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¿Se puede educar la personalidad?

Por: José Antonio Marina

El artículo 27 de la Constitución española afirma que la educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad. Pero nadie se toma el trabajo de explicar lo que eso significa.

Los sistemas educativos están en ebullición en todo el mundo. Proliferan las propuestas, los métodos, los salvadores, las innovaciones, las reformas, los movimientos estratégicos. Tal proliferación me ha llevado a observarlos con la misma minuciosa tenacidad con que un botánico hace el censo de la naturaleza. La conclusión, que he expuesto en ‘El bosque pedagógico‘, es pesimista. A pesar de la brillantez de muchos esfuerzos, no disponemos de una pedagogía ni de una psicología que nos permita resolver los imponentes retos que plantea una acelerada “sociedad del aprendizaje”. Una de las causas de esta impotencia es la fragmentación de sus teorías. Impulsados por la necesidad de analizar, estamos elaborando una “psicología y pedagogía de la hamburguesa”.

Carecemos de una teoría clara del sujeto humano. El conocimiento se ha separado de la emoción, la emoción de la voluntad, la memoria del aprendizaje, los procesos de los contenidos, la motivación del deber. Cada escuela psicológica es estupenda en lo suyo, pero no sabe qué hacer con lo del vecino. En la poderosa American Psychological Association (APA) hay cincuenta divisiones que no se hablan entre ellas. Troceamos al sujeto en competencias, destrezas, inteligencias múltiples, actitudes, capacidades, que a su vez se dividen en subespecies y, luego, intentamos unir como podemos esa picadura. La situación me recuerda lo sucedido a principios del siglo pasado. Surgió un gran interés por el estudio de los instintos, y una pléyade de investigadores se lanzó a identificarlos. Cuando llegaron a inventariar 6.200 instintos diferentes, pensaron que se habían pasado de la raya y el interés decayó.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2017-12-12/educar-personalidad-educacion_1490850/

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México: profundo rezago educativo secular

Por: Betty Zanolli

2 de diciembre de 1867: Benito Juárez es presidente de la República y, como tal, promulga la Ley Orgánica de Instrucción Pública que habrá de reformar al sistema educativo mexicano a menos de cinco meses de lograr la reinstalación del gobierno federal y de nombrar a Antonio Martínez de Castro como titular del ministerio de Justicia e Instrucción Pública. Ley que es producto del trabajo de una comisión integrada por el ingeniero Francisco Díaz Covarrubias, su hermano José María, los doctores Pedro Contreras Elizalde, Ignacio Alvarado y Leopoldo Río de la Loza, los licenciados Eulalio María Ortega, Agustín Bazán y Antonio Tagle, el naturalista Alfonso Herrera y el doctor Gabino Barreda.

Es la más importante y verdadera reforma educativa que ha tenido México en su historia. Y es que no sólo implicó el haber establecido cuáles serían las asignaturas a impartir en las escuelas de Medicina, de Agricultura y Veterinaria, de Ingenieros, de Naturalistas, de Bellas Artes, de Música y Declamación, de Comercio, en la Escuela Normal, en la de Artes y Oficios y en la de Sordomudos. Fue la piedra miliar que permitió la fundación de una institución que habría de transformar la educación media superior en el país desde el momento en que dictaminó la creación de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP), a partir de la clausura del colegio jesuita de San Ildefonso.

El espíritu que animaba a este grupo selecto de liberales ilustrados, indudablemente abrevaba de los postulados positivistas de la escuela francesa parisina de Auguste Comte, para quien el hombre no sería más un ser pasivo y conforme, sino pensante, racional y ferviente defensor de los grandes postulados revolucionarios de 1789: libertad, igualdad y fraternidad entre los hombres. Fundamentos, todos ellos, que habría de enarbolar la nueva generación de pensadores, para los que la evolución, el progreso, el orden, la civilización y la ciencia, serían las nuevas divisas por las que luchar.

Sin embargo, como bien lo postulaba el filósofo francés, para que pudiera reinar la paz, el hombre debería comprender que todo debe estar inscrito dentro de la acción normativa, particularmente de las leyes de la naturaleza, del conocimiento de “lo dado”, en la medida que es natural, positivo y explicativo. De ahí que el hombre podría progresar siempre que sus acciones siguieran un orden y éstas cumplieran con las leyes de los tres estados: teológico, metafísico y positivo. ¿Les asistía la razón?

El veredicto lo tiene la historia, pero de lo que no cabe duda es que dicha reforma educativa fue verdaderamente todo un hito, insuperable, en la educación de nuestra sociedad. 150 años han pasado y ninguna otra reforma ha podido superarla. Vivimos de su gloria. ¡Qué lejos estamos de aquellos grandes filósofos como Barreda, de los intelectuales señeros que tuvieron a su cargo la secretaría de Educación Pública como José Vasconcelos, Agustín Yáñez y Jaime Torres Bodet o de los ilustres catedráticos que estuvieron al frente de la ENP como Raúl Pous Ortíz, Moisés Hurtado, Enrique Espinosa Suñer, Ernesto Schettino Maimone o Héctor Herrera León y Vélez!

Hoy en día el sistema educativo nacional en nuestro país vive momentos aciagos. Sus titulares solo utilizan el cargo como un mero trampolín político. Para esto sirve llegar a ser, por ejemplo, secretario de Educación Pública, para “impulsar” o coadyuvar a impulsar una reforma “educativa” que en el fondo lo único que persigue es controlar los cotos de poder que el sindicalismo “a modo”, al paso de los años, había logrado cooptar.

Al Estado, encarnado en los grupos de poder actuales, no le importa la formación de las nuevas generaciones de ciudadanos mexicanos. Si no saben, qué importa, y si saben, que no estorben. Otros tiempos vivimos, muy distintos, diametralmente opuestos a los que algún día vivió México cuando otros eran sus dirigentes. El rezago intelectual secular de México es uno de los principales lastres contra los que debemos luchar.

Fuente: https://www.elsoldemexico.com.mx/analisis/mexico-profundo-rezago-educativo-secular-476567.html

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La educación que se necesita en España

Por: Helena Herrero

Dijo Leonardo da Vinci que hay tres clases de personas: “aquellas que ven, aquellas que ven lo que se les muestra y aquellas que no ven”. El ansiado pacto educativo sigue pendiente de consenso entre nuestras fuerzas políticas. Pero se habla de posibles acuerdos de mínimos, centrados en aspectos ideológicos, que no abordan la cuestión fundamental: la educación que deberían recibir las generaciones venideras, el conocimiento que les ayudará a prosperar como personas, y a España como país.

Mostrémoslo para verlo. El mundo va a cambiar: ni los mercados ni las empresas ni los trabajos van a ser como hoy los conocemos. El 65% de los estudiantes actuales trabajarán en profesiones que aún no existen. Que estarán relacionadas con materias STEAM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas). Durante los próximos cinco años, la digitalización va a generar en España más de un millón de empleos relacionados con estas materias. Asimismo, la robótica o la inteligencia artificial sustituirán gran número de tareas en las empresas, sobre todo aquellas automatizables. Sin embargo, harán falta técnicos, programadores de esos robots, analistas de datos, impresores 3D… También que el resto de profesionales, desde médicos hasta inspectores, tengan altos conocimientos de tecnología, pues será su herramienta del día a día. Y una tercera evidencia que debemos ver: ya no bastará una formación para toda la vida, una profesión de la que vivir, sino que las personas vivirán formándose.

 No parece que el actual modelo educativo esté en condiciones de generar estos profesionales. No fomenta habilidades clave como la creatividad, la inteligencia emocional, el pensamiento crítico o la resiliencia. Nuestros estudiantes de matemáticas y ciencias sacan notas más bajas que la media de la OCDE, con una acusada diferencia entre el rendimiento de alumnas y alumnos. Mientras, casi la mitad de nuestros adolescentes cursarán carreras de ciencias sociales y jurídicas, y sólo el 17% se decantarán por estudios de ingeniería o arquitectura. Por lo tanto, crece la brecha laboral entre los jóvenes que ni estudian ni trabajan y los cientos de miles de puestos que pueden quedar vacantes.

Por mucho consenso político que alcance, de poco servirá un sistema educativo que no contemple esta nueva realidad. Debemos fomentar las vocaciones tecnológicas entre los más jóvenes, la pasión por crear, experimentar e innovar. Hagamos que ellos también lo vean. Frente a la precariedad laboral, esta formación procura empleos de mayor calidad. Según el INE, el salario medio de los profesionales de perfil tecnológico, incluidos los no universitarios, es un 65% superior a la media general del país. Además, estos profesionales tendrán mejores oportunidades de trabajar en organizaciones más modernas y ágiles, en las que desarrollar proyectos apasionantes. Que les brindarán más libertad para conciliar y teletrabajar. Y que competirán por ellos, para captarlos y retenerlos.

Debemos fomentar las vocaciones tecnológicas entre los más jóvenes, la pasión por experimnetar e innovar

Es el momento también de verlo como país. Un informe del IESE publicado este año, en colaboración con la Fundación I+E, señala la mejora de la calidad de la enseñanza en ciencias y matemáticas como un aspecto crítico que España necesita mejorar si quiere incorporarse al grupo de las economías más innovadoras. Pone como ejemplo a Finlandia, Japón o Corea del Sur, países que han apostado por la formación en estas materias, así como por modelos de educación activa, que fomentan la participación del alumno.

Las empresas con ADN innovador, y en concreto las multinacionales con largo recorrido en España, lo vemos y lo queremos mostrar. De ahí que promovamos iniciativas para estimular el interés por las ingenierías, involucrar a las niñas, desarrollar la FP dual… Pero tenemos que hacerlo entre todos. Este país tiene una gran oportunidad, que pasa por aprovechar todo el talento, y las disciplinas STEAM deberían ser una prioridad del sistema educativo si queremos estar y ser alguien en el mundo nuevo que viene. Debemos verlo porque nos jugamos el futuro. Como dijo Galileo, “si comenzase de nuevo mis estudios, seguiría el consejo de Platón y comenzaría con matemáticas”.

Fuente: https://elpais.com/economia/2017/11/30/actualidad/1512043482_237156.html

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Cómo lograr que tu mente lea

Por: El Observador

Los malos hábitos de lectura no tienen nada que ver con los nuevos dispositivos electrónicos y la falta de concentración que generan sino con una falta de conocimiento de cómo funciona el cerebro
Hay personas que no son buenas lectoras. Muchas culpan a la ubicuidad de los medios digitales: estamos muy ocupados en Snapchat como para poder leer, o quizá echar rápidos vistazos en internet nos ha vuelto incapaces de leer prosa de verdad. Pero el problema con la lectura data de fechas anteriores a las tecnologías digitales. El problema no son los malos hábitos de lectura generados por los teléfonos inteligentes, sino los malos hábitos educativos generados por el desconocimiento de cómo lee la mente.

Pero ¿cuán grave es nuestro problema de lectura? La más reciente Evaluación Nacional de Alfabetización en Adultos (de 2003 es un poco antigua) de Estados Unidos ofrece un panorama de la capacidad de los estadounidenses para leer en situaciones cotidianas: cómo utilizar un almanaque para encontrar un dato en específico, por ejemplo, o explicar el significado de una metáfora utilizada en una narración. Del segmento de personas que terminaron el bachillerato pero no continuaron con su educación, el 13 por ciento no podía realizar ese tipo de tareas. Cuando las cosas se volvieron más complejas (comparar, por ejemplo, dos editoriales de periódico con interpretaciones diferentes de pruebas científicas o examinar una tabla para evaluar ofertas de tarjetas de crédito), el 95 por ciento se equivocó.

No hay razón para creer que la situación haya mejorado. Las notas de los estudiantes de último año de bachillerato en el examen de lectura de la Evaluación Nacional de Progreso Educativo no han mejorado en treinta años.

Muchos de esos malos lectores pueden emitir sonidos a partir de palabras impresas, así que, en ese sentido, pueden leer. Sin embargo, son analfabetas funcionales: comprenden muy poco de los sonidos que emiten. Entonces, ¿qué requiere la comprensión? Un amplio vocabulario, evidentemente. El conocimiento de los hechos tiene la misma importancia, aunque más sutil.

Toda la prosa tiene huecos fácticos que debe llenar el lector. Considera la frase: «Prometí no jugar con él, pero ni así mi mamá me dejó llevar mi cubo Rubik a la biblioteca». El autor ha omitido tres hechos vitales para la comprensión: en una biblioteca debes guardar silencio, los cubos Rubik hacen ruido y los niños no pueden resistirse a los juguetes. Si no conoces estos hechos, podrías entender el significado literal de la oración, pero no sabrás por qué la mamá prohibió el juguete en la biblioteca.

El conocimiento también proporciona contexto. Por ejemplo, el significado literal del famoso titular falso del año pasado: «El papa Francisco sorprende al mundo al respaldar a Donald Trump en su candidatura presidencial», no es ambiguo, no se necesita llenar ningún hueco. Pero la oración tiene una implicación diferente si sabes algo acerca de las posturas públicas (o privadas) de los hombres involucrados, o si sabes que ningún papa ha apoyado jamás a ningún candidato presidencial.

Entonces podrías pensar que los autores deberían incluir toda la información necesaria para comprender lo que escriben. Escribir que en las bibliotecas debe haber silencio. Pero esos detalles harían que la prosa fuera larga y tediosa para los lectores que ya conocen esa información. «Escribe para tu público» significa, en parte, apostar a lo que ya saben.

Estos ejemplos nos ayudan a comprender por qué los lectores pueden decodificar bien, pero obtienen resultados mediocres en una prueba; carecen del conocimiento que el escritor asumió que tenía su público lector. Pero si un texto aborda un tema conocido, los malos lectores deberían poder leerlo.
En un experimento, se les pidió a estudiantes cuyas edades oscilaban entre los 8 y los 9 años, algunos identificados a través de una prueba como buenos lectores y otros como malos lectores, que leyeran un pasaje sobre el fútbol. Los malos lectores que sabían mucho acerca del fútbol tuvieron tres veces más posibilidades de hacer inferencias precisas acerca del pasaje, a diferencia de los buenos lectores que no sabían mucho acerca del deporte.

Ello implica que los estudiantes que obtuvieron buenas notas en las pruebas de lectura son aquellos con amplios conocimientos; por lo general, saben al menos un poco de los temas de los pasajes del texto. Otro experimento puso a prueba la cultura general de unos estudiantes cuyas edades oscilaban entre los 16 y los 17 años con preguntas de ciencias («¿A qué parte del cuerpo afecta la neumonía?»), historia («¿Qué presidente estadounidense renunció a causa del escándalo Watergate?»), además de arte, civismo, geografía, deportes y literatura. Las notas en esta prueba de conocimientos generales se asociaron en gran medida con las obtenidas en la prueba de lectura.

Las prácticas educativas actuales demuestran que la lectura de comprensión está mal entendida. Se le trata como una habilidad general que puede aplicarse con el mismo grado de éxito en todos los textos. Sin embargo, la comprensión está íntimamente entrelazada con el conocimiento

Esto sugiere tres cambios importantes en la educación.

En primer lugar, apunta hacia una reducción del tiempo que se pasa alfabetizando a los estudiantes de los primeros grados. Los estudiantes cuyas edades oscilan entre los 8 y los 9 años pasan el 56 por ciento del tiempo en actividades de alfabetización y solo 6 por ciento en ciencias y 6 por ciento en estudios sociales. Este énfasis desproporcionado en la alfabetización resulta contraproducente en los grados posteriores, cuando la falta de conocimiento de los temas impide la comprensión. Otro paso positivo consistiría en utilizar textos cargados de información en los primeros grados de la educación primaria. Históricamente, han tenido poco contenido.

En segundo lugar, comprender la importancia del conocimiento para la lectura debe lograr que pensemos distinto acerca de las pruebas estándares de fin de año. Si una niña ha estudiado a Nueva Zelanda, debe ser buena leyendo un pasaje acerca de Nueva Zelanda. ¿Por qué ponerla a prueba con un pasaje acerca de las arañas o del Titanic? Si los temas se eligen al azar, la prueba evalúa el conocimiento aprendido fuera del salón de clase, un conocimiento que los niños de familias acaudaladas tienen mayores probabilidades de adquirir.

En tercer lugar, la construcción sistemática del conocimiento debe ser una prioridad en el diseño de los planes de estudios.

No culpes al internet, a los teléfonos inteligentes o a las noticias falsas de los malos hábitos de lectura. Culpa a la ignorancia.

Modificar esta situación requiere de cambios profundos en la enseñanza de la lectura, en las pruebas estandarizadas y en los planes de estudios escolares. Como sustento de estos cambios debe haber una mayor comprensión de la forma en que la mente comprende lo que lee.

Fuente: https://www.elobservador.com.uy/como-lograr-que-tu-mente-lea-n1150058
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Relatividad y física cuántica sacuden las ciencias sociales

Por: Jesús Ibañez

Estas dos revoluciones distorsionan la relación entre sujeto y objeto.

Los sociólogos y psicólogos que se pretenden científicos (los “cuantivistas”) toman la física como ciencia modelo. Lo malo es que toman como modelo la física de Newton, sin tener en cuenta las revoluciones relativista y cuántica. Pero, al final (y gracias a los sociólogos “cualitativistas”), estas dos revoluciones están sacudiendo la sociología y la psicología porque distorsionan la relación entre sujeto y objeto.

Las mecánicas relativista y cuántica no cancelan la mecánica newtoniana: la delimitan. Hoy sabemos que una vale para móviles de velocidad casi nula en relación a la velocidad de la luz (entonces vale la relativista), y otra para masa casi infinita en relación a la masa de un electrón (entonces vale la cuántica).

Las revoluciones relativista y cuántica distorsionan la relación sujeto/objeto. En mecánica newtoniana, el sujeto está separado del objeto. En mecánica relativista, el sujeto es deformado por el objeto: sus parámetros básicos –como espacio, tiempo y velocidad- quedan transformados cuando observa/manipula el objeto. En mecánica cuántica, el objeto es deformado por el sujeto: al observarlo/manipularlo, lo transforma.

El sujeto es-respectivamente-absoluto, relativo y reflexivo. En mecánica newtoniana, puesto que el sujeto y el objeto no se deforman entre sí, hay una posición absoluta para el sujeto: un lugar privilegiado para el acceso a la verdad, el lugar del sujeto transcendental kantiano. En mecánica relativista, puesto que el sujeto es deformado por el objeto, hay un conjunto de posiciones relativas para el sujeto: el acceso a la verdad exige una conversación entre todos los observadores posibles (pues la observación es relativa a las condiciones de observación), los lugares de la intersubjetividad trascendental.

En ambos supuestos, hay uno o dos lugares transcendentales: el sujeto puede observar/manipular los objetos desde uno o varios lugares exteriores a ellos. En mecánica cuántica, finalmente, puesto que el objeto es deformado por el sujeto, no hay posición exterior –ni absoluta ni relativa- para el sujeto: sujeto y objeto desaparecen en relación/ operación de observación/manipulación, lo que observa/manipula el sujeto no es un objeto, sino la observación/manipulación de un objeto. El sujeto se hace reflexivo

Así como Kant codificó en términos filosóficos la concepción newtoniana del mundo, se está codificando la concepción relativista/cuántica (aún no están unificadas las dos concepciones, pero se procede rápidamente -Hawking, Wheeler, etc. – a la cuanticización de la relatividad). La nueva situación está siendo traducida filosóficamente.

Pruebas paradójicas

Hasta hace poco, se había creído que la verdad era alcanzable conjugando una prueba teórica (coherencia del discurso) y una prueba empírica (adecuación a la realidad). Hoy sabemos que ambas pruebas son paradójicas, porque son autorreferentes: la prueba teórica exige pensar el pensamiento (incompletitud de Gödel), la prueba empírica exige medir la materia con instrumentos hechos de materia (indeterminación de Heisenberg).

Dice Gödel: una teoría no puede ser a la vez consistente (todas las proposiciones son verdaderas) y completa (todas las proposiciones son demostrables); habrá al menos una proposición que siendo verdadera no es demostrable –sentencia gödeliana–.

Dice Heisenberg: no se pueden determinar a la vez la posición y el estado de movimiento de una partícula; puesto que al determinar transformarnos, si determinamos la posición indeterminamos el estado de movimiento (tendremos una partícula), si determinamos el estado de movimiento indeterminamos la posición (tendremos una onda); de ahí la complementariedad parícula/onda.

Así, el proceso de conocimiento empírico y teórico nunca termina. La verdad es perseguible, pero no alcanzable. La incompletitud de Gödel introduce en la teoría una reflexión relativista: la verdad de una proposición es relativa a los axiomas que fundan una teoría.

La indeterminación de Heisenberg introduce en la empiria una inflexión cuántica (reflexiva): observación (extracción de observación) y la manipulación (inyección de neguentropía) son reflexiones del objeto sobre sí mismo; el sujeto (observador/manipulador) es un espejo –refleja y refracta- que el universo se pone en su corazón.

Ondas y realidad social. Foto: Geralt

La memoria de la sociedad

Las ciencias sociales toman como modelo las ciencias de la naturaleza, pero también las ciencias de la naturaleza toman como modelo las ciencias sociales. El proceso es circular: las revoluciones en física reflejan las revoluciones en las tecnologías de la comunicación social.

La memoria de la sociedad se ha depositado: primero en los cuerpos (cuando la comunicación era oral); luego en hojas de papel (cuando la comunicación era escrita); finalmente en bancos de datos (cuando la comunicación es mediante dispositivos electrónicos –computadoras-).

En la fase de comunicación oral, la relación privilegiada era sujeto/sujeto: la verdad se fundaba en la certeza subjetiva (es absoluta). En la fase de comunicación escrita, la relación privilegiada es sujeto/objeto. El modelo era un lector ante un libro. El lector está fuera del libro, y hay muchas lecturas posibles del libro (relatividad). La página del libro era el modelo del objeto. La captación de la verdad del objeto era una simplificación: la página es una superficie plana (esto es, un espacio de n-l dimensiones). Por eso se dice en inglés ex-plain (proyectar sobre un plano) y en castellano ex-plicar  (desplegar, reducir en una dimensión). El modelo de captación de la verdad era analógico (visual): el lector que mira la página es el modelo del sujeto que contempla el mundo.

En la fase de comunicación electrónica, la relación privilegiada es objeto/objeto (sujeto y objeto comparten la propiedad de importar y exportar información). El modelo es un operador manejando una computadora. El modelo de captación de la verdad es digital (táctil): el operador que maneja una computadora es el modelo de un sujeto que maneja el mundo  (hemos pasado de la semántica o extracción de información, a la pragmática o inyección de neguentropía).

La captación de la verdad es una complicación: el sujeto es una dimensión complementaria del objeto (el observador/manipulador introduce una dimensión más en el sistema). El operador es interior a la computación: de momento, establece con la computadora una relación/operación del tipo estímulo/respuesta; cuando las computadoras sean inteligentes podrá conversar con ellas.

Principio de complementariedad

El principio de complementariedad puede extenderse del campo de la física a los campos de la biología y la sociología. La complementariedad partícula/onda tiene ecos biológicos (organismo/especie) y sociales (individuo/sociedad). En un conjunto, podemos distinguir tres niveles: elementos, estructura (conjunto de relaciones entre los elementos) y sistema (conjunto de las relaciones entre relaciones –relaciones entre estructuras o cambios de estructura-).

Un individuo puede ser considerado a esos tres niveles: como individuo, como nudo de relaciones sociales (en el sentido en el que dicen los marxistas que el individuo es el conjunto de sus relaciones sociales) y como operador (observador/manipulador) del cambio de las relaciones sociales.

En el primer sentido, lo trata la psicología, en el segundo la sociología estática (estructura social), en el tercero la sociología dinámica (cambio social). La investigación social puede tener como referente uno de estos tres niveles: la perspectiva distributiva (encuestas) en cuanto elemento; la perspectiva estructural (grupos de discusión) en cuanto nudo de relaciones; la perspectiva dialéctica (socioanálisis) en cuanto operador del cambio.

Diada y triada

La diada partícula/onda se ha transformado en triada (elemento/nudo de relaciones/operador del cambio). Hemos pasado de un sistema dinámico a un sistema lingüístico; de un sistema en el que sólo hay intercambio de energía a un sistema en el que hay –también- intercambio de información. En un sistema dinámico la correlación entre dos estados de un sistema es uno-a-uno: sólo hay un camino. En un sistema lingüístico es uno-a-varios: hay caminos entre los que elegir (de ahí la necesidad de dispositivos de clasificación, ordenación y medida).

Los entes físicos no necesitan saber física; saben biología inconscientemente los entes biológicos; y saben sociología conscientemente (saben que saben) los entes sociales. Los elementos de un sistema lingüístico son reflexivos: están regulados por códigos, genéticos los biológicos, lingüísticos los sociales. En un sistema dinámico, los elementos son pasivos: sus movimientos son resultado de correlación de fuerzas. En un sistema lingüístico son –también- activos (su comportamiento es intencional). La estructura refleja su cara pasiva; el sistema, su cara activa.

La perspectiva de investigación distributiva tiene que ver con la mecánica newtoniana, la estructural con la mecánica relativista, la dialéctica con la mecánica cuántica. Lo mismo que las mecánicas relativista y cuántica no cancelan la mecánica newtoniana –sino que la delimitan-, el grupo de discusión y el socioanálisis no cancelan la encuesta –sino que la delimitan-. Un sociólogo cuantitativo es la proyección lineal de un sociólogo cualitativo (tridimensional).

Fuente: https://www.tendencias21.net/Relatividad-y-fisica-cuantica-sacuden-las-ciencias-sociales_a44295.html

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Educación y demagogia

Juan Ruz

Hay temas que provocan una sensibilidad especial. En mi caso, admito que es el de la educación, sobre la que pienso que recae una parte muy importante de lo que será esta sociedad el día de mañana y marca las relaciones actuales en el ámbito de las familias. Tal vez por ello, me causa cierto estupor comprobar cómo hay partidos políticos que se posicionan con cierta ligereza sobre la enseñanza y el sistema público que les ha tocado gestionar, de manera que lanzan afirmaciones que dejan a más de uno abrumado.

Hace unos días, Córdoba acogió un encuentro organizado por el PSOE andaluz que se presentó como algo parecido a un foro de debate y propuestas en materia educativa no sólo para la comunidad autónoma, sino para toda España, una cita en la que el autoelogio estuvo por encima de la autocrítica -qué novedad, verdad- y de la que me van a permitir que saque mis propias conclusiones, sobre todo porque pude leer algunos exabruptos que causan verdadera sorpresa.

Vaya por delante que en estos últimos 40 años ha habido avances significativos en el sistema público andaluz y que se ha recorrido un camino, con más o menos curvas, digno de destacar en muchos aspectos. Pero claro, eso significa necesariamente que todo se haya hecho bien, ni tan siquiera que algunas cosas se hayan hecho, por lo que bien harían estos dirigentes del PSOE -y los del resto de partidos también- en conocer un poco más cuál esa la realidad y el día a día en las aulas. Sirva como ejemplo lo dicho por el responsable socialista de Educación y Universidad, el exconsejero Francisco Menacho, quien señaló que nuestra comunidad es un referente porque se ha pasado de un escenario en el que una de cuatro personas era analfabeta en 1977 a 15 premios nacionales de Bachillerato en institutos públicos. O que la propia consejera de Educación, Sonia Gaya, diga que existe un «pequeño margen de mejora» en inversiones. Todo esto sería más o menos asumible si no fuera porque sólo un día después de este foro se publicó una nueva estadística que dice que los alumnos andaluces de cuarto de Primaria -los de nueve años- están por debajo de la media de rendimiento de comprensión lectora de España, de la OCDE y de la Unión Europea, si bien es verdad que hemos mejorado respecto al estudio anterior en unos diez puntos.

Así las cosas, uno llega a pensar que seguimos utilizando la educación más como arma electoral y política que como una responsabilidad global, de toda la sociedad, y en la que las familias también tenemos nuestras obligaciones, pero que tal vez por comodidad aparcamos. Reconozco que me molesta esa actitud de las madres y padres, tanto como cuando estos dirigentes del PSOE culpan a otros de los recortes y eluden que son ellos los que más han los han aplicado o cuanto elogian sus políticas educativas como si fuera algo extraordinario y no reparan en que simple y llanamente sólo estaban cumpliendo con su obligación, que para eso les pagamos. Mejor hagamos borrón y cuenta nueva. Más trabajo y menos demagogia, que ya tenemos bastante. Ingenuos ya no quedan tantos, aunque ustedes lo duden.

Fuente del Artículo:

http://www.eldiadecordoba.es/opinion/articulos/Educacion-demagogia_0_1198680469.html

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Es hora de personalizar la educación

Por Martín Mathus Gómez Sandoval*

Si entras a un salón de clases en cualquier parte del país —o del mundo— te encontrarás una configuración muy similar: un maestro con plumón en mano y pizarrón a su espalda frente a un grupo de estudiantes de prácticamente la misma edad sentados en pupitres alineados. Será obvio intuir que esta configuración está basada en que todos los estudiantes aprendan el mismo contenido, al mismo tiempo, al mismo ritmo y de la misma manera.

La razón por la cual se instaló tal configuración en las escuelas es lógica y simple: cuando se sistematizó la educación pública en Prusia en el Siglo XVIII, al mismo tiempo cuando se acercaba la Revolución Industrial en Europa, se requería de un modelo eficiente que pudiera enseñarle por primera vez a toda la población los conocimientos básicos para la industria de esa época. El sistema más eficiente que se pensó fue agrupar a los estudiantes por año de nacimiento y tratar de maximizar el tamaño del grupo que un maestro podía enseñar. En un mundo donde todavía no existían los sistemas educativos públicos, dar este salto por primera vez debió haber sido aterrador para la hacienda pública.

En los últimos 200 años, los modelos educativos han evolucionado, pero no han dejado atrás este modelo base de ‘fábrica’. En este modelo algunos estudiantes en cada clase logran sobresalir, pero la mayoría simplemente aprueba los cursos sin dominar los conceptos y aprehender los conocimientos. Pongamos un ejemplo: supongamos que un estudiante obtiene una calificación de 8 en un examen final de matemáticas. Basado en la típica curva de distribución de calificaciones, este estudiante quizá estará por encima del promedio del grupo y por lo tanto su rendimiento escolar se determinará como ‘alto’. Sin embargo, el obtener un 8 de 10 implica que hay un 20% del contenido de ese examen que el estudiante no conoce. Esto quiere decir que un estudiante catalogado como ‘exitoso’ bajo este esquema desconoce por completo el 20% de los conocimientos impartidos en dicha etapa, los cuales podrían ser los cimientos de temas más avanzados y por lo tanto el estudiante está destinado a lidiar con la materia en el futuro. Esta realidad simplemente ha sido aceptada durante siglos.

Aprobar vs. Dominar

Por otro lado, la alternativa es basar la enseñanza en el dominio de los temas y en la aprehensión de éstos. Esto implica los siguientes ajustes: 1) basar la aprobación de un curso a otro en la competencia en vez de un simple cumplimiento de horas; 2) adaptar los métodos de enseñanza a cada estudiante; 3) destinar el tiempo que sea necesario en cada tema para que cada estudiante lo domine; 4) el estudiante no se puede rendir (esto último supone una educación emocional personalizada y adaptable).

Como se puede leer, todos los ajustes pertinentes están relacionados con la personalización y adaptabilidad de la enseñanza. Es fácil intuir que la mejor forma de implementar esta alternativa sería por medio de tutorías uno a uno, con cada tutor entendiendo las fortalezas, debilidades y entorno del estudiante. No es coincidencia, por lo tanto, que el nivel educativo de los padres, o el tiempo que éstos invierten asistiendo a sus hijos con labores escolares sean dos de los principales determinantes del rendimiento escolar de los estudiantes. Tampoco es coincidencia que familias pudientes contraten tutores privados para proveer una instrucción a la medida para sus hijos, se viene haciendo desde antes que Filipo II contratara al mismo Aristóteles para educar a su hijo Alejandro Magno. Los tutores personales, por lo tanto, son naturalmente considerados la opción ideal. Sin embargo, la inversión en educación tiene restricciones presupuestarias naturales que limitan que cada estudiante tenga un tutor personal. He aquí una gran disparidad en el acceso a la educación.

 

Entra la tecnología

Lo emocionante de nuestro tiempo es que a través de la tecnología estas experiencias de aprendizaje a la medida están al alcance de ser escalables y sistematizables. Existen ya múltiples plataformas para el aprendizaje adaptativo que pueden ofrecer los beneficios de una tutoría uno a uno, proveyendo a cada estudiante con su propia ruta personalizada, que se ajusta en tiempo real y reacciona a la actividad y el interés del estudiante.

El uso intensivo de estas tecnologías va en ascenso y sería una pesadumbre atestiguar una vez más cómo el uso de la tecnología abre y profundiza brechas en nuestra sociedad en vez de cerrarlas. Es por eso que el diseño e implementación de un modelo con aprendizaje adaptativo al centro es imperativo en el sistema educativo público mexicano.

Es importante mencionar que hablar sobre tecnología en educación de ninguna manera implica subestimar la labor de los maestros. La tecnología no está volviendo a los maestros obsoletos, los está volviendo más importantes. Diversos estudios demuestran que los mejores resultados de uso de estas tecnologías provienen de una implementación ‘blended’, en los cuales las plataformas digitales fungen como poderosas herramientas para los maestros. Por lo tanto, el éxito del diseño e implementación de un modelo para México se logrará únicamente si los maestros se involucran completamente en éste.

Éste no es un artículo de cómo está la educación en México; eso ya lo sabemos. Tampoco es un artículo argumentando que la educación en México debe mejorar; en eso estamos todos de acuerdo. Vamos a poner en el debate público la sistematización de tecnologías e innovaciones educativas para cerrar brechas y vencer desigualdades estructurales en nuestro país.

*Cofundador de Nextia y de Inviértete.

 

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Es hora de personalizar la educación

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