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Foto: Camiones de refrigeración que se utilizan como depósito temporal de cadáveres quedaron estacionados ayer afuera del hospital Bellevue, en Nueva York.Foto Afp

Pandemia neoliberal

Por: David Brooks 

Ya sabemos que no tenía que ser así, que este desastre no tenía que tener estas dimensiones, que la ciudad de todos en el mundo, Nueva York, no tenía que estar sobre las rodillas gravemente herida, con lágrimas y llanto en sus más de 200 idiomas, que todo Estados Unidos no tenía que estar bajo sitio, con los más pobres y desprotegidos sufriendo las peores consecuencias, como siempre. No tenía que ser así.

Trump tiene sangre en sus manos, concluyó el Boston Globe en su editorial la semana pasada, argumentando –al igual que un coro cada vez más amplio de expertos, investigadores, doctores y líderes sociales– que gran parte del impacto de la pandemia en este país era prevenible y que vale recordar que el alcance del virus aquí no es atribuible a un acto de Dios o una invasión extranjera, sino un fracaso colosal de liderazgo. (https://www.bostonglobe.com/2020/ 03/30/opinion/president-unfit-pandemic/).

Pero la culpa no es sólo de Trump. Se sabía en lo más alto desde hace años que este y otros países estaban en riesgo de exactamente algo así (las agencias de salud pública desde la previa amenaza de un coronavirus en 2004, el Pentágono había pronosticado precisamente algo así desde 2017, entre otras) y no se hizo lo necesario. El fracaso es bipartidista; no son sólo los Reagan y los Bush, sino los Clinton y los Obama quienes prepararon el camino para llegar a esto hoy día.

Y aunque se contaba desde hace años con el conocimiento y los pronósticos científicos sobre lo que ahora está sucediendo, la patología del orden socioeconómico contemporáneo impidió que se hiciera algo, por la sencilla razón de que no hay ganancias en prevenir una catástrofe en el futuro, comentó Noam Chomsky hace unos días. En entrevista con Truthout subrayó que para superar esta crisis primero se tiene que entender que Trump llegó al poder en una sociedad enferma, afligida por 40 años de neoliberalismo, el cual incluye un sistema de salud privatizado.

Ahora todos estamos amenazados, con amigos y familiares enfermos o que han fallecido, con colegas en el sector de salud agotados y devastados por lo que están viviendo bajo condiciones injustificables en el país más rico del mundo, resultado del desmantelamiento del sistema de salud y su subordinación al libre mercado. Ni hablar de la clausura de la economía más grande del mundo con millones de desempleados y la anulación de la vida cotidiana, incluyendo escuelas y centros de trabajo, toda la cultura y el deporte. Y no tenía que ser así.

Con las consecuencias del Covid-19 queda claro que lo que existe no es sustentable, casi de la misma manera en que con el cambio climático. Guste o no, como resultado de esta pandemia empezó un cambio, tal vez estructural. Qué tipo de cambio será depende, como siempre, de una lucha entre los que desean regresar a otra versión de más de lo mismo y los que argumentan que ya no se debe restablecer lo que antes se definía como normal, porque ese normal era justo el problema.

Es un virus, pero al mismo tiempo es una enfermedad que podría llamarse la pandemia neoliberal. Además de su feroz y temible expresión física de salud, tal vez esta crisis social, económica y política también está produciendo los anticuerpos requeridos para salvarnos de la infección neoliberal.

“Los habitantes, finalmente liberados, nunca olvidarán el periodo difícil que los hizo enfrentar lo absurdo de su existencia y la precariedad de la condición humana… Lo que es verdad de todos los males del mundo es también verdad de la peste. Ayuda a los hombres elevarse sobre sí mismos”, escribió Albert Camus. En su obra La peste, el protagonista, el Dr. Rieux, comenta que podría parecer una idea ridícula, pero la única manera de luchar contra la peste es con la decencia.

Es un virus, pero al mismo tiempo, es una pandemia neoliberal. Además de su expresión como tragedia de salud, tal vez la crisis social, económica y política que está desatando producirá los anticuerpos requeridos para poder hacer lo más decente: salvarnos a todos de la infección neoliberal.

Fuente e imagen: https://www.jornada.com.mx/2020/04/06/opinion/028o1mun

 

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El presupuesto para la nómina docente en el centro de interés de la neoprivatización educativa

Los aterradores números de la OIT

Los datos de seguimiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al empleo, en el marco del Coronavirus, evidencian la crisis del sistema financiero internacional, pero también el curso de la reingeniería en el mundo del trabajo. De 3.300 millones de trabajadores que conforman la fuerza laboral global, 2.000 millones lo hacen desde el empleo informal, siendo estos últimos los más vulnerables. En el sector informal 1.200 millones de empleos son altamente inestables y son los que más rápido están siendo alcanzados por los efectos de la pandemia. En el primer ciclo (enero-abril) del Coronavirus se están perdiendo 195 millones de empleos y el impacto continúa expandiéndose. No sería atrevido plantearse que si la cuarentena se prolonga hasta julio el desempleo podría duplicarse.

El cálculo lo hacen a partir del número de horas efectivas que se están perdiendo en la actividad económica mundial, vinculados en su mayoría al sector manufacturero, comercial e independiente. Se establece que el impacto en la región de América puede llegar a los 24 millones de pérdidas de empleo, siendo Asia y el Pacífico la región mas afectada con la perdida de 125 millones de empleos.

En la segunda edición del Informe del Observatorio de la OIT sobre el “Covid-19 y el mundo del trabajo: estimaciones, actualizaciones y análisis” (07-04-2020) se establecen rangos de empleos en los cuales las repercusiones actuales de la crisis sobre la producción económica son “bajos”, bajos-medios”, “medios”, “medio-altos” y “altos”.  Entre los considerados bajos en esta etapa está el sector de la enseñanza que representa el 5,3% de empleo mundial y el 1,23% en su relación salarial en función de los ingresos mensuales promedio por sector/ingresos totales promedios a nivel mundial. Sin embargo, la OIT está viendo lo actual, no la tendencia que esto marcará en el mundo de la educación.

El Banco Mundial (2018) estima que la curva promedio de inversión en educación en el mundo, entre 2000 y 2018, oscilo del 4,163% del PIB al 4,487%. Esto no niega que países como Cuba destinan el 13% de su PIB a lo educativo mientras que en África encontramos indicadores muy por debajo de la media mundial. Sabemos que en muchos de nuestros países el peso presupuestario de la nómina docente puede ir del 75% al 85% de los recursos destinados a la educación. Esta cifra debe ser valorada en el marco del acuerdo de Incheón, Corea (2015) en el cuál se contempló que el 6% del PIB de cada país, debe ser el mínimo del PIB  destinado a educación.

En la actual recesión económica y en el marco de la reestructuración capitalista a gran escala que tiene como telón de fondo la pandemia del Coronavirus, surgen presiones para el asalto de los dineros públicos como uno de los paliativos para salir de la crisis capitalista global. En ese contexto la profesión docente se convierte en blanco de las apetencias de la lógica mercantil.

En ese marco debemos valorar lo que está ocurriendo con la cuarentena y la convocatoria de los ministerios a la educación virtual. Como he insistido en mis artículos, mientras los gobiernos se muestran incapaces y desbordados para garantizar internet, computadoras y contenidos, las trasnacionales de la informática, arquitectura de la nube y contenidos educativos digitales, tienen más de una década preparándose para la actual coyuntura pedagógica, para el día “D” que les posibilite la construcción de hegemonía sobre el inicio del tránsito entre la tercera y cuarta revolución industrial a nivel de lo escolar.

Las transnacionales de la informática ya habían capturado el porcentaje educativo destinado a la actualización tecnológica (computadoras, redes, proveedores de internet, impresoras, softwares privativos), el cuál llegaba por distintas vías a las cinco más importantes empresas proveedoras de equipos tecnológicos en el mundo. Ahora su mirada está colocada en un nuevo nicho presupuestario.

Entre el 2005 y la actualidad, Google, Microsoft, Discovery Education, Pearson Educación, entre otras desarrollaron una batería de contenidos interactivos, ágiles, con la lógica de imagen sonido y brevedad que caracteriza a la comunicación del siglo XXI. Son propuestas que se encuentran en el formato de la educación bancaria virtual pero que resultan atractivas ante el vacío de alternativas, tanto de los ministerios de educación como de los movimientos magisteriales.

La crisis del Coronavirus ha construido hegemonía sobre la necesidad de vincular el mundo virtual con los procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero ¿de dónde saldrán los enormes recursos presupuestarios y financieros que se requiere para ello? Más aún en un marco de recesión global. Y las miradas del mercado global, preocupado por  reactivar la economía y construir las condiciones de posibilidades para el modelo de gobernanza de la cuarta revolución industrial, se posan sobre el apartado presupuestario que se usa para el pago de nómina docente.

No ha terminado de ser controlada la pandemia y ya muchos gobiernos están suscribiendo acuerdos con Pearson Educación o Google para ayudar a resolver la coyuntura y establecer un vínculo de largo alcance en materia formativa. Se trata de la operacionalización del Apagón Pedagógico Global (APG) que vengo denunciado desde 2015.  Ante la carencia de uso del mundo digital en el aula, por resistencias o falta de formación de los docentes para ello, la virtualidad comienza a disputar el otrora espacio hegemónico de los y las maestras(os) como líderes de los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Por ello, lo que viene a nivel de propaganda, una vez superada la crisis del Coronavirus, será la profundización de la campaña de desprestigio a los docentes y la profesión docente, acusándonos a les maestros(as) de obsoletos ante la vorágine de la aceleración de la innovación. Esta será la tensión de los meses y años siguientes al retorno a la “normalidad” escolar, una vez superada la pandemia.

Como hemos aprendido no siempre el capital logra sus propósitos. Las luchas y las resistencias serán muy importantes para sostener la escuela pública, presencial, científica y popular. Pero ello demanda una actualización urgente del magisterio, sus gremios y las praxis de construcción de alternativas. Tenemos que aprender a trabajar el mundo digital en el aula en diálogo e interacción permanente con la presencialidad, el afecto, el diálogo y el encuentro. Una parte del mañana dependerá de nuestra disposición, voluntad y de la capacidad de aprender lo nuevo rápidamente. El capital juega lo suyo, los trabajadores de la educación tendremos que hacer lo propio desde una perspectiva humanista y anticapitalista.

Fuente: El autor escribe para OVE

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Vivencia y experiencia en la crisis del coronavirus

Por: Amador Fernández Savater

Todo el mundo está pensando e inventando estos días, aunque sólo circule como pensamiento lo que escriben los filósofos de renombre.

Estos días sentimos claramente el «fracaso» del pensamiento que no se da tiempo para escuchar, que no se afecta de la situación: sólo es capaz de afirmar posiciones previas.

Pero hay otros usos del pensamiento: servirnos de él para refinar e intensificar nuestra capacidad de escucha y atención, buscar en él no tanto respuestas como vías para formular mejor una pregunta. La pregunta de qué (nos) está pasando.

Intento más abajo eso mismo con el pensamiento del argentino Ignacio Lewkowicz, ayudarme de él para preguntar por el tipo de experiencia que estamos haciendo en la crisis del coronavirus, qué significa «hacer experiencia» y en qué podría consistir una experiencia colectiva, «política», de esto.

No el pensamiento como explicación, sino como llamada de atención: a ver y pensar mejor cierto «envés» de nuestra experiencia actual, todo lo que no encaja en las normas y los relatos impuestos, que es el humus donde podría cocinarse tal vez una politización inaudita.

Un amigo por Whatsapp durante una conversación matutina: «esto es lo más profundo colectivamente que nos ha pasado en varias generaciones».

Intercambiamos algunos mensajes más a partir de esta afirmación. Yo interrogo la noción de experiencia: ¿es lo que nos pasa o algo más? Y también la cuestión de lo colectivo: ¿es lo que nos pasa a todos a la vez u otra cosa?

La respuesta queda en el aire, como tantas cosas hoy. Mi amigo J. tiene que atender a su madre mayor en casa. Yo, con menos obligaciones, decido aprovechar el tiempo suspendido para seguir derivando sobre las preguntas que se nos han abierto juntos.

Recurro a otro amigo, uno de esos a los que no conoces más que a través de los libros pero que a veces hacen más compañía que tantos vivos cercanos: el pensador argentino Ignacio Lewkowicz. Busco en él no tanto respuestas como buenos términos para plantear la pregunta, mejores herramientas para escuchar y atender la realidad. Me suena que Ignacio tiene cosas sobre esta cuestión, rebusco por la biblioteca y doy con ello.

En el librito Del fragmento a la situación, que Ignacio escribió con Mariana Cantarelli y el Grupo Doce, se puede leer que «tener una experiencia es hacer algo con lo que te hace». Habría entonces una distinción entre, digamos, vivencia y experiencia. Una diferencia seguramente con su punto de abstracción, porque en la realidad está todo más mezclado, pero que puede ayudarnos a pensar y refinar la percepción.

Vivencia es lo que nos pasa, la huella o el reflejo en nosotros de lo que pasa. Vivencia colectiva es aquello que nos pasa a todos juntos o a la vez. Pero una experiencia sería distinto: no sólo una huella o reflejo, sino una marca que inscribimos nosotros, como un tatuaje, a partir de eso que pasa y no elegimos ni escogemos. Producir esa marca a través de algún tipo de «nosotros» sería una experiencia colectiva.

Esta situación de crisis por el coronavirus, ¿es pues una vivencia o una experiencia? Es decir, ¿somos contemporáneos de algo o estamos «haciendo algo a partir de lo que nos hace»? ¿Es una situación que padecemos o una situación que logramos elaborar con sentidos propios, habitar?

Hasta las 11.00 no bajo al mercado de barrio -siempre vacío, al revés del supermercado, ¿por qué?-, así que prosigo un rato más pensando con Lewkowicz.

Encuentro en el mismo libro otro juego conceptual que puede ayudarnos a precisar más aún la pregunta: la distinción entre «subjetividad instituida», «envés subjetivo» y «subjetivación», tomando la subjetividad en su sentido más general y sencillo: maneras de ver, de vivir, de actuar, de sentir y de pensar.

La subjetividad instituida es la serie de operaciones que debemos hacer para formar parte de una cierta lógica, la serie de comportamientos obligados para adaptarnos a una situación. Subjetividad instituida = adecuación.

El envés subjetivo es la distancia, el hueco o el agujero que se abre entre la norma y nosotros: dudas, malestares, preguntas, todo aquello que en nosotros no encaja, no cierra perfectamente y de alguna manera no se deja gobernar. La subjetividad instituida no es total, ni acabada o perfecta, siempre tiene un «resto». Envés subjetivo = inadecuación.

La subjetivación es equivalente a lo que antes nombrábamos como «hacer experiencia»: una reapropiación subjetiva de un dato objetivo; no solamente sufrir lo que pasa, sino cambiar la manera de relacionarnos con ello. Es un exceso, un plus, un desborde de la subjetividad instituida. La subjetivación abre un tiempo-espacio distinto al obligado, inventa otros recorridos, abre otros posibles. Subjetivación = transformación.

La subjetivación colectiva es un proceso de transformación de la situación objetiva -dada, inalterable, cerrada- en situación habitable, modificable, resignificable. A través de la aparición de un «nosotros», un espacio abierto de participación, una cierta comunidad. El nosotros de una «generación», dicen Lewkowicz y el resto de los amigos de pensar. Luego volvemos sobre esto.

Conversación con mi madre y con amigos: mi madre, sujeto de alto riesgo en zona de alta riesgo, está tranquila y serena; los amigos, a los que el peligro no ha tocado aún, andan muy nerviosos en general. Reparto consejos de impasibilidad estoica como si fuera Marco Aurelio -vivir el presente sin proyecciones, preocuparnos sólo de lo que está en nuestra mano, trabajar sobre nuestra propia interpretación de lo que pasa-, pero en realidad la procesión va por dentro.

Entonces, ¿estamos ante una experiencia colectiva? Leo en la prensa (hay tiempo hasta para leer El País…) a dos intelectuales hablar al respecto.

El escritor Antonio Scurati dice que sí, que de hecho es la primera experiencia colectiva de los nacidos a principios de los años 70, la primera vez que pueden experimentar el sentimiento de pertenencia a un destino común. Sin embargo, acaba su artículo celebrando «la decisión política que ha transformado Italia entera en una zona roja contra la arbitrariedad de las personas, su pánico e irresponsabilidad». No parece muy claro de qué «comunidad política» se trata entonces, ¿simplemente la de asentir pasivamente a la decisión de un gobierno (sea acertada o no)? ¿La experiencia de la obediencia, la comunidad de los obedientes? No me parece muy convincente.

El ensayista Byung Chul-Han dice que no, porque la situación que vivimos «nos aisla e individualiza. No genera ningún sentido colectivo fuerte. De alguna manera, cada uno se preocupa sólo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa». Han parece pensar que la situación objetiva no permite ningún tipo de apropiación subjetiva o de transformación, es una pura determinación y en ningún caso una condición que permita la acción. Tampoco me convence.

Yo por mi parte diría: no se sabe. Estamos en un proceso abierto que se trata de escuchar y en el que se puede intervenir.

Pero lo que me parece seguro es que la zona del «envés subjetivo» está hoy muy poblada. Y es justo ahí donde puede nacer el imprevisto político.

Un poco de ejercicio, limpieza, lectura… ¡No voy a derrumbarme por pasar unas semanas encerrado en una casa equipada con todo el confort moderno! Pienso en historias inspiradoras que me den ánimo, valor y ejemplo. ¡Gramsci en la cárcel! La lectura y la escritura como forma de vida, como forma de habitar creativamente el tiempo suspendido, como disciplina de la atención. Contra la dispersión, el desánimo, la entropía…

¿En qué sentido decimos que el envés subjetivo es hoy una zona muy poblada?

Las medidas de excepción decretadas suponen una interrupción radical del sentido de la vida cotidiana: el trabajo, los niños, los vínculos, las logísticas cotidianas, los cuidados, la movilidad… Nos vemos enfrentados abruptamente a mil situaciones nuevas. Es posible intentar seguir una serie de instrucciones y realizar las operaciones que nos permiten adecuarnos a la situación, pero en realidad por todas partes se abren dudas, problemas, preguntas, fisuras. No encajamos. Las singularidades de las formas de vida -condiciones, contextos, inclinaciones- no encajan en la norma universal homogénea decretada. En cada una de esas preguntas y dudas que se abren -¿cómo ocuparme de los míos? ¿Cómo no perder la cabeza? ¿Cómo entender autónomamente lo que pasa? ¿Cómo hacer algo al respecto?- se decide una forma de vida, se vislumbra un mundo. Lo ínfimo es de nuevo lo más político.

Un ejemplo entre un millón. Amigas madres, amigos padres y educadores con los que hablo estos días me transmiten esta pregunta: ¿qué hacer con los niños en casa? ¿Cómo no llenarles simplemente el tiempo vacío? ¿Cómo explicarles lo que ocurre y darle un sentido? Es posible «comprar» las respuestas prêt-a-porter -una lista infinita de tareas o deberes online, el relato de guerra contra el virus malvado que ha desplegado el gobierno-, pero tal vez ni siquiera podamos costear esa opción o simplemente no nos convenza. ¿Entonces? Hay que pensar e inventar, porque lo dado no alcanza. Todo el mundo está pensando e inventando hoy, aunque lo que más circule como «pensamiento» sean los artículos de opinión asociados a nombres conocidos.

Preguntas, agujeros, fisuras: el «envés subjetivo» está hoy más lleno que nunca. Ni siquiera la obediencia es obvia estos días. No obedecemos sólo porque lo mande el gobierno o la policía, sino que hemos escuchado también el llamamiento de los trabajadores sanitarios a quedarnos en casa para no multiplicar el contagio, no poner en peligro el sistema de salud y la atención a los más vulnerables. Sin duda los trabajadores sanitarios son estos días el polo de identificación sensible más fuerte, la voz más creíble, seguramente porque están poniendo el cuerpo al extremo, con la vida al descubierto.

La subjetividad instituida vacila. La zona de inadecuación se amplía. En el envés bullen no sólo los malestares, sino también mil prácticas -abiertas o clandestinas, grandes o minúsculas- que «hacen con lo que nos hace»: prácticas de cuidado, de apoyo mutuo, de autoorganización, de supervivencia, etc. En ese envés está el humus de una posible subjetivación colectiva o de una «politización» de la crisis, si se quiere hablar otro lenguaje. Como el 13M de 2004 se «politizó» la situación creada por la gestión mentirosa que hizo el PP del atentado de Atocha, como el 15M de 2011 se «politizó» la situación creada por la gestión neoliberal de la crisis económica por el PSOE: desafiando y desbordando los sentidos establecidos, transformando las maneras de ver y sentir, alterando los nombres y las descripciones propuestas desde arriba («¿Quién ha sido? Queremos la verdad», «No es una crisis, es una estafa», etc.)

Oigo gritos en la calle y me asomo, alguien reprende a un caminante desde un balcón. Se arma una pequeña gresca fea. ¿Son a su modo los «policías de los balcones» un proceso de subjetivación aunque sea «oscuro»? No lo creo. Más bien me parecen la cara B del relato de guerra que se ha empeñado en desplegar el Gobierno del PSOE, una especie de plus subjetivo al discurso de movilización total contra el virus (ojo con los desertores, con los malos soldados…). No veo dudas, no veo preguntas, no veo envés subjetivo, no veo invención.

Por último la cuestión generacional. Según Lewkowicz, una generación no es una cuestión cronológica, sino un nosotros que se crea a partir de un problema. Que se apropia de un dato objetivo y lo convierte en una situación habitable: alterable, resignificable, modificable. Un nosotros, es decir, no un público de votantes, de espectadores o de consumidores, sino una fuerza colectiva, una superficie sensible, una nueva piel. Un nosotros que no preexiste a sus operaciones, sino que se configura a través de ellas. Y que puede incluir por tanto, quizá paradójicamente, a gente de distintas edades. A cualquiera que se sienta interpelado por esa apropiación, por esa creación de experiencia.

Scurati piensa la generación como una especie de padecimiento colectivo de una «buena decisión», la gestión del gobierno italiano frente a la «irresponsabilidad de la gente».

Han piensa que ningún nosotros puede surgir de aquí, porque la situación que vivimos está cerrada, clausurada. No hay modo de «hacer experiencia» en ella. Sólo cabe la obediencia: aislamiento y pasividad.

Habitar la situación sería por el contrario producir un exceso: una creación de sentido más allá de los sentidos impuestos (el relato de la guerra contra el virus, por ejemplo). Un sentido que no es sólo «significado discursivo», sino que arraiga en lo sentido, en los sentidos. Esa creación de sentido es imprevisible, no se puede anticipar. No se puede conocer de antemano su contenido, la naturaleza de sus preguntas, sus modos de organización, sus estrategias y objetivos. El proceso de subjetivación es siempre una sorpresa. Podemos, eso sí, no limitarnos a denunciar al poder y sus abusos, sino estar también a la escucha y atentos a ese envés de la experiencia.

Fuente e imagen: https://www.eldiario.es/interferencias/Vivencia-experiencia-coronavirus_6_1012858742.html

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Libro (PDF) Deslegitimar el capitalismo. Reconstruir la esperanza

Reseña: CLACSO

Los actuales responsables de la economía mundial legitiman al capitalismo como sistema económico, como fundamento de la organización política y como cultural del progreso. Sostienen que globalizar los intercambios en el marco del libre mercado permitirá trascender la pobreza y entrar en un equilibrio y emancipación humana. Sin embargo, luego de tres siglos, amén de una enorme producción de riqueza, y de espectaculares progresos científicos y técnicos, la cantidad de pobres y las distancias sociales alcanzan su cumbre. Puede hablarse de una progresiva destrucción de la naturaleza, de los pueblos y naciones, y del individuo.

El presente libro ilustra estos fenómenos y la riqueza de la convergencia de los movimientos alternativos contemporáneos, quienes movilizan fuerzas sociales ante la necesidad de una visión estratégica a largo plazo, deslegitiman el capitalismo y abren la perspectiva poscapitalista.

 

Autor/a:          Houtart, François

Editorial/Editor:  CLACSO

Año de publicación: 2009

País (es): Argentina

Idioma: Español.

ISBN :    978-9962-645-23-8

 

Descarga:   Deslegitimar el capitalismo. Reconstruir la esperanza

 

Fuente  e Imagen:   http://biblioteca.clacso.edu.ar/colecciones/saladelectura/index.php?a=q&r=1&hs=1&t=1&q=Sistema+educativo&j=dl&c=general&fqf=TX&Submit=buscar+en+CLACSO

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Coronavirus y crisis: enfrentar la coyuntura construyendo mayor igualdad

Por: Horacio Fernández y Claudio Lozano

 

Presentación: La aparición de la pandemia debido al corona virus ha desencadenado una profundización de escenarios de crisis tanto a nivel mundial, regional y en nuestro país indudablemente. Ahora bien, desde el material que se presenta a continuación, se procura puntualizar condiciones recesivas que ya se vivían en los distintos escenarios, y que incrementa las posibilidades de asistir a una depresión generalizada. Por lo que resulta importante tratar de describir, sucintamente las condiciones previas a la pandemia. Así mismo y dado que en los procesos de crisis en el orden capitalista se agudizan las condiciones de desigualdad, y los sectores del poder económico intentan descargar el peso de las mismas sobre el resto de la sociedad, se plantean para nuestro país una serie de propuestas que hagan que sea ese poder económico (grandes fortunas, cúpula empresarial concentrada y la gran banca privada), el que hoy aporte los recursos necesarios. Llevar adelante estas iniciativas, impone la rediscusión del papel del Estado, orientado a garantizar formas de regulación que permitan garantizar las condiciones de reproducción social con mayor equidad, para enfrentar la pandemia y encarar luego un proceso de recuperación conjugado en condiciones de mayor igualdad. CRISIS ANTES DE LA CRISIS Es preciso dejar en claro que esta crisis tiene componentes que ya existían en el ordenamiento del funcionamiento actual del sistema capitalista mundializado, antes de la aparición de la pandemia. Tiene muchos puntos de continuidad con la crisis del 2008 y tiene puntos de diferencia, a los que es necesario referirse. Como punto en común podemos caracterizar que estamos frente a una crisis que no se resuelve, y que tiene como marco las contradicciones entre las relaciones capitalistas y los impactos que introduce el cambio tecnológico: generación de excedentes extraordinarios por vía del incremento de la productividad y la reducción del consumo de la fuerza de trabajo por unidad de producto y apropiación privada y concentrada de los mismos, produciendo fenómenos simultáneos de depresión del consumo de masas, sobreinversión y sobreacumulación de capitales. Este escenario nos pone frente a enormes masas de plusvalor que no encuentran donde valorizarse y que terminan generando burbujas especulativas, montañas de capital ficticio sin contrapartida en la economía real. Este proceso, que no encontró resolución luego de la crisis del 2008, se refleja en un bajo crecimiento de la economía, baja tasa de inversión productiva y bajo crecimiento del comercio mundial. Fenómeno acompañado por un crecimiento exponencial del endeudamiento a escala global, endeudamiento tanto de los Estados, corporativo (de las empresas) y de las familias. En su informe 3 sobre el Comercio y el desarrollo del 2018, la UNCTAD (organismo de las Naciones Unidas para el Desarrollo), señala que a comienzos de ese año a escala global, ese endeudamiento había llegado a los 250 billones de dólares, el triple del Producto mundial, contra los 142 billones de una década atrás. Cabe así mismo mencionar, que una parte sustancial del endeudamiento corporativo, fue a alimentar inversiones financieras especulativas y recompra de acciones de esas mismas empresas que generaron una exuberante valoración bursátil sin creación de valor. NUEVOS ELEMETOS O sea, que lo que estábamos analizando, era que se habían gestado las condiciones para el estallido de una nueva crisis. La incertidumbre era acerca de cuándo venía, y cuándo iba hacer su aparición el cisne negro que la desatara. Como aspectos nuevos y que no estaban presentes en la crisis del 2008, por lo menos con la importancia que lo están hoy, hay dos nuevos componentes. En primer lugar las disputas proteccionistas entre Estados centrales afectados en término de desigualdad social por los resultados del redespliegue productivo global, y que tiene por objeto capturar los mayores beneficios en el reparto de la globalización. Aparece Estados Unidos como un actor central pretendiendo recuperar espacios y en ese marco la virulencia del enfrentamiento comercial con China ocupa un rol fundamental. Por otra parte, otro factor que no estaba presente en 2008 son los enfrentamientos alrededor del cambio en la matriz energética que se expresan en dos aspectos. Por un lado, en la guerra de precios de los productores de hidrocarburos convencionales, es decir la disputa de Rusia y Arabia Saudita, y que junto a la caída de demanda mundial, ha llevado el precio del petróleo a apenas por sobre los 20 dólares el barril. Así mismo, el establecimiento de precios tan bajos busca forzar un parate de la producción del shale de un Estados Unidos transformado en un jugador central en la discusión petrolera mundial y puesto en conflicto, original por cierto, con uno de sus aliados principales en Medio Oriente, que es Arabia Saudita. También aparecen actores en la disputa por el camino a energías más limpias, versus los dependientes de combustibles fósiles. En ese sentido, China parece estar recorriendo el camino hacia las energías más limpias y en esa dirección está incorporando alrededor de un millón de vehículos eléctricos por año. Es decir, sobre este trípode: crisis no resuelta en la acumulación de capital, disputas por el proteccionismo, y disputas por el cambio de la matriz energética, elementos que ya permitían avizorar que la economía mundial transitaba hacia una nueva fase recesiva, hace su aparición la pandemia, desestabilizando aún más un cuadro ya inestable como el descripto. Generando un escenario de mucha mayor incertidumbre y de mucha mayor complejidad, y abriendo la puerta no ya un proceso recesivo, sino a la posibilidad de que se desencadene una depresión generalizada de la economía mundial Este escenario, que nos coloca en un círculo de caída de la producción, caída del consumo, mayor caída de la producción, pérdida de los ingresos, pérdida para los Estados, para las empresas y para 4 las personas, y que impone una ruptura de la cadena de pagos y de imposibilidad de afrontar los compromisos de deuda, hecho este que retorna en términos de ruptura del crédito y mayor profundización caída de la producción. Es decir, estamos ingresando en una espiral descendente que tiene difíciles pronósticos, y que se expresa en los procesos de destrucción de capital y desvalorización, que evidencian los mercados bursátiles. En ese contexto aparecen paquetes de financiamiento promovidos por los países centrales (Estados Unidos, Alemania, Banco Central Europeo). Y el intento de ponerle un piso a la caída. En síntesis, la pandemia cataliza, acelera y profundiza una crisis que ya estaba en ciernes. En igual sentido, sostener este planteo pone en duda aquellos pronósticos que, suponiendo el final de la pandemia en los próximos dos meses, prevén una rápida recuperación de la economía y el comercio mundial. ¿Cómo esta crisis va a impactar en la Región? Obviamente el impacto en el canal comercial es fundamental. Las exportaciones de materia prima de nuestra región tienen por destino los países que hoy están atacados por esta crisis en el hemisferio norte. El turismo y los servicios van a golpear muy fuertemente en América Central, en América Latina y en Argentina también. El parate productivo que ya traía la guerra comercial, sumado al que profundiza la aparición de la pandemia, golpea fuertemente sobre la interrupción generalizada de las cadenas globales de valor, con especial intensidad tanto en Brasil como en México. Esto tiene un aditamento, que es el deterioro de los precios de los commodities. Una gran diferencia para la región en comparación con la crisis del 2008, es que justamente en aquel momento, la región venía de una situación de elevados precios internacionales, que le había permitido acumular un importante volumen de reservas, que permitieron que los gobiernos de la región pudieran surfear en ese momento la crisis. Vale resaltar que China que hace una década actúo como un dinamizador para arrastrar favorablemente a la economía mundial, hoy ha recortado sus proyecciones de crecimiento para este año a sólo un 3.5%. Lo cual obviamente afecta la situación de los precios de los commodities. En este marco, ¿Cómo nos golpea la crisis en Argentina? Lo que hay que aclarar y particularizar es que este marco encuentra a la Argentina, y es un rasgo común en los países de la región, con márgenes de informalidad, precariedad, pobreza y de indigencia muy altos. Después de la trágica experiencia del neoliberalismo macrista, nosotros tenemos casi un 40% de pobreza, y 10% de indigencia. Cabe puntualizar que desde el 2010 hasta los años de la recesión macrista se venían alternando períodos de crecimiento y de caída de la actividad. Con lo cual, podemos decir que Argentina afronta la pandemia en el marco de diez años de estancamiento. Que se agravaron en los últimos dos años con caídas importantes del PBI estancamiento e informalidad, donde prácticamente el 50% de la fuerza de trabajo ocupada presenta algún grado de precariedad, lo cual dificulta aún más la situación. 5 Es decir, este cuadro hace que la pandemia agrave el cuadro social. Pero dicho cuadro, donde la pobreza y la indigencia tienen por correlato situaciones de hacinamiento, de falta de vivienda, de limitaciones al acceso al agua potable y de falta de higiene y salubridad, le plantea restricciones al mantenimiento de una cuarentena generalizada. Ya que la misma potencia, si no se actúa con celeridad y eficacia, la desigualdad y el deterioro social. Lo planteado impone una drástica alteración de las prioridades con las que se conducía el paradigma gubernamental en materia económica. Hasta este momento el gobierno intentaba modificar la estructura de precios relativos de la economía resultante del macrismo, mientras negociaba una solución al endeudamiento externo. En este marco la prioridad asignada a la resolución de la deuda impactó en términos de una fuerte austeridad fiscal, que limitó la posibilidad de utilizar al Estado como un potente redistribuidor de ingresos e inductor del consumo y la demanda global. En la nueva situación, ningún acreedor puede demandarle a la Argentina un plan económico consistente. Y la situación de crisis mundial, permite una solución acordada que postergue los pagos por varios años o en su defecto la inmediata suspensión de los pagos. Pero además, el debate sobre cómo reactivar la economía se ha transformado en una discusión respecto a cómo evitar o contener una mayor caída de la actividad y una mayor desigualdad. Sobre todo por lo que se planteaba antes, esta retroalimentación negativa entre condiciones sociales que hacen más vulnerable a la pandemia, y una pandemia que agrava la situación de las condiciones sociales. Cuadro este que puede generar una situación de colapso de inimaginables consecuencias. Entonces, parece ser necesario discutir que lo más importante, lo que está a la orden del día, son las medidas de contención de esta situación. El gobierno ha lanzado una cantidad de medidas: transferencia de ingresos a los sectores más postergados, a través de bonos para dependientes de planes, beneficiarios de la asignación por hijo y jubilados que gana la mínima. Y en los últimos días ha incorporado a monotributistas, que son aquellos que en muchos casos encubren relaciones laborales, monotributos sociales, trabajadores y trabajadoras autónomas y trabajadoras de casa de familia, más el resto de la informalidad (con las limitaciones previstas: no percibir otros planes excepto AUH y asig. por embarazo o que no haya otro miembro del hogar con ingresos). Transferencia de ingresos acompañada por una recuperación de la inversión pública, que se encuentra limitada porque obviamente, frente al aislamiento que nos propone la cuarentena, el shock de inversión, no tiene muchas posibilidades de llevarse a cabo. Puntualmente, hoy sólo se ejecutan las que son destinadas a ampliar la capacidad del sistema sanitario. Otra medida importante, que alcanza a un punto del producto bruto interno, es abrir una línea de financiamiento para dotar de capital de trabajo a bajas tasa de interés a pequeñas y medianas empresas, fondeadas a través de la liberación de encajes y rescate de Leliq por el BCRA. Con respecto a las medidas que se han planteado desde el gobierno, podemos caracterizarla como en tres rubros: la transferencia directa de ingresos hacia a la población más vulnerable, un shock 6 de inversión pública, y el financiamiento para la PyMES. En términos generales podemos decir que hay un desbalance en el paquete gubernamental que privilegia la política monetaria y la asistencia financiera, por vía el sistema bancario. Hoy no parece ser este el camino. Los bancos no sirven para canalizar financiamiento y el tercio de las empresas que están bancarizadas incorpora a muchas que tienen espaldas para afrontar la situación, y deja afuera a toda la informalidad empresarial. El camino es la política fiscal que incluye la discusión respecto a cómo generar un piso mínimo de ingresos equivalente, por lo menos a la canasta alimentaria y de alcance universal para el conjunto de los hogares. Política fiscal que debe fondearse aprovechando la amplia liquidez disponible en la gran banca privada y que debe servir para asistir de manera directa a la nómina salarial PyME. Frente a lo agudo de la pandemia, hay que garantizar ningún hogar con hambre, ningún hogar bajo la línea de indigencia. Y finalizada la misma, para apuntalar la recuperación, hay que elevar el piso de ingresos de alcance universal para alcanzar el criterio de ningún hogar bajo la línea de la pobreza. ¿Qué herramientas creemos nosotros y que hemos planteado desde nuestra Central?: transformar y universalizar el hoy vigente Salario Social Complementario en un Salario Social de Empleo y Formación para las Jefas y jefes de hogar desocupados o con ocupaciones de subsistencia. También universalizar efectivamente la asignación por hijo e hija. Hemos demostrado que fácilmente pueden incluirse en el sistema, tres millones de pibes y pibas que hoy están por fuera. Promover una asignación para todas aquellas adultas y adultos mayores que no cumplen con los requisitos de la seguridad social. Son tres herramientas de carácter universal, o propuestas de Renta Básica, que obligan a destacar un concepto. Y es que, frente a las formas precarias de relación laboral hoy vigentes, la seguridad social no puede estar más atada, como en el Estado de Bienestar, al modelo del pleno empleo del fordismo. Y por ello, hay que animarse a pensar otras alternativas. Lo que transitemos hoy, conteniendo los efectos de la pandemia, tiene que tener un vínculo con lo que pensamos como recuperación posterior del proceso económico. En ese sentido pensamos que junto al establecimiento del piso de ingresos que estamos planteando hay que impulsar un plan de financiamiento compulsivo. Con esto queremos decir que los bancos tienen que garantizar que se reprogramarán todas las deudas que no puedan pagarse. Pero además, que se van activar las líneas de crédito para garantizar el pago de salarios y el crédito para el capital de trabajo. Como decíamos, la propuesta de volcar casi un punto del PBI a baja tasa es importante. Pero choca con el obstáculo de la gran banca privada que no quiere habilitar líneas de créditos. Se requiere una acción agresiva del Banco Central. Y si es necesario, declarar de interés y de utilidad pública al sector. Para poder intervenir y obligar, mientras dure la emergencia, con regulaciones más fuertes, a cumplir con las instrucciones de la autoridad pública. Suspensión de pagos, renta universal, financiamiento de la nómina salarial y el capital de trabajo de las PyMES, son las claves de una estrategia que debe completarse con una clara vocación estatal de comprometer a las principales fortunas y a la cúpula empresarial en el aporte 7 concreto frente a la crisis. Resulta intolerable que, en contextos como el vigente, los dueños del poder económico boicoteen la situación aumentando precios, limitando el abastecimiento o agravando el desempleo y la caída de los ingresos. Es indispensable, en este sentido, declarar de interés y utilidad pública aquellos aspectos de la economía que resultan centrales para afrontar la emergencia: Alimentos, Salud, Medicamentos, Equipamiento Médico, Transporte, Finanzas, Energía, Higiene y Limpieza. Esto debería dotar al gobierno de instrumentos para intervenir sobre las firmas y los bancos, a efecto de obligarlos a cumplir con las definiciones de la Autoridad Pública. Esto permitiría colocar un bono a los grandes bancos para dispones de la liquidez existente y no prestada por las propias entidades. Permitiría exigir que las empresas importantes sean capitalizadas por sus dueños para afrontar la nómina salarial y el pago de impuestos. Garantizar que las empresas que han hecho fortunas en base a los tarifazos afronten el no pago de las facturas con sus propios recursos. Que los laboratorios se subordinen a la política de medicamentos que imponga el ministerio de Salud, así como también el abastecimiento a precios razonables de los alimentos. Estas definiciones sumadas a la posibilidad de requerir un aporte de las grandes fortunas, considerando inclusos el dinero fugado al exterior, son algunas de las posibilidades que hay que barajar en el presente contexto. Por otro lado, no podemos pensar que, superada la crisis de la pandemia, la economía mundial vuelva a funcionar como hasta ahora. Entonces, la salida que se pensaba para nuestro país, basada en poder generar un shock de exportaciones, no tiene mucha posibilidad. Primero, porque el mercado externo está deprimido. Segundo, porque la apuesta a grandes exportaciones a través del shale gas para que generara dólares, tampoco tiene perspectivas por lo ya explicado. Por lo tanto, no hay recuperación si no es pensando seriamente en el mercado interno como actor fundamental, impulsando un fuerte proceso de sustitución de importaciones. Ahí tiene un rol imprescindible como inductor de la demanda agregada el piso de ingresos de alcance universal equivalente al valor de una canasta de bienes y servicios, que permiten a un hogar superar la situación de pobreza. Así mismo, en el marco del derrumbe del valor patrimonial de las acciones empresarias, se abre la oportunidad para que el Estado vuelva a ocupar un papel central en actividades neurálgicas, sobre todo del complejo energético. Existen condiciones para retomar por poco valor el control sobre el sector energético (luego del proceso de destrucción de valor, hoy YPF tiene una valuación de 1000 millones de dólares). Recuperar el control sobre YPF, y el proceso de distribución energética podría permitir volver a tener un sistema centralizado, fundamental para pensar en un sistema productivo distinto como el que planteamos. Entonces, si se suspenden los pagos, si hay un estricto control de las divisas, no se paga un peso más de las reservas, y lo que entra por comercio exterior se utiliza para incentivar el aparato económico, el financiamiento compulsivo y la recuperación y el control del mercado de 8 alimentos y el de la energía por parte del Estado, estamos en condiciones de pensar en unir una estrategia productiva distinta a partir del enfrentamiento de la pandemia. Poder desarrollar estas estrategias impone primero la revalorización del rol del Estado. Pero resulta indispensable dejar en claro qué significado damos a esta afirmación. Estamos acostumbrados a ver que los más connotados gurúes neoliberales, hablando en nombre del poder económico, hoy salen a pedir que el Estado sea el garante del orden económico que a ellos los beneficia. Que emita, si eso es necesario para ese objetivo!! Son los que suelen reclamar en contextos de crisis la socialización de las pérdidas, así como en las recuperaciones proponen privatizar las ganancias. Son también los que ya comienza a decir que el sector privado ya hizo un gran esfuerzo y que ahora le toca al Estado y vuelven con las viejas recetas de achicar el gasto público (salarios jubilaciones, etc.). Vale la pena afirmarlo una vez más, que por décadas de aplicar estas políticas de desfinanciamiento y achicamiento del sector público, hoy los Estados se encuentran inermes, tanto en argentina como en gran parte del mundo para enfrentar sanitaria y socialmente las consecuencias de esta pandemia. Desde los trabajadores y los sectores populares el debate sobre el papel del Estado debe orientarse a garantizar formas de intervención y regulación que permitan la construcción de un nuevo acuerdo social, capaz de garantizar las condiciones de reproducción social sobre bases de mayor justicia y equidad. A su vez, y aunque es posible que deban ser tratados con mayor profundidad, es importante destacar algunos comportamientos y reconfiguraciones sociales que como organización social, como organización sindical debemos mirar con detenimiento. Tenemos que estar atentos para que como sociedad, no permitamos cruzar una línea bastante delgada que está entre el control de la pandemia y el autoritarismo. Porque realmente también alarma ver los pedidos de extremo punitivismo cuando salen en boca de aquellos que, hasta hace poco tiempo negaban que en nuestro país hubiera habido 30.000 detenidos desaparecidos, o aquellos que son los adalides de las políticas de mano dura. Al mismo tiempo como organización de trabajadores nos vemos desafiados. Cómo nos defendemos en estos momentos, si no podemos defender y ejercer la organización y la acción colectiva de los trabajadores. Cómo afrontamos el aislamiento social, el miedo al contacto, el miedo a la circulación, cuando la organización en los lugares de trabajo y la acción colectiva y directa para defender nuestras condiciones de trabajo y conquistar nuevas son eminentemente colectivas? La salida de la crisis va a reconfigurar nuestros comportamientos sociales. Frente a grandes crisis los sectores que concentran el poder, procuran aplicar la doctrina del shock denunciada por Naomi Klein, intentando que las soluciones a las mismas a gran escala se vertebren profundizando las desigualdades. Estamos desafiados a descubrir nuevas capacidades de construcción y organización social para enfrentar esta encrucijada. Las enormes muestras de solidaridad que se ponen de manifiesto frente a la crisis son la base sobre la que vamos a construir colectivamente esas condiciones. 9 Además resulta evidente que se acelera la incorporación de nuevas formas de trabajo. El teletrabajo, la educación a distancia o virtual, el comercio on-line. Todas estas transformaciones, todas estas modificaciones que formaban parte de los objetivos para limitar el colectivo de los trabajadores, ganan un espacio en la emergencia, que difícilmente no se intente hacerlas permanecer a posteriori como un ordenamiento social general. Como trabajadores y trabajadoras, nuestros modelos de organización siempre adoptaron la mejor forma para enfrentar la explotación de la fuerza de trabajo en cada época histórica. En esta oportunidad no será distinto. Aceptamos los desafíos que nos propone. Enfrentamos una situación de crisis. Pero estamos convencidos que revalorizando el rol del Estado, y dando una disputa sobre los términos en que se debe dar esa revalorización, podemos afrontar la pandemia primero, para luego encarar un proceso de recuperación bajo contenidos de mayor igualdad.

Fuente: Los autores escriben para OVE

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OPINIÓN | ¡Quédate en casa! y “¿con qué ojos?”

Por:  Tlachinollan

El pasado sábado 28 de marzo, en la conferencia vespertina el subsecretario federal de promoción y prevención de la salud, el Dr. Hugo López-Gatell, reiteró en varias ocasiones la necesidad de quedarse en casa, con el fin de reducir la velocidad de la propagación del coronavirus en el país. Explicó que es el momento más propicio para controlar la curva de la transmisión del COVID-19. Es la oportunidad para frenar la proliferación de la pandemia. Remarcó que hay que quedarse en casa de forma masiva durante un mes (del 23 de marzo al 19 de abril). Auguró que seguirán aumentando los casos y que, además, habrá muertes. Le apostó a que con esta medida se pueda retardar la velocidad de los casos, para que las 26 mil unidades de salud que hay en el país, sean suficientes para atender a los pacientes.

Este anuncio fue un llamado urgente a la nación. El gobierno federal asumió el compromiso de suspender todas sus actividades con el fin de convocar al sector privado y social para que hagan lo mismo. Su diagnóstico fue alarmante porque manifestó que desde la segunda semana de marzo, existe un crecimiento acelerado de casos a nivel nacional que se elevan para este domingo a 993 personas contagiadas, arrojando un número de 20 defunciones. El 87% de las personas fallecidas son mayores de 65 años y padecían hipertensión y obesidad, y en menor medida diabetes y tabaquismo. Concluyó diciendo que esta medida de quedarse en casa tendrá sus efectos positivos en las semanas que vienen, por eso hizo un llamado enérgico, enfático e infalible, de cumplir con esta medida. De lo contrario, auguró que estaremos enfrentando curvas epidémicas inmanejables como está sucediendo en Italia, España, Estados Unidos y Francia.

Por otra parte, el gobernador del estado con el secretario de salud, informaron este domingo que existen diez casos confirmados y una defunción, reiterando la recomendación de quedarse en casa, de cuidar mucho a la familia y de atender a los adultos mayores. Manifestando que es una lucha que hay que dar entre todos, y que con la ayuda de Dios hay que salir adelante.

Este discurso desde el poder deja entrever una realidad devastadora, se vislumbra un escenario atroz, porque la pandemia no respeta hemisferios, países desarrollados, fronteras, ni el libre mercado. Más bien nos ha colocado en una situación sumamente vulnerable que ha hecho trizas todas las formas de como vivimos, producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. El coronavirus vino a cuestionar de fondo, las supuestas virtudes del capitalismo: la acumulación ilimitada, la competencia irrefrenable, el individualismo craso, el consumismo banal, el despilfarro de nuestra mediocridad y superficialidad, la indiferencia frente a la miseria de millones de personas, la reducción del Estado y la exaltación de que la avaricia es buena. Con el COVID – 19 esto ya no puede continuar.

El presidente francés Emmanuel Macron expresó recientemente que “lo que revela esta pandemia, es que la salud gratuita, sin condiciones de ingresos, de historia personal y de profesión, y nuestro estado de bienestar social, no son costes o cargas, sino bienes preciosos, unos beneficios indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado”.

Por otra parte, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, manifestó recientemente que “en las esferas más altas del poder, la economía era lo primero … hasta que llegó el COVID – 19. Advirtió que se avecina una recesión global que hará que el Producto Interno Bruto (PIB) de la región decrezca, el desempleo aumente y millones de personas se sumen a los índices de pobreza. Resaltó que, ante la postura de los países desarrollados de cerrar las fronteras ante el temor de la propagación del coronavirus, representa una coyuntura importante para repensar la integración y la autosuficiencia regional. Esto se va parecer mucho a una economía de guerra… porque se ha cortado el transporte y las barreras se han hecho enormes. Por lo mismo, habría que ver cómo se va a reconstituir una economía distinta más integrada hacia lo local, buscando también pautas de autosuficiencia, por ejemplo, alimentaria, que es otro de los temas que no ha salido, pero seguramente van a venir una muy importante escasez de comida, especialmente en las economías vulnerables que dependen de importaciones.

Estas reflexiones colocan a más del 60% de la población pobre de México, en una disyuntiva: de quedarse en casa o de salir a la calle para poder comer. ¿Qué hacer ante un país sumamente desigual donde el 448% de la población vive en la línea de la pobreza? El llamado del doctor Gatell a la autodisciplina del pueblo mexicano de quedarse en casa, debe de tomar en cuenta los índices de pobreza que siguen desbastando a nuestro país. Las mismas estadísticas oficiales nos muestran dramáticamente a un pueblo con hambre. En estas circunstancias el llamado a todos los mexicanos y mexicanas a acatar una medida, que tiene implicaciones económicas sumamente extremas, pone en el limite la desobediencia de esta norma por su inefectividad. Apelar solo a la conciencia de que la permanencia en casa, es la medida más segura para revertir esta pandemia, para la población que vive por debajo de la línea pobreza, es imposible no salir a las calles en busca de la sobrevivencia. La mayoría de mexicanas y mexicanos viven al día, ante esta voracidad del modelo capitalista, que le apuesta a la acumulación de capital y a la privatización de los bienes y servicios. No hay ningún país regido por la economía de mercado, que no haya colapsado su sistema de salud, por esa tendencia obsesiva de fragmentar los sistemas de salud y privilegiar su privatización. Lo que hoy estamos viendo es que no son las empresas privadas, sino el Estado con sus políticas sanitarias generales los que podrán realmente salvarnos de esta pandemia. En los medios masivos de comunicación hemos testificado como el coronavirus ha producido el colapso del mercado de valores (bolsas), que es el corazón de este sistema especulativo.

Retomando al teólogo Leonardo Boff “no basta la hiperinformación y los llamamientos por todos los medios de comunicación (ante la grave tragedia del coronavirus). No nos mueven al cambio de compartimiento exigido. Tenemos que despertar la razón sensible y cordial. Superar la indiferencia y sentir con el corazón el dolor de los otros. Nadie está inmune al virus. Ricos y pobres tenemos que ser solidarios unos con otros, cuidarnos personalmente y cuidar de los otros y asumir una responsabilidad colectiva. No hay un puerto de salvación. O nos sentimos humanos, co-iguales en la misma casa común o nos hundiremos todos”.

Lo que más preocupa es que el sistema de salud de nuestro país, tenga la capacidad de responder ante un escenario que nos coloca en el limite de la sobrevivencia. Además del llamado a permanecer en casa los gobiernos tienen que garantizar la protección de los ingresos de las familias. En esta crisis ese es el tema central, ¿Cómo apoyar a las familias que no tienen un empleo seguro y mucho menos un ingreso diario en casa?

Es sumamente preocupante que la epidemia ocurra en condiciones en las que la mayoría de la población no cuenta con un trabajo formal, con un seguro médico, con un salario suficiente para vivir dignamente. En Guerrero donde las condiciones de pobreza se expanden por las siete regiones del estado es urgente la implementación de un programa que garantice el reparto de alimentos suficientes para toda la población que está en situaciones de pobreza extrema. Sin una medida de esta envergadura no será posible contener la curva ascendente de enfermos por coronavirus y nuestro sistema de salud colapsará ante un llamado de quedarse en casa que nadie atenderá. Las autoridades tienen el gran desafío de implementar programas emergentes para mitigar el problema del hambre que amenaza con desbordarse, ante el déficit alimentario que existe en las regiones indígenas y ante el desempleo galopante que se multiplica en amplias franjas de la población que vive en las periferias de las ciudades. Tiene que garantizarse el abasto de alimentos y de agua para toda la población, así como aprobar un paquete de protección social que contemple el pago de rentas y todos los servicios públicos, para garantizar los derechos básicos.

¿Con qué ojos? Dijera popularmente la gente que a diario tiene que trabajar en la calle para poder llevar alimentos a su familia. Es importante quedarse en casa, pero las autoridades tienen que entender que este llamado no puede hacerse sin tomar en cuenta la abismal desigualdad que existe en nuestro país y en nuestro estado. ¿Qué compromisos asumen los gobiernos de los tres niveles para hacer viable este llamado? Son insuficientes los programas que se han implementado para enfrentar esta pandemia. Por eso es importante, tomar en cuenta a la sociedad que demanda abasto de alimentos, servicios básicos de salud, empleo seguro, vivienda digna y educación que rompa las cadenas del oprobio. El gran desafío es como fortalecer las economías locales y no seguir a la deriva de la dictadura del mercado. Los pueblos nos han enseñado, que los seres humanos somos parte de la naturaleza y que la tierra no nos pertenece para explotarla a nuestro antojo, que  más bien nosotros somos sus hijos, que ella es nuestra madre generosa pero en cualquier momento puede revelarse y enviarnos un virus devastador, como el que hoy nos tiene en vilo.

Fuente e imagen: http://www.tlachinollan.org/opinion-quedate-en-casa-y-con-que-ojos/

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Apuntes sobre el artículo tercero

Por: Carlos Ornelas

En muchas constituciones del mundo existe una norma que estipula principios y fines de la educación. Casi siempre de manera sintética, deja las partes de estructura y procedimiento a leyes y reglamentos.

En la Constitución de 2017, el artículo 3º cumplía con tal veredicto. En 71 palabras y cuatro pequeños párrafos prescribió que la educación sería libre, laica y gratuita; prohibió la intervención de las iglesias y ministros de cualquier culto en la educación primaria.

El texto del artículo vigente, a partir del 15 de mayo de 2019, contiene más de dos mil palabras, propósitos y fines se desdibujan entre tanto detalle de organización, método y hasta listas de materias.

Las mudanzas de este artículo se dieron en plazos irregulares, cada vez más breves. Los gobernantes en turno impulsaron giros radicales en dos momentos contrastantes. En 1934, para establecer la educación socialista, y en 1946, para instituir la educación democrática. Tremendos debates enmarcaron ambas enmiendas. El texto creció en cada etapa.

Las reformas subsecuentes al artículo 3º ratificaron los principios de 1946: el criterio democrático de la educación, el fin de desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y el principio del Estado secular, ajeno a cualquier doctrina religiosa. Cada una propone uno o más elementos simbólicos que se exhibieron en acciones políticas.

La de 1980 tiene valor emblemático para las universidades públicas, pues coronó luchas intermitentes desde los 1920 por la autonomía universitaria. Quedó consagrada en la fracción VIII, hoy es la VII.

La de enero de 1992 se dio en consonancia con la reforma al artículo 130 y replanteó la relación con las iglesias; reconoció en el texto a las escuelas confesionales, que existían en la práctica, no clandestinas, toleradas. Al mismo tiempo recuperó el principio de 1917: educación laica.

La de 1993 fue producto del Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica, de mayo de 1992. La paradoja: con tal pacto, el gobierno federal transmitió porciones de autoridad a los gobernadores, pero centralizó el poder. En el plano curricular fue patente. La fracción II estableció: “el Ejecutivo Federal determinará los planes y programas de estudio en la educación primaria, secundaria y normal para toda la República”.

La del 2002 hizo obligatorio el preescolar que, junto con la primaria y la secundaria, conforman la educación básica.

La enmienda de 2011 puso a tono a México con la tendencia mundial democrática de que la educación deberá fomentar el respeto a los derechos humanos.

El 3º volvió a cambiar en 2012, para incluir un nuevo principio en favor del aprecio y respeto por la diversidad cultural; e hizo obligatoria la educación media.

La reforma de 2013 causó más debates, antes y tras su promulgación. Ratificó los principios de democracia y solidaridad; además, amplió la obligación del Estado para impartir (garantizar fue la palabra) educación de calidad. Para ello instituyó el Sistema Nacional de Evaluación Educativa y otorgó autonomía constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

El punto álgido de los debates fue la instauración del Servicio Profesional Docente, con mecanismos de evaluación a los maestros para su ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia en el sistema educativo. Un atentado contra la tradición. En contraste, el gobierno debía tomar en cuenta su opinión —y de padres de familia— para determinar planes y programas de estudio.

Con instrumentos jurídicos, el gobierno intentaba cumplir un designio político: recuperar la rectoría de la educación. Regencia que el Estado extravió porque los gobernantes permitieron que los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación colonizaran el gobierno de la educación básica.

El texto de 2019 entierra la porción más debatida en 2013, pero recupera, con otra retórica, elementos de ésta y otras anteriores. De su análisis me encargaré el próximo miércoles.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/apuntes-sobre-el-articulo-tercero/

Imagen: https://www.shutterstock.com/image-photo/declaration-independence-eyeglasses-quill-pen-574790248?irgwc=1&utm_medium=Affiliate&utm_campaign=Pixabay+GmbH&utm_source=44814&utm_term=https%3A%2F%2Fpixabay.com%2Fimages%2Fsearch%2Fconstituci%25C3%25B3n%2520pol%25C3%25ADtica%2F

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