América del Norte / EEUU / 28 de agosto de 2016 / Por: Carolyn Thompsona ssociated Press
Dos golpes con una paleta de madera en la oficina del director fue el precio que Kaley Zacher, de 11 años, pagó por ignorar advertencias sobre rezagarse con sus tareas escolares.
Reglas son reglas, dijo su madre, Kimberly Zacher, de Dexter, así que ¿por qué el castigo tendría que ser diferente que en casa cuando su niña es desobediente?.
«Lo que inculcamos a nuestros niños es que cuando quebrantas las reglas hay un castigo, que tienes que sufrir las consecuencias», dijo. «No hay por qué tener dos reglas diferentes».
Aunque el castigo corporal en las escuelas estadounidenses ha declinado en décadas recientes, las nalgadas todavía están en las regulaciones de 19 estados, pese a que el departamento federal de Educación ha hecho llamados a cesar la disciplina física, que afecta desproporcionalmente a estudiantes discapacitados y de minorías étnicas.
«Sabemos que el uso de castigo corporal tiende a estar entrelazado con otros factores, como la raza del niño o el estatus de discapacidad», dijo la subsecretaria Tany Clay House en un comunicado.
Es dos veces más probable que los niños negros sean castigados físicamente en comparación con los blancos, y casi ocho veces más probable en comparación con los menores hispanos, de acuerdo con un reporte del 2014 del Fondo de Defensa de Niños, que analizó información del Departamento de Educación federal del 2009 al 2010.
Pero en algunas partes del país donde el castigo físico sigue siendo parte de la cultura y tradición, algunos administradores escolares dicen que las nalgadas tienen amplio apoyo de los padres, que ahorra tiempo en comparación con las suspensiones y que tienen pocas razones para abandonar una práctica que data de hace varias generaciones.
«El castigo corporal es una consecuencia inmediata a una acción, y no se pierde tiempo… Es bastante efectivo», dijo Camille Wright, superintendente en Enterprise, Alabama, parte de la región donde el castigo físico todavía es permitido.
El Departamento de Educación, cuyas estadísticas indican que más de 100,000 estudiantes son objeto de castigos corporales cada año, ha estado exhortando a través de una iniciativa, llamada «ReThink Discipline» (Reconsideren la disciplina), a crear ambientes seguros y de apoyo que enfaticen comportamientos positivos.
«El Departamento de Educación cree firmemente que los estados tienen el poder para cambiar», dijo House.
Varias organizaciones médicas y de derechos humanos han pedido que cese esta práctica, la cual califican de inefectiva y potencialmente dañina.
«Uno quiere mantener a los niños en las aulas, pero insinuar que la única manera de mantenerlos allí es golpeándolos con una paleta es absurdo», dijo Dennis Parker, director del Programa de Justicia Racial de la Unión Americana para las Libertades Civiles.
La Foto del 22 de julio del 2016 muestra a Kaley Zacher, enfrente, posando para un retrato al lado de su madre, Kimberly, en Dublin, Georgia. Zacher dio permiso para que Kaley sea castigada con una paleta en la primaria Southwest Laurents, en Georgia. Aunque el castigo corporal en las escuelas estadounidenses ha declinado en décadas recientes, las zurras todavía están en las regulaciones de 19 estados, pese a que el departamento federal de Educación ha hecho llamados a cesar la disciplina física, que afecta desproporcionalmente a estudiantes discapacitados y de minorías étnicas. John BazemoreAP Foto
América del Norte/México/Jaime Armendáriz/El Diario
Chihuahua— A fin de que niños rarámuris conozcan sus derechos, diputadas del Congreso del Estado y una asociación civil emitieron el libro “Derechos Humanos de las Niñas, Niños y Adolescentes” o Sipoli, narrado en rarámuri, y que será repartido de manera gratuita en las próximas semanas.
En él se narra la historia de una niña que explica los derechos de los menores plasmados en leyes y en la propia Constitución Mexicana.
“Desde hace más de un año y medio estuvimos trabajando con este proyecto, y esperamos que sea de gran ayuda para nuestras niñas, niños y adolescentes indígenas”, dijo la diputada Mayra Díaz Guerra, presidenta de la comisión en materia de asuntos indigenistas, y que trabajó con otros entes para lograr la salida de ese cuadernillo.
Asimismo, dijo que la conservación de la identidad cultural de los pueblos es una tarea de todos, de ahí la intención de llevar a cabo este texto, el cual fue posible también por las aportaciones de la diputada Águeda Torres Varela, que falleció a finales del año pasado.
Sipolí, quien representa en el texto a una niña tarahumara que conoce sobre los derechos humanos y los explica en su lengua al resto de los pequeños, se realizó con la traducción de Guadalupe Pérez Holguín, y los conocimientos en Derechos Humanos de Heidi Segovia Luján.
Ventanilla de migración hondureña y guatemalteca. Frontera Aguas Calientes. OI
No es mi intención pelear con quienes comercian con la carne humana en el mortal camino hacia el Norte. Pero, tampoco puedo callar cuando atestiguo en lo cotidiano una sistemática humillación a la dignidad humana en las fronteras abusivas. Mucho más cuando, ese modus operandi es la materialización burda de la infiltración del crimen organizado en el Estado.
Son las 5:30 de la mañana, los dos buses provenientes de Tegucigalpa y de San Pedro Sula, repletos de hondureños, y hondureñas con niños, con destino a los EEUU., acaban de arribar al puesto de control policial del lado de Honduras, en la frontera denominada Aguas Calientes que separa Honduras y Guatemala.
El bus de Tegucigalpa, de la empresa hondureña Sultana, salió a las 21:00 hr. del día anterior con destino final a la frontera Aguas Calientes. El de San Pedro Sula (empresas Congolón y Rutas Orientales), sale a la 1:00 de la mañana, y tiene como destino final la ciudad de Guatemala.
Las particularidades de ambos servicios de transporte son bien conocidos tanto por los migrantes indocumentados, los coyotes, los agentes de migración y policías civiles, al igual que los reiterados escenarios dantescos de humillación casi naturalizados en dicha frontera.
Coyotes y agentes de la policía nacional en contubernio trasquilan a migrantes pelones
Una vez que arribamos al control policial del lado hondureño, caemos directamente a las manos de los agentes policiales. Éstos, sin mediar saludo alguno, nos abordan y nos separan por grupos. “Cubanos por aquí”, “hondureños por allá…”, así nos aglutinan a la orilla de la calle.
Un agente policial joven mira mi pasaporte al revés y al derecho. Luego, me pregunta de dónde es Ud. Cuando le respondo que soy de América del Sur, me dice, con voz fuerte y sin mirarme: “Ud. no tiene permiso”. Al oír esto, su compañero jefe le dice: “A él me lo llevas a la oficina” (un contenedor metálico habilitado donde funciona la oficina). Mientras tanto, otros agentes intimidan a los migrantes en grupos separados.
Yo, me dirijo al agente policial por su apellido (registrado en su placa) y le digo: “…, por favor, páseme el pasaporte, le indico el sello de ingreso al país…”. Le muestro mi tarjeta de residencia y mi credencial de corresponsal de prensa internacional. Entonces, la actitud del policía cambia diametralmente, y con una sonrisa sarcástica, me dice: “Tome sus documentos, véngase conmigo, allá están los buses para que vaya a migraciones”. El resto de viajeros, la mayoría asustados, se queda para el segundo trasquile (el primero ya lo hicieron los coyotes en sus lugares de origen)
El bus que abordo para la oficina de migraciones de Aguas Calientes es pequeño. Mientras espero a que se llene y parta el bus, jóvenes con pantalonetas cortas, tenis y camisetas de ocasión, acompañan un tanto de lejos a hondureños/as asustadas que caminan inseguros con dirección al paso migratorio que se encuentra a un Km. de distancia. Ellos son los coyotes. Algunos no vienen desde Tegucigalpa, ni de San Pedro Sula, son coyotes de contacto (de los principales) o circunstanciales que conviven con los agentes de la policía nacional en la frontera.
Un varón corpulento, casi de mi edad, se sienta a mi lado, y acomoda con voz de mando a los migrantes hondureños en el bus. Ya sobre las ruedas en movimiento me dice: “Colocho estoy para ayudarte en esta frontera”. Le respondo, con una sonrisa.
Metros más arriba, se detiene el bus, y suben los migrantes que pasaron junto con los coyotes minutos antes. El bus avanza rápido, y unos metros antes de llegar a las oficinas de migración, bajan los coyotes con sus presas y se internan presurosos en el matorral para llevarlos por veredas al otro lado de la frontera, y así evitar el paso migratorio. Por este servicio cobran entre 200 a 300 quetzales. Monto que el hondureño no debería pagar porque para entrar o salir de Guatemala no necesitan llevar pasaporte los catrachos (por el convenio de CA4). Pero, la ignorancia y los nervios que generan las fronteras a cuantos nunca salieron de sus aldeas tiene costos elevados.
Sistema del transporte internacional bajo el control de los coyotes
Agente de migración hondureña que devolvió
al bus a los migrantes hondureños sin que se
registrasen en migraciones. OI
El varón corpulento, que minutos antes me dijo que estaba para ayudarme, comienza a cobrar los pasajes dentro del bus: “Son 10 quetzales” (por el tramo de un Km de viaje), indica él.
Y, las temblorosas manos hondureñas, casi a tientas, alcanzan al coyote el desconocido billete extranjero que minutos antes habían cambiado a sumas también arbitrarias.
Cuando llega conmigo, le digo: “El costo de pasaje de este tramo es de 10 Lempiras” (casi la tercera parte al cambio de lo que estaba cobrando). Él se molesta y me increpa: “Si no quieres pagar no pagues”.
Bajo del bus. Pago los 10 Lempiras al conductor, y prosigo hacia las ventanillas migratorias de Honduras y Guatemala que operan en la misma oficina.
Aún no ha terminado de aclarar el día. En la fila, delante de mí, hay como unas 30 personas. La mayoría del bus Congolón que salió de San Pedro Sula, con destino a Guatemala. Sólo se ve en la fila temerosos rostros hondureños. Los seis u ocho cubanos que venían, ya no están.
El coyote que se enfadó conmigo en el bus, nervioso se mueve en pláticas con los migrantes y oficiales de migraciones, fuera y dentro de la única oficina migratoria. Prácticamente indica lo que tienen que hacer los agentes de migración dentro de la oficina.
El ambiente es tenso. La fila no avanza. Está anunciado que los maestros bloquearán caminos en el lado de la frontera de Guatemala desde las 7:00 am. Si el bus principal no logra pasar antes del inicio de la acción de protesta, les alcanzará el cambio de turno de la policía nacional en el lado de Guatemala. Y, esto no está presupuestado en el negocio que tiene el coyote con la policía de turno nocturno, ni con el conductor del bus.
Un coyote que manda fuera y dentro de la oficina de migraciones
Coyote agiliza los trámites dentro de la oficina de migraciones.
Frontera Aguas Calientes. OI
Al final, un agente de migraciones de honduras, luego de pláticas con el coyote y el agente de turno en la ventanilla de Guatemala, indica a los que están haciendo fila delante de mío: “No hay sistema, suban al bus”. La gente se mueve. Pero, hay como dos mujeres que llevan niños (ellas son las mejores presas que cualquier coyote desea encontrarse en la frontera. La lana que trasquilan siempre son gruesas en estos casos). Ellas son demasiado evidente para transitar por la frontera sin que los agentes de la policía nacional civil no haga ademán de revisión de sus documentos.
El coyote se da cuenta que tomo fotografías con mi equipo de celular. Me increpa, esta vez, con amenazas. Se suma el ayudante del bus. Les muestro mi tarjeta de prensa. El ayudante del bus desaparece. Pero, el coyote continúa increpándome cerca de la ventanilla. El agente en la ventanilla de Guatemala se da cuenta de lo que me estoy dando cuenta, agiliza con el estampado del sello de ingreso en mi pasaporte y me lo devuelve. Sí había sistema.
Ya en el lado de Guatemala, el bus estacionado espera a las mujeres con hijos que tiene que llevar hasta la siguiente ciudad próxima, Esquipulas, pero el coyote demora en negociar con los agentes dentro de la oficina de migraciones.
La policía nacional civil mira a los coyotes y a los mojados pasar, pero no los ve
Vista de la frontera Aguas Calientes,
desde el lado de Guatemala. OI
A unos cinco metros de distancia del bus de los “mojados”, hay un joven agente de la policía nacional civil de Guatemala haciendo ademán de controlar a los transeúntes mañaneros. Me acerco y le pregunto: ¿Por qué no pasaron por migraciones todos los pasajeros de ese bus? Con cara de sorprendido me dice: “Sí vi que bajaron”. Le digo, “bajaron, pero los devolvieron al bus indicando que no había sistema de computación. Yo estuve con ellos en la fila”. Contrariado me responde y se aleja: “No es nuestra tarea controlar eso”.
En una ocasión anterior, en el mismo puesto policial, un agente de turno cobró 50 quetzales a dos hondureños que ingresaban a Guatemala sin portar ningún documento. Generalmente, entre Aguas Calientes y la ciudad de Esquipulas, un tramo de 12 km, durante el día existen hasta tres retenes policiales. Pero, los nocturnos buses que transportan migrantes “mojados”, bajo la dirección de los coyotes, no pasan revisión alguna.
El pasado año, cuando aún las oficinas de migraciones de Honduras y de Guatemala operaban en lugares separados, un agente de migraciones, en el pasillo del lado migratorio de Guatemala, se molestó conmigo cuando me vio con la cámara fotográfica. Igual, era a la hora del paso “sigiloso” de los “mojados” por esa frontera. En ese entonces, cuando le mostré mi carnet de prensa, se disculpó en el momento, y tuvo la preocupación de alcanzarme andando hasta la parada de taxis para darme la siguiente explicación: “Nosotros no recibimos nada. Es la policía de Honduras y de este lado quienes cobran mil quetzales cada uno a los coyotes para que pasen los indocumentados por aquí”. Yo sólo lo escuché su mea culpa, pero tampoco escribí al respecto.
No es mi intención pelear con quienes comercian con la carne humana en el mortal camino hacia el Norte. Pero, tampoco puedo callar cuando atestiguo en lo cotidiano una sistemática humillación a la dignidad humana en las fronteras abusivas. Mucho más cuando, ese modus operandi es la materialización burda de la infiltración del crimen organizado en el Estado.
Bajo la estatua del Buda que destruyeron los talibanes aún viven miles de familias. Baktay, una niña afgana de seis años, es incitada a ir a la escuela por el hijo de sus vecinos, que lee los alfabetos frente a su cueva. El problema inicial es que Baktay no tiene cuaderno ni lápiz. Para el cuaderno debe buscarse la vida, como lápiz, decide llevar el pintalabios de su madre, lo que provoca que unos niños, que juegan a ser talibanes, decidan apedrearla. Los niños de la aldea juegan a la guerra con ramas que hacen pasar por fusiles y cometas que representan cazas de combate. Pero no todo es de pega: en este juego, las piedras son de verdad. Cuando atrapan a Baktay, ya tienen a otras tres niñas encerradas en una cueva. Los motivos para retenerlas varían entre que opinan que una niña no debería ir a la escuela o que las pequeñas tienen los ojos demasiado bonitos. Reflejan la sociedad violenta en que viven sus mayores.
Buda explotó por vergüenza. Buda az sharm foru rikht/Buddha Collapsed out of Shame
Los debates favorecen un diálogo constructivo sobre los asuntos de derechos humanos. Es un valioso medio de impartir educación en derechos humanos, ya que pueden cambiar de manera esencial la manera de enfocar un asunto. Consulta nuestra guía para educadores sobre cómo organizar un debate de derechos humanos en cinco pasos, basado en la colección de debates nacionales de Kenia.
Participar en un debate requiere conocer en profundidad los distintos argumentos sobre un asunto. Pero además, un debate afecta personalmente a quienes participan en el proceso. “Ganar el debate me cambió profundamente”, nos cuenta Nyambura Karumba, participante en el Debate Interuniversitario sobre Derechos Humanos organizado en 2014 por Amnistía Internacional Kenia y el Consorcio de Estudiantes por la Defensa de los Derechos Humanos (SCOHRA, por sus siglas en inglés). Uno de los puntos de inflexión para Nyambura fue darse cuenta, mientras presentaba sus argumentos en contra de la legalización de la tortura, de que estaba hablando de vidas humanas. “Cuando se empieza a hablar de los seres humanos como si fueran animales, sabes que algo no funciona.”
Ganar el debate me cambió profundamente.
Desde la perspectiva del organizador, el reto está en organizar un acto atrayente y accesible, para que tenga un impacto significativo e inclusivo. “Cuando invitas a alguien a asistir a un debate normalmente creen que es un proceso intelectual”, afirma Charles Nyukuri, responsable de Crecimiento y Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional Kenia, quien participa en la organización de debates en la región. Una de las metodologías más creativas, el llamado “teatro debate”, combina ambas cosas, lo cual es eficaz para conseguir una participación más amplia.
Respecto al Debate Interuniversitario sobre Derechos Humanos que celebran anualmente las universidades kenianas, hay cinco pasos básicos que garantizan su éxito:
1. Promover la participación
El primer paso es convocar la presentación de solicitudes en todas las universidades y escuelas universitarias de la región en la que ustedes van a organizar el debate. Esta fase conlleva publicitar el evento usando diversos canales de comunicación, incluidos carteles, radio y televisión y medios sociales. “Hay tantas universidades en Kenia que lo difícil es llegar a todas”, dice Charles.
En la convocatoria de presentación de solicitudes se anima a los estudiantes a expresar su interés por debatir, o a participar en calidad de otra cosa, como representantes regionales, jefes de equipo o jueces. Los estudiantes tienen que redactar un documento sobre el tema de debate, lo que, aparte de ayudarles a centrar sus argumentos, garantiza su buena preparación.
2. Preparar a educadores regionales
En Kenia las universidades se dividen en distintas categorías basadas en su región geográfica. Cada región tiene asignado un facilitador, que se encarga de fomentar la capacidad de los participantes y familiarizarlos con las modalidades y el formato del debate. Si los facilitadores regionales reciben la preparación adecuada, ellos a su vez podrán preparar a otros estudiantes en su región.
3. Preparar a los estudiantes en el campus universitario
Tras su preparación, los facilitadores regionales organizan talleres universitarios para que los estudiantes se familiaricen con el proceso de debate. En Kenia, el torneo interuniversitario de debate sigue el modelo del sistema parlamentario británico y del sistema de debate keniano(Mjadala). Por tanto, en los talleres se instruye a los estudiantes en los roles y el esquema del debate, lo que incluye conceptos como la oposición oficial, moción de orden, refutaciones, contrainterrogatorio y mociones de información, para que todos los participantes lleguen al día final en condiciones de igualdad.
4. Debates regionales
El cuarto paso es celebrar un debate regional en el que todas las personas interesadas en participar puedan competir. Estos actos constituyen una fase clasificatoria de los participantes de la región, y en ellos se decide quién llegará a las finales del debate.
5. La final del debate y música para concluir
La final del debate se desarrolla a lo largo de dos días. El primer día tiene lugar la fase preliminar, en el que a los participantes se les asigna un equipo de jueces y un tema concreto de debate. A los participantes no se les comunica el tema específico hasta que entran en la sala, aunque siempre está relacionado con el tema general de debate. Algunos de los temas debatidos en el pasado fueron: derechos de las personas refugiadas, la tortura y la seguridad nacional, la pobreza y el derecho a la vivienda.
Los ganadores son proclamados al día siguiente, y a última hora de la tarde se celebra un concierto llamado Jamnesty , en el que se anima a los participantes a relajarse e “improvisar con Amnistía” (Jam With Amnesty). Las actuaciones combinan las expresiones creativas y el talento artístico de los estudiantes con los de los artistas locales, a los que se anima a comprometerse con el tema de debate.
El día en que son anunciados los nombres de los ganadores, el acto culmina en un encendido debate con la participación de distinguidas personalidades y organizaciones invitadas. El año pasado participaron miembros de la Red Keniana de Refugiados, la agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y otras organizaciones que trabajan sobre derechos de los refugiados.
“Traer a alguien con autoridad para hablar del tema ayuda a los alumnos a comprenderlo desde un punto de vista profesional”, comenta Charles. También les permite tener ocasión de oír el relato de casos particulares. Por ejemplo, en el debate interuniversitario de 2016, tres sobrevivientes de tortura compartieron su experiencia con la audiencia.
El concurso de debates sobre derechos humanos, que ya ha entrado en su cuarto año, ha visto crecer su participación, de 300 estudiantes procedentes de 15 universidades hasta más de 1.000 estudiantes de 21 universidades de Kenia. También se organizan debates regionales, celebrados con mayor asiduidad en el año. De hecho, Charles asistió a un debate regional sobre brutalidad policial en Kenia a los pocos días de haber hablado con nosotros. El formato incluía representaciones habladas y recitales de poesía, ambos relacionados con el tema de debate “para que, cuando lleguemos al debate, el público ya esté implicado”, explica Charles.
El grupo tricantino de Amnistía Internacional ha hecho balance de la campaña de visitas a institutos de Tres Cantos y Colmenar Viejo en las que mediante talleres dinámicos han trabajado en temas de discriminación, acoso escolar, libertad de expresión, derechos de las personas migrantes o violencia de género.
La actividad se titula «Neuronízate», y se hace desde hace 5 años entre Amnistía Internacional y la Asociación Juvenil 3Cantos, aunque los dos primeros años también participó Cruz Roja Juventud. Su objetivo es sensibilizar sobre los Derechos Humanos directamente en el aula mediante talleres a chicos y chicas de 3º ó 4º de la ESO (la foto adjunta corresponde a un taller realizado este año). La quinta edición de esta iniciativa terminó al final del curso educativo 2015-16.
Los responsables de la actividad, en la que también participa el grupo de Amnistía Internacional de la UAM, señalan que en el alumnado, han encontrado «mucho interés y participación. No suelen conocer los temas que trabajamos, pero se asombran de las realidades que contamos, y, por supuesto, se indignan ante las injusticias».
Cartas para dos presos políticos en Marruecos
La Responsable de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional Tres Cantos, Carmen Mínguez, explica que la temática de las sesiones varía a lo largo del curso escolar. Por ejemplo, las alumnas y alumnos del IES Ángel Corella conocieron el caso de dos personas encarceladas en Marruecos cuyos casos han sido denunciados por la entidad debido a vulnerarse sus derechos. Amnistía invitó a los alumnos a escribir cartas de apoyo a los dos presos políticos.
En alguna de estas misivas se pueden leer frases como las siguientes: «En un mundo como el de hoy, la gente como tú debería seguir así porque sois los únicos que hacéis ver la realidad…», o «Seguro que tienes muchos apoyos fuera, más de los que te imaginas…»
Mínguez explica que «estas cartas son pequeñas muestras de lo que los jóvenes sienten y expresan cuando conocen la realidad de personas que han perdido su libertad injustamente. Muchas veces no se decidirán a escribir cartas, pero hemos sembrado una semilla que puede crecer e irse nutriendo de otras fuentes para transformarse en este deseo de un mundo más justo».
Amnistía Internacional Tres Cantos ha destacado que desde el principio ha encontrado «una receptividad muy grande entre el profesorado para esta iniciativa. Tanto desde la Dirección como desde la Jefatura de Estudios o el Departamento de Orientación hacen un verdadero esfuerzo por ajustar clases y horarios de tutorías para facilitar nuestra participación, tarea nada sencilla con los horarios tan complicados que suelen tener».
Fomentar el desarrollo de los jóvenes.
El objetivo de la actividad, de la que se espera hacer una sexta edición para el curso educativo 2016-17, es «fomentar el espíritu crítico y que los alumnos consideren la importancia de involucrarse en mejorar un mundo que muchas veces no les gusta. El trabajo en el aula sobre Derechos Humanos es fundamental para el desarrollo integral de los jóvenes como ciudadanos y como personas»
El pensamiento de Iván Illich (1926-2002) sigue suscitando pensamiento. Tan es así que la Universidad Autónoma de Morelos, México, con el invaluable apoyo de Jean Robert (amigo y discípulo de Illich en Cuernavaca), ha organizado un encuentro internacional el 30 y 31 de agosto y el 1 y 2 de septiembre.
Al llamado a seguir pensando juntos han respondido pensadores europeos, norteamericanos, mexicanos y de otras partes quienes expondrán sus investigaciones y cuestionamientos en torno a diversos temas relacionados con aquello que motivaba e interrogaba al pensador de origen vienés: la crítica a las instituciones, a la modernidad, al pensamiento unívoco, a la destrucción de lo vernáculo, a la tecnologización del mundo, a la pérdida de los sentidos.
Iván Illich abrió gran brecha en los años setenta por su cuestionamiento de certezas que para los “modernos” son axiomáticas, por ejemplo la bondad de la escuela obligatoria, de los servicios de salud, de los avances tecnológicos… Algunos libros, que posteriormente él mismo calificó como panfletos, pero cuyo contenido no desconoció en relación con obras suyas que tenían apoyos documentales más consistentes, fueron La sociedad desescolarizada (1971), La convivencialidad (1973), Energía y equidad (1974), La némesis médica (1975), Educación sin escuelas (1976)… Estos textos le dieron una gran visibilidad en el mundo de la crítica al pensamiento tecnocrático todopoderoso. Así mismo la lucidez con la que señaló “la institucionalización” de la Iglesia lo llevó a un juicio en Roma que, a pesar de haber ganado, le hizo abandonar el ejercicio del sacerdocio.
Uno de los fundamentos de su pensamiento en cuanto historiador era ver el presente “en el espejo del pasado”. El presente de nuestras sociedades globales es una construcción histórica, mental y de actitudes sujeta a una evaluación que pocos son capaces de realizar por una especie de ceguera epistémica. Por ello, su búsqueda consistía, en gran medida, en estudiar y mostrar la etiología de ciertas instituciones, averiguar el cómo y el porqué de su formación para percibir el para qué.
Además de sus libros, el alcance de la crítica illichiana, que no carece ciertamente de predecesores que el mismo autor reconoce, se dio por la fundación del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en Cuernavaca, en los mismos años setenta. A este Centro llegaban los misioneros estadounidenses a los que se les quería dar una formación para evangelizar América Latina. Illich percibió cómo a partir de la evangelización se podían también introducir formas de ver el mundo que no eran inocentes, por ello el CIDOC se transformó en un lugar de diálogo y reflexión crítica de los presupuestos invisibles de los evangelizadores.
Termino mencionando a algunos de los ponentes invitados a este Seminario: Bill Arney, David Barkin, Humberto Beck, Marite Breton, David Cayley, Daniel Cérezuelle, Julien Demade, Barbara Duden, Jean-Pierre Dupuy, Martina Kaller, Sylvia Marcos, Carl Mitcham, Thierry Paquot, Jean Robert, Javier Sicilia, Miguel Valencia, Étienne Verne, Verónica Villa…
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés y la Ley de Víctimas, que se investigue el caso de Ayotzinapa, que trabajemos por un Nuevo Constituyente, que Aristegui y su equipo recuperen su espacio, y que se dialogue a fondo con los maestros.
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