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China: Ceremonia de graduación en Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing

Asia/China/09-07-2021/Autor(a) y Fuente: Spanish.xinhuanet.com 

BEIJING, 2 julio, 2021 (Xinhua) — Una graduada posa al graduarse en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU, por sus siglas en inglés), en Beijing, capital de China, el 2 de julio de 2021. La BFSU, una universidad reconocida en China por la educación en idiomas extranjeros, llevó a cabo una ceremonia de graduación para sus graduados de la Clase de 2021 el viernes. (Xinhua/Cai Yang)

BEIJING, 2 julio, 2021 (Xinhua) — Graduados participan en una ceremonia de graduación en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU, por sus siglas en inglés), en Beijing, capital de China, el 2 de julio de 2021. La BFSU, una universidad reconocida en China por la educación en idiomas extranjeros, llevó a cabo una ceremonia de graduación para sus graduados de la Clase de 2021 el viernes. (Xinhua/Cai Yang)

BEIJING, 2 julio, 2021 (Xinhua) — Graduadas posan durante una ceremonia de graduación en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU, por sus siglas en inglés), en Beijing, capital de China, el 2 de julio de 2021. La BFSU, una universidad reconocida en China por la educación en idiomas extranjeros, llevó a cabo una ceremonia de graduación para sus graduados de la Clase de 2021 el viernes. (Xinhua/Cai Yang)

BEIJING, 2 julio, 2021 (Xinhua) — Graduados arrojan sus birretes al graduarse en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU, por sus siglas en inglés), en Beijing, capital de China, el 2 de julio de 2021. La BFSU, una universidad reconocida en China por la educación en idiomas extranjeros, llevó a cabo una ceremonia de graduación para sus graduados de la Clase de 2021 el viernes. (Xinhua/Cai Yang)

BEIJING, 2 julio, 2021 (Xinhua) — Una graduada se inclina mientras le voltean su borla durante una ceremonia de graduación en la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing (BFSU, por sus siglas en inglés), en Beijing, capital de China, el 2 de julio de 2021. La BFSU, una universidad reconocida en China por la educación en idiomas extranjeros, llevó a cabo una ceremonia de graduación para sus graduados de la Clase de 2021 el viernes. (Xinhua/Cai Yang)

Fuente e Imagen: http://spanish.xinhuanet.com/photo/2021-07/04/c_1310040948.htm

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Libro (PDF): Juventudes indígenas en México : estudios y escenarios socioculturales

Reseña: CLACSO

Este libro pretende mostrar desde disímiles aristas cómo se estudia lo juvenil “indígena” y cómo los jóvenes indígenas viven en el México actual. Ofrece un horizonte investigativo amplio con miradas particulares que documentan la emergencia y las vivencias de estas juventudes entre las etnias contemporáneas. Definitivamente es una propuesta que aportará a la consolidación de los campos de investigación interdisciplinarios, así como a las comunidades epistémicas. Aquí ensayamos una mirada centrada en su movilidad y agencia para reconocer un nuevo modo de estar en el mundo a partir de la voluntad y pertenencia etnojuvenil. Los autores de este libro trabajan con jóvenes indígenas en distintos escenarios y con diferentes condiciones de México, y se enfocan en las transformaciones culturales, en sus anclajes juveniles y en sus vivencias.

 

Autor(es):               López Moya, Martín de la Cruz –   Urteaga, Maritza –   Cruz Salazar, Tania –
 

Editorial/Editor:

 

El Colegio de la Frontera Sur
Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas

 

País de Edición:

 

México

Año de Edición

ISBN :

             2020

 

978-607-543-113-0     y      978-607-8429-99-8

Descarga:                      Libro (PDF): Juventudes indígenas en México : estudios y escenarios socioculturales

Fuente e imagen:         http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/

 

 

 

 

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Opinión | El Ritual Escolar: Utopía, verdad y espiritualidad frente a la pandemia

Por: Andrés García Barrios

2020 y 2021 no son años perdidos, son años salvados. Salvados por y para las escuelas. Más que nunca somos una comunidad en busca de un equilibrio entre lo que deseamos y lo que en realidad podemos y debemos.

¿Bomberazo mundial?

En México llamamos “bomberazo” a las tareas que nos caen de forma inesperada y que hay que atender de manera urgente. Para todo equipo de trabajo, los primeros bomberazos suelen responder a reales imprevistos. Sin embargo, esta forma de resolver problemas tiende a instalarse como modus operandi entre nosotros: fácilmente nos acostumbramos a posponer las cosas importantes hasta que se vuelven urgentes; quizás es porque, dado que los bienes no abundan, preferimos esperar a que la tarea en cuestión demuestre que de verdad es necesaria. Sí, tal vez todo se reduce a una economía de recursos.

El mundo en general ha vivido la pandemia como si de la noche a la mañana nos hubiera caído encima un virus de alto contagio y alta letalidad, al cual la humanidad hubiera tenido que apresurarse a hacer frente. Manguera en mano, sin previo aviso aprendimos a estar en casa las 24 horas, a lavarnos las manos con inusual frecuencia, a usar cubrebocas, a mantenernos alejados de los demás y a realizar nuestras actividades de forma remota (por desgracia muchos tuvieron que aprender también a perder a sus seres queridos, su empleo, su modo de vida).

Sin embargo, la llegada de la pandemia en realidad no era una novedad; se oía hablar de ella desde hacía muchos años, por todo el mundo. Para referirme sólo a la evidencia que he encontrado en mi biblioteca personal, en 2009 el Dr. Octavio Gómez Dantés advertía sobre el tema en un artículo publicado en una revista de gran circulación y prestigio; ese mismo año otra revista universitaria de ciencia titulaba una de sus portadas “La epidemia anunciada”.  Asimismo, el título de un libro de 2015 prácticamente demuestra lo que estoy diciendo: La influenza mexicana y la pandemia que nos viene. En él, seis autores anuncian que se avecina una catástrofe sanitaria mundial como la que estamos viviendo.

Entonces, ¿por qué no se hizo nada para prevenirnos? En ensoñaciones podemos remontarnos unos cuantos años atrás e imaginar reuniones mundiales de líderes para resolver sobre futuras pandemias: congresos tipo la ONU donde se dictarían medidas para reducir el impacto esperado; acuerdos económicos, disposiciones legales, campañas de información, de prevención hospitalaria, de desarrollo de tecnología virtual.

A partir de ese imaginario congreso, las organizaciones internacionales en materia de educación, como la UNESCO, convocarían a los sistemas escolares de todo el mundo a desarrollar contenidos y prácticas de prevención, y a aprovechar el imparable influjo de los medios electrónicos para organizar de forma preventiva, tanto logística como tecnológicamente, el despliegue de la educación remota de emergencia (así nos ha enseñado a llamarle Fernanda Ibáñez en un artículo publicado en este mismo espacio). Entonces se habrían tenido años para ejecutar simulacros de entrenamiento con los estudiantes y docentes, y desarrollar estrategias de enseñanza, prevención de la salud, uso de cubrebocas, sana distancia, etcétera.

Naufragio

¿Por qué entonces no se hizo nada?

Víctor Briones, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, nos lo explica en dos palabras: toda esa preparación “es cara”. Con sólo escuchar esto, se apodera de nosotros una profunda indignación: ¿qué tan cara podía ser para que resultara mejor sacrificar a la población mundial y para ―hablando ya de nuestro campo― obligar a toda la comunidad educativa a volverse experta en enseñanza remota de un momento a otro? La maestra Maya Niro atina al llamar a todo esto un naufragio: “… a partir de ese momento me subí a un barco en medio de una tempestad, donde me dieron un timón diferente al que yo sabía maniobrar”.

Con rabia e impotencia imagina uno a los gobiernos de todo el mundo pasando en silencio la estafeta a sus sucesores… o más que la estafeta, la pistola de una ruleta rusa que llevaba dentro un virus que pondría a toda la humanidad contra las cuerdas.

*

Sin embargo, la rabia merma cuando la respuesta de Briones empieza a dejar ver su realismo. Vuelve la calma. Comprendemos entonces que al decir “cara” el analista está hablando de un “caro” impensable, no sólo en dinero, tiempo y esfuerzo, sino también en riesgo: riesgo para los más grandes intereses económicos y políticos, sí, pero también riesgo emocional y mental para la población mundial ante la noticia. El anuncio de que, quién sabe cuándo, va a ocurrir una catástrofe, puede generar inmensa angustia, para algunos más que el evento mismo. En esas circunstancias, prevenirnos y prepararnos podría ser un desastre: ya se ve venir una ola de grandes desacuerdos, enfrentamientos, conflictos: un posible caos social, a final de cuentas.

Tal vez, a pesar de la supuesta racionalidad humana,  coordinarnos para un evento así sería tan difícil como lograr que las abejas del mundo se organizaran ante la amenaza del cambio climático.

*

Nuevo golpe de timón. ¿Y si los líderes mundiales decidieron entonces dejar que llegara la pandemia y que funcionara un poco como “simulacro” para otras crisis sanitarias que se espera que vengan pronto?

Con sólo pensarlo, vuelven la rabia y el espanto: mil teorías conspiratorias vienen a la mente, crece la desconfianza hacia las autoridades (incluyendo las científicas), y por todas partes bullen propuestas pseudocientíficas, rechazo al sistema médico/hospitalario, a las vacunas… Se habla con gran esperanza de tratamientos alternativos.

Finalmente, sobre este fondo de indignación, resignación y dolorosas dudas, queda la imagen de un grupo de líderes esperando año tras año la aparición del paciente cero para dar la alarma mundial y convocarnos a todos (¡ahora sí!) a apagar el incendio.

¿Somos víctimas?

Si en estas dos décadas se hubiera actuado, si los líderes mundiales hubieran decidido prevenir y preparar a la población frente a una posible pandemia, si hubieran organizado reuniones internacionales y simulacros de educación remota de emergencia, todos en el mundo habríamos acabado haciéndonos la crucial pregunta: ¿por qué es inevitable una pandemia? Entonces habríamos volteado con alarma angustiante hacia rincones del planeta que por el momento prefieren mantenerse ocultos, ahí se concentran millares de industrias que literalmente desgarran los ecosistemas planetarios, pervirtiendo entre otras cosas la convivencia animal e impulsando la proliferación y diversificación de virus.

El Dr. Julio Frenk, exsecretario de salud de México y actual rector de la Universidad de Miami, no se ha cansado de repetir que la pandemia de COVID-19 es un fenómeno que tiene su origen en la actividad humana. En una entrevista con la revista CONECTA del Tec de Monterrey, resume enérgicamente: “Las pandemias no son eventos naturales, son antropogénicas, reflejo de prácticas inhumanas”.

Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, confirma: “No hay un gran misterio sobre la causa de la pandemia de COVID-19 —o de cualquier pandemia moderna—. Las actividades humanas que impulsan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también generan riesgos de pandemia a través de sus impactos en nuestro medio ambiente”.

El problema es más o menos así: mientras más animales con enfermedades contagiosas hay y más se reproducen y conviven, más variantes de virus surgen y más probable es que uno de éstos resulte altamente contagioso y letal para los humanos. Lo mismo pasa cuando se destruye un ecosistema y los animales migran y se concentran en hábitats donde la sana distancia es imposible y el contagio viral aumenta. Históricamente, el asunto se reduce a que mientras la cría de animales se mantenía en pequeños jacales atendidos por unas cuantas personas, las probabilidades de que surgiera una enfermedad mortal eran pocas. Pero cuando hablamos de virus mutando y esparciéndose entre una inmensa piara de cerdos en una granja industrial de “producción” de carne atendida por cientos de personas (como hoy ocurre en tantas partes del mundo), o cuando se trata de miles de murciélagos en una cueva en China, arrinconados ahí por haber perdido sus bosques, entonces es más probable que surja una mutación viral homicida.

*

A lo anterior añadamos una población humana que vive en espacios estrechos dentro de una localidad superpoblada, a la que acuden todo tipo de roedores, aves y primates buscando mejores condiciones de vida; digamos que además esas personas acostumbran comer carne, muchas veces de animales silvestres, y asisten a corridas de toros o peleas de gallos; que frecuentan mercados con animales vivos, cazan o trafican fauna, fabrican abrigos de piel y realizan rituales o practican medicina tradicional con animales; algunas tienen sistemas inmunes débiles por mala nutrición, viven en condiciones de poca higiene, trabajan en labores de limpieza y saneamiento, y no tienen acceso a servicios de salud adecuados; además, para colmo, muchos de ellos (ricos y pobres) viajan por su país o atraviesan fronteras en redes de transporte terrestre  y aéreo supercongestionadas… Cuando estas cosas ocurren, mayor es la creación de virus letales y menor el tiempo en que se expanden por el mundo entero.

Todos estos factores son lo que los epidemiólogos se han dedicado a estudiar desde el siglo pasado, y han llegado a realizar pronósticos bastante confiables.

Y es en todo lo anterior en lo que se basa el Dr. Julio Frenk para asegurar que la pandemia de COVID-19 es de origen humano. En efecto, no somos víctimas. Cuando se alude a la posibilidad de que el virus SARS-CoV-2 haya sido creado en un laboratorio, no podemos sino pensar que es cierto, que los seres humanos hemos convertido a la naturaleza en un inmenso laboratorio donde la creación de virus letales es ya una probabilidad inmensa.

¿Comunidad desecha?

Y a todo esto, ¿qué puede hacer la escuela con tanta y tan cruda información? Cierto que lo primero que dan ganas es dejar hecha la pregunta y salir corriendo. ¿No basta con lo que hemos vivido? Porque en la desafiante y terrible actualidad, la escuela parece estar desbaratada, deshecha. Nos hemos tenido que adaptar a un modelo sin convivencia física, a un encuentro con caras sin cuerpo en aulas virtuales sin aire común; a escuchar voces sin aliento y a verter nuestra presencia en cables electrónicos, resintiendo por todas partes la falta de recursos. Las tres dimensiones del espacio has sido remplazadas por dos, por una, por cero (muchos estudiantes no han podido recibir ningún tipo de clase y sólo esperan a que llegue el día de volver al colegio).

La tensión que generan las clases por Zoom crea un tipo de socialización al cual no estamos acostumbrados; maestras y maestros lamentan tener que comunicarse con sus alumnos a través de una pantalla; niñas y niños han dejado de tocarse y correr juntos, y esa ausencia de tacto, esa falta de simultaneidad física, parece haber restado tridimensionalidad al mundo y provocado una especie de desecación del entorno y hasta una dolorosa costumbre al aislamiento.

En el monitor, lo que conocemos como “grupo” se vuelve un mosaico, un muro. Es casi imposible establecer complicidades y el manejo por parte del maestro se entorpece. “Ahora los docentes ―nos recuerda Paulette Delgado― están lejos de sus estudiantes, lo que puede desatar ansiedad al no saber cómo están e impotencia al no poder ayudarlos”. Las tecnologías aún no están suficientemente avanzadas como para permitir ese caos de voces que da vida al aula presencial cuando todos hablan al mismo tiempo. No hay percepción sensorial completa, y todo se limita a lo visual y auditivo. Solo tenemos una apreciación bidimensional de los otros. En resumen, impera la pérdida de los espacios colectivos y privados que son parte de la socialización escolar.

Utopía

Sin embargo, a pesar de todo esto, somos valientes y nos detenemos a pensar un poco. ¿De verdad la socialización presencial es la única posible? ¿No hay otra que de alguna forma habíamos descuidado? Entonces, una primera respuesta llega a la mente. Tiene que ver con el ritual escolar.

Recordemos, para empezar, la idea del filósofo Emil Wittgenstein de que toda una mitología está contenida en nuestro lenguaje. A mi parecer, eso significa, por ejemplo, que ya el hecho de saber “soy parte de una escuela” (aunque sea en línea o a distancia) me enrola en una comunidad de aprendizaje donde se juegan múltiples papeles sociales y en la que se compromete y ejercita la personalidad entera. En esa comunidad mitológica todos somos a veces héroes, a veces sabios, a veces villanos, y bullimos del orden al desorden atraídos por un objetivo común que da sentido a nuestro encuentro.

Hoy, cuando es difícil ver de frente la realidad y comprender qué podemos hacer con ella, la escuela aún palpita en ese juego de roles, quizás más movilizada que nunca para dar su muy particular respuesta. Ahí, el lenguaje y su mitología se encuentran en un estado de libertad y frescura que permite tramitar la cruda realidad con espontaneidad incomparable.

Cuando al inicio de la pandemia se vio la posibilidad de no volver a la escuela ni siquiera de forma virtual y de abandonar todo hasta nuevo aviso, todos los miembros de esta comunidad clamaron con valor de héroes que querían continuar e hicieron lo necesario para conseguirlo. Descubrieron entonces una nueva y poderosa forma de socialización: confirmaron como nunca que pertenecen a ese mundo convulsionado, no como víctimas sino como seres de los que el planeta necesita y espera algo. Están activos, participan, resisten, reaccionan indignados y conmovidos como héroes de una mitología compartida que avanzan hacia un diálogo conjunto y profundo.

Un diálogo no sólo entre ellos y con el resto de la humanidad, sino con la naturaleza, a la cual creíamos haber impuesto nuestro discurso y que ha reaccionado. La naturaleza, que nos hizo inteligentes y ante la cual nos hemos pasado de listos. Hoy los chavos se debaten interiormente contra la perdurable creencia de que somos dueños de todo entorno y empiezan a asumirse como seres biológicos sensibles e inmersos en una existencialidad dolorosa pero empática y en busca de sentido. Están juntos; aprendiendo y temblando juntos. Y evitando el triunfalismo, mantienen la utopía, cumpliendo aquello que enseña el escritor Eduardo Galeano de que ésta no es algo que se alcanza sino algo que está ahí para orientarnos en el avance.

Hoy los jóvenes se ven, se tocan al menos imaginariamente, sintiendo que existe algo común. Sueñan con hazañas en las que se arriesgan, peligran e incluso mueren y resucitan varias veces. Toda su mitología interior bulle. De muchas maneras intuyen que eso que está pasando afuera también ocurre dentro de ellos, y finalmente toman la verdad de su tiempo en las manos, porque por triste que resulte, sigue siendo su verdad.

Verdad

En la escuela, el llamado a la verdad pone a conversar todas nuestras ideas, supersticiones y creencias en una sola dirección, atrayéndolas hacia un sitio en el que caben todas, incluyendo las conspiratorias y las pseudocientíficas. Ya en ese sitio, al que llamamos “diálogo”, los docentes pueden conducirlas poco a poco hasta empezar a entrever una verdad común.

Así es como los estudiantes han ido tomando conciencia de que es prácticamente seguro que vuelva a ocurrir algo como lo que estamos viviendo (el magnate Bill Gates, con toda la información a la que tiene acceso, ha declarado que una nueva pandemia puede tardar entre 3 y 20 años). Hoy, apurados por impulsar cambios que reduzcan entre otras cosas el riesgo de pandemias, los estudiantes se informan y dialogan sobre cómo convencer a los gobiernos a invertir recursos en prevención de enfermedades, aunque no se sepa si éstas van a llegar ni cuándo (finalmente, dejarlas venir puede resultar muchísimo más caro que prevenirlas); indagan y discuten sobre cómo fortalecer el sistema global de salud y nuestra higiene básica; sobre cómo crear e impulsar formas de producción que no impliquen sobrepoblación de espacios ni acaparamiento de recursos en manos de unos cuantos; cómo evitar que el aumento de bienestar familiar siga siendo sinónimo de sobre-consumo de carne (tal como ocurre en todo el mundo), y cómo disminuir paralelamente la ganadería industrial, que además de cruel exige grandes deforestaciones (como las recientes del Amazonas) y provoca una emisión catastrófica de gases de efecto invernadero.

2020 y 2021 no son años perdidos, son años salvados; salvados por y para las escuelas. Más que nunca somos una comunidad (mundial, por si fuera poco) en busca de un equilibrio entre lo que deseamos y lo que en realidad podemos y debemos, comprendiendo ―como nos explica el filósofo español Fernando Savater― que el destino de los demás es el nuestro propio.

Razón y espiritualidad

En la escuela, la Verdad más que una conclusión es un llamado; a ella nos convoca el timbre escolar.

Pero ¿cómo será esa verdad? Sólo por curiosidad nos hacemos esta pregunta, pues sabemos lo difícil que será responder. Pero queremos al menos imaginar un poco, juntos, el tipo de verdad que podemos concebir desde esta actualidad amenazada pero esperanzada que hemos descrito.

El primer indicio de respuesta lo encontramos en la presencia cada vez más visible de las llamadas “ciencias falsas” o pseudociencias. Es un hecho que, con la pandemia, esa presencia evidenció sus dimensiones globales, explotando en una especie de boom que muchos científicos empiezan a temer seriamente. Todos hemos visto brotar teorías astrológicas o conspiratorias sobre el origen del SARS-CoV-2 y tratamientos al COVID-19 que según la ciencia no han sido estudiados con suficiente rigor o son de plano supercherías.

Mi opinión que es que, por descabelladas que resulten, estas posturas llegan para ocupar un espacio que la razón, y sobre todo el pensamiento científico, tienden a abandonar: me refiero a ese delicado terreno en que la objetividad y algo que podemos llamar “espiritualidad”, se dan la mano.

Mucha gente de ciencia afirma que sus certezas son la única forma de conocimiento confiable. Argumentan que, al haber sido comprobadas, sólo en ellas debemos basarnos si queremos tomar buenas decisiones (esto incluye las ciencias no exactas, como la psicología y la pedagogía).  ¿Cómo no escucharlos si, con metódico idealismo, aseguran que existe una verdad última no sólo asequible sino comprobable? El prestigioso divulgador Brian Greene, por ejemplo, afirma que es posible que la llamada Teoría de Cuerdas pronto resuelva el principal enigma del universo. Cierto que afirmar que se es capaz de alcanzar la Verdad parece una postura engreída, de sabelotodos, pero hay que reconocer que en un mundo donde la mayoría nos sentimos portadores de la verdad, parecen humildes quienes se limitan a lo que pueden comprobar.

Claro que tampoco deja de ser cierto que ―como dice con fina ironía el escritor G. K. Chesterton― algunos de esos científicos se muestran “muy orgullosos de su humildad”. Muchos de ellos, y sus partidarios, en ocasiones se extralimitan y afirman que, aparte del suyo, no existe ningún otro conocimiento verdadero. Daniel C. Dennet, famoso filósofo racionalista, afirma que “nada que queramos abordar puede situarse más allá de los límites de la ciencia”. Dios, la espiritualidad y esas cosas, deben ser abordados como fenómenos culturales que pueden explicarse con estudios científicos sobre la evolución y el cerebro (Dennet es conocido mundialmente como uno de los Cuatro Jinetes del Nuevo Ateísmo).

Es el antiguo problema filosófico ―uno de los primeros― entre dos tendencias: la de “obligar a la vida, a la vida toda, (a seguir) el destino del conocimiento”, como señala la filósofa María Zambrano, y la de aceptar que existe algo más allá de la razón a lo que tenemos acceso por otros medios: a la razón, a lo razonable ―nos explica Erich Fromm―, le compete admitir sus limitaciones y saber que “nunca captaremos el secreto del hombre y del universo, pero que podemos conocerlos, sin embargo”, de otras formas.

Sorprende saber que algunas de las más importantes teorías que niegan que se pueda alcanzar una total certidumbre vienen de la ciencia misma. Sin necesidad de creer en “un más allá”, expertos como Niels Bohr (ese cuyo modelo atómico estudiábamos en la secundaria) han demostrado que el más acá tampoco es tan “cierto” como se creía. Eugene Wigner, Premio Nobel de Física, de plano afirma que no es posible explicarnos la realidad sin referirnos a una conciencia cósmica infinita.

Lo anterior nos pone de frente a la pregunta sobre la manera en que el ámbito educativo debe abordar el asunto de la verdad científica y de su no siempre humilde oposición a lo llamado “espiritual”. Para resumir, opino que la verdad escolar, conservando su inclinación científica, debe volver a formas de conocimiento como las que Fromm describe (en uno de sus libros más famosos se refiere específicamente al conocimiento a través del Amor). Y es que si los partidarios de la ciencia no abordamos con actitud razonable ―para empezar en la escuela misma― el ámbito donde se enlazan lo explicable y lo inexplicable, estaremos dando cabida a que todo tipo de ideas inconsistentes se apoderen de ese territorio. Sí, mientras el conocimiento racional siga pretendiendo que tiene la última palabra sin admitir sus límites ni honrar con verdadera humildad el sitio que le corresponde a lo espiritual; si la razón se niega a tender la mano “más allá” de sí misma, vislumbrando una especie de continuidad entre razón y misterio, estará dejando ese rincón vacante y prácticamente alentando a que lo ocupen posturas oportunistas, algunas de ellas quizás sólo ingenuas al querer resguardar con supersticiones el delicado vínculo.

En la discusión entre ciencia y creencia (mejor deberíamos decir “pleito abierto”), la escuela se ha mantenido al margen, respetando sin duda el criterio científico, pero presentándose al mismo tiempo como neutral en lo que compete al otro frente. Sin embargo, confiemos en que sus aulas se conviertan cada vez más en el sitio de la reconciliación, elevando su búsqueda de la verdad a otras realidades en las que, estando bien plantados en la tierra, podamos florecer.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/

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Se pretende iniciar con las clases semipresenciales en siete departamentos Honduras, ¿cuándo sería?

Por: radiohrn.hn

El secretario de Educación, Arnaldo Bueso, informó en el noticiero Prensa del Aire de HRN, que se pretende iniciar , en medio del aumento de casos de covid/19, con el proceso de las clases semipresenciales en siete departamentos de Honduras.

“En siete departamentos del país es donde pretendemos con la reapertura semipresencial de clases, donde haya un buen manejo de la pandemia”, dijo el secretario de Educación.

Bueso aseguró que se pretende comenzar con las clases semipresenciales en los lugares con baja incidencia de los casos de covid, y que el personal administrativo y docentes estén vacunados contra el nuevo virus.

De acuerdo con el funcionario, de 12 mil vacunas asignadas a los docentes, se han aplicado a  10 mil maestros en aquellos lugares donde se pretende comenzar con las clases.

“De las mil vacunas, solo nos queda el departamento de Yoro, para complementar las dosis. Esperamos que esta semana la Secretaría de Salud nos asigne más vacuna para continuar con la jornada”, comentó Bueso.

Al ser interrogado qué cuándo se comenzaría con los programas pilotos de las clases semipresenciales, el secretario de Educación respondió, “el docente que se ha vacunado con las dos dosis podríamos abrir los centros educativos. Sería hasta que los docentes tengan las dos dosis, hace una semana se aplicaron la primera dosis, se podría iniciar a finales de julio”.

Según Bueso, el regreso seguro de clases se estaría registrando en unos 154 centros educativos del país, donde se experimenta una baja en el comportamiento de los casos de covid.

Cabe mencionar que, los centros educativos de Honduras fueron cerrados en marzo del 2020, fecha desde que los niños y adolescentes han recibido sus clases de manera virtual.

Casos covid en Honduras

A la fecha en Honduras se contabilizan un total de 270 mil 020 casos de covid, 7 mil 149 muertes y 93 mil 654 recuperados, según datos del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos.

https://www.radiohrn.hn/se-pretende-iniciar-con-las-clases-semipresenciales-en-siete-departamentos-honduras-cuando-seria

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Argentina: Con frío no hay educación: caravana y frazadazo al Ministerio de Educación

Izquierda Diario

La movilización está pautada para las 10 hs de este miércoles y fue convocada por algunas seccionales de Suteba y Ademys. Se concentran en Congreso, para luego dirigirse a la casa de la provincia de Buenos Aires y el Palacio Pizzurno.

A partir de las 10 hs de este miércoles trabajadoras y trabajadores de la educación realizan un frazadazo nacional al Ministerio de Educación en reclamo de: un plan de obras y construcción de aulas y escuelas, revisión y reparación de los sistemas de calefacción, creación de nuevos cargos docentes, aumento de emergencia y reapertura de paritarias.

La concentración comienza en el Congreso nacional, para luego dirigirse a la casa de la provincia de Buenos Aires y al Palacio Pizzurno. La medida fue convocada por distintas seccionales de Suteba (La Matanza, Ensenada, Marcos Paz, Tigre, Escobar, Bahía Blanca y la minoria de La Plata) y Ademys.

*https://www.laizquierdadiario.com/Con-frio-no-hay-educacion-caravana-y-frazadazo-al-Ministerio-de-Educacion

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México: Deserta un millón de alumnos por la pandemia SEP

La Jornada 

Ciudad de México. Por la pandemia de Covid-19, un millón de estudiantes de todos los niveles educativos abandonaron las aulas en México, reconoció la secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, quien estimó que la deserción afectó entre 2.5 y 3 por ciento de los 36 millones de alumnos que integran la matrícula nacional. Ayer, también se confirmó el segundo caso positivo de Covid-19 en una secundaria pública de la capital del país.

Afirmó que se trata, en su mayoría, de estudiantes de escuelas particulares de educación media superior y superior, aunque destacó que en planteles de prescolar, primaria y secundaria la deserción fue por motivos económicos, fallecimiento de los padres o por temor a un contagio en las escuelas.

En entrevista previa a su visita al prescolar Celic, ubicado en la alcaldía de Tlalpan, al que en promedio regresaron 22 alumnos, insistió en el llamado al retorno a clases presenciales, pese a que ayer se confirmó el segundo caso positivo de Covid-19 a menos de una semana del reinicio de clases presenciales el 7 de junio.

La Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México (AEFCM), que encabeza Luis Humberto Fernández Fuentes, informó que una alumna de primer grado de la Secundaria Diurna número 241 Emma Godoy, en la alcaldía Gustavo A. Madero, dio positivo al virus, tras aplicarle una prueba, luego de que su madre alertara de posibles síntomas de la enfermedad.

A la fecha, indicó la AEFCM, se han confirmado dos casos positivos, ambos en secundarias públicas, una en Tláhuac y otra en Gustavo A. Madero, mientras uno de los dos casos sospechosos del Colegio Williams se confirmó negativo y otro está a la espera de que se realice la prueba. En la secundaria Emma Godoy se determinó volver a clases a distancia.

Por la mañana, Gómez Álvarez, quien agradeció el esfuerzo de maestros y padres de familia que aceptaron volver a las actividades presenciales, reconoció que “todavía el reto es grande, las cifras son cerca de un millón de alumnos que se están presentando (a la escuela), y efectivamente nos falta”, indicó.

Agregó que se logró vacunar a 2.7 de los 3.1 millones de trabajadores del sector educativo que se tenía como población objetivo, y afirmó que es mínimo el número de maestros que no aceptó inmunizarse, por lo que indicó que se buscará una estrategia para que quienes no recibieron el biológico anti-Covid puedan seguir trabajando a distancia, pero no directamente con los alumnos.

“Somos muy respetuosos, no vamos a obligar a nadie, nos vamos a ir por una situación de convencimiento, pero también tenemos la obligación de cuidar las medidas de precaución para nuestros niños”, aseguró.

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El reto de sentar condiciones mínimas para hacer viable la educación pese a la pandemia

Por: Animal Político/ Elio Villaseñor Gómez

Es un hecho que los efectos negativos de la pandemia en el empleo, la pobreza y la desigualdad tendrán una persistencia mayor en el ámbito educativo a la que usualmente el mundo “estaba acostumbrado”, puesto que la declaratoria de la pandemia puso en entredicho a las estructuras del sistema educativo a nivel global.

A más de un año de haber sido declarada la pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2, saltan a la vista las secuelas negativas que causó en la sociedad, la economía, los sistemas políticos y de salud. Dichas secuelas, a la fecha, son objeto de fuertes cuestionamientos en México y en el mundo por la incapacidad de los gobiernos para evitar un contagio que tiene a la humanidad asolada, confinada, con incertidumbre y falta de certeza sobre un retorno a la normalidad prepandemia.

La pandemia del COVID-19 ha mantenido a los gobiernos en un estado de control de daños. El debate y la búsqueda de una cura se han concentrado en múltiples problemas inmediatos, tratando de disminuir sus impactos en el corto plazo. Sin embargo, es un hecho que los efectos negativos en el empleo, la pobreza y la desigualdad tendrán una persistencia mayor en el ámbito educativo a la que usualmente el mundo “estaba acostumbrado”, puesto que la declaratoria de la pandemia puso en entredicho a las estructuras del sistema educativo a nivel global.

Para México, el panorama no es distinto al de otras partes en el mundo en materia educativa. El confinamiento obligado no sólo tuvo fuertes repercusiones sanitarias y económicas. También las registró en el terreno de la educación, con la suspensión total de clases en todo el país para más de 35 millones de estudiantes y 2 millones de docentes, quienes se vieron súbitamente privados del espacio escolar, que es el lugar educativo por excelencia. Esta circunstancia fue un punto de quiebre en la cotidianeidad y en la separación entre casa y escuela, situación que reveló a la par la despersonalización del proceso de enseñanza-aprendizaje y la retroalimentación entre maestros y educandos.

Educar en tiempos de pandemia llevó a implementar diversas estrategias. En el caso de la educación pública, la instrucción a distancia se llevó a cabo mediante la plataforma “Aprende en Casa”. La educación a distancia simultáneamente trajo consigo nuevas formas de interrelación y marginó a un segundo plano o anuló actividades regulares para los educandos, como las clases y el recreo, así como sus rutinas y las relaciones sociales en las escuelas, pero ante todo la interacción que lleva al aprendizaje.

La educación a distancia y una forma diferente de impartir clases con base en “Aprende en Casa” enfrentó a los maestros a una nueva forma de educar, en un terreno parcialmente explorado o practicado. Esta nueva realidad puede calificarse como un choque al magisterio, que tuvo que responder a las nuevas exigencias de un aula virtual en un ejercicio que, se comprobó, propició tensiones entre estudiantes y docentes, entre los propios docentes y entre éstos y las autoridades que los presionaron para “actualizarse” en esa nueva modalidad educativa. Paralelamente, tuvo como consecuencia colateral la conversión de las casas en aulas, de los padres en “maestros” sustitutos y de la infraestructura doméstica en la red de conexión necesaria para esa nueva práctica educativa. A pesar de que la educación a distancia adquirió una relevancia que nunca se había registrado en el país, es claro que se trata de un recurso coyuntural y de ninguna manera de una suplencia del plantel escolar.

Otro reto igualmente cardinal, será el retorno de la totalidad de los educandos que asistían a las aulas antes de la pandemia. La extensión del confinamiento se reflejó en los resultados de la “Encuesta para la medición del impacto COVID-19 en la educación” (INEGI-2021), la cual dio cuenta de que la pandemia dejó fuera a 2.3 millones de alumnos del ciclo escolar 2020-2021; otros 2.9 millones no se inscribieron por falta de recursos, y 3.6 millones más tuvieron que trabajar para completar la pérdida de ingresos de los jefes y jefas de familia que perdieron su empleo o vieron reducidos sus ingresos. La consecuencia inmediata de este último aspecto fue que la pandemia del coronavirus, la baja o falta de dinero o la necesidad de trabajar, expulsaron a 5.2 millones de estudiantes entre 3 y 29 años del ciclo escolar vigente, tanto de escuelas públicas como privadas.

Otra secuela no menos preocupante es que la pandemia evidencia la desigualdad de oportunidades de acceso a la educación a distancia, puesto que en el país existen condiciones marcadamente inequitativas en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, tanto en las escuelas como en los hogares. Basta citar que de acuerdo con la “Encuesta Nacional sobre la Disponibilidad y Uso de la tecnología de la información en Hogares-2019”, divulgada por el INEGI, un 56.4% de los hogares mexicanos tiene acceso a internet, un 44.3% tiene una computadora en casa, un 39.1% carece de conexión a internet, 44.6% usa la computadora como herramienta de apoyo escolar en los hogares y 10.7 % de usuarios de internet acceden fuera del hogar. Esa situación en tiempos de pandemia ahondó las perspectivas de la marginación social de quienes padecen extrema pobreza, y para cuya población de niñas y niños no hay forma de acceder a las herramientas de educación a distancia como “Aprende en Casa”, por lo que seguramente estarán condenados a un rezago educativo mayor implantado por su marginación, sobre todo, de quienes viven en zonas rurales.

Con ese marco, no debe sorprender que el debate público se concentre en discutir las consecuencias del confinamiento, de la aplicación de medidas preventivas, de la atención a los grupos vulnerables, de la reactivación económica como esencial para toda actividad productiva y educativa, del éxito del plan de vacunación y, evidentemente, del regreso a clases, así como de las posibles estrategias para que los educandos y docentes vuelvan a las aulas de manera segura.

Ante ello, para los gobiernos y las autoridades educativas el urgente reinicio de clases es una prioridad de primer nivel, impostergable después de un año en el que el estudio fue básicamente a distancia. Sin embargo, el retorno a clases presenciales no sólo enfrenta el requisito de que este se verifique con el semáforo epidemiológico en color verde y se cumpla con las exigencias de carácter sanitario, sino también una exhaustiva revisión y acondicionamiento del estado actual de la infraestructura en las escuelas, pues, de acuerdo con datos de la SEP, de los 216 mil 130 planteles de educación pública en el país, hasta 108 mil 065 habrían sufrido saqueo o fueron vandalizados por los delincuentes que aprovecharon el abandono de las aulas durante la pandemia, provocando daños que abarcan desde cables de electricidad, ventanas y puertas hasta sanitarios, computadoras y pantallas.

Como podemos apreciar, a la distancia, la pandemia provocada por el coronavirus golpeó severamente al sistema educativo y los resultados se atisban como desoladores, situación que se agrava pues antes de la contingencia el ámbito educativo ya experimentaba su propia crisis, caracterizada por los rezagos en aprendizajes prioritarios, problemas de retención escolar, los asociados a la equidad en ingreso y permanencia, así como una ancestral deficiencia presupuestaria. Para este ámbito de alto impacto social, está visto, la pandemia “no cayó como anillo al dedo”.

En el corto plazo, el retorno a clases es una prioridad de política educativa y de alto impacto social, pues para el caso de México, un estudio del Banco Mundial indica que con un escenario de 7 meses sin clases presenciales la disminución educativa sería de 0.9 años, mientras que, si el cierre se prolonga a 13 meses (como ya ocurrió, pues México cerró oficialmente sus escuelas el 23 de marzo de 2020), el descenso llegaría a 1.8 años, lo que en el largo plazo tendrá un efecto negativo sobre el perfil del capital humano que se verá limitado para ingresar al mercado laboral, y que tendrá causas y consecuencias no sólo formativas sino también económicas para el país.

Frente a esa realidad, para los gobiernos y las autoridades educativas es cardinal delinear los pasos y la estrategia a seguir, con base en diagnósticos claros y precisos sobre lo que se requiere para establecer una ruta frente al ciclo escolar 2021-2022. Este ciclo se anticipa de sumo complicado por tener un formato que, en el mejor de los casos, será híbrido (clases presenciales escalonadas con esfuerzos de educación a la distancia) ante una pandemia que, según anticipa la Organización Mundial de la Salud (OMS), nos acompañará por largo tiempo.

Algunas medidas que podrían incluir dichos diagnósticos-estrategias, tras las consecuencias de la pandemia podrían ser: identificar el impacto del confinamiento en el aprendizaje de los alumnos, ponderando las desigualdades educativas y calibrando nuevas rutas. Incluso puede implementarse un nuevo plan educativo para compensar los atrasos de los estudiantes, así como precisar los programas y dinámica de clases que atiendan las necesidades de maestros y alumnos, para evitar mayores afectaciones de abandono y aprendizaje, como vía para hacer valer el derecho a la educación; formular una estrategia de reincorporación de los alumnos que han abandonado sus estudios o que han quedado rezagados por causas asociadas a la pandemia. De igual forma, pueden ponerse en funcionamiento los mecanismos y herramientas necesarias para un mejor acompañamiento en el proceso educativo, que se anticipa será mixto (virtual y presencial), con asesorías académicas y prácticas de educación diferenciada en las aulas, que ayuden a compensar los rezagos de aprendizaje. Asimismo, se podría ajustar el presupuesto y dar un uso adecuado de los recursos que se canalizan al sector educación, además de establecer una coordinación efectiva entre autoridades federales y estatales, para incorporar una nueva visión y promover la colaboración regional y mundial, en materia educativa.

Estos son momentos de definiciones, por lo que las propuestas citadas deben llevar a la sociedad y al gobierno a repensar sus criterios económicos, sociales y políticos. También a valorar con una nueva lente su panorama educativo, para darle importancia a la educación de calidad para los alumnos. Y robustecer el rol de la escuela como formadora y reforzadora de conocimiento, no únicamente como transmisora de una ideología que busca implementar una superestructura social. Ahora la escuela también deberá reforzar la concepción e interpretación de la nueva realidad post-pandemia, para generar nuevos paradigmas, con nuevas herramientas que proporcionen a millones de estudiantes la posibilidad de construir otro futuro.

En lo inmediato, el gobierno y la sociedad deben impulsar espacios escolares que promuevan escuelas para la vida, aulas abiertas a la realidad, programas capaces de reinventarse permanentemente ante situaciones de emergencia, por muy devastadoras que puedan ser, y formular alternativas educativas que pongan en el centro a quienes aprenden y no sólo a los contenidos curriculares oficiales.

Construir alternativas como las citadas demanda voluntad política, pero sobre todo requiere una ponderación estricta y hecha con la cabeza fría, sobre las causas de lo que está ocurriendo. Esta voluntad exige la concurrencia colectiva entre la sociedad, el gobierno, las autoridades educativas y el magisterio.

Por ello, para atemperar el impacto que ha tenido esta pandemia sobre nuestro sistema educativo, es necesario que todas y todos, tanto gobierno como sociedad civil e individuos pongamos manos a la obra y trabajemos desde nuestra respectiva trinchera para asegurar que el futuro del país y la vida de sus niñas y niños se vea afectado lo menos posible y puedan regresar a las clases, en las mejores condiciones.

Pero también habrá que asimilar que el “tsunami educativo” que el país enfrenta es de tal magnitud y las herramientas para contrarrestarlo son tan precarias, que la factura que una generación está por pagar será onerosa no sólo para ellos, sino para toda la sociedad en su conjunto. Por ello, como sociedad no podemos ni debemos tolerar ocurrencias bienintencionadas, pero mal diseñadas y peor implementadas.

Para corregir la crisis educativa que se está profundizando, brindar equidad de oportunidades para continuar aprendiendo a la distancia y en clases presenciales segmentadas y dotar a las comunidades educativas de las herramientas para atender las afectaciones socio-emocionales que empeoran conforme avanza la pandemia, se requiere formular una nueva política de Estado en materia educativa, que siente las condiciones mínimas para dar viabilidad al futuro educativo en el país.

Lo anterior exige elevar el costo político para que, si no por responsabilidad sí por exigencia social y política, el gobierno federal reasigne los presupuestos necesarios para fomentar las oportunidades educativas demandadas por miles de jóvenes que comparten el objetivo de tener un mejor futuro. De esta forma, el país tendrá posibilidad de levantarse con mayor celeridad de la crisis que lo aqueja actualmente y a largo plazo.

https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/el-reto-de-sentar-condiciones-minimas-para-hacer-viable-la-educacion-pese-a-la-pandemia/

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