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Río revuelto

24 de mayo de 2017 / Fuente: http://www.excelsior.com.mx

Por: Carlos Ornelas

No obstante que el presidente Enrique Peña Nieto cumplió con el ritual del 15 de mayo y defendió su proyecto de Reforma Educativa, la balanza no le favorece. Tal vez se esté dando de topes, cuando tuvo la oportunidad de acabar con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación no lo hizo. Quizá pensó que poniendo a Elba Esther Gordillo tras las rejas las cosas pasarían. Ella era la parte más importante, pero el meollo real era —y es— el sindicato y sus ramales.

La consigna de retomar la rectoría de la educación era legítima. El régimen ha logrado avances importantes y cambios institucionales que a cualquiera le será difícil echar para abajo, pero el Presidente no las tiene consigo; se equivoca si piensa que el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Nueva Alianza canalizarán a los maestros a que voten por sus candidatos.

Hoy, todos quieren cobrarle al Presidente que va cuesta abajo. Sin embargo, la Presidencia todavía tiene herramientas que utilizar. Van unas viñetas; pro y contra:

Primera. El Presidente coronó la liturgia del 15 de mayo con una oratoria edificante para los maestros, una defensa del modelo educativo y las acciones de la Reforma Educativa. Empero, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación también hostigó con su ritual. Aunque no con la cantidad de militantes que hace unos años, cientos de maestros disidentes marcharon del Auditorio Nacional a las cercanías de Los Pinos y luego a la Secretaría de Gobernación. Su demanda real: que se rehagan las negociaciones de ellos con la Segob. La exigencia de derogar la Reforma Educativa es la punta de lanza de la propaganda, el apoyo a los 43 de Ayotzinapa es para buscar adeptos.

De allí salieron destemplados. Se confirma, el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, lleva la voz de mando en la negociación política. Ése fue el plus, el Presidente no cedió.

Segunda. Reforma publicó que de 2013 a 2016 la Secretaría de Educación Pública transfirió al SNTE mil 730 millones. Un dineral que, bajo el pretexto de difundir los beneficios de la Reforma Educativa, ensanchó las arcas del SNTE, pero aportó poco de convencimiento en el gremio.

Entiendo que la SEP busque aliados para defender y difundir la reforma, pero hacerlo con el SNTE es abonar ofrendas al adversario. El corro que antes encabezaba Elba Esther Gordillo y hoy capitanea Juan Díaz de la Torre es el enemigo número uno de la Reforma Educativa. Ha sido el más afectado por la porción laboral de esa reforma y se vio obligado a marchar, codo con codo, con la SEP para legitimar algo que le lastima. Pero como hay averiguaciones previas contra la mayoría de los integrantes de ese grupo, agachan la frente, se equipan de paciencia y esperan el momento para resurgir. Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina. Allí levantarán la cabeza.

Tercera. La nota política de fin de semana fue el resurgimiento de la señora Gordillo. La presencia de su exvicario, Rafael Ochoa Guzmán, y su yerno, Fernando González Sánchez, en un mitin de la candidata de Morena al gobierno el Estado de México desató especulaciones. Éstas están a la orden del día, que si una alianza contranatural, que si es por venganza, que si es para presionar al gobierno y alcanzar la prisión domiciliaria. Lo único cierto es que EEG no deja de hacer política y juega sus cartas.

No importa que González Sánchez diga que el apoyo a Delfina Gómez Álvarez es a cambio de nada, que es por afinidad de gremio. Lo interesante sería saber cómo Andrés Manuel López Obrador acepta esa propuesta de pacto. Por lo pronto fue cauto. Dio la bienvenida a los maestros, no atacó a Elba Esther Gordillo, pero aceptó el apoyo de sus delegados en el Edomex.

A fe mía que AMLO se deslindará de EEG después de las elecciones de junio. Hay muchos agravios mutuos y, además, esa coalición quizá le traiga más negativos que activos para el 2018.

El paisaje político nacional es convulso. La Reforma Educativa es como una diana a la que muchos tiradores apuntan. Además, la violencia, la inseguridad, la corrupción y el desgaste de las instituciones abonan al daño no sólo del Presidente, sino del sistema de partidos. Un río revuelto lleno de lodo.

A pesar de que va de salida y que el índice de aprobación ciudadana es bajo, el Presidente sigue siendo el actor político más poderoso. Pero necesita algo más que buenos discursos y ceremonias para romper el círculo que lo encierra, digo, si en realidad quiere proteger la Reforma Educativa.

Fuente artículo: http://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/2017/05/17/1163966

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Cuando un maestro se va

24 de mayo de 2017 / Fuente: https://compartirpalabramaestra.org

Por: Miyer Pineda

La experiencia de despedir a un profesor. Según nuestro autor: No sé cómo explicar ese vacío, esa extraña sensación.

Fueron casi diez años los que trabajé con la Maestra Aminta Rodríguez antes de que se pensionara y cediera su puesto a otro docente; casi una década cruzándonos por los pasillos e intercambiando salones; asistiendo a esas absurdas reuniones de profesores en las que se discuten los mismos temas sin importancia, aunque persistamos en tratarlos como asuntos de Estado; casi diez promociones de bachilleres arrojados al mundo con una serie de saberes que a lo mejor sirvieron para que enfrentaran esos retos de hoy en día, tan despojados de valores y principios; una eternidad para mí en la que vi esa paulatina agudización de la mediocridad en adolescentes, quienes veían en el saber un tedio, y en el Maestro a un payaso. No todos, por supuesto; un porcentaje mínimo de estudiantes asumía las clases con rigor y se acercaron al asombro.

De eso hablamos en numerosas ocasiones con la Maestra Aminta Rodríguez porque a veces coincidían nuestras horas libres, y esos diálogos resultaban más productivos que andar llenando esas absurdas planillas y formatos que han impuesto los sabios en educación como mecanismos que impiden a los profesores dedicar esas horas a la lectura y a la autoformación (imagínense esa otra posible estrategia de control: un docente sustentando avances de un proyecto o una lectura, o su análisis de una película, etc.).

Era una mujer seria en apariencia; sin embargo con el tiempo cedía a la confianza y a la broma; así descubrí su agudo sentido del humor y de la ironía. A veces escuchaba parte de su clase en el salón del al lado (ya saben, esos salones – galpón con ladrillo y teja en los que se escucha lo que pasa enseguida), por tanto recibí parte de sus clases, es decir, puede asegurarse que en cierto sentido llegué a ser su alumno; además porque la enseñanza y el aprendizaje están implícitos en las artes de la conversación.

En muchas ocasiones esos diagnósticos sobre los estudiantes abrían el espacio para hablar de literatura; hablamos del Boom latinoamericano, y sobre todo, del Nobel de Mario Vargas Llosa; entonces la política y la literatura se fundían como pretexto para hablar de lo que pasaba en Colombia. Alguna vez puso a leer a los estudiantes del colegio la novela La fiesta del chivo (2000) y yo aprovechaba esa lectura para hablar de las dictaduras latinoamericanas y del vicio del poder en el caudillo colombiano de turno.

De eso se trataba el juego, de educar desde el poder de la palabra, desde el diálogo; así  entendíamos el concepto de interdisciplinariedad, y más allá de este, el concepto de educación integral.

No sólo enseñó Español y literatura, también enseñó Inglés, y escuchen esto: acercó a esos adolescentes adictos a géneros basura a músicas ajenas procedentes de ultramar, como estrategia didáctica para enseñar el idioma. Muchos estudiantes conocieron a los Beatles por primera vez, o escucharon hablar de Ringo Starr, y quizás algunos de ellos aún resguardan en su memoria canciones rockeras aunque su enciclopedia musical esté plagada de vallenatos, reggeaton y esa música horrorosa machista e insufrible con las que paladeamos ahora nuestras emociones.

La Maestra Aminta Rodríguez conocía su oficio. En alguna oportunidad cuestionó la tesis que se impone según la cual se debe permitir que los estudiantes lean lo que quieran, o que no lean porque la lectura es una manifestación de la felicidad y del deseo. Discípula del rigor y de la responsabilidad, sostenía que solo lo difícil y complejo es realmente estimulante, y que por tanto había unos textos mínimos que debían leerse con valentía porque al hacerlo seríamos conscientes del abismo interior que nos habita. En ese sentido éramos cómplices y secretos auscultadores de un canon monumental que defendía la condición humana: sí señores, los clásicos.

Hablamos de sus viajes a Europa, de su conocimiento del inglés y del francés; del país, de la corrupción, de su esposo y de su hijo. Era demasiado respetuosa y clara en su trato; franca y dura cuando se hacía necesario; eso es algo que saben bien los buenos maestros y los buenos padres: a veces hay que apretarse el cinturón, en ocasiones se debe levantar la voz en un entorno en el que el silencio es cómplice y en el que disputamos la humanidad de nuestros estudiantes a un sistema inhumano que se sirve de la estupidez. Era rigurosa en su enseñanza, puntual y responsable… hasta que un día se pensionó.

Se la despidió en una formación, en una de esas izadas de bandera (que de tantas ya extraviaron su sentido), y más de uno pensó que se iba una Maestra. No estoy seguro de si esos adolescentes y esos niños recuerdan ese día; no sé si sus colegas lo sabían.

Lo cierto es que se iba parte de una época que ayudó a levantar una Institución educativa, a darle prestigio a pesar de muchos de sus alumnos y de esos profesores – empleados que olvidaron el arte, la alquimia de enseñar. Era una de esas Maestras que han posicionado el nombre de la ciudad de Duitama a nivel regional y nacional; parte de esa tradición que ya comienza a pensionarse, a irse y en la que hay más de un gran docente.

Imagino que su pensión le permitió dedicarse a descansar, a leer, a retomar sus proyectos personales; a continuar con su vida fuera de las aulas y de esa monotonía que termina envolviendo esta labor tan ingrata, la mayoría de las veces, en la que los únicos agradecimientos se dan a destiempo o de manera póstuma.

Si tuviera que elegir dos recuerdos sobre la profe Aminta, uno tendría ser el día en el que nos enteramos de que un estudiante de nuestro plantel se había suicidado. Me bajé del colectivo en la avenida; ella ya había cruzado y conversaba con una colega de su área quien lloraba y agitaba los brazos.

Yo las veía de lejos pero sabía que algo había ocurrido porque agitaban sus manos y llegaban ecos de sus voces. Cuando al fin pude cruzar, caminé a algunos metros para  no entrometerme en asuntos que desconocía hasta el momento.

Estudiantes que también iban para el colegio me contaron lo que pasaba, entonces Aminta dijo esa frase que ahora no puedo olvidar y que encierra esa poderosa energía pedagógica “Si uno no puede ayudarlos, al menos debería no empujarlos a que tomen ese tipo de decisiones”, mientras le pedía a Dios esa sabiduría. Aclaro que lo que entendí fue un autoexamen aunque sabíamos que las razones por las cuáles el niño eligió la muerte eran ajenas a nuestra labor.

Hasta el día de hoy no he querido profundizar en las razones por las cuáles un niño toma la decisión de suicidarse, pero esa frase de Aminta me sirvió para trazar límites en mi labor diaria: hay límites que uno no puede cruzar. Si el estudiante definitivamente no quiere estudiar, ni leer, ni comprender el sentido del saber que se le enseña, es su decisión, pero la impotencia no puede llevar al profesor a humillar, o a irrespetar o a ridiculizar a ese estudiante; mejor dicho, uno tiene que reconocer en el otro su derecho a ser mediocre.

El niño sumó mucha presión en esas semanas: su pobreza, su impotencia frente a diversos problemas familiares desvanecieron su compromiso en el colegio y todo eso sumado lo desmoronó.

Nunca hablé con la profe Aminta de ese asunto. Y ese suceso es algo con lo que evito tener que lidiar (al menos por ahora).

El otro recuerdo tiene que ver con mi nominación al premio Compartir. Ella ya se había pensionado y la ciudad reconocía mi trabajo como gestor de proyectos en el Instituto Técnico Santo Tomás de Aquino.

Salía de un almacén de cadena y nos encontramos. Nos saludamos y me felicitó. Lo que me impactó fueron sus palabras, su cariño y su sensibilidad para el abrazo y la cercanía. Y eso es lo que me interesa resaltar: el orgullo que se siente cuando una Maestra como ella lo felicita a uno. Así lo habían hecho Inés Becerra, Gladys Solano, Magnolia Devia, Néstor Espitia, Carlos Ramos, Wilman Jiménez, Jorge Camargo y el Señor Rector, Horacio Pedraza Becerra; Maestros de altura, de otro nivel, quienes reconocían el valor de mi trabajo, y que por sobre todo lograban una comprensión de las implicaciones del arte de enseñar.

Me alegró mucho ese respeto mostrado por la profesora Aminta; me demostraba en sus palabras la depuración del magisterio.

Hay más recuerdos, por supuesto, pero esos dos volvieron en estos días en los que me han comunicado que la Maestra Aminta Rodriguez ha fallecido en un accidente de tránsito.

No sé cómo explicar ese vacío, esa extraña sensación. Algunos de sus estudiantes han logrado comprender con esa noticia el valor que han tenido sus maestros; y nosotros tenemos que lidiar con ese sentimiento sorpresivo.

Era una gran Maestra Aminta Rodríguez. Lo sé por los testimonios de algunas de las alumnas que tuvo, algunas de esas estudiantes cumplidoras y responsables; lo sé porque escuchaba algunas de sus clases en el salón vecino; lo sé por los libros que le recomendaba a sus alumnos; lo sé porque su muerte me ha golpeado y me ha hecho pensar en esa generación de Maestros que nos precedieron, entre los cuáles hay Maestros de Maestros… así que valgan estas humildes palabras como un homenaje para todos ellos.

Y luego, tener que poner el punto final pensando en eso, en la desolación que se siente cuando un Maestro se va.

Fuente artículo: https://compartirpalabramaestra.org/columnas/cuando-un-maestro-se-va

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La implicación se consigue con espacios de participación

24 de mayo de 2017 / Fuente: http://blog.tiching.com

Por: Marta Mingot Pallés

Actualmente la innovación educativa es un tema que está muy presente en nuestra sociedad, en los medios de comunicación, en las redes sociales, o en iniciativas que se agrupan para llevar a cabo un proyecto conjunto de innovación educativa. Somos muchos los que hoy nos ocupa el tema de poder contribuir a la mejora de la educación de nuestro país.

En FEDAC, desde hace algunos cursos, estamos trabajando en un nuevo planteamiento del paradigma educativo. La introducción de internet en las aulas fue un punto de inflexión, que nos llevó a plantearnos cuál debería ser el rol del alumno y de los docentes, los contenidos del currículum, la metodología, la evaluación, la organización en el aula, etc.

Partiendo de esta premisa y considerando que un cambio de paradigma es posible cuando se crea una cultura de interdependencia y de visión compartida, nos marcamos el reto de iniciar un proceso participativo, para construir una visión conjunta del cambio educativo que queríamos. Informamos de nuestro propósito a los diferentes sectores que forman parte de nuestro entorno: alumnos, docentes, monitores, personal de administración y servicios, familias, entidades colaboradoras…  y creamos espacios para escuchar sus anhelos, dudas, miedos y sueños al respecto.

Este proceso participativo al que pusimos por nombre #avuixdemà se realiza en cinco fases:

1. Motivación
Iniciamos el recorrido con la colaboración de dos docentes por escuela, eran los nodos de una red, los Agentes Impulsores de la Participación. Ellos se encargaron de animar y promover la intervención de los diferentes estamentos y colaboradores en las 24 escuelas de FEDAC, así como de recoger todas sus  aportaciones. En estas sesiones pretendíamos recoger propuestas para innovar, para emprender nuevos retos y para consolidar nuestra misión y valores como opción educativa de futuro.

2. Catalogación

Posteriormente se formó la comisión #avuixdemà, encargada de analizar y sintetizar las aportaciones.  La tarea de agrupar todas las propuestas fue compleja, porque era importante considerar cada una de ellas, por continuistas o disruptivas que pudieran parecer.

Todas las propuestas se categorizaron en 24 retos, que se agruparon en cuatro ámbitos, todos ellos inspiradores de nuestro proyecto educativo.

infografia 24 reptes_CENTRAT

3. Implicación
Se crearon grupos de trabajo entre los miembros de los equipos directivos de todos los centros. Se organizaron en sesiones de trabajo presenciales o virtuales a través de Google Apps: Hangout, Drive…, con el objetivo de dar significado a los diferentes retos.

4. Difusión
Una vez definidos los retos, elaboramos el cuaderno Educar #avuixdemà y acordamos hacer una amplia y extensa difusión de ellos y del cambio sistémico que suponen. Lo hicimos a través de un acto inaugural, Congreso Educar #avuixdemà, abierto a familias, instituciones,  empresas colaboradoras y a todos aquellos que nos quisieron acompañar. Este acto ha tenido continuidad con sesiones congresuales, que estamos realizando en diferentes ciudades de Cataluña.

A su vez optamos por una amplia difusión a través de redes sociales (Facebook, Instragram, Twitter) y otros medios de comunicación.

Participación de los profesores

5. Concreción
En la actualidad el equipo directivo de cada escuela, junto con dos miembros impulsores del claustro, han planificado espacios abiertos de debate y participación (Equipos de Concreción de Ideas), para poder trabajar los 24 retos. Este es un proceso para continuar avanzando en el proceso de transformación que ya está iniciado en las escuelas y para poder aportar respuestas concretas a los retos. Consiste en proponer acciones atrayentes para cada reto, ya sean grandes acciones o microacciones. Todas ellas pueden ser contribuciones valiosas para hacer realidad y consolidar el nuevo proyecto.

Estas contribuciones se pueden hacer a través de sesiones presenciales, o del correo electrónico y/o del Drive. También existe la posibilidad de depositar propuestas en las recepciones de los centros en unos expositores abiertos.

¿Por qué este proceso?
Consideramos que compartiendo la visión estratégica con las personas implicadas, priorizando el proceso a los resultados inmediatos y aportando acciones de cambio de forma participativa, conseguiremos un paulatino cambio de cultura, superando hábitos y círculos de confort. A la vez que potenciamos el sentimiento de pertenencia y afianzamos el cambio sistémico que pretendemos para conseguir un mañana educativo mejor.
Te animamos a replicar esta experiencia estimulante y apasionante para todos los participantes protagonistas del cambio educativo ¡PASIÓN POR EDUCAR!

ESQUEMA PROCESO

Fuente artículo: http://blog.tiching.com/la-implicacion-se-consigue-espacios-participacion/

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4 libros para aplicar el método Montessori de forma asequible

24 de mayo de 2017 / Fuente: http://blog.tiching.com/

Por: Tania Pasarín Lavín

Hace un siglo la primera mujer graduada en medicina en Italia descubrió un método educativo basado en la ciencia, que ayudaba a niños con alguna deficiencia. Ella era María Montessori, la educadora que se dio cuenta que su método resultaba igualmente válido para niños sin problemas específicos, lo que le proporcionó el éxito obtenido hasta hoy.

Este método, tan puesto de moda actualmente, se basa en la actividad dirigida por el niño donde es necesario un ambiente y un material adecuado con el propósito de sacar lo mejor de cada niño/a produciendo una normalización de la libertad, el movimiento y la disciplina interior.

Actualmente podemos encontrar planteamientos metodológicos “Montessorianos” en la escuela, como que el alumno sea parte activa en el aprendizaje, la individualización del alumno en cuanto a ritmos e intereses o la colaboración familia-escuela.

Esta influencia ha tenido y tiene un impacto a nivel global tan inmenso que podemos ver que existen miles de centros que se basan en esta metodología en todo el mundo. Pero aquellos que quieran impartir el método de manera legal tienen que ser aprobados por la Fundación Montessori y el Consejo Montessori, lo que requiere tener formación, unos materiales, un espacio adecuado para el desarrollo del método, etc., lo que implica un gran desembolso.

La formación que se requiere para abrir una escuela Montessori es la posesión del título de graduado en Educación Infantil o Primaria junto con la formación de guía y el espíritu Montessori. Esta formación puede rondar desde los 200 euros por los cursos AME introductorios hasta 750 euros cada Curso AMI de “Asistente casa de niños”(0-3 años/3-6 años). En el siguiente enlace podéis encontrar formaciones relacionadas con el método.

Debido a estos requisitos formativos y materiales y a la gran demanda, el método se ha encarecido, solo siendo accesible en muchos casos para las clases más favorecidas. Por este motivo nos encontramos normalmente que son escuelas privadas las que lo utilizan.

Pero, ¿es posible Montessori con un presupuesto ajustado?

Gracias a la tecnología, las redes sociales y el mundo actual del progreso podemos encontrar millones de libros y guías en las que muestran que “montessorizarse” es posible sin tener un sueldo millonario. En contra de lo que mucha gente piensa y muchos educadores imaginan, Montessori puede ser un método accesible.

Para muestra os dejo cuatro libros sobre el Método en los que se ve como aplicarlo de una manera fácil, accesible y también en casa:

  • Montessori explicado a los padres de Charlotte Poussin: Un libro que se centra en explicar la teoría y la práctica del método, contando en él con fichas de actividades que pueden utilizarse. Parte de cómo se trabaja este método en la escuela para poder aplicarlo también en casa, dando importancia a la autonomía y la confianza en uno mismo como punto fuerte del método.
    Charlotte nos muestra que nuestros pequeños tienen habilidades superiores a las que cualquier padre piensa y por ello debemos fomentar el desarrollo de cada una de ellas. Por este motivo incide en la importancia de la familia y la estrecha colaboración de esta en la escuela.
  • Montessori en casa. El cambio empieza en tu familia de Cristina Tébar: Un libro que te enseña cómo elegir el camino que quieres seguir en la educación de los más pequeños. Es un libro que se basa en el método aplicado en casa, pero que se puede extrapolar al aula, ya que tiene aportes muy buenos y lo explica de una manera accesible para cualquier lector. Esta autora se basa en el desarrollo de la autonomía, la independencia, la responsabilidad y el espíritu crítico para sentar la base para convertir al niño en la mejor persona que pueda ser.

4 libros montessori

  • Enséñame a hacerlo sin tu ayuda de Maja Pitamic: Este libro no nos habla tanto de la filosofía Montessori, pero nos sorprende con actividades prácticas para llevar a cabo paso a paso. Estas actividades se basan en el desarrollo de las aptitudes cotidianas y el desarrollo sensorial, el desarrollo del lenguaje, la concepción de los números y los conocimientos de índole científica. Está enfocado a padres, pero se podrían utilizar de igual modo en el aula. El libro se basa en uno de los lemas más importantes de la pedagogía Montessori en la etapa de la infancia: “Ayúdame a hacerlo yo mismo”.
  • Cómo educar niños maravillosos con el método Montessori de Tim Seldin: Este autor es el presidente de la Fundación Montessori y escribe este libro desarrollando un programa para educar a los niños con el método Montessori desde que nacen hasta los 6 años. Se basa en la creación de la felicidad en la familia ofreciendo un amplio bagaje de actividades para fomentar el descubrimiento, la concentración, el respeto… Realiza una pequeña introducción para explicar lo básico de este método y por qué recomienda utilizarlo. Seguidamente comienza con la parte más práctica en la que podemos encontrar imágenes ilustrativas sobre actividades, materiales, etc.

Fuente artículo: http://blog.tiching.com/4-libros-aplicar-metodo-montessori-forma-asequible/

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España: Las Humanidades fueron, son y serán

Por: Luisa Rodriguez Moreno

Partiendo del hecho de que un lápiz es tecnología y que con la tecnología de Johannes Gutenberg las humanidades se diseminaron en masa y popularizaron el conocimiento por toda Europa, es fácil comprobar que, gracias a la tecnología, aquellas viven una época dorada.

Sin la filosofía no podría existir la lógica matemática; sin la historia no podría existir la memoria de los descubrimientos; sin la poesía no podría existir la comunicación; sin las humanidades no podrían existir las ciencias. Parecen afirmaciones excesivamente contundentes, pero el homo laborans, el homo faber, sólo han sido posibles a partir del homo sapiens.

¿Por qué parece que las humanidades van de baja? Esa percepción -mero espejismo- es la que la ciudadanía siente cuando se dicotomiza el saber en parcelas separadas por motivos pragmáticos, académicos o laborales. Es una estrategia fácil que ayuda a clasificar, ordenar, priorizar, seleccionar los saberes. Pero de hecho el saber es un sistema sólido, congruente e indivisible. No obstante, para orientar y guiar a las personas jóvenes se organizan las profesiones en variopintas clasificaciones que parecen excluyentes.

La tecnología no sólo no va a reducir el valor de las humanidades, sino que va a facilitar el progreso intelectual y la sabiduría en cualquier ámbito, sea el denominado  «de ciencias», sea el denominado «de letras». Son numerosos los ejemplos de científicos experimentales que se han interesado por la literatura (arquitectos, poetas, matemáticos músicos, químicos, literatos, ingenieros historiadores, médicos psicólogos)  que han cursado paralelamente carreras de ciencias y de humanidades porque necesitaban vivir la complementariedad.

Las Humanidades y la Tecnología son hermanas. Recorren la historia de bracete.

Fuente: http://www.educaweb.com/noticia/2017/04/27/humanidades-fueron-son-seran-13917/

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Brasil: Temer ya no les sirve

Por: Alfreso Serrano Mancilla

En los golpes del siglo XXI en América Latina han cambiando mucho las cosas. El nuevo formato ya no tiene una cara visible militar. Estos nuevos golpes son parlamentarios, con el poder judicial-comunicacional-económico haciendo su trabajo. Sin embargo, esto no es lo único que es novedoso. El otro aspecto crucial, que quizás haya pasado más desapercibido, es que estos nuevos golpes siempre cuentan con un ejecutor que se queda en el cargo mientras la derecha gana tiempo para buscar al verdadero candidato que debe gobernar el periodo posterior.

En el 2009 en Honduras fue Roberto Micheletti quién se quedó como Presidente transitorio luego de sacar a Manuel Zelaya de su legítimo cargo. Pero duró poco. Se logró la interrupción democrática, se sacó al Presidente electo, y luego vino Porfirio Lobo por la vía electoral, y más tarde Juan Orlando Hernández. Algo similar ocurrió en Paraguay en 2012. Se dio el golpe contra Fernando Lugo, y Federico Franco se quedó en su puesto sin necesidad de acudir a elecciones. Pero éste no se iba a quedar por mucho tiempo porque la idea era abrir la cancha para que llegara rápidamente el verdadero candidato de la derecha, Horacio Cartes, para darle estabilidad al proceso de restauración conservadora.

Lo mismo es lo que sucede hoy en Brasil. Michel Temer fue el ejecutor del golpe contra Dilma Rousseff. Asumió el 31 de agosto del 2016 sin necesidad tampoco de acudir a las urnas para implementar un conjunto de medidas económicas neoliberales en tiempo record. Privatizaciones y recortes que fueron ejecutados a gran velocidad para asentar las bases del nuevo modelo económico y social. Todo esto, unido a ser el verdugo más visible contra la democracia, le llevó a tener una popularidad por debajo del 10%. La ofensiva de la derecha es salvaje pero no estúpida. Por ello, ahora le toca sacrificar a Temer porque ya no sirve. Fue de usar y tirar.

Es por ello que el emporio O Globo, verdadero actor ordenador del Brasil, le hace la jugada para sacarlo rápidamente del tablero. La derecha necesita orden y estabilidad en Brasil, y por ello, se necesita un nuevo Presidente, resplandeciente e impoluto, con mayor respaldo popular. Temer hizo el trabajo sucio y ahora toca limpiarle la cara al golpe.

Y entonces ya se atisba a los nuevos candidatos para gestionar la ofensiva neoliberal con una cara más amigable. Uno, Joan Doria, y dos, Cármen Lúcia Antunes. El primero ganó elecciones el pasado octubre para ser Prefecto de Sao Pablo con un alto caudal de votos. Se presenta como representante de la pos política aunque tuvo algunos cargos públicos menores. Este supuesto outsider de la política, publicista, empresario televisivo y presentador de programas, parece que es el elegido por los mercados para dirigir a Brasil hacia el abismo. Seguramente no aceptará ser interino y querrá acudir a la batalla electoral. La otra persona elegida por el establishment es Cármen Lúcia Antunes, representante del aparato judicial, presidenta de la Corte Suprema, a quién le tocaría asumir mientras que se convoquen elecciones. Quizás, sea también la próxima candidata para cuando se abran las urnas.

De esta maquiavélica forma, se lustra la fachada democrática tras un golpe. Temer desaparecerá como por arte de magia como así lo hicieron Micheletti en Honduras y Franco en Paraguay. Este es el rol que tienen los operadores transitorios para poner fin al régimen democrático y abrir otro que debe aparentarlo. La nueva época golpista tiene sus propios manuales con su modus operandi. Temer ya cumplió su trabajo. Que pase el siguiente.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226892&titular=temer-ya-no-les-sirve-

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La “Peste Blanca” del siglo XXI

Por: James Petras

Exterminio del proletariado blanco y pobre en los Estados Unidos

Traducido del inglés para Rebelión por César P. Guidini Joubert

Presentación

En el curso de los dos decenios pasados en los Estados Unidos se registraron cientos de miles de fallecimientos prematuros [i] por culpa de médicos que recetan de forma totalmente irresponsable calmantes y demás depresores del sistema nervioso central, como los tranquilizantes, los cuales provocan enviciamiento, y también a causa de las contraindicaciones de tales medicamentos, cuyas consecuencias son mortales. El hecho innegable es que esos fallecimientos corresponden en su inmensa mayoría a individuos que son raza blanca y pertenecen a la clase trabajadora y a la clase media baja que vive en las regiones rurales y en las ciudades en las que cerraron las fábricas [ii] . La clase dirigente y los grandes mandamases de la oligarquía decidieron, con toda discreción, desprenderse de esa parte del país porque consideran que “sobra”. La víctima y los parientes que la sobreviven carecen de la más mínima posibilidad de conseguir que se les indemnice para reparar la negligencia general y la codicia que llevan al enviciamiento y a la muerte. El gobierno en su conjunto y la prensa, que obedece a la oligarquía, omiten deliberadamente informar de las causas últimas de la epidemia e investigarlas en consecuencia, y lo único que se puede leer y escuchar son las clásicas peroratas, pomposas y superficiales, sobre el problema.

Se examinarán en primer término las proporciones y los pormenores de la epidemia y se señalarán las causas últimas, tras lo cual se expondrán soluciones.

Cotejo de cifras

En el concierto de los países adelantados de Europa y Asia los Estados Unidos pueden reivindicar la dudosa distinción de que cuentan con la tasa más elevada de aumento del fallecimiento prematuro de individuos jóvenes y adultos de extracción obrera y de clase media baja [iii] ; ese aumento de la mortalidad prematura no se registra siquiera en los países que no son tan adelantados, salvo en los tiempos de guerra. Tal devastación, que es exclusivamente propia de los Estados Unidos, se concentra en la población blanca, pobre y con escasos estudios que vive en los pueblos y ciudades pequeñas y en las regiones rurales.

El fenómeno ya no se puede ocultar: en el curso de los dieciséis años pasados (2000 a 2016), la tasa de fallecimiento del obrero norteamericano que tiene de 50 a 54 años de edad se duplicó y pasó de 40 a 80 por 100.000 [iv] . Por el contrario, en Alemania la tasa de mortalidad del individuo de características semejantes descendió de 60 a 42 por 100.000 y en Francia lo hizo de 55 a 40 por 100.000 (2). Además, en los Estados Unidos la tasa de mortalidad del obrero blanco marginado aumentó en comparación con la cifra correspondiente a la población negra y a la procedente de América Latina. Dicho aumento de la muerte prematura señala un notable deterioro de las condiciones de vida de una fracción descomunal de la población de los Estados Unidos. Los fallecimientos se atribuyen fundamentalmente a la notable alza del suicidio, a las complicaciones que acarrean la obesidad y la diabetes, y muy particularmente, al “envenenamiento”, concepto genérico en el que, además del alcohol, los estupefacientes, y, sobre todo, los analgésicos narcóticos que receta el médico, cabe un amplio espectro de contraindicaciones.

A juicio de algunos pretendidos “especialistas” que “dominan” el problema del vicio con medicamentos, el alza de la tasa de mortalidad del obrero de los Estados Unidos se atribuye a “la mundialización y la automatización” (3). Eso es un ejemplo de lo que se denominan explicaciones “superficiales” o “falsas”, y se llaman así porque el fenómeno no se registra en los demás países industrializados; en efecto, incluso si se consideran el Japón, el Canadá y el Reino Unido, cuya economía se transformó por causa de la “mundialización” y de la moderna automatización, en ninguno de ellos se observa que aumente la mortalidad de la parte fundamental de la población.

La mortalidad del obrero del Reino Unido, Canadá y Australia se mantiene estable en unos cuarenta fallecimientos por cien mil, o sea, la mitad de la tasa de los Estados Unidos, pese a que esos países no presentan grandes diferencias en lo que respecta a las características demográficas y a la cuota del mercado mundial. La clave para comprender el presente fenómeno radica en la atención que el capital y la estructura dominante de los Estados Unidos prestan a las necesidades de la mano de obra, que ya no resulta necesaria por causa de la transformación que se opera en la economía

En los Estados Unidos el obrero blanco adulto, mal remunerado y que, con suerte, cursó la enseñanza secundaria, sobre todo el que cumple labores manuales, registra una mortalidad que cuadriplica la de aquel otro que fue a la universidad. El aumento espectacular de la mortalidad en dicha categoría demográfica se corresponde con la mayor proporción de obreros y sus familias que ya no gozan de la debida atención médica a cargo del patrón. La desaparición de los puestos de trabajo seguros y bien remunerados de la industria fabril provoca que se extiendan los fallecimientos prematuros en dicha capa de la sociedad.

En otras palabras, las muertes evitables en el mundo del trabajo aumentan de forma paralela al éxodo de fábricas al extranjero, la automatización y la contratación de obreros inmigrantes y de obreros autóctonos sin seguro y que trabajan por horas, todo lo cual acarrea que desaparezca la atención médica completa que recibe la clase trabajadora, pero precisamente gracias a eso es que la tasa de ganancia del gran de capital puede aumentar sin pausa. En otras economías capitalistas adelantadas de Europa y Asia se mantienen intactas las instituciones de salud pública y previsión social, que son de carácter universal y cumplen debidamente la misión de aliviar el daño que causan a la salud del obrero la mayor inseguridad del puesto de trabajo y el deterioro de las condiciones de vida. Dichas instituciones de salud pública salvan millones de vidas y ése es uno de los contrastes más marcados que separan a la medicina de los Estados Unidos de la que está vigente en el resto del mundo industrializado.

El “OxyContin” [v] , la Peste Blanca

La causa última de la descomunal alza de la mortalidad de obreros en los Estados Unidos es, ante todo, la decisión que tomó la clase capitalista de suprimir la atención médica general y en buenas condiciones de que gozaba el trabajador a la vez que se rebajaba el salario y se enviaban al extranjero muchos puestos de trabajo. Por esa causa, y en vista del descenso de su ingreso, el obrero no puede darse el lujo de pagar para sí y para su familia las sumas astronómicas que representan la prima del seguro de salud, la consulta al médico y la receta y la franquicia. Tampoco tiene para pagar la abultada factura de la “terapia física y rehabilitación” cuando sufre un accidente, todo lo cual explica que prefiera que le receten un analgésico narcótico gracias al que podrá soportar el dolor crónico [vi] mientras sigue trabajando.

En segundo lugar, el personal médico (médicos, enfermeras y auxiliares médicos) está sometido a fuertes presiones del patrón para que dedique el menor tiempo posible tiempo al paciente que padece de dolor crónico y lesiones por accidentes del trabajo, sobre todo, los que cuentan con recursos limitados. El salario y la retribución extraordinaria dependen generalmente del número de pacientes que se atienden por día. La clásica receta, especialmente cuando se prescriben narcóticos, sedantes, ansiolíticos y somníferos, ahorra tiempo y dinero al médico y al hospital privado. Muy rara vez recibe el obrero accidentado y el que sufre de dolor crónico el examen detenido de la historia, el debido reconocimiento, el diagnóstico serio y el consiguiente tratamiento y vigilancia posterior, pues todo eso cuesta mucho dinero.

Las sociedades farmacéuticas fabrican miles de millones de opioides de síntesis [vii] , de muy bajo costo de producción, pero cuya ganancia es descomunal, pues rinden muchísimo más que los denominados “medicamentos estrella”. Los multimillonarios dueños de los laboratorios que se dedican a los analgésicos narcóticos contratan a legiones de vendedores que visitan a los médicos y a las clínicas del dolor, aprovechando que operan en un ramo que carece prácticamente de reglamentación y que es ajeno por completo a la intervención y vigilancia del Estado capitalista. Los valedores de la industria farmacéutica gastan cientos de millones de dólares en los políticos y jerarcas públicos para proteger su ganancia, aún a costa de que aumente el número de muertes por sobredosis de quienes no pueden vivir sin el opioide que le receta el médico. La falta absoluta de intervención del Estado en la presente epidemia no tiene parangón en el mundo industrializado. Esa malévola indiferencia prueba que existe un darwinismo social, tácito, pero de carácter oficial, y que opera en las más altas esferas; es la misma ideología y práctica que antes era patrimonio exclusivo de los más ardientes defensores del fascismo y de las teorías de la eugenesia.

¿Qué da al gran capital impunidad para el asesinato?

El envenenamiento con los narcóticos recetados y con la mezcla de tranquilizantes, alcohol y estupefacientes, de consecuencias mortales, es la primera causa de fallecimiento prematuro, y evitable, en el mundo del trabajo. También debería figurar en la categoría de fallecimiento por sobredosis el obrero que pasa del vicio del estupefaciente que le receta el médico al estupefaciente que se vende en la calle, pues, en última instancia, el vicio que padece comienza en el hospital que lo atiende. Aunque nunca lleguen a conocerse, el traficante de la calle es socio del mundo de la empresa privada y de esas clínicas del dolor, que siempre están relucientes de limpias.

Las muertes prematuras por sobredosis causan increíble sufrimiento a los amigos y parientes de la víctima, pero a los ojos del “gran capital” constituyen un hecho favorable, y por esa razón la epidemia ha permanecido casi oculta por espacio de dos decenios. La prensa de los pueblos de provincia acostumbra dedicar extensos y conmovedores párrafos en recuerdo del abuelito fallecido en los que no faltan tiernas palabras acerca de la enfermedad que se lo llevó, mientras que la muerte por sobredosis del padre adulto o de la madre que fue despedida del trabajo es llorada en el anonimato y en silencio.

El fallecimiento prematuro del obrero por sobredosis engrosa considerablemente la ganancia del patrón, pues así disminuyen los gastos generales en concepto de despido, pensión, medidas de seguridad en el trabajo y cuantos otros gastos en atención médica corran de cuenta de la empresa. Se extingue el subsidio de paro y la contracción de la población trabajadora hace que bajen los tributos municipales destinados a sufragar la enseñanza y los servicios y provoca que se contraiga también la demanda de servicios sociales. No es coincidencia alguna que el marcado aumento de la muerte prematura de obreros coincida con la increíble concentración de riqueza en manos de los grandes oligarcas de los Estados Unidos.

En tales circunstancias, la fuerte merma del salario y de los derechos sociales sumada a la mayor inseguridad del puesto de trabajo hace cundir un miedo profundo en el mundo del trabajo. La mayor parte de las veces el obrero que ve con terror la pobreza en que quedará sumida su familia por la pérdida de un puesto de trabajo decente continúa trabajando a pesar de que se encuentre accidentado o enfermo y para llegar a duras penas al fin de la jornada tiene que tomar estupefacientes legales y de otro tipo. Combate el estado de inseguridad, la ansiedad y el insomnio con otros medicamentos que, a su vez, agravan el riesgo de sobredosis. El miedo y el clima envenado que reina en el lugar de trabajo lo obligan a abstenerse de solicitar la licencia de enfermedad y una buena terapia física rehabilitadora por la vía del seguro de salud de la empresa.

Los calmantes más “eficaces” y que están respaldados por una enorme propaganda, como el OxyContin, suelen ser los que provocan un enviciamiento más veloz y de consecuencias mortales. Los representantes de la industria farmacéutica que visitan clínicas y hospitales se encargan de ocultar deliberadamente la peligrosa naturaleza enviciante de esos “medicamentos milagrosos”. La víctima de tales fármacos enviciantes es casi siempre el obrero mal pago y el que no tiene trabajo, y el médico que hace la receta es un fiel servidor del patrón capitalista y de las grandes farmacéuticas. Los laboratorios cuentan con la protección de las altas esferas del Estado y, a su vez, los funcionarios de jerarquía “media” se encargan de proteger a los propietarios y al personal médico de los hospitales y las clínicas del dolor, que están en manos privadas.

Los autores de ese asesinato colectivo por sobredosis sacan un provecho descomunal y con total impunidad del caos que se provoca, pero no ocurre lo mismo con el pequeño traficante callejero que puebla las atestadas y gigantescas prisiones de los Estados Unidos. No hay un solo organismo federal, policial o de seguridad que siquiera se atreva a perseguir y enjuiciar a los propietarios de esas enormes sociedades farmacéuticas. En efecto, el brazo de la seguridad y la justicia del Estado hace de cómplice del enviciamiento colectivo, aunque los agentes de policía no son más inmunes a los narcóticos con receta que las enfermeras y demás personal médico que deben tratar a las víctimas de los accidentes de trabajo. En realidad, el problema de la muerte por sobredosis de medicamentos narcóticos que afecta al personal médico y del servicio de seguridad (incluidos los frecuentes casos de suicidio por sobredosis de quienes pierden el puesto de trabajo por culpa del consumo de narcóticos) constituye una tragedia pública de la que no se tiene noticia y por la cual nadie llora. Tampoco escapan al problema los soldados que regresan de las guerras imperiales en el Medio Oriente y el Sudeste Asiático.

Las contradicciones de una sociedad que otorga impunidad a los capitalistas que perpetran esa epidemia de muerte (la “guerra del opioide” [viii] contra la clase obrera sobrante) y, al mismo tiempo, gasta miles de millones de dinero del Estado para encarcelar al pequeño traficante de la calle y al cliente ilustran que el gobierno federal y el de los estados se encuentran sumidos en el caos y les resulta imposible intervenir como se debe en favor del ciudadano.

Con oportunidad de las elecciones internas y presidenciales del año pasado y la difusión por radio y televisión de las respectivas campañas (por primera vez) los políticos nacionales fueron interpelados en numerosas ocasiones por los ciudadanos de los pueblos de provincia que estaban alarmados por la devastación que sufren por culpa de los medicamentos narcóticos y la muerte por sobredosis. El candidato Trump hizo varias declaraciones sumamente emotivas acerca de la cuestión y, por su parte, resulta interesante destacarlo, la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton, no hizo la más mínima mención al problema a lo largo de la campaña, a pesar de que no cesó de pregonar y vanagloriarse de los “logros” que ella había conseguido en el campo de la salud.

En los últimos meses las proporciones que reviste el fallecimiento por sobredosis en los pueblos pequeños y en el campo provocaron movilizaciones populares que reclaman que el Estado haga algo. Como era de esperar, entonces se reunió rápidamente un pequeño ejército de catedráticos, especialistas y entendidos, y asociaciones privadas (ONG) y se presentó para reclamar más fondos para “investigación, formación y tratamiento”. Los mismos propietarios de las clínicas del dolor, que llevan a tantos a caer en el vicio de los medicamentos, decidieron ampliar el campo comercial y ahora se denominan “clínicas de rehabilitación”, cuyo fin es complementar la labor de las asociaciones de apoyo a la víctima y que proliferan como hongos después de la lluvia.

Ninguna de esas empresas oportunistas, más que discutibles, se propone “instruir” políticamente y movilizar al obrero enviciado con medicamentos y al resto de la ciudadanía para reclamar que se cree una institución nacional de salud pública universal como hay en otros países en los que no existe el problema del envenenamiento por medicamentos. Ni siquiera se encargan del problema de los accidentes de trabajo y de que el obrero sea tratado con opioides porque no se le presta un servicio de rehabilitación y terapia física. Los profesionales de la medicina prefieren remitir al paciente a los centros de tratamiento, en los que el problema del vicio se tratará con medicamentos que lo agravan, como la metadona, en vez de hacer frente a las consecuencias devastadoras de la quiebra de las instituciones de salud pública de los Estados Unidos, que están en manos de los seguros de salud privados que buscan el lucro a toda costa, y en consecuencia, organizarse para atender como se debe al paciente.

Del mismo modo, las instituciones de trabajo y los sindicatos del ámbito federal y estatal omiten cuidadosamente hablar de los estragos que la epidemia causa en la mano de obra. En un editorial del New York Times del 16 de octubre de 2016 se señala que millones de hombres en edad de trabajar se encuentran totalmente fuera del mercado de trabajo por causa de “dolor e incapacidad” y una parte considerable de ellos vive con analgésicos narcóticos. El efecto prolongado es obvio: el tratamiento enviciante con dichos medicamentos destruye la disciplina interna del obrero, que es imprescindible para que la industria produzca. Sería inimaginable que los industriales y los gobernantes de Alemania y de China aceptaran las consecuencias prolongadas de tal fenómeno. Ése es apenas un brillante ejemplo que revela la actitud arrogante y displicente con que la oligarquía y el mundo de la política de los Estados Unidos tratan a la mano de obra del propio país.

Los asesinos y sus víctimas se califican por su clase social y no por los “estudios” o los “conocimientos de informática” que posean. Los capitalistas de la industria farmacéutica producen mortíferas mercancías que se distribuyen con astronómicos recargos en decenas de miles de farmacias. Los destinatarios de esa mercadería son el trabajador y el individuo de clase media baja que cae víctima del envenenamiento.

Por su parte, los capitalistas y los oligarcas no tienen la más mínima necesidad de recurrir al seguro de salud, pues tienen a su disposición sus propias y exclusivas clínicas de lujo que son atendidas por el correspondiente cuadro de médicos de renombre y enfermeras que les brindan la mejor atención que se conoce. A ellos jamás se les ocurriría permitir que sus parientes fueran tratados con esos medicamentos enviciantes que devastan la vida de millones y millones de ciudadanos inferiores y los cuales les hacen ganar enormes sumas de dinero. Aunque uno nunca pueda ver y, mucho menos, visitar esas clínicas de lujo, no es difícil entender las consecuencias mortíferas que provoca ese apartheid en el campo de la medicina.

Haciendo gala de un optimismo que no es extrañar, la prensa de los Estados Unidos da cuenta de que, gracias al problema de la mortandad por sobredosis, los hospitales que realizan trasplantes cuentan ahora con numerosas partes del cuerpo que son necesarias. ¡No se consuela quien no quiere!

La clase capitalista que ha desencadenado esa “guerra del opioide contra la clase obrera” no tiene el menor problema en donar decenas de millones de dólares a los candidatos a la presidencia y los demás dirigentes de los partidos políticos para asegurarse de que las autoridades que designen en los denominados organismos de inspección del Estado se esfuercen por proteger sus ganancias en vez de la salud pública del ciudadano. Los oligarcas gozan de inmunidad casi total y eterna de dichos organismos fiscalizadores. Si, alguna vez el escándalo de las inmensas pérdidas de vidas humanas que causan los medicamentos que envenenan llega por casualidad a afectar su vida refinada del mundo de la filantropía de las bellas artes y demás actividades de la élite, tienen a su disposición legiones de “moralistas” de la prensa y del mundo oficial que se encargan de culpar a las víctimas por los hábitos malsanos que les arruinan la vida.

Una de esas compañías es Purdue Pharmaceuticals, que fabrica el OxyContin y que es propiedad de la familia Sackler, cuyos fundadores pertenecen a la cúpula de los filántropos de la cultura de los Estados Unidos. Desde que, en 1995, comenzó a girar en el ramo de los calmantes, lucrativo como no hay otro, el OxyContin redituó a la Purdue 35.000 millones de dólares y los Sackler pudieron entrar en el Olimpo de los archimillonarios del país. A ninguno de los conservadores de las Galerías Sackler y del ala Sackler del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York se le ocurriría hacer una exposición de “realismo social” que ilustre el inmenso sufrimiento y muerte que los medicamentos de sus patrones causan a millones de individuos de clase baja; pero ocurre que los gustos cambian y el “realismo social” ya no está de moda en el apartheid de clase que los Sackler y sus amigos impusieron en el país.

Los estudios serios y rigurosos sobre la evolución demográfica también han quedado anticuados. Un antiguo director de la Administración de Alimentación y Farmacia (FDA) sostiene que la moda de recetar opioides de forma indiscriminada constituye uno de los “mayores errores de la historia de la medicina moderna”, pero no hizo nada para contener la epidemia durante el período en el que estuvo al frente del organismo (1990 a 1997) ni para llamar la atención acerca de sus devastadoras consecuencias después de que dejara el cargo. En efecto, el doctor David Kessler [ix] esperó hasta hace muy poco para sumarse al coro de quienes lamentan la epidemia de opioides a raíz del sonado fallecimiento por sobredosis de Prince, la estrella del rock, y fue solamente entonces que escribió un artículo de opinión en el New York Times del 6 de mayo de 2016 [x] .

Los profesores de universidad reciben subsidios de las grandes fundaciones nacionales para “estudiar el problema de los opioides” con el fin de elucidar particularmente los trastornos psicológicos que padece la víctima de sobredosis y las patologías sociales del traficante de la calle. Eso desvía la atención de los laboratorios farmacéuticos, que lucran con la epidemia, y de los gobernantes del capitalismo, que prepararon el terreno para ese envenenamiento colectivo en todo el país. Pero, el ascenso en la universidad, el reconocimiento de los colegas y los jugosos subsidios de investigación no son para quien cometa la tontería de señalar con el dedo a las farmacéuticas asesinas, las peligrosas condiciones de condiciones de trabajo, las horas extras, la escasa paga, el aumento de los accidentes de trabajo y las enfermedades y la desesperación que hacen que el obrero pase de manos de la empresa asesina a manos del “papá laboratorio”, ni tampoco para el que se atreva a denunciar a los médicos que estimulan al trabajador a que recurra al veneno de los calmantes en vez de reivindicar aumento de salario, mejor atención médica, mejores condiciones de trabajo y un futuro de verdad para su familia.

Es urgente que se tomen medidas en serio. La realidad de los cientos de miles de fallecimientos por culpa de la “receta de la muerte” y de los millones de víctimas del vicio de los medicamentos deben reclamar que se cree una fiscalía especial nacional que se dedique de forma exclusiva a desentrañar las causas últimas de esta epidemia que no remite y las cuales radican en el ánimo de lucro que mueve a la élite social y económica del país. La investigación deberá encaminarse a perseguir a la extensa red de chantajistas y propiciadores, en la que caben desde los valedores de los laboratorios farmacéuticos y los jerarcas del Estado corruptos hasta los médicos y los periodistas, porque la presente epidemia afecta a decenas de millones de trabajadores y a su familia, amigos, compañeros de trabajo y al medio en el que viven. ¿Y dónde están los defensores del niño que representen los intereses de los miles de hijos de madres de las comarcas rurales atrapadas por el OxyContin que nacen con el síndrome de abstinencia neonatal y que desbordan la capacidad de los hospitales del campo y de los pueblos?

Soluciones

La cadena que forman el enviciamiento con medicamentos y la muerte por sobredosis obliga a hacer algo más que propaganda con las típicas fotos de los centros de tratamiento de los pueblos. En efecto, hay que encarar decididamente el problema de los opioides con receta y enjuiciar en consecuencia a los laboratorios criminales, y perseguir, sobre todo, a los capitalistas que explotan al obrero vulnerable, le niegan protección, condiciones de trabajo seguras y la atención médica debida. Se impone una transformación fundamental de la relación del capital y el trabajo en este país.

Los planes del capital, que merman el salario y la seguridad del obrero, obligan a contar con un ejército de reserva más numeroso, que forman los desocupados y los trabajadores mal pagos. Habiendo tantos obreros autóctonos que sufren incapacidad por accidentes y otros que están apartados del mundo del trabajo por culpa del enviciamiento, se debe recurrir a la mano de obra zafral procedente del extranjero, cuyo país de origen se encargó de que esa mano de obra creciera, estudiara y se preparara para la vida, con el consiguiente gasto. En otras épocas eso se llamaba “éxodo de cerebros”, pero ahora es el “éxodo de cerebros y de músculos hábiles”. Gracias a los recursos que gastan otros países para criar e instruir a la mano de obra que luego emigra, el capitalismo y los gobernantes de los Estados Unidos pueden recortar drásticamente el gasto social que se destina a instruir y cuidar la salud del trabajador autóctono.

No hay otra forma de contrarrestar ese fenómeno en los Estados Unidos que instaurar una norma de inmigración que sea racional, calibrando bien previamente el número, composición y condiciones de la mano de obra nacional. Hay que poner límites al poder que tiene el capital de contratar y despedir libremente al obrero estadounidense y de arrasar en consecuencia pueblos y regiones enteras.

Los valedores de los grandes laboratorios farmacéuticos y los organismos oficiales de inspección, que lucraron o simplemente pasaron por alto el gigantesco problema del vicio de los medicamentos y la muerte por sobredosis, deberán recibir el mismo trato que el delincuente que mata y el que causa lesiones.

Los médicos, que deciden recetar grandes dosis de medicamentos narcóticos muy potentes que llevan al enviciamiento y a la sobredosis mortal, deberán ser reeducados y sometidos a vigilancia, si no quieren perder la licencia y verse obligados a responder ante la justicia. Desde los primeros momentos de la epidemia, conocían la naturaleza de dichos medicamentos que provocan enviciamiento. No son pocos los propios médicos y personal auxiliar que quedan “enganchados”. Los que explotan las denominadas “fábricas de píldoras”, en las que se recetan y venden alegremente toda clase de remedios, deberán ser castigados con severas penas, es decir, largos años de reclusión. Los profesionales de la medicina podrían haber decidido pelear para que el paciente accidentado tuviera la rehabilitación y terapia física necesarias, pero por su avaricia y voracidad contribuyeron al desastre actual. ¿En qué se distinguen, realmente, de los psicólogos de renombre que contrata el gobierno de los Estados Unidos para inventar métodos de tortura?

Sin embargo, hay otros que intentaron dar la alarma. No se puede dejar de reconocer y recompensar a los farmacéuticos, médicos, enfermeras y organismos de inspección que resistieron la presión de recetar y estimular el consumo de los opioides con meros fines de lucro y, en vez, procuraron intervenir para proteger al paciente vulnerable y alertar del problema. Muchos de ellos sufrieron represalias en la vida profesional por su conducta de “denunciante”. La medicina de los Estados Unidos se rige por el lema “primero el lucro y después el paciente”, lo cual explica que sea la única nación industrializada en la que ocurre el presente fenómeno demográfico; eso debería servir de moraleja a aquellos países que piensen instaurar los principios yanquis en el campo de la medicina y, en particular, los métodos lucrativos que se aplican para tratar el “dolor” crónico, con las consecuencias mortales ya conocidas. En un artículo de investigación aparecido hace poco en Los Angeles Times y que se titula OxyContin goes global – “We’re only just getting started” [xi] [“El OxyContin al asalto del mercado internacional: ‘Esto es apenas el principio’”] (18 de diciembre de 2016) se explica con detalle la multimillonaria campaña emprendida por los laboratorios que fabrican opioides para radicarse en otros mercados y se documenta el abrupto aumento de los fallecimientos por sobredosis.

El elemento imprescindible para resolver esta crisis descomunal radica en que se instaure en todo el país un régimen universal de salud pública y que el Estado se haga cargo de él. ¿De dónde saldría el presupuesto necesario? De suprimir las exenciones tributarias a los ricos y de repatriar y gravar los billones (1.000.000.000.000) de dólares de beneficio que las sociedades yanquis guardan en los paraísos fiscales y, también, de gravar las grandes herencias. Ésa sería una medida redistributiva que iría en contra de la inmensa acumulación de riqueza y gracias a la cual habría oportunidades en el campo de la enseñanza, la movilidad social y la promoción en el puesto de trabajo. Sólo entonces se vería que disminuye el consumo desenfrenado de opioides entre los obreros que descienden en la escala social, el número de muertes por sobredosis y también el alza de la mortalidad.

Habría que gravar a las sociedades que se trasladan al extranjero para combatir la fuga de capitales y también imponer un gravamen del uno por ciento a las operaciones de carácter especulativo, como las que se hacen en la Bolsa.

Una institución nacional de salud pública que brindase atención completa rebajaría drásticamente los onerosos gastos generales de administración. También se reducirían notablemente los tratamientos y métodos innecesarios y poco éticos y demás formas de estafa que son endémicas en las actuales instituciones médicas “con fines de lucro”. Los recursos que se consiguiesen con dichos ahorros se destinarían a mejorar la atención médica y los servicios correspondientes.

Con esas reformas de los servicios sociales, la justicia y la tributación se conseguiría sustentar un servicio universal de salud pública para todo el país que se apoyaría en la estructura del actual Medicare [xii] , que ha dado tan buen resultado para la población mayor en los últimos decenios. Además, así se podría fortalecer la mano de obra nacional, que contaría con un obrero sano, bien remunerado, eficiente y que tuviese el puesto de trabajo asegurado.

Los gobernantes y demás dirigentes políticos de los Estados Unidos, actuales y del pasado, dilapidan billones de dólares del presupuesto público en numerosas guerras contra el terrorismo y operaciones de “cambio de régimen” y en sufragar las instituciones carcelarias más descomunales de la historia de la humanidad, pero dejan de lado la muerte prematura y la destrucción de sus propios ciudadanos, provocadas por los métodos “legales” que aplican los laboratorios farmacéuticos y los profesionales de la medicina. Las soluciones se dejan en manos de las generaciones futuras, que deberán meditar lo que se hace, pero ahora los de abajo reclaman con fuerza que se ponga fin a esta crisis. El obrero marginado y los pobres del campo que votaron en masa por primera vez contra la “candidata de las grandes farmacéuticas” Hillary Clinton y eligieron al oportunista “multimillonario” Donald Trump se concentran en las mismas zonas que han sido devastadas por la epidemia de los opioides (y el suicidio de obreros). Esas capas marginadas que siempre fueron despreciadas por los políticos tradicionales y a las que la candidata Clinton tachó de “miserables” [xiii] no necesitarán grandes discursos para convencerlas de que apoyen la creación de un servicio nacional de salud pública, que es el primer paso para encarar el actual problema de la vida y la muerte que sufre el obrero de los Estados Unidos.

Además, la evolución actual de la industria, con el recurso a los adelantos técnicos, como los autómatas y la inteligencia artificial, sirve a la ganancia del capitalista, pues se consigue prescindir del obrero y explotar mejor a los quedan, amén de recortar el oneroso gasto en atención médica y en pensiones. Esa nueva relación del capital y el trabajo puede y se debe substituir por otra, en la que técnica esté al servicio del obrero, ya que se lograría mejorar las condiciones de trabajo y reducir la semana de trabajo de cuarenta a treinta horas con igual salario, que era la reivindicación general del movimiento obrero en la década de 1950.

Pero esos cambios no vendrán de la mano de los proyectos de investigación “neutrales” que llevan a cabo las universidades gracias a los fondos que aporta la patronal ni tampoco de los vacuos seminarios que dictan los “especialistas” de las famosas asociaciones privadas (ONG).

La verdadera oposición a esta “guerra de clase con receta médica” dependerá de la solidaridad y la lucha. El obrero debe librarse de este flagelo. No tiene nada que perder, salvo el peligroso y degradante vicio de los medicamentos, pero tiene en cambio un mundo y un verdadero futuro que ganar. Parafraseando a Trump [xiv] , ¡solamente los obreros pueden hacer que los Estados Unidos se vuelvan a levantar!



Notas del Traductor

[i] Según datos de los Centros de Erradicación y Prevención de Enfermedades, se registraron más de medio millón de fallecimientos en el período comprendido entre los años de 2000 y 2015:

https://www.cdc.gov/drugoverdose/epidemic/?utm_source=Bruegel+Updates&utm_campaign=50f07a51aa-Blogs+review+25%2F03%2F2017&utm_medium=email&utm_term=0_eb026b984a-50f07a51aa-278510293

[ii] Han aparecido últimamente numerosos artículos que dan cuenta del problema en la prensa de los Estados Unidos:

“The Enemy is Us: The Opioid Crisis and the Failure of Politics”  

https://www.dissentmagazine.org/online_articles/opioid-crisis-failure-politics-fda-neoliberalism

“The American opioid epidemics”  

http://bruegel.org/2017/03/the-american-opioid-epidemics/  

“American Carnage: The New Landscape of Opioid Addiction ”

https://www.firstthings.com/article/2017/04/american-carnage

“Mortality and morbidity in the 21st century”

https://www.brookings.edu/wp-content/uploads/2017/03/6_casedeaton.pdf

Why Connecticut’s drug overdose crisis isn’t slowing down

https://overdose.trendct.org/

Why Did The Death Rate Rise Among Middle-aged White Americans?

http://www.newyorker.com/news/john-cassidy/why-is-the-death-rate-rising-among-middle-aged-white-americans

How Government Enables the Opioid Epidemic and Tax-Payers Help Fund It

http://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2016/03/16/opioid-addiction.aspx

[iii] Ellen Meara y Jonathan Skinner (“Losing ground at midlife in America”) comparan el fenómeno con el ocurrido tras la disolución de la URSS, en cuya oportunidad la tasa de fallecimiento de varones fue aún más elevada que la actual en los Estados Unidos.

http://www.pnas.org/content/112/49/15006.full

[iv] Shawn Donnan: “White ‘deaths of despair’ surge in US”, Financial Times, 24 de marzo de 2017 https://www.ft.com/content/34637e1a-0f41-11e7-b030-768954394623

[v] http://www.narconon.org/es/informacion-drogas/oxycontin.html

[vi] Se cifra en cien millones el número de pacientes que sufren de dolor crónico:

http://nationalacademies.org/hmd/Reports/2011/Relieving-Pain-in-America-A-Blueprint-for-Transforming-Prevention-Care-Education-Research/Report-Brief.aspx

[vii] http://www.eldiario.es/theguardian/Fentanilo-potente-heroina-New-Hampshire_0_483652257.html

[viii] http://www.eldiario.es/theguardian/historia-opiaceos-Unidos-infantil-militar_0_495900433.html

[ix] https://en.wikipedia.org/wiki/David_A._Kessler

[x] https://www.nytimes.com/2016/05/07/opinion/the-opioid-epidemic-we-failed-to-foresee.html?ref=opinion

[xi] http://www.latimes.com/projects/la-me-oxycontin-part3/

http://www.latimes.com/projects/oxycontin-part1/

http://www.latimes.com/projects/la-me-oxycontin-part2/

[xii] https://es.wikipedia.org/wiki/Medicare

[xiii] https://www.nytimes.com/2016/09/11/us/politics/hillary-clinton-basket-of-deplorables.html

https://en.wikipedia.org/wiki/Basket_of_deplorables

[xiv] El autor parafrasea el lema que presidió la campaña de Donald Trump: “Make America great again!”.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=226907&titular=la-%93peste-blanca%94-del-siglo-xxi-

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