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México: El año en el que nos dimos cuenta de todo lo que tenemos

El año en el que nos dimos cuenta de todo lo que tenemos

Silvia A. Ojeda Espejel

El reto

Cuando me postulé para escribir este artículo estaba muy entusiasmada con la posibilidad de compartir muchas de las reflexiones que he hecho desde 2020. Al paso de los días, caí en la cuenta de la dificultad de hacer una reflexión medianamente profunda (o al menos sincera) sobre la huella y los retos que me ha dejado la pandemia, en mi caso hablando desde el privilegio.  El mío y tal vez el de la mayoría de quienes me estarán leyendo. Y no solo eso: escribe una mujer que considera que los últimos dos años de su vida son de los más maravillosos que he vivido.

Dicho lo anterior, y quizá a manera de justificar las limitaciones de este texto, pensé que era más honesto escribir sobre lo que me di cuenta que tenemos la mayoría, porque también tengo la fortuna de poder mirar otras realidades diferentes a la propia. Así que, aún con mis lentes, comencé a escribir.

Las cifras

Antes de la pandemia, había poco más de 4 millones de niños y niñas fuera de la escuela y uno de cada tres niños y niñas llegaba a 3º de primaria sin dominar los aprendizajes fundamentales de lengua y matemáticas. Hoy, según el estudio realizado por México Evalúa y la escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM, sabemos que la pérdida de aprendizajes durante la pandemia ha sido, en promedio, mayor de un grado escolar, y la retirada de la escuela de más de medio millón de estudiantes se sumó a los millones que ya estaban fuera, señalados arriba.

Adicionalmente, en un comunicado del 8 de septiembre de 2021 publicado en el marco del día mundial para la prevención del suicidio (10 de septiembre), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que en el año 2020 sucedieron 7,818 fallecimientos por lesiones autoinfligidas en el país. Esta cifra representa 0.7% del total de muertes en el año y refleja que la tasa de suicidio es más alta en el grupo de jóvenes de 18 a 29 años, ya que se presentan 10.7 decesos por esta causa, por cada 100,000 jóvenes.

Así, esta pandemia puso una presión importante en la salud mental de niños jóvenes y adultos, que tan olvidada estuvo durante décadas; aunque hoy la reconozcamos como parte integral de la salud general de las personas.

El día a día

Regresando al ámbito educativo y, de forma particular a la educación básica, mientras millones de personas se debatieron entre el desempleo, la enfermedad, los problemas económicos, la desesperación, la falta de oportunidades, la ansiedad, el miedo, además del encierro, los estudiantes fueron testigos impotentes del cierre de escuelas, las clases a distancia y de un inmenso abandono del mundo de los adultos para con la infancia.

En el marco de este triste panorama se asomó una inesperada gran oportunidad para algunos padres y madres de familia de involucrarnos un poco (o un mucho) más en el aprendizaje de nuestros hijos e/o hijas. Pudimos mirar los enormes esfuerzos de sus profesores y profesoras, directivos escolares y otras autoridades educativas que realmente hicieron lo necesario para que niñas y niños siguieran aprendiendo. Pudimos constatar la magia de ese proceso de enseñanza y aprendizaje de manera cercana, desde una trinchera diferente a la que nos tocó cuando fuimos estudiantes.

Se organizaron colectivos de padres y madres de familia atentos no solo a los procesos administrativos. Comenzaron conversaciones sobre las clases a distancia y una verdadera atención sobre los avances que niñas y niños mostraban, así como sobre las competencias docentes necesarias para impartir clases, en general y en las nuevas modalidades.

Maestras y maestros, que quizá nunca antes habían sido sujetos de la atención familiar, empezaron a figurar en las conversaciones de los hogares, sobre todo si daban ejemplo de un buen uso del tiempo, manejo del grupo y lograban que sus estudiantes se interesaran en diversas temáticas. Hubo quienes trajeron clases preparadas (en el caso de las clases virtuales) y también hubo maestras y maestros emblemáticos (como los del premio ABC de Mexicanos Primero) que sacaron lo mejor de sus estudiantes con herramientas a distancia o con clases periódicas cuando las posibilidades de conectividad eran limitadas. Hubo maestros que trabajaron con la dificultad de la discapacidad, de la falta de conectividad, en ambientes adversos, pero con la confianza de que podían hacer su mejor papel para sus estudiantes, que realmente les necesitaban más que nunca.

Algunos pudimos acompañar hitos excepcionales del aprendizaje de nuestros niños y niñas: los comienzos de la alfabetización en algunos casos, incluyendo el momento mágico en que le cambia la cara a una criatura porque al final entendió y comprendió lo que sus ojos veían y comenzó finalmente a leer. Repasos de las tablas de multiplicar, las fracciones y para los más grandes, el álgebra, el cálculo y todos los retos de las matemáticas.

También nos pudimos asomar a las clases de educación física y observar la destreza (o no) de nuestros hijos e hijas. Vivimos la magia de los primeros reencuentros y la alegría (y energía) de los abrazos. Algunos nos dimos cuenta de cuánto disfrutamos la compañía de nuestros seres queridos y cuánto nos gusta estar cerca; algunos otros nos dimos cuenta de cuánto nos hacía falta estar solos y organizar nuestro tiempo sin las presiones del exterior.

Al igual que los adultos, muchos jóvenes se dieron cuenta que la vida es mejor en compañía de otros y también que la soledad es, en ocasiones, una mala consejera. Para muchos, la escuela se convirtió en un refugio al cual añoraban regresar, en el que se dieron cuenta de que sí querían estar.

Hubo quienes estuvimos cerca de los primeros indicios del comienzo de la adolescencia. Ver las caritas de inquietud, de entusiasmo, de duda y también de apatía y tristeza. Pudimos vivir de cerca los cierres de ciclo escolar con la alegría de haber concluido al fin un año incomparable con nada semejante que hubiésemos vivido en la era moderna. Nos dimos cuenta de lo frágiles que somos, pero también de lo verdaderamente importante que es la salud y la familia; la maravilla de los pequeños detalles y la oportunidad de estar juntos y juntas.

Al hablar de la familia, estos años nos han permitido recordar el valor y la grandeza que tiene esta institución. Pudimos ver y constatar el poder de las relaciones, del apoyo, de la alegría que provoca ayudar a alguien más, de poder apoyarle con pequeñas grandes cosas.

Nos dimos cuenta de todo lo que tenemos y que no cuesta dinero.

Al ver todo eso en retrospectiva, creo que como sociedad, y a pesar de las dramáticas cifras que retratan los estragos causados por la pandemia, tenemos muchas oportunidades de hacer las cosas mejor que como las hacíamos y de retomar todo lo bueno que nos dejó esta pandemia, como ver la infinita resiliencia de nuestra niñez. De ahí, ojalá nunca olvidemos el involucramiento en el aprendizaje, en las emociones de nuestras niñas y niños, en la cercanía, el apoyo y la solidaridad. En el poder de las relaciones (porque juntos llegamos siempre más lejos) y en el verdadero valor de las instituciones que nos forman, que son la familia y la escuela.

https://www.muxed.mx/blog/loque-tenemos

*Silvia A. Ojeda Espejel. Integrante de MUxED. Comunicóloga Educativa, especialista en Desarrollo Cognoscitivo y Maestra en Educación. Responsable del Instituto Natura México. Apasionada de la educación desde hace más de 20 años y comprometida por hacer un mundo mejor. Casada con Beto hace 17 años. Mamá de Mariana y Ximena. Le encanta correr, hacer pan y estudia cello con la ilusión de un día tocar dignamente la suite No. 1 de Bach.

 

Fuente de la Información: https://www.educacionfutura.org/el-ano-en-el-que-nos-dimos-cuenta-de-todo-lo-que-tenemos/

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Chile: Desarrollo Social y Educación realizan entrega de “Pizarras de las Emociones” a Educadoras de Establecimientos Municipales

Desarrollo Social y Educación realizan entrega de “Pizarras de las Emociones” a Educadoras de Establecimientos Municipales

Con el objetivo de reconocer el estado de las emociones de los niños y niñas en el aula, la Seremi de Desarrollo Social y Familia Karina Acevedo, Educación, Isabel Garrido y el Director Regional de Junaeb, Cristian Magne, hicieron entrega de 6 pizarras de las emociones a las educadoras del establecimiento: Liceo Técnico Profesional Profesor Ricardo Navarrete. Durante la ceremonia también participaron los niños y niñas de los niveles de transición 1 y 2 quienes harán uso de este material lúdico educativo.

“Cómo estamos hoy”, es el nombre de la pizarra del Subsistema de Protección a la Infancia Chile Crece Contigo del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, que utilizarán los niños y niñas de establecimientos municipales, que se encuentren ejecutando el programa Habilidades para la Vida de Junaeb. Según explicó Karina Acevedo, se distribuirán 50 pizarras entre las comunas de Coyhaique, Cochrane y Aysén, en las que se desarrolla la iniciativa perteneciente a Junaeb; y que tiene la finalidad de apoyar los procesos de aprendizaje integral y bienestar de los niños y niñas, así como también de los equipos educativos.

La Seremi de Desarrollo Social y Familia destacó el trabajo colaborativo e intersectorial. “Estamos contentos de poner en práctica este trabajo intersectorial que estamos realizando con Educación, Junaeb y otros Ministerios para dar cumplimiento a lo que nos ha pedido la Subsecretaria de Niñez, y fortalecer, sobre todo, a través de este programa Habilidades para la Vida, el trabajo con las emociones de los niños y niñas del primer nivel. Este tablero les va a permitir conectarse con los niños para detectar cuáles son las emociones, para que ellos puedan identificarlas y para tratar de gestionar las emociones. Creo que el trabajo de poder conocer, de mirar a los niños en sus emociones y poder gestionarlas, va a ser un paso importante para el futuro pre adolescente y un futuro adulto”, señaló.

En tanto la Seremi de Educación, se refirió a la importancia de la salud mental de los estudiantes y a la importancia del programa ejecutado por Junaeb. “El programa Habilidades para la Vida donde se enmarca la entrega de estos tableros, fue anunciado por el Presidente, en la cuenta pública. Nos parece muy importante el desarrollo de habilidades socioemocionales, y la salud mental en los niños y niñas; porque si hay algo que demostró la pandemia, es que sin bienestar socio emocional, difícilmente se va a producir el aprendizaje. La política de reactivación educativa, busca fortalecer el programa de Habilidad es para la vida, saludamos esta iniciativa y esperamos que la comunidad educativa le de el mayor provecho”.

Cada pizarra cuenta con un tablero magnético, 14 fichas de las emociones más frecuentes: alegre, rabia, calma, vergüenza, entre otras. 50 fichas magnéticas triangulares para que cada niño, niña o adulto se ubique en el tablero.

Finalmente, la Educadora de Párvulos quien hará uso del material lúdico con sus alumnos, Eliana Ortega, manifestó su agradecimiento. “Quiero agradecer la entrega de este material, que viene a entregar, un refuerzo a todo el trabajo que se realiza en los niveles de transición 1 y 2. Junto con la pandemia, nosotros en casa trabajamos las emociones con las familias; y estamos prestos a trabajar este tablero de las emociones con los niños y las niñas, al comienzo de nuestra jornada y al finalizar la jornada. Comenzando con los niveles de transición 1 y 2, primero, segundo, tercero y cuarto básico”.

Fuente de la Información: https://tehuelchenoticias.cl/nuevo_sitio/2022/08/18/desarrollo-social-y-educacion-realizan-entrega-de-pizarras-de-las-emociones-a-educadoras-de-establecimientos-municipales/

 

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Cuba mantiene activada estrategia para enfrentar viruela símica

Cuba mantiene activada estrategia para enfrentar viruela símica

La Habana, 21 ago (Prensa Latina) El sistema nacional de Salud de Cuba mantiene hoy un grupo de acciones dirigidas a prevenir y enfrentar el riesgo de propagación de la viruela del mono.

Al respecto, la doctora Carilda Peña, viceministra de Salud Pública de Cuba, explicó recientemente que ya está definido el flujograma de atención al enfermo con sospecha de la enfermedad.

Asimismo, fueron establecidas las medidas de control de foco, y se decidió cuáles serán las unidades asistenciales para atender los casos con la enfermedad.

Existen las normas de bioseguridad para pacientes, familiares y prestadores de servicios, teniendo en cuenta el nivel de contagiosidad y la forma en que se propaga esta patología, puntualizó la viceministra.

La víspera, el ministerio de Salud Pública de Cuba informó que un paciente italiano, en Cuba desde el 15 de agosto, se convirtió en el primer caso de viruela símica en el país caribeño.

Según el reporte, durante su estancia permaneció en una casa de renta y visitó varios lugares en provincias del occidente del país.

El día 17 de agosto presentó síntomas generales y acudió a los servicios de salud el 18 ante la persistencia de los mismos.

Añade el informe que durante la primera atención médica brindada empeoraron los síntomas, por lo que requirió traslado urgente para su hospitalización y tratamiento intensivo, llegando al hospital en parada cardíaca, de la cual se recuperó.

En el examen físico se identifican lesiones en piel que hacen sospechar clínicamente la Viruela Símica, se toman muestras y se envían al Laboratorio Nacional de Referencia del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, donde se confirma la infección por PCR en tiempo real en la madrugada del día 20.

El paciente se encuentra en estado crítico, con peligro para su vida. Se estudian posibles causas asociadas que puedan haber condicionado su gravedad.

Se profundiza en la investigación epidemiológica, al tiempo que se realizan las acciones de control de foco, según lo previsto en el protocolo aprobado para enfrentar esta enfermedad en el país.

jha/joe

Fuente de la Información: https://www.prensa-latina.cu/2022/08/21/cuba-mantiene-activada-estrategia-para-enfrentar-viruela-simica

 

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UNICEF: Más de 250.000 niños de Haití no tienen acceso a educación a un año del terremoto

Más de 250.000 niños de Haití no tienen acceso a educación a un año del terremoto

Puerto Príncipe, 17 ago (Sputnik).- Más de 250.000 niños de Haití no tienen acceso a la educación un año después del terremoto ocurrido en el sur del país que mató a más de 2.200 personas y dejó a 130.000 familias sin hogar, advirtió el miércoles el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) .

«Un año después de que un devastador terremoto de 7,2 grados de magnitud sacudiera el suroeste de Haití, y a tres semanas del inicio de un nuevo año escolar, más de 250.000 niños no tienen acceso a escuelas adecuadas», dijo la entidad en un comunicado.

Unas 1.250 escuelas se destruyeron o dañaron por el temblor, el más catastrófico registrado en el país caribeño desde 2010, y la mayoría de ellas todavía no se reconstruyeron o rehabilitaron, lamentó la organización.

La situación amenaza la continuidad de estudio de miles de infantes que además no reciben los servicios sanitarios adecuados y pierden la oportunidad de desarrollar todo su potencial.

El martes, el ministro de Educación, Nesmy Manigat, anunció que se inaugurarán siete centros educativos en los departamentos afectados por el sismo, y estudian la edificación de otros 15.

El funcionario también precisó que las agencias de la ONU construyeron ocho escuelas y otras cinco serán rehabilitadas gracias a la financiación del Fondo Nacional de Educación.

El terremoto tuvo su epicentro en el departamento Nippes, al suroeste de la capital, y desde el año pasado tuvieron lugar más de 2.300 réplicas.

Unicef señaló que la recuperación en la región se ralentizó por la situación de inseguridad que limitó el paso terrestre desde Puerto Príncipe hacia los departamentos del sur. (Sputnik)

Fuente de la Información: https://www.elpais.cr/2022/08/17/mas-de-250-000-ninos-de-haiti-no-tienen-acceso-a-educacion-a-un-ano-del-terremoto/

 

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Paraguay: “El objetivo de una persona con discapacidad es insertarse en la sociedad y vivir como un ciudadano útil a la patria”

“El objetivo de una persona con discapacidad es insertarse en la sociedad y vivir como un ciudadano útil a la patria”

jueves, 18 de agosto de 2022

Julio César González, presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios Públicos con Discapacidad (ASONADIS), explicó que “el objetivo en la vida de una persona con discapacidad es insertarse en la sociedad y vivir como un ciudadano útil a la patria”. Sostuvo que la idea no es depender del asistencialismo, sino que el Estado otorgue oportunidades para competir, estudiar y trabajar en igualdad de condiciones que los demás. Fue durante una entrevista con el programa Educación 360 de Paraguay TV.

El titular de ASONADIS habló del proceso de Transformación Educativa y aseguró que el sector se siente “total y absolutamente cómodo” por la apertura y el diálogo dentro del proyecto “se escucha y se toma nota de todo”, resaltó.

Detalló que en todos los Foros Departamentales ASONADIS, que cuenta con unas 2.700 personas asociadas en 17 departamentos, estuvo presente. “Llevamos la visión y la realidad de los niños y adolescentes con discapacidad en los colegios y escuelas. Dejamos sentado por lo menos tres tópicos muy importantes: el imperativo de la ley de educación inclusiva que es una obligatoriedad, la capacitación, y la empatía del docente para con la persona con discapacidad, sea cual sea su condición de discapacidad hoy no puede estar excluido o relegado del sistema”, refirió.

En ese sentido, manifestó que con la Transformación Educativa esperan ver en los colegios y escuelas a nivel país una mayor incorporación e inclusión de niños, niñas y adolescentes con discapacidad. “Queremos erradicar el paradigma de que el niño con discapacidad debe estar en una escuela especial para discapacitados”, señaló.

Asimismo, dijo que debemos entender que cuando se habla de discapacidad no se trata solamente de acceso. “No solamente es rampa, la inclusión se refiere en todos los aspectos de la vida de la persona con discapacidad; su aspecto laboral, desarrollo de las artes, etc. Para que realmente su inserción sea plena se habla del goce pleno de todos sus derechos y eso abarca un sinfín de oportunidades”, especificó.

González fue claro en afirmar que lo que se busca es que el sistema educativo sea inclusivo y el alumno con discapacidad pueda estudiar, “nadie quiere que le regalen las respuestas del examen”, declaró.

Al respecto, refirió que tienen un trabajo con la sociedad en cuanto a concienciar sobre los derechos de las personas con discapacidad, “queremos contribuir para crecer”, subrayó.

Según el último censo del año 2012, el 10 a 12% de la población del país cuenta con algún tipo de discapacidad.

Fuente de la Información: https://www.transformacioneducativa.edu.py/noticias/%E2%80%9Cel-objetivo-de-una-persona-con-discapacidad-es-insertarse-en-la-sociedad-y-vivir-como-un-ciudadano-%C3%BAtil-a-la-patria%E2%80%9D

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Gráfica por Ayotzinapa

El Caso Ayotzinapa “fue un crimen de Estado”, pues “todas las autoridades federales, estatales y municipales estuvieron informadas” de lo que ocurría la noche del 26 de septiembre de 2014 sin que intervinieran para impedir la “desaparición y asesinato” de los 43 normalistas de la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, declaró el subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, al presentar el informe de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa.

A casi ocho años de los hechos, Encinas señaló frente a los padres de los estudiantes que la desaparición de sus hijos contó con “un encubrimiento al más alto nivel”, pues las autoridades de los tres niveles de gobierno supieron en tiempo real sobre “la toma de camiones, del traslado de estudiantes a Iguala, de su llegada al Rancho del Cura y a la caseta de Iguala, su arribo a la central de autobuses, de los hechos de persecución y de violencia de que fueron objeto” por parte del cartel Guerreros Unidos.

Las conclusiones preliminares del informe enfatizan que el ejército y la Marina tuvieron conocimiento de lo que sucedía no sólo porque sobrevolaron drones sobre la zona de los hechos, sino también porque había un infiltrado de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) en la normal de Ayotzinapa, bajo el mando del teniente de infantería Marcos Macía Barbosa, del 27 Batallón.

“La Sedena tenía dentro de la normal al soldado Julio César López Patolzin, quien estaba realizando informes para la secretaría en la escuela. Era el responsable de informar lo que acontecía en las asambleas y de las movilizaciones, e incluso estaba informado de los actos preparatorios de la marcha de 2 de octubre”, para la que los estudiantes se organizaron para conseguir los autobuses en los que se transportarían a la Ciudad de México.

El último reporte de López Patolzin, uno de los 43 desaparecidos, fue a las diez de la mañana del 27 de septiembre de 2014, “sin que sus mandos hicieran ninguna acción para garantizar su integridad y su búsqueda, como lo establece el protocolo para militares desaparecidos, que, de haberse aplicado, hubiera permitido no solamente proteger la integridad y buscar al soldado López Patolzin, sino a todos los estudiantes”, dijo Encinas.

Ocho años después de la Noche de Iguala, “no hay indicio alguno de que los estudiantes se encuentren con vida; todos los testimonios y evidencias acreditan que fueron arteramente ultimados y desaparecidos”, agregó el funcionario, que presidió la Comisión para la Verdad.

Encinas señaló que si bien “se acredita plenamente la colusión de autoridades de distintos órdenes de gobierno, como los policías municipales de Iguala, Cocula, Huiztuco Tetecuacuilco, con Guerreros Unidos para llevar a cabo la desaparición de los muchachos”, las investigaciones sobre el caso aún no han concluido.

Al momento de recibir las conclusiones de la Comisión, los padres y madres de los 43 declararon que emitirían su postura una vez que valoraran la información y contaran con la opinión de los expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pero su abogado y vocero, Vidulfo Rosales, adelantó que “para decir que ya se sabe lo que ocurrió estamos lejos”.

 

Fuente de la Información e imagen:  https://desinformemonos.org

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Salud docente: precarización y desgaste en las aulas argentinas

Por: Julián Mónaco

Agotamiento psicológico, disfonías, problemas digestivos son algunas de las situaciones que describen quienes trabajan en el sistema educativo nacional. Entre salas de espera, varias horas en distintas escuelas para llegar a un salario digno y peleas eternas con las aseguradoras de riesgos del trabajo, ¿cómo pegan la crisis y la postpandemia en los cuerpos de quienes a diario enseñan en las aulas argentinas?

Natacha da clases en secundarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires desde hace diez años. En la actualidad, trabaja 38 horas cátedra semanales, pero llegó a trabajar 42 en cinco escuelas distintas a la vez: un liceo, un normal, un técnico, un CENS y un comercial. “Pasaba 12 horas por día de corrido fuera de mi casa. Creo que eso hace muy mal”, dice. Esta profesora de Historia cuenta que la tarea docente muchas veces le genera estrés y angustia y hace un alto en la jornada para reflexionar en los por qué. Piensa, por ejemplo, si su trabajo tiene una implicación subjetiva mayor a la de otros: “Cuando charlo con amigas que no son docentes, me doy cuenta de que ganan bastante mejor, quizás laburan alguna hora más, pero toman el trabajo como un medio, como una actividad cualquiera. En cambio, la carga emocional y la presión con la que nosotras hacemos nuestra tarea es muy grande”. Natacha cree también que la idea de vocación —que rodea siempre a la labor docente— en ocasiones se transforma en una suerte de auto-explotación encubierta: “A veces me digo a mí misma `bueno, me quedo más horas a la noche para que los pibes entiendan y salga todo bien`. Y quizás lo que los pibes necesitan para aprender mejor son otras condiciones de existencia”.

¿Cómo impactan en la salud física y emocional de las y los docentes la sobrecarga laboral y la multiplicidad y variedad de demandas que llegan a las aulas en un contexto de crisis económica y social? ¿Qué riesgos conlleva hoy la tarea de enseñar? ¿La pospandemia trajo nuevos malestares? ¿Por qué dentro de los sindicatos los espacios dedicados a estas temáticas ganan importancia? ¿Cuáles son sus principales batallas?

En octubre de 2018, CTERA publicó los resultados de una Encuesta Nacional de Salud y Condiciones Laborales para la que fueron consultados 2.283 docentes de 14 provincias: en ella, el 87% de las y los profesores y maestros señalaba que, en los últimos doce meses, había padecido patologías como el estrés y la disfonía; el 68%, problemas osteoarticulomusculares; el 48%, problemas digestivos y el 42%, dificultades respiratorias.

Mientras Natacha viaja —en subte y colectivo— de una escuela a otra, también lo hace Estela: “Mis complicaciones tienen que ver con lo anímico, con lo emocional”, dice. Profesora de Comunicación en cuatro escuelas porteñas —tres técnicas y una media—, cuenta que se siente estresada “sobre todo en algunas fechas puntuales, como las de cierre de notas, en las que se acumulan muchas demandas desde distintos espacios dentro de una misma escuela. Y eso a mí se me multiplica por cuatro”. Estela menciona también malestares físicos vinculados a la infraestructura escolar, como los dolores de cabeza que le genera el pasar muchas horas en aulas con calefacción que no están bien ventiladas: “A veces tengo que tomar un paracetamol porque el dolor ya es insostenible. Y también pesan las largas jornadas que enfrento porque tengo la necesidad económica de llegar a fin de mes. Y aún así, en estos últimos meses, me pasa que llego muy justa y que a veces tengo que pedir ayuda”, dice Estela, que acumula 53 horas cátedra semanales.

La docente marca también que, en la pospandemia, se le agregaron nuevas tareas: “Se nos sumó un trabajo extra que antes teníamos pero que no realizábamos a través de espacios digitales. Hoy todes les profesores tenemos un Google Classroom para cada una de las asignaturas. Incluso, si damos la misma asignatura en varios cursos, tenemos un Classroom por cada uno”. Finalmente, dice que en las escuelas en las que trabaja, las y los docentes no tienen un espacio específico para intercambiar sobre su salud: “Lo hacemos en los momentos que podemos encontrar. En los pasillos, en los recreos, en la sala de profesores. Es de manera informal y funciona como un desahogo. No para pensar en soluciones. Y esto en parte es así porque últimamente los Espacios de Mejora Institucional están sobrecargados de información, de normativas nuevas”.

En el relato de Paula, que trabaja en dos escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires, la multiplicación de reformas aparece asociada a la presión que genera el tener que traducirlas —una y otra y otra vez— con el propio cuerpo: “La supervisora llegó a la sala de profesores y simplemente descargó sobre nosotras una cantidad innumerable de nuevas tareas. Las leyó desde la computadora, como si fuese una máquina. Nunca nos preguntó nada. Quizás le daba vergüenza mirarnos porque la distancia entre lo que ella leía y lo que nos toca enfrentar acá todos los días era enorme. Nos fuimos muy angustiadas, pensando en cómo íbamos a hacer para poder cumplir con todo. Pero lo más feo es que, al otro día, charlando con una compañera, nos dimos cuenta de que a la noche las dos habíamos tomado pastillas para poder dormir. Creo que nos angustiamos un poco más”.

En una nueva encuesta nacional realizada por CTERA ya en julio de 2020, el 39% de las y los trabajadores de la educación indicó que el salario que percibe es el único ingreso en su casa. Aunque si se agrega a aquellas y aquellos que señalaron que se trata del ingreso principal, el porcentaje total de las y los docentes sostén de hogar asciende al 73%. Sin embargo, en un contexto de deterioro generalizado de los salarios frente a la inflación, es probable que, por ejemplo, el porcentaje de docentes del nivel secundario que trabajan en tres o más escuelas (que en ese momento ascendía al 41%) esté creciendo, al igual que el porcentaje de las y los que enseñan en 8 o más cursos a la vez (50% a mediados de 2020).

En este sentido, Noemí Tejeda, secretaria de Salud Laboral de esta entidad gremial, afirma: “Algunas de las causas principales por las que aparecen problemas como el cansancio, el agotamiento e incluso distintos tipos de fobias son la sobrecarga laboral y la multiplicidad de tareas. Para llegar a fin de mes, las compañeras y los compañeros están tomando cada vez más horas de clase: más horas cátedra en el secundario o un doble cargo si están en primaria”. Y, al igual que Natasha, recupera también la dimensión subjetiva: “En cualquier sector el trabajador y la trabajadora deben sentirse realizados con lo que hacen, deben sentirse completos. Pero en el sector docente siempre se señala lo que falta”.

Un quiebre en la voz

Hasta el 2015, Fabiana daba clases de inglés en escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires y también de la Provincia. Algún tiempo antes de ese año había comenzado a notar problemas en su voz: a lo largo de las clases, ésta se entrecortaba y algunos sonidos se perdían en el aire. Realizó consultas y, finalmente, le diagnosticaron nódulos en sus cuerdas vocales. “Empecé con tratamientos particulares, pero no resultaron fructíferos”, dice. Debió tomar una licencia y hacer la denuncia en la ART: “Estuve en tratamiento fonoaudiológico y con controles otorrinológicos mensuales bajo la órbita de Provincia ART durante un año. Cumplido ese plazo, la empresa dio por finalizado el tratamiento y una junta médica, al ver que el cuadro mejoraba pero los nódulos persistían, decidió que tenía que cambiar de tareas. Con un dictamen médico, me recalificaron: ya no podía hacer uso profesional de la voz. En 2015 tuve que salir de las aulas y asumir tareas administrativas. La ART me indemnizó por los daños y comencé una nueva etapa”.

La docente, que había comenzado a ejercer su carrera soñada a los 19 años, vuelve sobre su propia historia y reconstruye algunas de las condiciones objetivas que acabaron por truncarla, como la excesiva carga horaria y las condiciones de trabajo cotidianas: “La cantidad de niñas y niños que atendemos, escuchamos y contenemos; las aulas no acustizadas, los ruidos exteriores; las horas no remuneradas que dedicamos en nombre de la vocación. En fin, un sin números de condiciones que erosionan nuestra tarea”. Finalmente, Fabiana señala también que el sistema de salud laboral no está enfocado en la prevención, sino todo lo contrario: “En toda mi carrera, desde que la inicié en 1990, nunca tuve un solo control de salud de parte de mis empleadores. Presenté el apto médico cuando ingresé a ambas jurisdicciones y eso —increíblemente— fue todo”.

En 1996 se publicó en el Boletín Oficial el Listado de Enfermedades Profesionales previsto por la Ley de Riesgos del Trabajo, sancionada el año anterior junto, por ejemplo, a la de Flexibilización Laboral. En el caso de las y los docentes (y no de las y los auxiliares), el listado reconoce como enfermedades asociadas a su actividad profesional la disfonía y la hepatitis A (para las y los maestros de escuelas primarias). Más adelante, en 2003, se incorporaron al listado la fiebre hemorrágica con síndrome renal y el síndrome pulmonar que produce el hantavirus (para las y los maestros rurales) y, ya en 2014, las várices bilaterales y las hernias.

“Somos profesionales de la voz”, dice la secretaria de salud laboral de SUTEBA, Marisa Barromeres y amplía: “Sin embargo, la ley entiende a las disfonías de una manera muy limitada. Por eso desde que apareció esta normativa nos dedicamos a estudiarla y a investigar en el territorio para enfrentar estas visiones restringidas y poder acompañar a las y los compañeros en sus denuncias. Por ejemplo, hace tiempo comprobamos que, antes de los nódulos, puede haber hiatus y esbozo nodular y trabajamos para que las ART reconozcan estas enfermedades que durante mucho tiempo habían sido rechazadas. De hecho, todavía ocurre que tenemos rechazos”. Barromeres señala también que es necesario trabajar en materia preventiva: por ejemplo, incorporando en la formación de las y los docentes herramientas que les permitan construir una “voz pedagógica”.

La referenta de SUTEBA —gremio que actualmente cuenta con alrededor de 100 mil afiliadas y afiliados y un dispositivo institucional que incluye 17 centros de salud y la participación en comités mixtos de seguridad y salud en todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires— señala también que “los factores psicosociales no están reconocidos en la ley. Si alguien denuncia alguna situación de este tipo, la ART se la rechaza. En definitiva, para la ART existimos de la garganta para abajo”.

El costo después del aspo

De acuerdo a Tejeda, una de las singularidades del trabajo docente es que las y los educadores están inmersos en sus propias problemáticas socioeconómicas y, al mismo tiempo, en las de las y los estudiantes y sus familias. “La tensión social repercute fuertemente en la escuela. A medida que se profundiza la desigualdad, se agrega una mayor complejidad al trabajo docente”, dice. La gremialista  de CTERA señala también que, aunque la sociedad en general ha ido avanzando en una nueva agenda de derechos (vinculados, por ejemplo, a la inclusión y a las cuestiones de género), es en la escuela en donde buena parte de esas demandas son concretamente registradas. “Sin embargo, muchas veces no se cuenta con los recursos necesarios como para dar una respuesta efectiva. Hay dispositivos, hay protocolos, pero no alcanza. Y esa situación genera una gran impotencia que también es fuente de estrés laboral”.

Nadia cuenta que el retorno a la presencialidad les está costando mucho tanto a docentes como a estudiantes: “Pienso en la intolerancia, en la poca paciencia. Tenemos que aprender a vincularnos otra vez”. Esta profesora de Inglés, que trabaja mañana, tarde y noche en una escuela media del Bajo Flores, subraya el “esfuerzo doble” que demanda formar estudiantes que pasaron del Nivel Primario al Secundario en medio de las medidas de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, pero también el tener que volver a construir equipos de trabajo en la sala de profesores, ya sin pantallas de por medio. Todo ese esfuerzo, cuenta, repercute en su salud: “Cuando estábamos en la pandemia tenía un estrés y un cansancio mental tales que pensaba ´por favor que termine esto porque estallo´, pero la vuelta a la escuela fue bastante similar. Desde que retomamos la presencialidad vivo disfónica: cada quince días pierdo la voz”.

En el barrio de Flores, a media hora de colectivo de la escuela de Nadia, trabaja Natalia: “No pude dormir en todo el fin de semana pensando en si el lunes iba a encontrarme con mi alumna sana y salva”, dice esta docente de séptimo grado. Cuando piensa en los malestares que implica el ejercicio de su profesión, reconstruye un viernes especialmente agotador (pero, a la vez, “común y corriente”) en el que se encadenaron situaciones cargadas de tensión frente a las que le tocó dar respuestas muy rápidas y muy precisas: una niña se cortó el antebrazo con el filo del sacapuntas —“me dijo que lo hizo porque estaba triste y sola”, relata Natalia—, otra le contó una escena de violencia en su casa, otras dos le reclamaron porque un compañero las había llamado “putas”. “Hoy lunes vuelvo a la escuela como si fuera una persona normal que durmió. Pero no”, dice Natalia. Ya al final de la tarde, regresa a su casa y se encuentra con una ola viral de comentarios en las redes sociales suscitados por los resultados de las pruebas Aprender: “Que no somos idóneos, que somos fracasados”. Para no contagiarse ella también, decide no leer ni escuchar más nada.

“La escuela es la caja de resonancia de todos los conflictos sociales”, dice Barromeres y agrega: “Hay chicas y chicos que hicieron el primer y el segundo año del secundario en la virtualidad y, cuando llegaron a la escuela, se encontraron con más de diez profesores, con un edificio nuevo, sin saber muy bien cómo moverse ni cómo relacionarse y, sumado a eso, toda una carga familiar muy densa”.

En la escuela del Bajo Flores en la que da clases de inglés, Nadia —que tiene una carga horaria semanal de 60 horas reloj— también colabora en el Área de Comunicación del ciclo básico y es tutora y coordinadora de tutores. Pero, además, es referenta de estudiantes madres y padres así como de estudiantes embarazadas. En su relato, al igual que en el de Natalia, aparece una y otra vez un aspecto del trabajo docente vinculado a la contención y a la construcción de lazos comunitarios que requiere mucho esfuerzo e imaginación y que impacta fuertemente en el cuerpo de quienes lo realizan. “Estamos teniendo muchos problemas de convivencia”, dice Nadia y relata: “Todo el tiempo tenemos que estar apagando incendios: peleas entre estudiantes, peleas que comienzan en las redes y continúan en la escuela, peleas entre familias del barrio. Al mismo tiempo, me voy enterando de muchas situaciones densas de chicas abusadas, maltratadas. Una va cargando con todo eso porque es muy difícil correrse: son pibes y pibas que vemos todos los días, que conocemos desde muy chiquitos. Creo que a veces no tomamos dimensión de hasta dónde nos afecta”.

Hace poco, uno de esos episodios —que derivó en un conflicto entre una mamá y las autoridades de la escuela— la terminó bloqueando: “Me quedé parada en la puerta de la sala de profesores y no me podía mover. Me largué a llorar, temblaba, era una angustia que no me dejaba hablar. Encima era un viernes y los viernes trabajo de corrido desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, con un par de horas en el medio en las que voy a buscar a mi hija a la escuela”. Al igual que sus colegas, Nadia también hace hincapié en el deterioro de los salarios: “Como el sueldo alcanza cada vez menos, trabajás más horas y entonces tenés menos tiempo para planificar, para vivir, para estar en tu casa, para pasar tiempo con tu familia”. Finalmente, rescata el trabajo diario junto a sus compañeros y compañeras: “Me siento orgullosa de formar parte de un grupo de docentes que tenemos mucha empatía hacia lo injusto y eso me ayuda todos los días”.

Fuente de la información e imagen:  https://revistacrisis.com.ar

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