Maestros de maestros: John Dewey (1859-1952) -PDF-

Colombia / 7 de abril de 2019 / Autor: Rafael Reyes Galindo / Fuente: Compartir Palabra Maestra

La escuela guarda una relación científica con la pedagogía, como el laboratorio con la biología.

El pensamiento de Dewey ha permitido la producción de obras inspiradoras. Colombia debe mucho a este filósofo, educador y activista estadunidense; la entrada de la “escuela activa” a principio del siglo veinte y la propuesta educadora de Agustín Nieto Caballero no se pueden entender sin Dewey. Autores como Sáenz J. Saldarriaga O. y Ospina A. mostraron en los dos tomos de Mirar la Infancia, pedagogía, moral y modernidad en Colombia (1997) la construcción del saber pedagógico a partir de la producción escolar de la infancia y la entrada de las ciencias de la vida, (biología, medicina y psicología experimental) en los discursos de la educación y la pedagogía colombiana. También Diego Pineda (2011), filósofo colombiano, muestra que la democracia en Dewey aparece no solo como forma de gobierno, sino también como forma de vida.

Maite Larrauri – Max (2012) llama a Dewey un “maniático de la educación”. Activista político, psicólogo, filósofo, profesor de secundario, educador universitario lo hacen un Maestro integral para pensar la sociedad, la educación, la pedagogía, la escuela y formación de educadores. Para Dewey la educación es acción politica, la democracia una forma de vida, la escuela un laboratorio, la experiencia como el medio en que los sujetos se forman.

La educación es acción politica: Dewey no solo se interesó por lo problemas sociales, sino que participó en manifestaciones por los trabajadores y las mujeres. En 1919 marchó por el voto femenino, llevaba una pancarta que decía: “Los hombres votan, porque yo no” (Maite Larrauri – Max (2012). Dewey, no se sentiría muy cómodo reduciendo la educación politica a “competencias ciudadanas”, como si ser ciudadano se redujera a unos cumplimientos de deberes, a la construcción de sujetos correctos y legales. El trabajo de la educación seria para nuestro pensador en mantener vivo el experimento de la democracia, esto es más que cumplir con decencia unas cuentas reglas. “El aspecto político es importante (…) este es un aspecto de la educación en el cual, me parece a mí, los maestros deben estar más profundamente formados y más ampliamente interesados de lo que han estado en el pasado, si es que pretendemos mantener vivo nuestro experimento democrático” Dewey, pertenecía al movimiento llamado Progresista: “Los progresistas creían que la democracia estadunidense podía encontrar su realización en la democracia industrial, en la planeación social, en la reconstrucción de las instituciones sociales, en la cooperación entre los individuos por encima de la brutal competencia del capitalismo no regulado socialmente. Los progresista soñaban con una sociedad totalmente libre de la opresión y corrupción que provendrían de las tradiciones feudales y autoritarias del Viejo mundo” (Sáenz, J. 2004).

La democracia como forma de vida: En su obra Democracia y Educación plantea que no es un modo de gobierno, “es un modo de vida asociada, una experiencia comunicada conjuntamente”. Se requiere, entonces enseñar una compleja inteligencia de nuestras instituciones democráticas, ¿En qué consiste esto? Se trata de entender la democracia, no como una forma de gobierno sino como una forma de vida. En primer lugar, enseñar de cómo funciona “la maquinaria”; en segundo lugar como funciona el poder. Cómo funciona la maquinaria tendría que ver con saber cómo es la Constitución Nacional, como se participa con ella; que es el gobierno local, como actuar en él. Gobierno, estructura, forma de participación, instituciones; pero esto no es suficiente, porque una cosa es esta maquinaria y otra son los mecanismos de poder. Los mecanismos de poder son exteriores a la maquinaria, son las que hacen que ella funcione, conocer estos mecanismo hacen un ciudadanos inteligente en su acción política. Podemos enseñarle a nuestros estudiantes cómo funciona el gobierno nacional y el gobierno local, pero esto se queda en el papel, solo producimos en los estudiantes “estructuras mentales inocentes”. El estudiante hay que enseñarle a enfrentar los problemas sociales con los que se va a encontrar: no basta con conocer los modos como nos gobiernan, hay que ser inteligentes con los bienes que estos producen, la calidad de los bienes producidos dicen de las estructuras de poder que gobiernan las maquinarias. Por ejemplo, Dewey quiere que nos preguntemos cómo funciona la industria, esto permite entender la relación entre educación y productividad; pero también una educación politica nos hace ciudadanos capaces de disfrutar el tiempo libre: “un ciudadano es una persona que tiene capacidad para apreciar el arte, la ciencia, la historia y la literatura por sí mismos y por el bien que le reportan” (Dewey).

La escuela como laboratorio: Si la democracia es experiencia y la educación no es un asunto meramente académico sino también experiencia, Dewey no entendía la enseñanza de la filosofía sin la experimentación pedagógica. Por eso, su escuela, la que fundó, se llamó Escuela-laboratorio. “La educación como como de asegurar la continuidad de la humanidad, puede ser el laboratorio en el que la practica conduzca a una reflexión; es por tanto el laboratorio de la filosofía y la filosofía es, en este sentido una teoría general de la educación”. (Maite Larrauri – Max, 2012). Ya sabemos que con Kant y Pestalozzi se propuso crear lugares de experimentación pedagógica, se hizo necesario el seminario pedagógico; “nos hacen falta escuelas normales y escuelas de experiencia”, decía Kant. Así, las cosas, para Dewey, la escuela, la práctica pedagógica, no era solo el momento de las prácticas de los maestros aprendices, que se formaban en la Universidad; era el momento de poner a prueba los esquemas de pensamientos elaborados por la filosofía y la psicología: “no se trataba tanto de aplicarlos mecánicamente, sino de ponerlas a prueba, en tanto ideas orientadoras de la practica pedagógica. Y esto constituía un giro radical en la historia de las relaciones entre la pedagogía y los otros saberes: no sería la pedagogía un simple campo de aplicación de las verdades derivadas de la especulación filosófica o de la estrechez de los métodos de la psicología científica de la época; la esfera pedagógica cobraba un nuevo valor como ámbito de producción de conocimiento filosófico y psicológico” (Sáenz, J. 2004). No es la pedagogía la que se somete a prueba de las teorías psicológicas o filosóficas; es al revés, la psicología y la filosofía pasan por la criba de la pedagogía y son sometidas a prueba; allí son validadas, reformuladas o rechazadas. Actualmente, la forma como está diseñada y planeada la practica pedagógica esta aparecen como campo procedimental y metodológico (y muchas veces solamente es un asunto administrativo y burocrático). El papel de campo experimentador está desconocido en la mayoría de los desarrollos de la práctica pedagógica y en la forma de concebir la escuela. De esta manera se deja a un lado a los sujetos productores de sentido a partir de la intersubjetividad y la vida cotidiana, lo termina importando es el protocolo, la secuencia y la trasposición. Sobre de qué manera se produce saber y sentido en el espacio educativo y en la práctica pedagógica es algo que no pasa por las interrogaciones habituales.

Hoy el concepto de laboratorio se encuentra disperso en diseños educativos: el aula como laboratorio, la pregunta como laboratorio, la escuela como laboratorio; pero todas estas ofertas son modos de distorsionar el concepto de Dewey, en realidad se convirtió en un asunto de mercadeo, esnobismo y de muchas improvisaciones. Desconocen la estructura global en que la propuesta está articulada por el educador estadunidense. Pasa lo mismo con palabras que hoy se utilizan sin sentido como “aprender haciendo”, o aquella otra de “aprender a aprender”. Frases que con el afán de impresionar se quedan entre la tautología y pleonasmo. Sería saludable, a cambio, volver a aquello que constituía la dimensión dinámica de la educación: la relación experiencia – educación.

Experiencia – educación: Dewey se enfrentó a dos enfoques de la educación de su tiempo: los tradicionalista y los desarrollistas. En su obra Educación y experiencia (2004) ataca las dos posturas por considera que desconocen la importancia de la experiencia: “todo lo que pueda llamarse un estudio, sea la aritmética, la geografía, o una de las ciencias naturales, debe ser derivado de materiales que, al principio, caigan dentro del campo de la experiencia vital ordinaria” (Dewey). El asunto es que la pedagogía no se valida por test y psicometrías, sino por un trabajo de observación, reflexión y la reconducción constante de la pedagogía hacia experiencias educativas. La experiencia tendría dos cualidades: es continua y es interactiva.

La relación maestro – estudiante entran en una composición bastante delicada de entender, y aún, de explicar brevemente. Si la experiencia es interactiva, una de las interacciones es con el maestro: el problema no será que aprende, sino como lo aprenden, cuales son las condiciones. Se trataría de crear condiciones para este aprender. El maestro se hace necesario, porque él es el que sopesa las condiciones y las reconduce. En palabras de Saenz J. (2004): el maestro seria artista, académico y experimentador. Como artista desarrolla empatía en los alumnos, deseos, conoce capacidades; como académico, imparte una enseñanza; como experimentador conecta los deseos y los conocimientos con problemas para desarrollar el pensamiento. De esta manera se cultiva en cada uno el deseo de aprender. De esta manera, el pensamiento no sería producto ni de libros, ni de estructuras ya dadas previas por el individuo, ni de predisposiciones mentales; el pensamiento seria el resultado de unas condiciones creadas, los cuales generarían unos hábitos estables para que cada estudiante resuelve problemas actuales y futuros. Como en el baile, maestro y alumnos danzan juntos, pero los dos son llevados por una música que no les pertenece, y por tanto, tampoco pueden moverse a su antojo. (La metáfora de la danza es de Sáenz, 2004). Son envueltos por la experiencia del pensamiento.

John Dewey, fue el educador más enciclopédico del siglo xx: político, filósofo, psicólogo, activista social; educador de bachillerato, profesor universitario llevo todo su conocimiento a la configuración de la Pedagogía como ciencia. Crítico de los desarrollistas, de los tradicionalistas y de sí mismo. Esto hizo que los progresistas lo acusaran de conservador y los conservadores de progresista. Pero Dewey solo fue fiel al saber, a la educación y a la pedagogía. En Colombia sucedió lo mismo. Contribuyó al progreso de la educación en nuestro país; el Gimnasio Moderno desde 1914 difundió sus ideas; se construirá una educación social, distinta a la educación moralizante de los conservadores. Pero con la subida de los conservadores al poder, en 1946, se borró todo rastro de Dewey y con todo lo que pareciera idea liberal. Hoy el saber pedagógico ve en este educador la forma como la pedagogía se articula productivamente a los hallazgos de otras disciplinas como la psicología, la sociología, las ciencias de la naturaleza; a la politica, a la democracia y a la construcción ciudadana. Con Dewey podemos pensar un saber sobre la cooperación y la participación, la práctica pedagógica se haría, así, invención de saberes.

Link para la descarga:

https://compartirpalabramaestra.org/documentos/aliados/maestros-de-maestros/maestros-de-maestros-dewey.pdf

Fuente de la Reseña:

https://compartirpalabramaestra.org/especiales-tematicos/maestros-de-maestros/john-dewey-1859-1952

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Programación del Portal Otras Voces en Educación del Domingo 7 de abril de 2019: hora tras hora (24×24)

7 de abril de 2019 / Autor: Editores OVE

Recomendamos la lectura del portal Otras Voces en Educación en su edición del día domingo 7 de abril de 2019. Esta selección y programación la realizan investigador@s del GT CLACSO «Reformas y Contrarreformas Educativas», la Red Global/Glocal por la Calidad Educativa, organización miembro de la CLADE y el Observatorio Internacional de Reformas Educativas y Políticas Docentes (OIREPOD) registrado en el IESALC UNESCO.

00:00:00 – Paraguay: estudiantes secundarios protestan contra el ministro de educación por falta de docentes

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305405

01:00:00 – Claudio Naranjo: “Esta educación le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida”

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305247

02:00:00 – Brasil: Ministro de Educación anuncia que los libros escolares dirán que no hubo golpe de Estado en 1964

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305647

03:00:00 – Deconstruir y cambiar la masculinidad hegemónica en el sistema educativo

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305742

04:00:00 – América Latina: 60% de las universidades de la región no cuenta con protocolo contra la violencia sexual

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305656

05:00:00 – Video: Entrevista a Manuel Gil Antón en México Social – La reforma educativa (26/03/2019)

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305652

06:00:00 – Libro: Cine y Educación (PDF)

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305253

07:00:00 – Una sinfonía inconclusa llamada «Educación»

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305749

08:00:00 – Maestros de maestros: John Dewey (1859-1952) -PDF-

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305730

09:00:00 – Presentación del libro Cine y educación (Video)

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305760

10:00:00 – Revista Latinoamericana de Estudios Educativos: Año 2019 Volumen XLIX No.1

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305755

11:00:00 – ¿Cuándo se torció el Tercero?

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305738

12:00:00 – Francesco Tonucci – El lugar de las TIC en la educación

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305763

13:00:00 – 5 libros para entender las pedagogías alternativas

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305746

14:00:00 – Docentes puertorriqueños protestarán contra privatización educación

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305766

15:00:00 – La radio escolar protagonista del #aprendizaje

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305752

16:00:00 – Oxfam denuncia casos de desnutrición crónica en escuelas rurales de Guatemala

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305694

17:00:00 – Programa Educando que es Gerundio: El abandono escolar es mayoritariamente masculino (Audio)

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305638

18:00:00 – Colombia: ¿Su hijo/a sufre de matoneo escolar? Así se reporta el caso

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305690

19:00:00 – Artículo 3o. Constitucional: El papel del Senado

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305250

20:00:00 – Cinco millones de chilenos no terminaron su educación (2019.04.01) Iquique TV

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305413

21:00:00 – Proyecto Eutopía: «La escuela, como está, no va más. Decidimos transformarla»

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305727

22:00:00 – Honduras: Empleados de educación exigen pagos

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23:00:00 – División de Educación a la Comunidad – La escuela en la pantalla (Video)

http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/305417

En nuestro portal Otras Voces en Educación (OVE) encontrará noticias, artículos, libros, videos, entrevistas y más sobre el acontecer educativo mundial cada hora.

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Los docentes como autores de saber pedagógico

Por: Fernando Hernández

Cuando el grupo de docentes pone en juego su quehacer en el aula, también se pone en disposición de generar saber pedagógico sobre su propia práctica.

En la escuela de la que les he comenzado a hablar al final de mi escrito del mes pasado, la aventura de pensar sobre los sentidos del aprender comenzó poniendo en común, por comunidades de pequeños, medianos y mayores, cómo piensan que los niños y las niñas aprenden. Fue una tarea que las maestras -son mayoría- tomaron con la seriedad de un juego. Pasaron de los espacios de conversación a ir anotando y dejando sobre las paredes de la sala que nos acogía, las palabras clave que evocaban los modos de aprender que observan y promueven en las aulas. Luego, entrelazando cuerpos y palabras, los integrantes de cada comunidad compartieron con el resto del grupo lo que era algo más que una síntesis y se transformaba en una declaración de principios. Reflexionamos sobre lo que las palabras y los gestos evocan sobre el papel del aprender en su escuela.

Había un hilo conductor que sobresalía: un sentido humanista del aprender, en el que destaca el papel que dan al desarrollo personal de cada niño, de cada niña. Además, el valor que otorgan a la conciencia de aprender, la importancia de la implicación en lo que se aprende, el papel de las emociones y el generar complicidades. Sobre estas y otras aproximaciones al aprender tejimos otros hilos de sentido: la necesidad de tiempo para pensar y compartir sobre los modos de aprender que se proyectan en la escuela, la importancia de aprender a partir de establecer relaciones (también entre el dentro y el fuera del centro), el papel de los retos y desafíos… De regreso a Barcelona, pensé que el grupo se había puesto en juego y con ello se había dispuesto a generar saber pedagógico sobre su propia práctica. Además, al dejar que les acompañara alguien que no trata de valorar lo que hacen sino de pensar a partir de lo que narran, cada cual podría llevar aquello a lo que se vinculara a la vida del aula y de la escuela.

La noción de saber pedagógico la llevo conmigo desde que hace ya unos cuantos años, en una escuela, me regalaron la pregunta ¿estamos enseñando a nuestros alumnos a globalizar? Responderla nos llevó cinco años. En ese tiempo compartimos dudas, exploramos las ideas que guiaban el quehacer diario, plasmamos -desde la práctica y la reflexión sobre y desde ella- aquello que se trataba que los alumnos aprendieran. Al mismo tiempo pusimos en cuestión las normativas que homogeneizan lo que sucede en el aula y la organización de la escuela. Nos abrimos hacia un curriculum experimental que emergía y se vinculaba a la vida, donde aprender era ponerse en disposición para cambiar de lugar y de mirada. De todo ello salió una manera de concebir la relación pedagógica a la que dimos el nombre de ‘proyectos de trabajo’.

Con algunas compañeras de esa escuela y con otras que a lo largo de los años se han ido vinculando a los encuentros que tenemos cada mes, hemos ido ampliando el sentido de lo que puede significar generar saber pedagógico. Este saber emerge cuando nos autorizamos, no solo a narrarnos en los relatos del acontecer del aula, en la formación, en el pensar sobre lo que leemos, sino cuando ponemos nombres y establecemos relaciones con lo que de todo ello nos resuena. Durante estos años hemos aprendido a compartir, a escucharnos de manera atenta, a ponernos en juego en situaciones en las que tienen lugar experiencias de aprender y de ser. Con ello, además de pensar en compañía, conseguimos un antídoto ante lo que Massimo Recalcati, en su libro La hora de clase. La erótica de la enseñanza, señala como “el vacío entre cuyos límites se ve obligado -el maestro- a medir su propia palabra”. De esta manera contrarrestamos también los ecos de quienes ofrecen soluciones salvadoras a las necesidades y problemas de la educación.

Este es el viaje al que invité a las maestras de la escuela del principio de esta historia. En cada encuentro, algunas de ellas han ido desgranando escenas de la vida del aula. Son escenas que tienen algo que les sorprende, que les confirma en su modo de mediar en el aprender o que les plantea dudas y tensiones. Sobre lo que va apareciendo pensamos juntos. De algunos de esos retazos de vida y del saber pedagógico que se teje en torno a ellos les contaré en este espacio que me brinda El diario de la educación.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/01/18/los-docentes-como-autores-de-saber-pedagogico/
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El Saber Pedagógico

Una Reconstrucción Social de la Praxis Educativa. II parte

Autora: Arlene Vergaras

Hoy día, en los escenarios educativos, se observa con más preocupación las acciones que el docente realiza para cumplir su labor profesional. De ahí, que la construcción del saber pedagógico se considera una responsabilidad de los intelectuales colectivos de la educación, y ello se logra no solo por la vía de la reconceptualización de las prácticas pedagógicas, también se alcanza a través de la crítica severa a las formas de existencia instrumental de la pedagogía. En este sentido, el saber pedagógico y la praxis educativa, desde la diversidad, son elementos muy significativos en la vida del educador.

Por consiguiente,se debe analizar el alcance conceptual y el ámbito del saber pedagógico, entendido desde la complejidad de situaciones escolares y en correspondencia con los planteamientos epistémicos de diferentes autores. Es importante resaltar que este nuevo término comienza a fortalecerse en los escenarios educativos, un hilo conductor que se despliega del saber docente y se conjuga con la multiplicidad de factores que subyacen en el proceso de formación continua. Se experimentan procesos reflexivos y de análisis de la praxis educativa así como la confrontación de la teoría en la práctica. Antes de entrar en las especificidades del alcance del saber pedagógico. Reflexionar sobre el saber, implica detenerse y pensar en su alcance etimológico, pues éste va mucho más allá que el poseer un conocimiento. Se puede tener sabiduría de algo que no se conoce; esto explica el cómo las madres sin haber recibido instrucción específica cómo ser mamás, cumplen con la misión encomendada por la naturaleza.

Al respecto, Tardif (2004), afirma que “saber”, es siempre el saber de alguien que trabaja en algo concreto, con la intención de lograr un objetivo. No obstante, en lo tocante al estudio pedagógico, éste no puede ser entendido o desligado de los conocimientos y las teorías del campo de estudio educativo. Con referencia a lo anterior,  Quevedo (2006), plantea las siguientes consideraciones: El concepto de saber es muy complejo, esta cualidad se enmarca en contexto de aplicabilidad, por ello existen tantos tipos de saberes como diferencias específicas sean construidas desde los contextos donde se utiliza, por consiguiente, existen tantas definiciones del saber. En el ámbito de estudio de la educación se denomina: saber pedagógico.

En el campo educativo, es donde se construye el saber pedagógico, un saber específico, personal e individual; reconstruido desde la cotidianidad de la praxis, articulado a las estrategias didácticas coherentes con la realidad educativa, en un momento específico de la historia, así como a las características delineadas en los contextos donde se desarrolla el acto pedagógico. Reflexionar sobre el saber, es definir que el saber es “un conocimiento profundo sobre algo”, cuya diferencia se enmarca en lo pedagógico. El saber pedagógico es un saber específico. Comprender el ámbito de alcance, implica determinar la complejidad del proceso que se da por la vinculación de los actores que estructuran el proceso educativo, desde los diferentes escenarios educativos formales e informales. En ellos se genera el accionar cotidiano, que define lo pedagógico y el acto pedagógico.

En este orden de ideas, el término: saber pedagógico, según Zuluaga (2003, p. 15), “…no es el nombre de ninguna teoría que reemplace a la pedagogía, la educación, la didáctica, la ciencia de la educación, el currículo”. Desde esta perspectiva, el autor antes citado  pretende que  cada docente se ubique en el conocimiento como si estuviera en un espacio abierto, donde interactúa y se orienta; en ese proceso dinámico, se interioriza un saber específico que no solo es inherente a una disciplina. El saber pedagógico, como proceso, está en constante transformación, mientras que las disciplinas son estáticas. Las teorías o concepciones epistémicos, al concebirse, se mantiene, permanecen según los planteamientos de cualquier autor.

Afirma Ibarra (2004), que emplea el término: saber pedagógico, para no asumir la pedagogía como un saber preexistente, formalizado, ante toda mirada histórica. Este término conlleva avanzar con sentido crítico más allá de las concepciones epistémicos, centrando la acción y reflexión docente desde los espacios  educativos donde se desarrolla la praxis. Desde esta perspectiva, se concibe el saber pedagógico, como un proceso dinámico que se gesta desde escenarios múltiples no siendo una disciplina específica. El saber se produce en diferentes circunstancias generadas en la cotidianidad de la praxis educativa, y desde ahí, el docente construye y reconstruye el saber pedagógico propio. Éste, le permite reorientar la acción docente desde otra óptica didáctica con sentido, consolidándose en un saber hacer especializado.

El saber pedagógico, como herramienta didáctica particular, que se contextualiza en un escenario o ambiente de aprendizaje socializador,  conlleva al docente a mirar con detenimiento, a observar. Así, es consciente de su praxis, cómo desarrolla las estrategias metodológicas, cómo las implementa, para mediar procesos de enseñanza y aprendizaje en correspondencia con la naturaleza de sus estudiantes y, en particular, con la realidad educativa donde se desarrolla el acto educativo: en el ámbito de la escuela o en otros escenarios de aprendizaje.

En este sentido, Ibarra (Ob. cit.), plantea que el saber pedagógico no es una metodología de análisis sino una forma de entender el conocimiento, la ciencia y el concepto; es un espacio del saber donde las conceptualizaciones, metodologías,  teorías, conceptos sobre enseñanza, formación, aprendizaje e instrucción, adquieren sentido.

Desde esta perspectiva, el saber pedagógico se va definiendo desde los diversos escenarios donde se gestan importantes procesos de reflexión y análisis de la praxis. En ese momento, estar frente de una nueva forma de desarrollar la praxis educativa, se potencia un nuevo hacer, un motivador que impulsa el desarrollo de estrategias validadas en la práctica. Ahí nace, se gesta, se origina la forma de una nueva creación. Donde se promueven estrategias didácticas motivadoras, que mantienen el interés de experimentar nuevas formas de acción pedagógica, cuya consecuencia inmediata se traduce en un saber hacer particular. Esta disposición, permite el desarrollo profesional del docente donde se moldean las habilidades y destrezas didácticas que se operacionalizan en el hacer docente, nuevas forma de enseñar y educar, lo cual va mucho más allá de lo que plantean las disciplinas del campo de la pedagogía y la didáctica.

Es importante indicar que posiciones epistémicas permiten al docente disponer de un marco referencial curricular regulador de la forma de conducir el proceso educativo. Desde estas concepciones curriculares, en el ámbito institucional, el docente asume compromisos laborales y profesionales, conduciéndolo a ensayar y desarrollar nuevas estrategias de aprendizaje, con el criterio de probar y validar qué tan efectivas son, pudiendo medir el nivel de impacto educativo en sus estudiantes, como su efectividad y alcance en función del propósito educativo que se ha planteado.

Con referencia a lo anterior, Zuluoaga y otros (2005), en la obra La Pedagogía y la Educación. Pensar de otro modo. Interpretan el saber pedagógico desde el punto de vista de otros autores. Refiere que toda disciplina es un saber que está presente en la ciencia de la educación, en la pedagogía; que afecta a la escuela, pues en ese lugar de encierro para la normalización, cuando la pedagogía sea considerada como una disciplina, un saber; estamos presente ante un saber pedagógico, cuya misión epistémica es determinar teorías, procedimientos y estrategias.

Sin embargo, uno de los esbozos radicales del autor es definir que la pedagogía es saber cuando es ciencia. Cuando la pedagogía se humaniza, cuando se establece y explica en teorías, cuando norma, vigila y plantea objetivos racionales se convierte en un saber y ciencia. El autor precitado, piensa que existen dos pedagogías: una que quiere producir el sujeto y otra que quiere transformar el sujeto; por ello estamos presentes ante una bipolaridad de la educación.

El saber pedagógico según lo planteado por Goethe (citado por Zuloaga y otros, Ob. cit.),  refiere claramente que “él no quería definir una pedagogía, no quería producir un saber específico, ni establecer objetivos que demostraran su existencia  de un objeto del cual muchos pudieran hablar y reconocer como válido y universal” (p.78).

Según lo citado por los autores antes referido,  la pedagogía era una cultura abierta, personal, una experiencia que se construye entre el hombre, su ser y el de la naturaleza. El autor reconoce que la pedagogía busca conducir al hombre, ya sea por medio de una institución, otro hombre o por medio de un saber.  Interpretando lo antes dicho, es importante destacar que si bien es cierto que la pedagogía se considera un saber disciplinar, por ser ella la disciplina científica de la educación, la cual norma y regula en parte el acto pedagógico, no se asume como punto de referencia o complementaria en el saber pedagógico, pues es parte fundamental en el hacer docente.

Por consiguiente, el saber pedagógico no aparece como una sabiduría, sino como experiencia, y el sujeto que lleva a cabo esa experiencia no es el hombre o individuo sino las fuerzas de la naturaleza. El autor pretende crear a un sujeto capaz de recrear su representación del saber cónsona con la naturaleza del contexto donde se desarrolla la praxis educativa. Donde hay consciencia, hay un saber. Éste, debe ser reconocido, instalado y reconvertido, cuando el propio sujeto lo asume como una forma de verdad y pauta de conducta.

Interpretando el pensamiento de Nietzche, (citado por Zuluaga y otros 2005),  sobrevolar al campo de la pedagogía en la construcción del saber pedagógico, en su enfoque ontoepistemológicos refiere: desviar la mirada hacia nosotros mismos, es hacernos consciente del proceso interno que nos lleva a buscar, a dar respuesta a las expectativas que emergen en el campo de la pedagogía, es revisar si realmente los ideales del Estado y de la ciencia de la educación son los nuestros, si nos identificamos con ellos o por el contrario, si somos capaces de asumir una pedagogía particular, la cual argumentamos sobre bases epistémicas que sustentan esos planteamientos, puesto que cada docente debe tener un fin, un ideal.

Hay que reconocer la posibilidad del docente en el proceso de formación permanente, al percibirse éste con mirada introspectiva y en esa constante búsqueda del yo interno, sobreponerse a las imposiciones externas, búsqueda que lo mueve hacia el camino de la liberación. En ese proceso, cada individuo mantiene valores e ideales, los fines que persigue, lo que lo hace moverse con sentido pedagógico en otras direcciones, con el fin de establecer un estilo personal correspondiente con la realidad educativa, valorando la experiencia socioeducativa, apropiándose de un saber pedagógico específico, perdurable, basado conocimientos previos.

Desde los enfoques teóricos de diferentes autores que a continuación se especifican: Quevedo (2006), hace una clara delimitación del saber teórico y del saber institucionalizado. El saber teórico, como su nombre lo indica, proviene de las concepciones epistémicas. Define y norma cómo debe ser la praxis docente, justifica y fundamenta el acto pedagógico cuando proyecta la misión y visión  de la pedagogía. Basado en el saber teórico, el docente estructura, con actitud crítica, su labor y el modo como realizar lo prescrito.

La autora precitada hace referencia al saber institucionalizado, que lo denomina saber práctico. Es la fuerza que impulsa la intencionalidad del docente a experimentar formas de enseñar y promover los procesos de aprendizajes, a partir de un desarrollo reflexivo y crítico de qué enseñar, interpretado con enfoque multidireccional que valora el enfoque globalizado. De allí, el saber pedagógico se conjuga con el saber teórico y el saber práctico, y en ambos casos, generan y estructuran el acto pedagógico.  La diferencia que regula el acto pedagógico está en la habilidad del docente de emprender el hacer cotidiano desde la  autorreflexión, de manera sistemática e intencional el complejo proceso de educar y enseñar. El saber teórico se enriquece desde la práctica docente, ella es fuente invalorable que gesta el saber pedagógico.

En lo concerniente al saber pedagógico, Tardif (2004), ofrece una clasificación que delinea así: Saberes disciplinarios, son los producidos por las ciencias de la educación. Los saberes pedagógicos y la práctica docente incorporan nuevos saberes sociales definidos y seleccionados por la academia universitaria, en respaldo del proceso de formación docente. Estos saberes se imponen a través de las teorías, son los que se transmiten o se socializan en los procesos de formación docente. Los saberes de las disciplinas surgen de la tradición cultural, de los grupos sociales productores de saberes.

En el mismo orden de ideas, los saberes curriculares son los normados y establecidos en las orientaciones curriculares, metodologías, programas; definen objetivos, contenidos, métodos y procedimientos que se cumplen y aplican en  la institución escolar, son los que regulan el trabajo cotidiano al pautar o normar el estilo curricular que conduce el acto pedagógico.

Por último Tardif (Ob. cit.), delimita un saber experiencial, supeditado al trabajo cotidiano, al ejercicio de la práctica docente, materializado en saber hacer, validado en el contexto de aprendizaje de los estudiantes y de las teorías pedagógicas. Por ello, los saberes son elementos constitutivos integrales de la práctica docente. Es  una dimensión de la profesión docente, que respalda y reconoce que el acto pedagógico es un elemento complementario, articulado al saber docente, el cual facilita transformar la praxis escolar a través de la trilogía: saberes disciplinarios, saberes curriculares y saberes experienciales.

El docente debe equilibrar estos tres saberes, asumiendo el saber pedagógico como un saber práctico que le permite concienciar el acto educativo, reconstructor del saber pedagógico que da acceso a enseñar en vez de informar. De esta manera, evaluando cada una de sus acciones, así como el contexto globalizado donde se gesta un saber pedagógico como resultado de un proceso dinámico e interactivo.

Al respecto, García (2005), puntualiza que el saber experiencial o práctico, es el  que se construye día a día, en el transcurso del ejercicio de la  función docente  y en la práctica de su profesión. Saber que los docentes desarrollan en saberes específicos, basados en el trabajo cotidiano y el conocimiento de su medio; así, se convierten en el fundamento básico de la práctica diaria del docente, que están presentes diversidad de saberes: sociales, disciplinares, curriculares, pedagógicos entre otros. Éstos, se reconocen como saberes profesionales.

A partir de los referentes teóricos citados, es preciso admitir que el saber pedagógico va mucho más allá de ser un saber práctico. Se asume como un proceso trascendental, activado por el análisis crítico de la labor docente concretada desde la diversidad de escenarios educativos. El acto pedagógico es un proceso globalizado donde se conjuga un saber hacer, interpretado a través de una visión crítica, autoreflexiva,  que permite al docente cambiar la praxis mediante la reconstrucción del saber pedagógico, transformándolo en un saber hacer especializado, consensuado, armónico, dinámico y creativo; el cual se ajusta y reajusta en función a la realidad de los  escenarios educativo donde se sistematiza la labor docente.

Fuente: Segmento teórico del libro El Saber Pedagógico. Una reconstrucción social de la praxis educativa. Autora Arlene Vergaras.  Caracas – Venezuela 2015

Fuente de la imagen:www.google.co.ve

Referencias:

García, M.  (2005).El Saber Docente: Una Construcción Intersubjetiva para Pensar la Práctica Pedagógica.Revista Electrónica de Investigación del Instituto Pedagógico. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Venezuela.

Ibarra, R.  (2004). Saber Pedagógico y Saber Disciplinar. Seminario Internacional “Modelo de Formación Docente”. Universidad Pedagógica Nacional. Colombia.

Quevedo, M. (2006). Saber Pedagógico y Saber Disciplinar. Un Camino en Reconstrucción. Ponencia Publicada Disponible en www.face.ubiobio.cl/webfle/media/143/descargas/doc/ponencia%20Saber%20Pedagogico%20Marcela%20Quevedo.do

 

Tardiff, M. (2004). Los Saberes del Docente y su Desarrollo Profesional. España. Editorial  Narcea.

Zuluaga, G. (2003). Una Lectura de la Práctica Pedagógica. Colección Pedagogía e Historia. Editorial Magisterio. Colombia.

arlenevergarasm@gmail.com

Barinas – Venezuela

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