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Libro(PDF): «La religión ante los problemas sociales. Espiritualidad, poder y sociabilidad en América Latina»

Reseña: CLACSO

Nadie puede negar el papel cada vez más destacado que tienen los movimientos religiosos en nuestro continente, así como las transformaciones a las que están siendo expuestos. SinLibro(PDF): » embargo, no se ha producido aún una reflexión sistemática en torno a los modos en que las religiones operan sobre sectores y sujetos sociales caracterizados como vulnerables: indígenas, mujeres en situación de prostitución, campesinos, migrantes, pobres, huérfanos y ancianos. ¿Qué conflictos desatan estas intervenciones? En estas páginas, las discusiones surgidas en el Grupo de Trabajo Religiones, espiritualidades y poder en América Latina y el Caribe inauguran nuevas líneas temáticas y perspectivas de análisis para quienes están interesados en uno de los temas cruciales del siglo XXI: cómo incide la fe en los modos en que percibimos y actuamos sobre el mundo y los otros.

Autor (a):   Verónica Giménez Béliveau. [Compiladora]

Verónica Giménez Béliveau. Carlos Alberto Steil. Rodrigo Toniol. Joaquín Algranti. Mariana Bordes. Lucí Faria Pinheiro. Fabio Lozano. María Soledad Catoggio. Rolando Pérez. Cristian Parker Gumucio. Gabriela Robledo. Reneé de la Torre. Aldo Ameigeiras. Fortunato Mallimaci. Damian Setton. Mariela Mosqueira. [Autores y Autoras de Capítulo]

Editorial/Editor: CLACSO

Año de publicación: 2020

País (es): Argentina.

Idioma: Español.

ISBN: 978-987-722-424-5

Descarga: La religión ante los problemas sociales. Espiritualidad, poder y sociabilidad en América Latina

Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?id_libro=2125&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1400

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La infancia en Nigeria: entre la violencia institucional y el yugo de Boko Haram

Reseñas/África/Nigeria/elpais.com

Un informe de Amnistía Internacional denuncia las atrocidades que viven los habitantes de las zonas controladas por Boko Haram sin el apoyo gubernamental y con programas de rehabilitación cuestionables financiados incluso por la UE

E.G. acababa de comenzar la secundaria cuando fue secuestrada por Boko Haram en su aldea, Gulak, en el este de Nigeria. En los cuatro años que pasó cautiva en el bosque de Sambisa, entre 2014 y 2018, no recibió más formación que la lectura del Corán tres veces al día y fue obligada a casarse con un miembro del grupo terrorista al que no conocía, con el que tuvo dos hijos.

Hoy, con 17 años, recuerda las brutalidades sufridas y las que presenció. «Mi marido era perverso y siempre me pegaba, diciendo que no estudiaba el Corán. (…) Fue una experiencia terrible. Fui testigo de diferentes castigos, desde disparar hasta apedrear y azotar. Una vez presencié la lapidación de un miembro de Boko Haram acusado de violación. Lo enterraron en una tumba, dejando solo su cabeza y luego lo apedrearon hasta que murió. En otra ocasión, vi cómo azotaron 80 veces a un hombre, tenía la espalda ensangrentada». Hasta que un día comenzó a planear con otras mujeres cómo escapar. De las 10 que lo intentaron, tres fueron atrapadas. E.G. lo consiguió, con su pequeño de dos años a su espalda y la bebé de cuatro meses en sus brazos.

Este es uno de los 234 relatos de mujeres, hombres y niños en el noreste de Nigeria que ha recabado Amnistía Internacional entre noviembre de 2019 y abril de 2020. Todos ellos describen la barbarie ejercida por Boko Haram, sobre todo contra los menores, convirtiendo en soldados a los niños y en esposas a las niñas. Y son miles. En 2017, la ONU estimó que este grupo armado había reclutado hasta entonces al menos a 8.000 pequeños, muchos a través del secuestro. Y esta práctica no ha cesado. Toda una «generación perdida» a la que las autoridades tampoco prestan el apoyo psicosocial y educativo que necesita, denuncia el informe Secamos nuestras lágrimas: el coste para la infancia del conflicto en el noreste de Nigeriaque la ONG ha publicado este miércoles.

Además de los secuestros a gran escala, como el de las 276 niñas de Chibok que desató una ola de solidaridad internacional, Amnistía Internacional pone el foco en abducciones individuales que suceden de forma «más cotidiana». En su informe, la organización documenta decenas de ellas, entre un sinfín de violaciones de los derechos humanos; 91 páginas repletas de relatos en primera persona plagados de latigazos, golpes, violaciones, dolor y violencia.

Escapar del grupo no les asegura a las víctimas un futuro prometedor. «Los que logran huir, acaban luchando por sobrevivir en campos de desplazados sin acceso a la educación; y, en el peor de los casos, son detenidos y recluidos durante meses, e incluso años, en pésimas condiciones», explica Olatz Cacho, experta en África de Amnistía Internacional España.

«Tan pronto como los niños puedan escapar del área de conflicto directo, deben volver a conectarse con lo que fue su infancia. Necesitan jugar, reír y reunirse con sus amigos; volver a la escuela. Deben estar en un entorno seguro donde puedan confiar en los adultos y sentirse amados y respetados. Sus necesidades básicas, como alimentos, agua y vivienda, deben satisfacerse para reducir el riesgo de explotación o violencia», sugiere Severine Courtiol Eguiluz, miembro de Médicos sin Fronteras en Nigeria, en un relato publicado en 2019 por la ONG que cuenta con programas humanitarios en la región. Sin embargo, lo que encuentran la mayoría de los críos tras el horror es más horror.

H. G. acabó en el campo de desplazados de Bama, donde recibió atención médica y alimentos  —insuficientes, según su testimonio—, para subsistir. «No tenía apoyo ni asesoramiento psicosocial». Después de cuatro años de cautiverio y cuatro meses refugiada, su padre no la reconoció cuando fue a buscarla para llevarla de vuelta a su hogar, en Madagali. «Una semana después, una organización cristiana nos llevó a Jos durante tres días. Oraron por nosotros. Nos preguntaron sobre nuestras vivencias con Boko Haram y nos dijeron que no permitiéramos que esas experiencias definieran nuestras vidas. Nos dijeron, a las que teníamos hijos, que los amásemos y que no descargásemos nuestras frustraciones sobre ellos. Después de aquello, no ha habido otro apoyo, ya sea del gobierno o de las ONG», relata la joven, que aún sueña con volver a estudiar mientras escucha los disparos cuando los terroristas atacan las aldeas vecinas. «Mis padres no pueden enviarme a la escuela porque no tienen dinero. La mayor ayuda para mí sería ir al colegio».

Una niña de 10 años vive con otros menores en un edificio abandonado en el campo de Abagana (este de Nigeria), que es usado como refugio por quienes huyen dela violencia.
Una niña de 10 años vive con otros menores en un edificio abandonado en el campo de Abagana (este de Nigeria), que es usado como refugio por quienes huyen dela violencia. BENEDICTE KURZEN (MSF)

«Solo el 25% de los niños tiene acceso a educación en el estado de Borno, esto es un lastre para el futuro de la región», subraya Cacho. «Boko Haram no quiere manifiestamente que los niños reciban formación, lo que consideran adoctrinamiento occidental», señala la experta. Prueba de ello son los ataques sistemáticos a las escuelas y el asesinato de maestros. En 2018, Unicef informó de que más de 1.400 infraestructuras educativas fueron destruidas durante el conflicto y que al menos 2.295 profesores habían sido asesinados, destaca el documento de Amnistía. Pero hay otros factores, como la pobreza y el hambre, que impiden que los padres puedan afrontar los gastos de escolarización y convierte a los niños en trabajadores, para poder contribuir a la canasta familiar y sobrevivir.

O. A., de Bama (estado de Borno), nunca había ido al colegio. «Yo era un ganadero. Desde que era niño, convivía con animales», le contó a los investigadores de la ONG. Un día estaba en el campo y Boko Haram se le llevó a él y su rebaño. Tenía 10 años. «Me quedé en la madrasa [escuela coránica] porque era demasiado pequeño». Cuando cumplió 12, le mandaron a entrenarse durante seis meses. Así fue como aprendió a usar su fusil AK-47 y se convirtió en un combatiente. «Me quedé con uno de los soldados en el lago Chad. Me usaron en los puestos de control», recuerda.

Lo que vino después no fue mucho mejor. O. A. llegó incluso a arrepentirse de huir de Boko Haram.  «Cuando mi hermano me vio, me llevó al Civilian Joint Task Force [fuerza que lucha contra el grupo terrorista] y me rendí». El joven, hoy de 16 años, fue sometido a un interrogatorio y enviado después a la Celda 7, para niños. «Estaba abarrotada. Tuvieron que enseñarme cómo acostarme. No podíamos girarnos cuando dormíamos debido a lo llena que estaba. Había solo un baño y éramos muchos. A veces tenía que esperar una hora», rememora. Los que no conseguían contenerse la orina o las heces eran golpeados. «No había mucha agua potable. Teníamos sed (…). Vi morir a una persona a causa de la sed».  En aquel centro de detención, pasó tres meses y solo pudo ducharse una vez. «Empecé a preguntarme por qué mi hermano me había llevado a ese lugar. ¿Quería matarme?».

Amnistía Internacional lanza su investigación para pedir al gobierno de Nigeria que libere a los niños recluidos en estos centros de detención. «Ya se han producido liberaciones masivas a finales de 2019 y principios de 2020, pero todavía no sabemos cuántos quedan dentro, pues el proceso es opaco», indica Cacho. «Incluso los investigadores, que tienen experiencia en diversos contextos en conflicto, estaban horrorizados con las condiciones de reclusión que les describían», agrega. Para la ONG, la mayoría de estas detenciones son «ilegales» pues los menores no son acusados ni procesados por ningún delito y ven negados sus derechos de acceso a asistencia letrada, a comparecer ante un juez o a comunicarse con sus familias. Un delito de les humanidad, según la organización, que calcula que al menos 10.000 personas, entre ellas muchos menores, han muerto bajo custodia gubernamental durante el conflicto.

O. A. sobrevivió a ese infierno y se benefició después de la Operación Corredor Seguro, un programa de desradicalización y rehabilitación de combatientes arrepentidos —niños y adultos— de Boko Haram, y que cuenta con apoyo financiero de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea. El joven fue enviado, junto con otros 11 varones, al centro de reinserción en Gombe para recibir formación profesional. La vida allí, dice, era mejor. «Había suficiente agua, teníamos nuestra propia cama y un colchón para poder dormir bien. El lugar era higiénico», enumera. Allí, dice, le enseñaron el abecedario y los números. «Cómo deletrear». Finalmente, O. A. se decantó por formarse en cosmetología y fabricar productos de limpieza y jabones.

Pese a las mejores condiciones, la formación y el apoyo psicosocial que reciben los arrepentidos, Amnistía denuncia «grandes carencias» en este programa. «La mayoría de los hombres y niños en el centro no han sido informados de la base jurídica de su detención y todavía no tienen acceso a asistencia letrada ni a un tribunal para impugnar su detención», escriben los autores del informe. Algunos exreclusos explicaron que la atención médica era sumamente escasa. «Siete detenidos fallecieron tras recibir asistencia sanitaria inadecuada y las autoridades nigerianas ni siquiera informaron a sus familias, que tuvieron conocimiento de las muertes a través de detenidos liberados», asegura la ONG.

Y eso no es todo. El programa de formación profesional podría equivaler a trabajos forzados, advierte Amnistía, ya que la mayoría de los detenidos nunca han sido declarados culpables de ningún delito y fabrican todo tipo de artículos, desde zapatos hasta jabones y muebles, sin remuneración. “Ninguno de los principales donantes de Corredor Seguro autorizarían un sistema de detención prolongada e ilegal para sus ciudadanos. Entonces, ¿por qué lo permiten en Nigeria?”, se pregunta Osai Ojigho, directora de Amnistía Internacional Nigeria.

Las niñas como E. G. ni siquiera pueden acceder a este programa, con todas sus deficiencias, aunque lo deseasen para poder formarse y aprender un oficio. «Esto también se tiene que revisar, están marginadas», apunta la Cacho.

Preguntados por esta cuestión, desde Unicef Nigeria responden lo siguiente: “Los niños son extremadamente vulnerables en el conflicto del noreste de Nigeria, y su protección y necesidades deben seguir siendo la máxima prioridad tanto en la respuesta de seguridad como en la humanitaria. Los niños deberían seguir siendo solo eso, niños. Y como tal, deberían estar en las escuelas y con sus familias. Utilizarlos en el conflicto o mantenerlos en situación de detención prolongada tiene un impacto demoledor en sus vidas. Su protección es crucial para construir el futuro de Nigeria y, en consecuencia, de toda la región. Estos niños son, en primer lugar y ante todo, víctimas que, desafortunadamente, se han visto atrapadas en este conflicto. Unicef les apoya en su camino a la normalidad, es decir, con sus familias y comunidades”.

«No sé cómo podrán salir de semejante trauma, después de años de abusos de derechos humanos», reflexiona Cacho.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/05/26/planeta_futuro/1590488851_625908.html

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Aunque el Califato ya no existe, el Estado Islámico sigue asesinando: ¿por qué no se habla de ello?

Por: Alberto Rodríguez García

Combatir el terrorismo del Estado Islámico y las causas que lo hacen fuerte ha dejado de ser prioritario. Estados Unidos se enfoca en el quebradero de cabeza que se le ha convertido Irak. Siria concentra la mayor parte de su Ejército en Idlib. Yemen suficiente tiene con sobrevivir a la mayor crisis humanitaria de nuestra época mientras La Coalición (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y sus respectivos aliados yemeníes) se desmorona en el sur. Camerún, Chad y Nigeria pueden permitirse cierto grado de insurgencia mientras solucionan problemas internos mucho más acuciantes. Pero el terrorismo no ha cesado, y aunque el Califato ya no existe, sus fanáticos siguen asesinando. ¿Por qué no se habla de ello? En parte porque su violencia es a mucha menor escala que en el pasado, pero también porque han decidido no atacar ‘Occidente’ hasta que vuelvan a controlar territorio estable.

En apenas una semana, terroristas del Estado Islámico han tiroteado a un miliciano de las YGP en Manbij (Siria), asesinado a dos efectivos de las Unidades de Movilización Popular y herido a otros tres en al-Qaim (Irak), asesinado a dos policías en Kirkuk (Irak), ejecutado a un militar iraquí y atacado un convoy en Ramadi, emboscando a dos soldados iraquíes en Makhmour, ejecutado a un soldado en Chad, herido a varios soldados egipcios con un explosivo improvisado en el Sinaí, asesinado a tiros a un miembro de las fuerzas de seguridad afganas en Nangarhar, atacado a varios soldados en Ngala (Nigeria) y destruido un vehículo militar nigeriano en Buni Yadi con una bomba.

Además de los ataques exitosos que reivindican, las escaramuzas son constantes y, por ejemplo, el pasado 28 de abril, las autoridades iraquíes en Kirkuk abatieron a 3 terroristas suicidas que tenían pensado inmolarse en un edificio de la Inteligencia. A pesar de ser operaciones que podrían considerarse pequeñas, es un desgaste continuo que a veces se ve agravado por matanzas como la del 23 de marzo de 2020, cuando Boko Haram (no confundir con el actual Estado Islámico de África Occidental/ISWAP) asaltó una posición militar en el Lago Chad matando a 92 soldados.

El Estado Islámico ha sabido adaptarse al nuevo contexto como lo hizo al-Qaeda; aprendiendo que si quieren sobrevivir, deben evitar atacar a las potencias que realmente pueden hacerles frente

La situación ha llevado al Gobierno de Siria a reanudar algunas operaciones en el desierto de Homs contra los terroristas, a las fuerzas de seguridad iraquíes a mantenerse alerta en las zonas de mayor actividad terrorista y, sobre todo, a Chad a lanzar la Operación Ira de Bomo; una operación a gran escala junto a otros países del Sahel contra Boko Haram. La operación anunciada por el presidente chadiano Idris Deby ya ha eliminado a un millar de militantes de Boko Haram, conocidos por ser la facción más extrema de todos los grupos que juraran lealtad al Estado Islámico.

Pero esta campaña en Lago Chad no es más que una acción concreta, en un momento concreto, y aunque ha sido una gran muestra de fuerza, no podrá mantenerse mucho más en el tiempo. Es una victoria temporal, porque no se atacan las raíces del problema sino los síntomas. Otros países vecinos como Nigeria, incluso, han decidido adoptar la pasividad como estrategia.

A las operaciones militares no le siguen programas de educación, ni de desarrollo económico, ni de justicia… No se detiene la rueda en ningún momento porque los grupos terroristas no amenazan en ningún momento la posición de las élites. El Estado Islámico ha sabido adaptarse al nuevo contexto como lo hizo al-Qaeda; aprendiendo que si quieren sobrevivir, deben evitar atacar a las potencias que realmente pueden hacerles frente. El nuevo ‘perfil bajo’ que ha adoptado el Estado Islámico hace que, por ejemplo, pasen desapercibidas noticias como la detención en España de uno de sus excombatientes en Siria, hijo a su vez de un terrorista de al-Qaeda responsable del asesinato de 224 personas.

Solo durante el mes de marzo en el Sahel, la zona más afectada ahora mismo por el terrorismo islamista junto a Afganistán, hubo 58 atentados que se cobraron 522 vidas de civiles y militares. Esto convierte marzo en uno de los meses del año con más civiles muertos por ataques terroristas en Mali, Nigeria, Chad y Burkina Faso.

Los efectos globales del COVID-19, la degradación de la economía, el potencial descontento que provocará en la población y la incapacidad de reacción de los gobiernos –carentes de recursos– presentan un 2020 especialmente duro para la población del Sahel. ACNUR alerta de que el hambre acecha la región, amenazando con una crisis catastrófica para un territorio con 3 millones de desplazados por la guerra contra el terrorismo, donde las cosechas se están acabando y dejarán a 19 millones de personas en riesgo de inseguridad alimentaria. Son las condiciones perfectas para una catástrofe humanitaria que grupos como Boko Haram e ISWAP saben explotar a su favor. Burkina Faso, por ejemplo, se encuentra en una situación en la que el coronavirus y sus consecuencias atacan las ciudades mientras el Estado Islámico en África Occidental ataca continuamente en las zonas rurales; sin solución ni vía de escape para la población frente a ambas amenazas.

Los terroristas ya no amenazan ni a los poderosos ni a las potencias, así que han dejado de ser la prioridad. Pero siguen existiendo, siguen matando, y aunque ahora no son una amenaza, se mantienen al acecho

En el corto y medio plazo, el Estado Islámico no va a pasar de una insurgencia. Es muy improbable que logren la instauración de un nuevo califato. Sin embargo, ello no implica su derrota, y es que en las zonas donde los estados no llegan, donde la población se siente abandonada, ya se han infiltrado sus ideas extremistas. Allá donde hay un vacío de poder, seguirán calando las ideas más brutales del grupo terrorista, y aunque no controlen un territorio estable, seguirán teniendo el caldo de cultivo para fanáticos deseosos de matar por unas ideas infames pero que han interiorizado.

Sin califato, el Estado Islámico se ha atomizado, minimizando la amenaza pero aumentando exponencialmente el frente. La batalla no ha terminado, y no lo hará definitivamente hasta que se los combata no solo con las armas, sino también combatiendo el hambre, el tribalismo y construyendo una identidad colectiva entorno al estado y no la fe.

Los terroristas ya no amenazan ni a los poderosos ni a las potencias, así que han dejado de ser la prioridad. Pero siguen existiendo, siguen matando, y aunque ahora no son una amenaza, se mantienen al acecho, esperando el momento en el que ganar adeptos y volver a hacer daño.

Fuente: https://actualidad.rt.com/opinion/alberto-rodriguez-garcia/351762-califato-estado-islamico-asesinatos-recientes

Imagen: https://pixabay.com/photos/war-desert-guns-gunshow-soldier-1447021/

 

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A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Por: Miguel Erasmo Zaldívar Carrillo

Qué Dios lo proteja; muchas personas se despiden de nosotros con esta frase sin importar nuestras creencias. No me siento ofendido por ello, en lo personal me gusta, aun cuando yo no tengo ni practico este tipo de creencias, porque sé que detrás de este enunciado hay mucha buena vibra y ganas de que a uno las cosas le salgan bien. Cuando un creyente te dice algo como eso, te está deseando el bien y está compartiendo sus buenos deseos, sus ganas de dicha y felicidad.

Por mi parte, creo que me entenderán, no se me ocurriría despedirme diciendo: que la «Revolución te salve hermano»; aun cuando sé que ella ha salvado a millones de personas a lo largo de sus más de 50 años (Cuba), y este sí que es un hecho tácitamente demostrable.

El punto de mi análisis es el siguiente: a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Por qué digo esto:

Cuando una persona, aprovechando las redes y sus enormes posibilidades me envía una invitación a rezar para que nos salvemos del virus me incomoda y me preocupa su postura. Saturan las redes con imágenes de santitos que disparan luces y de vírgenes salvadoras como quien está desarrollando una titánica labor de salvación. Me incomoda, porque no le he dado el derecho de pedirme que haga algo que está en contra de mis convicciones y creo que el respeto a las creencias o no creencias es fundamental. Y me preocupa, mucho, porque si nos ponemos a rezar sin tomar las medidas necesarias el virus nos arrastrará a todos a una muerte segura; y luego al paraíso, al infierno o a la Pachamama (eso es discutible).

Es importante que todos, creyentes o no, valoremos que una cosa es Jesús actuado en contra de la opresión y la ambición Romana; y otra sería verlo esperando a que un poder que llegue del más allá (su padre) haga lo que a él le corresponde: porque, si somos congruentes, en cuanto a creencias, el padre de Jesús tenía todas las posibilidades de resolver la crisis humanitaria y espiritual que los hombres crearon en esa época histórica sin necesidad de mandar a su hijo a sacrificarse. Quiero entender que, pedagógica y políticamente hablando, lo que se quería con la praxis de Jesús era enseñar a los hombres cómo, a través de la organización, la conciencia y la defensa de valores perecederos por los que valía la pena morir, se podría cambiar el mundo. Jesús nos dio una lección pedagógica, política y sociológica: que debemos luchar o este mundo no tendrá ninguna posibilidad de salvación porque: en náhuatl antiguo para que se entienda: “nos lo estamos llevando a la chingada.”

Jesús mostró un camino, oculto a los fanáticos de esa época: el camino de la organización y de la conciencia y acción consecuente. Dejó claro que, sin una organización, sin el trabajo sistemático con la conciencia y sin otra propuesta de valores no habría solución ninguna a aquella situación. No por gusto Marx lo llamó el primer revolucionario de la historia y a las comunidades cristianas de base el primer partido político de la historia. Creo, además, que debe considerarse que lo que hizo el nazareno fue de principio a fin un acto político de toma de partido a favor de los pobres. El fanatismo existente en la época en que Jesús vivió hacía que aquellos seres oprimidos y empobrecidos por Roma se arrodillara a rezar y a entregar sus ofrendas esperando la ansiada salvación; sin comprender, que frente a su situación el camino era otro y que, además, ese camino implicaba no solo sacrificios sino la entrega de la vida mima si fuese necesario.

Esa, así lo veo yo, desde mi ignorancia sobre el tema; es una de las más perecederas lecciones del maestro (como le llama mi hermano Marcel a Jesús): Aun cuando pudo escapar para salvar la vida decidió quedarse y asumir los resultados de sus actos para enseñarle a los discípulos que el camino de la salvación colectiva podría ser el camino de la muerte personal si se es congruente hasta las últimas consecuencias: Qué sino, le deparó a la vida a Tupac Amaru, Martí, El Che, Camilo Torres y tantos otros: la entrega de la vida por la praxis emancipadora y descolonizadora.

Frente estas enseñanzas que nos dejó Jesús debemos valorar muy bien lo que significa actuar para salvarnos ahora frente a rezar para salvarnos más tarde; porque, por ejemplo, hoy vi en Oaxaca personas sin naso-buco y al inquirir a la señora, ya grande, por cierto, me respondió – a mí, Dios me protege. Si no entendemos que estas formas de fanatismo suelen ser suicidas estaremos agravando la crisis actual.

Desearle a una persona que Dios lo proteja es un acto de bondad y sensibilidad humana que respeto mucho; pero pedirle que se arrodille y rece frente a una situación real de peligro pudiera ser un acto irresponsable y de un fanatismo peligroso. Salir a la calle sin ninguna protección creyendo que él te protege es una locura.  No olvidemos que entre la peste y la gripe española fallecieron 90 millones de seres humanos, en no pocos casos por ignorancia: como aquellos que iban flagelándose por los pueblos y pidiendo a Dios, mientras los seguían las ratas que portaban a la pulga causante de la pandemia.

En otro momento, cuando le reclamé a un compañero de izquierda que me sugería rezar y compartir con otros su rezo e invitar al mundo a rezar a la misma hora, me respondió: -Dios existe para todos. Esto, en mi opinión, le dije, es irrespetuoso de tu parte. Debes entender que mucha gente cree en un Dios diferente al tuyo, y otros, no creen en ninguno; ello te obliga a dejar los fanatismos para el espacio privado de tu existencia personal y familiar. Dios no existe para todos: existe para los que creen en él; los demás alimentan su espiritualidad por otros caminos en nada censurables, por cierto. Incluso, creo profundamente que la espiritualidad es un lugar común en el que todos los hombres podremos encontrarnos con independencia de las creencias y cosmovisiones que le den sentido a nuestras existencias personales.

No me mal interpreten: rezar es muy bueno para los que tienen fe pues cumple una fundamental función psicológica; pero, en estos momentos, mejor aún sería cumplir las medidas sanitarias. Responsabilizarse con la conducta personal y familiar para no convertirnos en un problema para la colectividad. Las irresponsabilidades pueden crear crisis y frente a ellas todos tenemos que actuar.

Creo que además debemos (porque honrar honra, como nos dijera Martí) reconocer el trabajo abnegado y de enorme sacrifico de todos aquellos que en medio de la crisis actual tienen la tarea inmediata de salvarnos a todos; incluso de nosotros mismos y aún, a riesgo de su propia vida.

Reconozco y aplaudo el esfuerzo del presidente de este país que, en medio de la pandemia, no abandona el timón; como no lo haría un capitán en medio de la terrible tormenta. Críticas llueven, de los descreídos, de los ineptos y de los corruptos a los que se les termino la fiesta del despojo. Yo solo digo una cosa: imaginen que no contáramos con ese fundamental espacio de información. Imaginen por un momento que dejemos que la gente sea informada por Facebook. Es fácil comprender que podríamos caer en una neurosis colectiva de dimensiones desproporcionadas y generar problemas aún mayores. La tarea de un presidente es esa y no debe renunciar a ella bajo ningún concepto. Él, como dice Dussel, debe mandar obedeciendo y el mandato que tiene hoy es el de salvar a la mayor cantidad de vidas humanas posible.

Las enseñanzas de Jesús están para todos, creyentes o no y este presidente y los profesionales de la salud y todos los otros no están haciendo otra cosa que continuando su ejemplo. Amar al prójimo es actuar a favor de la vida, es afirmar la vida. Si usted, persona creyente, amparada en sus creencias, sale a la calle irresponsablemente está atentando contra la vida y no debería utilizar a Jesús como argumento para sus necedades.

Afirmar la vida hoy es unirnos en torno a una ética de la salvación, a una ética médica y científica que no sale del capricho de nadie sino de la necesidad de salvar para salvarnos. Sin la vida humana no habrá ética que discutir, sin la vida humana no habrá cultura que salvar, sin la vida humana no habrá comunalidad, ni gobierno, ni economía.

Todas las creencias deben, en este momento grave para la existencia humana, llevarnos a ser responsables frente a la otredad y frente a mi persona. Defiendo la idea de que el respeto por la vida de Jesús implica más compromiso y praxis con la existencia de la vida en el planeta, que fanatismo y creencia en una salvación futura desapegada de mi actuar presente. Si usted no actúa para salvar en este momento de peligro, usted está traicionando a Jesús, y además, complicando la situación de los pocos hospitales que los rateros de la historia le dejaron a este México tan amado y a este presidente tan trabajador.

Ni las buenas intenciones de AMLO ni todo el dinero del mundo nos salvará si no nos unimos en la responsabilidad y la praxis consecuente frente a este peligro microscópico. Este asesino fue irresponsablemente creado por los hombres y si no atajamos la irresponsabilidad en todos los niveles los estragos que haga serán inconmensurables.

Es por ello que debemos dejar que Dios haga su trabajo y ocuparnos nosotros del virus y la salvación en este momento histórico.  Dejemos a Dios, que tiene mucho que hacer y pongámonos todos, creyentes o no creyentes a ayudarlos con nuestro trabajo, nuestra organización, con la defensa de la verdad y la denuncia de la mentira y la manipulación; con la praxis.

Dios no es médico; Dios es amor; seamos congruentes; ¡por Dios!

Junto a ello debemos meditar la necesidad de salvar al planeta al que estamos asesinando. Pero eso es tema de otra reflexión.

Fuente: El autor escribe para OVE

Imagen: https://pixabay.com/photos/ash-candlelight-candle-christmas-2179184/

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Boaventura de Sousa Santos: O Brasil tem dois problemas de saúde pública: a pandemia e o presidente Jair Bolsonaro

Presenta: CLACSO

Falo de Portugal, da minha aldeia, do isolamento voluntário em que me encontro, para mandar duas mensagens muito rápidas. A primeira é que essa grande crise humanitária que estamos vivendo deixa claro duas coisas; em primeiro lugar a total falência dos governos de direita e de extrema direita para salvar vidas, poupar vidas, num momento de crise tão grave porque põem seus interesses econômicos acima dos interesses da vida, exemplos: Inglaterra, Estados Unidos, Índia e o Brasil. Mostram também duas coisas, independentemente da urgência, os países menos atingidos pela lógica neoliberal do capitalismo selvagem e bárbaro, disposto a sacrificar vidas para salvar os seus lucros, resolvem melhor os problemas da crise que todos os outros: Singapura, Taiwan e China. Mas o Brasil tem um caso especial porque o Brasil não tem um problema de saúde pública, tem dois problemas de saúde pública: a pandemia e o presidente Jair Bolsonaro.

Jair Bolsonaro é obviamente um homem transtornado mentalmente, um louco que deve sair do poder o mais rápido possível. Mas a sua loucura não é indiscriminada, a sua loucura serve para aquilo que os interesses econômicos das elites brasileiras, que o puseram no poder, querem continuar possuindo. É aproveitar essa crise para destruir toda a lógica da proteção do trabalho e dos trabalhadores do Brasil, toda a lógica social, de políticas sociais, aproveitando a crise para criar um Estado completo de um capitalismo totalmente selvagem. É isso que ele está fazendo.

Mas é verdade que há lutas importantes e urgentes. A luta importante é evitar que essa política siga adiante, a luta urgente é impedir Bolsonaro de continuar no poder, são as duas crises que estão relacionadas. A pandemia é importante obviamente e é a mais importante de todas, mas a mais urgente é que Bolsonaro deixe de ser o presidente do Brasil.

E depois, as forças de esquerda que tem estado perturbadoramente silenciosas nesse caso, apesar dos panelaços, é evidente que é muito importante saber que a luta depois começa. Uma luta muito forte porque o próximo presidente, nesse caso o Mourão, certamente vai querer continuar seguindo as políticas de proteção dos interesses econômicos da burguesia que puseram em primeiro lugar o Bolsonaro no poder.

E aí tem que ver uma luta obviamente, tem dois problemas depois: um problema econômico que é Paulo Guedes e um problema político que é Sérgio Moro. São as lutas que é preciso travar a seguir. Mas a luta mais urgente é essa. Eu peço a todos os brasileiros e as brasileiras a realizarem o quanto antes seja de esquerda ou de direita, o exemplo dos governadores é um bom exemplo, é preciso tirar esse homem do poder e toda a sua família, e toda a corja de máfia miliciana que está à volta dele e que querem destruir o Brasil. É essa a missão de agora.

Um grande abraço solidário aqui de Portugal.


Brasil tiene dos problemas de salud pública: la pandemia y el presidente Jair Bolsonaro

Boaventura de Sousa Santos

Compañeros y compañeras,

Hablo de Portugal, de mi pueblo, del aislamiento voluntario en el que me encuentro, para enviar dos mensajes muy rápidos. Lo primero es que esta gran crisis humanitaria que estamos viviendo deja en evidencia dos cosas; en primer lugar, la falencia total de los gobiernos de derecha y extrema derecha para salvar vidas en un momento de crisis tan grave porque ponen sus intereses económicos por encima de los de la vida. Ejemplos: Inglaterra, Estados Unidos, India y Brasil. También muestran dos cosas, independientemente de la urgencia: los países menos afectados por la lógica neoliberal del capitalismo salvaje y bárbaro, dispuestos a sacrificar vidas para salvar sus ganancias, resuelven mejor los problemas de la crisis que todos los demás: Singapur, Taiwán y China. Pero Brasil tiene un caso especial porque Brasil no tiene un problema de salud pública, tiene dos problemas de salud pública: la pandemia y el presidente Jair Bolsonaro.

Jair Bolsonaro es obviamente un hombre mentalmente trastornado, un loco que debería salir del poder lo antes posible. Pero su locura no es indiscriminada, su locura sirve a lo que los intereses económicos de las élites brasileñas, que lo pusieron en el poder, quieren seguir teniendo. Es aprovechar esta crisis para destruir toda la lógica de la protección del trabajo y de los trabajadores de Brasil, toda la lógica social, de políticas sociales, aprovechando la crisis para crear un Estado completo de capitalismo totalmente salvaje. Eso es lo que está haciendo.

Pero es cierto que hay luchas importantes y urgentes. La lucha importante es evitar que esta política siga adelante; la lucha urgente es evitar que Bolsonaro permanezca en el poder. Las dos crisis están relacionadas. La pandemia es obviamente importante y es la más importante de todas, pero lo más urgente es que Bolsonaro deje de ser el presidente de Brasil.

Y luego, las fuerzas de izquierda que han estado inquietantemente calladas en este caso, a pesar del “cacerolazo”, es evidente que es muy importante saber que la lucha comienza. Una lucha muy fuerte porque el próximo presidente, en este caso Mourão1, seguramente querrá continuar las políticas de protección de los intereses económicos de la burguesía que pusieron a Bolsonaro en el poder.

Hay que ver una lucha obviamente, hay dos problemas más adelante: un problema económico que es Paulo Guedes y un problema político que es Sergio Moro. Estas son las luchas que se deben combatir a continuación. Pero esta es la pelea más urgente. Pido a todos los brasileños y brasileñas que lo hagan lo antes posible, ya sea de izquierda o de derecha. El ejemplo de los gobernadores es un buen ejemplo, es necesario sacar a este hombre del poder y a toda su familia, y a toda la mafia miliciana que está a su alrededor y que quieren destruir a Brasil. Esa es la misión ahora.

Un gran abrazo solidario desde Portugal.

Fuente: https://www.clacso.org/o-brasil-tem-dois-problemas-de-saude-publica-a-pandemia-e-o-presidente-jair-bolsonaro/

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Una pandemia vista desde Guatemala

Por: Carlos Aldana

En esto no somos europeos, asiáticos o americanos, somos humanos ante un problema común. Estamos en esto todos los seres humanos, el confinamiento es para todos. Pero también la esperanza en un mundo distinto nos pertenece y este es tiempo para construirla.

Todavía son las primeras horas del confinamiento obligatorio en el que vivimos en este país de 15 millones. Las noticias de China, y luego Europa y Estados Unidos, nos fueron alertando y alarmando, pero no lo suficiente para que pudiéramos cambiar el ritmo y la manera de vivir. Sin embargo, ya con seis casos registrados y una persona muerta, la cosa se ha desvelado de manera dramática. Ya el Gobierno ha planteado prohibiciones y esperamos que con eso la contención sea posible.

Los dos casos iniciales fueron de personas provenientes de Italia y de España. Algunos de sus familiares que los acompañaban también están en cuarentena, pero la cosa se pone dramática por el hecho de que la primera persona fallecida era dueño de una fábrica de maquilación textil, la cual se considera foco ahora de una posible expansión exponencial en el territorio nacional.

Me parece que, en una reflexión ligera, existe una ventaja y una desventaja para países como los latinoamericanos, sobre todo, aquellos que todavía sus cifras de infectados no son tan alarmantes. La ventaja es que después de la difusión de noticias angustiantes de Asia y de países tan cercanos y queridos para nosotros, como España e Italia, la situación ya nos tenía en alerta. Tampoco es comparable el flujo turístico nuestro con el europeo, aunque en Guatemala somos un país de flujos migratorios forzados, porque estamos entre México y Honduras y esa es otra realidad que tampoco podemos desatender. Aunque su origen oficial está en China, para Guatemala el conavirus vino de Europa. Y eso es distinto a que de aquí hubiera ido para allá.

Esta supuesta ventaja hizo que los gobiernos, de una u otra manera, fueran preparándose para la emergencia. Aunque no pudo evitarse el desabastecimiento, el frenesí por comprar, la neurosis colectiva expresada en largas colas para comprar papel higiénico (como se había empezado a ver en la televisión proveniente de Estados Unidos).

Por otro lado, los países latinoamericanos en general tenemos una desventaja: nuestras condiciones estructurales. La precariedad en los sistemas de salud hace que cualquier emergencia se convierta en una situación extremadamente dramática. Una pandemia como esta nos puede arrasar de maneras insospechadas. En Italia el sistema de salud vivió colapso por este conavid 19. Algo un poco menor en países como los nuestros, se convierte en una tragedia de tamaño monstruoso.

Y aunque no parece el momento más adecuado para recordar viejas condiciones estructurales, me parece que tampoco es momento para olvidarlas completamente. El empobrecimiento agudo de grandes segmentos poblaciones en Guatemala, junto a la precariedad en salud y en educación, así como el enorme desempleo de miles y miles de jóvenes, son factores que no pueden quedarse olvidados. Tienen que tomarse en cuenta en este preciso momento, porque la pobreza mata muchísimo más que cualquier virus y porque después de que este conavid 19 sea dejado de lado, la pobreza y la exclusión seguirán haciendo de la suyas, en silencio, sin focos de medios de prensa, sin alarmas, sin llamados a la unidad, sin acciones internacionales.

Creo que, aunque un virus parece un elemento de la naturaleza, y esta pandemia parece que nos hace olvidarnos de sus autores y verdaderos responsables, no podemos dejar de lado que quizá nunca sabremos plenamente quién o quiénes lo crearon, y por qué o para qué lo diseminaron. O a quién se le salió del control. Los portadores individuales, sobre todo cuando tenían conocimiento de la situación, fueron claramente responsables, no así quienes no sabían nada de lo que pasaba. Pero los auténticos responsables, aquellos que por el control del poder en el mundo hacen y deshacen (sin importar la vida y la dignidad), seguirán en la sombra y sin ser señalados contundentemente.

En esto no somos europeos, asiáticos o americanos, somos humanos ante un problema común. Estamos en esto todos los seres humanos, el confinamiento es para todos. Pero también la esperanza en un mundo distinto nos pertenece y este es tiempo para construirla.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/03/19/una-pandemia-vista-desde-guatemala/

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Ojos que no ven… Las 10 crisis humanitarias de las que menos se habla

Redacción: el País

En 2019, la foto de un huevo fue la imagen que más likes (me gusta) recibió en Instagram. Más de 54 millones de personas le dieron al corazoncito de la publicación en la red social, tres más que los 51 millones que viven en los países que sufren las 10 crisis humanitarias más ignoradas. Fuera de los focos. Lo denuncia la ONG internacional CARE en su informe anual Sufriendo en Silencio que destaca además que seis de ellas ya habían aparecido en esta lista del olvido colectivo al menos dos veces en los últimos tres años. Y nueve están en África.

«Estamos viendo un creciente vínculo entre los efectos del cambio climático causado por el ser humano y la duración y complejidad de las crisis humanitarias», agrega la experta. Y cuanto más largas son, menos interés suscitan en los medios de comunicación, explican los autores del informe. Para Austin «es alentador» que cada vez se preste más atención a la crisis climática mundial. Pero matiza que es fundamental garantizar que el debate sobre sus efectos «no se limite al Norte y las necesarias transformaciones allí».

«Es sorprendente lo poco que los medios informan sobre el sufrimiento humano relacionado con el calentamiento global en el Sur, la falta de acción política para abordar esta injusticia y las soluciones aplicadas para aliviar la carga para las comunidades», lamenta. Esto se traduce en menos conciencia pública y también menos fondos para ayudar a las víctimas, advierte la ONG.

Estas son las 10 crisis humanitarias más olvidadas en 2019.

1. Madagascar: hambre y olvido

Este país es rico en biodiversidad e incluso una saga de películas lleva su nombre. Pero a finales de 2019, vivían en esta gran isla más de 2,6 millones de personas afectadas por el impacto de la sequía y más de 916.000 en necesidad inmediata de asistencia alimentaria, según CARE. El país tiene la cuarta tasa más elevada a nivel mundial de desnutrición crónica, que padece uno de cada dos niños menores de cinco. Además, tres cuartas partes de la población es extremadamente pobre, es decir, vive con menos de 1,9 dólares al día.

Con un 80% de la población dependiente de la agricultura, la sequía es un problema generalizado pero que afecta especialmente a las mujeres y los niños. Las primeras son las encargadas de la alimentación familiar y de llevar agua al hogar; los críos son más vulnerables a la falta de alimentos y contraer enfermedades. Celestine lo sabe bien. Su caso es uno de los que recoge el informe de CARE. Esta viuda y madre de siete hijos solía caminar nueve kilómetros hasta el pozo más cercano, pero algunos días no podía. «Fue entonces cuando los niños bebieron agua del río y enfermaron», le contó a los trabajadores de la ONG.

Incluso en años sin sequía, el acceso al agua potable es uno de los principales desafíos para los habitantes del sur de Madagascar. La aldea de Celestine formó parte de un programa de esta organización para la purificación de agua. «Ahora recibe 20 litros de agua potable todos los días. No es mucho, pero es un comienzo», escriben los autores del informe.

2. República Centroafricana: conflicto en el corazón de África

Hoy si naces en República Centroafricana tienes 2.500% más de posibilidades más de morir en tus primeros cinco años de vida, que si lo haces en Cuba. Son los dos países que representan los extremos de mortalidad infantil, según un extenso estudio que publicó Nature el pasado octubre. En caso de sobrevivir, la existencia no será fácil. El conflicto en que está sumido el país desde finales de 2013 ha empujado a uno de cada cuatro centroafricanos a huir de sus hogares, denuncia CARE. Más de 600.000 personas están desplazadas dentro del país y casi 594.000 han buscado refugio en los países vecinos. Además, 1,8 millones de personas se enfrentan a grave inseguridad alimentaria, lo que representa al 41% de la población.

«Podemos comer solo una vez al día, generalmente comemos arroz o mijo. Durante la temporada de lluvias tratamos de cultivar algunos vegetales, pero nunca es suficiente para todos nosotros. Sé que tendrá efectos en el desarrollo de los niños. ¿Pero qué debemos hacer?», le dijo Khadiya, de nueve años y responsable de su hermano de ocho meses, a los trabajadores de CARE en Chad, donde vive refugiada. 

3. Zambia: en primera línea del cambio climático

La sequía obligó a Moono y a su esposo a tomar decisiones difíciles. Tuvieron que sacar a sus hijos de la escuela y vender todo su ganado. De lo contrario, no podrían comprar comida. «Antes de la sequía, producíamos suficientes alimentos para comer y nos quedaban sobras para vender, incluyendo maíz, sorgo y vegetales», explicó la mujer al personal de la organización, que ha incluido su historia en el informe para ponerle un rostro al hambre en Zambia.  Nada creció la última temporada. «Ahora incluso estamos comiendo raíces y frutas silvestres», dijo. Toda la familia busca desesperadamente agua y comida. Cuanto más dura la temporada seca, más largas son las distancias que tienen que recorrer para encontrar ambos. «Tenemos una comida al día ahora y no sobra», contó ella. «No sabemos qué haremos hasta la próxima cosecha. Eso no es hasta abril».

A principios de año, para muchos medios y sus audiencias, la sequía en Zambia comenzó a ser algo real cuando supieron del riesgo de que las cataratas Victoria se secasen

Historias como las de Moono son para CARE la mejor prueba de que en Zambia, los efectos del cambio climático son innegables. Unos 2,3 millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente como resultado de la recurrente falta de lluvias. «La inseguridad alimentaria relacionada con los fenómenos meteorológicos extremos, las plagas o epidemias no son nada nuevo para los países del sur de África, sin embargo las temperaturas en la región están aumentando casi el doble de la media mundial», alerta la ONG.

Quizá, en la clasificación del olvido de CARE sobre 2020, este país baje posiciones. A principios de año, para muchos medios y sus audiencias, la sequía en Zambia comenzó a ser algo real cuando supieron del riesgo de que las cataratas Victoria se secasen.

4. Burundi: la inestabilidad que alimenta la crisis

«Con una prolongada inseguridad política, los altos niveles de pobreza y significativos motivos de preocupación en materia de Derechos Humanos, la situación humanitaria en Burundi sigue siendo frágil», advierten los autores del documento. Según la ONG, los desastres naturales, los movimientos de población, las epidemias de malaria y el riesgo de que el ébola llegue al país se suman a una situación ya de por sí precaria. 1,7 millones de personas, algo más del 15% de la población, tienen problemas para alimentar a sus familias.

Ojos que no ven...

Una de ellas es Consolate, madre de seis hijos. “Mi hija Irene estaba enferma, perdió peso y no creció como sus hermanos y hermanas desde que tenía tres años. Su cuerpo comenzó a hincharse, su piel rezuma con infecciones graves. Estaba tan preocupada al ver la desnutrición de Irene que pensé que también tendría presión arterial alta y moriría», explicó la mujer a CARE, que le prestó ayuda.

5. Eritrea: huyendo de la sequía y la represión

La plaga de langostas que está arrasando África oriental ha llegado a Eritrea. Esto empeorará la ya de por sí deficiente situación alimentaria en el país. Invisible y silencionsamente, la sequía en 2019 sucedió a un 2018 más seco de lo normal. Resultado: pérdida de cosechas y más hambre. «La producción nacional de alimentos es incapaz de satisfacer las necesidades de la población: las estimaciones sugieren que una buena temporada agrícola solo puede producir el 60-70% de lo que requiere el país; un mal año solo del 20-30%», indica el informe de CARE. 

La falta de alimentos no hizo tanto ruido como los insectos y Eritrea se ha quedado en la quinta posición de los 10 países en situación de crisis humanitaria más olvidados de 2019. Con ello, permanecen sin voz los más vulnerables de este país: los nómadas y la población femenina. «En Eritrea, las mujeres y las niñas están expuestas a graves riesgos. El matrimonio infantil sigue siendo común en muchas comunidades conservadoras, lo que hace que las niñas se conviertan en madres a una edad muy temprana. Esto les priva de la oportunidad de ir a la escuela y vivir una vida autodeterminada e independiente. Además, la mutilación genital femenina sigue siendo una práctica generalizada a pesar de que es formalmente ilegal», escriben los autores del documento.

6. Corea del Norte: hambre detrás de las puertas de cerradas

Corea del Norte no ha estado ausente de los medios de comunicación, pero casi siempre por cuestiones de geopolítica: reuniones con Trump, diálogo nuclear, tensiones con Japón… Incluso fue noticia la difusión de una fotografía de su líder, Kim Jong-un, montado sobre un caballo blanco.

Menos atención se le prestó a la crisis cotidiana que viven muchos de sus habitantes puertas adentro, denuncia CARE. «La ONU estima que unos 10,9 millones de personas necesitan asistencia humanitaria para cubrir sus necesidades alimentarias, de salud, agua, saneamiento e higiene. Alrededor del 43% de la población está desnutrida ya que la producción agrícola del país no cubre sus necesidades debido a la falta de equipos modernos, a lo que se suman olas de calor, sequías e inundaciones. Además, el 40% no tiene acceso a agua potable y muchos carecen de instalaciones de saneamiento seguro», enumera la ONG.

7. Kenia: atrapados entre sequías e inundaciones

Más de 1,1 millones de personas viven sin acceso regular a alimentos y más de 500.000 niños menores de cinco años necesitan tratamiento por desnutrición. Las continuadas condiciones de sequía en todo Kenia han llevado al deterioro de la productividad tanto del ganado como de las cosechas, una subida de los precios y una disminución del agua. La producción agrícola se ha reducido a la mitad, según las estimaciones. Además, cuando no llueve demasiado poco, llueve en exceso.

8. Burkina Faso: una catástrofe humaitaria silenciosa

«Burkina Faso lleva años sumido en una enconada inestabilidad política resultado de los desafíos de seguridad, un vacío de poder, la débil gobernanza y la presencia de grupos armados», analizan los expertos de CARE. Además, el país es extremadamente pobre y padece graves niveles de desigualdad económica y déficits agrícolas, principalmente debido a la inseguridad.

Todo ello ha provocado el desplazamiento de más de 486.000 personas. Y las zonas afectadas por la violencia muestran altos niveles de inseguridad alimentaria y desnutrición. «Para empeorar las cosas, casi 2.000 escuelas no pudieron reabrir, se cerraron 71 centros de salud y 75 proporcionan solo servicios limitados. Esto afecta a más de 880.000 personas», enumeran los autores del informe. En total, alrededor de 1,5 millones de personas en el país necesitaban ayuda humanitaria —protección, asistencia alimentaria y de medios de vida— en 2019. Y se espera que este número aumente a 2.2 millones en 2020, avanzan.

Djenaba Diallo, de 60 años y nativa de Sagou, es una de esas personas que necesitaron asistencia para sobrevivir. A principios de 2019 se fue a vivir a un campamento cuando tuvo que huir de su pueblo después de un ataque en el que dos de sus hijos fueron asesinados. Ahora, vive con sus seis hijas, un hijo y 40 de sus nietos. «Afortunadamente, Djenaba poseía más de 50 cabras y ovejas. Gracias a este ganado, pudo vender leche para ganarse la vida», relata la ONG CARE en el informe. «Pero perdí todo lo demás durante el ataque y todavía tengo miembros de la familia que están en el monte con su ganado», dijo ella. “Habían ido a alimentarlos cuando fuimos atacados y no sabemos dónde están. Nos preocupamos por ellos». El mayor deseo de Djenaba es reunirse con todos los miembros de su familia y volver a la paz. Y quiere lo básico: comida y mejor refugio. “Hay casi 50 personas en mi tienda, esto no nos permite vivir bien y podemos infectarnos fácilmente con enfermedades. Necesitamos ayuda».

Con todo, dos importantes noticias llegaron a copar grandes titulares. Por un lado, la comunidad LGTBI pudo celebrar por primera vez un desfile en Burkina Faso para elegir su Miss y Mister Burkina. Y por otro, un pueblo de este país será escenario de una investigación que podría ser clave para erradicar la malaria que mata cada año a 400.000 personas en el mundo.

9. Etiopía: un círculo vicioso de desastres, hambre y desplazamientos

Etiopía es uno de esos países que menos contribuye al cambio climático y más lo sufre. Las lluvias son impredecibles y las sequías recurrentes. «Si bien el país contribuye solo con un 0,27% a las emisiones globales, sufre extremadamente el impacto de la crisis climática», se lee en el informe de CARE. Como resultado, unos 7,9 millones de personas sufren desnutrición. Un problema con nombre y apellidos.

Amina Ame Usman no ha cosechado nada esta temporada. «El suelo es fértil, pero el problema es la escasez de agua», recoge su testimonio el la ONG. «Ahora, no tenemos nada». Amina, una madre viuda de seis hijos, dependía del sorgo (un cereal) para alimentar a sus hijos. Debido a la sequía, que ha afectado en gran medida a la parte oriental de Etiopía durante los últimos seis años, la familia de Amina ha estado luchando. Sin los ingresos suplementarios de su cosecha, Amina ni siquiera ha podido comprar productos básicos como jabón o medicamentos para su familia. Por eso, recibe raciones de alimentos de CARE.

10. Cuenca del Lago Chad

Algunas crónicas han contado la desaparición del lago Chad que en 1963 se extendía 26.000 kilómetros cuadrados y hoy no llega a los 1.500 dividido en dos cubetas. Una reducción de algo más del 90%. En la práctica, para los pescadores significa menos peces y más pequeños. Esta merma de alimentos se suma a otras crisis superpuestas que convierten a esta zona del mundo en una tormenta humanitaria perfecta. «10 años de conflicto y violencia, pobreza, hambre, desplazamiento y la disminución del nivel de agua del lago han provocado que casi 10 millones de personas necesiten asistencia humanitaria», indica el estudio de CARE.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/01/29/planeta_futuro/1580308811_562711.html

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