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Medimos lo que valoramos #CalmarEdu

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Desde hace años, nuestro sistema educativo, los sistemas educativos en general de todo el mundo, nuestros centros, nuestros docentes y sobre todo nuestros alumnos y alumnas están sujetos de manera regular y creciente a pruebas externas, a múltiples estadísticas y a informes promovidos por organismos transnacionales, nacionales y regionales. Centros educativos y docentes se encuentran también sometidos a un creciente escrutinio por parte de una sociedad (empresas y familias principalmente) que se considera con razón un actor importante del proceso educativo.

Nuestros alumnos y alumnas además se enfrentan a la evaluación periódica que tiene lugar en sus aulas y con la que sus docentes tratan al mismo tiempo de mejorar su aprendizaje, certificar unos conocimientos, acreditar niveles y responder a las demandas de sus administraciones y de la legislación educativa. Tareas que todas juntas no están exentas de tensiones y contradicciones.

Pruebas censales, diagnósticas, con y sin efectos académicos, certificadoras, con carácter de reválida o selectivas, clasificatorias o informativas, evaluaciones sumativas y formativas, continuas y finales podemos hablar de un gran y complejo sistema que actúa e influye en todos los niveles del sistema educativo: el macro de las políticas educativas, el meso del centro educativo y el micro del aula. Y que en última instancia repercute en los principales protagonistas de la educación: los alumnos y las alumnas.

No se puede decir que nos falten datos. Todo lo contrario. Tenemos tantos que podríamos decir, tomando el término popularizado hace unos años por Alfons Cornellá, que estamos infoxicados. Experimentamos tal indigestión de datos que, más que movernos hacia la acción, nos sume en un letargo adormecedor. Sufrimos en cierta manera una parálisis por exceso de análisis. Son tantos los datos que tenemos que finalmente conforman una especie de cortina que filtra nuestra percepción de la realidad amplificando ciertas cosas y ocultando muchas otras. Datos que, por cierto, la mayor parte de la comunidad educativa no utiliza pero que cada vez condicionan más su quehacer diario.

“Si no queremos entregar la responsabilidad de nuestros procesos y prácticas educativas a abstractos sistemas de medición y aspiramos a mantener un control democrático sobre nuestras iniciativas educativas y sobre las maneras en las que evaluamos su calidad”, decía hace unos años Gert Biesta.

Urge abrir un debate sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Urge recuperar el debate sobre los fines de la educación. Debatir sobre cuáles deben ser los parámetros de una buena educación; qué entendemos que es educativamente deseable. Urge porque, a pesar de que se podría argumentar que tales sistemas solo miden lo que ya se encuentra ahí, su impacto real va mucho más lejos.

Y urge también debatir sobre cómo evaluamos los aprendizajes de los alumnos. Sabemos que la evaluación no sólo mide los resultados, sino que condiciona profundamente lo que se enseña y cómo se enseña y, por tanto, determina qué aprendemos y cómo aprendemos y puede limitar o promover los aprendizajes efectivos y profundos. No son pocos los profesionales de la educación que sostienen, desde hace años, que la clave para la transformación educativa radica en modificar la actual cultura de la evaluación revisando cómo evaluamos, repensando los objetivos de la evaluación, fomentando una evaluación formativa y experimentando con nuevas maneras de evaluar. Sin un cambio en nuestra cultura de la evaluación no habrá cambio educativo.

La evaluación no debe ser nunca el momento final de un proceso. La evaluación no es el objetivo sino el medio. El fin de la evaluación no es ser el fin de nada. No debe ser el producto sino el comienzo de un proceso más rico y fundamentado. La evaluación debe ser una oportunidad para el aprendizaje. No debemos limitar la evaluación a la calificación. Calificar no es evaluar. Debemos pasar de una evaluación del aprendizaje a una evaluación para el aprendizaje.

En educación hemos dedicado mucho tiempo a los métodos y poco a reflexionar sobre las metas. Reflexionar y dialogar sobre evaluación es pensar en los fines de la educación. Reflexionar sobre la evaluación que queremos es una forma de reflexionar sobre la educación que queremos.

“Para que las mediciones sean un impulsor positivo en las formas de responsabilidad democrática y en la que sus miembros tengan poder, es importante que no nos centremos en lo que se valora en el sentido abstracto, sino que demos la palabra a todas las partes interesadas en articular que es aquello considerado como deseable “ (Gert Biesta)


Dar voz a todos, darnos la palabra, escucharnos, debatir tranquilamente fue el principal objetivo de la Jornada #CalmarEdu que organizamos el pasado 17 de junio en Medialab Prado y en el que participaron más de 100 personas entre alumnos, padres, profesores, directores de centros, profesionales de la educación, responsables educativos, académicos, representantes de empresas.

En la Asociación Educación Abierta pensamos que ha llegado el momento de hablar realmente de educación. Que ha llegado el momento de abrir un debate pausado, razonado y con datos que nos permita ampliar el campo de diálogo e incorporar voces y experiencias diversas al debate educativo. Que ha llegado el momento de la educación.

La jornada del pasado 17 de junio estuvo dividida en dos partes. Una primera, descriptiva, en la que el objetivo fue identificar la situación actual en torno a la evaluación y una segunda, propositiva, en la que tratamos de hacer propuestas de trabajo sobre evaluación, respondiendo al eje temático “Medimos lo que valoramos”.

Para comenzar la reflexión y empezar a debatir, planteamos una serie de preguntas iniciales¿Es evaluar un elemento imprescindible del sistema educativo?; ¿Tenemos claro su finalidad principal?; ¿Establecemos estos objetivos y fines de manera compartida?; ¿Cómo estamos seguros que conseguimos los objetivos establecidos?; ¿Es evaluar un proceso objetivo?; ¿Es evaluar un proceso técnico o ético?; ¿Somos conscientes del poder de la evaluación?; ¿Somos conscientes de cómo condiciona cualquier evaluación al proceso enseñanza/aprendizaje?; ¿Quién debe participar en el diseño de la evaluación?; ¿Qué ocurriría si a nuestros alumnos les evaluásemos por su capacidad para evaluar y evaluarse?; ¿Estamos midiendo lo que valoramos o medimos aquello que es fácilmente medible, llegando a la situación de que valoramos solo lo que podemos medir?; ¿Qué ocurriría si les evaluásemos por su capacidad para transformar sus entornos?; ¿Qué ocurriría si evaluásemos su capacidad para vivir y trabajar en la incertidumbre?; ¿Pueden mejorar los resultados en las evaluaciones sin mejorar los aprendizajes?; ¿Cómo se miden las competencias?; ¿Cómo podemos medir competencias sociales y emocionales, como la empatía y la responsabilidad, o competencias y valores como el respeto a la multiculturalidad o la dignidad humana?.


El tema era complejo y multidimensional y el debate fue rico y diverso. Estuvimos de acuerdo en muchos aspectos pero también, como no, hubo numerosos desacuerdos y discusiones de intensidad. Los siguientes 10 puntos, sin ánimo de ser exhaustivos de todo lo que se dijo, recogen las principales conclusiones a las que llegamos en las 3 sesiones de la mañana. Su intención, como ya hemos dicho, era describir la situación actual.

Dibujan el mapa de un territorio en el que hay acuerdos claros pero también zonas de oposición y conflicto. No es una cartografía abstracta elaborada en un gabinete cerrado, sino el mapa que resulta de darnos la voz y escucharnos, de manera abierta y sincera. Es el mapa que resulta de ponernos juntos a valorar la educación.

  1. En general tendemos a valorar lo que medimos. Tenemos una evaluación muy reduccionista.
  2. Medimos. Confundimos evaluación con calificación. La evaluación no ayuda al proceso de mejora. No apoya los procesos formativos. No hay realmente una evaluación para la mejora.
  3. La evaluación sobredimensiona ciertos aspectos e infravalora y oculta otros. De alguna manera la evaluación oculta e inmoviliza.
  4. Nos faltan “herramientas” que nos permitan evaluar de una manera más rica, más profunda y más variada.
  5. En nuestro sistema, conviven distintas culturas de la evaluación. Hay mucha diversidad de opinión sobre cuál el valor y la utilidad de la evaluación y, por tanto, también hay mucha diversidad de opiniones sobre cómo debemos evaluar y para qué evaluamos.
  6. La evaluación de la educación responde a nuevas formas gerenciales e impone una cultura de la no confianza.
  7. Puede ayudar a la mejora pero hay una resistencia generalizada a que nos evalúen.
  8. En la evaluación de los aprendizajes se declaran unas intenciones (por parte de la administración o de los profesores) pero se hacen, miden y exigen otras.
  9. El proceso de evaluación está muy condicionado por las administraciones, las familias, los propios alumnos, la falta de formación.
  10. Hay muy poca diversidad. Son en general procesos muy unidireccionales y en el caso de la evaluación del aprendizaje con un excesivo peso en la hetero-evaluación del profesor.

Partiendo de estos 10 puntos, en la sesión de la tarde pasamos de describir a proponer. No buscábamos soluciones sino orientación para navegar por nuestro mapa. No hay recetas. Estas son las 8 propuestas que resultaron de esta última sesión de diálogo y sobre las que trabajaremos en las próximas semanas.

Propuesta 1: Definir conjuntamente los resultados del aprendizaje esperados.
Propuesta 2: Evaluar lo que valoramos y no solo lo que sabemos o podemos medir.
Propuesta 3: Personalizar la evaluación e ir hacia una evaluación solicitada.
Propuesta 4: Pasar de una cultura del dolor y el sufrimiento a una del placer y el aprendizaje.
Propuesta 5: Promover una evaluación no jerárquica y multidireccional.
Propuesta 6: Convertir la evaluación en un acto compartido.
Propuesta 7: Evaluar lo diferente.
Propuesta 8: Hacer de la evaluación un proceso que valore lo compartido.

Solo queda agradecer a todos los participantes la enorme generosidad que demostraron durante toda jornada compartiendo, debatiendo y proponiendo ideas. Construyendo, al fin y al cabo, entre todos la educación y la escuela que queremos.

Fuente: http://educacionabierta.org/medimos-lo-que-valoramos-calmaredu/?utm_content=bufferb9bb1&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

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Canadá es un éxito educativo y las razones son sorprendentes: qué podemos aprender

Por: Hector G. Barnés

Cuando ojeamos los primeros puestos de ‘rankings’ educativos como el de PISA, solemos encontrar entre los consabidos Singapur, Finlandia y otros países orientales un convidado de piedra: Canadá, que destaca no tanto por sus resultados concretos como por su constancia en distintas materias. El ministro de Educación Doug Currie calificó de “trabajo soberbio” al realizado por el sistema educativo de su país a propósito de los resultados de PISA 2015, donde solo fueron superados por Japón, Estonia y Singapur. Tan solo esta última superó a Canadá en lectura.

No es un país que suela aparece en los listados de los países “milagrosos”, a pesar de que, en muchos sentidos –sus alrededor de 36 millones de habitantes se reparten por una gran extensión, su tasa de inmigración per cápita es la más alta en el mundo– tiene aún más mérito. Quizá ello se deba a la dificultad para identificar cuáles son los elementos diferenciales, principalmente por la organización de su sistema educativo, uno de los más descentralizados del mundo y que, por lo tanto, presenta grandes variaciones entre regiones. Como recordaba un reportaje de la ‘BBC’, si fuesen países independientes, Alberta, Columbia Británica y Quebec superarían en ciencia a Hong Kong o Finlandia.

No solo los estudiantes lo hacen bien, sino que es algo independiente de su estatus socioeconómico o de si son nativos o inmigrantes

“Canadá es relativamente un recién llegado a lo alto de los ‘rankings’ internacionales”, explicaba un informe de la OCDE sobre su rendimiento educativo. “Al revés de Japón y Corea, no era un líder claro en las evaluaciones internacionales de los 80 y los 90, y solo fue después de la publicación en 2000 de PISA que se vio convertida en uno de los líderes el grupo”. El veredicto es claro: no solo el país americano obtiene resultados muy altos, sino que la diferencia entre los mejores y peores estudiantes es muy pequeña. En ciencia, por ejemplo, la variación es de apenas un 9%, mientras que en Singapur es del 20. En España se encuentra en el 13%.

“Desde 2000, Canadá se ha convertido en un líder mundial en su estrategia sostenible de reforma del sistema educativo con profesionales”, señala dicho informe. “No solo los estudiantes lo hacen bien, sino que lo hacen independientemente de su estatus socioeconómico, su primer idioma o si son canadienses nativos o inmigrantes recién llegados”. A pesar de los éxitos, hay una curiosa razón que explica por qué no se habla más de ello: ya que este tan solo ha salido a la luz en los últimos 20 años, no hay mucha literatura académica, profesores visitantes ni periodistas que la visiten o se fijen en Canadá como modelo educativo. Y, sin embargo, su peculiar caso nos puede enseñar muchas cosas.

Confiar en las provincias

El sistema educativo canadiense se organiza alrededor de 10 provincias y tres territorios muy diferentes entre sí y que, por lo tanto, tienen su propia historia y sus propias necesidades. El informe de la OCDE considera esta descentralización como el “rasgo más sorprendente” de dicho sistema, ya que es el único país de todo el mundo que no tiene un departamento de Educación como tal, sino que las competencias están transferidas casi por completo a cada una de las provincias, que desde hace 20 años, son quienes aportan el 100% del presupuesto.

Los currículos se desarrollan junto a los profesores, la financiación es equitativa y la selección de docentes, muy exigente

Entre ellas, las más importantes son las de Ontario (dos millones de estudiantes), Québec (un millón), Columbia Británica (610.000) y Alberta (530.000), que suman un 80% de estudiantes, y que por lo general son las que obtienen las mejores calificaciones. Al mismo tiempo, las provincias delegan parte de su responsabilidad en los municipios y, sobre todo, los colegios; las primeras fijan el currículo, las políticas generales y la financiación, pero los segundos contratan a los empleados y eligen a los directores de los centros.

No obstante, a pesar de las diferencias, hay ciertas pautas que se repiten entodas las regiones por asimilación entre ellas, y que matizan estas supuestas diferencias. Hay tres principios que se repiten: el desarrollo de currículos a partir de la consulta con profesores y expertos en las diferentes materias, con distintos niveles de libertad para los profesores; un proceso muy selectivo de elección de los docentes (por lo general, entre el 30% de los mejores de la promoción); y financiación equitativa, que ha conseguido solucionar los problemas de algunas de las regiones y alumnos más pobres otorgando más dinero a los centros que lo necesitan.

Dalton McGuinty fue Primer Ministro de Ontario entre 2003 y 2013. (Reuters/Mark Blinch)
Dalton McGuinty fue Primer Ministro de Ontario entre 2003 y 2013. (Reuters/Mark Blinch)

Uno de los grandes éxitos de la educación canadiense ha sido su capacidad de integrar a los niños inmigrantes. Ya no provienen de Europa, como había ocurrido hasta los años 70, sino de Asia (China o India) y otros países en vía de desarrollo, como Argelia o Colombia. En apenas tres años, estos alumnos alcanzan niveles educativos superiores a la media. Las razones son tres, según el informe: aparte de que muchos de los niños inmigrantes provienen de familias de alto nivel cultural, la forma de integrar a los alumnos, con apoyo fuera del colegio (a veces a través de ONG) las y decisiones políticas para ayudar a los más desfavorecidos, por ejemplo, recibiendo refuerzo lingüístico (como ocurre en la Columbia Británica) son clave.

Los profesores, unidos

El informe destaca una de las características más peculiares del sistema educativo canadiense, y que contradice la popular idea de que los docentes suelen ser elementos de resistencia frente a los cambios promovidos desde la política o por agentes externos. Su caso es más “complejo”, señala elinforme: “Los profesores son un grupo crucial que pueden participar en una agenda de reforma mucho más amplia”. Esto se traduce a través de su organización no solo como asociación de profesionales, como ocurre en otros países, sino como sindicatos con gran influencia en la negociación.

Aunque la misión y el objetivo provenían de arriba, había un claro reconocimiento de que era a nivel de cada colegio donde debían tener lugar los cambios

Es lo que ocurre en Ontario, el caso analizado por la OCDE, donde entre 2003 y 2010 se llevaron a cabo distintas reformas promovidas por el Primer Ministro Dalton McGuinty. Este intentó revertir la tendencia del gobierno conservador antecedente, “extremadamente impopular entre los profesores”, y que había conducido a un abandono en masa de los colegios públicos. Se aprobaron 65 medidas, entre las que se encontraban la reducción del tamaño de las clases (lo que creó 5.000 nuevos puestos de trabajo) y que tenían ante todo dos objetivos: mejorar los niveles de habilidad lingüística y aumentar la cantidad de graduados en secundaria.

Para ello fue de radical importancia el apoyo de los profesores, quienes iban a realizar el esfuerzo en las aulas. Para ello, decidieron “darle menos importancia a la publicación de resultados y centrarse en que los colegios con mayores dificultades recibiesen un apoyo adicional y apoyo externo en lugar de ser castigados o cerradas”. 100 personas (profesores, directores, expertos) formaron parte de la secretaría que se encargó de aplicar las reformas. “Aunque la misión y el objetivo provenían de arriba, había un claro reconocimiento de que era a nivel del colegio donde debían tener lugar los cambios, y que el rol de otros actores en el sistema era el de apoyar el aprendizaje y los cambios que se estaban produciendo en los colegios”.

Los propios canadienses son, no obstante, muy críticos con los resultados obtenidos por su sistema educativo. A raíz de la publicación de los últimos resultados de PISA, hubo quien planteó el problema de que las calificaciones de matemáticas no hubiesen mejorado. A pesar de que los resultados son buenos, lamentaban los canadienses, el progreso no es positivo, y hay ciertas regiones (Manitoba, Saskatchewen o Newfoundland) que obtienen resultados muy inferiores a otras. En todas partes cuecen habas, pero ser capaces de identificar los problemas es uno de los factores decisivos del éxito.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-08-21/canada-exito-educativo_1429440/

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Ratifican en Italia obligación de vacunación para ingreso a clases

Italia/31 agosto 2017/Fuente: Prensa Latina

La ministra italiana de Educación, Valeria Fedeli, ratificó hoy aquí la obligación de presentar la acreditación de vacunación para el ingreso de los menores de 16 años al sistema de enseñanza, en el nuevo curso escolar.
La titular aseguró a una emisora de radio local que no cree habrá prórroga en la entrega de la documentación que avale la inmunización o la reservación de un turno para hacerla, y se mantiene como fecha límite el 10 de septiembre, para las guarderías y jardines de la infancia.

Reconoció que como resultado del debate nacional sobre el tema, existe en la actualidad una mayor conciencia por parte de los padres, sobre la necesidad de la inmunización para proteger a sus hijos, por lo que su mayor preocupación es la carga burocrática que tendrán que asumir las escuelas.

La ministra aseguró que se trabaja entre las dependencias regionales y provinciales de educación con las entidades y servicios sanitarios locales, para facilitar el acceso de los padres a la documentación requerida, aspecto más importante sobre el cual labora su ministerio en estos momentos.

De acuerdo con lo dispuesto la vacunación es obligatoria, y solo puede omitirse o aplazarse, ante un peligro comprobado para la salud de la persona, lo cual debe ser clínicamente certificado por el médico o pediatra de cabecera.

Cuando a través de los controles se detecte un menor sin recibir la vacunación según el calendario, los padres o tutores serán convocados en tres ocasiones por diferentes vías, hasta una multa de hasta 500 euros cuando no respondan a la citación.

La sanción, puntualiza el documento, no suprime la obligatoriedad y por tanto mantiene vigente la disposición de prohibición de acceso a guarderías y jardines de la infancia públicos o privados de los niños.

La circular de Salud tras explicar el origen, desarrollo y situación actual de la vacunación en Europa y el resto del mundo, recordó que son 10 las vacunas obligatorias y gratuitas, reguladas por un calendario nacional, además de otras cuatro recomendadas.

Precisó también que el ministerio llevará un control de la vacunación en tiempo real, sobre sujetos vacunados, programados, inmunizados como resultado de la enfermedad y de las personas a las que exentas o con dosis diferidas.

Además hace un llamado a tener cuenta la importancia de la vacunación de los trabajadores de la salud y estudiantes del sector, por exposición a enfermedades como el sarampión, paperas, rubéola, tos ferina y varicela.

Fuente: http://prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=111210&SEO=ratifican-en-italia-obligacion-de-vacunacion-para-ingreso-a-clases

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Votar en pañales: la escuela infantil alemana que deja que los niños decidan

Alemania/28 agosto 2017/Fuente: El Diario

En la escuela infantil Dolli Eisntein Haus de Pinneberg las decisiones se toman democráticamente, y se vota todo, desde la comida al cambio de pañales y la adquisición de nuevos juguetes.

En la Dolli Einstein Haus las crisis constitucionales suelen resolverse antes del desayuno. Una mañana, la gran mayoría votó en contra de la propuesta de un delegado, que sugirió comer arroz con leche acompañado de compota de cerezas. Los delegados tuvieron que decidir si querían torrijas o panqueques con puré de manzana. Entonces, otro miembro del consejo propuso salchichas con espaguetis. Una segunda ronda de votaciones consiguió desencallar la negociación: 12 votos a favor y cuatro votos en contra de los panqueques; una mayoría absoluta que no daba lugar a quejas.

A la mayoría de padres que llevan a sus hijos a una guardería les preocupa que sus hijos tengan piojos o un resfriado, o aprendan palabrotas. En cambio, los padres que llevan a sus hijos a la guardería Dolli Einstein Haus, situada en Pinneberg, esperan que sus hijos adquieran otro tipo de hábito: decidir democráticamente.

El centro, que a principios de este año obtuvo la certificación de “primera escuela infantil democrática” de Alemania, quiere poner a prueba la capacidad de negociación de los menores de seis años, y les permite tomar decisiones relativas al funcionamiento de la guardería; desde el menú del desayuno hasta el horario de cambio de pañal.

Tres años y medio después de haber iniciado este experimento, los impulsores de este proyecto no solo han descubierto que la democracia es contagiosa, sino que además los niños tienen una mayor capacidad de consenso que los adultos.

Los educadores de esta escuela infantil situada en el norte de Alemania cuentan el caso de una de las niñas que acude al centro, Pia, de seis años, que se negó a ir a dormir cuando sus padres se lo ordenaron y citó la “constitución” de la guardería, que se muestra en todas y cada una de las aulas: “Puedo decidir cuándo voy a la cama. Es mi derecho”.

La “constitución” del centro reconoce siete derechos básicos: tengo el derecho a dormir; decido qué quiero comer y qué cantidad; decido con qué juego; decido dónde me siento; puedo expresar mi opinión siempre que lo desee; decido con quién quiero acurrucarme, y decido quién me cambia el pañal.

Lejos del modelo ‘antiautoritario’

La directora del centro, Ute Rodenwald, y la subdirectora, Heike Schlüter, se apresuran a distanciarse de los modelos educativos inconformistas vinculados con el movimiento estudiantil de 1968. Huyen de la expresión “antiautoritario”.

“La educación antiautoritaria da por sentado que cualquier grupo de niños aprenderá a autogobernarse por arte de magia”, indica Schlüter. “Desde que aprobamos nuestra constitución y los niños participan en la toma de decisiones tenemos más reglas que antes, no menos”.

Los niños de esta guardería tal vez puedan decidir quién cambia su pañal pero, tras varias reformas constitucionales, la letra pequeña del documento deja claro que son los educadores los que deciden cuándo es necesario hacerlo.

Rodenwald cree que el principal objetivo de este proyecto no es dar voz a los niños sino proporcionarles las herramientas para que puedan desenvolverse en un mundo en constante transformación. “La democracia es mucho más que celebrar elecciones. Tiene que ver con hacer valer la opinión de las personas, también de los niños. Y aprender a tomar decisiones sin ignorar la opinión de los demás”, indica.

Rodenwald explica que debido a que cada vez hay más hogares formados por un padre y una madre que trabajan, también ha aumentado la presión para que las guarderías asuman un papel más activo en la educación de los niños.

Este proyecto fue concebido en 2001 por un grupo de educadores del estado de Schleswig-Holstein, pero empezó a tener éxito seis años más tarde, cuando el primer equipo de Angela Merkel decidió triplicar la cifra de escuelas infantiles. La mayoría de niños que acuden a la Dolli Einstein Haus –gestionada por una organización sin ánimo de lucro, Institución para la protección de los trabajadores, y que debe su nombre a un pájaro hablador de un libro infantil– tienen un año cuando se matriculan y asisten de ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde, de lunes a viernes.

Una vez por semana, cada grupo celebra una reunión en la que se vota en dos ocasiones: una para decidir la merienda y la otra para decidir el desayuno. La primera es un referéndum, ya que los educadores proponen dos opciones, por ejemplo pastel de chocolate y tarta de limón, mientras que la segunda votación permite que sean los alumnos los que decidan cuatro desayunos posibles.

Se escriben las distintas opciones en unos papeles que se dejan en el centro de un círculo formado por los niños. Cada uno de los niños se sienta en un cojín tras escuchar el sonido de un gong. Los niños se dan la espalda para que su voto sea secreto. Cuando llega su turno ponen una piedra de color, llamada Muckelsteine, en su opción preferida.

Decisiones de obligado cumplimiento

El resultado de las votaciones es de obligado cumplimiento. El cocinero de la guardería tiene que acatar las órdenes aunque crea que el menú es poco sano o repugnante. Este principio ha sido una prueba de fuego para los educadores y los padres. De hecho, en alguna ocasión la guardería ha ofrecido como desayuno pizza y estofado con remolacha.

Rodenwald y su equipo puntualizan que, de hecho, son los adultos los que deben aprender a aceptar las decisiones de los niños, no al revés.

“Se trata de ofrecer alternativas”, explica: “Nuestra experiencia nos demuestra que los niños comerán espinacas, ensalada o pan de centeno si les ofreces este alimento y ven cómo otros niños lo comen”.

Otras cuestiones que son más relevantes, como la compra de nuevos juguetes o cambios de las normas del recreo, se deciden en un encuentro mensual del consejo de los niños, al que asisten parejas de niños y niñas que actúan como representantes de su clase. En un encuentro celebrado recientemente, los niños pidieron a sus delegados que se pronunciaran después de que Rodenwald decidiera comprar un par de triciclos sin consultarlo.

“Era una buena idea y sabemos que a los niños les encantan los triciclos así que decidí comprarlos”, indica. “Los niños no dudaron en recordarnos que no nos habían dado su aprobación para tomar esa decisión. Fue uno de esos momentos en los que sabes que lo estás haciendo bien”.

“No sé si los niños son los mejores demócratas, pero sin lugar a dudas son menos calculadores. No hacen ninguna afirmación solo para satisfacer a los demás”.

Los niños educados con este sistema democrático podrían tener conflictos de poder en casa pero, hoy por hoy, ningún padre ha sacado a su hijo de esta guardería.  Todo lo contrario: en febrero, otros siete centros obtuvieron el certificado de “guardería democrática” y otros 12 lo obtendrán antes de que termine el año. La organización sin ánimo de lucro quiere que en 2020 las 58 guarderías de Schleswig-Holstein funcionen con este sistema de democracia interna.

Fuente: http://www.eldiario.es/theguardian/Vota-guarderia-alemana-ninos-decidan_0_675782730.html

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Las siete claves para una buena educación

Colombia / 27 de agosto de 2017 / Autor: Simón Granja / Fuente: El Tiempo

Michele DiPietro, autor del libro  ‘¿Cómo funciona el aprendizaje?’, estuvo en Colombia. Entrevista.

¿Cómo aprenden los estudiantes? La respuesta a esta pregunta no solo la tienen los profesores. Y los padres de familia, primeros y continuos educadores de sus hijos, deberían planteársela con más frecuencia e intentar buscar nuevas respuestas.

Guiados por ese interrogante y con el ánimo de descubrir cuáles son las claves a la hora de generar espacios de aprendizaje, el italoamericano Michele DiPietro y otros cuatro expertos en educación se embarcaron en una investigación que les permitió establecer los siete principios fundamentales para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Cada uno de los autores del ‘bestseller’ ‘Cómo funciona el aprendizaje’ tiene, en promedio, 24 años de experiencia en el mundo de la educación. DiPietro, líder de la investigación, es director ejecutivo del Centro de Excelencia en Enseñanza y Aprendizaje de la Universidad Estatal de Kennesaw, en Georgia (Estados Unidos) y es miembro del Consejo de Administración del Consorcio Internacional para el Desarrollo Educativo.

Para construir este libro, los autores se basaron en investigaciones de distintas áreas del conocimiento tales como la neurociencia cognitiva, la psicología social y del desarrollo, la antropología, la demografía y los estudios del comportamiento y el aprendizaje organizacional.

Con más de 60.000 copias vendidas, el libro se ha convertido en un éxito editorial en Estados Unidos. El Centro para la Excelencia Docente y la Editorial de la Universidad del Norte lo tradujeron al español por primera vez e invitaron al autor a Colombia. EL TIEMPO lo entrevistó.

Los libros de educación no suelen ser ‘bestsellers’, ¿por qué este fue tan bien recibido?

Creo que su éxito radica en el tono que utilizamos. Las investigaciones y los datos que citamos no contradicen su practicidad. El libro cuenta con sugerencias comprensibles y aplicaciones a las que profesores y padres de familia puede acceder.

El libro se titula ‘¿Cómo funciona el aprendizaje?’, ¿cuál es la respuesta a esa pregunta?

Los expertos han ofrecido muchas respuestas a ese interrogante; algunas de ellas, a mi parecer, bastante equivocadas. Para contestarlo, nosotros recogimos las teorías que han sido sustentadas con mayor rigurosidad en los últimos 15 años, y desarrollamos algunos puntos prácticos para que el lector comprenda cómo funciona el aprendizaje.

¿A qué se refieren esos puntos?

En síntesis, al clima social, emocional e intelectual del entorno educativo; al bagaje cultural y los saberes de los estudiantes; a la organización del conocimiento, a la motivación, y al conocimiento práctico.

¿Y cómo funciona la enseñanza?

La enseñanza depende del nivel de comprensión que el educador tiene de los procesos de aprendizaje. Cuando los entiende, sus prácticas educativas son más adecuadas y eficaces. La enseñanza depende, en otras palabras, de cómo pensamos el aprendizaje y de cómo adquirimos, procesamos, analizamos, aplicamos y transmitimos la información.

Los padres también son educadores. ¿Cómo les puede ayudar este libro a ellos?

Todas las teorías que se exponen se pueden aterrizar en la cotidianidad. El libro contiene sugerencias para resolver cuestiones tan básicas como motivar a un hijo a hacer sus deberes o a limpiar su cuarto.

¿La educación va por buen camino?

El uso de la tecnología ha ampliado el acceso a la educación y ha abierto paso a nuevas formas de aprendizaje que nos obligan a preguntarnos ¿cómo están aprendiendo los estudiantes? ¿Cómo sabemos si lo están haciendo? Y si no están aprendiendo, ¿qué podemos hacer para que lo hagan?

 

Los principios

1. Reconocer los conocimientos adquiridos previamente

Los estudiantes llegan a sus clases con un bagaje de conocimientos, creencias y actitudes que pueden facilitar u obstaculizar el aprendizaje. Conocer sus raíces culturales permitirá integrar la información que se les proporciona con la que ellos ya poseen.

2. La forma en que los estudiantes organizan sus conocimientos influye en el proceso de aprendizaje y en la posterior aplicación de sus conocimientos

Los estudiantes construyen conexiones con la información que reciben. Si esas conexiones están correctamente organizadas y estructuradas, es probable que el aprendizaje sea mucho más efectivo y eficiente.

3. La motivación de los estudiantes determina, mantiene y orienta el aprendizaje

La motivación se ve afectada por al menos 3 elementos: las metas y expectativas de los estudiantes; la idea que ellos tengan respecto de su propia capacidad para aprender, y por sus experiencias emocionales frente al aprendizaje. El aprendizaje requiere, por tanto, una buena dosis de desafío, de seguridad y de diversión.

4. Para desarrollar su máximo potencial, los estudiantes deben adquirir habilidades, practicar para integrarlas a su comportamiento, y saber cuándo y cómo aplicar lo aprendido 

La práctica es indispensable no solo para entender los contenidos de las asignaturas, sino para asimilarlos de tal forma que, cuando se presenten situaciones reales fuera de la escuela, en otro contexto, el estudiante pueda aplicar sus conocimientos con agilidad.

5. Las prácticas dirigidas a metas, con la apropiada retroalimentación, mejoran la calidad del aprendizaje

Las prácticas deben tener objetivos identificables por el estudiante y un apropiado nivel de dificultad.

6. La capacidad que tiene el estudiante para desarrollarse depende del clima emocional, social e intelectual de su grupo y de su ambiente, e influye en su aprendizaje

El clima que crean los maestros en sus clases, al igual que los padres en sus casas, tiene importantes implicaciones para los estudiantes.

7. Para volverse capaces de dirigir su propio aprendizaje, los estudiantes tienen que aprender a autocriticar su desempeño y ajustar sus estrategias de estudio y práctica

Ningún aprendizaje escolar puede estar completo sin que el estudiante haya hecho suyo el hábito de aprender por su cuenta, y sin que sea capaz de dirigir ordenadamente su aprendizaje.

Fuente de la Entrevista:

http://www.eltiempo.com/vida/educacion/michele-dipietro-habla-de-las-claves-del-aprendizaje-124098

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México: Crear, crecer y cuidar: Una alternativa para transformar la educación básica

México / 27 de agosto de 2017 / Autor: Pluma Invitada / Fuente: Educación Futura

El Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México en estrecha colaboración con Mejen T’aano’ob, Pequeñas Voces A.C. emprendieron la tarea de dar continuidad a la experiencia educativa que, desde hace tres años, se desarrolla en la escuela primaria Arcadio Tuz Chan de la comunidad de Cholul, en el municipio de Cantamayec del estado de Yucatán.

Mejen T’aano’ob, Pequeñas Voces es una organización civil integrada por maestros de artes: músicos, artistas visuales, dramaturgos y directores de teatro, promotoras-es de la educación y maestras-os de grupo que desarrollan la experiencia educativa. Esta consiste en introducir actividades de arte y cuidado de la naturaleza, como una estrategia para que las niñas, niños y jóvenes desarrollen diversas potencialidades, también que aprendan, en armonía con su natural inclinación por investigar, a aprender, explicar y ser parte del mundo.

Participar en un coro o un grupo musical, hacer un mural o expresar sus sentimientos a través del dibujo o la danza, son actividades que requieren de un trabajo exhaustivo y bien planeado, trabajo que niñas, niños y jóvenes aceptan con gusto, al igual que el de cuidar plantas y animales. Se parte de lo que las niñas, niños y jóvenes ya traen de su casa; del conocimiento ancestral del cual son portadores y se conjunta con el conocimiento básico universal, de tal manera que cuenten con herramientas e información necesarias para desenvolverse y ser parte activa de este mundo globalizado.

De la experiencia se han derivado una banda de música tradicional que integran jóvenes de la comunidad de Cholul y un grupo de muchachas, quienes, a partir de sus aprendizajes en las artes visuales, elaboran artesanías como pintura textil y jícaras; otras se están formando como promotoras del solar educativo que se encuentra en la escuela Arcadio Tuz Chan.

Con el proyecto educativo se busca también que las maestras y los maestros encuentren un espacio abierto para mejorar su labor como docentes, para reestructurar los objetivos de aprendizaje en función de las necesidades de niñas y niños; de tal manera que, a través del arte y el trabajo con la tierra, obtengan elementos para dar mayor sentido y pertinencia a los conocimientos que son relevantes para su desarrollo.

En la actualidad, alentados por los resultandos hasta ahora logrados, se redoblan esfuerzos para ampliar la experiencia en el próximo ciclo escolar a la Escuela Primaria Francisco J. Mújica, ubicada en la cabecera del municipio de Cantamayec, cercana a la de Cholul. También, un reto en el horizonte es desarrollar la experiencia a nivel de la secundaria con un grupo piloto en la comunidad de Cholul y, además, invitar a jóvenes que se están formando para maestras y maestros en la Universidad Pedagógica Nacional de Peto, a participar en la experiencia.

Se prevé realizar un seminario interinstitucional convocando a maestras, maestros, investigadores y personas interesadas en encontrar alternativas para transformar la Educación Básica en nuestro país.

De la sistematización y evaluación de la experiencia, se irán perfilando elementos que nos permitan argumentar la pertinencia de un curriculum de educación básica para nuestro país que contribuya a encontrar caminos hacia una educación de calidad para las niñas y niños mexicanos, basada no sólo en conceptos o metodologías, sino en resultados reales de cómo es posible mejorar el aprendizaje para formar niñas y niños seguros, capaces de participar y de proponer alternativas.

Para ese proceso cabe destacar que el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación, desde las líneas de investigación Calidad y Equidad de la Educación BásicaEducar para la Interculturalidad y Educación Trabajo y Pobreza dialogará para construir junto con Mejen T’aano’ob, Pequeñas Voces A.C. las bases de una propuesta educativa alternativa para la educación básica.

Este proyecto no hubiera sido posible sin el apoyo de la Fundación W.K. Kellogg que ha creído en el trabajo realizado hasta ahora. Se estará construyendo un mundo mejor si a temprana edad las niñas y los niños tienen la oportunidad de auto conocerse y tomar conciencia de sus inclinaciones y preferencias. Alguien que se descubre capaz de hacer música, resolver problemas matemáticos, escribir historias, explicar fenómenos climáticos, hacer pintura, puede ir trazando desde esta edad un horizonte de vida por el cual esforzarse y ocuparse con decisión.

María Ramé Gómez y Beatriz Jofre Garfias

Mejen T’aano’ob, Pequeñas Voces A.C.

Ma. Dolores Villagómez Díaz

Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación

Universidad Iberoamericana Ciudad de México

Fuente de la Noticia:

Crear, crecer y cuidar: Una alternativa para transformar la educación básica

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La otra educación: los niños peruanos de las escuelas suizas

Perú / 27 de agosto de 2017 / Autor: Redacción / Fuente: La Republica 

Diferencias. En Ginebra, Friburgo, Berna más de 1.500 niños de padres peruanos estudian en uno de los mejores sistemas educativos del mundo. La mayoría asiste a escuelas públicas con maestros evaluados que ganan 23 mil soles. Reciben clases de arte, aprenden más de tres idiomas y no usan uniformes. Estas son sus historias.

Reportaje elaborado como parte del proyecto «En Quête d’Ailleurs» 2017. Ocho equipos de periodistas de Suiza y del resto del mundo examinaron el tema «Los niños de la ciudad».

El barrio suizo de Les Grottes tiene una niña con nombre quechua. Qantu tiene siete años, un violín, trece conejos, juguetes reciclados y nunca ha visto un televisor en su casa. No sabe usar celulares, Play Station, ni tabletas. Prefiere darles besos a sus conejos Caramelo, Bizcocho y Biscuits; bailar lo que suene y hacer dibujos, aunque después no quiera colorearlos: detesta esa exigencia de no salirse de los límites.

Qantu, que significa «Cantuta» en quechua, nació en Suiza, pero su mamá y su abuelo, en Cusco. «Yo soy de ashá –dice camino a su colegio-. Estuve dos veces en el Perú». La niña de dentadura incompleta estudia a solo cinco cuadras de su casa, como la mayoría de escolares en Suiza. «En el Perú he visto la flor de la Cantuta. Es muy bonita —sigue hablando—. Yo quiero las agarrarlas», justifica con su español de acento francés. De pronto, llega a la escuela, suelta un escarabajo enorme que la acompañó en el trayecto y se despide de su mamá. «¿Toda la vida tú parlas español? –me pregunta–. Yo te diré lo que dicen mis amigos».

En Suiza, uno de los 20 países con mejor rendimiento en la última prueba Pisa, alrededor de 930 mil niños siguen la escuela obligatoria (dos años de inicial, seis de primaria, y tres de secundaria). La mayoría, como Qantu, va a un colegio público, donde el servicio es gratuito y dependiente de su cantón (región). En el caso del colegio des Grottes, el cantón de Ginebra decide su currículo, su jornada y brinda recursos, sean para suizos o migrantes. En aquella región, una gran parte de los 1.130 menores con nacionalidad peruana está a punto de comenzar —o ya inició— sus clases. En el Perú, mientras tanto, el servicio aún no logra restablecerse.

En la hora de ingreso, los alumnos forman pequeñas filas en los patios. Qantu se incorpora a la del aula 3P (similar al segundo grado de primaria), donde ella es la única peruana. Allí, cerca de veinte alumnos sin uniformes se colocan uno detrás de otro, se cogen de las manos e ingresan a sus pabellones. Los maestros, con jean y bermudas, encabezan el recorrido.

La mamá de Qantu vive hace once años en Suiza. La bióloga cuzqueña Rosario Ugarte se casó con el médico suizo Tim Wuillemin, quien trabajó en el hospital Arzobispo Loayza. Tuvieron a Qantu y a Inti, de tres años, que estudia en el jardín de niños ‘La Maison de Enfants’, también en Les Grotts. «Alguna vez pensé en regresar al Perú, pero aquí mis hijos tienen educación gratuita y de calidad. Allá, en Lima, debo ser millonaria para inscribirlos en un buen colegio privado», dice la mamá de los niños de nombres quechua.

Qantu llega a la puerta de su salón, se quita los zapatos, los guarda en un estante con su nombre y se coloca pantuflas (la costumbre suiza de «dejar la suciedad fuera de casa»). Esta rutina la repite en sus dos ingresos a clases: a las 8 de la mañana y a la 1:15 de la tarde, cuando retorna de su almuerzo en casa.

La educación de los niños en Suiza es distinta a la peruana, al igual que su población, su inversión, sus problemas, su gobierno, su costo de vida y los impuestos con los que la financia. En el país de Los Alpes, de casi 8.400 millones de habitantes (similar a Lima), el año escolar empieza en agosto o setiembre, según el cantón. En Suiza gastan en educación poco más del 5% y aquí más del 3% del PBI. Los padres no compran útiles, más que un par de pantuflas o un mandil. Los profesores están entre los mejores pagados: su sueldo promedio puede superar los 7 mil francos suizos (23 mil soles) al mes. Su salario no está condicionado, pero deben someterse a una evaluación anual con sus directores.

Sin notas, ni premios
Los escolares —portugueses, iraquíes, nigerianos y de otras partes del mundo— se reúnen en círculos, leen cuentos, alzan las manos. Su aula tiene una computadora, sillones, juegos armables y una pequeña biblioteca. Si los niños hablan de geografía, no mencionan países, sino las partes de su escuela. Si hablan de historia, no recuerdan fechas. En matemática, solo suman. La resta viene después.

Luego giran con las manos en la cintura, saltan, juegan con ula-ulas. Bailan polcas mexicanas en su clase de rítmica, en un salón especial, con instrumentos musicales, un gran piano y una especialista que dice que «el movimiento es clave a esa edad». Los estudiantes de siete años llevan matemática, ciencias, geografía, historia, música, arte, gimnasia, consejo de clase (donde se arman debates) y francés. Unos años después, inglés y alemán (otra lengua oficial en Suiza). A esta edad, no los califican con notas, solo con apreciaciones como «tienes que trabajar más». Ya leen y escriben, aunque no están obligados a hacerlo perfecto. Nadie premia al primer puesto, ni castiga a un repitente.

Autonomía infantil
En un Mcdonald’s de Ginebra, el dirigente del deportivo Unión Sudamericana, Leonel Zutta, le habla en español a su hija Emily, de once años, aunque ella le responda en francés.

La niña, de padre peruano y madre colombiana, vive en Suiza desde su nacimiento, pero quiere convertirse en una gimnasta reconocida en el Perú. En el club Lignon, uno de los más grandes de Ginebra, ya ha obtenido un sétimo lugar en una competencia nacional de gimnasia rítmica y otro subcampeonato en su equipo.

Emily va sola a su colegio, a cinco minutos de su casa, en un edificio conocido como ‘la serpiente’. En Suiza, la mayoría de los niños hace lo mismo debido a la cercanía de las escuelas donde han sido asignados.

Durante los ingresos, y las salidas, los escolares andan solos, en grupo, sin la supervisión estricta de adultos, ni movilidades. Apenas aparece personal a cargo del tránsito. Para los padres, esto es un desfile de autonomía infantil, que también está presente en Alemania, Japón y Holanda.

Emily solo habla castellano con Clara, su amiga española de padres peruanos, cuando otras niñas del nivel 7P intentan fastidiarlas. «No queremos que nos entiendan», dicen.

Su maestra, Laura Federici, sin embargo, restringe el uso de un idioma que no sea el francés en clase. Así lo hace todo el colegio. «Antes tuvimos problemas con niños que hablaban idiomas distintos. Se juntaban las etnias y se decían de todo», comenta. En el salón de Emily también está prohibido hablar en español.

A los migrantes con dificultades para comunicarse les ofrecen clases de acogida. En estas, un docente desarrolla sesiones personalizadas, tras su jornada escolar, para que los menores aprendan francés. Este no es el caso de Emily, ni de Qantu, que tienen padres peruanos, pero nacieron en Suiza. Tampoco de los cerca de 400 menores inscritos en la sección nacimientos de los cantones de Friburgo, Neuchatel, Soleura y Berna (la capital), que cuentan con nacionalidad peruana, pero manejan el francés o el alemán.

No obstante, el idioma, la adaptación y el choque cultural siguen siendo las principales dificultades de los pequeños migrantes. «Los profesores a veces no están habilitados y formados para integrar a los latinos que no hablan francés», dice la especialista en pedagogía, Claudia Villamana, de Association La Escuelita de Onex. El proceso puede ser riesgoso: el niño intenta integrarse a una escuela, pero el entorno lo excluye.

Niños talentosos
Ralph, de trece años, hijo de un ayacuchano y una alemana, habla cuatro idiomas, es autor de dos libros, toca el piano y la guitarra, ha participado en el concurso The Voice en Suiza y quiere ser futbolista.

El estudiante del grado 8 del Collége du Léman es arquero del equipo de fútbol del cantón de Vaud y hace un par de semanas estuvo en Lima para probarse en la selección de menores. Su padre, el comunicador César Calle, comenta que, después de las pruebas y debido a su edad, su hijo será considerado para el próximo año. «Ralph está en una edad en la que quiere mostrar sus aptitudes».

En tanto, sigue sus estudios en aquel colegio privado, cuya pensión anual puede superar los 60 mil dólares, y donde lleva cursos obligatorios como inglés, ciencia, matemática, alemán, música y debate. «Creo que soy el único peruano aquí», dice en uno de los enormes patios del colegio.

Suiza, el país del orden, con altos impuestos, democracia directa, donde es ilegal pintar una casa sin permiso y se han construido búnkeres contra los desastres, ha sido el elegido por latinoamericanos para que sus hijos encuentren otra forma de aprender, aunque sea lejos de su tierra.

A la hora de salida, Qantu corre hacia el patio de la escuela. Afuera, los jóvenes del barrio llegan con sogas, naipes y pelotas para entretener a los pequeños escolares. Qantu salta una y otra vez. Pero no deja de cumplir con su promesa: traducir lo que dicen sus amigos. Ellos preguntan dónde está el Perú. Qantu, entonces, deja el francés y empieza a hablar el idioma de su mamá.

La educación de los niños en Suiza es distinta a la peruana, al igual que su población, sus problemas, su costo de vida y los impuestos con los que la financian.

Fuente de la Noticia:

http://larepublica.pe/sociedad/1079048-la-otra-educacion-los-ninos-peruanos-de-las-escuelas-suizas

 

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