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Pandemia y globalización

Por: Fernando Luengo

La pandemia ha abierto la posibilidad, yo diría que la necesidad, de reenfocar algunos de los postulados que la ortodoxia económica daba por incuestionables. Uno de ellos es el que concierne con las pretendidas ventajas de la “globalización”, término impreciso, un verdadero cajón de sastre, donde se ha instalado uno de los paradigmas sagrados del pensamiento conservador.

Los defensores de la globalización han asegurado que los beneficios de la misma superaban ampliamente los costes, dibujando un panorama de suma positiva: más competencia, más mercados, más disponibilidad, en cantidad y calidad, de bienes y servicios, posibilidad de complementar el ahorro interno a través de los movimientos financieros internacionales, más y mejores puestos de trabajo y salarios más elevados.

Todo ello a condición de que los gobiernos llevaran a cabo medidas decididamente comprometidas con la apertura externa de la actividad económica; esto significaba eliminar las barreras que podían obstaculizar los flujos comerciales y las entradas y salidas de capitales financieros y productivos, y llevar a cabo políticas en el terreno salarial, presupuestario, medioambiental… favorecedoras de la inserción externa. Con esta argumentación, durante décadas, ha prevalecido la retórica del “todos ganan” en este proceso: países, gobiernos, trabajadores y empresas.

Sin embargo, y esta es una primera precisión importante, la globalización realmente existente ha tenido poco que ver con ese espacio supuestamente compartido -esa tierra plana- que habría posibilidades a todos los jugadores, especialmente a los que, comprometidos con el proceso globalizador, tenían economías más débiles.

La realidad nos habla más bien de un terreno de juego segmentado y desnivelado donde las grandes corporaciones y la industria financiera han fijado las reglas del partido, con unas instituciones globales -como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio- que han defendido los intereses de esos grupos, donde las economías  subdesarrolladas han sufrido un trato discriminatorio -por ejemplo, en materia comercial o de movimiento de personas- y se han visto obligadas a implementar políticas económicas -muy beneficiosas para las elites globales, pero con un elevado coste social y productivo- con el objeto de subsanar los desequilibrios provocados precisamente por las estrategias internacionalizadoras.

Una globalización que, por lo demás, no ha proporcionado los logros que, a ojos de sus partidarios, la justificaban. La utilización más eficiente de los recursos, el aumento de la productividad, la obtención de ganancias competitivas y la realización de transformaciones estructurales asociadas a las dinámicas globalizadoras deberían haberse traducido en un aumento de la “tarta de la riqueza”, reflejada en los avances del Producto Interior Bruto.

Ese plus, sin embargo, no se ha producido. Por el contrario, los años de más intensa globalización han coincidido con un periodo de leve crecimiento, inferior al registrado en otras etapas del capitalismo; y algunas de las economías más dinámicas han sido precisamente las que más se han distanciado del dogma globalizador. Igualmente, en el terreno de la convergencia los logros han sido escasos o inexistentes. De hecho, se han mantenido o se han ampliado sustanciales disparidades entre países y regiones en el ámbito de las capacidades productivas, tecnológicas y comerciales.

Pero, desde otra perspectiva, que es muy importante tener en cuenta, hay que decir que la globalización ofrece como balance un “éxito clamoroso”.

Lo ha sido para las grandes corporaciones, que han accedido a nuevos mercados, que han reforzado su posición dominante frente a las organizaciones sindicales y los Estados nacionales, que han podido desplegar sus inversiones en un contexto de intensa competencia -reguladora y en materia salarial- entre los países para atraerlas y que han practicado a discreción la ingeniería contable y la opacidad fiscal para aumentar los beneficios del grupo. Con la permanente amenaza de las deslocalizaciones, han sometido a una intensa presión a los trabajadores, institucionalizando la competencia entre ellos, a menudo entre los que pertenecen al mismo grupo corporativo.

La dinámica globalizadora también ha sido un escenario muy propicio para el formidable crecimiento de la industria financiera, sustentada en la deuda, la desregulación y la volatilidad de los mercados, aprovechando los diferenciales en los tipos de interés y las fluctuaciones en los tipos de cambio.

La globalización ha consolidado, en fin, el poder económico y político de las oligarquías, que han impuesto sus intereses en las instituciones y en los gobiernos, y que han recibido un trato privilegiado, tanto en los períodos de auge como de estancamiento. Y por supuesto ha permitido que los ricos, del norte y del sur, del este y del oeste, atesoren grandes fortunas.

¿Debemos considerar todo esto como algo del pasado o, en todo caso, como un insignificante residuo en proceso de superación? Creo, sinceramente, que razonar de esa manera es un grave error.

Es evidente que el escenario abierto por la pandemia ha puesto negro sobre blanco las fragilidades y consecuencias negativas de la globalización. Resulta igualmente obvio que los actores -públicos y privados- que operan en los mercados globales están redefiniendo sus estrategias en un escenario inestable, en el que no cabe descartar otras epidemias y las consecuencias asociadas a las mismas, y de abierta disputa por los recursos disponibles, en un contexto de creciente escasez de recurso naturales, materiales y energía. Es en este panorama donde hay que situar los movimientos hacia una cierta relocalización de actividades o, si se quiere, a una parcial desglobalización.

Todavía es pronto para evaluar el alcance de estos procesos y las dinámicas, económicas y políticas, a que dan lugar. Con todo, en mi opinión, algunas de las piezas fundamentales del proceso globalizador continúan muy presentes, tan fuertes o más que antes de que irrumpiera la enfermedad.

El poder corporativo se mantiene intacto o en aumento, la concentración de riqueza por parte de las elites globales sigue su curso y cada día encontramos claras evidencias del sometimiento de gobiernos e instituciones a ese poder. Asimismo, la lógica económica basada en el extractivismo, la competitividad, la competencia entre naciones y trabajadores y la deuda como motor de la economía continúan inspirando las agendas políticas.

Enfrentar ese entramado de intereses y dinámicas con propuestas e iniciativas -a escala local, estatal, europea y global-, poniendo lo público, la equidad, la sostenibilidad y la intervención social en el centro de todo es la clave para abrir un escenario verdaderamente transformador.

Fuente: https://fernandoluengo.wordpress.com/2021/09/02/pandemia-y-globalizacion-2/#more-1231

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Capitalismo catastrófico

Por: John Saxe-Fernández

El documento del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) es histórico. Ofrece la síntesis de unos 14 mil estudios científicos que llevan a entender que el cataclismo climático en curso puede frenarse y que es el ahora o nunca, el momento humano para movilizarse, levantarse contra un grave riesgo existencial que durante algunas semanas dejó ver los altos órdenes de destrucción física y de vidas que conlleva. Más que un cambio climático, ante la posposición suicida y omnicida de toda regulación de los gases de efecto invernadero, prefiero calificarlo de colapso climático capitalogénico y a un omnicidio contra la biosfera terrestre, que puede y debe ser frenado y revertido en la medida en que esto todavía es posible.

António Guterres, secretario general de la ONU, acertó al calificar el texto del IPCC dado a conocer el 9 de Agosto de código rojo para la humanidad. Desde fuentes como Bloomberg se indica que “en declaraciones preparadas vinculadas a la publicación, el secretario general Guterres dijo que –textual–: Este informe debe sonar como una sentencia de muerte para el carbón y los combustibles fósiles (CF) antes de que destruyan nuestro planeta. Una potente observación lanzada urbe et orbi, desde esta secretaría general de la ONU. ¿Por qué? Porque es expresión que toda posposición en la regulación drástica e inmediata de los combustibles fósiles llevaría a una velocidad e intensidad tan sorprendentes como los peores escenarios que hemos vivido en fechas recientes: acontecimientos en el ascenso de los niveles marítimos, inundaciones con cuerpos de agua inusitados e incendios forestales en Estados Unidos del tamaño de algunos estados mientras en Grecia y Turquía arrecian fuerte. Eventos que los modelos cibernéticos proyectaban para 2030 o 2050, pero que están en curso ahora.

Ante la urgencia, mejor hablar claro. Eso hizo Guterres al mencionar especificidades que permiten la localización de las instituciones y fuerzas sociales centrales en la gestación del problema. La acción social ante la enormidad de esta grave amenaza existencial, cuya naturaleza antropogénica ha quedado demostrada desde hace décadas no es suficiente. Ahora es necesaria la localización en el sistema socio-económico dominante de donde emanan esos gases de efecto invernadero. El origen capitalogénico del fenómeno; resulta crucial empezando por los subsidios estatales a los CF hasta las fuentes bancario-financieras de las industrias vinculadas a los CF.

En relación a los subsidios, los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución pública de EU que junto al Banco Mundial se maneja en función de intereses articulados por la presidencia de Estados Unidos, estiman que los subsidios gubernamentales a nivel mundial a los CF ascendían en 2015 a la friolera de 5.3 billones anuales de dólares ( trillions en el sistema numérico de ese país).

Esa cifra todavía no refleja los impactos de los poderosos monopolios privados que manejan esos CF, no en función de la humanidad o el hombre, sino de sus inversionistas a quienes tienen que dar cuenta.

Cuando algunos de esos inversionistas hicieron algún esfuerzo por alentar la inversión, en energías limpias, digamos , en lo que ahora es Exxon-Mobil, las fuerzas que dirigen esa institución rechazaron la propuesta aunque viniera de los nietos del fondo de los hermanos Rockefeller. Ahora el FMI hace los cálculos sobre los costos del clima, el medio ambiente y la salud humana. Se informa que las implicaciones fiscales de esa inmensidad en subsidios, esos 5.3 billones al sector de la energía exceden la inversión pública mundial en salud, según los economistas del FMI, Benedict Clements y Vitor Gaspar en un blog que acompaña el magno dato elaborado por David Coady y otros.

En el caso de Estados Unidos y la Unión Europea las principales beneficiarias de esta política son bien conocidas. Encabezadas por lo que ahora es Exxon-Mobil, se incluye a Chevron Texaco, Equinor, Repsol, Total, Shell, ENI, conocidas como las mayores se inclinan a presentarse al público en las conferencias sobre el cambio climático, jugando el papel de que somos parte de la solución, cuando son parte central del problema. Muchas de sus subsidiarias o firmas s son usadas en el magno saqueo de la riqueza pública. Pero para eso está la ahora fusionada banca comercial y de inversión del tipo que siempre gustó a los especuladores. Todo eso es también parte nodal del problema. Si los gobiernos del mundo no colocan drástico freno a la inversión bancaria en CF, no habrá un clima capaz de ser soportado por el cuerpo humano. Los 60 bancos más grandes del mundo durante los siguientes cinco años del acuerdo de París 2015. En 2016, 709 mil millones de dólares (mil mdd); 2017, 740 mil mdd; 2018, 781.8 mil mdd; 2019, 824.8 mil mdd; 2020, 751.8 mil mdd, para un total de 3.4 billones de dólares con un saldo de miles de vidas.

www.jsaxef.blogspo.com

Facebook: JohnSaxeF

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2021/08/12/opinion/022a1eco

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FMI: Cómo reducir los efectos desiguales de COVID-19 entre los trabajadores

FMI / Junio 2021

Por Jorge Mondragon y Marina M. Tavares

Los trabajadores jóvenes y menos calificados estuvieron entre los más afectados por la pandemia, y el año pasado sufrieron pérdidas de empleo en cifras récord. Es posible que algunos de esos trabajos nunca vuelvan a aparecer a medida que las economías se reajustan a un mundo pospandémico.Parece probable que se produzcan cambios a más largo plazo en términos de la combinación de puestos de trabajo en la economía: algunos sectores y ocupaciones se reducirán permanentemente y otros se expandirán. Con muchos trabajadores desempleados todavía luchando por recuperar sus salarios previos a la pandemia y otros cambios fundamentales en curso, es probable que los ingresos entre los trabajadores difieran aún más.

Como se muestra en nuestro último gráfico de la semana, la investigación de Perspectivas de la economía mundial de abril de 2021 encuentra que el apoyo a la retención de empleo (mostrado por la línea azul) puede reducir más rápidamente el aumento de la desigualdad de ingresos en los primeros meses después de que golpea una crisis. Cuando se sigue con el apoyo para que los trabajadores cambien o se reasignen a nuevos puestos de trabajo, nuestro análisis muestra que el paquete de políticas combinado y bien secuenciado (mostrado por la línea roja) puede frenar de manera más efectiva el aumento de la desigualdad de ingresos a mediano plazo, según lo capturado por el índice de Gini más bajo (una medida común de la desigualdad de ingresos), que si cada tipo de política se usara solo.

El apoyo a la retención de empleo, incluidos los beneficios parciales de desempleo y otros subsidios para mantener los vínculos de los trabajadores con sus empleadores, debe implementarse cuando la pandemia es aguda y se implementan medidas de contención, como bloqueos. Estas políticas evitan que los trabajadores más vulnerables caigan en el desempleo, mitigando el aumento de la desigualdad de ingresos a causa de la pandemia. Por ejemplo, el Reino Unido y España han tenido éxito al utilizar estas políticas para reducir las pérdidas de empleo. También mantienen valiosas coincidencias laborales y, como tales, las perspectivas de ingresos futuros de aquellos trabajadores que pueden esperar recuperar sus puestos de trabajo con el tiempo. En los mercados emergentes, donde una gran parte de la gente trabaja en empleos informales, es posible que sea necesario adaptar las políticas de apoyo para llegar a estos trabajadores; por ejemplo, Brasil y República Dominicana.

Sin embargo, no todos los trabajos volverán. Por lo tanto, a medida que la pandemia cede y se reabren las economías, el apoyo a la reasignación de trabajadores, incluidos los programas de (re) capacitación, la asistencia para la búsqueda de empleo y los incentivos para la contratación y la puesta en marcha, debe incrementarse para reducir los desajustes de habilidades y alentar la creación de empleos, permitiendo a los trabajadores desempleados encuentre más rápidamente un nuevo empleo. Países como Irlanda y los Países Bajos ya han avanzado mucho invirtiendo en programas de formación de trabajadores y ayudando a los trabajadores desempleados a encontrar nuevos puestos de trabajo. Esto aumenta los ingresos de los trabajadores y reduce la desigualdad a largo plazo.

El paquete de políticas correcto, que combina la retención de empleo y el apoyo a la reasignación de trabajadores, puede mitigar los impactos negativos y desiguales en el empleo de la pandemia. Sin embargo, el momento adecuado para pasar de la retención a la reasignación debería depender de las circunstancias de cada país, incluida la trayectoria de la pandemia y el progreso en la implementación de la vacuna.

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FMI:Consecuencias de la COVID-19: ¿Qué sucedió en América Latina?

FMI 15-06-2021

 

Por Bas B. Bakker y Carlos Goncalves

(EnglishPortuguês)

Si bien se habla mucho de «la vida después de la pandemia» en algunos de los países más ricos del mundo, en varios países de América Latina y el Caribe los fallecimientos diarios por COVID-19 siguen cercanos a los máximos de la pandemia.

A diferencia de Estados Unidos y Europa occidental, la cantidad de víctimas diarias en la región ha aumentado a ritmo constante desde la aparición de la pandemia, sin que se hayan presentado grandes olas. América Latina confinó a la población temprano y tiene una distribución demográfica más joven que otras regiones. ¿A qué se debe entonces que las muertes sigan aumentando?

Nuestro estudio indica que los altos niveles de empleo informal (o informalidad), la débil capacidad institucional y el momento en que se llevaron a cabo los confinamientos tuvieron mucho que ver con la poca eficacia de éstos últimos.

El impacto real

El número oficial de víctimas (por millón) de COVID-19 en América Latina y el Caribe es similar al de Estados Unidos y Europa occidental a pesar de tener una población mucho más joven y de que la COVID-19 los afectara relativamente tarde, lo que dio a los países tiempo para prepararse.

Sin embargo, el número oficial de víctimas puede no ser tan exacto. La cantidad de «exceso de fallecimientos»—una medida de cuántas personas más está falleciendo de lo que se podría esperar en un año normal—sugiere que la verdadera cantidad de víctimas en muchos países latinoamericanos se sitúa muy por encima del recuento oficial. Perú es un buen ejemplo. Su registro oficial de víctimas prácticamente se triplicó tras una revisión reciente de sus registros médicos en vista de la enorme discrepancia entre el exceso de muertes y las muertes oficiales.

Respuesta de la región a la COVID-19

Los países de América Latina y el Caribe se vieron afectados más tarde, lo que les dio tiempo para confinarse antes de que se propagara la enfermedad. Los confinamientos también fueron rigurosos: la disminución de la movilidad en el segundo trimestre de 2020 en algunos países latinoamericanos se situó entre las más elevadas del mundo. Esto tuvo un fuerte impacto en la actividad económica. En abril, la actividad económica de la región había caído 20% con respecto a la del año anterior.

Pero los confinamientos tempranos y rigurosos no redujeron la cantidad de víctimas diarias. Nuestro estudio indica que, si bien la tasa de crecimiento de nuevos fallecimientos en la región desaceleró, la cantidad de nuevas víctimas continuó en un ascenso lento pero constante y registró su máximo a principios de 2021. Esto fue muy diferente de lo sucedido en Estados Unidos y Europa occidental, donde los fallecimientos diarios cayeron rápidamente durante el segundo trimestre de 2020.

Una explicación posible son los altos niveles de informalidad y los bajos niveles de capacidad institucional de la región. Cuanto mayor es el nivel de informalidad, menor es el impacto de los confinamientos en la tasa de crecimiento de nuevos fallecimientos, en parte porque las personas con empleo informal no pueden darse el lujo de quedarse en casa. Observamos un resultado similar en relación con indicadores de gobierno y otros indicadores de capacidad institucional. Los confinamientos generaron mejores resultados en países con mediciones más altas de eficacia de gobierno, posiblemente porque ésta es un barómetro de la calidad del sistema de salud.

Otra posible explicación está relacionada con el momento en que se llevan a cabo los confinamientos, en particular, cuando suceden demasiado pronto. Cuando comenzaron los confinamientos, la cantidad de personas infectadas todavía era muy baja, lo que significa que la población susceptible era muy alta. Esto hizo que fuera mucho más difícil frenar la pandemia.

Por último, las políticas gubernamentales se flexibilizaron y perdieron impacto, lo que llevó a un incremento de la movilidad a medida que los casos aumentaban. Europa occidental también vio un aumento de la movilidad en el tercer trimestre de 2020, pero cuando el registro de nuevos casos había caído a niveles bajos.

Vacunas limitadas y nuevas variantes

A fines de 2020, dos nuevos elementos cambiaron el panorama: la llegada de las vacunas y de nuevas variantes más contagiosas. La región se ha visto muy afectada por las nuevas variantes, incluida la infame variante P.1 en Brasil. El porcentaje de la población que ha completado el plan de vacunación también es relativamente bajo en la mayoría de los países.

Hay otros factores de corte más estructural que pueden haber impactado la tasa de fallecimiento:

  • La cantidad de camas hospitalarias, ya que más camas per cápita se tradujo en menos muertes.
  • Los países con historia de vacunación BCG (contra la tuberculosis) registraron menos muertes que otros países.
  • Los municipios más grandes y con mayor densidad de población tuvieron más muertes por millón (aun así, la densidad de población no explica las diferencias entre países).

Lecciones aprendidas

  1. El momento en que se toman las medidas es clave. Decretar un confinamiento demasiado tarde puede causar un fuerte aumento de la tasa de fallecimientos, pero decretarlo muy temprano puede no ser sostenible y hacer que difícilmente se logre frenar la pandemia (con la notable excepción de las islas pequeñas).
  2. Los altos niveles de informalidad y la débil capacidad institucional limitan la eficacia de los confinamientos.
  3. Una rápida campaña de vacunación es un factor decisivo. Los países más expuestos al riesgo de un súbito aumento son aquellos donde una proporción muy alta de la población sigue siendo susceptible. En Uruguay, por ejemplo, las víctimas fatales diarias subieron de 63 en diciembre de 2020 a 4.700 en junio de 2021, y su tasa de fallecimiento es hoy la más alta del mundo en relación con el tamaño de la población. A principios de junio de 2021, la tasa de personas con la vacunación completa en los cinco países más poblados (Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú) osciló entre 4% (Perú) y 11% (Brasil), frente a 41% en Estados Unidos. En vista de que muchos países de la región tienen dificultades para adquirir o comprar dosis de vacunación, el acceso a la vacuna sigue siendo una gran prioridad.
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Las víctimas olvidadas de la covid-19: Cien millones más de pobres

Por:  Mónica Goded

Es habitual leer que, si exceptuamos el impacto de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión, la covid-19 ha provocado una recesión sin precedentes en el último siglo y medio. Lo que no resulta tan frecuente es que se escuchen voces que denuncien que la crisis actual perjudica en mayor medida a la población más vulnerable de los países en desarrollo.

Y, sin embargo, es descorazonador comprobar que, por primera vez en décadas, la pobreza extrema aumentará en 100 millones de personas.

Número de personas que viven con menos de 1,90 dólares al día, en situación de pobreza extrema. Banco Mundial, Author provided

Además, se ha producido una caída de la renta per cápita en más del 90 % de los países en desarrollo. La mitad de estas economías revertirá los avances de los últimos cinco años o más y una cuarta parte perderá todo el progreso realizado desde 2010.

Retroceso en 2020 en la ganancia en ingreso por habitante en los países emergentes y en desarrollo (en número de años). Banco Mundial

La covid-19 está provocando un descenso en las remesas recibidas por las familias más pobres. Por primera vez en la historia moderna, se ha reducido la cantidad de migrantes internacionales.

También ha aumentado la desigualdad. Frente al 10 % de los hogares ricos que se contagian, más de la mitad de los hogares pobres lo hacen y la probabilidad de que fallezcan sus habitantes es cuatro veces más elevada. La mayor exposición a la enfermedad se debe a diferentes factores:

– Ocupación en actividades esenciales que no se interrumpen durante los confinamientos.

– Residencia en barrios densamente poblados.

– Imposibilidad de reducir las horas de trabajo al no contar con ahorros.

¿Qué deparará el futuro?

Las perspectivas en términos de crecimiento son sombrías por los recortes de la inversión debidos al deterioro en las expectativas de los agentes económicos.

PIB: estimaciones para 2022 en comparación a los niveles previos a la pandemia (diferencia porcentual). FMI

El crecimiento futuro también se resentirá del impacto de la pandemia en el capital humano, al poner en peligro los avances en el ámbito educativo y sanitario.

El aprendizaje se ha visto interrumpido con el cierre de las escuelas, que ha perjudicado especialmente a la población que no dispone de medios para continuar la formación a distancia. Además, la caída del ingreso de las familias obligará a interrumpir la formación de muchos niños y jóvenes. En particular, serán las niñas las que se vean forzadas en mayor medida a abandonar las aulas.

Al mismo tiempo, la pandemia ha aumentado el gasto sanitario de unas familias que ya afrontaban serias limitaciones financieras para cubrir su atención médica. Se estima asimismo que ha elevado en 130 millones el número de personas afectadas por el hambre crónica.

Por qué debemos afrontar la situación

Ignorar este aciago panorama no es justo… pero es que tampoco interesa hacerlo. La pandemia no terminará hasta que no termine en todo el mundo.

Sin embargo, la respuesta a la covid-19 está siendo extremadamente irregular: en las economías avanzadas, los paquetes de estímulo frente a la crisis representan entre el 15 % y el 20 % del PIB, en las economías emergentes solo suponen en torno al 6 % del PIB y en los países más pobres no llegan ni al 2 %.

Pensar en términos nacionales es lo más fácil, sin duda, pero salvaguardar la cooperación internacional también debería ser una prioridad. No atender a tiempo las acuciantes necesidades de los más desfavorecidos a la larga obliga a mayores desembolsos para afrontar unas tragedias que se podrían haber evitado.

Shutterstock / Manoej Paateel

¿Hay espacio para la esperanza?

El FMI subraya que lo que suceda a partir de ahora dependerá del ritmo de las campañas de vacunación y de la capacidad de ofrecer una respuesta eficaz entretanto. Será pues preciso reforzar la cooperación internacional prioritariamente en dos ámbitos.

Se debe asegurar el acceso en todo el mundo a las pruebas diagnósticas, los tratamientos y las vacunas contra la covid-19. Alienta comprobar que se ha puesto en marcha una iniciativa con esta finalidad, el Acelerador del acceso a las herramientas contra la covid-19, en la que participan organizaciones internacionales, gobiernos, empresas e instituciones de la sociedad civil. Urge reforzar esa cooperación pues, en estos momentos, las economías avanzadas han adquirido la mayor parte del suministro disponible.

Por lo demás, resulta imperativo proporcionar a los países de ingresos bajos, que ya estaban sobrendeudados antes de la propagación de la covid-19, una inyección adecuada de liquidez internacional que amplíe su margen de maniobra para hacer frente a la crisis.

El Banco Mundial y el FMI, en colaboración con el G20, han acordado una iniciativa para suspender temporalmente los pagos del servicio de la deuda de estos países. 5 000 millones de dólares han podido así ser desviados a la lucha contra la pandemia y sus consecuencias económicas. No obstante, se trata tan solo de un primer paso, pues los acreedores privados no están participando en esa iniciativa.

En definitiva, la pandemia pone de relieve la imperativa necesidad de mayores dosis de cooperación internacional. Existe un riesgo evidente de que los países más ricos se centren en cubrir sus propias necesidades. El problema es que esta actitud podría dejar atrás a las poblaciones más vulnerables de los países en desarrollo.

Esa alternativa no es viable, ni desde un punto de vista ético, ni desde una perspectiva eminentemente práctica. El mundo solo será un lugar seguro cuando todos sus habitantes estemos protegidos.

Mónica Goded. Profesora de Economía, Universidad Pontificia Comillas y profesora en la Universidad de Nebrija.

Fuente: https://rebelion.org/las-victimas-olvidadas-de-la-covid-19-cien-millones-mas-de-pobres/

Fuente Original: https://theconversation.com/las-victimas-olvidadas-de-la-covid-19-cien-millones-mas-de-pobres-159148

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FMI: Alrededor de 19 millones de personas cayeron en la pobreza en Latinoamérica

El Fondo Monetario Internacional (FMI) asegura que los niveles de desigualdad aumentaron un 5% en América Latina debido a la pandemia de la COVID-19.

Unos 19 millones de personas en Latinoamérica cayeron en la pobreza en el 2020 debido a la crisis económica generada por la pandemia de la COVID-19, según estima el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La pandemia también aumentó el nivel de desigualdad en un 5% en la región, si se compara con las cifras que se registraban en años anteriores.

“Recuperarse de las secuelas a largo plazo será más difícil y obligará a acelerar las reformas estructurales, mejorar el acceso a sistemas de educación y salud de calidad, ampliar las redes de protección social y mejorar el clima empresarial”, indicó el director del departamento del hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner.

Solo el año pasado el nivel de actividad económica de América Latina sufrió una caída del 7%, la más alta a nivel mundial.

«La contracción de 7% experimentada por la región en 2020 (en el nivel de actividad económica) fue la más pronunciada del mundo, superando con creces la desaceleración mundial, que fue de 3.3%».

Para este año se espera que el crecimiento económico de la región sea de 4.6%, unos 5.8% menos que lo proyectos en mercados emergentes.

Asimismo, indicaron que el ingreso per cápita no retornará al nivel de antes de la pandemia hasta 2024, lo cual provocaría pérdidas acumuladas del 30%.

Fuente: https://rpp.pe/economia/economia/fmi-alrededor-de-19-millones-de-personas-cayeron-en-la-pobreza-en-latinoamerica-noticia-1331902

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Mundo: 25 países pobres dedican más dinero a pagar la deuda que al presupuesto de educación, salud y protección social

Pero el problema no es exclusivo de esas 25 naciones. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado el riesgo de una crisis de deuda de otras naciones. La agencia que vela por la infancia alerta de las nulas posibilidades que tienen los niños para salir de la pobreza y mejorar sus condiciones de vida en esas naciones, y llama a un alivio y reestructuración de los créditos para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo. Ecuador reestructura su deuda a un alto costo social.

Un nuevo informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señala que 25 países de todas las regiones asignaron mayores partidas presupuestales al servicio de la deuda que a la educación, la salud y la protección social juntas en 2019.

El documento, divulgado este jueves, explica que ya antes de la pandemia esos países (uno de cada ocho aproximadamente) se encontraban abrumados por la pobreza y su población infantil ya padecía grandes privaciones y falta de perspectivas de un futuro mejor.

La directora ejecutiva de UNICEF señaló que los niños de las naciones con deudas grandes y recursos limitados para los programas sociales carecen de posibilidades para salir de la pobreza y dejar atrás las privaciones.

“Los costos personales y públicos son enormes, y llevan a que los niños, sus comunidades y sus países tengan muy pocas esperanzas de lograr un desarrollo económico y social sostenible”, dijo Henrietta Fore.

Chad, Gambia, Haití y Sudán del Sur son algunos de los países con mayores pagos por servicio de deuda y gastaban al menos tres dólares diarios por cada dólar destinado a los servicios sociales básicos.

AU/UN IST/Stuart Price
Las agencias calificadoras han contribuido a exacerbar las crisis, dice la experta en deuda y derechos humanos.

Países de renta baja y media

Pero el problema no es exclusivo de esas 25 naciones. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado el riesgo de una crisis de deuda para países de renta baja y media que ha ido en aumento desde la crisis financiera mundial de 2008, y los datos del Fondo Monetario Internacional muestran que una cuarta parte de ellos, hogar de 200 millones de niños, actualmente ya está endeudado o tiene un alto riesgo de endeudamiento.

Como respuesta a la emergencia económica derivada de la pandemia, los países del G20 acordaron una iniciativa de suspensión del servicio de deuda para el periodo de abril de 2020 a junio de 2021, pero hasta el momento sólo participa la tercera parte de los países que reúnen las condiciones para beneficiarse del programa, es decir, 46 naciones.

Catástrofe educativa

Uno de los grandes desastres acarreados por la pandemia del coronavirus se observa en el sector de la educación, cuyo gasto recortado aunado a las necesidades apremiantes y la falta de recursos de las familias, han colocado a millones de estudiantes de todas las edades en riesgo de abandono escolar y trabajo y matrimonio infantil.

UNICEF ha advertido en repetidas ocasiones que el mundo se enfrenta al peligro de perder toda una generación, lo que, además del impacto negativo en cada niño o joven, implicaría un freno al desarrollo nacional de cada país y sumiría a una mayor población en la pobreza.

“La pandemia ha provocado una catástrofe educativa mundial que es necesario abordar desesperadamente para evitar que la generación del COVID-19 se convierta en una generación perdida. Sin embargo, debido a la emergencia y a la carga de la deuda a la que se enfrentan los países, ya estamos viendo una contracción de los presupuestos para la educación en un momento en que los países necesitan invertir en la mejora de las escuelas y en los sistemas educativos”, afirmó Fore.

Según el informe, los países endeudados también han recortado el gasto en sectores como la protección de la infancia, la nutrición y los servicios de agua, saneamiento e higiene.

Banco Mundial/Mano Strauch
La pobreza sigue aumentando en América Latina a causa de la pandemia de COVID-19.

Una nueva arquitectura de deuda

De cara a este panorama, UNICEF insta a diseñar una reestructuración de la arquitectura de deuda internacional, que englobe las necesidades de los países de ingresos bajos y medios para proteger los derechos de los niños tras la crisis del COVID-19.

El Fondo de la ONU abunda que dicha reestructuración debería incluir un mayor apoyo y condiciones favorables para los países pobres más endeudados, al igual que mayor transparencia sobre la deuda como parte de los planes presupuestarios nacionales. También aboga por una acción coordinada por parte de los acreedores para convertir la deuda en inversiones que beneficien a los niños.

“El alivio y la reestructuración integrales de la deuda son esenciales para garantizar una recuperación inclusiva y sostenible, de modo que los niños no tengan que soportar la doble carga de la reducción de los servicios sociales ahora y el aumento de la deuda en el futuro”, recalcó Fore, y agregó que es fundamental que los organismos internacionales, los acreedores y los gobiernos nacionales actúen juntos para reducir la carga de la deuda y dirigir los ahorros hacia inversiones sociales que incluyan a todos.

América Latina

El estudio de UNICEF indica que mientras que los países pobres por ahora están cubiertos por la suspensión del servicio de deuda, los países de ingresos medianos han seguido pagando al menos un tercio de su deuda externa durante el curso de la pandemia. Como reflejo, el servicio de la deuda como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) es más alto en los países de América Latina y el Caribe, seguido de los países de Oriente Medio y Asia Central.

Los países de América Latina y el Caribe pagan en promedio más de 1,5 veces por servicio de la deuda en relación con el PIB que en los países de África subsahariana.

Banco Mundial//Jamie Martin
Niños acuden al reparto de comida diaria en una zona pobre de Ecuador.

Costo social de la reestructuración de deuda en Ecuador

A las deudas nacionales, en muchos países se añade el endeudamiento privado de empresas y familias, aumentando el peligro de una debacle. Ecuador es uno de los países en esa situación.

En marzo de 2020, el Congreso ecuatoriano solicitó al gobierno suspender el pago de la deuda para asignar esos recursos a la respuesta a la pandemia. Consecuentemente, Ecuador pidió en abril del mismo año cuatro meses de aplazamiento de 800 millones de dólares en pago de intereses y expresó su intención de reestructurar la deuda.

Pese a lograr una reducción en el servicio de la deuda a corto plazo, las condiciones impuestas incluían metas de consolidación del gasto público que resultaron en recortes de gastos por 4000 millones de dólares y una reducción de la jornada laboral y los salarios de los empleados del gobierno.

Las oficinas en Ecuador de UNICEF, además, han reportado recortes en el presupuesto de los servicios infantiles durante el COVID-19 en todos los sectores: nutrición, protección social salud y educación.

Fuente: https://news.un.org/es/story/2021/04/1490402

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