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Hay distintas clases sociales entre las mujeres y, por lo tanto, diferentes feminismos

Por: Vincenc Navarro

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cómo se expresa tal machismo. No es, pues, de extrañar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo). La bienvenida concienciación de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, también viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ahí la pluralidad de movimientos feministas.

Quedó ello claro hace varios días en un hecho que adquiría gran visibilidad mediática en EEUU, y que ocurrió en la Harvard University, el centro académico con más recursos, más rico y más poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos). Las matrículas de los estudiantes son una parte muy minúscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversión más importantes del país. El hecho que sea un centro educativo es una actividad más que le da nombre, pero la mayoría de sus fondos se obtienen a través de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su característica principal. Dicha universidad es también donde parte de la élite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (“liberal” en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra “liberal” en EE.UU. quiere decir socialdemócrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard. Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de información españoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilización del término “liberal”, crea una confusión enorme en la audiencia de tales rotativos).

El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres. Ahora bien, en 1977 tomaron la decisión de intentar parecer más modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de élite, como fue el caso del estudiante Obama, que llegó a ser presidente del país), más tarde a latinos y, últimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista.

Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurrió recientemente cuando el que había sido ministro de Hacienda de la Administración Clinton, el señor Larry Summers  fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad. En una entrevista, dicho señor Summers dijo que el hecho de que no hubiera más mujeres que fueran catedráticas en disciplinas científicas como física o química, se debía –según él- a razones biológicas, es decir, que las mujeres no eran hábiles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta

El escándalo que tales declaraciones crearon fue mayúsculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rápidamente indicó que nombraría a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurrió. Se nombró como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, además de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad científica que había animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo así con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prácticamente por la mayoría de las asociaciones feministas de EE.UU.

El feminismo popular

Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compañía Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los más exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo académico de tal ciudad). Tal hotel el año pasado consiguió uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayoría de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor número de habitaciones a limpiar por día y mayor número de accidentes.

Durante más de tres años tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podrían defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo. Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos años. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment político-mediático del país, ignoraron estas peticiones. En un interesante artículo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment político-académico-mediático estadounidense, no representaban los intereses de la mayoría de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas. El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareció también en la definición de sus intereses. La realidad es que la integración de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares.

Y ello apareció también claramente en las últimas elecciones a la Presidencia de aquel país. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demócrata intentara movilizar a las mujeres presentándose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apeló al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptación y atractivo para las clases populares. Clase social, después de todo, continúa siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino también en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular

Y esto ocurre también en España. La evidencia científica existente muestra claramente que, en España, aquellos servicios del Estado del bienestar que están menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia –mal llamadas guarderías en nuestro país- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El déficit en el desarrollo de tales servicios en este país es enorme.

Y en España cuando decimos “familia” queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los países del sur de Europa (donde las derechas han sido históricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido históricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el número de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22. En España, la proporción es de 42 versus 8.

Ahí radica el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más de enfermedades debidas al estrés que el hombre. Y la mujer más afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ahí que la mayoría de encuestas muestren que, además de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas más comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios. Es urgente que los partidos políticos que están enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalización de tales servicios en España. España (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciación de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/19649/hay-distintas-clases-sociales-entre-las-mujeres-y-por-lo-tanto-diferentes-feminismos/

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España: Las educadoras infantiles, en ‘guerra’ contra la Junta, convocan a huelga.

Europa/España. 15 de abril de 2017. Fuente: lavozdelsur.es

CCOO convoca huelga para los días 19 y 20 de abril en las escuelas de Educación Infantil porque entiende que el nuevo decreto-ley del Gobierno andaluz pone en peligro numerosos puestos de trabajo.

CCOO convoca una huelga en las huelga en las Escuelas de Educación Infantil de Andalucía para los días 19 y 20 de abril por considera que la implantación del nuevo decreto-ley aprobado por la Junta de Andalucía puede conllevar «la destrucción de empleo y el empeoramiento de las ya deficientes condiciones laborales de un sector feminizado en el 95%». La consecuencia directa de esta normativa será sacar las plazas a concurrencia competitiva, con rebajas de hasta el 15% sobre un coste por plaza que ya estaba en entredicho.

El secretario general del sindicato de Enseñanza de CCOO de Cádiz, Sebastián Alcón, asegura que «la publicación decreto-ley de Educación Infantil y el cierre a la negociación por parte de la Consejería de Educación, supondrá para miles de trabajadoras una mayor precarización de sus condiciones laborales, y, contra ello, CCOO convoca huelga los días 19 y 20 de abril en las Escuelas Infantiles andaluzas». También establece de forma tácita el llamado cheque escolar, que fomenta la mercantilización de esta etapa educativa cuando la LOE y la LEA restringen las ayudas a la ausencia de ánimo de lucro, informa el sindicato.

Este decreto-ley conllevará, según CCOO, dificultades para las empresas más cumplidoras laboralmente y con plantillas más estables, pues se exigirá un esfuerzo aún mayor a su personal para poder competir y mantener las mismas condiciones, facilitando un trasvase de alumnado que pondrá en peligro los empleos y su estabilidad, al generalizar una situación de competencia desleal entre los centros y sus trabajadoras. El sindicato señala que las trabajadoras de este sector aspiraban a mejorar sus duras condiciones laborales tras años de congelación salarial —una educadora cobra 837 euros brutos por un mínimo de 38 horas semanales de trabajo—, pero el decreto-ley aprobado por el Gobierno andaluz ha supuesto un golpe bajo a sus expectativas.

Fuente de la noticia: http://www.lavozdelsur.es/las-educadoras-infantiles-en-guerra-contra-la-junta-cobran-837-euros-por-38-horas-semanales

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De la identidad del ser a la pedagogía de la diferencia

 Por:Ignacio Calderón Almendros, Juan Miguel Calderón Almendros y Mª Teresa Rascón Gómez.

Resumen. Las distintas definiciones acerca del ser humano intentan identificar una característica que generalizar para todo el género Homo. Esta cuestión nace del principio de identidad, y tiene fuertes repercusiones en las concepciones antropológicas sobre las que se asienta la pedagogía. El cuestionamiento de este principio permitiría dar cabida al conflicto en el discurso pedagógico, así como poner en crisis algunas de las bases sobre las que asentamos el análisis de la diversidad y su atención educativa. Nos puede definir la diferencia en lugar de la homogeneidad, lo que implica el cuestionamiento de la norma.

Palabras clave: identidad; diversidad; diferencia; filosofía de la educación.

1. INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia se han realizado diferentes definiciones acerca del ser humano. Todas ellas pretenden encontrar lo que de común hay en los seres humanos, es decir, intentan identificar una característica que sea representativa, y generalizarla así para todo el género Homo. Esta cuestión tiene fuertes repercusiones en las concepciones antropológicas sobre las que se asienta la pedagogía en la actualidad. El presente artículo1 pretende reflexionar en torno a una pregunta: ¿Y si la característica que nos define no es la que homogeneiza al ser humano sino la que atiende a la diferencia?
Por supuesto que los seres humanos, como otros animales, tienen que comer, beber y dormir. Todos tenemos ciertos rasgos biológicos en común y no puede haber ninguna duda de que compartimos la naturaleza de otros animales. Pero cuando llegas a sus rasgos de comportamiento distintivos, qué diferente es una población humana de otra. No solo se diferencian en los idiomas que hablan −tendrás cierta dificultad en hacerte una idea de la gran cantidad de idiomas diferentes que encontrarás–. Difieren en su forma de vestir, en sus adornos, en su forma de cocinar, en sus usos y costumbres, en la organización de sus familias, en sus instituciones sociales, en sus creencias, en sus normas de conducta, en su mentalidad, en casi todo lo que entra dentro de los modos de vida que siguen. Estas diferencias serán tantas y tan variadas que podrías, a menos que estés advertido de lo contrario, tender a ser persuadido de que no todos eran miembros de la misma especie (Adler, 1985, 159, traducción propia).
Desde esta perspectiva, la normalidad dejaría de ser el atributo determinante en la identificación del ser, y pasaría la particularidad a ser el atributo por antonomasia para el entendimiento humano. Se trata de una línea de pensamiento que deja desprovisto de todo significado el proceso de estigmatización por el que la diferencia se vuelve objeto de discriminación. Si es el entorno social el que establece las categorías de las personas que lo conforman, y es la diferencia la esencia del ser, tendremos que ahondar en esta última para repensar la naturaleza humana. Por último, y atendiendo a estos supuestos, carecerían de fundamentación todas aquellas categorías que señalan a las diferencias para justificar la desigualdad humana.

2. EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD EN LA FILOSOFÍA
En palabras de Heidegger (1969), la pregunta que pretendemos abordar en este artículo se formula en los siguientes términos: «¿Por qué el ser y no más bien la nada?». Históricamente, el tema de la identidad y diferencia ha sido muy relevante.
Tanto lo ha sido así que justifica una incursión en los principios básicos de la metafísica que establece Aristóteles, a saber:
1. Principio de identidad.
2. Principio de no contradicción.
3. Principio de causalidad (enunciado por Leibniz como Principio de razón
suficiente).
Para nuestro cometido nos interesan especialmente los dos primeros. El principio de identidad afirma que «todo ente es idéntico a sí mismo», expresado en la fórmula: A = A. Este es el primer principio fundamental de la lógica del pensar. El segundo principio añade que esta fórmula no puede ser contradictoria, es decir, que el ente (lo que es, A) no puede ser y no ser al mismo tiempo bajo el mismo aspecto (A ≠ No A). El tercer principio plantea que todo lo que es debe tener una razón de ser.
Estos principios han tenido un determinante calado en la historia del conocimiento universal, y muy concretamente en la historia de la filosofía. En palabras de Heidegger «lo que expresa el principio de identidad, escuchado desde su tono fundamental, es precisamente lo que piensa todo el pensamiento europeo occidental, a saber, que la unidad de la identidad constituye un rasgo fundamental en el ser de lo ente» (Heidegger, 1990, 67). Sin embargo, estos principios van mucho más allá de la filosofía, puesto que, por ejemplo, guardan una inmediata correspondencia con los axiomas matemáticos.
¿Dónde se inician estos principios? La tradición filosófica los asocia a lo expresado por Parménides en el Poema del Ser, del que reproduciremos a continuación un fragmento:
Pues bien, yo te diré (y tú, tras oír mi relato, llévatelo contigo)
las únicas vías de investigación pensables.
La una, que es y que le es imposible no ser,
es el camino de la persuasión (porque acompaña a la Verdad);
la otra, que no es y que le es necesario no ser,
ésta, te lo aseguro, es una vía totalmente indiscernible;
pues no podrías conocer lo no ente (es imposible)
ni expresarlo.
Lo que puede decirse y pensarse debe ser, pues es ser, pero la nada no es
(Parménides de Elea, en Kirk, Raven y Schofield, 2003, 353-356).

Es decir, Parménides, y toda la línea platónica idealista, identifica realidad e idealidad: pensar = ser. Para Heidegger, en la última frase citada, «lo distinto, pensar y ser, se piensan como lo mismo» (Heidegger, 1990, 69).Aristóteles (2008) advierte el problema y lo plantea de un modo diferente: hay una correspondencia entre el ser y el pensar, es decir, que los primeros principios del ser se deben corresponder con los primeros principios del pensar. Por tanto, mientras que en el idealismo platónico se identifica ser y pensar, en la línea realista que comienza en Aristóteles esta relación no es de identidad sino de correspondencia. Aristóteles representa el intento por conocer lo físico (el ente móvil) como diferente de lo ideal, pero no alcanza a hacerlo sin elementos lógicos. Para ello, se vale de la abstracción, e introduce la potencia y el acto en el ser, y con ello el movimiento (la física); y plantea que el ser se dice de muchas maneras, intentando distanciarse del pensamiento unívoco: que el ser y el pensar no sean lo mismo. Así pues, a pesar de su pretensión de conocer la realidad, no deja de hacerlo en el logos.

Hasta la modernidad reina el razonamiento inductivo, que consiste en obtener conclusiones generales a partir de datos particulares. Aristóteles define la inducción como «un tránsito de las cosas individuales a los conceptos universales». Es decir, es un razonamiento que va de lo particular a lo universal. Al llegar la modernidad comienza una ruptura con esta línea de los conceptos universales, y el esfuerzo por hacer de la generalización la herramienta con la que hacer comparecer de un modo preciso toda la realidad, que halla su mayor exponente en Hegel. Esperón lo plantea en los siguientes términos:

Por otro lado, en la época moderna, el pensar determina la identidad con respecto al ser, manifestándose una nueva concepción de la verdad en cuanto certeza (certeza que tiene el yo-sujeto ante la objetividad del objeto; certeza de la representación). Pienso, luego soy. Dado que fuera del pensamiento nada hay, el ser necesariamente tiene que identificarse con el ser pensamiento. El pensamiento mismo garantiza para sí la certeza de ser. El pensar se presenta idéntico al ser en cuanto conciencia de ser (lo pensado) y autoconciencia de sí (el pensamiento). La época moderna está determinada como Identidad Subjetiva. La identidad es comprendida entre el fundamento y lo fundamentado. Si el rasgo fundamental del ser del ente es ser fundamento; y si el yo, ocupa el lugar del ser como fundamento, entonces, éste se constituye en fundamento de lo real efectivo, es decir, de todo lo ente en general porque satisface la nueva esencia de la verdad decidida en cuanto certeza. Y si su fundamentar (representar claro y distinto) es cierto, entonces, todo representar es verdadero; y si todo representar es verdadero, todo lo que el sujeto yo represente es real (Esperón, 2012, 36).
Como hemos dicho, en la modernidad se rompe con la búsqueda de conceptos universales y con la inducción. Por ejemplo, en Hume (1980) el problema de la inducción reside en que ésta se basa en contingencias (en la experiencia y no en la lógica). Como consecuencia, los conceptos universales se sustituyen en la modernidad por las generalizaciones. Para ello, Hume recurre al hábito: Cuando hemos descubierto una cierta semejanza entre ideas que en otros aspectos son distintas (por ejemplo, entre las ideas de diversos hombres y de diversos triángulos) empleamos un nombre único (hombre o triángulo) para señalarlas. De este modo se forma en nosotros el hábito de considerar unidas de alguna manera entre sí las ideas designadas con un único nombre; por tanto, el nombre mismo suscitará en nosotros, no una sola de aquellas ideas ni todas, sino el hábito que tenemos de considerarlas juntas y, por consiguiente, una u otra, según la ocasión.
La palabra hombre suscitará, por ejemplo, el hábito de considerar a todos los hombres, en cuanto son semejantes entre sí, y nos permitirá evocar la idea de este o aquel individuo particular (Abbagnano, 2000, 320-321).
Más allá del concepto concreto de hábito en Hume, el uso de la generalización (elaborar conceptos que aúnen a otros conceptos) se expande con la modernidad, y con ello se sustituye el razonamiento por inducción por la deducción: de lo general a lo particular, es decir, a la parte. Se crean así dos líneas de pensamiento en la filosofía universal: la línea de la razón (basada en la inducción) y la línea de la generalización (que se asienta en la deducción). La ciencia moderna se decanta claramente por el método hipotético-deductivo.
Sin embargo, la generalización no existe en la realidad. El concepto «animal» no está en la realidad, y a la vez elimina u obvia las diferencias entre el perro y el gato. Por tanto, la generalización, al tratar de buscar lo común en lo diverso, elimina la diferencia. En este sentido, la trisomía 21 no existe si no es, por ejemplo, Calderoniana [de Calderón, el apellido de dos de los autores]. Porque toma el rostro del hermano de dichos autores, que se singulariza en Rafael Calderón. Es decir, que no existe la trisomía 21 en términos absolutos. Sin embargo, la ciencia construye la categoría y con ello la generalización: la trisomía 21. Y aunque la trisomía 21 como tal no existe en la realidad, se eliminan las diferencias y se identifica un caso (Rafael Calderón) con nuestro pensamiento (trisomía 21), se iguala la idea con la realidad2. Al basarse el pensamiento moderno en el principio de identidad, en el que el pensar es el ser, la representación se torna en verdad gracias al principio de causalidad.

Según Mèlich (2010), mientras sigamos pensando la ética en términos categóricos no hay forma de escapar a lo que él denomina «el escollo del fundamento». Es decir, a aquello que fundamenta al imperativo. Para este autor la ética sólo puede iniciarse desde lo antropológico. Lo antropológico devuelve sus derechos a la tierra frente a la ilusión de los trasmundos. Y ese devolver los derechos a la tierra significa otorgar la primacía a las situaciones, a los contextos a las preposiciones, a los adverbios, a las relaciones, a los condicionales… así como también a los lazos, a las herencias, a los deseos a las interpretaciones… y cómo no, a los relatos, a las representaciones, a las máscaras, a las transformaciones… Puede verse ahora que lo antropológico es la negación de un punto arquimédico o, dicho de otra forma, es la afirmación de la finitud (Mèlich, 2010, 316).
Como podemos observar, si para los clásicos la filosofía era el estudio de los primeros principios, para los modernos (y las ciencias modernas) su tarea ha sido el conocimiento desde los primeros principios. Es decir, la modernidad supondría el triunfo de un tipo de conocimiento: el deductivo.
Existen, a pesar de ello, pensadores que no han aceptado los principios fundamentales de la metafísica. Por ejemplo, para Nietzsche la voluntad es preeminente, está por encima de la razón y, por tanto, la actividad está por encima de la presencia.
Y más claramente en Heidegger (2001), la preeminencia de la presencia se ha de romper en El Ser y el tiempo a través de un conocimiento del ser en el que pasado, presente y futuro tengan un mismo valor. Para Heidegger, el principio de identidad queda impensado en la historia de la metafísica y constituye el límite del pensamiento filosófico, que se traslada a la filosofía política.
Junto a Heidegger, aunque con diferencias, Derrida pretende continuar el trabajo de liberar a la filosofía del yugo de la metafísica, a través del lenguaje. Por tanto, para liberarse de las cadenas de la superestructura que ha significado la metafísica y su principio de identidad, es necesaria la deconstrucción del lenguaje, desmontar el proceso vivido.

La deconstrucción del lenguaje es a todos los efectos una tarea compleja, pues no sólo consiste en modificar términos o resguardarnos de los efectos que estos ejercen, sino de ir más allá, de profundizar en el discurso. En el ámbito pedagógico, como señala Skliar (2005), nos hemos preocupado demasiado por esos efectos, por cuidarnos de las palabras, por el empleo del lenguaje «políticamente correcto», pero apenas hemos dedicado tiempo a preguntarnos sobre aquello que dicen esas palabras, la intención con la que se dicen y quién las dice, dando lugar a la confusión.
Confusión que genera distinción (siguiendo a Bourdieu, 1998), desigualdad, derivando nuevamente en homogeneización.

Se viene confundiendo digamos trágicamente la/s diferencia/s con los diferentes. Los «diferentes» obedecen a una construcción, una invención, son un reflejo de un largo proceso que podríamos llamar de diferencialismo, esto es, una actitud –sin dudas racista– de separación y de disminución de algunos trazos, de algunas marcas, de algunas identidades en relación con la vasta generalidad de diferencias (Skliar, 2005, 13).
Recapitulemos. Todo comienza en Parménides, cuando al enunciar el principio de identidad que fundamenta la metafísica, identifica el ente (lo que la cosa es) con el pensar (la idea de la cosa). Aristóteles recoge este principio y argumenta que no son lo mismo, sino que hay una correspondencia entre ellos. Aristóteles incorpora el principio de identidad a la física (y por tanto a la ciencia), y a través del principio de causalidad argumenta que el ente ocurre por una razón. Con ello justifica el principio de identidad. Pero a partir de Aristóteles, que sienta las bases de la física y la metafísica (de las ciencias y de la filosofía), se produce un cambio sustancial. Mientras que en la Grecia clásica se estudiaban estos principios a través de la inducción, a partir de la modernidad se asumen estos principios y se inicia el proceso de decantación de la construcción de conocimiento a partir de ellos y a través de la deducción. Por tanto, los principios que constituyen los axiomas de las ciencias y la filosofía quedan al margen de toda discusión crítica, y a partir de ellos se inicia el proceso de construir legítimamente generalizaciones. Esta situación no se cuestiona hasta que Heidegger y algunos filósofos postmodernos, como Derrida, retoman de nuevo el análisis del principio de identidad, que según ellos ha condicionado el desarrollo de la metafísica. Básicamente defienden que la identidad niega la diferencia: si pensar y ser son lo mismo se anula el conflicto y se elimina la diferencia.
De acuerdo con las ideas esgrimidas hasta ahora, las definiciones realizadas acerca del ser humano se han basado en el principio de identidad. Por tanto, todas eliminan la diferencia: el ser humano como animal o ser racional (Gehlen, 1993) o que tiene logos (Aristóteles, citado por Choza, 1988, 133), como animal simbólico (Cassirer, 2005, 40), como ser técnico (Carbonell y Mosquera, 2000, 179), como homo oeconomicus (Weber, 2008, 468), como el ser cultural por naturaleza y natural por la cultura (Gehlen, 1993, 15), como ser pulsional (Freud, citado por Gehlen, 1993), como dualidad alma-cuerpo (Platón, citado por Stevenson, 1974, 45-47) y como animal o ser social (Aristóteles, 2003, 73; Platón, 2004), como centro superior a la antítesis del organismo y el medio (Scheler, 1938, 60), como animal de realidades y animal personal (Zubiri, 1980), como homo faber, ser productivo o derivado de las formas de trabajo (Marx, 2004; James, Pierce, Schiller y Dewey, citado por Scheler, 1938, 101), como ser individual y libre (Kierkegaard, 1979), como ser dominado por los impulsos de poderío y prevalecimiento (Maquiavelo y Hobbes, citado por Scheler, 1938, 102), como ser que habita el lenguaje (Heidegger, 2004), etc.
Todas estas definiciones son generalizaciones que buscan la característica común a todos los seres humanos, pero estos conceptos son ideas que son insuficientes. Al aferrarnos a la deducción, el ente queda a expensas de la razón. Y esto, en terrenos del conocimiento social y humano, esconde una especial complejidad. Si el ente es el ser humano, el problema, como decimos, es aún mayor.
Siguiendo a Heidegger (1990, 77), el hombre como animal racional de la modernidad «llegó a convertirse en sujeto para su objeto». Es en la mismidad en la que Heidegger encuentra el nuevo camino de la interpretación, «el salto» que nos permite cuestionar el principio de identidad, en la correspondencia entre el ser y el hombre a través del principio de la transpropiación: el hombre es propiamente la relación de correspondencia, la mutua pertenencia de identidad y diferencia.
El pensar necesitó más de dos mil años para comprender propiamente una relación tan fácil como la mediación en el interior de la identidad. ¿Acaso podemos opinar nosotros que la entrada con el pensamiento en el origen de la esencia de la identidad pueda llegar a realizarse algún día? Justamente porque tal entrada necesita un salto, precisa su tiempo, el tiempo del pensar, que es diferente al del calcular, que hoy tira en todo lugar de modo violento de nuestro pensar. Hoy en día, la máquina del pensar calcula en un segundo miles de relaciones: a pesar de su utilidad técnica están privadas de esencia.
De cualquier modo que intentemos pensar y pensemos lo que pensemos, pensarnos en el campo de la tradición. Esta prevalece cuándo nos libera del pensar en lo pasado para pensar por adelantado, lo que ya no es ningún planear.
Sólo cuando nos volvemos con el pensar hacia lo ya pensado, estamos al servicio de lo por pensar (Heidegger, 1990, 95-97).
Lo que añade Heidegger en el Ser es precisamente lo que da título a su principal obra: El Ser y el tiempo (Heidegger, 2001). El tiempo ofrece movimiento al Ser, rompiendo con ello el carácter estático del principio de identidad. De esta manera puede distanciarse de la extendida comprensión de la mismidad: no solo reconoce la diferencia del pensar y de lo ente, sino que el tiempo opera la diferencia en el sujeto que piensa. Si esto tiene una gran relevancia en el análisis ontológico, cuánto más en el análisis antropológico que pretendemos hacer: los seres humanos no son iguales entre sí, ni siquiera una persona es igual a sí misma, puesto que tiene biografía. Nunca será idéntico. Por ello, la postmodernidad plantea que el pensamiento violenta al ser. Tanto Heidegger como Derrida plantean la salida a la determinación del conocimiento filosófico con la historia, produciendo una violencia epistémica o violencia interpretativa, que permita revisar la tradición y desmontarla: es lo que Derrida llamará deconstrucción (procedente del concepto Dekonstruktion generado por Heidegger), que realiza a través de la descomposición de la estructura del lenguaje. Es lo que se ha venido a llamar filosofía de la diferencia.

3. EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD COMO REALIDAD SOCIAL
Foucault, en la sociología, construye una línea con la que pretende cuestionar la tradición y la racionalidad moderna para romper sus límites, permitiendo con ello nuevas formas de ideas. De hecho crea una metodología para indagar en «las cosas dichas»: la arqueología del saber (Foucault, 1997), que representa la búsqueda de la historia viva en el presente. Para él la historia muestra claves del presente, pero necesita un tratamiento distinto del tiempo, que no puede ser lineal. A través de los documentos, Foucault realiza una reconstrucción de las relaciones que se establecieron a partir de ellos.
Esperón (2012) elabora un formidable análisis en el que muestra (basándose en Espósito, Heidegger y Foucault) cómo el problema de la identidad
planteado en estas páginas acaba por convertirse en realidad política y social. El límite de la metafísica (el principio de identidad) reduce la política a su propio orden categorial, y piensa el conflicto desde el orden posible, sustituyendo el conflicto por orden. Tal como expone el autor, «[d]e esto se desprende que la realidad de la política es el conflicto, la diferencia, la multiplicidad, pero esto es precisamente lo que no entra en los esquemas representativos de la filosofía política» (Esperón, 2012, 33). Es decir, se reduce lo múltiple a lo uno, como veníamos viendo al hablar
de la generalización.
Como consecuencia, en la modernidad surge la burocracia (Weber, 2008), que conlleva según Mèlich (2003) «un incesante proceso de anonimización»: el ser humano pasa a ser considerado objeto y su vida se convierte en expediente. También recalca Mèlich el «imperio de la racionalidad instrumental» en la modernidad, en el cual «lo que es [el ser humano] se convierte en cosa» a través de la producción
tecnológica, que requiere el anonimato, la uniformidad y el estereotipo. Por tanto, como consecuencia de ensalzar al sujeto [cogito] a través del principio de identidad [pensar es ser], se elimina la diferencia, y los hombres más allá del yo-sujeto se convierten en objetos a través del lenguaje, la burocracia y la racionalidad instrumental.
Ha desaparecido el conflicto, la diferencia, y el sujeto pasa a formar parte de la representación del orden institucional, despolitizándose.
Estas instituciones, según Foucault (2002), buscan el mismo objetivo: normalizar. Es lo que denominó sociedades disciplinarias:

Foucault sostiene que el carácter distintivo y decisivo del siglo XX es el pasaje del ejercicio del poder basado en el principio de soberanía (donde el carácter jurídico de la ley ejerce el poder como instancia ordenadora del pueblo sujeto político) a otra forma del ejercicio del poder denominado biopolítica (basada en el principio de normalización y desplegada a través de dispositivos de control y administración de la vida que produce y regula las sociedades −sujeto biológico−).
A este tipo de sociedades las denominó sociedades disciplinarias o sociedades de encierro. En ellas, el ejercicio del poder produce saberes que a su vez retroalimenta y perfecciona el ejercicio del poder, que circula independientemente de los sujetos pero, a su vez, sujetándolos. En estas sociedades, las instituciones de encierro controlan y moldean las subjetividades con el fin de prevenir y adelantarse a los posibles delitos. Estas instituciones son concebidas sobre la base de la identidad (comprendida como principio de normalización de conductas). De este modo, sólo somos sujetos políticos en la medida en que somos sujetados efectivamente. De allí el deseo de querer ser sujetado, pues sólo de ese modo, se es un actor social reconocido institucionalmente (Esperón, 2012, 38).
De esta forma se reduce lo múltiple a lo uno porque, como mantiene Foucault (Esperón, 2012), quien no se adecua a la identidad normalizadora institucional es excluido, no es reconocido como sujeto; se excluye de una institución para una mayor integración y normalización en la siguiente; las personas no institucionalizables quedan excluidas, y son causa de integración del resto. Así todos son productivos.
Sin embargo, lo que Derrida (1968, 25) llama «innombrable» por no poder ser incluido dentro de la lógica filosófica, lo que «no se presta al juego de la oposición ni de su lógica» tiene la capacidad de dejar sin efecto al orden (Skliar, 2007, 44).
La normalización ha ejercido un efecto demoledor en la construcción de nuestro pensamiento y en nuestra manera de entender el mundo. Tanto es así, que a menudo se ha empleado la diferencia como justificación de la desigualdad, asociando el término a lo «no deseable», a aquello conducente a la discriminación, marginación, exclusión, etc. En el mundo no existen esencias (siguiendo a Nietszche, 1873), somos nosotros quienes atribuimos identidad, quienes ponemos atributos y quienes finalmente creamos el estigma (Goffman, 1963). En definitiva, es la propia especie humana quien por intentar hacer orden del caos ha desnaturalizado su propia esencia en aras de la debilidad que conlleva el enfrentamiento a lo diferente, a lo desconocido, a lo que aún no ha sido normalizado.

4. DE LA IDENTIDAD A LA PEDAGOGÍA DE LA DIFERENCIA
Visto un león, están vistos todos. Y vista una oveja, todas. Pero visto un hombre, no está visto sino uno, y aun ése no bien conocido (Gracián, 1967, 622). Cuando nacemos lo hacemos en un mundo que nos viene dado, con unos hábitos de conducta, valores, signos, símbolos… que son heredados. Según Mèlich (2010) todo ello forma parte de una gramática de marcos normativos que nos impone obligaciones y a la cual necesitamos someternos para sobrevivir en nuestro mundo. Ahora bien, el ser humano es capaz de posicionarse frente a ese mundo, y romper con esa gramática o identidad heredada aunque sólo sea por un momento.
En esa transgresión es donde entra en juego la ética, y lo que nos ofrece sentido. Todo lo argumentado nos debe hacer pensar la necesidad de generar esa violencia epistémica que cuestione la identidad. En este sentido, la pedagogía debería dejar de centrarse en el ¿qué somos?, para sustentarse en una antropología narrativa que se preocupe por la singularidad del individuo y por sus posibilidades de poner en tela de juicio el orden establecido por nuestro sistema cultural e institucional (Mèlich, 2008).
Ello implica la deconstrucción del conocimiento pedagógico que hemos ido montando a partir de clasificaciones, estándares, etiquetados, catálogos, baterías, etc. Deconstruir las exclusiones que ha generado el orden actual. Esta ruptura en el ámbito de la antropología es una aceptación de la diferencia por encima de la identidad, del conflicto por encima del orden. Lo común a todos los seres humanos es precisamente lo diferente: no hay un ser humano igual a otro, no hay un ser humano que no cambie. Cada hombre o mujer tiene una vida, una biografía.
El ser humano, por tanto, es diferente de sí mismo y de los demás. Es la libertad, la apertura, la inconclusión la que nos permite la diferencia; es a través del poder que se niega. Por la libertad somos diferentes de nosotros mismos y de los demás.
A través del control se nos pretende iguales y estáticos.
La identidad «que hemos heredado funciona a modo de “bloqueo”, neutralizando determinadas posibilidades de ser –de intimidad, en el caso que nos ocupa–, y esta neutralización es, además, sumamente sutil porque no se sitúa en el exterior de cada uno de nosotros sino en el interior» (Mèlich, 2010, 327).
Por ello, una pedagogía de las diferencias (Skliar, 2007; Skliar y Téllez, 2008) requiere un nuevo posicionamiento ante la realidad y las relaciones educativas.
Un posicionamiento cargado de incertidumbre, en tanto que debe violentar algunas de las bases sobre las que hemos ido construyendo el conocimiento pedagógico, las relaciones educativas y el sentido mismo de instituciones como la escolar. Porque la tradición privilegia un conocimiento pedagógico restringido a la tematización y a la normalidad, y no hay hecho pedagógico si no se problematizan las relaciones en lugar de cuestionar al otro (Skliar, 2008, 11-12). En este cometido, las teorías de la resistencia y la pedagogía de los límites (o de la frontera) permiten analizar, desafiar y transformar las representaciones y prácticas educativas que nombran, marginan y definen la diferencia como «el otro devaluado», cuestionando las relaciones de poder que sustentan esta «colonización de las diferencias» (Giroux, 1994).
Una pedagogía de la diferencia necesita volver nuestra mirada hacia los procesos educativos, personas y colectivos que son sistemáticamente olvidados por la tradición. Constatar con Foucault que la racionalidad occidental se ha construido por una serie de exclusiones: la locura, la enfermedad, la delincuencia…, de modo que es necesario volver a pensar lo impensado. Descomponer el lenguaje y la realidad social para observar cómo se privilegia un elemento central a la vez que se dejan al margen otros. Contemplar cómo la norma elimina sistemáticamente cualquier otra forma, y transgredirla. «[E]scribir de nuevo la diferencia mediante el proceso de atravesar las fronteras culturales que ofrecen narrativas, lenguajes y experiencias que proporcionan un recurso para repensar la relación entre el centro y los márgenes del poder, así como entre ellos mismos y los demás» (Giroux,1997, 206).
Atravesar fronteras, e incluso vivir en ellas. Deconstruir, al fin y al cabo, todo aquello que nos separa y excluye. Una tarea que, según Bolívar (1990, 189), no es «de destrucción o demolición de las oposiciones clásicas para quedarse en un monismo o en un nuevo centro, sino situarnos en el límite del discurso filosófico, pero dentro de él, para intentar desbordarlo». Se trata de verlos desde su Otro innombrable.
En el terreno educativo este cuestionamiento ha de hacerse a través de la deconstrucción del conocimiento pedagógico generado a partir de clasificaciones, estándares, etiquetados, catálogos, baterías, etc. Para Derrida (2005), la deconstrucción se centra en mostrar y transformar las relaciones jerárquicas que conforman la vida cotidiana. Deconstruir implica cuestionar lo que nos resulta natural y provoca
una generalización de la racionalidad. Por tanto, como educadores tenemos que volver a mirar lo mismo, conscientes ahora de que «estamos invadidos de saberes y discursos que patologizan, culpabilizan y capturan al otro, trazando entre él y nosotros una rígida frontera que no permite comprenderle, conocerle ni adivinarle» (Pérez de Lara, 2001, 296). Una mirada que requiere la deconstrucción de las exclusiones
que ha generado el orden actual, aceptando la diferencia por encima de la identidad, el conflicto por encima del orden. La inconclusión del ser humano es la que nos permite la diferencia; es a través del poder normalizador que se niega.
Por la libertad somos diferentes de nosotros mismos (en tanto que cambiamos con el tiempo) y de los demás. A través del control se nos pretende iguales y estáticos.
Sin embargo, lo que no entra en la lógica normalizadora tiene el poder de dejar sin efecto al orden que excluye la diferencia (Skliar, 2007) y elimina el conflicto.
En este cometido, las teorías de la resistencia y la pedagogía de los límites (o de la frontera) permiten localizar, analizar, desafiar y transformar las representaciones y prácticas educativas que devalúan al otro y castigan las diferencias, creándose con ello una nueva narrativa que desafía el orden previo y que requiere la diferencia.
Para ello hay que resituar el debate pedagógico en las arenas de la ética y la justicia. La pedagogía de los límites muestra cómo el poder se introduce en el sujeto, en la cultura y en el mundo físico. Las fronteras dividen, clasifican y ordenan respecto al poder. Incluyen y excluyen. Constituyen fortalezas que aseguran el statu quo, pero son a la vez los límites del ideario que las sostiene, las fisuras del sistema que oprime, que pueden ser cuestionadas a través de la diferencia. Al reconocer las fronteras como inestables y precarias, comprendemos que se pueden cruzar. Las fronteras, que son los límites de la lógica que niega la diferencia, pueden habitarse y cuestionar las categorías que las sustentan. Y al hacerlo, se generan nuevas cartografías vitales, sociales y culturales, ya que permiten ampliar las posibilidades de conocer la realidad y de construcción creativa. Cuando esto ocurre, se está en condiciones de construir una identidad a través de la interpretación (Ruiz Román, Calderón Almendros y Torres, 2011) y, con ello, dibujar un nuevo mapa de las relaciones educativas.
Es posible entonces habitar las fronteras y los límites, lo que en la pedagogía podría significar la ruptura con dicotomías excluyentes. Una empresa no exenta de problemas como plantean Planella y Pie (2012), por las resistencias de la tradición y sus aparatos de control. En cualquier caso, uno de nosotros (Calderón Almendros, 2014) ha apuntado algunas de esas fronteras pedagógicas que hay que diluir, deconstruir, superar o habitar. Como las fronteras entre la biología y la cultura; la frontera de la humanidad que en la actualidad excluye a las personas con discapacidad; la frontera de la normalidad que bajo su tiranía (el de la educación como molde según Esteve, 2010) impide que se ensanche y revitalice nuestra humanidad; la frontera de la educación especial y las áreas de conocimiento, que impiden análisis más holísticos y menos excluyentes; la frontera de la inteligencia, que reduce hasta lo impensable la naturaleza multidimensional del ser humano; la frontera del lenguaje, que se podría superar educativamente habitando otros logos como la música, el arte, las emociones…; la frontera entre el aprendizaje y la participación que hizo ver Doyle (1977), porque no caben la una sin la otra, lo que impediría las segregaciones obscenas que las escuelas siguen impulsando y legitimando; la frontera entre la teoría y la práctica, que reduce el compromiso y la capacidad de transformación de la educación y la investigación educativa; la frontera entre lo individual y lo social, que no existen por separado sino en la construcción del sujeto; y la frontera de la realidad y los sueños, que responde a la naturaleza narrativa de la realidad (Brunner, 1991). La educación ha de responder a esta realidad para acompañar en lo que MacIntyre (1987) llama la vida como búsqueda. La vida es narración, es apertura. Por tanto, no es solo realidad, no es solo acto; es sueño, es potencia. Por eso, y a pesar de los discursos paralizantes que proliferan en estos días, la educación es, por encima de cualquier cosa, esperanza.
Un proceso educativo de esta índole permite invertir esas posiciones, creándose con ello un nuevo texto, una nueva narrativa que desafía el orden previo y que requiere la diferencia. Necesitamos desenfocar nuestras prácticas e investigaciones educativas para volver a enfocar en lo periférico, restaurando con ello la capacidad de decidir de la comunidad, empoderando a las personas y colectivos oprimidos, y actuando en las estructuras narrativas y de responsabilidad moral del grupo (Denzin, 2008, 196). Rescatar la acción educativa que el positivismo y su concepción de la identidad ha «cosificado» convirtiéndola en una intervención  supuestamente controlada en aras de la eficacia (Ortega, 2004, 7), para resituar el debate pedagógico en las arenas de la ética y la justicia. Y ese nuevo enfoque ha de ser cualitativamente distinto, ya que ha de permitir el desorden que cuestione los regímenes de verdad. Solo así podríamos conseguir que las personas y colectivos excluidos puedan ser incluidos sin ser fagocitados.

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Fuente artículo: CALDERÓN ALMENDROS, I; CALDERÓN ALMENDROS, J.M. y RASCÓN GÓMEZ, M.T. (2016). De la identidad del ser a la pedagogía de la diferencia. Teoría de la Educación. Revista Interuniversitaria, 28(1), 45-60.

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“Las universidades están cansadas de los rankings” Entrevista a Louise Simpson

Europa/España/15 Abril 2017/Autor: Ramón Oliver/Fuente: El país

Durante años la británica Louise Simpson cuidó de la reputación de una de las marcas universitarias más icónicas desde su puesto de directora de comunicación de la Universidad de Cambridge. Ahora, como máxima responsable de The World 100 Reputation Network, la asociación internacional que fundó en 2007 y que aglutina a directivos de estrategia, comunicación, marketing e internacionalización de instituciones académicas de 19 países; y vela por la de 54 de las mejores universidades del mundo. Cinco de ellas, las de Navarra, Pompeu Fabra, Autónoma de Barcelona, Autónoma de Madrid y Alcalá, son españolas. A finales de marzo, Simpson asistió a la conferencia anual sobre reputación de universidades (BUR 2017) que se celebró en Pamplona, en la Universidad de Navarra.

Pregunta. ¿Los ránkings siguen siendo los motores de la reputación universitaria?

Respuesta. Siguen teniendo un gran peso, principalmente entre los estudiantes. La tendencia en Reino Unido, sin embargo, es que en los próximos años también van a entrar en juego otros aspectos más relacionados con la satisfacción del estudiante o la empleabilidad de los graduados. Las mismas universidades están cansadas de ser valoradas solo por los criterios de los grandes ránkings: volumen e impacto de la actividad investigadora, nivel de publicaciones y reputación académica. Porque es una visión bastante limitada de lo que es una universidad y de lo que puede aportar.

P. ¿De qué otras formas se puede medir?

R. Cada vez más universidades demandan sistemas más sofisticados para medir su reputación. Nosotros acabamos de crear un sistema de seguimiento de marca por medio del cual cada año vamos a recabar la opinión de estudiantes actuales y potenciales, antiguos alumnos, profesores o empresas a través de encuestas. Además, incorporamos otros indicadores como las notas de acceso, el origen geográfico de los estudiantes o los propios ránkings. De momento, contamos con 10 universidades en el sistema, pero hay muchas otras interesadas porque supone una manera más amplia de contemplar la reputación.

P. ¿Cuáles son los principales peligros y desafíos para la reputación de las universidades?

R. Algunos de los grandes empleadores en Reino Unido han empezado a ocultar en los currículos el nombre de la universidad en la que ha estudiado el candidato. Se pretende así ayudar a que los estudiantes que no han obtenido su título en Oxford o Cambridge sean vistos en igualdad de condiciones en un proceso de selección, de manera que se ponga el foco en el individuo y no en la gigantesca maquinaria de la universidad de la que procede. Por otra parte, en general las universidades siguen teniendo que demostrar que el dinero y tiempo que sus estudiantes invierten en obtener el título les merece la pena. Hoy más que nunca, en esta era de los contenidos online, en la que tienen a su alcance un mooc de un profesor de Yale o Stanford con solo abrir su portátil.

P. ¿Qué pueden hacer las universidades más pequeñas para buscarse su hueco en un mercado tan competitivo?

R. Lo principal es decidir dónde ponen el foco de su estrategia. Definir en qué son realmente buenas y qué las hace especiales. Hay que alejarse del concepto de “soy bueno en todo” y centrar sus esfuerzos de comunicación en destacar esas tres o cuatro áreas de especialización en las de verdad son excelentes. Es complejo porque en estos entornos la tendencia es intentar complacer a todo el mundo. Pero así no lograrás diferenciarte. La Universidad de Manchester ha conseguido crear una marca alrededor de sus investigaciones sobre el grafeno, y ahora hasta sus profesores de historia o inglés están orgullosos de que su universidad sea conocida en todo el mundo gracias a este material y piensan que también sus cursos se benefician de ello.

P. Muchas universidades apelan a sus valores. ¿Pueden ser otro elemento diferenciador?

R. No creo que los valores funcionen porque todas las universidades comparten más o menos los mismos: responsabilidad social corporativa, políticas medio ambientales, colaboración… La diferenciación tiene que llegar a través de la excelencia académica, del sistema de enseñanza, de un programa concreto que es único en su campo, de un profesor brillante que es el mejor en su especialidad… Sobre todo si se quiere atraer a alumnos internacionales. Un estudiante chino puede escoger ir a España o al Reino Unido a estudiar la carrera. Es un largo camino y para que quiera hacerlo tiene que sentir que está yendo al mejor lugar posible.

P. ¿Cómo afectar una crisis a la imagen de una universitaria?

R. Toda crisis es, al mismo tiempo, una oportunidad para que la institución demuestre fortaleza, capacidad de reacción y buen gobierno. Las universidades son como pequeñas ciudades, comunidades en las que inevitablemente surgen problemas ante los que es preciso reaccionar. La diferencia ahora está en la velocidad. Ante una crisis como un caso de corrupción en el equipo de gobierno, una mala praxis en la enseñanza o un incendió en una de las facultades, hay que reaccionar deprisa y de una forma apropiada para restaurar la confianza. Porque los alumnos se van a enterar en seguida y van a empezar hablar de ello en las redes sociales.

P. ¿Son las redes sociales el nuevo campo de batalla reputacional?

R. Las universidades han entendido que las redes sociales son el canal por el que circulan ahora las noticias y que necesitan contar con especialistas cualificados en la materia dentro de sus departamentos de comunicación. En las oficinas de prensa de las facultades ahora se vuelcan más esfuerzos en la actividad en Facebook o Twitter que en las tradicionales notas de prensa o en actualizar las noticias de la web.

P. ¿Qué mejoras necesitan las universidades españolas?

R. España es un país atractivo para venir a estudiar. Tiene buen clima, las ciudades son bonitas, es un lugar seguro y tiene algunas de las mejores escuelas de negocios del mundo. Algunos de los expertos españoles con los que he hablado piensan que las universidades aquí son demasiado burocráticas y que necesitan modernizarse en aspectos organizativos. Creo que uno de los mayores frenos para las universidades españolas es la falta de profesionalización de determinados departamentos clave como Comunicación o Internacional.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2017/04/11/actualidad/1491908771_181493.html

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España: Estudios, enfermedad y familia, razones de los jóvenes para no buscar empleo

Europa/España/15 Abril 2017/Fuente: El diario 

La principal razón que alegan los jóvenes menores de 30 años para no buscar empleo es seguir cursando estudios, aunque la enfermedad o incapacidad propia y el cuidado de algún familiar son otros de los argumentos para que este colectivo no busque una salida profesional.

Lo concluye el informe «Paro juvenil y pobreza, ¿un problema estructural?», realizado por el Observatorio Social de «la Caixa», y que destaca que el bajo nivel de estudios es el mayor obstáculo que encuentra esta parte de la población para encontrar trabajo.

En la primera parte, titulada «Bajo nivel educativo, baja participación laboral», la profesora de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo Begoña Cueto subraya que durante la crisis se disparó el número de jóvenes que están inactivos para poder seguir estudiando, al pasar del 36 % en 2006 al 51,8 % en 2016.

Pese a que es el principal motivo por el que los menores de 30 años no buscan trabajo, sobre todo de aquellos que cuentan con estudios secundarios, hay otras razones para ello, aunque afectan sobre todo a los que tienen formación primaria.

Así, dentro de este grupo, la incapacidad y la enfermedad propia es la razón para estar inactivo del 28,5 % de los varones y del 17,2 % de las mujeres.

Otro de los motivos, el cuidado de dependientes, se da principalmente entre las jóvenes, y aunque este factor aparece en todos los niveles educativos, las responsabilidades familiares o personales son la causa de que el 35,8 % de las que apenas tienen estudio no sean activas en el hallazgo de un empleo.

Y es que «la educación protege del desempleo» independientemente del ciclo económico, de manera que, tanto en los periodos de expansión como en los de crisis, la tasa de ocupación en jóvenes con estudios básicos apenas llega al 60 %, un porcentaje que alcanza en el 90 % en el caso de los jóvenes con formación superior.

En este sentido, recuerda, los jóvenes fueron los más castigados por la crisis, pero no afectó a todos por igual según su nivel educativo: mientras la tasa de empleo solo disminuyó diez puntos en los que tenían estudios superiores y veinte en los que habían cursado el bachillerato, en los que solo tenían estudios primarios cayó entre 25 y 30 puntos.

La segunda parte aborda «El reto de la Garantía Juvenil», y en ella la profesora de Sociología de la Universidad de Valladolid Almudena Moreno reflexiona sobre la efectividad de esta política diseñadas para disminuir el desempleo juvenil.

Aquellos con menor formación son los que menos se registran como demandantes de empleo, al contrario de los que han cursado estudios secundarios de ESO o bachillerato, y son éstos los más beneficiados por la aplicación del Programa de Garantía Juvenil.

Un programa puesto en marcha en 2014 cuya acogida «ha sido limitada» entre los jóvenes españoles, aunque el número ha ido aumentando desde agosto de 2015, cuando se amplió la edad hasta los 29 años.

De esta forma, en el tercer trimestre del año pasado, el 52,9 % de los inscritos eran demandantes de empleo; el 30 % eran parados y solo el 14 % ni estudiaban ni trabajaban.

Tras seis meses de su inscripción, solo el 38 % de los jóvenes españoles consiguió encontrar un trabajo o una formación, frente al 71 % de los irlandeses o el 68 % de los italianos.

Entre los españoles, el 30 % logró un empleo, el 55 % se estaba formando, el 12 % era aprendiz y un 1 % estaba haciendo prácticas.

Fuente: http://www.eldiario.es/sociedad/Estudios-enfermedad-familia-razones-jovenes_0_632386801.html

 

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España: Madrid agregará clase de Derechos LGBTI para estudiantes de secundaria

Europa/España/Abril del 2017/Noticias/http://www.sdpnoticias.com

«Sería opcional e incluiría contenidos que sensibilicen y promuevan normas internacionales Derechos Humanos»

El gobierno de Madrid, España, se encuentra trabajando en una nueva asignatura optativa para educación secundaria que abordaría el respeto y la no discriminación a la población LGBTI.

Al respecto, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, dijo que la materia sólo se incluirá en aquellos centros, que dentro de su autonomía, decidan implantarla.

En este sentido, la ley de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual, recoge en su artículo 31.9 que:

«Dentro de los contenidos educativos de libre asignación de la Comunidad de Madrid se garantizará que todos los alumnos madrileños reciban la formación que promueva los valores constitucionales de convivencia, respeto e igualdad hacia el colectivo LGTBI».

Fuente:

http://www.sdpnoticias.com/gay/2017/04/12/madrid-agregara-clase-de-derechos-lgbti-para-estudiantes-de-secundaria

Fuente Imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/jJmTTPBgCvlLKPsmsVQQphhBQvofx7hn09krF9rJ5lWfJ_ekPzLAkWM8aJM7jyY8TBgyXg=s85

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La crisis y sus consecuencias ¿Por qué atacan a las pensiones públicas?

 

 

En las crisis del mercado mundial, las contradicciones y los antagonismos de la producción capitalista estallan. Los defensores de este sistema, en vez de analizar en que consisten los elementos que entran en conflicto, se limitan a negar la catástrofe misma y, no obstante la repetición periódica, resisten en afirmar que si la producción se ajustara a lo que señalan los libros, nunca habría crisis. Estos discursos falsean los hechos económicos mas evidentes y, sobre todo hacen hincapié en la unidad del sistema, obviando sus contradicciones

Karl Marx

 “Es propio de la economía capitalista el que las decisiones de inversión se tomen a espaldas de los trabajadores y de la masa de los ciudadanos

Ernest Mandel

Los trabajadores de Europa nos estamos enfrentando a unos ataques salvajes contra nuestras condiciones de vida y trabajo, dirigidos por la patronal, la banca y los gobiernos de turno. En los últimos 30 años hemos sido sometidos a violentas políticas neoliberales contra el mundo del trabajo, las cuales han conseguido desmantelar el grueso de nuestros derechos y conquistas históricas, estableciendo unas nuevas y dramáticas relaciones entre el capital y el trabajo. Aun así, la patronal no se siente satisfecha y con la excusa de la crisis quieren profundizar en planes de ajuste reaccionarios contra los derechos sociales, laborales, salariales y las pensiones públicas. Es un ejemplo de la escasa sensibilización que sienten hacia las clases populares y de la ilimitada voracidad del gran capital en cuanto a recortar derechos se refiere.

¿Quién ha originado la crisis?

La crisis no es ningún fenómeno nuevo en la historia del sistema capitalista. No es fruto de ninguna casualidad que en los últimos 35 años el capitalismo haya sufrido una crisis tras otra (127 según el FMI): crisis del petróleo de 1973, segunda crisis del petróleo de 1979-1980, crisis bursátil de 1987, recesión 1993-1994, crisis mexicana y el efecto tequila de 1994, crisis asiática de 1997-1998, crisis de las puntocom, crisis rusa de 1998, crisis argentina de 2001, crisis deflacionaria de Japón, etc. Todas estas crisis fueron sucedidas por recuperaciones que desembocaron en otra crisis, hasta estallar en la actual y gigantesca crisis actual, que se enmarca en una crisis orgánica y estructural del capitalismo, el cual no ha conseguido volver a índices de crecimiento y tasa de beneficio anteriores a los años 70. No lo han conseguido aun aplicando ataques salvajes contra los salarios y nivel de vida y aun expandiendo el crédito hasta niveles suicidas. Por tanto, debemos pensarnos seriamente cuando alguien nos diga que depositemos “nuestra fe en la libertad y magia de la economía de mercado”.

Durante las últimas décadas se potenció un tipo de economía que no producía nada y no aportaba nada a la sociedad: la economía financiera, del crédito y bursátil. En vez de potenciar la inversión productiva, los capitalistas invertían en algo que no producía nada: fondos, activos tóxicos, las subprimes, derivados de crédito y los CDO. Las hipotecas de millones de familias trabajadoras se vendían tomo títulos bursátiles en los mercados internacionales, creando un mercado irreal tremendamente especulativo y peligroso en el que predominaba el secreto bancario, la opacidad financiera y los paraísos fiscales. Es decir, se enriquecían a nuestra costa, pero sin crear riqueza. La peligrosidad de este modelo económico era visible ante los ejemplos de escándalos como el de Enron o Parmalat. Pero ningún gobierno hizo nada y se continúo echando gasolina a la burbuja inmobiliaria, que convertía al sector de la construcción en el más rentable de todos. En España este modelo de economía especulativa se concentro en el sector del ladrillo y se potenció hasta niveles desconocidos. Los precios de la vivienda alcanzaron precios completamente desorbitados. Una situación incentivada con ventajas fiscales a las constructoras, la liberalización del suelo y sobre todo la expansión del crédito.

Se profundizaba en una economía mafiosa que funcionaba en torno al préstamo, el endeudamiento y la mentira. La deuda de los gobiernos, las empresas, los bancos y las familias alcanzaron niveles inéditos. La cartera de activos de los bancos, que respaldaba la concesión de créditos, estaba sobrevalorada por los precios desorbitados de las viviendas. Esta situación insostenible exploto a finales del año 2007, cuando se puso fin a un periodo de expansión económica, y una grave crisis económica comenzó a azotar al planeta. El estallido de la burbuja ocasionó millones de impagos y el traslado a la economía real. Las viviendas impagadas eran embargadas por los bancos, pero ya no valían nada y se entraba en una espiral destructiva.

El mundo temblaba cuando en EE.UU los bancos Bear Stearns, Merrill Lynch y Citigroup, se derrumbaban. El pánico fue mayor cuando el cuarto mayor banco de negocios del mundo, Lehman Brothers quebraba. Las bancarrotas se instalaban sobre las principales entidades norteamericanas de crédito inmobiliario. A continuación la mayor compañía de seguros del mundo, American Internacional Group también presentaba serios problemas. El gran capital huía en desbandada del mercado inmobiliario para invertir en el sector del petróleo y los hidrocarburos, provocando terribles alzas de precios. Entonces se nos aseguraba de la necesidad de regular la bolsa y el sistema financiero, para corregir sus excesos. Esto era lo mismo que nos dijeron en el año 2000 tras la crisis bursátil de las puntocom.

El estallido de la burbuja provoco la desaparición de billones de dólares de capital ficticio, que desaparecían de los balances de los bancos y provocaban enormes agujeros. Se producía una crisis de crédito, nadie prestaba a nadie y se creaba un vacio de demanda enorme. Los mismos políticos, Bancos Centrales, capitalistas y gobiernos que no predijeron la crisis y que habían defendido como un dogma durante décadas las privatizaciones, los recortes del gasto público y la no intervención estatal en la economía, empezaron a defender el rescate de los bancos en crisis y a inyectarles cantidades descomunales de dinero público. Propuestas que meses antes hubiesen sido tachadas de heréticas, ahora eran impulsadas por el gran capital para salvarse a si mismo. El mismo Díaz Ferrán, aparte de explicarnos en mayo de 2009 que “Esperanza Aguirre es cojonuda, cojonuda”, también solicitaba “un paréntesis en el libre mercado” (17 septiembre de 2008).

Resultaba sorprendente la facilidad con la que los mismos gobiernos que negaban la mera posibilidad de partidas presupuestarias adecuadas para sanidad o educación, encontraban cientos de miles de millones para los bancos. Un dinero que no se utilizaba porque los Estados estuviesen preocupados por los empleados bancarios o los hipotecados, sino para salvar a los mismos banqueros que habían provocado la crisis.

Pese a la crisis y gracias al aval del Estado, los grandes ejecutivos continuaron recibiendo grandes bonificaciones e incluso organizaban grandes fiestas ante los multimillonarios planes de rescate. Desde el inicio de la crisis en 2007 hasta 2009, los banqueros y brokers de Wall Street recibieron más de 70.000 millones de dólares en primas. En pleno inicio de la crisis, Merrill Lynch decidió la salida anticipada de su presidente y consejero delgado, Stan Oneal con una indemnización de 160 millones de dólares. Charles Prince, presidente de Citigroup recibió una prima de 12.5 millones de dólares. Así eran castigados los culpables de la crisis mientras miles de familias estadounidenses se quedaban sin hogar. Por si fuera poco, según estudios de Jorome Duval, las remuneraciones de los directivos estadounidenses apuntan a un nuevo record en 2010 (144.000 millones de dólares). El sexto mayor banco estadounidense, Goldman Sachs, presentaba unos beneficios de 1.810 millones de euros, antes de devolver los 10.000 millones de dólares que recibió del Estado.

Los bancos no fueron los únicos que recibieron ayudas por parte del Estado. El rescate a la aseguradora AIG costó 175.000 millones de dólares al gobierno estadounidense, más aun que el total de fondos para los países pobres. La industria del automóvil también recibió lo suyo, aunque con mas restricciones y exigencia de garantías. Aun así, basto que el entonces presidente de General Motor, Rick Wagoner suplicara ayudas al Estado ante el Congreso de Estados Unidos hace poco más de dos años, para que el gobierno inyectara 50.000 millones de dólares. El Estado se hizo cargo del 61% de la compañía y procedió a sanearla en un momento en el que se perdía 4000 dólares en cada coche vendido. En cambio ahora, que se gana 2000 en cada venta, el gobierno estadounidense esta procediendo a su privatización y el pasado 18 de noviembre, General Motors volvió a cotizar en Wall Street. Otras empresas del sector también recibieron ayudas, Chrysler recibo un préstamo del gobierno que ascendía a 4.000 millones de dólares.

El mismo presidente Obama, cínicamente explico hace poco lo que esta sucediendo: “O sea, que estos tíos se reservan unos bonus record porque ganan dinero, y ganan dinero únicamente porque los hemos rescatado” (The Huffington, 29 de agosto de 2010). Pero mientras criticaba que sus propias medidas eran injustas y beneficiosas para los poderosos, el gasto militar norteamericano en época de crisis continúa con cifras descomunales: en 2009 ascendió a 534.000 millones, casi la mitad del resto del mundo. Podemos decir algo parecido sobre las 400 personas mas ricas de Estados Unidos, que según la revista Forbes, son un 8% mas ricos que en 2009. La AFL-CIO ha denunciado que mientras el gobierno inyecta dinero a los bancos, los directivos generales de cualquier compañía norteamericana ganan una media de 9.25 millones de dólares. Para colmo el Programa de Alivio de Activos Problemáticos (TARP) cree posible que algunos bancos han podido manipular sus cuentas para acceder a las ayudas públicas.

Esta política de privatización de beneficios y nacionalización de perdidas no es nueva. Tenemos el caso japonés, o más cercano y reciente el ocurrido durante la crisis bancaria noruega de 1988-1992, cuando tres de los mayores bancos del país fueron nacionalizados y después tras ser saneados con dinero público, fueron privatizados.

Gestión de la crisis y el aumento del déficit:

Desde el inicio de la crisis se intensifico una campaña que exigía duros planes de ajuste contra los trabajadores y la inmediata aprobación de reformas de pensiones y del mercado de trabajo, junto con grandes recortes de gasto social. Todos los gobiernos fijaron como prioridad en su agenda la reducción del déficit y deuda pública, así como la restricción presupuestaria.

En cambio, ningún gobierno se propone como prioridad el pleno empleo o aumentar las prestaciones en sanidad o educación. Esta situación se entiende porque el Estado dispone de la libertad de decidir los niveles de gastos o ingresos y la decisión política que se ha tomado se basa en la reducción del gasto social y en ayudas públicas a la banca privada. Debido a que las movilizaciones ante esta injusta situación han sido escasas e insuficientes, estos planes se están ejecutando sin demasiados problemas y con una momentánea victoria en los objetivos a corto plazo del capital.

Cuando se inicio la crisis económica, España gozaba de superávit y del gasto social y deuda publica mas bajo del grupo UE-15, por tanto la crisis no la ha originado el déficit o la deuda publica, sino al revés, y que por tanto el sistema capitalista no evita las crisis si un Estado tiene sus “sus cuentas en orden”. La Deuda publica española paso del 59.3% del PIB en año 2000 al 36.2% en el año 2007. Afirmaciones con las de Aznar, señalando que la culpa la tiene “las desbocadas políticas socialistas” de gasto público, carecen de cualquier tipo de fundamento.

Las razones del aumento del déficit son varias. Pero en primer lugar hay que señalar que no es lo mismo que un país sea deficitario debido a una inversión en educación, tecnología, innovación y en inversiones públicas y sociales que crean empleo, a que lo esté por gastar en cuestiones antiproductivas y nada rentables.

Por un lado los programas de estimulo anti crisis han sido cortos e ineficaces desde el punto de vista productivo, por lo tanto lejos de lograr un aumento de producción e ingresos, han conseguido lo contrario. Por otro lado las reducciones de impuestos a los ricos aplicadas durante los últimos años han provocado una drástica reducción de los ingresos. El fundamentalismo neoliberal siempre ha recomendado recortar los impuestos a los empresarios y grandes fortunas como estimulo económico. Algunos han ido más lejos, como George Bush, quien afirmo cuando era presidente que no había que perder el tiempo gravando con impuestos a las empresas, porque saben cómo evadirlos. En el caso de España, datos de Vicenc Navarro señalan que un gran capitalista español paga únicamente el 38% de impuestos que un gran empresario sueco. Además señala que en Alemania los impuestos sobre el capital se redujeron desde 1995 hasta 2009, 26 puntos. A demás el nivel de grabación fiscal de las rentas superiores se redujo 9.5 puntos. En España y Francia la reducción fue aún mayor: 13 puntos. En Italia el Impuesto de Sociedades bajo 20.8 puntos y el de las rentas superiores 6.1 puntos. Estas reducciones han favorecido únicamente a los grandes capitalistas y nos decían que eran necesarias para no ahuyentar al capital; lo que suponía que en época de bonanza económica los ingresos del Estado disminuyeran, a pesar de aumentar la riqueza. Luego nos hemos encontrado con que estas políticas generaron déficit y un aumento de la deuda pública y hoy podemos ver sus consecuencias.

Otra y más importante razón la encontramos en los planes de rescate anteriormente citados: avales, garantías de depósitos, compra de activos y ayudas a bancos privados, cuya consecuencia era y es un desmesurado aumento del endeudamiento y el déficit. Este ha sido el resultado de las subvenciones al capital y el rescate del sistema financiero; los riesgos y deudas de los bancos privados son desde entonces colectivos con un arriesgado y enorme coste y sacrificio económico. De esta forma estas políticas han contribuido a que la deuda privada se convertía en todos los países en una voluminosa deuda pública

Los bancos con la ayuda del Estado se han visto obligados a refinanciar su deuda contraída con bancos de otros países, mediante nuevos préstamos que hay que devolver con intereses cada vez mayores. El resultado es una deuda pública y privada aun mayor que de una forma asfixiante secuestra a los propios gobiernos a la hora de poder tomar decisiones.

Estos planes de rescate también se aplicaron en España y de una situación de superávit pasamos a una de déficit. El gobierno español creo un fondo de 350.000 millones para la banca. Además el ICO procedió a ayudar con un fondo de 3.000 millones de euros para refinanciar las deudas de las constructoras. Recientemente el gobierno ha aprobado ayudas de 80 millones de euros para las constructoras que son concesionaras de autopistas de peaje privadas. Mientras tanto los directivos de las constructoras no han visto afectado su bolsillo. Dos directivos de la constructora Martinsa recibieron 3.5 millones de euros mientras estaban dirigiendo una empresa en suspensión de pagos. El govern de la Generalitat aprobó 500 millones para avales a empresas en febrero de 2009 sin ni siquiera un compromiso para el mantenimiento de los puestos de trabajo. Por ejemplo, la empresa Ficosa, en Barcelona recibió un crédito de 50 millones de euros del Govern y de 21.6 del Ministerio de Industria, mientras despedía a cientos de trabajadores y cerraba plantas de producción.

Por tanto, si se denomina déficit público a la diferencia entre los gastos y los ingresos de un Estado, vemos que los gobiernos han potenciado una disminución de ingresos gracias a las amnistías fiscales a los ricos, y ahora están fomentando un aumento del gasto en las ayudas a la banca y en el pago de los intereses de deuda publica. En esta situación el déficit en España paso entre el 2008 y 2009 del 4.1% al 11.2%. Y otros países han seguido el mismo camino, Reino Unido paso del 4.9% al 11.5%, Irlanda del 7.3% al 14.3% (actualmente un 32%). Los países con menor gasto social y menor carga fiscal a los ricos (España, Irlanda, Portugal, Grecia) son los países donde hay más déficit, las tasas de paro son más altas y donde la crisis ha actuado con más dureza. Casualmente en estos países se formaron las burbujas inmobiliarias más salvajes.

Planes de ajuste y contrarreformas:

Gramsci tenía razón cuando decía que la clase burguesa gobierna sus intereses vitales fuera del parlamento. Los planes de ajuste están siendo patrocinados e impuestos por el FMI y el BM, cuyas decisiones se toman antidemocráticamente, ya que los países del G7 tienen casi tantos votos como el resto de 170 países del planeta. Es decir: a mas dólares, mas votos. El director de Asuntos Monetarios del FMI, ya advirtió hace poco de una forma poco amable que “Los mercados van a castigar seriamente a los países que no cumplan, con el consiguiente perjuicio para familias y empresas y el aumento del paro” (Publico, 11 de octubre de 2010).

El problema es que no hay una sola evidencia científica que demuestre que aplicar los planes de estos organismos financieros internacionales resuelva algunos de los problemas de un país. Allá donde se han aplicado los dictados del FMI, la pobreza y las desigualdades sociales han aumentado. Basta mirar a África y Latinoamérica. Allí el problema de la deuda se intento solucionar aplicando duros planes de ajuste y alargar plazos de pago e intereses, que solo han conseguido perpetuar la pobreza. Incluso los expertos y economistas burgueses aseguran que las políticas de ajuste están retrasando el crecimiento económico.

Irlanda, país en el que el precio la de la vivienda creció un 270% entre 1996 y 2006, presento serios problemas económicos y la UE aprobó un plan de rescate de 85.000 millones de euros a un 6.7% de interés (el de Grecia fue de un 5.2%), de los cuales 35.000 son destinados a la banca, la responsable del hundimiento de la económica irlandesa. Estas ayudas ya han provocado un aumento del 20% del déficit público. El gobierno irlandés recibió ese dinero prestado a cambio de aprobar un segundo plan de ajuste en tan solo dos años que consistía en: elevar la edad de jubilación a 68 años, subir el IVA al 23%, crear nuevos impuestos (mantenerlos congelados a los ricos), rebajar un 11% el salario mínimo, recortes de subsidios a las familias, subida de las tasas universitarias de 500 a 2000 euros anuales, reducción de un 10% en las pensiones, despido de 24.750 funcionarios, etc.

Otros planes parecidos se han aplicado en países de Europa del este. En Rumania el FMI concedió un préstamo a cambio de recortar un 25% el salario de los empleados públicos y un 15% las pensiones; además de la promesa de cierre de 150 hospitales.

Deuda pública y privada:

Los planes de ajuste se justifican como medidas ineludibles para reducir el déficit y hacer frente al pago de la deuda. En el fondo esto significa que algunos Estados y bancos deben desmesuradas cantidades de dinero por préstamos o intereses derivados de la compra de bonos de deuda publica. Los compradores de deuda exigen la más estricta austeridad y cumplimiento de sus dictados. Como si una persona presta dinero a su vecino y le exige que corte Internet, gas y luz como garantía de cobro. En el caso que analizamos significa que los bancos alemanes o franceses exigen someterse a sus criterios a todo aquel que necesite de su dinero. En ocasiones estos criterios significan la reducción de 600 millones de euros en partidas para los hospitales públicos en Grecia, u otras medidas como las citadas anteriormente. Todo lo que sea necesario para que los deudores paguen. Por lo tanto los rescates y planes de ajuste de Grecia, España, Irlanda o Portugal, supone asegurar a los bancos alemanes y franceses el cobro de sus inversiones y préstamos en Grecia.

Los mismos bancos que crearon la crisis echando fuego a la burbuja del ladrillo, han dirigido sus capitales a la compra de la deuda pública, al considerar que la compra de bonos al Estado es un negocio seguro. El economista Juan Torres lo explica así: “Como la banca compra especulando, encarece la deuda, pone en aprietos a los gobiernos y los obliga a constantes medidas de ajuste, como las presentadas en España” y añade “Los bancos ganan dinero y luego se aseguran el pago de las deudas con los rescate” por lo que asegura que “la deuda es el negocio de la banca” (Publico, 3 de diciembre de 2010, pagina 3)

En nuestro caso más próximo, la banca española debe 548.000 millones de euros, y durante el año 2011 España debe afrontar vencimientos de deuda publica y privada por valor de 180.000 millones de euros, de los que 75.000 millones deberán ser devueltos antes del próximo mes de abril (datos calculados por el director del Centro del Sector Financiero de Pwc, Luis de Guindos). Financial Times refiriéndose a esta situación ha indicado que debido a estas ingentes cantidades de dinero, un plan de rescate alcanzaría para España alcanzaría cifras de 420.000 millones de euros.

El contexto para hacer frente a la deuda es desalentador. Ya que estas operaciones no están exentas de complejidad. Uno de los factores que complican los pagos la encontramos en la prima de riesgo, que no es mas que el sobreprecio que exigen los inversores por comprar deuda de un país frente a la alemana. Es decir es dinero que exigen los inversores en compras de bonos y deuda publica a países de dudosa estabilidad financiera. Cuantas más sospechas existan de que un Estado no puede hacer frente a su deuda, más se dispara la prima de riesgo, los intereses a pagar y el seguro de hipotético impago.

Un problema añadido lo encontramos en como y quien calcula la denominada prima de riesgo. Actualmente un bono español a 10 años renta al 5.45% de interés). En cambio un bono alemán a 10 años renta solamente al 3% de interés. Actualmente solo existen tres agencias de calificación importantes: Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s. Los denominados “agentes financieros” pagan a estas agencias para que realicen estudios sobre los valores que se negocian, invierten o deben. La calificación de estas agencias tiene una influencia poderosísima a la hora de fijar la prima de riesgo. Sus informes son aceptados como dogmas en los mercados financieros pese a que no han dado una desde que se crearon. Estas agencias son las mismas que no predijeron la crisis, las que pusieron sobresalientes a las hipotecas subprimes y créditos CDO; y las que aseguraban hace bien poco que Irlanda y Grecia habían resistido sus “pruebas de estrés”. Aun así, nuestra ministra de Economía las califico como “muy profesionales” (Publico, 2 de octubre de 2010).

En cualquier aspecto de la vida cotidiana, cuando alguien se equivoca repetidamente, se tiende a ignorarle. Por ejemplo, si el metereologo de un canal de televisión nunca predice el tiempo correctamente, nadie creerá o tomara en serio sus análisis. Pero en el mundo de las finanzas las agencias de calificación aumentan su poder, pese a todo lo que mienten y equivoquen. Seria cómico sino fuera porque este juego afecta a la calidad de vida y al bienestar de millones de personas.

En la actualidad, todos los defensores del capital aseguran que estas agencias realizan un buen trabajo por la transparencia en el sector financiero, pero ellos mismos nos aseguraron que esta transparencia existía en los años anteriores a la crisis y se siguen dotando de los mismos vicios y herramientas que antes. Por lo tanto el concepto de “transparencia financiera” debe ser acogido con mucha cautela. Lo que en realidad hacen estas agencias es decir lo que quieren escuchar sus clientes. Hay un dicho que dice “el que paga al flautista elige la melodía”, y los banqueros alemanes pagan a estas agencias para escuchar discursos catastróficos sobre determinados países para que se apliquen duros planes de ajuste y continúen recibiendo con más cantidad y seguridad sus ingresos en concepto de deuda. Esta cantidad será mayor porque la pérdida de confianza de los mercados obliga a un Estado a aumentar el interés que ofrece en sus emisiones de deuda pública, si es que quiere tener compradores. Es decir, cuanta mas desconfianza y miedo exista hacia un país, mas gana un inversor en deuda soberana de un país, por tanto los inversores se dedican a sembrar el pánico para llenarse los bolsillos.

Capitalismo y especulación:

Queda de manifiesto que la especulación es un fenómeno estructural en el capitalismo actual. Durante la burbuja inmobiliaria, la vivienda se convirtió en un bien de inversión muy rentable, y no un lugar para vivir.

La deuda soberana son los títulos (letras del tesoro, bonos y obligaciones a plazos) que emite un país para captar dinero en los mercados con el que financiar sus gastos. Pero actualmente la deuda pública no se considera una herramienta para poder invertir en equipamientos sociales que satisfagan las necesidades humanas o en investigación y tecnología que potencien la creación de riqueza y puestos de trabajo, sino en un negocio. Y este se basa en hacer dinero con los títulos de deuda soberana, jugando a encarecer los tipos de interés de la deuda pública de Grecia, Irlanda, Portugal y España, aun a costa de desestabilizar completamente al euro. Los especuladores atacan al mismo tiempo un determinado mercado o valor para conseguir dinero gracias a las caídas que ellos mismos generan con sus agresivas operaciones con grandes cantidades de dinero. Cuanto mas consiguen hacer caer un valor, más ganan. Además atacan a los seguros de impago de deuda de Estados, bancos o empresas, lo que es interpretado como un riesgo de quiebra en un país. Estas operaciones pueden repetirse varias veces en un mismo día y tienen como resultado que el seguro que paga España u otro Estado por riesgo de impago se encarezca en descomunales sumas de dinero en semanas, días e incluso horas.

Los gobiernos europeos se quejan de los ataques especulativos, pero a su vez son firmes defensores de la libre circulación de capitales que alientan estos ataques, junto con la opacidad del sistema financiero, el secreto bancario, paraísos fiscales, etc. Los propios gobiernos han contribuido a esta espiral de economía mafiosa que golpea en todo el mundo. Las multinacionales tienen tanto poder y viven al margen de las leyes e impuestos gracias a las políticas y leyes gubernamentales, que limitan a la propia capacidad de un gobierno para controlar su propia economía.

No han puesto ninguna objeción a que se haga negocio con los titulo de deuda, se juegue a encarecer los tipos de interés o se desestabilice el euro. Asumen la deuda como legitima aunque sea socialmente insoportable y políticamente desestabilizadora, para satisfacer las demandas de la banca. Quieren intentar pagar una voluminosa deuda pública sin combatir el desempleo, sin producir riqueza y sin inversiones productivas. Creen que con planes de ajuste y ahorro basta pasar salir del atolladero. Aunque también aseguran que realizan esfuerzos para potenciar las exportaciones, pero como dice Vicenc Navarro: “El modelo exportador, a la larga, no se sostiene si todos los modelos económicos de los países de la UE se basan en la exportación como el mayor estímulo económico. Para que un país exporte, se requiere que haya otros que importen. Si todos exportan el sistema no funciona”.

La crisis de 1929 conoció una mejora en 1934-1935 y una recaída brutal en 1937-1938. Tal y como los gobiernos se enfrentan a la crisis que ellos mismos han creado no seria descartable un panorama parecido. La salida de la crisis esta complicada porque continua habiendo deuda por todas partes (ayuntamientos, comunidades autónomas, bancos, empresas, Estados, familias, autónomos, etc) y parece que la economía aun esta lejos de quedar saneada. Los bancos continúan enfrentándose a impagos y cada vez coleccionan más pisos en su poder, muchos de ellos obtenidos como donación de pago por constructoras en la ruina.

Financiarizacion y gestión de la deuda:

El gobierno español, copiando las pautas que sus colegas europeos, está supeditando toda la política económica y social en garantizar el pago de la deuda y aceptar los dictados del capital. En esta línea, el Estado continúa avalando a los bancos en sus operaciones financieras. Por ejemplo el pasado 16 de noviembre Caja Murcia coloco 500 millones en deuda a tres años con avales del Estado. El plan de avales a la banca se ha prorrogado cuatro veces desde su puesta en marcha a finales de 2008 y los bancos privados podrán emitir bonos con el respaldo del Estado al menos hasta el próximo mes de junio. La presión de la banca puede que consiga prorrogar estas ayudas aun más debido a las grandes sumas de dinero que deben las entidades financieras privadas. Por ejemplo, el Banco Santander debe pagar 27.300 millones de euros en 2001, y 35.900 millones en 2012. Este es un problema que afecta a todos los gobiernos, ya que la deuda mundial que se necesita refinanciar alcanza los cuatro billones de dólares y ningún gobierno ve el momento de retirar los avales estatales a los bancos privados, lo que a su vez aumenta aun mas el endeudamiento y se intensifica una espiral suicida. La Comisión Europea, la misma que propone jubilarnos a los 70 años y reducir el gasto público, propone mantener y aumentar estas ayudas. Por lo visto no es viable el sistema publico de pensiones pero si lo es avalar indefinidamente con cientos de miles e millones a la banca. Evidentemente los bancos que no necesiten urgentemente ayudas no tendrán el mismo ánimo u opinión que los bancos en una situación ruinosa, por lo tanto es difícil predecir que pasara. Mientras el Banco Santander solicita el fin de las ayudas por que percibe que solo la competencia las utiliza y se beneficia de ellas, en cambio el banco holandés ING exige la continuidad de los avales.

Zapatero, en su aparición pública el pasado 30 de diciembre aseguraba que la recesión mundial se debía al modelo económico basado en la financiarizion y endeudamiento. No es el único gobernante que lo reconoce, pero a su vez todos participaron e incentivaron ese modelo de financiarizacion. Este término se refiere al creciente y sistemático poder de las finanzas y de la ingeniería financiera en todas las esferas de la vida. Robin Blackburn explica como la financiarizacion estimula a los hogares a comportarse como empresas, a las empresas a comportarse como bancos, y a los bancos a hacerlo como hedge funds (bancos especializados en ventas a corto plazo, tomando prestados títulos y valores para venderlos a terceros). En 1948, los beneficios generados por las firmas financieras representaban el 7% del total de los beneficios en Estados Unidos. En 2004, la proporción se había incrementado hasta el 34%, y en 2007 hasta un 40%. Los gobernantes actuales alabaron este modelo económico, por tanto ahora no se merecen la más mínima confianza o credibilidad en sus recetas para salir de la crisis. Unas recetas que no son nuevas, son las mismas que lleva aplicando el capital en las últimas décadas, pero que ahora se aplican más agresivamente.

Una salida antisocial más a las crisis: la reforma de las pensiones:

Cuando se utiliza el término “Reforma”, en teoría podría significar una alteración o transformación de una legislación vigente tanto para bien como para mal. En cambio en las últimas décadas todas las reformas laborales y de pensiones han estado destinadas a atacar y recortar derechos de trabajadores, pensionistas y parados. Un problema añadido lo encontramos en que estas reformas, además de no llevar contrapartidas (lo cual tampoco se justificarían) se aprueban alegando un sacrificio en pro del futuro, pero ningún retroceso social es derogado una vez se supera la crisis y vuelve el crecimiento económico. En todo caso lo que ocurre es que a un ataque le sucede en el tiempo otro aun mayor.

En la actualidad nos encontramos ante otra reforma de las pensiones. Los trabajadores estamos desgraciadamente acostumbrados a ellas, y no es la primera vez que el PSOE aprueba una reforma de pensiones regresiva. Los historiadores deberían recordar lo que otros han olvidado, porque desgraciadamente muchos han olvidado que el PSOE no tiene un programa distinto al de la derecha desde hace muchos años. Lejos queda el programa electoral del PSOE (incumplido) de 1982 en defensa de la jubilación a los 64 años.

La actuación más impopular y contestada en la primera legislatura de Felipe González fue la Ley de Pensiones de 1985. La ley endurecía las condiciones para tener derecho al cobro de pensiones y reducían la cuantía económica de las mismas. Se establecía la obligatoriedad de haber cotizado a la Seguridad Social al menos durante 15 años, frente a los 10 exigidos hasta el momento. Además se modificaba el sistema de cálculo de prestación en perjuicio del pensionista. Esta contrarreforma laboral fue respondida por una Huelga General el día 20 de junio de 1985, convocada por CCOO y CNT, pero sin el respaldo de UGT.

A principios de los años 90 los gobiernos de Felipe González y Aznar nos alertaron de que el sistema publico de pensiones no era viable y que la seguridad social quebraría en el año 1995, 2000 y luego 2010. Pero después nos encontramos con que aquellos pronósticos no se cumplieron, e incluso a día de hoy la Seguridad Social goza de superávit (4.000 millones de euros) y posee un multimillonario fondo de reserva (64.300 millones de euros en 2010). Incluso el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, asegura que la previsión para 2011 asciende a 4.579 millones de euros de superávit. Aun así nos continúan alertando de que es ineludible una reforma del sistema de pensiones y que lo mejor que podemos hacer es asegurar nuestro futuro de manera privada e individual.

Estos anuncios catastrofistas se enmarcan en un deterioro y desprestigio premeditado de las pensiones publicas por parte del gran capital y de los gobiernos del PSOE y PP. La campaña desde los años 90 se ha basado en propagar el pánico y la inseguridad hacia la viabilidad de las pensiones publicas para hacer lo mas atractivo posible los planes de pensiones privados. Esta es una estrategia que el capital aplica con la sanidad: deteriorar conscientemente el servicio público sanitario para que la gente opte por los seguros médicos privados que evitarían listas de espera y otros problemas de la sanidad pública. Lo mismo se hace con el sistema educativo, cuyas clases se masifican para deteriorar el servicio y la calidad frente a las escuelas privadas. Y no digamos con las escasas e inalcanzables residencias públicas, que no son potenciadas lo mas mínimo, sino es para propagar algún escándalo o bulo sobre malos tratos a los ancianos. Por eso el cuidado de los mayores actualmente es un cargo familiar y no estatal, lo cual suele significar que las residencias privadas tengan más ingresos. Es decir, quieren mercantilizar todas las facetas de la vida diaria y nos dejan bien claro que en la sociedad capitalista cuanto más dinero tengas, mejor se te atenderá, con más atención y con el personal más cualificado. Por tanto, nos indican que nos olvidemos cuanto antes de la seguridad social y el paternalismo estatal.

Llegado a este punto, ya tenemos al principal beneficiado e impulsor de las contrarreformas en materia de pensiones: la banca. Los banqueros tienen muchos intereses en juego y cuantiosas sumas de dinero que ganar. Por esta razón están utilizando toda su influencia política, y esta es tan importante que desde hace mucho la propia banca condiciona el pensamiento económico y las políticas económicas a aplicar en el país. Su objetivo es que todos vayamos corriendo para hacernos un plan de pensiones privado

En ningún medio de comunicación aparecen análisis o alternativas diferentes de las que defienden los portavoces de la banca. Únicamente, se nos invita a participar en una asociación desigual con las entidades financieras en una táctica privatizadora, impulsada por influyentes grupos de presión. Pero este sistema, a parte de caro e injusto, resulta muy arriesgado. Las empresas apuestan por planes privados de renta variable, de los cuales luego intentan desvincularse. De hecho, algunas quiebras en materia de pensiones pueden ser lucrativas para empresarios y banqueros, pero ruinosas para trabajadores que hayan invertido buena parte de sus salarios y ahorros durante toda su vida. Podemos citar muchos casos, como el caso Maxwell, un magnate de la prensa británica, que en 1995 robo 400 millones de libras de los fondos de pensiones financiados por las empresas de las que era dueño. Es decir, que se producen conscientemente bancarrotas empresariales para deshacerse de las obligaciones contraídas en materia de pensiones. Pero están bancarrotas son deliberadamente ocultadas, porque de lo contrario quedaría en evidencia que al final los planes de pensiones públicos son en realidad mas seguros que los privados.

¿En que consiste la reforma?

El capital advierte de que el sistema publico de pensiones en inviable debido a que el envejecimiento de la población hace insostenible el actual modelo de pensiones publicas, al que consideran demasiado generoso, aun siendo el país de la UE-15 que menos gasta el pensiones y donde mas bajas son. Además nos aseguran que para salir de la crisis y “ganarnos la confianza de los mercados” debemos emprender una reforma de las pensiones ambiciosa. Así han procedido cantidad de gobiernos y la edad de jubilación esta subiendo en: Alemania, Austria, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Suecia, Grecia, Republica Checa, Irlanda, Francia, Italia, Lituania, Hungría, Malta, Rumania, Eslovaquia y Reino Unido.

El FMI, la Comisión Europea, la OCDE, etc., han recomendado alargar la vida laboral obligatoria hasta los 70 años y reformar drásticamente los cálculos de cómputo de pensiones para que estas sean mas bajas.

El gobierno, asumiendo los argumentos de la derecha, la banca y los capitalistas, pretender aprobar una reforma acorde a sus intereses y pensamientos. Esta reforma se basa en retrasar obligatoriamente la edad de jubilación de 65 a 67 años. Esta media estaría aplicada completamente en el año 2026 y se calcula que esta medida significara 500.000 puestos de trabajo menos disponibles para las nuevas generaciones. También se propone aumentar el cálculo de cómputo de pensión de 15 a 20 o 25 años, lo que supondría una diminución de la pensión de entre un 3 y un 20%. Además se baraja la posibilidad de aumentar de 35 a 38 o 40, los años de cotización para alcanzar el 100% de pensión. Esta es la reforma que el gobierno quiere aprobar por decreto y con el único respaldo de la patronal, algo que el mismo presidente Zapatero prometió que jamás ocurriría. Al igual que nos aseguro que la crisis no la pagarían los trabajadores y que no era necesaria ninguna reforma laboral debido a que la crisis no tenía un origen laboral.

Con estas medidas vemos que el peligro real lo encontramos en como sobrevivirán los futuros ancianos en un país en el que a día de hoy las pensiones ya son ridículas. Esta es una reforma que no tiene en cuenta a los trabajadores, ni a su ocio, salud, vida personal y familiar. Afecta negativamente a todos los trabajadores y pensionistas. Vemos una vez más como las reivindicaciones empresariales son aceptadas. No están satisfechos de haber conseguido que España sea uno de los países europeos con mayor número de centros educativos y sanitarios privados, también quieren liderar el ranking de planes de pensiones privados.

Las recomendaciones de la Comisión Europea y el FMI tienen una influencia y resonancia enorme en el gobierno. No ocurre lo mismo con las recomendaciones que realizo el pasado mes de diciembre el Consejo de Europa, en cuyo informe se suspendía a España en: condiciones de trabajo, remuneraciones decentes, derecho a organizarse, negociación colectiva, información y mejora en las condiciones de trabajo. El consejo advertía que el salario mínimo español es “manifiestamente injusto” e “insuficiente”. El gobierno prefiere escuchar a los de siempre y a lo de siempre. Un ejemplo lo encontramos el pasado 27 de noviembre, cuando Zapatero recibió a dirigentes de las 37 mayores empresas del país, frente a los que se comprometió para aprobar cuanto antes la reforma de las pensiones.

Una ineludible labor pedagógica: argumentos contra los ataques a las pensiones públicas.

La banca y los gobiernos estudian de que manera atacar a las pensiones publicas en toda Europa. Nos aseguran que para favorecer la salida de la crisis y evitar la quiebra de la seguridad social se deben recortar las pensiones. Es un insulto para los trabajadores que tengamos que escuchar semejantes afirmaciones. En anteriores crisis capitalistas ni siquiera existían las pensiones y los Estados consiguieron salir de la recesión.

En primer lugar tendremos que preguntarnos si el peligro de quiebra es real. En realidad hasta algunos de los más fundamentalistas del neoliberalismo aseguran que las pensiones no estarán en peligro hasta dentro de 30 o 60 años. Ya nos encontramos con la primera contradicción, ya que los mismos que se muestran muy preocupados por la viabilidad de las pensiones en el año 2060, se muestran pasivos frente a los riesgos que acarrea el cambio climático, el efecto invernadero y sus consecuencias. Según expertos del Foro de Vulnerabilidad Climática, se prevé que cada año se pierdan 150.000 millones de dólares por el calentamiento e incuso cinco millones de muertes hasta el 2020. Sin embargo ningún gobierno se toma en serio el problema para tomar medidas contra un fenómeno, que si representa un grave problema para la actualidad y mas aun para el futuro próximo. Pero pese a no existir evidencia científica de lo primero y si de lo segundo, misteriosamente se interesan únicamente en “resolver” el problema de las pensiones.

Uno de los argumentos mas utilizados por los esbirros del capital es que la esperanza de vida ha aumentado y que por lo tanto al haber más ancianos, no podemos pagar pensiones a todos sin endurecer su acceso y cuantía. Es cierto que la esperanza de vida ha aumentado, pero se debe en buena parte, a que en los últimos 50 años la disminución de la mortalidad infantil y juvenil ha sido enorme. En periodos históricos anteriores la mortalidad infantil provocaba una escasa esperanza del nivel de vida. Lo podemos explicar con un ejemplo practico: si en un pueblo en el que viven dos personas, una muere al nacer y otra a los 80 años, tenemos una esperanza de vida de 40.

Además el argumento de que la esperanza de vida ha aumentado es un arma de doble filo, ya que también ha aumentado sustancialmente la productividad y el PIB, por tanto se dispone de muchos más recursos que antes para gastar en pensiones y en otros asuntos. Por tanto cada punto porcentual de PIB corresponderá a una cifra mayor expresada en dinero dentro de 50 años. Por ejemplo el PIB en Francia ha crecido un 45% entre 1983 y 2010. Son datos y análisis proporcionados por Vicenc Navarro, como el que asegura que el aumento de la productividad laboral española entre 1979 y 2009 fue del 79%. Aun así nos alertan de que el dinero que se gastara en pensiones dentro de 40 años podría alcanzar el 13% del PIB. En Italia actualmente se gasta más de un 14% y no percibimos ninguna catástrofe por ello. A demás, Vicenc Navarro también señala que hace 50 años España gastaba un 3% del PIB en pensiones, y ahora un 8% con superávit en la seguridad social. Ante estos datos debemos preguntarnos: ¿Qué evidencia existe de que la austeridad significa la recuperación económica?. No hay ninguna , pero el dogma económico neoliberal se sustenta a base de fe y sin evidencias empíricas. Por ejemplo: el FMI y UE preveían una caída del PIB para el año 2009 de un -5% para Letonia, finalmente fue un -18%. También preveían una caída del -1% para Irlanda y finalmente fue un -10%. Si no son capaces de pronosticar el comportamiento de una economía de un país báltico a corto plazo, ¿cómo se atreven a pronosticar empresas mayores?

Si que es una afirmación innegable que existe un fuerte incremento demográfico. A una persona con conciencia social que observa que este fenómeno va acompañado de problemas estructurales como el hambre y la desnutrición, le debe preocupar que se pongan los medios para alimentar a toda la población del planeta, y esto no ocurre, ni ha ocurrido antes. En cambio no hemos visto que los gobiernos se reúnan y tomen medidas drásticas contra el hambre, problema del que si existen hechos probados. Los Estados únicamente responden poniendo restricciones a la producción de alimentos para evitar excedentes, incluso pagando a los agricultores para no producir. Es decir, que se determinan unos niveles de gasto y unas prioridades que no se corresponden con las necesidades humanas.

En la prensa oficial abundan los artículos de “expertos” en materia de pensiones en los que la diversidad ideológica y la variabilidad de propuestas brillan por su ausencia. Todos son unánimes al señalar la urgencia en recortar derechos laborales y en materia de pensiones. El jurado del premio Nobel de Economía rara vez galardona a críticos progresistas del capitalismo, no ha sido así con los defensores de la nueva económica y el neoliberalismo. En resumidas cuentas: se disuade al pensamiento crítico, mientras se sigue el guion de la derecha norteamericana. Las alternativas a los planes de ajuste, no solo son ignoradas, sino consideradas estúpidas.

En cambio hay otros y mejores especialistas en la materia que dan argumentos y salidas distintas para los temas relacionados con pensiones, el problema es que estos se encuentran ignorados en el mundo académico e informativo. Un buen ejemplo lo encontramos en Juan Torres, o Vicenc Navarro (anteriormente citado), quien plantea que no se puede argumentar la insostenibilidad de las pensiones de dentro de 50 años por el aumento del numero de personas en edad de vejez, ya que seria lo equivalente a decir hace cuatro décadas que debido al éxodo rural la producción agrícola estaría en peligro. Este ejemplo es muy crítico e ilustrativo, debido a que el número de trabajadores en el campo representaba el 18% de la población adulta hace 40 años. En cambio ahora que representa un 2% del total, la productividad ha aumentado tanto que el campo hoy produce un 30% mas, con solo el 3% de la población dedicada a la agricultura. Hoy en día un trabajador produce los alimentos que antes producían nueve y quizá dentro de cuarenta años un trabajador pueda mantener a mas pensionistas que ahora.

Es muy difícil predecir el futuro en temas relacionados con la economía o la sociología. Quien se imaginaba hace 60 años en España fenómenos actuales como la inmigración, matrimonio homosexual, Internet o la masiva incorporación de la mujer al mercado laboral.

Otro dogma que debemos de cuestionar es el relacionado con la financiación de las pensiones. No esta escrito en ninguna biblia que la única forma de pagar las pensiones tenga que ser exclusivamente a través de cotizaciones a la seguridad social. Pueden existir otras formas de financiación, por esta razón la decisión de retrasar obligatoriamente la edad de jubilación y endurecer el acceso a una jubilación, así como su cuantía económica, no es una cuestión técnica, sino ideológica. Pero aunque nos quieran hacer creer que todos los “expertos” están a favor de tomar las mismas e “ineludibles medidas” en materia de pensiones, hay otros especialistas que recomiendan alternativas diferentes, como Robin Blackburn, quien propone un fondo global para pensiones financiado a través de impuestos sobre las transacciones monetarias internacionales, sobre el combustible utilizado en vuelos internacionales y sobre el patrimonio de las corporaciones.

El sistema niega la posibilidad de que las pensiones se puedan financiar de otra manera, como subiendo los impuestos, con un sistema mixto o con partidas presupuestarias, como el pago del salario al personal funcionario. Otra fórmula seria suprimiendo los topes de cotización a las rentas más altas para obtener más ingresos. Pero el capital no quiere ni hablar de subir las cotizaciones o pagar pensiones con impuestos. De todas formas con la forma actual de financiación más importante que la relación entre el número de jóvenes y ancianos, es el número de cotizantes y tamaño de cada cotización por pensionista. Pero el problema es que alargar la vida laboral provoca mas paro y por tanto menos cotizantes. En un mercado laboral como el actual, no sabemos quién nos garantiza un puesto de trabajo, ya no hasta los 67 años, sino hasta los 40. Lo único que nos garantizan es que de jóvenes empezaremos a endeudarnos durante décadas y que a su vez debemos pensar que de mayores tendremos que sobrevivir con nuestros ahorros o planes de pensiones privados. Por eso nos recomiendan compensar lo que perderemos con nuestra pensión pública, con una pensión privada. Ante esta recomendación deberíamos de preguntar de dónde saca un mileurista con hipoteca dinero para sufragar un plan de pensiones privado.

Uno de los defensores del retraso obligatorio en la edad de jubilación lo encontramos en Felipe González. El ex presidente se pone a si mismo como ejemplo para continuar trabajando cuantos mas años mejor. En su caso es normal ya que acaba de fichar como consejero de Gas Natural con un sueldo de 126.500 euros anuales. Pero la gran mayoría de la sociedad no dispone de salarios y privilegios de este tipo. Por el contrario vivimos en un mercado laboral basado en la precariedad y el despido fácil y barato que genera empleos estresantes, en los cuales es muy difícil que una persona disfrute con su trabajo y quiera seguir trabajando más años. Uno ejemplo tenemos como las enfermedades laborales derivadas del estrés han aumentado en toda la Unión Europea, especialmente en España.

Por tanto, nos encontramos con que la banca lo quiere todo: contratos temporales, precariedad y a su vez trabajar mas años para acceder a una pensión. En definitiva lo que defienden públicamente Aznar y Díaz Ferrán: “trabajar más y cobrar menos”. Así ha actuado recientemente el partido que promete sacarnos de la crisis. El gobierno del PP en Murcia ha aprobado un recorte de salarios y un aumento de la jornada laboral para los empleados públicos de la comunidad autónoma de Murcia. Por cierto, no sabemos en que pagina de los programas electorales de los partidos políticos aparecen este tipo de medidas.

Otro asunto ineludible es el referente a que dentro de varias décadas no habrá dinero para pagar a los pensionistas. Una pregunta que debemos hacernos es ¿y si lo habrá para lo demás?, es decir parece que los voceros del capital plantean que únicamente los funcionarios o pensionistas son los que corren el peligro de suspensión de pagos. Pero en realidad sino hay dinero para unos no lo habrá para otros. No he oído a ningún portavoz del capital alertar que no habrá dinero para pagar a los militares, a los curas o a los concejales. Con estos análisis quieren inculcar que cuando hay que ajustar el presupuesto únicamente se puede hacer aplicando el tijeretazo a los de siempre, los sectores mas desfavorecidos de la sociedad y no se toma ni como mera hipótesis la idea de otras formulas que afecten a los poderosos.

Un argumento que evidencia una vez más la injusticia del retraso obligatorio lo tenemos en que el índice de mortalidad diferencial. Es un hecho probado que las clases adineradas viven durante más años y se mueren a una edad más tardía que los trabajadores y personas que han sufrido una vida más precaria. España tiene uno de los índices más altos de la UE. Debido a que la forma en la que la gente vive, se enferme y muere varia sustancialmente según su posición social, estas reformas se muestran ciegas a la solidaridad, no tienen en cuenta lo mas mínimo el bienestar, el ocio, vida familiar, personal y problemas de la clase trabajadora. La prolongación de la vida productiva, significa estar explotados y producir plusvalía durante más años, soportar aun por más tiempo el paro o trabajos precarios con grandes distancias entre domicilio y trabajo, el estrés, intensificación del esfuerzo físico, comercialización del escaso ocio, fatiga, contaminación, penosos alojamientos, etc.

Una contribución más al aumento del paro:

Esta reforma de las pensiones a parte de castigar a los trabajadores y pensionistas va a significar un aumento aun mayor del paro, ya de por si muy elevado entre la juventud y mayores de 55 años. Cuanto más tarde se jubilen los trabajadores menos oferta de empleo tendremos, y cuanta menos gente este trabajando, de menos cotizaciones sociales dispondremos para pagar pensiones. El problema es que este sistema es incapaz de organizar y repartir el trabajo. Y una de las señas de identidad de los que defendemos una salida progresista a la crisis es la apuesta por el reparto del trabajo y de la riqueza.

Zapatero aseguro en septiembre que “Nadie puede estar satisfecho con el marco laboral cuando el paro y la precariedad son lo que son” (Publico, 11 de septiembre de 2010). Estas afirmaciones pretendían justificar una reforma laboral reaccionaria que supondría la inmediata creación de miles y miles de empleos indefinidos. Hoy vemos que tras la aprobación de la reforma hay miles de parados más y que nueve de cada diez contratos formalizados desde entonces son de carácter temporal.

Se debería de volver a repetir aquella afirmación y emprender una verdadera reforma progresista a favor del empleo y de los trabajadores. Por el contrario, nos encontramos con otro tipo de medidas que perpetuán descomunales tasas de paro. Y el desempleo, que prácticamente siempre es involuntario, no es una simple palabra, es un fenómeno que degrada y socaba la salud física y psíquica de las personas y que deteriora las relaciones familiares y sociales. En cambio, la derecha nos presenta el paro como el destino de los perdedores sociales y vagos a quienes nadie debería ayudar. Pero la cruda realidad es que la perdida del empleo produce una radical interrupción de ingresos y un dramático cambio en la forma de vida, acompañado con la frustración, desconfianza y desesperación. Lo demuestran las estadísticas que señalan que cuando aumenta el paro lo hace también: la delincuencia, suicidios, divorcios, enfermedades mentales, malos tratos, número de presidiarios, problemas familiares, infartos, etc.

Al gran capital estos problemas no les importan. No pasa nada si la Xunta se gasta 6.451 euros por minuto durante visita del Papa. Pero en cambio es intolerable el gasto en subsidios de desempleo. Por eso los banqueros han aplaudido la medida del gobierno para eliminar el subsidio de 426 para parados de larga duración (que recibieran formación y cuyos ingresos familiares fueran inferiores al 75% del SMI), porque no están dispuestos a que se gaste dinero en una ayuda que ellos no necesitaran jamás. Incluso prefieren una alta tasa de paro como la actual (20%), pues esta sirve para disciplinar a los trabajadores en activo a través del miedo al despido. Esta situación debilita a los sindicatos y la inseguridad se manifiesta en una débil posición negociadora y en la correlación de fuerzas. Esta amenaza a perder el empleo induce a los trabajadores a aceptar jornadas más largas y salario más bajos, y por supuesto la mera hipótesis de la huelga siembra el pánico. También es verdad que este descontento social puede aumentar el potencial reivindicativo.

Por un análisis y alternativa de izquierdas y anticapitalista: es necesaria la Huelga General y la unidad del movimiento obrero:

Las reformas de pensiones emprendidas por los gobiernos europeos no van a solucionar ningún de los problemas planteados. Tampoco han solucionado el problema del paro en los últimos 35 años con un sinfín de reformas laborales y la aplicación de las denominadas “Políticas activas de empleo”. Lejos de una solución, estas políticas vislumbran una creciente perspectiva de pobreza entre las personas de la tercera edad y se consigue que envejecimiento sea sinónimo de disminución de ingresos con el consentimiento, aceptación y gracias a todos los gobiernos de turno.

No solo quieren que trabajemos durante más años y que cobremos una pensión pequeña, sino que nos apañemos como podamos al margen de nuestras condiciones económicas y de salud. El ataque a las pensiones públicas va acompañado de una política consciente de no invertir lo mas mínimo en residencias públicas. Una inversión que podría suponer :un aumento de plazas gratuitas o baratas, aumento de las plantillas, etc. Como no se actúa de esa forma por parte de los poderes públicos, existe una gran desprotección hacia las personas dependientes, que tienen que hipotecar su vivienda para cubrir gastos de atención o residencia. No se prima la autonomía y la salud de los ancianos, sino minimizar costes. Un ejemplo lo tenemos en que solo uno de cada diez adultos españoles trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar. En Suecia es uno de cada cuatro. Creo que nos merecemos algo mejor.

Es muy común que se organicen regularmente grandes convenciones y foros internacionales para tratar como salvar a los bancos, control del déficit, cuestiones militares, cumbres de la OTAN, etc. Pero apenas hay asambleas mundiales para tratar asuntos sobre los problemas de las personas que forman parte de la llamada tercer edad, salvo para exigir un recorte en pensiones públicas. Solo ha habido dos asambleas mundiales dedicadas a los problemas de las personas mayores. La primera en Viena, en 1982, la segunda en Madrid en 2002.

Los anticapitalistas no podemos dar el visto bueno a que los mismos que generaron la crisis gestionen ahora recortes en nuestras condiciones de vida. Nosotros si tenemos voluntad y certeza de forzar hacia una salida de izquierdas, tenemos que preguntarnos quien debe pagar por una crisis que han originado los bancos y gobiernos. Los anticapitalistas debemos defender criterios no comerciales respecto a las pensiones, porque la continuidad de los criterios comerciales es el único problema al que se enfrentan las pensiones del futuro. Estos criterios aplicados en España consiguen que nuestro país sea uno de los que menos gasta en pensiones en la UE y de los que menos atención domiciliaria presta a sus ancianos.

Los trabajadores no tenemos ninguna responsabilidad en la actual crisis capitalista. En época de beneficios nadie los repartió con nosotros, pero ahora quieren que la crisis y sus consecuencias las paguemos nosotros sin que se mermen sus beneficios. La recesión no fue culpa de los trabajadores, sino de los capitalistas, pero cínicamente estos últimos que promueven ataques contra la clase obrera.

Los que tienen la vida solucionada quieren deteriorar la nuestra todavía más. Nos dicen que todos debemos “remar en la misma dirección” y aceptando el fundamentalismo de la económica de mercado, jubilarnos a los 70 años. El Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez en su faceta de buen fundamentalista del gran capital llevaba años exigiendo una reforma del mercado laboral y de las pensiones. Su curriculum tiene un sello claramente neoliberal, fue Secretario de Estado de Economía y Planificación con Felipe González, dirigió privatizaciones y trabajo como director ejecutivo en el FMI, además en los 90 impulso la liberalización de los horarios comerciales. Resulta irónico que un defensor de los recortes salariales, gane 1.026 euros por cada asistencia a reuniones con representantes de organismos financieros, y que además tenga un salario de 165.026 euros, un sueldo un 111% mayor que el del propio Zapatero. Ordoñez no cesa de repetir que el gobierno no deje de emprender reformas, es fácil que diga algo así cuando a el no le perjudican. Además sabe que aunque sus predicciones y análisis sean erróneos nadie le va a amonestar. En abril de 2009 nos aseguro que de no aprobar ese año una reforma de pensiones desaparecería ese año el superávit de la seguridad social. Algo que no sucedió y que no tuvo ninguna consecuencia para el mantenimiento de su puesto.

Es un ejemplo de cómo los mismos responsables de la crisis siguen en sus puestos. Pero pese a que Zapatero dijo “Este no es momento de grandes beneficios, ni de salarios excesivos” (El mundo, 1 de febrero de 2009), podemos poner mas ejemplos, sobre todo de la banca, sector que gano 17.950 millones de euros de beneficios en 2008. José Ignacio Goirigolzarri (consejero delegado del BBVA) se ha jubilado anticipadamente con 68.7 millones de euros de pensión. Francisco González, actual Presidente del BBVA, se va a jubilar con una pensión de 79.8 millones de euros, el Presidente del Banco Santander, Emilio Botín (quien se aumento el sueldo un 38.6% en 2008) lo hará con 25.6 millones de euros. Estos son los señores que están en contra de la huelga general, pero a favor de gastar menos en pensiones públicas y de que nos jubilemos a los 70 años; son los mismos que defienden abaratar el despido para acabar con el paro y atacar las pensiones para salvar el sistema. Al igual que los que defienden austeridad en las pensiones se jubilan con multimillonarios sueldos, los que defienden el despido libre y barato, abandonan sus puestos con cuantiosas indemnizaciones. Ángel Corcostegui recibió 108 millones de euros por abandonar su labor de ejecutivo en el Banco Santander. Entonces: despido gratuito y pensiones moderadas ¿Para quién?

Pero desgraciadamente hay que referirse a otro ejemplo escandaloso y muy grafico sobre el carácter del empresariado español. Díaz Ferrán, el que fue máximo representante de la patronal, se ha caracterizado por no pagar a sus empleados, llevar a la quiebra a sus empresas, tener graves problemas judiciales, fraude, aprobaciones indebidas, impago de nominas, etc. Este señor además ha sido capaz de mandar a la calle a 3.000 trabajadores en meses. Con este curriculum se ha tomado la confianza de darnos lecciones a todos y el 7 de junio de 2007 afirmaba que “La mejor empresa pública es la que no existe”. Aquí tenemos un ejemplo de la doble moral de la patronal, que exige moderación en el gasto público por un lado y más subvenciones y ayudas públicas para ellos por otro. Además quieren que la Administración Publica este en consonancia con sus intereses y que se permita a la iniciativa privada entre de lleno en los servicios públicos que no sean deficitarios. Desgraciadamente todas estas demandas políticas son aceptadas por los gobiernos de turno. Se ha conseguido que España ocupe el puesto número 20 de los 27 de la UE en gasto social. Además pese a que nos alertan de que hay muchos funcionarios, la realidad es que Dinamarca, Sucia, Finlandia, Países Bajos, Francia, Reino Unido, Grecia, Italia, Luxemburgo o Alemania, son países que tienen mas funcionarios que España.

Resulta irónico que Zapatero el pasado mes de septiembre se refiera públicamente por primera vez sobre la necesidad de reformar las pensiones ante funcionarios del FMI, que se jubilan a los 51 años con 100.000 euros de pensión, con solo 25 años cotizados. En cambio nosotros tenemos que trabajar 40 años para recibir un 80% del salario. A estos señores habría que decirles que si quieren austeridad se la apliquen ellos mismos, pero que nos dejen en paz. También resulta bochornoso que cuando Zapatero les anunciaba que se debía subir la edad de jubilación a los 67 años, el Partido Socialista en Francia votaba en el Parlamento francés contra la reforma de pensiones del gobierno Sarkozy para aumentar la jubilación de los 60 a 62 años. Resulta un hecho normal cuando comprendes que la obsesión del gobierno cosiste en tener contento al FMI, la banca y a todo aquel que tenga mucho poder y la vida solucionada. Por cierto, en aquel mes de septiembre, cuando se aprobó una reforma laboral que abarataba el despido, quedaban muy lejos las declaraciones de Zapatero en las que aseguraba que abaratar el despido “no es el camino” (Publico, 13 de febrero de 2009, pagina 23). Desgraciadamente cambio de opinión e incluso Botín se alegraba al asegurar que la reforma laboral esta en la “dirección adecuada” (Publico, 27 de octubre de 2010, pagina 26).

El gobierno y la patronal están aprovechando la crisis para hacer lo que siempre han querido: atacar nuestros salarios, pensiones y derechos. El gobierno del PSOE, sin considerar a los trabajadores lo más mínimo, está aplicando el programa económico de la derecha y del BBVA; es una evidencia de que los gobiernos no controlan a la banca, sino al revés. Porque detrás de todas las políticas de ajuste están los banqueros y el gran capital, y es necesario que se encuentren con un rechazo frontal por parte de los trabajadores y todos los explotados y oprimidos de esta sociedad. Todas las medidas destinadas a desmantelar sectores productivos, privatización, precarización del mercado laboral y la vida social (educación, vivienda, sanidad, ocio), ataque a las pensiones públicas se enmarcan en una decisión política que el capital necesita para mantener sus beneficios. Y ante este escenario la búsqueda de soluciones individuales y la división de los trabajadores sólo favorecen los intereses de los capitalistas. Es necesario, pues, que todos los trabajadores estemos unidos en organizaciones que nos permitan defender nuestros intereses colectivos de una forma democrática y combativa.

El PSOE, no tiene un programa económico distinto al de la derecha y actualmente es un problema para los trabajadores y una herramienta muy útil para el capital. Nuestro gobierno no ha tomado ni una sola medida de izquierdas. Tras aprobar una reforma laboral que suponía un durísimo ataque contra la estabilidad laboral, quieren aprobar medidas contra las pensiones públicas. Zapatero asegura que el país necesita cinco años más de reformas (versus recortes de derechos y prestaciones sociales), nosotros necesitamos echarlas atrás y un paso decisivo para conseguirlo es paralizando el país la próxima huelga general. Lejos quedan las declaraciones de los gobiernos europeos en 2008 señalando el fin de la crisis y que esta no la pagarían los trabajadores. No se trata de una “reforma” porque a lo que nos encontramos es una orientación política concreta de la burguesía sostenida en el tiempo cuyo objetivo es destruir nuestros derechos y deteriorar y precarizar nuestras vidas. Se exige un estado social mínimo y un estado policial máximo. La actuación del Estado contra los controladores es un aviso y ejemplo de cómo podrán actuar contra el movimiento obrero en cualquier desafío que se presente.

Los señores que votan estos planes en los parlamentos puede que tengan una relativa representación electoral, pero ninguna representación sociológica. Ninguna de las persones que promueven los ataques sociales padecen unas condiciones de vida parecidas a las nuestras, que en definitiva somos las únicas victimas. Ningún parlamentario se acerca a cobrar el salario mínimo interprofesional y ningún banquero tendrá una jubilación que se parezcan a las miserias que cobran nuestros padres o abuelos. En el ejemplar de Publico del 1 de junio de 2009 (pagina 4) se podía ver como decenas de senadores tenían intereses y remuneraciones en empresas y bancos privados.

Los trabajadores hemos de hacer comprender a estos señores que la vía antisocial que han escogido no les va a salir gratis, porque los trabajadores somos las primeras víctimas de estas políticas y los únicos que podemos hacerlas fracasar. Frente a los que dicen que la lucha no sirve de nada, hay que defender que lo que no sirve de nada es no hacer nada ante los ataques que tanto nos perjudican. Nada cambiara sino hacemos nada. Un gobierno en cuya agenda se da prioridad a incrementar y recuperar la tasa de beneficio del capital, poniendo más difícil el mantenimiento de los puestos de trabajo y empeorando nuestras condiciones laborales y de vida se merece una Huelga General. Debemos de decir basta al deterioro de nuestras condiciones de vida. De lo contrario será una victoria para aquellos que quieren destruir nuestros derechos sociales.

Otra salida a la crisis es posible, quienes afirman que no lo es, ni tienen voluntad de modificar las cosas, ni ideas de cómo hacerlo. Sabemos que no es una tarea fácil, la facilidad con la que los gobiernos aplican el neoliberalismo no ha caído del cielo, ha sido cuidadosamente alimentada durante décadas. Las ideas de los fundamentalistas del capital han tomado las universidades, prensa, radio, televisión, tribunales, centros de estudios, fundaciones, publicaciones, judicatura, intelectuales, incluso a la propia socialdemocracia y sectores de la izquierda y el sindicalismo. Ya dijo Mandel que “El clima social del capitalismo pudre todo lo que toca, incluso esos brotes de la sociedad futura que se abren lentamente en su interior”.

El capital ha conseguido engañar masivamente a la opinión pública, aumentar la mentalidad empresarial en todos los ámbitos de la sociedad y el dominio de las grandes empresas ha alcanzado alturas nunca soñadas. El pensamiento económico de derechas esta tan infiltrado en la política y la sociedad hasta el punto que da igual el partido político que este en el gobierno. Se institucionaliza y se normaliza el despido e incluso la represión sindical y laboral en las empresas; mientras los diarios de la derecha piden la ilegalización de sindicatos e incluso penas de cárceles para alguno de sus líderes.

Los trabajadores no nos podemos quedar de brazos cruzados mientras los Estados europeos compiten por quien despide mas barato o penaliza más las pensiones públicas. Es más urgente que nunca que todos los trabajadores peleemos codo con codo para transformar la correlación de fuerzas existente. Tenemos que conseguir un rearme ideológico de la izquierda y poner en peligro la ideología capitalista, explicar a la gente lo que el gobierno y las grandes empresas están haciendo con nosotros. Y no debemos dejar de recordar que estos problemas nos deben importar a todos porque nadie en el planeta ha quedado indemne de estas políticas.

Los banqueros pueden ejercer poder de veto en el congreso y sobre decisiones gubernamentales bajo amenazas con fugas de capitales, ataques a la moneda y otros medios. Nosotros tenemos que utilizar nuestras armas de presión: el sindicato, la agrupación colectiva, la defensa mutua, solidaridad, desobediencia civil, ocupar las calles, la huelga general, etc. Los ataques exigen urgentemente un profundo giro sindical a la izquierda y una de nuestras tareas ineludibles tiene que basarse en un trabajo constante y paciente para conseguir que las próximas movilizaciones y huelga general sean más masivas que las anteriores, porque con el grado de presión actual no podemos tirar atrás ningún ataque al que nos enfrentamos, el gobierno tomara nota y continuara con su agenda de ataques. Todos aquellos que tengamos conciencia social debemos esforzarnos porque la próxima huelga general, además de ser legítima y necesaria, lo sea también masiva; porque será la más necesaria y justa de toda la historia reciente. En esta lucha no debemos tolerar que se desprestigie la opción de la huelga, la agrupación sindical y la respuesta colectiva. Debemos abandonar las soluciones individuales ante lacras sociales que nos afecta a todos. No debemos querer ni permitir que acabemos viviendo peor que nuestros padres.

Debemos de dejar de hablar tanto de las reivindicaciones empresariales y gubernamentales y discutir sobre las nuestras. El malestar y la indignación se debe transformar en movilización por mucho que el poder establecido se esfuerce por evitarlo. Tenemos que sumar fuerzas en la defensa de un reparto de trabajo y de una jornada laboral de 35 horas sin reducción salarial, la eliminación de las ETTs y los contratos basura. Las empresas privatizadas deben ser renacionalizadas; así como las empresas que cierren, para preservar los puestos de trabajo y todas aquellas que maltraten y pisoteen los derechos de los trabajadores. Debe ser extendida la consigna de la nacionalización de la banca bajo control democrático de los trabajadores y en expropiación de los monopolios y el sector energético. Estas son otras medidas para salir de la crisis, pero a favor de la mayoría social; y pese a que los gobiernos aseguren que no hay margen para el gasto, es evidente que existen recursos para otras medidas por los multimillonarios planes de rescate que se realizan. Pero hay voluntad política únicamente para lo que interesa. Ningún banquero ha rendido cuentas por causar la mayor crisis económica en décadas, en cambio en el primer día de protestas contra las dramáticas decisiones que estaba tomando el G20 en Gran Bretaña, 122 jóvenes estudiantes fueron detenidos en abril de 2009 cuando se manifestaban por una salida justa a la crisis y denunciaban como las ayudas a la banca eran treinta veces superior a la Ayuda al Desarrollo. Además mientras se escribe este artículo están siendo asesinados trabajadores y oprimidos tunecinos y argelinos en unas legitimas y justas protestas contra el aumento de los precios.

No podemos olvidar hay que olvidar que junto a la crisis económica convive desde hace mucho tiempo una tremenda crisis ecológica debido a un modelo productivo y de consumo suicida. Por tanto también es imperiosamente necesario una verdadera y sincera defensa del medio ambiente que salven el planeta, en vez de a los bancos y a este sistema criminal y caduco denominado capitalismo.

Raúl Navas. Militante de Izquierda Anticapitalista y de CGT

Fuente :

http://rebelion.org/noticia.php?id=120177

Fuente Imagen:

https://lh3.googleusercontent.com/cJPnB9ozJjd-X3yJbQXSlhXsiZl7P67GJ8x0Zj5gTSLjLTrZuS2PY6nbfFUCJtJ7Jtns=s85

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