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Leer Mejor, Asignatura Pendiente

Según el Informe Pisa, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y que como objetivo evaluar y comparar el rendimiento educativo de los estudiantes en diversos países, los alumnos españoles del último curso de la ESO han bajado 8 puntos en matemáticas respecto a la edición anterior, de 2018, hasta quedarse en 473 y han retrocedido 3 en comprensión lectora, hasta los 474. 

La habilidad para entender, analizar y sintetizar información textual es esencial en el mundo contemporáneo, donde la información fluye de manera constante. En palabras del filósofo José Antonio Marina, «la lectura no es un fin, sino un medio. Permite desarrollar la inteligencia del niño que es básicamente lingüística; permite recibir la cultura, y le proporciona una gigantesca caja de herramientas para conocer el mundo exterior y a sí mismo».

El informe PISA 2023 destaca que la comprensión lectora sigue siendo un desafío significativo en muchos países. A pesar de los esfuerzos para mejorar los estándares educativos, se observa una brecha persistente entre los estudiantes con un alto nivel de competencia lectora y aquellos que enfrentan dificultades en este aspecto.

La falta de recursos educativos, el acceso limitado a la lectura y la atención insuficiente a las necesidades individuales son algunas de las causas de la baja comprensión lectora

Las causas detrás de las dificultades en la comprensión lectora son múltiples y varían entre países. Entre los factores recurrentes se encuentran la falta de recursos educativos, métodos pedagógicos desactualizados y la insuficiente atención a las necesidades individuales de los estudiantes. Además, el acceso limitado a la lectura fuera del entorno escolar también puede contribuir a las deficiencias en esta habilidad fundamental.

Según el último Barómetro CICLIP, en España cerca del 49% de las y los docentes de Educación Infantil y Primaria reconoce que sus alumnos leen 4 o menos libros al año, mientras que tan solo un 9% reconoce que leen más de 10 libros. Llama la atención que cerca del 25 % de los docentes afirman que en su centro no se dedica ningún tiempo, o se dedica menos de una hora semanal, al fomento de la lectura, más allá de las horas dedicadas a la asignatura de Lengua Española.

De acuerdo con los expertos Isaías Martin-Ruiz y María-José González-Valenzuela, esta escasa atención que se le otorga a la comprensión lectora en la escuela y al hecho de que, en general, estas destrezas se aprenden de modo asistemático e intuitivo, llevan a que los problemas en el desarrollo de la misma, y por extensión a la expresión a través del lenguaje escrito, se acentúen en la adolescencia.

Es habitual que los estudiantes deban comprender textos para aprender los contenidos académicos, pero parece más eficaz poner énfasis en la enseñanza explícita de los conocimientos y los procedimientos adecuados sobre cómo hacerlo. Como expone Gracia Jiménez Fernández, profesora titular en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Granada, «mientras a nadie se le ocurre pedirle a un niño que realice restas o una raíz cuadrada sin habérsela enseñado antes, en comprensión lectora le pedimos que elija el resumen que mejor explica un texto o que detecte información que no está explícita en el texto sin haberle explicado qué es un resumen o cómo se deduce esa información implícita».

Las consecuencias de la baja comprensión lectora son preocupantes, ya que impactan no solo en el rendimiento académico sino también en la participación activa en la sociedad. Nombrando de nuevo a Marina: «El que estemos perdiendo capacidad de lectura significa que estamos perdiendo capacidad de comprender. Por una parte, de comprender los argumentos, lo que nos somete a un régimen de eslóganes, consignas o exabruptos. Por otra, porque no tenemos las herramientas conceptuales, es decir lingüísticas, para redescribirnos la realidad, para contárnosla a nosotros mismos y comprenderla».

Es evidente que abordar la comprensión lectora requiere un enfoque integral y colaborativo entre educadores, padres y la sociedad en general. La inversión en recursos educativos, la actualización de métodos pedagógicos basados en la investigación y la promoción de entornos de lectura enriquecedores son pasos esenciales. Además, la implementación de programas de apoyo individualizado y la capacitación continua para los educadores son elementos clave en el camino hacia la mejora.

Fuente de la información e imagen:  https://ethic.es

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Conversar con los niños los ayuda a leer mejor

Por. Flor Cortez

En Estados Unidos los niños leen cada vez menos y peor. Que aprendan a leer es un asunto sobre el que llaman la atención dos profesoras e investigadoras. Aunque se refieren a los niños estadounidenses, la preocupación se extiende al mundo occidental. ¿Por qué no son buenos lectores los niños hoy?

En un artículo publicado en The Washington Post, Susan Engel y Catherine Snow proponen un método para enseñar a los niños a leer con éxito. Creen que las escuelas no centrando sus esfuerzos en lo más importante para que los chicos lean bien. Afirman que la comprensión lectora no se desarrolla solo con la identificación de sonidos, letras y palabras. Señalan que es necesario conectar lo que se lee con lo que se sabe. Los maestros deben ayudar a los niños a adquirir conocimientos.

No todos los niños carecen de habilidades de lectura. Las mediciones internacionales indican que los estadounidenses menores de 10 años son capaces de identificar palabras y resumir textos. No obstante, en secundaria, cuando las pruebas estandarizadas miden aspectos más profundos de comprensión lectora, los índices descienden notablemente.

En noveno grado, la mayoría es incapaz de entender bien lo que leen. Apenas 14% de los chicos de 15 años sobresalen en lectura. Cerca de 20% no logra leer con un mínimo de competencia. Las investigadoras lamentan que las escuelas no logran que los alumnos pasen del octavo grado.

Qué se puede hacer para promover la lectura

Lo primero es entender que para cada área de conocimiento el acercamiento del lector debe ser diferente. No es lo mismo leer poesía que biología, por ejemplo. “Al leer ficción o poesía, la comprensión profunda implica el uso de señales sutiles en el texto para hacer inferencias sobre las emociones subyacentes de los personajes. Requiere comprender el género y conectar el material con la época en la que vivió el escritor. También implica identificar temas comunes entre los textos”, explican.

“Al leer en ciencias, la comprensión profunda consiste en recurrir a conocimientos previos relevantes e integrarlos con información del texto. Cuanto más conocimiento fundamental tengan los niños sobre un dominio determinado (el sistema solar, la selección natural o la fisiología humana), más fácil les resultará captar nueva información y teorías”, añaden.

A medida que maduran, los niños van relacionando los conocimientos que han adquirido, cuestionan y preguntan. Entonces, ya no se trata solo de conocer el significado literal de las palabras, sino de poner en juego la información precedente y contrastarla con lo que se lee. Se trata de una interacción con lo escrito y con el escritor.
No basta con que los niños identifiquen palabras en un texto. Para que aprendan a leer bien deben acumular conocimientos | Pixabay

Mientras más temprano, mejor

Este proceso de inculcar conocimientos debe comenzar lo más temprano posible. “Datos recopilados en hogares, escuelas y laboratorios muestran que los niños de 1 a 3 años que conversan con personas mayores aprenden a leer más fácilmente que los niños que no lo hacen. No solo la cantidad de conversación importa, sino la información incorporada en esas discusiones da forma al desarrollo de las habilidades de alfabetización”, indican.

En la medida en que los niños asisten a conversaciones de adultos, su conocimiento del mundo se incrementa y también sus habilidades lectoras. Es obvio que un niño muy pequeño no puede hacer interpretaciones de lo que escucha y hablar al mismo tiempo. Pero sí pueden, aseguran, hacer preguntas y especular sobre las personas y situaciones de sus historias favoritas o de los cuentos que les leen.

Conversar con los niños es clave para ayudarlos a ser buenos lectores. Es cierto que identificar los sonidos con las letras y las palabras es un proceso básico de la lectura. Pero permitir y ayudar a los niños a que recopilen información y tengan las herramientas para ampliar sus conocimientos garantiza que los chicos aprendan a leer bien y de manera nutritiva.

Fuente de la información e imagen:  https://www.cambio16.com

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Comprensión Lectora y Escritura Académica en las Dinámicas Universitarias

Por: Luz Palomino/CII-OVE

“La lectura no es caminar en las palabras; es tomar el alma de ellas”

Paulo Freire

La comprensión lectora y la escritura académica en el mundo educativo son herramientas esénciales para el desarrollo integral de nuestro ser. Leer y escribir son experiencias que van más allá del ámbito escolar para generar conocimiento, imaginarios, narrativas, ideologías, entre otros; en pocas palabras, es tan importante que se considera una “[1]práctica social”. Estas dos habilidades comunicativas son actividades de suma importancia para el aprendizaje humano, profesional, comunitario y creativo; por ello, se hace necesario replantearlas desde la praxis cotidiana del que hacer educativo para enfocarlas con una visión más integradora, liberadora y emancipadora.

Desde esta perspectiva, la lectura y escritura reestructuran la conciencia, como un proceso propio del pensamiento. Es una actividad compleja que no se puede semejar sólo con la redacción, sino ante todo entenderla como un proceso cognitivo. Vásquez Rodríguez (2000) afirma que escribir “es poner a fuera nuestro pensamiento”, es “exponer nuestro yo”, en otras palabras, es hacer evidente nuestra subjetividad, pues la escritura refleja las estructuras de pensamiento que poseemos y a través de ella es posible reconocernos. En consecuencia, escribir es también una forma de diálogo, de encuentro donde emergen las diversidades y cada un@ de nosotr@s como parte de ellas.

La compresión lectora y escritura académica posibilitan la manera de problematizar críticamente la realidad y en consecuencia permite generar conciencia crítica. Es decir, cuanto del mundo que conozco es justo y cuanto injusto, pero sobre todo la lectura y escritura, desde una perspectiva crítica, abre puertas cognitivas respecto a las posibilidades de poder contribuir desde la propia praxis a transformar la realidad.

En Venezuela al igual que en otros países de América Latina, la lectura y la escritura se han convertido en objeto de interés debido a que estos procesos inciden directamente en el desempeño académico de los estudiantes y en temas tan sensibles en la vida de las instituciones como la calidad de los aprendizajes, la producción de conocimiento, las dificultades de comunicación, la repitencia y el abandono escolar, entre otros.

Para Carlino (2005): Las universidades enfrentan una seria problemática con respecto al desarrollo de competencias básicas de sus estudiantes, en especial las referidas a la lectura y la escritura. Sin el desarrollo de las habilidades para leer y escribir, el estudiante enfrenta barreras que le impiden acceder al conocimiento” (p.17).

No caben dudas que uno de los componentes transversales que debe trabajarse, es el que corresponde a los procesos de formación de las competencias en la lectura y escritura, el saber leer, escribir, comprender y reflexionar. Si bien abordar esta realidad demanda una visión sistémica de la formación escolar, alcanzar este propósito, incluso con carácter remedial, resulta primordial para la formación universitaria exitosa.

La  UNESCO en su informe presentado el 08 de septiembre del 2019 sobre la alfabetización en América Latina y el Caribe, menciono que “dos de cada  diez personas en América Latina no tienen los niveles mínimos de compresión de la lectura»

Destacando que estas practicas sociales forman parte de la trayectoria cultural, la cual evidencia cómo el individuo que se ha relacionado con las “artes”, con ese mundo letrado; pues como prácticas se mueve en la producción y el consumo.  Por una parte, la escritura es “una actividad concreta que consiste en construir, sobre un espacio propio, la página, un texto que tiene poder sobre la exterioridad” (De Certeau, 2007: 148); en otras palabras, escribir es producir, por ello esta práctica se mueve en el hacer; por otra parte, la lectura es una actividad donde se recibe lo que otro produce, se consume para luego producir, en palabras de Michel De Certeau 2007: “leer es peregrinar en un sistema impuesto” (p.181), donde el lector asume una postura de viajero, de cazador furtivo que va descubriendo poco a poco para poseer.

Al referirnos a la temática de la lectura y la escritura en la universidad, abordaremos un problema de vieja data, recurrentemente planteado, pero que hoy, a la luz de los vertiginosos avances de la ciencia y la tecnología, cobra una significación especial y una profunda relevancia dadas las implicaciones políticas, educativas y socioculturales que comporta.

Estudios realizados en las últimas décadas han demostrado que tanto la lectura como la escritura son un excelente medio para que los estudiantes adquieran habilidades de pensamiento que van mucho más allá del manejo correcto de la lengua y de las convenciones lingüísticas. La habilidad para hacer conexiones lógicas, para comparar y contrastar, para resolver problemas y para argumentar son sólo algunas de ellas.

Cassany (2010) plantea: “Que las investigaciones en este campo revelan que no existe certeza que se lea y comprenda a cabalidad, la información que circula en la actualidad, mediante diversos formatos” (p.34). Se evidencia de este planteamiento que la problemática de la comprensión lectora no es de un sector particular, sino por el contrario de todo el colectivo. Así, en Venezuela, Matos 2009, reflexiona en torno a la problemática de la lectura y la escritura en la universidad expresando: En nuestro contexto, se valora peyorativamente, pues se considera que esa es una actividad propia de los primeros niveles de la educación inicial y de la educación básica, así que nuestra meta es impartir el conocimiento específico de la ciencia a la que estamos adscritos. (p.10). De ahí que la autora recomienda que tanto la lectura como la escritura sean tratadas de manera interdisciplinar, con responsabilidad y compromiso de todos en la comprensión y producción textual.

Actualmente las universidades en general confrontan el problema de la formación de los estudiantes en las habilidades comunicativas de lectura y escritura que, si bien son básicas e innegablemente fundamentales para construir el conocimiento, cada vez son menos cultivadas, espacios donde muchas evidencias empíricas expresadas en quejas en relación con las deficiencias que presentan los estudiantes al momento de usar el código escrito.

Sin embargo, Bertoni (2001) considera que no es un problema que se observe solamente al principio de la carrera, sino durante ésta, lo que muestra una actitud de desenfado del mundo universitario, ante lo cual la autora señala que la universidad debería enseñar la producción de diversos textos académicos (cf. García, 2004; Martins, 2004; Morales, 2003; Serrón, 2002, entre otros). Ello implica una actitud remedial respecto al punto de partida qué en materia de lectura y escritura presentan muchos de los estudiantes universitarios al inicio de sus carreras.

Por otra parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su estudio (2018), en el cual se enfatiza en el lenguaje, encontró que los resultados dados a conocer muestran que el 47% de los alumnos que están culminando el bachillerato no tienen capacidades para cumplir con los programa y prácticas que se exigen en la educación superior. Estos resultados demuestran que la apropiación adecuada de las competencias y habilidades en lectura y escritura se constituyen en un problema educativo bastante recurrente en escuelas, colegios y universidades, en distintas partes del mundo, no solo en la región latinoamericana y caribeña.

Esto preocupa especialmente, porque el uso del lenguaje, en sus expresiones de lectura y escritura, implica no solo la capacidad para aprender cosas, sino el empoderamiento ciudadano y la posibilidad cierta de que millones personas puedan contar con la garantía de la democratización del acceso a los distintos bienes y servicios, rompiendo con la tragedia de exclusiones asociadas a la apropiación cultural. Si hombres y mujeres logran mediante la lectura reflexiva y la escritura contextual, tener la posibilidad para exponer sus pensamientos por escrito estarán iniciando la ruptura paradigmática con la marginación.

Aprender a leer y escribir de manera comprensiva requiere el uso del lenguaje de manera más consciente, formal, deliberada y contextualizada, sin que ello implique quedarse anclado en las expresiones localistas o las malformaciones en el uso del lenguaje que se presentan en un territorio. Dada su complejidad, el aprendizaje de estas actividades llega a convertirse en un serio problema para educadores y educandos que son parte de una realidad y que no siempre cuentan con las herramientas conceptuales, metodológicas y experenciales para abordar el problema.

Esto nos alerta respecto al hecho que las estrategias pedagógicas a utilizar no pueden ser meramente métodos, sino que deben contener las características de los estudiantes, para lograr que las deficiencias en la comprensión lectora y en la construcción puedan ser superadas de manera contextual y asertiva. Las estrategias pedagógicas aprobadas de manera participativa procuran construir una ruta para superar las limitaciones en la lectura y escritura comprensiva para estudiantes que están iniciando el tránsito del bachillerato a la vida académica; también procuran contribuir a resolver uno de los problemas que caracteriza a lo que se denomina genéricamente como baja calidad de egreso de los profesionales universitarios.

Mi experiencia como docente me ha mostrado, de modo contundente, que las estrategias encaminadas al mejoramiento de los procesos de lectura y de escritura no pueden limitarse a la pura competencia lingüística ni al manejo adecuado de los códigos gramaticales. Es necesario recurrir también al manejo de las competencias semióticas, discursivas, cognitivas y comportacionales, para que el proceso de lectura y escritura se desarrolle a cabalidad.

Los estudiantes de educación universitaria necesitan desarrollar y consolidar los procesos de lectura y escritura, como alternativa para alcanzar un mayor acceso a las diferentes áreas del conocimiento y para perfeccionar su formación profesional. Adquirir adecuadas competencias de lectura y escritura académica les proporcionará herramientas indispensables para su cabal inserción en una sociedad pluralista y diversa. En consecuencia, desde la Universidad como tejido organizativo complejo y comunicacional, generador de conocimiento, es importante que se planifiquen y ejecuten acciones dirigidas a propiciar la lectura y la escritura en los estudiantes de una manera más vivencial.

Cabe destacar que la pandemia del COVID-19 implicó un impacto severo en los aprendizajes, la comprensión lectora y las habilidades de escritura. El sistema educativo presencial no había construido las condiciones para la transición al mundo virtual-digital, incluidas las dinámicas de lectura y escritura. Como lo señala Bonilla (2021.pag. 11) la pandemia significó una pérdida de la capacidad igualadora de la escuela-universidad, un nuevo modelo de privatización educativa y generó modelos de estratificación escolar hasta ahora desconocidos.

La escuela pública cumplía un papel igualador, intentando disminuir en los aprendizajes el impacto de las diferencias de origen social. Por ello, los libros de textos, pupitres, salones, canchas, laboratorios e instrumental pedagógico eran similares para todos y todas, independientemente si eran hijos e hijas de obreros, industriales o profesionales. Esto se quebró durante la pandemia, porque cada quien resolvió de manera diferenciada las condiciones materiales de aprendizaje.

El abandono de los Estados nacionales de su obligación de garantizar las condiciones mínimas de aprendizaje, en este caso signadas por la conexión a internet, dotación de equipos de conexión remota y acceso a plataformas, generó un nuevo modelo de privatización porque fueron las familias, estudiantes y docentes quienes tuvieron que adquirir y cubrir los costos de las condiciones mínimas para garantizar la continuidad del vínculo pedagógico, desentendiéndose los gobiernos de su obligación de garantizar igualdad de condiciones para los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Esta situación devino en una odiosa forma de estratificación escolar. Un primer nivel, el de aquellos estudiantes que tuvieron acceso permanente a equipos de conexión remota, internet, plataformas y familiares que les apoyaran en la transición de lo presencial a lo virtual. Un segundo nivel, quienes, teniendo computadores, planes de datos y plataformas privativas no contaron con apoyo para la transición a la virtualidad. Un tercer nivel, aquellos que no tuvieron acceso al mundo digital-virtual durante la pandemia y ocasionalmente recibieron materiales impresos, acceso a programas de televisión o radio, quienes comenzaron a forjarse la percepción de auto exclusión porque no tenían sus familias y ellos la capacidad de acompañar el impacto de la aceleración de la innovación en lo educativo. Un cuarto nivel, aquellos que no tuvieron ningún vínculo pedagógico durante la cuarentena.  Esto impacto de manera profunda en los aprendizajes pues hoy, al retorno a la presencialidad o modelos híbridos, cuando una docente le pide, por ejemplo, que traigan una tarea sobre los movimientos del corazón, los de la primera estratificación seguramente podrán hacerlo con una presentación dinámica en multimedia, mientras que los de la segunda acudirán a lugares como Wikipedia o el rincón del vago para copiar, los de la tercera lo harán en papel bond sintiéndose que están en desventaja y, los de la última estratificación agudizarán su auto percepción de exclusión. Estos son problemas aún tratados de manera precaria en el debate pedagógico actual.

Estos problemas impactan en los procesos de escritura, lectura y comprensión lectora. Las dinámicas cognitivas de la lectura reflexiva y comprensiva varían en el mundo presencial y el virtual. La imagen, sonido, color, gamas de luz, crean un entorno diferenciado al del libro impreso que ha sido poco trabajado en la esfera didáctica y que desafían la producción de conocimiento al respecto. No decimos que uno es mejor que el otro, sino que cada uno tiene unas características propias que demandan enfoques pedagógicos complementarios, aunque diferenciados.

La producción de texto a través del grafismo manual no es igual al que se genera mediante teclado, porque refieren a procesos de cognición distintos, aunque suelen ser tratados como similares. La posesión diferenciada de herramientas tecnológicas está convirtiendo al aula en un lugar de nuevas diversidades que demandan teoría, metódicas, técnicas y miradas múltiples de atención, para abordar el estudio de la comprensión lectora, por eso en esta investigación nos hemos centrado en los procesos de presencialidad centrados en el texto impreso.  Aunque este último problema detectado escapa a los límites de la investigación actual, es un elemento a ser indagado científicamente en el futuro, en el marco de la línea de investigación en la cual trabajo. Trabajos como el de Marielos Murillo Rojas (2022) comienzan a expresar esta preocupación, como un tema de agenda investigativa y pedagógica.

Referencias bibliográficas

https://www.unesco.org/es/articles/alfabetizacion-para-el-desarrollo consultado el 22-14-2022
Carlino, P. (2005). Escribir, leer y aprender en la universidad. Una introducción a la alfabetización académica. Buenos Aires: Fondo de Cultura Académica

Cassany, D. (1999) Construir la escritura. Barcelona: Paidó

Bonilla, L (2021)

Pandemia, derecho a la educación, aprendizajes y estallido de la burbuja educativa

Matos, M (2009) tesis en la web http://biblo.una.edu.ve/docu.7/bases/marc/texto/t35345.pdf

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El fomento de la lectura en las aulas

Por: Mario Crespo

Si queremos que los alumnos españoles lean, primero debemos conseguir que amen la lectura; no se trata de ofrecerles libros, sino de suministrarles experiencias lectoras, de hacerles disfrutar, desde bien jóvenes, de la lectura como actividad lúdica e intelectual. Y para ello se necesita infraestructura e inversión.

Un artículo publicado en El País el pasado día 13 de marzo y basado en el estudio ‘Jóvenes y lectura’, de la Fundación Germán Sánchez Ruiperez, ha abierto el debate —que sin embargo no es nuevo— sobre la lectura en la adolescencia, generando entre la comunidad educativa y los profesionales del sector del libro, entre escritores, periodistas, lectores y mediopensionistas, miles de tweets, estados de Facebook y enconadas charlas que giran alrededor de la misma columna.

Como siempre que se establece un debate educativo, encontramos posturas de todo tipo: quienes están de acuerdo con el planteamiento del artículo y piden lecturas más accesibles y métodos alternativos, quienes dicen que para leer mala literatura mejor no leer, quienes piensan que la culpa es de los móviles y las tablets y los videojuegos y Netflix, y también quienes ven en el debate que la subjetividad de su trasfondo oprime las hipotéticas soluciones al problema.

Y todas ellas, sin ser excluyentes, tienen su parte de razón y su porcentaje de verdad. Sin embargo, cuando tratamos este tema casi siempre se obvia una cuestión que, a mi entender, no es baladí: la educación literaria no es lo mismo que el fomento de la lectura. Es decir, se mezcla con demasiada facilidad la palabra literatura con la palabra lectura, cuando, en realidad, la lectura es el hábito que enseña el camino hacia la literatura. O, dicho de otro modo: leer leemos todos, leemos mucho, leemos a diario (carteles, señales, noticias, mensajes), y sin embargo la literatura no forma parte de las vidas de todos. De hecho, el estudio de la Fundación Sánchez Ruiperez incluye un gráfico donde se muestra que los jóvenes sí emplean su tiempo de ocio en leer, aunque no necesariamente en leer libros (blogs, redes sociales, periódicos y cómics)

El fomento de la lectura es considerado una herramienta fundamental para el ejercicio del derecho a la educación y a la cultura en el marco de la sociedad de la información. El Plan de Fomento de la lectura 2021-2024, del Ministerio de Cultura y Deporte «reivindica la lectura como un elemento vertebrador más allá de un mero pasatiempo«. Pero cuando el plan de fomento se centra en el ámbito académico depende a la postre de los centros educativos y sus respectivos recursos. En otras palabras; es muy difícil implementar un plan de fomento de la lectura sin una biblioteca escolar en condiciones y sin un presupuesto digno para ello.

El Real Decreto 582/1989 excluía a las bibliotecas escolares del Sistema Español de Bibliotecas. Y, aunque la Ley 10/2007 de la lectura, del libro y de las bibliotecas, modificó el plan al decretar que una biblioteca escolar debía disponer de recursos para la comprensión lectora y el rendimiento académico de los estudiantes, nuestras bibliotecas escolares se encuentran todavía a años luz de las de Australia, Estados Unidos o Gran Bretaña.

Las bibliotecas de los centros españoles existen, tienen fondos y actividad, y permiten el uso y disfrute de sus colecciones por parte de padres y alumnos, pero carecen de una estructura profesional. De hecho, suelen ser cuartos pequeños que se abren una o dos veces por semana y que sirven sobre todo de almacén de libros, pues su objetivo primordial es apoyar el desarrollo del currículo académico y, por lo tanto, no funcionan como centros de préstamo, ni llevan a cabo programas sólidos de fomento de la lectura, ni poseen una agenda de actividades semanales. En ellas los fondos son exiguos, los puestos de lectura escasos y la catalogación y recuperación de información es básica, analógica o incluso inexistente.

En el polo opuesto encontramos las de países como los Estados Unidos, donde son una parte fundamental de las escuelas, y funcionan como el corazón de las mismas. Para el alumnado, la biblioteca es una asignatura más, una parte del programa educativo y de la agenda semanal. La biblioteca es, en otras palabras, como una clase de música o de educación física; unas horas semanales que, de forma individual o colectiva, se dedican a la promoción de la lectura. Por otro lado, en la biblioteca se forma a los alumnos para que sean autónomos a la hora de hacer búsquedas y encontrar sus propios recursos, para que puedan convertirse en futuros investigadores.

Bajo mi experiencia en el terreno de las bibliotecas escolares norteamericanas puedo afirmar que el placer por la lectura se trabaja y se desarrolla desde la primaria; la semilla de la lectura se planta para que, aunque el árbol deje de crecer durante la secundaria por razones de tiempo, edad y ritmo de vida, pueda seguir dando sus frutos a posteriori. Esto no garantiza un éxito seguro, pero sí una metodología más realista y eficiente.

Por ejemplo, para un niño que rechaza leer y que, como afirma el citado estudio de la Fundación Sánchez Ruiperez, piensa que «leer le aísla» y que, en definitiva, no encuentra placer alguno en ello, la biblioteca escolar sirve como refuerzo para la consolidación del hábito lector a través de temas afines y estrategias alternativas. Si a este alumno le gusta el fútbol, se le anima para que tome prestadas revistas y libros de fútbol. Tras este primer paso, este joven podrá dar el salto a lecturas más complejas y que precisen de una mayor comprensión lectora.

Si queremos que los alumnos españoles lean, primero debemos conseguir que amen la lectura; no se trata de ofrecerles libros, sino de suministrarles experiencias lectoras, de hacerles disfrutar, desde bien jóvenes, de la lectura como actividad lúdica e intelectual. Y para ello se necesita infraestructura e inversión.

Fuente de la información e imagen: https://eldiariodelaeducacion.com/

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España: Los nueve errores que cometen los colegios al enseñar a leer a tu hijo

Según el profesor Fernando Alberca hay muchos trucos para mejorar el interés de los alumnos por la lectura

La lectura debe estar concebida como un proceso placentero, sobre todo cuando se está inmerso en pleno proceso de aprendizaje. Lo ideal es que los primeros libros se le ofrezcan a los niños en casa y se les enseñe poco a poco a disfrutar de ellos. Sin embargo, es muy habitual que los padres deleguen únicamente a los colegios esta labor de aprendizaje, lo que es un error, según Fernando Alberca, profesor y autor de «Pequeños grandes lectores», quien incide en que la lectura en familia aporta muchos beneficios, además de crear un vínculo entre ellos muy positivo.

En opinión de este experto, entre los errores más comunes que se comenten en los centros escolares, y que motivan que pierdan el interés por leer, destaca los siguientes:

—Mandar a los alumnos leer un libro y hacerles después un examen sobre el texto. «No debería ser así. Bastante es que terminen un libro para seguir incidiendo posteriormente en su lectura porque si, además, no les ha gustado, les supone una gran tensión. La idea inicial es que siempre que procedan a leer lo perciban como un acto placentero, no estresante, y menos porque les van a examinar.

—Pedirles que hagan un resumen de cada capítulo. Para los alumnos es un trabajo extra tener que escribir sobre lo que acaban de leer, un sobre esfuerzo añadido que, para muchos, es percibido como algo negativo asociado al acto de leer. La próxima vez que les manden leer algo, estarán pensando más en que les van a hacer una prueba.

—Preguntarles si les ha gustado o no, los motivos… «Es como si después de jugar al fútbol, les someten a un interrogatorio sobre porqué un niño ha lanzado el balón de una determinada manera, otro no ha corrido hasta un punto, el portero se echó hacia otro lado… Si se trataba de jugar al fútbol y divertirse, se juega y se disfruta. Y ya. No se les machaca con lo que ha pasado», explica Fernando Alberca.

—Cuando un alumno no lee bien, muchos profesores le mandan leer más textos. «Es un gran error —señala—. Lo que hay que hacer en estos casos es enseñarle a leer, pero no «castigarle» con algo que no sabe hacer porque acabará aborreciéndolo. Sin embargo, si se le enseña a leer mejor, podrá disfrutar cuando se le ponga un libro delante. Además, los centros escolares deben garantizar que el alumno sepa leer de forma cómoda, no rápidamente, como ocurre en muchos casos».

—Enseñar a leer solo a los niños pequeños. Este profesor asegura que se puede aprender a leer bien a cualquier edad. «A mis alumnos de segundo de la Eso siempre les propongo una hora de lectura libre en clase. Algunos, a los que les gusta leer menos, se llevan libros de motos, que es lo que les gusta. ¡Pues que lean sobre motos! Por el mero hecho de observarles y ver que leen en silencio lo que han elegido, ya les pongo un 10. Para ellos es un gran incentivo. Una motivación. Podrán empezar a ojear su texto vagamente, pero al rato, ya veo cómo sus ojos se clavan en el texto. Se enganchan a lo que tienen delante. Y no es exagerado decir que cuando suena el timbre que marca el final de la clase, muchos siguen porque les cuesta cerrar el libro y dejar la lectura. Es un ejercicio muy positivo. Sin duda».

—Confundir la comprensión lectora con la memoria. No son pocas las ocasiones en las que los alumnos tienen buena comprensión lectora pero, al hacerles un test sobre el texto que acaban de leer, suspenden. «Preguntar sobre datos concretos del libro no es comprensión lectora. ¡Es memoria! —advierte Fernando Alberca—. Suspenderles por esta razón es muy desmotivante, les restará ilusión por leer». Este profesor parte de la base de que a todo el mundo le gusta leer, «porque se aprenden datos curiosos de la historia pasada, se conocen aventuras inquietantes, se descubren misterios…, pero si al alumno se le manda una y otra vez que regrese sobre la misma línea, que retenga datos sobre los que luego se le van a preguntar…, se cansa y no le compensa el gran esfuerzo que está realizando. Su motivación por leer será menor».

—Utilizar libros para las asignaturas de editoriales que no están correctamente redactados. Según Alberca, muchos libros están mal escritos. «No llevan un orden lógico de sujeto, verbo y predicado y, cada vez más, utilizan frases muy largas, por lo que a los escolares les cuesta mucho memorizarlos. No tienen una buena redacción y su lectura es mucho más complicada. Supone un obstáculo para la comprensión y aprendizaje».

—Mandar leer el mismo libro a toda la clase. «Esto es muy cómodo para el docente porque, de este modo, pone el mismo exámen a todos los alumnos y acaba antes de corregir —advierte este profesor—. Sin embargo, no todos los alumnos tienen el mismo nivel de desarrollo madurativo —aún siendo del mismo aula—, ni los mismos gustos. Esta decisión va en contra de la lectura recreativa y de la busqueda de placer por la lectura».

—No permitir a un alumno que si en la quinta página no le gusta el libro pueda dejarlo. «Existen miles de libros en el mercado —destaca Alberca—. Si no le gusta lo que lee, ¡pues que coja otro con el que vaya a disfrutar! No hace falta someterle al martirio de seguir con algo que no le motiva, si el objetivo es fomentar la lectura».

Fuente de la información e imagen: https://www.abc.es/familia

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Nicaragua: Estudiantes de Preescolar y Primaria demuestran sus habilidades lectoras y analíticas

Estudiantes de Preescolar y Primaria demuestran sus habilidades lectoras y analíticas

Libros, alegría e imaginación, es parte del escenario del Festival de Lectura Aprendo, Leo, Disfruto y me Divierto, que se realizó con estudiantes de Preescolar y Primaria del Centro Educativo Paul Harris del distrito dos de Managua.

Domingo Antonio López Pavón, director del centro, explicó que la actividad forma parte de las acciones educativas, contempladas en las Currícula del Ministerio de Educación, la que genera competencias y habilidades en el aprendizaje de los estudiantes.

“En el caso de Lengua y Literatura, está dirigido a la lectura y compresión lectora, lo que se demuestra en este festival, donde los niños están en una fiesta de la lectura”, comentó.

Génesis Valle, estudiante de Sexto Grado del centro, calificó el espacio de lectura como importante, al permitirles conocer e imaginar el contenido de los cuentos y leyendas.

Luis García, estudiante de Quinto Grado, realizó la lectura titulada el Juguetero, la que según su interpretación, invita a luchar por los sueños “debe hacer los que le gusta, hasta lograrlo con éxito”, comentó.

Fuente de la Información: https://www.mined.gob.ni/estudiantes-de-preescolar-y-primaria-demuestran-sus-habilidades-lectoras-y-analiticas/

 

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Actividades para fortalecer el pensamiento creativo en una clase virtual

Por: Rubí Román

“La experiencia de las clases en línea se ve afectada por numerosas causas, entre ellas, el agobio de los profesores y el tedio de los estudiantes”.

¿Por qué es tan difícil hacer que los alumnos participen en clase y desarrollen soluciones creativas a los retos planteados por el maestro? Para responder este cuestionamiento, la Dra. Patricia Caratozzolo compartió en nuestro webinar de octubre, la relevancia de conocer a nuestros estudiantes, específicamente a los jóvenes de la Generación Z. ¿Quiénes son? ¿Cómo se comunican? ¿Qué actividades realizan en su tiempo libre? ¿Cómo podemos desarrollar su creatividad? ¿Qué actividades podemos implementar en clase para lograrlo? Si no tuviste oportunidad de acompañarnos en esta sesión en vivo puedes consultar la grabación disponible en cualquier momento.

A raíz de un estudio realizado por la Dra. Caratozzolo, la profesora detectó que entre los estudiantes existe una especie de abulia para desarrollar su potencial creador, ¿qué sucede que los estudiantes no encuentran interesante o divertido los retos que proponen los maestros? ¿Cómo lograr que se involucren de manera genuina en la solución de estos? La profesora Carattozzolo analizó el efecto de lo que ella denomina un súper consumo de entretenimiento chatarra, como uno de los síntomas que podrían limitar la creatividad de los estudiantes, aunque no sea el único ni tampoco la raíz del problema principal. Este tipo de entretenimiento por sí solo no es malo, pero tampoco exige nada creativo de quien lo consume.

“Cuando los alumnos tienen una riqueza léxica y cultural pueden conocerse mejor así mismos, lo que piensan y sienten. La tabla periódica de las emociones es una herramienta que te puede ayudar a comunicarte y expresarte mejor”.

A continuación, te comparto algunas características de los alumnos de la generación Z de acuerdo con Seemiller y Grace (2016):

  • Prefieren utilizar plataformas visuales pasivas como YouTube e Instagram

  • Generalmente consultan textos breves pre-dirigidos

  • Tienen poca concentración en periodos largos

  • Sus redes sociales son virtuales

  • Utilizan textos cortos en WhatsApp

  • Emiten sus opiniones a través memes y emojis

Desarrollar la creatividad en los estudiantes no solo se relaciona con ellos únicamente. Como docentes debemos preguntarnos si nosotros estamos siendo creativos también. Después de meses de contingencia, la experiencia online del salón de clase sigue viéndose afectada por numerosos factores, entre ellos, el agobio de los profesores y el tedio de los estudiantes. Los docentes han tenido que adaptar y ajustar los temarios y actividades para compensar la falta de contacto presencial con los estudiantes, así lo explicó la Dra. Patricia Caratozzolo en esta sesión.

A continuación, te comparto algunas ideas para combatir un ambiente escolar de agobio o tedio debido al estrés que generó la pandemia y los cambios que vivimos.

  • Implementa el Serious-Storytelling

  • Lectura crítica

  • Mirada Creativa

  • Metacognición

  • Flexibilidad cognitiva

  • Imágenes significantes

  • Andamiajes de seguridad

  • El juego de roles

También puedes integrar en clase aquellas actividades que de manera personal te gusta realizar como un hobby. Si te gusta el arte integra esta pasión en tus clases o si te gusta el deporte, la literatura, la lucha libre, cocinar, la decoración, etc.

“Para cambiar una clase debemos empezar por nosotros mismos”.

En este webinar, la doctora Patricia Caratozzolo compartió ideas y actividades de reflexión creativa integrando el arte en su clase virtual, sin perder de vista los aspectos pedagógicos y didácticos fundamentales del proceso de enseñanza-aprendizaje. Si quieres conocer más al respecto consulta el webinar completo en nuestra página de Facebook o Youtube del Observatorio de Innovación Educativa.

La Dra. Patricia Caratozzolo (pcaratozzolo@tec.mx) es profesora asistente e investigadora del Departamento de Mecatrónica de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del campus Santa Fe, Tecnológico de Monterrey. Líder de proyectos en Innovación Educativa. Senior Member de la IEEE, miembro de IAS, PES, Women in Engineering Association y de la International Association for Continuing Engineering Education.

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