Cuando la vida tuerce las veredas que creímos firmes. Cuando no queda más remedio que repetir con Monsiváis: “o yo no entiendo lo que está pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo”. Cuando lo que sucede no tiene manera de nombrarse y se marcan en el rostro las arrugas del pasmo. Cuando como a la paloma de Alberti se nos extravía el rumbo y por ir al norte vamos al sur. Cuando lo que pasa no cabe. Cuando las escuelas están cerradas y las ganas de aprender nos crecen. Cuando tocamos en clave de sol lo que va en calve de fa y se hace ruido y barullo. Cuando no tenemos ni idea, está seca la mirada y en el suelo la confianza en que algo será según nos dicen. Cuando se hace cotidiana la voz y el violín del grupo Kansas de tanto polvo en el viento. Cuando no hay pa’dónde hacerse. Cuando la Narvarte pierde un par de calles y Zempoala no tiene modo de estar donde solía. Cuando las estadísticas revientan, y el corazón del mundo anda a 143 pulsaciones por minuto. Cuando al amanecer no sabemos qué día es, y este enero pasado está tan lejos como agosto, y ayer tal vez sea un mañana repetido. Cuando creemos que la televisión “da cursos” y la tarea atarea y atolondra en busca de evidencias que muestren que todo sigue igual. Cuando acontezca que este día, a las 8 y media, todos quienes van en tercero aprenderán cómo se hace una suma de fracciones, y un señor en la pantalla nos indique que llegó la hora de activarnos y demos vuelta a la casa de cojito. Cuando la muerte es una presencia contundente pese a que nos ha rondado siempre. Cuando nos falte asidero, y no sepamos para cuándo va a regresar lo que ignoramos cómo es, ni en qué frasco lo venderán en las farmacias cuando vuelva, llegue o surja. Cuando andamos a media cara y somos ojos que buscan otros para saberse acompañados en las dudas. Cuando pasan estas cosas, colegas, lo que más importa, creo, es advertir que no son tiempos de respuestas sino temporada de preguntas.
Sí. Anhelamos respuestas: certidumbres, fechas, plazos, modos de resolver equis o zeta, fórmulas, milagreros iluminados o tronantes. Dígame cómo, dígame cuándo, dígame cuánto falta. Hable claro: requiero un qué, un por qué, un salvador o un culpable, algún discurso ahíto de esperanzas, previsiones y pronósticos. No le hace que no sirvan: dígalo como si fuese seguro.
No tengo coordenadas sin el horario que marca la chicharra de la escuela, sin el orden que en el salón resguarda el escritorio del docente. Ya no aguanto las manos sin rastros de gis o manchas de plumón. El candado que atora a la cadena de la puerta de la escuela se ha oxidado. Ya: urge una fecha y que sea exacta.
¿A qué? ¿Para qué? ¿Para que pase lo mismo de antes? En la temporada que se dilata ante nosotros hay que decidir: ¿compramos respuestas baratas para hacer de cuenta que hay claridad, o aceptamos el filo de la pregunta que nos reta con su incógnita? Es tiempo de parir preguntas fuertes en los grupos de maestras y maestros. Cuestiones compartidas, originales y creativas. ¿Cómo cambiamos las peroratas y dictados por procesos que produzcan ambientes de aprendizaje? Hoy y mañana. Tiempos de pensar juntos, ensayar, equivocarnos, atinar y aprender. No esperar la instrucción de arriba, que controla, sino generar las posibilidades desde abajo, a ras del aula ya no jaula. Como Machado decía, “también la verdad se inventa”. Inventar la realidad y el horizonte. Entonces las respuestas no serán triviales ni ajenas. Serán fértiles y, sobre todo, serán nuestras.
China prácticamente ha eliminado las clases que acomodan a más de 66 estudiantes en las escuelas primarias y secundarias de todo el país, con la proporción de esas clases «de tamaño exagerado» cayendo al 0,24 por ciento para el final de 2019, según el Ministerio de Educación.
Mientras tanto, la proporción de clases «grandes», aquellas con más de 56 estudiantes, se redujo al 3,98 por ciento para el mismo momento, es decir 10,1 puntos porcentuales menos que en 2015, de acuerdo con las estadísticas de la entidad.
Las clases sobredimensionadas han sido durante largo tiempo un asunto importante en el sistema de educación obligatoria de China, ya que los recursos educativos de calidad son insuficientes en algunas regiones.
China ha intensificado sus esfuerzos para mejorar las condiciones en las 309.000 escuelas que ofrecen educación obligatoria. La proporción de escuelas primarias, secundarias y preparatorias con acceso a Internet alcanzó el 98,43; el 99,07, y el 98,67 por ciento, respectivamente, al cierre del año pasado, según el ministerio.
Fuente e Imagen: http://spanish.xinhuanet.com/2020-12/12/c_139583714.htm
Las mujeres y las niñas representan el 71% de todas las víctimas de la esclavitud moderna a nivel mundial, lo que equivale a cerca de 29 millones de personas, alertó este miércoles la organización Walk Free, de la Fundación Minderoo.
Según explicó la organización internacional independiente de derechos humanos, esta tendencia sobre que las mujeres sean víctimas de la esclavitud moderna “se vuelve aún más evidente cuando se examinan las diferentes formas en las que se manifiesta”.
Lo anterior, con base en que están sobrerrepresentadas en tres de los cuatro tipos de esclavitud moderna evaluados por las Estimaciones Globales de la Esclavitud Moderna.
Así las cosas, se evidenció que mujeres y niñas representan el 58% de todas las víctimas de trabajo forzoso, el 84% de todas las participantes de matrimonio forzado y “un alarmante 99% de todas las afectadas por explotación sexual forzada”.
“De hecho, las mujeres y las niñas corren un riesgo abrumador de explotación sexual independientemente de la forma de esclavitud moderna a la que estén sometidas”, advirtió el documento.
Las cifras mencionadas muestran patrones de empleo y migración muy marcados por el género y “señalan la relevancia de patrones más amplios de abusos de derechos humanos que afectan de manera desproporcionada a mujeres y niñas”, de acuerdo con Walk Free.
Adicionalmente, el documento alerta que el riesgo de esclavitud moderna existe para mujeres y niñas sin importar el lugar del mundo donde vivan, pues “el género tiene un impacto significativo en la vulnerabilidad”.
Estimaciones mundiales de la esclavitud moderna dicen que el 73% de las víctimas en Asia y el Pacífico son mujeres y niñas; igual ocurre con el 71% en África; el 67% en Europa y Asia central, y el 63% en las Américas.
“Incluso en los Estados árabes, donde las estimaciones se ven obstaculizadas significativamente por la incapacidad de realizar un estudio adecuado de las formas de esclavitud moderna que afectan predominantemente a mujeres y niñas, casi el 40% de todas las personas que viven en la esclavitud moderna son mujeres”, explica.
Estos Estados tienen alrededor de 2,1 millones de trabajadores domésticos migrantes, un grupo altamente vulnerable a la esclavitud moderna, en tanto que la mayoría son mujeres que trabajan bajo el sistema restrictivo de kafala.
Y según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en 2018, las mujeres representaban el 53% de las víctimas de la trata en el Medio Oriente.
Esclavitud y derechos de mujeres en Colombia
El informe alertó que entre comunidades rurales e indígenas de Colombia, las niñas vulnerables son traficadas a las ciudades para el trabajo doméstico.
Adicionalmente, Valerie Dourdin, directora de Emergencias de Save the Children Colombia, alerta: “En el país, una adolescente que queda embarazada tiene un 50% de posibilidades de no terminar nunca la escuela”.
Dijo además que este riesgo aumenta al 100% si tiene un segundo hijo antes de los 18 años.
“Sin educación y con perspectivas de empleo limitadas, a menudo lo único que se encuentra entre una madre joven y la pobreza es una pareja o matrimonio abusivo, o un trabajo precario”, agregó.
Termina el cuarto encuentro del foro «Currículo a debate» sobre las experiencias de otros países
Terminaron los cuatro encuentros del foro El currículo, a debate, organizado por el Ministerio de Educación y FP como base para el trabajo del futuro instituto para el desarrollo curricular, que debe diseñar el currículo escolar español. Y esta última cita tenía como objeto mirar hacia fuera, ver qué se está haciendo en otros países, con Portugal como estrella invitada. Explicó lo que se hizo en el país vecino Eulália Ramos, subdirectora de Educación del Ministerio de Educación de Portugal, que tuvo una intervención clara y directa. Comentó que se alteraron el currículo, los espacios y la evaluación, y se hizo a partir de una encuesta a todo el profesorado que apuntó tres problemas del currículo: demasiado amplio, no deja tiempo para profundizar y consolidar el contenido y le falta actualización. A partir de ahí construyeron su nuevo sistema que no estuvo exento de problemas («la forma clásica da mucha seguridad a los profesores») con profesores que se quejan de que tienen mucho trabajo («es diferente», decía Ramos). Y hasta mitos: se genera más burocracia, se requieren clases más pequeñas y es más fácil, creencias extendidas en la opinión pública.
«Ahora, un alumno español olvida la historia de su país y no entiende la de ningún otro»
A esto se le dedicó tiempo al final porque es muy importante, y la propia Eulália Ramos reconoció que, por ejemplo en Historia, memorizar fechas, nombres de reyes y de lugares «es muy fácil de evaluar». Pero como explicó después Javier Valle, profesor de la UAM y director del grupo de investigación de Políticas Educativas Supranacionales, «ahora en España un alumno se olvida de la historia de su país y además no entiende la de ningún otro». Frente a esto, Maripé Menéndez, responsable del Bachillerato Internacional (BI) para Iberoamérica —un programa muy alabado y que se basa precisamente en competencias— reconoce que en su programa hay un punto que es trabajar sobre un conflicto bélico «y el alumno elige cuál».
La UE cifra en 12 años el tiempo para cambiar el currículo escolar
Andrés Contreras, responsable de los centros españoles en el exterior, reconoció que las reformas se están generalizando en todo el entorno y que la UE calcula que se necesitan 12 años para aplicarlas de forma efectiva.
Como explicó Cristina Galache, representante educativa de España ante la UE, el perfil del alumno debe potenciar su conocimientos y habilidades STEM, con énfasis en la educación multilingüe, intercultural y de ciudadanía, así como ciertas habilidades en programación y ciberseguridad.
«No es una reforma que se pueda hacer solamente a golpe de BOE»
Juan Manuel Moreno Olmedilla, especialista en educación en el Banco Mundial y moderador del foro, resumió al final algunas ideas el debate: los españoles tenemos que aprender mucho de lo que están haciendo otros países (no solo en cómo plantean su currículo sino sobre el proceso para movilizar a los protagonistas); hay una dimensión internacional clara y visible en las políticas curriculares, que hasta ahora se centraban en «lo nacional, de construcción de identidades nacionales, que sigue siéndolo, pero tienen cada vez más una visión internacional»; y un currículo competencial «no implica solamente un cambio administrativo, es un cambio cultural, de código, de ancho de vía, de sistema operativo» porque «no es una reforma que se pueda hacer solamente a golpe de BOE». La buena noticia -concluyó Moreno- es que en España hay miles de profesores, centenares de centros, que ya lo están haciendo desde hace mucho tiempo por lo que el objetivo es que «el BOE refleje lo que está pasando, le dé carta legal y lo escale».
«No podemos estar cinco años pensándolo»
Terminó Alejandro Tiana, secretario de Estado de Educación, el foro anunciando nuevos encuentros —sobre qué perfil de graduado en ESO debe diseñar España y también para compartir experiencias de educación competencial que hay en el país— y apuntando que este curso es muy interesante para dedicarlo al debate. Porque Tiana recogió el guante de lo dicho en la charla de que hace falta tiempo y dinero para implementar un cambio curricular pero añadió: «No podemos estar cinco años pensándolo». Recordó que como le explicaron esta semana colegas de Croacia y México «la pandemia ha venido a poner de manifiesto la urgencia de este cambio» que ya acometieron muchos centros «y mal hacemos —reflexionó— si no aprendemos de eso». Para Tiana el desafío «es iniciar un camino basado en las lecciones que extraemos de lo que se está haciendo y facilitar la innovación e incentivar la transformación». Claro que frente a lo que ocurre en Portugal o Francia, España no es un país centralizado: «Yo [en referencia al ministerio] no lo puedo decidir todo, sí impulsarlo y animarlo», por lo que el ejemplo de otros países tiene que ser tomado con la cautela necesaria y mirar más a Alemania, con un sistema político similar al nuestro.
Más confianza en escuelas y profesores
Sí tiene claras algunas cosas: «Los países más avanzados son los que tienen un mayor grado de confianza en las escuelas, y vuelta» mientras que en España se padece «una hiperregulación curricular» impensable en otros campos: «Es como si en el BOE apareciese qué tiene que hacer un médico ante un posible caso de apendicitis», pues lo mismo ocurre con la educación. El ejemplo de Historia fue muy útil otra vez: «Le decimos al profesor ‘usted tiene que enseñar esto, y esto y esto… porque si no se lo digo yo a saber qué enseña». Otro aspecto básico es la «formación inicial y permanente que recibe nuestro profesorado, y cómo crear grupos de apoyo y seguimiento a las iniciativas de innovación, mentorías, de los que van avanzando». Hay que recordar que la Lomloe incluye un mandato para que en el plazo de un año se presente una reforma de la profesión docente (formación, inicio del acceso al trabajo y carrera profesional).
Finalmente, Alejandro Tiana hizo mención al seguimiento del foro en (4.000 personas el primer día, 1.500 el segundo y 2.000 el tercero), a las 34.000 visitas a la web y las 1.970 aportaciones al cuestionario propuesto. «Aquí han salido una serie de principios no solo relativos al qué sino al cómo. Claridad y comunicación han sido dos términos que han salido reiteradamente, tenemos cuidar mucho el proceso porque el objetivo último es que haya una «apropiación» de esto por parte del profesorado y los centros, si lo hace suyo serán capaces de desarrollarlo, sabiendo que no es el BOE el que introduce los cambios en la escuela».
La pandemia ha hecho visible más que nunca la desigualdad en algunos países. En Filipinas, la mala conectividad y la falta de dispositivos son una seria traba para el aprendizaje a distancia, con más del 16% de las familias viviendo en pobreza extrema
1El curso escolar en Filipinas ha comenzado con cuatro meses de retraso, después de que el presidente Duterte anunciara que no habría clases presenciales hasta que existiera una vacuna contra la covid-19. En el modelo de enseñanza ‘online’ que se ha impuesto en el país se han matriculado 24,6 millones de estudiantes, pero ha dejado al margen a tres millones. En la imagen, un grupo de niños posa en Tondo, el distrito más pobre de Filipinas. Para ellos será muy difícil el aprendizaje a distancia.
2Los menores en Filipinas están en riesgo de permanente abandono escolar, un problema especialmente grave en el país asiático, donde 3,8 millones de niños no cursan enseñanza alguna y solo el 30 % de las personas en los barrios más pobres tienen estudios secundarios, según un informe del Banco Mundial. En la foto, una niña limpia parabrisas de autos en una céntrica avenida de Manila.
3La mala conectividad y la falta de dispositivos son una seria traba para el aprendizaje a distancia, que va a ahondar la brecha digital en Filipinas. En un país donde más del 16% de las familias viven en condiciones de pobreza extrema. En la imagen, una maestra entrega material escolar a la madre de un alumno en la escuela elemental Gregorio del Pilar, en el distrito de Tondo.
4El reparto de tablets entre alumnos y ordenadores para los profesores ha sido una de las medidas más aplaudidas en el arranque del curso escolar, aunque solo ha llegado a algunos distritos de la capital, como Tondo, donde se ha prohibido hasta el uso del karaoke en horario diurno para facilitar la concentración. En la imagen, una maestra enseña a una madre el uso de este dispositivo en la escuela elemental Gregorio del Pilar, en el distrito de Tondo.5“Para nosotros este curso es un gran reto. Ojalá podamos volver pronto a las clases presenciales. Estamos rezando para que las cosas mejoren”, cuenta Guida Morris, directora de la escuela elemental Gregorio del Pilar, en Tondo, quien posa con algunos de los materiales que se distribuyen a los alumnos para las clases ‘online’.6Al no poder depender únicamente de Internet, en Filipinas se ha optado por un sistema mixto, que combina la distribución de material impreso, con clases ‘online’ dos veces por semana como mínimo y lecciones impartidas en la televisión pública. Varios profesores distribuyen materiales en la escuela elemental Gregorio del Pilar, en Tondo.7“Las nuevas modalidades no pueden reemplazar completamente el aprendizaje cara a cara, especialmente dado el atraso tecnológico del país y la pobreza generalizada”, lamentó la Alianza de Maestros, el mayor sindicato de enseñanza del país. La profesora Naomi Santos posa en el aula de ciencias de la escuela Gregorio del Pilar, en Tondo.8Ynna Andrhea Roflo, alumna de 10 años con predilección por las matemáticas, usó por primera vez una tablet el primer día del curso, dispositivo que le asignó gratuitamente su escuela en el distrito de Tondo, el más pobre y densamente poblado del país.9La profesora de inglés y literatura, Elizabeth Abaya, se dispone a comenzar desde su hogar las clases ‘online’ con sus alumnos. En su humilde casa de Tondo, afronta con ilusión el nuevo curso, que ve como “una oportunidad para todos de actualizarnos en nuevas maneras de enseñar más acordes al siglo XXI”.10Dana Abaya, de nueve años, informa a su maestra que ya está lista para comenzar las clases por Internet. “Me gusta estudiar desde casa. Es una forma nueva de aprender, aunque prefiero las clases cara a cara para estar con mis amigas”, cuenta esta niña, mientras termina en su ordenador un ejercicio de literatura de la clase que imparte su madre y maestra en el escritorio de al lado.11Christine Mae Escobido (derecha), de 11 años, y su madre Warlyn Langit estudian Geografía con la ayuda de un móvil en el barrio de Santa Ana, en Manila.12En el barrio de Soldiers Hill pocos pueden permitirse comprar un teléfono para que sus hijos estudien, así que varias familias decidieron compartir el móvil con los vecinos para las clases ‘online’ y el resultado es esta pequeña e improvisada escuela con muchos niños y sin maestros que ahora funciona en su hogar.13Un grupo de escolares se reúnen en casa de Nidia Iliena, en el barrio de Soldiers Hill, para estudiar con la ayuda de un teléfono celular que esta compró para sus hijos.14Se reúnen en las distintas estancias de la casa y los hay de todas las edades: En esta habitación en casa de Nidia Iliena, en el barrio de Soldiers Hill, están los alumnos que estudian educación secundaria.15Manila es conocida como la capital mundial de los call centers y la mayoría de los jóvenes maestros contratados para Tele-Aral, trabajaron antes en ellos por lo que tienen experiencia en atención al cliente por teléfono o Internet, una iniciativa que busca mitigar la brecha digital en la educación de la nueva normalidad.16Una maestra miembro del programa Tele-Aral explica en una pizarra una lección a sus alumnos que se encuentran conectados a Internet.
La escuela y la educación hace años que son protagonistas de numerosas películas. De la mano de Jaume Cela te presentamos tres títulos, de diferentes épocas y latitudes.
El niño de la bicicleta
Hermanos Dardenne
Cirile vive en un internado. Quiere reencontrarse con su padre, algo que no conseguirá pero, lo que sí hará será entrar en contacto con una peluquera, Samanta, que, a partir de ese momento, se convertirá en un apoyo incondicional para el chaval.
Hoy empieza todo
Bertrand Tabernier
Un director de una escuela infantil en un contexto de crisis social. Una administración que no ayuda. Dónde están los límites de la acción de un docente. Hasta qué punto debe implicarse en las vidas de sus alumnas y alumnos y de sus familias.
Uno para todos
David Ilundain
Un profesor llega nuevo a una escuela para hacer una sustitución. Se encuentra con un grupo de alumnos estupendos. Pero, no todo es lo que parece. Falta un alumno que está en casa con una grave enfermedad. Nadie lo quiere de nuevo en el aula. Hasta el momento había sido foco de conflictos con todos los demás.
El crecimiento en el antiguo Egipto no era ningún juego. La tasa de mortalidad infantil era muy alta y la edad adulta empezaba apenas se llegaba a la pubertad, por lo que la infancia era vista como un periodo muy importante en el que había que dar a los niños y niñas las herramientas para poder valerse por sí mismos.
En el Egipto de los faraones, uno de cada tres niños no llegaba a su primer cumpleaños. De los que sobrevivían, la mitad llegaba a cumplir cinco años y poder disfrutar de su infancia. Pero por poco tiempo, ya que llegados a los doce o catorce años se esperaba que se casaran y empezaran su vida adulta. En ese breve periodo debían aprender todo lo necesario para abrirse paso en la vida, a menudo limitados por el entorno familiar en el que el azar les había hecho nacer.
El antiguo Egipto era muy peligroso, especialmente para los niños. Solo uno de cada cinco o seis superaba los primeros años de vida.
UNA INFANCIA PELIGROSA
La razón de la alta mortalidad es que el antiguo Egipto era un país ya muy peligroso de por sí, pero más aún para un niño, debido a su fauna; escorpiones, serpientes venenosas, cocodrilos o hipopótamos, entre otros. Por ese motivo las madres llevaban casi siempre a sus bebés consigo, incluso cuando estaban trabajando, sujetos en cabestrillos de tela, para tenerlos siempre vigilados; o si tenían hermanos mayores, se les dejaba a su cuidado. Y esto sin contar las enfermedades o las carestías, que se cebaban especialmente con los más jóvenes.
Los amuletos tenían una función muy importante en el antiguo Egipto, desde simples trozos de madera o cerámica hasta elaboradas joyas. Los niños y las mujeres embarazadas solían llevar el udjat u ojo de Horus, al que se atribuía protección contra las enfermedades.
Imagen: Jon Bodsworth (CC)L
Para protegerlos de tales peligros, los niños solían llevar amuletos consigo, como el famoso ojo de Horus o udjat, que supuestamente alejaba el mal de ojo y las enfermedades y ayudaba a sanar las heridas. Los padres también solían consultar a un astrólogo profesional para darle a su recién nacido un nombre propicio: este solía constar de al menos dos partes, una de las cuales reflejaba una cualidad y otra a un dios protector; por ejemplo, el nombre Meret-Net, “amada de Net” (la diosa de la sabiduría), ayudaría a la niña a convertirse en una mujer inteligente.
El senet era uno de los juegos más populares del antiguo Egipto. El objetivo era ser el primero en recorrer las 30 casillas y sacar todas las piezas (diez por jugador) del tablero.
En sus ratos libres, los niños se divertían con juguetes –habitualmente de madera, cáñamo o papiro–, muñecas, pelotas, peonzas, juegos de mesa –el más popular era el senet– o, en el caso de los niños, diversiones “masculinas” como luchas y carreras. Pero siempre sin alejarse demasiado de los adultos, ya que existía el peligro de toparse con animales salvajes. Las mascotas eran habituales, sobre todo gatos y perros –que además mantenían a raya a escorpiones, serpientes y otras alimañas–, y en menor medida pájaros y monos. Si tenían hermanos menores, se esperaba que les cuidaran.
LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN
A partir de los cuatro o cinco años y hasta llegar a la pubertad, la vida de los niños y las niñas se desarrollaba en función de la familia en la que habían nacido. Si tenían la suerte de formar parte de una casa rica podían estudiar escritura, ciencias, literatura y religión, para convertirse en profesionales cualificados. Los niños eran enviados a la escuela o, si se trataba de una familia noble o especialmente pudiente, al templo, donde tendrían la oportunidad de prepararse para acceder a puestos administrativos o religiosos. Algunas niñas también iban a la escuela, pero era más común que recibieran una formación particular en su propia casa a cargo de tutores.
En cambio, si se era de familia pobre, lo normal era que empezaran a ayudar a sus padres en su trabajo, ya fuera en el campo, en un negocio o en su oficio. Al morir sus progenitores –lo que en Egipto solía suceder a una edad muy temprana, antes de los cuarenta años si se era pobre– heredarían su negocio y sus bienes, teniendo preferencia los hijos sobre las hijas. Y si el padre o la madre tenía un oficio, convenía que empezaran a aprenderlo cuanto antes.
Desde que tenían uso de razón se enseñaba a los niños y niñas a tener respeto por los dioses, a obrar el bien y a actuar con rectitud, para prepararlos para el juicio de Osiris.
La religión ocupaba un lugar muy importante en la educación, independientemente del sexo y de la condición social. Desde que tenían uso de razón se enseñaba a los niños y niñas a tener respeto por los dioses, a obrar el bien y a actuar con rectitud. Todo esto era una preparación para el momento más importante de la vida, que irónicamente tenía lugar después de esta: el juicio de Osiris, el señor del Más Allá. Cuando alguien moría su corazón era pesado en una balanza junto con la pluma de Ma’at, símbolo de la verdad y la justicia universal: si el difunto había obrado correctamente en vida, se le permitía pasar a los Campos de Iaru, donde viviría eternamente; pero si su conducta no había sido recta, su corazón era devorado por una bestia monstruosa llamada Ammit y su alma dejaba de existir. Por ello, era vital inculcarles desde pequeños la importancia de llevar una vida correcta.
EL PASO A LA ADULTEZ
En el antiguo Egipto no había una edad específica que marcara el paso de la infancia a la adultez, pero esta tenía lugar durante la pubertad, generalmente entre los doce y los catorce años. A esa edad no sucedía ningún cambio legal (no existía el concepto de menor o mayor de edad), pero se consideraba que ya podían casarse. En el caso de las niñas, la primera menstruación era celebrada como una señal de fertilidad y a esa sangre se le atribuían propiedades mágicas, por lo que se guardaba para ser usada en caso de necesidad: por ejemplo, si una mujer tenía dificultades para concebir, se la podía frotar por los muslos, la barriga y los senos.
Elegir oficio era una de las decisiones más importantes en la vida de los egipcios. Escriba, médico, arquitecto o astónomo eran algunas de las profesiones más bien consideradas.
Si se había tenido la suerte de recibir una educación era el momento de elegir oficio, una de las decisiones más importantes en la vida de los egipcios, como da fe la literatura –por ejemplo, la llamada Sátira de los oficios–. Una de las profesiones más importantes y codiciadas era la de escriba; muy poca gente en el antiguo Egipto sabía escribir, por lo que esto le abría las puertas a trabajar en casi cualquier lugar que desease –preferentemente, para la nobleza o los sacerdotes–. Otras elecciones magníficas eran arquitectura, astronomía o medicina,si su familia podía permitirse la formación. Todas estas profesiones requerían una enseñanza especializada que generalmente solo los más ricos podían permitirse.
La Casa de la Vida era el nivel superior de enseñanza y cumplía una doble función como «universidad» y como biblioteca. En ella se impartían conocimientos específicos y avanzados como medicina o astronomía. Estaba reservada a los hijos de las élites y que previamente hubieran recibido formación como escribas o sacerdotes.
Foto: iStock / Calin Stan
A la mayoría de la gente, sin embargo, no le quedaba otra opción que ocuparse de los campos, del ganado, o aprender un oficio sin gloria, como herrero, panadero o alfarero. Todas estas profesiones eran duras y no ofrecían ninguna esperanza de ascenso social. Los hombres tenían la posibilidad de alistarse en el ejército, algo peligroso pero que tenía perspectivas mejores: un salario fijo, alimento garantizado, botín y posibilidades de ascenso social. Las mujeres bienestantes podían permitirse una vida más tranquila, dedicada solamente al hogar, pero a las más pobres les esperaba una vida doblemente dura; una opción para escapar a ello era ir a servir a casa de una familia noble.
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FORMAR UNA FAMILIA
En el momento del matrimonio, la mujer se iba a vivir con su marido y la familia de este, que a partir de entonces pasaba a ser también la suya. Las distintas generaciones convivían bajo el mismo techo, que a menudo era también el lugar donde tenían su negocio o sus tierras.
Se esperaba que las mujeres empezaran a tener hijos desde la adolescencia, ya que la vida en Egipto era difícil y en cualquier momento podía llegar la muerte. Los partos eran momentos especialmente peligrosos en la vida de una mujer, ya que podía fallecer por hemorragias o infecciones; de nuevo, los amuletos y los hechizos jugaban un papel importantísimo. Generalmente la madre se ocupaba ella misma de las criaturas hasta los tres o los cuatro años.
Se esperaba que las mujeres empezaran a tener hijos desde la adolescencia. Los partos eran momentos especialmente peligrosos para ellas.
Muchas costumbres ligadas a la familia cambiaron con la llegada de los faraones ptolemaicos, de origen macedonio; y especialmente cuando Egipto se convirtió en provincia romana durante el principado de Augusto, momento en el que empezaron a migrar familias de otras partes del Imperio. Así, por ejemplo, las mujeres ricas adoptaron la costumbre de encargar la crianza de sus hijos a las nodrizas. En un fragmento de papiro de finales del siglo III d.C., una madre reprende a su yerno que permita a su esposa –“mi dulce hija Apolonia”– dar el pecho a su hijo recién nacido, porque implica que no tiene dinero para permitirse una nodriza o peor aún, que es un tacaño. Las mujeres también perdieron la libertad que habían tenido en la época de los faraones, que fue posiblemente la más igualitaria de la Antigüedad mediterránea por lo que respecta al género.
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