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UNAM.¿Quién debe decidir el regreso a clases en la FES-Acatlán?

Por: Manuel Aguilar

 

Si bien parte de la comunidad quiere regresar a las aulas, es claro que es absolutamente irresponsable hacerlo en estas condiciones. Ni tampoco prestando su postura a interpretaciones de un puñado de personas que no representan a la misma comunidad.

 

A propósito del cambio del semáforo epidemiológico de rojo a amarillo, las autoridades de la FES Acatlán nos hicieron llegar solamente a estudiantes -sin considerar profesorxs ni trabajadorxs- por correo electrónico una encuesta para «generar conocimiento para la toma de decisiones para el retorno “seguro” a las instalaciones» con límite de tiempo al -22 de septiembre del 2021- para responderlo además de un llamado a “seguir cuidándonos”.

Inmediatamente después, los estudiantes de la misma facultad crearon sus propias encuestas para conocer la postura de sus homólogos con respecto al tema. La postura es clara, la comunidad a pesar de la complicada situación que se vive hoy en día al estudiar desde casa en la virtualidad decidió seguir bajo la modalidad en línea.

Y aunque varias encuestas obtuvieron resultados de más del 50% por mantener las clases en línea, otros sectores expresaron la posibilidad de un regreso a clases en modelo híbrido o mixto, es decir con clases teóricas en línea y algunas prácticas de manera presencial.

El modelo mixto que se presenta como una alternativa por parte de las autoridades surge de reconocer que hoy por hoy no se puede implementar el modelo presencial por completo. Aunado a que las autoridades no dieron salida a la crisis educativa que provocó la deserción escolar y aumento de la precarización -como ya se sabe hay mucha deserción por la falta que tienen tanto como profesores y alumnos de la canasta tecnológica, no se tiene el espacio para concentrar toda la atención en las clases, el que un familiar o conocidx se contagie-.

Como se ha visto en el regreso de la educación básica, el hecho de tener un semáforo epidemiológico en amarillo es a grosso modo tapar el sol con un dedo puesto que ha habido un aumento de contagios en menores de edad además de en las y los maestros, menores de edad y profesores que lo único que consiguen tras el contagio es -si bien les va- un papel que diga que pueden faltar 14 días en lo que se recuperan.

La falta de protocolos claros, pruebas, insumos, se suma a los cientos de contagios, poca infraestructura para evitarlos y mal manejo de los mismos es lo que ha marcado el regreso a clases presenciales en educación básica. Por lo que una de las prioridades para un regreso a clases verdaderamente seguro, es de vital importancia la vacunación universal de la mano con la liberación de las patentes.

Entonces, ¿Quién debe decidir el regreso a clases presenciales?

El problema, para iniciar, es que la encuesta no se le consultó a la comunidad universitaria de conjunto, es decir, se excluyó a profesorxs y trabajadorxs, por otro lado, hacen falta medidas a considerar para regresar a clases presenciales.

En la FES Acatlán, incluso antes de la pandemia se carecía de muchos insumos básicos, los salones no contaban con ventilación adecuada, no había agua en los baños, el papel de baño parecía un privilegio, ni hablar del jabón; había compañeros que incluso llevaban uno para todos. Ahora hace falta también contar con un servicio médico de calidad, con medicamentos de calidad, así como pruebas de antígenos para detectar covid acompañados de medidas de manejo de contagio.

No es que no se quiera regresar a clases presenciales, desde luego que sí, pero este regreso no debe de ser a costa de nuestras vidas, ni las de nuestros familiares, amigxs, profesorxs, que de la mano de otros sectores educativos estamos enfrentando en primera línea la peligrosidad de una pandemia que lleva sacudiendo al mundo por más de un año; pues un regreso apresurado y sin condiciones seguras puede implicar un aumento en los contagios y en las muertes por covid.

No debemos prestar nuestra postura a la interpretación de un puñado de personas que nada saben lo que es vivir en nuestros zapatos lo que es tomar clases o dar clases en el marco de la pandemia.

Es por eso que desde la Agrupación Juvenil Anticapitalista consideramos que debe ser la comunidad universitaria de conjunto: estudiantes, trabajadores y docentes quienes decidamos de manera realmente democrática cómo y cuándo volver, empezando por exigir la vacunación universal.

También definir las medidas a tomar para evitar que no haya contagios y en caso de haber uno solo, garantizar el acceso a pruebas de detección de COVID-19 así como protocolos e insumos de apoyo para cualquier persona que resulte contagiada.

¡Luchemos por un aumento al presupuesto educativo del 10% del PIB, de la mano de impuestos progresivos a las grandes empresas y que se deje de financiar a la Guardia Nacional que hoy reprime a nuestras hermanas y hermanos migrantes en la frontera sur del país!

¡Impongamos un regreso seguro! ¡Impongamos una universidad en manos de estudiantes, profesoras y profesores, trabajadoras y trabajadores!, ¡una educación verdaderamente gratuita y pública!

Fuente de la información e imagen: https://www.laizquierdadiario.mx

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La deuda pendiente de Guatemala con su juventud, ¿en dónde debe invertir?

Por Ana Lucía Ola/Prensa Libre 

Guatemala es un país joven, con un bono demográfico que requiere inversión en educación, salud y empleo, pero las oportunidades son limitadas para este grupo de la población, y con ello se frena el desarrollo del país.

La tercera parte de la población guatemalteca tiene entre 13 y 30 años, es un bono demográfico que puede contribuir al desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida, pues este grupo representa la fuerza productiva del país. Sin embargo, el tiempo amenaza con reducir esta oportunidad, debido al sostenido descenso de la fecundidad y al aumento de la esperanza de vida que se ha registrado en las últimas décadas.

Actualmente nacen menos niños que tres décadas atrás, mientras que los adultos viven más. La base de la pirámide poblacional se hace cada vez más estrecha, es un efecto que para el 2025 será evidente, de acuerdo con el informe Juventudes en Guatemala, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU).

El tema cobra relevancia en el contexto del Día Mundial de la Población que se conmemoró el pasado domingo 11 de julio, y que debe ponerse sobre la mesa.

Si en 1950 el número de hijos por mujer era de siete, y la esperanza de vida rondaba los 45 años, cuatro décadas después la fecundidad disminuyó a cuatro hijos y la esperanza de vida aumentó a 70 años. Ese ritmo continuará para el 2070 y en promedio serán dos hijos por mujer y la edad media que alcanzará la población será 90 años. Irremediablemente será una sociedad envejecida, para entonces.

El momento que recién vive Guatemala la ponen en una posición de ventaja ante otros países. Pero es menester garantizar a este bono demográfico educación, acceso a servicios de salud y empleo, de acuerdo con Pablo Salazar, representante de país del UNFPA.

Con ello, se abre una ventana de oportunidad para que la población en edad productiva genere recursos para contribuir al desarrollo del país, a través de impuestos, seguridad social, ingresos y ahorro.

No se tiene certeza a cuánto asciende la inversión que Guatemala hace en su juventud, si bien hay programas que alcanzan a este grupo, determinarlo resulta complejo.

Salazar menciona que trabajan en mediciones para establecer un gasto particular en la juventud, que podrían conocerse a finales del año, pero se prevé sea relativamente bajo, quizá más que otros países de la región, comenzando por el tema de educación.

El informe Pisa D- América Latina y el Caribe 2018 señala que Guatemala invierte US$6 mil 104 en un estudiante desde la preprimaria a la secundaria, mientras que en Costa Rica asciende a US$46 mil 531.

Realidad sobre expectativas

La población joven del país se enfrenta a grandes limitantes para desarrollar todo su potencial. En el tema de Educación hay un rezago evidente. El informe señala que hay un 6.8 por ciento de población entre los 13 y 30 años que es analfabeta.

Pero del grupo que sabe leer y escribir, el promedio de escolaridad es de 6.2 años, lo que únicamente alcanza para culminar la primaria, y coloca al país en las últimas posiciones en Centroamérica. La situación es desigual en el área rural y entre los pueblos originarios, pues alcanza los 5.7 y 5.3 años.

Sin embargo, la crisis generada por el covid-19 causará un atraso mayor en la educación. El Banco Mundial en un reciente informe refirió que en Guatemala hay riesgo de perder 1.5 años de escolaridad, debido al cierre prolongado de los centros educativos, ya que las clases presenciales permanecen suspendidas desde el 16 de marzo del 2020.

Otro reflejo de la escasa preocupación por que la educación llegue a la población joven es el descenso en la matricula estudiantil. En cuatro años suman 103 mil los estudiantes que quedaron fuera del sistema, y el mayor impacto ocurre en los niveles de básico y diversificado (88 por ciento), que precisamente debería cursar la población entre los 13 y 19 años, que es parte del bono demográfico.

Datos globales indican que siete de cada diez jóvenes están fuera del sistema educativo, según el Censo Poblacional 2018.

Salazar menciona que “la educación secundaria es el gran tema pendiente” en el país, pues la mayor inversión va al nivel primario, y se ha descuidado la transición hacia básicos y diversificado. En el largo plazo esto limitará las oportunidades de desarrollo.

“Hay una relación directa entre el nivel de productividad potencial que tiene la población y el nivel educativo. Se ve dentro del perfil de desarrollo de un país. La inversión extranjera ve mucho el nivel de escolaridad que tienen los países”, menciona.

Educación, estabilidad macroeconómica e infraestructura son tres pilares fundamentales en el tema de competitividad, pero sin una base sólida del capital humano, el país no conseguirá una mejor posición y el crecimiento económico será difícil.

“A largo plazo es un tiro en el pie el no tener esas oportunidades educativas que deberían ser claves”, agrega Salazar, pues solo cuatro de cada 10 adolescentes entre 13 y 15 años han completado el nivel básico, mientras que en la población entre 16 y 18 años es uno de cada seis. La brecha se reduce aún más al pasar del diversificado a la universidad.

Sin educación y sin las capacidades básicas, la posibilidad de un empleo formal y mejor remunerado son limitadas, y la opción es el trabajo informal.

En 2017, cerca de un 83% de los jóvenes de 15 a 24 años con bajos niveles educativos estaban ocupados en el sector informal y la tasa de desempleo alcanzó el 12 por ciento en este grupo, según el informe Bideconomics Guatemala, Crecer más y para todos, desarrollado por Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero el gran reto en Guatemala, más que generar empleo está que el bono demográfico logre un nivel medio de escolaridad.

Esa falta de oportunidades empuja a que los jóvenes abandonen el país, cuatro de cada 10 migrantes oscila entre los 13 y 24 años, revela el informe del FPNU.

“Para tener esa mano de obra más educada, con más capacidad en el mediano plazo, tenemos que garantizar esa transición de los niños y niñas de primaria a educación media, no implica gran costo”, dice Salazar.

Otras aristas

El segundo tema a atender es la reducción del embarazo adolescente, que puede impedir a las mujeres no continuar con sus estudios, tener una participación adecuada en el mercado laboral y cuando les corresponda, formar una familia.

Dos de cada 10 mujeres en Guatemala son madres antes de los 19 años, mientras que niñas menores de 14 años enfrentan la maternidad forzada.

Cambiar esta realidad requiere voluntad política que no implica un alto costo sino de acuerdos que beneficien a esta población, que también necesita atención en la salud.

El censo revela que nueve de cada 10 jóvenes entre los 13 y 30 años no tienen acceso a ningún tipo de servicio de salud pública y privada. En este punto también es necesario asegurar el acceso universal a servicios de salud sexual y reproductiva, poner fin a las uniones y matrimonios tempranos y forzados, garantizar la paz y la seguridad para la población adolescente y joven, refuerza el informe del FPNU.

La deuda pendiente de Guatemala con su juventud, ¿en dónde debe invertir?

 

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Entrevista a Pablo Servigne «Nuestra civilización es un coche sin frenos y con el volante bloqueado»

El autor de Colapsología apuesta por el apoyo mutuo para afrontar la catástrofe social y climática que, según todos los datos, se nos avecina.

Dejémoslo claro desde el principio: el colapso no es el fin del mundo. Es el fin de este mundo, tal y como hoy lo conocemos. No es el apocalipsis. Un colapso, según la definición de Yves Cochet, es “el proceso a partir del cual una mayoría de la población ya no cuenta con las necesidades básicas (agua, alimentación, alojamiento, vestimenta, energía, etc.) cubiertas [por un precio razonable] por los servicios previstos por la ley”.

Pablo Servigne (Versalles, 1978) es el autor, junto a Raphaël Stevens, de un best seller que mira de frente al futuro: Colapsología (Arpa, 2020). Son muchos los datos (climáticos, pero no sólo) que indican que caminamos hacia el hundimiento de nuestra civilización. “Aunque hiciésemos un parón total e inmediato de las emisiones de gases de efecto invernadero, el clima seguiría calentándose durante algunas décadas. Se necesitarían siglos, incluso milenios, para emprender la vuelta a las condiciones de estabilidad climática preindustrial del Holoceno”, escribe Servigne. Así pues, el desmoronamiento parece ciertamente inevitable. Lo que no sabemos es cómo será la vida humana tras la desaparición de los casquetes polares, el agotamiento de las materias primas energéticas, la escasez de agua dulce, de alimentos, de suelo fértil y de aire limpio por culpa de la contaminación, la multiplicación de epidemias y de fenómenos meteorológicos extremos, las migraciones masivas…

La famosa serie El colapso (2019) tomó el libro de Servigne como punto de partida para imaginar ese futuro (con resultados desiguales). El marco cultural dominante (el neoliberalismo) nos induce a pensar que será una competición a muerte al estilo Mad Max. La historia natural y la ciencia nos indican lo contrario: la ley del más fuerte suele quedar suspendida en periodos de crisis para dar paso al apoyo mutuo, tal y como señaló Piotr Kropotkin, para asegurar la supervivencia de la especie.

De todos estos temas charlamos con Servigne aprovechando su paso por Barcelona para dar una conferencia en la Escola Europea d’Humanitats, de la Fundación La Caixa.

Se puede considerar su trabajo como una continuación del que hicieron Jay Forrester, Donella Meadows y otros muchos académicos en los años setenta. Ellos ya avisaron de Los límites del crecimiento. ¿Por qué, después de 50 años, nadie quiere escucharles? ¿Hay un obstáculo de carácter psicológico más allá del político o el económico?

El psicológico es un obstáculo más. Ciencia y creencia toman caminos diferentes. Ha pasado medio siglo y los trabajos científicos han aportado una enorme cantidad de datos. Sin embargo, no hemos conseguido que se crean. Ahí hay un gran problema: no acabamos de creer lo que, efectivamente, ya sabemos. Hay una gran variedad de obstáculos, de cerrojos, que podrían explicar ese fenómeno. Cerrojos políticos, económicos, psicológicos, jurídicos, financieros… Hay cerrojos individuales, por el simple hecho de tener miedo o de no comprender lo que está pasando, y también cerrojos colectivos. Hay gente que recibe millones de dólares a través de sus think tanks para fabricar y propagar dudas. Son los llamados mercaderes de la duda. Pero, a pesar de todos esos factores, después de 50 años de trabajo, la ciencia se va abriendo paso poco a poco. Hoy la gente sabe más y cree un poco más. Ese umbral de miedo y dudas va quedando atrás, también porque hemos visto cómo se suceden los desastres naturales.

Usted es doctor en Biología, ingeniero agrónomo y especialista en mirmecología [la ciencia que estudia la vida de las hormigas] pero un día decidió dejar su trabajo como investigador universitario. Se alejó de las publicaciones científicas y de la competición que las caracteriza para tomar partido por un activismo popular. ¿Se siente más útil que en su trabajo anterior?

No sé si soy más útil. Lo que sí soy es más feliz. Dejé la competición de la investigación científica hace ocho años, me aparté de todo eso del publish or perish [‘publica o perece’]. Adoraba ese oficio pero tenía que alejarme de ese ambiente. No quería permanecer en la torre de marfil de nuestro laboratorio. Lo que quería de verdad es informar al máximo de personas. Y al hacerlo me sentía cada vez más contento y más útil al poder escribir para el gran público, en francés o en español, en vez de escribir complicados artículos académicos en inglés que, a la postre, nadie leía. Para mí fue muy satisfactorio ir al encuentro de un público popular, de diferentes clases sociales y con diferentes actividades, para adaptar el discurso científico y hacerlo más accesible.

Usted está entre los expertos que dicen que el colapso no se producirá sólo por causas climáticas sino también por la desigualdad. ¿Por qué incide tanto en ese punto?

Esa es una parte importante de nuestro libro Colapsología. Hay muchos estudios que muestran hasta qué punto la desigualdad es tóxica, corrosiva para una sociedad. Destruye la confianza, la democracia, el bien común, el concepto de un relato, de un horizonte común. Es un factor decisivo para el colapso. Hay un modelo estadístico muy interesante, el modelo HANDY [Human and Nature Dynamics, desarrollado en 2014] que establece la relación entre la sociedad y su medioambiente. Por primera vez se ha incluido la desigualdad en sus parámetros y lo que indica es que cuanto más desigual es una sociedad más posibilidades tiene de colapsar, y de hacerlo, además, más rápidamente. ¿Y por qué? Es muy sencillo. Porque la desigualdad crea una casta de ricos que extrae recursos del pueblo y de la naturaleza, y esa explotación combinada de bienes, recursos humanos y recursos naturales propicia un riesgo irreversible de colapso. Dicho de otra manera, la prioridad hoy para evitar riesgos y daños mayores es compartir, es reducir las desigualdades.

Lógicamente, la mayoría de la opinión pública, en todo el mundo, ha recibido la vacuna contra el coronavirus con alegría y alivio. La gente quiere volver al mundo de antes, tal cual, sin cambiar nada. ¿Ha reflexionado usted sobre esto?

Difícil cuestión. Aún nos falta mucho por conocer de la COVID-19. Como biólogo, yo diría que tenemos que aprender a vivir con el virus como antes lo hicimos con la gripe. La vacuna ayuda a minimizar la conmoción, por decirlo así, pero la sociedad va a cambiar. Existe la tentación de pensar que volveremos al mundo de antes, pero es difícil. Sobre esta cuestión me cuesta hablar de crisis porque los desastres se superan y las crisis pasan. En el relato del colapso lo que provoca miedo es precisamente su lado irreversible. Para mí, el miedo está en el núcleo de este problema, y lo importante es saber de qué manera afectará a la gente. A las personas mayores puede turbarles hasta el punto de congelar su vida. En el caso de los jóvenes, en cambio, el miedo puede ser una motivación, puede activarlos.

¿Pero por qué provoca tanto sufrimiento pensar en que, inevitablemente, caminamos hacia otro tipo de sociedad? Este ansia por volver al mundo de antes, ¿no es un síntoma de nuestra adicción al capitalismo?

Sí, claro. Hay una adicción al crecimiento económico, a los recursos naturales, al petróleo, a la energía… No sé si todo el mundo sufre, pero lo que es indudable es que el cambio siempre provoca miedo. Hay gente que no quiere cambiar porque tiene miedo y otra que no quiere cambiar por su propio interés económico. El mundo se ha hecho demasiado grande y está demasiado interconectado. La menor perturbación puede provocar daños considerables en toda la economía. En inglés se usan las expresiones too big to fail [‘demasiado grande para caer’] y too big to jail [‘demasiado grande para ir a la cárcel’]. Ese es uno de los principales problemas de la transición ecológica. El capitalismo es uno de los cerrojos de los que hablábamos antes. En el libro utilizamos la metáfora del coche sin control: nuestra civilización industrial es un coche con el depósito a punto de agotarse; es de noche y estamos rodeados de niebla; los frenos no funcionan, no podemos levantar el pie del acelerador, nos salimos de la carretera y los baches debilitan la estructura del vehículo; y, por último, nos damos cuenta de que el volante no funciona. Ese volante bloqueado que nos impide cambiar de dirección es el capitalismo.

En su libro usted recomienda consumir productos culturales que hablen del cambio climático. Se trata, a su juicio, de aprender a imaginar el futuro a través de documentales, películas, novelas, cómics… Ha pasado algún tiempo desde que escribió esto¿Ha cambiado su opinión? ¿No le inquieta el miedo y la ansiedad que esos relatos, casi siempre apocalípticos, puedan generar?

No, sigo opinando lo mismo. El miedo forma parte de la vida y es lógico que esté en esos relatos. Pero también hay que imaginar otros futuros mejores, otros horizontes, y sobre todo hablar de clima, de biodiversidad.

La serie El colapso se centra en cosas más siniestras. Muestra fundamentalmente el lado violento y egoísta del ser humano.

Los creadores de la serie [el colectivo Les Parasites] son amigos. La historia surgió a partir de una entrevista que nos hicieron al astrofísico Jacques Blamont y a mí y que ellos dirigieron para Thinkerview. Escribieron el guion tratando de ser positivos, la intención inicial no era dar miedo pero… no lo consiguieron. Entiendo que es difícil cuando se habla de colapso, porque en esa tesitura el miedo ocupa todo el espacio. El tema del clima, por ejemplo, no está demasiado presente en la serie. Hay un autor indio, Amitav Ghosh, que hace ficciones sobre el clima y que ha escrito un ensayo titulado The Great Derangement en el que se interroga por la ausencia de este tema en la literatura. Como científicos, los que hablamos de colapsología llegamos sólo a las cifras, al plano mental, pero para el gran público eso es difícil de digerir. También hay que hablar desde el corazón, desde las emociones, desde la imaginación. Las lágrimas están prohibidas para el científico. Es difícil ver lágrimas cuando terminas de dar una conferencia. Pero cuando tocas el corazón provocas una toma de conciencia mucho más poderosa que la que se puede conseguir con cifras. Lo ideal es combinar el rigor científico con el calor del relato. Los dos elementos son necesarios para lograr lo fundamental: mover a la acción.

¿Puede decirse que usted empezó escribiendo directamente al intelecto y que luego, en libros posteriores como L’entraide : l’autre loi de la jungle [‘El apoyo mutuo: la otra ley de la selva’], toma un camino más emocional y más político?

No exactamente. El plan inicial era hacer una trilogía. El primer tomo, que es Colapsología, es efectivamente un libro macizo, frío, seco, racional, compuesto fundamentalmente por datos que hablan antes a la cabeza que al corazón. A Raphaël [Stevens] y a mí nos sorprendió muchísimo que tuviera una acogida tan emocional, que haya conmovido a tanta gente. El plan seguía después con un segundo volumen que sería la colapsosofía, que hablaría de la sabiduría, de las historias y las emociones. Porque no se trata sólo de sobrevivir a la tempestad: hay que aprender a vivir en la tempestad. Se tituló Une autre fin du monde est possible [Otro fin del mundo es posible]. Y el tercer volumen es la colapsopraxis, en el que estamos trabajando ahora y que será un libro más colectivo y de orden práctico dedicado a la cuestión política y la organización. En él hablaremos del cuerpo en una doble vertiente: la personal, la de quien sufre el shock en su propio cuerpo, y la del cuerpo social. Al concebirlo así, en una trilogía, queríamos seguir la célebre estructura de Gilles Deleuze: concepto, afecto, perceptoL’entraide fue un libro que surgió en paralelo a estos y que ha contribuido a que el público tenga una imagen del futuro un poco más positiva y que acepte el discurso del colapso.

El confinamiento provocado por la COVID-19 despertó una cierta solidaridad entre la gente de los barrios y de las pequeñas comunidades rurales. ¿Cree que este apoyo mutuo puede ser un comportamiento permanente o está limitado a momentos de crisis?

Las dos cosas. La experiencia nos demuestra que cuando hay catástrofes puntuales e inesperadas la gente colabora de manera altruista. Y no sólo eso: reacciona de una forma extraordinaria. Surge una autoorganización casi perfecta y se actúa con una calma increíble. Es decir, ocurre todo lo contrario a lo que esperamos. Creemos que tras la catástrofe cunde el pánico, se abre una lucha de poder para manejar la organización de las cosas y se actúa de forma egoísta. Es falso. Es científicamente falso. Eso sí, cuando los efectos de la catástrofe se alargan en el tiempo el apoyo mutuo se derrite. Nosotros hemos escrito sobre los mecanismos que el ser humano ha adoptado a lo largo de miles de años para estabilizar estas redes de apoyo. El apoyo mutuo es muy poderoso pero también muy frágil. También puede colapsar en un instante. La desigualdad, obviamente, forma parte de los factores de disolución, de disgregación social. La pérdida de confianza, el sentimiento de injusticia, el sentimiento de inseguridad, todos estos son factores que pueden arruinar la solidaridad y la cooperación. Por eso, aunque surja de forma espontánea en los peores momentos, hay que trabajar en una cultura cotidiana del apoyo mutuo. Y también, claro, dejar atrás la cultura de la competición y del egoísmo que hoy es la dominante por culpa de la ideología neoliberal.

Cuando suframos la primera crisis climática grave, lo normal será que la ciudadanía reaccione con ira por la inacción de los gobiernos. ¿Ese enfado, políticamente hablando, puede traducirse en un ascenso de los movimientos fascistas?

Es muy probable, sí, pero no inevitable. Aún hay margen de maniobra. Pero si nos fijamos en la historia vemos, en efecto, que el autoritarismo suele ser una de las etapas habituales en los colapsos. En los momentos de caos siempre hay una búsqueda colérica de culpables. Se inventan chivos expiatorios para canalizar la violencia, como los judíos, los refugiados, los extranjeros… Y también se busca la protección paternal de un hombre fuerte, con el agravante de que este dictador no calma la situación sino todo lo contrario: participa del caos y trae más desigualdades, más conflicto y más violencia. Pero la cólera también puede tomar otros derroteros. La rabia es lo que anima, por ejemplo, a los y las jóvenes de Extinction Rebellion. Tienen dos eslóganes muy descriptivos: “Amor y rabia” y “Cuando la esperanza muere, la acción comienza”. Ellos pasan de promesas y de esperanzas. Ya no tienen tiempo para eso. En Francia despiertan la memoria de la lucha contra los nazis, de esos chavales que se alistaban a la Resistencia con 15 o 16 años. Hay algo muy bello en esta desesperación o en la rabia que representa, por ejemplo, Greta Thunberg. Políticamente hablando, hay que cultivar el lado bueno de la cólera, del miedo y de la desesperanza. Apelar a las emociones es arriesgado, lo sé, el éxito no está garantizado, pero tampoco tenemos muchas más opciones.

Dado que el colapso parece inevitable, su labor de activismo se basa en decirle a la gente que debe prepararse para el sufrimiento que está por venir. ¿Alguna vez tuvo dudas sobre este punto? ¿Se planteó la posibilidad de rebajar el tono para explicar esta realidad de una forma menos dura?

No. Como científico siempre he tenido pasión por la verdad. Además, intento compartir la mayor parte de la información de una forma benévola, aunque es cierto que no suelo ser muy emocional en las conferencias. Y sí, hay que aceptar el sufrimiento, la muerte, el duelo, el miedo. En el budismo, y también en otras escuelas espirituales, se enseña precisamente eso: a vivir con el dolor para vivir mejor. Yo prefiero no mentir e intentar aprender a gestionar el sufrimiento. Lo curioso de esto es que los niños, las niñas, los y las adolescentes que forman parte habitual del público me dan las gracias. Eso me emociona mucho. Me agradecen la sinceridad y la franqueza, y de repente el problema pasa a ser una cuestión de coraje, no de miedo o de dolor.

Vaya, a priori uno diría que no estamos en una época muy proclive al sacrificio y a la aceptación del dolor, y menos entre los jóvenes. La generación de nuestros padres y de nuestros abuelos sí estaba más acostumbrada a lidiar con el sufrimiento. A ellos no les asustaría un discurso como el suyo.

Tampoco creo que yo tenga un discurso tan severo. Hay otros mucho más duros y más sombríos que yo. En cualquier caso, creo que desde hace 50 años el discurso ligero no ha cambiado demasiado las cosas. En este tiempo lo único que hemos logrado es hacernos oír. Nuestro discurso antes era inaudible y ahora es audible. Y antes estaba dirigido al futuro, ahora no. Se trata del presente, de nosotros. La actual generación ha hecho clic. Los jóvenes han despertado, con amor y con rabia, y quieren hacer las cosas de otra manera, aceptando el combate, el sufrimiento, la resistencia. Ha pasado en otros momentos de crisis. Piense en las juventudes de la CNT o en los jóvenes que se alistaron a las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil. No estaban pensando en el hedonismo y en la alegría. Sabían, por convicción moral, que había llegado la hora de luchar. En este momento la metáfora del incendio es muy útil. Imagine que ve humo cerca de su casa. Usted intentará saber de dónde viene ese humo, si las llamas pueden llegar hasta su domicilio, si los vecinos que hay dentro de ese edificio son vulnerables, cómo puede ayudarlos, cómo se organiza la evacuación… Evidentemente, tendrá miedo, ¿pero qué va a hacer? ¿Acostarse? No. Bueno, pues la colapsología es exactamente eso. Hace décadas que estamos viendo el humo y sabemos que ya hay gente que está muriendo.

Fuente: https://rebelion.org/nuestra-civilizacion-es-un-coche-sin-frenos-y-con-el-volante-bloqueado/

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Jóvenes, educación, subjetivación e identidades

Por: Selene Kareli Zepeda Pioquinto

La identidad ha sido inicialmente atención de los estudiosos en ciencias sociales por la emergencia de los movimientos sociales que han tomado como impulso la identidad de un grupo ―étnico, regional, etcétera― o de una categoría social ―movimientos feministas, por ejemplo― para cuestionar una relación de dominación o de reivindicar una autonomía; principalmente al comenzar la era de la globalización. De tal manera que, “para que la pluralidad de las culturas del mundo sea políticamente tenida en cuenta, es indispensable que la diversidad de identidades pueda ser contada y narrada” (Martín Barbero, 2001, citado por Salazar, 2018, p. 41)

 Bauman apunta que la cuestión de la identidad sólo se suscita en la modernidad cuando el Estado naciente, se enfrenta a la necesidad de crear un orden. Así, la idea de “identidad”, una “identidad nacional” en concreto, ni se gesta ni se incuba en la experiencia humana de forma natural, ni surge de la experiencia como un hecho vital evidente por sí mismo. Siendo el Sistema Educativo un motor para propiciar determinadas normas y valores que promuevan esa “identidad nacional”.

En este sentido, las representaciones sociales serían una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, orientando a la práctica que contribuye a la construcción de una realidad común a un conjunto social, por tal surgen las preguntas, ¿qué representaciones está dando el sistema educativo mexicano a la juventud actual?, ¿por qué es vital mirar a las juventudes? Es de destacar que ingresar a la Educación Media Superior en México se ha vuelto cada vez más complejo, los lugares se ven reducidos y la competencia es mayor. Existen preferencias por estudiar en una institución adscrita a las Universidades Autónomas que en aquellas que no lo están. No obstante, hay un gran desconocimiento por parte de los jóvenes para elegir una institución para sus estudios superiores, pues la orientación escolar y vocacional queda delegada al transitar de su formación, lo pilares o ejes guías para elegir una institución de estudios antes de ingresar no están presentes.

¿Qué significa ser joven en México?

Describir a los jóvenes mexicanos resulta crucial, pues es de reconocer que ante los cambios tan acelerados a los cuales nos enfrentamos en la actualidad, el ser joven implica retos particulares. Retomando a Rossana Reguillo, cito que las formas de constitución de “lo joven” varían a lo largo del tiempo; cada generación es joven a su manera.  Sin embargo, la pobreza define en buena medida las biografías y trayectorias juveniles. Asimismo, el desempleo, la precariedad, la inseguridad y la criminalización de la juventud y la pobreza hacen parte de la experiencia cotidiana y subjetiva de millones de jóvenes.

Es importante concebir a la juventud como construcción social de una fase particular en el ciclo de vida que cambia de forma y de contenido a través del tiempo y del espacio. “La biología de los cuerpos juveniles en maduración no es la determinante principal e invariable de su identidad categorial, sino que está sujeta a diferentes marcos de interpretación entre y dentro de las culturas y de diferentes épocas históricas” (Urteaga, 2013, p. 18).

Según lo señala Rossana Reguillo en su texto Los jóvenes en México, 2013, podemos identificar tres momentos para el referente de juventud

  1. La emergencia de un actor político juvenil a través de la categoría «estudiantil» que parte del movimiento del 68.
  2. La emergencia del joven popular urbano a través principalmente de las “bandas juveniles”, espejo invertido del llamado milagro mexicano, y su molesta intromisión en la declaración de nuestra modernidad capitalista (sic) hacia principios de los años 80.
  3. La emergencia de las «culturas juveniles» que, a través de modos diferenciados de autoreconocimiento, dieron cuenta de la globalización de las identidades, la cual ponía en evidencia que el mundo ya no se agotaba en las adscripciones o fidelidades locales; este momento arranca a finales de la década de los años ochenta, pero es en los 90 cundo alcanza su punto más alto, tanto en el plano de la discusión académica como en el ámbito del discurso mediático. (Reguillo, 2013, p. 10).

Gracias a los aportes de Reguillo, es posible reconocer que el actuar juvenil como ahora lo concebimos, tiene sus primeras apariciones y apropiaciones a mitad del siglo XX, sin embargo, hoy en día surge la pregunta “¿de qué maneras la espacialización de las diferencias juveniles remite a su activa participación en la construcción de estilos de vida diferenciados y desiguales enmarcados en la recomposición/reconfiguración de las clases sociales, en curso desde el quiebre del modelo de desarrollo capitalista anterior y el cambio en el sistema de referencia social?”  (Urteaga, 2013, p. 28)

Por lo antes mencionado, contextualizar a los jóvenes dentro de la sociedad globalizada, es un engrane que ayudará a comprender las maneras en que estos adoptan formas de ser y actuar en los diversos contextos sociales de los cuales son partícipes, uno de ellos y el cual atañe al presente artículo, es la escuela, llevándolos así, a la construcción de identidades. Según Bourdieu, la clase social, se define por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes, que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas.

En la actualidad, los jóvenes van interiorizando representaciones sociales, justo de la misma forma en que interiorizan la representación de pertenencia a una institución educativa. Es algo que ellos ―en su mayoría― meramente reproducen, sin detenerse a analizar ni cuestionar la “realidad social” que se les está dando y que están tomando para su vida, los jóvenes simplemente se lo apropian como algo natural, lo mismo ocurre con la enseñanza dentro del aula; así pues, tenemos que esta realidad es aprehendida en un continuum de tipificación que se vuelve progresivamente anónima a medida que se aleja del aquí y ahora (Berger, 2015).

Por otra parte, cuando se habla de subjetividad se refiere a las ideas del entorno en el cual se habita y han sido interiorizadas por los individuos, sin embargo, los procesos de subjetivación son esos pliegues, esas rutas que interconectan el afuera con el adentro del sujeto, la relación permanente que se vive con el entorno; de tal manera que, el mundo social aparece filtrado para el individuo, de esta manera el joven de clase baja no sólo absorbe el mundo social en una perspectiva de clase baja, sino que lo absorbe con la coloración idiosincrásica que le han dado sus padres, o cualquier ente encargado de su socialización, como lo es la escuela.

Dentro del espacio social juvenil, los medios y las nuevas tecnologías no son simplemente mercancías simbólicas o marcadores de distinción, sino redes cruciales en la definición y distribución del conocimiento cultural. La diferencia entre estar dentro (in) o fuera (out) de la moda, alto o bajo en capital subcultural, etcétera, se correlaciona de maneras complejas con grados de información, creación y exposición a los mismos. (Urteaga, 2013, p. 34)

En este sentido las TIC vinieron a revolucionar las interacciones sociales, dando impulso a la sociedad global, sin embargo, este mismo fenómeno dividió con mayor fuerza a los diversos sectores sociales de la población. Se podría empezar a hablar del fin de la geografía, o una nueva geopolítica. Las distancias ya no importan y la idea del límite geofísico es cada vez más difícil de sustentar en el “mundo real” (Bauman, 2017, p. 19).

En el ámbito económico se puede percibir que “las empresas pertenecen a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores ni la localidad donde está situada. (Albert J Dunlap, 1996, en Bauman 2017, p. 13), por lo que los empleados, proveedores y voceros de la comunidad no tienen voz en las decisiones que puedan tomar las “personas que invierten, siendo así que los empleados provienen de la población local.

En este contexto, el económico, ¿qué es lo que el sistema educativo mexicano ofrece a los jóvenes?, ¿qué ideas internaliza en los jóvenes para su vida adulta? Las comunicaciones baratas inundan y ahogan la memoria en lugar de alimentarla y estabilizarla (Bauman, 2017, p. 23). El espacio es organizado por la capacidad de los factores técnicos y la clave para imponer orden en la sociedad consistía en organizar el espacio.

Lejos de homogeneizar la condición humana, la anulación tecnológica de las distancias de tiempo y espacio tiende a polarizarla. Emancipa a ciertos humanos de las restricciones territoriales a la vez que despoja al territorio. Para algunos, augura una libertad sin precedentes de los obstáculos físicos y una inédita capacidad de desplazarse y actuar a distancia. Para otros, presagia la imposibilidad de apropiarse y domesticar la localidad de la cual tendrán escasas posibilidades de librarse para ir a otra parte. (Bauman, 2017, p. 25)

En el nuevo mundo de la alta velocidad, la “localidad” no es la misma que en la época cuando la información se desplazaba solamente con el cuerpo del transportador; tanto la localidad como la población localizada tienen poco en común con la comunidad local. Los espacios públicos siguieron a la elite al librarse de sus anclajes locales. (Bauman, 2017, p. 31). A principios de los cincuenta, escribió memorablemente Jean Paul-Sartre: «sólo los burgueses disfrutan de la juventud. Los hijos de los obreros y campesinos pasan de golpe de la niñez a la edad adulta». La juventud lujo de clase. (Urteaga, 2013, p. 73). Esto ha repercutido en el sentido que hoy los jóvenes mexicanos otorgan a la participación política y en las malas o nulas relaciones que establecen con ella y sus representantes.

Un territorio despojado de espacio público brinda escasas oportunidades para debatir normas, confrontar valores, debatir y negociar. La imaginación utópica para conquistar el espacio urbano y el de los sueños de planificación y arquitectura urbanas en busca de un marco social donde pueda materializarse. (Bauman, 2017, p. 41)

En este orden de ideas, las políticas educativas van apuntalado a la consolidación de una sociedad global, capitalista y neoliberal donde existen los globales y los locales, lo que propaga con mayor fervor las desigualdades.

En un discurso dado por, Ávila Camacho —quien fuera presidente de México de 1940 a 1946— pronuncia y sintetiza muy bien el espíritu del cual van dotando al Sistema Educativo:

A partir de este momento la política educativa, las escuelas serán la divisa de nuestro empeño. Máquinas para facilitar, activar y aumentar las faenas de nuestros campos. Máquinas para elaborar las materias primas que, a bajo precio, vendamos al extranjero y que importemos más tarde convertidas en artículos manufacturados, caros y escasos. Y también escuelas. Escuelas para enseñar el manejo de las máquinas de que hablo, sin que las máquinas se apoderen del corazón y cerebro de nuestros hombres. Escuelas en cuyas aulas el adiestramiento de las técnicas más modernas, no conduzca a los educandos a las sórdidas conclusiones de un maquinismo automático y de un materialismo servil. Escuela, por fin, en que nuestros niños y nuestros jóvenes adquieran ese amor al bien y ese dominio de sí que liberan más que ningún combate y que hacen de las virtudes de cada ser una fuerza de resistencia pública más protectora y más fiel que el mejor escudo. (Pérez, 2013, pp. 71-72)

Se puede percibir en el discurso de aquel mandatario, el giro y dirección que cobró la escuela y que se mantiene hasta la actualidad, en una formación social determinada, la acción pedagógica legítima, o sea, dotada de la legitimidad dominante, no es más que la imposición arbitraria de la arbitrariedad cultural dominante, en la medida en que es ignorada en su verdad objetiva de acción pedagógica dominante y de imposición de la arbitrariedad cultural dominante. (Bourdieu, 1996).

De esta manera, se está dificultando en gran medida cualquier innovación verdaderamente poderosa para desarrollar capacidades críticas, reflexivas, creativas, colaborativas, solidarias y democráticas, o sea, con potencialidad para desafiar intelectual e ideológicamente al discurso dominante imposibilita, de empoderar con criterio al alumnado y ayudarle a convertirse en ciudadanas y ciudadanos optimistas, que consideran que es posible alterar el curso de la historia que se les presenta como ya terminada. (Torres, 2017, p.19)

Más allá de la escuela, las TIC están dando recursos a los jóvenes para que adopten una identidad, y así echen mano de sus recursos culturales disponibles en sus redes inmediatas y en la sociedad. Por consiguiente, las contradicciones y disposiciones del entorno sociocultural tienen que ejercer un profundo impacto sobre el proceso de construcción de identidad. (Giménez, 2007)

Hoy, el propio ámbito familiar ha sido invadido por el marketing incesante. Los miembros de una familia tienden a consumir productos diferentes y a elegir estilos de vida también diferentes (Giménez, 2007) a lo que se podía observar hace 30 años, lo que puede generar una fragmentación en las relaciones sociales de familia o bien la puede diversificar.

Los clásicos de la sociología concibieron la modernización como un amplio proceso de cambio social perceptible en el largo plazo multisecular y a escala de la sociedad global. Lo describieron como el tránsito de lo simple a lo complejo, de la comunidad tradicional a la sociedad contractual (Tönnies), del mito a la ciencia (Comte), de la solidaridad por semejanza a la solidaridad por interdependencia (Durkheim), de la sociedad tradicional a la sociedad racional burocratizada (Max Weber), de las sociedades pre-capitalistas a la sociedad capitalista burguesa (Marx) de la costumbre a la ley, etc. (Giménez, 2007)

Se observa que a lo largo de la historia los procesos culturales se han ido transformando, y esto da como resultado que los roles sociales de cada individuo se vayan modificando para tener un nuevo orden en la sociedad, incluso las mismas instituciones irán modificando su rol dependiendo el momento histórico en que se esté viviendo, por tal, no se puede hablar de identidades permanentes, pero sí de identidades que bien podría impulsar a tejer comunidad.

En este momento coyuntural que vivimos debido a la crisis sanitaria, económica, educativa, habría que repensar educación para qué, ¿qué tipo de sociedad es la que se necesita consolidar? Pensar únicamente en cubrir las competencias y temas memorísticos nos ha mostrado que ante una crisis ecológica y humanitaria no es suficiente. Tejer lazos de solidaridad, consciencia social e histórica es vital para fortalecer el tejido social. Asimismo, ver las políticas educativas donde los jóvenes y las infancias son el centro es primordial, pues son ellos los futuros ciudadanos que sostendrán a las sociedades. ¿Qué jóvenes estamos formando?, ¿los estamos escuchando?

Referencias

Bauman, Z. (2007). Identidad. Buenos Aires: Losada Giménez, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. México : CONACULTA.

Bauman, Z. (2017). La Globalización. Consecuencias humanas. México: FCE.

Berger, P. y. (2015). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.

Bourdieu, P. (1996). La reproducción. Barcelona: Fontamara.

Bourdieu, P. (1997). Capital cultural, escuela y espacio social. México: Siglo XXI.

Giménez, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. México: CONACULTA.

Modonesi, M. (2017). El concepto de clase social en la teoría marxista contemporánea. México: UNAM.

Pérez, J. (2013). Las transformaciones en las edades sociales. En R. Reguillo, Los jóvenes en México (págs. 52-90). México: FCE.

Reguillo, R. (2013). Los jóvenes en México. México: FCE.

Salazar, J. (2018). ¿Por qué enseñar historia a los jóvenes? México: Horizontes educativos

Urteaga, M. (2013). Género, clase y etnia. Los modos de ser joven. En R. Reguillo, Los jóvenes en México (págs. 15-52). México: FCE.

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Ashish Kothari: La juventud india tiene el derecho y el deber a resistir y crear, los mayores deben permitirlo o apartarse

Durante los últimos meses un gran movimiento campesino de rechazo a tres leyes del gobierno del BJP sobre agricultura en favor del agrobusiness ha sacudido India.

Jóvenes ecologistas de movimientos como Fridays for Future o Extinction Rebellion les han estado dando apoyo, y así Greta Thunberg publicó un tweet en solidaridad con los campesinos y un documento, una ‘caja de herramientas’ sobre cómo organizar la ayuda a este movimiento. La respuesta del gobierno indio, en una caída vertiginosa hacia el autoritarismo, fue fulminante: se detuvo a una joven activista, Disha Ravi, que había tomado parte en la elaboración y distribución del documento, acusándola de participar en una ‘conspiración internacional’ contra India. Es en este marco en el que hay que entender el siguiente artículo de Ashish Kothari. Como complemento, ofrecemos al final una declaración reciente de la propia joven activista publicada en sus redes sociales.

Todavía no se ha asentado el polvo en el caso de la ‘caja de herramientas’ de Disha Ravi, Shantanu Muluk, Nikita Jacob y Shubham Chaudhuri. Estos jóvenes activistas climáticos que han apoyado el movimiento campesino en India en curso, están bajo el radar de la policía, sometidos a interrogatorios diarios. Al menos por el momento, el estado es incapaz de tomar una acción más drástica debido a la orden con duras palabras del juez Dharmendra Rana concediendo la fianza a Disha. Mientras tanto los jóvenes activistas laborales dalits Nodeep Kaur y Shiv Kumar han sido, presuntamente, torturados en prisión. A ambos se les ha concedido la fianza tras semanas de encierro. Aparte de ayudar a organizar a los trabajadores por sus derechos, también estaban apoyando el movimiento campesino.

El sistema judicial se tomará su tiempo para resolver los casos contra estos jóvenes. Mientras tanto, sin embargo, los honorables ‘mayores’ de India ya están aconsejando a los jóvenes que se centren en sus estudios, mantengan el honor nacional y se busquen trabajos ‘respetables’. El escritor Manu Joseph, a la vez que reconocía la ‘extralimitación’ del estado al arrestar a Disha, ha escrito que los jóvenes deberían «abandonar el activismo y hacer dinero». El portavoz del BJP Sudesh Yadav ha dicho que Disha y otros eran solo «jóvenes mal guiados» que querían buscar «el camino más fácil al estrellato».

Estos consejos son, en primer lugar, totalmente condescendientes. Joseph dice que no deberían «estar luchando batallas que no comprenden» y da a entender que son peones de conspiraciones globales. No entraré ahora en la superficialidad de un argumento que es ciego a las conspiraciones corporativas internacionales tras las leyes y las políticas agrícolas en India desde los años 60. Pero decir que los jóvenes no saben lo que están haciendo, y que solo están siendo utilizados, insulta a la inteligencia de toda una generación. Precisamente lo que los mayores han hecho durante demasiado tiempo.

Pero debemos entender que este enfoque es también peligroso. Supone que los jóvenes están siendo mal dirigidos para que adopten causas que van en perjuicio de India. Es profundamente ahistorico ignorar que durante siglos, no solamente en India sino en todo el mundo, los jóvenes han dirigido a menudo movimientos para una transformación positiva. Estas acciones han dado como resultado avances en la vida social, económica y cultural, así como la protección del medio ambiente del que dependen todos los humanos. Si todos estos jóvenes se hubiesen quedado sentados tranquilamente en sus clases, preparando exámenes, y haciendo cola para entrevistas de trabajo para encajar en el sistema, estos movimientos no hubieran tenido lugar, y el mundo hubiera sido mucho más pobre por ello.

En los años 70, en el contexto de la Emergencia impuesta por Indira Gandhi, Jaiprakash Narayan hizo un llamamiento a la juventud de India para que diesen el paso para resistir la opresión y por la transformación social. El Chhatra Yuva Sangharsh Vahini (CYSV) resultante, al que se unieron miles de jóvenes, dio como resultado algunos de los líderes más brillantes de India. Muchos han ayudado a transformar vidas a mejor. Pienso inmediatamente en Rajendra Singh, quien ha ayudado a la autosuficiencia en agua de cientos de aldeanos en Rajastán, y en Mohan Hirabai Hiralal, quien ha estado implicado en el autogobierno, la conservación forestal y la seguridad de medios de vida en áreas adivasis de Maharashtra. Está también Chetna Gala Sinha, quien se unió al CYSV a los 17 años y fue quien inició el primer banco gestionado por mujeres de India, el Mann Deshi Bank, que ahora tiene un capital circulante de 1.500 millones y ha llevado al empoderamiento y mejora de la vida económica de decenas de miles de mujeres. Y están las mujeres del Movimiento de Tierras Bodhgaya en Bihar, surgido del CYSV, que hizo posible una de las primeras transferencias de propiedad de la tierra a mujeres dalits sin tierra, quitándosela a poderosas instituciones religiosas y feudales del Hindu Bodhgaya Math. En tiempos más recientes, gente joven de las universidades e institutos han desafiado el descarado comunalismo y las acciones contra los dalits y contra las mujeres de la actual administración (sus predecesores habían hecho lo mismo contra regímenes anteriores) llamando nuestra atención sobre algunos de las divisiones más profundas y prolongadas de India.

En las décadas de los 60 y los 70, la juventud en cientos de aldeas, especialmente chicas jóvenes, protestaron contra la tala indiscriminada de los bosques himalayos en Garhwal como parte del Movimiento Chipko. Este movimiento no solo ayudó a conservar bosques inestimables en el Himalaya, sino que inspiró a movimientos similares en muchas otras partes de India y en otros países. Irónicamente, una de ellas, Devaki Devi Rana, que tenía 15 años cuando se unió a las protestas en la aldea de Reni, ahora con 62 ha tenido que vivir el trauma de perder a su cuñado en la desastrosa inundación del 7 de febrero en Uttarakhand. Los habitantes de Reni han estado avisado durante años contra la construcción del Proyecto Hidroeléctrico de Rishiganga, justo debajo de su aldea. Fue la ruptura de esta presa lo que aumentó significativamente el daño por la inundación y mató a varias docenas de trabajadores en ese lugar.En Nagaland, los clubes juveniles han dirigido movimientos para la conservación de bosques locales y la vida salvaje, frente a la caza y la tala de árboles insostenibles, en docenas de aldeas. Gente jóven de las costas de India en Odisha, Kerala y Tamil Nadu han convencido a sus propias comunidades y autoridades locales de proteger los lugares de nido de tortugas marinas en peligro. En el último año o últimos dos años, campañas de jóvenes para salvar de proyectos propuestos de minería, industriales o de infraestructuras frágiles hábitats como la reserva de elefantes DehingPatkai en Assam, las reservas de pájaros de Pulicat y Vedanthangal en Tamil Nadu, y el Parque Nacional Mollem en Karnataka, han incluido algunas de las obras de arte más evocadoras por parte de los estudiantes, y al menos en un par de casos han ayudado a detener la destrucción.

Me estremece pensar dónde estaríamos si todos estos activistas hubiesen pegado su nariz a los libros de texto y se hubiesen centrado en sacar las mejores notas para poder conseguir trabajos en la empresa o el gobierno. De hecho, incluso en esos trabajos, muchos de quienes han adoptado causas progresistas, ayudado a los pobres o protegido el medio ambiente, han pasado por algún tipo de orientación bien fundada de este tipo en su juventud. Conozco personalmente a más de una docena de funcionarios públicos que formaron parte de grupos de acción medioambiental o social en la universidad (incluído aquel al que yo pertenezco), una experiencia que fue inestimable para que hiciesen todo lo posible para conseguir transformaciones positivas en cualquier puesto que se les hubiese encomendado.

Se puede decir lo mismo de algunos de los más destacados artistas, poetas, dibujantes de cómic, fotógrafos, expertos en comunicación, periodistas, abogados, educadores y muchas otras profesiones y modos de vida de India. Aparte de los jóvenes que se han quedado, o han vuelto, a medios de vida del sector ‘primario’ como la agricultura, la pesca, la silvicultura, el pastereo u otras como la artesanía tradicional, sectores que están muriendo debido a la negligencia del gobierno (o peor, por las compensaciones dadas a la producción industrial mecanizada que es más contaminante y con un uso menos intensivo de mano de obra).

Despreciar estas acciones juveniles como parte de ‘conspiraciones internacionales’ es ser profundamente superficial, ahistórico y, bueno, simplemente estar totalmente equivocado. Que alguno de ellos, o parte del activismo climático de los jóvenes de hoy haya estado influenciado por el discurso global, es sin duda cierto. Durante décadas, si no siglos, el flujo global de ideas ha influido en alguno de nuestros mayores movimientos y pensadores, incluídos Gandhi o Ambedkar, que a su vez han influido en movimientos progresistas en otras partes. Si queremos encontrar influencias internacionales que sean regresivas, tenemos que mirar al FMI, el Banco Mundial, las corporaciones multinacionales, los gobiernos del Norte… sin olvidar a los que anteriormente fueron nuestros amos coloniales… que han impuesto procesos ecológicos occidentales ecológicamente devastadores que, por mencionar solo una estadística, han causado la expulsión física de 60 millones de personas en nombre del ‘desarrollo’. Y son nuestros gobiernos los que han comprado estas ideas ajenas, que estos jóvenes activistas están desafiando.

Mi propio viaje como investigador-activista en los campos del medio ambiente, el desarrollo y los medios de vida, empezó como uno de tantos jóvenes que en la escuela o la universidad se iniciaron en el activismo ecologista. En aquellos primeros años, cuando según estas narrativas convencionales ‘deberíamos haber estado estudiado tranquilamente’, salimos a las calles para protestar por la caza de especies en peligro por parte de príncipes de Arabia saudí (tuvieron que retirarse debido a nuestras protestas y las de la comunidad Bishnoi), o exigir que el gobierno protegiese el maravilloso bosque de la cadena de Aravalli en Delhi (que fue de hecho declarado de protección oficial tras un año de intensa campaña). Si alguno de estos mayores que piden a los jóvenes que desistan de su activismo vive en Delhi, que sepa que el aire es al menos un poco menos contaminado porque este bosque todavía sobrevive. Que sepa que si el gobierno hubiese escuchado nuestras demandas sobre la contaminación del aire entonces (a principios de los 80), los ciudadanos de Delhi estarían respirando un aire mucho más limpio hoy. En estos últimos 40 años de mi viaje con Kalpavrikish, un grupo de acción ecologista, no puedo reivindicar ninuna transformación extraordinaria, pero hemos conseguido unas cuantas victorias como las anteriores, o detener la tala destructiva de madera en las islas Andamán y Nicobar, y apoyar a comunidades para que consiguiesen derechos colectivos sobre los bosques circundantes que han aumentado su seguridad en medios de vida a la vez que se protegían funciones ecológicas inestimables para el país. Como mínimo, hemos contribuido a un discurso general sobre la necesidad de equilibrar la sostenibilidad ecológica con las necesidades humanas. No lamento ni por un momento haber estudiado menos. O, tras terminar la universidad, no haberme dedicado a ‘hacer dinero’. Por el contrario, he encontrado sentido y satisfacción en llevar una vida de activista. ¡Lo último que he escuchado es que haya formado parte de ninguna ‘conspiración internacional’!

Por supuesto, si las escuelas y universidades fuesen ellas mismas espacios para un aprendizaje con sentido, quizá los jóvenes aprenderían mucho de esto en esas instituciones. Si todas fuesen como SECMOL en Ladakh, o Marudam en Tamil Nadu, o Adharshila en Madhya Pradesh, generaciones enteras de niños y jóvenes crecerían aprendiendo cómo aumentar su curiosidad y creatividad naturales, cómo convertirse en adultos que sean sensibles y responsables hacia otros que les rodean (y hacia las futuras generaciones y el resto de la naturaleza), y cómo no pensar que las únicas cosas que valen la pena en la vida son el dinero, el poder y la fama. Pero el 90% de las instituciones educativas de India están pensadas para crear una fuerza de trabajo obediente para que las corporaciones sigan consiguiendo beneficios y la continuación del centro del poder en el gobierno. Es natural entonces que los jóvenes busquen espacios fuera, donde puedan encontrar sentido y ser innovadores y creativos. Si el activismo es un espacio de este tipo, ¿qué derecho tienen los adultos a arrebatárselo?La gente mayor tenemos que dejar en paz a nuestros jóvenes. Como miembros de generaciones que han creado crisis globales exacerbadas que amenazan la vida misma en la Tierra y niveles vergonzosos de desigualdad entre los que tienen y los que no, deberíamos ser más cautelosos. Tenemos que dejar que florezca la agencia de los jóvenes, ser capaces de guiarlos, de darles un sentido de la historia, facilitar una serie de opciones, pero también entender que tienen el derecho constitucional a llevar a cabo las acciones no violentas que ellos crean apropiadas, y de hecho, el deber constitucional de ayudar a proteger la libertad, la democracia y el medio ambiente. Esto no significa pintar un cuadro totalmente rosa de la juventud: como hicimos en nuestro tiempo, a veces cometerán errores, serán impacientes y apresurados, desearán la oportunidad para una foto, saltar a acciones sin pensar en todas las consecuencias. Así que aconsejémosles paciencia y una visión matizada, ayudémosles a volver a un cierto ‘conocimiento lento’ desplazado por la rapidez de los medios sociales, animemos a la construcción de puentes entre clases, castas, géneros y divisiones ideológicas. Construyamos una atmósfera de respeto mutuo entre generaciones. Pero no les dictemos, no seamos paternalistas y no les amenacemos. Cuando lo hacemos, ponemos en peligro la mayoría de edad de toda una generación.

Ashish Kothari es miembro de Kalpavriksh Vikalp Sangam, en Pune (India). Estos puntos de vista son personales.

Como complemento al artículo de Ashish, ofrecemos la declaración que ha efectuado recientemente la joven activista climática Disha Ravi, citada en el artículo:

«Todo lo que es real se siente demasiado irreal: el abominable smog de Delhi; la comisaría de la policía cibernética; el hospital Deen Dayal; los juzgados de Patiala House, y la cárcel de Tihar. En todos los años en que alguien me había preguntado dónde me veía en 5 años, nunca hubiera respondido que en la cárcel, pero ahí estaba.

Me sigo preguntando qué se sentía al estar allí en ese momento en particular, pero sigo sin respuestas. Me he obligado a creer que la única forma con la que seré capaz de sobrevivir todo esto era engañándome pensando que no me estaba pasando a mí: la policía no llamó a mi puerta el 13 de febrero de 201; no cogieron mi teléfono y portátil y me detuvieron; no me presentaron ante el juzgado de Patiala House; la gente de los medios de comunicación no intentaba encontrar sitio en la sala. Mientras permanecía en pie en esa sala del tribunal, buscando desesperadamente a mis abogados, me hice a la idea de que me tendría que defender por mí misma. No tenía ni idea de si tendría asistencia legal, así que cuando el juez me preguntó si tenía algo que decir, decidí decir lo que pienso. Antes de darme cuenta, era envíada cinco días a custodia policial.

No es una sorpresa que en los días que siguieron mi autonomía fue violada, mis fotografías aparecían en todos los programas de noticias, mis acciones eran consideradas culpables –no en el tribunal, sino en las pantallas planas de quienes buscan audiencia–. Estaba ahí sentada, sin saber de las muchas abstracciones hechas sobre mí para saciar su idea sobre mi persona.

Al terminar los cinco días (19 de febrero de 2021), fuí transferida a custodia judicial durante tres días. En Tihar, fue consciente de cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día. Encerrada en mi celda, me preguntaba cuando se había convertido en un crimen pensar que los elementos más básicos de mantenimiento de este planeta eran tan míos como suyos. ¿Por qué millones están pagando el precio final por la avaricia de unos cientos? Su interés en la vida de esos millones depende de si consiguen o no beneficios e incluso ese interés tiene una vida muy corta. Desgraciadamente, también lo tendrá la humanidad, si no actuamos a tiempo para parar ese consumo y avaricia sin fin. Nos estamos acercando poco a poco a nuestro propio fin.

También comprendí, durante el tiempo bajo custodia, que la mayor parte de la gente sabe muy poco o nada de activismo climático o justicia climática. Mis abuelos, que son campesinos, originaron de manera indirecta mi activismo climático. Tuve que ser testigo de cómo les afectaba la crisis del agua, pero mi trabajo se reducía a campañas de plantación de árboles y a limpiezas, que son importantes pero no lo mismo que luchar por la supervivencia. La Justicia Climática trata de la igualdad intersectorial. Se trata de ser radicalmente inclusivo con todos los grupos de personas, de manera que todos tengan acceso a aire limpio, comida y agua. Como siempre dice un querido amigo: «La Justicia Climática no es solo para los ricos y los blancos». Es una lucha junto a aquellos que son desplazados, cuyos ríos han sido envenenados, cuyas tierras han sido robadas, que ven cómo sus casas son arrasadas cada dos por tres. Y aquellos que luchan incansablemente por los derechos humanos básicos. Luchamos junto a los silenciados activamente por las masas y presentados como ‘sin voz’, porque es más fácil para los savarnas –hindúes de casta alta– llamarlos ‘sin voz’. Tomamos la salida fácil y financiamos el ‘salvadorismo’, en lugar de amplificar las voces sobre el terreno.

La inmensa cantidad de amor de la gente me dio fuerzas. Les doy las gracias a todos los que me apoyaron. Los últimos días han ido más allá del dolor, pero sé que soy una de los privilegiados. Tuve la fortuna de tener una excelente asistencia legal voluntaria y gratuita, pero ¿qué pasa con los que no la tienen? ¿Qué pasa con todos aquellos en las cárceles cuyas historias no se venden bien? ¿Qué pasa con los marginados que no merecen tu tiempo de pantalla? ¿Qué pasa con aquellos que se enfrentan a la absoluta indiferencia del mundo? Aunque sus formas físicas estén atrapadas tras los barrotes a causa de nuestro silencio colectivo, sus ideas seguirán vivas mientras lo haga la resistencia del pueblo. Las ideas no mueren. Y la verdad, no importa cuanto tiempo haga falta, siempre acaba revelándose.

‘Somos amenazados todos los días, nuestras voces son aplastadas. Pero seguiremos luchando’ –Soni Sori

Luchando todavía por la justicia climática».

— Disha Ravi

Fuente: https://rebelion.org/la-juventud-india-tiene-el-derecho-y-el-deber-a-resistir-y-crear-los-mayores-deben-permitirlo-o-apartarse/

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Elecciones Perú 2021: ¿por qué los jóvenes tendrán más opciones de ser miembros de mesa?

La Oficina Nacional de Procesos Electorales ha anunciado que en las elecciones se priorizará que los miembros de mesa sean jóvenes.

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) se encuentra organizando las elecciones generales y parlamentarias que se llevarán a cabo el 11 de abril del 2021. El proceso electoral se llevará a cabo con algunas particularidades producto de la pandemia, que tiene al Perú como uno de los países más afectados en todo el mundo.

En ese sentido, Piero Corvetto, jefe de la ONPE, señaló que para el sorteo de miembros de mesa se priorizará a los más jóvenes, debido a que las personas mayores de 60 años son las más vulnerables ante un posible contagio de COVID-19.

“La edad tendrá peso diferente, no se debe colocar como miembros de mesa a los mayores de 60 años, debemos proteger la salud de la ciudadanía, por eso en el sorteo se pondrán criterios para priorizar a los más jóvenes frente a los mayores que son vulnerables”, indicó Corvetto.

El jefe de la ONPE también agregó que quienes salieron sorteados en elecciones pasadas podrán volver a hacerlo debido a que se priorizará la edad. Habrá seis miembros por mesa: tres titulares y tres suplentes. “Ahora las mesas cambian porque entran o salen electores, hay más movilidad y además está la opción de elegir tu local de votación que permite a los electores y las familias organizarse para ir a votar en lugares cercanos a su domicilio”, añadió.

Fuente: https://peru.as.com/peru/2021/01/03/actualidad/1609696518_005469.html

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Una pedagogía crítica y emancipadora frente a la educación tradicional

“El paseo de un grupo de adolescentes -un viernes por la tarde- por un centro comercial posee mayor mensaje educativo que una teoría, sea del cuerpo, la alimentación, la familia, los viajes o la sexualidad; se trataría, en este caso, de una interpretación crítica del capitalismo de consumo, que puede plantearse mirando un escaparate; pero […]

“El paseo de un grupo de adolescentes -un viernes por la tarde- por un centro comercial posee mayor mensaje educativo que una teoría, sea del cuerpo, la alimentación, la familia, los viajes o la sexualidad; se trataría, en este caso, de una interpretación crítica del capitalismo de consumo, que puede plantearse mirando un escaparate; pero esto no significa, en modo alguno, negar el valor de la escuela”explica en Radio Klara Jaume Martínez Bonafé. Comenzó su carrera docente como maestro de escuela –durante una década- y ha ejercido como profesor en el área de Didáctica y Organización Escolar en la Universitat de València. Es coautor, junto al pedagogo y exdirector de la revista Cuadernos de Pedagogía, Jaume Carbonell Sebarroja, del ensayo Otra educación con cine, literatura y canciones, publicado en septiembre por la editorial Octaedro.

Los autores, actualmente jubilados, se posicionan en la izquierda y adscriben a las corrientes de la Renovación Pedagógica. De hecho, reconocen su deuda con la Escuela Nueva, que surge en Inglaterra a finales del siglo XIX en contraposición a la escuela tradicional; también de la metodología Freinet, la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, la Escuela Moderna de Ferrer Guardia y dos experiencias populares de la segunda mitad del siglo XX en Italia: la de Lorenzo Milani en Barbiana, y la promovida por Loris Malaguzzi en Reggio Emilia.

En Otra educación, Martínez Bonafé y Carbonell Sebarroja resumen 50 años de su experiencia en el campo educativo. “En la literatura, el cine o la canción popular hallamos textos y reflexiones que nos ayudan a construir la crítica a la tradición escolástica (la formación entendida como correctora de las imperfecciones humanas) y pensar propuestas emancipadoras”, subrayan.

Secuencias de la película Amarcord (1973), de Federico Fellini, permiten aproximarse a la educación autoritaria de la Italia fascista a través de un adolescente, Titta (Bruno Zanin), que estudia en la ciudad de Rimini en los años 30 del siglo XX. Una formación alternativa es la que propone en Lugares Comunes (2002) el veterano profesor de Literatura, Fernando Robles (Federico Luppi): “Traten de dejar las supersticiones en el pasillo antes de entrar en el aula. No obliguen a sus alumnos a estudiar de memoria, eso no sirve. Lo que se impone por la fuerza es rechazado y en poco tiempo se olvida”, explica el docente porteño a los universitarios en la película de Adolfo Aristarain.

El ensayo apuesta por la divulgación, trata de evitar el sesgo academicista y la densidad del expertismo. Según los autores, “las Matemáticas, la Lengua, la Historia o la Geografía sólo tienen sentido si ayudan a navegar y al crecimiento autónomo del alumno; en la educación emancipadora el conocimiento es una herramienta práctica”. Hay maestros que desarrollan esta labor. Algunos, como el personaje Daniel Lefebvre, en un pueblo minero del norte de Francia castigado por la crisis y el paro, tal como recoge el filme Hoy empieza todo (1999), de Bertrand Tavernier.

O Don Gregorio, maestro republicano en la Galicia rural, víctima de la represión franquista en el cuento La lengua de las mariposas, de Manuel Rivas (Fernando Fernán Gómez encarnó a Don Gregorio en la película titulada como el relato, estrenada en 1999 por el realizador José Luis Cuerda). Al aprendizaje no jerarquizado también hace referencia José Agustín Goytisolo en el poema La mejor escuela: “Desconfía de aquellos que te enseñan / listas de nombres, fórmulas y fechas / y que siempre repiten modelos de cultura / que son la triste herencia que aborreces”.

Una mirada sobre la juventud puede proyectarse a través de la música. The times they are a-changing (1964), de Bob Dylan, se inscribe en la canción protesta contra la discriminación racial en Estados Unidos y la guerra de Vietnam: “Senadores y congresistas, escuchad la llamada. / No os quedéis en la puerta, / no bloqueéis el paso, / porque el que saldrá herido será el que ha quedado atrás. / Fuera hay una batalla y es brutal”. La letra de Dylan recoge asimismo la brecha generacional: “Madres y padres de todo el mundo, / no critiquéis lo que no podéis entender. / Vuestros hijos e hijas están más allá de vuestro control, / vuestro viejo camino envejece rápidamente”.

En 1962 la cantautora chilena Violeta Parra compuso Me gustan los estudiantes. El campo de mira puede ampliarse también con la narrativa, por ejemplo Las tribulaciones del estudiante Törless (1906), de Robert Musil, que retrata la educación opresiva en un colegio militar del Imperio Austro-Húngaro. Pero el listado que comparten los autores no aspira a agotar la cuestión; el pasado 24 de noviembre TVE-2 emitió Los 400 golpes (1959), de François Truffaut, sobre la rebeldía y los sueños de libertad de Antoine Doinel, un joven parisino de 14 años. Kes (1969), de Ken Loach, y El niño de la bicicleta (2011), de los hermanos Dardenne, plantean el caso de muchachos que crecen en ambientes de conflictividad.

Martínez Bonafé y Carbonell Sebarroja abogan por una perspectiva a largo plazo, lo que implica “prescindir de las novedades y las modas –que no tienen nada de nuevo-, y  que se quedan en el vuelo gallináceo de la dictadura del presentismo y la inmediatez”. Los dos investigadores critican el actual diseño de los currículos escolares (planificación de la enseñanza) que hacen posible la reproducción del conocimiento en el sistema capitalista; entre la pluralidad de alternativas, apuntan los trabajos por proyectos que surgen de las asambleas de aula. Además subrayan el fuerte encorsetamiento que impone –a profesores y alumnos- el libro de texto tradicional. En la novela Doktor Faustus (1947), de Thomas Mann, las conferencias del profesor Kretzschmar sobre Beethoven motivan la reflexión y las conversaciones de los alumnos. El teatro también aporta ejemplos; en Diálogos de fugitivos, escribe Bertolt Brecht: “Nosotros aprendimos en la escuela cosas como las diferencias sociales. ¡Aquello era toda una asignatura!”.

El combate por la emancipación de las mujeres puede sugerirse en el aula mediante clásicos como Madame Bovary (1857), de Flaubert, o Ana karenina (1877), de Tolstoi. Si se aterriza en la historia reciente, la cantante y activista chilena Ana Tijoux estrenó en 2014 su cuarto álbum, Vengo; una de las canciones, Antipatriarca, exhortaba a la liberación femenina: “No sumisa ni obediente / mujer fuerte insurgente / independiente y valiente / romper las cadenas de lo indiferente / no pasiva ni oprimida/”. La cinta Te doy mis ojos (2003), de Icíar Bollaín, se centra en la violencia machista.

Los autores de Otra educación rechazan el discurso único y uniformizador que no respeta las diferencias de lenguas, culturas e identidades. Se muestran partidarios de un interculturalismo crítico. Las letras de los cantautores Manu Chao (Clandestino) y Pedro Guerra (Contamíname) asumen esta diversidad: “Cuéntame el cuento del árbol dáctil de los desiertos / de las mezquitas de tus abuelos / dame los ritmos de las darbukas y los secretos / que hay en los libros que yo no leo/”. El supremacismo blanco en Estados Unidos -durante los años 30 del siglo pasado- aparece en Matar a un ruiseñor (1960), de Harper Lee; la novela, éxito de ventas, fue adaptada dos años después al cine, con Gregory Peck en el papel protagonista.

Frente a la barbarie, la impunidad y el auge de la extrema derecha, el ensayo reivindica la memoria. El escritor italiano judío Primo Levi dejó testimonio en Si esto es un hombre (1947) de cómo sobrevivió al holocausto nazi en el campo de Auschwitz. Sobre la represión y el terror en América Latina, los pedagogos proponen títulos cinematográficos como La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, que se acerca a las desapariciones y la lucha por la verdad en la dictadura militar argentina. Un motivo similar, para el caso de Chile, puede hallarse en Missing (desaparecido), estrenada en 1982 con la dirección de Costa-Gavras y protagonizada por Jack Lemmon.

Respecto a la guerra española de 1936, dos de las múltiples opciones literarias son La forja de un rebelde, de Arturo Barea, y Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sénder. El texto concluye con una apelación a la esperanza y la resistencia colectiva: Get up, stand up, stand up for your rights! (Levántate, ponte de pie por tus derechos), cantaba Bob Marley en 1973.

Fuente: https://rebelion.org/una-pedagogia-critica-y-emancipadora-frente-a-la-educacion-tradicional/

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