la gente con las tecnologías desde sus mestizajes culturales populares y urbanos”

Preguntas necesarias

Lo primero que se aprecia en Redes sociales: comunicación y educación, coedición de ABediciones/Ucab y la Fundación Empresas Polar (2017), es su planteamiento pedagógico sobre el papel de las tecnologías en la sociedad de la comunicación. Dicho de otro modo, la educación debe mediar entre el hombre y las redes sociales, entre el hombre y las comunidades virtuales. Urge comprender el hecho educativo y el proceso comunicacional desde la misma cultura. Saber cómo interactúa la gente con las tecnologías desde sus mestizajes culturales populares y urbanos.

También es oportuno destacar que para el Dr. Manuel Moreno Castañeda, rector de la Universidad Virtual de Guadalajara, México, Redes sociales: comunicación y educación desarrolla una serie de interrogantes sobre la pedagogía de la comunicación. “Entre las preguntas que pueden hacerse los investigadores que aquí presentan sus trabajos y los posibles lectores, algunas tienen que ver con el potencial de las tecnologías como recursos para mejorar los procesos de aprender y enseñar; y, otras más específicas, con las posibilidades mediáticas más recientes, por ejemplo: ¿las redes subliman o mejoran la comunicación humana? ¿Podrían las redes sociales generar un cambio educativo que supere la forma tradicional de enseñanza en el contexto de las universidades públicas? ¿Cuáles son las ventajas del uso de las redes sociales electrónicas en el entorno educativo universitario?”.

e-Pedagogía

La red social ha cambiado nuestras vidas con la presencia de la interactividad, rapidización y el desasosiego líquido (Zygmunt Bauman). Es por ello que Ruth Díaz Bello sostiene: “el objetivo es tomar conciencia de esas transformaciones que se han sucedido en nuestras vidas que nos permitan liderar nuevos cambios, para hacer los ajustes que nos permitan sacar provecho de las potencialidades que se anuncian con los desarrollos tecnológicos de la información y la comunicación”.

Para Guillermo Moreno Galindo la calidad educativa puede describirse de esta manera: “a) equidad entendida por oportunidades de educación para todos y de la misma forma; b) uso adecuado del tiempo y de los recursos; c) impacto de esa enseñanza en la transformación individual y social del aprendizaje”.

Según Mariano Fernández y Vanessa Miguel, “las redes de conocimiento deberían sustentarse en el papel de la investigación científica como eje de producción de conocimientos socialmente válidos, los cuales permiten hacer frente a la sobrecarga informativa o infoxicación”.

Ángel Alvarado se pregunta si las redes sociales forman o solo informan (o en tal caso desinforman). “El carácter formativo o informativo que pudiese ser asignado a las redes sociales en el campo educativo está determinado por el uso que haga y promueva el docente de ellas, de sus conceptos y posturas sobre la enseñanza y el aprendizaje, en fin, con su hacer e identidad pedagógica”.

Rosa Amaro de Chacín discierne sobre un par de conceptos: didáctica medial y gestión del aprendizaje. “Aproximarnos a una didáctica medial para referirnos al ámbito de la didáctica en el cual se concreta la configuración de propuestas innovadoras que implican críticamente la tecnología”. Una gestión exitosa del aprendizaje en la virtualidad “pasa necesariamente por prever un diseño pertinente, didácticamente fundamentado, flexible, ajustado a la naturaleza del aprendizaje en la virtualidad”.

Comprender la red

Alejandra Fernández expone un tema muy novedoso en el campo de la educación y que se refiere a la importancia de la curaduría de contenidos. “Se entiende la curaduría (que no curación) como el proceso de buscar, encontrar y seleccionar contenidos con el objetivo de organizarlos en porciones para uso de una institución, organización o colectivo”.

Ana Beatriz Martínez González y Nayesia María Hernández Carvajal sugieren cuatro tipos de competencias digitales (e-skills): “1.-Tecnológica: alfabetización y apropiación pertinente, uso y gestión de dispositivos. 2.-Comunicativa: relacionarse y colaborar en entornos digitales. 3.-Informacional: evaluación, curaduría de contenidos. 4.-Aprendizaje: generar conocimiento en procesos y productos, al transformar la información en conocimiento y utilizarlo de manera adecuada”.

Para Omar Miratía las redes sociales cumplen con algunas funciones en el ámbito educativo. Tres de ellas: “1.-Se pueden compartir contenidos de forma libre y abierta bajo licencia: Creative Commons. 2.- Permiten compartir y socializar la información y el conocimiento. 3.- Fomentan los valores de trabajo colaborativo y cooperativo”.

Saber más en un click

Yoraima Salazar, Milagros Cruz y María del Carmen Martínez proponen, entre otros asuntos, un decálogo sobre el uso de las redes sociales:

1. Lee las condiciones de aviso legal y política de privacidad.

2. Trata con respeto a los otros usuarios.

3. Solo debes descargar los contenidos, copiar o imprimir cualquier contribución para tu uso personal y privado.

4. Toma conciencia de tu reputación on-line.

5. Respétate y respeta al resto de usuarios en tu comportamiento.

6. Aprende a expresar emociones y estados de ánimo.

7. Resuelve con firmeza la presión de grupo: tú eres el dueño de tus decisiones.

8. Reflexiona antes de publicar datos personales en internet.

9. Si algún contenido es inconveniente, o de alguna manera algo lesiona los derechos del usuario (información, privacidad, etc.) usa las herramientas de denuncia.

10. Las redes ofrecen distintas opciones para configurar la privacidad.

Reportes y redes

Antonio Silva Sprock y Julio Ponce Gallegos estudian la influencia de los estilos de aprendizaje en la generación de técnicas instruccionales. Hay que entender la cotidianidad escolar, la forma en que están aprendiendo los alumnos y la modalidad de estrategia educativa que puede resultar más apropiada en un momento dado.

Raymond Marquina destaca las ventajas sobre el uso de dispositivos móviles y de las redes sociales. “Una estrategia educativa que plantee el uso adecuado de redes sociales y dispositivos móviles para el desarrollo de actividades de aprendizaje fuera del aula de clases, permite a los estudiantes aprovechar mejor el tiempo libre fuera de la institución con la intención de invertir el aula (flipped classroom) y desarrollar en conjunto con el profesor las actividades de mayor valor”.

El trabajo de Jacqueline Panvini se enmarca en el campo de la educación para la salud. “La experiencia de la comunidad virtual de aprendizaje para la Puericultura y Pediatría, dirigida en un principio a los estudiantes del cuarto año de Medicina de la Escuela José María Vargas de la Facultad de Medicina de la UCV, proporcionó resultados altamente satisfactorios e inesperados, los cuales pudiesen reproducirse en otras asignaturas”.

Gustavo Mizraim González se refiere a la influencia de las redes sociales en la comunicación organizacional. “Las redes sociales se han convertido en una herramienta de comunicación e información imprescindible en las empresas. Por esto la gestión de las organizaciones requiere estar cada vez más focalizada en el uso de las tecnologías 2.0, sin perder las relaciones interpersonales y la adecuación de las redes a la cultura corporativa”.

Sobre las redes sociales en la escuela de Economía de la UCV, María Rita Amelii reporta lo siguiente: “Con respecto a la actividad desarrollada por los profesores, al momento de este estudio unos pocos manifiestan utilizar las redes sociales, y los que así lo hacen, las valoran como medios para mantenerse comunicados, por lo tanto, no podemos decir que su uso ha permeado la actividad docente aún”.

Pedro Certad constató que las redes sociales son eficaces en el manejo de los conceptos básicos de la química en bachillerato. “Siendo la química una ciencia ubicada en las ciencias abstractas, la adopción de estas estrategias ayuda a la comprensión de conceptos y experiencias, acercándolos a través de la búsqueda y la indagación a este conocimiento. Asimismo, en esta búsqueda se despiertan habilidades y actitudes que conforman entonces las competencias científicas en el estudiante”.

P.D. Reconocimiento muy especial a las profesoras Ana Beatriz Martínez González y Nayesia María Hernández Carvajal de la Universidad Central de Venezuela, quienes han hecho posible la compilación académica de una serie de trabajos teóricos y empíricos sobre Redes sociales: comunicación y educación. No es cualquier tipo de compilación la que nos brindan estas distinguidas profesoras. Se observa en este libro la “convergencia disciplinaria entre la educación y la comunicación” a lo Henry Jenkins y, desde luego, la presencia de la “inteligencia colectiva” del filósofo Pierre Lévy. En esta dirección, Ana y Nayesia afirman: “en este libro se expone el producto del trabajo colaborativo que venimos realizando alrededor del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en la educación superior un grupo de colegas de diversas facultades de la Universidad Central de Venezuela conjuntamente con la Universidad de Los Andes y la Universidad Metropolitana”.

Fuente del Artículo:

http://www.el-nacional.com/noticias/entretenimiento/redes-sociales-comunicacion-educacion_229762

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Acreditación como control de calidad en la educación de enfermería

Dra. Ana María Vásquez Aqueveque

Enfermera, Mg en Enfermería Dra. en Educación Académica Universidad de La Serena (Chile)
Vocal Docencia ALADEFE

El concepto de calidad en la educación, y particularmente en la educación superior, asociado a los procesos de acreditación, tanto en el ámbito institucional como de los programas de formación, ha sido objeto de innumerables análisis, propuestas y definiciones.

¿Desde cuándo adquiere mayor relevancia la calidad en las instituciones de educación superior y de los programas que ofrecen? En particular las universidades siempre han tenido que formar profesionales con calidad y que den respuesta a las demandas laborales de las distintas profesiones y disciplinas según el contexto y época en el cual se desarrollan.

La noción de calidad llegó al terreno de la educación como “imperativo” señalan Rodríguez (1) y González (2), como respuesta ante una diversidad de fenómenos ya bien conocidos: nuevas políticas de financiación para las instituciones de educación superior; el crecimiento acelerado de oferta de programas; el incremento de instituciones no siempre con regulación y normatividad; la superespecialización del conocimiento con la consecuente diversificación de títulos a otorgar y niveles educativos en los que se imparten; la creación de planes de estudio de pregrado y postgrado sin la suficiente solidez y fundamentación para su creación; la adopción de modelos educativos “innovadores”, sin su correspondiente aplicación en la realidad cotidiana de los programas educativos; la habilitación de los docentes; la carencia y falta de sistematización de la información sobre las características de las instituciones, de los estudiantes, del personal académico, de los planes de estudio, de los procesos, actividades y proyectos que se desarrollan al interior de las instituciones y que permitan tomar decisiones para el mejoramiento continuo.

El proceso de acreditación en el sistema de educación superior como mecanismo de control de calidad, o como una forma de demostrar que lo que se hace, cumple con ciertos criterios, estándares e indicadores, lo que ha llevado a que las instituciones paulatinamente instauren dispositivos, estrategias e instrumentos para optimizar y evidenciar sus procesos de gestión; demostrar que exista coherencia y consistencia entre lo que se declara en la normativa institucional y lo que se realiza para lograr un mejoramiento continuo en pos de la calidad de los insumos, procesos y los resultados derivados de los actos académicos. Estos aprendizajes, en muchas ocasiones, han sido individuales en el interior de las instituciones, por lo que falta una reflexión más sistémica de los procesos de mejoramiento continuo en el interior de las mismas.

Un aspecto sustancial en la formación es el proceso de aprendizaje, en particular hoy cuando las reformas educacionales han puesto el acento en el estudiante, por lo tanto en el aprendizaje. Variadas investigaciones revelan la necesidad constante del estudio del proceso de aprendizaje, evidenciado en indagaciones, artículos y propuestas teóricas (3-6). Sin embargo, se reconoce que el aspecto menos explorado en educación es precisamente sobre los aprendizajes efectivamente logrados por los educandos, pareciera ser como lo llaman algunos la “caja negra” del sistema. De igual forma, es el docente el que tiene el control en el aula. Este es un excelente espacio para indagar, reflexionar y profundizar respecto de las interacciones y los fenómenos que se producen en el interior del aula. Es interesante identificar los estilos de aprendizajes y las estrategias de estudio que poseen los estudiantes, las funciones cognitivas más desarrolladas y las que hay que fortalecer para optimizar los aprendizajes. Ventura (7) plantea la importancia de conocer los estilos de aprendizaje que presentan los docentes, cómo estos impactan en los métodos de enseñanza que utilizan y cómo indicen en el rendimiento estudiantil.

Así analizado, el docente sigue teniendo un rol fundamental en el proceso de aprendizaje de los estudiante, por tanto, es un desafío para las instituciones la formación del talento humano, no solo en el ámbito disciplinar, sino también en el proceso enseñanza-aprendizaje, y cómo impacta en el tipo de aprendizaje que evidencien los estudiantes.

Desafío para la enfermería

En lo que compete a la enfermería, esta siempre ha sido una profesión que ha sido muy consciente de su compromiso con el cuidado y la salud de la población, por lo que las organizaciones enfermeras de los diferentes países han establecido sus propios criterios y estándares de acreditación para dar cuenta de la calidad en la formación. De igual forma, la enfermería está presente en las variadas redes de agencias que se han establecido en el ámbito internacional.

Las oportunidades de la mejora continua permanente, la de seguir creciendo y avanzando presupone, sin duda, un mayor trabajo en un mundo complejo, incierto, cambiante, desafiante. Por lo que hay que estar remirando, permanentemente, los signos de los tiempos para replantear el currículo, los planes de estudio y preguntarnos: ¿qué estamos formando?, ¿cómo lo estamos realizando?, ¿estamos logrando aprendizajes eficientes, profundos?, ¿los estudiantes logran movilizar sus saberes en la praxis?, ¿cómo aprenden nuestros estudiantes?, ¿aprenden igual los estudiantes de los primeros años que los de cursos más avanzados?, ¿las estrategias didácticas que utilizamos responden a que los estudiantes logren aprendizajes de calidad?, ¿los sistemas e instrumentos de evaluación que se utilizan son pertinentes a las estrategias didácticas utilizadas?, ¿los resultados de aprendizajes definidos son pertinentes al perfil de egreso?, ¿hay una coherencia y pertinencia en todo el plan de estudio? Estos y muchos otros interrogantes nos abren un mundo de oportunidades para reflexionar e indagar, en particular en la enfermería, profesión que trabaja con el cuidado de las personas.

La mejora continua en la formación de los profesionales de enfermería no es algo que se da mágicamente o de inmediato por el solo hecho de haber vivido un proceso de autoevaluación, requiere por parte de los docentes una reflexión continua, alrededor de la manera en la que se desarrolla el proceso y la proyección de los educandos en particular durante su práctica; en este proceso resulta pertinente la retroalimentación oportuna, que se puede lograr en los campos de práctica clínica durante el proceso formativo así como durante el ejercicio profesional de los recién egresados.

A la luz de la calidad parece necesario una reflexión y una sistematización de todo el proceso formativo, desde marcos epistémicos, teóricos y prácticos, en lo que respecta a educación y formación de profesionales, lo que es complejo, puesto que tiene variadas dimensiones que interactúan entre sí. Es un proceso sistémico, dinámico, en el que las diferentes partes y dimensiones de una ruta formativa constituyen una totalidad, no se puede fragmentar, el modificar un aspecto de una u otra manera va a incidir en otro, es un todo interconectado. En tanto que el currículum se defina como “construcción social que forma parte de la estructura vital de una sociedad”, Grundy (8), de sus dinámicas, sus valores, sus significaciones, los sentidos y concepciones sobre el mundo y los sujetos, el currículum implica acción, dinamismo e interacción.

Asumir el currículum como praxis lleva implícito una disposición permanente de la universidad, por parte de los docentes y sus colectivos, a la autocrítica y a la autorreflexión para dar luz a nuevas posibilidades de interpretación de la realidad que den cabida a múltiples oportunidades de resignificación de las prescripciones, los planteamientos pedagógicos y didácticos, las prácticas, la cultura, las metodologías, los procesos, las evaluaciones y que paralelamente favorezcan espacios de reflexión e innovación.

Si asumimos que el cuidado es complejo porque el trabajar con personas es complejo, la formación de profesionales de enfermería debería ir en esa misma línea desde el paradigma de la complejidad, puesto que trabajamos con la integralidad de la persona en todas sus dimensiones y manifestaciones.

Si queremos calidad en la formación de los profesionales de enfermería no podemos contentarnos solo con la obtención de la acreditación de un programa determinado, sino que es necesario establecer mecanismos internos de mejoramiento continuo. Seguir reflexionando sobre los procesos formativos, investigar qué ocurre en el aula, cómo aprenden los estudiantes, qué estrategias y enfoques de estudio y aprendizaje utilizan. Investigar sobre la propia práctica docente, abrir los espacios del aula de clases y analizar qué fenómenos ocurren allí, de igual manera reflexionar sobre lo que acontece durante las experiencias de práctica. Profundizar en estos aspectos es clave para el mejoramiento en la calidad de la formación de profesionales de enfermería.

Bibliografía
  1. Rodríguez E, Pedraja L. El aseguramiento de la calidad: un imperativo estratégico en la educación universitaria. Ingeniare. Revista chilena de ingeniería 2015; 23(1):4-5.
  2. González J, Santamaría R. Calidad y acreditación en la educación superior: integración e internacionalización de América Latina y el Caribe. Educación. 2013; XXII(43):131-47.
  3. Monroy F, Hernández-Pina F. Factores que influyen en los enfoques de aprendizaje universitario. Una revisión sistemática. Educación XX1 2015; 17(2):105-24.
  4. Laudadío MJ, Da Dalt E. Estudio de los estilos de enseñanza y estilos de aprendizaje en la universidad. Educ. Educ. 2014; 17(3):483-98.
  5. Ocampo F, Guzmán A, Camarena P, De Luna R. Identificación de estilos de aprendizaje en estudiantes de ingeniería. Revista Mexicana de Investigación Educativa. 2015; 19(61):401-29.
  6. Valencia I. Estilos de aprendizaje: una apuesta por el desempeño académico de los estudiantes en la Educación Superior. Revista Encuentros, Universidad Autónoma del Caribe. 2014; 12(2):25-34.
  7. Ventura A. El ajuste instructivo entre estilos de aprendizaje y enseñanza en la universidad. Rev. psicol. 2013; 31(2):265-86. Disponible en: http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/psicologia/article/view/7620
  8. Grundy S. Producto o praxis del curriculum. Madrid: Morata; 1994.

Fuente del Artículo:

http://www.enfermeria21.com/revistas/aladefe/articulo/275/

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Educación para la construcción

Por: Arnaldo Esté

Ciertamente las cifras asustan. En todos los niveles y modalidades de la educación formal se reduce tanto la matrícula como el número de docentes.

Pero con todo y lo grave de esas cifras, el problema mayor es del orden ético que atiende a la calidad y propósitos de esa educación en caída. En las escuelas y universidades se siente la pérdida de sentido, de lo que le da cohesión a esos conjuntos sociales. Estudiantes y maestros se preguntan sobre el propósito de seguir en ello.

Los estudiosos de la educación con frecuencia la han ubicado con el término de aparato reproductor, que mantiene el curso de una cultura. Pero aquí hay que cambiar el concepto y concebir la educación, formal e informal, en los términos de un sistema constructivo, de una pedagogía que concibe los aprendizajes como logros de una interacción: educación para construir un país destruido. No para regresar a lo que ya existía como país petrofílico y consumista. Pendiente de gobernantes que en el curso de repartos y corruptelas lo percibían como una permanente cola y maneras del arrime.

La profundización de la democracia, que supone su ejercicio y aprendizaje en las aulas, cultivando la dignidad, la participación, la solidaridad, la diversidad, la continuidad con la naturaleza… es el mejor preventivo contra las dictaduras y la depredación. Supone la transformación de esas aulas, en todos los niveles, en ambientes donde se construyen aprendizajes y competencias con una participación promovida con problemas, discusiones, actividades y trabajo en grupos.

Es una manera de acción social que se aleja y cierra el paso no solo a cualquier autoritarismo, sino que prioriza el trabajo de todos, la producción y la creación.

Más allá de la necesaria interacción política, esto hay que hacerlo. Hay que llevar la discusión sobre el desastre educativo a todo el país yendo más allá de la queja, la denuncia y la protesta hacia la creación de esos ambientes, de otras aulas, de asambleas y reuniones comunitarias donde esa profundización de la democracia se incube y se asuman acciones de proposición y realización, de construcción de la nación.

Esto ha comenzado a ocurrir. He asistido a reuniones y actividades en plazas, universidades, escuelas, centros culturales y deportivos donde germinan tonos optimistas de proposición. Donde se combinan músicas y cantos con severas discusiones que van más allá de las coyunturas políticas o la toma de posición entre ellas: unidad en acciones de creación.

Los economistas de la Asamblea Nacional se han adelantado con una propuesta para la economía, cosa muy interesante. Pero, en mi corto entender de la economía, la encuentro resumida a un conjunto de “medidas” centradas en lo monetario. No le resto importancia a eso, pero cuando hablamos de construcción –y no de reconstrucción– es que hay que hacer mucho más que recoger los pedazos y volverlos a armar con el mismo concepto, con el mismo objeto anterior. No, el objeto anterior ha sido el de una nación que pasó de una condición agraria a una urbanización precipitada sin digerir el necesario salto industrial, en actitudes valores y competencias. En esas condiciones se desarrolla la petrofilia, más generalmente –y superficialmente– llamada rentismo petrolero –de un petróleo, que, por cierto, amenaza con pasar de moda–. Los gobiernos se montaron en eso, utilizando esa mentalidad informal y esos recursos, para comprar conciencias. Así que no se trata solo de medidas monetarias ni de la indispensable contención de la inflación. Hay que cambiar los conceptos y entrar en los niveles éticos del asunto, en otro ethos. Es la formulación de proyectos que busquen y propicien otros valores. Entre ellos, los ya mencionados del trabajo, la creación y la producción. Estas ideas, referidas a lo económico, también son válidas para los otros conjuntos de actitudes y actividades: la salud, la organización del Estado y la sociedad, la comunicación, transportes e infraestructuras.

Todo lo anterior viene a cuento al sentir la vida y hechos de José Antonio Abreu. Soy asiduo a los conciertos dominicales de Quebrada Honda, a los sonidos de miles de jóvenes y suspiros de sus esperanzados parientes.

arnaldoeste@gmail.com

Fuente del Artículo:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/educacion-para-construccion_229908

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Orwell y la corrupción del concepto de “derecho a la educación” en Uruguay

La imposición del «doble pensamiento» en la educación uruguaya.

Con su novela distópica titulada “1984”, George Orwell demostró ser un perspicaz observador de las estrategias utilizadas por los déspotas para subyugar a la población. Destaca que la corrupción del lenguaje para desnaturalizar valores ampliamente compartidos, es una de las más utilizadas. Indica que si las autoridades machacan lo suficiente, podrían llegar a convencer a la gente de que “la Guerra es Paz, la Libertad es Esclavitud y la Ignorancia es la Fuerza”.

Orwell lo denomina la imposición del “doble pensamiento”, que consiste en lograr que las personas acepten simultáneamente dos conceptos contradictorios como lo más natural. Mediante el último de los eslóganes mencionados, se busca anular al espíritu crítico racional para que los habitantes acepten sin más todo lo que les dicen los gobernantes.

En Uruguay, se están realizando escandalosos intentos por corromper el significado de “derecho a la educación”.

Según la UNESCO, ese término ha de entenderse como un derecho habilitante, porque constituye un poderoso instrumento que permite a los individuos social y económicamente desfavorecidos salir de la pobreza, dejar de estar marginados y que participen activamente de la vida comunitaria.

Mediante la educación, se busca formar personas en el más cabal de los sentidos. Es decir, que adquieran conocimientos que les serán provechosos y económicamente redituables, y simultáneamente, vayan adiestrándose en los rigores de la vida adulta contemporánea. Que aprendan a ser tenaces, de que nada se logra sin esfuerzo, que disfruten las mieles de los pequeños triunfos pero que también aprendan a superar las frustraciones.

Una buena educación es clave, porque en gran medida va a determinar los logros futuros de esa persona.

Desde el punto de vista de la personalidad, el período estudiantil va forjando el carácter. Un tema nada menor porque ello repercutirá en la clase de sociedad que tendremos: una conformada por sujetos indolentes o emprendedores; holgazanes o industriosos; que se rinden ante la primera dificultad o perseverantes; por personas fácilmente manipulables o con independencia de espíritu…

Por eso alarma que en Uruguay estén surgiendo iniciativas que corrompen el sentido de la expresión “derecho a la educación”.

Según la Real Academia, “corromper” significa “alterar y trastrocar la forma de algo”, “hacer que algo se deteriore, principalmente cosas inmateriales”.

Esas propuestas pueden ser interpretadas desde diferentes puntos de vista: por un lado, que se está desnaturalizando ese derecho mediante la práctica del doble pensamiento. Y por el otro, que las autoridades educativas ante el fracaso rotundo de su labor, pretendan maquillar las estadísticas al mejor estilo kirchnerista.

Repasemos la trayectoria uruguaya con respecto a este asunto:

Hasta mediados del siglo XX, la educación que se brindaba en los institutos públicos era de buena calidad. Eso hacía que los uruguayos se destacaran en el exterior. Pero paulatinamente, desde la década de 1970 ha venido decayendo, hasta llegar a los paupérrimos niveles de la actualidad.

El sistema educativo –tanto público como privado- es controlado por un organismo estatal centralizado y burocratizado, la ANEP. Debido a ese rasgo, el tipo de formación brindada a los estudiantes está desactualizado y cada vez más alejado del mundo real contemporáneo. En adición, la calidad de la educación va descendiendo en forma vertiginosa. Por ejemplo, aparecieron textos escolares con faltas de ortografía y por experiencia ciudadana se sabe que hay maestros y profesores que incurren en la misma falla.

Las autoridades vienen haciendo diferentes “piruetas” para impedir que los niños con rendimiento insuficiente repitan el año. Por ejemplo, el Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) aprobó el acta 119, donde se les “sugiere” a las escuelas limitar la repetición exclusivamente a tercero y sexto año. Además, ofreció a los institutos que acepten esa práctica, recompensarlos con un aporte económico.

La ironía es que casi no hay repetidores de sexto de escuela, porque Primaria exige que todo alumno al cumplir 15 años, obligatoriamente sea aprobado.

Basados en esas “recomendaciones” de Primaria, unos padres presentaron un recurso de amparo ante la Justicia porque la maestra de su hija la hizo repetir “cuarto año”. El juez que atendió la causa le dio la razón a los progenitores, dejó sin efecto la decisión del colegio y “la promovió de grado” mediante sentencia judicial.

En el fallo, el juez Gerardo Álvarez dictaminó que el colegio al hacer recursar a esa alumna, “afectó un derecho intrínseco esencial de todo niño o adolescente que es la razonable expectativa de seguir avanzando en su educación y preparación”. Afirma que la repetición fue un “castigo”, “vulnerando su derecho a la educación”. Además, calificó la decisión de no pasarla de grado como “inaceptable y discriminatoria” porque sugiere que la niña no estaba en condiciones de cursar quinto año.

Al leer esta sentencia, uno se pregunta qué traumas ocultos tendrá ese juez, así como qué entiende por “derecho a la educación”. Lo que sí es claro, es que su forma de considerar el asunto es típica del “doble pensamiento”.

También las autoridades de Secundaria razonan en forma parecida. Los resultados arrojados por las pruebas PISA demuestran que la adquisición de conocimientos por parte de nuestros liceales es un desastre. Y eso no es lo peor sino la deserción estudiantil: tan solo el 38,9% logra finalizar el nivel medio (sexto de liceo).

Frente a ese panorama, Andreas Schleicher -director de Educación en la OCDE- recalcó que “el elevado nivel de repetición es claramente uno de los problemas de Uruguay, que muchos estudiantes tengan que repetir genera problemas. Es algo en lo que se deberían tomar medidas”.

Ante ese lapidario diagnóstico, ¿cuál “remedio” están considerando las autoridades educativas?

En un documento elaborado en 2017 por Antonio Romano –subdirector de Planificación Educativa de la ANEP- titulado “Regímenes de pasaje de grado en el marco de una educación para todos”, califica peyorativamente a la repetición como un “vestigio del viejo régimen académico”. En consecuencia, aconseja eliminar la repetición, crear grupos multigrado y sustituir los exámenes por otro tipo de “instancia reparatoria”.

Romano señala que las decisiones sobre recursar un grado, que afectan la continuidad de la trayectoria educativa de un alumno, deben ser abordadas considerando no sólo el nivel de conocimiento alcanzado, sino “principalmente, cuál es la mejor opción para asegurar la continuidad de una trayectoria educativa de calidad”. Expresa que estudios recientes establecen que la repetición es uno de los principales predictores de desvinculación del sistema educativo.

Afirma que si se quiere ir hacia una educación que garantice el derecho de todos, “es necesario rever los regímenes académicos en educación media para poder generar oportunidades de conclusión del ciclo sin retención (repetición) de estudiantes por grado”.

Las ideas de Romano y de Primaria están siendo seriamente analizadas por la ANEP, como “solución” para “mejorar” el pasaje de los estudiantes por el sistema educativo.

Los argumentos con los cuales la ANEP pretende mejorar las estadísticas con la excusa del “derecho a la educación para todos”, encuadran perfectamente en el eslogan “la Ignorancia es la Fuerza”…

O sea, que no importa si los chicos efectivamente han adquirido los conocimientos y habilidades necesarios para desempeñarse exitosamente en el mundo sino que “parezca” que así fue. Alegría momentánea que seguramente pagarán con creces al precio de futuros fracasos. Campo orégano para inclinarlos hacia la delincuencia.

Pero lo peor es que estaremos construyendo una nación de seres fácilmente manipulables por los gobernantes…

Fuente del Artículo:

https://es.panampost.com/hana-fischer/2018/03/31/orwell-corrupcion-concepto-derecho-educacion-uruguay/

 

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