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Se debe abordar el efecto desproporcionado de Covid-19 en las mujeres

Pero auditar tales esfuerzos será difícil, mientras que las consecuencias no deseadas siempre son un riesgo, advierte Athene Donald

Dondequiera que uno mira, uno ve evidencia de diferencias en los resultados de la vida para hombres y mujeres, y para la población blanca en comparación con sus contrapartes BAME.

Mire los datos recientes sobre salarios de recién graduados por género. O considere la brecha salarial de género en casi todas las organizaciones (UK Research and Innovation, por ejemplo, acaba de anunciar un ligero aumento en su propia brecha salarial de género). Y para las personas blancas y BAME hay tasas de mortalidad muy diferentes en la pandemia actual. Parece que nuestra sociedad aún exhibe ventajas significativas para el hombre blanco, a pesar de los intentos a lo largo de los años de avanzar hacia la equidad. Todavía se necesita una acción social más radical y amplia para erradicar estas diferencias. El cambio es desesperadamente lento.

La pandemia debería ofrecernos una oportunidad para reflexionar y un momento para introducir un cambio radical, ya que nuestras vidas necesariamente cambian. Un área de la academia donde las diferencias se manifiestan en las condiciones actuales, como muestran muchas anécdotas, es el impacto en la productividad de los cuidadores. Y, por supuesto, «cuidadores» con frecuencia, pero ciertamente no exclusivamente, significa mujeres. Los editores (vea este editorial de Nature ) han estado comentando durante algunas semanas que las presentaciones de autoras han disminuido y se está acumulando una anécdota adicional en blogs y redes sociales de todo el mundo.

La recopilación de datos de Digital Science confirma este triste hecho. En los últimos cinco años, la proporción de envíos de mujeres ha aumentado progresivamente, desde poco menos de un tercio del total de envíos, hasta un poco más. Sin embargo, en mayo de este año, no solo se ha desplomado el número total de envíos, sino también la proporción de mujeres: ahora se ha reducido a poco más de una cuarta parte. Podemos esperar que esta brecha de presentación se mantenga, si no empeora, ya que las consecuencias del cierre global persisten en los meses, posiblemente en los años venideros. El tiempo perdido ahora para la productividad no se recuperará fácilmente.

¿Esto importa? Claro que lo hace. Todos sabemos que, en cada etapa de una carrera, las publicaciones se pesan en el balance para citas, promociones y, aunque sea un poco más indirectamente, también para financiamiento. ¿Cómo considerará alguno de los paneles que juzgan y comparan a las personas las experiencias de pandemia, buenas o malas para la productividad, en la toma de decisiones? Después de todo, para aquellas personas que simplemente se mostraron despreocupadas, literalmente sin responsabilidades de cuidado, durante estas semanas extraordinarias, la productividad puede haberse disparado (suponiendo que sus estados mentales lo hayan permitido). Intentar introducir políticas neutrales de género a medida que avanzamos requiere una cuidadosa reflexión. Sin embargo, debemos tener cuidado para evitar consecuencias no deseadas.

Para dar un ejemplo específico que fracasó, considere la evidencia con respecto a los economistas estadounidenses a los que se les otorgó un año adicional para su seguimiento de tenencia debido al nacimiento de un hijo. Los autores de un estudio que examinó los efectos de la disposición afirman que «después de la implementación de una política de detención del reloj neutral en cuanto al género, la probabilidad de que una profesora asistente obtenga la tenencia en esa universidad disminuye en 22 puntos porcentuales, mientras que las tasas de tenencia masculina aumentan en 19 puntos porcentuales ”, posiblemente porque“ los hombres tienen más probabilidades de ser productivos mientras se detiene su reloj de tenencia y las mujeres son mucho menos capaces de hacerlo ”.

Por lo tanto, es necesario tener precaución en la forma en que las instituciones (y los financiadores) abordan los problemas que enfrentan las personas como resultado de esta pandemia, pero es vital que se tenga en cuenta. Pedirle a cada solicitante que explique, digamos en 100 palabras o menos, cuáles eran las condiciones de su hogar, podría ser un buen lugar para comenzar, pero podría ser imposible auditar. Alternativamente, se introduce un requisito para completar una lista de verificación de posibles perjuicios, que abarca factores tales como: el número y la edad de los niños que realmente tuvo que ir a la escuela (en lugar de que alguien más en el hogar realice el trabajo) y por cuántos días semana en promedio; la cantidad de miembros vulnerables de la familia que estaba cuidando; y cualquier semana de mala salud (incluidos problemas de salud mental) para usted y otros miembros de la familia.Esto permitiría que los factores de ponderación sobre las publicaciones producidas durante el (los) año (s) siguiente (s) sean renormalizados, aunque nuevamente con problemas de auditoría. ¿Debería una puntuación de cero en esa lista de verificación conducir a una ponderación negativa?

Las responsabilidades más allá del hogar familiar también deben considerarse y son igualmente difíciles de convertir en cualquier tipo de métrica. Dado que las mujeres generalmente han estado cargadas con más atención pastoral en un departamento, es difícil imaginar que sus deberes hayan disminuido durante la pandemia. Es comprensible que los estudiantes ansiosos hayan estado llenando las bandejas de entrada con preguntas sobre evaluaciones y pidiendo apoyo. Tampoco estoy convencido de que los requisitos para producir conferencias en línea con poca antelación hayan sido neutrales en cuanto a género.

En todos estos temas relacionados con el género, a medida que las universidades vuelven a algo similar a la normalidad anterior, los líderes de alto nivel deben reflexionar sobre las consecuencias y cómo manejarlas de manera justa en los próximos años: el impacto no será de corta duración. La revisión independiente del proceso Athena Swan (del cual yo era miembro del grupo directivo) ha recomendado que se piense mucho más en la cultura institucional en las aplicaciones. Partes importantes de esto incluyen cómo se consideran las promociones y se evalúan las cargas de trabajo. El informe, que apareció justo antes del cierre, obviamente no podría tener en cuenta las consecuencias de la pandemia, pero es esencial que, si se cumplen los objetivos de Athena Swan, se tengan en cuenta los puntos que planteo. Las aplicaciones futuras deben incluir evidencia clara de cómo se ha hecho esto. Espero sinceramente que AdvanceHE, que administra los premios, adopte plenamente nuestras recomendaciones.

En muchos frentes se está reconociendo cómo la pandemia está exacerbando las desigualdades ya presentes en nuestra sociedad. Estos incluyen los resultados de salud preocupantemente más pobres para las personas BAME a las que aludí anteriormente. También es probable que la diferencia en el progreso educativo (e incluso nutricional) entre los niños favorecidos y desfavorecidos haga eco de los años en detrimento colectivo de la sociedad, así como del individuo. En comparación, tratar las diferencias de género en publicaciones académicas puede parecer relativamente pequeño, pero, igualmente, debería ser posible tratarlo más fácilmente. Altos líderes sectoriales, espero que estén tomando nota.

Dame Athene Donald es maestra de Churchill College en el Universidad de Cambridge .

Fuente: https://www.timeshighereducation.com/opinion/disproportionate-effect-covid-19-women-must-be-addressed

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“Estoy fallando como investigadora y madre”: la COVID-19 amplía la brecha de género en ciencia

Por: Cristina Sáez

El confinamiento ha puesto al límite a las personas a cargo de niños y familiares dependientes, y las mujeres se llevan la peor parte. También las científicas. Los primeros estudios señalan que ellas están publicando menos y arrancando menos proyectos nuevos que sus colegas hombres.

Hay señales tempranas de que las mujeres científicas, al estar dedicando más tiempo a cuidar y a la educación de los hijos en casa, están publicando menos. / Adobe Stock

“Cuando acabe esto los investigadores sin hijos tendrán escritos dos artículos o un capítulo de libro. Los padres, nuestro nombre con macarrones de colores”, se lamentaba en Twitter el profesor de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Pau Alsina, director de la revista sobre arte, ciencia y tecnología Artnodes.

La crisis del coronavirus está impactando en la vida diaria de millones de personas que cada día deben conjugar teletrabajo, productividad y eficiencia con cuidado de personas dependientes, de niños y escuela en casa; además, a eso hay que sumar tareas domésticas y un extra de cocina, lo que repercute en niveles elevados de cansancio, ansiedad y estrés.

Además de poner sobre la mesa el (poco) valor que se otorga a los cuidados en la sociedad, la situación está exacerbando la desigualdad de género en toda Europa, alertan algunos estudios preliminares

Esa situación, además de poner sobre la mesa el (poco) valor que se otorga a los cuidados en la sociedad, está exacerbando la desigualdad de género en toda Europa, alertan algunos estudios preliminares. Porque, aunque las consecuencias económicas y sociales de la pandemia son peores para aquellos que cuidan, tanto hombres como mujeres, son ellas las que se llevan la peor parte. Y eso está reforzando la brecha de género en todos los ámbitos, también en el de la ciencia y la investigación.

“Mi marido tiene un trabajo totalmente inflexible y se encierra en el despacho de 9 a 6, casi todo el tiempo con teleconferencias. Yo tengo el ordenador en la cocina y tres hijos pequeños que me interrumpen cada cinco minutos porque no entienden alguna cosa de los deberes, tienen hambre o quieren que juegue con ellos. Es imposible concentrarse así para escribir un artículo”, explica a SINC Roni Wright, investigadora posdoc en el laboratorio que dirige Miguel Beato en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona. “Estoy exhausta y me siento desesperada porque estoy fallando como científica y como madre”.

No son casos anecdóticos

El caso de esta investigadora no es aislado. En las redes sociales numerosas académicas, con más o menos humor, están denunciando que esta situación de crisis, con hijos pequeños en casa, está impactando en su investigación, algo que también han observado editores de algunas revistas científicas, que advierten que los envíos de estudios por parte de mujeres se han desplomado, mientras que los de hombres aumentan.

Aunque la mayoría de las revistas no piden a los autores de los trabajos ni a los revisores que identifiquen su género —según han alegado NatureSciencePlosOne y The Lancet a SINC—, recientemente un metaanálisis sobre artículos relacionados con COVID en PubMed mostraba que hay un desequilibrio entre la cantidad de estudios publicados por ambos sexos.

En este sentido, la editorial holandesa Elsevier ha anunciado que emprende un ambicioso análisis para saber el impacto real que el confinamiento está teniendo sobre la tasa de envíos de manuscritos y la actividad de revisión por parte de académicas en todas sus publicaciones.

La editorial holandesa Elsevier ha anunciado que emprende un ambicioso análisis para saber el impacto real que el confinamiento está teniendo sobre la actividad de las académicas en todas sus publicaciones

“Hay señales tempranas de que las mujeres, al estar dedicando más tiempo a cuidar y a la educación de los hijos en casa, están publicando menos, lo que a largo plazo impactará en el desarrollo de su carrera, puesto que la publicación de artículos es la clave para obtener financiación y promoción en la mayoría de ámbitos”, señala la investigadora Bahar Mehmani, que junto a otros tres miembros de PEERE, entre ellos Francisco Grimaldo, de la Universidad de Valencia, llevará a cabo esta empresa.

“Las revistas científicas deberían apoyar ciencia que progresa y eso no ocurrirá a plena capacidad sin introducir diversidad e inclusión”, subraya Mehmani, que explica que el proyecto de Elsevier persigue, por un lado, ayudar a concienciar a la comunidad académica y a los editores sobre esta cuestión; y por otro, empujar a las instituciones académicas, entidades financiadoras y legisladores a considerar este periodo excepcional en sus decisiones.

A falta de conocer los resultados de este proyecto holandés, los primeros análisis realizados muestran que ellas están publicando menos preprints y arrancando menos nuevos proyectos de investigación que ellos.

Menos artículos, menos dinero y oportunidades

La ecóloga de la Universidad de Toronto Megan Frederickson fue una de las primeras en dar la voz de alarma. Revisó los repositorios arXiv y bioRxiv y comparó los nombres de los autores de 36.529 estudios con la base de datos de la seguridad social de los EE UU, que registra nombre y género. Analizó el periodo comprendido entre el 15 de marzo y el 15 de abril de 2019 y 2020, y vio que el número de mujeres autoras había crecido un 2,7 %, en comparación con el 6,4 % de hombres.

Otro estudio posterior halló una tendencia similar: había un decrecimiento en la proporción de envíos de investigadoras autoras y la diferencia era más acusada cuando se trataba de primeras autoras, que suelen ser jóvenes que están empezando su carrera.

“La manera de evaluar a un científico es qué pública y dónde. Eso tiene un impacto enorme a la hora de que le concedan una beca o le den una promoción, o se coloque en el ranquin de investigadores punteros”, remarca Isabelle Vernos

“La brecha de género es muy importante en toda la carrera investigadora, pero sobre todo en las primeras fases en que tienes que despegar, que coincide con cuando tienes niños pequeños”, apunta a SINC Elisa López Álvarez, con dos niños de uno y tres años,  investigadora de ISGlobal que acaba de volver de Sudáfrica de realizar un posdoc en el Centro Desmond Tutu. “Trabajar con ellos en casa es muy difícil y es posible que en seis o siete meses no logre publicar lo que se espera, lo que hará que no obtenga financiación y no consiga mantener el track científico”, se lamenta.

“La manera de evaluar a un científico es qué pública y dónde lo publica. Eso tiene un impacto enorme a la hora de que le concedan una beca o le den una promoción, o se coloque en el ranquin de investigadores punteros”, remarca a SINC Isabelle Vernos, investigadora Icrea en el CRG, quien hasta hace poco presidía el grupo de trabajo de género en el Consejo Europeo de Investigación.

Un estudio más exhaustivo realizado por investigadores canadienses y estadounidenses analizó 307.459 preprints y proyectos enviados por más de 1,3 millones de autores, lograron asignar género al 92 % y comprobaron que durante los meses de marzo y abril menos mujeres habían enviado trabajos a esos servidores en comparación con los dos meses precedentes y ese mismo periodo en 2019.

En fase de supervivencia

Estos resultados se hacen eco de las conclusiones de otros informes que alertan que no solo las mujeres están publicando hasta un 20% menos sino que, además, están participando menos que los hombres en proyectos relacionados con la COVID.

“Mis compañeros están empezando investigaciones nuevas relacionadas con coronavirus. Yo no puedo, estoy en fase de supervivencia, y temo que esto afecte a mi carrera porque estoy dejando pasar oportunidades”, comenta, preocupada, Cristina Villanueva, investigadora asociada del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que compagina el cuidado de sus hijas, de tres y siete años, con su marido.

“En los próximos meses tendremos un montón de artículos firmados por hombres y no por mujeres. Cuando compitan por financiación, por una promoción, habrá diferencia. Las investigadoras están perdiendo competitividad”, señala Staniscuaski

Que cuidar y criar pasa factura a los investigadores y sobre todo a las académicas no es nuevo. Fernanda Staniscuaski, investigadora de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (Brasil), impulsó en 2017 un movimiento mundial, Parent in Science (paternidad en ciencia), precisamente para alertar sobre ello.

Un artículo en PNAS reciente mostraba que ambos padres se ven impactados, por supuesto, por la llegada de un hijo, pero en la academia casi el 50 % de las mujeres abandonan sus posiciones STEM tras ser madres, un porcentaje que en el caso de los hombres es del 23 %. Los hombres sufren un impacto, sí, pero no es comparable al de las mujeres”, afirma.

Medidas correctivas

Recientemente, Staniscuaski junto a otras investigadoras alertaba en una carta en Science de la situación de desventaja de las investigadoras durante esta crisis y reclamaba que se tomaran medidas para paliarla. “En los próximos meses tendremos un montón de artículos firmados por hombres y no por mujeres. Cuando esos investigadores compitan por becas, por financiación, por una promoción, habrá diferencia. Las investigadoras están perdiendo competitividad”, señala a SINC.

“La comunidad científica, las agencias financiadoras, tienen que pensar con carácter urgente formas de mitigar ese impacto”, reclama Christian Rutz, catedrático de la Universidad de Saint Andrews (Escocia) y editor sénior de la revista eLife.

“¿Cómo estimar cuántos artículos científicos no ha escrito un padre o una madre durante el confinamiento? ¿Es igual tener uno o dos hijos?”, cuestiona Rutz

“Se deberían permitir permisos por esta falta de oportunidades durante la pandemia en solicitudes de financiación, promoción, premios. Aunque soy consciente de que implementar esas medidas correctivas puede ser increíblemente difícil porque la productividad de los investigadores en condiciones ideales varía de forma natural. ¿Cómo estimar cuántos artículos científicos no ha escrito un padre o una madre durante el confinamiento? ¿Es igual tener uno o dos hijos?”, cuestiona Rutz.

Para Tània Verge, directora de la Unidad de Igualdad de Género de la Universitat Pompeu Fabra, “aunque aún es pronto y hace falta tener más datos para evaluar la situación y poder aplicar ponderaciones, una opción es hacer constar en los currículums la situación familiar, para que sea un indicativo de la productividad y que se tenga en cuenta en las evaluaciones. Los colegios no abrirán como mínimo hasta septiembre, lo que supondrá más de seis meses de parón, un tiempo suficientemente largo como para que tenga efectos importantes”.

Los centros de investigación y las agencias financiadoras también, reclaman los expertos, deberían ser muy flexibles a la hora de conceder extensiones para los proyectos. Habría que negociar los resultados que se esperan de las becas. Y revistas y congresos deberían implementar políticas activas correctivas, para que no haya colectivos infrarrepresentados.

Una acción en favor de la igualdad sería que científicos top explicaran que solo trabajan cinco horas al día porque “están cuidando a sus hijos, en lugar de limitarse a hacer declaraciones reconociendo que las mujeres están en desventaja”, dice Oertelt-Prigione

Porque al final, que las mujeres tengan menos presencia en ciencia no es un problema que les afecte solo a ellas. “Todos los actores del ámbito de la investigación y la ciencia deberían plantearse esta cuestión, porque si solo tenemos un tipo de científicos y un tipo de investigación, corremos el peligro de dejar de lado dimensiones esenciales de la sociedad, posiblemente las más vulnerables”, reflexiona Sabine Oertelt-Prigione, catedrática de género en medicina de la Universidad holandesa de Radboud.

Para esta investigadora, una manera eficiente de romper una lanza en favor de la igualdad y de poner en valor los cuidados sería que también científicos top hicieran público que solo trabajan cinco horas al día porque “el resto del tiempo están cuidando a sus hijos, porque sus parejas trabajan y su carrera es tan importante como la suya, en lugar de limitarse a hacer declaraciones reconociendo que las mujeres están en desventaja”, señala.

“Eso nos reduce a ‘pobres mujeres científicas’. Y yo no soy una pobre mujer científica. El sistema nos empuja a ciertos roles”, concluye.

Fuente e Imagen: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Estoy-fallando-como-investigadora-y-madre-la-COVID-19-amplia-la-brecha-de-genero-en-ciencia

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Pandemia académica: la cuarentena acentúa la desigualdad de género en la academia

Por: Sofía García-Bullé

La cuarentena ha puesto en evidencia el “muro materno” que bloquea el avance de las mujeres en la academia.

Conforme el periodo de cuarentena avanza, un fenómeno social regresivo sucede en los hogares de profesionistas que son madres. El desbalance de género se ha vuelto patente en las dinámicas de parejas con hijos que ahora se encuentran trabajando desde casa, con las mujeres compensando por el tiempo y las tareas que implican el cuidado del hogar y los hijos. Como consecuencia, los trabajos académicos escritos por mujeres se han reducido considerablemente. La realidad epistémica durante la pandemia está siendo escrita en su mayoría por hombres. ¿Cómo se explica que esto suceda en pleno siglo XXI?

Esta dinámica desbalanceada puede deberse a un viejo hábito que aún forma parte la socialización con base en el género. De acuerdo a los principios relacionados con las labores, el trabajo pagado o profesional, por definición, vale más que las labores del hogar, el primero puede ser monetizado y tiene un valor económico claro, el otro carece de una tabulación que le asigne un valor económico medible, sin embargo, sus resultados pueden tener más alcance y significación que un trabajo de oficina.

Tradicionalmente, el trabajo para el sustento de una familia se ha asignado a los hombres, aunque hoy en día la fuerza de trabajo se comprende de una presencia femenina competitiva, es común ver a los hombres como el sostén económico del hogar. Esto afecta seriamente la capacidad de las profesionistas para trabajar las mismas horas, dado que, a diferencia de sus equivalentes masculinos, se espera que asuman el rol principal en las tareas del cuidado del hogar y de los hijos.

La merma de género en la academia

A mediados del mes de abril, la doctora Elizabeth Hannon, Directora Asistente en The British Journal for the Philosophy of Science, comentó públicamente en Twitter sobre una dramática disminución en la presencia de artículos enviados por académicas mujeres. “Insignificante el número de propuestas para el diario por parte de mujeres durante el mes pasado. Nunca había visto nada así”.

El breve comentario de Hannon fue seguido por una avalancha de reconocimiento y empatía de una gran cantidad de académicas para las que el aislamiento ha sido una experiencia muy distinta a las de sus parejas y colegas masculinos. Las breves crónicas fueron muy variadas pero todas coincidían en una sola cosa: No hay tiempo de escribir cuando los cuidados de la casa y de los niños no son una responsabilidad compartida y se espera más de ellas que de ellos.

Hannon no es la única editora de revistas académicas que ha notado este paradigma, David Samuels, co-editor del journal Comparative Political Studies, respondió al hilo de discusión que abrió su colega en Twitter con sus propios datos. Samuels declaró que las propuestas por parte de mujeres a su revista alcanzaron el mismo número que en abril del año pasado, mientras que las de los hombres aumentaron en un 50 por ciento.

“Publish or perish”: productividad en la academia

Alessandra Minello, estadística y demógrafa social de la Universidad de Florencia, Italia, escribió un artículo sobre lo que la cuarentena revelará sobre el «muro materno» que bloquea el avance de las mujeres en la academia, un sector que ya está mostrando señales de advertencia y serias fallas ante la constante presión que tienen académicos y académicas por publicar. Para mantenerse relevantes, los académicos deben presentar un ritmo constante de publicaciones, la presión de ser constantemente productivo no toma en cuenta las circunstancias especiales que genera una cuarentena, y menos la acentuación de brecha de género que provoca.

Sam Giles@GilesPalaeoLab

The next person who tweets about how productive Isaac Newton was while working from home gets my three year old posted to them.

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Estando en casa, se asume que los académicos tendrán “más tiempo” para trabajar en sus artículos. Esta suposición no podría estar más errada, más aún para las académicas, que más que tiempo libre, tienen más trabajo. Sam Giles, paleobióloga de peces fósiles, advirtió en Twitter: “La siguiente persona que tuiteé acerca de cuán productivo era Isaac Newton mientras trabajaba desde su casa, recibirá a mi hijo de tres años».

Comentarios breves como estos pueden parecer instancias de catarsis graciosas por parte de académicas que solo están pasando un mal día, como sabemos, Twitter está lleno de este tipo de contenidos, pero de la misma forma, mensajes como este son la punta del iceberg de una problemática más compleja que afecta desde la salud mental de quienes producen el conocimiento hasta la cantidad y calidad del contenido producido.

Mary-Ann Stephenson, directora de Women’s Budget Group ejemplifica claramente el desbalance de género entre académicos durante el aislamiento. “En la mayoría de los casos, las mujeres realizan la vasta mayoría de las tareas de cuidados de niños pequeños y de la educación en casa… los hombres pueden encerrarse en un estudio, mientras que las mujeres trabajan en la mesa de la cocina o los comedores, al tiempo que tratan de educar en casa”.

Por su parte, Minello señala que desde que la universidad donde trabaja cerró por las medidas de contingencia ante el COVID-19, “ha visto más amaneceres que nunca antes en su vida. Ahora, debo trabajar antes del amanecer”. Esto se debe a que Minello tiene un hijo de dos años y para poder hacer su trabajo, ella necesita silencio y concentración. Las horas de madrugada, mientras su hijo duerme, son el único momento en que ella puede trabajar. Y esto es solo para la carga de clases que imparte en la universidad. Ahora, Minello señala que cuenta con menos tiempo para escribir artículos científicos. “En lugar de trabajar, mis colegas y yo tenemos un único objetivo que es superar el día a día”.

El trabajo dividido en cifras

La raíz de esta falta de artículos académicos escritos por mujeres en publicaciones académicas y la productividad en general de las mujeres en otros rubros laborales, se encuentra en una distribución desbalanceada de las horas de trabajo en casa y el cuidado de menores de edad cuando se trata de una familia con hijos.

¿Cuántas horas creen los hombres que pasan realizando tareas domésticas en comparación con las mujeres? Una encuesta realizada por Morning Consult para The New York Times sobre trabajo doméstico y educación en el hogar durante la cuarentena, reveló que la mitad de los padres varones con hijos menores de doce años encuestados dicen que hacen la mayor parte del trabajo de enseñanza en casa, solo 3 % de las mujeres estuvieron de acuerdo.

En promedio, las mujeres pasan de media hora a una hora completa al día más que los hombres en tareas del cuidado del hogar y de los hijos, de acuerdo al investigador Theun Pieter van Tienoven y una encuesta realizada por el grupo de investigación TOR. En una situación como la que vivimos hoy en día, en la que debemos permanecer en casa, en una familia, un hombre tendrá más tiempo libre, ya que se concentrará prioritariamente en el trabajo de oficina; mientras que la mujer verá su horario extendido al tratar de balancear su trabajo con las necesidades del hogar y los hijos. Sostiene van Tienoven.

Esta distribución es puramente social, no sirve a fines económicos ni de desarrollo global, es simplemente un recordatorio de la valorización, o más bien la desvalorización, que damos a las tareas de cuidado, crianza y mantenimiento del hogar, así como a las personas que tradicionalmente toman ese rol: las mujeres. Independientemente de si trabajan o no.

Claire Cain Miller, corresponsal en The New York Times, concluye en tan solo dos líneas la explicación de este patrón regresivo que bien podría ser un comportamiento social en estado latente que había esperado a una situación como la de la pandemia para manifestarse: “La razón por la que las mujeres hacen más trabajo no pagado durante el periodo de aislamiento es simple, siempre lo hacen”.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/academicas-pandemia-covid19

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Elisa Vivas: “La brecha salarial de género crecerá en el futuro, si la mujer no entra al sector tecnológico”

Por aikaeducacion.com

Periodista y madre, emprendedora y profesional TECH, Elisa Vivas Soto, es una mujer que se ha reinventado. Abandonó el periodismo como lo conoció, desde el calor de la sala de redacción para aventurarse a un campo desconocido, el data journalism, cuando poco se sabía de esta especialidad. Dejó un empleo para fundar, junto a otras colegas, Story Data, una agencia de comunicación de datos, que se ha convertido en una de sus mayores victorias. Una de las cosas a las que no ha renunciado es a alentar a su hija en el camino de la ciencia y a los periodistas a formarse en tecnología, porque ella cree que los comunicadores debemos reinventarnos

  1. ¿Cuéntenos sobre su experiencia como mujer en el campo tecnológico?

En el 2013, cuando trabajaba como periodista en el departamento de infografía de un medio impreso, me preocupaba lo que pasaría con el futuro de la prensa en papel. Observaba que, en la prensa escrita, las ventas iban a bajar, y que todos los medios se ponían online.

Empecé a mirar lo que se hacía afuera y descubrí lo que The Guardian hacía con el periodismo de datos. Me impresionó el hecho de que la información se podía recoger a través de la red, en forma de datos y que cambiaba el paradigma de recibir la información como sujeto pasivo a tú buscar y generar tu propia información. Esto es útil, cuando las organizaciones (públicas) te la quieren colar (engañar) y no pueden, porque tú tienes los datos. Así, empecé a investigar sobre lo que es el periodismo de datos y a reinventarme, a aprender, a juntarme con gente que quería formarse en temas del mundo tecnológico, como data science o tratamiento de datos de manera digital, programación, estadísticas, cosas ajenas al campo del periodismo escrito

2. ¿Cómo se enfrenta el cambio de periodista de un medio tradicional al campo del periodismo de datos, es difícil?

Cuando montamos un posgrado de periodismo de datos en la Universidad de Blanquerna para enseñar a hacer programación a los periodistas, a ellos les fue muy difícil. Pero deben perder el miedo y ver que con poco que aprendan sabrán mucho más que sus demás colegas. Los comunicadores debemos perderle miedo al excel, aprender algunas funciones del mismo o un poco de programación. Con esto, pueden sacar muchas historias detrás de los datos.

Además, las noticias y los titulares usan porcentajes, llevan cifras. Si, al periodista, le comparten información sobre un porcentaje de personas que van al paro, pues debe ser capaz de comprobarlo, ir a las fuentes originales y hacer sus propios cálculos. Esto a veces no es tan complejo.

3. Cuéntenos sobre los inicios de Story Data

Hace dos años y medio, la fundación Open Data de Barcelona, me pidió que lanzará una especie de itinerario en periodismo de datos para periodistas que están dentro de la administración pública y manejan mucha información, pero no sabía cómo explicarla. Cuando se acabó la formación, se armó el proyecto “día 1 de octubre”, que coincidía con el referéndum en Cataluña con un grupo de chicas de la clase. Para el cual, se hizo una encuesta con la gente que fue a votar y se armó un mapa, un relato periodístico, con datos que presentamos al público. El evento se llenó de gente.

Nos dimos cuenta de que comunicar historias con datos era más explosivo, que hacía falta esto, porque las empresas, los medios, las fundaciones tienen datos, pero ¿quién las comunica?, porque los informáticos no saben narrarlos. Como comunicadores, sabemos presentar la información de manera muy gráfica, enganchar más a la gente y que entiendan los datos.

Pensamos, pues vamos a poner en práctica estos conocimientos, nos pusimos metas, que anotamos en una servilleta y fuimos a medios, a instituciones, a explicarles lo que hacemos y funcionó. Antes del coronavirus, ya teníamos que decir no a la demanda, porque no dábamos abasto de trabajo. Por eso, yo me pregunto por qué los periodistas le tienen miedo a esto con la cantidad de trabajo que hay. Llevamos dos años y tenemos clientes importantes, como La Caixa, La Diputación de Barcelona. Estamos siempre en contacto con la gente de La Generalitat, con Transparencia, entre otros. La experiencia de trabajo es que puedo vivir de esto.

4. ¿Qué conocimientos tendría que tener un comunicador para dedicarse al periodismo de datos?

Pues mira, conocer bases de cálculos, de funciones, de estadística, de visualización de datos, porque al final, esto te ayuda a explorarlos; y luego un poco de programación, ya sea para visualización o para tratamiento de datos o scrapping, que es cuando vas a rascar datos de la web. En el caso de programación y filtro de datos, esto se está haciendo R o Python; en la parte de visualización, se está haciendo con HTML5, TFC, o Java Script; luego MSQL, que es para hacer base de datos.

Pero también si haces smart data en lugar big data (el último se enfoca en el análisis de grandes cantidades de datos, mientras que el segundo en la calidad o cantidad de datos necesarios para concretar un objetivo), por decirlo de alguna manera y coges pocos datos, entonces con un excel y tablas dinámicas también puedes hacer más cosas. Lo otro es un añadido, pero a veces no es necesario.

5. Hay datos que indican la necesidad de una mayor presencia femenina en el mundo TECH y que esta carencia de representación, genera sesgos en el desarrollo de algoritmos, por ejemplo, u otras desventajas, ¿cuáles son los hándicaps y las ventajas que representarían lograr una participación femenina en el sector tecnológico?

Las bases de datos no tienen muchas veces la distinción de género. Muchas veces como las hacen hombres, porque en el campo tecnológico ellos son la mayoría, esto no lo piensan. Y es muy importante porque lo cambia todo. Si no dices el género, no sabes como se comporta este grupo poblacional. Además, nos brinda más objetividad. En Story Data, desarrollamos un estudio de datos referido a la violencia de género y es muy importante que esas bases de datos estén discriminadas por sexo. Por ejemplo, para luchar contra argumentos como los de VOX, diciendo que hay denuncias de (violencia ejercida contra hombres de parte de) mujeres, si no tienes base de datos, indicando si son hombres o mujeres quienes denuncian ¿cómo puedes saberlo?

Por otro lado, respecto a las bases de datos y los algoritmos, también (requieren) la visión humana de las mujeres. Si los algoritmos que gobiernan al mundo, los hacen los hombres, entonces solo vamos a hablar de lo que hablan o les interesa a ellos. Si no hay una mujer que decida como van a ser los algoritmos, vamos a entrar a un mundo pensado por ellos.

6. ¿Qué retos y ventajas enfrentan las mujeres para alcanzar un espacio en el sector tecnológico?

La principal desventaja es que la brecha salarial crecerá en el futuro, porque la mujer no ingresa al sector tecnológico. Y si ya tenemos esa brecha ahora, imagínate entonces, si la mayoría de trabajos del futuro son tecnológicos y la mujer no entra a este sector, vamos a tener empleos marginales con salarios ínfimos. Por ello, una de las principales ventajas de que la mujer entra al mundo de la tecnología es aminorar la brecha.

Un reto es que la mujer se aparta del campo de la tecnología a medida que avanza en sus etapas educativas. Por ejemplo, nosotras hicimos un análisis en el que vimos que las niñas pequeñas abandonan este tema conforme pasa el tiempo y que hay pocos referentes femeninos de las ciencias y tecnologías en los libros de texto, no porque no existan, sino porque han sido silenciadas. Debemos mostrarles a las niñas que hay mujeres en este sector para que ellas se identifiquen y quieran continuar esta tarea.

Equipo de Story Data-relato Techie woman

7. ¿Desde dónde se debería alentar una mayor presencia femenina en el sector TECH?

Esto viene desde la base, desde las escuelas, por ejemplo. Y en Cataluña, se está haciendo bien, porque yo lo he visto en el colegio de mi hija, que llevan a mujeres tecnólogas a los colegios para que cuenten sus experiencias a las niñas y vean que hay otras opciones. Yo intento, desde la Universidad potenciar a las mujeres en tecnología, porque creo que tienen las mismas capacidades.

También los padres debemos hacerlo, porque sin darnos cuenta, tenemos muy arraigado prejuicios. Por ejemplo, a los niños les damos una play station y a las niñas no. También en el gaming, los videojuegos, que es un campo con mucho futuro, las niñas ya no juegan y eso les resta ventaja. Entonces los padres también estamos siempre estigmatizando, alentamos los roles preestablecidos desde pequeños, cuando debiéramos motivar que las niñas aprendan a programar. Debemos cambiar el chip para introducir a la niña en este sector

8. Según tu opinión, ¿de qué manera que el Estado u otras instituciones podrían ayudar en la introducción de la mujer en el sector tecnológico?

Creo que el Estado debería invertir en la formación de profesores, que estén concienciados con este tema para revertir la situación, porque los niños pasan muchísimo tiempo en la escuela. Yo creo que sí que se están haciendo acciones, pero se deben potenciar más, porque debe haber una discriminación positiva que aliente a las mujeres a participar en la ciencia, a que las niñas hagan robótica. Hay que incidir más en esto.

Por ejemplo, una iniciativa como el reto Big Data, realizado por La Caixa en Barcelona. El año pasado, se les propuso a estudiantes de 25 institutos resolver un reto sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Debían buscar datos sobre la contaminación para saber cómo lo resolverían. En esta ocasión, un grupo de niñas, que destacó por su presentación, fueron uno de los grupos seleccionados para ir a Sillicon Valley, como parte del programa. Con esta experiencia, quizás una de ellas se dedica a la ciencia y ocupa puestos de responsabilidad. Yo creo que hay que potenciar este tipo de participación, potenciar a las mujeres.

SOBRE STORY DATA

Story Data es una agencia de comunicación de datos, fundada en Barcelona por Eli Vivas, Silvia Galilea, Carina Bellver y Laia Brufau, expertas en investigación, análisis y visualización de datos. La agencia propone un modelo de narración novedoso que la ha posicionado como un referente de su sector y le ha permitido desarrollar innovadores relatos periodísticos con data para empresas y medios de comunicación de España.

Reportaje «la paradoja de la igualdad de género en el campo STEM (acrónimo anglosajón del sector ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)
Fuente: http://www.aikaeducacion.com/en-profundidad/elisa-vivas-brecha-salarial-de-genero-crecera-en-el-futuro-si-mujer-no-entra-al-sector-tecnologico/
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España: La ley de libertad sexual prevé centros de atención 24 horas para las víctimas

Europa/España/27 Febrero 2020/elpais.com

La ministra Irene Montero comparece por primera vez en la comisión de Igualdad. La norma irá al Consejo de Ministros el 3 de marzo

La ministra de Igualdad, Irene Montero, quiere impulsar una «poderosa e inquebrantable alianza feminista» que convierta a España en un referente internacional de los derechos humanos. Es la declaración de intenciones que ha hecho este lunes en su primera comparecencia en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados. Montero ha desgranado los ejes de su política. Su primera medida es el impulso de la ley de libertad sexual, cuyo texto se presentará en el Consejo de Ministros el próximo 3 de marzo después de que el Gobierno desatascara el choque que tuvo su departamento con Justicia a finales de la semana pasada. Esta nueva norma, que pretende un enfoque integral contra la violencia sexual como en su momento fue la ley 1/2004 de violencia de género para la violencia en las relaciones de pareja o exparejas, prevé la creación de centros de atención integrales para las víctimas que funcionarán 24 horas al día.

Según explican desde el departamento de Montero, se trata de centros especializados en atención e intervención en violencias sexuales para «víctimas que han sufrido violencia sexual tanto en el pasado como recientemente». Estarán formados por equipos interdisciplinares con psicólogas, trabajadoras sociales, educadoras sociales y juristas expertas en violencia sexual.

La ministra ha desgranado las principales medidas de su cartera para esta legislatura, tras señalar que la violencia contra las mujeres “constituye una de las violaciones de derechos humanos más graves, habituales y silenciadas de cuantas se cometen en nuestra sociedad”.

En su comparecencia ha recordado a las víctimas asesinadas por sus parejas o exparejas desde el año 2003, cuando comenzaron las estadísticas oficiales. Son 1.044 mujeres. Solo en lo que va de año, 11 mujeres han sido asesinadas por este motivo. Solo una de ellas presentó denuncia. «La mayoría de las víctimas no denuncian estos hechos», ha admitido Montero. Desde que hay estadísticas, los datos muestran que más del 70% de las asesinadas nunca había dado la voz de alarma contra su agresor. «Es esencial reconocer que la respuesta institucional debe ser mucho más amplia», ha señalado Montero, que pide acompañar a «todas las víctimas, no solo a las que denuncian».

En ese sentido, el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aprobado en 2017 pero apenas desarrollado, prevé medidas de apoyo a las mujeres como el reconocimiento de ayudas y respaldo desde los servicios sociales municipales aunque no medie denuncia o el cribado sanitario, es decir, que los servicios sanitarios y los médicos de cabecera se vuelquen también en la detección de casos.

Todas las violencias

Montero ha subrayado que, con esta nueva ley de libertad sexual, será la primera vez que el ordenamiento jurídico español dará un marco normativo integral que reconocerá como formas de violencias machistas todas las conductas que impliquen la vulneración del derecho a decidir acerca de la vida sexual. Abarca agresiones sexuales, acoso sexual, acecho, acoso, extorsión sexual y engaño pederasta, entre otras. Y también la violencia ejercida con la tecnología, la mutilación genital femenina, la infección intencionada de enfermedades de transmisión sexual, el matrimonio forzado o la trata por razones de explotación sexual.

«A este ministerio y a esta ministra le gustaría abolir la prostitución», ha dicho Montero sobre uno de los debates que atraviesan al feminismo, dividido entre un sector mayoritario que quiere acabar con esta práctica y otro, con menos partidarias, que reclama que se protejan los derechos de las que llaman «trabajadoras sexuales». La ministra ha admitido, no obstante, la dificultad de llevarlo a cabo como han constatado sus antecesoras en el cargo. El ministerio iniciará «de forma inmediata» los trabajos para una futura ley integral contra la trata.

La lucha contra la violencia es uno de los ejes de esta legislatura para el Ministerio de Igualdad, en la que Montero ha anunciado también políticas de redistribución y contra las brechas de género, para la que plantea el desarrollo de una ley de tiempo corresponsable, o políticas de cuidado de la diversidad contra la discriminación a personas por su orientación o identidad de género o por su origen étnico o racial, para lo que ha anunciado la tramitación de una ley para la igualdad social de las personas LGTBI  y una ley trans, «que garantice el anclaje de los derechos y libertades fundamentales de las personas trans, que pasan tanto por la autodeterminación como por la plena despatologización».

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/sociedad/2020/02/24/actualidad/1582561594_666838.html

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España:Las madres investigadoras no serán penalizadas por la crianza de sus hijos

Europa/España/03 Febrero 2020/elpais.com

El Gobierno incluye una prórroga por maternidad para “mantener vivos” los sexenios investigadores y evitar la brecha de género en la carrera académica

2020 arranca con buenas nuevas para quienes aúnan ese cóctel de difícil digestión que supone ser mujer, madre e investigadora. Por primera vez, el gobierno incluye una prórroga por maternidad para evitar la brecha de género en la carrera académica. La medida, recogida en el BOE del 11 de diciembre, quiere evitar que la maternidad, y los permisos ligados a ella, penalicen a las mujeres en su trayectoria como investigadoras. “Da respuesta a una demanda histórica”, recuerda la delegada de Igualdad de CRUE Universidades Españolas y rectora de la Universitat Jaume I de Castelló, Eva Alcón.

Y es que la delgada línea roja que transita entre los llamados sexenios vivos –seis años de actividad investigadora de alto nivel e ininterrumpida- y la temida entrada en vigor de los sexenios muertos –que se produce cuando, por un permiso maternal u otra circunstancia familiar, se corta esa continuidad y es inviable cumplir con los plazos ordinarios de producción de publicaciones de alto impacto- tiene su lastre. “Sin esta nueva medida, se pierde tiempo de investigación y su evaluación puede ser negativa. Ello implica aumentar la carga de horas de docencia, lo que impide investigar al mismo ritmo. Al final es un círculo vicioso”, apunta Alcón.

“Lo que consigue el nuevo decreto es que el sexenio siga vivo” y poder investigar, requisito para el acceso a las cátedras, señala en la misma línea María José Esteve. Doctora en Filología Inglesa y profesora en la UJI, donde ha sido vicedecana de Estudios Ingleses, a esta vila-realense la noticia le ha sorprendido en Escocia, su hogar desde septiembre. Inmersa en pleno año sabático en la Universidad de Glasgow –hasta donde se ha trasladado con sus hijos de 11 y 8 años- para darle un impulso a su vertiente como investigadora, celebra la medida, que busca alcanzar la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Un paso más para poner fin a la segregación vertical que sufren las científicas en España por disfrutar de unos permisos que ralentizan su carrera investigadora, y para romper ese techo de cristal que persiste en el mundo universitario: el del acceso a las cátedras y a la posibilidad de que haya más mujeres rectoras. Las cifras hablan: el 40,3% de docentes titulares en el sistema universitario español son mujeres. El porcentaje cae al 21,3% en el cuerpo de catedráticas.

El nuevo decreto, fruto de las negociaciones de la Delegación de la Presidencia de CRUE para Políticas de Igualdad con el entonces Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación, ofrece a las funcionarias de cuerpos docentes universitarios prorrogar un año el último sexenio vivo por cada permiso que disfruten por nacimiento, adopción, guarda con fines de adopción o acogimiento, a efectos del cómputo de los tramos de investigación para la evaluación de la actividad científica e investigadora.

Desde el 15 de enero se abre la convocatoria para pedir el citado sexenio de investigación. Poder beneficiarse de la moratoria implica que los permisos hayan sido disfrutados entre los dos años anteriores a la entrada en vigor de esta resolución y los seis años posteriores del último sexenio en tramitación. Ahora, aquellas investigadoras que hayan sido madres en 2018 o 2019 y les toque formalizar la demanda del sexenio en 2020 y quieran, podrán prorrogar la solicitud un año, hasta 2021, sin que se les aplique ninguna penalización. Es el caso de Carmen Fernández, vicedecana y profesora titular del Departamento de Historia, Geografía y Arte de la UJI y madre de un niño de 21 meses. “El permiso maternal y el de lactancia los disfruté en 2018”, dice. Se acoge a la prórroga y confía en su incidencia positiva. “Espero que me dé algo de margen para solicitar el siguiente sexenio; la llegada de mi hijo ha supuesto para mí un cambio que ha afectado a mi dedicación investigadora”, añade.

A María José Esteve la opción le llega tarde pero la aplaude sin fisuras. “Para nosotras el decreto no es algo completamente nuevo porque en la UJI se aplican ya medidas como la conciliación horaria cuando tienes menores de 12 años o el propio año sabático del que estoy disfrutando, además de otras que liman el efecto punitivo del decreto Wert, que planteaba la maternidad casi como un obstáculo a solventar, y al que la nueva resolución planta cara. Este nuevo decreto iguala en derechos a toda la comunidad universitaria. Es algo para celebrar”, explica a EL PAÍS.

“La sociedad en su conjunto se verá beneficiada si se acuerdan y aplican medidas que atajen los problemas de igualdad y la crisis demográfica”, suscribe Carmen Fernández. También optimistas se muestran otras compañeras de la Jaume I, como la vicedecana de Humanidades Mónica Velando o Pilar Ordóñez, profesora titular del Departamento de Traducción y Comunicación. La resolución les pasa de largo, al haber tenido que pedir el sexenio en la anterior convocatoria, “pero la medida es estupenda”, matiza Velando. Con cuatro hijos, sí pudo beneficiarse de una moratoria de un año ofrecida por la UJI. “Aseguré el sexenio, pues con cuatro maternidades entre un sexenio y el siguiente era prácticamente imposible tener las publicaciones que te solicitan”. La valoración de todas ellas, cautelosa pero esperanzada, convive con las voces críticas de otras docentes que apelan a la “ineficacia” de una resolución “que no soluciona nada y nos sigue discriminando”, indican.

Pero la mayoría ve en la recién activada medida un paso en esta carrera de fondo. María José Esteve cita entre sus virtudes que contemple la heterogeneidad del día a día. De la vida. La personal y la académica. Y se adapte a la realidad social y profesional. Lo expone con el mismo grafismo dialéctico que hila toda la entrevista telefónica con ella. “Investigar no es una línea recta. Tiene ciclos, fases de efervescencia de ideas y de ausencia de ellas; si a esto unimos las circunstancias familiares que rodean a la persona que investiga, que tampoco van en línea recta, el resultado es que se producía una línea muy desigual y con un efecto de castigo para quienes no pueden seguir esa dinámica de publicar, pereciendo en el intento, que es la que de alguna manera se promovía hasta ahora”, dice.

“Hemos dado un paso, pero quedan retos”, coinciden Eva Alcón y María José Esteve. “Hay que seguir proporcionando herramientas que permitan encajar la vida familiar y la profesional y en ningún caso generar espacios que supongan una renuncia a cualquiera de ellas”, indica Esteve. Mientras llegan los nuevos pasos, el dado ahora es, dicen, un aliento para el futuro inmediato de miles de investigadoras en España. María José, ilusionada por su curso sabático, “que me va a suponer poder volver a tener mi sexenio vivo y ponerme a un buen nivel de actividad investigadora”, señala con seguridad que “se van a producir más cambios con nuestra rectora al frente, para quien la igualdad es un desvelo”. Ella, Eva Alcón, deposita por su parte su confianza en el trabajo colectivo entre administraciones para avanzar en esa igualdad real, “porque cuando se va de la mano, el resultado no sólo suma, sino que se multiplica”.

Fuente: https://elpais.com/ccaa/2020/02/01/valencia/1580551621_416877.html

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Chile: Estudio revela que personas con educación universitaria ganan el triple que aquellos que cursaron solo básica

Redacción: El Heraldo

La «Radiografía del cambio social» elaborada por COES muestra que la brecha se mantiene cuando se considera el nivel educacional de los progenitores. Además, se constata que el género y las redes de apoyo inciden en la pobreza.

Por encima del millón de pesos para quienes cursaron educación universitaria, bordeando los $500.000 para aquellos con nivel técnico o enseñanza media, y cerca de $300.000 para quienes solamente completaron la básica. Son los ingresos que promedia la sociedad chilena en la «Radiografía del cambio social» y que se dieron a conocer este martes.

El estudio fue realizado por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) —una iniciativa que reúne a la U. de Chile, Católica, Diego Portales y Adolfo Ibáñez— y consolida los principales hallazgos derivados de tres mediciones anuales del Estudio Longitudinal Social de Chile, que se realiza desde 2016. En él se reflejan variables económicas, sociológicas, psicológicas, políticas y urbanas.

Según el informe, existe una asociación significativa entre los ingresos percibidos por cada ciudadano y su nivel educacional: el promedio de aquellos con educación universitaria triplica el que reciben quienes solamente cuentan con educación básica, un patrón que traspasa generaciones.

De acuerdo al centro, las desigualdades de ingreso tienen un «carácter estático»: si se divide a los participantes según el máximo nivel educativo alcanzado por sus padres, la tendencia se mantiene e incluso se agudiza. Quienes tienen padres con educación universitaria llegan a ganar cerca de $1.300.000.

«No existe evidencia de que dichas brechas se hayan reducido en años recientes», asegura el informe, que además profundiza el panorama de la pobreza en Chile, no como una muestra representativa del país —la encuesta fue realizada solamente en áreas urbanas—, pero sí para caracterizar el fenómeno. El género y las redes de apoyo Una de las variables medidas en el estudio es la persistencia de la pobreza, debido a que se entrevistó en tres años consecutivos a la misma muestra.

Así, se revela que solamente un 9% de los participantes se ubica bajo la línea de la pobreza sobre la base de ingresos durante los tres años y existe otro 54% que se mantiene siempre por encima. Quienes tienen un patrón de movilidad en torno a la pobreza son un 37% de los participantes.

En otras palabras, una fracción importante de ellos estuvo en la pobreza durante los últimos tres años y en ninguno de los distintos patrones de ingreso y salida de la pobreza medidos en el estudio se concentra más de un 10% de la población estudiada. Es decir, las experiencias de pobreza además son heterogéneas.

También se evidencia una brecha de género. Las mujeres, además de tener menores ingresos que los hombres en cada uno de los años medidos, se ubican en mayor proporción bajo la línea de la pobreza de manera persistente. Mientras solamente un 5% de los hombres participantes estuvieron en condición de pobreza los tres años, en el caso de las mujeres la cifra llegó a un 13%.

Otra de las variables que tienen implicancias en la pobreza, de acuerdo al informe, es el tamaño de las redes de apoyo de los chilenos. De acuerdo a la evidencia, son uno de los principales activos para disminuir la vulnerabilidad y enfrentar problemas, tanto al hablar de amigos cercanos y confidentes —redes cercanas— y los conocidos —redes extendidas—.

De acuerdo a los cálculos efectuados en el estudio, las personas que durante los tres años examinados estuvieron en situación de pobreza tuvieron un promedio de 121 conocidos en 2018. En tanto, quienes fueron catalogados como no pobres en todas las oportunidades promediaron 215.

Lo mismo para la proporción de amigos cercanos: quienes están sistemáticamente en situación de pobreza tienen en un 62% de las oportunidades muy pocos amigos (cero, uno o dos amigos cercanos), mientras que quienes no cayeron en la pobreza tienen en el 29% de los casos seis amigos cercanos o más.

Fuente: http://www.diarioelheraldo.cl/noticia/estudio-revela-que-personas-con-educacion-universitaria-ganan-el-triple-que-aquellos-que-cursaron-solo-basica

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