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Pobreza y educación: ¿quién gana la batalla?

Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz

Se cuenta con admiración la hazaña del indio oaxaqueño analfabeta que cuidaba ovejas en un pueblo miserable y después de estudiar leyes llegó a ser presidente del país. Más recientemente, se narra con asombro la historia de la niña de origen precario que tomaba clases al lado de un basurero y maravilló al mundo con sus aptitudes matemáticas, siendo catalogada como la sucesora de Steve Jobs. ¿Por qué estos dos hechos, tan distantes en el tiempo, son recordados con tanta fascinación? ¿Son su admiración un reconocimiento a que, generalmente, la pobreza a impide la trascendencia a través de la educación? Los discursos oficiales no dudan en presentar a la educación como el principal factor de cambio para el logro del bienestar individual y colectivo. Es indiscutible tal afirmación, sin embargo, los discursos soslayan una situación adversa: es la misma pobreza la que impide que los individuos puedan acceder a oportunidades educativas que les permitan superar la miseria; desafortunadamente, casos como los mencionados son excepciones a una generalidad confirmada por los principales indicadores educativos. Tal vez por eso llegan a ser noticia y hasta proezas legendarias que trascienden los siglos.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, realizada por el INEGI en el 2016, las tres entidades con mayor pobreza en el país son Guerrero, Oaxaca y Chiapas, en las que más del 40% de su población se encuentra ubicada en el nivel más bajo de ingreso, es decir, con un paupérrimo promedio de $825 mensuales per cápita. Lo anterior contrasta radicalmente con entidades como Nuevo León, Baja California o Ciudad de México, en las que más del 30% de su población se encuentra en el nivel más alto de ingreso ($10,542 mensuales, per cápita) (INEE, 2018, pp. 53-54). Las adversidades económicas de las primeras entidades mencionadas se trasladan, también, a la realidad educativa. Para confirmar que la pobreza es el principal impedimento precisamente para que los habitantes de estos gocen cabalmente de su derecho a la educación basta observar algunos indicadores: años de escolaridad, extraedad grave y abandono.

En cuanto a la escolaridad de personas mayores de quince años, Guerrero, Oaxaca y Chiapas tiene un promedio de 7.6 años, es decir, si se considera que se estudia al menos un año de preescolar, las personas de estas entidades federativas apenas estarían rozando la educación secundaria. Por el contrario, la media nacional es de 9.2 años de escolaridad (INEE, 2018, p. 126) PANORAMA. Otro indicador que refleja las penurias de las entidades pobres mencionadas es la presencia de alumnos con extraedad grave, es decir, aquellos que tienen dos o más años de edad que la edad idónea para el grado escolar que cursan. En ese sentido, la media de porcentaje de alumnos con extraedad grave en primaria, secundaria y media superior es de 1.4%, 2.8% y 12.3%, respectivamente. En el caso de la media de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los porcentajes se incrementan considerablemente: 3.6%, 6.6% y 12.5%. Se observa entonces que el fenómeno de la extraedad grave en las escuelas se duplica en los niveles de primaria y secundaria, mientras que es prácticamente el mismo en bachillerato, quizá explicado esto último debido a la falta de cobertura generalizada en toda la geografía del país.

En lo referente al abandono, a nivel nacional, el porcentaje es de 0.7% para educación primaria y 4.4% para educación secundaria. Al igual que en los casos anteriores, las tres entidades a las que se ha aludido sobrepasan los niveles nacionales promedio: en educación primaria, el nivel de abandono es del doble con respecto a la media nacional, situándose en 1.5%, mientras que en secundaria el abandono tiene un porcentaje de 5.7%. De esta forma, se observa una coincidencia en los indicadores analizados: tienden a ubicarse en niveles desfavorables cuando se trata de entidades pobres, como las que se han analizado.

Se observa pues que la pobreza es un mal que impide el goce a plenitud del derecho educativo. Su erradicación es una condición esencial para que los individuos puedan asistir a una escuela y cosechar frutos a partir de esta experiencia. La pobreza, al igual que otras condiciones como la discapacidad o el origen étnico, constituyen obstáculos que propician que la marginación y las desigualdades no puedan ser superadas a través de la educación. El mismo indio oaxaqueño al que se hacía alusión al inicio de este texto, Benito Juárez, emblema de la superación de condiciones adversas a través de los libros, reconocía que “el hombre que carece de lo preciso para alimentar a su familia, ve la instrucción de sus hijos como un bien muy remoto, o como un obstáculo para conseguir el sustento diario” (Salmerón, 2015, p. 40). Incluso, señalaba que la educación “no resolvería los problemas del pueblo, si no se atendía antes a la miseria pública” (Salmerón, 2015, p.39), dejando así en entredicho la tan aceptada idea de que, por sí sola, la educación representará el detonante del bienestar entre los pueblos. Las estadísticas demuestran pues que casos como el del pastor indígena que llegó a ser presidente o “la próxima Steve Jobs” desafortunadamente no son generalizables: las oportunidades educativas son difíciles y de menor calidad para quienes provienen de estratos sociales bajos, siendo esto una expresión más de la lamentable vocación discriminatoria de nuestro sistema educativo. 

Twitter: @proferoger85

REFERENCIAS

INEE. La educación obligatoria en México. Informe 2018. México: autor, 2018a.

INEE. Panorama educativo de México 2017. Indicadores del Sistema Educativo Nacional. Educación Básica y Media Superior. México: autor, 2018b.

SALMERÓN, Pedro. Juárez. La rebelión interminable. México: Para Leer en Libertad, 2015.

Imagen: https://3.bp.blogspot.com/-ysBVN5EvCnw/XHcTkxWUJqI/AAAAAAAAdvo/0BeUADjKnTIBt3Wt2as6mZw0fG_G3O5hwCLcBGAs/s320/istockphoto-465496623-612×612.jpg

Fuente: http://proferogelio.blogspot.com/2019/02/pobreza-y-educacion-quien-gana-la.html

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Una ley para promover la formación política en los colegios

Por: Julián de Zubiría

El pedagogo Julián De Zubiría sustenta un proyecto de ley para promover la formación política en los colegios del país. Su propuesta es la respuesta al proyecto del parlamentario Edward Rodríguez, del Centro Democrático, el cual busca restringir la libertad de cátedra.

En los Diálogos de Platón, Sócrates hace una pregunta especialmente original y pertinente: ¿Qué pasaría –dice– si la población careciera de la educación suficiente para elegir adecuadamente a sus gobernantes? ¿Qué efecto generaría en la democracia el que los votantes no pudieran, por debilidades en su formación, ejercer de manera libre el derecho al voto?

En el hermosísimo texto ¿Qué es la ilustración?, E. Kant concluye que el fin último de la educación es alcanzar la mayoría de edad, es decir, formar un individuo que tenga criterio propio para enfrentarse en la vida a la toma de complejas decisiones políticas, sociales, éticas y personales. Al hacerlo, vuelve a poner sobre la mesa el fin último que los principales filósofos en la historia humana le han asignado a la educación: fortalecer la libertad y la autonomía.

Sin duda, podemos decir que, en Colombia, hay muchas personas mayores de dieciocho años, pero que todavía son pocos los “mayores de edad”, en el sentido kantiano del término. La conclusión es evidente: mientras no mejoremos estructuralmente la calidad de la educación, nuestra débil democracia seguirá amenazada.

Evoco a Sócrates y a Kant, en momentos en que el Centro Democrático ha presentado un proyecto de ley para prohibir a los docentes promover el pensamiento crítico y la reflexión política en las aulas. El proyecto –similar al que impusieron los paramilitares en el Cesar y Córdoba en los años ochenta– busca restringir la libertad de expresión y el pensamiento de los docentes, al tiempo que coacciona el derecho a pensar, interpretar y disentir por parte de los estudiantes. De allí que fuera demandada ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos una ley casi idéntica impulsada por Bolsonaro en Brasil, denominada “Escuela sin partido”, pero conocida como “Ley Mordaza” por parte de los docentes brasileros. La CIDH les dio la razón a los demandantes.

La democracia exige una educación pública democrática, masiva y de calidad. De no alcanzarla, las nuevas generaciones no consolidarán la libertad y la autonomía, condiciones necesarias para que la población elija de manera independiente a sus gobernantes.

En Colombia, la educación pública no es democrática, ni masiva, ni de calidad. Actualmente en las aulas, los jóvenes no aprehenden a pensar, a leer o a argumentar. Más triste aun: cada vez se aumenta la brecha entre lo que alcanzan los egresados de la educación pública y los de los colegios privados de élite. Eso empequeñece la democracia y eleva la inequidad. Estas notables debilidades convierten a las nuevas generaciones en presa fácil de la manipulación, de las noticias falsas y del engaño. Con facilidad, los políticos los atemorizan para que voten según su conveniencia y no según la de los electores.

La propuesta que quiero defender en estas notas es exactamente la contraria a la presentada por el Centro Democrático. Se trataría de una ley que promoviera la formación política en los colegios, una ley que invitara a todos los docentes de todas las áreas a fortalecer el pensamiento y la lectura crítica. La ley que propongo establece que en todos los colegios del país se celebrarán elecciones parlamentarias y presidenciales y que, previamente, se organizarán diversos debates entre los estudiantes que asuman la defensa de los múltiples partidos que participen en la contienda electoral a nivel regional y nacional. Los estudiantes deberán documentarse previamente sobre los postulados políticos que defenderán en los debates y en las elecciones simbólicas. Las visiones diversas y la confrontación de ideas son condiciones necesarias y enriquecen el pensamiento crítico. De allí que hay que hacer todo lo posible por realizar clases conjuntas entre docentes, que, de ser posible, tengan posiciones diferentes ante la ciencia, el arte, la literatura, el deporte y la política.

Así mismo, se exigirá que todos los colegios del país queden a cargo de los estudiantes mayores, por lo menos durante un día por semestre. No podemos formar mejores ciudadanos en instituciones tan autoritarias, formales y poco participativas, como hoy lo son las instituciones educativas. Como bien lo destacan Kohlberg y Dewey, para que la escuela nos ayude a construir una sociedad más libre, ética y justa, previamente es necesario construir escuelas más democráticas. Por ello es conveniente entregar a los estudiantes durante un día la institución educativa, para que se ejerciten en la práctica educativa, en la toma de decisiones reflexivas, pertinentes y contextualizadas, y en la mediación y resolución de conflictos. De esta manera asumirán durante un día los roles de los docentes y los directivos de la institución. La democracia no se aprehende con discursos, sino que se construye por medio de prácticas mediadas. Los colegios deben convertirse en lugares de formación de ciudadanos más críticos, más éticos y más independientes; es decir, de mejores ciudadanos.

 

El proyecto de ley también exigirá que, en todos los colegios del país, una vez al mes se suspendan las clases para garantizar un debate amplio y libre sobre una temática que sea elegida de manera autónoma por los estudiantes de bachillerato en la institución. Orientados por sus docentes, los estudiantes prepararán las temáticas y conformarán de manera respetuosa, reflexiva y argumentada, grupos para cohesionar el trabajo en equipo y para defender sus posiciones. Al concluir, un conjunto de estudiantes elegidos y preparados para tal fin, determinarán quiénes presentaron los argumentos más claros y sustentados.

Un ejercicio análogo se realiza en diversos colegios públicos y privados del país, cuando se lleva a cabo el simulacro de las Naciones Unidas. Al hacerlo, se fortalece el pensamiento relativo y el multiperspectivismo, algo esencial en la formación de mejores ciudadanos, pero desafortunadamente muy poco consolidado en nuestros jóvenes, por una historia demasiado marcada por la intolerancia, la cultura del vivo y el fanatismo, heredados de la guerra y de las mafias, y acentuada por los grupos políticos que han sacado provecho del odio y del fanatismo.

Según el proyecto de ley, todos los colegios del país deben participar en ejercicios de simulación análogos a los realizados en las Naciones Unidas, ya que la formación política, debe involucrar un contexto más amplio y trascendente; al fin y al cabo, ellos son esencialmente, ciudadanos del mundo.

Respetando los principios pedagógicos de la transversalización y la integralidad, se debe exigir que dichos debates sean liderados por docentes del área de Ciencias Sociales, pero que en la preparación de los mismos participen docentes de todas las áreas.

Un voto más libre y más independiente fortalece la participación y la democracia. Hoy los jóvenes votan poco y tienen poco criterio e interés para hacerlo, precisamente porque desconfían de las elecciones, del sistema político y de los partidos políticos. Es así que, en el plebiscito del 2 de octubre del 2016, una de las elecciones más importantes de las últimas décadas, tan solo salió a votar el 19% de los jóvenes entre 18 y 24 años. El resto, por diversos motivos, se abstuvo de hacerlo y permaneció en su casa o en los parques, mientras otros decidían el futuro de la nación.

En el país no hay exceso de politización de las aulas, como sostiene el Centro Democrático; por el contrario: falta formación política de los jóvenes y de sus propios docentes. Si logramos fortalecerla, nuestros hijos vivirán en un país menos corrupto y más participativo. La democracia la construimos todos al respetar las filas, al no pagar sobornos y al no evadir los impuestos; se vive en las familias, cuando respetamos la voz de nuestros hijos y promovemos la diferencia de opiniones, credos y personalidades; o en los debates con los amigos al enriquecermos y no atropellar las diferencias. La democracia es una construcción cultural y, por ello, debemos cuidarla y construirla entre todos.

El fanatismo y los dogmas son la antítesis del pensamiento crítico. Por ello hay que excluir el proselitismo y el sectarismo de las aulas, al tiempo que fortalecemos el debate político argumentado y la diversidad de ideas. Hay que defender las ideas de la Ilustración y no las del oscurantismo. Hay que fortalecer la razón y los argumentos, y no las creencias dogmáticas o la “policía del pensamiento” –como la llamó Orwell–, que tenía como propósito castigar a quienes se atrevían a cometer el “crimen del pensamiento”, que describe en su novela 1984.

Un voto libre, independiente y reflexivo ayudará a que nuestro destino sea más humano, más sensible y más feliz. Por ello, todos debemos protegernos de la enfermedad de votar a ciegas. Eso se logra con mejor formación política y no con leyes que amordazan a los docentes, la libertad de cátedra y la libertad. Ya lo tenía claro Sócrates en el siglo V antes de Cristo. Un buen texto y un buen maestro nos hacen más autónomos, al tiempo que la ausencia de educación y de lectura nos hace creer ciegamente en lo que digan los demás.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/ley-para-promover-la-formacion-politica-en-los-colegios-por-julian-de-zubiria/603171

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Las huelgas escolares por el cambio climático son inspiradoras, pero deberían avergonzarnos

Por: Jonathan Freedland

Traducido por Eva Calleja

Greta Thunberg marcó el camino. Que los niños se estén saltando las clases para tomar la iniciativa moral es una denuncia a la complacencia adulta.

Tal es el caótico estado de nuestro mundo al revés que los niños son ahora los adultos y los adultos son los niños. En Westminster, nuestros supuestos líderes –hombres y mujeres maduros añejos- siguen pataleando y pidiendo lo que nadie puede darles.

Insisten en que les deberían permitir devorar todo el pastel de cumpleaños y que todavía les quede pastel para comer, amenazan con marcharse enfadados de la Unión Europea y dar un portazo tras ellos. Como dijo muy acertadamente Dominic Grieve, el anterior fiscal general: “Amenazar con irse es el mismo comportamiento que el de un niño de tres años que dice que no va a respirar si no consigue lo que quiere”.

Mientras tanto en Washington Donald Trump, de 72 años y tres cuartos, ha chillado y chillado hasta vomitar, golpeando su pequeño puño en la mesa mientras demandaba dinero para el gran muro de ladrillos que quiere construir y, hoy mismo, ha declarado el estado de emergencia nacional para salirse con la suya. La Presidenta de la Cámara de Representantes, la Demócrata Nancy Pelosi, valoró el mes pasado la situación con bastante precisión, cuando Trump estaba cerrando el Gobierno: “Es una rabieta del presidente. Tengo cinco hijos y nueve nietos. Sé lo que es una rabieta cuando la veo”.

Pero quizá estas comparaciones son injustas –no para Trump o los brexiters, sino para los niños. Porque mientras Trump se ha inventado una emergencia completamente falsa –no hay ninguna amenaza de invasión inminente de inmigrantes en la frontera sur de EE.UU.– y mientras la amenaza de una derrota sin acuerdo en la UE es, si acaso demasiado real, totalmente evitable a través de un simple voto en la Cámara de los Comunes, ha recaído sobre los niños el peso de llamar la atención sobre una emergencia que no es falsa ni fácilmente evitable. Ha recaído sobre aquéllos que son tan jóvenes que no se confía en ellos para que decidan lo que pueden comer o cuándo pueden irse a la cama, dar el toque de alarma sobre la crisis que más importa: la crisis del clima.

¿Qué tenemos que sacar en claro de la huelga de escolares de hoy, en Gran Bretaña y por todo el mundo, parte de un movimiento que está creciendo rápidamente y que pretende celebrar una huelga global para el 15 de marzo? ¿Cómo debemos reaccionar ante un fenómeno que comenzó con una sola niña, una adolescente de Estocolmo llamada Greta Thunberg, que se saltó las clases un viernes el pasado agosto para sentarse a protestar en los escalones del Parlamento sueco, y que hoy vio a niños de primaria, y también a adolescentes, seguir su camino blandiendo carteles mientras marchaban en Parliament Square y en las calles de docenas de pueblos y ciudades británicas?

Seguramente, a primera vista, la reacción tiene que ser de alegría liberadora. Muchos compartirán el entusiasmo de aquellos medioambientalistas veteranos que lo reciben como el suceso más emocionante, más esperanzador del que han sido testigos después de décadas de campañas. La generación joven, que tan fácilmente ha sido caricaturizada como desconectada y egocéntrica, con sus cabezas permanentemente inclinadas sobre sus teléfonos, publicando fotos de sí mismos en Instagram, está tomando la iniciativa moral.

Los padres liberales han estado a su lado con orgullo, abrigando a sus pequeños con bufandas y guantes mientras les ven saltarse las clases para salvar el planeta. Sospecho que habrá muchos lectores del Guardian que comparten el dilema al que me he enfrentado esta semana. No es si permitir o no a sus hijos saltarse las clases en un año de exámenes para abordar la importante causa del cambio climático: ese es evidente. No, el dilema que tengo en la cabeza entra más en el detalle. ¿Deberían los padres liberales concienciados mostrar su emoción al ver a sus hijas e hijos posicionarse o deberían pretender que lo desaprueban, dando así a los jóvenes la emoción de una rebelión de principios?

Los profesores han peleado contra el choque entre la ley, que dice que los niños deben estar en la escuela, y la evidencia de que este es un “momento de enseñanza”, una experiencia de aprendizaje. De hecho la ley dice que los niños deben estar en la escuela a no ser que existan “circunstancias excepcionales”. Como me dijo la única parlamentaria del Partido Verde, Caroline Lucas, mientras se maravillaba de las protestas infantiles en las calles de su distrito de Brighton: “Que David Attenborough alerte de que el futuro de la civilización está en riesgo, cuenta como ‘circunstancias excepcionales’”.

Y no es solo el problema con las emisiones de carbono lo que este momento puede enseñarnos. Thunberg también está demostrando el poder de los actos individuales. Es muy fácil sentirse impotente ante la enorme magnitud de la crisis climática, pero Thunberg, cuya cuenta de Twitter la describe como una “activista por el clima de 16 años con síndrome de Asperger”, es la viva imagen de la causa contra el derrotismo. El rabino Jonathan Wittenberg, un antiguo e incansable defensor del medio ambiente, tiene razón al decir que el movimiento #ViernesPorElFuturo (#FridaysForFuture) “no es el primer gran cambio que comienza con la acción de una sola persona”: de Abraham en adelante, nuestra historia y tradición está llena de gente que, sola al principio, cambió el mundo.

Todas estas razones nos dan esperanza. Y sin embargo, nos enfrentamos a una verdad mucho más dura. Estas manifestaciones de los jóvenes son una crítica terrible al resto de nosotros. Son una señal de nuestro fracaso. Su acción solo es necesaria porque nosotros no hemos actuado. Como un cartel en una de las protestas en Bélgica les decía a los políticos: “Haré mis deberes cuando vosotros hagáis los vuestros”.

Esta semana ha sido el primer aniversario del tiroteo en la escuela Parkland de Florida, una masacre de 17 jóvenes que dio paso a un movimiento de jóvenes estadounidenses que demandaban el control de las armas de fuego. Esa reivindicación también es producto del fracaso, de niños teniendo que actuar porque los adultos han fracasado en su tarea básica: proteger a la juventud. Hubo una gran vehemencia en las palabras de Thunber en la conferencia de la ONU sobre el cambio climático en Polonia en diciembre: “No sois lo suficientemente maduros para contarlo tal y como es, hasta esa carga nos la dejáis a nosotros los niños”. Cualquier placer u orgullo que sintamos por estas protestas debe enfriarse al comprender el fracaso del mundo adulto.

Hay una última cuestión, una que parece injusta dado el idealismo escrito en las caras de esos niños. ¿Servirán de algo sus esfuerzos? Los escépticos dirán que no, especulando que la atención de los jóvenes es voluble, que esto será –como los padres han dicho a sus hijos a lo largo del tiempo- solo una etapa. También puede que añadan que los poderosos son muy hábiles apropiándose de los jóvenes y por tanto neutralizándolos: Como la reciente invitación de Thunberg a Davos.

Además, las encuestas sugieren que no hay una mayor concienciación medioambiental entre los jóvenes. Según Ipsos Mori, solamente el 12 % de los jóvenes entre 18 y 24 años nombraron al medioambiente o a la contaminación como un problema importante, o el más importante, al que se enfrenta el país, ni más alta ni más baja que la media total. Ben Page de Ipsos Mori cree que hasta que los niños no bloqueen las carreteras de la mayoría de las ciudades, este último intento “no calará”.

Es mucho más esperanzador que todo eso. Hay señales de que la crisis del clima finalmente está recibiendo la atención que merece. Veremos a los próximos candidatos demócratas contra Trump en 2020 hacer todo lo posible para aprovechar el “New Deal verde”, una visión de transformación de la economía para salvar el planeta, atractivo no solo para los que ya tendían a priorizar el medioambiente. Veremos también la manera en la que Extintion Rebellion ha capturado la imaginación; o la reacción a noticias como que la población de insectos en el mundo se está desplomando, una destrucción que amenaza con el colapso de la naturaleza misma.

Page alerta de que los humanos son excepcionalmente malos para detectar los peligros lentos y a largo plazo: “Estamos programados para los dientes de sable”, dice. Podemos encontrar difícil imaginar el futuro. La única manera en la que podemos visualizarlo, quizás, es a través de nuestros hijos. Cuando nos dicen que estamos incendiando su futuro, como estamos haciendo ahora, debemos superar nuestra vergüenza por haberles fallado y escucharles.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=252991

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Surge in demand for schools leaves councils struggling to cope

By: Richard Adams. 

Thousands of pupils in England denied place at their preferred secondary school

Councils across England are struggling to keep pace with rising numbers of applications for secondary school, leaving thousands of pupils without a place at any of their preferred schools.

More than 600,000 families across England and Wales were told on Friday which secondary school their children would go to in September – but in many areas there was disappointment, with shrinking proportions receiving their first choice.

According to some estimates, as many as one in four families did not get their first preference in England. Labour blamed the government policies that took the power to create new schools away from local authorities.

The problem appeared most acute in London, the south-east and other big cities such as Bristol and Birmingham, where the twin impacts of the post-2006 baby boom and population inflows have been most keenly felt.

Nick Gibb, the schools minister for England, said: “This government is determined to create more choice for parents when it comes to their children’s education and we have created 825,000 school places since 2010, and are on track to see that number rise to a million by 2020.”

But Angela Rayner, the shadow education secretary, said: “In the years ahead, more and more children will miss out on a secondary school place unless we urgently provide new places across the country. The Tories have made it harder for councils to act on their legal obligation to provide new school places, with an inefficient free schools programme making it harder for them to create new places where they are needed.”

In Greater London, less than two-thirds of children received their first preference of school as the total number of applications rose again. This year 95,300 requests for places were received by the 33 London boroughs, compared with about 80,000 five years ago.

The number of families in London who failed to received a place at any of their named choices rose by 12%, with 7,250 either offered another school or unallocated.

Nickie Aiken, the leader of Westminster council and the London councils’ executive member for schools, said London’s boroughs had provided a preferred place for 92% of applicants. “It is vital that all children in London have access to a high-quality education, and London boroughs are working with their local schools to respond to increased demand across the capital,” she said. “We are also committed to working with central government to continue our good work in addressing school place pressures.”

Lambeth supplanted Hammersmith and Fulham as the hardest borough for parents to obtain their first choice, with just 55% doing so this year. Havering had the highest proportion of first-choice allocations with 77%, while rising demand for places in Newham caused a fall in the percentage of first choices being filled from 70% to 65%.

In the south-east, Essex county council reported a fall in the numbers gaining their first preference – to 84%, down from 88% two years ago. The fall was in spite of three new secondary schools opening in September.

A similar picture was seen in Birmingham, where the increasing number of children moving from primary to secondary school led to the proportion getting their first preference dipping below 70%. The number of those without any of their choices jumped by 40% to more than 850.

In Bristol, nearly 500 of the 5,000 families applying for a secondary school place didn’t receive any of their named choices and were allocated an alternative by the council, while only 72% of applicants received their first preference.

Outside the big cities, many local authorities could boast of first-choice allocations above 90%, including Devon, Cumbria, Somerset and the East Riding of Yorkshire, where the councils reported that 94% of families had received their first preference.

In Cardiff, the proportion receiving their first choice rose to 88%. That figure could rise if some families turn down places at community high schools in favour of faith schools.

Source of the article: https://www.theguardian.com/education/2019/mar/01/surge-in-demand-for-schools-leaves-councils-struggling-to-cope
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Corrupción y educación

Por: Oscar Sánchez. 

¿El sector educativo es tan corrupto, más, o menos que otros?, ¿educar en capacidades ciudadanas le resolvería el problema al país?

Rafael Merchán, encargado de las políticas de transparencia en el país hace un tiempo, me pidió el año pasado escribir el capítulo sobre educación en un libro que estaba editando sobre la corrupción en Colombia.

Rafael se marchó para siempre antes de tiempo, y el libro está pendiente. Pero un informe así podría ocuparse a la vez del problema y de la de la solución: ¿el sector educativo es tan corrupto, más, o menos que otros?, ¿educar en capacidades ciudadanas le resolvería el problema al país? Dos preguntas apasionantes.

Para llegar a tener a cargo de la alimentación de los estudiantes a gente que les sirve la sopa en el balde de los traperos, tiene que pasar algo con la manera como se entiende la gestión educativa. Hay procederes incorrectos en el mundo educativo, porque es un sector, aunque desfinanciado, grande y vulnerable a muchos intereses económicos egoístas. Con todo, en medio del desierto de la cultura de abuso que reina en Colombia, la mayoría de colegios y universidades son una especie de oasis con muchas personas que luchan heroicamente por los valores correctos. Aunque un oasis contaminado. Ni más faltaba esperar que fuera como de otro mundo.

Para mejorar, si cambia el enfoque institucional, se puede hacer mucho. El control social, por ejemplo, depende de que docentes y familias tengan más poder y más compromiso, pero la descentralización en educación es un cacareo más que una realidad, sobre todo donde hay más necesidades. Y el estado ha sido durante años voluntarista, tecnocrático e inconstante. Así que reconociendo avances desiguales, estamos lejos de un pacto nacional profundo que haga  inaceptable traicionar a la sociedad en el universo sagrado de las escuelas.

Vamos a la educación como escenario para la solución del problema cultural que nos aqueja. Más allá de la simpleza de tener alguna cátedra para ser honrado, los colegios y universidades no pueden garantizar que sus estudiantes aprendan determinadas conductas sin que se cumplan requisitos complicados.

Para que la escuela forme valores como la honestidad, requiere un entorno que le ayude. Aprendemos lo que vemos en la familia y la sociedad. Y la cultura, ese aprendizaje natural, generalmente es más poderoso que la educación.  Así que, cuando un adulto engaña a la DIAN o a su municipio reportando bienes e ingresos por debajo del valor, soborna a un policía, paga mal a un trabajador o justifica por sectarismo o clasismo que algún funcionario público viole derechos, sus hijos aprenden eso, y no los discursos morales de sus profesores. Y cuando un maestro actúa con descuido frente a los bienes públicos, ejerce con negligencia su función, o ve la corrupción en sus narices y no la denuncia, los niños y jóvenes a su cargo asimilan eso. El constante argumento de que es lo que todo el mundo hace, empeora el mensaje. La escuela puede enseñar competencias sociales y capacidades ciudadanas, y formar personas solidarias y responsables, pero necesita trabajar en equipo con el entorno, cambiando a los adultos junto con los niños.

La otra condición es el aprendizaje práctico. Docentes, directivos y administrativos deben facilitar a sus estudiantes oportunidades constantes de reflexión sobre experiencias cotidianas. Por ejemplo, a ser veraces y justos frente a los conflictos entre pares, o cuando se enamoran; o frente al valor de las ideas ajenas trabajando en equipo; o frente al abuso del avivato sobre el noble; o haciendo que el ejercicio de la autoridad sea coherente, tranquilo y restaurativo.

Vamos a mantener el tema en la agenda, querido Merchán.

Fuente del artículo: https://www.semana.com/educacion/articulo/corrupcion-y-educacion-por-oscar-sanchez/601857

 

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Inglaterra implementa una educación sexual progresista, aunque los padres se quejan

Por: Iliana Magra.

Las escuelas inglesas ampliarán de manera significativa la educación en materia de sexo y relaciones para cubrir temas que incluyen las relaciones entre personas del mismo sexo, las personas trans, la menstruación, el abuso sexual, la salud mental, la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, la pornografía y el sexteo.

El gobierno anunció los cambios, que representan la primera revisión del programa educativo sexual desde 2000 en esa nación y que han sido recibidos con una oposición vocal por parte de algunos padres y escuelas religiosas, que quieren poder evitar algunos de los elementos en sus programas. Pese a la oposición, el programa de estudios ya es ley y entrará en vigor en septiembre de 2020.

“No hay una guía para la educación sexual y en materia de relaciones con la que todos vayan a estar felices”, dijo Damian Hinds, ministro de Educación del Reino Unido ante el Parlamento el 25 de febrero, después de anunciar las revisiones.

“Nuestros lineamientos se basan en que estos temas obligatorios deberían ayudar a mantener seguros a los niños, ayudarlos a prepararse para enfrentar el mundo en el que están creciendo” y también “ayudarlos a fomentar el respeto a los demás y a la diversidad”, agregó.

Los padres podrían excluir a sus hijos de algunos elementos, entre ellos los que son más explícitamente sexuales, pero no de otros, explicó Hinds. Sin embargo, eso será posible solo hasta que los estudiantes tengan 14 años: a partir de los 15 dependerá del estudiante decidir si participa en todas las materias de educación sexual ofrecidas.

El programa educativo desarrollado por el gobierno británico será obligatorio para cualquier escuela en Inglaterra que reciba financiamiento público, incluidas las escuelas religiosas. Escocia, Gales e Irlanda del Norte, los demás países que conforman el Reino Unido, tienen estándares distintos.

Para el lunes por la mañana, cuando el nuevo plan de estudios fue establecido como ley, una petición en línea para que los padres tengan más poder de decisión respecto a lo enseñado a los estudiantes había acumulado más de cien mil firmas. Mientras el Parlamento debatía la política ese día, discusión que no afectó la política final, decenas de manifestantes estaban reunidos afuera.

El gobierno “prácticamente está adoctrinando a los niños con una ideología específica acerca de que no existe el bien ni el mal y que todo es como a ti te plazca, básicamente”, dijo Musa Mohammed, de 32 años, padre de tres que se unió a la manifestación. “Estos son nuestros hijos; sus padres deben encargarse de ellos, no el Estado”.

Britta Riby-Smith, madre de tres, dijo que acudió a las protestas frente al Parlamento para apoyar “la causa cristiana”.

Riby-Smith criticó que con el nuevo programa “la agenda LGBT se hará más fuerte”  medida que los niños crezcan. “Es algo que quiero que sepan mis hijos; definitivamente no quiero que sean ignorantes, pero me gustaría ser yo quien se lo enseña”.

No obstante, la parlamentaria Helen Jones, del opositor Partido Laborista, insistió en que el nuevo programa no defendía ningún conjunto de opiniones en específico, sino que estaba diseñado con el fin de preparar a los niños para que se enfrenten al mundo tal como es.

“Es menos probable que los jóvenes que reciben una buena educación en materia de sexualidad y relaciones tengan sexo antes de tiempo; también es mucho menos probable que se contagien de alguna enfermedad de transmisión sexual”, comentó.

Algunas defensoras de la salud de las mujeres habían organizado una campaña a favor de enseñar acerca de la menstruación pues argumentaron que las niñas a menudo no estaban conscientes de posibles señales de padecimientos dolorosos o peligrosos relacionados.

Jessica Ringrose, profesora de Sociología de Género y Educación en University College London, dijo que el programa era prometedor. Agregó en entrevista que “será genial que logren abordar todos esos temas”.

La educación sexual ya existe en la mayoría de las escuelas inglesas, pero, según la política de 2000, el programa es más limitado y está más enfocado en las escuelas secundarias; además, gran parte del programa no es obligatorio. Los niños generalmente comienzan la educación secundaria a los 11 años.

Los nuevos estándares incluyen educación obligatoria en primaria y secundaria acerca de qué factores hacen a una relación sana o nociva, parte de un enfoque más amplio respecto de la salud mental y física. Se recomienda comenzar la educación sexual básica en los últimos años de la escuela primaria, pero no es un requisito.

El programa de educación sexual en secundaria y preparatoria incluye temas nuevos como el hecho de que “hay distintos tipos de relaciones estables de compromiso”, sobre “qué constituye el acoso y la violencia sexuales” y respecto a que el “material pornográfico a menudo presenta una imagen distorsionada de las conductas sexuales”.

Fuente del artículo: https://www.educaciontrespuntocero.com/noticias/que-es-la-educacion-inclusiva/100528.html

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Los puntos clave para trabajar la orientación en la educación obligatoria

Por: Clara Sanz López.

La orientación educativa se enfrenta al reto de responder al planteamiento global de la orientación a lo largo de la vida.

La intervención esperada se dirige a todo el alumnado y, por tanto, debe facilitar a cada uno la adquisición de las competencias que le permitan llegar lo más lejos posible en su formación integral y a desenvolverse como ciudadano miembro de una sociedad en continuo cambio. Una condición que le obligará a formarse permanentemente, a tomar decisiones, previstas o imprevistas, sobre su situación profesional y vital, así como a integrar el cambio como característica propia de su época.

La responsabilidad de la orientación, compartida con la educación, es que las personas estén equipadas con competencias personales y sociales transferibles a variedad de contextos, y que den la máxima capacidad para gestionar su propia vida y tomar decisiones. Son las habilidades para la gestión de la carreraque devienen un contenido nuclear de la orientación.

Evidentemente, será en el periodo de la educación obligatoria cuando deban incorporarse estas competenciasimprescindibles para todos los ciudadanos. La orientación en el ámbito educativo pasa a ser un subsistema de un planteamiento más amplio: la orientación a lo largo de la vida. [1]

Esto obliga a repensar la intervención orientadora, planteando la necesidad de que cada centro diseñe su currículo secuenciado de orientacióna lo largo de los niveles de cada etapa. El orientador no intervendrá únicamente en momentos críticos de decisión; su intervención tendrá carácter permanente, sistemático y planificado para incorporar este aspecto a la educación de todos los alumnos. Su perfil cambia respecto al del momento de su aparición. Pasa de ser un especialista psicopedagógico centrado en el alumnado con necesidades educativas específicas, a desempeñar un papel mucho más integrado en el proceso educativo general, que opera desde la globalidad del centro y se dirige a la totalidad del alumnado. Su tarea se plantea desde una perspectiva multifactorial, manejando variables e informaciones provenientes de sectores como el análisis de estilos de aprendizaje o la prospectiva de empleo por sectores profesionales a medio y largo plazo.

El currículo de orientación integra tres bloques que han de articular toda la intervención:

1. Career counselling: autoconocimiento y toma de decisiones.
2. Career education: habilidades para la gestión de la carrera.
3. Career information: exploración de contextos de formación y de trabajo.

Los dos primeros bloques se integran en el ámbito del apoyo al proceso de enseñanza-aprendizaje, que tiene dos partes diferenciadas: una, dirigida a todo el alumnado, esencial en la labor orientadora desde el enfoque actual; y otra, dirigida a estudiantes con necesidades educativas específicas.

El currículo de orientación [2] de estos bloques incorporará y garantizará el trabajo secuenciado de contenidos que forman parte de la formación global del alumno:

  • Autoconocimiento
  • Toma de decisiones
  • Habilidades personales
  • Iniciativa personal y espíritu emprendedor
  • Habilidades sociales, de relación y comunicación
  • Habilidades de participación activa

No podemos obviar la atención a los alumnos con necesidades educativas específicas, cuyo enfoque ha de desplazarse desde el diagnóstico a la atención de sus necesidades educativas individuales y los recursos a poner en marcha para lograr su máximo desarrollo personal.

El tercer bloque se concreta en el ámbito de la orientación académica y profesional:

  • Descubrimiento del mundo laboral
  • Itinerarios formativos
  • Hábitos de trabajo y técnicas de búsqueda de empleo o autoempleo.

Es el ámbito de intervención más desenfocado, por cuanto suele limitarse a intervenciones puntuales ligadas a toma de decisiones académicas. Olvidamos que la orientación educativa no es en sí misma un fin. El alumnado no puede recibir una orientación de itinerarios educativos con finalidad en sí mismos y no percibidos como propedéuticos para una futura ciudadanía activa en una sociedad en la que ha de participar a nivel personal y profesional.

La orientación se constituye así en aseguradora de la calidad de procesos de elección, de toma de decisiones «bien informadas» basadas en evidencias objetivas y no en el imaginario profesional de cada comunidad, como puente entre los itinerarios educativos –punto de partida- y los itinerarios profesionales –punto de llegada-, relacionando sectores profesionales y ocupaciones con las opciones de formación asociadas.

La acción tutorial plantea, desde esta perspectiva, los tiempos específicos para desarrollar el currículo de orientación.

Será en este marco -y no en otros- donde la práctica orientadora responda a lo que se espera de ella y se ajuste a las complejas demandas que la sociedad le plantea.

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