“El amor perfecto a veces no llega hasta el primer nieto”, dice un proverbio galés. Y lo cierto es que cuando un abuelo o una abuela ve por primera vez a su nieto experimenta una serie de emociones indescriptibles.
El amor tiene muchas facetas y es fantástico descubrir en esa etapa de la vida que todavía se pueden experimentar nuevas emociones con gran intensidad. Ese descubrimiento les infunde nueva energía. Y muy pronto ese pequeño niño descubrirá que tiene en su abuelo o abuela su mejor aliado y maestro de vida. Entonces se crea una relación muy especial que deja huellas que marcan para siempre.
Entusiasmo, agradecimiento y una pizca de preocupación
Cuando los abuelos tienen en sus brazos por primera vez a su nieto, lo primero que suelen experimentar es una profunda gratitud. Gratitud porque todo haya salido bien y porque pueden abrazar a esa pequeña criatura que ya saben de que revolucionará su mundo.
Con la sabiduría que les ha dado la vida, saben que deben mantenerse en un segundo plano porque para los padres la llegada del bebé también es un momento muy especial. Pero aún así se las ingenian para estar disponibles por si les necesitan, para apoyar cuando haga falta y aconsejar cuando sea necesario.
Con la alegría y el entusiasmo también llega una pizca de preocupación. Los abuelos son conscientes del desafío que representa criar a un niño, por lo que es normal que se preocupen por todos los retos que tendrán que afrontar los recién estrenados padres. Sin embargo, también les tranquiliza saber que sus hijos pueden contar con su apoyo, guía y sabiduría.
De hecho, se ha apreciado que la relación madre-hija mejora cuando nace un bebé ya que la abuela deja un poco de lado su papel como madre para asumir un nuevo rol, el de amiga y mentora de su hija, lo cual lleva la relación a otro nivel de intimidad. De repente, la hija comienza a darse cuenta de todos los sacrificios que ha hecho su madre, y comprende el enorme amor que experimenta, por lo que normalmente su relación mejora, se vuelve más estrecha y se consolida.
Tendrán que reinventar su identidad
La nueva generación de abuelos se aleja bastante de la clásica imagen de la abuela que se queda en casa horneando y el abuelo que recoge a los nietos en el colegio. Los abuelos de hoy son mucho más activos, pero aún así este nuevo rol les plantea la necesidad de reconstruir su identidad.
La llegada del primer nieto supone que a partir de ese momento también serán abuelos, lo que conlleva a una reestructuración de su “yo”. Algunas personas pueden sentirse más “viejas” de repente y pueden tener dificultades para asumir su nuevo papel.
No obstante, aquellas que asumen ese cambio de manera positiva reconstruyen una identidad más rica, de manera que tienen una mayor sensación de bienestar, desarrollan un nuevo propósito en sus vidas y comienzan a experimentar una mayor sensación de autorrealización. Incluso hay muchos abuelos que se sienten renovados con la llegada del nieto, sienten que tienen más fuerza y energía.
De hecho, hoy la mayoría de las personas se convierten en abuelos cuando están cerca de los cincuenta años, un momento de la vida en el que muchos han dejado atrás la “tiranía del deber” que describió Karen Horney para seguir sus deseos. En esta etapa normalmente ha quedado atrás el deseo de impresionar a los demás y se comienza a vivir con mayor plenitud, por lo que muchos abuelos asumen de buena gana su nuevo rol, con una actitud mucho más relajada, sabia y abierta que cuando fueron padres.
Los nietos, una segunda oportunidad que se disfruta con calma y a conciencia
La magia de los abuelos consiste en que no necesitan asumir el rol de padres. Saben lo que significa criar a un niño, pero también son conscientes de que su rol es el de acompañar a los pequeños durante el crecimiento, transmitiéndoles su sabiduría y apoyándoles en los momentos más complicados.
Los abuelos escuchan y dan buenos consejos, siempre tienen tiempo para escuchar los problemas de los nietos, les permiten ser ellos mismos sin castigarles, cultivan la ilusión y alimentan la complicidad. Su tarea es construir un vínculo afectivo que le sirva de ancla a los nietos, por lo que a menudo también interceden ante los padres, sabiendo que no hay nada tan grave que no se solucione con amor y comprensión.
Los abuelos saben que cada momento cuenta, son conscientes de que el tiempo que pasan con sus nietos es limitado, por lo que intentan que sea lo más agradable posible. Los abuelos saben, como nadie más, aprovechar el aquí y ahora. Y los niños lo perciben, por lo que también disfrutan de esa presencia plena.
Abuelos y nietos: Un vínculo beneficioso para ambos
El contacto de los abuelos con los nietos es muy beneficioso para los ancianos ya que no solo disminuye el riesgo de sufrir depresión sino también enfermedades neurodegenerativas como las demencias. Un estudio desarrollado en la Cowan University en el que se analizaron a 500 adultos mayores descubrió que los abuelos que se involucraban activamente en el cuidado de sus nietos solían vivir, como media, cinco años más que quienes no tenían nietos.
Esto se debe a que los nietos no solo mantienen activos físicamente a sus abuelos sino también mentalmente. Además, el hecho de tener que “ocuparse” en determinados momentos de sus nietos también les anima a cuidarse a sí mismos.
Por supuesto, los nietos también se benefician de esta relación tan especial. Una investigación desarrollada en la universidad de Oxford descubrió que de los 1.515 niños y adolescentes encuestados, quienes tenían tienen una relación cercana con los abuelos reportaban una mayor sensación de bienestar.
Los psicólogos descubrieron que la clave era que los abuelos en muchos casos amortiguaban el impacto de los sucesos negativos en la vida de sus nietos, ayudándoles a calmarse y ver los problemas desde otra perspectiva. Esto nos india que los abuelos son una fuente de estabilidad y resiliencia, que los niños y adolescentes no siempre encuentran en sus padres.
Fuentes:
Hilbrand, S. et. Al. (2017) Caregiving within and beyond the family is associated with lower mortality for the caregiver: A prospective study. Evolution and Human Behavior; 38(3): 397–403.
Moorman, S. M. & Stokes, J. (2016) Solidarity in the Grandparent–Adult Grandchild Relationship and Trajectories of Depressive Symptoms. Gerontologist; 56(3): 408-420.
Burn, K. F. et. Al. (2014) Role of grandparenting in postmenopausal women’s cognitive health: results from the Women’s Healthy Aging Project. Menopause; 21(10): 1069–1074.
Buchanan, A. et. Al. (2009) Grandparenting and adolescent adjustment in two-parent biological, lone-parent, and step-families. J Fam Psychol; 23(1): 67-75.
Aunque en Reino Unido no le iba mal, John Hart decidió mudarse junto con su mujer a Finlandia. Allí descubrió cómo entiende la sociedad la educación y por qué les importa.
Desde hace años, Finlandia es el país referencia para la educación global. No se trata tan solo de sus buenos resultados en PISA, sino que al contrario de lo que ocurre con otros países como los asiáticos, donde los buenos resultados se traducen en una presión desmesurada para los alumnos, el alto nivel educativo va acompañado de políticas sociales que favorecen la conciliación laboral y el bienestar de alumnos y padres. Como suele decirse, el dinero que se destina a educación no es un gasto, sino una inversión.
La distancia que nos separa del país escandinavo y la creación de un mito que, como todos, idealiza ciertos aspectos, nos hace dudar de dichos parabienes. De ahí que el testimonio de un profesor inglés llamado John Hart, que emigró a Finlandia junto a su mujer, de dicho país, resulta particularmente útil para entender las diferencias en dicho país, no solo en cuanto a políticas sociales, sino como él mismo explica, en lo que concierne a la actitud que la sociedad mantienefrente a la educación.
«La idea de que un profesor debería proporcionar evidencias para demostrar lo que ha hecho es ridícula».
“Mucho de lo que se escribe sobre ellos, evidentemente, se ha centrado en las políticas, pero es reduccionista entenderlo tan solo en dichos términos”, ha explicado en una columna en ‘The Guardian‘. “Los valores de los colegios y de la sociedad a la hora de implantar dichas políticas son igualmente importantes”. Aunque reconoce que, en comparación con otros países, Finlandia lo tiene relativamente fácil (su población es de algo más de cinco millones de habitantes y sus niveles de inmigración son muy bajos), su apuesta por reducir la inequidad ha sido clave. Pero hay algo aún más importante: el papel de los profesores.
El mito de la educación finlandesa: todo lo que no te contaron sobre su éxito
“Gran parte se debe a la estricta selección de profesores y a la formación de primer nivel que los candidatos reciben”, explica el profesor, que imparte Aprendizaje Digital en la Escuela Europea de Helsinki. “Pero al mismo tiempo que la entrada en la profesión es altamente competitiva, las condiciones en las que los profesores trabajan y los valores de las escuelas también tienen una gran importancia a la hora de que los profesores y sus estudiantes florezcan”. Es una gran diferencia: desde 1979, en Finlandia los profesores estudian y hacen prácticas durante cinco años y, debido a su buena consideración social y reconocimiento económico, es una profesión prestigiosa.
La evaluación no es lo más importante
El testimonio desmiente otro de los grandes tópicos relacionados con la innovación educativa más reciente: que la evaluación del profesoradosea esencial para mejorar el sistema. Más bien al contrario, señala Hart: “A los docentes finlandeses se les otorga una gran responsabilidad y se les permite una flexibilidad sin restricciones en qué enseñar y cómo”, explica. “Su rendimiento no es observado y medido”. La única forma de evaluar su rendimiento es a través de discusiones con los directores del centro sobre sus fortalezas y debilidades.
«Nadie utiliza los datos para hacer ‘rankings’ o presionar a los colegios que saquen peores notas».
«La idea de que un profesor debería proporcionar evidencias para demostrar lo que ha hecho es ridícula”, prosigue el profesor inglés. ¿Por qué? Porque la clave se encuentra en la personalización del proceso educativo, y por lo tanto, el docente es el experto que mejor sabe lo que cada uno de sus alumnos necesita, por lo que cada una de sus decisiones, aunque puedan parecer chocantes, tienen como objetivo el beneficio del estudiante, “no el de otros actores”. Trabajar para los alumnos, y no para el inspector.
La clave, por lo tanto, se encuentra en la plena confianza en el profesor, que es el que dispone de una libertad absoluta a la hora de elegir sus métodos de evaluación y horarios. “Nadie, ni dentro ni fuera de la escuela, les obliga a hacerlo de determinada manera y a adaptarse a esos horarios”, explica el profesor. “Y nadie utiliza los datos para construir ‘rankings‘ o presionar en los colegios”. Esa es la gran diferencia con otros sistemas educativos, como el británico o el español, donde la programación debe reflejar cada una de las lecciones que se imparten, un gasto de tiempo y dinero innecesario, en opinión de Hart.
“Comparadlo con el Reino Unido, donde los colegios tienen jefes de datos, donde se dice a los profesores qué colores de bolígrafo deben utilizar para corregir, y donde los libros son revisados a menudo para asegurarse de que siguen utilizándose para aprender”, lamenta Hart. No es que se trate de un mal modelo, de todas formas, ya que el profesor reconoce que sus compañeros le ayudaban y el director le concedió cierta libertad en su segundo año. Pero nada que ver con lo que se puede aprender a la sociedad finlandesa, en la que “todos se cuidan, valoran y confían mutuamente”.
El rol del ‘profe’
Lo explicaba a ‘El Confidencial’ Hanna Sarakorpi, la directora de la Escuela Saunalahti en Espoo, considerada como la mejor del mundo: “El profesor, el niño y los padres tienen que cooperar todo el tiempo, ya que el rol de la escuela no es solo enseñar, sino también educar”. Esa visión del colegio como centro de la sociedad es uno de los rasgos diferenciales del sistema finlandés.
Lo de que se seleccione a los más brillantes es un mito, pero no es problema: los mejores profesores no siempre son los que tienen notas más altas.
Tan solo el 10% de los candidatos a profesores pasan el corte y terminan siéndolo. En la Universidad de Helsinki, por ejemplo, el examen se realiza a través de dos pruebas: en primer lugar, un examen escrito, y más tarde, un test de aptitud diseñado por la propia institución. También cuentan las notas del instituto. Sin embargo, como recordaba un reportaje de ‘The Guardian‘, eso de que solo se selecciona a “los mejores y los más brillantes” es un mito. Lo cual es, paradójicamente, una ventaja, porque puede haber profesores potencialmente muy buenos entre estudiantes con mejores notas: “Es preferible diseñar su educación para sacar lo mejor de los jóvenes que tienen pasión por enseñar”.
No es oro todo lo que reluce, claro, y no existe sistema educativo perfecto. Durante los últimos años han emergido voces críticas como las de Gabriel Heller Sahlgren, que en su informe ‘Real Finnish Lessons: the True Story of an Educacion Superpower‘ revelaba que los buenos resultados del sistema finlandés no se deben a las últimas reformas basadas en la igualdad, la ausencia de exámenes estandarizados y los pocos deberes, sino que es una herencia del sistema centralizado y donde las escuelas eran poco independientes de los años setenta. En resumen, todo lo contrario del discurso que suele mantenerse sobre Finlandia. Sea como sea, Hart lo tiene claro: “El verdadero éxito es el nivel de responsabilidad y autonomía otorgado a los profesores para que hagan su trabajo”.
¿Por qué el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP) invalidaron la evaluación del desempeño al término del segundo año del personal que realiza funciones de Asesoría Técnico Pedagógica (ATP)?, ¿qué pasó con la evaluación que ya había sido aplicada a estos APT?, ¿por qué dicha evaluación no cubrió con los criterios técnicos a los que fueron sometidos los ATP si, en los hechos, el propio Instituto de Evaluación es quien fija esos criterios para realizar la evaluación?, ¿por qué no se otorgaron las plazas o bases definitivas prometidas?, ¿por qué se tuvo que posponer y, en consecuencia, por qué serán nuevamente evaluadas esas figuras educativas?, ¿cuál es la verdadera razón por la que de nueva cuenta la SEP y el INEE se equivocaron es la aplicación de estos exámenes?, ¿qué ley o a qué instancia legal pueden recurrir los evaluados para que se amparen ante la falta de obligaciones administrativas que cometió la SEP y el INEE?
Éstas, fueron algunas de las interrogantes que muchos docentes nos realizamos el pasado fin de semana, después de que la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD), mediante un escueto comunicado (CNSPD/0797/17), informó de la decisión “conjunta” que habían tomado la SEP y el INEE, relacionada al proceso de evaluación al que fueron, insisto, sometidos los ATP en el territorio mexicano. Información que bien a bien, no despeja las inquietudes de quienes fueron participes de un proceso “evaluador” plagado de inconsistencias e irregularidades administrativas, mismas que van desde el uso de la plataforma a través de la cual se llevó a cabo dicha valoración, hasta la calificación del referido proceso.
Menuda situación fue ésta, así como también, el que una vez más, la mal llamada reforma educativa, en manos de sus operadores, haya hecho el ridículo y haya dejado en suspenso, el futuro laboral de cientos de trabajadores de la educación de mi México querido.
Y es que mire usted, como en reiteradas ocasiones lo he afirmado en éste y otros espacios, la evaluación a la que han sido sometidos cientos de maestros y maestras que forman parte del Sistema Educativo Mexicano (SEM), ha sido el fracaso de este sexenio. Para nadie es desconocido su carácter meramente político y no educativo. Para nadie es desconocido que en los hechos, ésta poco colabora en la mejora del Sistema Educativo. Para nadie es desconocido, que éste es un mero sueño guajiro de quien despacha en Los Pinos porque, a fuerza de ser sincero, así se lo ha hecho cree quien por el momento habita en las calles de República de Argentina en la Ciudad de México.
Lo que el pasado 11 de agosto vivieron muchos ATP en la República Mexicana, puede interpretarse de diversas formas; sin embargo, la que desde mi perspectiva causó y ha causado mayor revuelo y fastidio, es precisamente la que refiero en cada una de las interrogantes que arriba planteo. La falta de seriedad que se observa en tal comunicado, la forma en que se redactó el mismo, y la increíble falta de sensibilidad humana y política ante ese proceso, genera y ha generado, esa falta de credibilidad de las instituciones que, en el papel, son las encargadas de asegurar una sustancial mejora educativa.
Hasta el cansancio, el Secretario de Educación, Aurelio Nuño, ha vociferado a los cuatro vientos, que solamente con la evaluación se contará con las y los mejores maestros y, como parece lógico, con una educación de calidad que permita a los niños y jóvenes, contar con el personal “idóneo” que favorezca los procesos de aprendizaje en los alumnos que integran alguno de los niveles educativos. Nada más falso que ello, porque como es sabido, en el proceso de evaluación al que son sometidos los docentes, las inconsistencias son muchas y muy variadas. Los testimonios ahí están. Varios colegas, investigadores, académicos, profesores y/o agentes externos, nos hemos dado a la tarea de rescatar cada una de esas experiencias. Sin embargo, para la autoridad educativa o bien, para los integrantes de la junta de gobierno del INEE, éstas son nada comparadas con el “logro” que este gobierno ha conseguido: evaluar a los maestros.
Una evaluación que a ojos vistos y oídos sordos, es punitiva; simplemente porque atenta los derechos adquiridos por cientos y cientos de maestros que, a diario, brindan lo mejor de ellos en las diversas comunidades y en las miles de escuelas en las que prestan un servicio educativo.
Sobre los procesos de evaluación, mucho se puede decir al respecto; más por falta de espacio que de ganas, me limitaré a decir que éste ha sido inconsistente, porque como varios analistas lo hemos afirmado, éste se centra en el ámbito cognitivo/cognoscitivo y muy poco en el desempeño. Cierto, habrá quien me diga que un examen es parte de un proceso formativo; sin embargo y como bien sabemos, el desempeño de quien coordina, dirige, orienta, o facilita un aprendizaje, es fundamental cuando de educación estamos hablando. Cierto, el examen arroja una calificación que, por más que se diga lo contrario, termina asignado y/o ubicando en una ambigua clasificación al docente que, en términos concretos, puede o no puede ser idóneo para ejercer su quehacer profesional.
No, no se confunda mi estimado lector. No pretendo con estas palabras demeritar los puntajes que cientos de maestros han obtenido en pasadas evaluaciones; por el contrario – también lo he escrito y publicado en éste y otros espacios –, a ellos les he expresado mi reconocimiento y admiración por dicho logro. No obstante, considero importante seguir insistiendo en que esta evaluación, es incompleta, puesto que no valora lo que en el aula sucede entre los maestros y los alumnos. En los seres humanos, para acabar pronto.
En días pasados escuché a un colega expresar que él había sido evaluado sin que se hubiese preparado o estudiado para dicho examen tal y como debería haberlo hecho y que su resultado fue extraordinario; sin embargo, ese mismo docente, se cuestionaba el por qué a una de sus colegas no le había favorecido el resultado, si él tenía conocimiento de que ésta se había preparado en demasía para hacer el examen que refiero.
Situaciones como éstas, sencillas si usted quiere, encierran una gran verdad de lo que en México acontece: una evaluación que no está evaluando lo que sucede en las aulas y con los maestros, porque, sin duda, el proceso que sigue la obtención de un aprendizaje es tan amplio y tan complejo, que estar sentado por más de 4 horas frente a una computadora, no asegura lo que el desempeño docente implica, más bien, esta evaluación, este examen, es parte de ese proceso. Así de simple, así de complejo.
16 de agosto de 2017 / Fuente: http://www.eldiario.es
Por: Marta Sofía Ruíz
Gasolineras, cadenas de comida rápida y grandes superficies ya cuentan con máquinas que realizan las mismas labores que sus empleados o incluso han permitido prescindir de algunos. Sin embargo, los trabajadores que conviven con esta tecnología nos cuentan que la ven como una ventaja y que todavía falta tiempo, si es que sucede, para que las máquinas consigan hacerse con sus puestos.
Los informes avisan: los robots van a quedarse con una buena parte de los trabajos que desempeñamos actualmente los humanos. Y aunque los números bailan en función del estudio (mientras algunas fuentes dicen que un 12 % de los empleos están en riesgo otros elevan la cifra hasta el 43 %) y los expertos recomiendan calma, ya hay algunos robots sustitutos que se encuentran entre nosotros. No tienen un aspecto humanoide ni dan los buenos días, pero en gasolineras, cadenas de comida rápida, supermercados e incluso en la Administración, distintas máquinas y ordenadores trabajan codo a codo con los empleados, desempeñando en muchas ocasiones sus mismas funciones.
En la mayoría de los casos, el tipo de labores que realizan son tareas repetitivas para las que no hace falta formación superior: cobrar el importe de una compra o de la gasolina, anotar un pedido o incluso gestionar ciertas solicitudes en los organismos públicos. Y aunque en un principio esto debería ser motivo de preocupación para las personas que trabajan junto a ellos, muchas creen que su sustitución no está tan cerca como podría parecer.
Nuria, una joven de 24 años, trabajó en el Ikea de Zaragoza como cajera, tanto en las cajas tradicionales como en las de autoservicio. Cuando estaba asignada a estas últimas, su labor consistía en explicar su manejo, ayudar al cliente durante el proceso de pago, solucionar posibles dificultades y verificar que el proceso de cobro se estuviera efectuando de forma correcta. Y aunque la presencia de estas máquinas podría parecer una amenaza para su trabajo, la joven nunca pensó que el empleo de las cajeras pasaría a mejor vida.
“En ningún momento vi peligrar mi puesto de trabajo, ya que los clientes normalmente preferían las cajas habituales a las cajas autoservicio”, explica a HojaDeRouter.com. “Algunas personas no se detenían a leer lo que se les indicaba y constantemente preguntaban a la cajera el proceso de pago de su compra”, recuerda.
Ana (nombre ficticio), una chica de 23 años que trabajó durante un tiempo enDecathlon, tampoco cree que este tipo de máquinas vaya a destruir puestos de trabajo. Al menos, no por ahora. “No creo que vayan a sustituir completamente a los humanos, ya que en la mayoría de las tiendas tienen bastante en cuenta el trato con el cliente. Por ejemplo, en Decathlon teníamos que decir ‘buenos días’ con una sonrisa cada vez que uno entraba”, rememora.
Sin embargo, sí considera que el objetivo es reducir, con el tiempo, el número de personas que trabajan en la caja. “Quizá los empleados no lleguen a desaparecer del todo en tiendas pequeñas, pero en grandes superficies pienso que habrá cada vez menos gracias a este método”, se lamenta.
A pesar de las colas, hay clientes que se resisten a hacer el pedido digitalmente
UNA EXPERIENCIA REPETIDA
Marta tiene 23 años, es de Barcelona y ha trabajado en distintas cadenas de comida rápida, entre ellas McDonald’s, donde hay máquinas en las que el cliente puede realizar el pedido y pagarlo sin necesidad de interactuar con un empleado. Al igual que las demás entrevistadas, nunca vio peligrar su puesto de trabajo a pesar de compartir local y funciones con las máquinas. “Nunca he pensado en mi experiencia en el McDonald’s que las máquinas fueran a acabar con los empleados”, responde. “ A lo mejor en un futuro muy futuro sí que podrían disminuir, pero ahora mismo nos iba muy bien que la gente fuera a las máquinas”.
En su opinión, la presencia de los aparatos suponía una ayuda para el desempeño de sus propias labores. “Al principio había cinco máquinas y luego pusieron cinco más para hacer los pedidos. Nosotros, en cambio, éramos las mismas personas, pero trabajabas mejor porque ibas más rápido”, añade.
Por suerte para los empleados, todas las jóvenes coinciden en que, aunque hay una parte de los compradores que se lanza a utilizarlas, otro gran porcentaje las encuentra complicadas o, simplemente, prefiere que su cajera siguiera siendo humana. “Generalmente las cajas automáticas no gustaban mucho porque eran difíciles de utilizar: [en Decathlon] las alarmas solo podía quitarlas un empleado y además solo podía pagarse con tarjeta, y muchos de los clientes pasaban toda su compra y se daban cuenta en el último momento, así que al final entorpecían bastante el trabajo”, recuerda Ana.
“Podría decirte que casi hay tantas opiniones como clientes”, apunta por su parte Nuria. “A algunos les parecía muy cómodo y rápido, mientras que otros comentaban que era un proceso lento”. Además, según la exempleada de Ikea, hay ciertas personas que defienden el puesto de trabajo de las cajeras y rechazan pasar por las autoservicio afirmando que, si lo hacen, están mandando el mensaje de que no es necesario tener tantas cajeras como cajas para cobrar a los clientes.
Según Marta, esto también sucede en Mcdonald’s, donde en ocasiones la gente se resiste a pasar por las máquinas de pedidos automáticos: “Hay gente que cuando yo les decía que fueran por la máquina, si había mucha cola, me decían que no iban a ir porque le estaban quitando trabajo a la gente”, apunta.
Mercedes es una de estas clientas reticentes a emplear las máquinas. Auxiliar de enfermería de 50 años, cuando acude a un establecimiento de restauración en el que el pedido se puede realizar de forma digital o a una gran superficie con cajas de cobro automáticas, siempre evita utilizar esta tecnología. “Yo no uso las máquinas automáticas nunca”, asegura. “No me gusta usarlas porque para mí es muy importante que, si tengo algún problema, una persona me pueda ayudar y siento que las máquinas no lo pueden hacer. Siempre prefiero que me atienda una persona”, añade.
Algunas gasolineras ya no cuentan con empleados para echar gasolina o cobrar su precio.
Le pasa lo mismo con las gasolineras: siempre busca aquellas en las que el combustible lo eche una persona. “Aunque a veces voy a alguna en la que lo pongo yo, el pago siempre lo realizo con una persona y la inmensa mayoría de las vecesintento ir a gasolineras en las que haya un empleado encargado de surtir la gasolina”, explica. “Hablas con él, tienes trato…”, añade.
Clara, una estudiante de psicología de 25 años que lleva conduciendo desde los 18 y que vive a caballo entre Valencia y Zaragoza, también hace todo lo posible por evitar las gasolineras en las que el pago lo realizas tú mismo. Aunque, en su caso, reconoce que alguna vez termina recurriendo a ellas: “Yo en Zaragoza voy a una gasolinera donde me la ponen y cobra gente, pero en Valencia voy a las automáticas en las que pasas la tarjeta o metes billete y te las echas tú”, apunta. Clara explica que cuando acude a aquellas en las que no hay empleado, sí quepiensa que está contribuyendo a que desaparezcan empleos. Pero en ocasiones, por la hora o la localización, no tiene otro remedio.
También hay quien opta por pasar por aquellas en las que no hay personal. Por ejemplo, Patricia, una ingeniera de 31 años residente en Pamplona, prefiere las gasolineras en las que no le atienden personas. “En lo que a la gasolina se refiere creo que es más cómodo las que te pones y te cobras tú. Si hay para elegir, siempre paso por esas”, explica. “ ¿Que le quitan el trabajo a la gente? Sí, pero es que no hace falta una persona allí para hacer ese trabajo. Es como lo de los peajes, tener una persona allí para que te cobre es una tontería. Mucho más rápido pagar con la tarjeta y listo”, defiende.
EL CASO DE LA ADMINISTRACIÓN
En la Administración también hay puestos que podrían terminar desapareciendo y pasar a ser desempeñados por alguna máquina o sistema informático. Al menos, eso es lo que cree Helios, un joven que trabajó de auxiliar administrativo en un pequeño pueblo valenciano de unos 1900 habitantes. Allí, su larga lista de tareas incluía hacer balances, introducir datos en programas de cuentas, sacar documentos de pagos, archivar y organizar facturas, digitalizar documentos de entrada y salida, cuñar documentos, expedir certificados de empadronamientos y atender al público. A pesar de toda su actividad, en su opinión, la mayor parte de su trabajo podría ser realizado por una máquina.
Algunos empleados creen que sus puestos serían prescindibles con una mejor tecnología
“ La mayor parte del trabajo estaba automatizado por programas de ordenador. Lo único que tenía que hacer era meter los datos en el programa y él mismo hacía las cuentas y demás”, explica. “Prácticamente todo podría hacerse con una máquina si hubiera sistemas bien preparados en todos los organismos”, añade. “Esuna pena pensar que puedan desaparecer puestos de trabajo, pero, al fin y al cabo, es a lo que llevan los avances tecnológicos”, opina.
Sin embargo, y a pesar de que sistemas informáticos y máquinas desempeñen cada vez más funciones antes realizadas por humanos, una parte de los trabajadores que convive con estos sistemas ve como algo lejano su posible sustitución y los considera una ayuda y no una forma soterrada de quitarles el empleo. De la misma forma, y aunque algunos ya se hayan rendido a la tecnología, todavía hay una parte de la sociedad que busca el trato humano en el sector servicios, otorgando más valor al trato humano y la posibilidad de recibir ayuda de otra persona que a la robótica eficacia y rapidez de las máquinas.
16 de agosto de 2017 / Fuente: http://www.educacionfutura.org
Por: Blanca Heredia
Desde principio de siglo, el tema en educación en México ha sido la calidad educativa. En torno a ésta y en el afán de mejorarla se han promulgado y modificado muchas leyes y reglamentos, se han creado numerosos programas, y se han pronunciado un sinnúmero de discursos.
¿Ha tenido todo esto algún efecto sobre la calidad de los aprendizajes en el país?
Durante el sexenio de Fox se hicieron públicos, por primera vez, los resultados de México en una prueba internacional de logro (PISA 2000) y se fundó el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (2002) con el objetivo de contribuir, vía la evaluación educativa, a elevar la calidad de la educación nacional.
También inició el Programa Escuelas de Calidad; se montó un gran acuerdo nacional –Compromiso Social por la Calidad de la Educación– integrado por empresarios, magisterio organizado, iglesias y ONG; y se echaron a andar los trabajos para la Reforma Integral de la Educación Básica, así como para la primera prueba nacional de logro educativo (ENLACE).
Durante el gobierno de Calderón, el énfasis sobre la importancia de elevar la calidad educativa se mantuvo. Destacan al respecto: la puesta en marcha, anualmente, de la prueba ENLACE –misma que se aplicó en todas las escuelas del país–, primero en educación básica y, más tarde, en media superior; la Reforma Integral de la Educación Media Superior; y, muy particularmente, la negociación y ejecución de una reforma denominada Alianza por la Calidad Educativa.
Esta última reforma, acordada entre el gobierno federal y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), incluyó como componente clave la introducción (inédita en la historia del país), de concursos de ingreso para la ocupación de puestos docentes en el sistema de educación pública.
Si bien los concursos sólo se aplicaron para plazas docentes nuevas y vacantes definitivas, el uso de pruebas basadas en conocimientos y habilidades para acceder a un puesto docente (en sustitución de las prácticas clientelares tradicionales, administradas conjuntamente por los liderazgos del SNTE y las autoridades educativas federales y estatales), supuso un cambio de fondo en la estructura del sistema educativo y abrió el camino para una reforma más amplia en el mismo sentido impulsada, desde el inicio del sexenio, durante la administración de Enrique Peña Nieto.
La centralidad concedida por el gobierno federal a la necesidad imperiosa de elevar la calidad educativa, ha alcanzado su punto culminante durante la presente administración. Más allá del discurso, de 2013 a la fecha se han introducido reformas legales y transformaciones en política educativa (sobre todo en la parte “política” e institucional de la materia) de gran envergadura. Todo ello ha tenido como objetivo declarado y fundamental: mejorar los aprendizajes de los alumnos mexicanos y lograr que se adecúen a las realidades y desafíos del siglo XXI.
Las transformaciones en la conducción y regulación del sistema educativo nacional, impulsadas por la administración de Peña Nieto, son muy numerosas.
Desde el punto de vista del objetivo declarado de elevar la calidad educativa, cuatro resultan especialmente importantes.
En primerísimo término, la transición hacia un sistema de acceso, ascenso y permanencia en (todos) los puestos docentes y directivos basada, ya no en las prácticas clientelares tradicionales, sino en evaluaciones estandarizadas orientadas a determinar qué tanto un candidato y/o un docente en funciones cuenta con los conocimientos y las habilidades para ser maestro/a, para ser ascendido y/o para permanecer en el cargo.
En segundo lugar, reformas para ordenar el manejo presupuestal de las plazas docentes federales (las más numerosas). Tercero, programas para atender las (acuciantes) necesidades de infraestructura en las escuelas con mayores carencias. Cuarto, una propuesta detallada de nuevos currículos y prácticas pedagógicas centradas en la adquisición de saberes y habilidades fundamentales, y en el desarrollo de la capacidad de “aprender a aprender” en los estudiantes.
Muy bien que la calidad educativa se haya vuelto tan central. Pero, subsisten varios problemas serios. Entre otros, el asunto de a quién y a cuántos les importa el asunto lo suficiente para exigirle al gobierno continuidad y resultados.
También el desafío gigantesco de las carencias administrativas y de personal para hacer realidad leyes y programas en el aula; la inadecuada preparación de muchísimos maestros en servicio para encarar la tarea; y la insuficiente y muy inequitativa distribución de recursos materiales y humanos para que las escuelas mexicanas puedan impulsar mejores aprendizajes.
Un reto (mayúsculo) adicional es que los datos disponibles indican que no ha habido mucho avance y resultan insuficientes para saber –con certeza– acerca de posibles logros puntuales, en especial para los años más recientes. La prueba ENLACE se suspendió en febrero de 2014.
Fue sustituida por PLANEA, pero esta sólo se aplicó, censalmente, en 2015, y los resultados de su aplicación –acotada– en 2016 no son consultables (¡no se pueden bajar de la página web de PLANEA!).
Nos queda PISA 2015, pero, por desgracia, los resultados de ese año son casi iguales que en 2000 y, además, no son representativos a nivel entidad federativa (no nos alcanzó para ello, a pesar de ser la 14ª o 15ª economía del mundo).
Habrá que esperar a PISA 2018, a que aumente la oferta de empleo calificado formal, o a que nos ilumine la “fe” y consigamos ver los logros, aunque no haya datos para respaldarlos.
Hace unas semanas escribí un blog: “Que es la realidad”, donde me referí al poder de las creencias como filtros de interpretación de la realidad. En esta ocasión voy a ampliar algunas reflexiones sobre el tema, porque lo considero de tremenda actualidad.
A pesar de su importancia, las creencias no habían sido motivo de muchas reflexiones por parte de los analistas, los formadores de opinión, y en general los medios de comunicación. Desde el resultado del Brexit en la Gran Bretaña y la elección de Trump en los Estados Unidos, el tema se ha convertido en motivo creciente de reflexión.
Hay diferentes maneras de entender esta tendencia. A medida que avanzamos en el siglo XXI, su relevancia aumenta debido al impacto y la complejidad de los cambios que estamos experimentando los seres humanos. Hay una nueva realidad que no entendemos, nos sentimos amenazados, y por lo tanto, nos refugiamos en lo que creemos entender para defendernos de ella.
En un artículo reciente del Economist de junio 7, esta prestigiosa publicación, reconoce que el errar es humano, y también lo debe ser, el aprender de nuestros errores. Y de hecho, hace una lista de las equivocaciones que han cometido en la interpretación de diferentes momentos de la historia contemporánea, y que han sido cubiertos por este medio tan reconocido a nivel internacional, por la calidad y profundidad de sus análisis.
Este artículo plantea un problema que tiene cada vez más actualidad: lo doloroso que es reconocer que nos hemos equivocado. Pero hasta la mejor pitonisa se puede equivocar, al tratar de proyectarse hacia el futuro, dada la complejidad creciente y sistémica del mundo en que vivimos. Esto nos impone un reto cada vez más grande: superar la reacción primaria de no aceptar la equivocación y aprender de ella. Y para ello debemos tener conciencia de nuestras creencias.
Pero la realidad que hoy observamos es muy diferente. Al analizar la forma en que respondemos a nuestros errores todos los días, cada vez tenemos más dificultad en aceptar que somos falibles, y que nos cuesta trabajo reflexionar y aprender de ellos. Quedamos atrapados en una dinámica donde buscamos darles prioridad a nuestros deseos de que las cosas fueran diferentes, y nos negamos a aceptar la evidencia contraria que los contradice. Actuamos de una manera irracional, condicionada por nuestras creencias, que nos afecta muy negativamente porque nos impide modificarlas para aprender de nuestras equivocaciones.
El impacto de este comportamiento ha sido ampliamente estudiado en el campo de las ciencias económicas. En muchas decisiones fundamentales, especialmente en un ambiente de alta incertidumbre, los seres humanos no actuamos racionalmente. Nuestra reacción emocional, ante situaciones que no entendemos, nos predispone a ignorar la información que contradice las creencias que estamos utilizando para tratar de interpretar la nueva realidad. Como resultado, tomamos malas decisiones y pagamos unos costos muy altos por nuestras equivocaciones
En unos estudios del 2016 en el area de Economía, realizados en la Universidad de Princeton y la de Toulouse, mostraban el porque las creencias son muy valoradas y defendidas por los seres humanos. “Invertimos mucho tiempo y recursos construyéndolas y terminan siendo parte de nuestra identidad”. Este esfuerzo nos hace sentir bien y buscamos conservarlas a toda costa. Cualquiera cosa que las desafíe no es bien recibida. No estamos dispuestos ni abiertos a modificarlas. Tampoco estamos conscientes del altísimo costo que esto produce.
Lo importante es entender el impacto de las creencias: son poderosos filtros para interpretar la realidad, y que influyen significativamente en nuestros comportamientos. Algunas de ellas nos habilitan y otras nos pueden frenar. Un buen ejemplo es el “efecto Pigmalion” que tiene un poder impresionante en los resultados exitosos o desastrosos de los niños y los adultos. Este efecto se logra, cuando una persona tiene la creencia de que pueden o no lograr un resultado, o está condicionada por las expectativas de otros.
De acuerdo al estudio del señor Bénabou de Toulouse, hay tres posibles categorías de respuestas mediante las cuales las personan buscan justificar sus creencias. “La ignorancia estratégica” para evitar la información que presente evidencia contraria a la creencia. “La negación de la realidad” para racionalizar evidencia que contradice la creencia, mediante la construcción de teorías reforzadas que la justifican. Y la “creación de herramientas propias” para interpretar los hechos y acomodarlos a la creencia personal.
Ejemplos de lo las tres tendencias abundan hoy en día. Los votantes del Brexit ignoraron la información que mostraba el inmenso daño que se iba a infringir en la economía inglesa. Muchos de ellos lo racionalizaron inventándose teorías conspiratorias en contra de los ingleses por parte de la burocracia de la CE, lo que abrió la oportunidad a las noticias falsas. Para reforzar sus creencias, se vincularon a grupos en las redes sociales, donde solo estaban personas con visiones similares.
Según estos estudios, lo anterior da oriegen “al razonamiento motivado”. El tema puede ser muy peligroso cuando es compartido por un grupo grande de personas que se niegan a aceptar la evidencia de los hechos que contradicen sus creencias.
En Show Time, hay extraordinario ejemplo en una serie sobre el cambio climático, donde se documenta el efecto de las creencias religiosas en una comunidad en Texas, para negar los efectos cada día más dramáticos de este fenómeno mundial. Esto sucede, a pesar de la evidencia creciente del problema, y que ha llevado a 189 países a firmar el pacto de París. Este pacto ha sido rechazado por Trump, impulsado por la visión negacionista de los republicanos
En Colombia se evidencia un efecto similar alrededor del “castrochavismo”, termino inventado por Uribe para atacar los acuerdos con las FARC. Según esta creencia, el resultado del proceso nos va a llevar a una situación similar a Venezuela, a pesar de que las circunstancias históricas, y de recursos, son muy distintas entre los dos paises. Sin embargo, esta creencia, hábilmente manipulada por Uribe, está en el corazón de la profunda división que ha impedido que se vea este proceso como una oportunidad única por parte de más de cinco millones de colombianos.
Como lo señala el artículo del Economist, estos efectos de pensamiento grupal, se agudizan cuando sus miembros comparten un destino común, que expone al miembro a las consecuencias de los errores colectivos, aún si quisiera salirse del grupo. Por lo tanto, hay poco beneficio de salirse por el costo de aceptar que se estaba equivocado. Se genera una dinámica perversa que impide reconocerlo. Los errores no se capitalizan, y el aprendizaje es nulo.
Cuando hay una comunidad de expertos, que comparten un paradigma determinado, es muy inusual que estas personas acepten que estaban equivocadas. Cambiar de opinión tiene muchas veces un costo reputacional que se percibe como muy alto. Un ejemplo se vivió después de la crisis financiera del 2008, cuando los expertos economistas no aceptaron que se habían equivocado al leer las señales que estaban frente a ellos. Había la creencia de que el boom, de los años anteriores, era sostenible. Quedaron ciegos ante el problema que estalló en ese año, con unos costos astronómicos en los Estados Unidos y Europa.
En estas dinámicas, tiene un efecto muy reducido la información que venga de fuentes independientes, para cambiar las creencias colectivas hasta que estalla la crisis. Esto explica el porque se ahogan las voces de los expertos, como en Inglaterra, y que nos ha llevado a la “era de la post verdad”. En este nuevo mundo la evidencia empírica, soportada por hechos y datos, está siendo remplazada por opiniones ligeras basadas en creencias sin fundamento.
Y lo que es peor, cuando esto sucede, hay una incapacidad de reconocer el error, y existe una tendencia de buscar un culpable externo: los refugiados, los gringos, las conspiraciones de los enemigos ocultos, etc. Estos son los villanos utilizados por los populistas irresponsables para sembrar el miedo, y justificar las creencias y sus comportamientos asociados. El ejemplo actual de Maduro en Venezuela es muy iluminante.
En una Colombia polarizada como la de hoy, es casi un imposible metafísico, pensar que personas como Uribe o Santos, sean capaces de reconocer públicamente sus errores. Un gesto de este tipo, sería filtrado por sus respectivas creencias, y visto como un riesgo con pocos beneficios, que sería utilizado en su contra por los enemigos políticos. Esta dinámica retroalimenta el círculo destructivo de odios y miedos que hoy se vive en la política colombiana.
Y para terminar, este tipo de dinámicas basadas en creencias no soportadas por los hechos, que se defienden irracionalmente, han permitido que hoy nos movamos en un entorno donde la descalificación prima sobre el aprendizaje y la reflexión. Por esa razón, no hay debates con altura alrededor de las ideas. En ese entorno, lo que hay son ataques personales, que hace muy difícil hacer visibles las creencias que nos siguen inmovilizando como sociedad, y nos hace presas de populistas que las aprovechan para impulsar sus intereses personales.
Ante el proceso para las elecciones del 2018 que ya se inició, ¿habrá un tema más importante que el hacer visibles las creencias que hoy nos frenan para lograr nuestro verdadero potencial como sociedad?
16 de agosto de 2017 / Fuente: http://www.excelsior.com.mx
Por: Carlos Ornelas
James March y Johan Olsen sustentan que para el ejercicio del poder político, el control de los símbolos es tan importante como la potestad sobre otros recursos. Esa concepción es congruente con el pensamiento de Antonio Gramsci. Un grupo dominante no establece su hegemonía política e ideológica sobre los segmentos sociales subordinados sólo por medio de la dominación, ni aun en los regímenes autoritarios. Incorpora aspiraciones de los grupos subalternos en el discurso cotidiano y la política práctica
El secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, presidió la ceremonia de asignación de 902 plazas de enseñanza primaria a quienes resultaron idóneos en el Concurso Nacional de Ingreso al Servicio Profesional Docente en la Ciudad de México. Los puestos se asignaron en el orden de prelación, según el puntaje que obtuvieron en el examen. Otros 76 concursantes que obtuvieron la calidad de idóneo, no alcanzaron lugar por falta de puestos vacantes.
El protocolo fue en el patio central del edifico sede de la Secretaría de Educación Pública. Frente a un auditorio donde predominaban los docentes ganadores, se otorgó la plaza y el nombramiento en el lugar que seleccionaron las maestras que obtuvieron los diez primeros lugares, egresadas de normales y otras instituciones de educación superior. El lunes mismo continuó el proceso en varios salones del edificio.
El secretario presumió la transparencia en el concurso y la asignación, fustigó la arbitrariedad reinante hasta antes de la Reforma, criticó los métodos tortuosos y desgastantes a que eran sometidos quienes aspiraban a las plazas. También censuró al influyentísimo y las prácticas clientelares. Y, aunque no condenó en forma explícita la herencia y venta de plazas, no hubo necesidad: se trata de desterrar esas prácticas que señoreaban en la tradición corporativa. Hoy, dijo, el mérito y el esfuerzo son los únicos requisitos. Anunció que la fórmula se replicará en cada estado de la República.
Escoltaron al secretario el consejero presidente del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y el comisionado presidente del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. Se trataba de simbolizar el mérito y la transparencia para el ingreso a la profesión mediante concurso.
Es probable que muchos de los concursantes que obtuvieron su empleo por esta vía, no la hubieran hecho en el pasado. La mayoría no egresó de escuelas normales y es presumible que no tenían pariente de quién heredar el puesto ni contacto con los jefes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que los incorporara al circuito de compra y venta de plazas docentes. Presumo que quienes ingresan por mérito propio serán agentes de legitimación de la Reforma Educativa. Además, cada uno optó por la escuela de su preferencia, si había lugar disponible. Conjeturo que la elección fue por cercanía al domicilio o por otras ventajas, no fue producto de una averiguación con respecto a las cualidades del centro de trabajo. ¡El tráfico de la Ciudad de México!
El mérito —ese valor que, aunque no está explícito en el texto constitucional, permea su espíritu— se abre camino. ¡Qué bueno que quienes se esforzaron, trabajaron más duro y se prepararon mejor, obtengan los mejores puestos! No sólo escogieron lugar, sino turno y modalidad (tiempo completo o jornada ampliada), ergo, mayores ingresos.
Y es legítimo, es un premio al denuedo y la dedicación. Pero entra en conflicto con otro valor, el de la justicia social. Hay un supuesto de quienes abogan por la equidad en la educación —como Martha Nussbaum y Amartya Sen— de que los docentes más capaces realicen su práctica entre los desfavorecidos. En las zonas pobres y marginadas del campo y las ciudades es donde son más necesarios los mejores profesores; no en las áreas de clase media urbana, que tienen mejores condiciones sociales y culturales para hacerla en la escuela y la vida.
El ritual del lunes en la SEP estuvo cargado de símbolos: el lugar en sí mismo, los murales de Rivera, las estatuas de Vasconcelos y Torres Bodet (y el secretario se colocó entre ellas) y la imagen de un derrotero seguro para quienes ponen el mérito por delante.
La asignación de plazas bien pudo haberse hecho en privado. Pero el símbolo era importante. No lo es todo, pero sí contribuye a la credibilidad del discurso del grupo hegemónico. Y, para la plaza pública, mostrar que la Reforma Educativa avanza.
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