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¿Educación sexual en las escuelas?

Por: Abelardo Carro Nava

Tremenda polémica nacional ha causado la propuesta sobre el matrimonio igualitario que, meses atrás, el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, envío al Senado de la República con la intención de que se modificara el artículo 4º de la Constitución Mexicana y el Código Civil Federal para garantizar el matrimonio igualitario entre adultos en todo el país. Esto, a decir del mandatario nacional, con la intención de “incorporar con toda claridad el criterio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que las personas puedan contraer matrimonio sin discriminación por motivos étnico, discapacidad, condición social, género o preferencias sexuales” (Milenio, 17/05/2016).

57bc6c57c4395_sexuality_and_gendergLa lucha férrea que han mantenido los que se oponen a tal propuesta y los que se encuentran a favor, ha generado a la fecha, que la mirada se desvíe de un asunto que, de manera personal, considero debe ser abordado con todo la seriedad que el caso amerita. Y es que mire usted, de buenas a primeras, pareciera ser que en el fondo del conflicto se hallan intereses contrapuestos y de muy diversa índole que, poco o nada, ayudan a la comprensión del fenómeno y encono social que prevalece en México.

Ciertamente, los que se identifican con una ideología fincada en la religión y la moral, han manifestado su postura brindando los argumentos habidos y por haber sobre el rechazo a la iniciativa presidencial. Los que se encuentran a favor, también han brindado sus opiniones dejando en claro que su aprobación, debe darse en términos meramente legales. Sin embargo, la pregunta que da inicio a esta serie de ideas, cobra relevancia y sentido, en tanto se discutan estos temas desde su carácter legal, pero también, del educativo.

¿Por qué no considerar a la educación sexual como un elemento que resulta fundamental en, sobre y para el desarrollo del ser humano?, ¿qué tipo de contenidos sobre esta materia deben abordarse en las escuelas por los maestros y alumnos?, ¿qué responsabilidad tiene la sociedad en el cúmulo de acontecimientos humanos que han llevado a reconfigurar al espectro social tal y como hoy lo conocemos? Éstas, son preguntas que se derivan precisamente, del debate que en estos días se ha generado en diversos espacios de diálogo y confrontación de ideas entre unos y otros, al fin y al cabo, humanos, como usted, como yo.

Hace unos años, Fernando Savater (1997), en un texto que me parece fundamental referir en estos momentos, “El valor de educar”, afirmaba que la educación transmite a cada uno de los seres pensantes – nosotros –, que no somos únicos, que nuestra condición implica el intercambio significativo con otros parientes simbólicos que confirman y posibilitan nuestra condición. En este sentido, si compartimos la idea de que la educación fue, es y ha sido construida por la sociedad, debemos tener claro que ésta tiene la función de educar – formar – a los seres humanos con los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que son propios de la época que están viviendo.

Me parece bastante favorable que el diálogo sobre el tema del matrimonio igualitario se esté dando en mi México querido. Lo aplaudo y lo reconozco. Sin embargo, considero que también debemos centrar la mirada, dirigir un cúmulo de investigaciones o realizar diversos estudios sobre el tema de la educación sexual en las escuelas que conforman el Sistema Educativo Mexicano (SME). No hacerlo, implicaría regresar a la barbarie y el oscurantismo.

Tengo claro que el conocimiento se genera a partir del análisis, la reflexión y la crítica sobre tal o cual cosa, pero éste, debe estar fincado en la razón y en la objetividad que la misma ciencia otorga, de ahí que considere pertinente, centrar la atención en pensar y repensar qué es lo que la escuela está enseñando, más que pelearnos por las creencias y saberes del pueblo de México.

Se dice que el conocimiento nos permite dilucidar la configuración biológica y social del ser humano y, el conocimiento sobre nosotros mismos, es lo que nos lleva a tomar decisiones, cualesquiera que éstas sean, con relación a nuestra propia existencia.

Desde mi humilde punto de vista, la educación sexual, tiene que ser abordada en las miles de instituciones educativas que existen en nuestro país, así tal cual es, dado que el ser humano existe por un proceso biológico que todos, absolutamente todos conocemos, y cuya existencia, se va configurando por los procesos sociales en los que el propio individuo participa como ser social por naturaleza.

¿Qué de malo puede tener el que se hable de reproducción sexual en las escuelas cuando a partir de ese principio vinimos al mundo?, ¿qué dificultad existe al abordar cada una de las partes que conforman nuestro organismo?, ¿qué problema puede representar el que se hable de menstruación y cambios de voz y cuerpo como parte de un proceso fisiológico, por ejemplo?

Con seguridad alguien podría decirme: bueno, es que eso es una cosa, pero el asunto de los matrimonios entre personas del mismo sexo y la adopción que pueden lograr con ese vínculo, es otra cosa. Y efectivamente, les concedo la razón. Sin embargo, debemos considerar que la sociedad ha avanzando, aunque como bien lo afirma Jurjo Torres (2006) en su texto “La desmotivación del profesorado”, pareciera ser que no lo ha hecho. Lo cual me lleva a plantear la posibilidad de seguir debatiendo sobre este polémico tema pero desde varios enfoques: psicológico, pedagógico, filosófico, etcétera.

La cerrazón es principio básico de la ignorancia y, como seres pensantes, debemos estar dispuestos a ese diálogo antes de anteponer ciertas creencias y valores en una sociedad que se ha transformado. Insisto, los momentos en los que la santa inquisición juzgaba a las personas ha quedado en el pasado. Fue un mal momento por el que atravesamos los seres humanos.

En suma, ni todos los argumentos son malos, ni todas las verdades son absolutas.

Debatamos pues. Hagamos lo propio para que esa socialización primaria que se da en la familia – a la que alude Savater –, sea fortificante y se especialice en esa socialización secundaria que se logra en la escuela a la que este mismo autor hace referencia.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/educacion-sexual-en-las-escuelas/

Imagen: www.educacionfutura.org/wp-content/uploads/2016/10/GuiaEducacionDiversidad_MIDES.jpg

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Teoría epistemológica del bullying: fundamentación teórica (1a parte)

Un marco teórico se va construyendo con palabras, muchas de las cuales es necesario borrarlas; una realidad se va construyendo con acciones humanas; las que hacen parte del bullying, es necesario cuestionarlas, evaluarlas, analizarlas e intervenirlas, porque dan cuenta del momento histórico que está viviendo la comunidad que padece sus efectos, en tanto las recrea en su cotidianidad.

Creíais que solo las hojas de los árboles se repiten una en sus ramas, o que las células y los átomos se replican en los tejidos y elementos a los que les dan forma; la sociedad también tiende a replicarse y multiplicarse en las acciones de los sujetos que las conforman, y lo hacen de forma mecánica y vertiginosa, sino existe un patrón diferente de reprogramación; esa es la ley de la vida, repetición y multiplicación; cuando no hay nada que cree la necesidad de la mutación.

En la comprensión del fenómeno del acoso escolar intervienen múltiples factores asociados con los orígenes, contexto social y cultural, procedencia familiar, y nivel socio económico de los sujetos involucrados y de la institución escolar que los alberga.

Dada la complejidad del fenómeno, cualquier tipo de estudio sobre él, requiere del conocimiento del contexto en el cual se hace evidente, de sus actores y de los aspectos que inciden de manera directa e indirecta en su aparición y desarrollo.

En éste sentido, varios son los aspectos que deben tenerse en cuenta para abordar y comprender la problemática del Acoso Escolar: la noción de violencia, los diferentes y variados enfoques, desde los cuales se ha abordado el estudio del Acoso Escolar que han originado diversos resultados que dan cuenta del mismo.

Cabe indicar que una investigación que indaga por las voces de los actores del Acoso Escolar se configura como un aporte a la comprensión de la violencia en la escuela, de sus manifestaciones y del sentido que los estudiantes le otorgan. Así, la investigación se presenta como una oportunidad para la reflexión académica e investigativa en torno a una de las manifestaciones de violencia presentes en la escuela. Castillo (2012).

Para abordar el presente marco conceptual, se iniciara con la definición de los términos básicos desarrollados a lo largo del trabajo investigativo, seguidamente se realizará la fundamentación epistemológica, pasando luego a la fundamentación teórica, finalizando el marco conceptual con los observables teóricos.

Definición de términos

Veamos las categorías más importantes asociadas al acoso escolar y que son elementos esenciales en el planteamiento del problema y en la comprensión y desarrollo del trabajo propuesto.

Conducta agresiva

Siguiendo a Zillmann (1979), la conducta está dirigida a metas (intencional) y la naturaleza destructiva de la respuesta de meta. De esta manera, la agresión llega a considerarse «la conducta con intención de hacer daño».

Otro conductual, Buss (1961) había definido el acto violento como «una respuesta que provoca estímulos nocivos en otro organismo». La definición de Buss destaca las consecuencias de la acción, no la intención de quien la realiza. Según Buss, se ha de considerar agresivo todo acto que provoque dolor o molestias a otro ser.

En aras de la claridad se podría distinguir entre conducta agresiva y conducta hostil (Zillmann, 1979). La conducta agresiva vendrá definida por los criterios anteriores para daño físico: Toda actividad mediante la cual una persona busca infligir daño corporal o dolor físico a quien desea evitarlo.

Una definición complementaria para abarcar las formas no físicas de daño o perjuicio, es la de conducta hostil. Toda actividad mediante la cual una persona busca causar perjuicio, diferente del daño corporal y dolor físico, a quien desea evitarlo.

La agresión como reacción, tal vez sea la hipótesis de la frustración-agresión la teoría más conocida y aceptada de la agresión como reacción, propuesta por. John Dollard y su grupo de colaboradores de la Universidad de Yale.

Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears (1939), decepcionados con la teoría del instinto propusieron una teoría del aprendizaje sobre la agresividad humana. Se la conoce como la hipótesis de la frustración-agresión.

La teoría consta de dos propuestas fundamentales: primera, la frustración (que es venirse abajo la conducta orientada a metas) siempre produce alguna clase de agresión, y, segunda, la agresión siempre está provocada por alguna clase de frustración. Esta fue la primera formulación que Miller (1941) iba a modificar pocos años después. Según Miller, la agresión es una de las varias respuestas dadas a la frustración, pero seguían en pie que la agresión siempre va precedida de frustración.

Con todo, la conceptualización de la agresión tiene que ser útil, para lo cual necesita distinguir más claramente las clases de daño o perjuicio, además del daño físico. Existen otras formas de daño, como son la destrucción de las posesiones o los tratamientos humillantes. También habría que incluir la coacción como criterio para la definición de agresión.

Si se compara a los niños agresivos con los no agresivos, se advierte que (1) se sienten más seguros de que la agresión produce recompensas a su alcance; (2) se sienten más seguros de que la agresión les resulta fácil y sirve para poner fin a la conducta ajena que les resultaba perjudicial; (3) se inclinan más a creer que la agresión mejora su autoestima y no causa daño permanente a las víctimas; y (4) son incluso intrínsecamente gratificantes para el agresor.

Los niños agresivos valoran la agresión en el sentido de conceder mucha importancia a su capacidad de dominar y controlar a otros, a las víctimas, sin preocuparles excesivamente el sufrimiento que causan ni la posibilidad de ser rechazados por sus compañeros (Crick y Dodge, 1996).

En términos de la teoría del aprendizaje social de Bandura (1973), los niños agresivos han adoptado un sistema de autorrefuerzo en el que las acciones agresivas constituyen una fuente de orgullo personal.

Agresores y víctimas de agresiones

A medida que los niños van creciendo en edad, la mayoría se va implicando menos en las conductas agresivas. Ahora bien, se da una minoría de niños y adolescentes que se implican de modo aún más frecuente en peleas y otras interacciones agresivas con compañeros, (Loeber y Stouthamer-Loeber, 1998).

Se ha constatado que, entre los 8 y los 12 años, unos pocos niños son los que se ven implicados en la mayoría de los conflictos. Los que participan en acciones violentas son un escaso número de instigadores muy agresivos, que son quienes en plan bravucón abusan con regularidad del 10 al 15% de sus compañeros de clase (Perry, Kusel y Perry, 1988; Olweus, 1997).

En casi todos los centros educativos se ha conocido a algún niño al que se utiliza como blanco de repetidos actos hostiles por parte de otros niños. Según las apreciaciones de los profesores, un 10% de la muestra de adolescentes de Olweus (1993) eran esta clase de estudiantes maltratados o víctimas, siendo otro 10% los maltratadores que sometían a las víctimas a acoso físico y verbal. Las tasas de victimización son incluso más elevadas entre los escolares más pequeños.

No es necesario que los agresores hayan sido ellos en casa objeto de malos tratos, pero sí suelen haber observado esos malos tratos entre sus padres. Estas experiencias en su casa les hacen creer que la agresión vale la pena al que la realiza, al agresor, considerando a las víctimas como objetivos fáciles que les entregarán recursos materiales, o que los someterán sin mucha necesidad de pelea. Así es como los agresores suelen abusar de sus víctimas por razones materiales o personales (Olweus, 1993). Estos acosadores practican la agresión proactiva, o el bullying.

A las víctimas se les atribuye una baja autoestima, son físicamente débiles y por lo general muy ansiosos. Entre estos factores, una baja autoimagen social parece tener especial importancia para incitar a la victimización. Se conocen jóvenes ansiosos y débiles físicamente que no sufren victimización crónica, porque poseen una alta autoimagen social y que expresan de un modo asertivo que no tolerarán ser maltratados (Egan y Perry, 1998).

Sin ser todas iguales, las víctimas crónicas comparten algunas características. La mayoría son víctimas pasivas, estudiantes introvertidos (varones y mujeres) que hacen poco por incitar a las acciones hostiles de que son objeto. Son blancos fáciles para los agresores o agresoras (Olweus, 1993).

Estas víctimas tienen a menudo padres muy exigentes y algo distantes, sin permitirles suficiente autonomía, sino más bien favoreciendo una conducta social pasiva y no asertiva.

Los chicos suelen haber estado sobreprotegidos por su madre a las que han estado estrechamente vinculados; estas relaciones les han conducido a expresar sus temores, dudas y ansiedades, como medio de llamar la atención. Estas prácticas detectadas en los varones se suelen rechazar por los compañeros varones por no pertenecer al estereotipo de género masculino.

Un pequeño número de sujetos estudiados podría describirse como víctimas provocadoras. Son individuos que no caen bien a sus compañeros por su modo de ser poco amigable e inquieto, que se enzarzan en peleas aunque no suelen tener éxito. Se trata de individuos con sesgo atributivo hostil, ese sesgo que caracteriza a los agresores reactivos.

Las víctimas provocadoras suelen haber sufrido abusos físico o un victimización en su hogar, pudiendo haber aprendido de esas experiencias a ver a los demás como adversarios hostiles (Schwatz, Dodge, Pettit y Bates, 1997).

Victimización

Hay estudios sobre victimización adolescente que se interesan más por la agresión relacional. Esta ocurre cuando los individuos usan las relaciones como una fuente de control y un medio con el que infligir daño a otros (Hayward y Fletcher, 2003).

La agresión relacional puede incluir conductas o amenaza de conductas, como las frecuentes de excluir a otra persona del grupo de iguales, ignorarla o hacerle daño en las relaciones con sus compañeros o compañeras a través de la maledicencia.

La aparición de la denominación de agresión relacional se remonta a poco más de una década, con trabajos como el de Crick (1995) o el de Crick y Grotpeter (1995).

Dado que en la adolescencia temprana se forman relaciones inicialmente románticas que llegan a ser muy complejas, se trata de un periodo de la vida especialmente propicio para que ocurra agresión relacional.

Violencia

El término violencia designa una conducta que supone la utilización de medios coercitivos para hacer daño a otros y satisfacer los intereses propios (Ovejero, 1998; Trianes, 2000). La distinción entre la violencia y la agresión se encuentra, como algunos autores apuntan, en que la agresión supone una conducta guiada por los instintos, mientras que la violencia es el producto de la interacción entre la biología y la cultura (Sanmartín, 2000, 2004).

No obstante, en la revisión de los trabajos publicados en los últimos años sobre el comportamiento agresivo/violento, se observa que autores de prestigio utilizan indistintamente ambos términos.

En la clasificación más común sobre los tipos de conducta violenta se distingue entre la dimensión comportamental (violencia hostil directa para hacer daño) y la dimensión intencional (violencia como instrumento para conseguir algo y satisfacer los intereses propios).

Más detalladamente y siguiendo a Anderson y Bushman (2002), la violencia hostil hace referencia a un comportamiento impulsivo, no planificado, cargado de ira, cuyo objetivo principal es causar daño y que surge como una reacción ante una provocación percibida; la violencia instrumental se considera como un medio premeditado para alcanzar los objetivos y propósitos del agresor y no se desencadena únicamente como una reacción ante la presencia de una provocación previa.

En el contexto escolar tienen lugar multitud de comportamientos de carácter violento, entre los que se encuentran aquellos dirigidos directamente hacia objetos o material escolar y aquellos dirigidos directamente hacia personas -el profesorado y los compañeros-. Entre los primeros se puede distinguir actos vandálicos como la rotura de pupitres y puertas, o las pintadas o escritos de nombres, mensajes y dibujos en las paredes del centro educativo (Trianes, 2000).

Entre los segundos se destacan las agresiones físicas y verbales hacia el profesor o entre compañeros, y los problemas graves de disciplina en el aula como la desobediencia al reglamento interior escolar (Iglesias, 2000; Moreno, 1998).

Entre todas estas conductas, las peleas son las más frecuentes, bien entre iguales o entre pandillas. Pero sin duda alguna, si algún tipo de comportamiento violento en la escuela está adquiriendo un interés creciente entre la comunidad educativa y científica, es el bullying, y esta atención se debe tanto al aumento de su presencia en las escuelas, como a las importantes consecuencias que supone para las víctimas.

Violencia escolar

La Organización Mundial de la Salud define a la violencia como el uso intencional de la fuerza y el poder, sea este físico o psicológico, para actuar contra sí mismo u otra persona, grupo o comunidad. Lo que provoca un daño que puede ser físico, psicológico o social.

Es un concepto mucho más amplio que «bullying». Se refiere al uso intencional de la fuerza y el poder, sea este físico o psicológico, para actuar contra sí mismo u otra persona. Lo que provoca un daño que puede ser físico, psicológico o social. Ocurre tanto en la escuela como hacia/desde la escuela y a través de las nuevas tecnologías (vía Facebook, por ejemplo).

  • Agrupa distintos comportamientos aprendidos y, por lo tanto, modificables.
  • Está asociada a otras violencias (ej. doméstica, criminal, de género).
  • No suele ser reportada por temor, vergüenza, falta de confianza en el sistema y porque muchos piensan que es normal.
  • Siempre es prevenible y nunca es justificable.
  • Cuando es prevenida, mejoran el clima escolar, las notas, la satisfacción con la vida y, en el largo plazo, la productividad.

La violencia escolar tiene relación con todo tipo de conducta agresiva que se produce en los centros educativos dirigida hacia cualquier miembro de la comunidad educativa, dependencia, objeto.

La violencia escolar se produce entre los alumnos, diferenciando claramente lo que es un conflicto entre iguales suscitados de la mera convivencia cotidiana en las aulas, que habrá de resolverse de una determinada manera, de lo que es denominado acoso escolar o bullying. Ramos, J.M. (1998).

En este sentido, se puede establecer la diferencia entre problemas de convivencia y problemas de violencia. Cuando una persona antepone sus intereses a los de los demás, provoca sentimientos de malestar que pueden dar lugar a comenzar una escalada de rencor.

Probablemente cuando la situación se repita será la parte que perdió, la que intente ganar, utilizando para ello las mismas estrategias (imposición, insulto, poder) que la otra persona usó anteriormente, y difícilmente se llegue a entendimiento y a una comprensión mutua. Cuando éste es el caso, se habla de problemas de convivencia, es decir, problemas en las relaciones que se resuelven unilateralmente, y sólo una parte consigue sus intereses.

En los problemas de convivencia hay respuestas agresivas, pero no se dan de manera repetitiva, por lo que no produce la victimización del contrario. Por el contrario, el bullying incluye dentro de su definición, el que sea repetitivo e intencional (Lera, M.J. 2002).

La violencia entre iguales se entiende como un problema en las relaciones personales, en la cual, los iguales dejan de ser considerados precisamente iguales; una de las partes se considera superior, ejerce prepotencia sobre las otras y es lo que se conoce como el fenómeno Bullying o maltrato entre escolares (Ortega y Mora-Merchán, 2000).

Violencia sociocultural

Desde inicios de la década de los 60 se desarrollan estudios sobre la violencia en Colombia (Guzmán, Fals Borda y Umaña Luna), sin embargo la violencia que se aborda y se explica es sólo la de dimensiones políticas y el enfrentamiento entre el Estado y las guerrillas de los años 60, 70 y 80.

A partir del libro Colombia: Violencia y Democracia, publicado en 1987 se reconoce la multicausalidad, multidireccionalidad y pluralidad de las violencias en Colombia y se insinúan posibilidades de los futuros estudios sobre otras modalidades de violencia y otros terrenos (cultural, social, de las creencias y representaciones) más cercanas a un país fuertemente urbanizado y atravesado por otros factores como el narcotráfico, la delincuencia organizada.

A pesar de ello los estudios sobre esas otras formas de violencia (cotidiana urbana, intrafamiliar, sicarial, juvenil, «limpieza social») es todavía deficitario; en lo que se refiere al campo social y cultural, el campo de las significaciones, de las maneras como se leen y se comunican las distintas modalidades de violencia, aún faltan ser exploradas para aportar a una mejor comprensión del fenómeno.

En lo que atañe a la violencia juvenil los estudios y preocupaciones de organismos estatales y no gubernamentales han estado muy centrados en el problema del maltrato.

Pareciera ser que Colombia ha generado el mito de la permanencia de la violencia -llegando aún a plantearse la existencia de una «cultura de la violencia»- como dimensión que explica todo lo que acontece. La extensión de este mito permite que la gente esté de cierta manera mucho más disponible para considerar que los acontecimientos violentos son asuntos normales con los que hay que contar y frente a los que hay que adaptarse.

Un país atravesado por múltiples violencias, donde las mismas se entrecruzan y se retroalimentan, crea un marco de propensión a la aceptación de la misma como algo dado, si se quiere una especie de fatalismo colectivo que lleva a considerar los comportamientos violentos como una característica de la idiosincrasia ciudadana (Vargas 1993).

Cuando la sociedad no se estremece con las recurrentes masacres y crímenes de todos los orígenes y naturaleza, cuando sólo determinados hechos criminales, por su relevancia la golpean transitoriamente, pero con la misma velocidad, se está frente a situaciones que ameritan una respuesta multidimensional.

Algunos analistas de la violencia urbana (Guzmán 1994) plantean la necesidad de concebir la violencia como «producto particular de una relación social de conflicto». La violencia supone una relación de comunicación conflictiva, entre las partes involucradas, en la que por lo general, se atribuye al adversario la responsabilidad de todos los males. Pérez, D. (1984).

Disciplina

Disciplina (su forma arcaica era discipulina) es el esfuerzo que hace el discípulus por aprender. De ahí pasó a denominar por una parte, el conjunto de condiciones ambientales externas para que la actividad de aprender se pudiera desarrollar, y por otra, las actuaciones concretas para forzar el aprendizaje. En ambos casos, se habla de presión externa o de esfuerzo propio.

Es oportuno recordar que el verbo studere, del que proceden estudiar y estudiante están exactamente en la misma línea de esfuerzo. Quizá la diferencia más notable entre ambos es que siendo en origen el sujeto tanto del estudio como de la disciplina el propio estudiante, la disciplina ha acabado siendo algo que le viene impuesto desde fuera.

La disciplina refiere el conjunto de normas, reglas y procedimientos aplicables al aula con la finalidad de generar las condiciones óptimas para la consecución de las metas de aprendizaje. Como instrumento del proceso instruccional, su gestión exige un conjunto de principios proposicionales derivados del campo psicopedagógico. Desafortunadamente para la gestión de la disciplina en el aula, el profesorado se apoya en sus habilidades innatas y medios inmediatos, llevándola hacia un fracaso seguro. Zamudio, R. (2010).

Manual de convivencia

El Manual de Convivencia en la institución educativa es una herramienta normativa que contribuye a la regulación de las relaciones de los estudiantes entre sí y con los demás miembros de la comunidad educativa. La convivencia es un elemento central de la formación humana integral, por ello es conveniente comprender su naturaleza y su dinámica propia dentro de la institución escolar.

La Ley 115 de 1994 en Colombia, concibe que la convivencia es un efecto de las relaciones entre los integrantes de un grupo humano. En la institución educativa esta dinámica se genera por la influencia cultural del medio social y por las relaciones propias entre los miembros de la institución educativa, relaciones que adquieren sus propias especificidades por darse dentro de una sociedad particular: la comunidad escolar.

En esta comunidad, como en cualquier otro colectivo humano se dan relaciones de competitividad y de cooperación, muy propias del juego de intereses particulares de las personas y de los grupos que interactúan dentro de la vida social, académica y laboral de la institución educativa.

En la anterior dinámica, el Manual de Convivencia es el pacto social de los estudiantes entre sí y entre ellos, los demás miembros de la comunidad educativa y el ordenamiento institucional.

Desescolarización

Desescolarización es un término utilizado por los dos filósofos de la educación y los defensores de la educación alternativa y/o educación en el hogar, a pesar de que se refiere a cosas diferentes en cada contexto. Fue popularizado por Ivan Illich en su libro de 1971, «La sociedad desescolarizada».

Filosóficamente, se refiere a la creencia de que las escuelas, y otras instituciones de enseñanza, son incapaces de proporcionar la mejor educación posible para algunas o la mayoría de las personas. Otros extienden este concepto más allá del individuo y que se ponga fin a las escuelas en general.

Lo anterior se basa en la creencia de que la mayoría de las personas aprenden mejor por sí mismos, fuera de un entorno institucional, a un ritmo más autodeterminado. Este es el significado del término según lo utilizado por Illich.

En un contexto práctico, se refiere al proceso mental que una persona atraviesa después de haber sido retirado de un entorno de educación formal, cuando la «mentalidad de la escuela» se erosiona con el tiempo.

Desescolarización puede referirse al periodo de tiempo que les toma a los niños retirados de la escuela para adaptarse a aprender en un entorno no estructurado.

Muchos estudiantes, en especial los que son pobres, saben intuitivamente qué hacen por ellos las escuelas. Los adiestran a confundir proceso y sustancia. Una vez que estos dos términos se hacen indistintos, se adopta una nueva lógica: cuanto más tratamiento haya, tanto mejor serán los resultados.

Al alumno se le «escolariza» de ese modo, para confundir enseñanza con saber, promoción al curso siguiente con educación, diploma con competencia, y fluidez con capacidad para decir algo nuevo.

A su imaginación se lo «escolariza» para que acepte servicio en vez de valor. Se confunde el tratamiento médico tomándolo por cuidado de la salud, el trabajo social por mejoramiento de la vida comunitaria, la protección policial por tranquilidad, el equilibrio militar por seguridad nacional, la mezquina lucha cotidiana por trabajo productivo.

La salud, el saber, la dignidad, la independencia y el quehacer creativo quedan definidos como poco más que el desempeño de las instituciones, que afirman servir a estos fines, y su mejoramiento se hace dependiente de la asignación de mayores recursos a la administración de hospitales, escuelas y demás organismos correspondientes.

Gilbert de Landsheere ha propuesto la idea de desescolarización, como nueva opción pedagógica. Desde el punto de vista de Gilbert, este concepto no significa la eliminación de la escuela. Habla, en cambio, de permeabilizar el universo educativo más allá de lo institucional.

Por eso se conoce esta visión educativa como «La enseñanza sin fronteras». La importancia del mundo afectivo y del rol cooperativo de la familia y de otros elementos extra-formativos, es crucial.

Combo o banda delincuencial

«Las pandillas son conformadas en su mayoría por grupos entre 15 y 20 jóvenes, entre los 9 y 25 años. En su mayoría, conservan el mismo modus operandi: atracos callejeros, asaltos y peleas por el territorio. Sin embargo, algunos de estos grupos se han convertido en bandas de delincuencia organizada», reseñó el Observatorio Social en 2006, situación que no ha variado hasta el momento. Agencia de prensa IMPEC (2009).

Comunidad educativa

Es aquella conformada por estudiantes, educadores, padres de familia, egresados, directivos docentes y administradores escolares. Todos ellos, según su competencia, deben participar en el diseño, ejecución y evaluación del Proyecto Educativo Institucional y en la buena marcha del respectivo establecimiento educativo.

Matoneo

Es un hecho generalizado: con indiferencia de los estratos socio–económicos, en muchos (amplia mayoría) de los colegios del país, públicos y privados, existe una práctica lamentable y a todas luces inadmisible de matoneo. Que es como se traduce el término inglés del bullying: «la montadera». Que en muchas ocasiones más que simbólica es física, y siempre grupal y psicológica.

Usualmente se trata de una práctica que se emprende contra niños con un cierto perfil: recatados, éticos, de perfil bajo, intelectuales, reflexivos.

El matoneo se corresponde con la moral del narcotráfico y la corrupción, de la derecha y extrema–derecha, y el dinero fácil. Su característica primera es evidente: la prevalencia del pensamiento de grupo (groupthink) para macartizar a quien(es) se aleja(n) del grupo; la gallada, la pandilla, el parche.

Moral gregaria, en realidad, moral de esclavos: que siempre quieren imponer un modo de pensar colectivo sobre los demás, y que no acatan diferencias. El que no está conmigo está contra mí. Exactamente como la política de guerra y belicosa, camorrera y levantada. A todos los niveles y en todos los estratos.

El matoneo se corresponde con un pensamiento grupal que quiere anular las diferencias y subsumir a los individuos al grupo como tal. En donde predomina exactamente una moral que se corresponde, punto por punto, con la ética de los corruptos, los violentos, los acosadores de todo tipo, los guerreristas y belicosos–belicistas. Es la moral del hacer las cosas a la fuerza y ya y rápido antes de despacio y después.

Ya en la edad más adulta, en las universidades, o en los espacios laborales, el matoneo sigue existiendo, pero en forma más sutil: acoso laboral, acoso sexual, polarización de los grupos, subsunción del individuo al colectivo.

En los espacios laborales el individuo deja de existir y su lenguaje se torna en un: «nosotros» colectivista. (Si no es por la referencia teórica, es exactamente el Wir y el uns de que habla Heidegger en Ser y Tiempo, ese texto fundamental que plasma el pensamiento del nacional–socialismo, como ha quedado dicho en la bibliografía técnica sobre el tema).

Moral facilista e inmediatista, moral polarizadora y colectivista, ética de debilidad hecha fortaleza, el bullying es, literalmente, el toreo contra alguien físicamente inferior, y cuyo destino, si se abandonan las cosas a sí mismas, será la total indefensión, la reducción de toda auto–estima, la muerte. Física o social, simbólica o grupal.

Uno de los grandes secretos es que el país mismo, no se atreve ni siquiera a verbalizar aún (como el drogadicto y el alcohólico, por ejemplo, quienes verbalizan su problema como el primer paso para superarlo) es la alta, la altísima tasa de suicidios infantiles y juveniles. Indiferentemente del estrato socioeconómico, con independencia de la geografía y la cultura. Y en muchos de esos casos, como resultado del matoneo. Alrededor de lo cual comienza a girar la espiral absorbente de la drogadicción, y otros problemas agudos y crónicos de orden al mismo tiempo social e individual.

Que el matoneo sea un fenómeno contemporáneo no es un consuelo, y por el contrario, es la expresión de un severo «malestar en la cultura». El matoneo se corresponde con la superficialización de la sociedad, total liquidez (Bauman) de las relaciones humanas, el imperio del pensamiento débil (muy en la línea de Vattimo). Pensamiento débil, autoestima mancillada, evaporización y transvaloración de los valores más fundamentales. Como dignidad, libertad, democracia, equidad, igualdad, soberanía, independencia, respeto, diferencia. Valores que no corresponden a ningún credo y que no son bandera de ningún bando en particular.

Estrictamente, el matoneo es el embrión de la criminalidad. En la línea de las llamadas Bandas Criminales (Bacrim, un eufemismo para el paramilitarismo) y un ejemplo diáfano de lo cual son los Maras, en El Salvador y en Guatemala. Y en buena parte de Nicaragua. Desconocimiento de la ley, o promulgación y aprovechamiento de la misma para los beneficios propios. Maldonado, C.E., (2013).

Montador

El término bullying hace referencia a la acción cometida por el bully o «matón», considerándose que ofrece una cobertura semántica más globalizadora. Pese a ello «el concepto de Bullying no abarca la exclusión social como forma agresiva de relación pero, aun con esta limitación, proporciona las características básicas para definir el fenómeno (…) y tiene un uso consensuado en la literatura científica que aborda este problema» (Informe del defensor del pueblo, 2000, pp. 27-28).

Azuzadores: Grupos de pares que preparan el enfrentamiento, lo rodean, lo controlan, incitan para que la paliza a la víctima sea fuerte, hacen todo lo posible para que el montador no se retire de la pelea y la continúe en la calle, proveen armas, supervisan para que la autoridad no tome cartas en el asunto, agreden física y verbalmente a los docentes y compañeros que quieren rescatar a la víctima, generalmente nunca son sancionados, usualmente cargan celulares para colocar el acto violento en las redes sociales y continuar incitando a la agresión, porque de ello derivan el máximo placer.

Estrategia de paz

Nombre de la estrategia nacional contra la violencia escolar (2013-2016), dado que tiene por visión «Escolares conviven y aprenden felices», su plan de trabajo tiene tres objetivos: (1) Menos violencia escolar, (2) Mejores logros de aprendizaje y (3) Más escolares felices. Biblioteca Nacional (2014).

Desplazamiento forzado por la violencia política y social

El desplazamiento forzado en Colombia es un fenómeno histórico ligado a los conflictos políticos y económicos que se han desarrollado entre diferentes grupos y sectores de la sociedad (…).

Tal vez sea la violencia política la de mayor impacto (…) agravada por el conflicto armado interno que enfrenta al Estado con grupos guerrilleros, y paramilitares, con la consiguiente violación de los Derechos Humanos y las transgresiones al Derecho Internacional Humanitario.

Además de los protagonistas que intervienen directa o indirectamente en el conflicto armado como la fuerza pública, guerrilla, paramilitares y autodefensas, aparecen otros factores de violencia como el narcotráfico, la delincuencia común, la explotación de yacimientos (sic) esmeraldíferos, y conflictos sociales como el que genera la concentración de la tierra, que tienen incidencia relativa en la persistencia del desplazamiento (…), conflictos por el desempleo y la economía informal.

Como se puede concluir de la definición [de la CPDIA], se trata de un desplazamiento distinto al de otros procesos demográficos, como el que ocurre por efecto del movimiento natural de la población o por efecto de desastres naturales. En este caso, se está delante de una situación específica provocada por el uso de la violencia (….). Corte Constitucional (2004). Sentencia T-025. Colombia.

Fundamentación epistemológica

Resulta conveniente revisar brevemente el interaccionismo simbólico, paradigma de corte sociológico que aporta elementos básicos que permiten dimensionar el impacto que tiene lo social en la vida en comunidad y los procesos que al interior de ella se suceden.

Según Strauss, «Las relaciones sociales están regidas por unas reglas comparables a las que organizan los cambios lingüísticos… son las reglas las que «actúan» y «hablan» a través de los hombres»

En este sentido, el sujeto pierde la potestad en las relaciones humanas quedando estas controladas por las reglas que rigen a la sociedad estableciendo así una relación asimétrica entre sociedad e individuo, y de esta manera subordinando la acción individual ante las estructuras de la sociedad.

Sin embargo, diversos teóricos controvierten estos postulados asignando un papel más trascendental al sujeto en el desarrollo de las relaciones sociales. La sociedad, como construcción social implica el reconocimiento del sujeto como agente autónomo en la interacción; la sociedad resulta ser «un conjunto de individuos interactuando entre ellos» Blumer, (1969) y la interpretación que de ella resulten y las prácticas que el individuo oriente, están asociadas a las interacciones que los individuos establecen.

Esta interpretación de la realidad se sustenta bajo la teoría del interaccionismo simbólico propuesto por Herbert Blumer a través de sus obra titulada «Symbolic Interactionism: Perspective and Method» en la cual se establece la relación entre interacción (relaciones), significados y practicas (actuar) en la situación social; ejes centrales del presente proyecto investigativo.

Según Blumer, el interaccionismo simbólico propone como centro de estudio las interpretaciones que los actores que interactúan en una cierta situación le dan a esta, a sus conductas y a las conductas de los demás (Briones, 1996) interpretación a la cual es posible acercarse analizando los significados que los actores le dan a las situaciones, a los objetos materiales y a las personas con las cuales interactúan; significados que surgen producto del acontecer propio de la interacción.

Los significados, al surgir de las interacciones, constituyen un producto social, de esta manera los significados son socialmente construidos aun cuando su interpretación responde a principios particulares determinados con relación al marco cognitivo personal.

En este sentido cada individuo representa y construye cognitivamente el mundo- entorno y actúa en consecuencia con la definición que otorga a una determinada situación de tal manera que el actuar esta mediado por el marco cognitivo producto de los significados socialmente construidos y particularmente interpretados.

Significados, practicas (actuar) y relaciones (interacciones) se construyen de manera conjunta, cíclica y holística, y en su conjunto constituyen las lógicas sociales del individuo frente a una situación social particular propia de ser indagada a través del análisis interpretativo de la realidad. Significados, prácticas y relaciones son pilares fundamentales bajo los cuales se interpretan las situaciones sociales particulares.

Para Helbert Blumer uno de los pioneros del interaccionismo simbólico este esta cimentado en una serie de ideas básicas o «imágenes radicales», que forman el armazón del estudio y análisis de esta corriente:

Naturaleza de la vida en las sociedades y grupos humanos

Los grupos humanos están formados por individuos comprometidos en la acción. Los individuos pueden actuar de forma aislada, colectivamente o en nombre o representación de alguna organización. La sociedad está formada por personas involucradas en la acción, y la vida de la sociedad es un proceso de ensamblaje de las actividades de sus miembros.

Naturaleza de la interacción social

La interacción es un proceso que forma el comportamiento humano. Las actividades de cada miembro se producen primordialmente en respuesta o en relación con las de los demás.

Según plantea George Herbert Mead la interacción humana puede darse a dos niveles:

  • «Conversación de gestos»: una persona responde directamente al acto de otra sin interpretarlo. Blumer lo llama «interacción no simbólica».
  • «Empleo de símbolos significativos»: implica la interpretación del acto. Blumer lo denomina «interacción simbólica».

Mead describe la interacción simbólica como una exposición de gestos y una respuesta al significado de los mismos. Cuando el significado es el mismo para ambas personas, se comprenden mutuamente. El proceso consiste en formular indicaciones a los demás sobre lo que hay que hacer, y en interpretar las que ellos formulan a su vez. La interacción social se ejerce primordialmente en el ámbito simbólico.

Naturaleza de los objetos

Un objeto es todo aquello que puede ser indicado, que puede señalarse o a lo cual puede hacerse referencia. La naturaleza de un objeto es el significado que éste encierra para la persona que como tal lo considera.

Los objetos son creaciones sociales, resultado de un proceso de indicaciones que emana de la interacción social.

Cada persona tiene un «mundo» de objetos físicos, sociales y abstractos, se configura un entorno con aquellos objetos que unos seres humanos determinados identifican y conocen, y que encierran un significado para dichas personas. Para conocer y comprender la vida de un grupo es necesario determinar su mundo de objetos.

El ser humano considerado como organismo agente

Como indica Mead, la persona posee «un sí mismo». Esto quiere decir que un individuo puede ser objeto de sus propios actos. Este auto-objeto se forma mediante un proceso de asunción de papeles basado en las diferentes maneras de definirlo que tienen los demás.

Esto significa que la persona humana es capaz de establecer una interacción consigo misma o autointeracción, que es un proceso en el que el individuo se hace indicaciones a sí mismo, de las cuales se sirve para orientar sus actos.

Naturaleza de la acción humana

La acción por parte del ser humano «consiste en una consideración general de las diversas cosas que percibe y en la elaboración de una línea de conducta basada en el modo de interpretar los datos recibidos».

Esto concuerda con el concepto de acto de Mead: la acción humana es un proceso de interacción del ser humano consigo mismo. La acción es una conducta elaborada por el actor, y no una respuesta prefigurada de su organización personal.

Esto también es válido para la acción colectiva o conjunta, en la que intervienen una serie de individuos, y que sería el resultado de un proceso interpretativo a través de la formulación recíproca de indicaciones entre quienes intervienen en el mismo.

Interconexión de la acción

La acción conjunta constituye la concatenación de los actos de los individuos que componen una colectividad. Por lo tanto, es el resultado de un proceso de formación y utilización de significados, y no la expresión de formas preestablecidas de acción conjunta.

En una sociedad humana, hay una gran parte de formas reiterativas y preestablecidas de acción conjunta, que hacen pensar en un orden de vida establecido. Sin embargo, la acción conjunta reiterativa y estable es el resultado de un proceso interpretativo al igual que cualquier nueva forma de acción conjunta.

La mayoría de las situaciones en una sociedad son definidas por las personas de idéntica forma, adquieren una definición común de cómo actuar en cada situación; pero esto no quiere decir que no exista proceso de interpretación.

«Es el proceso social el que crea y sustenta las normas en la vida de grupo y no éstas las que forjan y sostienen aquella».

La sociedad está formada por instituciones y organizaciones sociales, que son redes de acción que implican la un encadenamiento e interdependencia de los distintos actos de diversas personas. Pero estas redes no funcionan automáticamente por medio de dinámicas internas o de exigencias del sistema, sino porque las personas actúan, y esto es producto de un proceso de interpretación de la situación.

Toda acción conjunta surge de un historial de acciones previas de los participantes. Hay que tener en cuenta el vínculo histórico, el vínculo con las formas precedentes de acción conjunta.

El interaccionismo simbólico atribuye una importancia primordial a los significados sociales que las personas asignan al mundo que las rodea. El interaccionismo simbólico reposa sobre tres premisas básicas. La primera es que las personas actúan respecto de las cosas e incluso respecto de las otras personas, sobre la base de los significados que estas cosas tienen para ellas.

De modo que las personas no responden simplemente a estímulos o exteriorizan guiones culturales. Es el significado lo que determina la acción. La segunda premisa dice que los significados son productos sociales que surgen durante la interacción. Una persona aprende de las otras personas a ver el mundo. Y la tercera premisa fundamental del interaccionismo simbólico es que los actores sociales asignan significados a situaciones, a otras personas, a las cosas y a sí mismos a través de un proceso de interpretación.

El Interaccionismo simbólico es una corriente de pensamiento microsociológica, relacionada con la antropología y la psicología social que basa la comprensión de la sociedad en la comunicación y que ha influido enormemente en los estudios sobre los medios.

El Interaccionismo simbólico se sitúa dentro del paradigma de la transmisión de la información: emisor-mensaje-receptor, junto a otras teorías como la Mass Communication Research y la Teoría Crítica. En este paradigma, la comunicación se considera instrumental, es decir, los efectos del mensaje se producen unilateralmente sin tener en cuenta a la audiencia.

Esta corriente, fundamentada al igual que las anteriores en la filosofía fenomenológica, pone énfasis en la interacción de los individuos y en la interpretación de estos procesos de comunicación. El interaccionismo simbólico, no presta mucha atención a las estructuras sociales, a los sistemas y a las relaciones funcionales, sino al mundo de significados de los símbolos dentro del cual actúan los sujetos.

El interaccionismo simbólico como un enfoque relativamente definido del estudio de la vida de los grupos humanos y del comportamiento del hombre. Parte de tres premisas básicas:

  • El ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que éstas significan para él.
  • El significado de estas cosas se deriva o surge como consecuencia de la interacción social entre los individuos.
  • Los significados se manipulan y modifican mediante un proceso interpretativo desarrollado por la persona. La interpretación supone un proceso de autointeracción.

Lo novedoso de este planteamiento reside en que no se limita a contemplar factores causales, como otras corrientes psicológicas y sociológicas, en la formación de la conducta humana, sino que señala la existencia de un proceso interpretativo personal del significado de las cosas, fruto de la interacción social que orienta la conducta.

Los conceptos sociológicos sobre la sociedad humana están, por lo general, en desacuerdo con las premisas del interaccionismo simbólico:

  • No admiten que las sociedades humanas se componen de individuos dotados de un «sí mismo». Ven a las personas como organismos que responden a las fuerzas que actúan sobre ellas: fuerzas de la estructura de la sociedad, o factores psicológicos.
  • No creen que las acciones sociales sean elaboradas por los individuos mediante un proceso de interpretación, sino que son producto de los factores que influyen sobre y a través de los individuos.
  • La organización y las modificaciones que sufre son producto de la actividad de las unidades de acción, y no de «fuerzas» que las dejan relegadas a un segundo término. Pérez N., Ramírez S., Restrepo L.M., Rodríguez, O. A., Sánchez, V. (2007).

La violencia desde el interaccionismo simbólico.

El interaccionismo simbólico como teoría interpretativa otorga vital importancia a los significados sociales que las personas asignan al mundo que las rodea. El individuo a través de la interacción está en un constante proceso de significación e interpretación del mundo, y su actuar está en relación a dichas interpretaciones y significaciones. En tal sentido, Coulon al referirse a las conductas individuales plantea:

«Para entender la conducta de un individuo, debemos conocer como percibía la situación, los obstáculos a los que creía tener que enfrentarse, las alternativas que se le ofrecían; solo podremos comprender los efectos del campo de posibilidades, de las subculturas de la delincuencia, de las normas sociales y de otras explicaciones de comportamiento, si las consideramos desde el punto de vista del actor»

Las conductas violentas de los individuos no pueden ser sancionadas y juzgadas exclusivamente en relación a las normas socialmente establecidas. El reconocimiento del individuo como sujeto de interacción (relaciones) y de significados que orientan sus acciones, implica que el tratamiento de dicha acción no queda supeditado a la sanción como respuesta a la violación de la norma.

No son las acciones violentas por si mismas las que se deben abordar en la solución de problemáticas de violencia, sino los motivos, significantes y fines de las relaciones o interacciones violentas las que se deben analizar bajo la mirada pedagógica.

Las relaciones violentas como unidad de análisis interpretativos implican acudir al individuo, a sus representaciones y significados, a sus prácticas y motivantes, a sus interacciones y relaciones ínter subjetivas. La contextualización de la acción es el paso inicial para el abordaje pedagógico de una problemática relacional. Perdomo, C.A., Cagua F. L., (2008).

La escalada que toma la violencia social que irrumpe en los establecimientos escolares obliga a revisar algunos temas; por ejemplo los sistemas disciplinarios escolares.

Está claro y es evidente que debe superar al viejo sistema de amonestaciones del siglo pasado. Pero es necesario que dé mejores respuestas que las que dan los actuales y endebles acuerdos de convivencia institucional y grupal. Las tutorías en la escuela secundaria y las asambleas de consejos de aula en la escuela primaria debieran ser herramientas eficaces para abordar los conflictos.

Estas estrategias, tutorías y consejos, deben contar con profesionales capacitados para esa tarea específica y no limitarse a ser figuras formales en un organigrama. Roles, jerarquías y autoridad deberían ser los ejes para retomar estos temas.

La escuela es la última institución social intermedia que ha quedado en pie luego de la nefasta década de los noventa. Han desaparecido otras «instituciones» dónde se socializaban los chicos: la calle, los vecinos, el club social y deportivo, la bicicleta en la calle, los amigos con la pelota en la vereda, otros.

Esto se diluyó en las ciudades y está llegando lentamente a los pequeños pueblos y comunidades del interior (en algunos lugares se mantienen). La familia, con sus conflictos estalla directamente en las organizaciones escolares que son las que reciben a los chicos apenas salen del hogar para hacer su socialización secundaria. Y al mismo tiempo la sociedad está atrapada por una gran paradoja: las organizaciones sociales vinculadas a la educación también son violentas. Por esa razón, hay que pensar si la escuela es la única referencia posible para contener estas crisis familiares. Osorio F. (2012).

Fundamentación teórica

Desde las teorías conductistas, las Teorías del condicionamiento clásico, operante y del aprendizaje social, la conducta agresiva se aprende por condicionamiento clásico (asociación de un estímulo con otro que provoca la agresión intrínsecamente), por condicionamiento operante (recompensas de la conducta agresiva, aumentan la probabilidad de su aparición) y mediante aprendizaje social (la conducta agresiva se aprende vicariamente a través de la observación de modelos reales y simbólicos). Desde esta última teoría, el comportamiento agresivo es el resultado del aprendizaje por imitación de modelos violentos.

Según el conductismo, la violencia escolar debe ser analizada como una conducta agresiva que se adquiere o desaparece en la medida que existen o no refuerzos que favorecen el despliegue de la conducta y de los castigos que apuntan a extinguirla.

Lo particular de esta conducta es que se aprende muy temprana y fácilmente cuando el niño, al ser agresivo, recibe aprobación social o puede desplazar otros estímulos que le resultan desagradables (Palomero y Fernández, 2001: 23-24).

La agresión funciona a través del condicionamiento operante. Este interroga cómo el individuo enfrenta nuevos ambientes, es decir, cómo se vincula con los elementos que son necesarios para su sobrevivencia y la de su especie.

Dado que se trata de la sobrevivencia, los comportamientos que responden a los cambios del ambiente tienen más probabilidades de desarrollarse, puesto que la sobrevivencia dependerá de ellos; esto, en consecuencia, se transforma en un reforzador de la conducta, por lo que tenderá a desarrollarse en condiciones similares, en la medida que este comportamiento también esté disminuyendo la amenaza a su sobrevivencia (Skinner, 1977).

Para Skinner, «El comportamiento agresivo puede ser innato y desencadenarse en circunstancias específicas en las cuales es plausible el valor de la sobrevivencia» (1977: 46-47). El comportamiento agresivo, se moldea o mantiene por el refuerzo que significa el daño causado al otro o porque ciertas consecuencias no directamente relacionadas con su conducta agresiva pueden reforzarlo (Skinner, 1977).

El condicionamiento considera que todo comportamiento tiene un reforzador, y que se pueden condicionar los reflejos cuando se asocian repetidamente nuevos estímulos (condicionados) con estímulos no condicionados y llegar a provocar una respuesta que en esencia, resulta similar a la que ocurrió por un estímulo no condicionado.

En cuanto a la agresividad, se puede afirmar que la principal preocupación del conductismo consiste en conocer qué reforzadores afectan al comportamiento agresivo. Sin embargo, es complicado reproducir situaciones de agresividad con el único objetivo de estudiarlo, problemas éticos lo impiden, con lo que los resultados de los experimentos que buscan enlazar el condicionamiento reflejo con la agresividad no son concluyentes (Renfrew, 2005).

No obstante, el condicionamiento operante descrito por Skinner (1953) tiene mayor facilidad para el estudio de su conexión con la agresividad, tanto en animales como en humanos. Bajo este paraguas teórico, se realizaron numerosos experimentos para explorar la posibilidad de agresión condicionada, como los estudios clásicos de Milgram (1963)

«Behavioral study of obedience» y Zimbardo (1972) «Interpersonal and dynamics in a simulated prison» extensamente citados y analizados por muchos autores desde perspectivas distintas (Fromm, 1975; Heller, 1980; Renfrew, 2005; Tobeña, 2001).

Cuando se trata de extinguir un comportamiento, se utiliza el castigo. El castigo opera cuando una persona «critica, ridiculiza, condena o físicamente ataca a otra persona» con el fin de que modifique una conducta que se considera como indebida (Skinner, 1982: 82).

El castigo tiene por finalidad inhibir una conducta que se define como no apropiada. Se funda en el supuesto que una vez castigada, la persona no desplegará el mismo comportamiento (Skinner, 1982: 83). Sin embargo, es probable que la conducta reaparezca cuando se termine o extinga el castigo (Skinner, 1982).

Debe considerarse, además, que el control juega un rol importante en esta conceptualización de la agresión. Se sostiene que el comportamiento de una persona está controlado no por ella misma; sino por su historia genética y por su historia ambiental. Además, el comportamiento humano en sí mismo se constituye en una forma de control, puesto que debe controlar el ambiente, lo que es fundamental para la sobrevivencia del individuo y la de la especie (Skinner, 1977).

Desde esta perspectiva, «Las instancias o instituciones organizadas, tales como gobiernos, religiones y sistemas económicos, y en menor grado, los educadores y psicoterapeutas, ejercen un control poderoso y, en ocasiones, penoso.

Ese control se ejerce de maneras que refuerzan muy efectivamente a quienes lo ejercen, e, infortunadamente, esto significa, usualmente, prácticas que son inmediatamente aversivas para los controlados.» (Skinner, 1977: 174).

Se han planteado diversas teorías explicativas sobre la agresividad y la violencia humanas, desde las que se intentan dar respuesta a la violencia entre pares o bullying. Desde cada modelo teórico se atribuyen factores etiológicos diferenciales, es decir explican el origen de la conducta violenta desde fundamentos muy distintos: biológicos, emocionales, cognitivos, ambientales y sociológicas. La agresividad es una potencialidad de todos los seres vivos, es un mecanismo de conservación y protección frente al peligro.

Según Cerezo (2007) los componentes de la agresividad son: factores biológicos, la edad, el nivel de activación hormonal; mayor incidencia en varones que en mujeres, factores personales; dimensiones de la personalidad con cierta propensión a la violencia, factores familiares; patrones de crianza y los modelos de interacción familiar, factores sociales; especialmente relativos a los roles asociados a cada individuo dentro del grupo, factores cognitivos; las experiencias de aislamiento social vividas, experiencias tempranas de privación social; asociación entre emocionalidad y agresividad.

Otros factores ambientales, la exposición repetida a la violencia en los medios de comunicación y en los juegos electrónicos. Dentro de todos estos factores, existe la probabilidad de una mayor incidencia en el desarrollo de conductas agresivas en los niños y niñas, las prácticas o estilos de crianza y el clima familiar.

Aunque en la actualidad la conducta se explica desde la interacción entre variables personales y ambientales, se presenta a continuación un breve resumen de las explicaciones parciales que se han aportado desde cada marco teórico epistemológico.

Fuente: http://vinculando.org/psicologia_psicoterapia/teoria-epistemologica-bullying.html

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Perros de Asistencia y su influencia en las habilidades sociales de niños con TEA

Por Maribi Pereira

Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) se caracterizan manifestándose tempranamente, y por la afectación del plano social de los niños/as que lo presentan. La interacción con perros se relaciona con efectos positivos en la salud de los niños, ya que la compañía del perro estimula habilidades comunicativas para conectarse con el mundo exterior e incluso va poco a poco quebrantando el aislamiento que los hace reacios a las formas convencionales de intervención.

En el caso de las personas con TEA, actualmente el perro es utilizado en dos tipos de tareas que podrás profundizar con el Máster en Terapia Asistida con Animales de ISEP:

Por un lado, existen los perros de terapia que se incorporan directamente en los tratamientos terapéuticos potenciando sus efectos psicoeducativos. La terapia asistida con perros favorece la atención, disminuye el estrés y ayuda a que durante la terapia las personas con el TEA mejoren en sus habilidades emocionales, sociales y comunicativas (grupo-dandelion.es, 2015. Recuperado el 30 de septiembre de 2016).

Por otra parte, existen los perros de servicio que reciben un entrenamiento especializado con el fin de responder apropiadamente ante cualquier necesidad en la vida cotidiana de los niños con TEA y de sus familias. Las funciones del perro van desde acompañar al niño en sus recorridos habituales, ayudar al niño en tareas del hogar y otras actividades que fomentan la autonomía y la responsabilidad, actuar como promotor de las relaciones sociales e intervenir físicamente si el niño sufre una crisis o se muestra ansioso, agresivo o se aísla de su entorno (www.grupo-dandelion.es, 2015. Recuperado el 30 de septiembre de 2016).

Una investigación realizada en el Centro de Investigación para la Interacción Humano-Animal de la Universidad de Missouri (E.E.U.U.), incluyó a 70 niños, de entre 8 y 18 años, que recibían atención en el Centro de Thompson para el Autismo y Trastornos del Neurodesarrollo, en Colombia. Gran parte de las familias que participaron en la investigación tenían perros y casi la mitad gatos. Otros animales domésticos incluyeron peces, animales de granja, roedores, conejos, reptiles, aves e incluso hasta una araña.

Los datos encontrados revelaron que los niños con autismo que vivían con perros en relación a los que no tenían mascotas, parecían tener mayores habilidades sociales. Asimismo, se destacó que los niños con cualquier tipo de mascota en el hogar son más propensos a involucrarse en comportamientos sociales como puede ser responder a las preguntas de otras personas.

En este sentido, los investigadores apuntaron que los animales pueden servir como catalizadores sociales. Cuando las mascotas están presentes en los entornos sociales las personas con autismo pueden intentar comprometerse más con los demás.

Volviendo a los beneficios de los perros como acompañantes de niños con TEA, también se ha comprobado científicamente que además de favorecer la interacción, los perros son grandes compañeros y ofrecen cierta seguridad. En el caso de los perros de asistencia para los pequeños con autismo (a diferencia del perro guía, que ayuda con las tareas físicas), siempre están junto a su dueño, para brindar apoyo emocional.

Sabemos que las personas con autismo a menudo no pueden filtrar la información sensorial ya que escuchan, sienten y, por lo general, no pueden ignorar o redirigir esos estímulos. Con un perro al lado de una persona con TEA, el animal puede ayudarles dándoles un punto focal o una manera de fundamentar sus experiencias ambientales.

Asimismo, la mayoría de los niños con autismo no tienen ningún concepto de la seguridad personal y pueden pasear al aire libre y lanzarse al tráfico sin prestar atención a los riesgos. Los perros de asistencia tienen la capacidad de ayudar a estas personas a cruzar la calle y aprender las normas de tránsito, evitar las fugas y posibles accidentes. Por ejemplo, un niño puede ser atado al arnés del perro para evitar cualquier accidente.

Además, la afectividad y gentileza del perro de asistencia ayuda al niño, con tan solo su presencia, a ser tolerante y emplear un lenguaje divertido con su cuerpo. A su vez, el pequeño disminuirá las conductas compulsivas. En este sentido, el perro actúa como un aliado del terapeuta con formación en terapia asistida con animales, proporcionando un ambiente de aceptación incondicional y transformando las características adversas de la situación en un ambiente afable donde se favorecen experiencias agradables, lo que promueve la motivación del niño por la terapia.

Finalmente, el perro aporta un cúmulo de sensaciones y experiencias que pueden percibirse como integradas, coherentes y basadas en una comunicación emocional fácilmente interpretable. Por ello, el animal puede servir de puente para que las personas con TEA aprendan a interpretar las situaciones comunicativas y sociales, potenciando la visión de sí mismos y del otro (empatía) y mejorando su desempeño en ellas.

El curso de terapia asistida con animales de ISEP te brinda la oportunidad de ofrecer un nuevo modelo intervención psicoterapéutica que rompe barreras y consigue lo que muchas personas no pueden, acercarse al corazón de las personas con TEA.

Fuente: http://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/perros-de-asistencia-y-su-influencia-en-las-habilidades-sociales-de-ninos-con-tea/#more-8084

Imagen: www.isep.es/wp-content/uploads/2016/10/master-terapia-asistida-con-animales-autismo.jpg

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Hambre y desigualdad

Por. Enrique Del Val Blanco

Resulta curioso que el jefe de Gobierno de la ciudad y varios gobernadores hayan acudido a reuniones con el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para hablar de los recortes que aparecen en el presupuesto.

El proyecto de Presupuesto de Egresos para el año próximo ya se encuentra en la Cámara de Diputados y seguramente está siendo objeto de análisis en las comisiones que tienen que ver con su aprobación. Todos sabemos que la fecha límite es a más tardar el 15 de noviembre.

Por lo anterior, resulta curioso que esta semana que termina, el jefe de Gobierno de la ciudad y varios gobernadores hayan acudido a reuniones con el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), para tratar sobre los recortes que aparecen en el presupuesto. Todo estaría bien, si no fuera porque la SHCP no puede modificar su proyecto ya entregado, únicamente lo pueden hacer los diputados.

A menos que, claro, se siga la tradición de que en última instancia y faltando minutos para agotar la fecha límite, sean los servidores públicos de esa secretaría quienes promuevan las modificaciones, a cambio de permitir y otorgar a los diputados algunos millones de pesos del presupuesto que se apruebe, para sus proyectos particulares y todos contentos. Es muy poco comprensible y justificable que asistan dirigentes políticos o empresarios a ver al secretario para tratar de que modifique lo que ya envió a la aprobación de la Cámara.

El mes pasado, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) realizó un cuidadoso análisis sobre el proyecto de presupuesto en los temas que le corresponden y las observaciones que elaboró confirman que hay un desprecio por el combate a la pobreza y el desarrollo social.

El documento y las cifras confirman lo anterior. Así, tenemos que en el presupuesto para programas y acciones de desarrollo social hay, en términos reales, una pérdida de 10.5 por ciento en comparación con este año. Incluso, hay nueve programas que no tienen presupuesto.

El Coneval hace una distinción de los programas prioritarios, los que a su juicio son 83. De éstos, 67 disminuyen en términos reales; es decir, casi 80 por ciento de ellos. Casos que sorprenden los tenemos en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), a la cual le reducen en 71 por ciento los recursos al Programa de Infraestructura Indígena, al compararlo con lo asignado para el presente año. En el Instituto Nacional de las Mujeres, al Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Perspectiva de Género se le reduce 48 por ciento. A la Secretaría de Salud le aplican una disminución presupuestal en ocho programas, recortes que van desde tres hasta 45 por ciento.

Y a la secretaría emblemática del combate a la pobreza, la Sedesol, le aplican reducciones al presupuesto en 14 programas prioritarios, a juicio del Coneval, los cuales van desde 2.5 por ciento hasta, el caso notorio del programa de Seguro de Vida para Jefas de Familia, al cual lo dejan con 98.8 por ciento menos de presupuesto que el asignado el año en curso. Por cierto, parece totalmente absurda tal reducción.

A la Secretaría de Educación Pública (SEP) también le dan su repasada en 10 programas, alguno de ellos con el 96.8 por ciento de recorte. En el de Escuelas de Tiempo Completo, que sirve para que los niños de las escuelas más pobres tengan acceso a comida al mediodía, le quitan 11.4 por ciento. Queda la duda de si los que ya comen podrán hacerlo el año que viene.

Con toda esta información analizada por el Consejo, la única conclusión que podemos sacar es que el gobierno ya se decidió por el crecimiento de la pobreza y la desigualdad en nuestro país, a cambio de mantener las variables macroeconómicas supuestamente controladas.

Esperemos que este documento del Coneval no genere otro enojo en el gobierno, pues lo único que se ha hecho es transparentar cuáles son las prioridades gubernamentales y olvidándose de varios de los compromisos que asumió al inicio de la administración.

La única esperanza que existe es que los diputados tomen conciencia de lo que está pasando y hagan las modificaciones necesarias para que en nuestra nación no aumenten el hambre ni la desigualdad.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/enrique-del-val-blanco/2016/10/08/1121271

Imagen: www.diariolaprimeraperu.com/online/images/2013/abril/26/eco4.jpg

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Pistas sobre la educación en el mundo (9)

Por Renato Opertti

En artículos anteriores argumentábamos sobre la necesidad de jerarquizar en las propuestas curriculares y pedagógicas el núcleo de temas que se entienden como fundamentales y transversales a los diversos niveles educativos. Uno de esos temas es la educación STEM (por su sigla en inglés: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), clave en forjar herramientas para el desarrollo sostenible y estilos de vida sostenibles.

Reiteradamente se menciona que la demanda de trabajadores calificados está estrechamente vinculada con la competencia global (Foro Económico Mundial, 2015). Más aun, se argumenta que los puestos de alta calificación y que demandan una fuerte dosis de creatividad son los menos vulnerables al riesgo de su robotización en el futuro. Por otro lado, se observa en el mundo una escasez de mano de obra en STEM, una magra representación de las mujeres en la mano de obra técnica y como investigadoras en STEM, y una tendencia a que el número de graduados en estudios universitarios en su conjunto crezca globalmente a tasas más altas que entre quienes cursan carreras STEM. A título de ejemplo, en el 2012, menos del 22% de estudiantes universitarios se graduó en carreras STEM en los países de la OECD y en los BRICS (por su sigla en inglés: Brasil, Federación Rusa, India, China y África del Sur).

A la luz de este contexto, surge pues la necesidad de fortalecer la educación STEM. Identificamos seis aspectos. En primer lugar, la enseñanza en torno a STEM debe inscribirse en una visión de desarrollo de país con metas y ruteros claros. Por ejemplo, Malasia, que es uno de los líderes mundiales en STEM, se propone como meta la creación de 1,3 millones de puestos de trabajo en las disciplinas STEM abarcando diversos sectores de la economía. Su objetivo es lograr ser un país desarrollado al 2020.

En segundo lugar, entender la educación STEM dentro de una perspectiva de cero formando parte medular de las competencias ciudadanas y de vida requeridas para un actuar informado en la sociedad. Toda persona debe tener una formación STEM que le permita entender y ser parte activa en contribuir, por ejemplo, a sostener un planeta verde por medio de ciudades y tecnologías verdes. Todo lo contrario a la opción tradicional de transmitir contenidos de las diferentes disciplinas STEM en parcelas separadas que los estudiantes encuentran difícil de ver su significación, de interrelacionarlos y de aplicarlos.

En tercer lugar, se requiere que la educación STEM se fortalezca como opción de estudio en la educación media y sobre todo en sus grados superiores. Algunos países, como nuevamente el caso de Malasia, implementan una política de cuota que tiene por objetivo que el 60% de los alumnos cursen una rama de STEM en la educación media superior (grados 10 al 12). Teniendo en cuenta las limitaciones de los enfoques prescriptivos donde la oferta direcciona la demanda, nos parece más apropiado diseñar trayectorias educativas estructuradas sobre temas que conecten con las preocupaciones de los jóvenes, como, por ejemplo, estilos de vida saludables, programación y cambio climático. Muchas veces espantamos a los jóvenes de las ramas STEM porque se les habla de las “ciencias duras” sin conexión con el mundo real. Las trayectorias por temas son una forma de efectivizar una educación de jóvenes que intenta romper con la vetusta idea de que el rol de la educación media superior es solo aprestar en contenidos para las carreras universitarias.

En cuarto lugar, la educación STEM tiene que concebirse como una estrategia pedagógica que hace hincapié en la aplicación integrada, crítica y propositiva de los conocimientos, las habilidades y los valores preconizados por las disciplinas STEM para ayudar a los estudiantes a encarar los problemas que se encuentran en el mundo real. El estudiante es un creador y aplicador de conocimientos que desarrolla sus habilidades cognitivas en interacción con los demás y actuando colectivamente.

En quinto lugar, la educación STEM requiere de una toma de conciencia general en la sociedad y en particular en comunidades, madres y padres, sobre cómo la alfabetización STEM es clave para devenir ciudadanos competentes, y como se puede promover desde edades muy tempranas la curiosidad que es motor de los aprendizajes. Espacios públicos abiertos con acceso a multiplicidad de recursos y oportunidades STEM es una de las claves de las denominadas ciudades inteligentes.

En sexto lugar, la piedra angular de fortalecer la educación STEM reside en estimular y tener docentes comprometidos, profesionales, abiertos a entender el mundo y a ver en cada niño un germen de creatividad. El docente tiene el enorme desafío de conectar los temas STEM con sus alumnos congeniando robustez y claridad en compartir conceptos e ideas con un abanico de oportunidades para que los estudiantes experimenten que lo aprendido tiene sentido para su desarrollo como personas y ciudadanos. Una educación sin sentidos apropiados no genera aprendizajes sustentables en el tiempo.

En suma, asumir la educación STEM como tema transversal de formación suma a una visión inclusiva de desarrollo, sienta bases de una alfabetización universal en STEM, impacta en direccionar los recursos humanos hacia la formación en áreas estratégicas de desarrollo y contribuye a aumentar la productividad y competitividad país.

Especialista en Educación, OIE-Unesco

Fuente: http://www.elobservador.com.uy/pistas-la-educacion-el-mundo-9-n981105

Imagen: media.elobservador.com.uy/adjuntos/181/imagenes/012/968/0012968243.jpg

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Impactos en el litoral por ecologistas en acción

África/Europa/América del Sur/Central/Octubre 2016/Ecologistas en Acción/http://ecologistasenaccion.org/rubrique198.html

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El Cambio climático es un fenómeno del que mucha gente ha oído hablar pero pocas personas podrían explicar en qué consiste, cómo evitarlo o cómo les influye. Los científicos no dudan en calificarlo como el problema más amplio y grave al que se enfrenta la humanidad, por lo que se hace muy necesario un conocimiento del mismo lo más profundo posible.

Las zonas más vulnerables al Cambio climático, por la incidencia de los impactos y por la cantidad de personas que viven en ellas, son las zonas costeras. Por ejemplo, en los 3.900 kilómetros del maltratado litoral de nuestro país, un lugar especialmente sensible por su localización, vive casi la mitad de la población, existen ecosistemas esenciales para la vida, y actividades tan importantes como el turismo y la pesca.

 

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La enseñanza inicial de la lengua escrita

Europa/España/Octubre 2016/Maria Clemente Linuesa/http://cedoc.infd.edu.ar/

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La alfabetización de toda la población a un nivel alto constituye hoy un gran reto. En los casi cuatro mil años de existencia de la escritura, leer y escribir no había sido un fenómeno generalizado como pretendemos que lo sea. Este reto no sólo es social, tiene una vertiente pedagógica muy importante: la de facilitar que millones de personas sean lectores competentes. Durante siglos se han mantenido prácticas docentes sobre la enseñanza de la lengua escrita esencialmente idénticas a las que se realizaban en Grecia, donde se inventó el alfabeto. Más allá de quienes aprendieran a leer y escribir o cuales fueran las finalidades de la lectura, lo cierto es que los métodos y formas de hacerlo se mantenían con patrones y modelos idénticos a los griegos (Clemente, 2004). Hasta el siglo XVIII no se produjeron sino pequeños cambios, que se hicieron algo más notables a principios del siglo XX, con el nacimiento de la Escuela Nueva. No obstante, esas aportaciones fueron muy intuitivas, surgidas de la visión de maestros innovadores, y muy centradas en la pugna entre los métodos: el fonético y el global. No se contaba con investigación específica en el tema de la lengua escrita. Hoy disponemos de un importante cuerpo teórico que desde diferentes enfoques ha iluminado este campo de forma notable. El conocimiento teórico que se ha derivado de la investigación sobre el aprendizaje de la lectura ha tenido un desarrollo extraordinario durante las últimas décadas. Se han conformado e incluso confrontado diversas tendencias, que desde ópticas y presupuestos particulares han intentado dar luz sobre cómo se enseña y aprende a leer, qué derivaciones prácticas podemos extraer de esas aportaciones y qué teorías son más relevantes o más adecuadas para la enseñanza.

La teoría psicolingüística Las teorías que se han desarrollado en los últimos tres decenios sobre la lengua escrita y su enseñanza han aportado un importante y sustantivo conocimiento. Sin embargo, como hemos indicado repetidamente, no podemos hablar de una teoría general al respecto, sino de aportaciones parciales sobre el tema, consecuencia de que cada una de ellas ha incidido en la indagación sobre alguno de los aspectos constitutivos de la propia lengua escrita y también de su enseñanza. Es decir, la investigación se ha centrado en alguno de los aspectos pero no en todos. Para unos, lo importante era cómo mostrar al aprendiz lo interesante que es ser lector, centrarse en los aspectos funcionales de la lengua escrita; para otros, se trataba de dar explicaciones sobre los procesos cognitivos que ocurren cuando leemos, por señalar tan sólo dos ejemplos representativos de las corrientes más conocidas. Vamos, pues, a ir desarrollando las distintas teorías. Una de las corrientes o líneas de investigación más desarrolladas y fructíferas es, sin duda, la teoría psicolingüística, que ha centrado su atención en estudiar los procesos cognitivos involucrados en la lectura, aportando modelos teóricos que permiten determinar cuáles son esos procesos, cuáles son las diferencias entre expertos y novatos e identificar qué componentes funcionan mal en aquellos individuos que muestran problemas en este aprendizaje. Todo ello bajo el supuesto de que esos procesos son idénticos en cualquier contexto, y con la convicción de que es posible analizar objetivamente al sujeto lector, obviando su medio social y la cultura a la que pertenece. Los psicolingüistas hacen del estudio del aprendizaje de la lectura su gran reto intentando responder a varias cuestiones: qué es un lector hábil (Morais, 1998), cuáles son las vías de acceso al léxico interno, qué papel juega la fonología en el aprendizaje de la lengua escrita y qué supone comprender un texto. Este conocimiento permitirá poner en marcha propuestas didácticas que ayuden a los sujetos a desarrollar esos procesos y a diseñar estrategias de intervención educativa adecuadas a los problemas reales que presentan los aprendices.

Desde el punto de vista del lector novel, este modelo tiene algunas singularidades, como por ejemplo que la vía fonológica juegue un papel predominante al inicio de la enseñanza de la lectura, en tanto el aprendiz se apropie del principio alfabético, que es lo que hace productivo al sistema mismo, y en tanto que no sea un lector avezado capaz de utilizar la vía directa de forma productiva y automática, que, dicho sea de paso, se consigue, como parece obvio, leyendo mucho. La construcción de la vía alfabética, según los estudios, sí parece necesitar mediaciones más explícitas que tienen mucho que ver con el análisis del propio lenguaje oral y con el desarrollo de ciertas habilidades metalingüísticas. Vamos a abordar este asunto con más detenimiento dada su repercusión en el tema, intentando responder a la pregunta: ¿Qué papel juegan las habilidades metalingüísticas en el aprendizaje de la lengua escrita?

En primer lugar debemos asumir que existen habilidades que permiten al sujeto centrar la atención sobre la lengua y reflexionar acerca de su naturaleza, estructura y funciones. Serían de cuatro tipos: conocimiento fonológico, conocimiento, de la palabra, conocimiento sintáctico y conocimiento pragmático. Dentro de ellas, la que más atención ha recibido por parte de los investigadores en lectura ha sido la del conocimiento fonológico, debido a la propia naturaleza de la escritura alfabética que asigna, generalmente, una representación gráfica distinta a cada fonema de la lengua. De ahí que, para dominar los procesos de lectura y escritura y hacer productivo el sistema, los niños deban aprender las correspondencias entre los sonidos individuales del lenguaje, los fonemas y las letras que representan estos sonidos (los grafemas). Para ello, deben ser capaces de centrar su atención sobre los sonidos y acceder a la fonología de su lenguaje, es decir, deben ser capaces de manipular explícitamente los segmentos fonológicos del habla. Esta habilidad se pone de manifiesto en tareas como contar fonos, invertir fonos, añadir u omitir un fono a una palabra, etc.

Uno de los primeros trabajos que demostró la relación entre el conocimiento fonológico y el aprendizaje de la lectura fue el de Liberman (1973)2 , quien encontró una correlación entre el nivel lector de niños de segundo curso de primaria y los resultados de pruebas de conocimiento fonológico pasados dos años. A este trabajo hay que añadir otros posteriores de muchos investigadores que replicaron sus investigaciones en distintas lenguas. Los estudios de tipo correlacional, denominados longitudinales, pusieron de manifiesto la existencia de una relación entre el conocimiento fonológico y el aprendizaje de la lectura, si bien el problema residía en determinar cuál es la dirección de dicha relación (conocimiento fonológico hacia lectura o al contrario) y la naturaleza de la misma. En un intento de dilucidar esta cuestión, se han llevado a cabo otro tipo de estudios, denominados estudios de entrenamiento (p.e., Bradley & Bryant 1983; Domínguez, 1996, Domínguez y Clemente, 1993), que han intentado determinar cuál es el efecto del entrenamiento en conocimiento fonológico sobre el aprendizaje de la lectura y de la escritura, demostrando que tal actividad facilita el posterior aprendizaje de la lectura y provoca diferencias en los niveles lectores alcanzados por los niños dentro de los dos primeros cursos escolares, lo cual es una evidencia clara de la existencia de un vínculo causal entre el conocimiento fonológico y el aprendizaje de la lectura.

Desde cualquier posición que analicemos el tema de la lectura, seguramente todos estaríamos de acuerdo que el acto de leer tiene como finalidad comprender un texto escrito, del mismo modo que escribir supone la capacidad de producir un texto. Pero adquirir estas capacidades es una tarea mucho más compleja de lo que pensamos. Ello está relacionado con cuestiones no sólo pedagógicas, sino también sociales, culturales y, desde luego, personales. En los últimos años se han realizado importantes avances en este campo de investigación sobre los procesos cognitivos que implica la comprensión (Sánchez Miguel, 1998; Van Dijk y Kintsch, 1983)3 . Se ha revisado críticamente la idea de que la comprensión lectora es un proceso posterior a la automatización del aprendizaje del código (Wray y Lewis, 2000; Cairney, 1992), un punto de vista más desarrollado por la línea comunicativa. Parece bastante asumido que comprender un texto implica abordar cuestiones como: el lector, el texto, las finalidades de la lectura y las ayudas necesarias. La línea psicolingüística se ha centrado especialmente en conocer los procesos cognitivos y textuales de la comprensión, en tanto que la vía comunicativa ha contemplado más las finalidades del acto de leer.

Así pues, resumiendo el modelo desarrollado dentro de la perspectiva psicolingüística, podemos decir que el proceso de comprensión supone: establecer con claridad las intenciones; actualizar los conocimientos previos del que se enfrenta al texto, e interpretar el texto, que a su vez conlleva: reconocer palabras y construir proposiciones (microestructura), construir la idea principal (macroestructura) y reconocer los tipos de texto (superestructura). La posición de la teoría psicolingüística respecto de la enseñanza es clara: conocidos los componentes de la lectura y la escritura, diseñemos programas para que el alumno se apropie y automatice esos componentes. Para algunos incluso se trataría de potenciar habilidades altamente estructuradas a partir de materiales muy específicos para llevarlas a cabo. Para otros dentro de esta línea, asumiendo que hay que trabajar habilidades que sin duda son específicas de la lectura en los sistemas alfabéticos, éstas deben realizarse dentro de contextos apropiados, e integrados en propuestas globales que tengan en cuenta otros aspectos del proceso lector (Clemente y Domínguez, 1999; Yopp y Yopp, 2000). Por poner un ejemplo muy significativo relativo a tareas específicas como las de realizar análisis fonológico, Snow y Juel (2005) subrayan que la dificultad de hacer tales tareas depende de cómo se planteen éstas, más que de una dificultad intrínseca de este componente

Esta perspectiva la constituyen algunas visiones singulares; nos referiremos a las que podrían ser las más representativas: el lenguaje integrado y el constructivismo. Incluiremos en alguna medida la perspectiva de la teoría sociocultural que participa de algunos de estos principios.e de la lectura y provoca diferencias en los niveles lectores alcanzados por los niños dentro de los dos primeros cursos escolares, lo cual es una evidencia clara de la existencia de un vínculo causal entre el conocimiento fonológico y el aprendizaje de la lectura.

Goodman (1995) sostiene que se aprende a leer y escribir como se aprende a entender y hablar de forma oral; aprender supone que el individuo realice interacciones con un medio letrado, con un entorno de materiales impresos. El niño desarrolla su aprendizaje de forma activa en un proceso de interacción con textos y según se suceden los estadios de su propia madurez para ese aprendizaje. Por tanto, se debe propiciar la espontaneidad del aprendiz y reducir al mínimo el papel del docente que debe limitarse a facilitar materiales, textos, que el niño debe explorar y, a partir de esa interacción individual con tales textos y de su propio desarrollo, el pequeño construirá ese conocimiento. Su mayor problema es la identificación que realiza entre lenguaje oral y escrito y la propuesta de que se adquieren de forma idéntica (Clemente, 1997). Con todo, lo más sorprendente es la falta de explicación acerca de cómo se aprende a leer, así como del papel que tiene el docente como mediador del aprendizaje, papel que reducen excesivamente a facilitar un contexto de materiales escritos. Dentro de una línea comunicativa, el constructivismo defiende que los niños construyen la idea de qué es la escritura a través de hipótesis y comprobaciones según sus experiencias con materiales escritos y prácticas de escritura. Ferreiro y Teberosky (1979), Ferreiro, Teberosky y Castorina (2004) y Teberosky y Tolchinsky (2004) defienden que el niño pasa por diferentes etapas para ir dominando este sistema de comunicación y resaltan la necesidad de que el pequeño aprendiz vaya creando textos tanto enumerativos como narrativos aunque sean imperfectos, que poco a poco le lleven a exponer una pequeña idea. Este proceso puede iniciarse con el dibujo, después se realizará con la escritura como forma de representación más exacta y precisa. Por lo que se refiere al aprendizaje del código, lo entienden como un proceso de descubrimiento que pasa por diferentes etapas y no parecen reconocer que deba enseñarse de forma explícita. Ambas tendencias han desaprobado tareas instructivas que tengan que ver con la enseñanza del código por considerar que esto es innecesario, que el pequeño lo descubrirá en su experiencia con la propia escritura, sin admitir que éste es precisamente el gran escollo en la mayor parte de los casos que presentan problemas serios para aprender a leer. Su fallo más notable proviene del énfasis individualista que dan al aprendiz: la idea subyacente de que los estadios son también universales (como eran los procesos en la teoría psicolingüística). La mayor ventaja de estos enfoques estaría en subrayar el valor que otorga al que aprende como sujeto activo, así como el sentido funcionalista que tendría para él este aprendizaje, lo que propiciaría una mayor significatividad. Estas teorías cargan las tintas en el aspecto intencional de la práctica, importa sobre todo el para qué, pero curiosamente se plantean de forma débil el qué, y de forma un tanto indefinida el cómo. // La perspectiva comunicativa /

Esta corriente plantea el conocimiento como un artefacto social, elaborado y sujeto a influencias del contexto socioeconómico y cultural donde se produce, por lo que se concibe como una realidad construida en el marco de una cultura. Según esto, la escritura es considerada como un invento social, cuya naturaleza es de carácter cultural, y por ello su aprendizaje tendrá lugar a partir de un proceso de interacción y ayuda de los miembros formados de una cultura a los que no lo estén. Este paso, que se denomina andamiaje, supone un auténtico proceso de mediación entre los docentes y los alumnos, hasta que éstos dominan ese conocimiento y pueden actuar de forma autónoma. Dentro de esta línea contamos con las aportaciones de Bruner (1991), quien resalta el valor de la narración oral y su relación con el aprendizaje de la lectura, así como el papel de la cultura y de los instrumentos culturales en el desarrollo de los sujetos. También con el punto de vista de Vigostky (1979) sobre el lenguaje escrito y su papel en el desarrollo de los procesos cognitivos, así como, sus pertinentes, aunque poco desarrolladas, indicaciones sobre cómo enfocarlo, planteando una transición por distintos sistemas de representación hasta llegar a la escritura. Las consideraciones más claras que extraemos de este último planteamiento frente a los anteriores son las siguientes: el conocimiento no está basado ni en una realidad objetiva, ni totalmente subjetiva, como defienden respectivamente cada una de las posiciones anteriores, sino en el consenso sociocultural; el aprendizaje de la lengua escrita está totalmente relacionado con la cultura en que esté inmerso el sujeto que aprende, es decir, con los usos y funciones que para su contexto tiene este conocimiento. Por último, se otorga al docente un papel mucho más activo y claro que, por ejemplo, en la perspectiva naturalista: éste debe proponer las tareas que el alumno debe realizar y planificarlas con todo detalle, al tiempo que propiciar actividades que el aprendiz trabaje, primero con ayuda del maestro o de sus iguales, y después autónomamente. En esta corriente el diálogo juega un papel clave y no se considera como algo introductorio y facilitador, sino como el eje del proceso de construcción del conocimiento; en este caso, de la alfabetización. Profesores y alumnos son igualmente importantes y, sobre todo, igualmente activos en el proceso. Tanto de textos de Vygotski (1979, 1982) como de Bruner (1991) extraemos ideas pedagógicas concretas que van más allá de la idea genérica y poco concreta de sumergir al pequeño en un medio letrado, como defienden las teorías naturalistas. Estas características presentan algunas desventajas o complicaciones, como, por ejemplo, que las derivaciones metodológicas que se desprenden de esa interacción entre el individuo y el contexto cultural son bastante complejas, aunque no es poco decir que éstas deben darse. /

Asumiendo los puntos de vista enunciados más arriba, la propuesta que presentamos contempla cuatro dimensiones que debemos tener en cuenta para enseñar a leer (ver figura 2). Esas cuatro dimensiones no son sucesivas, sino que deben ser entendidas como tareas que se ofertan de manera entrelazada en las aulas desde los 3 hasta los 7 años, período que consideramos de forma amplia el de la enseñanza inicial de la lengua escrita. Cada una de ellas consta de tipos de tareas que se deberían llevar a cabo, enmarcadas por o bajo la influencia de una serie de principios o aspectos contextuales que serán los marcos en que éstas adquieran sentido. Veamos cada una de ellas de forma resumida: Hace referencia al porqué y para qué leer, a los aspectos por los que nos sentimos interesados por adquirir ese instrumento que es la escritura. Se sustenta sobre todo en el punto de vista naturalista y constructivista, antes descrito. También la teoría sociocultural aporta conocimiento para dar sentido a esta dimensión, puesto que enmarca culturalmente el sentido que tiene leer y escribir en cada cultura. Se trata dar sentido a lo escrito como sistema de representación en relación con otros sistemas simbólicos, como los gestos, el dibujo y desde luego en los sistemas alfabéticos al lenguaje oral, al que representa. También en esta categoría tenemos la confluencia de la teoría sociocultural, en este caso sobre todo la idea de Vigotski (1979) acerca de los sistemas simbólicos y de la teoría constructivista que, si bien de otro modo, propugna la evolución del dibujo a la escritura.

Dimensión de aprendizaje del código Se refiere a los aspectos que tienen que ver con la comprensión de los textos en su complejidad, poniéndolos en relación con nuestro conocimiento de la realidad. En este caso también desde la psicolingüística se ha realizado una potente investigación que ha permitido comprender los procesos de comprensión textual (Kintsch, 2005). Desde la línea comunicativa se han propugnado formas de trabajo que impliquen la comprensión de la lengua escrita (Cairney, 1992; Pang, Muaka, Bernhard y Kamil, 2003). A continuación presentamos nuestra propuesta didáctica, que resumimos en la figura número 2 además de los principios que enunciaremos al final. Dimensión de comprensión lectora Figura 2 Dimensiones de la enseñanza inicial de la lectura Con las actividades o tareas de la primera dimensión pretendemos que el niño encuentre sentido al aprendizaje de la lengua escrita y aprecie las utilidades, ventajas y satisfacciones que puede encontrar si domina este lenguaje. Que capte que la lengua escrita es un sistema de comunicación que nos permite: * Escribir a personas que están lejos (cartas a niños de otros lugares, a abuelos, etc.). * Leer para otros. Oralizar un escrito (leer un cuento a niños más pequeños). Se trata de realizar tareas que lleven a valorar que aprender a leer le permitirá gozar de relatos maravillosos, tales como: * Narrar textos orales y escritos (contar cuentos, leerles cuentos). * Crear textos de forma oral y escrita entre todos o cada niño con la ayuda del maestro (dándo les apoyos como un dibujo, ofreciendo introducciones a las partes del cuento, caracterizando per sonajes, etc.). Apreciar que con la lectura podrá obtener información de los libros, de internet, para * Adquirir conocimientos (consultar libros con frecuencia para saber algo) * Seguir instrucciones (leer con ellos las instrucciones de un juego nuevo) * Recordar (escribir una nota para recordar lo que llevaremos a una excursión) // Dimensión funcional: funciones de la lengua escrita 1.1 Comunicarse con otros 1.2. Leer por placer 1.3. Obtener conocimiento e información Maria Clemente Linuesa 47 DIMENSIONES 1. ASPECTOS FUNCIONALES 2. SISTEMA DE REPRESENTACIÓN 3. ENSEÑANZA CÓDIGO 4. COMPRENSIÓN LECTORA La segunda dimensión recoge aquellas actividades que permiten ver el lenguaje escrito como un sistema para expresar nuestras ideas y deseos. Para ello se hace pasar al niño por otros sistemas de representación más primarios como son Con la tercera dimensión se pretende abordar la enseñanza explícita del sistema alfabético. Dos grandes tipos de tareas componen esta dimensión La cuarta dimensión se traducirá en tipos de actividades adecuadas para esta etapa de la enseñanza Todas las tareas que tengan que ver con formas gestuales y corporales de representación (hacer mimo, representar cuentos). Nos referimos a hacer ver al niño que la lengua oral tiene componentes y estructuras, en tres niveles: * Conciencia léxica (contar el número de palabras que tiene una frase). * Conciencia silábica: romper las palabras en unidades menores aunque no tengan significado (identificación de sílabas dentro de una palabra, contarlas, sustituir una por otra para formar una nueva palabra, añadir una sílaba para formar otra palabra posible). * Conciencia fonológica: hacer captar al niño la existencia del fonema como unidad mínima de la lengua. El mismo tipo de tareas que en la conciencia silábica, con apoyos gráficos: rodear un grafema dado, identificar todos los fonemas iguales a uno dado y otros. Enseñanza directa del código de escritura., con tareas como: * Enseñar las letras (nombrarlas, reconocerlas, escribirlas, aprender el alfabeto). * Enseñar el sistema de reglas de correspondencia grafema-fonema. * Leer, escribir, componer y copiar palabras. * Leer frases. * Lectura de textos de distintos tipos, fundamentalmente narrativos, también componer y copiar. Utilizar el dibujo como forma de representar la realidad (dibujar una historia, expresar un deseo). Entenderemos que se trabaja esta categoría cuando se propongan actividades que tengan que ver con el lenguaje oral en sus tres dimensiones: * léxico-semántico (nombrar, describir o interpretar; analizar conceptos, familias semánticas); * morfosintáctico (juegos que tienen que ver con la estructura de las frases, comprensión y uso de nexos y utilización correcta de flexiones de género, número y ciertos tiempos); * fonético (ejercicios de discriminación fonética, que no requieren ningún grado de reflexión, tan sólo de distinción entre pronunciar algo correcta o incorrectamente). // Dimensión representacional: la lengua escrita como sistema de representación // Dimensión de aprendizaje del código // Dimensión de la comprensión lectora 2.1. Juego simbólico 3.1. Habilidades metalingüísticas 3.2. Enseñanza explícita del código 2.2. Dibujo 2.3. Lenguaje oral 48 La enseñanza inicial de la lengua escrita 1. Construcción conjunta de ese aprendizaje. Implicación del profesor de manera que se puedan leer los textos y construir el significado de forma colaborativa. 2. El valor que supone que el maestro se muestre como lector. Propiciar tiempos donde el maestro y los niños lean. Hablar de los libros y de la lectura como algo placentero. 3. La utilización de textos próximos al aprendiz que le inciten a leer. Historias que le sean próximas, que le resulten familiares y sugerentes. 4. La importancia de hacer captar el valor social de ser lector y el valor personal de ser lector autónomo. Dar importancia y hablar de los que leen, de los autores, bibliotecarios. 5. La creación de espacios para la promoción del lenguaje escrito tanto en el aula, como en bibliotecas. Llenar el aula de textos escritos, libros de imágenes, cuentos, libros para consultar, acercar al niño lo escrito en general. Llevarlo a la biblioteca como actividad muy normal y cotidiana. 6. Hacer partícipe a la familia de la lectura. Traer libros a casa y llevar del colegio. 7. Promover el intercambio de libros entre los niños. Crear un pequeño fondo con los libros de cada escolar de manera que los puedan tener todos los niños. 8. Realizar salidas a bibliotecas o centros de lectura fuera del propio centro. Propiciar el interés por las bibliotecas externas al centro, incitar el uso del préstamo. Estrategias que pongan en relación lo que vamos a leer con algo ya sabido por el niño (explicar lo que se va a leer, pedir que hablen de ello). Aplicamos estrategias para abordar el texto, en varios niveles. * Microestructura: conocimiento del significado de las palabras, (reconocer palabras, trabajar el vocabulario, sobre todo el nuevo). * Macroestructura ideas principales: hacer comprender el texto en general (hacer resúmenes, dibujar lo leído, poner títulos a textos, etc). * Estructura del texto (conocer las partes de un libro, portada, titulo, índice, inventar un cuento ofreciendo como andamios estructuras como: “érase una vez”, “entonces ocurrió que”, “por lo que”…).

Descargar  aquí:

http://cedoc.infd.edu.ar/upload/La_Formacion_Docente_en_Alfabetizacion_Inicial2.pdf

Fuente :

http://cedoc.infd.edu.ar/upload/La_Formacion_Docente_en_Alfabetizacion_Inicial2.pdf

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