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En EEUU: Salvan los centros para jornaleros de Los Ángeles por un año más

Cada año, desde 2014, tienen que acudir al Concejo a cabildear para que les asignen fondos que les permitan seguir en operaciones, ayudando a los jornaleros a conseguir empleo

 Por: Araceli Martínez Ortega

Al menos por un año más, los siete centros para jornaleros de la Ciudad de Los Ángeles pueden respirar tranquilos ya que el Concilio Municipal acordó darles el mismo presupuesto del año pasado – 750,000 dólares.

“Es una victoria temporal porque nos asegura que por otro año vamos a estar abiertos”, dijo Maegan Ortiz del Instituto de Educación Popular del Sur de California (IDEPSCA) que administra cuatro centros de jornaleros en la Ciudad.

“Estamos agradecidos con los concejales, pero vamos a seguir en la lucha porque no queremos cada año pelear porque nos asignen fondos. Los centros para jornaleros deben ser una prioridad en el presupuesto de la Ciudad porque es un programa de empleo. Generamos miles (de trabajos) y lo hemos probado”, indicó Ortiz.

Añadió que los centros para jornaleros de Los Ángeles han servido como un modelo para el país y sería una pena que los demás estados y ciudades vieran que se ha dejado de apoyarlos.

Jornaleros hablan ante el Concejo angelino para pedir fondos para los centros de asistencia.
Cada año, los jornaleros han tenido que ir al Concejo Angelino a abogar porque les den presupuesto para no tener que cerrar. (Aurelia Ventura/La Opinión)

El dinero que la Ciudad asignaba a los centros provenía de un fondo para la creación de empleos del Departamento Federal de Vivienda (HUD). Ese organismo le daba oportunidad a la Ciudad de emplear el 15% para otros programas como el de los jornaleros. Al excederse en el porcentaje, HUD le notificó que ya no tenían libertad para utilizar dichos fondos en otros programas.

Como consecuencia, los administradores de los centros para jornaleros han batallado cada año para que la Ciudad les asigne fondos. El presupuesto 2016-17 que inicia en julio, anunciado por el alcalde Eric Garcetti, no contemplaba ni un dólar para apoyarlos. Pero el Concilio ya les asignó fondos.

Desde hace dos años, los concejales deben presentar mociones de emergencia para evitar el cierre de los centros para jornaleros.

“Ese tiempo que dedicamos en cabildear para que nos destinen recursos, bien podríamos usarlo para trabajar en los centros”, criticó Ortiz.

Los centros jornaleros ayudan a evitar el robo de salarios y el desamparo en Los Ángeles, aseguran activistas. /Archivo
Los centros para jornaleros protegen a los jornaleros de robo de salario y los ayudan a evitar que se conviertan en desamparados. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Los 750,000 dólares que les ha dado anualmente la Ciudad desde 2014 se dividen entre los siete centros.

“Apenas nos alcanza para pagar las cuentas básicas, servicios y pago de sueldos al personal”, expuso Ortiz.

De los siete centros para jornaleros que hay en Los Ángeles, cuatro son manejados por IDEPSCA, uno por CARECEN y dos por el Youth Policy Institute (YPI). Martha Arévalo, directora de CARECEN, dijo que sienten muy frustrados de tener cada año que pasar por la misma incertidumbre y lucha para seguir abiertos.

El concejal Gil Cedillo, uno de los que más apoyó que se asignarán fondos a los centros para jornaleros, dijo que le da mucho gusto que sus colegas en el Concilio noten la importancia de estos al apropiarles fondos que les permitan apoyar sus servicios.

Para mi los centros son una prioridad y cada año los seguiré protegiendo”, indicó.

Este miércoles en el Cabildo se planea llevar a votación el presupuesto de la Ciudad de Los Ángeles que incluye los 750,000 dólares para los centros para jornaleros. El voto a favor se da como un hecho, según se informó en la Oficina del concejal Cedillo pues ya es un acuerdo alcanzado con los líderes.

Fuente de la noticia: http://www.laopinion.com/2016/05/18/salvan-centros-para-jornaleros-de-los-angeles-por-un-ano-mas/

Foto: Aurelia Ventura

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Tratado internacional de los pueblos para el control de las empresas transnacionales

Una apuesta desde los movimientos sociales y la solidaridad internacional

Juan Hernández Zubizarreta, Erika González y Pedro Ramiro (Cuadernos de Trabajo, Hegoa, nº 64, 2014)

Las empresas transnacionales se han convertido en poderosos agentes que condicionan directa o indirectamente la producción normativa estatal e internacional, mediante acuerdos formales e informales a nivel mundial y mecanismos específicos de resolución de conflictos, al margen de los criterios y fundamentos del poder judicial. Así, mientras las compañías multinacionales protegen sus contratos e inversiones a través de una multitud de normas, convenios, tratados y acuerdos que conforman un nuevo Derecho Corporativo Global, la llamada lex mercatoria, no existen contrapesos suficientes ni mecanismos efectivos para controlar sus impactos sociales, laborales, culturales y ambientales. El Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional del Trabajo se ven incapaces de contrarrestar la expansión del Derecho Internacional del Comercio como fundamento de toda la arquitectura económica globalizada.

En este contexto, diferentes movimientos sociales, pueblos originarios, sindicalistas, juristas, activistas y víctimas de las prácticas de las multinacionales vienen defendiendo desde hace años la necesidad de establecer mecanismos efectivos para el control de las empresas transnacionales. Todos ellos, junto con las organizaciones que forman parte de la campaña global Desmantelando el poder corporativo, han participado en la elaboración del Tratado internacional de los pueblos para el control de las empresas transnacionales, una propuesta alternativa para el ejercicio de un control real sobre las operaciones de las grandes corporaciones que se articula sobre la base de las ideas fuerza que presentamos en este cuaderno.

 

Título: Tratado internacional de los pueblos para el control de las empresas transnacionales / Herrien nazioarteko tuna, enpresa transnazionalen kontrolerako
Subtítulo: Una apuesta desde los movimientos sociales y la solidaridad / Gizarte-mugimenduetan eta nazioarteko elkartasunean oinarritutako apustua
Autores: Juan Hernández Zubizarreta, Erika González y Pedro Ramiro
Revista: Cuadernos de Trabajo / Lan Koadernoak, Hegoa
Número: 64
Fecha: 2014
Páginas: 47 pp

 


Índice

1. Controlar a las multinacionales
1.1. El poder de las empresas transnacionales
1.2. Mecanismos de control y normas vinculantes
1.3. Empresas y derechos humanos: el caso del Estado español
1.4. Hacia un Tratado internacional de los Pueblos

2. Derecho Internacional y contrahegemonía
2.1. El uso alternativo del Derecho
2.2. Por una transformación del Derecho Internacional

3. Ideas y propuestas para un tratado internacional de los pueblos
Presentación
A. Contexto y antecedentes
B. Justificación
C. Preámbulo
D. Dimensión jurídica
1. Ámbito del tratado
1.1. Empresas transnacionales
1.2. Instituciones internacionales económico-financieras
1.3. Estados
2. Principios generales
Sección primera. Derechos humanos, Estados y empresas transnacionales
Sección segunda. Los derechos humanos y las normas de comercio
Sección tercera. Los Estados y los organismos internacionales
3. Premisas y propuestas jurídicas en relación con las empresas
4. Obligaciones específicas de las empresas transnacionales
5. Crímenes internacionales
5.1. Crímenes económicos contra la humanidad
5.2. Crímenes corporativos internacionales
5.3. Crímenes ecológicos internacionales
6. Instancias
7. Disposición final

Bibliografía


Ver en línea : Cuadernos de Trabajo / Lan Koadernoak, Hegoa, nº 64, 2014.

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El Índice de Desempeño Ambiental pinta de verde a los ricos

 Red del Tercer Mundo

«Esta evaluación lleva a los autores a concluir que los gobiernos que tienen un buen funcionamiento son capaces de gestionar el medio ambiente en beneficio de todos”.

Un índice de desempeño ambiental (Environmental Performance Index, EPI), que será lanzado el 9 de mayo en las Naciones Unidas, pretende alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), pero en realidad esconde el impacto de los patrones de consumo y producción insostenibles en el Norte, así como las contribuciones del Hemisferio Sur para el logro de los objetivos acordados internacionalmente.

El EPI (se encuentra disponible aquí), ahora en su 10ª edición, fue creado por el Centro Yale de Derecho y Política Ambiental en colaboración con el Foro Económico Mundial (Davos).

El informe de este año dice tener un “enfoque paralelo” a los ODS acordados internacionalmente en su “uso de métricas cuantitativas para evaluar el rendimiento de las políticas” y sostiene que “la alineación de los indicadores del EPI con los ODS proporciona una línea de base para evaluar el desempeño nacional y muestra qué tan lejos están los países de alcanzar los objetivos globales”.

Es significativo este lanzamiento en las Naciones Unidos en un momento en el que aún se discuten los indicadores que permitirán monitorear los ODS. Según el EPI, de los 180 países evaluados, los mejores resultados son para Finlandia, Islandia, Suecia y Dinamarca, mientras que Singapur es el único país en desarrollo entre los mejores 30. Alemania es el número 30, superado por Francia (10) y Estados Unidos (26). En el otro extremo, en el “tercio inferior del índice, compuesto en su mayoría por países africanos, hay una lista de países con problemas cuyas dificultades se extienden más allá de su incapacidad para mantener la salud ambiental y humana. Esta evaluación lleva a los autores a concluir que “el rendimiento en medio ambiente es un problema de gobernanza. Sólo los gobiernos que tienen un buen funcionamiento son capaces de gestionar el medio ambiente en beneficio de todos”.

Esta es una conclusión bastante sorprendente, ya que el EPI no incluye explícitamente ningún indicador de gobernanza, a diferencia de los ODS, que incluyen varios de estos indicadores en la Meta 16. Lo que el EPI evalúa está organizado en torno a nueve temas principales (salud, calidad del aire, agua y saneamiento, recursos hídricos, agricultura, silvicultura, pesca, biodiversidad y hábitat, y clima y energía). En cada una de estas áreas las “puntuaciones de los países (de 0 a 100) están determinadas por que tan cerca o lejos están de los objetivos, los cuales son seleccionados por los autores de acuerdos internacionales, umbrales científicos y por su propio análisis de los “que obtienen mejores resultados”.

Así, en el caso del clima, por ejemplo, ya que “no hay objetivos de reducción de CO2 acordados globalmente”, el EPI mide las mejoras en la intensidad de carbono. Como resultado, los contaminantes en exceso (Gran Bretaña, Dinamarca y Estados Unidos) aparecen como “sobre-cumplidores”, mientras que los que emiten muy poco año tras año han sido bajados de categoría. Las tendencias históricas sólo cuentan para medir el progreso, pero no se dice nada acerca de las responsabilidades acumuladas. Del mismo modo, la sección sobre la biodiversidad y el hábitat no mide la pérdida real de la biodiversidad, pero en su lugar la expansión de las áreas protegidas.

En el caso del agua, el objetivo del EPI es lograr el 100% de tratamiento de aguas residuales, lo que obviamente ubica a los países desarrollados en la parte superior. Tal vez este tipo de enfoque, que mide la capacidad de abordar un problema y no la contribución a la creación, explica la correlación de índices como el EPI con el ingreso per cápita. ¿No sería justo, para empezar, hacer algún reconocimiento a aquellos que producen menos residuos?

El índice parece razonable al excluir a los países sin litoral de la evaluación de las reservas marítimas, ya que de lo contrario se los estaría penalizando por no haber creado ninguna. Pero ¿por qué excluir a los países menos desarrollados de la evaluación del clima en lugar de acreditarles por la no emisión? ¿Estaría Bangladesh al final de la tabla (173 en el ranking de 180) si el daño climático creado por los demás fuese reconocido?

Podría ser de interés para comparar los enfoques entre los países con capacidades similares y averiguar por qué España rankea mejor que Francia. Sin embargo, la clasificación de todos los países, independientemente de sus capacidades y la medición de los esfuerzos para arreglar el desorden si no se reconoce a aquellos que ni siquiera puede permitirse el lujo de perder el recurso no es útil para resumir la sostenibilidad global. El mensaje básico del EPI a las Naciones Unidas parece ser que los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tienen buenos desempeños ambientales, mientras que los países africanos están dañando la naturaleza.

¿Están Yale y el Foro Económico Mundial diciendo en realidad que los ricos contribuyen más a los ODS? ¿O el EPI encuentra culpables a los pobres solo porque no pueden permitirse costosas alfombras para barrer su pequeña suciedad debajo?

Fuente: http://www.biodiversidadla.org/Principal/Secciones/Noticias/El_Indice_de_Desempeno_Ambiental_pinta_de_verde_a_los_ricos

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EE.UU: Hispanos avanzan en la obtención de títulos en tecnología pero aún les falta mucho para alcanzar a otros grupos

Un nuevo reporte contextualiza la situación de los latinos respecto a otros grupos y la brecha entre hombres y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), materias de las que cada vez se escucha más como apuesta educativa.

Hay una brecha en el interés de hombres y mujeres en STEM desde secundaria. GettyImages

Los estudiantes hispanos están haciendo avances y cada vez obtienen más títulos universitarios en materias de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), pero la brecha con sus compañeros asiáticos y blancos persiste y está bien afianzada, según un nuevo reporte elaborado por la publicación U.S. News & World Report y la empresa Raytheon.

El reporte titulado Índice STEM, que ofrece un panorama sobre la educación en materias STEM en el país y sus perspectivas de empleo, reveló otra tendencia preocupante: Estados Unidos dependerá de extranjeros para suplir sus necesidades en carreras de ciencia y tecnología en el futuro inmediato y de que estos no regresen a sus países porque no hay suficientes locales para suplir el mercado laboral.

La importancia de las carreras en ciencia y tecnología radica en que el país las necesita para mantener un desarrollo pujante, crecimiento económico y mantenerse al frente en la innovación tecnológica.

Los empleos en carreras STEM también pagan mejores salarios que los empleos en otros campos, y según el estudio, desde el año 2000 los trabajos en campos de ciencia y tecnología han crecido casi cinco veces más rápido que los empleos en otras carreras.

El Índice STEM, que toma datos de varios estudios del gobierno y entidades privadas, registró un aumento de 9% en la obtención de títulos en ciencia y tecnología de dos años de estudio entre los hispanos, de 18,518 en 2014 a 20,230 en 2015.

Así mismo, se registraron aumentos de 13% en bachilleratos STEM entre los hispanos (37,583 en 2014 a 42,524 en 2015), y de 8% en estudios posgraduados (de 6,890 en 2014 a 7,438 en 2015).

Cientos de robots luchan por la educación /Univision

Sin embargo, los estudiantes blancos siguen obteniendo la mayoría de los títulos en STEM (376,958 en total en 2015) por el simple hecho de que «hay muchos más estudiantes blancos en (universidades de) Estados Unidos que negros, hispanos, asiáticos o nativos americanos», y esa brecha no da señales de disminuir en el futuro inmediato.

La brecha también está presente entre hombres y mujeres, y ya desde la secundaria. Por ejemplo, según el reporte, solo el 4% de las estudiantes de preparatoria dijeron estar interesadas en estudiar ingeniería, comparadas con el 34% de los varones.

En tecnología, solo el 2% de las jóvenes dijo estar interesada en la materia, comparadas con el 18% de los varones.

Ese interés se traduce en mejores calificaciones para los varones que para las jóvenes en exámenes avanzados AP en secundaria, puntuaciones en los exámenes de admisión SAT y obtención de títulos universitarios en STEM, según el reporte.

Por otro lado, el informe halló una tendencia preocupante y es que si bien en 2015 se otorgaron 30,835 títulos universitarios más en STEM que en 2014, cada vez son más los estudiantes extranjeros con visa temporal quienes los obtienen, con grandes posibilidades de que se lleven ese conocimiento a su país.

«Aunque nuestras universidades están produciendo más graduados en STEM, muchos de estos estudiantes son extranjeros con visas temporales», dijo en un comunicado Brian Kelly, editor en jefe de contenido de U.S. News.

«A pesar de una significativa inversión pública y privada no estamos desarrollando una fuerza laboral de STEM estadounidense para ocupar los trabajos del futuro. Es claro que necesitamos enfocar nuestros esfuerzos en que más niños, particularmente mujeres y afroamericanos, se interesen en las STEM desde jóvenes«, agregó.

El año pasado, según el reporte, se crearon 230 mil empleos en STEM más que títulos universitarios otorgados, y la tendencia es a que siga ocurriendo.

Las carreras más populares en ciencia y tecnología son en el campo de las computadoras, y el Índice STEM halló que tres de las cinco carreras mejores pagadas en el campo tienen que ver con tecnología de la Información, con salarios anuales que van desde $141 mil dólares para los Gerentes de Sistemas de Información, a $114 mil para los Ingenieros en Computación.

Fuente:http://www.univision.com/noticias/universidades/hispanos-avanzan-en-la-obtencion-de-titulos-en-tecnologia-pero-aun-les-falta-mucho-para-alcanzar-a-otros-grupos

Imagen: http://cdn2.uvnimg.com/dims4/default/ae21a67/2147483647/thumbnail/1240×698/quality/75/?url=http%3A%2F%2Fcdn3.uvnimg.com%2F6e%2F17%2F569b389b42bdb1c9abff30cb153e%2FSTEMIndex.jpg

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15 de mayo

Hugo Aboites

El clima oficial anteriormente existente en la celebración del 15 de mayo proclamaba a los maestros como apóstoles de la enseñanza; pero hoy se les ha convertido en sujetos de desconfianza y hasta de persecución institucional, mediante una evaluación cuyo desenlace puede ser la separación de la docencia o el despido. Eran antes considerados como una presencia tangible en miles de comunidades del compromiso de Estado con la educación para mejorar la suerte de las hijas e hijos de asalariados, jornaleros, empleados, obreros, desempleados, trabajadoras domésticas, pero ahora se les demanda que conviertan a los niños –en palabras de la conducción empresarial que hoy priva en la educación– en capital humano. De ser orgullosos estudiantes de una profesión de Estado, reconocida socialmente, los normalistas pueden ahora ser muertos por policías en una autopista a pleno sol de mediodía y 43 de ellos pueden ser desaparecidos violentamente sin que la SEP emita aún lo que debería ser una enérgica protesta y una reiterada exigencia de verdad y justicia. Hoy el Estado se encarga de convertir a maestros en criminales por la vía de acusar y encarcelar por razones claramente políticas, convertidos en rehenes para amedrentar y contener las protestas de los restantes.

También los maestros universitarios llegan a este 15 de mayo en circunstancias mucho más agresivas y difíciles que las de hace apenas unos años. Se enfrentan a una fuerte tendencia al recorte de los presupuestos universitarios, incluso a retener lo que les pertenece, y las consecuencias las pagan los estudiantes y los trabajadores universitarios, especialmente los académicos. Desaparecen los sistemas institucionales de pensiones, se generalizan las formas de trabajo precario (profesores de asignatura, interinos, temporales), se popularizan los enajenantes sistemas de estímulos, se mediatiza o se vuelve inocua cualquier forma de democracia, se fortalecen las burocracias y apenas hay ya recursos para la investigación y difusión, y para nuevas plazas académicas. Al mismo tiempo, se establecen cada vez más estrictos sistemas de control y supervisión de las instituciones y de los maestros e investigadores. De ser entusiastas constructores de instituciones, de innovadores programas de docencia e investigación (en la UPN, la UAM, UAP, UAS, Veracruzana, Unison y muchas otras) las y los profesores universitarios, como gremio nacional, está ahora desleído, disperso, callado. Sus antiguas iniciativas creativas son sustituidas hoy por programas verticales, burocráticos y enajenantes. Triunfó en medida importante la modernización tecnoburocrática, pero las consecuencias ahora están a la vista.

La posible salida de este marasmo ya no está en las nuevas formulaciones de las viejas tesis de los 90 sobre la universidad del siglo XXI, sino en los nuevos modelos que se construyen a partir de las exigencias y demandas de quienes se rebelan contra décadas de desmantelamiento de la educación pública mexicana. En estos años de anquilosamiento para muchas instituciones y maestros, las grandes propuestas están surgiendo de los movimientos de protesta y exigencia de una nueva educación y una nueva sociedad. Cada movimiento social encierra profundas lecciones para la educación, porque surgen del más elemental motivo, la falta de alternativas y de la necesidad, por tanto, de repensar al mundo de tal manera que se abran nuevas alternativas. La CNTE ha demostrado –a un muy alto costo– por qué en 2013 era indispensable para una buena educación el sostener un diálogo con los educadores. Para impedir que la reforma se hundiera en un conflicto que cada vez más no tiene salida. Las juntas del buen gobierno de las comunidades zapatistas demostraron que con la autonomía, a pesar de los recursos escasos, mucho puede lograrse en la educación. Las escuelas altamiranistas de Guerrero, las integrales de Michoacán, el Proyecto de Transformación de la Educación de Oaxaca, las de Chiapas están mostrando que aún en las peores condiciones de hostigamiento oficial, político y presupuestal los maestros pueden generar visiones, propuestas y ejercicios concretos de una nueva educación. Los movimientos universitarios (hoy emblemáticamente encabezados por el Politécnico) refrendan a su vez la importancia de la autonomía, de la lejanía de la injerencia gubernamental, y la necesidad de cambio de estructuras y relaciones.

Toda esta creatividad que se cuela entre las grietas de una estructura de modernización prematuramente envejecida, es una energía enorme de transformación que se desperdicia. Una SEP e instituciones universitarias abiertas, con estructuras capaces de reconocer y recoger esas nuevas tendencias de cambio, traducirlas a propuestas concretas de carreras, investigaciones, difusión de la cultura pero sobre todo a estructuras de una modernidad distinta. Es decir, nuevas formas de participación y comunicación; nuevas maneras de aprender y enseñar, horizontales, pertinentes, liberadoras; estructuras distintas y horizontales de gobierno; el surgimiento de nuevos roles hombre-mujer, estudiante-maestro, gobernante-gobernado, estudiante-estudiante, y también una relación distinta entre sistema educativo o institución y el trabajador de la educación. Esto, que es lo moderno desde abajo, si se le deja entrar a un sistema o una institución es capaz de provocar una revolución pacífica y profunda. Generar una educación creativa, mucho más noble y rica. Aún en medio de la protesta que hoy arranca, y que anuncia la convergencia de estudiantes y maestros y, precisamente por ella, este 15 de mayo puede ser radicalmente diferente para quienes ven todo lo que está mal y debe cambiarse.

*Rector de la UACM

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/05/14/opinion/016a2pol

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Extra: se inician las marchas de maestros en Michoacán México

Con información del Centro Sindical de Investigación e Innovación Educativa de la Sección XVIII de la CNTE / 19 de Mayo de 2016

Dice el gobierno que adentro del Centro de Convenciones de Morelia hay 900 de los 5300 que se iban a evaluar, lo cual ya sería un fracaso, pero no lo pueden confirmar. Sin embargo, nosotros sí podemos demostrar que afuera habemos más de 70 mil maestros que decidimos no ir a la evaluación.   Foto( salida a Pátzcuaro) una de las 5 marchas hoy en la capital michoacana.

evaluacion 2

Centro de Convenciones de Morelia, donde esperaban 5300 maestros para evaluarse: Vacío

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La sexta extinción ya está aquí

Por: Joana Branco

En su historia, la Tierra ha sido azotada por cinco extinciones masivas desatadas por causas naturales o cósmicas; esta vez el responsable es el ser humano.

Extinción es una palabra que suele evocar imágenes de tiranosaurios, velocirraptores o pterosaurios picudos y de anchas alas. Todos tenemos algunas nociones sobre la época en que estos gigantescos reptiles vagaron por el planeta y, en general, sentimos una fascinación casi morbosa por sus dientes y garras. Obviamente, todos sabemos también que ya no existen. Se extinguieron hace 65 millones de años, en el Cretácico, cuando una bola de fuego cruzó los cielos e impactó violentamente contra la superficie del planeta.

Esta fue la última pero no la peor de las grandes extinciones. Ese dudoso honor le corresponde a la que ocurrió hace 250 millones de años, en el Pérmico, tan masiva que se la conoce como la Gran Mortandad. Otras tres ocurrieron en distintos momentos, desde que hace 3.800 millones de años surgiera por primera vez la vida. Ahora, todo apunta a que asistimos en primera fila a la sexta gran extinción.

Corría el año 1998 cuando una encuesta realizada por el Museo Estadounidense de Historia Natural de Nueva York hizo sonar por primera vez las alarmas. “La mayoría de los biólogos del país están convencidos de que está en marcha una extinción en masa de animales y plantas”, se podía leer a principios de abril de ese año en las páginas de The Washington Post. Según el museo, siete de cada diez biólogos afirmaban que una quinta parte de todas las especies vivas podría desaparecer en menos de tres décadas y que el ritmo de desaparición era mayor que en cualquier otro momento de la historia.

Cualquiera imaginaría que, ante unas predicciones tan dramáticas, se tomarían decisiones políticas y sociales, pero no fue así. La encuesta solo contaba con la opinión de cuatrocientos expertos y no fueron pocos los que pusieron en tela de juicio las conclusiones. Sin datos sólidos que respaldaran el argumento de la extinción, el asunto cayó en el olvido, hasta que las cosas adquirieron un tinte bastante más grave.

¿Se han realizado estimaciones alarmistas?

Hoy por hoy, el programa científico de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, auspiciado por Naciones Unidas, estima que se extinguen a diario entre 150 y 200 especies. Y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) afirma que están en peligro el 41?% de los anfibios, el 33?% de los corales, el 34?% de las coníferas, el 25?% de los mamíferos y el 13?% de las aves. Pese a ello, aún se escriben artículos, como uno publicado en la revista Science en 2013, en los que se afirma que estos datos no son más que “estimaciones alarmistas”. Evaluar con rigor esta cuestión no es cosa fácil.

Para empezar, ni siquiera estamos seguros de cuántas especies existen. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) considera que los datos más fiables son los de un estudio publicado en la revista PLOS Biology, en 2011, que afirma que existen 8.700.000 especies. Una cantidad inmensa si tenemos en cuenta que solo un millón y medio han sido catalogadas. Además, para conocer su ritmo de desaparición, es necesario saber la tasa de extinción actual y la velocidad a la que se extinguían en el pasado. Una información muy difícil de obtener.

Declarar sin sombra de duda una extinción es un desafío. Existen ejemplos de especies que, a pesar de que se las consideraba extintas, regresaron de entre los muertos. También hay casos como el del tigre de Tasmania, cuya pérdida está bien documentada, pero que, aun así, supuestamente se avista de vez en cuando. Además, para concretar el ritmo promedio de desaparición de especies en el pasado, conocido como tasa de extinción de fondo, hay que recurrir a los fósiles, con todas las dificultades que eso conlleva.

Con el objetivo de zanjar esta cuestión, a principios de 2015 un grupo de expertos de las universidades de Stanford, Princeton y Berkeley, liderado por Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología de la Universidad Autónoma de México, decidió poner manos a la obra para llegar a una conclusión más o menos definitiva. ¿Es verdad que el ritmo de extinción se ha incrementado en las últimas décadas? Según sus resultados, sí.

Para eliminar cualquier posibilidad de que sus estimaciones se consideraran exageradas, los expertos limitaron el análisis al grupo mejor estudiado de organismos, los vertebrados. Además, “usamos tasas de extinción de fondo muy elevadas, que minimizan la diferencia con las actuales”, explica Ceballos. “Y solo tuvimos en cuenta –continúa– especies cuya extinción estuviera asegurada, sin incluir otras que es probable que también se hayan perdido, aunque aún no estemos seguros”.

Hasta hoy, ningún estudio había seguido unos patrones tan conservadores, ni arrojado unos resultados tan descorazonadores. “No nos esperábamos que fueran tan malos”, confiesa Ceballos. Según el artículo publicado en Science Advances, lo normal sería que desde 1900 hubieran desaparecido nueve especies de vertebrados. Sin embargo perdimos 468 entre mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces.

“Es un número que en otras circunstancias habría tardado entre 800 y 10.000 años en desaparecer”, señala. Estamos ante una tasa de extinción cien veces superior a la normaly “si obtenemos un valor tan elevado usando un enfoque conservador, que sin duda minimiza el problema, entonces es que la situación es realmente grave”, aclara Ceballos. En este sentido, Anthony Barnosky, profesor en la Universidad de California en Berkeley y otro de los autores del estudio, propone un sencillo ejercicio: “Mira a tu alrededor y de todo lo que ves mata la mitad”.

El hombre invade todos los rincones del planeta

Esta es la verdadera dimensión del problema y, por primera vez en la historia de la Tierra, la fuerza detrás de este desastre no son el clima, los volcanes o un meteorito. El responsable es el  Homo sapiens. Un artículo publicado a mediados de junio de 2015, en el que también participó Barnosky, detalla por qué y cómo hemos logrado desestabilizar la biosfera de una manera tan increíble. Es fácil de resumir: “No hay lugar en la Tierra que no haya sido alterado por los seres humanos”.

La Sociedad Geológica Estadounidense apunta que hemos transformado la mitad del suelo disponible y sobra poco más que los de los desiertos, la tundra, las grandes montañas y algún que otro trozo de bosque. Además, nunca se liberó tanto dióxido de carbono a la atmósfera. Es algo sin precedentes y tan geológicamente inusual que, según explicaban hace poco varios expertos en la revista Oceanography, es probable que convierta a este periodo en “uno de los más notables, por no decir cataclísmicos, de la historia del planeta”.

Quizá nos hemos vuelto insensibles hacia un problema que solo vemos a largo plazo. Pero debemos empezar a preocuparnos, porque ya convivimos con unas “tasas de extinción comparables a las que existían cuando desaparecieron los dinosaurios”, señala Barnosky. Y una pérdida de biodiversidad tan dramática pondrá en peligro nuestra propia supervivencia.

La inmensa mayoría de las especies actuales, nosotros incluidos, evolucionaron para hacer frente a las condiciones climáticas que han existido durante los últimos dos millones de años. Sin embargo, a partir de ahora, tendrán que afrontar escenarios muy distintos. “La temperatura media será quizá mayor en 2070 que en cualquier otro momento de la evolución humana”, añade el experto. Si el calentamiento sigue su ritmo, en el año 2100 se llegarán a las temperaturas más elevadas de los últimos catorce millones de años. Es poco probable que las adaptaciones y estrategias de supervivencia que favorecieron a las especies actuales les sean de gran ayuda.

El hombre invade todos los rincones del planeta

Esta es la verdadera dimensión del problema y, por primera vez en la historia de la Tierra, la fuerza detrás de este desastre no son el clima, los volcanes o un meteorito. El responsable es el  Homo sapiens. Un artículo publicado a mediados de junio de 2015, en el que también participó Barnosky, detalla por qué y cómo hemos logrado desestabilizar la biosfera de una manera tan increíble. Es fácil de resumir: “No hay lugar en la Tierra que no haya sido alterado por los seres humanos”.

La Sociedad Geológica Estadounidense apunta que hemos transformado la mitad del suelo disponible y sobra poco más que los de los desiertos, la tundra, las grandes montañas y algún que otro trozo de bosque. Además, nunca se liberó tanto dióxido de carbono a la atmósfera. Es algo sin precedentes y tan geológicamente inusual que, según explicaban hace poco varios expertos en la revista Oceanography, es probable que convierta a este periodo en “uno de los más notables, por no decir cataclísmicos, de la historia del planeta”.

Quizá nos hemos vuelto insensibles hacia un problema que solo vemos a largo plazo. Pero debemos empezar a preocuparnos, porque ya convivimos con unas “tasas de extinción comparables a las que existían cuando desaparecieron los dinosaurios”, señala Barnosky. Y una pérdida de biodiversidad tan dramática pondrá en peligro nuestra propia supervivencia.

La inmensa mayoría de las especies actuales, nosotros incluidos, evolucionaron para hacer frente a las condiciones climáticas que han existido durante los últimos dos millones de años. Sin embargo, a partir de ahora, tendrán que afrontar escenarios muy distintos. “La temperatura media será quizá mayor en 2070 que en cualquier otro momento de la evolución humana”, añade el experto. Si el calentamiento sigue su ritmo, en el año 2100 se llegarán a las temperaturas más elevadas de los últimos catorce millones de años. Es poco probable que las adaptaciones y estrategias de supervivencia que favorecieron a las especies actuales les sean de gran ayuda.

El ciclo de la vida, en juego

Incluso quienes son conscientes de ello no se asustan demasiado. ¿Qué importa si hay leones en África o ranas en Panamá? Pero la verdad, señala el experto, es que “para que un ecosistema sea capaz de mantener el equilibrio, necesita especies, porque la diversidad asegura la resiliencia (capacidad del ecosistema de sobreponerse a las dificultades)”. Cuando una especie se extingue, este delicado equilibrio de­saparece, lo que provoca un efecto en cascada que amenaza a muchas otras.

“Aunque solemos olvidarlo, nuestra supervivencia depende en gran medida de los sistemas biológicos y geoquímicos que regulan el planeta”, señala Barnosky. Todas las especies juegan un papel importante. La biodiversidad es uno de los factores que sostienen una infinidad de recursos que el hombre necesita para sobrevivir. Alimentos, agua potable, madera, fibras, combustibles y medicamentos son solo algunos ejemplos de los llamados servicios ecosistémicos. Y cualquier cambio que afecte a la biodiversidad puede poner en riesgo el acceso a estos recursos.

Un ejemplo: ¿qué ocurriría en África si no existieran leones? Sin un gran depredador al acecho, lo más probable es que el número de herbívoros aumentara sin control. Más bocas comiendo plantas darían origen a importantes cambios en el paisaje, una degradación gradual de la cubierta vegetal, erosión del suelo y un aumento de las enfermedades relacionadas con parásitos como las garrapatas, muy comunes en estos animales.

No sería la primera vez que algo así ocurre. Hacia el final de la última Edad del Hielo, casi todas las regiones del mundo estaban habitadas por animales que, a día de hoy, consideraríamos gigantescos. Mamuts, dientes de sable o enormes perezosos desaparecieron, paulatinamente, en una serie de pulsos de extinción que algunos científicos relacionan con la llegada de los seres humanos a sus territorios.

En Australia, los grandes herbívoros se extinguieron hace 41.000 años. Sin animales de gran porte que consumieran la vegetación, los bosques crecieron y acumularon materia orgánica. Los fuegos eran más frecuentes y, según los sedimentos de esa época, provocaron alteraciones drásticas en el paisaje. Donde antes prosperaban especies frondosas, propias de bosques tropicales, empezaron a predominar las plantas adaptadas a climas más secos y con una mayor tolerancia a los incendios, como las acacias.

“Dentro de doscientos años”, argumenta la primatóloga Jane Goodall en el recién estrenado documental Racing Extinction, “las personas van a mirar hacia atrás, hacia este periodo particular de la historia, y se preguntarán a sí mismos: ‘¿Cómo es posible que la gente de aquel tiempo permitiera que desaparecieran todas estas criaturas maravillosas?”. Para la mayoría de los científicos, “el enorme problema ambiental al que nos enfrentamos deriva del crecimiento desmedido de la población humana”, explica Ceballos. Y añade: “Es imperativo frenarlo. Si no, tal vez estemos perdidos”.

Ceballos estima que, en menos de tres generaciones, no tendremos acceso a muchos servicios del ecosistema. Pero evitar una pérdida masiva de biodiversidad es “aún posible si se intensifican los esfuerzos de conservación… Somos la última generación con el poder de tomar decisiones”, defiende. Pero lo que sea que hagamos establecerá el mundo en el que viviremos en las próximas décadas y siglos. No habrá vuelta atrás.

Ecoportal.net

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