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El bingo, un recurso clásico con gran valor en educación

Pablo Espeso/educación 3.0/15/04/2016

Tenemos la imagen clásica de este juego de entretenimiento, pero desde luego podemos evolucionar y adaptarla a nuestro entorno. Usar el bingo en educación es una oportunidad excepcional para plantear, en base a esa gamificación tan en auge en los últimos tiempos.

Lógicamente olvídate del concepto de bingo tradicional: ni sacaremos bolitas de un bingo, ni siquiera habrá números. Plantear un bingo en educación servirá para centrar a los alumnos y conseguir que presten atención en una determinada tarea. ¿Cómo? Vamos a verlo.

No hay números, hay objetivos

El funcionamiento del bingo tradicional consiste en ir marcando en nuestro cartón los números que, aleatoriamente, van surgiendo en cada momento. El primero que haga línea gana un premio menor; el que complete el cartón al completo, gana el premio mayor.

El mecanismo a la hora de utilizar bingo en educación es parecido, aunque difiere en algunos aspectos. Por ejemplo, no necesitamos números sino objetivos, de forma que el cartón que cada usuario —en nuestro caso, cada alumno— tiene, tendrá una serie de objetivos. Pueden ser diferentes para cada uno, o común a toda una clase; esto deberá decidirlo el docente.

Esta filosofía tan peculiar se ha llegado a poner en marcha, por ejemplo, en algunas presentaciones de Apple, en las que hay una serie de hitos que supuestamente serían presentados en la llamada keynote. A medida que la presentación sucede, el usuario va marcando lo que la compañía va presentado.

Así pues, usar un bingo en educación puede tener varios y diversos objetivos.  Por ejemplo, podemos hacer que los objetivos de nuestra clase sean los siguientes:

  • Dar la respuesta correcta a un ejercicio planteado por el profesor.
  • Ayudar a un compañero a entender un determinado concepto.
  • Salir a la pizarra a explicar un ejercicio.
  • Completar un determinado tema.
  • Organizar los apuntes, utilizando colores diferentes para títulos, enunciados, etc.
  • Utilizar bolígrafo en vez de lápiz en clase.
  • No necesitar la goma de borrar durante un día entero.

El docente es el que decide

Como veis estas metas son genéricas, pero rápidamente podemos deducir objetivos específicos según materia, tema, conceptos a explicar, etcétera. En todos los casos será el profesor o docente el que decida qué objetivos plantear en este bingo educativo, adecuándose a variables como diversidad del alumnado, tiempo necesario para completar los cartones (¿uno por día? ¿uno a la semana?), número de objetivos por cartón o muchos más. Depende, única y exclusivamente, del profesor.

Una vez tengas claro qué objetivos vas a marcar y cómo vas a utilizar el bingo en educación, puedes crear los cartones e imprimirlos. Y existen múltiples herramientas para ello, desde crearlos de una forma artesanal con aplicaciones de ofimática (tipo Microsoft Word o alguna de estas otras) o con plantillas y software específico.

Por ejemplo, una búsqueda con los términos “bingo templates” (que podríamso traducir como plantillas de bingo) nos lleva a miles de resultados, todos ellos válidos para lo que buscamos aunque, ciertamente, enfocados al juego de azar. Una búsqueda más específica (“bingo education templates”) nos lleva por ejemplo a esta sencilla plantilla igualmente válida y editable para que la personalicemos con nuestros objetivos. Otros enlaces interesantes son por ejemplo Tools For Educators, donde podremos crear bingos con imágenes predefinidas que serán interesantes para infantil y los primeros cursos de primaria; o el generador de bingos de TeAchnology que es fácil y sencillo de utilizar.

Más específico aún es el Bingo Card Generator, que de forma trivial permite personalizar y editar los objetivos a poner en los cartones. Tan sencillo como escribir líneas (una por cada “casilla”) y la herramienta se encargará del resto. También permite elegir entre algunas de las sencillas plantillas disponibles, todo de forma gratuitamente. A un golpe de búsqueda encontrarás muchos otros recursos para poder crear tus cartones de bingo educativo.

Premio @ PixabayUna vez lo hayas llevado a cabo también puedes plantear recompensas para los que consigan línea, para los cartones al completo o incluso

para los que, simplemente, consigan completar las casillas. Esto deberá ir al gusto de cada docente, siendo él el que decida cómo premiar el juego.

El uso de bingo en educación no es algo nuevo, ni mucho menos, y múltiples docentes hablan de los beneficios de su uso en el aula. Sea cual sea tu materia o la edad de tus chavales, éste es uno de esos recursos que van a más y que puedes probar en tu propia aula con una sencilla preparación.

 

Fuente del Articulo: http://www.educaciontrespuntocero.com/author/pablo-espeso

Imagen 1: http://ganacasinosonline.com/wp-content/uploads/2011/04/reglas_bingo.jpg

Socializado por:

Dulmar Pérez. Candidata al Doctorado Pedagogía, Magister en Docencia Universitaria, Especialista en Docencia para la Educación Inicial. Ha publicado artículos internacionales y nacionales PEII-A Investigadora adscrita al CIM. Coordinadora CNIE en Barinas.

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Cambio educativo, tecnologías y pedagogías emergentes

Por: Carlos Magro

“Educar no es adquirir competencias, transmitir conocimientos ni escolarizar pensamientos”, escribe Marina Garcés en Aprender a pensar, uno de los textos que forman parte de su recomendable Filosofía inacabada (Galaxia Gutenberg, 2015), en donde sostiene que pensar es aprender a pensar y que “dar a pensar, enseñar a escribir, es indicar que ha quedado algo por pensar, que ha quedado algo por escribir”. Enseñar es dar(nos) a pensar, “frente al ingente consumo de información, frente al adiestramiento en competencias y habilidades para el mercado, frente al formateo de las mentes de la esfera mediática, frente al consumo acrítico de ocio cultural, frente a todo ello, el gran desafío hoy es darnos el espacio y el tiempo para ponernos a pensar.

Educar es favorecer el desarrollo de nuestras potencialidades de manera que seamos capaces de valorar y participar en el mundo que nos ha tocado vivir, algo que se consigue, dice Mariano Martín Gordillo, yendo más allá de la mera instrucción y de la acumulación de saberes concretos y aislados.

No debemos olvidar, dice Daniel Innerarity, que el saber es más que información con utilidad inmediata; es una forma de apropiación del mundo y que “el aprendizaje no es solo una cuestión transmitir información. No se trata de verter información en la cabeza de nuestros alumnos. Al contrario, aprender es un proceso activo. Construimos nuestro entendimiento del mundo mediante la exploración activa, la experimentación, la discusión y la reflexión,” dice Mitchel Resnick.

martin gordillo

Ya en 1905, John Dewey criticaba “la pasividad de actitudes, la masificación mecánica de los niños y la uniformidad en el programa escolar y en el método“. Las ideas, decía, son también resultados de la acción y reclamaba cambios importantes para la educación de su tiempo. Y muchos años después, Paulo Freire nos recordaba que “solo existe saber en la invención, en la reinvención, en la búsqueda inquieta“.

La necesidad de cambio educativo es una constante histórica. Los movimientos de reforma educativa de la primera mitad del siglo XX (aquí y aquí) coincidieron en reclamar una educación activa, centrada en los alumnos, vinculada a la vida y a los contextos de cada estudiante, basada en el aprender haciendo y la personalización. Demandas que, por cierto, hoy siguen vigentes y necesarias.

Para responder a esta necesidad de cambio hemos dado numerosas y distintas respuestas a lo largo de la historia y hemos recurrido a distintos medios. Y aunque no podemos negar que se han producido importantes avances en las últimas décadas (en términos de extensión de la escolarización, de universalización de la enseñanza, en la formación del profesorado, en la organización de los centros educativos, en las metodologías utilizadas, en la profesionalización de la gestión, en las infraestructuras disponibles y en los recursos dedicados), el cambio es más lento de lo que nos gustaría y, desde luego, más de lo que necesitamos (Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE 2015). El resultado es que se está produciendo un desajuste entre lo que necesitamos y lo que (ob)-tenemos. Entre nuestras expectativas y lo recibimos.

En este proceso, no nos han faltado los intentos de hacer de la tecnología la palanca del cambio. Y aunque, como bien nos ha recordado Audrey Watters en numerosas ocasiones, solemos pecar de amnesia, no debemos olvidar que la tecnología ha sido vista como el aliado perfecto para el cambio educativo. Cada vez que una nueva tecnología (cine, radio, Tv, ordenadores, tablets) ha irrumpido en nuestras vidas ésta ha sido recibida como una oportunidad para mejorar la educación. La historia de la tecnología y del cambio educativo siempre han ido de la mano. Tanto que en los últimos 40 años se ha invertido mucho dinero en dotar de tecnologías a las aulas en todo el mundo aunque, para ser justos, no hemos presenciado un cambio de acorde a esta inversión.

La realidad es que la anhelada transformación educativa a través de la tecnología no ha tenido lugar realmente. Podemos decir, que la historia de la tecnología educativa está llena de futuros que nunca fueron presentes. Está llena de una larga lista de máquinas de aprendizaje, monstruos y secuelas de estos monstruos.

Hubo un tiempo en el que pensamos que introducir tecnología en el aula, supondría que ésta sería utilizada y que al ser utilizada, entonces, transformaría la educación. Una visión excesivamente naif y determinista, resultado de una noción simplista que ve la tecnología casi exclusivamente como un vehículo hacia la eficiencia (Begoña Gross).

La realidad es que las tecnologías todavía deben cambiar las formas tradicionales [TICSE, 2011] de enseñanza que han marcado las aulas durante años. Y que como decía hace poco Larry Cuban “es verdad que las nuevas tecnologías han encontrado un lugar en la mayoría de las aulas, pero su impacto es mucho menor que lo que se prometió inicialmente. Las nuevas tecnologías han fortalecido, sin cambiar, los enfoques tradicionales de la enseñanza.”

Afortunadamente esta situación está cambiando. Son muchas las lecciones que hemos aprendido en estas últimas cuatro décadas sobre como incorporar tecnologías en la educación y hoy abundan también las investigaciones e informes que nos indican los caminos a seguir para una correcta incorporación de las tecnologías en las aulas y en la educación [Begoña Gross, 2015; Michael Fullan, 2011; Francesc Pedró, 2012; Cristóbal Suárez, 2015; IPTS-JRC, 2015]. Además, tras cuarenta años diseñando tecnologías que promovían un uso pasivo por parte de los estudiantes, ahora de nuevo hemos vuelto a poner el acento en su carácter activo, lo que nos hace albergar de nuevo esperanzas.

Esperanza que nos hace recordar a Seymour Papert cuando afirmaba hace unos años que “la razón del fracaso de la educación progresiva fue la falta de una infraestructura tecnológica para un genuino y profundo aprender haciendo” y sostenía que “uno de los papeles que la tecnología digital ha de jugar en la educación es darle una segunda oportunidad a la educación progresiva.”

Los últimos 15 años han supuesto además el desarrollo de una cultura digital basada en la participación, la colaboración, el beta perpetuo, la creatividad, la levedad de los modelos, la ubicuidad de las conexiones, la gestión horizontal y lo abierto. En este nuevo contexto, la tecnología digital puede jugar un papel fundamental para fomentar la participación y la colaboración, estimular la conexión y crear redes internas y externas de colaboración que favorezcan la creatividad e impulsen la innovación educativa.

Sabemos, y esto es importante, que “la innovación sólo surge cuando los profesores ponen las tecnologías de la información al servicio de nuevas formas de aprendizaje activo, abierto y colaborativo en lugar de conformarse con hacer lo mismo de siempre de manera diferente. La innovación exige un gran esfuerzo tanto individual como colectivo y requiere también del apoyo y el reconocimiento institucional (Stefania Bocconi, Panagiotis G. Kampylis & Yves Punie)”.

Y sabemos también, como han señalado Jordi Adell y Linda Castañeda que la “tecnología y pedagogía se influyen mutuamente. La tecnología conforma la práctica educativa ofreciendo posibilidades y limitaciones, que los docentes debemos saber ver. La práctica educativa moldea el uso y la puesta en acción de la tecnología, la evoluciona y la convierte en parte indisociable de la práctica.”

Por fin, y nos ha costado años, trabajo y dinero, hemos comprendido que el reto no es la tecnología, sino el desarrollo de un modelo pedagógico que cambie el modelo tradicional de enseñanza y que genere nuevas dinámicas de aprendizaje. La tecnología no es una condición sine qua non para el cambio educativo. Hay mucha innovación educativa sin tecnología. Siempre la ha habido y seguirá habiéndola. Aunque también es cierto que hoy vivimos inmersos en tecnología y no parece viable una educación que ignore esta realidad. Las tecnologías de la información se han convertido en las infraestructuras no solo del conocimiento (Begoña Gross) sino de toda nuestra vida (Castells).

Es en este contexto en el que surgen con interés las llamadas tecnologías y pedagogías emergentes. Unas y otras, tecnologías y pedagogías, muestran el esfuerzo que muchos docentes están haciendo para hacer realidad viejos y nuevos retos de la educación. Ni unas ni otras son sinónimo de novedad.

Veletsianos describe las tecnologías emergentes como las “herramientas, conceptos, innovaciones y avances utilizados en contextos educativos variados al servicio de diversos propósitos relacionados con la educación.”

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Por su parte, para Linda Castañeda y Jordi Adell “las pedagogías emergentes serían el conjunto de enfoques e ideas pedagógicas, todavía no bien sistematizadas, que surgen alrededor del uso de las TIC en educación y que intentan aprovechar todo su potencial comunicativo, informacional, colaborativo, interactivo, creativo e innovador en el marco de una nueva cultura del aprendizaje” y que “poseen una visión de la educación que va más allá de la adquisición de conocimientos o de habilidades concretas. Educar es también ofrecer oportunidades para que tengan lugar cambios significativos en la manera de entender y actuar en el mundo [Cuadernos de pedagogía, 2015]“. Algo que por cierto nos recuerda a las palabras de Marina Garcés, Mariano Martín Gordillo y Daniel Innerarity con las que iniciábamos este texto.

Por fin parece posible realizar los sueños de los Dewey, Montessori, Vygotsky, Freinet o Freire pero también integrar aproximaciones mucho más recientes que están pensando la pedagogía en nuestro contexto actual de Red y redes como el conectivismo, la heutatogía y la LaaN.

Por fin, las tecnologías de la información pueden convertirse en la infraestructura tecnológica que reclamaba Seymour Papert para el desarrollo de las educación progresiva. Las tecnologías y pedagogías emergentes representan una oportunidad de transitar por fin desde los modelos de enseñanza puramente transmisivos hacia modelos de aprendizaje activo. Nos pueden permitir ir desde la exposición hacia la acción.

Esta reflexión viene motivada por la ponencia para la Comunidad Scolartic “De la exposición a la acción” y también de la conversación que se generó alrededor del hashtag #scolarticchat36 el pasado 9 de febrero y que recogieron Clara Alazraki en Storify, Fran Música en Youtube y María Vargas en Genial.ly.

Publicado originalmente en: https://carlosmagro.wordpress.com/2016/02/18/cambio-educativo-tecnologias-y-pedagogias-emergentes/

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Hablemos de Profes: Los Maestros Primero

Profelandia/14 de abril de 2016/

Por: Cintya J. Martínez Villanueva

Hoy existe una ventana de oportunidad para que el sistema escolar, las escuelas, las personas, los maestros y los niños de México aprendan.

El nuevo orden institucional y legal debe llevarnos al logro del aprendizaje de las niñas y niños en su máxima expresión, con equidad, con una participación total de padres de familia y en medio de una evaluación fructífera para los maestros. Todo ello debe ser posible en este nuevo orden, en esta llamada Reforma Educativa.

Pero que quede claro, el punto de partida y de llegada de la reforma educativa es el derecho a aprender de las niñas, niños y jóvenes, mismo que se enlaza con el derecho a aprender de las maestras y maestros, como se señala en el libro Prof. Recomendaciones sobre formación inicial y continua de los maestros en México. Hay que reconocer que el maestro no es un empleado común; tiene en el centro de su accionar el resguardo de un derecho humano habilitante; es un agente del cambio.

Sin duda, hoy más que nunca es imprescindible hablar de los maestros y del aprecio y reconocimiento que merecen, porque es un tema delicado y muy importante para el futuro de nuestra nación.

Si nos preguntaran, ¿qué recuerdas de tus mejores maestros? La respuesta podría ser rápida, incluso casi automática; recordaremos al maestro que nos ilusionó y entusiasmó, aquél que nos enseñó lo que otro no pudo, el y la que creyó en nosotros y nos arrojó a una visualización de otra realidad, el que vio en cada uno de nosotros a nosotros mismos, la que supo qué hacer cuando no sabía qué hacer con nuestra humanidad. Es el y la que nos explicó sostenidamente de mil maneras las cosas que no entendíamos, el que nos significó un ejemplo y una inspiración, la que no hizo un trabajo mecánico encerrado y desvinculado de nuestras necesidades, el que se encontró siempre en el dilema entre lo que debía enseñarte y lo que necesitabas aprender. Recuerdo al que ubicó a mis compañeros y compañeras como protagonista de ese invento social llamado escuela; nos puso en el centro y comenzó a aprender con nosotros.

En Mexicanos Primero queremos mostrar que existen muchos maestros que merecen ser apreciados por su profesionalismo, voluntad y entereza. Desde hace casi una década hemos identificado maestros, como nosotros decimos “de los que aprendemos”. A través del Premio ABC hemos encontrado características significativas que comparto con Ustedes:

1) Es experto en su materia y se compromete con el logro escolar de sus alumnos.

2) Se evalúa, actualiza y certifica constantemente con espíritu de superación y profesionalismo e implementa lo aprendido en el aula.

3) Cumple con el calendario escolar y cuida el aprovechamiento del tiempo dedicado a la enseñanza.

4) Contagia el gusto por aprender a sus alumnos.

5) Identifica las necesidades específicas del grupo y crea un ambiente favorable para el aprendizaje.

6) Crea oportunidades para que sus alumnos lleguen cada vez más lejos, aprendan permanentemente y desarrollen autoestima y competencias para la vida.

7) Fomenta prácticas éticas y cívicas con su ejemplo, dentro y fuera del aula.

8) Involucra a los padres de familia en la toma de decisiones y los hace partícipes en el aprovechamiento escolar de sus hijos.

9) Se compromete con la comunidad escolar, fomentando el trabajo colaborativo.

10) Lucha con perseverancia por el derecho a la educación de calidad, especialmente para los alumnos en riesgo educativo.

Es verdad, existen maestros de carne y hueso con estas características a lo largo y ancho de México. Hay que identificarlos en las escuelas de tus hijos, hay que apoyarlos y hacer equipo con ellos, ya sea como padres y madres de familia o como parte de la sociedad ¿Acaso ellos y tus hijos no habitan juntos medio día o más en una escuela en donde se entreteje su desarrollo, su futuro? Vale la pena; acerquémonos a los maestros.

* Coordinadora del Premio ABC. Maestros de los que aprendemos.

Twitter:@Cintya_martnez

www.mexicanosprimero.org

Fuente: http://profelandia.com/hablemos-de-profes-los-maestros-primero/

Imagen: https://www.google.com/search?q=maestros&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwiDjeit84_MAhVJOyYKHcmPAFAQ_AUIBygB&biw=1366&bih=667#imgrc=m0Gop14Knn7ykM%3A

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A practicar la lectura comprensiva

Por: Educabolivia

Existen muchos momentos en que los padres comparten más tiempo con los hijos y es ahí donde debe trabajarse o mejor dicho, intensificarse, los lazos de comunicación y confianza y que mejor que la lectura como un medio para lograr amarrar ese lazo de unión que deseamos tener con los hijos.

Se aconseja inculcar en ellos el gusto por la lectura mínima, todo para que muerdan el anzuelo del deseo por aprender, para entender mejor el mundo del conocimiento y para nadar en los mares de la fantasía. ¿Qué debemos hacer primero? Quitarles la idea de que la lectura es aburrida. ¿Cómo lograr esto? Encontrando el libro o una lectura apropiada de acuerdo al gusto que tengan y por supuesto tomando en cuenta su edad.
El Portal educabolivia aconseja aprovechar el tiempo libre, no solo en juegos y deportes, sino en compartir lecturas emocionantes que sean sentidas como tiempos de goce, como actividades lúdicas entre padres e hijos y no como una obligación.
Los consejos son puntuales y sencillos para lograr esa motivación, que muchas veces están perdidos o en algún caso dormidos, pero de ninguna manera muertos.
En primer lugar, como padres de familia, dejen que sean los pequeños quienes escojan los libros. Cuando busque libros que puedan gustarles a sus hijos, tenga en cuenta lo siguiente: su edad, sus intereses o las recientes experiencias del niño o niña (mudanza, vacaciones, visita a sus abuelos, visita al zoológico, etc.).
Niños entre los 7 y 10 años se interesaran sobre historietas, dinosaurios, superhéroes, etc. Los preadolescentes entre los 11 y los 15 años estarán interesados en lecturas sobre música, las tribus urbanas, los cambios corporales y emocionales de su edad, etc. Mientras que para los jóvenes de más de 15, los temas que les gusten para la lectura se enmarcaran plenamente en sus intereses ya definidos.
A tomar en cuenta los tipos o niveles de lectura
Lectura subsilábica: Es la lectura que realiza el niño, cuando para leer una palabra, por sencilla que sea, nombra cada letra para ir formando las sílabas, las que a su vez une para ir formando las palabras. En resumen se refiere al deletreo.
  • Lectura silábica: El niño lee sílaba a sílaba las palabras.
  • Lectura vacilante: Se caracteriza por la inseguridad del lector, el cual desatiende signos de puntuación, repite frases ya leídas y se detiene en algunas palabras para ir formando un deletreo mental.
  • Lectura corriente: Es la que posee un lector maduro el niño va leyendo con cierta rapidez y fluidez, respeta a veces la buena pronunciación de las palabras y en general atiende a los signos de puntuación.
  • Lectura expresiva: Reúne las cualidades de la lectura corriente, pero agrega la expresión al contenido de lo que se lee. Imprime a la voz los matices de entonación necesaria al texto que lee, lo que le permite a él y al oyente darse cuenta de los estados de ánimo que el otro imprimió al texto.
  • Lectura combinada: Dentro de los tipos de lectura se pueden dar características combinadas. Ej. Lectura vacilante con lectura corriente.
De acuerdo a la catalogación anterior, como padre de familia, se dará cuenta en qué nivel se encuentra su hijo o hija, por lo que le recomendamos tome en cuenta esos criterios para elegir el libro, revista o lectura adecuada.
Ni modo…a leer utilizando mímicas o efectos de sonido
Otro consejo importante es que esté dispuesto a leer y releer el cuento cuantas veces el niño o niña se lo pida. Es obvio que a ellos les da placer oír el mismo cuento o historia con sentimiento, entusiasmo y hasta mímicas o actuaciones, utilizando voces graciosas o efectos de sonido. Tómelo muy en cuenta.
No haga un monologo de la lectura, haga que el oyente participe y busque la participación del niño. Háganles consultas sorpresivas sobre lo que están leyendo y háganles adivinar o en su caso cambiar los finales de las historias. Esto no permitirá que su imaginación se encasille en lo que escribieron los autores y despertará la iniciativa creativa de la niña o niño lector.
Cómo identificar libros fáciles de leer
  • Que sean grandes y de impresión clara.
  • Son recomendables encontrar lecturas donde haya páginas con mucho espacio en blanco.
  • Tome en cuenta que las figuras, dibujos o ilustraciones proveen mucha información acerca del significado de las palabras.
Ya mencionamos que en algún momento el padre o madre deberá leerles en voz alta a los niños el libro escogido, la recomendación es que no lea estas historias demasiado cómodos. No se recueste, sino el sueño lo dominará y perderá la energía suficiente y hasta su voz no será bien escuchada o entendida.
Si ellos le interrumpen con preguntas constantes, respóndalas en el acto. Sea paciente ya que se supone que no hay apuro. Otro aspecto importante, no confunda cantidad con calidad, ya que es un hecho que por el afecto, amor y cariño, ellos recordarán mucho más ése momento de unión con la lectura compartida que varias horas de juegos electrónicos o de alguna película en la televisión.
Por último, hay otras ventajas de inculcar amor por la lectura, y están relacionadas con el futuro escolar y los trabajos de investigación. Está demostrado que los niños que pasan por lo menos 30 minutos por día leyendo algún texto tienen más posibilidad de ser buenos lectores, leen más rápido y pueden rendir mejor en la escuela secundaria y hasta en la universidad.
Propósitos del Reglamento General de Lectura y Escritura
  • Se instruye 10 minutos de lectura obligatoria en todas las materias y 30 minutos de esta actividad en los hogares.
  • El objetivo es el de incentivar el hábito de la lectura comprensiva para mejorar el desarrollo de contenidos y asimilación de conocimientos.
  • Este reglamento establece la figura de la “tarea universal” como un mecanismo de incentivo de esta actividad en los hogares.

Los estudiantes de todo el sistema educativo deben desarrollar en la familia, durante los fines de semana, 30 minutos de lectura. Está establecido que los niños deben llevar un resumen de lo leído el día lunes para incorporarlo en su cuaderno de autoevaluación.

Fuente de la imagen:  http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/contenidosdigitales/CursAutoform/Primaria/LengExtranjera/pri_lext_m1_sin/apartados/1_presentacion/1_presentacion.html

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Educación de calidad, retos y desafios en el año escolar

Por: Arlene Vergara

El derecho a la educación con inclusión y calidad marca la orientación de las políticas en esta materia. La Consulta Nacional por la Calidad Educativa 2014, dejó como resultados diez banderas o retos que tienen sus cimientos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), en la Ley Orgánica de Educación (2009) y en el Plan de la Patria (2013). La autoevaluación escolar por la calidad educativa tiene su enfoque teórico en el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE, 2015), en las Orientaciones Generales para la autoevaluación de las Instituciones Educativas se fundamenta en la bandera número 9, que consiste en desarrollar un sistema de evaluación de esa calidad educativa.

El propósito de la autoevaluación es mejorar la calidad. Por ello se genera en el ámbito nacional el proceso de autoevaluación en cada una de las instituciones de los niveles y modalidades del sistema educativo venezolano, sobre la base de la participación de los actores sociales. Así, el MPPE (Ob. cit.), plantea:

Crear un sistema de evaluación de la calidad educativa, que permita hacer seguimiento (orientación, acompañamiento, sistematización, investigación, organización y evaluación permanente) de estos logros, con el propósito de garantizar los fines de la educación bajo los principios, criterios y procedimientos que respondan a la Refundación de la República, establecida en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. (p. 2).

Desde esta perspectiva, se promueve la participación protagónica de todos los actores sociales intérpretes del proceso, con miras a revisar, como corresponsables, la operatividad de los fines de la educación; vale decir cómo estos fines se están concretando en la práctica educativa cotidiana. Así, la escuela como unidad orgánica se revisa y en colectivo perfila el accionar para evaluar la congruencia de las políticas educativas.

¿Cómo estas se desarrollan y cómo garantizan el seguimiento y control como competencias del Estado Docente? Se trata de revisar, ¿qué estamos haciendo? para cumplir con los fines de la educación. Es concienciar ¿qué hemos dejado de hacer? E importante es, como colectivo, determinar y asumir el reto de los cambios para transformar la realidad educativa propia del proceso diagnóstico contextualizado, de cada institución educativa.

Con la finalidad de dar direccionalidad al proceso se valoran los principios de contextualización y participación protagónica. Así, como proceso implícito la construcción colectiva del conocimiento entre los actores sociales como grupos homogéneos y heterogéneos que interactúan en contextos reales como intelectuales orgánicos, en la búsqueda de valorar la gestión escolar en cada indicador de los procesos: (1). Pedagógicos Curriculares. (2). Organizativos Comunitarios y (3). Gestión Administrativa.

Estos procesos tienen un conjunto de indicadores de autoevaluación construidos y organizados por los equipos de la dirigencia nacional del sistema educativo venezolano, en mesas de trabajo, con la participación de los Jefes y Jefas de las Divisiones de Supervisión y Académica de cada Zona Educativa; así como los Coordinadores Regionales del Sistema Nacional de Investigación y Formación del Magisterio (SNIFPM). MPPE (2015). Jornada Nacional de Autoevaluación Escolar y Congreso Pedagógico Estadal. Higuerote, estado Miranda, abril de 2015.

La autoevaluación más allá de determinar un diagnóstico institucional, conlleva la sistematización de este proceso que se desarrolla en los planteles educativos. De esta manera, se asume como una investigación grupal e institucional, enmarcada en la participación protagónica y corresponsables de todos los actores sociales; en la construcción colectiva del conocimiento que reconoce el potencial de cada participante como el intelectual colectivo, promovido a través de la pedagogía crítica y de la investigación acción participativa y transformadora.

En este proceso de cambios en el cual todos y todas estamos empeñados, con el mayor compromiso lo hemos asumido desde la corresponsabilidad del Estado y de la sociedad organizada. A fin de garantizar el derecho a la educación en igualdad de oportunidad y con calidad para todos y todas.

Con la firme convicción y conscientes de las contradicciones educativas estamos reimpulsando la política de formación docente desde los escenarios propios de la escuela, desde el accionar cotidiano desaprendemos y nos apropiamos de conocimientos consecuentes de la construcción social de la escuela como institución por excelencia para reconstruir teorías y recuperar la pedagogía como ciencia.

La UNESCO (2015), refiere en la Conferencia General en el Foro Mundial de Educación para Todos, Incheon (República de Corea), se compromete a fomentar como objetivo general una educación “basada en los principios fundamentales de acceso, equidad y calidad, en la perspectiva del aprendizaje a lo largo de toda la vida”. En referencia a esta premisa educativa la cual fue tema central y de interés en el discurso de los representantes de varios países.

Venezuela desde el 1999 ha logrado avanzar en materia educativa garantizando la educación como un derecho humano y de carácter obligatorio desde maternal. Se crearon las misiones educativas para saldar la gran deuda social de los y las excluidos del sistema educativo. Hoy por hoy tenemos la mayor matricula escolar reconocida por los organismos internacionales por ocupar el 2do. Lugar en Latinoamérica, por lo que se considera la inclusión un indicador de calidad.

Desde esta perspectiva, el compromiso es de todos y todas por una educación de calidad y garantizar así este derecho.

publicado originalmente en: http://www.aporrea.org/educacion/a208589.html

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Los mercados ¿Y la educación?

Por Hugo Ñopo

Una característica de nuestros tiempos es la fe en el mercado como mecanismo para la asignación de bienes y servicios. El motor de la libre competencia induce innovación, mejora continua y eficiencia en el uso de los recursos. Todo esto redunda en avances en la productividad. Con estos argumentos el Estado redujo su participación activa en los mercados en las últimas décadas. Los resultados han sido positivos en múltiples áreas.

El fervor llevó a creer que cada vez más ámbitos de intercambio social podían beneficiarse con la llegada de los mercados, especialmente aquellos en los que el Estado ha hecho un pésimo trabajo. Un ejemplo es la educación. Pero aquí es donde la fe y el fervor inducen al error. Querer mejorar la educación desde una perspectiva de mercado es ignorar que el servicio educativo tiene muchas particularidades. Es muy diferente al servicio típico sobre el que se pueden hacer transacciones en libre competencia.

Siguiendo a Friedman, pensemos un servicio típico, un restaurante, y comparémoslo con el servicio educativo:

En primer lugar, la información sobre la calidad es limitada. Los comensales pueden fácilmente informarse sobre la calidad de los restaurantes. Las características que hacen a un buen restaurante son conocidas (calidad de los ingredientes, higiene, ambiente, etc.). Algo distinto sucede con la educación. Una parte de la calidad puede observarse y medirse (aprendizajes en lengua y matemáticas, por ejemplo), pero también hay una parte amplia e importante que no es fácil de medir (todos los otros aprendizajes que importan para la vida: habilidades socioemocionales, valores y actitudes). Frente a esto hay un consenso entre los educadores: reducir la calidad de la educación a los resultados en pruebas estandarizadas es peligroso para la sociedad. Pero además, aquí hay un elemento de equidad importante: los hogares menos favorecidos (pobres y con padres poco instruidos) son precisamente quienes menos capacidad tienen para interpretar apropiadamente la información sobre la calidad.

En segundo lugar, los resultados son muy posteriores a las decisiones. Al salir de un restaurante, un comensal tiene una idea bastante clara de la calidad del servicio que recibió. En educación no ocurre esto, pues los tiempos son otros. Parte de la calidad se revela inmediatamente, pero parte de ella (quizá la más importante) en el futuro. Si un colegio no hizo un buen trabajo preparando a sus estudiantes para enfrentar sus vidas universitarias o profesionales, los consumidores podrán identificarlo solo cuando sea tarde. O, visto de manera positiva, el éxito de una institución educativa se refleja en el éxito de sus ex alumnos. Así, es fácil caer en cuenta de que las buenas inversiones educativas necesitan un horizonte de largo plazo. Esto último es difícil de compatibilizar con los horizontes de las inversiones con fines de lucro.

En tercer lugar, en el caso de la educación, además del proveedor, el consumidor es responsable del resultado. Que un restaurante sea bueno o malo depende muy poco de los paladares de los comensales. Tampoco depende del esfuerzo que pongan los comensales por hacer buena su experiencia gastronómica. La provisión del servicio educativo es muy diferente. El esfuerzo de los estudiantes –y sus padres– importa mucho. Además del esfuerzo, hay condicionantes socioeconómicos que también tienen impactos en la calidad. Así, es muy difícil pensar que un mecanismo de precios ayudará a asignar de manera óptima los recursos. Este es un mercado muy diferente al común.

En esa línea, los otros consumidores también juegan un rol. Para el comensal de un restaurante estándar (esto es, no uno de alta gama) poco importa si el sujeto de la mesa vecina prefiere arroz con papas fritas, o si tiene ideas conservadoras o liberales. Para un comensal, ni el perfil ni las preferencias de los otros comensales son relevantes para su propia experiencia gastronómica. En el servicio educativo, sin embargo, el resultado depende de todos los estudiantes. Esto es lo que la literatura llama “los efectos de pares”. Esta complejidad en los determinantes de la calidad hace difícil (si no imposible) el proceso de fijación de precios.

Asimismo, la contratación del servicio se hace “una vez en la vida”. No hay aprendizaje. En un período de, digamos, diez años, un comensal se ha enfrentado muchas veces a la decisión gastronómica. Después de haberse planteado muchas veces la pregunta “¿a qué restaurante debo ir?”, ha ganado experiencia como tomador de decisiones. El comensal sabe en qué factores pensar y cómo sopesarlos para tomar su decisión. Repitiendo las decisiones ha aprendido a elegir. En ese mismo período, un padre de familia no ha tomado muchas decisiones sobre la elección de colegio para su hijo. La contratación del servicio educativo, al ser mucho más esporádica, da menos oportunidad para el aprendizaje. Los padres de familia son más propensos al error. Errores que cuestan caro.

Una consideración adicional tiene que ser la equidad. Los niños de hogares pobres tienen más dificultades para el aprendizaje que el resto. Educarlos es más caro y por eso un país debería asignar más recursos para la educación de los pobres. Los mercados hacen exactamente lo contrario, estos asignan más recursos educativos a aquellas escuelas donde hay mayor capacidad de pago.

Como puede verse, para que un mercado de servicios educativos funcione saludablemente necesitaríamos regular varios aspectos de la realidad. Los riesgos de no hacerlo apropiadamente son grandes. Mientras tanto, pensar que los sistemas educativos van a mejorar con mayor participación privada es fe ciega. Sin duda se trata de un tema que necesita mucho debate sobre la base de razones y no de fe.

Fuente: http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/mercados-y-educacion-hugo-nopo-noticia-1843341

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Educación o instrucción

Por: blog humanismo sin credos

Dicen los que, alejados de los intereses políticos, saben de estas cosas que el gran problema de España es la educación, aunque entre los intereses inmediatos de los ciudadanos no parece ser éste el problema más urgente que les afecte. Cuestión, también, de comunicación: ¡como este problema no aparece con regularidad ni suficiente intensidad en los telediarios ni en las tertulias…!

Pero sí: la educación no es que sea un problema, es que es “el gran problema”. Es que aquellos que rigen su entramado, los políticos vulgares, la han degenerado de tal manera que los conocimientos y principios con que se dotan los escolares para iniciar su andadura profesional, dejan muchísimo que desear y están lejos de alcanzar la ratio de conocimientos que imperan en nuestro entorno occidental.

Educación se entiende en un doble sentido, educación como adquisición de instrucción y como conocimiento de los contenidos de las ciencias y educación como caudal de buenas maneras en la conducta, lo que se suele entender como urbanidad. ¿De quién dependen uno y otro asunto? Como alguien decía, tanto instrucción como urbanidad dependen de toda la tribu. Nadie se puede ocultar a la hora de educar a los niños… que serán las generaciones que gobernarán, incluso a quienes ahora “educan” e “instruyen”. Se suele decir que son los padres quienes inculcan principios y valores; el colegio el que educa en socialización y cultura (instrucción); y la sociedad en lo que generalmente se entiende por urbanidad o civismo, dotándose además de leyes que reprimen conductas desviadas… Una sociedad educada engendra individuos educados; una sociedad acostumbrada al robo, propicia individuos randas.

El debate por lo que respecta a la labor en las escuelas, por otra parte intrascendente en lo que afecta al niño, continúa. Y continúa precisamente porque aquellos que nada tienen que ver con la educación, los políticos vulgares, han introducido sus manazas de cazo en ella. ¿Hay que instruir nada más o es preciso también educar? ¿Es labor de los padres la educación en principios y valores en los primeros años o es también labor de la escuela? Falsa dicotomía. ¿Pero se puede legislar en base a esta dicotomía que los profesionales de la enseñanza tienen superada? No hay exclusivismos en la educación. Los padres educan e instruyen; la escuela y la sociedad también. “Labor de la tribu”. Y cada uno en el grado que le corresponde, en la etapa que toca y con los medios de que dispone.

Sobran y hay exceso de grandes palabras. Pretendemos para los niños algo que no es práctica regular en el entorno en que ese niño se mueve. Muchos valores los aprende el niño sin necesidad de que se los digan verbalmente. Quien ve cariño alrededor transmite cariño. Quien ve y oye afán de ayudar y agradar a los demás reproduce esos mismos actos entre sus compañeros. Pero… ¿Cómo va a practicar el niño el respeto si está viendo en su casa cómo se disgrega la convivencia familiar con disputas, insultos o agresiones? ¡Para él eso es lo normal! Lo que vivió en su casa lo reproducirá en la sociedad minúscula en que se integra… y lo practicará de mayor. ¿Cómo va a aprender honradez el adolescente si todo lo que le llega, lo que ve, lo que oye son casos de corrupción, de rapiña y de robo? ¿Cómo va a tener entre sus principios el del esfuerzo por superarse a sí mismo si lo que le han inculcado es el medro con el mínimo de trabajo?

Pero tan importante como la educación en principios y valores es la instrucción, llegar a ser un buen profesional del que dependerá su propia subsistencia y la buena marcha de la sociedad. Lo queramos o no la instrucción discrimina individuos: el que más vale y, en consecuencia, procuran padres y maestros que se esfuerce, alcanza metas a las que otros no podrán llegar. Esto es elemental y hay que partir de ese principio. No todos valen para lo mismo ni tienen las mismas capacidades. Y no todos se esfuerzan lo mismo.

Pretender que todos sean iguales es empobrecer a la nación. Que todos tengan las mismas oportunidades, sí. Pero a partir de ahí, se ha de primar la excelencia, el esfuerzo y el logro de resultados. Las sucesivas leyes de Educación, hasta siete, que hemos padecido han pretendido igualar a la sociedad… ¡por abajo! Todos iguales… de tontos. Y así nos va. El que ha querido sobresalir, ha sido “contra” ese espíritu: colegios privados, universidades extranjeras, másters carísimos… algo que debiera haber propiciado el Estado. Y los padres que han sido conscientes de ello, han tenido que luchar contra ese estado… de cosas.

Produce verdadera vergüenza intelectual asistir a despropósitos como ése de “andaluces no”, sino “población andaluza” (en buena lógica sería “población andaluz y andaluza”), “Congreso de Diputados y Diputadas”, etc. O aquél que sustituía “porteros” por “empleados de fincas urbanas”. Genialidad la de sustituir el nombre por su definición, para subvertir la “economía del lenguaje”, que es la que prima en la vida real, por puro voluntarismo nominalista.

Eso de que cambiando las palabras cambiará la sociedad es pensamiento de memos, lerdos, estólidos y cretinos. A eso hemos llegado facilitando que personas que no serían capaces de hacer las cuentas de una comunidad de vecinos o de su misma casa, manejen y gestionen presupuestos millonarios de empresas públicas o siendo gestores del Estado mismo. Toda esa tribu que vemos desfilar estos días, ¿están preparados para la labor de dirigir un Estado?

Añadamos algo más respecto a la instrucción como base de la educación. La instrucción no es sólo física o matemáticas. También es literatura, arte, filosofía, historia…. que inculcan principios éticos también o enseñan vías cegadas. La persona instruida es más fácil que sea educada. Tiene la mente más abierta y receptiva. No está unidireccionada ni subsumida por principios que son slogans o tópicos que otros les han metido en la sesera. Su capacidad crítica, por otra parte, es base para que la sociedad prospere: saben lo que funciona mal y saben qué remedios aplicar para lo contrario.

Por no alargarnos en algo que verdaderamente nos produce coraje, terminemos con el dato de “la edad oportuna”: importa saber y tener claro qué debe conocer un niño a determinada edad, porque si eso no lo aprende en esa edad, no lo aprenderá nunca o le costará mucho más saberlo. Asistimos al esperpento de que hay guarderías que pretenden darle a conocer al niño conocimientos sobre la evolución humana y universidades que todavía están corrigiendo faltas de ortografía.

Nos faltaría hablar de la utilización política de la educación, cercenando derechos, pero eso ya es harina costrosa en la que hay que hincar el cuchillo (de las leyes). Para más tarde.

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