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Cuba: Cultura, ética y educación en tiempos de tornados

Cultura, ética y educación en tiempos de tornados

Ernesto Limia Díaz

A raíz del indignante e impermisible ciberacoso de que es víctima el joven actor, Roberto Espinosa, quien protagoniza el papel del violador en la novela cubana El rostro de los días, sostuve un intercambio de opiniones en el muro de Facebook de Julio César Pagés con el profesor Luis Álvarez. Ante una justa preocupación suya, escribí estas ideas a las que aporté mayores argumentos para publicar aquí. Son mis modestas opiniones sobre temas que considero relevantes, en cuya solución todos debemos trabajar:

17 de agosto de 2020

Profesor Luis Alvarez, no hay diferencia entre lo que ambos pensamos. No me preocupa solo la escuela, no la creo el principal responsable de los problemas educacionales que afrontamos, cuyo reflejo son, al decir de Raúl, «la presencia de comportamientos cívicamente inaceptables en sectores cada vez más extendidos de la sociedad». Lo que más me preocupa son las fallas en el sistema educacional, en el que como sistema la escuela es solo un eslabón, con problemas crecientes —duele decirlo— por las fallas en la formación y falta de cultura de profesores graduados en los últimos lustros, que no pocas veces son los de menor nivel entre quienes vencen la enseñanza preuniversitaria. Y no estoy generalizando, solo llamo la atención sobre ello a partir de lo que me han expresado quienes se encargan de su formación.

Ahora, en el sistema educacional debieran articularse mejor todo el/la que tenga un papel decisivo en la formación de nuestros hijos y nietos: MES, Mined, Mincul y su sistema institucional, el Inder, la familia, la Uneac, la Brigada de Instructores de Arte, los medios masivos de comunicación, la UJC y las organizaciones estudiantiles; en fin, cuantos pueden aportar o están aportando. Me detengo solo en la cultura para no enjuiciar terrenos en los que no trabajo: ¿Es cierto que la escuela es la más importante institución cultural de la comunidad? Esa es la meta, pero quien afirma eso confunde el estado de deseo con la realidad. Para lograrlo hay mucho, muchísimo por hacer, y articular, y se lo dice alguien que le dedica gran parte de su vida a ese propósito: un programa semanal de promoción cultural, la Sabatina del Fresa y Chocolate; un programa semanal de radio, Cuba Libre, en la emisora Habana Radio; un círculo de interés con niños de 5to grado en la maravillosa escuela primaria Frank País García del municipio Plaza de la Revolución.

¿Los problemas con los que chocamos cada día: la indecencia, la intolerancia, el racismo, la discriminación contra la mujer y contra la libertad de las personas a escoger su preferencia sexual, el hedonismo, el egoismo y el individualismo extremo que nos chocan más porque antes eran expresiones aisladas, responden a comportamientos legítimos de quienes se manifiestan así o son conductas, proyecciones o hábitos inducidos por los centros hegemónicos de poder? ¿No lleva ello, cualquiera que sea la causa, un esfuerzo superior en materia de formación humanista? Sin embargo, cuando se redujo el tiempo físico de la enseñanza superior, ¿cuáles fueron las primeras víctimas, no fueron las asignaturas de humanidades?

En un país en el que resulta esencial la ética como columna vertebral de la construcción del socialismo, ¿por qué Ese Sol del mundo moral, de Cintio Vitier, un libro excepcional, no forma parte de la bibliografía básica de nuestras universidades, qué lo impide? Lo he preguntado en todos lados frente a rectores/as y vicerectores/as, profesores, alumnos. Nadie opina, nadie dice una palabra. Siempre recuerdo que cuando comenzó la batalla de ideas Fidel lo mandó a publicar varias veces para regalarlo a los egresados en el acto de graduación del Carlos Marx.

¿Por qué de Félix Varela y de José de la Luz y Caballero nuestros estudiantes solo conocen sus nombres, o cuando más aspectos de su vida, pero no saben nada de su proyección social y su hondo pensamiento, en no pocas aristas vigente por su alcance fundacional? ¿Cuánto podrían aportar las enseñanzas de Varela y los aforismos de Luz?¿Por qué Los silencios quebrados de San Lorenzo, del Dr. Rafael Acosta de Arriba, que aborda la vida, pensamiento y proyección civilista de Carlos Manuel de Céspedes, no está igual como bibliografía básica de la universidad, en un país en el que la cultura civilista atraviesa tan grandes desafíos?

Constituye un logro la presencia de la educación artística curricular en toda la enseñanza primaria, secundaria y en la formación de maestros; más cabe preguntarse: ¿tiene el alcance y la profundidad que se necesita esta asignatura que tanto aportó a la sensibilidad de varias generaciones de cubanos? ¿Quién le está poniendo ciencia al llevado y traído tema de la lectura y de cómo promoverla, no en correspondencia con lo que plantean los «especialistas», sino como resultado de un estudio profundo de alcance nacional?

Y aquí es importante tener en cuenta el criterio de la Dra. Graziella Pogolotti, quien ha explicado y escrito que la lectura resulta esencial entre los estudiantes, pero no vista como un simple acto de ejercicio escolar. No se trata de leer por leer, sino de enseñar desde las escuelas a encontrar lo que se esconde detrás de las palabras y ello debe aprenderse desde los primeros años y debe nacer desde la producción oral y escrita. Una cosa es la información y otra el conocimiento; la primera es auxiliar y el segundo se procesa, se metaboliza, mediante la formación de la capacidad de pensar y relacionar las cosas, los acontecimientos. Este es un entrenamiento que nace de la lectura y comienza en la educación primaria y, como insiste la Dra. Pogolotti, es importante fomentar la lectura como base de la comunicación entre los seres humanos, porque cuando la gente no se puede comunicar con palabras lo que queda es la violencia.

En este curso a transitar inexorablemente, ¿cuántos más no podemos actuar profesores, artistas, instructores de arte, periodistas, intelectuales en general, aprovechando las redes sociales, y en particular Facebook, la preferida en nuestro país, para promover fundamentos culturales y artísticos descolonizados, revolucionarios en la acepción total de la palabra?

¿Cómo detenemos la avalancha de insultos, ofensas y vulgaridades —de izquierda y de derecha— en las redes sociales de Internet? ¿Por qué nuestros medios informan acerca de la corrupción económica y no damos la pelea contra toda esta corrosiva podredumbre moral desde los presupuestos de la comunicación política y las ciencias sociales revolucionarias con una fuerza de huracán? ¿Por qué al impresentable Otaola le plantamos un oponente que deja mucho que desear? ¿Por qué funcionarios vulgares actuan en ocasiones con cierta sensación de impunidad dado que nos empeñamos en presentar o asumir la crítica como una amenaza? ¿Por qué no acabamos de ver la crítica como una oportunidad? ¿Se puede construir el consenso social en los tiempos que corren con intolerancia, sectarismo y dogma, contraponiendo «cartelitos» o soluciones administrativas al debate de ideas y conceptos? ¿En tiempos de la revolución de las comunicaciones podemos hacer como el avestruz cuando no nos gusta una opinión o la consideramos desacertada? ¿En los tiempos que corren podemos prescindir de enamorar, persuadir y sumar a la mayor cantidad de gente a las proyecciones de nuestra vanguardia revolucionaria? ¿Podríamos llamar vanguardia artística o intelectual a quienes discuten en espacios reducidos, distantes de los intereses y aspiraciones de los seres comunes?

Son preguntas que debemos plantearnos y someter a debate cada uno de nuestros días para que nuestra ejecutoria no pierda el rumbo ideológico y moral de la Generación del Centenario. Son tiempos de sumar. Frente a la apatía y la indiferencia, debemos contagiar entusiasmo. Y ser consecuentes… No podemos criticar el delito entre la marginalidad y callar ante el delito de «cuello blanco», nuestro pueblo no lo perdonará; no podemos hablar del valor de la historia y reducirla a efemérides, a veces tan mal recordadas que hubiese sido preferible pasarlas por alto. No podemos decir que es importante leer, si la gente aprecia que la mayoría de nuestros cuadros políticos, gubernamentales, culturales y educacionales no le dedican tiempo a la lectura más allá de los contenidos asociados a su especialidad o su tarea; o al menos, que no hablan y promueven los libros que leen. En el pueblo de Fidel, Raúl, el Che, Carlos Rafael Rodríguez, Raúl Roa, Osvaldo Dorticós, Armando Hart, eso constituye un retroceso.

La Revolución siempre estará bajo el acoso de nuestros «ilustres» vecinos, que aspiran a tragarnos y para ello no escatiman esfuerzos y dinero. Así ha sido desde el siglo XVIII y nada cambiará. Unas veces nos querrán destruir mediante la violencia económica y el terrorismo; otras mediante el abrazo de la muerte; en ocasiones, en una combinación de ambos métodos. Hay un pequeño segmento, pequeñísimo me atrevo a asegurar, de intelectuales criollos —dentro y fuera de Cuba— que responden a su plataforma con bases neoplattistas y a los que debemos combatir desde la máxima martiana que Fidel hizo suya: «Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras», sin olvidar un principio esencial de la política cultural trazada por el líder de la Revolución Cubana en 1961: «Solo renunciar a los incorregiblemente reaccionarios, a los incorregiblemente contrarrevolucionarios».

Tampoco olvidar que la bronca es por el corazón cubano y nuestros hijos y nietos nos están observando. Esta pelea nos exige mostrar la altura moral y la audacia de quienes nos trajeron hasta aquí, y es bueno dejar claro que no entregaremos de rodillas la patria que nuestros abuelos y padres nos legaron de pie.

El problema que tenemos es esencialmente cultural y se gana aquí adentro, con nuestros propios esfuerzos. Como dijo Fidel en el 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana: solo nosotros estamos en la posibidad de autodestruirnos. Y se trabaja, no tengo duda; se hacen grandes esfuerzos, pero se impone una superior articulación, una mayor intencionalidad de las acciones y, definitivamente, menos consignas y más creatividad y estrecho trabajo entre quienes integran o pueden contribuir con nuestro sistema educacional, que como ya apunté, es más que la escuela o la universidad. A eso nos está llamando Díaz-Canel, representante de lo más genuino del hombre y la mujer nuevos anunciados por el Che; en ello, no tengo duda, nos va la vida de la Revolución, y nuestros sueños. Afrontémoslo con entereza, inteligencia y compromiso con las bases populares de nuestro pueblo. Y sobre todo, afrontémoslo con cultura: La cultura salva. La cultura no solo es la patria, de la cultura depende el futuro de la especie humana.

Autor: Ernesto Limia Díaz

Fuente de la Información: http://www.cubadebate.cu/opinion/2020/08/18/cultura-etica-y-educacion-en-tiempos-de-tornados/#.X0BCgShKh0w

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Rutas africanas de personas migrantes y refugiadas: una travesía mortífera

En busca del paraíso europeo 16.724 personas migrantes y refugiadas llegaron al viejo continente por mar entre enero y abril, informó la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas, un 16% más que en el mismo periodo de 2019; de las 256 muertes registradas en las tres rutas del mediterráneo, 146 corresponden a la denominada central, cuyo destino es Italia y Malta. Pero no se trata de balances contables ni de gélidas estadísticas. El pasado 7 de agosto la OIM y ACNUR dieron cuenta del fallecimiento en el mar de 27 personas que habían partido de Dakhla (Sáhara Occidental) rumbo a las Islas Canarias; tuvieron problemas con el motor de la embarcación, “los pasajeros a bordo –la mayoría de origen subsahariano- quedaron varados en alta mar y empezaron a sufrir deshidratación extrema”, destacaron las citadas fuentes.

Es el contexto en el que ACNUR presentó a finales de julio un informe –En este viaje a nadie le importa si vives o mueres– realizado junto al Centro de Migración Mixta (CMM) del Consejo Danés para los Refugiados, sobre la muerte y “abusos extremos” en las rutas (terrestres) entre los países del África Oriental y Occidental así como en la costa mediterránea africana. Basado en cerca de 16.000 entrevistas, principalmente a personas que se desplazaron por estas rutas, el documento detalla que un mínimo de 1.750 migrantes y refugiados habrían muerto durante 2018 y 2019 en estas travesías (un promedio de 72 decesos mensuales). Pero la cifra no ha de considerarse el número absoluto de víctimas.

“Se trata de una de las rutas más mortales para migrantes y refugiados en todo el mundo”, concluye ACNUR. En el itinerario occidental, los migrantes transitan por Mali, Burkina Faso o Níger antes de cruzar el desierto; en la ruta oriental y el Cuerno de África pasan por Sudán (ciudades como Gadarif y Kasala) y atraviesan el desierto en dirección a Egipto y Libia; en cuanto a la ruta del norte –Egipto y Libia-, uno de los rasgos principales es la dependencia de los contrabandistas (en Libia las personas migrantes pueden estar durante dos años en manos de los traficantes).

El foco principal de las muertes (28%) fueron los territorios del desierto, según el reporte, principalmente entre Níger y Libia, pero también en el desierto entre Sudán y Libia, y entre Sudán y Egipto. Otros puntos con elevado número de muertos son Sabha, Bani Walid y Trípoli (Libia), Agadez (Níger), la ciudad de Tamanrasset, en el sur de Argelia, y Bamako (Mali); los entrevistados (42%) señalaron como principal causa las enfermedades y la falta de acceso a medicamentos, muchas veces sumados a la deshidratación, el hambre y la falta de un refugio adecuado; además el 19% apuntaron como factor determinante el accidente de los vehículos y el 13% los disparos y apuñalamientos. “Asesinados 30 migrantes en Libia en venganza por el linchamiento de un traficante de personas”, tituló Europa Press el pasado 28 de mayo, respecto a la matanza de migrantes bangladesíes en la ciudad libia de Mizda.

ACNUR ha dado cuenta de otras escabechinas. En junio de 2018 los tratantes asesinaron en Bani Walid, al sureste de Trípoli, a más de una docena de personas después que un grupo de migrantes eritreos, etíopes y somalíes intentaran escapar de la cautividad (algunos de ellos permanecían en esta situación durante tres años). En julio de 2019 el escenario de los ataques fue el centro de detención de Tajoura (cerca de la capital libia), “que albergaba al menos a 600 personas refugiadas e inmigrantes”; así, el bombardeo al centro de Tajoura, en el contexto del conflicto interno en Libia, causó decenas de muertos.

Y atravesando el desierto –sobre todo desde Níger a Libia, y entre Sudán y Egipto- también se produjeron el mayor número de agresiones y actos de violencia sexual (18%), seguido de Trípoli, Jartum y Bamako, según el reporte En este viaje a nadie le importa si vives o mueres; los entrevistados atribuyeron la autoría principal de estos ataques –consideradas las tres rutas- a los contrabandistas (45%), seguido de policías y militares (19%), individuos desconocidos (12%), bandas criminales (11%) y otros migrantes (10%). Se da la circunstancia que el 31% de las personas entrevistadas fueron testigo o sufrieron la violencia sexual en más de una ocasión. En el este de Sudán, ACNUR registró –entre 2017 y 2019- más de 630 casos de trata de refugiados y cerca de 200 mujeres y niñas que sobrevivieron a los ataques machistas.

La agencia de la ONU y el CMM han recogido testimonios sobre torturas, trabajos forzados y personas obligadas a prostituirse durante el periplo hacia el Mediterráneo Central; también de quemaduras con aceite caliente, plástico derretido y objetos metálicos; electroshocks o personas atadas en “posiciones estresantes”. El recorrido por el desierto, principalmente de Níger a Libia (11%), constituyó el eje de la violencia física, además de Bamako, Trípoli, la región de Segú, en Malí, y Agadez; a las fuerzas de seguridad, ejércitos, oficiales de inmigración y guardas de frontera se les atribuyó el 47% de los casos, mientras que a los contrabandistas, el 29%. Por el contrario fueron los traficantes quienes perpetraron la gran mayoría de los secuestros (79%), con epicentro en la ruta de Sudán a Egipto.

No son historias que puedan insertarse en la última hora mediática, ni en la actualidad al rojo vivo. Hace menos de un año la OIM detallaba que entre 2014 y 2019 habían muerto, en las rutas de tránsito a través de África, 7.400 personas, aunque la cifra podría ser muy superior; la información se complementaba con el testimonio de Patrick, de origen Nigeriano y entrevistado en Dirkou (Níger): “Tras una semana en el desierto, no pude seguir más, de modo que le dije a mi grupo que me dejaran ahí… Después de hallar a 23 sobrevivientes, ellos me encontraron, un poco alejado del montón de cadáveres…”. Los “terribles abusos”, concluyen ACNUR y el CMM, tal vez hayan quedado ensombrecidos por otro hecho: la reducción –desde mediados de 2017- del número de migrantes y refugiados que han logrado franquear el Mar Mediterráneo, de Libia a Europa (ruta del Mediterráneo Central).

Los atropellos y las penalidades no terminan en el desierto ni en las rutas terrestres. Tras ser rescatados en el mar o interceptados por los guardacostas libios, muchos de los migrantes son retornados al país norteafricano (14.300 refugiados y migrantes fueron desembarcados en Libia entre enero de 2019 y junio de 2020); ACNUR explica en un comunicado la continuación del itinerario: “Estas personas a menudo son recluidas de forma arbitraria en centros de detención oficiales, donde se enfrentan a abusos diarios y condiciones deplorables. Otros terminan en centros ‘no oficiales’ o almacenes controlados por los traficantes y redes de trata, que los someten a abusos físicos para sacarles más dinero”.

La Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) y la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos han señalado que Libia no es un país “seguro” para las personas rescatadas en el mar,  ante el riesgo de que se violen los derechos humanos (informe Desperate and dangerous, diciembre 2018); añaden que los países de la UE aplican políticas “para impedir que alcancen las costas europeas, lo que contribuiría a atrapar en Libia a miles de personas desesperadas”.

Es la llamada externalización de las fronteras de la Unión Europea (UE). ¿En qué consiste? Más allá de los programas oficiales de formación, asistencia, protección y fondos fiduciarios, los 50 colectivos sociales que organizaron una concentración el pasado 23 de noviembre en Madrid (Fronteras en venta) difundieron la siguiente definición: “Se traduce en pagar a los países del sur para que hagan el ‘trabajo sucio’: la UE transfiere fondos y hace favores políticos a terceros países (Libia, Turquía, Marruecos) para la construcción de muros, concertinas y centros de detención, formación de policía fronteriza y suministro de barcos”. Y de ese modo –con la apariencia de la cooperación internacional- blindar las fronteras.

Fuente: https://rebelion.org/rutas-africanas-de-personas-migrantes-y-refugiadas-una-travesia-mortifera/
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Inmigrantes gaseados con un desinfectante industrial altamente tóxico

Por: Dave Lindorff

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

 

A medida que nos aproximamos al momento de la verdad del primer –y esperemos que único– mandato presidencial de Donald Trump (el 3 de noviembre, fecha de la elección), se multiplican las acusaciones de tendencias fascistas e incluso de nazis contra él y su Administración.

Pero esta última que quiero comentar es particularmente horrible: el uso de un poderoso desinfectante “exclusivamente para uso industrial” llamado HDQ Neutral contra inmigrantes detenidos en el ICE Adelanto, un centro de detención con ánimo de lucro en las afueras de Los Ángeles financiado por la Administración Trump.

Según un informe del diario británico Independent, este poderoso producto tóxico derivado del amoniaco ha sido utilizado para rociar a las personas detenidas en dichas instalaciones a pesar de que la empresa fabricante advierte de que solo puede utilizarse cerca de personas en exteriores, nunca en espacios cerrados. El caso es aún es más grave, porque según declaraciones de los afectados, el producto fue pulverizado directamente sobre los detenidos, aunque la etiqueta advierte de que “puede provocar daños permanentes a los ojos” y su inhalación puede provocar daños pulmonares, dificultad para respirar y asma.

¿Cuál es su conexión con los nazis? Tal y como señala Charles Vidich (autor de un elocuente y oportuno libro de próxima publicación sobre la historia de las cuarentenas en Estados Unidos, que abarca desde los primeros días de las colonias en el siglo XVII hasta el presente, Germs at Bay), el Zyklom B, el gas exterminador preferido por Hitler en los campos de exterminio, era en realidad un poderoso insecticida basado en el cianuro inventado a finales del siglo XIX. Este insecticida fue utilizado durante décadas, hasta bien entrado el siglo XX, para fumigar los barcos utilizados para el comercio internacional con el fin de exterminar a las ratas, ratones, pulgas y otras plagas. Los nazis utilizaron una variante del producto para eliminar judíos, gitanos, comunistas, personas con deformidades y retrasos y otros “indeseables” durante los años de la guerra.

Ahora tenemos a la Administración Trump, un individuo cuya familia posee un historial de simpatías nazis y que ha calificado de “buena gente” a los manifestantes nazis de Estados Unidos, utilizando un insecticida/desinfectante altamente tóxico y potencialmente fatal para rociar a inmigrantes detenidos que esperan la deportación.

Según informaron a Reuters una organización denominada Coalición para el Cierre de Adelanto y otra ONG llamada Earthjustice, los inmigrantes encerrados en el centro de detención de Adelanto han estado siendo rociados “cada 15 o 30 minutos”, en ocasiones directamente sobre el cuerpo, con un producto químico que según la compañía solo puede ser usado en exteriores o en zonas bien ventiladas. Los informes de las afecciones provocadas después del rociado mencionan sarpullidos, sangrados de nariz, náuseas, dolores de cabeza y dificultades para respirar entre otros síntomas.

Debo señalar que cuando supe por primera vez las maneras despiadadas en que sus propietarios trataban a los esclavos africanos en las colonias y posteriormente en Estados Unidos, me impresionó, a pesar de mi juventud, que esos propietarios blancos fueran más crueles con ellos que con sus propias bestias de carga. Cuando tuve más años comprendí que el maltrato a los esclavos –los latigazos, la mala alimentación, el trabajo excesivo– era un mecanismo de control, un proceso de deshumanización tanto del amo como del esclavo que no era necesario cuando se trataba con caballos o con el ganado. Me doy cuenta de que el mismo análisis es aplicable al modo en que el centro de detención y su personal abusan cruelmente de los inmigrantes detenidos.

Afortunadamente, el HDQ Neutral no es tan tóxico como el gas Zyklon B utilizado por los escuadrones de la muerte nazis en los campos de exterminio alemanes, pero estos hechos no dejan de ser un monstruoso ataque químico contra los estadounidenses “indeseables”, que solo se diferencia de las tácticas nazis contra sus víctimas humanas en el grado). La inhumanidad de los responsables que administran esta toxina contra sus víctimas cautivas no es muy diferente de la que fue castigada, a menudo con penas de muerte, en los Juicios de Núremberg tras la Segunda Guerra Mundial.

La única esperanza que nos queda es que cuando acabe esta pesadilla trumpiana en Estados Unidos, Donald Trump y sus esbirros criminales del Departamento de Seguridad Nacional se vean también arrastrados ante un tribunal para hacer frente a las acusaciones de crímenes contra la humanidad por su maltrato a los inmigrantes, incluidos niños pequeños, así como por sus otros crímenes monstruosos.

David Lindorff es miembro fundador de la web ThisCantBeHappening!, una publicación colectiva digital, y ha participado en el libro Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press).

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/08/18/gassing-immigrants-with-a-highly-toxic-industrial-disinfectant-in-detention/

 Foto: Nathaniel St. Clair

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Fallar a la juventud

Por: lahora.com.ec

Años antes de la pandemia, la economía venía mostrando las grietas causadas por años de abuso, despilfarro y falta de previsión. El desempleo que agobia al Ecuador hoy, y que en mayor proporción golpea a los jóvenes, se debe a problemas estructurales tanto como a la crisis causada por la paralización y el confinamiento del Covid-19.

Hasta 2013, el Estado gozaba de los réditos de años de bonanza petrolera, deuda barata y boyantes mercados internacionales. Junto con el despilfarro, el lleve y la política populista, durante el gobierno de Rafael Correa, que se había convertido en el mayor empleador del país, el sector público ocupaba los servicios del 60% de los jóvenes ecuatorianos.

Sin ocuparse de crear industria y producción nacional, de fortalecer al sector privado, o de impulsar el emprendimiento (con costos y tramitología racionales), cuando a partir de 2014 al régimen populista se le empezó a agotar ‘la gasolina’, fueron los jóvenes los primeros en perder sus empleos.

En la pospandemia, una reforma laboral que incentive la absorción de los jóvenes al mercado, o facilidades tributarias para el empresariado podrían ser soluciones reales en el corto plazo. Y sólo el capital político de un flamante gobierno con un apoyo sólido lograría lo más urgente, pero que nadie ha intentado: restructurar el sistema de pensiones del IESS y saldar la cuenta con la institución.

Sin una reforma profunda, los jóvenes entre 18 y 22 años que hoy tendrían que entrar al mercado laboral se quedarán sin pensiones jubilares. Y, así como van las cosas, IESS también les fallará.

«Solo pocos en cada generación entenderán la real envergadura del ser humano, los demás la traicionarán.” Ayn Rand (1905-1982) Filósofa y novelista; Rusia.

«Solo aquel que ha sentido el extremo infortunio es capaz de sentir la máxima felicidad.” Alejandro Dumas (1802-1870) Novelista y dramaturgo; Francia.

Fuente: https://lahora.com.ec/quito/noticia/1102325367/fallar-a-la-juventud

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“El abandono escolar puede aumentar si seguimos con la educación a distancia o la semipresencialidad”

Por: Nacho Meneses

España es el país de la UE con mayor abandono temprano, una situación que puede incluso empeorar si no se aborda una transformación profunda del sistema educativo

Sin lugar a dudas, esta es una clasificación en la que ningún país desea destacar. El abandono escolar temprano español, el de las personas de 18 a 24 años que han dejado los estudios sin llegar a completar la segunda etapa de la educación secundaria, sigue siendo el más alto de toda la Unión Europea: un 17,3 % en 2019, siete puntos por encima de la media comunitaria (10,3 %), a pesar de haberse reducido significativamente a lo largo de la última década. Un dato que alcanza mayor dramatismo si se disgrega por géneros, ya que alcanza el 13 % entre las mujeres, pero el 21,4 % entre los hombres, es decir, un 65 % superior.

La incertidumbre que domina todo lo relacionado con el próximo año académico tampoco ayuda. Tras un final de curso marcado de manera excepcional por el cierre de las escuelas y la formación a distancia, en el que Gobierno y autonomías acordaron flexibilizar la promoción de los alumnos, y el actual aumento de casos de covid-19 en gran parte de la geografía española, el temor de un mayor abandono escolar acecha entre las sombras difícilmente discernibles de lo que pueda suceder en los próximos meses.

“El abandono escolar puede aumentar si seguimos con la educación a distancia o la semipresencialidad”

Si la brecha digital dificultó el seguimiento de las clases entre los alumnos de familias con un bajo nivel socioeconómico, la continuidad de la educación a distancia podría llegar a romper esa lenta tendencia a la baja de la tasa de abandono: “La desvinculación, la ausencia de motivación, el bajo rendimiento escolar y el abandono escolar pueden aumentar si la semipresencialidad o la educación a distancia se imponen frente a la presencialidad en el curso 2020-2021, si las circunstancias sanitarias obligan a ello”, afirma Andrés Payà, profesor titular de Pedagogía en la Universidad de Valencia y conferenciante de Thinking Heads. “La ausencia de contacto con el grupo de compañeros y con la comunidad escolar que representa la convivencia en el aula, aumenta todavía más la vulnerabilidad y el desarraigo de la escuela; el alumno se va a sentir más solo y menos acompañado, y va a valorar mucho menos la educación”.

¿Por qué se produce el abandono escolar?

Las causas que explican la relevancia de este problema son múltiples y de muy distinta clase. Tienen que ver con el propio alumno, con su entorno sociofamiliar, con el contexto escolar en particular y el sistema educativo en general; y las soluciones tienen tantas aristas como los factores que lo propician.

Los motivos de índole personal, que sí dependen del alumno o alumna que abandona, van desde sus propias capacidades a los intereses, las motivaciones, las competencias, el compromiso o incluso su propio estado emocional: “Es decir, cómo se encuentra a nivel psicológico, bien porque tenga una psicopatología o porque, sin llegar a ello, pueda tener problemas emocionales, de ansiedad, de autoestima e incluso un bajo estado de ánimo o una situación personal en un momento determinado, como puede ser, a ciertas edades, una ruptura amorosa”, esgrime Andrea Navarrete, psicóloga y psicoterapeuta.

En el entorno sociofamiliar, la actitud y expectativas que los padres tengan hacia la educación juegan un papel fundamental, porque influirán decisivamente en el mensaje que transmitirán a los hijos; pero también el fomento de la lectura o la calidad de la comunicación que hay entre padres e hijos: “Cuando viene con suspensos del cole o diciendo que no quiere ir, en vez de castigarle, hay que poder razonar con él, preguntarle si tiene algún tipo de problema y si le puedes ayudar”, explica Payà. “Durante la pandemia, ha habido familias que han querido ayudar pero no han podido, porque estaban limitadas en ese sentido”.

Pero hay, además, muchos otros factores: “Si la familia tiene problemas, si es disfuncional o si ha sufrido algún acontecimiento traumático que influya de manera directa en el alumno o alumna, e incluso la propia situación económica de la familia, que puedan ocasionar situaciones de estrés o ansiedad que determinen cómo el adolescente percibe el ambiente dentro de su núcleo familiar”, añade Navarrete.

¿Y qué sucede con el entorno escolar? Aquí la conversación se complica y las aristas se multiplican. “Nunca se ha hecho una reforma integral encaminada a motivar más al alumno, a hacer un aprendizaje más atractivo y personalizado (…) El sistema educativo español adolece de ser más práctico y motivador”, sostiene Navarrete. Otros aspectos que pueden influir son la repetición de curso (el que repite dos o tres veces, es posible que se harte y abandone el sistema educativo); el nivel socioeconómico del centro o la autopercepción que tenga el alumno de lo que está haciendo y de lo que sirve el estudiar.

Tampoco deben olvidarse las propias expectativas que los docentes tienen respecto de sus estudiantes. “Es el llamado efecto Pigmalión, o la profecía autocumplida, que sigue funcionando mucho a nivel de aula: cuando las expectativas que tienes de un alumno son muy buenas, le prestas más atención e individualizas mucho más la enseñanza… Y al revés: cuando el docente piensa que de un alumno no va a sacar nada, está manteniendo un mensaje negativo, y esas expectativas que tenía se acaban cumpliendo. Esas expectativas inconscientes hacia la gente hacen que les demos más oportunidades y les dediquemos más tiempo, con lo que tienen mayores posibilidades de éxito”, reflexiona Payà.

¿Cómo reducir el abandono temprano?

Conseguir reducir el abandono escolar es una prioridad global que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y de la Agenda 2030, que con respecto a la educación se fijan la meta de “asegurar el acceso igualitario de todos los hombres y las mujeres a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria” de aquí al final de la década. En ese contexto, el objetivo marcado para España era reducir la tasa de abandono al 15 % para 2020, algo ya altamente improbable si tenemos en cuenta que con datos de 2019 seguimos en el 17,3 %, y que ninguna de las leyes educativas promulgadas en España durante la democracia ha logrado rebajar ese porcentaje hasta al menos los niveles europeos. Para conseguirlo, Andrés Payà señala como necesarias ocho acciones que supondrían una reforma radical del sistema educativo:

1. Reducir las ratios en todas las etapas, para conseguir que la enseñanza sea más individualizada.

2. Incrementar la cantidad de profesorado, y no solo para tener menos alumnos por aula, sino también para tener profesores de refuerzo y aumentar el tiempo de tutorías, de orientación escolar, de apoyos y de desdobles.

3. Dotar a los centros de profesionales especializados: no solo docentes, sino profesores de pedagogía terapéutica, logopedas, pedagogos y psicopedagogos, que son los que van a colaborar en la detección, prevención e intervención del abandono escolar.

4. Reforzar los programas y medidas de atención a la diversidad del alumnado, que sí se está haciendo, pero no lo suficiente.

5. Promover un sistema efectivo de orientación y formación profesional durante la enseñanza obligatoria. Un tema, el de la FP, en el Gobierno ya se ha puesto las pilas y se ha dado cuenta de que no es una segunda vía, sino una vía supernecesaria.

6. Aumentar la inversión en becas y ayudas para el estudio, así como medidas compensatorias para grupos vulnerables.

7. Potenciar una estrategia común y coordinada entre programas y administraciones educativas. No puede hacer el ministerio una cosa, la consejería otra y el ayuntamiento otra… De los pocos recursos que invertimos en educación, a veces los estamos duplicando y no siempre van en el mismo sentido, cuando van dirigidos a las mismas personas.

8. Trabajar con las familias para mejorar su arraigo con la comunidad educativa: es lo que se está haciendo ahora con las famosas comunidades de aprendizaje. No se trata solo de que las familias participen de la educación, sino de que sientan su centro educativo como propio.

9. Hay que valorar mucho más la labor y la función del profesor; empoderarles y prestigiar la docencia. El docente no se dedica a enseñar porque no tiene otra cosa; realiza una labor importantísima, y debe reconocerse.

Alumnos de altas capacidades

El abandono escolar temprano no solo afecta a la población de riesgo, ya que cualquier persona puede estar en riesgo de abandonar. Y, entre ellos, los estudiantes con altas capacidades (o superdotados), que necesitan esos profesionales específicos arriba mencionados y un seguimiento constante para evitar que desconecten y abandonen un sistema educativo que no les satisface. “Cuando hablamos de flexibilizar los currículums, la repetición y la promoción de cursos, siempre pensamos en hacerlo más fácil para las personas que no tengan tantas capacidades, pero no lo pensamos de la otra manera, que el currículum sea mucho más complicado y complejo, que la promoción de cursos sea posible y que alguien pueda saltarse dos cursos”, argumenta Payà. “Por eso es tan importante la adaptación de esos currículos y contenidos”.

Para Navarrete, una situación de abandono escolar puede dar lugar también a un paréntesis de crecimiento personal y maduración, cuando hay factores personales, emocionales y psicológicos que le están influyendo negativamente: “A veces, ese abandono puede redundar en algo positivo, si se utiliza el tiempo para trabajar esos problemas y luego retomar los estudios. Si se le da el apoyo necesario, si se halla la manera de reengancharle al sistema educativo y de volverle a ilusionar, ese alumno no tiene por qué perderse”.

Fuente: https://elpais.com/economia/2020/08/12/actualidad/1597228975_884403.html

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Derecho a la desconexión

Por: Sofía Scasserra

La nueva ley de teletrabajo de Argentina es vanguardia en la región: motiva dinámicas acordes con las tendencias del mercado y a la vez nos protege a las y los trabajadores y a nuestras familias. Sofía Scasserra analiza sus puntos más innovadores, como la perspectiva de género, el reconocimiento de las tareas de cuidado doméstico y el derecho a la desconexión. Son, entre otras, herramientas que promueven la salud laboral sin alterar la productividad y garantizan algo que tanto anhelamos en estos tiempos de home office y pandemia: tiempo libre de calidad.

A raíz de la reciente aprobación de la polémica ley de teletrabajo en el Congreso muchas dudas surgen de cara al futuro. Las críticas argumentan que las empresas, sobre todo las pymes, no podrán cumplir con la ley, algunos sindicatos festejan, los trabajadores esperan ansiosos se empiece a aplicar y se les resuelvan deudas pendientes en temas tan básicos como tener una computadora donde trabajar. Lo cierto es que se dijo en algunos editoriales que la ley atrasa. Nada más alejado de la realidad de una ley que es vanguardia en la región e incorpora temas sumamente novedosos que están presentes en otros países del mundo y que acá eran una deuda pendiente con la sociedad.

Para empezar la ley es un claro incentivo a la modernización de los espacios de trabajo. Debido al principio de reversibilidad, se oyeron quejas respecto a mantener una infraestructura edilicia por si los teletrabajadores que luego del aislamiento social preventivo y obligatorio decidan adoptar la modalidad, años más tarde, deseen volver a la modalidad presencial. Lo cierto es que en las empresas más modernas se imponen cada vez más espacios de trabajo dinámicos o de co-working, con grandes superficies físicas compartidas y alternativas, a la vez que un stock de notebooks que no son propias de cada trabajador, sino que cualquiera puede utilizarlas. Esta seria una solución posible al problema que impone el principio de reversibilidad.

La perspectiva de género de la ley resulta en un elemento fundamental y novedoso no solo a nivel regional, sino y sobre todo a nivel nacional. Es la primera vez que se reconocen las tareas de cuidados, buscando compatibilizar la vida personal y laboral de cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en todo el país. Es un logro para las familias en general, y para las mujeres en particular: establece la posibilidad de fijar horarios acordes a la doble jornada de trabajo.

Esta ley es un salto a la modernidad. Motiva nuevas dinámicas de trabajo acorde a las tendencias más modernas del mercado y protege a las trabajadoras y los trabajadores, como así también a sus familias.

El último punto resistido es el derecho a la desconexión: nos pone en la selecta lista de países que ya lo han consagrado a nivel mundial.

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Si algo quedó en evidencia en esta cuarentena es la infinita catarata de conectividad en la que estamos inmersos. Mails a cualquier hora, mensajes que no cesan, llamadas en momentos inoportunos y una interminable lista de videollamadas donde nos vemos obligados a acomodarnos para no se vea el lío puertas adentro.

En los hogares la mayoría de las trabajadoras y trabajadores utilizan sus dispositivos personales para trabajar. Este problema instaló la cultura de la hiperconectividad y fusionó la vida familiar con la laboral. Hoy es muy difícil que el teléfono esté apagado fuera del horario de trabajo. “Te vi conectado/a y te escribí”, “me olvide de avisarte que…”, “revisa esto por favor para mañana…” son frases habituales de empleadores que descuidan las situaciones particulares de quienes están online resolviendo asuntos personales.

El derecho a desconexión era una deuda pendiente mucho antes del experimento masivo de trabajo desde casa que estamos viviendo por la pandemia. Suena atractivo, pero poco se sabe de él. En lo concreto es el derecho del oficinista que salió hace media hora del trabajo y lo llaman para recordarle que mañana viene un cliente; es el derecho del trabajador de la construcción, que lo mensajean para preguntarle dónde dejó algún elemento de trabajo; es el derecho del empleado de comercio al que llaman para modificar su horario de manera imprevista. Es un derecho de todos y cada uno de los trabajadores, teletrabajen o no.

Entonces, ¿qué es el derecho a la desconexión digital?

El derecho a desconectarse no implica sólo apagar mi teléfono o computadora, algo casi imposible porque, como dijimos, la mayoría usamos dispositivos personales para trabajar a distancia. Ni se resume en el derecho a “clavarle el visto al jefe”, cosa que ya podemos hacer si tenemos las agallas o la posibilidad. Implica también, y principalmente, el derecho a no recibir cualquier forma de comunicación entre el ámbito de trabajo y el trabajador o trabajadora: un mail, una notificación automática, un mensaje instantáneo por temas laborales tanto de la jefa o jefe, supervisores, compañeros/as o clientes fuera de la tiempo laboral o durante los periodos de descanso, vacaciones o licencias. Es, en definitiva, contar con tiempo libre de calidad.

Aunque se lo suele vincular con la jornada de ocho horas, en verdad está íntimamente relacionado con un tema de salud laboral. La hiperconectividad y los avances de las tecnologías de la información y la comunicación generaron una sobrecarga psicológica en los trabajadores y las trabajadoras: la conexión constante trae fuertes riesgos psicosociales asociados como ansiedad, depresión y agotamiento. En mayo de 2019 la Organización Mundial de la Salud reconoció elSíndrome del Burnout (o síndrome de agotamiento) por primera vez en su Clasificación Estadística Internacional de enfermedades y problemas relacionados a la salud, y varias encuestas nacionales de salud en diversos países indican que el síndrome de agotamiento está en aumento en todo el mundo. Lo interesante de la clasificación de la OMS es que determinó al síndrome de agotamiento como un fenómeno pura y exclusivamente ocupacional y no como una condición médica general. ¿Qué expone esto? El grado de responsabilidad que tenemos como sociedades en torno a las nocivas prácticas en el uso de las telecomunicaciones en los ámbitos de trabajo.

Entendemos el derecho a desconexión como un cambio de actitud social respecto a la hiperconectividad. Y a la hiperconectividad como el resultado de una práctica social consistente en enviar mensajes sin tener en cuenta el momento y lugar en donde se encuentra el receptor o receptora. El derecho a desconexión apunta directamente a tratar de generar una conducta social más razonable y respetuosa de la utilización de las tecnologías de la comunicación que lleve a aliviar el stress de la hiperconectividad y prevenga que el síndrome del agotamiento se instale de manera crónica en nuestras sociedades.

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Este derecho no solo está relacionado con la salud mental. Es también un derecho por la igualdad de género. En los últimos años, responder mensajes fuera del horario de trabajo se convirtió en una “habilidad laboral” y empezó a interpretarse como un modo de compromiso con el lugar de trabajo:es tener la camiseta puesta. Lo cierto es que las mujeres en promedio tenemos menos oportunidades de responder a esos mensajes. Al ser las principales actoras de la economía del cuidado, es más difícil que tengamos esa “habilidad” adicional, y esto se puede interpretar como una falta de compromiso y por ende, perjudicar en la carrera profesional. Pero si nadie recibe mensajes fuera de hora se igualan las condiciones para todos, los que tienen responsabilidades familiares o de otra índole, como voluntariados o militancia política, por mencionar algunos.

Establecer las razones por las que uno puede ser contactado también puede evitar mensajes por motivos irrelevantes y también contribuir a la igualdad de género. Frases como “haceme acordar que…”, “agendá la reunión para…”, “recordá que mañana…”, son moneda corriente en los teléfonos de cientos de miles de mujeres a nivel global. Parece ser que el patriarcado nos ha asignado la nueva tarea de ser la agenda del mundo. Entender que estos recordatorios se pueden canalizar a través de medios electrónicos automáticos y no depositar en la mente de las mujeres esa responsabilidad “de acordarse” es un paso más para aliviar la sobrecarga mental. También el derecho a la desconexión puede operar en el sentido inverso: un hombre que no es interrumpido mientras está con su familia es más propenso a participar en las tareas del hogar. Si existe presión por contestar mensajes se interpone una excusa real para abandonar las responsabilidades domésticas y de cuidados. Si recuperamos la soberanía sobre nuestro tiempo libre contribuiremos a que las familias puedan organizar mejor la división de tareas en el hogar.

A todo esto apunta el derecho a la desconexión digital: a propiciar un cambio cultural en el que enviar mensajes fuera de horario sea visto como una falta de respeto al otro, una intromisión en su privacidad y no como una actitud a premiar.

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El primer antecedente del derecho a desconexión surgió en Francia en 2016. Allí se presentó una ley que introdujo el derecho como un tema obligatorio en la negociación colectiva entre sindicatos y empresas. La ley se basó en una sentencia del Tribunal Supremo de Francia de 2001 que establecía que “el empleado no está obligado a aceptar trabajar en casa ni a llevar consigo sus expedientes ni sus herramientas de trabajo”y en una decisión de 2004 del mismo tribunal en la que dejaba en claro que no se puede recriminar a un empleado o empleada por no estar localizable fuera del horario de trabajo.

Otros países se fueron sumando a la iniciativa. Italia introdujo el derecho en una ley de “trabajo Inteligente” de 2017. En ella se identifica “los tiempos de descanso del trabajador, así como las medidas técnicas y organizativas necesarias para garantizar la desconexión del trabajador del equipo de trabajo tecnológico”. Más tarde, Bélgica, Canadá, Filipinas, India, España, Canadá, EEUU y Portugal exploraron la introducción del derecho a la desconexión a nivel nacional o estatal.

El caso de Alemania es distinto: optó por un enfoque no jurídico de la temática y decidió fomentar las deliberaciones en torno al derecho a desconexión en los ámbitos de las negociaciones colectivas por empresa. Compañías como Volkswagen, Daimler y Siemens ya tienen acuerdos que garantizan el derecho a desconexión.

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Que va a interferir en el funcionamiento de las empresas, que es falta de compañerismo, que así no se puede funcionar con eficiencia. Cuando se habla de este derecho se suelen hacer los peores vaticinios. Lo cierto es que una correcta implementación tiene como objetivo ordenar las comunicaciones y no impedirlas. Previo a la llegada de los teléfonos celulares, las comunicaciones en los ámbitos de trabajo tenían otro ordenamiento. Y si bien no podemos pretender seguir comunicándonos como lo hacíamos hace dos o tres décadas, sí podemos abandonar prácticas nocivas e implementar otras más sanas y tecnológicas.  Porque la tecnología puede ser nuestra mejor aliada a la hora de ayudarnos a ordenar la comunicación y combatir la hiperconectividad. Recordatorios automáticos, herramientas para programar mails o elementos de la economía del comportamiento tan simples como un cartel rojo que advierta que se está enviando un mensaje fuera de horario son opciones para aliviar la situación.

El diálogo social es un elemento clave en este proceso. Ningún cambio en el protocolo comunicacional de una organización se puede realizar de manera eficaz si no se negocia entre las partes. Esta negociación debe contemplar que probablemente los primeros acuerdos sean pequeños pasos, cambios casi imperceptibles, pero a medida que se pase el tiempo podremos avanzar hacia un acuerdo más profundo. En este sentido, es necesario un comité de monitoreo y evaluación que capacite a instituciones y sindicatos respecto a qué negociar y cómo emprender este cambio.

Organizar las comunicaciones en los lugares de trabajo y poner límites a los contactos fuera de horario puede beneficiar a los trabajadores y trabajadoras en términos de soberanía sobre su propia vida y su tiempo libre. Pero debemos estar atentos: no se trata de establecer una jornada de trabajo. Va mucho más allá. Es entender que no implementarlo nos afecta la salud, estemos en la escala de responsabilidad que estemos y en el lugar de trabajo que tengamos. El derecho a desconexión implica una apuesta a largo plazo para construir  sociedades más sanas y justas, darle más oportunidades a las mujeres y a todo aquel que con esfuerzo se hace cargo de la economía del cuidado en su plano intrafamiliar, respetar los tiempos libres a fin de contribuir y favorecer el reparto equitativo de tareas en el hogar.

Sólo entendiendo esto podemos hacerlo realidad.

El diálogo social es el camino. La salud y la igualdad, la respuesta.

Fuente: https://rebelion.org/derecho-a-la-desconexion/

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El peso de la crisis sobre la “juventud del confinamiento”

Por: Sergio Ferrari

A pesar que desde hace meses el foco protector planetario está puesto en los sectores de alto riesgo, en particular los mayores de 65 o 70 años, las consecuencias de la pandemia, sin embargo, golpean significativamente a la juventud.

Tres de cuatro jóvenes que estudiaban antes de la crisis sanitaria mundial se confrontaron al cierre de las escuelas. No todos pudieron continuar con el aprendizaje en línea y a la distancia. Y los que lo hicieron manifiestan una pérdida en su calidad de aprendizaje.

Uno de cada seis jóvenes que contaba con un empleo antes del inicio de la crisis lo perdió. Muchos de los que lograron mantener sus puestos vieron reducidos su tiempo laboral casi en una cuarta parte. Y dos de cada cinco, es decir el 42 %, sufrieron una reducción de sus ingresos.

Conclusiones todas de un Estudio que acaba de ser presentado el 11 de agosto por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra. (https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_emp/documents/publication/wcms_753054.pdf)

El mismo, sintetiza los resultados de la Encuesta mundial sobre los jóvenes y COVID-19, realizada en los meses de abril y mayo por ese organismo internacional en colaboración con sus cinco socios de la Iniciativa Mundial sobre Empleo Decente. Hacen parte el Grupo Principal de la Infancia y la Juventud de las Naciones Unidas; la Asociación Internacional de Estudiantes de Economía y Ciencias Comerciales (AIESEC); el Foro Europeo de la Juventud; el Fondo Fiduciario de Emergencia para África de la Unión Europea; y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

Voz juvenil de 112 países

El sondeo, en 23 idiomas, fue respondido por más de 12 mil jóvenes de 112 países. Se propuso reflejar los efectos inmediatos de la crisis sanitaria en una población generacional ubicada entre 18 y 29 años, en el mismo momento en que adquiría ya la dimensión de crisis económica. Se centró en cuatro ámbitos: el empleo, la educación y la formación, el bienestar mental, y los derechos y las opiniones. Examinó, también, las acciones de los jóvenes en relación con el activismo social y el comportamiento de respuesta a la crisis.

La población juvenil en esos 112 países representa 1.470 millones, y corresponde al 92 % de la población juvenil mundial. Sin embargo, como lo aclara la misma OIT, por el hecho de tratarse de una encuesta en línea – que exige medios técnicos y nivel educativo para responderla- representa la opinión solamente de una parte de la juventud que cuenta con niveles de educación media o superior.

Casi tres cuartas partes (el 73,8 %) de los jóvenes encuestados viven en países de ingresos medios, y 25% en países de ingresos altos. Solo el 1,3 % de los encuestados proviene de países de ingresos bajos. El 59,2 % de los consultados proceden de zonas urbanas, el 31,8 % de zonas suburbanas y el 19,1 % de regiones rurales. A nivel geográfico, la mayor cantidad de respuestas provinieron de Asia. Únicamente el 18,4% provino de las Américas.

Trabajo y educación: bienestar psicológica

El documento de la OIT, de más de 50 páginas, concluye que el impacto de la pandemia en la juventud “es sistemático, profundo, desproporcionado”. Y ha sido particularmente duro para las mujeres jóvenes, los de menor edad (18 a 24 años) y aquellos que viven en países de ingresos más bajos.

“En un momento de crisis e incertidumbre como el actual, las opiniones y acciones de los jóvenes pueden dejarse de lado con demasiada facilidad” subraya el estudio, que pretende de esta forma, darle la voz a un sector de la población planetaria.

“El estrés familiar, el aislamiento social, el riesgo de violencia doméstica, la interrupción de la educación y la incertidumbre en torno al futuro son algunos de los canales a través de los cuales la pandemia de la COVID-19 ha tenido un impacto en el desarrollo emocional de los niños y los jóvenes”, subraya la OIT en su capítulo dedicado al “Bienestar Mental”.

Afirma, como contexto general, que la mitad de todos los trastornos de salud mental comienzan, en general, a los 14 años, lo que significa que infantes y jóvenes corren un riesgo particular en la crisis actual. Y recuerda que, según la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la segunda causa de mortalidad entre la población de 15 a 29 años de edad.

A fin de comprender mejor la situación psicológica, la encuesta presentó un módulo con la Escala de Bienestar Mental de Warwick–Edimburgo (SWEMWBS). La misma reveló que, a nivel mundial, uno de cada dos jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años sufren ansiedad o depresión, mientras que otro 17 %, probablemente, se verá afectado por ella.

La-os trabajadora-es jóvenes que habían perdido su empleo tienen casi dos veces más probabilidades de verse afectada-os por una probable ansiedad o depresión que los que seguían trabajando. Entre el sector estudiantil que creía que su educación se retrasaría o podría fracasar, el 22 % sufría ansiedad o depresión, síndrome que afectaba solo al 12 % de los que habían podido continuar con su formación.

En síntesis, los resultados subrayan el vínculo entre el bienestar mental, por una parte, y el éxito educativo y la integración del mercado de trabajo, por otra.

Lo que se perdió

La mayoría de países tomaron medidas enérgicas en respuesta a la pandemia, incluida la recomendación-orden de “quedarse en casa” para ralentizar su propagación. Consecuencia inevitable ha sido la limitación de la libertad de movimiento de la juventud, lo que impactó muy fuerte en el derecho al ocio, a participar en los asuntos públicos y a practicar una religión o creencias.

El 68% de los encuestados indicaron limitaciones considerables de las actividades recreativas, en particular salir, reunirse con los amigos, hacer deporte, cultivar sus intereses culturales y viajar.

Una-o de cada tres jóvenes manifestó el impacto considerable en su derecho a participar en los asuntos públicos. Este es mayor para aquellos que viven en países de ingresos bajos (el 40 %) que para los que viven en países de ingresos medios-bajos (el 36 %) y en naciones de ingresos altos (el 28%).

La-os jóvenes perciben que tienen dificultades para tomar parte en los procesos políticos, las instituciones y la formulación de políticas. El problema no es nuevo, aunque se ve agravado por la coyuntura. Un estudio realizado ya en 2016 por la Unión Interparlamentaria Mundial, indicaba que menos del 2% de los parlamentarios de todo el mundo eran menores de 30 años.

Más de una-o de cada cuatro jóvenes (el 27%) declaró que la pandemia ha menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de movimiento y a la libertad de religión o de culto.

Casi una-o de cada cuatro jóvenes (el 24%) indicó, por otra parte, un efecto negativo considerable en su derecho a la información. La difusión de información errónea sobre la pandemia a través de las redes sociales ha sido notoria. Además, las y los jóvenes que se identifican como parte de una minoría étnica, religiosa o de otro tipo indicaron un impacto más pronunciado que otros grupos de jóvenes en lo que respecta al derecho a la libertad de religión o de culto, a la vivienda, a estar libres de violencia, y a asistencia jurídica.

Entre la-os jóvenes que se autoidentificaron como una minoría, el 44 % señaló que se había menoscabado considerablemente su derecho a la libertad de religión, en comparación con el 37 % de los demás jóvenes.

En cuanto a la actividad social solidaria, último tema central del estudio presentado por la OIT la segunda semana de agosto, las conclusiones son significativas y expresan un aumento progresivo con el paso de las semanas. El 31 % de la-os jóvenes señaló un alto grado de voluntariado, mientras que el 27 % realizó donaciones.

Juventud del confinamiento”

En la Encuesta mundial, cuatro de cada cinco jóvenes de 18 a 29 años reconocieron que se habían quedado, en gran medida, en casa, mientras que dos de cada tres se habían puesto en contacto con sus amigos, familiares y seres queridos

Más de una cuarta parte indicó un alto grado de participación en actividades de voluntariado y en la realización de donaciones para luchar contra el COVID-19. La participación de la-os jóvenes en actividades de voluntariado fue aumentando considerablemente durante el período de la encuesta, es decir del 21 de abril al 21 de mayo.

A medida que el mundo fue testigo de cambios radicales en las actividades sociales y económicas, la-os jóvenes compartieron sus perspectivas sobre las medidas adoptadas por los gobiernos para luchar contra la epidemia. La mayoría estuvo a favor de quedarse en casa con el objetivo de proteger el mundo del trabajo, los empleos y las empresas. Abogaban por medidas firmes para proteger la salud y los medios de sustento de los sectores más vulnerables de la población, incluidos la-os trabajadora-es migrantes y la-os trabajadora-es de la economía informal.

La-os jóvenes instaron a los gobiernos a que, cuando fuera posible, relajaran gradualmente las restricciones, poniendo énfasis en la salud y la seguridad de la-os trabajadora-es. Propusieron, además, adoptar medidas complementarias para impulsar los servicios de salud y lograr una gobernanza adecuada a través de mecanismos de información, rendición de cuentas y coordinación.

Imposible anticipar, en una crisis todavía abierta, las consecuencias a largo plazo de la misma en el conjunto de la sociedad humana. Sin embargo, se hace cada día más evidente que si bien a nivel médico-sanitario no es la más afectada, la juventud del 2020, a la que ya se la comienza a denominar “juventud del confinamiento”, cargará sobre sus espaldas una parte significativa del impacto estratégico (económico, social, psicológico) de una pandemia tan destructiva como indescifrable.

Fuente: https://rebelion.org/el-peso-de-la-crisis-sobre-la-juventud-del-confinamiento/

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