Un 90% de las escuelas finlandesas ya han aplicado el denominado método Kiva, un programa educativo que quiere combatir el acoso escolar persiguiendo tres objetivos: prevención, intervención y supervisión. A través de este programa, que ya ha sido exportado a numerosos países, los alumnos aprenden a sembrar empatía con sus compañeros, reconocer el ‘bullying’ y saber cómo actuar.
El Ministerio de Educación de Finlandia ha creado un innovador método para acabar con el ‘bullying‘ que ha se ha exportado a otras partes del mundo, como Francia, Estados Unidos, Bélgica, Reino Unido, Holanda e Italia.
Se trata del método Kiva, diminutivo de Kiusaamista Vastaan («Contra el acoso escolar» en finlandés), y ya lo aplican el 90% de las escuelas del país. Sus impulsores defienden la teoría de que el acoso es problema de grupo y, por tanto, su prevención pasa por «influir en las normas de grupo».
El programa fue implantado por el Ministerio en 2007 ante la creciente preocupación por el acoso escolar en sus escuelas. Con el objetivo de poder erradicar este problema, el Gobierno encargó un análisis completo de la situación a un equipo de expertos en psicología infantil para que elaboraran un informe que pusiera fin a estos casos.
Dicho método se imparte en alumnos a lo largo de tres etapas de su vida: a los 7, los 10 y los 13 años de edad. En ese tiempo, se les imparten veinte clases donde aprenden a reconocer qué es el acoso escolar a través de una serie de juegos.
En caso de que se detecte el acoso a un alumno, un equipo de profesores -conformado por los docentes que el director del centro escolar elija en virtud de su experiencia en materia de violencia escolar o en estudios de comportamiento de grupos, entre otros conocimientos -controla el proceso y se encarga de entrevistarse con la víctima, así como con el o los acosadores. Partiendo de ahí, determinarán cuándo es el mejor momento para comunicarles lo sucedido a sus respectivos padres. Es por esto que la comunicación entre docentes y tutores es primordial.
La labor y seguimiento de este equipo está supervisado por especialistas de la Universidad de Turku, impulsora del método. Además, los centros que aplican esta metodología, disponen de un sistema online para denunciar casos de acoso escolar de forma anónima.
Así se definen los tres pilares sobre los que se sustenta esta teoría: Prevención (concienciar a todos los alumnos sobre el acoso escolar, no solo a los agresores), Intervención (pautas de actuación ante un caso de ‘bullying’ para la víctima y el acosador) y Supervisión (una herramienta digital evalúa el trabajo del centro educativo cuando se producen estos casos).
Estrategias de actuación a través de la formación
Kiva se basa en tres líneas generales sobre la formación de los implicados ante situaciones de acoso en colegios:
Formar a los docentes sobre estrategias y metodologías para prevenir, intervenir y detectar casos de acoso en las aulas.
Formar a los alumnos para fomentar la empatía entre los compañeros y que los alumnos puedan reconocer sus propios sentimientos y los de los demás y, de esta manera, poder actuar en consecuencia.
Formar a los padres a través de información sobre cómo actuar ante un caso de ‘bullying’, saber prevenirlo y mantener el contacto con la escuela.
Además de la teoría y la práctica, el método finlandés incluye otro tipo de formatos más interactivos, como vídeos, manuales, presentaciones y juegos.
Un colectivo de mujeres de la comarca de Molina de Aragón reivindica la vida en el medio rural teniendo como base el cooperativismo
Un colectivo de mujeres de la comarca de Molina de Aragón ha puesto en marcha La Artesa, una iniciativa que reivindica la vida en el medio rural, el cooperativismo y el emprendimiento para evitar la despoblación y la demotanasia. «Estamos vivas, buscando alternativas» es lo que exponen en un elocuente video que está resonando en las redes sociales.
“Estamos vivas, buscando alternativas” es un clamor expresado por un grupo de mujeres de la comarca de Molina de Aragón que desde 2016 reivindican la vida en el medio rural, los recursos endógenos y el territorio en el que habitan bajo la filosofía del cooperativismo y la unión de personas en el camino del emprendimiento.
Se trata de una reivindicación basada en la convicción de que las sociedades no pueden vivir sin los pueblos: no hay paisaje sin paisanaje. El colectivo se llama La Artesa y aglutina en la actualidad a un total de 215 mujeres del medio rural.
Desde su puesta en marcha, La Artesa ha generado 32 espacios de encuentro entre emprendedoras y mujeres del medio rural, implicado a 10 mujeres en redes locales de comercialización y realizado 10 diagnósticos para la identificación de necesidades e de ideas de negocio en sus respectivos entornos. A través de la Fundación Cepaim que acoge el proyecto, los colectivos se distribuyen por no sólo por Molina de Aragón, sino también por Soria, Salamanca y Ciudad Real.
Potenciación de la mujer rural
La Artesa pretende que las mujeres participantes adquieran y desarrollen los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que mejoren su empleabilidad a través de asesorías individuales y grupales, acciones formativas, encuentros de intercambio de experiencias y buenas prácticas, participación en redes de comercialización, mejora de competencias sociales, laborales y personales, como la creatividad, la autonomía y la autoconfianza.
Estas mujeres emprendedoras se dedican al sector artesano, agroalimentario y sector servicios y se han unido gracias al proyecto La Artesa para facilitar y mejorar sus emprendimientos, generar sinergias entre ellas, y compartir recursos, conocimientos y apoyo emocional.
Todas han ido tejiendo una red de apoyo y a partir de la cual quieren seguir creciendo. Prueba de ello es el video que han elaborado, “Rumba rural”, un trabajo comunitario y participativo en el que demuestran la fuerza de la unión, el mensaje positivo y motivador de vivir en el pueblo, dan a conocer lo que hacen, reivindican de manera creativa a través del arte el potencial humano y la calidad de vida que hay en el medio rural, con la finalidad de repoblar los pueblos.
Consideran que una de las prioridades de la política local, regional, estatal, y europea debe ser la actuación sobre los territorios vacíos, ya que en muchas regiones de España y Europa el desequilibrio territorial es insostenible.
Alarmante riesgo de demotanasia
Ana Lamas, una de las mujeres protagonistas del proyecto La Artesa y Miembro Directiva del Club Nuevo Mundo, explica que mientras se masifican determinados núcleos urbanos, la despoblación y el riesgo de demotanasia de gran parte del territorio es alarmante. “Corregir este desequilibro y custodiar el territorio, es una misión que corresponde al paisanaje en su totalidad, al de las urbes y al de los pueblos”, añade.
Pone como ejemplo la España Vacía que refirió en su ensayo Sergio del Molino y plantea la necesidad urgente de actuación en el equilibrado territorial la Serranía Celtibérica, el territorio más desarticulado de Europa, que abarca zonas de 10 provincias españolas en inminente riesgo de desaparición, portadoras de una cultura milenaria que se pretende sea reconocida por la UNESCO como “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”.
El medio rural ha ido evolucionando y transformando la realidad social que lo define, generando una población envejecida y masculinizada y una pérdida progresiva de población.
Por ello que son necesarias medidas e iniciativas de desarrollo rural, en las que se prime la incorporación sociolaboral de las mujeres rurales. La Artesa es un referente del camino a seguir para frenar la despoblación y construir el futuro a partir del potencial local y la gestión de las mujeres rurales, recuperadas para el progreso.
Europa/España/10 Enero 2019/Fuente: El diario la Educación
El cine de animación no es solo cosa de niños. Os presentamos una selección de películas españolas que puede disfrutar toda la familia.
Más allá de la factoría Disney, cuyas películas de animación están mayormente dirigidas a un público infantil, la industria de la animación, y, en este caso concreto, la española, abarca a más tramos de edad, por sus variadas temáticas que van desde la denuncia social, el respeto a lo diferente, a los derechos humanos, hasta la exaltación de valores como la amistad, la tolerancia o el cuidado del medio ambiente.
Detrás de muchas historias de aventuras, con el viaje del héroe como esquema narrativo, se esconde un amalgama de contenidos que promueven el respecto al otro, como principio de convivencia, enfocado al público de todas las edades.
El cine, como ventana al mundo, sirve de herramienta de conocimiento de lo que nos rodea y, la animación, casi como la magia, permite representar la realidad y la imaginación a través de infinitas y muy distintas técnicas.
Para un amplio espectro de público, que abarca desde la infancia hasta la tercera edad, existe un buen número de películas españolas de animación que emocionan, entretienen y permiten realizar una reflexión sobre nosotros y nuestro lugar en el mundo. He aquí un recorrido por esos títulos imprescindibles.
El Hotel Eléctrico (Segundo de Chomón, 1908)
Uno de los primeros títulos emblemáticos del cine mudo español, firmado por el director turolense, que anticipa el cine de animación a través del uso de trucos de magia, sumado a una imaginación desbordante y la creación de una técnica que supuso una gran aportación al cine: el paso de manivela (la apariencia de movimiento de objetos estáticos a través de una serie de imágenes fijas sucesivas).
Además del rendimiento técnico, el director sacó también provecho a un argumento muy desarrollado (a diferencia de sus anteriores trabajos) que habla sobre las bondades y los males del progreso técnico, proponiendo un relato moderno y muy innovador.
Chico y Rita (Tono Errando, Javier Mariscal y Fernando Trueba, 2010)
Historia de amor, situada en la Cuba de finales de los años cuarenta, entre un pianista de jazz y una joven que aspira a ser una gran cantante. La pasión por la música de Fernando Trueba y el dibujante Javier Mariscal les une para ofrecer una retrato sensual, recreando las ciudades de La Habana y Nueva York en esos años de esplendor del jazz.
La película, que se alzó con el Goya a la mejor película de animación en 2011, utiliza una animación poco convencional, en la que destaca el detalle, tomando como base los dibujos originales de Mariscal. El filme ofrece un retrato muy realista de las calles y locales de La Habana, gracias al trabajo previo de los codirectores que estuvieron cuatro semanas filmando en la capital cubana, captando el ambiente así como el movimiento y gestos de sus gentes, para trasladarlos a la película, dotándola de mayor autenticidad.
Arrugas(Ignacio Ferreras, 2011)
Basado en el cómic homónimo de Paco Roca (Premio Nacional del Cómic 2008), este largometraje de animación 2D, cuestiona temas sociales tan vitales como el ostracismo al que se relega a los ancianos y su aislamiento del mundo, sirviendo como telón de fondo de una sensible y entrañable historia de amistad en un geriátrico. La película, que cuenta con la colaboración en el guion del propio Paco Roca, obtuvo dos Premios Goya en 2012 (mejor guion adaptado y mejor largometraje de animación).
Un día más con vida (Raúl de la Fuente, Damian Nenow, 2017)
Avalada por multitud de reconocimientos internacionales, entre ellos, el premio a la mejor película de animación en los European Film Awards, el filme hispanopolaco es la historia del conmovedor viaje de tres meses que el prestigioso reportero Ryszard Kapuściński realizó a través de una Angola devastada por la guerra, en 1975. El largometraje de animación, que alterna imagen real, incluyendo entrevistas a los supervivientes, está basado en el libro homónimo de Ryszard Kapuściński en el que el periodista narra el drama humano de la guerra. Un día más con vida borra las fronteras entre el documental y la ficción sumergiéndonos en la psicología del célebre reportero y ofreciéndonos los testimonios de aquellos que vivieron los desastres del conflicto bélico en primera persona.
Buñuel en el laberinto de las tortugas (Salvador Simó, 2018)
Basada en el cómic homónimo de Fermín Solís, la película que producen Manuel Cristóbal, José Fernández de la Vega y Javier Espada, como productor asociado, se estrenará en España el 26 de abril de 2019, precisamente el mismo día en que Buñuel estrenaba en Madrid Las Hurdes: tierra sin pan, en 1933. El filme, que sirve de homenaje al director turolense, sitúa la historia a finales de los años veinte y principios de los 30, cuando Luis Buñuel era un joven director de cine que estaba afianzando su carrera a pesar de que sus filmes fueran incomprendidos en esa época. La película de animación 2D, recrea el universo buñuelesco trasladando los elementos propios del estilo y la personalidad del cineasta: el surrealismo, el sentido del humor y su devoción por sus amigos. Una oportunidad única de acercarse a una de las figuras más importantes de nuestro cine.
Si este recorrido nos transporta a un cine dirigido prácticamente a todos los públicos, también la animación explora tramas destinadas exclusivamente a adultos. Un ejemplo reseñable es Historia de amor y masacre (Jordi Amorós, 1979), primera película de animación española para adultos contada en siete episodios con historietas de los más destacados humoristas gráficos del momento como Gila, Chumy Chúmez o Ja.
Mucho más reciente en el tiempo es Psiconautas, los niños olvidados, de Alberto Vázquez, ganadora del premio Goya a la mejor película de animación en 2016, y basada en un cómic del mismo autor. Se trata de una historia teñida de una fuerte crítica social que se desarrolla en un mundo oscuro y desolador. Una apuesta por reflejar algunos males sociales, por ejemplo y en palabras de su director, los estragos causados por las drogas en la Galicia de los años 80.
La inteligencia artificial (IA) marcará el futuro de la humanidad, aunque todavía falta responder a muchas de las preguntas que plantea. Lasse Rouhiainen sonríe cuando se le plantean estas dudas. Finlandés afincado en Alicante, es experto en nuevas tecnologías, videomarketing y marketing digital y acaba de publicar “Inteligencia artificial. 101 cosas que debes saber hoy sobre nuestro futuro” (Alienta), ensayo que intenta poner un poco de luz.
– ¿Con vehículos autónomos sería más fácil circular por las ciudades?
Sí porque un coche autónomo sabe dónde está otro coche autónomo y sabe por dónde tiene que ir. Aprende y se lo comunica a los demás.
– Sería una gran solución.
Pero no sé cuándo lo vamos a tener. En Finlandia hay un autobús robot, pero con una ruta muy fácil. Cuando empezaron a probarlo se decía en broma que era mejor ir caminando porque era más rápido. La misma tecnología se puede aplicar a los camiones: ir desde un almacén a las afueras de Madrid a otro que está a las afueras de Alicante es relativamente fácil. Es más complicado cuando se tiene que meter en las ciudades. Estas largas distancias sin complicaciones son fáciles.
– Habrá mucha gente que se quede fuera del mundo laboral por la irrupción de la inteligencia artificial. ¿Es preocupante?
Sí, pero al mismo tiempo se van a crear muchos puestos de trabajo que ahora desconocemos. Necesitamos tiempo para aprender y con la IA se va a hacer más rápido. Es necesario crear un sistema de educación para adultos como tenemos para niños.
– ¿En qué puede perjudicar más la inteligencia artificial?
En las relaciones sociales porque cada vez hacemos más cosas con el móvil. En países como Estados Unidos o en Finlandia, la gente va menos a la calle. Los jóvenes han desarrollado una dependencia hacia el móvil que, a su vez, está creciendo. Dentro de unos años van a hacer casi todo y la adicción puede ser mayor.
– Los países con más vida en la calle con amigos y familia, ¿estamos más protegidos?
Creo que sí. En mi país se ha perdido eso de comer en familia los domingos, por ejemplo.
– Se habla mucho de la ética y la inteligencia artificial. ¿Cómo podemos enseñarla?
Teniendo una mirada crítica y no aplicando una tecnología y ya está. Pensar si el algoritmo funciona y teniendo en cuenta que la ética es fundamental y en Europa lo sabemos, más que en Estados Unidos. La gente está cansada de que haya empresas que usen sus datos privados, que los vendan. Y España puede aportar mucho.
– ¿En qué sentido?
Hay un gran mercado. España debe darse cuenta de las opciones que tiene en América Latina. Aprecian que se dé más importancia aquí a la ética que los estadounidenses.
– Hay programas de inteligencia artificial que reconocen fácilmente a los pasajeros de un aeropuerto.
Y es bueno, si se usa bien para detectar terroristas. Pero también queremos saber qué pasa con esa información que tienen sobre mí. De ahí la importancia de la ética.
– Emiratos Árabes Unidos y Dinamarca tienen asesores en los gobiernos sobre IA, ¿por qué cree que esta figura es fundamental?
Porque no se puede imaginar un Gobierno que no escuche a los científicos en este campo como escucha a líderes en educación o en agricultura.
– Su país, Finlandia, tiene el mejor sistema educativo del mundo, ¿cómo puede impactar la inteligencia artificial?
Ya está cambiando cosas. La Universidad de Haaga-Helia, por ejemplo, va a comenzar a dar microcursos y en dos años se va a dejar de llamar universidad para llamarse plataforma de aprendizaje. Implica que tú puedes entrar y salir, entrar y salir.
– Dos años es poco tiempo.
No solo eso. Esta universidad es de ciencias y lo que ha hecho, con otras dos universidades, es tomar todos los anuncios de puestos de trabajo y crear una máquina de inteligencia artificial. Les informa qué necesita el mercado laboral y lo cotejan con todos los cursos que se da en la universidad. Con esto puedes crear un mapa y puedes ver qué se enseña y qué no y qué se necesita. Tenemos información en tiempo. La inteligencia artificial va a democratizar la educación.
– ¿Es el principal beneficio de la inteligencia artificial?
Sin duda. Podemos llevar la educación a África y crear emprendedores.
– ¿Y el peor?
Armamento automatizado. Espero que se encuentren soluciones para esto.
El Observatorio, formado por nueve ministerios, actuará para reducir la brecha de género en los ámbitos científico, tecnológico, de innovación y universitario.
Se ha constituido el Observatorio ‘Mujeres, Ciencia e Innovación’ para la Igualdad de Género (OMCI), creado el pasado 23 de noviembre por el Consejo de Ministros. El objetivo de este órgano es analizar la situación de las mujeres en el ámbito de la investigación y la innovación, fomentar la realización de políticas públicas y actuaciones de igualdad de género, y promover la mejora de la situación de las mujeres en el sistema español de Ciencia, Tecnología e Innovación.
El Observatorio, que nace para combatir cualquier discriminación por razón de sexo, es un órgano colegiado interministerial que integra a nueve ministerios a nivel de Dirección General, y está presidido por la secretaria de Estado de Universidades, Investigación, Desarrollo e Innovación, Ángeles Heras.
En las universidades y Organismos Públicos de Investigación (OPIs) existe una importante segregación de género, sobre todo vertical (el denominado techo de cristal): solo el 21% de las cátedras de universidad estaban ocupadas por mujeres en el curso 2016-2017 y solo hay un 25% de profesoras de investigación en los OPIs. También hay datos que evidencian la segregación horizontal, con solo un 24% de mujeres entre el personal investigador de Ingeniería y Tecnología en universidades y un 36% en el área de Ciencias Naturales en los OPIs.
En este contexto, el Observatorio ha acordado en su primera reunión iniciar actuaciones inmediatas para conciliar la vida familiar y profesional en los centros de investigación, así como actualizar los criterios de las convocatorias y las normativas de los OPIs y universidades para garantizar la igualdad de género en la selección, contratación y promoción de personal investigador y en la composición de los tribunales que evalúan las plazas a cubrir. Igualmente, el Observatorio va a impulsar la aplicación de las siguientes medidas ejecutivas: incorporar criterios sensibles al género en la formación del personal investigador y en la evaluación del rendimiento científico; mejorar los criterios de la composición de las comisiones de evaluación de ayudas a la I+D+i con objeto de evitar posibles sesgos de género en sus criterios de selección; promover la igualdad de género en equipos e instituciones, y poner en marcha un plan de formación dirigido a la alta dirección y mandos intermedios de los centros públicos de investigación y de sus órganos de gobierno.
Se pretende también activar la elaboración de nuevos protocolos para la prevención y protección frente al acoso sexual y el acoso sexista en universidades y OPIs, dado que el OMCI tiene entre sus funciones el seguimiento de las actuaciones de los ministerios, las Administraciones Públicas y, en general, de todos los actores del sistema español de universidades, ciencia, tecnología e innovación en materia de prevención y lucha contra el acoso laboral y el acoso sexual y por razón de sexo en el trabajo, incluyendo la violencia de género.
El Observatorio ‘Mujeres, Ciencia e Innovación’ para la Igualdad de Género funcionará en pleno y se reunirá, al menos, dos veces al año con carácter ordinario. Forman parte del Observatorio, entre otros miembros, la delegada del Gobierno para Violencia de Género, Pilar Llop, la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Rosa Menéndez, la directora del Instituto de la Mujer, Silvia Buavent, el subsecretario del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Pablo Martín, el secretario general de Coordinación de Política Científica, Rafael Rodrigo, el secretario general de Universidades, José Manuel Pingarrón, la directora general de I+D+i, Teresa Riesgo, y el director general del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), Javier Ponce.
En esta primera reunión se han establecido las siguientes comisiones de trabajo: Género en la Ley de Reforma de Universidades, Incorporación de género a la nueva estrategia de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), Género en Cooperación Internacional en CTI, y Organización del XI Congreso Europeo sobre ‘Gender Equality in Higher Education and Research’, de carácter bienal, que se celebrará en Madrid en 2020.
Para acallar las voces críticas, el gobierno prometió triplicar el número de becas para los estudiantes extranjeros (de 7,000 a 21,000).
Jennifer Rojas se quedó de piedra cuando escuchó hablar de la exorbitante alza de las matrículas en las universidades francesas para los extranjeros. «No lo podía creer», cuenta esta colombiana que trabaja desde hace un año para poder pagarse una maestría enFrancia .
«Con lo que tenía ahorrado tenía suficiente para hacer todo el papeleo, comprar los pasajes, pagar la maestría y sobrevivir durante dos años… ahora no me alcanza», explica preocupada esta joven de 25 años. «Me tocará buscar una beca o pedir un préstamo», suspira.
El aumento de las matrículas para los estudiantes extranjeros extra-comunitarios (fuera de la Unión Europea) anunciado a mediados de noviembre por el gobierno francés cayó como un balde de agua fría entre los latinoamericanos que planeaban ir a estudiar a Francia.
Para ellos, la matrícula en licenciatura pasará desde septiembre de este año a 2,770 euros (US$ 3,153) y en maestría o doctorado a 3,770 euros (US$ 4,291). Es decir 16 veces más de lo que costaba hasta ahora.
Los sucesivos gobiernos quieren hacer de la universidad pública un instrumento para contribuir con su potencial científico y tecnológico a aumentar los beneficios empresariales de las grandes corporaciones.
Cada año, en diciembre, la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) abre el plazo para la evaluación de la actividad investigadora de los profesores universitarios de todo el Estado con el objeto de que puedan solicitar un complemento de productividad (sexenio) por 6 años de labor investigadora continuada y reconocida. Este año, como consecuencia de la Ley 15/2014, de recortes del sector público, será la ANECA (agencia externa) quien realizará las funciones de evaluación en vez de la CNEAI.
Contra la ANECA ya se han manifestado colectivos de profesorado universitarios, sindicatos, organismos e instituciones, e incluso la propia conferencia de rectores y rectoras, por las abusivas condiciones de acreditación y de evaluación de la actividad investigadora que ha impuesto, a raíz del RD 415/2015, que ha endurecido irracionalmente los criterios de entrada y desarrollo de la carrera profesional empleados para la valoración del profesorado universitario. Esto no solo ha frenado aún más la posibilidad de estabilidad y dedicación a la docencia del profesorado universitario que lleva años realizando un trabajo encomiable en medio de unas políticas neoliberales de recortes y precarización en la Educación Superior e I+D, sino que ha aumentado las situaciones de desigualdad y frustración entre el profesorado universitario, generando relaciones laborales de fuerte competitividad en las relaciones universitarias y provocando un aumento exponencial de publicaciones de tipo productivista y credencialista, en una loca carrera por “publicar o perecer” que prioriza aquel tipo de conocimiento rentable y con posibilidades de beneficio comercial y uso mercantil.
Pues bien. Este año, esta convocatoria de sexenios introduce una novedad, que justamente ahonda en este sentido. Los denominados sexenios de transferencia. Ya nos ha llegado un comunicado del Vicerrectorado de Investigación de nuestra universidad indicándonos que “es de especial interés para la Universidad que el número de solicitudes del tramo de transferencia sea el mayor posible, dado que los que sean concedidos serán un indicador que servirá como evidencia a presentar en los rankings de transferencia. Por otro lado, se nos ha hecho saber que un número bajo global de solicitantes podría implicar la desaparición futura de este tipo de sexenio”. ¡Qué presión! Si no lo presentamos, igual se hunde nuestra universidad en el ranking y pasaremos, como en una liga de fútbol, a segunda o quizá a tercera regional y si hay pocos solicitantes de estos sexenios de transferencia igual quitarán esta nueva “golosina” de “pago por rendimientos”, que imita el modelo de gestión empresarial que mide los resultados por la cuenta de beneficios.
Porque este es el quid de la cuestión de este modelo que la ANECA está profundizando. Los beneficios. Pero no fundamentalmente los beneficios para la sociedad, para el bien común o para la ciencia básica o el descubrimiento, sino de acuerdo a la cuenta de resultados de las grandes empresas que son, en definitiva, las grandes beneficiarias de esta modalidad de transferencia del conocimiento en el modelo que se está promoviendo desde la lógica neoliberal en la Educación Superior.
La convocatoria lo muestra claramente. Afirma que “consciente de la importancia que para el futuro del país tiene la innovación y la transferencia a las empresas o a otros agentes sociales de los resultados de investigación obtenidos en las Universidades y en los Organismos Públicos de Investigación…”. Parece evidente que está pensando de cara a la “transferencia a las empresas”, aunque luego haga alusión a “otros agentes sociales”, que no se sabe muy bien quiénes son. Aunque en un apartado posterior, que casi pasa desapercibido, invierte los términos y habla de “agentes sociales y económicos”.
Pero el enfoque se torna evidente cuando especifica lo que se valorará preferentemente como transferencia: “La formación de investigadores y la cultura emprendedora, a través de la creación de «start-up o spin-off»”. Es decir, la creación de empresas privadas a costa del conocimiento generado con financiación y formación pública. La externalización y privatización del saber compartido. Se promueve así un proceso de “externalización” y privatización de los sectores rentables de la investigación universitaria para “comercializar las invenciones”, aprovechando equipamientos e infraestructuras, plantillas y redes internacionales de las universidades. A su vez, las empresas aprovechan simultáneamente para “externalizar” sus costes de I+D integrando esas unidades de spin-off de las universidades, condicionando de paso la orientación de la investigación, pues la gestión del programa y la coordinación lo tiene la empresa.
Otras modalidades de transferencia valorada en esta convocatoria pasan por el contrato (en comisión de servicios, servicios especiales o excedencias) por una entidad externa, para cobrar por hacer determinadas actividades en ella. O la “transferencia generadora de valor económico…, como puede ser, por ejemplo, en términos de facturación de derechos de la propiedad intelectual o industrial”. En vez de compartir el conocimiento que se ha generado a partir de los conocimientos comunes previos y con una formación financiada públicamente, lo que se potencia es un modelo de apropiación privada del conocimiento producido públicamente. En este caso las aportaciones a considerar son facturación por royalties, número de patentes, participación en contratos y proyectos con empresas y otras instituciones… que revierten fondos en la Universidad. Y como muy bien dice la convocatoria en este punto: “Se pretende valorar la iniciativa empresarial de los investigadores, teniendo en cuenta no solo la creación sino el funcionamiento y los niveles de facturación”.
Es decir, se nos va a incentivar con estos “sexenios de transferencia” si nos convertimos en empresarios, si nos apropiamos del conocimiento colectivo para convertirlo en negocio, y, en definitiva, si generamos facturación y beneficios. “Money, money, money”, que diría la canción de Cabaret.
Solo en un último punto se ha incluido la “transferencia generadora de valor social”, donde se incluyen aquellas actividades que redundan en el beneficio de la sociedad civil y en sus distintos grupos de interés. Donde se valorarán convenios y/o contratos con entidades sin ánimo de lucro o administraciones públicas para actividades con especial valor social, actividades de difusión de la investigación en libros y medios de comunicación audiovisual y aspectos relacionados con la proyección externa y con la consolidación de la imagen pública universitaria. Parece como si este “último elemento” tuviera que ver más con dar una buena imagen de la Universidad, paliando la imagen de negocio que plantean todos los demás elementos de valoración, pero siempre, eso sí, mediante contrato de externalización.
Pero como no podía ser menos, este último lavado de cara tiene truco. Porque para ser evaluado positivamente, es decir, que te conceda ese reconocimiento, se deben presentar aportaciones en, al menos, dos de los apartados. Es decir, que sin “negocio no hay reconocimiento”, porque solo con aportaciones de transferencia generadora de valor social no se concederá.
Esto nos lleva a una situación en la que se empuja a las universidades a “empresarializar” la actividad investigadora y docente, viéndose abocadas a un modelo de capitalismo académico, a concebir su propia labor como la producción de aquellas mercancías por las que las empresas estén dispuestas a pagar, a comprometerse cada vez más con determinadas prácticas de tipo empresarial, a ver cómo el liderazgo en el interior de las universidades se tiende a desplazar hacia los equipos de investigación con más financiación y vinculados al mundo de los negocios o la creciente tendencia a la participación directa en los órganos de gobierno universitario de esos “accionistas externos”.
La implementación de estas formas de empresarialización y cuantificación comparativa de la productividad académica y científica remodela no sólo el contexto institucional, sino que también influye e introduce a la propia comunidad universitaria. Porque esta orientación genera subjetividades académicas que acaban asumiendo y asimilando cada vez más esta mentalidad, so pena de quedarse fuera del entramado de reconocimiento, valoración, financiación o acceso a proyectos de investigación (Díez Gutiérrez, 2014).
Lo cierto es que este nuevo giro imaginativo de la ANECA define claramente cada vez más el modelo neoliberal que quieren imprimir los sucesivos gobiernos a la universidad pública: instrumento para contribuir con su potencial científico y tecnológico a aumentar los beneficios empresariales de las grandes corporaciones. Esta parece ser realmente la finalidad que la ANECA ve en la eufemísticamente denominada “transferencia de conocimiento a la sociedad”.
DÍEZ GUTIÉRREZ, E.J.; GUAMÁN, A.; JORGE ALONSO, A. y FERRER, J. (2014). Qué hacemos con la Universidad. Madrid: Akal.
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