Los datos provienen de una investigación realizada por el Instituto Alana en alianza con el Instituto Equidade.info y se difundieron con motivo del Día Internacional de la Dignidad Menstrual, celebrado el jueves (28). La fecha tiene como objetivo promover el debate y combatir el estigma y la pobreza menstrual.
El relevamiento se realizó en febrero de este año con 2.551 estudiantes –de los cuales 770 son estudiantes que menstrúan–, 303 docentes y 181 directivos escolares de las redes de educación pública y privada de todas las regiones del país.
Síntomas menstruales
El sondeo inédito revela que el principal síntoma menstrual que impide a las alumnas asistir a clases es el cólico, mencionado por el 57,7% de las entrevistadas. Las demás manifestaciones relacionadas con la menstruación señaladas son:
- cansancio y dolores corporales (30,1% de las entrevistadas);
- dolores de cabeza (28%);
- dolor de estómago (20,1%);
- vergüenza y miedo a tener manchas o derrames (19,3%);
- falta de baños o de productos de higiene (8,2%).
Ausencias y retrasos
Los datos recopilados revelan que los síntomas del flujo menstrual pueden provocar, aproximadamente, dos días de inasistencia al mes.
Sofia Reinach, una de las líderes del Instituto Alana, explica que el ausentismo en los días de dolor puede afectar el aprendizaje, el vínculo con la escuela y las oportunidades educativas a lo largo de la trayectoria escolar, por lo que debe abordarse con seriedad.
“Casi el 40% de las niñas en Brasil están perdiendo al menos un día de clase al mes a causa de los dolores menstruales: es una parte muy grande de la población que debe recibir atención para que esto no signifique un rezago escolar y una desventaja crónica en el aprendizaje”.
El Instituto Alana enfatiza que es necesario reconocer el dolor como un problema colectivo y sugiere la adopción de protocolos de faltas justificadas y orientación para el cuerpo docente. Se espera que los cambios puedan reducir la vergüenza de las alumnas y mejorar el registro de estos casos.
Desigualdad racial en la menstruación
El estudio también señala la disparidad racial. A pesar de que las niñas afrodescendientes manifiestan sentir menos cólicos fuertes, faltan más a clases.
En este recorte racial, pierden hasta 1,5 veces más días de clase (de dos a cinco días por mes) que las alumnas blancas: el 14,5% de las alumnas negras faltan de dos a cinco días al mes por motivos menstruales. Entre las alumnas blancas, el índice de inasistencias cae al 9,6%.
Cuando se observa la experiencia del dolor en el periodo menstrual, tampoco hay uniformidad entre los grupos raciales. Las niñas blancas reportan sentir un dolor más intenso. Entre las entrevistadas blancas, el 37,5% describe sus cólicos como fuertes. Entre las niñas y adolescentes afrodescendientes, ese índice es menor (25,9%). Al mismo tiempo, el 16% de las niñas afrodescendientes afirma no sentir cólicos menstruales, frente al 8,5% de las blancas que informan no sentir dolor en ninguna intensidad.
Sofia Reinach concluye que, en realidad, el indicador de dolores fuertes subestima el problema entre las alumnas afrodescendientes: ellas normalizan más sus dolores porque culturalmente se les enseña a creer que el dolor no debe considerarse como algo que requiera tratamiento.
“Las niñas negras definen menos su dolor como fuerte. Aparentemente, tienen un umbral de dolor más alto, por lo tanto, lo reconocen menos como un dolor incapacitante. Pero, en la práctica, el impacto del dolor las aleja de sus actividades y de la escuela”, concluyó Sofia Reinach.
La especialista defiende que los profesionales de los sectores de la educación y de la salud “desaprendan ese sesgo antiguo de que los cuerpos negros sienten menos dolor” o que son más resilientes.
“Es muy importante que esa percepción cambie, porque las niñas negras sienten dolor, pero hablan menos de ello. Los oídos de los profesionales tienen que estar más atentos. La escuela debe formar parte de una red de cuidado”, subraya Sofia.
Para que la niña afrodescendiente reciba el seguimiento adecuado y los impactos del dolor sean los menores posibles, la especialista en salud menstrual y dolor pélvico destaca la necesidad de que los profesores lo noten, que los directivos escolares pregunten al respecto y que se involucre a las familias.
Proyecto contra la pobreza menstrual
En Brasilia, la estudiante de publicidad y propaganda Ana Clara Maimoni movilizó a vecinos y conocidos para recolectar toallas femeninas.
“Siempre me pareció un absurdo que los centros de salud den preservativos gratis, pero no den toallas sanitarias, y cómo esto afecta nuestra vida”.
Ana Clara logró recolectar cerca de 1 mil toallas femeninas, las cuales fueron donadas a una escuela donde las alumnas no tenían pleno acceso a ellas. El inventario fue suficiente para abastecer a las niñas durante seis meses.
Su proyecto contra la pobreza menstrual también incluyó una charla con profesionales de la salud para informar a las estudiantes en Vila Planalto, una zona económicamente vulnerable de la capital federal. “A las niñas les encantó y participaron mucho, hicieron varias preguntas”, comentó Ana Clara.
Según la estudiante, la escuela es un espacio estratégico para abordar este tema, y es justamente de la educación de lo que estas niñas terminan privadas cuando no tienen acceso al mínimo necesario para la dignidad menstrual.
“Muchas veces no hablan de eso porque todavía se considera un tabú en muchos lugares”, resalta.
Educación menstrual
Muchas estudiantes llegan a su primera menstruación sin ninguna orientación sobre el ciclo y, por este motivo, el Instituto Alana recalca la importancia de hablar sobre salud menstrual antes de la menarquia.
“Necesitamos adelantar los debates sobre salud menstrual en las escuelas hacia la primaria. Además, debemos tener una mirada atenta y ampliar las estrategias de cuidado para este grupo de edad en especial, para que las niñas con mucho dolor y con menarquia precoz tengan un seguimiento más cercano”, prioriza Sofia Reinach.
Trabajadoras de la educación
Las escuelas brasileñas sufren doblemente por las inasistencias, tanto de alumnas como de profesoras. En el universo encuestado, el 28,3% de las directoras escolares confirmaron tener cólicos fuertes y el 16,9% de las entrevistadas ya ha faltado al trabajo por motivos menstruales.
Dentro del salón de clases, el 15,8% de las profesoras describieron tener cólicos fuertes y una de cada diez docentes (12,1%) faltó al trabajo al menos una vez en el último año por motivos menstruales.
Considerando que el 37,1% de las alumnas faltan mensualmente por la menstruación y el 64% reportó cólicos moderados o fuertes, el estudio sugiere que el porcentaje más reducido entre las profesionales de la educación, en relación con las estudiantes, puede reflejar, en parte, un mayor acceso a diagnósticos, seguimiento y tratamiento del dolor entre las adultas, así como la responsabilidad de la vida profesional.
“Las profesoras faltan menos que las alumnas. A medida que avanza la vida, la responsabilidad aumenta y las profesionales ven su trabajo amenazado debido a los dolores, las profesoras se esfuerzan más por convivir con ese dolor en su entorno laboral”, observa el estudio.
Sofia Reinach defiende la adopción de políticas de salud menstrual en el entorno escolar que incluyan a estudiantes y trabajadoras, con protocolos adecuados para cada perfil. “Necesitamos entender que el dolor menstrual aleja a niñas y mujeres de la cotidianidad escolar y vuelve esto un fenómeno acumulativo. Las escuelas están sufriendo doblemente con estas faltas, tanto de alumnas como de profesoras”.
Desconocimiento de los varones
La menstruación todavía se comprende poco como una cuestión colectiva dentro de la escuela. Los datos muestran que el 36,8% de los estudiantes varones afirma no pensar mucho en el tema, casi el doble de lo registrado entre las niñas (19,7%).
La diferencia también aparece en la percepción sobre los impactos del ciclo menstrual en la rutina: cerca de una cuarta parte de los niños y adolescentes (23,7%) cree que la menstruación puede perjudicar el rendimiento escolar o la práctica deportiva, mientras que el 41,2% de las alumnas reconoce este efecto negativo.
“Es fundamental que el tema de la menstruación deje de ser un tabú. Y para ello, necesitamos incluir a los varones en las conversaciones cotidianas. Ya no es posible que la menstruación sea un asunto exclusivo de niñas y mujeres en su intimidad”, constata Sofia.
La idea es que los hombres niños y jóvenes dejen de ser espectadores pasivos o agentes de incomodidad y pasen a formar parte de una red de apoyo para ellas.
*Colaboró Alice Rodrigues, pasante de Agência Brasil en Río de Janeiro
Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/direitos-humanos/noticia/2026-05/dolores-menstruales-afectan-la-educacion-de-ninas-en-brasil









Users Today : 67
Total Users : 35504796
Views Today : 87
Total views : 3631255