Europa/España/7 de febrero de 2017/Fuente: el país
Los polos populares proponen una materia sobre la Constitución y aumentar la autonomía de los centros para decidir su plan de estudios populares proponen una materia sobre la Constitución y aumentar la autonomía de los centros para decidir su plan de estudios.
El PP propondrá en la ponencia de Educación que llevará a su próximo congreso nacional, del 10 al 12 de febrero, la creación de una asignatura sobre valores constitucionales; el aumento de la autonomía de los centros educativos para decidir sus planes de estudio y horarios y un mayor peso de la formación humanística (historia, filosofía, literatura). Andrea Levy, coordinadora de la ponencia, ha incorporado al texto las enmiendas en ese sentido que ha recibido en las últimas semanas. La primera, entre otros, de Nuevas Generaciones y la segunda, de Esperanza Aguirre. La ponencia sobre Educación, Innovación y Cultura, con 140 propuestas, ha recibido 870 enmiendas. Levy explica que el partido pretende incorporar estas cuestiones al debate sobre el pacto educativo.
La enmienda que propone crear una asignatura sobre valores constitucionales asegura que en España, al contrario que en otros países, la mayoría de los ciudadanos “desconoce” el articulado de la Constitución, por lo que plantea que “durante las etapas obligatorias de la enseñanza” los estudiantes conozcan “los aspectos fundamentales del sistema jurídico, así como de los derechos y deberes”.
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La enmienda de la expresidenta madrileña Esperanza Aguirre, que también ha sido aprobada, defiende la autonomía de los centros educativos para articular los planes de estudio que consideren oportunos siempre que el Estado controle que, al final de los tramos educativos, los alumnos hayan adquirido “unos determinados conocimientos mínimos”. Se argumenta que los centros conocen mejor las necesidades específicas del alumnado, así como su entorno, y que el aumento de autonomía de los centros es una recomendación reiterada de la OCDE para mejorar los resultados porque debe ir unida a la exigencia de una mayor transparencia en la rendición de cuentas. “Tal y como están ahora las leyes, en España hoy no se admitiría un colegio al estilo de que fue el Instituto Escuela de la Institución Libre de Enseñanza”, plantea Aguirre.
En cuanto a las humanidades, las enmiendas aceptadas piden recuperar contenido en humanidades después de que en la última reforma educativa del PP, la LOMCE, marginara asignaturas como Filosofía. “Es imprescindible la formación humanística, basada en el conocimiento sólido de la historia, la filosofía y la literatura. Son un instrumento de formación de una conciencia libre, crítica y reflexiva” y dichas materias “incentivan la creatividad, la libertad de pensamiento y fomentan la oratoria”, añade el texto, que pide que se incluyan dichos estudios “principalmente en la educación secundaria”.onomEl PP propondrá en la ponencia de Educación que llevará a su próximo congreso nacional, del 10 al 12 de febrero, la creación de una asignatura sobre valores constitucionales; el aumento de la autonomía de los centros educativos para decidir sus planes de estudio y horarios y un mayor peso de la formación humanística (historia, filosofía, literatura). Andrea Levy, coordinadora de la ponencia, ha incorporado al texto las enmiendas en ese sentido que ha recibido en las últimas semanas. La primera, entre otros, de Nuevas Generaciones y la segunda, de Esperanza Aguirre. La ponencia sobre Educación, Innovación y Cultura, con 140 propuestas, ha recibido 870 enmiendas. Levy explica que el partido pretende incorporar estas cuestiones al debate sobre el pacto educativo.
Europa/España/7 de febrero de 2017/Fuente: el mundo
Un año después de implantar el protocolo contra el acoso escolar, los centros educativos de las Islas siguen sin tener unas pautas concretas para abordar en concreto el ciberbullying, pese a que año tras año se disparan estas denuncias. Durante el último trimestre del curso pasado 2015-16, los colegios e institutos activaron el protocolo de la Conselleria de Educación 296 veces ante posibles casos de violencia escolar, de los cuales 89 casos (el 29%) estaban relacionados con la violencia en las redes.
«Los expertos dicen que en un año cambia la situación por eso preferimos poner una cosa genérica y que sirva para todos en vez de ir cambiándolo cada año», reconoció ayer la directora del Instituto de Convivencia y Éxito Escolar (ICEE), Marta Escoda, durante la presentación de la memoria del curso 2015-16 del organismo que dirige.
Escoda admitió que cuando se produce un delito, se notifica para que lo trabajen «los que saben de ciberbullying», ya que el protocolo marca pautas «a nivel preventivo» pero no detalla medidas «a nivel de actuación». Pese al incremento de casos, afirmó que su servicio no recibe «demasiadas» llamadas sobre este tema porque estas demandas se realizan a través de los policías tutores.
La Conselleria de Educación se reconoce incapaz de seguir el ritmo vertiginoso al que avanzan las nuevas tecnologías y los delitos relacionados con ellas, y advierte de que no sólo es un trabajo que ocupa a la escuela sino también a la familia. En este sentido, el conseller de Educación, Martí March, insistió ayer en que la concienciación social «es clave» para frenar este tipo de violencias pero cada parte (Servicios Sociales, los policías tutores y las familias) tiene que asumir su «rol».
«Nosotros como conselleria sí tenemos claro que tenemos una responsabilidad clara pero lo que está pasando en la sociedad tiene otros elementos y hay que ver cuál es el papel de cada uno. Eso significa que tenemos que hacer más formación a las familias porque son un elemento claro para que intervengan y sepan cuál es su papel», aseveró el titular de Educación, que se comprometió a mejorar el protocolo cuando le llegue «un feedback» . «El protocolo no es estático y se irá modificando», afirmó sin concretar.
La memoria del Instituto de Convivencia y Éxito Escolar presentada ayer especifica que de los 296 posibles casos de bullying detectados en los centros, casi la mitad (142) se confirmaron como acoso. De ellos, el 70% no fueron especificados, es decir, no responden a alumnado identificado con un rasgo específico (con necesidades especiales, origen cultural, discriminación de género u orientación sexual), por lo que se deduce que «corresponden más a la presión del grupo que a un rasgo específico».
Además, las demandas de los centros al ICEE se duplicó de un curso para otro en el primer año de aplicación del protocolo contra el acoso escolar. El informe constata que con el paso de los años hay un incremento de las conductas violentas mientras que, paradójicamente, la media de expedientes abiertos por centro ha ido decreciendo.
La directora del ICEE interpreta este aumento como un signo del interés de los centros educativos por sacar a la luz estos casos porque se «preocupan», aunque lamentó que «en cada colegio o instituto hay al menos un caso de acoso escolar».
De los datos extraídos de la memoria del ICEE durante el curso 2015/16 se constata que el 97% de los centros educativos de Baleares tienen Planes de Convivencia y que, además, se han incrementado las horas de reunión de las comisiones de convivencia. El aspecto más destacado del curso pasado fue el incremento de demandas de asesoramiento. En total se organizaron 67 formaciones, 39 más que en el curso anterior. El 85% (57), a los docentes y el resto a otros miembros de la comunidad educativa.
La herencia teórica en la forma de enseñar y la falta de innovación por parte de las facultades son algunos de los frenos.
Ya existe un boceto de cómo será la escuela en el año 2030. Los conocimientos académicos ya no serán tan importantes y se valorarán mucho más las habilidades personales, la capacidad de empatizar con los demás o de tomar decisiones. El rol del profesor ya no será el de transmitir sus conocimientos al alumno, sino el de actuar como guía para que el propio estudiante construya los contenidos a partir de diferentes fuentes. Los métodos de enseñanza tendrán como base la creatividad y la metodología será cada vez más personalizada. Cada niño aprenderá según sus necesidades.
Ese es el escenario descrito por 1.550 profesores, estudiantes y responsables políticos en materia de educación de la organización WISE (la Cumbre Mundial por la Innovación en Educación, en sus siglas en inglés), creada en 2009 por la Fundación Qatar. Según las encuestas La escuela en 2030 (2014) y Conectando la educación con el mundo real (2015), el principal desafío al que se enfrentan los sistemas educativos en diferentes países del mundo es la calidad de los profesores. Según los expertos de WISE en España, el aprendizaje basado en proyectos es uno de los mayores retos para la escuela tanto en primaria como en secundaria.
¿Está preparado el grado de Magisterio para formar a los futuros profesores de acuerdo con esos cambios? Hasta la fecha no hay estudios que respondan a esa pregunta. Lo más cercano a la realidad son las opiniones de algunos docentes universitarios de diferentes campus españoles.
Carmen Alba, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense desde 1987, cree que muchas de las clases que se imparten hoy se parecen a las de hace 20 años. «Tenemos una herencia muy teórica. Puede haber profesores más pragmáticos, pero no sabemos si los alumnos están aprendiendo o no métodos más innovadores». Considera que el plan de estudios de los grados en Maestro en Educación Infantil y Primaria -nombre de la carrera de Magisterio tras la llegada del Plan Bolonia– tiene dos grandes lagunas: la competencia digital y la formación en atención a la diversidad. En su universidad ninguna de esas materias es obligatoria. “Todo maestro tendría que ser alfabetizado en cultura digital y es una asignatura optativa. Además, los niños tienen diferentes velocidades de aprendizaje y esa competencia no se está trabajando”, explica.
Entre los casi 300 profesores de los grados de Educación que se imparten en la Complutense, muchos están liderando proyectos de innovación docente, pero el principal freno, sostiene Alba, es que no existe un proyecto impulsado por la Facultad. «Para que las cosas cambien hace falta que se lance un plan estratégico desde la propia institución y que ésta defina qué tipo de profesor quiere formar». Por el momento, existe una comisión de calidad para cada uno de los títulos, pero solo evalúa si los contenidos se ajustan a la normativa y no la forma en que se enseña a los alumnos. «La evaluación tendría que ser de carácter pedagógico y no tan burocrática», critica Alba.
Daniel Ballesteros (i), María Iturzaeta y Daniel Figueras en la cafetería de la Facultad de Educación de la Complutense.
En la cafetería de la Facultad, tres alumnos de tercero del grado en Educación Primaria lamentan que las clases sigan el sistema tradicional. «No te dan ganas de venir, cada profesor se centra en dar su asignatura y no se preocupan de que aprendas a dar clase. Es todo muy monótono, una repetición de lo que ya dimos en el instituto», cuenta María Iturzaeta, de 21 años. En dos meses de prácticas ha aprendido más que en los casi tres años de carrera. «No utilicé nada de lo que he aprendido aquí».
Su compañero Álvaro Ballesteros, de 24 años, cree que el profesor sigue estando en un pedestal y que los alumnos solo escuchan. «Hay muy pocos profesores que hablen de la necesidad de innovar y de darle la vuelta a la enseñanza. Las asignaturas de didáctica, que son las que más nos interesan, son muy teóricas». «Te hacen memorizar papeleo», añade Daniel Figueras, otro estudiante de 21 años.
El aprendizaje basado en proyectos es uno de los mayores retos para la escuela tanto en primaria como en secundaria
Para David Reyero, profesor del grado en Educación Infantil de la Complutense desde hace 16 años, el problema de la innovación educativa en el sistema público es que no se tiene claro qué tipo de escuela se quiere. «A diferencia de lo que sucede con la privada, que está en continuo cambio para atraer a nuevos alumnos, aquí no hay presión externa que obligue a salir de lo que se está haciendo». La Universidad es, en su opinión, un elefante que se mueve de forma muy lenta, casi por inercia, al que le falta conexión con los colegios para conocer qué necesitan. «Esa es una de las líneas que habría que potenciar, analizar lo que está sucendiendo en las aulas para modificar el programa académico de los grados».
Lo que está claro, según los expertos consultados, es que el sistema educativo está agotado y no da más de sí. «La escuela tradicional es un aburrimiento y por eso hay tanto fracaso. En las pantallas los niños están aprendiendo de forma autodidacta y luego llegan a clase y chocan contra un sistema decimonónico», apunta Mariano Fernández Enguita, profesor de la Complutense.
En su libro La educación en la encrucijada, señala que la baja exigencia en las facultades de educación contribuye a la poca preparación con la que salen los profesores. «Los estudiantes de Educación se gradúan con la nota media más alta de los ocho grandes grupos de titulaciones (7,57 frente al 7,36 medio), mientras que su nota media de acceso está por debajo de la media (en 2013 fue de 7,5 para Infantil, por debajo del 8,37 del resto de grados). Hay dos interpretaciones: las facultades de Educación son las más eficaces o son menos exigentes», señala.
Muchas de las clases que se imparten hoy en las facultades se parecen a las de hace 20 años
Falta de reflexión en la Universidad
«El problema somos nosotros, que no tenemos competencias para formar a los docentes del futuro», asegura Nines Gutiérrez, coordinadora del grado en Educación Primaria de la Universidad Autónoma de Madrid. «Vamos siempre detrás de lo que dicta la industria en lugar de fijar las reglas desde las universidades. Empresas como LEGO lanzan un robot y en los colegios se crea la asignatura de robótica para enseñar a los niños a programarlos». Está claro que la programación fomenta la creatividad y ayuda a estructurar la mente, sostiene Gutiérrez, pero la reflexión de qué tipo de profesor y enseñanza se quiere debería nacer en la Universidad. «La Administración elabora rankings de las mejores universidades, pero ¿qué se hace con esos resultados? No se analizan los errores para intentar mejorar».
Con el objetivo de acelerar el proceso de cambio educativo y crear nuevas propuestas didácticas y metodológicas para la enseñanza universitaria, la Universidad Rey Juan Carlos lanzó hace casi un año el Observatorio para el estudio y desarrollo de innovaciones en el ámbito educativo, en el que ya participan 60 docentes de diferentes especialidades. «La sociedad ha evolucionado mucho y la educación no. La clave está en las facultades de Magisterio y pese al problema del corsé legal para la configuración de los grados, la innovación es nuestra responsabilidad», apunta Pilar Laguna, directora del Observatorio.
La clave es involucrar a docentes en investigaciones ligadas a la innovación y llevar los resultados a las aulas para que los alumnos participen en el cambio de paradigma educativo. En septiembre de 2015, el porfesor de la URJC Jesús Paz-Albo inició junto a investigadores de la Universidad de Washington un estudio para mejorar el rendimiento de los estudiantes en el aprendizaje de matemátcas. Sus alumnos del grado en Educación Primaria e Infantil están a punto de conocer las técnicas para conseguir que los niños se motiven al aprender con números. «Estamos trabajando con colegios en Estados Unidos y esa experiencia nos hace tomar conciencia de lo que pasa en las aulas. Hay que modificar la forma de enseñar, si no seguiremos teniendo los mismos resultados». El primer paso es, según este equipo de investigadores, conseguir un cambio de actitud en el profesorado.
Califican la situación de «tragedia nacional» y reclaman medidas urgentes.
Los continuos recortes en la enseñanza en Italia terminan por crear un país de analfabetos «funcionales». Los profesores de Universidad han dado la voz de alarma porque, a la hora de corregir la tesina de fin de carrera para la licenciatura, deben utilizar el lápiz rojo para corregir un sinfín de faltas de sintaxis y de ortografía. Desde hace tiempo los profesores universitarios denuncian las carencias lingüísticas de sus estudiantes (gramática, sintaxis, léxico), con errores apenas tolerables en tercera elemental. Con el intento de poner remedio, algunas universidades han organizado incluso cursos de recuperación de lengua italiana. Esta es la «situación preocupante» que han decidido denunciar en una carta enviada al gobierno 600 profesores de las universidades italianas, incluyendo historiadores, filósofos, sociólogos, economistas y académicos.
«Quien habla mal, piensa mal y vive mal. Es necesario encontrar las palabras justas: Las palabras son importantes». Esta es una frase de un personaje de la película «Palombella rossa» (1989) de Nanni Moretti, que hoy se evoca para denunciar las condiciones de semianalfabetismo de una parte de los universitarios italianos. De ahí que en la carta firmada por 600 profesores, dirigida también al Parlamento, se propongan al gobierno algunas líneas de actuación, para consolidar competencias básicas durante los «ocho años del primer ciclo escolar», es decir, en la escuela elemental y media: «Dictado ortográfico, resumen del texto, comprensión de la lectura, conocimiento del léxico, análisis gramatical y escritura a mano», son algunos de las exigencias que según los profesores deben de instalarse en las escuelas.
«Tragedia nacional»
Entre los comentarios que algunos profesores han hecho a la carta, uno de ellos habla incluso de «tragedia nacional»: «Aproximadamente tres cuartas partes de los estudiantes del primer ciclo de la Universidad (tres años) son de hecho semianalfabetos. Es una tragedia nacional que no percibe la opinión pública, ni los medios informativos ni naturalmente la clase política», afirma un profesor universitario. Otro cuenta una experiencia insólita viajando en tren: «Encontré una estudiante que no sabía cuál era la “penúltima” letra del código de reserva de su billete».
Los datos que aportan los 600 profesores pueden ser sorprendentes, pero quizás no lo sean tanto si tenemos en cuenta la investigación que publicó hace tres semanas «La Stampa», afirmando que entre el 70 y el 80% de los italianos son «analfabetos funcionales». Es decir, son personas que leen, discuten, escuchan, resuelven sus asuntos sin aparente dificultad, pero son analfabetos «funcionales», encontrándose en un área que está por debajo del nivel mínimo de comprensión en la lectura o en la escucha de un texto de media dificultad. El 5% de la población italiana es todavía hoy analfabeta estructural, «incapaz de descifrar letras o cifras». «Se trata de un problema no solo italiano. La evolución de las tecnologías electrónicas y la sustitución del mensaje escrito con el de iconos está modificando un poco en todas partes el nivel de comprensión.
Sin abrir un libro: 18,6 %
Con números en la mano, 23 millones de italianos, casi el 40% no tiene ningún título de estudio o, al máximo, el de la escuela elemental. Solo el 20% de los italianos es consciente de su propio papel social, capaz de usarlo con pleno control en la interrelación con cualquier acto público o privado. Otro dato llamativo es que el 18,6 por 100 de los italianos no abrió un libro o un periódico el pasado año, ni fue al cine o a un concierto, según datos ofrecidos por el Instituto Oficial de Estadística (Istat).
A la vista de estos datos, el académico y profesor de Ciencias Políticas, Angelo Panebianco, escribía este pasado viernes en el semanario «Sette»: «Estos datos hablan del fracaso de las escuelas italianas. El tema merecería que fuera tratado como una emergencia nacional». El profesor Panebianco subraya con ironía que teniendo en cuenta que «en la democracia con el tiempo las distancias sociales y culturales entre electores y clases políticas y administrativas tienden a reducirse, cabe sospechar que algún analfabeto funcional se ha instalado en los palacios públicos y administrativos». En otras palabras, el profesor Panebianco concluye que habrá habido gente en la administración pública y en la clase política que ha intentado leer el citado informe sobre el analfabetismo pero seguramente no lo ha comprendido.
España/06 febrero 2017/Coordinadoras: Marcela Lagarde y Amelia Valcarcel/Fuente: Mujeres en Red
La obra reúne autoras de varias generaciones, algunas con una participación de más de cuatro décadas en diversos movimientos democráticos de los que se han nutrido y a los que han influido.
Todas están activas en el presente con temas como el que nos presentan en este volumen y muchos más. Entre ellas hay filósofas, juristas, sociólogas, antropólogas, politólogas, psicólogas, abogadas y pedagogas. Son académicas, profesoras e investigadoras de prestigiosas universidades. Han tenido un papel significativo en los movimientos civiles y políticos, en la apertura de espacios para las mujeres y para el feminismo, así como en la creación de instituciones en sus países y en el mundo. Varias de ellas gobiernan o trabajan como expertas en instituciones nacionales e internacionales. Son referentes teóricas y políticas, impulsoras de alternativas plasmadas en agendas civiles, de gobierno y del entramado del mundo global.
Para leer, descargue aqui: http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/PensamientoIbero9.pdf
La portavoz de Igualdad del PSOE en el Senado, Laura Berja, ha registrado en la Cámara Alta una moción para reclamar al Gobierno que garantice «la formación en igualdad» entre mujeres y hombres a todo el alumnado de Primaria, ESO y Bachillerato, una iniciativa que se debatirá en la Comisión de Igualdad.
En una nota, Berja ha explicado que «es una realidad aceptada socialmente considerar que la educación en igualdad entre mujeres y hombres es la única estrategia eficaz para prevenir y combatir la violencia de género».
A este respecto ha añadido que «para trabajar hacia una sociedad igualitaria donde las relaciones afectivas no sitúen a las mujeres en una situación de inferioridad, es imprescindible incorporar la educación en igualdad en todos los ámbitos educativos y en las instituciones pedagógicas de todos los niveles».
Berja ha lamentado que el Gobierno del PP ha considerado «innecesario» apostar por políticas educativas igualitarias y, en los últimos años, ha implantado «una estrategia de descrédito y erradicación hacia instrumentos enormemente válidos como la asignatura de Educación para la Ciudadanía».
A través de esta iniciativa, Berja ha solicitado al Ejecutivo que impulse la inclusión en los Máster obligatorios para el profesorado de secundaria todos los contenidos y la metodología adecuada para que el alumnado adquiera «la competencia básica social y ciudadana», a la que hace referencia el desarrollo de la convivencia en igualdad entre hombres y mujeres.
También ha pedido que se establezca formación inicial obligatoria sobre coeducación, igualdad de género y violencia de género para profesores de todos los niveles educativos, en la carrera de Magisterio o en el Máster de Educación Secundaria necesario para impartir clases.
COEDUCACIÓN COMO «CRITERIO BÁSICO DE CALIDAD»
Además, la senadora socialista ha reclamado que se introduzca la coeducación como «un criterio básico de calidad en los programas de innovación y de mejora de la calidad de los centros escolares».
Por otra parte, la socialista ha propuesto potenciar, dentro de los programas de ayudas a las federaciones y asociaciones de Padres y Madres del alumnado, los referidos a la formación de las familias en temas de igualdad, fortaleciendo la concienciación de su papel en el ámbito de la educación en igualdad.
Por último, ha hecho hincapié en la necesidad de recuperar las asignaturas de ‘Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos’ y ‘Educación Ético-Cívica’, tal y como recomendó el Consejo de Estado, así como impulsar medidas para mejorar la educación para la igualdad y prevención de la violencia de género en todas las etapas educativas.
Mora es doctor en Medicina, doctor en Neurociencias y catedrático de Fisiología Humana. Autor del libro ‘Neuroeducación, sólo se puede aprender aquello que se ama’.
Qué hace que en una clase llena de alumnos atentos, en la que el profesor está explicando un tema determinado, los alumnos, sin excepción, cambien su foco de atención desde el profesor y lo que explica, hacia una jirafa que entrara en la clase por una puerta, y tras pasearse por detrás de él, saliese por otra? ¿Qué despierta la jirafa que no tenga el profesor? Despierta simplemente curiosidad, uno de los ingredientes básicos de la emoción. La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación de conocimiento.
Hoy comenzamos a saber que nadie puede aprender nada, y menos de una manera abstracta, a menos que aquello que se vaya a aprender le motive, le diga algo, posea algún significado que encienda su curiosidad. Para aprender se requiere ese estímulo inicial que resulte interesante y nuevo. Y es entonces cuando se enciende la atención de un modo poderoso. Precisamente el juego es, en los primeros años, la conducta que desarrolla el niño para aprender con el estímulo de la curiosidad. Todos los maestros y educadores, particularmente de escuela primaria pero también profesores de secundaria o de más altos niveles de docencia, buscan encontrar la fórmula docente que les permita encender, captar la curiosidad de los alumnos en la clase. ¿En qué medida la neurociencia podría descubrir esta forma curiosa de aprender en la estructura de los propios colegios?
Lo cierto es que en el ser humano la curiosidad, ese deseo de conocer cosas nuevas, es el que lleva a la búsqueda de conocimiento no sólo en general, sino en el contexto del colegio, las universidades o en la investigación científica. Así pues los circuitos cerebrales que se activan ante ciertos estímulos que encienden la curiosidad son aquellos que anticipan y adelantan la recompensa, o si se quiere el placer, y por tanto residen en el sistema límbico o emocional.
Hoy sabemos que una buena educación produce cambios profundos en el cerebro que ayudan a mejorar el proceso de aprendizaje posterior y el propio desarrollo del ser humano. Hoy también sabemos la importancia que tiene proyectar mejores escuelas con mucha luz, control de la temperatura y del ruido, es decir el diseño del colegio mismo (neuroarquitectura), lo que rodea su entorno y desde luego la cultura en la que se vive. En este contexto, ya se empieza a hablar de la necesidad de extraer los conocimientos que aporta la neurociencia cognitiva y la psicología cognitiva y llevarlos a las aulas con la finalidad de aprender y enseñar mejor, es decir, hacerlo de una manera más eficiente, nueva y diferente de como hasta ahora se ha hecho utilizando nuevas estrategias.
Porque, ¿qué sabemos del cerebro cuando aprende y cómo lo hace? ¿Qué sabemos del cerebro cuando enseña y cómo lo hace? ¿Qué funciones cerebrales conocemos hoy esenciales en la transmisión del conocimiento, es decir, aplicables a la enseñanza? ¿Qué daños psicológicos cerebrales siquiera sutiles impiden o dificultan el aprendizaje de los niños? Son preguntas que todavía no se pueden contestar con propiedad, pero sí esbozar algunas respuestas nuevas. En cualquier caso, hoy es bien cierto que la neurociencia comienza a aclarar los ingredientes neuronales de lo que conocemos como emoción, curiosidad, atención, conciencia, procesos mentales, aprendizaje, memoria y consolidación de la memoria. Por ejemplo, sabemos que lo que llamamos atención no es un fenómeno singular y único sino que se refiere a procesos cerebrales diferentes según los estímulos que se reciben y a los que prestamos interés. Conocer todos esos ingredientes de la atención en términos neurobiológicos y educativos puede ayudar a conocer los tiempos reales y los componentes reales necesarios para poder adecuar las enseñanzas a cada edad y hacerlas más efectivas y eficientes.
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