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Puerto Rico: Educación ignora querellas de acoso laboral de maestros

Centro América/ Puerto Rico/ 06.11.2018/ Fuente: www.noticel.com.

Así lo denunciaron hoy la Federación de Maestros de Puerto Rico (FMPR) quienes además acusaron al DE y a su secretaria, Julia Keleher, de ser cómplice de los actos por no ejercer autoridad para detenerlos.Las querellas por acoso laboral que han radicado varios maestros en la isla contra directores y funcionarios abusivos han sido desatendidas por el Departamento de Educación (DE).

«Con su inacción la agencia ha mantenido indefinidamente las condiciones abusivas a la que son sometidos los educadores y se ha hecho cómplice del maltrato. No ha respetado los mecanismos que provee el proceso de quejas y agravios y ha abdicado a su deber como patrono de proteger la salud y tranquilidad de sus empleados», señaló la presidenta de la FMPR, Mercedes Martínez Padilla.

No obstante, según el DE, las querellas fueron procesadas por el departamento de Recursos Humanos de la agencia y se encuentran en la división Legal pendiente de investigación.

«Parte del proceso conlleva la notificación del curso de acción  de estos señalamientos, lo cual lo está manejando el área legal de la agencia», expuso el DE en declaraciones escritas.

De igual forma aclararon que las denuncias de acoso deben ser atendidas por las regiones educativas y no por la agencia.

«Los casos de hostigamiento laboral o acoso que no están cobijados por ninguna ley estatal o federal son atendidos por la división legal y no a través del convenio colectivo. Existe un  proceso investigativo para esto», informaron en dichas declaraciones.

Las escuelas identificadas por la FMPR donde se llevan a cabo estas acciones delictivas son: Luis Llorens Torres de Juana Díaz, Arturo Morales Carrión de San Juan, Rafael Martínez Nadal de Guaynabo, Edmundo del Valle de Río Grande, Nicolás Sevilla de Toa Alta  y Luis Muñoz Rivera de Utuado.

Según Martinez Padilla, Keleher tenía conocimiento de las querellas puesto a que el FMPR las entregó directamente a su oficina, “pero no ha hecho nada para detener el comportamiento de directores escolares y funcionarios abusivos”.

De hecho, el pasado 30 de octubre, la presidenta de FMPR le envió a la secretaria un resumen de algunos de los casos con querellas presentadas donde solicitaba que algún funcionario de la Oficina de Convenios Colectivos se comunique con la FMPR para atenderlos y resolverlos.

Fuente de la noticia: https://www.noticel.com/ahora/educacion/educacion-ignora-querellas-de-acoso-laboral-de-maestros/843944431

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Educación sexual Polémica por el embarazo adolescente: en Jujuy dos ministerios manejan cifras distintas

Por: Mariana Iglesias. 

Desde Salud provincial desmintieron a una funcionaria de Educación que dio a conocer el caso de una escuela donde habría 30 chicas embarazadas.

Funcionarios del gobierno de Jujuy salieron a desmentir que hubiera 30 alumnas de una misma escuela embarazadas. El dato había sido comunicado por la referente de Educación Sexual Integral del Ministerio de Educación. Entre las explicaciones, desde la provincia dijeron que los ministerios de Salud y Educación manejan estadísticas diferentes. De todas maneras, reconocieron que Jujuy supera la media nacional en embarazos adolescentes.

Clarín publicó el martes que en una escuela de nivel medio de Alto Comedero, un barrio diez kilómetros al sur de San Salvador de Jujuy,había 30 alumnas de entre 12 y 19 años cursando un embarazo. Los funcionarios dijeron que en realidad en el barrio -uno de los más pobres de la provincia- hay 59 adolescentes embarazadas pero que «van a distintas escuelas». Algunas de las niñas embarazadas tienen 10 años.

Antonio Buljubacich, director provincial de Maternidad e Infancia, confirmó a Clarín que la tasa de maternidad adolescente en el Alto Comedero ronda el 20 por ciento. La media de la provincia hoy es de16,2 y la nacional es del 14 por ciento. «Sigue siendo alto el embarazo adolescente en la provincia, pero venimos trabajando para que baje», aseguró el funcionario. Y explicó que en 2015 la tasa en Jujuy era de 19,3y en 2016 de 18.

«Culturalmente hay chicas de aquí que a los 14 y 15 años tienen relaciones consentidas», dice Bulljubacich. Y agrega: «Sabemos por trabajar con UNICEF que en cinco provincias del Norte, el 80 por ciento de los embarazos de menores de 15 años son producto de abusos, la mayoría de sus familias».

Isolda Calsina, ministra de Educación, aclaró que «no son 30 embarazadas sino que la escuela informó 26 en mayo de este año». La mitad de las chicas ya habría dado a luz. Y también aclaró que no es una escuela estatal sino privada, aunque no quiso especificar si es religiosa. Aseguró que se da Educación Sexual Integral en todos los colegios. Y que las cifras de los ministerios de salud y educación difieren «porque ellos miden lo que pasa en los centros de salud y la población no siempre coincide con las escuelas porque muchos alumnos viajan a estudiar a otros lugares distintos de los que viven».

El martes, Patricia Morales, responsable de Educación Sexual Integral (ESI) del Ministerio de Educación de la provincia había asegurado: «Esta escuela tiene 30 chicas, y es el caso más alto, pero hay muchas estudiantes embarazadas en las escuelas«. También dijo que «hay sectores que se oponen a la educación sexual, como los colegios privados religiosos, donde sí hay adoctrinamiento… Y más allá de la presión que está haciendo la Iglesia, tienen que entender que la educación es laica».

Hace poco, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicó el informe “El poder de decidir. Derechos reproductivos y transición demográfica”. Argentina tiene una de las peores tasas de la región: las cifras superan el promedio de América latina y el Caribe, que es 62 nacimientos por cada mil jóvenes. La tasa de fecundidad adolescente nacional por cada mil adolescentes de 15 a 19 años es 65, igual que Perú. En Chile es 41; en Brasil, 62; en Uruguay, 51; en Paraguay, 62.

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/sociedad/polemica-embarazo-adolescente-jujuy-ministerios-manejan-cifras-distintas_0_NCuEA8Pud.html

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Desigualdades inaceptables

Por: Luis Armando González.

La situación actual del país se caracteriza por varias dinámicas no sólo políticas, sino también socio-culturales y medioambientales. En este último rubro, las intensas lluvias que azotan al país –principalmente, aunque no únicamente, en su zona costera— están poniendo en evidencia las críticas condiciones de vulnerabilidad en que viven miles de familias salvadoreñas.

Esas condiciones son un recordatorio hiriente de que en El Salvador existen graves desigualdades de carácter social y económico que no han sido resueltas, y que reclaman urgentemente su atenuación y, por qué no, su erradicación. Esto último exige reformas profundas en el modelo económico y en la forma cómo se distribuye y se concentra la riqueza, lo cual sus beneficiarios directos han logrado sacar del debate público (a partir de una estrategia mediática de largo aliento, que comenzó a operar desde finales de los años ochenta, pero de modo abierto y exitoso desde los años noventa).

Parte de su éxito ha consistido en hacer de los “vicios” del aparato político –la corrupción, en primer lugar, pero también el uso ineficiente los recursos y su carga laboral— el causante de todos los problemas sociales y económicos del país, obviando el papel que el sector empresarial juega, para bien y para mal, en la estructuración de la sociedad.

Cuando los desastres afectan primordialmente a los más pobres, algo anda mal en la estructuración social y económica de la sociedad; y la razón de ello se tiene que buscar en la concentración extremadamente inequitativa de la riqueza, de lo cual se derivan desigualdades inaceptables en seguridad, bienestar e integración social.

El aparato político, en una democracia, debería obrar para que aquella concentración sea disminuida, mediante mecanismos de distribución de la riqueza que generen condiciones de bienestar y seguridad para la mayor parte de la sociedad. Si las desigualdades originadas en la estructura económica no se atacan frontalmente, países como el nuestro siempre condenarán a la mayor parte de sus miembros a vivir indignamente.

Lo anterior repite una lección que Monseñor Oscar Romero dio a la sociedad salvadoreña –a su oligarquía y a sus militares—en los años setenta y hasta el 24 de marzo de 1980. Es una lección que, gracias a las argucias mediáticas de la derecha, ha sido relegada al olvido interesado; y de este olvido son partícipes incluso quienes se dicen seguidores Monseñor Romero.

En el marco del acontecimiento socio-cultural más significativo de la historia reciente de El Salvador, como lo es la canonización del Arzobispo mártir, es oportuno rescatar su denuncia de los males estructurales del país, es decir, lo que él definió en una de sus Cartas Pastorales como “violencia estructural”, raíz de otros tipos de violencia. Esos males siguen vigentes, generando otras violencias, y golpeando a los más pobres y excluidos de la sociedad.

Los “dioses del poder y del dinero” siguen siendo adorados por quienes concentran la riqueza en El Salvador. Que casi nadie hable de ellos –sólo unos cuantos sociólogos y unos pocos, muy pocos, economistas— no quiere decir que hayan dejado de existir, o que su influencia en los destinos del país sea nimia. Para nada: los ricos más ricos de El Salvador –principalmente los amos de las finanzas— han sido y son determinantes en la configuración de la realidad nacional, especialmente en sus desigualdades estructurales.

Usar –y haber impuesto— el discurso “anticorrupción” para ocultar la naturaleza de esas desigualdades estructurales supone un triunfo ideológico extraordinario de la derecha salvadoreña. Es un reto, en quienes se dicen cultivadores del “pensamiento crítico”, la tarea de desmontar esa y otras elaboraciones ideológicas de la derecha –como la “antipolítica”, el “emprendedurismo” y el “nuevo generacionismo”, entre otros— que nublan la vista y bloquean la capacidad de razonamiento.

Como quiera que sea, honrar y celebrar a Monseñor Romero es hacer propia esa capacidad suya de razonar críticamente sobre los ejes configuradores de la realidad nacional. El impacto social y cultural que ello tendría sería en verdad extraordinario; quizás así la sociedad salvadoreña –o al menos sectores significativos suyos—comenzaría a comprometerse decididamente en la construcción de un proyecto de nación distinto, por justo y por inclusivo, del existente.

Y es que sin virajes culturales profundos, que replanteen o reemplacen los valores, las creencias y los hábitos vigentes, es imposible que una sociedad emprenda nuevos derroteros.

El Salvador está aún a la espera de un viraje cultural de envergadura, un viraje que permita superar la cultura neoliberal globalizada, con arraigos autoritarios y conservadores de larga data, y de pie a una matriz cultural humanista, tolerante, libre, responsable con el bien público y activa en lo político en función del bienestar colectivo. Se trata de algo difícil, pero no imposible. Más aún, se trata de algo posible y necesario, pues de lo contrario nunca tendremos un país en el que dé gusto vivir.

En un nuevo marco cultural, muchas de las cosas que ahora hacemos, importantes, pero que han perdido sentido –como las elecciones— cobrarán un nuevo significado. Y ello, al menos, porque los ciudadanos tendrán mejores criterios para discernir acerca de la calidad y capacidad de quienes piden su voto.

Hoy por hoy –a juzgar por los resultados de las encuestas de opinión— esos criterios son sumamente pobres. Los cantos de sirena, la pose y el desplante, la arrogancia y el “me vale todo porque soy yo” gozan de amplia aceptación entre sectores amplios de la sociedad.

La contracara de ello es la incapacidad para detectar filiaciones ideológicas, intereses reales, trayectorias políticas (y, ahí donde aplica, empresariales), alianzas y compromisos, etc., que son los que en definitiva condicionarán el quehacer político efectivo de quien resulte electo presidente en 2019.

En fin, una cosa es aprender a leer críticamente la política (y la economía, y la cultura, y la sociedad) y otra bien distinta dejarse llevar por creencias, valoraciones y percepciones impuestas por entornos mediáticos (y también religiosos, empresariales y universitarios) que tienen como finalidad enturbiar la capacidad de razón de las personas para así manipularlas mejor. Mientras la gente se “deje llevar” –ya sea que se trate de gente popular o de gente que procede de la “academia”— estará lejos de haber asimilado una pizca siquiera del legado crítico de Monseñor Romero.

Fuente del artículo: https://www.alainet.org/es/articulo/195798

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Deseada

Por: Martha Sanz.

La violación y asesinato de Desirée Mariottini me llevó a pensar que no es motivo de alegría que la realidad nos dé la razón tozudamente. Globalizada cultura de la violación. También evoqué ese imaginario cultural que, elevando a la categoría de divinidad, fetiche, exvoto, cosa, el cuerpo femenino, lo destruye. Desde la altura, la porcelana se tira contra el suelo, se rompe y se produce un efecto estético relacionado con la normalización de la crueldad contra las mujeres: paralizadas novias cadáver y muertas enamoradas, autómatas y Coppélias, bailarinas descuartizadas del giallo, snuff movie y pornografía, el petrarquismo bubónico denunciado por mi amigo Rafael Reig, la Clori de Góngora que se corta al quitarse un anillo y qué bello es el contraste del rojo sangre con el dedo nácar… A las diosas, que son de éter, no les duele el cuerpo. A las maniquíes movidas por un reloj interior tampoco. Las chicas que “se regalan” ya saben a lo que están expuestas. La estilización de la violencia contra las mujeres culmina en la metáfora del juguete roto y la mujer patchwork. Pero estamos hablando de carne y de la perturbada costumbre de que la carne de las mujeres está ahí para disfrutarla magreándola, fileteándola, reduciéndola a orificios. Nuestro hipotálamo está colonizado por estas voces y a algunas mujeres nos cuesta descubrir el propio placer sin rodearlo de máculas y deseos de ser secuestrada como prueba de un amor loco y verdadero. Espectacular. Un amor que nos coloca una argolla en la garganta y nos encadena a la pared. Nos rebelamos contra los imperativos de nuestro hipotálamo y bebemos orujo en fiestas dionisiacas sin merecer por ello que nos rasguen la vagina y nos corten la cabeza. Lo que le ha sucedido a Desirée no puede repetirse. En el sadismo extremo que se ejerce contra los cuerpos femeninos perdura la máxima arqueológica de que la mujer no tiene alma, no siente, no padece, no importa, pero también prevalecen nuevos rencores vinculados con la conquista de derechos. Pienso en todos los componentes horribles que envuelven la violación y asesinato de Desirée Mariottini: mantenerla viva a base de agua con azúcar, diez horas de tormentos y la decisión de dejarla morir.

Ya sabemos quiénes son los asesinos de Desirée Mariottini y otros monstruos se yerguen en nuestro horizonte imperfecto. Entre la docena de presuntos culpables, hay inmigrantes subsaharianos y, en ese punto, el odio a las mujeres se cruza con el deseo de limpieza étnica de Matteo Salvini o Democracia Nacional. Se aprovechan los insultos machistas en redes para justificar la necesidad de una ley mordaza y se utiliza la violencia contra las mujeres blancas para avalar la xenofobia. Manipulan el dolor para criminalizar a todos los inmigrantes. Arguyen que los extranjeros —pobres— no entienden nuestras normas de convivencia y en la voz de su hipotálamo no resuena Dario Argento, sino tantanes más sanguinarios a los que se une el rencor de clase y mucha envidia nacional. Maldad innata y salvajismo. Sin embargo, se borra malévolamente que el vendedor de pañuelos ghanés es un excelente muchacho, la mujer que prepara el cuscús cumple con sus obligaciones fiscales y el jardinero hondureño salvó al niño de morir en la piscina. Omiten que esta violencia contra las mujeres es también cristiana y europea. Así lo ponen de manifiesto los nebulosos asesinos de las niñas de Alcàsser. Ese padre tan religioso que mata a sus criaturas para vengarse de su mujer. Ana Orantes, quemada viva por su españolísimo marido a la puerta de casa.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/10/30/opinion/1540895733_910906.html

 

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La crisis financiera de las universidades públicas

Por Julián De Zubiría Samper.

El pedagogo Julián De Zubiría explica en esta columna las razones de la grave crisis financiera que vienen sufriendo las universidades públicas y la cual ha llevado a rectores, docentes y estudiantes a convocar movilizaciones para exigir adiciones para la vigencia del presupuesto que está por definirse para el año de 2019.

El país se prepara para recibir una de las marchas más grandes en las últimas décadas. El 10 de octubre, estudiantes, profesores y ciudadanos, saldrán a la calle en todos los rincones del territorio en defensa de la universidad pública y para exigir recursos que garanticen que puedan seguir ofreciendo educación de tan alta calidad, como hasta el momento han podido hacer. Simultáneamente, en el Congreso se realizará un foro por la dignidad de la educación superior. La idea es incidir en la decisión del gobierno sobre el presupuesto general de la nación para el año 2019. Sin duda, son marchas justas en defensa de la educación y la democracia.

La única opción para alcanzar la movilidad social que tienen los hijos de familias que vivieron en la pobreza es convertirse en estudiantes de alguna de las universidades públicas con que cuenta el país.

La propuesta del gobierno es adicionar 3,5 billones a las armas y la guerra. La propuesta de docentes y estudiantes es que, de esos recursos, se reasigne 1 billón para las universidades públicas, que se incrementen los recursos para el SENA, que se transfieran fondos del ICETEX hacia la educación oficial y que los 800.000 mil millones que cuesta anualmente el programa Ser Pilo Paga se inviertan por completo en las universidades públicas regionales.Veremos de qué manera elige defenderse el país: si con armas o con educación. Si la decisión se toma pensando en las próximas generaciones y el desarrollo nacional, no hay duda: mejoraremos significativamente los recursos para la educación.

En Colombia, sólo el 40% de los jóvenes de estrato uno culmina la educación media y tan solo el 10% de ellos logra ingresar a la educación superior. La sociedad es especialmente injusta con ellos porque los condena a seguir viviendo en la marginalidad y la miseria. La única opción para alcanzar la movilidad social que tienen los hijos de familias que vivieron en la pobreza es convertirse en estudiantes de alguna de las universidades públicas con que cuenta el país. Lo demás es jugar irresponsablemente con las ilusiones de las más pobres o apostarle a la lotería, en la que los que ganan, según la teoría de la probabilidad, son menos que los que reciben el impacto de un rayo en vida. Colombia sigue siendo un país con muy alta iniquidad y muy baja movilidad social. La educación oficial tiene la llave maestra para superar estas dos tragedias que cargamos de tiempo atrás.

Diversas investigaciones que he hecho y otras consultadas de laUniversidad de los Andes concluyen lo mismo: cerca del 90% de los jóvenes vinculados a la educación pública aspiran a continuar sus estudios superiores en una universidad oficial, pero ésta le cierra a la mayoría sus puertas con candado. Sus sueños se truncan y desde muy jóvenes terminan vinculados al mundo laboral, frenando así cualquier posibilidad de movilidad social.

De los 540.000 jóvenes que cada año se gradúan de la educación media en Colombia, el 90% pertenece al estrato 1, 2 o 3. Relativamente pocos de ellos logran ser admitidos en una universidad oficial. En la Universidad Nacional, de 75.000 que se presentan, tan solo logran ingresar 5.000. En la de Antioquia ingresan 5.000 de los 50.000 que lo intentan, en la delAtlántico son admitidos 3.000, pero se presentan 30.000.

Desde hace algunos años, las universidades públicas, están en cuidados intensivos a nivel financiero. La explicación es sencilla: En 1993 recibían, por cada estudiante, un monto de 10,8 millones de pesos por parte del Estado. Hoy, 25 años después, las transferencias han pasado a 4,8 millones de pesos por estudiante. Una caída sensible que se origina en que el incremento en el número de estudiantes no estuvo acompañado por uno similar en los recursos girados. Es así que, en 1993, las universidades oficiales contaban con 159.000 estudiantes, en tanto hoy acogen a 611.000. La situación es todavía más grave si se tiene en cuenta que los estudiantes de maestrías y doctorados vienen creciendo exponencialmente; y que el costo de tener un estudiante en maestría es más de tres veces superior al que se requiere en el pregrado.

La Ley 30 de 1992 determinó que las transferencias a las universidades serían ajustadas anualmente según el IPC. El problema grave es que los costos crecieron muchísimo más al cuadruplicarse los alumnos que recibieron, al aumentar los estudiantes en maestrías y al elevarse los niveles de formación, publicación y titulación de los docentes. El déficit se fue agravando año a año. Quienes asistimos a las universidades oficiales del país sabemos que pueden carecer de condiciones mínimas de infraestructura. Literalmente algunos de sus edificios se están cayendo.

¿Cómo pudieron subsistir con este creciente déficit financiero? Hay varios factores para explicar la continuidad de las universidades a pesar de la crisis de sus finanzas; pero, sin duda, el más importante ha sido el recurrir a la venta de sus propios servicios e investigaciones al sector público y privado. Es una estrategia comprensible, pero riesgosa en el mediano plazo, ya que desvía a la universidad de sus fines esenciales. En 1993, la Universidad Nacional recibía de la nación el 75% de todos sus ingresos, en tanto hoy en día recibe el 50%, y el otro 50% lo consigue mediante contratos que celebra con el Estado y con el sector privado. Un monto muy similar se alcanza para el resto de las universidades públicas regionales, con el agravante de que en ellas el traslado de los costos hacia los estudiantes ha sido cada vez mayor.

Que las universidades participen en la generación de sus finanzas tiene un elemento positivo: contribuye a la necesaria articulación entre la universidad y la sociedad. Sin embargo, llegamos a un límite que sería muy riesgoso de superar, ya que esta ruta ha obligado a directivos a desplazarse de sus funciones esenciales: la generación de conocimiento y la formación de las nuevas generaciones.

Otro mecanismo particularmente grave al que han tenido que recurrir las universidades públicas es aumentar el número de docentes temporales y de cátedra. Hoy por hoy, el 43% de todos los docentes en las universidades están vinculados como catedráticos y el 21% como ocasionales, cuando diez años atrás el promedio era del 36% y del 20%, respectivamente. Esto amenaza seriamente la calidad de la educación superior pública a mediano plazo. Con docentes catedráticos y ocasionales que no participan en espacios de reunión y planeación, la reflexión pedagógica tiende a desapacer. Con humor negro son apodados como los profes “rateros”: un rato aquí y otro allá.

Las universidades están en mora de revisar, entre otros, sus modelos pedagógicos, su responsabilidad en la formación de mejores ciudadanos, sus sistemas de evaluación y su estructura curricular. No es sólo una cuestión de inyectarles más recursos. Tienen que repensarse en términos institucionales, administrativos y pedagógicos. Aun así, esas serán tareas casi imposibles de realizar sin contar con docentes de tiempo completo y de planta.

La situación de las universidades públicas se complica si se tiene en cuenta la gigantesca campaña mediática de desprestigio que han sufrido. Se dice que son instituciones de baja calidad, que allí estudian “tirapiedras”, desadaptados y guerrilleros; que los docentes “lavan el cerebro” de los estudiantes, que son excesivamente costosas y miles de mentiras y falacias. Es así, que, aunque en las dos últimas décadas la Universidad Nacional no ha suspendido un solo semestre, es común la malintencionada afirmación de que en las universidades oficiales las carreras duran mucho tiempo más debido a los supuestos cierres prolongados que sufren. Es más, la Nacional no tuvo ningún cierre de más de un día durante todo el tiempo que duró el proceso de paz. Todos sabemos que fue un tiempo extenso. Pero eso tampoco lo saben los colombianos.

El país no sabe que son públicas ocho de las diez mejores universidades en valor agregado y en apropiación social de conocimiento, y que también lo son tres de las cinco universidades que más están consolidando los procesos de investigación a nivel nacional.

Pero lo más importante de todo, lo que nunca podremos perder de vista, es que la única opción para que los pobres de América Latina salgan de la pobreza es fortalecer la educación pública. Sin ésta, ellos estarán condenados a vivir eternamente en la miseria. Por ello, como muchos otros, también anuncio que respaldaré a los docentes y a los jóvenes del país en las marchas que se realizarán el 10 de octubre.Marcharé, porque tengo claro que un país que no defiende su educación pública no merece llamarse una democracia.

Fuente del artículo: https://www.semana.com/educacion/articulo/razones-para-que-el-10-de-octubre-marchen-por-defender-la-universidad-publica/586172

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Libro: Compartir conocimientos para el desarrollo rural: retos, experiencias y métodos

Por: América en Movimiento. 

Ante el impacto del modelo agroindustrial, que ha profundizado el hambre en el mundo, surge como respuesta desde el campesinado el desarrollo de la agroecología y la revalorización de sus propios conocimientos.
Pero, ¿Cómo rescatar y compartir estos saberes? ¿Cómo enriquecerlos con otros conocimientos técnico-científicos? y, en esta línea, ¿De qué manera pueden aportar las nuevas tecnologías de información y comunicación?
Este libro aborda esta problemática, con el aporte de reflexiones y experiencias concretas, incluyendo, entre otros temas:
¿Cuál conocimiento para el desarrollo rural?
Una experiencia de intercambio para procesos de formación
Las TIC en la construcción de conocimientos como instrumento de gestión
Conocimientos para conservar los recursos naturales que nos dan vida
Retos de la educación escolar en el campo brasileño
Fuente de la reseña: https://www.alainet.org/es/libros/575
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La basura debajo de la alfombra

Por: El País.

Es curioso: cuando un gobierno se acostumbra a hacer las cosas mal, inevitablemente arruina aquellas que, por excepción o azar, había hecho bien. Todo el espectro político aplaudió en 2008 cuando el Frente Amplio creó el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), tal vez la única medida razonable que surgió del bullicioso e inoperante Congreso de Educación de ese año.

La posibilidad de evaluar la calidad en los procesos de enseñanza y aprendizaje era (y sigue siendo) una prioridad incuestionable. Y más aún la decisión de proveer esos cargos por estricto concurso, entre académicos reconocidos y absolutamente independientes, tanto del oficialismo como de cualquier partido político o ideología.

En plena campaña electoral de 2014, trataron de diferir hasta después del balotaje la difusión de los malos resultados de un Informe del Estado de la Educación en Uruguay. Significativamente, el director del Ineed de entonces, Pedro Ravela, renunció al cargo alegando diferencias con la comisión directiva sobre los modos de gestión: «Hay cuestiones internas que las discutimos largamente con las autoridades y yo entendí que debía dar un paso al costado», declaró entonces. En las últimas semanas se repitió la misma historia.

Su sucesor, el experto argentino Mariano Palamidessi, que había demostrado un rigor académico e independencia de criterio sin par, también renunció, a poco de haber presentado el informe Aristas 2017, que registra graves resultados en cuanto a equidad educativa, entre alumnos de tercero y sexto año de primaria.

Palamidessi fue más explícito que su antecesor, y denunció la existencia de presiones de parte de la comisión directiva del Instituto, para relativizar u ocultar ante la opinión pública las penosas conclusiones a que arribó el informe. Llegaron al extremo de exigirle que, si concedía una entrevista a un medio de comunicación, debía hacerlo «acompañado» por un integrante de esa directiva (no queda claro si como chaperón o como comisario político de contralor de sus opiniones).

El argumento que aportó Palamidessi es de una claridad meridiana: ¿cómo vamos a concretar investigaciones independientes, si la directiva del Ineed está conformada por los responsables de las mismas instituciones que hay que evaluar?: «los institutos autónomos de evaluación surgen, en todo el mundo, para que no dependan de la autoridad educativa (quien fija las políticas a evaluar). Puede que a veces se digan cosas que gustan y a veces no, pero es lo que necesita un sistema serio».

Lo más sorprendente de todo fue que, después de juicios tan lapidarios, la Ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz manifestó a la prensa que en realidad la renuncia de Palamidessi se había debido a motivos personales, para reencontrarse con su familia en Argentina. Sus palabras reafirman el peculiar discurso interpretativo de la realidad que suele manejar la secretaria de Estado, como cuando dijo que el inepto presidente del Codicen, Wilson Netto, era «el José Pedro Varela del siglo XXI» o cuando desestimó la renuncia del jerarca renovador Juan Pedro Mir, calificándolo como «un simple maestro de escuela».

La indignación pública por la renuncia de Palamidessi podría deberse solamente a lo que significa para un sistema educativo que sigue anclado en la indolencia y la desidia de un gobierno ausente. Pero también hay que denunciar la respuesta siempre elusiva de las más altas autoridades, que en lugar de admitir sus fracasos y corregir el rumbo, declaman excusas baladíes, como si la gente fuera tonta y estuviera totalmente desinformada.

El Frente Amplio ha sabido traer a la gestión pública a prestigiosas personalidades argentinas, como Palamidessi en la educación y Julio Bocca en las artes escénicas. Pero con la misma eficiencia, sistemáticamente ha logrado ahuyentarlos. Bocca se hartó de la burocracia, Palamidessi de la presión política. Lo que resulta claro es que la máquina de poder frenteamplista, que otrora prometía «un país de primera», ha convertido al Estado en una fortaleza que expulsa la calidad y estimula el más mediocre statu quo.

Son evidencias que se van acumulando de lo que luce como la muerte del cisne (mal llamado) progresista. Y también desafíos para un futuro gobierno de cambio, que deberá entender que designar técnicos idóneos en cargos clave, no es ser «tecnócrata» sino verdaderamente pragmático. Y que dejarlos trabajar con independencia no es renunciar a las responsabilidades políticas sino, por el contrario, ejercerlas con honestidad y rigor.

Fuente del artículo: https://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/basura-debajo-alfombra.html

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