México/07 agosto 2017/Autor: Guillermo Villaseñor García/Fuente: Biblioteca Clacso
En este libro, referido a la Función Social de la Educación Superior en México, Guillermo Villaseñor profundiza y actualiza las reflexiones que inició hace varios años, al publicar su obra La Universidad pública alternativa (1994). Su nuevo libro es extremadamente oportuno, ya que las circunstancias en que se encuentra el país y, sobre todo, los efectos que éstas han tenido en las Instituciones de Educación Superior (IES) lo estaban exigiendo con urgencia.
Para leer, descargue aquí: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Mexico/dcsh-uam-x/20170524030753/pdf_676.pdf
Estados Unidos/07 agosto 2017/Fuente: El Nuevo Herald
“Pienso, luego existo”, dijo el filósofo francés René Descartes en el siglo XVII. Si se es latino o descendiente de latino en Estados Unidos, se percibe discriminación, la reporta y luego existe como experiencia de vida. Un estudio sobre esta percepción realizado en el condado de Los Angeles, arrojaría quiénes son los sectores más y menos afectados por el fenómeno.
“Los residentes indocumentados mexicanos y centroamericanos de Los Angeles que tienen baja educación y pocos recursos financieros no reportan niveles elevados de discriminación”, señaló Nancy Landale, profesora de Sociología y Demografía de la Universidad de Pensilvania, una de las autoras de la investigación. Según el análisis, son los jóvenes latinos –nacidos en Estados Unidos– los que perciben mayor discriminación.
Para la realización de esta investigación, se examinaron las percepciones de discriminación en ámbitos interpersonales e institucionales. Se evaluó la discriminación interpersonal en la vida cotidiana por la frecuencia declarada de diversas formas de trato negativo en las interacciones, que son inconsistentes con la igualdad social entre los individuos. También se evaluó la discriminación institucional, a través de experiencias reportadas sobre injusticia o inequidad en el tratamiento dado por los agentes de las instituciones.
Los latinos indocumentados no aparecen como las personas más propensas a la discriminación, indica el informe, a pesar de que el clima social actual es hostil a ellos. En cambio, los tratos injustos son reportados más comúnmente por latinos nacidos en Estados Unidos que eran relativamente jóvenes y con bajos niveles de empleo, quienes divulgan experiencias con ambos tipos de discriminación.
LOS JÓVENES LATINOS NACIDOS EN EEUU PUEDEN TENER MAYORES EXPECTATIVAS PARA EL TRATAMIENTO EQUITATIVO Y PLENA INCLUSIÓN EN LA SOCIEDAD ESTADOUNIDENSE. CUANDO ESTO NO SUCEDE, ESTAS EXPECTATIVAS PUEDEN SER LA BASE PARA LA FRUSTRACIÓN
Nancy Landale, profesora de Sociología y Demografía de la Universidad de Pensilvania
De acuerdo con la investigación, los jóvenes latinos nacidos en el país están situados favorablemente en cuanto a las condiciones de su nacimiento y estatus legal, pero no son ni el grupo latino más favorecido ni el menos favorecido en general.
“Los jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos son más propensos a reportar discriminación en los ámbitos interpersonal e institucional. La diversidad de vecindarios y sus características etnoraciales y los diferentes tipos de ingresos también tienen implicaciones para diferentes tipos de discriminación”, indica la investigación.
Landale, autora de la investigación, tiene una explicación al respecto. “Los jóvenes latinos nacidos en el país pueden tener mayores expectativas para el tratamiento equitativo y plena inclusión en la sociedad estadounidense. Cuando esto no sucede, estas expectativas pueden ser la base para la frustración y mayor sensibilidad al tratamiento discriminatorio”, dijo.
“Lo que termina sucediendo a los jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos es que tienen mayores expectativas para la inclusión que otros grupos latinos y una mayor conciencia del injusto trato y de oportunidades bloqueadas. En consecuencia, son más proclives a experimentar discriminación en ámbitos interpersonales e institucionales que otros latinos, incluyendo a los inmigrantes latinos indocumentados”, indicó Landale.
Para Landale, los resultados de la investigación ayudan a entender la experiencia de la creciente población latina en Estados Unidos y lo que significa ser norteamericano. Estiman que los latinos nacidos en la nación afrontan sentirse excluidos en esta sociedad, al ver que importantes oportunidades les han sido bloqueadas debido a su raza o etnia.
Landale también comentó que el estatus legal parece estar entrelazado al nivel de ascensión social y que ambos no implican que los grupos teóricamente menos favorecidos manifiesten mayor discriminación.
“Estatuto jurídico y situación económica están entrelazados. A pesar de que los inmigrantes indocumentados son los más propensos a ser pobres y tener los niveles más bajos de educación, no son los más propensos a percibir que han sido tratados injustamente”, indicó la socióloga.
“Nuestro estudio muestra que la discriminación percibida es compleja y que los jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos (que tienen mejor educación y hablan inglés, aunque no están bien establecidos en puestos de trabajo) son más propensos a sentir que han recibido un trato injusto y más probable interpretar trato negativo debido a su origen étnico o raza”.
Desde 1970, la población inmigrante se ha cuadruplicado en tamaño y en el presente cerca del 13 por ciento de los residentes de Estados Unidos son de origen extranjero, indica Landale, quien agrega que durante el mismo período ha habido un aumento en la población de inmigrantes provenientes de México y América Central y que del total, alrededor de 60 por ciento no está legalmente autorizado a residir en el país. El análisis, señala, contribuye a entender de qué manera las personas provenientes de México y Centroamérica se están incorporando a la sociedad norteamericana.
“Aunque nuestro estudio no podría evaluar la discriminación real debido a limitaciones de datos, una parte importante de la experiencia de los latinos nacidos en el país y en el extranjero es cómo perciben e interpretan sus experiencias cotidianas y el tratamiento que reciben por parte de agentes de instituciones (propietarios, policía, etcétera). Nuestro estudio arroja luz sobre esta importante cuestión y deja claro que jóvenes latinos nacidos en Estados Unidos no sienten inclusión y trato equitativo en el área de Los Ángeles”, señala Landale.
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Kristian Ramírez camina por una línea de tren cerca de donde la policía mató a su hermano, Oscar Ramírez, en diciembre del 2014, en Paramount, California. Jóvenes latinos reportan maltratos de la policía. Mark BosterTNS
Los indígenas de Guatemala, casi la mitad de la población, continúan hoy enfrentando una discriminación social y económica arraigada en la sociedad y en las políticas públicas del Estado, por lo que es necesario hacer una «reflexión colectiva» para cambiar esta situación.
Los indígenas de Guatemala, casi la mitad de la población, continúan hoy enfrentando una discriminación social y económica arraigada en la sociedad y en las políticas públicas del Estado, por lo que es necesario hacer una «reflexión colectiva» para cambiar esta situación.
Esta es una de las principales conclusiones de un análisis hecho hoy en Ciudad de Guatemala sobre la situación de este colectivo, en el que participaron miembros de la ONU, de la Defensoría de la Mujer Indígena, la Comisión Presidencial Contra la Discriminación y el Racismo, entre otros.
El representante en Guatemala de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Diego Recalde, destacó que en el país, al igual que en el mundo, aún persisten «grandes desafíos» para hacer efectivos los derechos de los pueblos originarios, como la justicia, la salud, la educación, la alimentación, el derecho a la tierra o el trabajo.
«Hay que lugar contra el racismo y la discriminación arraigada» en la sociedad guatemalteca, enfatizó Recalde, y señaló que esta situación particular «de alta vulnerabilidad» de los pueblos indígenas es un problema mundial que requiere «redoblar» los esfuerzos para ponerle fin.
«La sociedad guatemalteca tiene esa oportunidad de cambiar estas cifras tan lamentables», señaló al recordar que la desnutrición crónica afecta a más del 70 % de los niños menores de 5 años en el occidente del país, cuando el promedio es de 56, o la falta de acceso a educación y salud.
Es por ello que abogó por promover nuevos modelos de desarrollo, con un enfoque de derechos humanos y desde el aspecto inclusivo e incluyente, máxime ahora que se cumple el décimo aniversario de la proclamación de la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.
Guatemala, que celebrará la próxima semana el Día Internacional de los Pueblos Indígenas con diversas actividades, es un país multicultural y plurilingüe compuesto de cuatro grandes culturas: Maya, Xinca, Garífuna y ladina, y en su territorio conviven 25 comunidades lingüísticas.
Según datos facilitados por Naciones Unidas, se calcula que en la actualidad existen unos 370 millones de personas de diferentes comunidades indígenas repartidos por noventa países alrededor del mundo.
En Guatemala, el porcentaje de la población indígena es de un 41 %.
Entre los departamentos de Guatemala con mayor porcentaje de población indígena figuran Totonicapán (98,3 %), Sololá (96,4 %), Alta Verapaz (92,9 %), Quiché (88,8 %), Chimaltenango (79 %) y Huehuetenango (65,1 %).
De la inversión pública total, Guatemala dirige hacia los pueblos indígenas tres veces menos que a la destinada a la población no indígena, un hecho que no hace más que aumentar la brecha y la discriminación racial económica.
Según un estudio divulgado recientemente por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), por cada quetzal (14 centavos de dólar) invertido en los pueblos no originarios, el Estado tan solo destina 33 centavos (4 centavos de dólar) a los pueblos indígenas.
El análisis, realizado sobre el presupuesto de gasto público de Guatemala ejecutado durante 2015, identifica que del total dirigido al ciudadano, 42.623 millones de quetzales (5.818 millones de dólares), solo la cuarta parte se destinó a los pueblos indígenas, 10.646 millones de quetzales (1.453 millones de dólares).
Estas cifras dejan entrever que las inversiones dirigidas a la población no indígena (mestiza o ladina) representaron un 6,5 % del producto interno bruto (PIB), en contraposición al 2,2 % de los pueblos originarios.
Daniel Chávez. Hernán Ouviña. Mabel Thwaites Rey. [Editores]
Sergio Arconada. Karina Arévalo. Javier Biardeau. Atilio A. Boron. Ana Esther Ceceña. Reinaldo Iturriza. Claudio Katz. Claudia Korol. Edgardo Lander. Miguel Mazzeo. Juan Carlos Monedero. Nildo Ouriques. Isabel Rauber. Maristella Svampa. Marco Teruggi. Zuleima Vergel. Raúl Zibechi. [Autores de Capítulo]
ISBN 978-90-70563-59-2
CLACSO. IEALC. TNI.
Buenos Aires. Ámsterdam.
Julio de 2017
Desde marzo de 2017, en un contexto de agravamiento de la polarización política en Venezuela y a partir de la publicación de entrevistas, pronunciamientos colectivos y declaraciones públicas de académicos y militantes políticos y sociales, la izquierda latinoamericana está inmersa en un profundo y pasional debate sobre el presente, el pasado y el posible futuro del proceso bolivariano. Las ideas expuestas en este dossier demuestran que alguien puede ser defensor del proceso bolivariano y crítico de algunas de sus limitaciones o errores más evidentes; o ser crítico del gobierno y al mismo tiempo defensor de las muchas conquistas y logros del mismo proceso. El objetivo de la presente publicación es contribuir a crear un espacio de debate que permita superar la lógica defensiva y en gran medida sectaria que define al actual clima de discusión en la izquierda latinoamericana. Ello implica reflexionar sobre opiniones y datos que se perciben como contrarios o equivocados, procurando un intercambio de saberes relevantes y fructíferos sin intentar avasallar a quien no comulgue con las ideas propias.
Son escasas las organizaciones no gubernamentales que logran llegar a los 80 años de existencia. Entre ellas la Central Sanitaria Suiza Francesa (CSSR) que los festeja el 11 de junio, confrontada a su propia historia y a las nuevas exigencias de la cooperación al desarrollo.
Una “vejez-desafiante” que obliga a redefinir rumbos y prioridades, según afirma Viviane Luisier, presidenta de la Central desde 2010, profesional en el colectivo independiente de parteras “Arcade sages-femmes” de Ginebra y especialista desde su juventud en temáticas de género y solidaridad.
En su historia personal aparecen no solo luchas políticas, asociativas y de género en Suiza. Sino también una década entera de trabajo como cooperante internacionalista en Nicaragua en los ochenta. Primero en el Ministerio de Salud de ese país centroamericano y más tarde en la Casa Materna de la ciudad de Matagalpa.
P: 80 años de existencia, todo un logro para una organización asociativa. ¿Cuál es el hilo conductor de estas ocho décadas?
En el curso de su ya larga vida nuestra organización ha debido adaptarse a un panorama político que ha cambiado permanentemente, tanto en Suiza, en Europa, como en el denominado “sur”. En sus orígenes fue antifascista y solidaria con los republicanos españoles en los años 30. En aquel entonces se trataba de reclutar médicos comprometidos dispuestos a partir para dar su apoyo directo en el terreno. Los materiales médicos-sanitarios, así como los fondos recolectados, eran fruto directo de la solidaridad popular suiza. Más tarde, se entra en una suerte de somnolencia funcional. Hasta que la Central se activa nuevamente ante la convocatoria de camaradas suizos indignados por la intervención imperialista en Vietnam. Su trabajo siempre se basaba en el apoyo de la solidaridad de militantes y simpatizantes.
En los años 80, la CSSR protagoniza cambios importantes: se transforma de un colectivo de solidaridad en una asociación de cooperación al desarrollo. Logra mantener su imagen y valores de los años de juventud, aportando un apoyo concreto a actores muy específicos. A grupos, movimientos y gobiernos a los que identificamos no por ser “pobres”, sino por sus compromisos a favor de una mayor justicia social. Esta es hoy nuestra razón de ser que anima también nuestros desafíos futuros.
La metamorfosis solidaria
P: Ante esa historia llena de cambios esenciales, ¿cómo seguir alimentando vuestra visión de cooperación y solidaridad en una compleja realidad mundial en permanente mutación?
Sin duda los desafíos son numerosos cuantitativamente y esenciales a nivel cualitativo. Subrayo uno entre tantos, que nos confronta a una situación crítica. El hecho de haber entrado en el mundo de la *cooperación al desarrollo*, nos permite impulsar proyectos significativamente más ambiciosos y costosos que lo que podría promover un movimiento de solidaridad. Especialmente a partir de los años 2000 en que todo el espectro asociativo hace frente a una crisis de sobrevivencia. Es, sin embargo, a partir de esta decisión que creció de forma significativa nuestra dependencia de los fondos públicos. Hoy, cuando las federaciones cantonales (nuestra principal fuente de recursos) nos exigen una coparticipación para financiar los proyectos, debemos buscar fondos privados y no siempre es posible verificar la coherencia y pureza de los mismos. Esta realidad podría llevarnos a modificar nuestra estrategia. Va a ser necesario, nuevamente, adaptarnos sin perder nuestra alma. Realidad particularmente difícil para una vieja dama de 80 años…
El “Sur” actualizado
P: ¿Cómo se posicionan vuestras contrapartes en el Sur?
¡Están plenamente al tanto de los problemas financieros que tenemos las organizaciones de la cooperación! Ellas también deben adaptarse y elaborar los proyectos en los marcos, términos y formularios que les impone el norte. Pero manejan bien las nuevas tecnologías de la comunicación y, en particular, están muy motivadas para seguir participando en proyectos comunes. Es significativo observar que cuando se deterioran las condiciones políticas y de seguridad en las realidades donde ellas deben actuar, nuestras contrapartes nos piden que no las abandonemos y continuemos construyendo juntos.
P: ¿Podría presentarnos un proyecto que en estos últimos años ha sido emblemático para la CSSR?
Entre muchos e interesantes proyectos que hemos promovido, hay uno que apoyamos desde hace diez años y que me ha motivado particularmente. Denominado “Lucha contra la mortalidad materna”, consiste en la formación y acompañamiento de parteras empíricas en la región de Matagalpa, en Nicaragua, a unos 130 kilómetros al norte de la capital Managua. Es una zona cafetalera por excelencia. El café es el producto esencial de exportación y de ingresos para el país. Pero donde la situación y realidad cotidiana de las mujeres campesinas ha sido y sigue siendo muy difícil. Además de la formación de las parteras, se realizó una película que tiene por objetivo la prevención del embarazo entre las adolescentes. El proyecto incorpora también la intensificación de la planificación familiar en el campo; la colaboración en la formación de las parteras calificadas, etc. Todas actividades, logros y resultados que nos producen una gran satisfacción no sólo a nosotras, en Suiza, sino a nuestras contrapartes en Matagalpa.
P: ¿Cómo continuar en tanto actor de la solidaridad?
El movimiento solidario y la cooperación solidaria no deben descorazonarse a pesar de la compleja realidad mundial actual. Es importante mantener esa solidaridad, alimentarla, enriquecerla, fortalecerla, especialmente en momentos de un evidente repliegue xenofóbico en nuestros países del norte. Se habla de “crisis” financiera para reducir la cooperación al desarrollo, cuando en realidad suiza continua a estar entre los países con más riqueza concentrada en el mundo. Entre el concepto de “crisis” que se usa para recortar la cooperación y el de “crisis de sobrevivencia” que enfrentan realmente muchas comunidades y pueblos en lejanas latitudes no hay comparación alguna. Nuestra responsabilidad hacia “el otro” no debe desvanecerse por meros pretextos financieros. El planeta es único y nosotros somos corresponsables por él y por cada uno y todos los habitantes del mismo.
En breve
La Central Sanitaria de la Suiza Francesa, CSSR según sus siglas en francés, está actualmente presente con proyectos en cinco países latinoamericanos y en el Medio Oriente: Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Palestina.
Dos son los principales apoyos institucionales que le permiten asegurar sus proyectos: la Federación Ginebrina de Cooperación (FGC) y la Federación de Cooperación del Cantón de Vaud (FEDEVACO).
Fue creada el 9 de diciembre del 1937 por el profesor Hans Von Fischer. Le festividad central será el próximo 11 de junio en Ginebra, con la presencia de autoridades políticas, del mundo universitario y membresía en general.
Nació apoyando a los militantes republicanos en la guerra civil española. Se relanzó luego en la solidaridad con la liberación de Vietnam. Asociándose a partir de los años 80 al movimiento de solidaridad con los pueblos centroamericanos.
En Suiza es activa en la solidaridad con demandantes de asilo e inmigrantes en general. También en campañas a favor del aumento de la cooperación. Sostiene con otras 80 ONG, sindicatos y asociaciones la Iniciativa a favor de las Multinacionales Responsables.
¿Qué es plurinacionalidad?, se preguntan millones de españoles mientras clavan su mirada en la televisión, la prensa y los tuits de Podemos y PSOE. Sería comprensible, después de tanto mareo con la “nación de naciones” (y no de ciudadanos), el “estado multinacional” (y no nacional), las nacionalidades y regiones (con varias “naciones emergentes”), la soberanía (¿de quién?), el federalismo (¿asimétrico?), el “derecho a decidir” (¿qué?), etc., que la ciudadanía diera la espantada ante la sola propuesta del último adjetivo: plurinacional. A mí, sin embargo, me agrada. Evoca la desafortunada confusión del mundo escolar sobre si hay que ser multi-, pluri-, inter- o transcultural, o nada de eso, pero me gusta porque es un adjetivo que cuadra bien a las personas y mal a los colectivos.
En muchos ámbitos los prefijos multi o pluri son intercambiables o hace falta un cursillo para distinguirlos, pero en el lingüístico tienen significados distintos y objetos diferentes. La coexistencia o el uso de dos o más lenguas en un territorio produce comunidades o estados multilingües y sujetos plurilingües. Un estado es multilingüe si en él se hablan dos o más lenguas, tanto si todos hablan todas como si cada grupo habla apenas una o algún grupo más de una: una lengua es un sistema autocontenido, con un vocabulario y unas reglas específicos y autosuficientes (como, por ejemplo, lo es el catalán, no importa cuánto deba al latín, a otras lenguas romances, al inglés o mañana del chino). Un individuo es plurilingüe si, en la práctica, es competente en el habla de distintas lenguas, en grado desigual. El Consejo de Europa asumió hace mucho esta distinción.
Lo primero es un contrasentido: las naciones no forman ni están formadas por naciones, sino que forman y están formadas por individuos. La formación de los estados-nación tuvo como reverso la constitución y reconocimiento del individuo como sujeto de derechos y la eliminación o reducción a meras asociaciones de las corporaciones intermedias (órdenes, gremios, familias patriarcales, burgos, servidumbre). Una nación de naciones así entendida, multinacional, no podría ser otra cosa que una confederación, siempre sujeta a la conformidad de las naciones que la forma y unilateralmente denunciable por cualquiera de ellas. Pero basta incluso con que sea un estado, y lo es desde hace medio milenio largo –aunque haya sido de forma renqueante–, para que, por más que en un platillo de la balanza se puedan poner la nación o nacionalidad que no es España (p.e. Cataluña), la lengua o la aldea, la identidad colectiva, el sentimiento diferencial, etc., en el otro platillo haya que poner siempre ese medio milenio de ciudadanía, desde la ciudadanía de baja intensidad que puede encontrarse ya en las leyes y costumbres con fuerza jurídica sobre libertad de circulación y residencia en todo el territorio unificado en el siglo XVI, con las lógicas consecuencias en términos de reconocimiento, mestizaje, interculturalidad, etc., hasta la de alta intensidad que han supuesto los períodos democráticos o, por qué no, las mismas contiendas civiles violentas o pacíficas, ganadas o perdidas.
Pasemos ahora a lo nacional. Queda cerca, pues la lengua es uno de los elementos más relevantes en la formación de las naciones, aunque no sea ni necesario ni suficiente. ¿España es multinacional o es plurinacional? Algunos pensarán que es lo mismo y otros podrían ofrecer el cursillo, pero creo que, en general, quienes la califican de multinacional quieren decir no solo que está formada por distintas naciones sino que cada una de estas termina donde comienza cualquier otra y viceversa. Declarar las naciones como conjuntos disjuntos (sin elementos comunes) permite, primero, proclamar un sujeto que puede reclamar para sí lo que le parezca sin, aparentemente, vulnerar los derechos de otro (“derecho a decidir”, “solo queremos votar”, etc.); segundo, definir el endogrupo (nosotros) y el exogrupo (ellos) imprescindibles para entregarse a la fértil retórica de los agravios (“nos roban”, “nos atacan”, “son fascistas”, “la guerra civil fue contra nosotros”…); tercero, negar legitimidad propia a cualquier comunidad más amplia y a todo lo que a ella se asocie (el Estado, “Madrid”, la Constitución). Por eso la “nación de naciones”, aunque suene profundo o sutil, como suelen hacerlo las expresiones recursivas (la red de redes, la naturaleza de la naturaleza…), no ayuda mucho, ya que, si España ha de ser tal cosa, o es una metanación formada o creada por naciones, o sea, multinacional, o es una nación yuxtapuesta a otras, o sea plurinacional, porque los individuos pueden sentirse parte de más de una nación, como pueden hablar más de una lengua.
Según la estadística del padrón continuo que ofrece el INE, a 1 de enero de este año, de cada 100 residentes en Cataluña 18 han nacido en otros lugares de España (y otros 18 en el extranjero); y de cada 100 nacidos en Cataluña y que residen en España, 8 lo hacen en algún otro punto de esta. Pero la movilidad no ha dado comienzo con esta generación, de manera que una parte de los nacidos en Cataluña han de ser hijos de no nacidos en ella a los que probablemente les cueste considerarse exclusivamente catalanes, o catalanes en vez de españoles (y en conflicto con el resto), aunque no falten furiosos conversos y rufianes. A falta de estos datos, una pista nos da la proporción de la población catalana que tiene como única primera lengua el castellano, 50%, frente al 40% que suman quienes tiene como tal el catalán (32%) o este y otras (8%). Y otro tanto con los descendientes de catalanes que una o varias generaciones antes se afincaron en otros lugares del territorio español y cuya pista se pierde en las estadísticas.
El resultado es que, en relación con los reinos medievales, las regiones de ayer y las comunidades de hoy, la mayoría somos mestizos, felices de serlo, y así nos gustaría ser tratados. Poder ser tan catalanes, castellanos, aragoneses, andaluces, vascos, etc. como nos parezca, pero sin tener para ello que dejar de ser españoles ni divorciarnos de los otros españoles. Seguramente podríamos afinar a favor de las nacionalidades o naciones sin un estado propio y exclusivo (propio y compartido ya lo tienen), o de la plurinacionalidad de sus integrantes: por poner un solo ejemplo, favoreciendo la vehicularidad compartida del catalán en centros escolares fuera de Cataluña que puedan contar con un número de alumnos viable. Pero haría falta también que la Generalitat reconociera la plurinacionalidad de los residentes en Cataluña, renunciando a imponer la vehicularidad exclusiva del catalán a la amplia mayoría que una y otra vez ha manifestado que prefiere la covehicularidad, es decir, que sus hijos estudien en ambas lenguas. De hecho es lo que pide en las encuestas entre un 60 y un 90% de las familias, que les dejen a ellos y a sus hijos ser plurinacionales, si bien la Generalitat ha optado por sumergirlos en el monolingüismo para hacerlos mononacionales, y con tal grado presión que genera una espiral de silencio a la que pocos se atreven a oponerse a cara descubierta, menos que nunca con sus hijos por medio.
Hay un sencillo ejercicio sociológico que suelo hacer cuando tengo la oportunidad de pasear un rato, como me gusta hacerlo, por cualquier ciudad catalana. Consiste en contar, por un lado, en qué lengua se expresa la gente con la que me cruzo por la calle, lo que suele arrojar una distribución bastante equilibrada y un poco inclinada hacia el castellano; y contar, por otro, en qué lengua lo hacen los letreros, carteles y precios de los comercios y dependencias administrativas, o en primera instancia los empleados que trabajan cara al público, que es casi exclusivamente en catalán. Lo primero, la acción espontánea de las personas (con una historia y una cultura detrás, por supuesto), revela su plurinacionalidad; lo segundo, que viene impuesto por la ley de normalización lingüística –que sanciona no usar el catalán y ampara no usar el castellano– y la presión política oficial y extraoficial del del nacionalismo, expresa la mononacionalidad.
Curiosa o cínicamente, IDESCAT, que realiza para la Generalitat la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población, quinquenal, pregunta a los catalanes españoles todo lo imaginable, pero nada sobre la lengua vehicular que desean en la escuela, que está ya fuera de discusión (ya es mononacional); sin embargo, en una encuesta decenal a los catalanes franceses (“del Norte”) sí pregunta qué lengua vehicular prefieren, incluida la opción de una “enseñanza bilingüe catalán-francés”. IDESCAT quiere que puedan manifestarse plurinacionales los catalanes que, en Francia, se sienten más bien simplemente franceses, y priva de la palabra a los que, en España, se sienten a la vez catalanes y españoles. No hay sorpresa: el nacionalismo es eso.
La pregunta hoy es qué quiere decir plurinacional para la izquierda. Si significa la coexistencia de identidades y lealtades en la conciencia de las personas y en la estructura del Estado, bienvenido sea; si es un mero sinónimo de multinacional, buscado quizá para marcar distancia con la terminología empresarial, no hará sino ampliar la ceremonia de la confusión. En cuanto a la nación de naciones, si es la expresión recursiva de la plurinacionalidad bien entendida, no es que lo necesitemos pero podremos vivir con ella; pero si es otro nombre para la multinacionalidad, o para la idea de que España es un estado pero las naciones son solo otras (entre tres y una docena, según quién hable) y lo que pueda quedar sin ellas, si es que queda algo, entonces resulta incompatible y contradictoria con la plurinacionalidad, un concepto farragoso e inconsistente y, lo que es peor, un eufemismo para el llamado a la disgregación.
El país ha crecido, pero aún está por debajo del PIB per cápita de 1977.
1.7 millones sufren pobreza en Nicaragua
A pesar de los avances sociales recientes, la proporción de personas que viven en la pobreza sigue siendo alta. Aunque la pobreza ha disminuido en los últimos años, aproximadamente un tercio de la población (unos 1,7 millones de nicaragüenses) vivía con un consumo per cápita por debajo de la línea de pobreza general oficial en 2014.
La pobreza se concentra altamente en las zonas rurales: cerca de la mitad de los nicaragüenses rurales se consideraron pobres moderados ese año, en comparación con 15 por ciento de la población urbana. De los 1.7 millones de pobres, 1.2 millones (alrededor del 70%) vivían en áreas rurales.
Alrededor del 70% de los pobres vivía en zonas rurales de Nicaragua en 2014, según el Banco Mundial. Confidencial | Carlos Herrera
Uno de los países más pobres de América Latina
Nicaragua sigue siendo uno de los países más pobres en América Latina. Nicaragua tuvo la cuarta mayor proporción de personas que viven con ingresos inferiores a la línea de pobreza regional 4 dólares por día (en términos de PPP) en 2014, solo superado por Guatemala (donde la pobreza aumentó de 55% en 2006 a 60% en 2014), Honduras (donde la pobreza era 56% en 2014) y Haití (87% en 2012).
El PIB per cápita se situó cerca de 2.087 dólares en 2015, el segundo más bajo en América Latina después de Haití.
Pobreza multidimensional: cuatro privaciones
El país también se alinea entre los países más pobres empleando medidas de pobreza no monetaria. La pobreza es un fenómeno complejo que se relaciona con muchos factores. Para capturar la complejidad de la pobreza, dos estudios recientemente utilizaron el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) de Alkire y Foster (2011). El IPM incluye un número de dimensiones igualmente ponderadas —salud, educación, nivel de vida, falta de acceso a agua potable y saneamiento—. Las personas privadas de ciertos atributos son consideradas pobres multidimensionales.
Según Duryea y Robles (2016), Nicaragua fue uno de los países más pobres en América Latina en 2014cuando se considera el IPM: más del 60% de los nicaragüenses son pobres multidimensionales, con cuatro o más privaciones.
La pobreza también se refleja en privaciones de salud, educación, nivel de vida, falta de acceso a agua potable y saneamiento. Confidencial | Carlos Herrera
Una clase media de las más pequeñas de la región
Consistente con los altos niveles de pobreza, la clase media de Nicaragua es una de las más pequeñas de la región. Esta se define como la proporción de individuos con ingresos entre 10 y 50 dólares por día en 2005 PPP — durante los últimos diez años. Este grupo se ha ampliado de 11% en 2005 a 18% en 2014. Sin embargo, la proporción de este grupo en la población total era uno de los más bajos en 2014, solo es más grande que la clase media en Honduras y Guatemala (12% y 9%, respectivamente).
El grupo económico más grande consiste en personas que no son pobres, pero siguen en peligro de caer en la pobreza si son golpeados por shocks — “vulnerables”. El grupo vulnerable, que son quienes tienen un ingreso entre 4 y 10 dólares por día, creció de 34% en 2005 a 45% en 2014. El país tiene una de las mayores poblaciones vulnerables en América Latina.
El impacto del bono demográfico
Los cambios demográficos han contribuido también al crecimiento a través de un aumento de oferta de trabajo. La disminución de las tasas de fertilidad ha resultado en una reducción de la tasa de dependencia de jóvenes y una expansión de la participación de la población de edad productiva (15-64). La población en edad laboral de Nicaragua aumentó casi tres veces en los últimos 40 años (o por unos 2,5 millones de personas).
Hoy, el 50% de la población tiene menos de 25 años. El efecto de disponibilidad de mano de obra contribuyó a la mitad del incremento en el PIB per cápita durante 1990 – 2015 (o poco menos de un incremento de un punto porcentual sobre un incremento anual del 1.9% en PIB per cápita).
Poco impacto de programas asistencialistas
*Nicaragua ha ampliado la cobertura de sus programas de asistencia social, aunque estos generalmente son pequeños e insuficientemente focalizados, limitando su impacto en la pobreza.
A diferencia de la mayoría de los países de AL, Nicaragua no tiene un programa de Transferencias Monetarias Condicionadas. Sin embargo, cuenta con unos 46 programas de asistencia social cuyos beneficiarios son principalmente niños, mujeres, ancianos y discapacitados. La mayoría de estos programas tienen pocos beneficios y no están suficientemente enfocados. No hay evidencia del tipo de efecto de estos programas sobre el bienestar, ya que no hay evaluación de impacto.
Sin embargo, las simulaciones muestran que estos programas tuvieron un impacto modesto sobre la pobreza. Entre los beneficiarios, el Programa Amor se asocia con una reducción de la pobreza de 4.5 puntos porcentuales, mientras que el resto de los programas en aproximadamente 2 puntos porcentuales, con la excepción de Mochila Escolar que no tiene ningún impacto.
Debajo del PIB per cápita de 1977
*A pesar del reciente incremento, Nicaragua no ha podido mantener el paso comparativamente, en crecimiento del ingreso per cápita, y convergencia.
El PIB per cápita no ha podido recuperarse a los niveles de 1977. En términos de convergencia, Nicaragua ha tenido un nivel de ingreso per cápita similar a Mauricio y Malasia, hace 40 años. El ingreso bruto per cápita también muestra una importante divergencia relativa con los EE.UU.
En 1960, el PIB per cápita en Nicaragua era aproximadamente 1,535 dólares norteamericanos (en dólares efectivos del 2010), o una onceava parte del de EE.UU. Para el 2015, era apenas un 3.6% del PIB per cápita de Estados Unidos.
Los pobres también sufren una brecha de infraestructua. En la foto, indígenas miskitos en el Caribe Norte. Confidencial | Carlos Herrera
La recuperación del crecimiento ha dependido sobre todo acumulación de factores, sobre todo en una creciente oferta laboral y en menor medida en la acumulación de capital. El factor trabajo ha sido el mayor contribuyente al crecimiento en los últimos 15 años. Esto está en consonancia con la disminución de las tasas de fecundidad y la expansión de la población en edad laboral en el país, junto con el aumento de las tasas de participación laboral femenina.
La acumulación de capital ha jugado un papel creciente en el tiempo. Sin embargo, los indicadores de infraestructura y acceso a servicios básicos y sus comparaciones internacionales apuntan a una brecha de infraestructura.
Baja productividad de la tierra
La productividad de la tierra de Nicaragua también es la más baja entre pares regionales, con el valor promedio generado solo 717 dólares por hectárea (USD constante). Para poner esto en perspectiva, esto es entre 40 a 60% de las cifras promedio de Honduras, El Salvador y Guatemala y sólo el 16% de Costa Rica.
En general, la tendencia reciente en la productividad es prometedora: después de las contribuciones ya sea insignificantes o negativas en 2000 – 2009, la productividad total de los factores (PTF) contribuyó positivamente durante los últimos cinco años y la productividad laboral ha repuntado desde 2009.
El aumento de nicaragüenses en edad de trabajar contribuye a disminuir la pobreza. En las zonas rurales, la dependencia en el hogar aún es alta. Confidencial | Carlos Herrera
Vulnerabilidad y pobreza
El crecimiento contribuyó a un descenso significativo en la pobreza desde 2005, pero los niveles siguen siendo elevados y los nicaragüenses son altamente vulnerables a caer en la pobreza. Un aumento de uno por ciento en el PIB per cápita se asoció con una reducción de 1.7 por ciento la pobreza de ingresos entre 2005 y 2009.
Los cambios en la composición demográfica de la población en Nicaragua, con una mayor proporción en la población en edad de trabajar (15-64 años), contribuyen a la reducción de la pobreza. La transición demográfica experimentada por Nicaragua se ha reflejado ya en una decreciente tasa de dependencia, definida como la proporción de dependientes (personas menores de 15 o mayores de 64) respecto a la población en edad laboral, una medida de la presión sobre la población productiva.
La necesidad de educación y empleo productivo
Aparte de su impacto directo sobre el crecimiento, una menor tasa de dependencia también implica que cada adulto en edad de trabajar ahora tiene que hacerse cargo de menos dependientes jóvenes, lo cual probable que tenga un impacto directo en la reducción de las tasas de pobreza a través de una mejora en el ingreso per cápita del hogar. Como tal, la menor tasa de dependencia se asoció con una reducción de 12 por ciento de la pobreza total entre 2005 y 2014.
Para que Nicaragua aproveche el primer dividendo demográfico y logre mayores niveles de ingreso y un crecimiento económico más rápido, un mayor número de personas en edad de trabajar deben emplearse productivamente. Los jóvenes que abandonan antes de completar el nivel secundario a menudo fallan en asegurarse un empleo en el sector formal, o caer en las filas de los desempleados o terminan con ingresos más bajos y pobres perspectivas de empleo en el sector informal.
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