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8 de marzo de 2026: Congreso, modelo de Estado y educación en una definición histórica

 Por: Carlos Munévar

Cuando la correlación de fuerzas, la memoria del magisterio y la arquitectura democrática se cruzan en una misma elección

El 8 de marzo de 2026 Colombia no elegirá únicamente un nuevo Congreso para el período 2026–2030. Elegirá la correlación de fuerzas que hará posible —o inviable— la orientación estructural del Estado en la próxima década. En contextos de transición política, las elecciones legislativas dejan de ser un episodio intermedio y se convierten en el verdadero escenario donde se define si un proyecto de transformación se consolida como política de Estado o se reduce a experiencia pasajera.

Desde una perspectiva de izquierda democrática, esta elección no es simplemente un referendo sobre un gobierno. Es una disputa por el tipo de Estado, por el modelo de desarrollo, por la profundidad de la democracia y por el lugar que ocupará la educación pública en ese diseño institucional.

La arquitectura del poder: por qué el Congreso define el rumbo real

El presidencialismo colombiano no opera sobre la voluntad unilateral del Ejecutivo. En la práctica, las transformaciones estructurales —tributarias, laborales, energéticas y sociales— dependen de mayorías legislativas estables capaces de sostenerlas en el tiempo. Sin ese soporte parlamentario, el cambio se ralentiza, se fragmenta o termina desnaturalizándose en el trámite legislativo y eso es precisamente lo que no ha tenido el país históricamente.

La democracia como sistema de gobierno implica que el Congreso puede desempeñar tres funciones claramente diferenciadas. Puede actuar como motor de transformación cuando existe coherencia programática y disciplina política en torno a un proyecto común; puede convertirse en un espacio de transacción permanente donde cada reforma se negocia al costo de reducir su alcance beneficiando a los clanes políticos regionales; o puede erigirse en un dique de contención que bloquee o vacíe de contenido las agendas estratégicas del Ejecutivo, como es el caso del periodo Petro. La diferencia entre estos escenarios no es retórica ni simbólica: determina si una reforma social se consolida como norma duradera o si se diluye en concesiones parciales.

Por ello, el 8 de marzo no solo se disputan curules. Lo que realmente se define es la correlación de fuerzas que condicionará la gobernabilidad y el margen de acción política durante todo el período siguiente. La izquierda enfrenta aquí un desafío estratégico central: sin mayorías estables y cohesionadas, incluso los proyectos más legítimos quedan supeditados a acuerdos coyunturales y “mermelada política” que limitan su profundidad. La fragmentación interna no es solo un problema organizativo; puede convertirse en una debilidad estructural que comprometa la viabilidad del programa de transformación.

El modelo de desarrollo en disputa: la economía política del Congreso

El próximo período legislativo será decisivo en la definición del modelo de país que se está construyendo. El debate no se limita a iniciativas aisladas, sino que atraviesa la arquitectura misma de la economía política del país. En este escenario, el Congreso no es un simple escenario técnico de aprobación normativa: es el espacio donde se dirime qué intereses prevalecen y qué orientación estratégica adopta el Estado.

En materia de justicia fiscal y redistribución, la sostenibilidad del Estado social depende de un sistema tributario progresivo que permita financiar derechos y políticas públicas de manera equitativa. Sin un respaldo parlamentario sólido, cualquier reforma fiscal corre el riesgo de diluirse a través de exenciones sectoriales, ajustes regresivos o mecanismos compensatorios que terminan favoreciendo a los sectores de mayor poder económico. El Congreso no se limita a aprobar impuestos; define, en última instancia, quién financia el Estado y quién se beneficia de su acción. El grave problema es que las grandes mayorías del congreso actual, y del que puede ser electo si se pierden las elecciones, son cuotas políticas de clanes mafiosos integrados con terratenientes, empresarios y multinacionales con nexos históricos con grupos armados herederos del paramilitarismo y/o cooptados por intereses políticos de la oligarquía colombiana.

Política laboral y estructura del mercado de trabajo

Colombia mantiene niveles estructuralmente altos de informalidad laboral, precarización y segmentación del mercado de trabajo. La orientación que adopte el Congreso será determinante para definir si el país avanza hacia un modelo de formalización progresiva, estabilidad contractual y fortalecimiento de la negociación colectiva, plasmados en la reforma laboral del gobierno Petro o si, por el contrario, se consolida un esquema centrado en la flexibilización bajo el argumento de la competitividad y la atracción de inversión.

El trabajo no es únicamente una variable macroeconómica ni un dato estadístico en los informes de crecimiento. Es un eje constitutivo de ciudadanía social. A través del empleo se accede a seguridad social, ingresos estables y reconocimiento social. Por ello, el desarrollo de la reforma laboral no solo regula relaciones productivas; expresa, en el fondo, el modelo de sociedad que se busca consolidar.

Transición energética y soberanía económica

La transición hacia energías limpias implica mucho más que un ajuste ambiental. Supone una redefinición profunda de la matriz productiva, de las fuentes de ingreso fiscal y del lugar de Colombia en la economía internacional. La discusión no se limita a sustituir combustibles fósiles por energías renovables; involucra decisiones estratégicas sobre inversión, desarrollo regional, empleo y soberanía económica.

El Congreso será el escenario donde se definan la velocidad y la profundidad de este proceso, así como los mecanismos de compensación territorial y social. De sus decisiones dependerá si la transición se convierte en una oportunidad para diversificar la economía y reducir desigualdades, o si se gestiona de manera fragmentada, generando nuevas tensiones fiscales y territoriales.

Paz territorial y concepción de la seguridad

La consolidación de la paz territorial requiere marcos normativos estables y recursos sostenidos en el tiempo. Políticas de desarrollo rural integral, sustitución de economías ilícitas y presencia efectiva del Estado en regiones históricamente marginadas no pueden depender de voluntades coyunturales. Necesitan respaldo legislativo consistente que también construya percepciones y sustituya la matriz mediática del enemigo interno, cambiando las lógicas de discriminación y de desconocimiento de las causas profundas del conflicto interno colombiano.

En este campo se enfrentan dos concepciones distintas de seguridad. Una entiende la seguridad como un enfoque integral, articulado con inversión social, infraestructura, educación y oportunidades económicas. La otra privilegia principalmente el control coercitivo y el despliegue de fuerza. El Legislativo actuará como árbitro de esa tensión, definiendo cuál de estas visiones orientará la política pública en los próximos años.

Educación y poder: la lección histórica

La historia demuestra que cuando se disputa el proyecto de nación, la escuela se convierte en un espacio estratégico. No porque sea, por naturaleza, un aparato de propaganda, sino porque es el lugar donde se forma ciudadanía, se transmiten valores democráticos y se construyen marcos de interpretación de la realidad. Vale la pena hacer memoria.

En la Alemania de Adolf Hitler, tras 1933, el régimen expulsó a docentes judíos y opositores políticos, reescribió los currículos para inculcar antisemitismo y culto al líder, y convirtió la afiliación ideológica en requisito profesional. La escuela dejó de ser un espacio plural para transformarse en instrumento del Estado totalitario. Las juventudes Hitlerianas fueron consecuencia de esta política educativa de un régimen como el nazi, que aún hoy, evidencia la herencia cultural en el auge de grupos neonazis y de ultraderecha en las sociedades modernas.

En la Italia de Benito Mussolini, el juramento obligatorio de lealtad impuesto en 1931 simbolizó la subordinación de la autonomía universitaria al proyecto fascista. La educación fue integrada explícitamente al aparato político del régimen.

En la España de Francisco Franco, tras la Guerra Civil, miles de docentes republicanos fueron fusilados, encarcelados o expulsados. La educación laica fue reemplazada por un modelo nacionalcatólico doctrinario, alineado con la ideología oficial.

El patrón histórico resulta evidente: primero se estigmatiza al maestro crítico; luego se produce la depuración institucional; finalmente se impone el control curricular. Colombia no vivió un régimen fascista europeo, pero sí ha conocido el peso de la estigmatización en contextos de conflicto armado y polarización política.

El giro contemporáneo: disputa cultural y autonomía educativa

Durante la presidencia de Donald Trump no se han registrado purgas masivas en el sistema educativo, pero sí se ha venido desarrollando una confrontación cultural significativa con el magisterio organizado. Se han promovido políticas de “school choice” y se cuestionaron programas de diversidad bajo la narrativa del supuesto “adoctrinamiento”.

Este caso evidencia que la intervención en educación puede adoptar formas simbólicas y normativas sin recurrir a violencia física directa. La disputa cultural puede tensionar profundamente la autonomía pedagógica y erosionar la legitimidad del magisterio. El lenguaje político no es neutro: construye legitimidades o las debilita.

Colombia: violencia contra el magisterio y memoria democrática

En Colombia, el debate adquiere una dimensión especialmente sensible. La Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE), fundada en 1959, se consolidó como actor central en la defensa de la educación pública y los derechos laborales del magisterio.

Esa visibilidad tuvo costos humanos profundos. Entre 1986 y 2016, informes presentados ante la Jurisdicción Especial para la Paz documentan cerca de mil quinientos docentes asesinados. La Escuela Nacional Sindical ha registrado más de 3.300 sindicalistas asesinados entre 1971 y 2023, además de miles de amenazas, desplazamientos y hechos de violencia. El sector educativo fue uno de los más afectados.

Regiones como Urabá, Arauca y el Magdalena Medio conocieron listas negras y asesinatos selectivos en los que, con frecuencia, el señalamiento ideológico precedía al crimen. La estigmatización no fue un discurso inocuo; en múltiples casos operó como antesala de la violencia.

Coyuntura electoral y disputa simbólica

En la actual coyuntura, sectores como el Centro Democrático y figuras públicas como Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Daniel Briceño y otros, han formulado críticas severas al sindicalismo docente, señalando presunto “adoctrinamiento” y proponiendo limitar su influencia en el sistema educativo.

No se anuncian persecuciones explícitas. Sin embargo, la historia colombiana demuestra que la erosión sistemática de legitimidad puede generar condiciones adversas para la protección institucional y la garantía de derechos. En democracias frágiles, el discurso importa tanto como la norma.

Más allá de 2026: una decisión estructural de largo plazo

La elección del 8 de marzo no debe leerse únicamente como respaldo o castigo a una administración específica. Se trata de una definición estructural sobre el tipo de Estado que Colombia consolidará en el mediano plazo: si avanzará hacia un Estado social de derecho con capacidad redistributiva robusta; si promoverá un modelo económico orientado a la equidad territorial; si apostará por una política de paz con inversión estructural; y si garantizará una escuela pública plural y protegida.

El Congreso que emerja de esa jornada electoral moldeará el horizonte político, económico y social de la próxima década.

Educar, legislar y decidir el futuro democrático

En Colombia, educar ha sido, en demasiadas ocasiones, un acto de resistencia. La memoria de los docentes asesinados no constituye un recurso retórico, sino una advertencia histórica sobre los riesgos de la estigmatización y la desprotección institucional.

Defender la educación pública y la dignidad del magisterio no es una consigna partidista; es una condición básica de la democracia. El Congreso que se elija el 8 de marzo de 2026 definirá la profundidad de las reformas sociales, la orientación del modelo económico, la concepción de la seguridad y la paz, y el lugar de la escuela en el proyecto nacional.

No se trata simplemente de una elección legislativa. Es una decisión estructural sobre el rumbo del Estado, la calidad de la democracia y la protección de quienes, desde las aulas, forman ciudadanía en Colombia.

8 de marzo de 2026: Congreso, modelo de Estado y educación en una definición histórica

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El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

El Gobierno estadounidense intenta restaurar el mundo unipolar usando su poder militar y financiero

Aram Aharonian

Lo que el Gobierno de Donald Trump  pretende en este su segundo mandato es liderar una reforma integral del mundo occidental con el objetivo de construir un incipiente Estado-civilización que, una vez restaurada su fuerza colectiva, pueda ejercerla sin restricciones para forzar a los rivales emergentes a subordinarse y así restaurar la unipolaridad.

El mundo “occidental y cristiano” al que estábamos acostumbrados, en el que EEUU proporcionaba la seguridad y recitaba sobre la libertad, se ha terminado y los analistas dudan que se pueda esperar a que Trump deje la presidencia para que Washington dé un giro. Trump escribió en su red Truth Social que, con efecto inmediato, elevaría el arancel mundial del 10 % al 15 % y dejó sentado  que su Gobierno determinará y emitirá los nuevos aranceles en los próximos meses

El historiador Michael Ignatieff, excandidato a primer ministro de Canadá, exrector de la Universidad Central Europea señala que en las acciones de Trump hay elementos del clásico imperialismo yanqui del siglo XIX, pero además hay algo nuevo: la provocación. Él ve qué puede obtener de sus provocaciones y, por eso, si se le responde con fuerza, como hicieron Canadá y México con las amenazas de los aranceles, se le puede hacer retroceder. Trump ya ha dejado claro que ya no quiere defender a Europa Occidental, sino obligarla a seguir sus planes y mandatos.

Muchos países euroccidentales han aumentado su gasto en defensa y eso parece que no satisface a Trump, sobre todo su las armas que adquirieron no son estadounidendeses. Pero hay que tener en cuenta el factor humano:  no basta con aumentar el presupuesto de defensa sino que se debe buscar que más jóvenes se enlisten en el servicio militar.

Trump no siente ninguna afinidad con las democracias, ni siquiera en su discurso, tal como lo hicieron continuamente sus predecesores: ve las cosas a través de un lente económico sin excepciones. Por eso, si países de América Latina tienen un superávit comercial con EEUU les impondrá aranceles, sin importar que sea un gobierno de derecha, centro o izquierda.

Donald Trump, inauguró este jueves la primera reunión de la llamada Junta de Paz (¿sólo para Gaza?) una nebulosa institución que, originalmente, debería traer el fin de la guerra a la franja palestina, aunque sus objetivos reales parecen apuntar más a la propaganda del hegemonismo global de Washington, la glorificación del propio Trump como paladín del fin de los conflictos y a la preeminencia de su aliado Israel en Oriente Medio, señala el analista español Juan Antonio Sanz.

No se sabe si los 10 mil millones de dólares que prometió Trump son para reconstruir Gaza y acelerar la llegada de ayuda humanitaria, o  para dotar de medios a esta Junta que pretende monitorizar la estrategia exterior de la Casa Blanca, arrebatar competencias a la ONU y «supervisarla»,  y,  de paso,  encubrir los crímenes de guerra que sigue cometiendo Israel en los territorios palestinos para asegurarse su anexión.

Estos revolucionarios de extrema derecha que gobiernan a EEUU. creen que sus antiguos aliados -Canadá y Europa Occidental- están atrapados en una especie de liberalismo permisivo que ya derrotaron en su país y ahora quieren derrotarlo  en todo el mundo. Y, por ello, de repente ven a sus aliados como enemigos. En su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el vicepresidente J.D. Vance denunció que la libertad de expresión en Europa está bajo ataque por las medidas adoptadas para frenar a la ultraderecha, que el trumpismo apoya y financia.

Mientras, en lo interior, los principales analistas advierten que el núcleo de los votantes de Trump parece agotado y desilusionado por las «guerras interminables», por los desastres de Irak y de Afganistán, porque sienten que el país está de vuelta a lo que vivió durante la guerra de Vietnam, esa sensación de que sus muchachos van al extranjero a luchar batallas sin sentido en países de los que nunca oyeron hablar.

Y a esto último hay que sumarle un elemento muy importante: la fatiga por el costo del imperio y el deseo de transferir esa factura a los aliados. ‘Europa, si quieres nuestra ayuda tienes que pagarla´: ese es el mensaje. Pareciera que todo es un negocio donde las vidas humanas no tienen valor…

Los funcionarios de la administración Trump han tenido dificultades para determinar cómo aumentar el gasto militar estadounidense en la impresionante cifra de 500.000 millones de dólares en su próximo presupuesto, lo que ralentiza el plan general de gastos de la Casa Blanca. El jefe de presupuesto de la Casa Blanca es uno de los que se opuso internamente al plan del secretario de Defensa de aumentar el gasto militar en aproximadamente un 50 %, según The Washington Post.

«Restaurar la civilización occidental»

Marco Rubio, Secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, afirmó en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich que Trump  se propone reconstruir y restaurar la civilización occidental, incluso actuando en solitario si Europa no acompaña. El cubanoestadounidense exaltó la grandeza de la civilización compartida y sostuvo que su “reanimación” insuflará nuevo ímpetu a las fuerzas armadas. Acto seguido, delineó el programa de Trump 2.0, de reindustrialización, fin de la migración masiva y reconfiguración de la gobernanza global, transformaciones que aseguró producirán dividendos concretos para las mayorías occidentales.

Criticó con especial dureza la deslocalización industrial hacia adversarios y competidores, la cesión de soberanía a instituciones internacionales, el “autoempobrecimiento para apaciguar a un culto climático” y la migración masiva. Admitió que esas decisiones fueron errores en los que participó el Gobierno estadounidense, que ahora busca corregirlos. Para Rubio, el proyecto estadounidense aspira, en  optimizar su red global de alianzas, aunque bajo un reparto de cargas “más equitativo”, o sea que todos los demás países financien los delirios trumpistas.

Pareciera ir de la mano de las teorías civilizacionales de Samuel Huntington y Alexander Dugin, centradas en la identidad como factor decisivo en la dinámica internacional.

No es de extrañar que el concepto de excepcionalismo estadounidense impregna su discurso, que sigue el libreto del anhelado poder mundial de Trump. Rubio afirmó que su país actuará en solitario si es preciso para restaurar la civilización occidental y describió la supuesta “decadencia terminal” de Occidente, tras la Segunda Guerra Mundial, como una “elección”. En esencia, Trump 2.0 buscaría encabezar reformas  para consolidar un naciente Estado-civilización que, tras recuperar su vigor colectivo, pudiera emplearlo sin restricciones para imponer su primacía y restaurar la unipolaridad.

La posición de Estados Unidos como única superpotencia ya no solo es cuestionada por rivales como China o Rusia, sino incluso internamente. En su segundo mandado, Trump, con sus deseos de hacerse con el control de Groenlandia, de recuperar el Canal de Panamá y de anexarse a Canadá parece exhibir un lado imperialista no visto antes.

El analista Rubén Armendáriz llama la atención sobre el indulto a José Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado a 35 años de prisión por el alijo de 400 toneladas de cocaína a EEUU. Considera que es un hombre que bien puede diseñar las nuevas rutas del narcotráfico con el control estadounidense de la ruta interoceánica de Panamá y la ártica de Groenlandia. Hasta ahora Trump ha usado el estribillo de que son narcotraficantes los gobiernos latinoamericanos que él quiere derrocar, pero el verdadero problema está en su país y en su Gobierno.

 Es muy difícil saber si realmente detrás de los anuncios de Trump hay una estrategia o si simplemente son un conjunto de improvisaciones con las que busca obtener algunos objetivos transaccionales dependiendo de la reacción que haya, comenta la BBC inglesa.

Estados Unidos ha bautizado como «Lanza del Sur» la campaña militar que lleva a cabo en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, una operación que, bajo el argumento de combatir el narcotráfico, ha desencadenado una oleada de ataques contra embarcaciones y ha elevado la tensión regional, hasta culminar el 3 de enero de 2026 en una operación militar con bombardeos en Venezuela y el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa.

Washington también excluyó a Colombia de su lista de países cooperantes en la lucha contra el narcotráfico. La medida fue interpretada como una señal de distanciamiento político respecto a Bogotá. Más tarde, en octubre, retiró a Colombia la ayuda financiera estadounidense.

Las tensiones se agravaron aún más cuando el Departamento de Guerra estadounidense envió el 10 de noviembre tropas terrestres a Panamá para realizar maniobras en la selva, algo inédito en décadas. Dos días después, Venezuela anunció una movilización de 200.000 militares en todo su territorio como parte de unos ejercicios destinados a «responder a las amenazas de Estados Unidos», y la escalada belicista aún subió otro escalón con las maniobras militares estadounidenses en Trinidad y Tobago, apenas a 11 kilómetros de la costa venezolana.

Guerra y deuda, deuda y guerra

Así, Estados Unidos llegó en febrero de 2026 a acumular una impagable deuda pública de 56 trillones de dólares, más de 124% de su PIB (para los anglosajones, un trillón es una cantidad de 1.000.000.000.000. Según la Congressional Budget Office, el déficit presupuestario es de 1,9 trillones. Estas abominables cifras las costeaba el resto del mundo aceptando papeles sin respaldo como petrodólares y bonos del Tesoro a cambio de bienes reales: petróleo, minerales, alimentos, manufacturas.

Estados Unidos, antaño poderosa potencia económica, carece de capacidad productiva para cancelar esta aplastante deuda. Su propia clase dominante exportó sus capitales e industrias al Tercer Mundo para aprovechar los salarios de miseria de este. Su capitalismo industrial, antes productor de bienes, involucionó a capital financiero, que solo produce ficticios dividendos especulativos. La clase capitalista se hizo inmune a los impuestos que podrían amortizar el débito.

Hacia 1977 las grandes fortunas tributaban tasas de 70% sobre sus ingresos, hoy no pagan más de 22%, esconden sus beneficios en paraísos fiscales y fundaciones exentas de tributación; que financian elecciones tras las cuales los candidatos electos les prodigan generosas condonaciones y amnistías fiscales. Mientras, a pesar de la demoledora inflación y el aumento demográfico, los sueldos de los trabajadores y el gasto civil del Gobierno son los mismos que hacia 1970.

Pero la avaricia rompe el saco, y el latrocinio, la aceptabilidad de monedas sin respaldo. Inevitablemente, países cuya economía estaba basada en el oro negro proyectaron lanzar divisas que tuvieran más valor que el papel pintado de verde. Irak intentó el dinar, asociado al euro. Libia proyectó el dinar de oro, respaldado por sus reservas de 143 toneladas de oro e igual cantidad de plata. Ambos países fueron arrasados y minuciosamente saqueados por Estados Unidos o por fuerzas apoyadas por estos.

Sin embargo, la práctica estadounidense y europea de robar las reservas depositadas en bancos bajo su influencia obligó a la Federación Rusa, China, India y en general a los Brics a comerciar en monedas distintas del dólar carente de respaldo. Venezuela, agredida desde 2002 y encarnizadamente bloqueada desde 2017, asestó un golpe mortal al monopolio del petrodólar al vender sus hidrocarburos en rublos y yuanes, fuera del sistema Swift, y al movilizarlos en barcos de la “flota fantasma” rusa.

El plan de Trump  de hacer una reforma integral del mundo occidental para construir un Estado-civilización  subordinado a Washington, cuenta con que no tendrá oposición en su patio trasero (léase América latina) y que fácilmente puede «comprar» la adhesión de la dependiente Europa occidental…  y así restaurar la unipolaridad.

Aram AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente de la Información: https://rebelion.org/gobierno-estadounidense-intenta-restaurar-el-mundo-unipolar-usando-su-poder-militar-y-financiero/

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Capital extranjero en América Latina: Una historia problemática

Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

La visión empresarial que se ha extendido por América Latina clama por la inversión extranjera directa, bajo la confianza de que servirá para levantar el desarrollo. Pero la realidad ha sido contradictoria y la historia puede despejar algunas dudas.

A raíz de las independencias, los Estados nacionales en construcción vieron en el capital extranjero un posible agente auxiliar para el progreso. Durante el siglo XIX predominaron los capitales europeos y los británicos dominaron sobre las deudas públicas, puertos, ferrocarriles y bancos. Eran inversiones privadas bajo la protección diplomática y militar de sus Estados. A fines del siglo, con el despegue imperialista de Estados Unidos, comenzó la incursión de sus empresas: materias primas, agricultura, ganadería, minería (sobre todo petróleo), electricidad, tranvías, agua, teléfonos, bancos. México fue un país preferente por el ambiente favorable al capital estadounidense creado por el porfiriato (1876-1911).

En el marco del monroísmo y del Corolario Roosevelt del “Gran Garrote” (1904), empresas norteamericanas como la Standard Oil (SOCO, petróleo) y la United Fruit Company (UFCO, bananos) adquirieron determinante poder económico e injerencia política. Literalmente, la SOCO, del magnate John D. Rockefeller, disputó con la Royal Dutch Shell (anglo-holandesa) el petróleo del Chaco, que derivó en la guerra entre Bolivia y Paraguay (1932-1935). Tras la experiencia, el gobierno boliviano nacionalizó el petróleo (1937). Las mismas compañías estuvieron involucradas en el conflicto territorial entre Ecuador y Perú, que desembocó en el Protocolo de Río de Janeiro (1942) por el cual Ecuador perdió territorios amazónicos. En México la SOCO se negó a aceptar un fallo de la Suprema Corte que obligaba a mejorar las condiciones laborales. Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo (1938). Otras compañías mineras en Perú (petróleo) o Chile (cobre) tienen similar historia. La matanza de la Escuela de Santa María de Iquique en Chile (1907) fue consecuencia de la negativa de las empresas salitreras, mayormente británicas, a mejorar las condiciones laborales. En todas partes la represión fue una respuesta común para defender a las empresas foráneas.

La UFCO dejó su propia historia traumática. En Guatemala su intervención hizo famoso al término “Banana Republic”. Cuando el presidente Jacobo Arbenz impulsó la reforma agraria la empresa vociferó contra el “comunismo”. Los hermanos Dulles (Allen, director de la CIA, y John Foster, Secretario de Estado), otrora abogados de la compañía, organizaron el golpe de Estado que derrocó a Arbenz. En Colombia, la UFCO se negó a negociar con los huelguistas acusados de “comunistas” y el ejército intervino provocando la “Masacre de las Bananeras” (1928) con centenares de trabajadores muertos. Paradójicamente, en Ecuador la UFCO, propietaria de la gigantesca Tenguel, un verdadero “enclave” con trabajadores sujetos a condiciones miserables en la hacienda, salió del país (1962). Quien continuó con la agroexportación fue el ecuatoriano Luis Noboa Naranjo, antiguo empleado de la competidora Standard Fruit Co., que creó su propia empresa, a través de la cual acumuló una enorme fortuna, al mismo tiempo que el banano sostuvo la economía nacional. Sus descendientes consolidaron el poder económico y la influencia política. Desde 2023, la presidencia del nieto Daniel Noboa, produjo en Ecuador lo que los sociólogos denominan “captura del Estado”.

Hasta mediados del siglo XX los capitales extranjeros se asentaron principalmente en los grandes países: Argentina, Brasil, México. Pero en la postguerra mundial se consolidó la hegemonía de EE.UU. que desplazó a los capitales europeos. El monroísmo de la Guerra Fría también garantizó su presencia; y en las décadas de 1960 y 1970 el desarrollismo, para el cual era esencial la industrialización por sustitución de importaciones (ISI), alentó las inversiones norteamericanas en diversos países. Sin embargo, la consigna empresarial por abrir puertas sin fronteras ni límites al “capital extranjero” bajo los supuestos del “mercado libre”, solo nació durante las décadas de 1980 y 1990, gracias a la extensión de la ideología neoliberal a partir del impulso que le dieron el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), las cartas de intención con el FMI y el decálogo del Consenso de Washington. La dictadura de Augusto Pinochet hizo de Chile el pionero en abrir puertas indiscriminadas al capital extranjero y bajo ese perverso ideal se inspiraron otros gobiernos latinoamericanos.

Las nefastas consecuencias sociales del neoliberalismo llevaron a identificar como “décadas perdidas” las dos finales del siglo XX. Además, de acuerdo con la CEPAL la Inversión Extranjera Directa (IED) sigue concentrada en pocos países (Brasil, Chile, México), mientras que en otros es irregular o escasa, pues las empresas buscan rentabilidades rápidas y fáciles, que permitan acumulación en sus matrices foráneas. De modo que el “espejismo” del crecimiento de la IED debe ser contrastado examinando las áreas de interés, pues predomina la extracción minera a costa del medio ambiente, la provisión de tecnologías, las grandes obras de infraestructura, la comunicación, algunos servicios y la protección de patentes y marcas. A las transnacionales les convienen gobiernos que respalden sus intereses, achiquen el intervencionismo estatal, flexibilicen las relaciones laborales y admitan responsabilidades con la suscripción de “Tratados Bilaterales de Inversión” (TBI).

Los TBI se generalizaron con la globalización tras el derrumbe del socialismo soviético. De hecho, sustituyeron a las “cañoneras” que en el pasado garantizaban las actividades privadas con intervencionismo directo. Estos tratados crearon una especie de “derecho internacional económico” que supone defender intereses legítimos de las gigantes corporaciones contra lo que conciben como “arbitrariedades” en los países latinoamericanos. Pero los TBI admiten arbitrajes a los que solo pueden acudir las empresas para demandar a los Estados, lo que ha servido para obligar a millonarias indemnizaciones. Incluso se utilizan interpretaciones ampliadas de lo que debe entenderse por «expectativas legítimas de ganancia», «trato justo y equitativo» o «expropiación indirecta». Los casos que se pueden señalar son numerosos y Ecuador es un ejemplo: Chevrón-Texaco fue demandada por comunidades indígenas (2003) por el masivo desastre petrolero en la Amazonía y la empresa fue obligada a pagar US$ 9.500 millones; pero acudió al arbitraje en La Haya y obtuvo un fallo a su favor (2018). En consecuencia, las negativas experiencias con los TBI han provocado que varios países busquen restaurar las capacidades superiores de los Estados, como ha ocurrido en Brasil (creó los Acuerdos de Cooperación y Facilitación de Inversiones – ACFI) o México e incluso Chile.

El problema del presente es que sobre América Latina se extiende la amenaza directa del Corolario Trump que define un neomonroísmo bajo el cual tienen prioridad las empresas estadounidenses, además de que los recursos de la región están sujetos a la Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU. (https://t.ly/QNMF9). El continente debe quedar libre de “competidores” que resulten “amenazas” (Rusia y, ante todo, China). Los gobiernos tienen que alinearse con los intereses norteamericanos. De modo que, si bien nos hallamos en una época en la cual la antigua hegemonía mundial de los EE.UU. ha sido desplazada por el mundo multipolar que ha surgido en el siglo XXI, el “Donroísmo” neointervencionista no puede enfrentarse en forma aislada y la unidad latinoamericana es un desafío urgente. En política interna, en cada país toca superar, en forma definitiva, las visiones neoliberales y libertarias, para recuperar las vías de construcción de economías sociales y soberanas.

Blog del autor: Historia y Presente
www.historiaypresente.com

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Certezas existenciales y nuevas revoluciones

Por: Javier Tolcachier

El avance de las derechas políticas es innegable. Desde el pensamiento crítico, cabe preguntarse si se trata de un hecho simplemente coyuntural, un rebote histórico a un ciclo de progreso en la conquista de derechos y posibilidades o una instalación duradera de consignas reaccionarias en la conciencia de los pueblos.

Más allá del desagrado cotidiano que suscitan las irrupciones mediático-digitales de algunos de los personeros ultraconservadores, impuestas como estímulos permanentes por las plataformas asociadas al mismo trasfondo, es imposible que el retroceso y la violencia puedan operar como escalón firme para una etapa de bienestar colectivo. Ni siquiera para quienes desde las esferas de poder sustentan y promueven las violencias mediante la exclusión de los beneficios colectivamente acumulados por la humanidad.

Por el contrario, las muestras hoy parecieran apuntar al estertor de un momento agotado de la historia iniciado con la premisa de un materialismo absolutista, que reemplazó en su momento al larguísimo período de la dictadura tradicionalista, manejada por las corporaciones eclesiales de diverso cuño y organizada políticamente como dinastías descendientes de la divinidad.

En todos los casos, todo augura el advenimiento de un momento de síntesis que, desde una complementación de las diferencias incluyente de los aspectos más progresivos de momentos anteriores, tenderá a integrar armónicamente en un nuevo paradigma cuerpo y espíritu, materia y energía, equidad social junto a bienestar y desarrollo existencial y espiritual. Desde esta mirada, las viejas polaridades podrían encontrarse y fusionarse por cierto tiempo, hasta que una nueva rebeldía inspirada ponga en duda y comprometa el statu quo alcanzado.

En términos políticos, esto tiene una profunda relevancia.

Las inclinaciones retrógradas

Los factores que inciden en el giro político conservador son múltiples y, si bien actúan de manera convergente, merecen ser analizados por separado.

En una primera capa de estudio, no es menor el dramático derrumbe del mundo unipolar, regenteado por los Estados Unidos, sucesor y aliado de los anteriores colonialismos europeos. Tal quiebre va de la mano con la ascensión del multilateralismo, que reclama su espacio igualitario en la esfera internacional. Como una de las tantas paradojas de la historia, en esta nueva página los polos emergentes se apoyan y refugian en sus propias tradiciones, como forma de resistencia al avasallamiento cultural del imperialismo occidental.

Al mismo tiempo, el poder financiero, cuya maquinaria de concentración permanece intacta, pretende evitar la redistribución de sus ilegítimas riquezas sembrando mayor caos y violencia. El correlato objetivo de esta intención es la precarización de amplias mayorías y el desvío hacia la delincuencia o la autoexplotación como formas de subsistencia. Ante el fenómeno criminal, en la continuidad de la lógica del poder, se expande el control, la represión y finalmente la militarización social. El “sálvese quien pueda… y como pueda” individualista, dificulta a su vez el aumento de la potencia para organizarse en proyectos políticos colectivos guiados por un espíritu de justicia social.

Pero tal como sucedió en épocas de dominación colonial, no basta la fuerza bruta para contener la indignación popular. La dominación subjetiva procede, en este escenario, con la distracción de contenidos vacíos a través de redes sociales, el discurso de odio que afianza la división social y la demonización de modelos positivos y la promoción de la “mano dura”, que abre la puerta a posteriores triunfos políticos vergonzantes, disfrazados de “renovación”.

Sin embargo, hay otro nivel de análisis necesario que se refiere a la receptividad que hoy encuentran las proclamas regresivas en la conciencia popular. No es posible adjudicar el éxito coyuntural de la derecha solo a su capacidad y poder de manipulación de la subjetividad.

Desde un enfoque generacional, se conjugan en esta contraofensiva conservadora dos vertientes. Por un lado, hay una rebelión de un extendido sector de jóvenes contra los proyectos de transformación surgidos en la segunda mitad del siglo pasado. Como cualquier otra generación, esta cohorte no se reconoce en la misma memoria y proyecto de sus progenitores y exige cambios acordes a los tiempos que le toca vivir. Mientras tanto, en términos demográficos opera en varias regiones del mundo la ancianización social, a través de la cual, una importante franja de personas se encuentra en situación de extrañeza y rechazo frente a los incesantes y vertiginosos cambios del paisaje social.

Ante la incertidumbre y la falta de perspectivas a futuro, el alma tiende a buscar un asidero firme y vuelve su mirada a un pasado que, aunque inexorablemente yerto, se ofrece como un puerto imaginario de aparente salvación.

Así es como en los distintos entornos, más allá de toda diferencia cultural, se insiste en anteriores fórmulas, en puntos de apoyo que ofrezcan un ancla ante la tempestad. Pero éstas no bastarán para detener el temporal de la historia, que siempre exige respuestas de un mayor nivel.

Digámoslo de una vez: La inseguridad que hoy siente la abrumadora mayoría de los seres humanos tiene su raíz en la falta de certezas existenciales. Ni la situación socioeconómica o laboral, ni las relaciones personales o familiares, ni el aferramiento a dogmas caducos, ni los modelos políticos, ofrecen respuestas definitivas y prometedoras a la conciencia sedienta de horizontes claros a los cuales dirigirse. Todo es efímero, pasajero, volátil, incierto. Ante ese paisaje, la humanidad necesita e intenta buscar inspiración para crear referencias y propuestas de futuro. Propuestas que no se encontrarán, ni habrán de surgir en los ámbitos que generaron la situación actual.

Las nuevas certezas

Si consideramos válida la tesis del advenimiento de un momento de respuestas a la evolución de un modo integral, “integrando armónicamente en un nuevo paradigma cuerpo y espíritu, materia y energía, equidad social junto a bienestar y desarrollo existencial y espiritual”, entonces esa será la huella de futuro a reconocer y construir en cada paso.

Reconocer, ya que es posible identificar este principio fundante del nuevo momento histórico en numerosas iniciativas ya existentes. Estos brotes de los nuevos tiempos son los que, tal como siempre ha sucedido antes, nacen pequeños y frágiles y a su debido momento, conectan con la necesidad de las multitudes. La nueva realidad nace mucho antes de que el desgaste y la decadencia de ciclos anteriores termine de morir. Esa nueva realidad ya está aquí, presente y actuante, aunque la intemperancia de lo viejo dificulte su visibilización.

Apoyar, transmitir, fortalecer y hacer converger los impulsos de las nuevas realidades es la senda a transitar en lo inmediato, es el camino hacia las nuevas revoluciones, cuyo objetivo es dejar atrás la violencia, la imposición, la discriminación y la exclusión. Revoluciones que aspiran no solo a crear cambios externos en la organización social y en los valores de vida a nivel colectivo e individual, sino que pretenden habilitar la posibilidad de transformar a nuestra especie en un sentido solidario y no violento, colaborando así con la evolución general de la vida.

En este proceso histórico de crecimiento humano, un nuevo humanismo tendrá un papel destacado a jugar por sus características integradoras, tributarias de aquellos momentos en que la dignidad humana y sus posibilidades fueron promovidas en cada una de las culturas de la Tierra, aunque con denominaciones distintas. En este momento de plena interconexión entre los pueblos y las culturas, en este momento de surgimiento de la primera civilización humana de la historia, ese aporte, esa vinculación, es imprescindible.

Javier Tolcachier es un investigador perteneciente al Centro Mundial de Estudios Humanistas, organismo del Movimiento Humanista y comunicador en Agencia Internacional de Noticias Pressenza.

Certezas existenciales y nuevas revoluciones

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La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

La inteligencia artificial para fortalecer la labor docente

Pluma Invitada

 

Corina Acosta y María de los Ángeles Pavez

Hoy la inteligencia artificial es un tema cotidiano para quienes tenemos acceso a internet. Ha habido debates, informes, portadas, redes sociales y varios seminarios de educación. Y sí, es cierto que  estamos viviendo un punto de inflexión en el desarrollo tecnológico: la Inteligencia Artificial ya no es solo una herramienta del futuro, es parte del presente, y está empezando a transformar nuestras formas de vivir, trabajar, aprender y enseñar.

En este contexto de creciente presencia de la IA en nuestra vida cotidiana y en el ámbito educativo persiste, sin embargo, una brecha significativa en las competencias digitales de los docentes. De acuerdo al informe sobre competencias digitales docentes en América Latina elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo, la mayoría de los educadores de América Latina considera que aún no alcanza ni siquiera el primer nivel de competencias digitales, mientras que el 27% reporta un nivel básico en las mismas relacionadas con el uso pedagógico de la tecnología.

Esta brecha contrasta con la velocidad con que la IA se está incorporando en las prácticas cotidianas de las comunidades educativas. Mientras algunos profesores comienzan a involucrarse progresivamente con estas herramientas —planificando clases, generando materiales o corrigiendo evaluaciones con mayor rapidez—, los estudiantes ya las utilizan para buscar información, escribir y aprender dentro y fuera de la escuela.

El gran desafío, entonces, para la formación de los docentes de hoy, es elevar su nivel de habilidades digitales. Pero junto con ese, emerge otro gran desafío: combinar las habilidades amplias o habilidades del siglo XXI como la empatía, la creatividad, el pensamiento crítico, la colaboración, con los conocimientos fundacionales que serán necesarios para desenvolverse plenamente en el mundo del presente y futuro. El resto lo va a resolver la misma IA. En un mundo donde los alumnos aprenden desde múltiples fuentes —videos de TikTok, tutoriales de YouTube, chatbots y comunidades en línea—, los profesores de hoy y sin duda los del futuro, deben convertirse en mediadores de un entorno de aprendizaje dinámico y cambiante

No basta con dominar herramientas, deben poder guiar a los estudiantes a formularse las preguntas correctas: ¿quién creó este contenido?, ¿con qué objetivo?, ¿qué omite? La alfabetización crítica hoy es tan importante como la alfabetización digital, y la formación docente es clave para asumirlo como prioridad.

El foco no debe estar solo en “usar IA”, sino en crear condiciones para que ningún profesor se quede atrás. Esto requiere esfuerzos colectivos urgentes del mundo público y privado—ministerios, sostenedores, directivos y formadores, empresas, OSC— para que podamos asegurar acceso a la tecnología básica, ofrecer formación continua pertinente y acompañamiento práctico, y reconocer que el rol docente es irremplazable en un contexto de transformación digital.

En nuestra experiencia, queremos destacar el caso de éxito de Aprendo en Casa, iniciativa que durante la pandemia logró articular a más de 80 organizaciones de toda América Latina y España para ofrecer contenidos gratuitos y de calidad a docentes y familias. Entre estas organizaciones se encuentra Radix Education, con quienes compartimos un mismo propósito: reimaginar el presente y el futuro de la educación. Hace cinco años utilizamos la tecnología para generar experiencias formativas que se adaptaran a los diversos contextos de las comunidades educativas latinoamericanas, poniendo en el centro a las y los docentes. Hoy, con la nueva plataforma de formación docente, AprendoLab, volvemos a unir esfuerzos, gracias a una colaboración estrecha y sostenida, para entregar rutas formativas con foco en habilidades del siglo XXI, impulsadas por la IA que responden a las necesidades reales de las y los maestros.

Cuando hay colaboración radical, ponemos al centro a los docentes y entendemos que la tecnología es un medio al servicio de la educación, construimos un entorno donde es posible fortalecer la labor docente, sin importar el punto de partida de cada profesor o escuela. La inteligencia artificial necesita de la inteligencia colectiva, de un ecosistema que cree, acompaña y sostiene; un ecosistema donde la humanidad, la empatía y el propósito compartido guían cada decisión.

Porque el futuro de la educación no será definido por los algoritmos, sino por las personas capaces de darles sentido. Y cuando docentes, comunidades, instituciones y organizaciones se unen con esa convicción, la IA deja de ser una promesa y se convierte en una oportunidad real: una oportunidad para enseñar mejor, para aprender mejor y, sobre todo, para construir un futuro más justo y humano.

Explora AprendoLab en https://www.aprendolab.org/home

Referencias  

Della Nina Gambi, G., Forero Pabón, T., Soto Sira, V. G., Ruiz García, M. J., & Keuylian, M. L. (2025). Aproximación a las competencias digitales de docentes en América Latina (Nota técnica del BID No. 3160). Banco Interamericano de Desarrollo, División de Educación.

El País. (2025, diciembre 5). Docentes, desigualdad y algoritmos: las preguntas que marcarán la educación del futuro. El País. https://elpais.com/economia/formacion/2025-12-05/docentes-desigualdad-y-algoritmos-las-preguntas-que-marcaran-la-educacion-del-futuro.html

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/la-inteligencia-artificial-para-fortalecer-la-labor-docente/

 

 

 

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Anomalías en el vórtice polar amenazan a Estados Unidos: «Se encuentra al borde del colapso»

Anomalías en el vórtice polar amenazan a Estados Unidos: «Se encuentra al borde del colapso»

Por Trini N

Febrero podría quedar en la memoria estadounidense como el mes del colapso polar. Puede que no afecte en nada en tu vida cotidiana pero el clima se hará sentir. El vórtice polar está cambiando de forma drástica y las consecuencias las sentiremos en los próximos días ¿Qué cambios se esperan?

Qué sucede en el vórtice polar

El vórtice polar es una especie de «escudo» contra el frío más intenso de la Tierra. Nos ayuda a mantenernos a unas temperaturas adecuadas para nuestros cuerpos. ¿Cómo lo hace? Conservando el aire ártico confinado alrededor del Polo Norte. Si este sistema se debilita o se rompe, el equilibrio tambalea y puede derivar en consecuencias fatales para el ser humano, como un invierno impredecible donde las temperaturas bajo cero no serían el mayor de nuestros problemas.

El frío podría desplazarse hacia latitudes medias. Además, el invierno ya no se comportaría igual. El vórtice polar es una estructura atmosférica de gran escala, cuyo fin es girar sobre el hemisferio norte durante el invierno. Podemos imaginar que hablamos de un anillo de vientos muy intensos, que comprende desde la superficie hasta más de 48 kilómetros de altura.

Dentro de este perímetro, atrapa el aire más frío protegiéndonos de temperaturas que no podamos soportar. Los satélites meteorológicos del Servicio Nacional de Satélites, Datos e Información Ambiental (NOAA, por sus siglas en inglés), son eficientes para predecir el tiempo. No ayudan así a planear nuestro outfit y diferentes actividades al aire libre. En esta línea, los últimos datos que llegan desde el vórtice polar sobrecogen, estremecen y nos dejan en modo «alerta».

El vórtice polar nos ayuda, pero podría dejar de hacerlo

En condiciones normales, el vórtice polar mantiene el aire más frío atrapado en los polos y nos deja a salvo de temperaturas extremas. El problema surge cuando ese equilibrio se pierde, dando lugar a tormentas invernales alarmantes. Su sistema está organizado con dos capas conectadas. Por un lado, la estratosfera, a gran altitud, y, por otro, la troposfera, donde se crea el tiempo meteorológico que todos conocemos.

Cuando el vórtice polar alcanza el colapso o se debilita, el aire ártico se va hacia el sur. ¿La consecuencia de esto? Puede dar lugar a temperaturas gélidas y tormentas invernales a latitudes medias. Dichas interrupciones suelen ser la continuación a un evento de calentamiento estratosférico, cuando la suba de la presión y las temperaturas de la estratosfera generan alteraciones en el vórtice.

Las últimas semanas han estado marcadas por una vigilancia mayor a la estratosfera por parte de los meteorólogos. Han interceptado algo que podría afectar de lleno a los ciudadanos de Estados Unidos. Muy atento porque podría cambiar muchos de los planes que tienes en mente, abarcando desde el transporte que utilizas hasta los lugares que transitas.

Un escenario  gélido se presenta para Estados Unidos

La web del clima Severe Weather Europe prevé un colapso del vórtice polar que podría desencadenar olas de frío extremo este mes, después de un calentamiento estratosférico de hasta 50ºC. Dicho organismo recoge datos de un evento de calentamiento estratosférico previsto para mediados de febrero provocando la desestabilización  del vórtice polar complicando las perspectivas de finales del invierno para Estados Unidos, Canadá y Europa.

La ola de frío puede extenderse más de lo previsto por lo que aumenta la precaución en en infraestructuras eléctricas, calefacción y redes de transporte.

Las anomalías en el vórtice polar han hecho saltar las alarmas en Estados Unidos, ya que este tipo de situaciones pueden dañar ecosistemas no adaptados a temperaturas bajas, afectar a la fauna silvestre e incrementar el consumo energético. Mantente siempre informado y prevenido pero sobre todo más abrigo durante febrero.

Fuente de la Información: https://www.ecoportal.net/tecnologia/estados-unidos-vortice-polar-anomalia/

 

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Mundo Educativo: Enseñando a una generación que lo cuestiona todo

Enseñando a una generación que lo cuestiona todo

 

Llevo enseñando el tiempo suficiente como para reconocer cuándo algo fundamental está cambiando en el aula. Últimamente, ese cambio se repite en mis clases con una sola palabra: ¿por qué?

¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué importa? ¿Por qué debería importarme?

Al principio, puede parecer resistencia, el tipo de desafío que antes se confundía con desafío. Pero yo no lo veo así. Cuando los estudiantes de la Generación Z preguntan «por qué», no cuestionan la autoridad; cuestionan el significado. Intentan comprender si lo que se les pide aprender se alinea con un mundo que ya se siente saturado de información, competencia y contradicción.

Y tienen razón en preguntar.

La Generación Z ha crecido rodeada de mensajes constantes, algunos genuinos, otros vanos. Han visto a empresas predicar un propósito mientras buscan ganancias, a influencers proclamar autenticidad mientras filtran la realidad, y a instituciones hablar de salud mental mientras premian el agotamiento. Así que, cuando entran a un aula, no buscan rendimiento. Buscan pruebas.

En muchos sentidos, el «por qué» ha sustituido al tradicional gesto de levantar la mano. Es la nueva señal de compromiso, no de desapego. Estos estudiantes no se rebelan por deporte; buscan relevancia. Cuando preguntan «por qué», nos piden que les mostremos la conexión entre el conocimiento y el propósito.

Para los educadores, esto es emocionante y desafiante a la vez. El antiguo contrato de aula podría ya no ser suficiente. La Generación Z espera transparencia a cambio de confianza. Quieren saber no solo qué están aprendiendo, sino también cómo se conecta con la persona en la que se están convirtiendo. Esta expectativa está transformando la forma en que muchos de nosotros enseñamos.

He notado que cuando me tomo el tiempo de explicar por qué hacemos algo, aunque sea brevemente, la participación aumenta. No tiene que ser un discurso ni una diapositiva titulada «Por qué es importante». Pueden ser unas cuantas frases entrelazadas: «Usarás esto cuando lideres un equipo algún día» o «Esto te ayudará a comprender cómo funciona realmente la estrategia en un entorno empresarial». Enmarcar el propósito de pasada suele ser más efectivo que cualquier declaración formal. Les dice a los estudiantes que hay una intención detrás de lo que se les pide que hagan.

Y cuando la conexión no es evidente, intento que el proceso de aprendizaje sea transparente. Les cuento por qué diseñé un proyecto en particular o cambié una tarea del semestre pasado. Explico mi razonamiento como me gustaría que un mentor explicara el suyo: no para justificar, sino para incluir. Una vez que ven el cuidado que se pone en el diseño, su tono cambia del escepticismo a la curiosidad.

Nueva perspectiva

Ese cambio ha transformado mi mentalidad como instructor. He empezado a ver mi rol menos como impartir contenido y más como un ejemplo de reflexión, la misma que les pido a ellos. No tengo que declarar la importancia de una tarea; puedo demostrarla conectándola con un propósito más amplio, preocupándome visiblemente por ella.

Cuando las cosas no salen a la perfección, también he aprendido a reconocerlo. Solía ​​pensar que admitir la incertidumbre debilitaría la credibilidad. Resulta que tiene el efecto contrario. Cuando les digo a mis alumnos: «Todavía estoy experimentando con cómo enseñar esto», no pierden la confianza, sino que se esfuerzan. Respetan la honestidad porque refleja su propia experiencia al descubrir las cosas.

Esa es la verdadera corriente subyacente: la autenticidad ha reemplazado a la autoridad como motor clave de la credibilidad. La Generación Z no confía automáticamente en los títulos ni en la experiencia; confía en la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Han sido engañados demasiadas veces por instituciones que predicaban un conjunto de valores y practicaban otros. En el aula, buscan algo más sencillo: profesores que digan lo que dicen.

Esto no significa bajar los estándares ni ceder a la comodidad. En todo caso, se trata de aumentar las expectativas. Cuando los estudiantes creen que algo tiene sentido, se esfuerzan más. Lo he visto cuando mis estudiantes analizan desafíos empresariales reales en lugar de hipotéticos, o cuando presentan sus hallazgos a líderes empresariales locales en lugar de solo a mí. Son más perspicaces, más comprometidos y más dispuestos a superarse cuando lo que está en juego es real.

Incluso los pequeños actos de transparencia generan confianza. Explicar por qué la retroalimentación se presenta de cierta manera o por qué la participación es importante ayuda a los estudiantes a comprender que la estructura existe por una razón. Puede que no siempre estén de acuerdo, pero rara vez se desconectan.

Superar la actitud defensiva

Claro, este enfoque puede ser agotador. Hay días en que los «porqués» parecen incesantes, cuando cada pregunta parece exigir otra explicación, y te preguntas si alguna vez te creerán sin más. Pero con el tiempo, he llegado a ver su escepticismo no como desafío, sino como discernimiento. No intentan derribar el sistema; intentan darle sentido.

Cuando un estudiante pregunta: «¿Por qué hacemos esto?», en realidad está diciendo: «Ayúdenme a comprender el punto». Eso no es cinismo. Podríamos llamarlo curiosidad con estándares más altos. Y si podemos responder a esa pregunta con apertura en lugar de a la defensiva, el aula se convierte en un espacio de indagación compartida en lugar de autoridad reservada.

Hay una ironía en todo esto. La misma generación acusada de estar distraída es, en muchos sentidos, la más centrada, pero no en lo que los antiguos modelos educativos asumían que importaba. Se centran en el significado. Quieren claridad, equidad y coherencia, pero también buscan un sentido de humanidad tras todo ello. Anhelan profesores que enseñen como personas, no como políticas.

Quizás esa sea también la lección para nosotros. Si la Generación Z se pregunta «¿por qué?», ​​quizá deberíamos empezar a planteárnoslo nosotros mismos, no como un desafío, sino como una reflexión. ¿Por qué enseñamos como lo hacemos? ¿Por qué calificamos así? ¿Por qué definimos el aprendizaje en estos términos?

Enseñar a una generación que lo cuestiona todo no es fácil. Pero no es resistencia, es renovación. Su «por qué» nos invita a redescubrir el nuestro.

Fuente: Jeff LeBlanc / theconversation.com

Fuente de la Información: https://www.redem.org/ensenando-a-una-generacion-que-lo-cuestiona-todo/

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