La próxima vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo y Economía Social ha señalado que, en un contexto de crispación política, el Diálogo Social ha sido “un valor de confianza”.
Díaz ha defendido que la modernidad significa avanzar en derechos. La digitalización y el entorno tecnológico no deben ser sinónimos de precariedad.
La reforma profunda de las Políticas Activas de Empleo implica que se conciban como un derecho de las personas trabajadoras y que se incorporen a la digitalización para hacerlas eficaces.
La ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, ha comparecido en la Comisión de Trabajo, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Congreso de los Diputados para explicar la respuesta de su departamento a la pandemia en materia laboral y la transformación de las políticas de empleo en las que trabaja el ministerio cuya acción se encamina hacia un objetivo: ”Me propongo abordar definitivamente la asignatura pendiente de la democracia en España : el trabajo decente” ha subrayado Díaz durante su exposición.
Durante la comparecencia, la titular de Trabajo y Economía Social ha destacado el valor del diálogo en tres vertientes: social, con las organizaciones sindicales y empresariales; en el ámbito territorial con las comunidades autónomas y en el ámbito político, con los grupos parlamentarios. Tal y como ha explicado la ministra, “en un momento de alta incertidumbre económica y alta crispación política, hemos sido un valor de confianza. Y la confianza es muy importante para la economía y para la gente”, ha recordado Yolanda Díaz que también ha recordado que los acuerdos han permitido proteger a millones de trabajadores y centenares de miles de empresas.
La ministra ha anunciado, además, que abordará, en los próximos meses, las reformas estructurales que necesita el mercado de trabajo en España, unas medidas que ya se han puesto en conocimiento de la Unión Europea y que ya se han puesto en marcha.
El PP acusa a la ministra de Trabajo de subir “en escalafón si se agarra bien fuerte a una coleta”
Políticas Activas de Empleo
La ministra de Trabajo y Economía Social también ha adelantado en la Cámara Baja que se dispone de una “base de acuerdo” con los agentes sociales en relación a la Estrategia de apoyo activo al Empleo y en el Programa de Garantía Juvenil Plus. “Estamos alcanzando un acuerdo para una nueva generación de políticas activas de empleo, incorporando estas políticas a la era digital para hacerlas eficaces”, ha recalcado Díaz.
La reforma profunda de estas políticas implica que se conciban como un derecho que conlleva la personalización de servicios, el diseño de itinerarios personalizados que permitan también el reciclaje profesional de los beneficiarios y la evaluación para cumplir con el mandato de la Organización Internacional del Trabajo y de la Unión Europea de promover un empleo estable, de calidad y con derechos.
Trabajo decente en el entorno tecnológico
El trayecto hacia la digitalización y la incorporación de las nuevas tecnologías en el entorno laboral supone un “viaje trascendental”, ha explicado Yolanda Díaz, “que nos dirá cómo articular una sociedad que haga compatibles el trabajo decente, la protección social y el progreso tecnológico”. En este proceso, el acuerdo sobre repartidores es un paso firme. Este viaje debe culminar en un estatuto del trabajo del siglo XXI.
Establecer un SMI que alcance el 60% del salario medio es un objetivo de esta legislatura, en la línea del mandato de las recomendaciones internacionales.
Labor de la Inspección de Trabajo
Yolanda Díaz también ha destacado el papel de la Inspección de Trabajo en la lucha contra la precariedad.
En apenas dos años de utilización masiva de la Herramienta de Lucha contra el Fraude, este organismo autónomo ha transformado más de 320.000 contratos temporales irregulares en indefinidos, una cifra histórica para la Inspección.
Fuente e Imagen: https://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/22/03/2021/yolanda-diaz-me-propongo-abordar-la-asignatura-pendiente-de-la-democracia-en-espana-el-trabajo-decente/
La reforma educativa, laboral y administrativa de Enrique Peña Nieto, de Aurelio Nuño y de los sectores empresariales partió de una lógica transitoria entre el capitalismo del siglo XX y el XXI, entre la sociedad disciplinaria y la de la aparente libertad y/o autonomía, entre la organización fabril y la organización gerencial de la escuela, entre la sicología negativa y la sicología positiva para imponer una mentalidad neoliberal, entre la política del biopoder y el sicopoder.
Fue una reforma contra los maestros, el régimen punitivo provocó su reacción negativa y por ello el sistema recurrió a la violencia externa, a los grupos policiacos y militares para la represión física, al control y la vigilancia de los cuerpos de los docentes en cuarteles, hoteles y otros espacios de encierro donde aplicaron los instrumentos de la evaluación estandarizada.
Por encima del convencimiento, del sentido positivo del régimen laboral excepcional y de la evaluación, estuvo la criminalización magisterial, la obligatoriedad para obedecer la ley y el castigo si no se hacía. Las y los profesores reaccionaron con miedo al despido o a la represión, con extrañeza e incertidumbre; algunos con disciplina; otros lo hicieron con indignación y rabia, al grado de poner el cuerpo para rechazar un sistema docente extraño al ámbito pedagógico y ajeno al derecho humano al trabajo.
La reforma educativa y también laboral de la Cuarta Transformación no deja de ser lesiva para los maestros, pero se impone con un nuevo sentido: el de la positividad. El exceso de positividad es característico de las sociedades neoliberales del siglo XXI, dicen Eva Illouz y Edgar Cabanas en su libro titulado Happycracia. La medición de los niveles de conformismo y de aceptación (a lo que por cierto el actual gobierno recurre de forma desmedida) se ha convertido en sustituto de análisis serios sobre el impacto de las políticas sociales; por ejemplo, con los datos felices sobre el éxito de Aprende en casa, queda la impresión de estar mejor que cuando las escuelas estaban abiertas, señala Rogelio Alonso (Como anillo al dedo: la SEP y la pandemia, en Educación Futura, 2/3/21).
Los ideólogos de las reformas educativas neoliberales contemporáneas comprendieron que la conciencia crítica del magisterio se anula si a los sistemas de carrera magisterial no se les presenta en su sentido negativo, ligado al castigo y al despido y, por el contrario, se plantean en sentido positivo, es decir, vinculados al mérito y al reconocimiento de los docentes. Los cuestionarios sobre el capital emocional en esta reforma educativa son parte de una propuesta hecha por los teóricos de la sicología positiva para diagnosticar el nivel de conformidad y de adaptabilidad de los trabajadores a la precariedad laboral: entre más felices más productivos.
La obediencia, el disciplinamiento y la obligatoriedad son sustituidos por la idea de iniciativa; tal es la ilusión que persigue la creación de la plataforma digital conocida como Proyecto Venus o Ventanilla Única de Servicios para el Sistema de Carrera de las Maestras y Maestros, en la que el docente decide elegir su proyecto de crecimiento personal y de autorrealización profesional, sin la mediación corruptible del sindicato y a través de una herramienta que tiene como falsa premisa la igualdad de oportunidades y la transparencia.
Por el Proyecto Venus transita lo que en realidad se esperaba: el flujo despersonalizado de la gestión del derecho a través de la digitalización de procedimientos excesivamente burocráticos y autoritarios; éstos, junto a los topes presupuestales para ampliar el universo de la promoción horizontal, por ejemplo, hacen de un primer filtro antes de poder escalar en la discriminación selectiva del mérito, que en tiempos de mercancías conceptuales del éxito se entiende como un autoproyecto de inversión económica a largo plazo al que se le debe financiar y cultivar con el patrimonio salarial propio en cursos particulares que no prometen formación pedagógica, sino capital humano para la rentabilidad de la profesión.
El problema de la crítica es que no cuestiona lo que yace de fondo en la Tiranía del mérito, dice Michael J. Sandel en su libro del mismo nombre, en este caso: que los maestros de los diferentes niveles de la educación básica y de asignaturas en secundaria son los profesionales peor pagados del país; son los únicos trabajadores sindicalizados que no tienen derecho a decidir sobre sus condiciones generales del trabajo ni a un contrato colectivo que sea velado por una representación sindical democrática; la precariedad y no los aprendizajes, igual que en la reforma de 2013, siguen siendo la ruta para la excelencia del sistema educativo.
De ahí que el resultado de la instrumentación desaseada de los nuevos procesos de carrera docente operados por la Usicamm sean la desesperación individual, la frustración en redes sociales de muchos profesores, pero no por rechazo, más bien por no poder completarlos positivamente, lo que impide que se desborde en las calles la necesidad organizada de aumento salarial y estabilidad laboral para todos. Hay por supuesto formas de organización colectiva en puerta, desde dentro y a la vez en contra, también las hay de quienes plantean tirar la reforma a la ley del sistema de carrera docente y recuperar la estabilidad laboral; en esa tónica se dio la Caravana del Sur, organizada por la CNTE.
El Centro de Resiliencia de Estocolmo desarrolló en 2009 el marco llamado “límites planetarios”, o la capacidad de la biósfera para recuperarse de perturbaciones ocasionadas principalmente por actividades humanas. Los límites planetarios son los “espacios operativos seguros” o umbrales más allá de los cuales el futuro de la humanidad y del resto de los seres vivos se pone en peligro.
Los límites planetarios son1 (1) cambio climático, (2) integridad de la biosfera, (3) acidificación de los océanos, (4) uso de agua dulce, (5) cambio en el uso de suelo, (6) ciclo del fósforo y el nitrógeno, (7) el agotamiento de la capa de ozono, (8) la carga de aerosoles atmosféricos y, (9) entidades nuevas: pesticidas, organismos transgénicos, nanomateriales y plásticos.
En 2015, una revisión mostró que cuatro de los nueve límites se han traspasado: cambio climático, integridad de la biosfera, uso del suelo, y alteración del ciclo del fósforo y el nitrógeno.
La producción agropecuaria y la deforestación ocasionan al menos 50% de los gases con efecto de invernadero que son la causa principal del cambio climático. La inmensa mayoría de estas emisiones proviene de los sistemas alimentarios industriales y comerciales.
Hemos perdido 680 especies de vertebrados y desde 1970 se redujeron en 40% las especies terrestres, 84% de especies de agua dulce y 35% de especies marinas.
La deforestación está desbordada. En 2009 el estudio de los límites planetarios indicó que deberían conservarse al menos 75 por ciento de los bosques existentes para asegurar el futuro de la humanidad, y actualmente hay menos del 62 por ciento, lo que impacta dramáticamente el clima, la seguridad alimentaria y el acceso al agua dulce. La mitad de los bosques que una vez cubrieron el planeta ya desaparecieron.
Desde 1970, la agricultura industrial es causa principal de deforestación en 46 países cercanos a los trópicos, la mayoría, de bajos ingresos. Sólo en América Latina, 42 millones de hectáreas cambiaron de bosque a tierra agrícola por la ganadería industrial, un área equivalente a la cuarta parte de México. 17 por ciento de la selva amazónica se ha perdido, y los científicos dicen que si llega al 25 por ciento, podría colapsarse irreversiblemente el pulmón terrestre más importante del mundo.
El fósforo y el nitrógeno se han sacado de lo profundo de la tierra para fabricar fertilizantes sintéticos para la producción industrial de alimentos. La presencia de estos minerales en la superficie terrestre aumentó más del doble de lo que serían sus ciclos naturales. Hay exceso de fósforo y nitrógeno en prácticamente todos los cuerpos de agua del mundo, y el daño que causan a la pesca y al clima es particularmente dramático en las costas de India, el Mar de China Meridional y el Golfo de México, que recibe escurrimientos contaminantes desde Estados Unidos.
Un tercio de los acuíferos más grandes del mundo están dañados. 17 países que son hogar de la cuarta parte de todos los habitantes del mundo sufren escasez de agua. Según las tendencias actuales, 5 mil 700 millones de personas no tendrán agua para 2050.
La producción industrial de alimentos es uno de los principales motores que empujan los límites planetarios, e irónicamente, también sufrirá las consecuencias. Pronto podría haber enormes amenazas a la productividad en muchos de los graneros del mundo. La degradación del suelo por el cultivo abusivo de tierras deforestadas, y el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas ya afecta la nutrición de 3 mil 700 millones de personas. Las variedades comerciales de plantas y razas de animales, criadas intensivamente para obtener rendimiento, uniformidad y estabilidad, son vulnerables a todas las formas de ataque ambiental. La caída drástica en la producción de alimentos se considera la mayor amenaza que presenta el cambio climático.
33% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas. 30 millones de personas empleadas en la pesca comercial y 800 millones más que practican pesca artesanal están en peligro de perder su sustento. Los ecosistemas de arrecifes, que proporcionan alimentos, medios de vida y defensas contra tormentas para 500 millones de personas en las zonas costeras tropicales, son particularmente vulnerables. Casi un tercio de los arrecifes están amenazados y todos los corales tropicales pueden perderse si aumenta la temperatura global promedio 2oC en los próximos años.
Las pérdidas de hielo de Groenlandia se multiplicaron por ocho los últimos 30 años. En 2050, 150 millones de personas vivirán bajo la marea alta.
Es crucial enfatizar que la industria, el comercio de recursos naturales y la producción de alimentos ultra-procesados están en el centro de la destrucción. Cuando nos hablan estos desastres, muchas veces quieren hacernos sentir partícipes a todos, pero son los gobiernos irresponsables, de la mano de las corporaciones, quienes toman decisiones sobre los bosques, el agua, las plantas y animales de toda la humanidad. Es el capitalismo sometiendo todos los ciclos naturales y sociales, desafiando los límites de destrucción que permiten la habitalibidad del planeta, según el ejercicio científico del Centro de Resiliencia de Estocolmo.
Necesitamos la información, aunque desnude las contradicciones en las que estamos atrapados. Consumimos electrónicos, comida procesada, automóviles. ¿De dónde viene esta imposición? ¿en qué medida? ¿cómo explicar a las generaciones que siguen el grado de destrucción que este sistema económico está dejando? Saber los límites planetarios es uno de los puntos de partida para tener futuro, para poder imaginarlo más allá del monopolio industrial del pensamiento, que nos promueve que ya no hay otra forma de existir.
* Este texto se basa en información de las investigadoras Louise Vandelac y Marie-Hélène Bacon, 2020: Planetary Boundaries and the Global Agrifood System: The Looming Environmental, Human and Social Crises, CREPPA, Université du Québec à Montréal, de próxima aparición.
Académico del INIDE, Universidad Iberoamericana Ciudad de México
Responsable Técnico de la Red Temática de Investigación de Educación Rural (RIER)
El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo Estratégico en Modelos y Políticas Educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.
El pasado 11 de febrero, Gabriel Cámara rindió protesta como nuevo director general del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe). Este organismo descentralizado del gobierno federal es el encargado de ofrecer servicios educativos de los niveles inicial, preescolar, primaria y secundaria a los niños, niñas y adolescentes de las localidades rurales más pequeñas y dispersas del país. Precisamente el 11 de septiembre de este año, el Conafe celebrará 50 años de existencia.
El haber existido por casi 50 años es un logro del Conafe, en un país donde son constantes los casos de desaparición de instituciones educativas. Un logro más, es el haber subsistido a una importante cantidad de directores que llegaron al cargo por claros criterios políticos, más que por sus conocimientos y experiencias relativos a la educación rural.
Sin duda, la designación del nuevo director en Conafe es uno de los mayores aciertos en materia educativa del actual gobierno federal. Basta recordar que el Director que antecedió en el cargo al Dr. Cámara fue señalado en diversos medios de comunicación por otorgar contratos millonarios a empresarios cercanos a su persona, por lo que fue denunciado por ejercicio abusivo de funciones, tráfico de influencias, peculado y conflicto de interés (El Norte, 2020).
Un perfil totalmente opuesto es el de Gabriel Cámara, quien cuenta con una larga experiencia relacionada con procesos educativos en los territorios rurales. Ha sido Consejero Técnico de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu); colabora en la organización civil Redes de Tutoría, la cual impulsa las estrategias pedagógicas llamadas Comunidades de aprendizaje y redes tutoras; ha fungido como asesor del propio Conafe durante la implementación de los modelos de Posprimaria Comunitaria en la década de 2000 y del actual modelo de educación comunitaria nombrado Aprendizaje Basado en la Colaboración y el Diálogo (ABCD); además de haber colaborado con telesecundarias rurales y de haber participado en procesos de formación a diversos actores educativos, incluyendo funcionarios y académicos.
Sin embargo, el Dr. Cámara llega a una institución debilitada durante la presente administración federal. A pesar de los impactos sociales y educativos que ha tenido Conafe durante varias décadas en las poblaciones que, al menos en el discurso, son el centro de atención de la 4T, su presupuesto ha pasado de poco más de 4 mil 800 millones de pesos en 2019, a alrededor de 3 mil 900 millones en 2021 (SHCP, 2021). De esta manera, los recursos públicos para atender la educación básica de los pobladores de las comunidades rurales más pequeñas y dispersas del país han disminuido casi 20% durante los últimos dos años.
Lo anterior marca el principal reto que Gabriel Cámara y su equipo enfrentarán en Conafe: la falta de recursos económicos para fortalecer las tareas del Consejo. Ya que la disminución presupuestal del Conafe es una acción regresiva, se tendría que dar a conocer tal hecho tanto en el área hacendaria federal, como en el poder Legislativo, además de la opinión pública. Podría desarrollarse una estrategia del Conafe en los ámbitos político y comunicativo para obtener un presupuesto mayor durante 2022. Dispone de abundantes argumentos para intentarlo.
Otro de los retos que enfrenta el Conafe tiene que ver con las figuras educativas que imparten la educación comunitaria. Desde sus inicios, la institución atiende los centros educativos mediante jóvenes que realizan su servicio social en las comunidades rurales. Diversos estudios y evaluaciones (Arteaga, Popoca y Juárez, 2020; RIER/INEE, 2018; Urrutia, 2014; Juárez, 2009; Ezpeleta y Weiss, 2000) han mostrado que la reducida formación didáctica de estos jóvenes servidores sociales es una limitante del funcionamiento del Consejo. A ello habría que sumar el hecho de que muchos de los docentes egresados de Escuelas Normales y UPN’s no están dispuestos a trabajar en las pequeñas y alejadas comunidades rurales que atiende Conafe.
Una alternativa para atender este asunto ha sido el firmar convenios entre Conafe y diversas instituciones formadoras de docentes, a fin de que los estudiantes realicen su servicio social o prácticas profesionales como maestros rurales. Ello permitiría incrementar el perfil educativo de las figuras que atienden las escuelas comunitarias.
Un reto más tiene que ver nuevamente con el tema presupuestal. Durante la llamada 4T se han ampliado para los jóvenes las posibilidades para obtener alguna beca. Y los recursos que otorgan tales becas son muy similares a lo que se paga a los líderes educativos del Conafe. Esta ampliación de oferta de becas ha impactado en la cantidad de jóvenes que desean ser figuras educativas del Conafe, además de que se ha incrementado su tasa de deserción (RIER/ INEE, 2018). Tendría que ser un motivo de vergüenza nacional que el gobierno federal continúe ofreciendo apoyos que apenas rebasan los $3,500 pesos mensuales a las figuras educativas que trabajan en las escuelas de las poblaciones más pequeñas y dispersas del país.
Durante varios ciclos escolares el Conafe creó una figura educativa llamada Asesor Pedagógico Itinerante (API), la cual reforzaba el trabajo pedagógico en ciertas escuelas, donde los alumnos hubiesen obtenido un bajo rendimiento escolar. Los API’s constituían la única figura con estudios profesionales que trabaja en las localidades atendidas por Conafe. Sin embargo, sin alguna explicación pública y sin mostrar razones técnicas que llevasen a tal decisión, el Conafe despareció la figura del API en 2020. Un desafío más del Dr. Cámara y su equipo en el Consejo será dar marcha atrás a tal decisión.
El último reto que deseamos destacar se relaciona con las limitaciones pedagógicas que ha mostrado el modelo educativo ABCD que utiliza el Conafe desde el ciclo escolar 2016-2017. Entre éstas, se encuentra la dificultad para aplicarlo con estudiantes de preescolar y de los primeros grados de primaria, además de que el modelo no considera estrategias para la enseñanza de la lectoescritura, lo que se suma a la necesidad de contar con diversos recursos (libros, recursos tecnológicos) que faciliten procesos investigativos en el alumnado, recursos cuya existencia es muy limitada en las escuelas comunitarias y al preocupante “olvido” que ha tenido la implementación del modelo en poblaciones de estudiantes indígenas y de jornaleros agrícolas migrantes.
Esperamos que éstos y otros temas sean abordados por las nuevas autoridades a cargo del Conafe. Los niños, niñas y adolescentes habitantes del medio rural lo merecen. Mejorar la pertinencia de la educación rural es una exigencia social y moral que ya no debería esperar por más tiempo.
Referencias
Arteaga, P., Popoca, C. y Juárez Bolaños, D. (Coords.). (2020) La Educación Rural en México. Propuestas para una política educativa integral. Ciudad de México: Universidad Iberoamericana.
El Norte (2020, 4 de julio). “Denuncian peculado en Conafe”. Monterrey. https://www.elnorte.com/denuncian-peculado-en-conafe/
Ezpeleta, J., Weiss, E. et al. (2000). Cambiar la escuela rural. Evaluación cualitativa del Programa para Abatir el Rezago Educativo. 2ª edición revisada. México: Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV.
Juárez Bolaños, D. (2009). “Educación rural en México: el caso de los cursos comunitarios”. En J. B. García Horta, y J. M. Fernández Cárdenas (eds.). Investigación, política y gestión educativa desde Nuevo León: Una aportación joven al debate nacional. México: UNESCO Comité Norte de Cooperación/ Universidad Autónoma de Nuevo León, pp. 263-286.
Red Temática de Investigación de Educación Rural- RIER e Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE (2018). Evaluación de las intervenciones públicas y programa de escuelas multigrado. https://www.inee.edu.mx/portalweb/suplemento12/evaluacion-intervenciones-y-programa-escuelas-multigrado.pdf
Secretaría de Hacienda y Crédito Público, SHCP (2021). Paquete Económico para el Ejercicio Fiscal. Años 2019 y 2021. https://www.ppef.hacienda.gob.mx
Urrutia de la Torre, F. (2014). ¿Por qué los bajos resultados del Conafe en primaria? Restricciones para el buen desempeño del Consejo Nacional de Fomento Educativo. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, XLIV(1), 47-70.
«La pandemia de angustia mental que aflige nuestros tiempos no puede ser correctamente entendida, o curada, si es vista como un problema personal padecido por individuos dañado» Mark Fisher
La redacción de este artículo es el resultado de varios meses de trabajo. Sentarse a escribir sobre ansiedad y depresión mientras la experimentas es como asomarse a un pozo interior que no sabes donde acaba -lo más probable que en otra crisis de ansiedad o ataque de pánico. Así que finalmente me decidí a hacerlo asumiendo la escritura como uno más de los muchos ejercicios de exposición que hice durante las sesiones de terapia.
Después de llevar más de medio año sufriendo episodios de ansiedad y pánico y un fuerte trastorno de angustia, no se me ocurre una mejor forma de describir esta espantosa experiencia que aquellas palabras de Antonio Gramsci que decían que vivimos en un mundo grande y terrible. Creo que los dos adjetivos que utiliza describen a la perfección como se nos presenta la cotidianeidad a las personas que padecemos síntomas ansioso-depresivos: como una realidad inabarcable que acentúa nuestra vulnerabilidad y una sensación de malestar dominada por pensamientos negativos sobre todo lo que nos rodea. Además, lo virtuoso de estas palabras es que no reflejan únicamente la percepción individual del afectado, también describe en lo que se ha convertido el mundo que habitamos en la etapa del capitalismo tardío: un caos globalizado en el que predomina el desarraigo y la incertidumbre.
Pese a que es cierto que el padecimiento de la ansiedad o la depresión se proyecta en vivencias muy personalizadas, los orígenes de mi enfermedad es probable que no difieran en gran medida de las causas que han empujado a otras personas a pasar por lo mismo. Mi vida en los últimos años, como la de la gran mayoría de la gente de mi generación, se ha convertido en una carrera de fondo repleta de obstáculos que tiene como meta la acumulación de méritos (académicos, laborales, personales, etc.). Los jóvenes ya no tenemos biografía, sino curriculum vitae. Para los que estamos buscando abrirnos paso en la academia los riesgos de padecer algún tipo de malestar mental son bastantes altos. Según un estudio publicado en la revista Nature, nada más y nada menos que un 41% de las personas que se encuentran doctorando sufren ansiedad, y un 39% depresión1. Para un análisis pormenorizado de los problemas de salud mental asociados a la investigación recomiendo encarecidamente leer el artículo El coste mental de la carrera investigadora, publicado en el diario El Salto2. Crecimos haciendo de la cultura del esfuerzo, el relato por el que se suponía que si te dejabas la piel en algo obtendrías compensación, nuestro habitus, y ahora estamos atrapados en una crisis cíclica de sacrificios sin recompensas o, a lo sumo, con recompensas poco satisfactorias. El futuro se nos presenta como una reiteración ad infinitum del pasado, la linealidad progresiva de la modernidad se ha desvanecido dejando paso a la repetición de corto plazo. No es extraño entonces que la ansiedad, cuya definición clínica es la activación desproporcionada del sistema nervioso central ante la anticipación de un escenario futuro, se haya integrado a nuestro estado de ánimo normal.
Es habitual describir la depresión o la ansiedad como un trastorno pasajero y restarles la importancia que se merece, pero la realidad, lamentablemente, es mucho más trágica y nos enseña que a estos desórdenes mentales también es necesario sobrevivir y que, además, dejan una fuerte impronta en el desarrollo posterior de la vida. Las estadísticas de suicidio entre los jóvenes nos muestran un panorama desolador. Ya en el año 2017 la tasa de suicidio en los menores de 25 años se había triplicado respecto a los inicios de 1990 -no es casualidad, como comentaba Franco Berardi «Bifo» en su libro La fábrica de la infelicidad: nuevas formas de trabajo y movimiento global (Traficantes de Sueños, 2003), que el incremento del consumo de Prozac en los 90 viniera ligado al nuevo paradigma económico del neoliberalismo. Aún no podemos medir con datos el impacto real de la pandemia sobre la salud mental de los más jóvenes, pero aún así creo que ya es posible intuir que tendrá unas consecuencias terribles nada más que hablando con los círculos de amigos más cercanos. No me cabe la menor duda de que la situación será mucho más dramática. En mi caso particular, desde que comencé a sentir los primeros síntomas ansioso-depresivos después del primer confinamiento estricto, ha habido momentos en los que he tenido la sensación de tener que hacer un esfuerzo mayúsculo para sobreponerme a la vida. Recuerdo que en varías ocasiones, familiares y amigos con las mejores intenciones, me han dicho eso de «no te preocupes, tienes toda la vida por delante», y para mi, estas palabras, más que un consuelo, resonaban como una penitencia: el vértigo brutal de tener que cabalgar por inercia hasta el final en un estado de absoluta anhedonia.
Hace tiempo que la juventud se ha convertido en una suerte de Sísifo a la inversa. Si en el mito popularizado por Camus este empuja hacia arriba una piedra muy pesada que caía antes de llegar a la cima, la tarea heroica de los jóvenes es la de sostener una losa insoportable mientras caminamos hacia abajo por una pendiente muy pronunciada y resbaladiza. El lastre que cargamos a la espalda está compuesto por múltiples factores imbricados entre sí. Uno de ellos, como comentaba más arriba, es la carrera de obstáculos laboral, pero a este se le suman muchos otros. Desde el crac financiero de 2008 hasta nuestros días, la renta de los jóvenes de entre 16 y 24 años es un 4,2% más baja. Contrariamente a lo que se podría pensar, que alcanzaría sus mínimos durante la crisis para después comenzar a crecer, o al menos se estabilizaría, los ingresos continúan en caída libre. Esto implica, además, que la brecha generacional entre los mayores de 65 y los menores de 30 es mucho mayor, ha pasado de un 8% en 2008 a más de un 28% en 20203, es decir, nos aproximamos a un abismo generacional. La pauperización de la juventud va de la mano con unos precios de los alquileres cada vez más inflados, una trayectoria creciente que únicamente ha podido ser truncada por los efectos sobre el turismo y, por lo tanto, sobre Airbnb, que ha tenido la pandemia de la COVID-19. Esta serie de factores convergen en lo que el politólogo Pablo Simón explicaba en televisión hace unos días, la diferencia de la situación actual de los menores de 35 años con respecto a las generaciones anteriores se encuentra, básicamente, en la ausencia de expectativas de futuro. Antes, al menos, se vislumbraba un horizonte. De nuevo, la linealidad de la carrera de vida ha quedado interrumpida. La cancelación del mañana tiene un rostro cada vez más visible.
Probablemente, el mayor reto que la juventud tiene por delante es el de hacer del malestar generalizado en todas sus formas una potencia política transformadora. Es importante, y este es el motivo principal por el que finalmente me decidí a escribir este artículo, que combatamos esa idea tan arraigada en el imaginario social de la enfermedad mental como un problema individual y que lo señalemos como lo que realmente es: un problema de salud pública. El estrés, la ansiedad, la depresión o el pánico entre los jóvenes es cada día que pasa más frecuente en nuestras sociedades y su normalización es el resultado de un largo proceso de privatización de la enfermedad. Además, la creciente medicalización de la vida se presenta como una consecuencia lógica de la individualización de las patologías. Unas décadas atrás, por ejemplo, cuando presentabas síntomas de estrés laboral el médico te recomendaba sindicarte, ahora, sin embargo, te receta un cóctel explosivo de ansiolíticos y antidepresivos. En el capitalismo tardío hemos sustituido los convenios colectivos por alprazolam. Al reducir toda esta serie de malestares a una perturbación del funcionamiento neurológico normal, o a un trauma vivido durante la infancia, eliminas la posibilidad de un cuestionamiento colectivo y, por lo tanto, de una transformación radical de la estructura que los produce. Parafraseando a Mark Fisher, me atrevería a decir que en tiempos de depresión generalizada la tarea de repolitizar el ámbito de la salud mental es urgente si la juventud quiere ser capaz de desafiar el realismo capitalista y construir un futuro en común.
Coordinador del Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social
Hace un año, la pandemia de covid causó que las aulas dejaran de ser un espacio para millones de estudiantes en México. La lectura y la escritura, sin embargo, se convirtió en una guarida para miles alumnos y docentes que se han tenido que adaptar a las medidas sanitarias
CHOLULA.- Sofía Alejandra Máquez Matus es una de las estudiantes de secundaria que dejó de asistir a la escuela un año atrás, cuando comenzó la Jornada Nacional de Sana Distancia. En este año complicado para millones de familias, los libros ayudaron a Sofía a superar pérdidas familiares y tristezas, y a ver la pandemia como una invitación leer todo tipo de escritos, que le ayuden a entender la realidad.
Ella considera que le afectó mucho cuando dejaron de haber clases presenciales, sin embargo ha tenido que acostumbrarse a las pantallas.
“La lectura ha sido un refugio en este tiempo de pandemia”, destaca. Incluso le gustaría tener más libros a su alcance pues ya leyó la mayoría.
“Es bonito encontrar personas de nuestra edad que les guste la lectura, no estamos solos”, dice la estudiante, que participó a finales de febrero en un encuentro de escritoras y lectoras, Leer para la vida, convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Para ella, ese encuentro fue una oportunidad de seguir la inspiración de lectura y escritura que le inculcó su familia, con la que ha podido convivir más durante la pandemia. El encuentro le sirvió y la inspiró para seguir escribiendo.
En tanto, Ana Sofía Equihua, estudiante de cuarto semestre del Colegio de Ciencias y Humanidades Sur, de la UNAM, asegura que para ella los libros son como un amigo que le enseña el mundo, sentimientos y sueños de otras personas.
«Brindan compañía en los momentos más difíciles, al igual que la escritura. Tienen en común el arropo de nuestra persona para marcarla y ayudar en nuestro crecimiento. Otorgan el regalo de la sensación colectiva, al exponer los escritos de autoría propia y ajena”.
Para ella, exponer su pasión como escritora en el primer Encuentro “Leer y escribir para la vida” le dio el impulso de comenzar a publicar sus escritos, al ver la resonancia que tuvieron en la sala virtual de preparatorias y bachilleratos.
La chica relata que el encuentro también le sirvió para darse cuenta de las distintas realidades que viven las maestras y los estudiantes en distintas comunidades escolares del país. Corroboró que si bien hay muchos estudiantes que ya quieren regresar a las clases presenciales, muchas personas no tienen las posibilidades.
Para ella, el encuentro es un buen momento para exigir a las maestras y profesores que dejen a las estudiantes explorar todas las formas de la palabra, y les dejen leer aquello que les gusta, sobre todo y otros textos que les apasionen, pero sin imponer. Describe que lo importante es provocar la curiosidad que lleva a la lectura y la expresión literaria.
Envía un mensaje a los docentes: “por favor, abran y difundan más talleres de lectura y escritura que hacen falta jardines para las letras. En las escuelas existe el taller de danza, dibujo y música, ya es momento de abrir el taller de la palabra”.
Ese encuentro ayudó a crear una comunidad en torno a la lectura y la escritura, con participantes de muchos lugares de México.
Evelyn Mariel Santiago López decidió que quiere escribir cuentos en su lengua diidxazá o zapoteca, después de participar en el encuentro. Tiene 9 años y cursa el tercer grado de primaria en la escuela Vicente Guerrero de Santa María del Tule, Oaxaca.
Sus compañeras de clase también presenciaron las sesiones de las 26 salas de diálogo que se abrieron para realizar esta “fiesta de la palabra”, como la bautizó el equipo de docentes que lo organizó. Fue todo virtual. La pandemia llevó el ingenio de los maestros a buscar modos de crear pedagogías transformadoras, como dice la maestra Tere Garduño, una de las organizadoras.
“Me gustó mucho este encuentro porque conocí a personas de otros lugares, lo que piensan y sienten sobre los libros y la lectura. También sobre cómo viven y cómo les ha afectado la pandemia. A mí me afecta porque no puedo salir a pasear o ir a visitar a mis familiares”, dice Evelyn con una sonrisa.
Durante el encuentro, las participantes intercambiaron sus escritos con personas de su mismo grado escolar pero de otras latitudes del país. Así, los docentes lograron la representación de 22 estados donde el 66% fueron estudiantes de Preescolar, Primaria, Secundaria, Preparatorias, Normales o Universidades. La categoría individual con mayor cantidad de participantes fue la de docentes, con 130, que intercambiaron sus estrategias para incentivar la lectura.
La maestra Tere Garduño es directora de la Escuela Activa Paidós. Asegura que gracias a la convocatoria de la UNAM y el esfuerzo de las comunidades escolares, lograron una articulación que conjuntó a más de 550 participantes. Hubo estudiantes, bibliotecarios, mamás, docentes, investigadores, siempre y cuando fueran integrantes de las comunidades escolares.
“Este encuentro permitió constituir una gran comunidad escritora-lectora que tejió lazos de palabras para formar un lienzo que nos cubre en estos tiempos de incertidumbre para que nunca más sintamos la frialdad de la soledad. Ha sido muy impresionante este concierto de voces que gozan de la palabra propia y ajena, que tejen historias, que escriben cartas, que se acercan al espacio”, asegura la directora de Paidós.
Y recalca: “hablamos de la palabra para transformar al mundo”.
Tere Garduño asegura que la escuela puede tener otro significado, y estos encuentros son otra manera en que la escuela acompaña y teje redes con más comunidades interesadas en la lectura y escritura, ahora más necesarias que nunca por el contexto de la pandemia de covid-19.
“Descubrimos que en muchos lugares hay periódicos murales, trípticos evistas, todo tipo de modos para comunicar a través de la escritura lectura.
De todo tipo de estrategias de lectura, librobús, mochilas viajeras, colibritos, bibliotecas autónomas”, asegura la maestra.
La importancia del intercambio de estrategias
Con más de 550 asistentes, docentes de todo el país organizaron el encuentro virtual con estrategias de lectura que han servido para canalizar las emociones y lo saberes, a un año del cierre de escuelas por la pandemia.
La maestra Sara Reyes participó en las mesas de Docentes y estrategias que usan para contagiar a estudiantes de leer y escribir. Como maestra jubilada, fue moderadora del diálogo. Asegura que el intercambio del encuentro posibilitó escuchar otras formas de leer y de escribir desde sus creadores.
Sara destaca el modo en que el encuentro implicó conocer otras formas de trabajo de docentes, identificar algunas diferencias en cuanto a los contextos escolares y visibilizar las estrategias que ya son efectivas que se pueden replicar para incentivar la lectura.
Para ella, este es un tejido necesario que se consolida una red de lectores y escritores, pues el encuentro fue posible gracias a la organización y de las comunidades escolares. Y este fue el espacio de encuentro en donde maestros y profesoras acordaron replicarlas.
Asegura que una de las conclusiones a las que llegaron es que el encuentro demostró la riqueza lingüística de las comunidades de nuestro país continúan vivas y que la labor de los docentes de esas regiones tienen un trabajo doble: por un lado enseñar el conocimiento actual y por otro rescatar el conocimiento de las comunidades.
Destaca que se escucharon el mazateco, mixteco, náhuatl, otomí, p’urépecha, totonaca y zapoteco en las diferentes salas del encuentro.
La maestra Tere Garduño asegura que ahora el compromiso es para adelante. Es ver publicados los textos de los 550 participantes, pero también continuar encontrándonos en torno a la lectura y la escritura.
¿Cómo seguir adelante con esta comunidad?, se pregunta.
La maestra asegura que los encuentros seguirán, que se construyó un espacio muy horizontal, donde además las comunidades enteras se pudieron involucrar al escuchar a sus representantes de grupo y escuela por las transmisiones en vivo por redes sociales. Esto no lo contempla lo institucional, asegura.
Para ella es muy importante el compromiso que hay desde diferentes geografías, con los estudiantes, para que puedan compartirse y verse reflejados en quienes leen y escriben.
Fuente e imagen: https://piedepagina.mx/la-lectura-ha-sido-un-refugio-en-este-tiempo-de-pandemia/
Nacer saharaui es nacer sabiendo que tienes que luchar por recuperar lo que hace 45 años les robaron a tus padres y a tus abuelos.
¿Mamá, cuándo volvemos a casa? Posiblemente, muchos de nosotros hayamos hecho esta pregunta a nuestros padres cuando éramos niños. Cuando salíamos cansados del colegio y teníamos que acompañarlos al supermercado para comprar la cena, o también cuando nos íbamos de vacaciones en elmes de agosto y queríamos disfrutar un poco más de aquella playa o aquel parque de atracciones. Muchas veces hemos querido volver a casa pronto y rápido, otras en cambio intentábamos retrasar el tiempo y disfrutar un poco más de algún momento que nosgustaba. Pero siempre acabamos volviendo, a nuestra casa, a nuestro sitio, a nuestras raíces. Porque las teníamos.
Esta pregunta no se formula en todas las partes del mundo con las mismas intenciones que se acaban de mencionar. De hecho, hay miles de niños que no saben dónde está su casa, no saben cómo es el sitio donde deberían de vivir, pero a los que se les inculca desde pequeños que algún día “volverán a casa”. Ellos y ellas, son los niños y niñas saharauis, los hijos del desierto. Aquellos que intentan sobrevivir en medio de la nada, con poca agua y con alimentación suministrada a través de la ayuda humanitaria. Aquellos que tantos años llevan siendo representantes de su pueblo. Ahora viven una guerra.
Miles de familias españolas tienen un hijo —alguien a quien consideran un hijo— en la guerra.
Yo tuve la suerte de tener una infancia feliz, nunca me faltó un plato de comida en la mesa, pude jugar con absoluta libertad y tranquilidad y desde el momento en el que llegué a este mundo tuve una identificación. Un papel, un registro en el que se reflejaba que existía. Y sí, muchas veces pregunté “¿cuándo volveremos a casa?” cuando estaba cansada o quería alargar un momento, y siempre volvía.
No puedo imaginarme a las madres saharauis contándoles a sus pequeños que aquella no es su casa. Que aquellas dunas de arena son provisionales y que en su verdadero hogar cuando subes a la cima de una de ellas, ves el mar.
Pero desde que era muy pequeña fui aprendiendo poco a poco, o mejor dicho, me enseñaron poco a poco, que todo aquello que estaba viviendo era de una niña con mucha suerte. En aquel entonces no lo entendía, para mí era “normal” que todos los niños tuviesenun plato de comida, o que pudiesen jugar tranquilos o que su nombre estuviese en algún sitio registrado y fuesen reconocidos en el mundo. Y por supuesto, que volviesen a casa. Lo más curioso, es que ahora que han pasado tantos años desde que me hacía esas preguntas a mi misma, ahora que aún a veces me las sigo planteando, aún no he encontrado las respuestas.
En los campamentos de refugiados saharauis, la mitad de la población son niños. Niños que nacen en el exilio, que juegan en aquellas calles de piedra y arena y que sueñan con ser libres algún día. Nacer saharaui es nacer sabiendo que tienes que luchar por recuperar lo que hace 45 años les robaron a tus padres y a tus abuelos.
Yo no soy madre, pero siempre he admirado mucho a las madres y la delicadeza con la que tienen que contar a sus hijos ciertas cosas para que poco a poco vayan asentándose en este mundo, muchas veces demasiado cruel. No puedo imaginarme a las madres saharauis contándoles a sus pequeños que aquella no es su casa. Que aquellas dunas de arena son provisionales y que en su verdadero hogar cuando subes a la cima de una de ellas, ves el mar. Su mar, sus playas, sus costas. La brisa de las playas de Dajla y los atardeceres rojizos desde la ciudad de Smara. Y mucho menos me explico o me imagino cómo pueden contarles que aquellas ciudades están ocupadas por alguien que no pertenece a esa tierra.
Posiblemente, incluso, intenten consolarlos diciéndoles que allí, en campamentos, están más seguros porque los niños saharauis como ellos, en aquellos territorios ocupados suelen ser acosados, insultados, boicoteados en las escuelas y castigados si llevan su bandera o algún signo de su cultura. Y yo solamente me puedo imaginar a aquellos ojos grandes, negros y brillantes que tienen los niños, perplejos, sin entender nada y posiblemente formulando esa pregunta: “Mamá ¿cuándo volveremos a casa?” Y aunque una madre siempre tenga respuesta y solución para todo, esa pregunta está aún sin resolver. Muchas de ellas lo responderán con un “pronto” que se ha alargado más de cautro décadas.
Tres generaciones de niños y niñas saharauis han nacido en el exilio, otros han sido torturados e increpados en los territoriosocupados y otros tienen que ver desde occidente cómo su pueblo sufre. La primera vez que estuve en los campamentos de refugiados saharauis, una mirada me respondió todas aquellas preguntas que de pequeña me hacía, cuando no entendía porqué no todos los niños eran como yo.
Al entrar a un hogar de una familia saharaui, una niña de unos cinco años se encontraba en la puerta de este. Ni siquiera cruzamos una palabra, únicamente la miré y me quedé enganchada a aquellos ojos grandes que tanto me estaban diciendo. Aquella niña no hablaba mi idioma y no hubiésemos podido mantener una conversación fluida, ni siquiera entendible, pero ese cruce de miradas fue suficiente para entender que yo había sido una niña privilegiada.
Tres generaciones de niños y niñas saharauis han nacido en el exilio, otros han sido torturados e increpados en los territorios ocupados y otros tienen que ver desde occidente cómo su pueblo sufre.
Aquello que yo pensaba que era normal,lo que todos llamamos derechos humanos, eran privilegios. Porque si lo que yo tenía, tengo o tendré no lo tienen otros, jamás podrá ser concebido como algo común entre todas las personas del mundo. Aquella mirada fue como un disparo directo al pecho, ya no únicamente estaba dándome cuenta de que había tenido más juguetes que aquella niña, que podía haber tenido mejor alimentación, sino de que yo había nacido libre y en mi casa, y ella no. Y sigo sin entenderlo.
Dicen que los niños mueven el mundo, que son los que revuelven conciencias y corazones, pero únicamente lo consiguen en aquellos que realmente los tienen. Más de 100.000 niños viven y siguen naciendo en medio de la nada, lejos de su país. Otros nacen en su tierra, pero tienen que rechazar su derecho a reivindicar su cultura y su libertad si no quieren ser torturados desde que son pequeños. Y ahora el pueblo saharaui es sometido a una guerra, obligado a que sus jóvenes arriesguen sus vidas por su libertad porque las personas que con posicionamientos políticos podrían evitar eso, llevan dormidas más de cuatro décadas.
Mientras, el mundo únicamente sabe del pueblo saharaui para firmar acuerdos de pesca y de energías renovables, seguir saqueando a un país ocupado y contribuir con un régimen que viola la carta de los derechos humanos de Naciones Unidas.
Pero pequeños, no sabemos cuándo volveréis a casa, pero lo haréis. Porque no tendréis libertad, pero si a muchas personas de diferentes partes del mundo luchando, junto a vuestro pueblo, por ella.
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