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Cuba tiene una voluntad política de desarrollar la Educación

La Habana / 14 de febrero de 2018 / Por: / Fuente: http://www.radioreloj.cu/

El resultado del esfuerzo de años de sacrificio, la dedicación del pueblo y la expresión de la voluntad política del gobierno hacen posible el desarrollo de la enseñanza en Cuba, afirmó Ena Elsa Velázquez Cobiella.

La ministra de Educación, al intervenir en el Panel El Sistema Educativo Cubano y la Agenda 2030 del Congreso Universidad 2018, agregó que la enseñanza en Cuba es una conquista de la Revolución, con un carácter gratuito e inclusivo.

Precisò que la escuela cubana está llamada a preparar a las futuras generaciones en la comprensión y utilización de convincentes argumentos para entender y transformar los cambios del mundo de hoy.

En Universidad 2018, Velázquez Cobiella dijo que el proceso de perfeccionamiento de la educación incrementará la calidad de la enseñanza y proyectarnos hacia el cumplimiento de la agenda educativa para el 2030.

Alta profesionalidad en profesores cubanos

Delegados e invitados al Congreso Internacional de Educación Superior expresaron a Radio Reloj, que luego de asistir a los cursos impartidos por profesores cubanos, comprobaron su alta experiencia, talento y profesionalidad.

Luis Carlos Prata Regadas, profesor de la Universidad del Estado de Seará, Brasil, consideró que el aporte y la prioridad que le otorga el Gobierno Revolucionario Cubano a la educación posibilita a las nuevas generaciones tener amplios conocimientos generales.

Explicó que en su recorrido por La Habana constatò que a pesar del injusto bloqueo de Estados Unidos, los niños y los jóvenes tienen escuelas, maestros, usan uniformes, poseen la base material de estudio y se sienten felices.

El profesor universitario brasileño José Nelson Arruda Filho, significó que Cuba ha desarrollado uno de los principios más efectivos de la educación, el conocimiento humano.

Fuente noticia: http://www.radioreloj.cu/es/destacadas/cuba-una-voluntad-politica-desarrollar-la-educacion/

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Superar el racismo oculto e interculturizar las universidades. Experiencias, avances y desafíos

Por Daniel Mato (*)

Artículo publicado originalmente en: Revista+E 7(7): 188-203 (Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 2017)

Resumen:

Inevitablemente, los protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918 percibieron el reto de “romper la última cadena que […] nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica” desde las ideas de su época. Lejos estaban aún de que las luchas contra el racismo y otros legados coloniales alcanzaran la importancia que hoy poseen en las agendas de algunos movimientos sociales y sectores universitarios, aún cuando todavía falta mucho por lograr. Este artículo analiza la oportunidad histórica y la necesidad ética, social, jurídica, y epistemológica de que actualicemos y superemos ese reto planteado por la Reforma de 1918, que hoy podemos expresar en términos de superar todas las formas de racismo oculto (cultural, social, económico, ambiental, epistemológico) e interculturalizar las universidades. En América Latina existen actualmente más de un centenar de valiosas experiencias que muestran que estos avances son posibles. También muestran que estas transformaciones llevan a cuestionar los límites entre disciplinas, así como entre extensión, aprendizaje/docencia, e investigación. Este artículo ofrece un panorama de las experiencias que algunas universidades “convencionales” han venido realizando, junto con, y/o para, pueblos indígenas y afrodescendientes, así como las de otras universidades caracterizadas como “interculturales”, y otras creadas por organizaciones de estos pueblos. Adicionalmente, examina sus logros, avances y desafíos.

Palabras Clave:

Universidad. Racismo oculto. Interculturalidad. Pueblos Indígenas. Afrodescendientes.

Inevitablemente, los protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918 percibieron el reto de “romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica” desde las ideas de su época. No podría haber sido de otra manera. Aún faltaba mucho tiempo para que las luchas contra el racismo y otros legados coloniales y a favor de la valoración por las diferencias culturales alcanzaran el lugar que hoy ocupan en instrumentos jurídicos internacionales [1] y en otros vigentes en la mayoría de los países latinoamericanos, así como en las agendas de algunos movimientos sociales y sectores universitarios; aún cuando debe destacarse que en lo que hace a las formas de racismo oculto aún falta mucho por lograr. Este artículo analiza la oportunidad histórica y la necesidad ética, social, jurídica, y epistemológica de que actualicemos y superemos ese reto planteado por el movimiento de la Reforma Universitaria, el de romper con la dominación monárquica, que hoy podemos expresar en términos de superar todas las formas de racismo oculto e interculturalizar las universidades, para de este modo contribuir a superar el racismo de nuestras sociedades.

Aún hoy, la mayoría de las universidades latinoamericanas, como las  políticas y los sistemas de evaluación y acreditación del sector, responde a anticuados formatos monoculturales -que son consecuencia del legado colonial eurocéntrico- y operan como reproductores de diversas formas de racismo oculto (cultural, social, económico, ambiental, epistemológico). Estos formatos institucionales monoculturales no son pertinentes respecto de la diversidad cultural propia de las sociedades de las que estas universidades forman parte, y conducen a desconocer las visiones de mundo, proyectos de futuro, lenguas, valores, conocimientos, modos de aprendizaje y de producción conocimientos de pueblos indígenas, afrodescendientes y otros grupos sociales culturalmente diferenciados. Como se verá en las próximas páginas, esta limitación ya ha sido reconocida en la Declaración Final de la Conferencia Regional de Educación Superior realizada en Cartagena de Indias en 2008. Pero además, y relevante para esta publicación, ese modelo universitario entre otros problemas exhibe y fortalece anticuadas y entorpecedoras “barreras” entre extensión, aprendizaje/docencia, e investigación. En contraste con ese modelo monocultural, en América Latina existen actualmente más de un centenar de valiosas experiencias que muestran que es posible avanzar en la superación de esas formas de racismo oculto, así como –y relevante para esta publicación- que esto conduce a cuestionar las mencionadas barreras entre extensión, aprendizaje/docencia, e investigación.

Este texto ofrece un panorama sintético de las experiencias de colaboración intercultural que algunas universidades “convencionales” [2] latinoamericanas han venido realizando junto con referentes, comunidades y organizaciones de pueblos indígenas y afrodescendientes, así como las de otras universidades caracterizadas creadas por organizaciones de estos pueblos, y otras caracterizadas como “interculturales”. Adicionalmente, se comentan algunos de sus principales logros y desafíos.

No obstante, antes de avanzar en la exposición de esos asuntos, pienso que resulta provechoso explicitar que mis investigaciones sobre estos tipos de experiencias de colaboración intercultural y las labores de acompañamiento a algunas de ellas que he venido realizando desde hace 15 años en varios países latinoamericanos, me han llevado a concluir que quienes venimos del ámbito de las universidades “convencionales” tenemos mucho para aprender de ellas. Podemos aprender tanto de algunas innovaciones que vienen desarrollándose en el ámbito de las experiencias de colaboración entre universidades convencionales y pueblos indígenas y afrodescendientes, como de esos los modelos universitarios que han creado algunas universidades indígenas e interculturales. Los aprendizajes en cuestión remiten a varias dimensiones de la vida universitaria, pero a apropósito de la temática de esta revista parece importante destacar que tanto esas innovaciones al interior de universidades convencionales como esos otros modelos universitarios transgreden las fronteras entre docencia, investigación y extensión que caracterizan la vida de la mayoría de las universidades convencionales. Esto incluso les ha llevado a poner en cuestión las ideas unidireccionales de “extensión”, en lo que significativamente convergen con algunas corrientes críticas de extensión universitaria que han venido desarrollándose crecientemente en América Latina especialmente desde la década de 1960. De hecho, en mi caso, el conocimiento cercano de esas experiencias de colaboración intercultural y de esos otros modelos de universidad me ha llevado a plantearme una línea de investigación específicamente dedicada a documentar y analizar cómo las experiencias de vinculación de equipos de universidades convencionales argentinas con diversos tipos de actores sociales enriquecen las oportunidades de docencia/aprendizaje e investigación (Mato 2013a, 2013b, 2015)

 

  1. RACISMO E INEQUIDADES ASOCIADAS EN LAS SOCIEDADES LATINOAMERICANAS

Las sociedades latinoamericanas contemporáneas están muy lejos de constituir ejemplos aceptables de democracia y equidad. Esto es especialmente inequívoco en lo que hace a la situación de los pueblos y personas indígenas y afrodescendientes que forman parte de estas sociedades (Banco Mundial 2015, CIDH-OEA 2011, IIPE-UNESCO, 2012).  Las importantes inequidades que afectan particularmente las vidas de esos pueblos y sus miembros no solo son ética y jurídicamente cuestionables, sino que además comprometen las posibilidades de mejoramiento de la calidad de vida de cada una de las sociedades de las que forman parte. Las formas de sentido común predominantes entre la mayor parte de los miembros de estas sociedades ocultan este tipo de problemas. Ellas disimulan la persistencia de sensibilidades, creencias, sentimientos, ideas, políticas y prácticas racistas históricamente constitutivas de estas sociedades, que por lo general perviven de maneras solapadas o inconscientes.

Las universidades y otras instituciones de educación superior (IES) deberían contribuir a resolver esas inequidades y problemas, pero en la mayoría de los casos están muy lejos de hacerlo. Esto se debe –en buena medida- a que son instituciones rígidamente monoculturales, cuyos programas de formación no incluyen los conocimientos, lenguas, visiones de mundo, propuestas de futuro, y modos de aprendizaje y de producción de conocimientos de esos pueblos. De manera semejante, en la mayoría de los casos la participación plena de miembros de esos pueblos en calidad de autoridades, funcionarios, docentes, o estudiantes resulta entre muy escasa y nula. ¿Qué se puede esperar de universidades con estas características? ¿Qué hacer para resolver estas deficiencias?

La II Conferencia Regional de Educación Superior, realizada en Cartagena de Indias en 2008 (CRES 2008), reconoció la importancia de estas deficiencias y problemas, al punto que en su Declaración Final incluyó dos acápites específicos al respecto que conviene citar in extenso:

“C-3: Se deben promover la diversidad cultural y la interculturalidad en condiciones equitativas y mutuamente respetuosas. El reto no es sólo incluir a indígenas, afrodescendientes y otras personas culturalmente diferenciadas en las instituciones tal cual existen en la actualidad , sino transformar a éstas para que sean más pertinentes con la diversidad cultural. Es necesario incorporar el diálogo de saberes y el reconocimiento de la diversidad de valores y modos de aprendizaje como elementos centrales de las políticas, planes y programas del sector”. [3]

“D-4: La Educación Superior, en todos los ámbitos de su quehacer, debe reafirmar y fortalecer el carácter pluricultural, multiétnico y multilingüe de nuestros países y de nuestra región”.[4]

La importancia de responder apropiadamente a estos desafíos fue explicitada reiterada en la “Declaración de Panamá sobre la Educación en la Sociedad del Conocimiento”, [5] emitida en junio de 2012 como resultado de la “Conferencia Interparlamentaria sobre La Educación en la Sociedad  del Conocimiento”. Esta Declaración, suscrita por los Presidentes de las Comisiones de Educación o equivalentes de los Parlamentos miembros del Parlatino, expresa textualmente que los firmantes de la misma “suscriben e impulsan la Iniciativa Latinoamericana por la Diversidad Cultural y la Interculturalidad con Equidad en Educación Superior, emanada del ‘Taller Regional de Políticas de Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina y el Caribe’, realizado en la Universidad de Panamá los días 24 y 25 de mayo del 2012, convocado por UNESCO/IESALC”. [6]

Estos reconocimientos de la importancia los desafíos que debe encarar la Educación Superior en América Latina son resultado del desarrollo de varios procesos sociales significativos. Uno de ellos suele nombrarse coo el de reconocimiento de la “deuda histórica” que estas sociedades tienen con los pueblos indígenas y afrodescendientes. Este reconocimiento ha ido avanzado gracias a las luchas de estos pueblos, las cuales históricamente contaron con el apoyo de algunos movimientos sociales internacionales, como los organizados para luchar contra con el racismo y por los derechos humanos, y más recientemente también por los movimientos sociales ambientalistas. Como resultado de estas luchas, se fue avanzado en la sanción de varias declaraciones e instrumentos jurídicos internacionales importantes, los cuales a su vez contribuyeron a lograr algunas reformas constitucionales que establecieron derechos explícitos para estos pueblos en numerosos países.[7]

Otro proceso que ha resultado significativo para lograr los reconocimientos expresados en la Declaración Final de la CRES 2008 y en la Declaración de Panamá ha sido el de la creciente la visibilidad cuantitativa de la importancia demográfica de estos pueblos, la cual ha venido haciéndose evidente desde que los censos nacionales incluyen información al respecto. Así, con base en las últimas rondas censales, según información publicada por la División de Población (CELADE) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y por el Banco Mundial, la población indígena en América Latina comprende un total de 42 millones de personas y la afrodescendiente de 123 millones de personas. Es decir que ambas combinadas alcanzan a 165 millones de personas, y representan más del 28% de la población total de la región. [8]  Estos valores seguramente serían aún mayores de no mediar problemas de subregistración que han sido reiteradamente señalados por las organizaciones de estos pueblos. En cualquier caso, resulta interesante destacar que si bien la distribución de estas poblaciones varía entre países, los porcentajes de estos grupos de población respecto de los respectivos totales nacionales resultan significativos incluso en países en los que su importancia demográfica suele ser negada. Por ejemplo, e incluso obviando los problemas de subregistración ya señalados, en Chile, la población indígena representa el 6% del total nacional, en Colombia y Venezuela el 3%, en Argentina y Costa Rica al 2,5%, en Paraguay el 1,7% y en Brasil el 0,5%. Estos porcentajes resultan mayores en Bolivia y Guatemala donde supera el 40%, Perú donde alcanza al 26%, o en México donde representa el 15%, Panamá el 12%, Honduras y Ecuador el 7% y Nicaragua el 6%.[9]  Por otra parte, con base en las mismas fuentes y con los mismos reparos de subregistración, cabe afirmar que en los casos de Brasil y Venezuela la población afrodescendiente supera el 50%, en tanto en Cuba representa el 36%, en Colombia el 10%, en Panamá el 9%, en Costa Rica y Uruguay el 8%, en Ecuador el 7,2%, en Honduras el 1%, en Nicaragua el 0,5%, en Guatemala el 0,4%, en Argentina el 0,3%, en Bolivia y Paraguay el 0,2% y en el Salvador 0,1%.[10]

Otro proceso que también ha favorecido el reconocimiento de los mencionados desafíos que enfrenta la Educación Superior está asociado al desarrollo creciente de movimientos intelectuales críticos del modelo civilizatorio usualmente denominado occidental moderno, los cuales han venido insistiendo en que los graves problemas ambientales y sociales que afectan a nuestro planeta y a nuestra especie no solo están  asociados de manera genérica a dicho modelo civilizatorio, sino también específicamente al modelo científico que le es propio. Esto ha llevado a la creciente aceptación de que los retos civilizatorios planteados demandan abandonar el credo cientificista monocultural para avanzar hacia posiciones de pluralismo epistemológico.

Finalmente, los reconocimientos de la importancia los desafíos que debe encarar la Educación Superior en América Latina también han estado asociados al creciente desarrollo y visibilidad de más de un centenar de valiosas experiencias que han venido desarrollándose en la región desde hace más de dos décadas, de los diversos tipos que se analizan más adelante en este artículo.

 

Es necesario superar esos modelos monoculturales y transformar a las universidades y otras IES en consonancia con lo recomendado en los acápites C3 y D4 de la Declaración Final de la CRES 2008 antes citados, los cuales además responden a lo establecido en el Convenio Nro 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que ha sido suscrito por 14 países latinoamericanos, para los cuales tiene rango constitucional. Límites de extensión impiden citar in extenso los artículos que aplican al caso, por lo que citaré solo algunos pasajes de especial interés:

El artículo 26 dictamina que

“[…] deberán adoptarse medidas para garantizar a los miembros de los pueblos interesados la posibilidad de adquirir una educación a todos los niveles, por lo menos en pie de igualdad con el resto de la comunidad nacional”.[11]

 

El artículo 27 dispone que

“[…] la autoridad competente deberá asegurar la formación de miembros de estos pueblos y su participación en la formulación y ejecución de programas de educación” [y  que] “los gobiernos deberán reconocer el derecho de esos pueblos a crear sus propias instituciones y medios de educación, siempre que tales instituciones satisfagan las normas mínimas establecidas por la autoridad competente en consulta con esos pueblos […]”. [12]

 

El artículo 31 establece:

“Deberán adoptarse medidas de carácter educativo en todos los sectores de la comunidad nacional […], con el objeto de eliminar los prejuicios que pudieran tener con respecto a esos pueblos […]”.[13]

 

Varios países latinoamericanos ya han dado algunos pasos en la materia, otros, como Argentina, se encuentran sumamente atrasados, especialmente en lo que respecta a Educación Superior. En Argentina y otros países se ha avanzado en otros niveles educativos pero muy poco en el Superior. Esto estimula una brecha entre niveles que además de ser injusta alienta conflictos. Tomando el caso argentino como referencia, cabe observar que los artículos 52 y 53 de la Ley de Educación Nacional (Ley 26.206) permiten prever que las universidades continuarán recibiendo egresados del sistema de Educación Intercultural Bilingüe. El artículo 52 establece

“La Educación Intercultural Bilingüe es la modalidad del sistema educativo de los niveles de Educación Inicial, Primaria y Secundaria que garantiza el derecho constitucional de los pueblos indígenas, conforme al art. 75 inc. 17 de la Constitución Nacional, a recibir una educación que contribuya a preservar y fortalecer sus pautas culturales, su lengua, su cosmovisión e identidad étnica […]”.[14]

 

No obstante, las universidades nada ofrecen a los egresados de ese sistema intercultural bilingüe. La situación es análoga en otros países, aunque en algunos existen importantes experiencias a tomar en cuenta para avanzar en la materia. Con este fin, en este artículo se ofrece un panorama de las experiencias que algunas universidades y otras IES “convencionales” latinoamericanas han venido realizando –según los casos- junto con, o para, pueblos indígenas y afrodescendientes, así como las de otras universidades e IES caracterizadas como “interculturales”, y otras creadas por organizaciones de estos pueblos.

 

Es un deber destacar que el panorama y análisis que ofrezco en las páginas siguientes se basa en parte en las investigaciones sobre el tema que de manera individual he venido realizando desde 2004, pero muy especialmente en las realizadas entre 2007 y 2011 con la colaboración de 70 colegas de diez países latinoamericanos, desde el Proyecto Diversidad Cultural e Interculturalidad en Educación Superior, del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Mato, coord., 2008, 2009a, 2009b, 2012), y en las realizadas desde 2011 desde el Programa Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina (Programa ESIAL) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, en colaboración con representantes de casi cincuenta universidades de nueve países latinoamericanos con quienes venimos trabajando en el marco de la Red Inter-universitaria Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina (Red ESIAL), creada con el apoyo de UNESCO-IESALC (Mato, coord. 2015, 2016, 2017).[15]

 

  1. VALORAR LA DIVERSIDAD CULTURAL Y PROMOVER RELACIONES INTERCULTURALES EQUITATIVAS

 

Lo que en 1918 aparentemente no era siquiera pensable y menos aun susceptible de ser incluido en un programa de acción, un siglo después es inexcusablemente imperativo: las universidades deben reconocer y valorar la diversidad cultural y promover relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas, tanto en su seno como en las sociedades de las que forman parte. Este carácter imperativo deriva de los avances plasmados tanto en las constituciones nacionales de la mayoría de los países latinoamericanos, como en instrumentos jurídicos internacionales y en las declaraciones consensuadas entre representantes de universidades de toda la región.

 

La muy escasamente atendida meta de que las universidades y otras IES incluyan personas indígenas y afrodescendientes (como autoridades, funcionarios, docentes y estudiantes) dentro de su vieja institucionalidad no es suficiente. Es necesario ir más allá. Para superar ese pesado legado colonial que las caracteriza (con todas sus consecuencias, que no son solo de exclusión de personas, sino también de conocimientos, lenguas, formas de producción de conocimiento, modalidades de aprendizaje, como de modos de relación con las sociedades), las universidades deben reformarse a sí mismas para ser más pertinentes con la diversidad cultural propia de la historia y el presente de las sociedades de las que forman parte. Deben incluir las visiones de mundo, lenguas, conocimientos, modos de aprendizaje, modos de producción de conocimientos, sistemas de valores, y demandas de pueblos y comunidades indígenas y afrodescendientes, así como, según los países, de otros grupos culturalmente diferenciados.

 

Este ha sido, desde hace varias décadas, el planteo de numerosas expresiones y dirigentes de los movimientos indígenas y afrodescendientes de América Latina. También lo ha sido de diversos y numerosos sectores sociales e intelectuales que sin ser indígenas ni afrodescendientes comprendemos que no sólo no es ético sostener modelos societarios y educativos que en la práctica excluyen a amplios sectores de población, sino que además entendemos que para las respectivas sociedades nacionales no es ni política, ni social, ni económicamente viable privarse de las importantes contribuciones de esas vertientes particulares, de su historia y de su presente. No se trata sólo de “incluir” a personas de estos pueblos como individuos indiferenciados, sino de que las universidades y otras IES se transformen al incorporar apropiadamente sus lenguas, visiones de mundo, conocimientos, modos de aprendizaje y de producción de conocimientos, valores y proyectos societarios.

 

La valoración de la diversidad cultural y el desarrollo de relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas pueden ser recursos provechosos para mejorar la calidad de vida y el desarrollo humano sostenible de nuestras sociedades. Es curioso (y preocupante), pero algunas dirigencias universitarias parecen no acabar de valorar algo que ya ha sido comprendido y está siendo económicamente explotado por laboratorios farmacéuticos, agroindustrias y otras corporaciones transnacionales: los conocimientos tradicionales de esos pueblos. Al mencionar esto, de ningún modo sugiero que se trate de explotar esos conocimientos, sino que procuro llamar la atención respecto de que incluir esos conocimientos en los programas universitarios de ningún modo supone “hacerles un favor a unos pobrecitos excluidos”. Se trata de reconocernos como ciudadanas/os de sociedades y Estados pluriculturales y plurilingües. Se trata de no vivir ignorando componentes y aspectos de nuestras propias sociedades para poder transformarlas de modos acordes con la diversidad que las caracteriza, y no como deformes reflejos de representaciones idealizadas de algunas sociedades europeas.

 

En esto las universidades, y más en general la educación superior, tienen un papel importante que cumplir, no sólo como instituciones productoras de conocimiento, sino también como instituciones formadoras de cuadros técnicos y profesionales y de ciudadanos y dirigentes sociales, con capacidad de reflexión crítica. En contraste con ese deber ser y esa potencialidad, resulta preocupante que en pleno siglo XXI, aún sean pocas las IES de la región cuya misión institucional y/o cuyo currículo incluyan la valoración de la diversidad cultural y la promoción de relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas. Esta situación resulta más preocupante aun si se piensa que la mayoría de las universidades y otras IES está a la zaga de instrumentos internacionales vigentes, como la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (1965), la Convención Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), el Convenio Nº 169 de la Organización Internacional del Trabajo (1989), la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas Pertenecientes a Minorías Étnicas, Religiosas y Lingüísticas (1992), la Declaración Universal de la UNESCO sobre Diversidad Cultural (2001), la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005), La Declaración y el Programa de Acción de Durban (2009),  la Declaratoria de Naciones Unidas de la Segunda Década de los Pueblos Indígenas 2005-2015, la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (ONU, 2007) y la Declaratoria y Plan de Acción 2015-2024 de Naciones Unidas del Decenio Internacional de los Afrodescendientes (2013). Nótese que el primero de estos instrumentos internacionales data del año 1965. Resulta muy preocupante que las universidades y otras IES tengan más de medio siglo de atraso respecto de instrumentos acordados por la mayoría de los gobiernos del planeta. No es un atraso menor, particularmente cuando se supone que deberían jugar papeles de avanzada.

 

No obstante, pese a ese rezago histórico, tal vez haya motivos para ser optimistas. La ya mencionada Conferencia Regional de Educación Superior (CRES-2008), en la cual participamos más de 3.500 integrantes de la comunidad académica regional (incluyendo directivos, docentes, investigadores, estudiantes, funcionarios, representantes de organismos nacionales, regionales e internacionales y otros interesados en Educación Superior) emitió una Declaración Final que incluye los antes mencionados acápites C3 y D4 que contienen algunos valiosos planteamientos sobre el tema. Esto lleva a pensar que estas ideas comienzan a ser más ampliamente aceptadas y que hay más posibilidades de que sean puestas en práctica.

3. NO HAY SABER “UNIVERSAL”, LA COLABORACIÓN       INTERCULTURAL ES  IMPRESCINDIBLE

Parece conveniente destacar la importancia y alcance de la idea central del acápite C3 de la Declaración Final de la CRES-2008. Tal como explícitamente lo expresa, el reto no es simplemente “incluir a indígenas, afrodescendientes y otras personas culturalmente diferenciadas en las instituciones tal cual existen en la actualidad, sino transformar a éstas para que sean más pertinentes con la diversidad cultural”. El reto es transformar a las universidades y a las políticas, planes y programas de educación superior y de ciencia y tecnología. Todavía hoy, se elaboran y aplican políticas de ciencia, se realiza investigación científica, y se imparte formación universitaria, en el marco de ciertas creencias (sí, creencias, pues no se trata de demostraciones “objetivas”) según las cuales existirían dos clases de saber, uno sólo de los cuales tendría validez universal: el científico, mientras que “el otro” (así homogeneizado, pese a que es notablemente diverso) sólo tendría valor local. Es posible que esto sea “verdad” para las leyes físicas, pero de ningún modo lo es para campos de conocimiento como las ciencias sociales y las humanidades; como tampoco en lo que hace campos interdisciplinarios como los de salud y medio ambiente, entre otros. Existe cuantiosa bibliografía producida desde el propio sistema científico-académico que muestra que hay mucho por aprender al respecto de esos otros tipos de conocimientos y modos de producción de conocimiento.

 

En pleno siglo XXI no es posible continuar ignorando que la idea de que “la ciencia” constituiría un saber de validez “universal” está directamente asociada al proceso histórico que se inició con la expansión militar y comercial de algunos Estados europeos sobre el resto del planeta, expandiendo sus propias creencias, visiones de mundo, e instituciones jurídicas, económicas y políticas. Esta expansión europea dio lugar al establecimiento de relaciones coloniales y se sostuvo largo tiempo asegurada por ellas. El problema que aún hoy estamos viviendo es que la ruptura de las relaciones coloniales y la fundación de las repúblicas no acabaron por completo con las formas de subordinación de los pueblos indígenas de América y de los numerosos contingentes de población africana traída a América en condiciones de esclavitud, como tampoco con las que aún hoy afectan a sus descendientes, incluyendo a grupos de población “mestizos” cuyos modos de vida y oportunidades económicas han sido especialmente marcados por esas relaciones históricas. Las relaciones jerárquicas entre dos tipos de saber, uno pretendidamente universal y otro local, son parte de estas dinámicas.

 

La descalificación de los modos de producción de conocimiento y acumulaciones de conocimientos de los pueblos indígenas y de los descendientes de las poblaciones africanas esclavizadas es parte de esa herencia colonial y racista, la cual debe ser estudiada más a fondo, criticada y superada. La necesidad de profundizar en el estudio de las consecuencias de esta herencia y de superarla no debe entenderse como una tarea limitada a quienes escogen formarse en antropología e historia, pues la ignorancia al respecto afecta la calidad de la formación de profesionales de muchos otros campos, como, por ejemplo, los de salud, derecho, geografía, agronomía, economía, ciencias políticas, minería, y arquitectura, entre otros. La colaboración intercultural en las universidades no puede limitarse a las escuelas de antropología. Debe partir del reconocimiento del valor de los conocimientos de los pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes para todos y cada uno de los campos de formación profesional. Más aún, no deberían estudiarse esas instituciones de manera aislada, sino cada una como parte de las respectivas visiones de mundo y modos de organización social (Macas 2001, Universidad Intercultural Amawtay Wasi  2004).

 

La hegemonía, y con ella la transferencia no reflexionada de ciertas creencias y valores de las llamadas “ciencias duras” a las llamadas “ciencias sociales” conduce a ignorar cómo nuestra subjetividad es constitutiva de nuestro trabajo de investigación. Por ejemplo, condiciona el planteamiento del problema/asunto a estudiar, la formulación de las preguntas de investigación, el establecimiento de la perspectiva de análisis, así como las relaciones con los actores “sobre”, o “con”, quienes estudiamos. Todo esto depende de desde dónde investigo, para qué investigo y qué pienso hacer con los resultados de la investigación. Pero estas preguntas no siempre se plantean. En muchos casos, los temas y perspectivas vienen dados de manera “natural” por las visiones que encarnan las revistas académicas en las que se aspira a publicar, o las instituciones que otorgan fondos para investigación. De este modo los resultados resultan marcados a priori por una suerte de ilusión objetivista ingenua, según la cual para asegurar tal objetividad se hace recomendable mantener cierta “distancia” respecto de los procesos sociales estudiados. Este factor de “distancia” es origen de una significativa diferencia entre el saber considerado “científico” y el que producen, por ejemplo, aquellos intelectuales indígenas que mantienen relaciones con sus comunidades, o bien los que producen los equipos de universidades “convencionales” que trabajan en colaboración con comunidades de pueblos indígenas y afrodescendientes, o los de las universidades “propias” de estos pueblos. Estas relaciones alimentan las preguntas y perspectivas a partir de las cuales producen sus conocimientos. Algo semejante ocurre con los equipos de cualquier universidad “convencional” que trabajan en proyectos que articulan extensión, docencia e investigación, como ha sido reportado por numerosos equipos universitarios (ver por ejemplo, Almeida, Marmet, Strada, Zuttión y Cabrera, 2011; FAUBA 2015) y he documentado en publicaciones resultantes de mis investigaciones al respecto (Mato 2013a, 2013b).

 

Unos y otros modos de producción de conocimientos, todos los conocimientos, el que se produce a partir de métodos “distanciados”, como el que se produce a partir de relaciones estrechas de colaboración con otros actores, están marcados por las condiciones en que son producidos. Por eso la valoración y evaluación de los resultados de cualquier forma de producción de conocimiento debe hacerse tomando en cuenta esas condiciones de producción. No hay saber “universal”, ninguno lo es, todos son relativos a las condiciones en que son producidos, por eso esas condiciones de producción deben ser claramente explicitadas; de manera análoga a cómo se hace al comunicar los resultados de investigaciones experimentales, aquellas que -como su nombre lo indica- resultan de experimentos, de laboratorios. Por estas razones la colaboración entre diversas formas de conocimiento es imprescindible.

 

Las consecuencias del modelo universitario monocultural afectan no sólo a las poblaciones de origen indígena y afrodescendiente de las sociedades latinoamericanas, sino a cada una de las sociedades nacionales en su totalidad, incluyendo tanto a las poblaciones de origen netamente europeo, como a las caracterizadas como “mestizas”. La negación consciente o inconsciente de la condición pluricultural de todas las sociedades latinoamericanas constituye un significativo lastre histórico, por lo que implica en términos de nuestra ignorancia acerca de nosotros mismos. Esta carga afecta no sólo las posibilidades de construir sociedades más justas e incluyentes, sino también las de que cada una de estas sociedades pueda utilizar todos los saberes y talentos a su alcance para construir su presente y futuro. Este problema no se resuelve con la celebración folklorizante de la diversidad, ni con la “nacionalización” de ritos, danzas y costumbres de estas poblaciones, incorporándolos a las festividades, monumentos y rituales de Estado. Tampoco se resuelve celebrando la “diversidad cultural”, mientras continúan violándose los derechos de esos grupos de población, menoscabando su condición humana, desvalorizando sus visiones de mundo, lenguas, conocimientos y modos de conocimiento (así esto se haga sea pasivamente, como ocurre con las formas de racismo oculto), en lugar de honrar sus derechos a restituciones territoriales, o, más grave aún, permitiendo (o fomentando) el avance de las explotaciones petroleras y mineras en sus territorios ancestrales.

 

Las situaciones contemporáneas respecto de estos problemas varían mucho de una sociedad latinoamericana a otra, pero en todas ellas estos problemas y este conflicto entre modos de producción de conocimiento afectan a la producción, circulación, apropiación y aplicación de conocimientos. Es decir, afectan la calidad de las labores de investigación y formación que realizan las universidades y otros tipos de IES. Por ello, cualesquiera que sean las vías específicas de solución de estos conflictos, la construcción de formas duraderas y provechosas de colaboración intercultural entre actores sociales con diversos tipos de conocimientos, formas de producirlos y modalidades de aprendizaje, ha de ser parte imprescindible de los caminos a transitar.

 

Pero, si bien en algunos casos los diversos tipos de conocimientos pueden resultar complementarios, en otros podrían estar en conflicto. La colaboración intercultural en la producción de conocimiento no es una panacea, hay conflictos. Por esto mismo, conviene identificarlos, analizarlos, y co-producir formas de manejarlos.

 

Sin colaboración intercultural en la producción de conocimientos sobre nosotros mismos, en tanto agregados sociales, es imposible comprender nuestra experiencia social. Sin esa colaboración intercultural la comprensión de significativos aspectos históricos, jurídicos, políticos, económicos, sociales, y otros, de nuestras sociedades, será siempre sesgada y parcial. Sin tal colaboración, tal comprensión partirá de un “como si”. Por esto, la colaboración intercultural en la producción de conocimientos sobre nuestras sociedades es imprescindible. Afortunadamente, este tipo de colaboración tiene numerosos y significativos antecedentes, como los que muestran cerca de un centenar de experiencias que han sido documentadas desde las dos iniciativas de investigación y colaboración inter-institucional de amplio alcance en las cuales se basa este artículo.

 

  1. EDUCACIÓN SUPERIOR Y PUEBLOS INDÍGENAS Y AFRODESCENDIENTES EN AMÉRICA LATINA: PANORAMA SINTÉTICO.

 

Una característica saliente de este campo es la existencia de una amplia diversidad de tipos de experiencias. Esto no resulta sorprendente si se tiene en cuenta que las mismas han sido impulsadas por referentes y organizaciones de pueblos indígenas y afrodescendientes muy diversos entre sí. Más aún, éstas tienen lugar en distintos países, en cada uno de los cuales la historia y presente de las relaciones entre dichos pueblos, los respectivos Estados y otros sectores sociales exhiben sus propias particularidades. Dentro de este amplio y diverso campo de experiencias es posible distinguir entre cinco tipos principales de modalidades institucionales. A continuación presento esquemáticamente esos diferentes tipos, por limitaciones de extensión no referiré ejemplos ilustrativos, sobre los cuales puede obtenerse información en las publicaciones resultantes de los dos proyectos de amplio alcance antes mencionados (Mato, coord. 2008, 2009a, 2009b, 2015, 2016). En cambio, para cada tipo apunto algunos aspectos significativos respecto del reto de construir formas sostenibles de colaboración intercultural.

 

1) Programas de “inclusión de individuos” indígenas y/o afrodescendientes  como estudiantes en universidades u otros tipos de IES “convencionales”

 

Existen numerosas experiencias que responden a este tipo de modalidad (programas de cupos, de becas y de apoyo académico y/o psicosocial), aunque aún resultan insuficientes en comparación con las necesidades y demandas. Varios Estados, universidades y otros tipos de IES públicas y privadas de América Latina han establecido programas de cupos y de becas, otro tanto han hecho varias fundaciones privadas.  Existen opiniones encontradas respecto de este tipo de programas. Algunas enfatizan que no sólo crean oportunidades para individuos, sino que contribuyen a desarrollar capas de profesionales indígenas que sirven de manera directa a sus pueblos y comunidades, así como que muchos de estos profesionales juegan papeles fundamentales en el desarrollo y gestión de experiencias de los cuatro tipos restantes de esta clasificación. Otras opiniones destacan que este tipo de programas favorecen la “fuga de cerebros” desde las comunidades apartadas hacia las grandes ciudades, así como su “occidentalización”, la pérdida de sus valores étnicos, de sus lenguas y de la valoración por sus saberes. Otras señalan que con las becas no basta, porque en las IES “convencionales” estos estudiantes frecuentemente deben lidiar con problemas de racismo, además de que en el currículo no encuentran reflejadas las historias, idiomas y conocimientos de sus pueblos, a lo que se añade que se encuentran muy lejos de sus familias y comunidades.  Algunos programas de inclusión de individuos combinan más de una estrategia de abordaje, por ejemplo combinan cupos con becas y/o con apoyo psicosocial, otros se complementan con seminarios transversales, o con cátedras libres orientadas a educar sobre el tema a la comunidad universitaria en su conjunto, o bien se articulan con proyectos de investigación y/o de extensión que se desarrollan conjuntamente con comunidades de pueblos indígenas y/o afrodescendientes.

 

Las características de las formas de colaboración intercultural en el marco de programas de “inclusión de individuos” son muy diversas. En algunos casos son complejas y elaboradas, en otros consisten solo en actividades que se presentan como “diálogos de saberes”, las cuales frecuentemente se limitan a organizar mesas de trabajo en las que docentes o investigadores universitarios e intelectuales o referentes de alguna comunidad u organización indígena presentan sus puntos de vista sobre algún asunto en particular. Pero los formatos utilizados habitualmente solo permiten que apenas dialoguen amablemente. No permiten profundizar, ni menos aún plantearse actividades conjuntas en las que podrían construirse formas de colaboración intercultural sostenibles. Las iniciativas de este tipo no deben desvalorizarse, muchas veces son un valioso primer paso, pero es importante tener conciencia de sus limitaciones y buscar formas de avanzar hacia objetivos más ambiciosos.

 

2)  Programas de formación técnica o profesional (conducentes a títulos u otras certificaciones) creados por universidades u otras IES “convencionales”

 

Existen diversas modalidades dentro de este grupo de experiencias. En algunas de ellas se registra escasa colaboración intercultural, mientras que en otras la participación de organizaciones y comunidades indígenas y/o afrodescendientes resulta significativa. En algunos de estos casos se constata además una participación importante de docentes provenientes de los mencionados pueblos y la inclusión de sus lenguas, conocimientos, formas de aprendizaje y modos de producción de conocimiento. Muchas de estas experiencias están orientadas a la formación de docentes para programas de educación intercultural bilingüe a diversos niveles del sistema educativo.

 

En algunas de estas experiencias, las personas indígenas o afrodescendientes no solo participan como estudiantes, sino que también se incorpora a sabios y ancianos de las comunidades para que contribuyan con sus conocimientos. En algunos casos su participación es solo ocasional, pero otras participan en calidad de docentes durante uno o más cursos. Junto con esto se presenta el problema de que por no contar con título universitario (y en ocasiones tampoco de otros niveles educativos) estos sabios no son formalmente reconocidos como docentes, ni remunerados como tales. Estas situaciones además de ser injustas constituyen nuevos mecanismos de subalternización de conocimientos y personas indígenas, y son fuentes de conflictos. Paradójicamente, estos referentes indígenas o afrodescendientes generalmente son los únicos pueden dar clases de idiomas indígenas, o sobre las respectivas historias y cosmovisiones, o al menos quienes mejor pueden hacerlo.

 

Muchos de programas de este tipo están dirigidos a docentes en servicio en comunidades indígenas o afrodescendientes. Aprovechando esta posibilidad, suelen combinar las actividades en las aulas universitarias con formas de enseñanza-aprendizaje en servicio en las escuelas de las comunidades en las cuales estos estudiantes universitarios son docentes. En otros casos, las clases a cargo de sabios indígenas se dan en los propios territorios, especialmente cuando el contenido de las mismas se relaciona con conocimientos etnobotánicos y otros en los cuales estar en territorio resulta especialmente provechoso. Estas estrategias de trabajo suelen abrir amplias posibilidades para desarrollar formas sostenibles de colaboración intercultural. No obstante, éstas no están exentas de asimetrías de poder, dificultades y conflictos, todo lo cual es –de todos modos- parte de los caminos a transitar para poder construir modalidades sostenibles de colaboración intercultural, que sean equitativas y provechosas.

 

3) Programas y proyectos de docencia, investigación y/o de vinculación social, desarrollados por  IES “convencionales” con participación de comunidades de pueblos indígena y/o afrodescendientes.

 

El conjunto de experiencias que forzadamente incluyo en este conjunto es expresión de la diversidad de contextos, culturas profesionales y académicas, culturas institucionales, y normativas monoculturalistas, que ponen a prueba la creatividad de numerosos grupos de docentes, investigadores, autoridades universitarias y otros actores significativos. Por esto, bajo la complicada denominación de esta modalidad he agrupado muy diversas experiencias, que un tanto arbitrariamente se podrían separar en tres subconjuntos, pero el problema es que algunas formarían parte de más de uno de éstos. Las experiencias comprendidas en cualquiera de ellos pueden alcanzar logros más o menos significativos en el desarrollo de relaciones de colaboración intercultural, las cuales como en los casos antes comentados no están exentas de diferencias de intereses y visiones, asimetrías de poder, dificultades y eventualmente conflictos.

 

El primero de esos subconjuntos abarcaría las experiencias centradas principalmente en programas o proyectos de docencia, algunos de los cuales incluyen componentes de investigación y/o de vinculación con la comunidad. Se diferencian de los del tipo descrito en la sección anterior (3.2) en que se trata de una o más asignaturas o seminarios, que no necesariamente otorgan créditos, puntos, u horas para graduarse. Dependiendo de los casos, este tipo de actividades se caracteriza por incluir la participación de docentes provenientes de los pueblos indígenas y la inclusión de lenguas, saberes y modos de producción de conocimiento y aprendizaje propios de estos pueblos.

 

El segundo subconjunto abarcaría experiencias en las cuales la colaboración intercultural se da principalmente a través de programas o proyectos de investigación, algunos de los cuales además incluyen actividades docentes, otras no. Según los casos, estas experiencias producen conocimientos sobre estas comunidades, sistematizan sus idiomas y conocimientos, o generan tecnologías, que comparten de manera proactiva con las comunidades, o bien hacen esto mismo pero mediante modalidades de coproducción.

 

El tercer subgrupo incluiría experiencias en las que la colaboración se da especialmente mediante proyectos denominados de “vinculación”, “extensión”, “servicio”, u otras denominaciones, orientados a mejorar la calidad de vida de las comunidades. En muchos casos no se limitan a “aplicar” saberes académicos en las comunidades, sino que integran saberes de las comunidades. Este tipo de casos se caracterizaría porque aunque incluyen actividades docentes y de investigación, sus actividades principales son de servicio a y vinculación con las comunidades.

 

4) Convenios de co-ejecución entre universidades u otros tipos de IES “convencionales” y organizaciones o comunidades indígenas y/o afrodescdneintes

 

Aunque se trata de una modalidad de trabajo potencialmente muy provechosa, las experiencias de este tipo son relativamente escasas. Algunas se conciben desde el principio para alcanzar metas relativamente limitadas y son de duración muy acotada, unos meses, un año, un par de años. Otras comienzan de esta forma pero su existencia si los convenios se renuevan su existencia se extiende. En tanto otras se conciben desde el principio para extenderse por varios años, algunas de ellas han dado lugar a la creación de programas especiales al interior de las universidades u otras IES. Todas ellas involucran desde el comienzo la necesidad de negociar intereses y objetivos. Todas las que han sido estudiadas desde los dos proyectos que sirven de referencia a este artículo han sido propuestas por organizaciones, comunidades o referentes indígenas o afrodescendientes a las universidades u otros tipos de IES. Todas ellas han logrado satisfacer en mayor o menor medida los objetivos previstos. Esto de ningún modo supone que en el curso de las mismas no se hayan presentado diferencias y conflictos, sino que se ha logrado manejar estos sin comprometer los objetivos.

 

  1. Universidades y otros tipos de IES interculturales

 

Las universidades y otros tipos de IES interculturales se caracterizan por integrar los saberes, modos de producción de conocimiento y modos de aprendizaje de varias tradiciones culturales. Más allá de este rasgo común, estos tipos de instituciones son muy diversos entre sí, como consecuencia de las diferencias existentes entre diversos pueblos indígenas o afrodescendientes, diversos Estados nacionales, diversos actores que han intervenido en su creación y otros factores. No existe un modelo de referencia, y dadas las diferencias apuntadas tampoco sería pertinente pretender establecerlo.

 

Como consecuencia del proceso de colonización y las continuidades del mismo observables en las repúblicas fundadas en el siglo XIX, estas instituciones han sido creadas especialmente para atender las demandas y propuestas de formación de pueblos indígenas y/o afrodescendientes. Lo cual de ningún modo puede considerarse “natural”, ya que en sociedades pluriculturales la educación intercultural debería estar dirigida a todos los componentes de las mismas.

 

El caso es que estas instituciones reciben principalmente estudiantes indígenas y/o afrodescendientes y en mucho menor medida estudiantes que no se identifican  como pertenecientes a estos pueblos. En vista del rezago de los Estados en satisfacer las demandas de “interculturizar toda la educación superior”, dirigentes y organizaciones indígenas y afrodescendientes de varios países de la región se han dado a la tarea de crear instituciones propias. Por otra parte, también existen universidades y otros tipos de IES de carácter intercultural que han sido creadas por organismos estatales de distinto nivel, y otras que han sido creadas formando parte de una universidad o sistema universitario “convencional”. También existe un caso particular, el de la Universidad Indígena Intercultural, que ha sido creada por un organismo multilateral particular, el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, el cual es cogobernado por un cuerpo de representantes de gobiernos y organizaciones indígenas.

 

Las publicaciones de los dos proyectos que sirven de referencia a este artículo documentan la experiencia de varias universidades de cada uno de los tipos antes mencionados (Mato, coord., 2008, 2009a, 2015, 2016). Limitaciones de extensión impiden exponer acá sobre las importantes diferencias existentes entre las universidades u otras IES interculturales creadas por organizaciones y/o referentes indígenas y/o afrodescendientes y las creadas por organismos estatales, sobre las cuales se ha expuesto en detalle en las publicaciones antes mencionadas. No obstante, de manera sintética cabe afirmar que en la mayoría de las universidades creadas por organizaciones y/o intelectuales de pueblos indígenas y/o afrodescendientes, el adjetivo “intercultural” alude a que incluyen conocimientos de diversos pueblos de estos tipos y también de la tradición occidental moderna. En esto se diferencian claramente del uso que los Estados hacen de este mismo adjetivo, ya que estos lo utilizan para referir a las relaciones entre dos “culturas” homogéneamente representadas, la de la “sociedad nacional” y “la indígena”. Si bien suelen reconocer la existencia de diferencias al interior de esta última, en la práctica suelen presentarla como si fuera homogénea. En cualquier caso, a los efectos del foco de este texto, lo más importante es tener presente que dado su carácter intercultural, todas los tipos de universidades y otras IES incluidas en este último tipo de la tipología involucran el desarrollo de relaciones de colaboración intercultural entre actores diversos, en algunos más casos más diferenciados entre sí que en otros.

 

  1. EDUCACIÓN SUPERIOR Y PUEBLOS INDÍGENAS Y AFRODESCENDIENTES: LOGROS, PROBLEMAS Y DESAFÍOS

 

Los ya mencionados dos proyectos de amplio alcance que sirven referencia a este artículo han permitido identificar tanto los principales logros de las experiencias estudiadas, como los problemas y desafíos que estas deben enfrentar. De manera sintética son los siguientes:

 

1) Logros: Los principales logros de los programas, universidades y otras IES estudiadas son: i) mejoran las posibilidades de que individuos indígenas y afrodescendientes accedan a oportunidades de educación superior y culminen exitosamente sus estudios, ii) ajustan su oferta educativa a necesidades, demandas y proyectos de las comunidades y la relacionan con oportunidades locales y regionales (subnacionales) de empleo, generación de iniciativas productivas y servicio a la comunidad, iii) desarrollan modalidades participativas de aprendizaje centradas en la investigación aplicada, iv) integran docencia/aprendizaje, investigación y servicio a las comunidades, v) integran diversos tipos de saberes y modos de producción de conocimiento, vi) promueven la valorización y, según los casos, incorporan lenguas y conocimientos propios de estos pueblos y comunidades, contribuyen proactivamente a su fortalecimiento y realizan investigación sobre ellos, vii) desarrollan docencia e investigación orientados por criterios de valoración de la diversidad cultural, interculturalidad, equidad, inclusión, gobernabilidad democrática, desarrollo humano y sostenible, viii) forman egresados que contribuyen al desarrollo sostenible local y regional y al mejoramiento de la calidad de vida de sus comunidades.

 

2) Problemas y desafíos: Los problemas y desafíos más frecuentemente enfrentados por estas universidades, IES y programas son: i) insuficiencia y/o precariedad presupuestaria, ii) actitudes racistas por parte de funcionarios públicos y diversos sectores de población que afectan el desarrollo de sus actividades, iii) dificultades derivadas de la rigidez de los criterios de evaluación aplicados por las agencias especializadas de los Estados encargadas de otorgar reconocimiento y/o acreditación, iv) obstáculos institucionales derivados de la rigidez de procedimientos administrativos, los cuales afectan la ejecución de sus planes y actividades, v) obstáculos institucionales derivados de la rigidez de criterios académicos aplicados por las IES dentro de las cuales funcionan algunos de los programas estudiados, y/o por agencias gubernamentales que otorgan fondos para investigación y actividades de formación, vi) dificultades para conseguir docentes y otro personal con adecuada sensibilidad y recursos personales y técnicos para el trabajo intercultural, vii) dificultades económicas de los estudiantes para poder dedicarse más y mejor a su formación, viii) insuficiencia de becas.

 

  1. PROBLEMAS Y DESAFÍOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE MODALIDADES DURADERAS Y PROVECHOSAS DE COLABORACIÓN INTERCULTURAL

 

Los avances desde la invocación de la expresión “diálogo de saberes”, que suele servir de inspiración o primer paso a muchas iniciativas en el campo que nos ocupa, hacia la construcción de modalidades duraderas y provechosas de colaboración intercultural en docencia, investigación y/o extensión, suelen darse a través de una compleja trama de dificultades, negociaciones y conflictos, no solo entre actores claramente diferenciados (por ejemplo entre universidades y organizaciones, comunidades o referentes de pueblos indígenas), sino frecuentemente al interior de las propias universidades, entre diversos sectores de las mismas, así como con las agencias gubernamentales que acreditan sus actividades, formulan políticas y otorgan fondos para su funcionamiento.

 

En ocasiones el llamado “diálogo de saberes” no pasa de la mutua escucha de las exposiciones de conocimientos entre académicos y personas de conocimiento, ancianos o dirigentes de las comunidades. En otros, en cambio, la organización de eventos de este tipo responde a una estrategia de construcción más ambiciosa, en la cual aún no se ha logrado avanzar mucho, debido a que esto, como sabemos, toma tiempo y esfuerzos. Escucharnos mutua, concienzuda, sensible y respetuosamente es sin duda muy importante y una condición imprescindible para poder “avanzar” hacia modalidades sostenibles de colaboración intercultural  que sean mutuamente respetuosas y equitativas, y no solo eso, sino que contribuyan a construir sociedades más democráticas. Estas formas de colaboración son necesarias para el desarrollo de experiencias duraderas y provechosas de producción y aplicación de conocimientos, para el aprendizaje de conocimientos, el desarrollo de destrezas y competencias, y para la puesta en práctica de acciones en beneficio de comunidades de pueblos indígenas y de la sociedad en general, las cuales –no puede omitirse– también benefician a las universidades.

 

Las modalidades de colaboración intercultural a las que hago referencia no son una quimera, existen. Muchas de ellas son características de algunas de las experiencias en este campo actualmente existentes a las que he hecho referencia en la sección 3 de este mismo artículo. Los retos ahora son de dos tipos. Por un lado es necesario diferenciar entre la expresión genérica “diálogo de saberes”,  a veces aplicada de manera bastante ingenua y como si con solo invocarla se abriera un espacio de idílica armonía, y la construcción de modalidades duraderas y provechosas de colaboración intercultural, lo cual entre otras cosas demanda reconocer la existencia de diferencias, inequidades y conflictos. Por otro lado,  se trata de lograr la profundización, valoración, apoyo y reconocimiento institucional tanto de las universidades (y otros tipos de IES) indígenas, afrodescendientes, interculturales y comunitarias actualmente existentes, como de los tipos de acciones que suelen ser impulsadas en el marco de los programas especiales de formación en universidades convencionales a que hemos hecho referencia en la tipología antes presentada, como también en los programas de inclusión de individuos (que algunos actores en este campo llaman “de acción afirmativa”, traduciendo la expresión en inglés “affirmative action”), así como en los proyectos y programas impulsados por cátedras, departamentos, centros e institutos de investigación y en muchos casos incluso por colegas individuales o grupos de colegas, en los cuales –según los casos– trabajan en colaboración con personas, comunidades y/u organizaciones indígenas en labores de extensión, docencia y/o investigación.

 

Estos variados tipos de experiencias de colaboración intercultural pueden servir de referencia para desarrollar estrategias de trabajo adecuadas a los diversos contextos sociales e institucionales. No resulta recomendable tratar de seguir el formato de supuestas “buenas” o “mejores” prácticas, sino aprender de los logros y dificultades de experiencias propias y ajenas para desarrollar nuevas experiencias, cónsonas con las propuestas de los actores participantes y pertinentes respecto de los contextos específicos en que se procura crearlas. Con estos objetivos en vista, me parece conveniente agregar algunas palabras sobre cuatro de los problemas y desafíos mencionados en la sección anterior:

 

  1. i) Insuficiencia y/o precariedad presupuestaria: Los problemas derivados de insuficiencias presupuestarias puede que resulten obvios. Pero quienes no participan directamente de este tipo de experiencias, tal vez no logren dimensionar lo inmensamente dañina que puede resultar la precariedad presupuestaria no solo para cualquier proyecto, sino especialmente para aquellos que se desarrollan en colaboración con comunidades sociales que ya conocen una larga historia de incumplimientos por parte de las instituciones del Estado, universidades incluidas. Que no solo el inicio, sino también la continuidad de las actividades desarrolladas con estas comunidades (sean de formación, extensión, aprendizaje-servicio, o de investigación) dependa de convocatorias anuales de fondos que pueden ganarse o no, dependiendo de evaluaciones que quienes estamos en tema en no pocas ocasiones consideramos cuestionables, que además esos fondos usualmente sean muy insuficientes y que para peor en ocasiones se reciban con atraso, conspira contra cualquier posibilidad de hacer un trabajo serio y de ser dignos de la confianza y el respeto de las comunidades con las cuales trabajamos. Para lograr avanzar en la construcción de modalidades sostenibles de colaboración intercultural con comunidades de pueblos indígenas y/o afrodescendientes es necesario contar con presupuestos suficientes y regulares. Es necesario lograr que los tomadores de decisiones comprendan y valoren la importancia de este tipo de problemas. Este tipo de problemas debe encararse otorgándole la importancia crucial que tiene y disponiéndonos a llevar los planteos del caso a todas las instancias necesarias. Esto demanda abordarlo con la densidad ética, política y académica que amerita. Es necesario que algunos de nuestros proyectos de investigación y los artículos resultantes se dediquen a hacer visible este tipo de problemas y sus consecuencias. Es necesario formar opinión al respecto, para esto puede resultar provechoso escribir sobre el tema en medios de comunicación universitarios. También puede ser útil enviar comunicaciones directas a los órganos de gobierno universitario y a las agencias gubernamentales que otorgan fondos para Educación Superior y Ciencia y Técnica. El presupuestario no es un problema menor. Debe ser un punto central en las deliberaciones sobre el tema y pasar a formar parte de las agendas compartidas entre quienes trabajamos en estos tipos de experiencias. Si no se logra avanzar en esta materia de poco sirven las reflexiones epistemológicas, éticas y políticas que podamos hacer en las aulas o en nuestras publicaciones.

 

  1. ii) Dificultades derivadas de la rigidez de los criterios de evaluación aplicados por las agencias especializadas de los Estados encargadas de otorgar reconocimiento y/o acreditación: Este es un problema muy importante respecto del cual han venido insistiendo diversos actores significativos. Las universidades indígenas e interculturales, como los programas especiales con/para pueblos indígenas y/o afrodescndientes no pueden ser evaluadas con los mismos criterios que las universidades “convencionales”, sus facultades y carreras. No porque sean de “menor calidad”, sino porque responden a otros objetivos, es decir, porque son cualititativamente diferentes de las “convencionales”. Del mismo modo que las carreras de ingeniería no pueden ser evaluadas con los mismos criterios que las de medicina, o viceversa, ni las derecho con los mismos criterios que las de agronomía, o viceversa. Los problemas radican tanto en los protocolos de evaluación establecidos por las instituciones, como en los frecuentemente escasos o nulos conocimientos de los “pares evaluadores” respecto de asuntos relativos a diferencias y relaciones interculturales, colaboración intercultural y otros conexos, y las consecuentes limitaciones al respecto de su sensibilidad, “visión” y criterios. Un ejemplo significativo puede ser el de las limitaciones impuestas por los protocolos de evaluación de las instituciones que impiden valorar que si bien las universidades indígenas no suelen contar con bibliotecas poseedoras de grandes colecciones de publicaciones en varios idiomas, en cambio cuentan con los conocimientos de sabios indígenas y otros de tradición oral que circulan en sus respectivos territorios. Estos problemas en general están asociados a las ideas hegemónicas de “calidad académica” que sobrevaloran las publicaciones en revistas académicas, especialmente si son internacionales y de “alto impacto”. En cambio, no valoran la importancia y beneficios para las universidades de las experiencias de vinculación social, como espacios de formación de los estudiantes, y de identificación de temas de investigación y desarrollo de actividades de investigación de docentes, investigadores y los propios estudiantes.

 

iii) Obstáculos institucionales derivados de la rigidez de criterios académicos aplicados por las universidades dentro de las cuales funcionan algunos de los programas estudiados, y/o por agencias gubernamentales que otorgan fondos para investigación o formación: Este tipo de obstáculos resulta bastante semejante al tipo antes mencionado, pero los menciono separadamente porque dificulta la posibilidad de sumar las contribuciones de sabias/os indígenas y/o afrodescendientes que no poseen títulos universitarios, tanto en actividades docentes como de investigación. Este problema no es menor. Refuerza asimetrías de poder, deslegitima los conocimientos de los pueblos indígenas y/o afrodescendientes, al hacerlo respecto de estos especialistas no universitarios, quienes en muchos casos poseen conocimientos tanto o más valiosos que sus contrapartes universitarias. Muchos de quienes trabajamos con estos colegas indígenas y/o afrodescendientes hemos tenido que confrontar respecto de este tema con las burocracias universitarias, y/o de agencias gubernamentales. Este, como los dos tipos de dificultades anteriores, demanda que nos comprometamos proactivamente en hacer investigación que muestre los problemas generados, así como en argumentar sobre el tema en todos los foros posibles. La construcción de modalidades sostenibles de colaboración intercultural exige este tipo de labor, no puede ignorarse. La apropiada valoración de este tipo de modalidades que van –digamos- a contrapelo de la institucionalidad establecida y naturalizada como “sentido común” demanda que se realice investigación sobre estos temas. No es algo opcional.

 

Referencias

 

Almeida, M., Marmet, M., Strada, V., Zuttión, B. y Cabrera, Z. (2011) “Producción de saberes y extensión”. Ponencia presentada en el XI Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria “Integración extensión, docencia e investigación para la inclusión y cohesión social”, Santa Fe 22 al 25 de noviembre.

Banco Mundial (2015)  Latinoamérica indígena en el siglo XXI : primera década. Washington DC: Banco Mundial

 

CIDH-OEA – Comisión Interamericana de Derechos Humanos (2011) La situación de las personas afrodescendientes en las Américas. (OEA/Ser.L/V/II. Doc. 62 5 diciembre 2011. Original: Español): Washington DC: Organización de los Estados Americanos (OEA)

 

IIPE – UNESCO –  Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (2012) La situación educativa de la población indígena y afrodescendiente en América Latina, Buenos Aires: IIPE-UNESCO.

 

FAUBA – Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires (2015) Libro de resúmenes de la VI Jornada de Difusión de Actividades de Extensión en la FAUBA “La extensión y la investigación, procesos que se retro-alimentan”. Buenos Aires, 6 de noviembre. Disponible:

https://www.agro.uba.ar/sites/default/files/libro_de_resumens_jornada_2015.pdf

 

Macas, L. (2001): Diálogo de culturas. Hacia el reconocimiento del otro’. En: Yachaykuna (Instituto Científico de Culturas Indígenas), 2, 44-55

 

Mato, D. (2013a) Aprendizajes de equipos universitarios en experiencias de colaboración con comunidades y organizaciones sociales, realizadas con apoyo del Programa de Voluntariado Universitario de Argentina, en 2008. Apuntes. Revista de Ciencias Sociales (Universidad del Pacífico, Perú) Vol. XL Nro. 72: 33-56.

 

— (2013b)   Contribución de experiencias de vinculación social de las universidades al mejoramiento de la calidad académica y factores que limitan su desarrollo y valoración institucional. Revista Avaliação: Revista da Avaliação da Educação Superior  (Universidade de Sorocaba, Brasil). 18(1): 151-180.

 

— (2015)  Vinculación social universitaria en Argentina.  Diversidad de orientaciones de trabajo, logros y dificultades de las experiencias apoyadas por el Programa Nacional de Voluntariado Universitario. CPU-e, Revista de Investigación Educativa (Universidad Veracruzana, México) Vol. 20: 132 – 149.

 

Mato, Daniel, coord. (2008)  Diversidad cultural e interculturalidad en Educación Superior. Experiencias en América Latina. Caracas: UNESCO-IESALC.

 

—  2009a   Instituciones Interculturales de Educación Superior en América Latina. Caracas: UNESCO-IESALC.

 

—   2009b  Educación Superior, Colaboración Intercultural y Desarrollo Sostenible/Buen Vivir. Experiencias en América Latina.  Caracas: UNESCO-IESALC.

 

—   2012  Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina. Normas, Políticas y Prácticas Caracas: UNESCO-IESALC.

 

—  2015 Educación Superior y Pueblos Indígenas. Contexto y  Experiencias. Sáenz Peña: EDUNTREF.

 

—   2016  Educa ción Superior y Pueblos Indígenas en América Latina. Experiencias, interpelaciones y desafíos. Sáenz Peña: EDUNTREF y México DF: Universidad Nacional Autónoma de México-UNAM.

 

— 2017 Educación Superior y Pueblos Indígenas y Afrodescendientes en América Latina. Políticas y prácticas de inclusión, democratización, e interculturalización. Sáenz Peña: EDUNTREF

 

Universidad Intercultural Amawtay Wasi (2004): Sumak Yachaypi, Alli Kawsaypipash Yachakuna /  Aprender en la Sabiduría y el Buen Vivir / Learning Wisdom and the Good Way to Live. Quito: Universidad Intercultural Amawtay Wasi.

[1] Significativamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos fue adoptada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, y la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial en 1965.

 

[2] En este artículo, como en publicaciones anteriores, denomino “convencionales” a las universidades que no han sido creadas por referentes y/u organizaciones de pueblos indígenas o afrodescendientes, o para responder a sus demandas y propuestas. Desde luego, se trata solo de una denominación genérica a los fines de la exposición, por cuanto dentro del universo de las así llamadas “convencionales” cabe observar la existencia de diversos tipos de modelos universitarios.

[3] http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=365&Itemid=423&lang=es

 

[4] http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=365&Itemid=423&lang=es

 

[5] Ver: http://virtualeduca.org/documentos/2012/declaracion-panama-2012.pdf

[6] Ver:  http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=2973:presentan-iniciativa-latinoamericana-por-la-diversidad-cultural-y-la-interculturalidad-con-equidad-en-educacion-superior&catid=100:en-portada&Itemid=449&lang=en

 

[7] El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es uno de los instrumentos internacionales más importantes respecto del tema que nos ocupa, y ya ha sido ratificado por catorce países latinoamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela. Tal como lo dispone este Convenio y las constituciones nacionales de los países antes mencionados, los Estados que han ratificado este instrumento internacional están obligados a acatar sus regulaciones. No es posible acá entrar en detalles, pero como mínimo cabe señalar que los artículos 22, 26 y 27 del Convenio 169 consagran derechos específicos a los pueblos indígenas en materia de “educación a todos los niveles”. Otros instrumentos internacionales relevantes son la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (1965), la Convención Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966), la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas Pertenecientes a Minorías Étnicas, Religiosas y Lingüísticas (1992), la Declaración Universal de la UNESCO sobre Diversidad Cultural (2001), la Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005), la Declaratoria de Naciones Unidas de la Segunda Década de los Pueblos Indígenas 2005-2015, y la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007).

 

[8] Fuentes: Totales nacionales: CELADE. Revisión 2015. Datos de poblaciones afro-descendientes: http://www.alapop.org/alap/Serie-E-Investigaciones/N4/FINAL_Alap2015_Serie_eInvestigaciones_14012016.pdf

Datos de pueblos indígenas: Banco Mundial, Latinoamérica Indígena en el Siglo XXI, 2015).

 

[9] Las mencionadas fuentes no ofrecen datos respecto de Cuba, Haití, Uruguay y República Dominicana.

 

[10] Las mencionadas fuentes no ofrecen datos respecto de Chile, México, Perú, Haití y República Dominicana.

[11] http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@ed_norm/@normes/documents/publication/wcms_100910.pdf

 

[12] Ibidem.

 

[13] Ibidem.

[14] http://www.me.gov.ar/doc_pdf/ley_de_educ_nac.pdf

 

[15] Todos los libros resultantes de la labor realizada desde UNESCO-IESALC y desde UNTREF se encuentran disponibles tanto en versión impresa como digital, estas últimas en los sitios de dichas instituciones en Internet: http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=22&Itemid=405&lang=es  y  http://untref.edu.ar/sitios/ciea/biblioteca/ 

*Para descargar el artículo  en PDF puede ser mediante el siguiente enlace:
https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar/publicaciones/index.php/Extension/article/view/7064/10349

*Este artículo se reproduce en OVE bajo permiso del autor, para reproducir o copiar este escrito debe ser con previa autorización del autor. (más…)

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Las universidades ante el reto digital

Por: Alejandro Tiana

El reto que actualmente deberían plantearse las universidades consiste en adaptarse a las exigencias de la sociedad digital, más que en utilizar las TIC manteniendo inalterables sus rasgos tradicionales.

Universidad de Navarra / CC BY-ND (Flickr)
Universidad de Navarra / CC BY-ND (Flickr)

En los últimos tiempos he recibido varias invitaciones (o quizás debería decir incitaciones) para hablar o escribir acerca de los cambios que previsiblemente afectarán a las universidades como consecuencia de la incorporación masiva y acelerada de los recursos tecnológicos digitales, que por otra parte no cesan de renovarse. Como consecuencia de esas propuestas, he tenido recientemente la fortuna de coordinar, junto con otros colegas también interesados en el tema, dos monográficos sobre la respuesta que deberían dar las universidades al reto digital: uno en 2015 en la revista Telos y otro que aparecerá en la revista Comunicar a mediados de 2017. Basándome en esa experiencia, me gustaría trasladar a nuestros lectores las principales conclusiones a que dicha reflexión me ha llevado.

Lo primero que conviene subrayar es que las universidades son una realidad institucional con una larga historia, cuyo origen se remonta a la Edad Media europea. No cabe duda de que han cambiado mucho desde entonces. Las circunstancias que han impulsado su evolución son muy diversas y tienen que ver tanto con los cambios sociales y culturales como con el avance experimentado en el ámbito educativo y científico. Aunque parezca un efecto colateral, también las transformaciones producidas en los modos y los medios de comunicación han afectado a la educación en general y a la universidad en particular. Así, por ejemplo, la invención del ferrocarril, el despegue de la industria periodística y la expansión de los servicios postales a mediados del siglo XIX permitieron el desarrollo, aún incipiente, de diversas experiencias de enseñanza por correspondencia. Con el paso de los años, la incorporación del teléfono, la radio, el audiocasete, la televisión y el video permitieron articular y desarrollar nuevos modelos de comunicación didáctica, de manera cada vez más formalizada, que acabaron llegando a la universidad bajo la fórmula de las universidades a distancia, entre cuyas primeras iniciativas pueden mencionarse la Open University inglesa, la UNED española o la FerUniversität alemana.

Pero ha sido realmente en las últimas décadas cuando el avance registrado por las tecnologías de la información y la comunicación ha producido un impacto notable sobre el mundo universitario, sin duda mucho más acusado que en el caso de las tecnologías anteriores. La explicación de este fenómeno es sencilla: las TIC han afectado profundamente a los sistemas de producción, a la organización económica y social, a nuestras pautas culturales, a las relaciones internacionales, entre muchos otros ámbitos. La incorporación de las TIC es un proceso inacabado y seguramente inacabable, una realidad ya asentada, pero también abierta a lo inesperado y que afecta al conjunto de nuestras vidas.

Lógicamente, las universidades no podían quedar al margen de esta tendencia general. En consecuencia, han informatizado sus sistemas de gestión, presentado su oferta formativa e investigadora a través de Internet, creado campus virtuales, establecido sistemas de apoyo no presencial a los estudiantes y comenzado a producir materiales didácticos interactivos.

Esa incorporación de sucesivos recursos tecnológicos ha abierto caminos antes inexplorados, propiciando la aparición de nuevos modelos universitarios, como es el caso de la hoy denominada educación virtual, en línea o digital, por no citar sino una manifestación llamativa. Su contribución se puede concretar en varias aportaciones fácilmente identificables:

  • Se ha elaborado y difundido una metodología didáctica rigurosa y de carácter sistemático, que hoy sirve de base para la elaboración de cursos capaces de apoyar el estudio independiente y el aprendizaje autónomo y cooperativo. Dicha metodología puede ser aplicada, tanto en las universidades convencionales, como en las universidades a distancia o en línea, bajo la forma de clases invertidas (flipped classrooms), videoclases o seminarios enlazados mediante videoconferencia.
  • Se han producido y difundido un buen número de materiales didácticos digitales e hipertextuales, basados en la combinación de medios y de carácter interactivo, que están permitiendo compartir contenidos y no solo distribuirlos. En muchos casos, dichos materiales están disponibles en repositorios de recursos educativos abiertos. Los materiales que sirven de base a los MOOC son una buena demostración de las posibilidades abiertas por este nuevo modelo.
  • Se han habilitado nuevos canales diversificados de apoyo al estudiante, basados en el uso de herramientas tales como los foros virtuales, a su vez conectados en muchas ocasiones con diversas redes sociales (generales o específicas), que están permitiendo el establecimiento de una comunicación fluida y rápida entre los estudiantes y de estos con sus docentes.
  • Se ha configurado una gama diversificada de apoyos al estudio, tanto presenciales como virtuales, que permiten personalizar el aprendizaje. La coexistencia de bibliotecas físicas y en línea, tutorías presenciales o virtuales, videoconferencias y chats permite a cada estudiante encontrar la combinación de medios y recursos que mejor se adecúe a sus características, estilo de aprendizaje y necesidades prácticas.

Este tipo de aportaciones ha venido a confluir con otros cambios relativos a la concepción de los procesos de enseñanza y aprendizaje, la aparición y el desarrollo de un nuevo concepto de aprendizaje a lo largo de la vida, la demanda de nuevos modelos formativos no formales, o la necesidad de acceso a un conocimiento distribuido globalmente. Todo ello ha abierto muy notablemente el panorama de actuación de las universidades y planteado nuevas posibilidades de atención a los estudiantes.

No obstante, a la vista de esos cambios, no faltan quienes se preguntan si la universidad ha comprendido realmente las implicaciones y exigencias de la sociedad digital, planteando dudas al respecto. hay incluso quien considera que iniciativas como la construcción de campus virtuales han desincentivado la verdadera digitalización de la universidad, que debería afectar a aspectos tales como el tipo de enseñanzas que se ofrecen, el modo de abordar la conectividad y el aprendizaje en clave social o la manera de aprovechar la globalización del saber.

Desde esta perspectiva, considero que los avances antes mencionados son importantes, pero todavía queda espacio para continuar avanzando. En efecto, estoy convencido, al igual que otros colegas, de que el reto que actualmente deberían plantearse las universidades consiste en adaptarse a las exigencias de la sociedad digital, más que en utilizar las TIC manteniendo inalterables sus rasgos tradicionales. Dicho de otro modo, el reto realmente consiste en incorporar las universidades a la sociedad digital, lo que permitiría dar una respuesta adecuada a los desafíos que hoy se les plantean. Sobre este asunto merecerá la pena volver en alguna otra ocasión.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/01/26/las-universidades-ante-el-reto-digital/

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Dakar: Ni un solo niño fuera de la escuela

Dakar/febrero de 2018/Por: JOSÉ NARANJO/Fuente: https://elpais.com

La Conferencia de la Educación en Dakar ha sido un éxito: 1.860 millones de euros recaudados para los próximos tres años. Por primera vez aportan dinero China, Emiratos Árabes y Senegal. España dona tras la crisis y 50 países en desarrollo elevan su gasto al 20%. El impulso de Senegal y Francia ha ayudado.

“La batalla por la educación es la madre de todas las batallas; si la perdemos, perderemos todas las demás”. Estas palabras de Macky Sall, presidente de Senegal, resumen el espíritu del encuentro internacional de financiación de la Alianza Mundial por la Educación (AME), celebrado el pasado viernes en Diamnadio, en el que la escolarización de todos los niños y niñas del mundo y que la educación que reciban sea inclusiva, equitativa y de calidad, según el objetivo 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, vivió un importante impulso político y financiero.

Que haya 263 millones de niños no escolarizados en el mundo y que puedan ser 500 millones en pocos años si no se invierte la tendencia actual da una idea de la importancia del desafío. Durante la conferencia, patrocinada por el propio Sall y por su homólogo francés Emmanuel Macron y a la que asistieron una decena de jefes de Estado y Gobierno africanos y decenas de ministros de todo el mundo, la AME obtuvo el compromiso de los países donantes de contribuir con 2.300 millones de dólares (1.860 millones de euros) para el periodo 2018-2020, frente a los 1.300 millones conseguidos entre 2015 y 2017. Sin embargo, el mayor esfuerzo procedió de 50 países en vías de desarrollo que anunciaron un incremento de su gasto público en esta materia hasta alcanzar o superar el 20% de sus respectivos presupuestos, lo que representa 110.000 millones de dólares hasta 2020, frente a los 80.000 del periodo anterior.

Entre las instituciones y países donantes destacó el compromiso de la Comisión Europea, del Reino Unido, que anunció una inversión de 740 millones; de Noruega, que aportará 400 millones, y de Francia, que multiplica por diez su contribución alcanzando los 200 millones. Hay países que se incorporan por primera vez, como China o Emiratos Árabes Unidos, que inyectará 100 millones. Y como hecho inédito una nación africana, Senegal, se convierte también en donante con dos millones. España interrumpió en 2010 sus contribuciones a la AME debido a la crisis económica y ha regresado aportando 1,5 millones para 2018-2020. “Lo importante es haber vuelto, ya iremos subiendo en los próximos años”, dijo el secretario de Estado de Cooperación Internacional, Fernando García Casas, presente en el encuentro.

El cantante senegalés Youssou N'Dour durante la conferencia sobre financiación de la Educación celebrada en Dakar al final de la semana pasada. Al fondo, la imagen de Nelson Mandela.ampliar foto
El cantante senegalés Youssou N’Dour durante la conferencia sobre financiación de la Educación celebrada en Dakar al final de la semana pasada. Al fondo, la imagen de Nelson Mandela. LUDOVIC MARIN/REUTERS

“El compromiso por la Educación no es una elección, es una necesidad” dijo Macron nada más subir a la tribuna de oradores, “las sociedades de hoy están sumidas en el miedo al cambio climático, a la violencia, a los cambios tecnológicos y buscan respuestas en el repliegue en sí mismas, en los nacionalismos. Pero la única respuesta posible es la Educación”, aseguró. A su lado estaban los presidentes de países del Sahel afectados por el terrorismo yihadista, como Chad, Níger, Malí o Burkina Faso. “Estamos perdiendo terreno”, añadió, “en países frágiles surgen fundamentalismos que nos dicen que las niñas no deben ir al colegio. Debemos reaccionar y hacerlo ya”.

El presidente de Chad, Idris Déby, puso el acento en la carga que supone enfrentarse al radicalismo de Boko Haram y acoger a decenas de miles de refugiados, mientras que su homólogo nigerino, Mahamadou Issoufou, citó el problema demográfico. El 75% de la población de Níger tiene menos de 25 años y su inserción laboral es complicada. “Hemos incrementado el peso de la Formación Profesional en la Educación, pasando del 5 al 25% en 2016. Queremos llegar al 40% porque tenemos la obligación de dar trabajo a nuestros jóvenes”.

Los presidentes de Malí y Burkina Faso, Ibrahim Boubacar Keita y Marc Roch Cristian Kaboré, admitieron las dificultades para escolarizar a los niños y niñas. Sin embargo, Senegal es la prueba de que es posible avanzar, aunque sea a trompicones. En los últimos cinco años ha incrementado el gasto en Educación hasta alcanzar el 25,4% de su presupuesto, consiguiendo importantes logros en el acceso a la escuela. Aún quedan importantes desafíos relacionados con la calidad y las infraestructuras y que el 80% del dinero vaya a pagar a los profesores, como admitió el ministro Serigne Mbaye Thiam, deja poco margen de maniobra. “Hemos hecho un notable esfuerzo en la construcción de 6.800 abrigos provisionales para que nadie quede sin ir al colegio y estamos trabajando en la capacitación de los maestros mediante su titulación obligatoria”, añadió Sall.

Un discurso valiente y africanista

Pero fue Nana Akufo-Addo, el presidente de Ghana, quien logró levantar a los asistentes de sus asientos con un discurso valiente y profundamente africanista. “No podemos dejar en manos de otros la financiación de nuestra Educación porque cuando ellos cambien sus políticas, sufriremos. África es rica, aquí hay dinero. Eliminemos la corrupción y alcancemos acuerdos inteligentes con quienes quieren explotar nuestros recursos y habremos conseguido mucho. Tenemos capacidad para desarrollarnos por nuestros medios. Hagámoslo”, explicó. Una de sus primeras medidas como presidente ha sido la gratuidad de la enseñanza secundaria, lo que ha supuesto 90.000 estudiantes suplementarios en un año.

Es la primera vez que un país africano, Senegal, es donante en este fondo

La conferencia se celebró en el flamante Centro Internacional de Conferencias Abdou Diouf, en la localidad de Diamnadio, a unos 50 kilómetros de Dakar, cercana al recién inaugurado aeropuerto de la capital senegalesa, y contó con la participación de unas 1.200 personas, entre las que se encontraba la madrina de la AME, la cantante barbadense Rihanna. Tras su concierto inicial, el también cantante Youssou Ndour tuvo un cariñoso gesto hacia ella, así como el presidente Macky Sall, después de que en los últimos días grupos islamistas radicales la acusaran de promover la homosexualidad y el satanismo y pretendieran declararla persona non grata en Senegal. De hecho, limitó su agenda al encuentro internacional y canceló una visita a una escuela por razones de seguridad.

La AME es una alianza multilateral creada en 2002 para fomentar la escolarización y la educación de calidad en el mundo, sobre todo en los países más desfavorecidos, de los que 65 forman parte de ella, así como donantes, organizaciones de la sociedad civil y de docentes y fundaciones filantrópicas. Su presidenta, Julia Gillard, se declaró “entusiasmada” tras el encuentro por “la generosidad y la determinación de la que todos hemos sido testigos hoy por garantizar a cada niño y a cada joven un acceso a la educación de calidad. El éxito de esta conferencia marca un hito en el apoyo político mundial a la financiación de la educación”.

El presidente senegalés Macky Sall y su homólogo francés Emmanuel Macron durante la visita de este a Dakar para la Conferencia Mundial sobre Educación.ampliar foto
El presidente senegalés Macky Sall y su homólogo francés Emmanuel Macron durante la visita de este a Dakar para la Conferencia Mundial sobre Educación. REUTERS/PHILIPPE WOJAZER

El objetivo de 2.000 millones de dólares anuales procedentes de los donantes no está conseguido aún, pero la propia Gillard explicó que hay tiempo para seguir trabajando con otros socios como Estados Unidos o Japón y que “no descansaremos hasta que todos los niños y niñas puedan ir al colegio”. Macron y Sall también se comprometieron a proseguir con su tarea de embajadores de la AME, que invertirá el dinero recaudado en apoyar a los sistemas públicos de educación de 89 países del mundo (870 millones de alumnos) mediante proyectos de formación de docentes, construcción de aulas y distribución de manuales escolares, entre otras iniciativas.“Necesitamos inteligencia colectiva y visión política de largo alcance para lograrlo”, dijo Audrey Azoulay, directora general de UNESCO, “la Agenda 2030 para la Educación es la más ambiciosa jamás concebida”. A lo que el expresidente de Tanzania Jakaya Kikwete añadió: “Imaginad un mundo en el que 1.000 millones de niños y niñas no puedan ir al colegio y no tengan los conocimientos de base para poder desarrollarse. Si no reaccionamos, será una realidad pronto. Revirtamos esta crisis. Hoy es el día de empezar”.

Fuente de la Noticia:

https://elpais.com/elpais/2018/02/04/planeta_futuro/1517765755_579031.html

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Sin Cultura y Ciencias Sociales no se puede llegar a una Agenda de Desarrollo: Entrevista a Nuria Sanz, Directora de la Oficina de la UNESCO en México

UNESCO – México / Autor: Servicio de Prensa / Fuente: UNESCO

En ocasión de su visita a Cuba para hacer entrega del Premio “UNESCO-UNAM Jaime Torres Bodet de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes” a la Casa de las Américas, la Directora de la Oficina de la UNESCO en México, Sra. Nuria Sanz, ofreció una entrevista en exclusiva al Portal de la Cultura de América Latina y el Caribe, que nos complace compartir con nuestros lectores.

Casa de las Américas es la primera institución en recibir el Premio “UNESCO-UNAM Jaime Torres Bodet en las ciencias sociales, humanidades y artes”. ¿Qué la convierte en merecedora de este galardón?

Yo creo que hoy hay muchas cosas que celebrar, pero me parece que lo más importante es la celebración de un reencuentro, y cuando yo pensaba en Cuba y en Torres Bodet, hice un ejercicio de volver al libro de los 70 años que habíamos publicado hace poco más de año y medio y empecé a interesarme en cuál había sido la inspiración que junta en un momento muy delicado durante la Segunda Guerra Mundial a México y a Cuba, y la relación que se establece entre los dos países es una relación fraternal e intelectual.

En París, la ocupación nazi había hecho que la agencia, la plataforma de cooperación intelectual en el mundo estuviera pasando el peor de sus momentos. Es precisamente Alfonso Reyes, junto a algunos intelectuales cubanos, quien trae la discusión de cómo América se puede posicionar frente a la ocupación nazi y a la imposibilidad de la cooperación intelectual en Europa. Quieren traer a América una sede de esa institución, y la sede se pensó que fuese Cuba. Y la persona que más apoyó esa idea fue Alfonso Reyes, de la mano de Torres Bodet. Esto ocurre en el año 1941.

Estoy segura que, si Alfonso Reyes y si Torres Bodet nos están viendo -que estoy segura que nos están viendo y escuchando desde alguna parte-, estarían absolutamente encantados de pensar hasta dónde y hasta cuánto de lejos llegó ese primer instinto de cooperación.

En el año 1945, antes de la formación de la UNESCO, cuando Torres Bodet y los intelectuales cubanos se reúnen en el Reino Unido, en la primera reunión que sería el germen de la UNESCO, es Torres Bodet quien recuerda la voluntad cubana de que la cooperación intelectual en el mundo no cayera, no muriera, y es quien agradece a Cuba en un momento fundamental y fundacional de nuestra institución por haber mantenido, pues, muchas cosas, por haber mantenido los entretien, que eran esas importantes conversaciones de intelectuales que juntan al mundo del exilio español, que traen a Bosch Gimpera, que traen a María Zambrano y que vienen a trabajar por los mejores intelectuales cubanos y mexicanos. Y yo creo que eso es lo que hoy celebramos.

Así que a mí me llena de emoción pensar que la historia no se queda en los archivos, sino que se sigue convirtiendo en realidad y, sin dudas, creo que vamos a encontrar muchas posibilidades de establecer una relación bilateral tan bonita como la que se remonta a aquellas más de siete décadas.

Por otro lado, pienso que el Premio lo trabajamos mucho desde la Oficina de la UNESCO en México con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Y todo tuvo que ver también con una muy buena interlocución entre el Rector, el profesor José Narro, estoy hablando del año 2013, 2014, y nuestra Directora General, en aquel entonces Irina Bokova, en su visita a México.

Ahí se firmó un acuerdo, la UNAM inaugura varias Cátedras UNESCO, pero se identifica la oportunidad de que se sigan reforzando los lazos internacionales en la UNESCO a través de un reconocimiento, un premio internacional, pero no otro premio internacional: no por la paz, no por la creación en sí misma, no por la voluntad literaria, sino para algo que ha mantenido siempre unidos los intereses de Cuba y de México en el seno de la Organización y que tiene que ver con las Humanidades y las Ciencias Sociales. Yo creo que no hay países que hayan defendido más las Ciencias Sociales en la UNESCO que Cuba y que México. Y creo que en esta ocasión también el Premio de nuevo las vuelve a convocar.

Desde esa primera decisión nos ponemos a trabajar, y en el año 2014 llevamos adelante los requisitos imprescindibles: el estudio de factibilidad, hablar con los expertos latinoamericanos, juntar a la Academia, juntar a los doctorandos y establecer todo nuestro diálogo con París para identificar cuál sería la singularidad de este Premio, singularidad que queda avalada por el reconocimiento del Consejo Ejecutivo, a finales del 2014, de que debe haber un premio internacional Jaime Torres Bodet, como único Director General latino en el seno de la institución, pero inspirado, sobre todo, en el reconocimiento a una labor individual, a una labor colectiva, institucional, a favor de las Ciencias Sociales, de las Humanidades y de las Artes.

Y la verdad es que nos pusimos muy contentos: hacerlo desde México, casi cuando se cumplían los 70 años, y poder llevar a buen término una iniciativa mexicana-latinoamericana-mundial, es algo muy positivo.

Y que en esta ocasión se quede en Casa, en la región, nos llena de satisfacción.

El Premio, y esto es algo que hemos trabajado mucho en la oficina en México, tiene que ver con una confirmación: no se puede llegar a una Agenda de Desarrollo de las Naciones Unidas sin ponderar el valor y el significado que tienen las Ciencias Sociales, que nos tienen que hacer saber qué preguntas tiene que formular la Ciencia, cómo tienen que asumirse en términos de participación social, cuál es el papel de la Antropología y de la Sociología, como en el programa MOST, pero mucho más allá de cifras y de estadísticas, y que devuelva el papel de la Antropología a la forma medular de hacer relación multilateral en la UNESCO.

Eso es absolutamente fundamental, y está en la esencia del Premio Jaime Torres Bodet, en la esencia de la Casa como el lugar donde las culturas dialogan, donde han dialogado durante décadas, cualquiera que fuera la condición política de relación entre los Estados, y que han sabido dar todo el peso específico a la Cultura como lenguaje de la relación internacional en una especie de pensar mejor todos juntos en español. Creo que hay muy pocos espacios donde se piensa ahora mismo en nuestra lengua.

De hecho, ojalá que el Premio valore también esfuerzos por comunidades que piensan en castellano la Filosofía, que piensan en castellano la Ciencia y que no se someten solo a los monopolios científicos que generalmente se producen y se escriben en otro idioma que no es el español.

¿Qué importancia concede Ud. a instituciones como Casa de las Américas y la UNAM en el fortalecimiento del papel de la cultura como vehículo para el desarrollo sostenible?

En la UNESCO siempre trabajamos con la convicción de que la Cultura es el capital que equipara a todas las comunidades culturales en el mundo y la que es más proclive y capaz de crear un diálogo transversal.

Nuestra institución ha sido una institución que tiene que volver también a sus archivos, que tiene que volver a los años en los que se engendraron las ideas, como el origen de casa y como esa perspectiva en lo universal y esa confianza en lo universal que tenía Torres Bodet.

Yo creo que alguien como Torres Bodet pensó, mucho antes de que lo dijéramos en ningún documento de Naciones Unidas, que la Cultura era la única forma de generar desarrollo, y un desarrollo conforme a la dignidad de los pueblos.

Si ahora mismo hiciésemos una lectura -yo confieso que alguna ya la he hecho- de sus prólogos, de sus artículos, de sus interlocuciones en las Conferencias Generales de la UNESCO entre 1948 y 1952, nos daríamos cuenta de que no hay mucho más que escribir, de que allí está todo dicho. El problema es llevarlo a la práctica. Y llevamos 70 años intentándolo.

Creo que volver a esos archivos y a esas palabras no es hacer arqueología, creo que es encontrar las razones para seguir luchando, después de 70 años, por una convicción, que es esa convicción originaria y genérica de nuestra Organización. Y hay que lucharlo mucho más.

El hecho de que la Agenda de Desarrollo de las Naciones Unidas no tenga un Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS), ¡ni uno solo!, cuyo sujeto sea la Cultura, eso es preocupante. Es preocupante porque sabemos que no tenemos todos los socios en casa, ni que son suficientes los amigos de la Cultura en las grandes reuniones de ECOSOC o en los paneles de alto nivel.

Pienso que UNESCO tiene que trabajar, como decimos en muchas ocasiones, por un ODS que sea el número cero. Y ese número cero que nos hemos inventado se llama Cultura.

Y yo creo que el premio Torres Bodet es extraordinariamente importante para hacer valer la importancia de la Ciencia Social, de las Humanidades y del Arte, no como lo anecdótico del desarrollo, sino como aquello que debe de servir de columna vertebral a cualquier acción de cooperación y a cualquier acción que piense el desarrollo de los pueblos no como un crecimiento económico, sino como el desarrollo digno de su forma de identidad; la Cultura entendida como eso que te levanta por las mañanas y que te hace tomar decisiones bien importantes.

Y pienso que sí, que el Premio es verdaderamente importante para informar a la opinión pública de nuestra seguridad y nuestro convencimiento de que la Cultura no es un sector, que la Cultura es el sujeto de la frase cuando estamos hablando en términos de desarrollo humano, íntegro y, sobre todo, un desarrollo basado en la capacidad de interlocución, en el respeto y en formas de tolerancia activa, que se defienden con la práctica.

¿Cuáles deben ser, en su opinión, las relaciones entre las ciencias sociales, las humanidades y las artes con las políticas públicas para gestar transformaciones sociales en línea con los principios que defiende la UNESCO?

Una de las cuestiones que al menos a mí más me interesa del trabajo de las Oficinas Regionales, Nacionales o las Oficinas Clúster, creo que lo más interesante es lo que nos permite a la UNESCO salir del ámbito de competencia de las Convenciones.

Las Convenciones son importantísimas, las Convenciones son necesarias, pero no son suficientes. Los equipos de la Secretaría de la UNESCO que se dedican a las Convenciones hacen un trabajo impecable. Es el trabajo estructurante para la Organización.

Pero lo más importante para nosotros creo que es ese trabajo que anima todo aquello que no es reconocido por una convención, todo aquello que genera un caldo de cultivo a la discusión social, un acercamiento a aquellos que no se sientan en una delegación del país, que no son maestros, o que no son científicos, que es gente de la calle.

¿Qué es lo que nosotros podemos hacer fuera de las Convenciones, y que este Premio también inspira?

Por ejemplo, en México hemos abordado un proyecto que me parece fundamental, que es cómo declinar hoy el ejercicio de los derechos culturales.

Los derechos culturales eran algo así como los derechos de tercera división. Primero los grandes derechos humanos, después los derechos económicos, sociales, y luego los culturales. O sea, somos como en el fútbol, los de la tercera división.

Pero, en el fondo, pienso que nuestra Organización ha dado ya buena cuenta de que tenemos que seguir haciéndolo, también fuera de las Convenciones, en proyectos que pongan en ejercicio los derechos culturales.

Y son derechos culturales para los derechos humanos. Y es volver a la Declaración de Friburgo. Y es decir que no hay un ejercicio pleno de los derechos humanos que no tenga en cuenta, casi como condición de partida, el ejercicio de los derechos culturales. Y que hay ejercicio de derechos culturales en todo el resto de los derechos humanos, en todo el resto del articulado.

Es decir, que hay que leer esa Convención también culturalmente. Y no estoy entrando en el terreno del relativismo cultural, ni del respeto a la diferencia, no, pero sí en que la manera cultural de leer y de acercarse a esos principios es importante.

Y, al menos también desde México, fuera del ambiente de las Convenciones, pero abonando a la voluntad de esas Convenciones, hemos desarrollado, por ejemplo, algún proyecto de derechos culturales que tiene que ver con la migración.

Consideramos que la migración es el gran tema, es el tema transversal por antonomasia. Díganme si una política educativa, una política de derechos humanos, una política científica para Ciencias Sociales no tiene que ver con la migración. No hay un fenómeno cultural, político, mayor que la migración en el mundo.

Y también pensamos que el caso de México, por la geografía, es mucho más crítico, porque la frontera sur es la frontera de toda América y parte de Africa, y la frontera norte es una enorme deuda social mundial.

Y así estamos operando, en pensar cómo entender cuál es el ejercicio de los derechos culturales para el que entra en México, para el que sale de México, para el que vuelve a México. Es decir, como país de recepción, de tránsito y de retorno, cuál es el ejercicio de esos derechos culturales: los lingüísticos en el colegio, los derechos educativos de las graduaciones, cuando la gente vuelve, cómo se inserta; qué va a pasar con los miles de dreamers, ¿hay algunas condiciones para acoger ese conocimiento?; qué está pasando, por ejemplo, en el lenguaje de denuncia, comprometido y nuestros trabajos con los artistas en la frontera.

En Ciudad Juárez acabamos de hacer una instalación que ha consistido en 5,000 hormas de zapato, que han cruzado con banderas la frontera y es el resultado de una asociación entre los museos de Ciudad Juárez, artistas mexicanos y los conservadores de los museos de El Paso, en Estados Unidos. Es como dejar que la huella no desaparezca, hacer una huella permanente gracias a esta instalación.

Son formas de denuncia no silenciosa, porque en el fondo son mensajes muy claros y formas de constatación de esa dificultad, de ese obstáculo, convertidos en una manera de creación y en una forma de hacernos pensar y de llegar sin palabras a una de las lastras y las lacras sociales más difíciles de combatir en el mundo.

Este Premio, la Ciencia Social y el ejercicio de los derechos culturales es algo que uniría a todas las Convenciones de la UNESCO, pero hay que ejercitarlo con distintas metodologías, con distintos actores; hay que generar conciencia, hay que contar lo que hacemos, hay que escribir mucho sobre el tema.

Migración y Cultura es un gran tema, sobre el que no se ha escrito tanto, y mucho menos Migración, Cultura y Relaciones Multilaterales. Creo que la UNESCO es el lugar desde donde hacerlo y pienso que en América lo podemos hacer con muchísima dedicación y, sobre todo, muchísimo conocimiento de causa.

Yo creo que, si no lo hace la UNESCO, no estoy segura de que haya ninguna otra agencia de Naciones Unidas que lo pueda trabajar, si bien es cierto que estamos colaborando con todas las alianzas posibles en el tema de Migración con ONU, pero creo que ese contenido de cultura, de diversidad, de respeto y de creatividad, para hablar de uno de los problemas más acuciantes en el mundo, es una condición de éxito, porque es una condición de partida fundamental.

Pienso que es así como hay que explorar cada vez más las posibilidades que da el Premio, generar condiciones académicas que permitan el intercambio de información, que permitan pensar proyectos conjuntamente y espero que después de la premiación haya algunas ideas que junten a Casa, como gran institución, con la UNAM, que es una de las grandes universidades en el mundo, que cuenta con más de 300,000 habitantes, estudiantes: díganme cuántos países de universitarios hay en el mundo, ese es un país de universitarios.

La producción de conocimiento, el número de publicaciones, las relaciones internacionales de esta universidad y las ganas que tiene esta universidad de ser UNESCO por encima de todo, creo que pueden propiciar una relación académica y social muy bonita entre ambas instituciones.

Notas:

Jaime Torres Bodet (Ciudad de México, 17 de abril de 1902-13 de mayo de 1974): Poeta, novelista, ensayista y diplomático mexicano, quien fue también uno de los miembros fundadores de la UNESCO y Director General de la Organización de 1948 a 1952.

Alfonso Reyes (Monterrey, 1889 – Ciudad de México, 1959): Gran humanista, poeta, ensayista, narrador, diplomático y pensador mexicano. Presidió en noviembre de 1941 la Plática de La Habana, encuentro que reunió a personalidades de gran relieve de Europa y América, con posterioridad a la Segunda Conferencia Americana de Comisiones Nacionales de Cooperación Intelectual, con el tema central “América ante la Crisis Mundial”.

Entretien: Término del idioma francés con que fueron conocidas las pláticas, conversaciones entre intelectuales con el objetivo de enfrentar la crisis cultural provocada por la Segunda Guerra Mundial.

Pedro Bosch Gimpera (Barcelona, 22 de marzo de 1891 – Ciudad de México, 9 de octubre de 1974): Arqueólogo, antropólogo, historiador, profesor y político, maestro formador de varias generaciones y creador de instituciones, cuya vida constituye un patrimonio valioso para la ciencia, la historia y la cultura que une a los pueblos de Cataluña y México.

María Zambrano (Vélez-Málaga, 22 de abril de 1904 – Madrid, 6 de febrero de 1991): Pensadora, filósofa y ensayista española. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 1981 y el Premio Cervantes en 1988.

Dr. José Narro Robles: Académico, médico y político mexicano. Profesor titular con más de 35 años de antigüedad en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que se desempeñó como Secretario General, como Director de la Facultad de Medicina y, entre 2007 y 2015, como Rector. Es el Secretario (Ministro) de Salud de México desde 2016.

Programa Gestión de las Transformaciones Sociales (MOST): Programa científico intergubernamental de la UNESCO para las ciencias sociales. Trabaja con los gobiernos, las comunidades de ciencias sociales y humanas, y las sociedades civiles para mejorar las conexiones entre conocimiento y acción, que son claves para el cambio social positivo. En los marcos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, MOST contribuye a la erradicación de la pobreza y al desarrollo, así como al logro de las Prioridades Globales de la UNESCO.

Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible: Plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia. Tiene un conjunto de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cada uno de ellos con metas específicas que deben alcanzarse en los próximos 15 años.

Convenciones de la UNESCO en el ámbito de la Cultura: Instrumentos de carácter normativo en materia de cultura, aprobados por la Conferencia General. Son 7: Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales (2005), Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003), Convención sobre la protección del patrimonio cultural subacuático (2001), Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural (1972), Convención Universal sobre Derecho de Autor (1971), Convención sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de bienes culturales (1970) y Convención para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado (1954).

Declaración de Friburgo: En mayo de 2007, la UNESCO reunió al denominado Grupo de Friburgo, que definió y enumeró los derechos culturales en la llamada Declaración de Friburgo. Es uno de los instrumentos clave para los derechos culturales, que reúne estos derechos que ya están incorporados de forma dispersa en numerosos instrumentos internacionales. En ella se explicita que estos derechos son esenciales para la dignidad humana y parte fundamental de los derechos humanos.

Dreamers: Palabra de la lengua inglesa que significa soñadores, con la que se conoce a aquellos inmigrantes indocumentados que llegaron a los Estados Unidos (EE. UU.) cuando eran niños, quienes fueron beneficiados por el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), creado por el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU, el 15 de junio de 2012, bajo el gobierno de Barack Obama.

Fuente de la Entrevista:

http://www.unesco.org/new/es/media-services/single-view/news/sin_cultura_y_ciencias_sociales_no_se_puede_llegar_a_una_age/#.Wn0SY5k3YHY.twitter

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Uruguay: Fallo judicial que impidió repetición de escolar es “lesivo de la libertad de cátedra”

Uruguay / 14 de febrero de 2018 / Autor: Redacción / Fuente: La Red 21

El Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Privada (SINTEP) manifestó preocupación por el fallo de la Justicia que revirtió la decisión de una docente de Primaria referida a que una alumna debía repetir el año.

Días pasados trascendió que los padres de una alumna del colegio Santa María presentaron un recurso de amparo ante la Justicia contra la decisión de una maestra que hizo repetir de grado a su hija.

A raíz del hecho, el juez Gerardo Álvarez falló a favor de la familia e impidió que la niña repitiera el año.

Tras la decisión judicial, el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Privada (SINTEP) emitió un comunicado sobre la situación.

SINTEP expresó su “preocupación por un fallo que se aparta ostensiblemente de la pericia técnica que una valoración pedagógica requiere”.

Lesiva de la libertad de cátedra

El sindicato también indicó que la decisión del juez “es lesiva de la libertad de cátedra y de la fundamental autonomía técnica del docente”.

Manifestaron su confianza en que en los procesos judiciales ulteriores la situación sea “correctamente rectificada”.

SINTEP indica que comprenden la apelación por el sentido de “protección y afecto que los padres tienen hacia su hija”, pero manifiestan que “la judicialización de todos los aspectos de la vida social es inconducente y equivocado”.

El sindicato de la enseñanza privada manifiesta que es “imprescindible reforzar la confianza en el proceso educativo y en los docentes que llevan adelante la tarea de educar”.

“Creemos que es imprescindible recuperar el prestigio y el respeto a la tarea de enseñar, no pocas veces dañados por la instrumentalización política de los problemas que se le adjudican a la educación”, consideran.

Manifiestan que las “presiones contemporáneas del exitismo inmediatista al que muchas veces se somete a la educación, como por ejemplo la dogmática asociación de la repetición con el fracaso educativo, terminan dando forma a acciones desesperadas que no tienen otro saldo que la pérdida del sentido originario del acto de educar”.

SINTEP manifestó su respaldo a la docente y a la posición del colegio por “defender y priorizar una valoración pedagógica por encima del criterio ‘pague y mande’ de la lógica clientelar, mentalidad que tanto abunda en un sector donde la visión de la educación como ‘negocio’ viene in crescendo”.

Fuente de la Noticia:

http://www.lr21.com.uy/comunidad/1359589-fallo-judicial-escolar-repeticion-libertad-catedra

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Entrevista a Richard Gerver: “Hay demasiadas modas pasajeras en la educación”

Reino Unido / Autor: Pilar Álvarez / Fuente: El País

El experto en innovación educativa, asesor del Gobierno británico, afirma que las escuelas se centran demasiado en lo académico y es crítico con los exámenes y los deberes

Sale al escenario a insuflar ánimos. Y Richard Gerver (Londres, 1969) logra arrancar carcajadas en una sala donde centenares de profesores siguen sus charlas sobre innovación educativa. Doctor en Educación por la Universidad de Derby, escritor y asesor en temas de educación del Gobierno británico, este profesor saltó del aula al reconocimiento internacional por su trabajo como director de un colegio donde aplicó un exitoso plan para motivar a alumnos y docentes y combatió el alto índice de fracaso escolar. Es discípulo de Ken Robinson, uno de los pensadores educativos más solicitados. Como él, Gerver defiende que las escuelas se han centrado demasiado en lo académico y están reaccionando “con excesiva lentitud ante los cambios del mundo”. Recientemente estuvo en Zaragoza en una convención sobre innovación educativa organizada por el Gobierno de Aragón, donde se realizó esta entrevista.

Pregunta. Si fuera ministro de Educación, ¿por dónde empezaría?

Respuesta. Hay que aprender qué necesitan nuestros chicos para convertirse en seres humanos de éxito. Conversaría con educadores, empresarios, padres, estudiantes… Trabajaríamos para diseñar un sistema educativo acorde.

P. ¿Los políticos no hacen eso tan sencillo que usted propugna?

R. No, porque siempre viven en el corto plazo, para ganar las siguientes elecciones. Y muchos padres, aunque quieren lo mejor para sus hijos, creen que esto consiste en la misma receta que ellos recibieron. Pero el mundo ha cambiado. Lo que valía hace 20 años ya no vale.

P. ¿Hay países que lo estén haciendo?

R. Los más jóvenes. En parte de América Latina, por ejemplo Colombia. Parte de Asia también. Hasta China se ha dado cuenta de que el sistema tradicional no funciona para el futuro. Y los países escandinavos, por supuesto.

P. ¿Qué es innovar en la escuela?

R. Necesitamos un sistema educativo que siempre cuestione sus procesos. Innovar sugiere un gran momento de transformación, pero no puede hacerse demasiado rápido.

P. A veces se propugnan cambios sin suficiente evidencia científica.

R. Trabajar en el desarrollo del ser humano es algo complejo. Por un lado, no podemos esperar a tener un 100% de evidencia antes de cambiar algo pero, por otro, hay demasiadas modas pasajeras en educación. Muchas ideas que suenan fantásticas no promueven cambios. Tenemos que ser capaces de generar nuevas ideas y ponerlas a prueba.

P. ¿Puede la tecnología sustituir a los libros de texto?

R. El problema es cómo los usamos. Si los profesores solo siguen el libro, se están perdiendo el elemento personal. Si todo lo que hacemos es cambiar los libros por tecnología y usarla del mismo modo se trata simplemente de otra forma de cometer el mismo error.

P. ¿Qué papel cree que deben jugar los exámenes?

R. En España o Inglaterra son la razón de ser de la escuela. Esto tiene que parar. La educación no va de aprobar exámenes, sino de desarrollar a los jóvenes para que tengan éxito.

P. ¿Cómo medir entonces el progreso de los alumnos?

R. Los profesores no necesitan los exámenes para eso. Seamos serios. Están evaluando a sus alumnos todo el tiempo. Los exámenes existen porque les gustan a los políticos y los piden los padres. Pero, en realidad, como herramienta, obstaculizan la educación, no la mejoran. La OCDE señala que los países con sistemas que se centran en exámenes son en los que los chicos tienen más dificultades para encontrar un trabajo. Esto se debe a que la educación no está enfocada a su desarrollo, sino a prepararlos para un examen.

P. En España es recurrente también el debate sobre los deberes.

R. La primera pregunta es para qué ponemos a los niños a hacer deberes. Los deberes tradicionales suponen normalmente tenerlos sentados en una mesa haciendo ejercicios durante dos o tres horas. No hay evidencia que indique que los deberes tradicionales supongan una diferencia en la educación de los niños. ¿Son realmente un valor o es algo que hacemos porque siempre lo hicimos?

P. ¿Considera que no tienen sitio en la educación?

R. No, lo que digo es que me gustaría ver deberes de otro tipo, que se permita a los chicos investigar cosas que les interesan. Hay gente que piensa que la escuela es como una versión del purgatorio. La infancia debería ser mágica y excitante. Los niños nacen aprendiendo, son curiosos. Y conforme se van haciendo mayores son cada vez menos entusiastas. Tenemos que preguntarnos por qué pasa esto y dejar de culpar a los niños. No puede ser que todo siga igual solo porque nosotros nos aburriésemos en la escuela.

P. Los adultos se aburren a veces. ¿No cree que la escuela debería enseñar a soportarlo?

R. No digo que los niños tengan que estar pasándolo bien todo el tiempo. Aprender es un trabajo duro porque tienes que retarte a ti mismo. Pero, ¿por qué tenemos que hacer de la escuela algo tan duro durante tanto tiempo? Aún no trabajan, son solo niños. Y lo que sí sé es que los niños felices son los que más y mejor aprenden.

P. Hay familias con más recursos que otras. Un alumno puede ser un apasionado de la literatura porque ha tenido la suerte de que sus padres le hablaran de Dante, mientras que otro no ha tenido esa ventaja en casa. ¿Los métodos innovadores contemplan este desequilibrio?

R. Por supuesto. La educación no solo ocurre en la escuela y no solo tiene que ver con el conocimiento, sino con exponer a los niños a nuevas experiencias, llevarlos a galerías de arte o al ballet… Si todo lo que haces en el colegio es enseñar en un aula y con libros, los niños que tienen estas experiencias en casa siempre estarán por delante de los chavales que no tienen esas oportunidades. Parte del trabajo de los profesores es dar a estos alumnos lo que otros ya tienen en sus casas. Si enfocas tu currículo en hechos factuales y exámenes, los profesores no tienen tiempo de ayudar a desarrollar otras cualidades en los niños.

P. ¿Usted a qué escuela fue?

R. Fui a una escuela privada, mis padres eran ricos. Lo interesante es que no fue mi calidad académica la que me ayudó a tener éxito, sino mis habilidades sociales. El hecho de tener la confianza para hablar con gente, de adaptarme a situaciones diferentes, mi experiencia en el campo de las artes, de los deportes, los viajes, los sitios diferentes que vi por el mundo. No es que los niños no tengan que saber matemáticas, lengua, ciencia, historia… Pero el sistema tradicional se centra solo en estas cosas en lugar de en el desarrollo completo.

P. ¿Qué cambios importantes ha notado en las escuelas desde que empezó a hablar de innovación?

R. He visto evidencias de lo que hablo tanto en educación como en el mundo laboral. Muchos padres españoles soñarían con que sus hijos trabajasen en Google o Apple. Yo he trabajado con ellos y sé lo que buscan. No estoy intentando ser liberal o revolucionario. Yo también quiero que nuestros hijos tengan la oportunidad de crear las próximas Google y Apple.

P. ¿Y por qué su forma de entender la educación aún no es mayoritaria?

R. Hay muchas razones. Una, la transformación cultural no pasa rápido. La sanidad ha cambiado a lo largo de un siglo, paso a paso. Eso no da miedo. Lo que da miedo en educación es que aún estamos en el punto de partida y lo que vemos es la diferencia entre donde estamos y donde queremos estar. Es duro y se necesita un cambio masivo. Eso asusta.

P. España lleva lustros instalada en el debate de cómo atraer a los mejores profesores al sistema.

R. Uno de los retos en países como España es que la educación no disfruta de un estatus social alto. A los profesores no se les paga bien y muchos piensan que es algo que haces si no se te dan muy bien otras tareas, aunque el dinero no es la principal razón. La confianza es lo más importante. Y la admiración. Necesitamos que a los profesores se les mire como a Cristiano Ronaldo o a Messi.

P. Quienes critican la innovación educativa señalan que hay profesores, como usted, que salen del aula para convertirse en ponentes internacionales ya no vuelven a las clases.

R. No hice nada como profesor o como director para convertirme en famoso. Lo hice porque creía que era lo mejor para mis estudiantes. Cuando mi escuela fue conocida, tuve la oportunidad de probarle a la gente que había otra manera de hacer. El día que decidí dejarla fue el más difícil de mi vida, lloré cuando mandé mi carta de renuncia. Antes tenía influencia sobre 30 niños. Ahora doy conferencias por todo el mundo y puedo haber ayudado a más de un millón. Mi argumento es que nunca dejé la escuela, ahora tengo el privilegio de influir en un millón de alumnos. Tengo mucha suerte, pero echo de menos a mis chicos cada día.

P. ¿Cómo educó usted a sus hijos?

R. Fueron a la escuela pública, que es donde nosotros enseñamos [su mujer es directora de centro]. Tienen una educación muy sólida. Mi hijo tiene 16 y la chica, de 21, se prepara para ser maestra. Los dos tienen confianza suficiente para perseguir sus sueños. Son muy felices.

Fuente de la Entrevista:

https://politica.elpais.com/politica/2017/10/02/actualidad/1506943955_129970.html

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