Page 14 of 60
1 12 13 14 15 16 60

Entrevista a Boaventura de Sousa: «Tengo miedo porque el pueblo no sale a protestar a la calle»

Por: Guillermo Martínez

Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, 1940) lleva casi un año confinado en su pueblo. Aproximadamente, el mismo tiempo desde que estalló la pandemia en Portugal. Desde allí ha escrito un completo ensayo sobre su visión de lo que ha supuesto hasta ahora y lo de que debería suponer en el futuro el estallido de la crisis sanitaria.

El futuro comienza ahora. De la pandemia a la utopía (Akal, 2021) es el título de la obra en la que este reconocido sociólogo defiende un cambio de era a nivel mundial en el que la naturaleza se encuentra en el centro de todo. Público aprovecha la ocasión para hablar con él sobre por qué tiene miedo a la par que esperanza, pero también en torno al teletrabajo; la respuesta de las organizaciones populares ante la inoperancia de los Estados; la relación entre colonialismo, capitalismo y patriarcado; las noticias falsas; y cómo vivir con incertidumbre científica.

Comenta que «los privilegiados que pudieron seguir trabajando a través del teletrabajo se cerraron en casa, paradójicamente, para sentirse menos encerrados. Y trabajaron aún más intensamente». La casa, el hogar, una vez más como privilegio que no está al alcance de cualquiera.

Sí, pero un privilegio matizado. Por un lado, los que pudieron teletrabajar no perdieron su empleo y en algunos casos han visto cómo la relación con sus familias mejoraba. Sabemos que, por ejemplo, en el norte global los padres jóvenes apenas pasaban más de 20 minutos al día con sus hijos, así que ahora han tenido la oportunidad de estar más tiempo con ellos. Al mismo tiempo, sabemos que en todos los países se incrementó, sin excepción, la violencia machista y el feminicidio, por lo que estar en tu casa puede ser bueno pero también sinónimo de convivir más tiempo con el agresor, en este caso tu compañero.

¿Qué impacto tendrá el teletrabajo a partir de ahora?

Digamos que el capitalismo, la nueva ola que emerge a través de la cuarta revolución industrial de la mano de la inteligencia artificial, ha visto en esta pandemia un experimento global en el que poder cambiar las relaciones laborales. Vamos a un estadio en el que no habrá fábricas, pero tampoco protestas de sindicatos, por ejemplo, ni huelgas, mucho más difíciles de construir si no se trabaja codo con codo ni se conoce a los compañeros. Hay un peligro en este capitalismo electrónico porque, de alguna manera, significa un regreso al periodo inicial del capitalismo donde los artesanos trabajaban en sus casas, lo único que ahora lo haremos sometidos al empresario.

Me inquieta ver cómo los sindicatos y los partidos políticos de izquierdas no están interesados en enfrentar este problema que vendrá tras la pandemia. Hay una estrategia global, y no solo en el terreno laboral, sino también en la educación, donde se eliminarán las asociaciones estudiantiles de los campus universitarios y será mucho más difícil articular las demandas. A mi juicio, el capitalismo no ha pasado por ninguna crisis, sino que se ha fortalecido con la pandemia como ya lo hizo con la crisis financiera de 2008.

Al fin y al cabo, la idea del teletrabajo es importante porque creará nuevas oportunidades, pero los grupos sociales más progresistas y populares tendrán que verlo como tal y no dejar que los intereses del capital mundial, que también ven nuevas oportunidades, prevalezcan.

Escribe entre el miedo y la esperanza, como si el primero fuera impuesto y la segunda lo único que nos queda. ¿De qué tiene miedo? ¿Por qué tiene esperanza?

Tengo miedo porque el pueblo no sale a protestar a la calle. Algunos países, sobre todo gobernados por la derecha, han aprovechado la pandemia para legislar cuestiones que empeoran la situación de las clases populares, como Brasil, Colombia, Reino Unido, Estados Unidos y Hungría. Al contrario, en India salieron a la calle pequeños campesinos y agricultores que vieron recortados sus derechos. Mi miedo es que los Estados, cada vez más sometidos a la lógica capitalista, no reciban desde abajo una presión popular pacífica para mejorar las condiciones sociales que se verán mermadas tras la pandemia. Y también me produce miedo que, si bien no veo lo anterior, sí observo cómo la extrema derecha crece en todo el mundo porque ellos no tienen miedo de protestar.

La esperanza viene del estudio que he hecho de la respuesta que han dado algunas comunidades a los efectos de la crisis sanitaria. Mostraron que existía una alternativa posible en la que se podía defender la vida y la economía. Al contrario, los gobiernos de derechas no han protegido ni la una ni la otra, como ocurrió en los países que he comentado antes. Mi esperanza es matizada. Pienso que deberíamos enfrentarnos a un nuevo modelo civilizatorio, empezar una transición a otra sociedad basada en un consumo y producción anticapitalista, antirracista y antipatriarcal.

Defiende que la aparición del coronavirus supone un cambio de era. A partir de ahora pertenecemos a la naturaleza y no viceversa, aunque todo indica que las clases privilegiadas seguirán enrocadas en su posición de máximo beneficio a costa de la destrucción de la naturaleza. ¿Qué escenario enfrentaremos en esta nueva era?

La barrera que va a separar a la izquierda de la derecha a partir de ahora va a ser en qué posición se ubiquen. Para la derecha la naturaleza nos pertenece, y para la izquierda nosotros pertenecemos a la naturaleza, así que si hay izquierdas que van a asumir la primera postura estarán ocupando el papel de la derecha. Cualquier lucha contra la injusticia y la discriminación tiene que incluir a la madre Tierra, la naturaleza, como uno de los seres no humanos más discriminados, silenciados y humillados.

«Cualquier lucha contra la injusticia y la discriminación tiene que incluir a la madre Tierra»

Las políticas medioambientales que está promoviendo la Unión Europea y que deben cumplir las empresas no dejan de ser una forma continuista del capitalismo. Las empresas se van a otros lugares, como África y América Latina, donde sin conciencia ecológica destruyen todo lo que tienen a su paso, tanto a nivel medioambiental como los pueblos indígenas que aun resisten. Europa no solo puede cuidar de los europeos, sino que debe hacerlo de todo el mundo; y todo el mundo se debe cuidar a sí mismo. El hecho de que no se hayan eliminado las patentes de las vacunas contra el coronavirus es una señal muy preocupante, de lo peor que nos puede pasar. Los grandes retos serán a nivel global, y unos no pueden estar por encima de otros porque si no caeremos todos.

El análisis que plantea pivota en torno a tres ejes que nos han llevado hasta aquí y que intenta deconstruir en el ensayo: capitalismo, colonialismo y patriarcado. En cambio, la mayoría de las personas ni siquiera se reconocen como oprimidas u opresoras cuando lo son. ¿Qué hay que cambiar para tomar conciencia de ello?

Lo fundamental es tener una alternativa. Las injusticias no abren posibilidades de resistencia por ellas mismas. Hay resistencia cuando hay alternativa, por eso defiendo que la pandemia más grave la llevamos sufriendo desde hace 40 años, cuando nos hicieron creer que no hay alternativa posible al neoliberalismo. Esto ha bloqueado la política y por eso tenemos políticos mediocres en la gran mayoría de los países. Se creó la idea de que no hay otras posibilidades y eso hace a la gente entrar en cierto fatalismo, claramente relacionado con el crecimiento del conservadurismo religioso. Como la izquierda ha aceptado que no hay otra solución que el neoliberalismo, la alternativa ahora es la extrema derecha, que dicen que son antisistema.

Cuando vino la pandemia, la gente no pidió ayuda a los mercados, sino al Estado, por lo que hay que fortalecer la parte democrática del mismo y empezar un debate abierto y claramente anticapitalista, en el que se propongan políticas de transición. Las organizaciones sociales, las universidades, los partidos políticos de izquierdas tienen que ver en esto que ha ocurrido una posibilidad de cambio y darse cuenta que vivir en una crisis permanente es una trampa, porque el único fenómeno que nunca está en crisis es ella misma.

En la primera parte de su libro trata la devastación provocada por la pandemia, y en uno de los capítulos indaga en cómo el capitalismo hizo de la pandemia lo que ha hecho a la vida humana y la naturaleza: convertirla en un negocio, en sus propios términos. ¿Quiénes son los vencedores y los vencidos?

Los vencedores han sido los capitalistas, quienes tenían las tecnologías. Es el capital tecnológico el que ganó, empresas como Google, Amazon y Apple, pero también lo será el financiero si logra que no haya cambios importantes en torno a la condonación de deuda de algunos países. Respecto a los vencidos, las clases más bajas que ya venían sobreviviendo como podían.

También reflexiona sobre la respuesta que los diferentes Estados han dado a la crisis sanitaria. A pesar de que sin salud no hay economía posible, el cortoplacismo ha hecho que la recuperación sea aún más lenta y, en muchos casos, dolorosa. En este sentido, ¿qué se ha hecho bien y qué mal?

En Europa prevaleció la idea de defender la vida, excepto en Suecia, lo que tuvo un resultado catastrófico. Los países que salen peor en términos de economía y protección de la vida fueron aquellos que minimizaron los efectos de la crisis desde el principio, muchas veces negacionistas y gobernados por la derecha, como Reino Unido, Estados Unidos y Brasil.

Ante la inoperancia de los Estados, en multitud de regiones se han creado decenas de redes de solidaridad y apoyo mutuo entre la ciudadanía. ¿Podría ser este el germen de la utopía?

Yo defiendo la idea de la utopía a partir de la autodeterminación de los pueblos y las comunidades, de lo que ellos mismos piensan que es mejor para ellos. No defiendo una solución tipo Rojava o Zapatista por todo el mundo, porque las condiciones son distintas en cada país, pero en muchos lugares se han protegido de la pandemia con sus propias reglas, como los pueblos indígenas de América Latina. Todo esto, pienso, son experimentos de alternativas anticapitalistas, antirracistas y antipatriarcales. Quizá puedan ser el inicio de la utopía, pero sin lugar a duda no habrá utopía si las mujeres no son consideradas como un sujeto político decisivo. La utopía vendrá con la autodeterminación y los cuidados, lo que incluye a la naturaleza.

En la segunda parte del ensayo entra de lleno en la idea de que el siglo XXI puede ser el comienzo de una nueva era. Se decanta, según describe, por el que apunta a un nuevo modelo civilizatorio basado en la primacía de la vida digna y en una relación con la naturaleza radicalmente distinta a la que mantuvimos en la era moderna y nos llevó al borde de la catástrofe ecológica y a un mundo distópico viral. ¿Acaso tenemos otra opción para sobrevivir?

No. De hecho, ahora sí que no hay alternativa. O defendemos la naturaleza o será un suicidio. La vida humana constituye el 0,01% de la vida total del planeta, y a pesar de ser tan poco nos arrogamos el derecho de destruirla por completo. Nada, la alternativa es el suicidio.

Argumenta que «en tiempos de pandemia, las noticias falsas se traducen directamente en muertes y, por tanto, constituyen acciones delictivas que los países no están preparados para castigar ejemplarmente, así como tampoco están preparados para frenar eficazmente la difusión de noticias falsas». Quienes difunden estas informaciones falsas ¿pueden estar matando a gente?

«La difusión de noticias falsas puede constituir crímenes de lesa humanidad»

Sí, sí pueden. La difusión de noticias falsas, de aquí en adelante, puede constituir crímenes de lesa humanidad. Lo muestro en el libro: una publicación en una web decía que tomando grandes cantidades de alcohol puro o de alta gradación matabas al virus, así que el resultado fue la muerte de 800 personas y casi 30.000 hospitalizaciones por este motivo en 80 países diferentes, además de que mucha gente se quedó ciega por esto.

‘Vivir con incertidumbres científicas’ es el título de un subcapítulo en su monografía. Si la ciencia es la mejor forma que tenemos de entender la realidad, ¿cómo es posible vivir en el desconocimiento?

Tenemos que vivir la incertidumbre con gran humildad. Además, es necesario un cambio epistemológico en el conocimiento. Yo lo llamo epistemologías del sur, pues hay que democratizarlo y darnos cuenta de que no solo existe el tipo de conocimiento científico al que estamos acostumbrados. Por ejemplo, los saberes indígenas no pueden ser despreciados por la ciencia. Al igual que debemos luchar contra las noticias falsas, también tenemos que aprender a valorar esto otro y huir de las certezas absolutas.

Si existen los dioses, quizá ellos tengan alguna certeza, pero nosotros no, somos humanos y tenemos que vivir con la incertidumbre.

El propósito del libro es ayudar a «quienes durante la pandemia asumieron la defensa de la vida digna e imaginaron políticas y modos de vida que en el futuro puedan defendernos mejor de las pandemias». Una vez superado el coronavirus, ¿a qué otras pandemias nos tendremos que enfrentar?

La peor pandemia vendrá si no superamos esta crisis y seguimos con la idea de que no existe alternativa al capitalismo neoliberal. Habrá otras pandemias muy difíciles también, como la de no tener acceso a la sanidad pública y la reconversión de esta en un negocio en lugar de un bien social; la pandemia del hambre; la pandemia de la brutalidad policial; la pandemia de la violencia machista; la pandemia de la falta de vivienda; y, sobre todo, la pandemia que tendremos que afrontar si no mantenemos el agua como un bien público y de acceso universal. Las estimaciones marcan que para 2050 la mitad de la población no va a tener agua potable al mismo tiempo que el agua ya cotiza en el mercado de futuros. El capitalismo hará lo que sea para adelantarse a cualquier situación de la que se pueda beneficiar.

Fuente: https://www.publico.es/entrevistas/entrevista-boaventura-sousa-boaventura-sousa-miedo-pueblo-no-sale-protestar-calle.html

Comparte este contenido:

Marga Gonnet: Educación en tiempos de Capitalismo de Datos en la región

Antesala y contexto. Nuestros hijos, la pandemia y la educación. La que nos da herramientas para discernir y entender al tiempo en el que vivimos, junto a la Democracia, peligra. Y peligra no solo al Sur. Hoy vemos como el Capitolio de Estados Unidos tiembla y se difumina en grupos extremistas en redes sociales. En conferencias de prensa, en Impeachments en vivo y en la pérdida de poder de compra, la inflación consiguiente y la postura concreta de gobiernos que afirman o desarman sus bases. Y con ellas a toda la población que los compone.

Traemos la palabra de CLADE (Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación) desde Argentina y Brasil y la situación local de Uruguay y Latinoamérica con el Maestro y ex-consejero del CEIP (Consejo de Educación Inicial y Primaria) de Uruguay. Es tan profundo el caos en la educación pública que nos atraviesa a todos. Y debe reformularse en contexto de pandemia y de futuro. ¿Qué será de nuestros niños sin educación o perspectivas claras a corto y mediano plazo? El mundo virtual y el presencial están rediseñándose. Así también la capacidad de pensamiento y reflexión para avanzar en Democracia.

Argentina en pandemia y crisis

Consultamos a Marcela Browne, quien trabaja en FundaciónSES, una fundación sin fines de lucro creada en 1999 que desde entonces trabaja en América Latina y Europa promoviendo redes y asociaciones desarrollando conjuntamente políticas públicas con el Estado. Promueve la inclusión juvenil en riesgo enfocada en el desarrollo de sus derechos. Marcela además trabaja con CLADE poniendo en práctica programas de apoyo a la educación argentina, haciendo un esfuerzo en Argentina a través de varias políticas públicas como Acompañar-Puentes de igualdad y Crecer revinculando estudiantes a la educación. También están trabajando con UNICEF para crear una base nominalizada de seguimiento a las trayectorias educativas que permitirá acompañar la evolución de cada estudiante.

La contracara es cruda. Los sindicatos vinculados a la educación pública argentina están trabajando junto a las cooperadoras de las escuelas enfocados en el regreso a la presencialidad cuidada haciendo énfasis en infraestructura adecuada y los protocolos sanitarios. Algunas de las reivindicaciones de CTERA en la paritaria nacional docente son que el piso salarial y el FONID superen la inflación y condiciones de salud y trabajo para los estudiantes y docentes, previas al inicio de clases en la mayoría de las jurisdicciones.

Y los números dicen mucho más. En dos de las franjas más sensibles y vulnerables, el nivel inicial y los niveles secundarios hacia la educación terciaria y universitaria. En nivel inicial, según un estudio realizado por FundaciónSES, la Universidad Pedagógica Nacional y UNICEF Argentina en 2030: “El sistema educativo de gestión estatal atenderá solamente a 105.000 niñas y niños de entre 0 y 2 años de los más de 2 millones que se estima estarían en condiciones de ingresar a este nivel”.

Es decir que, de acuerdo a la Estrategia Nacional de Primera infancia, solo un 10% del total de excluidos será atendido en los Centros de Primera Infancia. Y cuanto más nos acercamos al sector de escuela primaria, mayor es la franja de niños que queda afuera del sistema público de educación. Las salas de 3, 4 y 5 años cumplirán con la obligatoriedad dejando fuera a 80 mil niños y niñas de 4 años. La sala de 3 años atenderá a menos de la mitad de la población en esa franja (311 mil de los 716 mil niños y niñas), dejando fuera del sistema a más de 400 mil niños y niñas.

Hablando de adolescentes, al igual que en la actualidad, solo el 53% de los estudiantes que ingresaron a primer año, finalizará el secundario en 2030. Creciendo la matrícula en alrededor de 16 mil estudiantes de 2020 a 2024 y decreciendo el total de matrículas en 2030 a 105.652 estudiantes de nivel secundario, aumentando la brecha en áreas urbanas. Para 2030 se prevén, desde este estudio, graves dificultades de acceso a la educación, de mantenerse las mismas tasas de cobertura, promoción y repitencia. Hablando de secciones rurales y urbanas necesarias para incorporar a las y los jóvenes en el nivel hubiera implicado la apertura de 5.737 nuevas secciones en 2020 (sobre lo que no se avanzó), 6.811 en 2024 y 4.760 secciones nuevas para el final del periodo 2030.

“En 2021 el presupuesto de la Gobernación de Buenos Aires bajó sustantivamente y una porción muy importante de este presupuesto se destina a la gestión de escuelas privadas. Y eso es grave”.

En tiempos de crisis económica naturalmente migra una franja captada por educación privada hacia educación pública. Es decir que la mercantilización de la educación en Argentina, si bien es menor que en Chile, que es un extremo, es un signo que repercute no sólo en Buenos Aires provincia sino en toda el país. Y la preocupación fundamental es cómo articular educación virtual en un contexto tan complejo y diverso con docentes también desplazados de sus puestos de trabajo. Todo esto en medio de una crisis económica que también desplaza al alumnado en franjas extremadamente vulnerables, con carencias y pobreza georeferenciadas que resultan en una expulsión de gran parte de jóvenes y niños del sistema.

Además, quien sostiene a los jóvenes y niños y niñas argentinas también son sus círculos primarios, las familias que tienen que arreglárselas entre empleo, subempleo, desempleo y sus propias rutinas para sostenerse en esta situación. Poniendo en riesgo a la integración y la continuidad de los procesos educativos que captan a más del 60% de niños, niñas y adolescentes de la argentina. Y por consiguiente al futuro de la nación si pensamos en los 3 ejes de la educación secundaria argentina: formar para la ciudadanía, para el acceso a la educación superior y para el mundo del trabajo.

Según Marcela Browne, estos tres objetivos deberían verse reflejados en las currículas y el propio proyecto institucional: “Las desigualdades atraviesan a toda la Argentina por eso es importante salir del concepto de igualdad y pasar a la concepción de justicia educativa. Hay que invertir más donde hay más desigualdades”.

En Uruguay

La situación en Uruguay tampoco es simple. Especialmente con la desaparición de los Consejos dentro de la educación pública, producto de la implementación de disposiciones contenidas en la Ley de Urgente Consideración. En estos momentos el Frente Amplio está haciendo énfasis en la junta de firmas para quitar 135 artículos que ponen en juego no solo Derechos Humanos sino la propia estructura estatal de Uruguay. Algunos de ellos yendo incluso contra la propia Constitución vigente en Uruguay. Pasando por la desconcentración y desestructuración de la educación pública tendiendo a la mercantilización de este derecho. Siguiendo por el derecho de reunión regulado en forma subjetiva y sujeto a interpretaciones que podrían configurar antecedentes sobre los que se restringe Democracia.

Además, entre otras disposiciones con la LUC (Ley de Urgente Consideración, impuesta por el actual gobierno de Luis Lacalle Pou y la Coalición de gobierno), se habilita el allanamiento de morada sin previo aviso. Sin olvidar la balacera ocurrida en Plaza Seregni de Montevideo, el domingo 1º de noviembre de 2020, donde sin previo aviso se violentó a cientos de jóvenes que estaban reunidos junto a colectivos de la comunidad negra, LGTB, estudiantes y diversos colectivos sociales. Todos ellos participando de talleres de integración sobre sexualidad, al son del candombe. Como si fuera un atentado, las fuerzas policiales también en el mismo día y de la misma forma detuvieron a jóvenes en distintas plazas del interior de Uruguay (Departamentos de Colonia y Rocha, entre otros) con la misma impunidad. La INDDHH solicitó las filmaciones de las cámaras en cada uno de los lugares citados y solo recibió contenido modificado y editado de lo sucedido desde el Ministerio del Interior. Aún se está a la espera del esclarecimiento de estas situaciones.

El colectivo autogestionado de padres y madres de alumnos de la educación pública Familias Organizadas lanzará una campaña informativa centrada en el inicio de clases 2021. Según La Diaria, “el colectivo considera que hay avances en el nuevo protocolo, pero cuestiona que el accionar en las escuelas está muy librado a lo que las direcciones (de las escuelas) puedan hacer”. Este colectivo elaboró no solamente protocolos sanitarios durante 2020. Además asesoró, gestionó y tomó la responsabilidad de alfabetizar a sus hijos. Hablamos de la educación de niñas y niñas con 200 mil personas en seguro de paro en marzo de 2020 y un crecimiento sostenido del desempleo formal en Uruguay.

El maestro Pablo Caggiani, ex consejero del ex CEIP (Consejo de Educación Inicial y Primaria) de Uruguay hace énfasis en la desarticulación del sistema educativo uruguayo, Ley de Urgente Consideración mediante. El primer punto de gravedad, según Caggiani, es el desmembramiento de la estructura educativa en Uruguay, dejando sin comunicación ni coordinación a miles de profesionales de la educación. Retrocediendo hacia principios de siglo XX. Desconectando y dejando desamparados a sindicatos y estructuras educativas, dependientes de una única dirección que concentra y congestiona la gestión y administración de la educación pública. Dice que la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza de Uruguay, (CSEU) viene trabajando mucho con la Internacional de la Educación que viene trabajando en torno a la privatización de la educación en América Latina. “Los gremios están con agenda de tema. Lo que hay que ver es qué correlación de fuerzas se construye para evitar los retrocesos en todos los planos”.

Además, la tendencia mercantilista que mira hacia Chile, a pesar de que Uruguay posee una pirámide más parecida a países del primer mundo, producto de los avances llevados adelante durante los últimos 15 años hasta 2019. La alarma de Caggiani se enfoca en que de toda la evolución LUC mediante, protagonizada por Uruguay, solamente resta el Plan Ceibal, una de las fuentes de inspiración para el CEILP en Argentina. Se refirió también a un gravísimo incidente protagonizado por Gabriela Bazzano, la Secretaria Nacional de Cuidados y directora del Programa Nacional de Discapacidad del Ministerio de Desarrollo Social.

Bazzano fue investigada por la Justicia de Crimen Organizado por su trabajo liderando la asociación civil Seamos, enfocada en la reinserción de personas con discapacidad intelectual o psiquiátrica. Bazzano entregaba niños de padres en situación de riesgo económico a otras familias, sin ningún respaldo legal detrás. Esgrimió en nota radial en FM Del Sol de Uruguay que luego de viajar a países escandinavos trajo esa lógica de trabajo para replicar en Uruguay. A pesar de haber sido denunciada por INAU y el Hospital Pereira Rossell en 2015 por entregar a estos niños a otras familias sin el control del Instituto Nacional del Niño y el Adolescente del Uruguay ni de otros organismos estatales. Aun así recibió el apoyo del propio Lacalle Pou en 2020.

Caggiani también habló sobre las bancadas religiosas y su posible influencia en la situación actual de la educación frente a lo sucedido de la mano de la Ministra de la Mujer y DDHH de Brasil. Damaeres Alves desarticuló diversos programas en escuelas públicas brasileñas, como el de educación sexual, dejando desamparados a millones de niños frente al abuso sexual y psicológico, que creció aún más durante 2020 en adultos y niños.

“Bueno ese es un escenario que es cuasi-delictivo pero que da cuenta de algunas de las perspectivas que tienen del estado, de la política pública. Particularmente de la política social en los diferentes sectores del gobierno. Para el conservadurismo definido por (Robert) Nisbet, el estado tiene que ser las armas, la tierra y el poder. Y todo el resto corresponde a la comunidad. Y además, eso está ordenado por una desigualdad natural. Que es que, a uno le tocó nacer en determinado lugar y a otros en otro y se ordena según la caridad de la comunidad de los sectores que más tienen hacia los que menos tienen. Y bueno, es esa perspectiva. No hay perspectiva de sujeto de derecho en esa lógica. Es más; es algo que se hizo fuera del estado y de la inspección de los organismos que tienen que velar por los derechos del niño, niña y adolescente. O por los gurises en situación de discapacidad. Es parte de la alianza que está en el gobierno y sí, efectivamente piensan así. Así como el presidente de la Asociación Rural (ARU) dijo que la desigualdad era natural, cada tanto se escapan estas tortugas que dan cuenta de una producción de política social que está alineada a esas definiciones de cuál es el rol del estado y qué sucede con los derechos de ciudadanos y ciudadanas. Estas dos (situaciones) tienen que ver con la correlación de fuerzas que la política y los movimientos sociales generen en la coyuntura. Tanto lo de la bancada religiosa como la derogación o no de la Ley de Urgente Consideración. Y reitero: la coalición gobernante es una coalición que racionalmente no se sostiene. No podría pensar a un ultramontano o a un católico conservador sentado al lado de un Batllista. Lo mismo sucede con otros sectores de la coalición. Es muy difícil pensar que eso pueda sostenerse en el tiempo consistentemente.”

El 23 de febrero, en entrevista en el programa No Toquen Nada de FM del Sol, la directora de Planificación Educativa de la Administración Nacional de Educación Pública, Adriana Aristimuño, dijo: “En el quintil 1, de 100 niños que empezaron la escuela 18 terminan todo el ciclo educativo. La inequidad educativa nos quema”. También dijo que las elecciones de horas docentes habían culminado, información desmentida por varios docentes que testimonian que en algunos departamentos de Uruguay siquiera han comenzado.

Las perspectivas para Uruguay, para Caggiani, son complejas. “En esto vamos a depender un poco de las alianzas que las organizaciones de trabajadores o de padres o de estudiantes puedan realizar con actores académicos, ya sean nacionales o regionales. De hecho, la política del nuevo gobierno ha sido cortar todos los convenios con la Universidad de la República en el caso de primaria. Pero además, cortar convenios que teníamos para especialización de maestros en campos o en espacios de formación que no estaban disponibles en el país. Por ejemplo con la Universidad de La Plata. Todo eso lo van a pulverizar. Y bueno habrá que ver como se reconstruyen, como se ha hecho en otros momentos esas alianzas o esas redes. Pero con la política pública del recorte se va a sentir”.

También la población está a la espera de las vacunas Covid-19, que según Lacalle Pou llegaría una partida de Sinovac el 25 de febrero, luego de varios amagues desde mediados de diciembre de 2020. Según la portada de La Diaria (23/02/2021) “serán 192 mil dosis. El Ejecutivo prevé recibir 1.558.000 más este mes, y que antes que termine abril se habrán sumando 460 mil dosis de Pfizer” con un plan de vacunación que iniciaría este lunes 1º de marzo con el personal de la salud y personas mayores y susceptibles de riesgo, pudiendo incluir a maestros y profesores.

Brasil al desnudo

En el caso del vecino del norte, el escenario es dantesco. Jóvenes de niveles medios y secundarios ocupando las instituciones públicas, manifestándose en las calles, siendo desplazados y golpeados. Reclamando el derecho de aplazamiento del ENEM, el examen nacional al que están obligados todos aquellos y aquellas que deseen acceder a formación universitaria en Brasil. Esto a raíz de los altísimos riesgos sanitarios frente a la segunda ola de Covid-19. Esta acción fue apoyada y llevada adelante el 18 de enero por el Instituto Campanha Nacional Pelo Direito à Educação, el Centro de Asistencia Jurídica Saracura, ambas instituciones civiles sin fines de lucro. Ambas accionan en la educación pública dentro de CLADE (Campaña Latinoamericana para el Derecho a la Educación), organización internacional que, como dijimos al inicio, actúa en todo el mundo en forma de red conteniendo y apoyando a la educación pública. Los representaron el Coletivo de Advocacia em Direitos Humanos (CADHu). Esta acción se tomó al día siguiente de que cientos de jóvenes fueran reprimidos y expuestos masivamente al contagio de Covid-19 el 17 de enero.

Tengamos en cuenta que en Brasil además de la original corren otras 5 cepas de covid, con el 53% de los convocados para el examen fuera de las aulas sin documentos u explicaciones que los ampararan. Así comienza el pantallazo de la realidad educativa en Brasil, dónde cerca del 80% de la población es captada en los niveles primarios y secundarios por la educación pública. Invirtiéndose los porcentajes en la vida universitaria dónde las Universidades privadas acaparan la oferta ya que el ENEM es uno de los filtros más exigentes, a través del que pasan solo privilegiados. Por poder estudiar para rendirlo y por poder aprobarlo. De ese magro porcentaje que aprueba la mayoría se vuelca a las universidades públicas que son las más buscadas por la calidad de educación y por la gratuidad. En la acción legal llevada adelante por el brazo brasileño de CLADE, consta la violación del derecho a la educación, a la salud, de la igualdad y de la probidad administrativas (Violação do direito à educação, à saúde, da igualdade e da probidade administrativas).

En Brasil además, así como en toda América Latina, los casos de violación, violencia de género y desempleo crecieron y vienen creciendo a la par. El requerimiento básico para la universalización de la virtualidad en Brasil no existe en forma homogénea; tampoco en Argentina o Uruguay. Es decir, la capacidad económica devenida de un ingreso que pague la conectividad a internet. En Uruguay hablamos de miles de ollas populares. En Argentina a inicios de 2020 hablábamos de un desempleo que dejó desnudo al país con cifras inauditas. Durante la cuarentena el desempleo escaló a más de 13% con un 40,9% de la población argentina en la pobreza. En Brasil el FMI preveía que el impacto de Covid-19 resultaría en el aumento de la tasa de desempleo en 14,7% en 2020. Finalmente fue de 14 millones de personas, con un alza en diciembre respecto a octubre del 2%.

Paulo Guedes, Ministro de Economía de Brasil, dijo a fines de diciembre de 2020 que “la recuperación económica basada en consumo e inversiones, sólo será posible en la medida en que haya un retorno seguro al trabajo y ese retorno seguro exige la vacunación en masa de la población”.

Mientras Malala Foundation, entre otras, está apoyando a la Campaña Nacional por el Derecho a la Educación, que compone a CLADE en Brasil. Según Catarina de Almeida Santos, profesora de la Universidad de Brasilia (UnB) y dirigente de la Campaña en forma honoraria y especializada en educación básica, la situación es crítica. Aunque tienen injerencia directa en las casas legislativas del Congreso en Brasilia, junto a la ONU y en las Conferencias de Estados Latinoamericanos. Logrando accionar en favor de la educación en medidas concretas, así como en Argentina. Actualmente están luchando en Brasil por lograr la desvinculación de una enmienda en la constitución brasileña “con grandes perjuicios para los derechos sociales como la educación y la salud pública”. La propuesta que está en el Congreso brasileño y que desean eliminar trae como consecuencia “la desvinculación recursos hoy existentes en la constitución para escuelas y universidades y también en relación a la salud pública. Entonces ya comenzamos esa batalla. Actuamos también contra el retroceso en las ex – cámaras legislativas locales. Sea en la cámara de vereadores o en las ex-cámaras legislativas. Estamos luchando con el proceso de militarización de las escuelas en Brasil; pasa la gestión de las escuelas en Brasil para el comando de las fuerzas de la policía militar. Haciendo énfasis en el proyecto Escola sem Partido (Escuela sin partido) defendiendo la libertad de cátedra y los contenidos vistos en las escuelas. Inclusive sobre la Ministra Damaeres Alves, tiene mucho que ver con este gobierno que viene desarticulando todos los proyectos, o cortando financiamientos gubernamentales, cortando consejos direccionados a la protección de derechos sociales. Es decir no solo los derechos de los niños pero también los derechos de las mujeres, de las personas LGTBI, LGBTIQa+, también los de todas las poblaciones de alta vulnerabilidad. Y en todos estos casos el gobierno no solamente ha cortado financiamientos sino que también ha desenvuelto políticas de criminalización y discriminación a estos grupos. También acompañando a la Fundación Mixcure en el STF (Supremo Tribunal Federal), la Corte máxima en Brasil, combatiendo este tipo de políticas”.

Están trabajando también para revocar la enmienda constitucional Nº 95, que ataca directamente a los derechos sociales que están garantizados en el artículo 6º de la Constitución brasileña, abriendo debate nacional.

Educación en Lata o educación consciente

La evidencia en Argentina, Uruguay y Brasil muestra que son los colectivos los que están tomando la posta de la educación frente a gobiernos desviados hacia beneficios en lugar de derechos o sumergidos en crisis que parecen empañar la visibilidad de la estructura democrática de debiéramos tener más que asegurada. Y ser capaces además de enseñarles a nuestros hijos. Para darles un presente libre de atrocidades que atentan contra la continuidad de los derechos que están en riesgo, camufladas en informaciones falsas.

Fuente: https://www.analisisdigital.com.ar/opinion/2021/02/24/educacion-en-tiempos-de-capitalismo-de-datos-en-la-region

Comparte este contenido:

La pandemia es el capitalismo

Por: María Galindo 

La activista boliviana comparte con MU este texto que es producto de una clase en la que no pregona verdades proféticas, sino que piensa la post-pandemia desde la incertidumbre, la pregunta, la intuición y el “tanteo”. El resultado es un diccionario sobre el léxico con el que gobiernos de izquierda y derecha disciplinan a las sociedades. Cómo pensar política e ideológicamente las vacunaciones en todo el mundo, el orden colonial-patriarcal-extractivista que convierte al neoliberalismo en fascismo, y cómo interpretar la velocidad de los cambios a la luz de la rebeldía y la creatividad.

No escribo desde Bolivia, sino desde un territorio que se llama incertidumbre.

Escribo desde el último lugar en la fila para obtener la vacunación colonial, que en muchos países será aplicada como dosis de salvación gubernamental y como nuevo contrato sanitario otorgado por el capitalismo a través de los Estados para poder sobrevivir.

Escribo desde la conciencia ganada en una olla común, en un pequeño movimiento, en una lucha que no ha dejado de dibujar mapas de salida, de ubicación y de encuentro.

Escribo desde una marcha de trabajadoras sexuales en pandemia que afirman que la represión policial es peor que el riesgo de enfermarse y que el miedo de morir.

Escribo mientras, contra mi voluntad, me preparo a hablar en una pantalla fría que me gustaría recalentar hasta hacer explotar.

No escribo desde la certeza, sino desde la duda, la pregunta, la intuición y el tanteo.

No he renunciado a palpar sin guantes este mundo pandémico, y aunque he aceptado la invitación para escribir, estoy consciente de que todo lo que diga está sujeto a convertirse de repente en una afirmación ridícula, obsoleta, ingenua o a perder su consistencia como si de hielo derretido se tratara.

Al mismo tiempo podría agarrarme a un tono profético fatalista, profético bíblico o profético redencionista y esperar los aplausos de los corazones sueltos que en las calles andan cual zombis en busca desesperada de voces proféticas.

La pandemia es un hecho político no porque sea inventada, inexistente o haya sido producida artificialmente en un laboratorio.

La pandemia es un hecho político porque está modificando todas las relaciones sociales a escala mundial y es por eso legítimo y urgente pensarla y debatirla políticamente.

La pandemia es un hecho político porque se presenta como la consecuencia de un modelo capitalista global que pasa de su versión ecocida a su versión suicida. Abre, o mejor dicho evidencia, la relación sistémica entre ecocidio y suicido.

Sumisión de rebaño

La pandemia ha instalado un léxico estandarizado a nivel planetario, uniforme y extendido en todos los países. Sirve para la reconducción de la vida social a una sociedad disciplinaria.

Palabra por palabra se cuadricula la vida para reducirla al miedo, a la vigilancia legitimada del Estado sobre toda nuestra vida, a la disolución de las formas de colaboración y organización no estatales. Las únicas formas colaborativas revalorizadas han sido reducidas a una suerte de paternalismo asistencialista sin potencia politizable. La amputación del deseo es una de sus constantes.

Todas estas operaciones políticas están aconteciendo a través del lenguaje pandémico como instrumento para nombrar y dar contenido a lo que está sucediendo. No estamos cuestionando las medidas de protección, la necesidad de tomarlas o la incongruencia de muchas de ellas, sino la forma de nombrar el universo entero de la pandemia.

No estoy hablando de sentidos ocultos: son explícitos y su efecto destructivo tiene que ver con su repetición invasiva, con el hecho de que los gobernantes y los organismos internacionales son los voceros incontestables y la población, en general, funciona como una caja de repetición.

Es un lenguaje que terminás usando para entenderte en pocas palabras. Con su carácter mundial sin matices y con su uso irreflexivo sin margen para cuestionar los sentidos funcionan fascistizando las relaciones sociales.

Una vez más, como tantas veces en la Historia, el derecho de nombrar los hechos está siendo el arma para programar sus contenidos sociales.

Es en los términos con que se están bautizando los hechos donde está su contenido ideológico central. No es un contenido ideológico que funciona como teoría a ser aceptada, debatida o repensada. Se trata de un contenido ideológico que funciona como significado fijo irrefutable y como realidad directa, que tiene un efecto de terapia de condicionamiento conductual.

Léxico pandémico

He encontrado alrededor de treinta términos que hacen a la columna vertebral del léxico y su función de condicionamiento conductual colectivo. Sin embargo, voy a proponerles revisar tan solo unos cuantos, por razones de espacio:

Bioseguridad: Conjunto de medidas que tienen que ver con el peligro mortal del contagio. Deberíamos cambiar la palabra “seguridad” por la de “vulnerabilidad”, y el sufijo “bio” por el de “necro”. Estamos experimentando la vulnerabilidad ante un peligro omnipresente, invisible e incontrolable. Si hay algo que no es seguro es la vida. No podemos hablar de bioseguridad cuando tal término, en realidad, nombra el necro peligro o biovulnerabilidad.

Distanciamiento social y aislamiento: No son los dos metros que necesitamos para evitar el contagio, sino que son los contenidos de agudización del encerramiento en ti mismo, del sálvate lejos del “otro”, que es peligroso por excelencia. Todes nos hemos convertido en el “otro” del “otro” haciendo del lenguaje pandémico un instrumento de disolución de colectividad. También ha funcionado en la fascistización social el énfasis que se ha puesto en el pequeño grupo familiar o “burbuja” como tu único universo de responsabilidad y de sentido, usando el inofensivo pronombre posesivo de “los tuyos” una y otra y otra vez.

Cuarentena: Término transportado desde la peste negra en la Edad Media al mundo contemporáneo como un indicador de que en el siglo 21  –después de varias revoluciones tecnológicas– las medidas sociales de cuidados son las mismas que hace varios siglos y llevan el mismo nombre. ¿A quién sirve entonces la tecnología? ¿Por qué no tenemos otras herramientas contemporáneas diferentes de las medievales para enfrentar una pandemia?

Toque de queda, confinamiento: No son los únicos términos que forman parte del léxico pandémico y que en esta parte del mundo han representado a las dictaduras militares que están en nuestra memoria viva. ¿No podríamos haber usado otras palabras no cargadas de la memoria dictatorial, o fue y es su carga dictatorial útil socialmente para reinstalar el poder absoluto del Estado sobre la población?

Actividades esenciales: La reclasificación de las actividades sociales con el calificativo de “esenciales”, dejando fuera todas aquellas que pertenecen al universo del afecto, del deseo, de la creatividad y reduciendo a las personas al mundo del trabajo tiene en el lenguaje pandémico un efecto quirúrgico de amputación. La única noción de vida válida es “el trabajo”. Tan solo cambiar lo de “esenciales” por “funcionales” ya le daría a la cotidianeidad otro sentido.

Teletrabajo: El desplazamiento del lugar de trabajo al domicilio, convirtiendo al trabajo en un producto que se paga como producto y no como actividad que se mide en número determinado de horas. Es lo que en esta parte del mundo  –llámese Honduras, México o Brasil – se nombra “maquila” y “trabajo a destajo”, donde te pagan por trabajo realizado y no por horas de producción. La maquila –instrumento neoliberal por excelencia– usada por grandes transnacionales  –especialmente de la industria textil– ha sido trasladada a grandes campos laborales con la pandemia y ha recibido una denominación  suavizante. ¡Imagínense el resultado de rebautizar el teletrabajo como maquila pandémica o explotación domiciliaria!

Dado que el ánimo de este texto es el de proponer desafíos aquí va el primero: hacer un listado completo del léxico pandémico, otorgarle a cada término su significado real y pasar a renombrar el fenómeno que el término pretende nombrar. Eso para despertarnos, para agudizar nuestra creatividad y para respirar rebeldía. Los sofisticados materiales que se necesitan son un lápiz y un papel y si lo hacés entre amigues el resultado será divertido y explosivo.

Contrato sanitario mundial

Antes de recibir la vacuna es urgente saber qué es lo que estamos recibiendo, no para plantear la desobediencia o la no vacunación, sino para no aceptar pasivamente la vacunación como quien recibe el hierro de marcación de ganado. También tenemos que  debatir ideológicamente su sentido político.

La vacunación no es una solución, por mucho que los gobiernos del mundo entero buscan presentarla como tal.

La vacunación es una solución parcial hacia el tránsito a un nuevo orden que aún no tiene nombre. Es una medida de sobrevivencia que deja intacto el cuestionamiento estructural sistémico que esta pandemia debe suponer para el conjunto de la Humanidad.

La fila de vacunación es un diagrama de jerarquías mundiales de carácter colonial sin metáfora, sino de manera directa. El orden de prioridad es el orden de capacidad de pago.

A su vez en cada sociedad el orden de vacunación representa internamente ese mismo diagrama de jerarquías sociales: mientras más en la periferia estés más tarde o nunca te llegara la vacuna.

En estas tierras empiezan por el personal de salud porque les necesitan, pero les siguen militares y policías, se filtran curas y obispos, diputados o ministros. Y si no necesitaran del personal de salud, también serían los últimos en recibirlas.

Las vacunas son la materialización de poderes supraestatales que son los que gobiernan el mundo.

No es la Organización Mundial de la Salud la que organiza la distribución equitativa de las vacunas, sino que son las empresas que  –amasando cifras ya imposibles de concebir– disponen el orden de provisión de las vacunas.

Y no crean que porque somos pobres pagamos menos: estamos pagando los mismos precios o más altos por recibir dosis menores, y los gobiernos las reciben de rodillas como una gran conquista dispuestos a firmar en letra chica lo que sea.

Los gobiernos, a su vez, suministran las vacunas como quien suministra una inyección gubernamental intramuscular, gesto que debes agradecer sin chistar.

Las propagandas de vacunación que se desarrollan en los contextos nacionales por parte de los gobiernos hacen pensar que lo que te están metiendo es un beneficio gubernamental.

Los montos que la compra de vacunas suponen para muchos Estados exceden las inversiones en salud o son equiparables a estas.

Las vacunas se devoran los presupuestos de salud para que, una vez que pase la tormenta, hospitales y quirófanos queden igual de maltrechos como estaban antes.

Las vacunas también representan la privatización del conocimiento, pues los centros de investigación que disponen de los millones que la investigación en el campo de la biología o la medicina representan no están en las universidades públicas ni siquiera de las sociedades capitalistas imperiales, sino directamente están en las empresas que succionan cerebros de las universidades.

Tematizar y debatir estas cuestiones alrededor de la vacunación mundial es tachado de sospechoso porque ante la vacuna lo que hay que hacer es firmar pasivamente un contrato sanitario unilateral como el que te proponen los bancos cuando te endeudas o como el que el Estado boliviano les exige a las trabajadoras sexuales para darles el permiso de trabajar.

Es este contrato sanitario y su explicitación el que puede contener las luchas que a futuro tendrán sentido.

Obsolescencia política

Los gobiernos se benefician de la administración de los Estados, pero no gobiernan: son administradores secundarios de un orden colonial –patriarcal –extractivista. Ese hecho tan tangible hoy reconduce radicalmente nuestras luchas y nuestros horizontes.

La clásica diferenciación izquierda –derecha para interpretar el campo político se convierte en obsoleta: la fascistización, por ejemplo, en el léxico ha abarcado a ambas.

Estamos en la transición del régimen neoliberal al régimen neoliberal de corte fascista y eso la izquierda ni siquiera lo visualiza porque si las categorías de análisis y organización social que nos ofrecía la izquierda ya estaban caducas, hoy han quedado obsoletas.

Los gobiernos llamados “de izquierda” son también gobiernos incapaces de proponer un horizonte diferente que el impuesto por el neoliberalismo. Este hecho no es de ninguna manera el fin de la política, sino el nacimiento de una nueva política. Una nueva política que no tiene vanguardias, salvadores, ni conductores y que exige de todes alta dosis de creatividad.

No es fortaleza lo que necesitamos, sino conciencia de nuestra vunerabilidad.

Los sujetos sociales están siendo diluidos por fatiga, por falta de ideas, por luto, por incapacidad o imposibilidad de reacción, mientras otras personas despojadas se están reconstituyendo como sujetos sociales con capacidad interpeladora: aquellas personas que se vuelcan sobre los animales para reintegrarse como animales, o las que producen salud, alimentos o justicia con sus colectividades son quienes no han sido paralizadas por el miedo.

Todo está sucediendo a gran velocidad aunque el tiempo se ha detenido.

La velocidad de los cambios es la velocidad de una metamorfosis profunda.

Interpretarla a riesgo de equivocarnos es nuestra apuesta.

Fuente: https://www.lavaca.org/mu156/capitalismo-pandemico-lo-que-esta-en-juego-ecocidio-y-suicidio/

Comparte este contenido:

Entrevista a Agustina Mardones, la primera licenciada en Agroecología de la Argentina “La ciencia está sucia de agroquímicos y monocultivos”

Fuentes: Revista Crítica

En esta entrevista Agustina Mardones propone un cambio de paradigma: que la ciencia abandoné su rol de religión del capitalismo y se acerque a las prácticas agroecológicas ancestrales para que ambas puedan nutrirse de los saberes que nos puede otorgar la ansiada soberanía alimentaria.

En el andar de nuestras vidas, los caminos que construimos a veces nos colocan en lugares que jamás podríamos haber imaginado, pero que reafirman nuestros pasos y convicciones. Agustina Mardones quedará en la memoria académica como la primera Licenciada en Agroecología del país.

La carrera se cursa, desde su conformación en 2014, en la sede de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) ubicada en El Bolsón, que funciona en un antiguo edificio escolar frente a la plaza principal. Es la primera experiencia educativa de este tipo en la Argentina.

Agustina nació y se crío en Cutral Co (en idioma mapuche, “agua de fuego”), ciudad neuquina rodeada y fundada por pozos de petróleo y la refinería más grande de la Patagonia. La fuente más cercana de agua está a 60 kilómetros y es trasladada en acueductos, primero para la refinería y luego para el pueblo.

Vegetariana desde los 12 años, a Agustina siempre le interesó conocer el origen de su alimentación. Al terminar el Secundario, en un viaje a La Rioja, conoció a un viajero que venía en bicicleta de un centro de Permacultura en Córdoba y traía consigo algunas hierbas y yuyos. Jamás había escuchado hablar sobre aquello.

Investigó, viajó a Buenos Aires y en la Facultad de Agronomía de la UBA le recomendaron Producción Vegetal Orgánica, que se dictaba allí. Pero la ciudad nunca fue una opción para ella. En la sede de la UNRN de El Bolsón también funcionaba la tecnicatura, así que empacó sus cosas y ya desde 2011 que vive en la Comarca andina.

Cuando apareció la Licenciatura en Agroecología en 2014, no dudó en anotarse. Se recibió en el pandémico agosto de 2020. Tiene un emprendimiento de fitocosmética agroecológica («Solar Botánicos»), con el que financió su tesis y donde trabaja actualmente.

“La agroecología viene como una respuesta, quizás incómoda, a este sistema de producción –dice Agustina–. Es la crítica y la construcción al mismo tiempo. Te da la alternativa y en esa alternativa hace y plantea un cambio de paradigma”.

¿Qué rol juega esta disciplina frente a la ciencia tradicional? “Descentraliza el saber académico al servicio de. Critica mucho la cuestión cientista, de que quizás un investigador termina contando qué porcentaje de hierbas aromáticas tiene la yerba, porque tiene que presentar un paper, y te plantea ‘che, ¿para qué estás haciendo eso?’. Hay un organismo gigante que está destinando un montón de dinero a que se cree ese contenido pero, ¿a quién le sirve? ¿Cuál es la función social de eso? Y eso incomoda. Porque si vos sos cientista y vienen a decirte eso, es incómodo. Pero la verdad es que se podrían hacer otras cosas con todo ese capital”.

Entre la Academia y los territorios

Agustina dice que en la agroecología entran también los saberes ancestrales que traen los pobladores y las pobladoras que habitan y trabajan en los territorios: “Ahí hay algo real, porque hay una organización social de la mano del movimiento agroecológico. Desde el punto de vista académico, la Agroecología tiene tres ejes. Uno es el académico de producción de conocimientos. Luego están los movimientos sociales, aquellos movimientos ambientalistas y trabajadores de la tierra que demandan también cierta clases de estudios, de impacto ambiental o, por ejemplo, ‘tengo esta babosa que me está comiendo todo, qué hago, porque no quiero tirarle pesticida’; y esto acompaña y también promueve esa producción de conocimientos. Si no está esta pata social, no es suficiente. Y el tercer eje engloba las prácticas agroecológicas científicas y las prácticas agroecológicas ancestrales, donde vamos a escuchar las voces y los datos de la ciencia, y las experiencias y el trabajo de las ñañas, por ejemplo”.

Estamos acostumbrados a comer tomate en julio, y en julio el tomate no existe. No es un tomate real. La tierra da los frutos en el momento del año en el que el humano las necesita.

–¿Cómo vivís vos esta especie de contradicción entre los saberes?

–Para mí es hermoso. Hay una pequeña contradicción, pero creo que es cuestión de tiempo. Tenemos que comprender que no por ancestral algo es bueno o verdadero, pero que tampoco la ciencia debiera adjudicarse toda la verdad. Los sistemas de riego por inundación o estancamiento, no siempre son lo mejor. En la época de los Incas pueden haber funcionado, pero no tenían en cuenta un uso racional del agua. Hoy sería un desperdicio para muchos lugares, ya que hemos creado otros sistemas más eficientes con el uso del agua. Una señora hace un fermento de ajo con no se qué, para aplicarle a la babosa, y lo pone en luna llena porque le funciona mejor que en otro momento. Yo creo en eso. Pero después está la Academia que pone a prueba eso que la señora decía, y si en su ensayo no da los mismos resultados que a ella, lo desacredita.

–La ciencia sigue siendo el lugar del saber…

–La ciencia o gran parte de ella asumió el rol de religión del capitalismo, la nueva fe, y está sucia, como todo. Donde más plata se pone, es en biotecnología, que es modificación genética; en sistemas de producción de monocultivo y convencionales, con más y más agroquímicos; o la industria tecnológica. Eso está al servicio de algo. En Buenos Aires, la carrera de Agronomía está financiada por Monsanto, básicamente. Todavía el saber tiene que pasar por la instancia de ensayo científico para ser acreditado. La ciencia tiene aún esa voz predominante que legitima o desacredita. La ciencia o el cientista, que es quien hace la ciencia, también debería entender que el saber debe ser holístico e interdisciplinar. Está re bueno que exista una carrera como ésta y se empiecen a financiar o gestionar otra clase de estudios que respondan a otras cuestiones o brinden otras respuestas. Hay una posibilidad de hacer las cosas de otra forma.

–¿Qué tema estudiaste para tu tesis?

–Mi tesis fue sobre biofermentos. Busqué dar una respuesta a una demanda del Colectivo de Productores de la Comarca. En la agricultura orgánica y agroecológica, se utilizan enmiendas orgánicas (la bosta básicamente) y muchas veces se aplican otras cosas, que tengan los nutrientes más concentrados. Aquí se utiliza mucho la biorganutsa, que es un compuesto comercial de bosta de aves marinas. Está bueno, pero no deja de ser un producto externo y no es nada barato. Encaramos el proyecto y utilizamos un recurso local que es el mantillo del bosque, que es lo que hay debajo de la hojarasca, una capa finita de hojitas en descomposición. Este mantillo en primavera se llena de hongos y bacterias beneficiosas, mantienen en equilibrio los bosques, hacen frente a microorganismos patógenos y por sobre todo, aumentan la biodiversidad del suelo. Extraje un poco de eso, le dí de comer azúcar, carbono y otras cosas, y lo puse en un tacho para que se reproduzcan los microorganismos y de ahí sacaba una porción y diluía en agua, le agregaba nuevamente azúcar, para que fermente y lo aplicamos en macetas. Era importante saber qué había, cómo cambiaba la estructura de la composición de comunidades biológicas en ese suelo. Y resultó que aumentaba la biodiversidad, aumentaba la resiliencia. Hay un principio agroecológico que es la equidad, que es que no haya mucho de una sola cosa sino que haya mucho de todo y eso siempre hace que esté todo mejor. En este caso no mejoraba el rendimiento, pero en agroecología no es que no importe el rendimiento o rentabilidad, solo que no es lo único que importa. Estuvo re bueno porque abrió un camino de investigación sobre el tema en la región.

–¿Cómo fue eso?

–Sé que en Bariloche continuaron investigando en este sentido, en el INTA y otros espacios de investigación. Hay compañeres de la carrera que siguieron con la investigación y a eso que yo le puse, le agregaron bosta y encontraron que incluso era mejor que la biorganutsa. Y todo con elementos del entorno de acá y a menor costo. La ciencia necesita acreditar una práctica para legitimarla y los biofermentos no estaban acreditados por la ciencia, sino que estaban como una práctica campesina. Fue una muy pequeña punta, sin embargo fue un trabajo muy profundo que sentó precedente en la zona. Y tiene una función social también. La agroecología no te propone receta de nada. En el lugar en el que estás, tenés que ver el ecosistema que te rodea. Pero sí pueden aplicarse los principios ecológicos para las propuestas que ofrece cada lugar. Buscar otras respuestas lleva mucho tiempo y trabajo. Mi tesis la hice en tiempos de macrismo donde no había un mango para investigación. Los análisis de laboratorios son costosos. Encaré un emprendimiento personal de fitocosmética y con la ayuda de mis viejos fui financiándome la tesis. Es una carrera que proporciona muchas herramientas para la autogestión y brinda la oportunidad de vincularse con la tierra.

Las granjas chinas de cerdos van a estar en el Chaco. ¿Dónde va a ir a parar toda la gente de allí? A las ciudades, a las villas, sin calidad de vida.

–¿Las ciudades pueden ser agroecológicas?

–Podrían buscar serlo de aquí en más. Debemos dejar de generar estas clases de ciudades. Debemos pensar en centros urbanos más pequeños, con una periferia que pueda generar los alimentos, para esa periferia y para ese centro urbano, por ejemplo. Necesitamos una proyección distinta. Ahora, yo, ciudadane común, ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer? Y, separar los residuos, por ejemplo. Parece algo muy básico e insignificante, pero eso ya es un montón, realmente. Pensémoslo como un embudo. En la parte más grande, se generarían realmente menos residuos, menos islas gigantes de basura, menos bolsas de basura volando por ahí, todo menos. Si hay una masa que separa los residuos, y que a su vez, exige al Estado que haya una planta que los clasifique y los recicle, eso ya sería un paso importantísimo. Porque en lo grande algo genera. Después, en lo más chiquito, empezás a dimensionar que, si seguís el proceso de compostaje en tu casa, en el balcón o en el patiecito, empezás a conectar en la ciudad, con algo muy cíclico que es la transformación de ese “residuo” en tierra: todo lo orgánico vuelve a ser buena tierra.  Hoy la basura la dejás afuera para que la busque el del consorcio y se la lleve. La basura puede reconectarnos. Son pequeños cambios en las dinámicas diarias que te reconectan con el entorno natural del que somos parte. Acá por ejemplo, quienes no tenemos gas natural sino calefacción a leña, vivimos constantemente en las casas un cambio de dinámica. Cuando es invierno y está el fuego prendido, una alfombra y una mesita ratona y todo pasa ahí. Y ahora que no hay fuego y el sol pega desde temprano, desayunamos afuera. Cambiamos nuestros comportamientos en una conexión constante con lo que sucede afuera, naturalmente. Los tiempos nunca son iguales. Convivir y reconectar con eso, para mí es un regalo.

–La industria alimenticia suele repetir que genera más producción: más en cantidad y en todas las épocas del año, y también más baratas ¿qué respuesta se le da desde la agroecología?

–Es un mito que el supermercado tiene la verdura mucho más barata. De hecho acá en el sur, no pasa. Es pura costumbre. Pasa también, que estamos acostumbrados a comer tomate en julio, y en julio el tomate no existe. No es un tomate real. La tierra da los frutos en el momento del año en el que el humano las necesita. La papa la vas a tener en invierno cuando tu cuerpo necesite carbohidratos y almidón para mantenerse y bancarse el frío. Lo mismo el zapallo, el puerro, la zanahoria. Ahora en verano, la tierra nos brinda el tomate, todo lo que es hoja, los alimentos frescos que hidratan. Por ejemplo la sandía que necesitamos en esta época de sol gigante. Conocer y saber qué hay en cada momento también te permite comprender qué es lo que necesita tu cuerpo. En la verdulería o el supermercado habrá espárrago, tomate y palta todo el año pero no es lo natural. La cebolla es más «de guarda», se cosecha una sola vez y se come todo el año. Pero hay que aprovechar más los alimentos que son de estación porque tienen que ver con lo que verdaderamente necesitamos en determinada época del año. La elección de consumo de alimentos libres de agrotóxicos, de yuyitos, de alimentos integrales, todo eso va mejorando la capacidad de tu cuerpo en un montón de cuestiones, desde lo físico a lo anímico espiritual.

–El alimento como una cuestión de salud.

–Vas a enfermarte mucho menos, sin duda. Pero a este sistema no le interesa realmente tu salud. La industria farmacéutica está muy de la mano de la industria alimentaria y la industria de la comunicación. La industria alimentaria hoy por hoy es la industria de la petroquímica. Los agroquímicos son todos derivados del petróleo, que contaminan un montón la tierra, el agua, el aire, y los alimentos. Eso lo consumimos y tenemos cáncer, intolerancia al gluten, celiaquía, diabetes y una infinidad de cosas que tienen que ver con el cómo se producen y procesan los alimentos, por eso es tan importante la elección de qué comemos. Cambiar lo que comemos es un pequeño cambio con el que cambiamos mucho.

Es necesario que en la escuela, aunque sea en la ciudad, enseñen de dónde vienen los alimentos y que se separen los residuos.

–¿Y cómo hacemos ese cambio?

–Todo eso es parte de una educación. No se si un niñe de la ciudad sabe que el pollo primero es un animal que anda suelto (en el mejor de los casos) y que después se vuelve carne. No tiene acceso a esa vivencia, no hace esa unión lógica. Y eso no es por nada. Es porque hubo todo un sistema, a través de la industria alimentaria, sumada a lo que es la propaganda y el marketing que fue alejándonos cada vez más del proceso del comer. De repente te encontrás que para ser funcional y eficaz en tu laburo, o para juntarte con tus amigues, pedís comida. Se fueron perdiendo los hábitos del cocinar, del comer. En la ciudad, la capacidad de autosuficiencia es mucho más limitada que acá, pero el hábito de cocinar también se fue perdiendo. Otra pequeña gran acción sería revisar nuestros hábitos de consumo. Dónde compramos y qué compramos, quién me va a proveer de alimentos, a qué estoy siendo funcional. No todos los que quieren y creen en otra forma de vida se tienen que ir al campo y ponerse a cultivar y criar gallinas. Cada persona tiene un arte y algo que aportar a este mundo, pero vos/yo consumidor, que te dedicás a cualquier otra cosa, tenés un poder muy grande que es exigir que la buena comida llegue a esos lugares. Soberanía alimentaria es elegir qué comemos, no solo que haya alimentos para todes. Porque eso es la seguridad alimentaria, y para eso existen todos los programas alimentarios y comedores que buscan garantizar que a nadie le falte. Pero dan leche y galletas. Está buenísimo, en el mientras tanto… pero estamos dando otra vuelta de rosca y es ¿qué comemos? Y eso es organización social.

–La propuesta sería recuperar la alimentación sana valorando los vínculos sociales.

–Por ejemplo, en esta boutique megacheta del alimento orgánico, con empaques divinos, hay de todo. Pero capaz en el mercado de al lado, el señor o la señora del barrio tiene el mismo producto o alimento, quizás menos procesado o menos vistoso, y tenés lo mismo. Tampoco es una cuestión económica únicamente. A veces las cosas salen un poco más caras, solo un poco, pero es porque hay una persona atrás que lo hizo, que valora su trabajo, trabajadores/as que no fueron explotados/as, un montón de cosas. Si bien es simple y pequeño lo que hay que hacer para lo mucho que hay que ir cambiando, no es menor el trabajo personal que implica. Internamente tenemos que saber que es un cambio de hábito y de creencia y que salir de la zona de confort, siempre genera inestabilidad y preguntas, pero poco a poco vas descubriendo otras respuestas.

–Un ejemplo es el trabajo de la UTT.

–La gente de la UTT está nucleándose fuerte y haciendo llegar alimentos a muchos lugares, de productores y productoras que en muchos casos habían trabajado para otros, utilizando agrotóxicos y se dieron cuenta que se fueron enfermando de un montón de cosas. Se dieron cuenta, «por acá no es, pero yo quiero seguir cultivando la tierra porque es lo que me gusta» y  entonces se organizaron y están haciendo llegar alimentos a muchísimos lugares, libres de agrotóxicos a precios super justos.

–¿Cómo ves la situación del acceso a la tierra para producir alimentos?

–El tema del acceso a la tierra es troncal. Es algo que nos atraviesa como sociedad y es algo que la agroecología tiene como lucha. El procrear rural que propone la UTT quizás no es la reforma agraria, pero es arrancar con algo. Es fundamental. Tiene que ver también en cómo pensamos esas ciudades futuras. Cómo diseñamos la urbanización que promueva la soberanía alimentaria. Muchas de las villas periféricas de las ciudades están originadas y crecen por gente del campo que se va a la ciudad, tampoco romanticemos la producción agraria. En Santiago del Estero, que está el MoCaSe, muchas personas se van porque viene la empresa a encarar el desmonte, la soja, o a poner vacas. Las granjas chinas de cerdos van a estar en el Chaco. ¿Dónde va a ir a parar toda la gente de allí? A las ciudades, a las villas, sin calidad de vida. En el Chaco falta el agua potable, las condiciones de vida son paupérrimas, siendo que allí se pueden producir un montón de cosas, solo que quizás es gente que sabe cultivar la tierra pero siempre trabajaron para el patrón, o tiene la tierra pero no tienen las herramientas, o nunca tuvieron una vida digna que les permitiera cultivar sus territorios. Saben de la ciclicidad, pero tienen las necesidades básicas insatisfechas. Para atender estas cuestiones debe estar el Estado. Está bien lo de los planes sociales pero pueden haber otras políticas públicas que dignifiquen la vida de las personas, en sus territorios, que tengan acceso a la tierra y puedan quedarse en sus lugares pero en buenas condiciones de vida. Queremos seguir sosteniendo esta ayuda, pero tenemos que ir pensando otras. Estamos en un momento clave, para que se propongan otras posibilidades. A la gente de la ciudad le cayó muy fuerte la pandemia, el encierro, y creo que es un momento bisagra en el que se está planteando una nueva normalidad, con mucha virtualidad, cosas que no van a volver atrás. Este cambio forzado en el que nos vimos envueltos debe traer reflexiones y nuevos planteos.

–Sos la primera licenciada en Agroecología del país, sin embargo, no tuviste agroecología como materia ni como taller ni en la primaria ni en la secundaria. No existía esa posibilidad cuando estabas escolarizada y tampoco existe ahora. ¿Por qué el sistema educativo nos enseña tantas cosas y deja de lado una de las más básicas como el acceso a la alimentación?

–La educación ambiental debe ser parte de la educación básica, no sólo agrotécnica. Así como está la lucha por que la ESI esté en todos los niveles educativos, creo que la educación agroecológica también debería ir en ese sentido. Son propuestas que no van a salir del Estado, sino de una demanda social. Es a partir de esa demanda que se pone en agenda para que sea ley. Y no solo alcanza con la ley, porque luego necesitas que se implementen correctamente las políticas públicas. Es necesario que en la escuela, aunque sea en la ciudad, enseñen de dónde vienen los alimentos y que se separen los residuos. Son pequeños hábitos sociales que debemos ir incorporando. Algo tan simple como poner frutales en las escuelas y que los chicos coman la fruta de ahí, tener el azúcar natural de una manzana en vez de la galleta o la barrita de cereal  llena de azúcar procesada.

–¿Qué te pareció la carrera de Agroecología? ¿Qué críticas le hacés como primer egresada?

–La agroecología es muy política y rebelde. Está re buena la carrera y todo lo que propone pero aún está dentro de un marco académico que se va encontrando de a poco con los sentidos de la carrera y quienes la transitamos. Se están pensando cambios en ese sentido en el plan de estudios. En los congresos si bien por lo general son muy académicos, hay mucha participación de la parte campesina, de los productores y productoras y eso está bueno. Hay intercambio, hay construcción de saberes. Para mí, para que sea agroecología, debería haber una dupla pedagógica entre un docente y una persona que se dedica a eso que se enseña porque muchas veces nos enseñan «lo ideal»,  y está re bueno aprender cómo debería ser, pero en la práctica hay un montón de cosas que no son así. La práctica, el estar ahí, te va a contar otras cosas. Ningún profesor ni profesora tiene la licenciatura en Agroecología. Vienen desde otros campos o paradigmas del saber y eso se re nota. Creo que nosotres, les estudiantes, somos quienes les pasamos la visión holística de las cosas. Y también aprenden de nosotres: es una integración de saberes.

–¿Cómo hace un país para sostenerse en la agroecología? 

–¿Cómo vive un país con divisas si no queremos la soja? ¿De dónde sacamos la plata para sostener todo esto? Son las respuestas que debemos buscar. La minería, el fracking  y la soja vemos que son modelos extractivos que nos dejan vacíos. Ahí me agarra un poco el anti-todo y digo «hay que salir de ese sistema de mercado». Capaz es una visión muy reduccionista, porque no estoy en el poder y no sé todo lo que implica, pero no puedo dejar de preguntarmelo y sé que la respuesta debe ser holística e interdisciplinaria. La agroecología tiene una propuesta muy clara para atender muchas cosas, pero no todas las cosas. Debemos crear esos espacios para encontrar nuevas respuestas.

Fuente: https://revistacitrica.com/soberania-alimentaria-union-de-trabajadores-de-la-tierra-agroecologia.html

Comparte este contenido:

«La trata encuentra un terreno fértil en el capitalismo neoliberal» según el Papa

El papa Francisco denunció este lunes que la trata de personas «encuentra un terreno fértil en el enfoque del capitalismo neoliberal», durante la Jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de personas que celebra la Iglesia católica.

En un vídeo mensaje con el que se unió a la iniciativa del maratón de plegarias para erradicar la trata, Francisco deseó que «la reflexión y la toma de conciencia vayan siempre acompañadas de gestos concretos, que abran también vías de emancipación social». «El objetivo, de hecho, es que cada persona esclavizada vuelva a ser protagonista libre de su propia vida y parte activa en la construcción del bien común», agregó. E instó a aprender «a acercarnos con humanidad y valentía a quien está marcado por tanto dolor y desesperación, manteniendo viva la esperanza».

Francisco se detuvo en el título elegido para este año, «Economía sin trata de personas», para subrayar la necesidad de «una economía que cuide el trabajo, creando oportunidades de empleo que no exploten al trabajador mediante condiciones laborales degradantes y horarios extenuantes». Agregó que para erradicar el drama de la trata de personas se necesita «una economía con reglas de mercado que promueven la justicia y no los intereses particulares exclusivos». «La trata de personas encuentra un terreno fértil en el enfoque del capitalismo neoliberal, en la desregulación de los mercados que apunta a maximizar las ganancias sin límites éticos, sin límites sociales, sin límites ambientales», denunció.

Por todo ello, indicó, «una economía sin trata es una economía valiente: hace falta valor». «El valor de conjugar el beneficio legítimo con el fomento del empleo y las condiciones de trabajo dignas. En tiempos de fuerte crisis, como la actual, este valor es aún más necesario», dijo. Agregó que durante las crisis, las tratas proliferan por lo que «es necesario, pues, reforzar una economía que responda a la crisis de una manera que no sea miope, sino duradera y sólida».

Los encargados de organizar este evento son la asociación Talitha Kum, la red de religiosas contra la Trata de Personas, en colaboración con la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral; Caritas Internationalis; la Unión Mundial de Organizaciones de Mujeres Católicas; el Movimiento de los Focolares y muchas otras organizaciones comprometidas a nivel local.

El maratón virtual de oración tendrá una duración de siete horas en cinco idiomas con testimonios y experiencias de las diferentes realidades que trabajan mundialmente contra la trata de personas.

Fuente: https://rebelion.org/la-trata-encuentra-un-terreno-fertil-en-el-capitalismo-neoliberal-segun-el-papa/
Comparte este contenido:

La mercantilización de la educación y los think tanks en Uruguay

En la portada del diario oficialista El País se publicó el día 8 de febrero el siguiente titular “Eduy21 se repliega y evalúa una ‘elegante’ disolución”. Pero, ¿qué es Eduy21?

Es un think tank uruguayo fundado en 2016, que se especializa en temas de educación y uno de sus fines es lograr una reforma educativa. Las directrices son muy similares a las que viene llevando el Banco Mundial hace varios años en distintos países de la región.

Esta organización se presenta como “multipartidaria” porque en ella convergen blancos, colorados y frenteamplistas. Aunque de este último provengan de filas moderadas y liberales bastante alejadas de la izquierda.

Sus socios académicos son la Universidad Católica del Uruguay y la Universidad de Montevideo, ambas de carácter privado. Como socios contribuyentes tienen al banco Itaú, la Confederación de Cámaras Empresariales, Zona América y la Bolsa electrónica de Valores del Uruguay S.A. Como socios colaboradores figuran elosdiarios El País y El Observador y Visa.

Como referentes de Eduy21 se encuentran Renato Opertti decano de la Escuela de Postgrados de la Universidad Católica e hijo de Didier Opertti, ex Ministro del Interior en el primer gobierno de Julio María Sanguinetti (1985-1990). El propio Renato Opertti duda que el gobierno actual logre una transformación en la educación. «Tal como todo está planteado, no veo que vaya a haber un cambio de fondo», dijo.

Juan Pablo Mir y Fernando Filgueira, ex integrantes de gobiernos frenteamplistas también integran filas de Eduy21. Esto demuestra más que un rasgo de apertura de este think tank, la integración de tecnócratas que llevan adelante políticas neoliberales en el seno de gobiernos progresistas. Se refleja, quizá, más la debilidad ideológica del Frente Amplio que la pluralidad de este think tank.

En los socios individuales figuran nombres de la oligarquía uruguaya, personajes asociados a otros think tanks y actores que hoy están en el gobierno derechista. Esto deja en claro la conexión de todos estos actores y organizaciones en la conjunción de un mismo proyecto de país y de nación.

Entre sus socios individuales destaca Horacio Hughes, el nuevo presidente del Banco de Previsión Social (BPS). En su momento se postergó su designación porque su curriculum vitae estaba en inglés. Fue gerente general de OCA, empresa perteneciente al grupo brasileño ITAÚ. También Luis Hierro López, ex vicepresidente de la República por el Partido Colorado.

A ellos se suma María Dolores Benavente quien integra el Consejo Académico de otro think tank: el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), fue Vicepresidenta de República AFAP S.A y es asesora económica de la Cámara Nacional de Comercio.

También Pablo Da Silveira, actual Ministro de Educación y Cultura, y Liceo Impulso. Además de asesor de campaña del actual presidente Luis Lacalle Pou, fue recaudador de fondos de la misma. En febrero de 2020 detuvieron a su pareja, Maya Cikurel, investigada en Panamá por su presunta participación en la trama de sobornos de Odebrecht y requerida desde abril de 2019.

Da Silveira escribió un libro de 2009 titulado Padres, maestros y políticos. El desafío de gobernar la educación (Taurus). Esta es otra muestra del especial interés de la oligarquía uruguaya en la educación como un terreno en disputa, que a sus ojos, todavía tiene mucho espacio para mercantilizar. Luego, como ariete en la formación de los futuros ciudadanos como emprendedores, consumidores y liberales anti colectivistas. Como consta en su currículum, la Fundación Atlas financió una de sus becas.

La lista se amplía con el Comité HonorarioAllí figura Cecilia Hughes, en cuyo curriculum figura haber sido voluntaria en Desem-Junior Achievement Uruguay, una ONG con vínculos con la Red Atlas, y Nicolás Herreradel Estudio Guyer y Regules, encargado de la negociación por las vacunas entre el Estado y el laboratorio Pfizer Biontech, e integrante de otro think tank Centro de Estudios de la Realidad Social (Ceres).

Muchos de sus miembros pasaron a formar parte de la administración actual. En el Partido Nacional, es el caso de Guillermo Fossati, miembro de la comisión directiva del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), y Ana Ribeiro, subsecretaria del Ministerio de Educación y Cultura, de filas del hoy ministro del Interior Jorge Larrañaga. Asimismo, Sebastián Bauzá, actual secretario de Deporte, que llegó a la actividad política a instancias de Lacalle Pou.

Del Partido Colorado están Patricia Viera, presidenta del Consejo de Formación en Educación, y Adriana Aristimuño, directora de Planificación Educativa del Codicen, que incluso fue la referente en educación de la campaña de Ernesto Talvi, exministro de Relaciones Exteriores.

La educación para la derecha liberal ha sido un punto neurálgico de sus políticas. A través de la Ley de Urgente Consideración (LUC) el gobierno ha iniciado un proceso de mercantilización de la misma y ha decretado la extinción de los Consejos de Educación y la eliminación de la participación docente en la gobernanza.

Uno de los gremios más potentes de la educación, la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) ha recibido ataques constantes por parte del ministro Da Silveira y denunció que mientras se recortan gastos en la educación, se le otorgan más a Eduy21.

La madeja

Los cruces y puertas giratorias de think tanks a puestos de administración en el gobierno y viceversa se repiten una y otra vez. Se pueden rastrear incluso, actores en gobiernos de la década del 90 y se pueden seguir las huellas de sus padres en los 70 y 80. Si se hurga más allá, se pueden rastrear familias, clanes y vínculos que se remontan a la fundación del Uruguay mismo.

Esto ha sido simplemente un pequeño tramo en la madeja de la oligarquía uruguaya, donde los mismos apellidos se repiten como un loop de dominación infinito en este capitalismo tardío, deforme y dependiente.

Fuente: https://rebelion.org/la-mercantilizacion-de-la-educacion-y-los-think-tanks-en-uruguay/

Comparte este contenido:
Page 14 of 60
1 12 13 14 15 16 60