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El currículo oculto de “Aprende en Casa II”

 Juan Carlos Miranda Arroyo

¿Dónde aprenden las niñas y los niños a levantar la mano para hacer uso de la palabra? ¿Dónde aprenden a decir “presente” al momento en que la maestra, desde preescolar, pasa lista? ¿En qué contexto social se aprende, por primera vez, a formarse o a hacer fila y a esperar a que un adulto dé indicaciones? Esos y muchos otros episodios de vida cotidiana, se generan en la escuela, no en la familia ni en ninguna otra institución social. Ahí (la escuela) es donde se desarrolla el conjunto de aprendizajes que se requieren para sobrevivir en la vida, tanto en la escuela como fuera de ella. Son los aprendizajes que forman parte del currículo paralelo u “oculto”.

Relacionado con ello, en el año 2019 escribí un artículo sobre la aplicabilidad del concepto de currículo paralelo u “oculto”, en las prácticas docentes, hoy. (1) Ello en el contexto social de la escuela pública en época de no pandemia. ¿Qué aspectos podrían recuperarse cuando hablamos del currículo “oculto” en época de pandemia, y cómo se da su aplicación en la base del sistema educativo?

Uno de los primeros exponentes del concepto de currículo paralelo u “oculto”, P. W. Jackson (2) señala que “…el currículo oculto sirve como mecanismo de adaptación a la sociedad y consiste en una introducción a las exigencias de las relaciones sociales del trabajo… la multitud, el elogio y el poder se combinan para dar un sabor específico a la vida en el aula, y generan colectivamente un currículum oculto o paralelo al currículo formal (académico o explícito), que cada alumno y cada profesor debe dominar para desenvolverse satisfactoriamente” en el medio escolar.

Esto nos lleva a analizar al currículo escolar en dos dimensiones claramente diferenciadas: Lo académico o explícito y lo “oculto” o implícito. Si la escuela es, por definición, una institución binaria, es decir, conservadora e innovadora a la vez, los actores de los procesos educativos que entran en acción en las escuelas (sobre todo los docentes, estudiantes, directivos, personal de apoyo y responsables de las familias), tienden a preservar no sólo las tradiciones sociales y culturales, sino también las relaciones sociales escolares dominantes, que dan soporte a la vida en las instituciones educativas (los llamados patrones de la “cultura escolar”), mismos que se producen, se reproducen e invariablemente se aprenden, se “interiorizan”, se asumen o se subjetivan por parte de dichos actores.

Por esa razón, (debido a la inercia conservadora y a la reproducción de patrones culturales), la realidad de la escuela pública, al menos lo que se observa en México, muestra que no han existido cambios profundos o sustantivos en ella a lo largo de los últimos 40 años, sino que se preservan ciertas rutinas escolares que no cambian al paso del tiempo, en todos los niveles de la educación escolar.

En época de pandemia, los patrones socio culturales se crean y se recrean

Hoy, en tiempos de pandemia, la expresión ampliamente divulgada y conocida –por patética y cotidiana-, de una madre que envía un texto a la maestra de Primaria, por medio del teléfono celular, con un mensaje como el siguiente: ”Cuando tenga dinero para comprar tiempo aire, con mucho gusto le enviaré la tarea de mi niño”. Expresión que da cuenta de los aprendizajes de la vida cotidiana que están vinculados de manera orgánica con las “relaciones escolares extraordinarias” que se desarrollan con la puesta en operación, en México, del esquema “Aprende en Casa II” (AEC-II de la SEP), como dispositivo que lanzaron las autoridades educativas federales para dar continuidad a las actividades educativas del ciclo escolar 2020-2021, en curso.

Lo interesante de este desarrollo de las prácticas escolares “sin escuelas abiertas”, es que el currículo paralelo u “oculto” se crea y al mismo tiempo se recrea, en vista de los contextos, las circunstancias sociales, económicas y culturales que se viven en las comunidades educativas, cuyo avance pende sobre un hilo en un contexto de crisis sanitaria y económica prolongada (estamos en el último día del mes de noviembre de 2020 y los reportes de las autoridades de salud, indican que la pandemia no tiene fecha clara de terminación o de control).

Por otra parte, si en cada una de las escuelas del esquema AEC-II, los propios actores educativos hicieran un ejercicio de autocrítica acerca de los patrones que se reproducen o se ponen en movimiento y en contradicción en el ámbito de las actividades de aprendizaje a distancia, como parte de sus culturas escolares idiosincráticas o diversas, singulares, se obtendrían hallazgos interesantes que darían pie a alternativas o ideas para la acción, las cuales generarían cambios significativos, concretos, a fin de sustituir las prácticas educativas caducas o ajenas a las necesidades planteadas por los estudiantes y sus familias, hoy, en las actividades escolares, a distancia, dentro del esquema AEC-II.

Un eje de gestión educativa y escolar orientado hacia el cambio, por ejemplo, (que deslegitime y desmonte la lógica del “control de grupo” por parte del docente, y del “control del docente”, por parte del directivo escolar), consiste en revisar las actitudes y los valores que son asumidos como “inamovibles” o “irremplazables” en la práctica docente y directiva, los cuales se viven a través de las prácticas educativas cotidianas, que podrían de ser tomadas en cuenta para abonar a favor de dichas aspiraciones de cambio educativo (antes desde el aula; hoy desde las interacciones a distancia).

Precisamente, un caso concreto que se repite como “irreductible”, hoy, es la aplicación de exámenes de conocimientos a distancia (en la lógica de evaluar a los aprendizajes de los estudiantes como acciones ligadas a un producto y no como a un proceso complejo y multifactorial); exámenes que se complementan con la colección de “evidencias de aprendizaje” (tareas a realizar en casa, mapas de conceptos, presentaciones digitales, llenado de cuadernillos o manuales, etc.), por parte de las y los docentes en estas condiciones adversas. ¿Dónde entra aquí la noción o concepto del currículo paralelo u “oculto”? Precisamente en las prácticas paralelas, informales, que acompañan a las actividades formales del currículo académico explícito u oficialmente prescito.

En la experiencia de la educación superior y en el ámbito de la formación de profesionales de la educación, una de las rutinas que más se registran como aprendizajes paralelos que regulan y marcan el paso de las interacciones escolares a distancia, son las ausencias discontinuas o intermitentes de las y los estudiantes en las sesiones virtuales (en tiempo real o asincrónico), y por lo tanto, para participar y realizar las actividades de aprendizaje sugeridas. Esto sucede con frecuencia a pesar de que las y los estudiantes universitarios son relativamente independientes en cuanto al uso de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento. ¿Cómo se darán las intermitencias o ausencias discontinuas en la educación básica, donde las y los estudiantes son, en su mayoría, tecnológicamente dependientes?

Por ello, considero que las innovaciones educativas tendrían que pasar, primero, por la crítica a los esquemas autoritarios que prevalecen (centrados en el control de las y los estudiantes), que cambian de manera gradual o que se trasforman discretamente, esto sobre todo en la escuela pública; sin descartar la idea, como alternativa, de la autogestión, del sentido de responsabilidad social, de la fraternidad y la solidaridad entre los miembros de la comunidad educativa; una educación como espacio social y cultural que establezca los equilibrios necesarios en sus relaciones con el entorno natural y social.

Pero también, y en segundo lugar, la dinámica del cambio educativo implica el extensionismo, es decir, que no solamente se queda en el ejercicio del cambio por parte de los actores educativos principales (docentes y directivos), sino que también habrá de abarcar a los estudiantes y a los familiares de éstos, puesto que sus propias dinámicas están orientadas hacia el “no cambio” o hacia la conservación del “estado de cosas”. Y en ello también está concentrada la inmovilidad educativa.

Así, dicho esto como una primera conclusión, tanto el currículo académico como el currículo paralelo, “social” (u “oculto”), demandan de un ejercicio de autocrítica y de revisión por parte de los diferentes actores o miembros de la comunidad escolar, en un sentido amplio y profundo. Y ahora, con la pandemia, de una manera más generalizada y continua.

Sin duda existen muchos otros temas en la agenda de discusiones sobre lo que podríamos cambiar en las escuelas “desde abajo”, y no como movimientos que vienen “desde arriba”, y atender a las necesidades esenciales de las comunidades educativas. Por ello pienso que el modelo verticalista del cambio educativo, “desde arriba”, está agotado y en franca crisis o decadencia. Como alternativa, el debate que habrá de desplegarse es el que nace desde la escuela pública, como entidad social y cultural de base. Así, los actores principales de ésta habrán de discutir acerca del qué, el cómo y el por qué generar cambios en la vida cotidiana escolar; más allá incluso de las iniciativas “reformistas”, generalmente impuestas a la escuela por parte de las cúpulas políticas, económicas, culturales y sindicales, que han demostrado ser, una y otra vez (por decir lo menos), un verdadero fracaso.

Fuentes consultadas:

(1) Aprendizajes curriculares explícitos y “ocultos”, SDP Noticias.com, 23 de octubre, 2019.

(2) El término en inglés del currículo “oculto” es hidden curriculum, y se escribe entre comillas porque no hay nada oculto o escondido en él. Jackson, en 1968, decía que ese currículo había estado oculto de la investigación educativa hegemónica de los años 60´s del siglo XX. Algunas de las notas tuvieron como referencia al siguiente sitio: http://abhb.blogspot.com/p/philip-w-jackson.html

Fuente:  https://profelandia.com/el-curriculo-oculto-de-aprende-en-casa-ii/

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Opinión: La necesidad patente de la educación política

Por: Sofía García Bullé

La educación media superior no cuenta con un capítulo de transición entre la educación cívica de los niveles básicos y una formación profesional en ciencias políticas.

En artículos anteriores hemos hablado sobre el derecho básico de una educación cívica que ayude a entender cómo funciona el gobierno bajo el cual vivimos. Pero el presente año ha presentado nuevas situaciones que señalan un área de oportunidad en términos de educación para el ejercicio de la democracia. Las elecciones en Estados Unidos fueron un proceso extenuante para los ciudadanos de uno de los países más poderosos del mundo. El resto del planeta también estuvo atento de los resultados de uno de los procesos electorales más críticos en la historia estadounidense.

Tomando en cuenta lo dramático que fue el evento y su seguimiento, es importante puntualizar que en este caso, y muchos otros a nivel mundial, los aspectos sociales de los votantes influyeron igual o más que sus inclinaciones políticas. La conversación pública en torno al voto americano no se centraba en cuestiones como querer un gobierno de izquierda o de derecha, querer un paquete fiscal de impuestos, o un plan de educación específico o de salud. En Estados Unidos la gente votó con base en su postura de un plan económico frente a la presente crisis, si creían o no en la necesidad de un movimiento como Black Lives Matter, si estaban de acuerdo con la libertad de derechos reproductivos, si deseaban opciones para mitigar o cancelar la deuda estudiantil, un servicio médico universal proporcionado por el Estado, o si buscaban defender su derecho a portar armas.

En muchas ocasiones, durante la conversación circundante a las elecciones estadounidenses, el sentimiento general era que la gente votaba para elegir candidatos que defendieran sus intereses en asuntos de vida o muerte. Constantemente, la prensa y los contenidos en redes se refirieron a las elecciones como “Una batalla por el alma de Estados Unidos”, ¿cómo un proceso electoral puede volverse tan crítico?

Sin transición de educación cívica a educación política

La educación cívica de los niveles básicos va de la mano con la formación ética. A los niños se les enseñan las bases para entender de dónde vienen las leyes y reglas no escritas de la convivencia social, así como una idea fundamental de cómo funciona su sistema de gobierno. Después de esta fase, en la que aprenden sobre sus obligaciones, atribuciones y derechos como ciudadanos de sus respectivas naciones, las instancias de educación en este rubro se agotan.

Para fines de aprender y ejercer su rol en un gobierno democrático los jóvenes se enteran sobre cómo, cuándo y porqué votar de sus familias, de la prensa y de los propios candidatos a través de su publicidad y propaganda, con poca o nula formación académica en el tema.

No existe un nivel intermedio entre la educación cívica básica de primaria a secundaria y una carrera en las ciencias políticas que habilite a los alumnos para comprender los aspectos de la inclinación política, los planes de gobierno de candidatos en todos los niveles. Ante este vacío de conocimiento, jóvenes y adultos con el derecho a votar se basan en otros criterios para emitir sus votos.

La complejidad real del voto americano

Las recientes elecciones en Estados Unidos son un mapa para comprender cómo funciona el voto de un ciudadano promedio en un sistema democrático. En 2016, año en que Donald Trump consiguió su primer y último periodo presidencial, el show de variedades Jimmy Kimmel Live! realizó una dinámica en la que uno de sus corresponsales preguntó casualmente a transeúntes qué se necesitaría para que el magnate republicano perdiera su voto.

Las respuestas de los votantes republicanos dejaron una idea clara acerca de cómo se aproxima el público general a las cuestiones políticas. De acuerdo a un artículo de American Political Science Review solo el 3.5 % de los votantes americanos cambiarían su voto si el candidato que favorece hiciera o dijera algo que perjudicara la base de un sistema democrático.

Esto pudiera parecer inconcebible para ciudadanos de país con un gobierno basado en la democracia, pero el caso de Estados Unidos es muy especial. Si habláramos de México, en comparación, todos los ciudadanos de 18 años en adelante solo tienen que tramitar la credencial del Instituto Nacional Electoral para que se les dé de alta en el padrón y votar en todas las elecciones concernientes a la zona donde viven. En Estados Unidos no todos los mayores de edad con identificación tienen acceso al voto. La identificación oficial más básica del ciudadano americano, que sería la licencia de conducir, no les habilita a votar, requieren de un registro específico para poder hacerlo. Este proceso es complicado y en muchos casos no cuenta con los recursos para incluir a personas de minorías sociales y económicas.

Como resultado, solo el 64 % de los ciudadanos americanos pudieron registrarse para votar en las elecciones de 2016, y en las del presente año, el número de personas registradas y elegibles para votar fue sólo del 67 %. Esto significa que más de la cuarta parte de la población estadounidense no tiene la facultad de elegir a sus servidores públicos.

Existen otras complejidades características de la democracia estadounidense, como el colegio electoral y el voto por estado que, a diferencia de otros países, el voto que cuenta en Estados Unidos no es propiamente el individual. En las elecciones presidenciales, los estados se manejan de forma independiente y cada uno tiene una cantidad de votos diferente dentro del colegio electoral. Son estos votos los que deciden un puesto de presidencia. Por ejemplo, California tiene 55 votos, Texas 38, Florida 29; mientras que otros estados como Montana, Dakota del Norte y Wyoming solo tienen 3.

Mapa Electoral de Estados Unidos. Fuente: 11Alive

Mapa Electoral de Estados Unidos. Fuente: 11Alive

Sumado a esto, la práctica del Gerrymandering, ha sido históricamente una de las fuerzas más caóticas en tiempo de elecciones. El término se refiere a la manipulación de las circunscripciones electorales de un territorio, para favorecer o desfavorecer a un partido. A lo largo de la historia de las elecciones estadounidenses ha sido instrumental para definir elecciones presidenciales para los demócratas y republicanos en distintas ocasiones. Sin embargo, uno de los aspectos más dramáticos que pudieron verse en las elecciones americanas del presente años fueron los tiempos de votación. En Georgia, los votantes esperaron en fila aproximadamente once horas para ejercer su derecho al sufragio, Texas registró un máximo de ocho. En comparación, países como Inglaterra, Estonia, India, Nueva Zelanda y Australia promedian un rango de 1 a 10 minutos para que sus ciudadanos emitan un voto.

No todas las democracias tienen un grado de complejidad tan profundo como el del sistema americano pero mecanismo electorales como los que vemos en su sistema ponen de manifiesto la necesidad de la continuación de una educación ética hacia una educación política. Aspectos como el hecho de una exclusión de votantes que afecta desproporcionadamente a un sector social o económico, la facultad de servidores públicos de manipular límites estatales a placer para su beneficio, la dificultad extrema de muchos votantes para ejercer su sufragio, todos estos son asuntos de ética, que replican en la política y afectan directamente cómo, cuándo, por qué y en qué capacidad la gente vota. Y aún si estos problemas no se reproducen de manera idéntica en las democracias de otros países, cada sistema tiene sus situaciones endémicas a tratar.

Es por eso que una educación política que complemente la cívica es de crucial importancia para la obtención de una ciudadanía completa y un sistema democrático que funcione tanto en teoría como en la práctica. ¿Piensas que las instancias de educación política son necesarias para que los ciudadanos ejerzan sus derechos más plenamente y tengan un mejor equilibrio democrático? Cuéntanos en los comentarios.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/educacion-politica-opinion

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Las voces silenciadas de los y las estudiantes durante la pandemia

Miguel Ángel Pérez Reynoso

El contexto de pandemia que hemos vivido todos y todas de marzo de este año a estos últimos días del año 2020, nos ha dejado muchos aprendizajes que incluso ahora aún no podemos dimensionar en su justo término.

El trabajar en la distancia con formas que se han inaugurado de manera masiva bajo el mismo contexto del encierro, el aislamiento y el confinamiento; han servido para llevarnos a buscar formas flexibles en el estilo o la manera de trabajar o abordar los asuntos educativos.

El trabajar en casa frente a un monitor de computadora, en donde se ven imágenes difusas o los iconos de los y las estudiantes, ha sido la forma nueva de proceder.

Uno de los aspectos que pudieran entenderse como no tan novedoso es la voz de los docentes: “bloqueen su micrófono y activen su pantalla”. Estamos ante una serie de alumnos silenciados que deben de guardar silencio, bloquear su micrófono, para no hablar o no hacer ruido.

Este silenciamiento de los sujetos estudiantes en todos los grados y niveles educativos da cuenta de la cultura piramidal y antidemocrática que tenemos en donde solo unos pocos pueden hablar o hasta abusar de la palabra y el resto (los otros y las otras) les toca solo callar, acatar, obedecer y actuar en consecuencia. Su voz no se escucha, aparte porque aparecen ruidos extraños, interferencias, etc.

Bajo otros modelos o perspectivas pedagógicas, los cuales se basan en un esquema dialógico (Freire), cuyo principio rector es la circularidad de la palabra, todos están obligados a hablar, así como todos y todas están obligados a escuchar(se).

El ruido pedagógico incomoda en distintos espacios, por eso mismo, porque todo ruido mete ruido es decir toda estridencia en las escuelas alerta a los dueños del poder y de las decisiones.

El querer estudiantes silenciados (con el micrófono apagado, bloqueado o silenciado), es una clara muestra de los excesos unilaterales de la tarea: “solo la profesora puede hablar y los y las alumnos están destinados a escuchar”. Aunque queda un paliativo, una pequeña salida “si alguien quiere decir algo, solo active su micrófono y yo lo escucho”.

La pandemia no solo ha venido acompañada por un contexto de miedo y aislamiento, también de silencio. Es necesario idear y buscar mejores alternativas, es necesario escuchar las voces de todos y todas sobre todo los que no hablan a los que no se les escucha, los que se esconden al fondo de la pantalla o del aula de clase.

La cultura del silencio, es una paradoja, más bien estaríamos hablando de la cultura de los gritos y de la estridencia. “te hablo no solo porque tengo algo que decir, sino también te hablo porque deseo que me escuches·”. Eso dijo una estudiante de preparatoria a su maestra de Ética (sic).

Así las cosas, debemos aspirar a modelos y plataformas más interactivas, más dinámicas, en donde todos y todas puedan decir y más aún en donde todos y todas tengan acceso a la escucha y al entendimiento de todo lo que se dice.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/las-voces-silenciadas-de-los-y-las-estudiantes-durante-la-pandemia/

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Amor y desamor

Por: Sandra Russo

Falta todavía para dejar descansar en paz a Diego Maradona. Los caminos hacia ese deseo se bifurcaron esta semana, o mejor: al deseo sincero y profundo se le sumó el mercado de la información.

El deseo profundo y multitudinario es que recupere lo que quizá nunca tuvo, porque a la extrema pobreza muy pronto se le sumó la fama y luego el dinero y luego la droga y luego el dolor y luego la gloria y luego la violencia y luego el desamor.

“Quién sabe qué jugador hubiese sido si no hubiera tomado cocaína”, dijo él en 2017. Eso lo recordó el teólogo brasileño Leonardo Boff, en un texto intenso en el que afirmó que a veces las respuestas sobre la naturaleza humana no provienen ni de las ciencias ni de las religiones, sino de la literatura. El propio Boff comprendió mejor algo de la condición humana, leyendo La Ciudadela, de Saint Exupery, donde el novelista afirma que un ser humano “es un nudo de relaciones en todas las direcciones”. Es decir, escribió Boff, fue más allá de Marx: no sólo cuentan las relaciones sociales sino también las afectivas. Somos como derviches girando sobre nuestras fortalezas y nuestras debilidades, acompasándonos todo el tiempo con lo fuerte y lo débil de los demás.

Esta semana, la muerte de Diego tomó la ruta del desamor. El peor, el que se disfraza de lo contrario, el que enuncia amor pero escarba en la mercancía, el que vuelve al muerto un objeto para hacer la autopsia de su final y convertirlo en ese “liderazgo de audiencia” que parece algo decente, cuando tantas veces, en su mayoría, encubre la vileza de la cosificación del que ya no puede responder. Ese camino se abrirá pronto en otros varios, que incluirán la recreación de imágenes de Diego ya vencido y ya carente del deseo de vivir, y también los “testimonios”, cuando las y los testimoniantes estén listos para los llantos en cámara y las confesiones. Todo parecerá amor, pero será desamor, porque el amor es discreto y es guardián de la dignidad del amado.

Quien lo haya amado cuidará su memoria. Es lo que se hace con quien se ama, lo que esperamos que hagan los que nos amen. Que cuiden nuestra memoria, que nos preserven de las miradas morbosas, sepan callar lo que sólo saben porque les brindamos nuestra intimidad. Los medios trabajan sobre la pulsión de decirlo todo. Ese es su negocio y quienes trabajan en ellos viven muchas veces acríticamente esa inercia de la indiscreción y la falta de recato, porque si no se entra en ella, sostienen, uno o no es profesional o no entiende el valor de decirlo todo, de dar toda la información que se tiene. Aunque esa información consista en el relato de cómo se esforzaba Diego en llegar a un baño químico.

El otro camino del amor es el único genuino, es el que no produce la pantalla, es el que late en millones de personas en el mundo que han experimentado con la muerte de Maradona algo que además de todo lo que Diego les dio en vida, también terminarán agradeciéndole. Por eso el caso de Maradona es tan extraordinario. Porque en un momento en el que todo está descompuesto por una pandemia, asfixiado por una crisis económica brutal, confundido por la distorsión de la realidad que los neofascismos eligen como estrategia política, un día se murió Maradona y los condenados del mundo, las sirvientas de los rugbiers, los discapacitados bengalíes, los deportistas de países de nombres que no retenemos, los ancianos que recordaron sus goles y los jóvenes que vieron los videos, los sin techo y los con chalet, los machistas y las feministas, los curas que están cerca del pueblo, un abanico de etnias y edades y dialectos estalló de dolor pero no se ése que hace sufrir: es un dolor que se tramita pronto y se reconvierte en una comunión. Algo hizo Diego con su vida que provocó que su muerte diera paso a ese pan de dolor compartido por tantas personas diferentes pero enlazadas por creencias que son las de él, las que él pechó, lo lloren pero con gratitud.

Una vieja nota de la brillante psicoanalista Silvia Bleichmar, fallecida en 2007, describía en su momento la adoración argentina por Maradona. Y entre muchas otras observaciones inteligentes que sirven para entender la conmoción de su muerte, decía que si bien Maradona, como Gatica o Gardel, han sido ídolos amados por haber vencido la adversidad del origen, también amamos, en el ídolo Maradona, que nunca quiso ser lo que no fue. Se aproximó al poder, pero sólo le puso su firma al tipo de poder que le gustaba: el que defiende a los humildes. Nunca coqueteó con ser nombrado Lord, que es lo que hacen los ejércitos de desconocidos que la pegan y un día se encuentran siendo ricos y famosos y después en eso y en nada más consisten sus vidas.

“Diego era un hombre inacabado”, escribía Bleichmar. Y eso, decía, también nos hacía amarlo. Porque “no era Pelé, no era un winner”. Era un pibe genial que estaba un día en la gloria y al otro en el infierno. “Se caía y se levantaba, se caía y se levantaba”, decía Bleichmar, que veía a un pueblo que se caía y se levantaba amar a un hombre cuya inestabilidad le hablaba de sí mismo, y le daba esperanza porque era tan vital, su cuerpo era tan resistente al maltrato que le daba su mente, que su recuperación era vivida como la posibilidad de la recuperación colectiva.

Pero se murió. La ética siempre incluye ser capaz de abstenerse de algo. Siempre veo, en cualquier escena que ponga en juego una actitud ética, algo que se deja de hacer, se deja de decir, algo que se mantiene en reserva por delicadeza, para no causar daño. Todos, cuando somos leales a alguien o a algo, sabemos que hay cosas que no contaremos en público. En la dimensión del amor colectivo también existe esa discreción.

Las pantallas seguirán como siempre dando curso a un a larga autopsia intentando liderar el horario. Los pueblos lo guardarán a Diego en sus corazones, y demostrarán, una vez más, que los humildes entienden de la gratitud, que es una forma de la ética, mucho más que los profesionales de la información.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/309785-amor-y-desamor

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Curiosidades matemáticas

Por: Rodolfo Bueno 

Una paradoja es una declaración no contradictoria que contradice el sentido común, en ella se unen dos ideas opuestas que contienen una verdad oculta. Las paradojas se dan en cualquier idioma porque todo lenguaje es contradictorio.

Epiménides, filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, de quien se dice que durmió durante cincuenta y siete años seguidos, aunque Plutarco sostenga que sólo fueron cincuenta, afirmó que todos los cretenses eran mentirosos, como él mismo, que era cretense, ¿decía o no la verdad? Si lo que dice es cierto no todos los cretenses son mentirosos, porque por lo menos un cretense, él, no miente, o sea que Epiménides miente al decir la verdad; en cambio, si él miente significa que no todos los cretenses mienten, por lo que ha dicho la verdad, o sea que dice la verdad al mentir. Otra versión de esta paradoja, atribuida al filósofo griego Eubulides de Mileto, sostiene: “Si un hombre afirma que está mintiendo. ¿Dice la verdad o miente?” También es contradictoria la afirmación que sostiene, “todo lo que afirmo es mentira”.

Zenón de Elea ideó la paradoja de Aquiles y la tortuga. Aquiles decide competir contra una tortuga. Puesto que él corre rápido le da a la tortuga una ventaja inicial, pues está muy seguro de su fortaleza. Poco después de la partida, Aquiles recorre la distancia que inicialmente lo separaba de la tortuga, pero al llegar a ese lugar descubre que la tortuga ha avanzado un pequeño trecho. Sin desanimarse, sigue corriendo, pero al llegar de nuevo adonde estaba la tortuga, ésta ha avanzado un poco más. Por esa causa, Aquiles no ganará la carrera ya que la tortuga estará siempre delante de él.

Se dispara una flecha. Puesto que al mismo tiempo la flecha no puede estar en dos lugares diferentes, la flecha debe hallarse en una determinada posición, por lo que se encuentra en reposo. Por igual razón, durante los siguientes lapsos de tiempo la flecha también estará en reposo; de esta manera, la flecha estará siempre en reposo y su movimiento es imposible. Lo mismo se puede decir de cualquier cuerpo en movimiento, lo que contradice la realidad.

“Vísteme despacio, porque estoy de apuro”, dicen que le dijo Napoleón a Josefina.

“Pienso, luego existo”, escribió Descartes. Luego, si Descartes no piensa, ¿no existe?

“No hay mal que por bien no venga”, es un decir del pueblo.

Hay otras curiosidades matemáticas. En un país habitado por negros y blancos, los primeros sólo dicen la verdad y los segundo siempre mienten. Pasa una canoa y alguien que no distingue el color del canoero le pregunta: “¿Es usted negro o blanco?” La respuesta se la lleva el viento. “¿De qué color dijo que era?”, le pregunta a los dos canoeros que reman detrás. “Dijo que es blanco”, responde el blanco; “dijo que es negro”, responde el negro. ¿De qué color era el canoero? Independientemente del color del canoero, la respuesta es que el canoero era negro.

Una persona es calva si carece de pelos. ¿Qué pasa si tiene sólo un pelo? ¿Si tiene dos?, etc. En general, ¿cuándo un calvo deja de ser calvo?

El director de una cárcel decide liberar a un preso de tres condenados. Coge dos discos azules y tres rojos y sitúa al azar un disco en la espalda de cada preso, de manera que todos ven el color de los demás a excepción del suyo propio. Dejará libre al primero que acierte el color que porta. Pasado cierto tiempo, uno de los presos afirma que el color de su disco es rojo. ¿Cómo lo dedujo, si este preso es ciego?

De antemano se pide disculpas al lector creyente, de cualquier fe que tuviere, porque en este escrito no se intenta jugar con la fe de nadie, muy respetable por cierto, sino que tiene que ver con lo contradictorio que es cualquier idioma. Aclarado este pequeño e importante detalle, se continua con el tema.

Se pregunta: ¿Qué pasa si un objeto superpotente, creado por Dios, capaz de remover todo lo que obstruya su paso, choca contra un objeto inamovible, también creado por Dios? Esto es algo imposible de responder. También es contradictoria la pregunta que durante en el medioevo hacían los herejes a los creyentes: ¿Puede crear Dios una piedra tan pesada que no la pueda levantar? Si no lo puede hacer no es todopoderoso y si la puede crear tampoco lo es. Por esta otra pregunta durante la inquisición fue castigada la persona que la formuló: “¿Tuvo o no tuvo Adán ombligo?” No pudo tenerlo por no ser parido y si no lo tuvo ¿por qué nosotros, que descendemos de él, lo tenemos? También es de por sí contradictoria la idea de que existe un dios omnipotente, amoroso y bueno. Porque si le pidiera algo que sin lugar a duda es bueno y no lo puede hacer, no es omnipotente, si lo puede hacer y no lo quiere hacer, no nos ama ni es amoroso, y si lo quiere hacer y no le da la gana de hacerlo, es caprichoso, se burla de nosotros y no es bueno.

Cada ser humano tiene dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos, etc. Lo que significa que el mundo debió tener mucha más gente antes que ahora, lo que es contradictorio con lo observado y con la idea bíblica de que todos provenimos sólo de Adán y Eva.

El asno de Buridán es el protagonista de un antiguo argumento contra el racionalismo defendido por los partidarios del libre albedrío, que sostenían la posición de que cualquier decisión puede ser tomada de manera racional, y de Juan Buridán, un teólogo escolástico discípulo de Guillermo de Ocán. Para ridiculizar esta opinión, sus críticos imaginaron el absurdo de un asno que no puede elegir entre dos fajos de heno completamente iguales, en consecuencia termina muriendo de inanición. Se trata de que pudiendo comer, no come, porque no sabe, no puede o no quiere elegir qué montón es más conveniente, ya que ambos son exactamente iguales.

Para terminar se hace una pregunta bastante sencilla de responder “¿Qué edad tienen tus hijos?”, pregunta una matemática a una vieja amiga suya. Ésta le responde: “Como recuerdo que eras buena con los números te daré la respuesta a manera de problema. El producto de las edades de mis tres hijos es 36 y la suma es igual al número de ventanas de la casa de enfrente, la blanca”. La matemática, luego de contar las ventanas de la casa de enfrente, afirma: “Me falta un dato”. Ni corta ni perezosa, su amiga se lo da: “El mayor tiene un lunar en la frente”. ¿Qué edad tiene cada muchacho? La pregunta no es tan complicada de responder ahora que se tienen los datos indispensables para despejar todas las incógnitas. Las edades de los niños son 9, 2 y 2 años. Pensemos un poco. Si, por ejemplo, la matemática hubiera contado diez ventanas, habría contestado: “Las edades son 3, 3 y 4 años”, pues 3x3x4=36 y 3+3+4=10, lo mismo en los demás casos. Pero ella ha contado 13 ventanas y en este caso las edades pueden ser 2, 2 y 9, o también, 6, 6 y 1, por lo que dice: “Me falta un dato”, que su amiga le da: “El mayor tiene un lunar en la frente”, o sea, hay hermano mayor, lo que no sucede en 6, 6 y 1, pero sí en 2, 2 y 9. No era tan difícil.

*Fuente: https://rebelion.org/curiosidades-matematicas-2/

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Las 7 tendencias educativas para la nueva era

Por: Xavier Mas García

Desde el acceso masivo a internet a mediados de los años 90, la llamada transformación digital ha modificado significativamente todos los ámbitos de actividad humana.

Es así como la compra del último CD de nuestra banda de rock favorita o la descarga de los Hits del 2020 de una tienda online han dado paso a Spotify, o la saga Star Trek habita en los catálogos de Netflix y Prime Video o cómo –en un futuro no muy lejano– veremos transformarse las grandes industrias automovilísticas europeas y asiáticas en operadoras digitales gestionando la movilidad de millones de personas a través de una app y una flota de automóviles eléctricos sin conductor.

Mientras el mundo gira a una velocidad que escapa a nuestra capacidad de predicción, la educación parece tomárselo con más tranquilidad –por lo menos hasta el momento–, resguardada de los vientos de la digitalización. De hecho, pese a las incontables experiencias de innovación pedagógica llevadas a cabo por docentes y expertos educativos, mayoritariamente seguimos formando a nuestro alumnado de la misma manera que décadas atrás.

La crisis desencadenada por la Covid-19 ha sumergido al ecosistema educativo –escuelas y universidades, centros de formación, profesorado, alumnado, familias, investigadores, administración pública, empleadores y demás agentes– en una situación de excepcionalidad e incertidumbre que parece no tener fin. Con la llegada de la primera ola de la pandemia (marzo de 2020), de la noche a la mañana la red se convirtió en un auténtico bazar de herramientas, recursos de aprendizaje, experiencias y consejos de cientos de opinadores sobre tecnología educativa y aprendizaje en línea.

La segunda ola (octubre de 2020) está siendo distinta. Ahora el nuevo foco es cómo adaptar las instituciones educativas a las normativas impuestas por la emergencia sanitaria y repensar los modelos formativos para que se adapten a un escenario social y tecnológico distinto del actual. Empezamos a preguntarnos sobre el mañana.

Prácticas obsoletas frente a nuevos modelos

La evolución del ecosistema educativo a partir de esta crisis es poco previsible. Nuevos factores y retos entran en juego alterando las condiciones del entorno, estresando a sus agentes y creando nuevos nichos para ser ocupados. Algunas de las tendencias del aprendizaje previstas para el siglo XXI van a quedar obsoletas. Otras, en cambio, se verán potenciadas y se convertirán en los cimientos y materiales de construcción de nuevos modelos y prácticas educativas.

Veamos una selección con siete tendencias representativas. Son la síntesis de un análisis de distintos informes y aportaciones de expertos educativos hecho antes de la pandemia. Ahora son una invitación para preguntarnos cuáles de ellas se verán potenciadas, cuáles perderán su relevancia y cuáles formarán parte del nuevo ecosistema educativo en la era poscovid-19:

  1. Informalización del aprendizaje. Incremento del aprendizaje informal potenciado por la red y la tecnología digital. Tiene relación con el llamado aprendizaje a lo ancho de la vida referido a la interconexión de aprendizajes adquiridos en diferentes ámbitos (profesional, social, académico, lúdico, etc.). Con formas de crear y distribuir el conocimiento distintas de las del aprendizaje formal, penetra en la actividad formativa de los entornos académicos.
  2. Educación permanente. Actividad formativa a lo largo de todo el ciclo de vida de una persona. Tiene lugar tanto en ámbitos formales como informales y en contextos diferentes (laboral, académico, doméstico, etc.). La capacidad de las personas para diseñar su trayectoria formativa a lo largo de la vida y disponer de habilidades superiores para aprender en contextos digitales se considera un aspecto fundamental.
  3. Aprendizaje autodirigido. La personalización del aprendizaje es uno de los mantras más recitados por los responsables docentes y gestores formativos. Sin embargo, la verdadera personalización debe estar orientada a empoderar y capacitar a las personas para tomar sus propias decisiones con relación a su proceso formativo para aprovechar las incontables oportunidades de aprendizaje que ofrecen la red y el ecosistema educativo. En un contexto de formación a lo largo de la vida, con una tendencia creciente hacia la informalización, la capacidad de dirigir y gestionar el propio aprendizaje es crucial.
  4. Aprendizaje social. El aprendizaje social está en la base de teorías y movimientos de renovación pedagógica anteriores a la red y en numerosos enfoques y pedagogías emergentes actuales como el Aula invertida, el movimiento maker o el Pensamiento de diseño. La proliferación en los ámbitos profesionales y domésticos de aplicaciones y herramientas de computación en la nube, de comunicación o de gestión de proyectos contribuyen a la realización de experiencias educativas de corte socioconstructivista basadas en la colaboración.
  5. Deslocalización. Como ocurre con otras actividades, el aprendizaje ya no puede estar referenciado por coordenadas espacio-temporales. La conexión permanente y las aplicaciones de computación en la nube que ofrecen los dispositivos móviles permiten aprender en cualquier momento y lugar, disfrutando de las máximas prestaciones en cuanto a acceso a la información, a la comunicación y a la productividad.
  6. Automatización. Los avances en inteligencia artificial (IA) empiezan a esbozar escenarios educativos con bots y asistentes virtuales desempeñando diferentes papeles en los procesos académicos y formativos. Asimismo, la confluencia de la Analítica del aprendizaje con los algoritmos de inteligencia artificial ponen al alcance de docentes e instituciones educativas la posibilidad de personalizar el aprendizaje, diseñando de forma dinámica contenidos y actividades a medida.
  7. Liberalización de la acreditación. La irrupción de la tecnología de cadena de bloques en el ecosistema educativo abre la posibilidad de tener sistemas alternativos de reconocimiento y acreditación de competencias, habilidades y experiencias formativas sin necesidad de disponer de archivos centralizados en instituciones determinadas. Aprendizajes adquiridos en espacios informales o destrezas desarrolladas en entornos corporativos pueden ser acreditados de forma fiable, permanente y detallada.

Solo queda esperar y tratar de propiciar un cambio en la educación aprovechando el momento que estamos viviendo. Inclinarse más por una u otra tendencia no es lo importante. Lo realmente significativo es dejar atrás los planteamientos que hayan quedado obsoletos.

Fuente: https://theconversation.com/las-7-tendencias-educativas-para-la-nueva-era-149489

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México – La Red MUXED: un espacio de agencia y empoderamiento colectivo entre investigadoras educativas

La Red MUXED: un espacio de agencia y empoderamiento colectivo entre investigadoras educativas

Arcelia Martínez Bordón

Mi participación en la Red comenzó en marzo pasado, justo cuando nos vimos en la necesidad de aislarnos, guardarnos en casa, debido a la pandemia por Covid-19. Aunque el lanzamiento oficial de la Mujeres Unidas por la Educación se hizo en abril, de manera virtual, el grupo de trabajo, con sus primeras integrantes comenzó a reunirse a finales de 2019. Entonces, nadie imaginaba lo que pasaría tan solo unos meses después, ni mucho menos, que tardaríamos tanto tiempo en volver a vernos, a abrazarnos… a retornar a esa nueva normalidad tan anhelada. La vida nos ha cambiado a todas. El desempleo y la incertidumbre económica rondan en miles de hogares, sumado al duelo por la pérdida de familiares y amigos.

Han sido meses muy duros. En lo económico, en lo emocional. Para mí han sido meses de intenso trabajo, aunque no me quejo. Mi trabajo en la Ibero –en donde soy investigadora de tiempo completo, doy clases y dirijo un observatorio de políticas educativas– nunca disminuyó, pero aprendí a hacer rutinas distintas, a empezar muy temprano mi día, aprovechando que no tengo que hacer trayectos largos en el coche y en el tráfico. He atendido también muchos foros en los que me han invitado a participar para compartir mi experiencia de trabajo con docentes de distintos niveles, con quienes he tenido la oportunidad de conversar sobre su trabajo a distancia y los retos para sortear la enseñanza y el aprendizaje en estas condiciones tan inéditas.

En casa, el trabajo también se multiplicó, pero aprendí a organizarme distinto, ahora con mis hijos, todos hacemos un poco de todo. Mejoré también mis capacidades multi task: ya puedo escuchar conferencias y podcast mientras lavo los platos o cocino. En un balance, han sido meses de cambios profundos y de muchos aprendizajes. Y algo muy importante que gané en estos meses fue a un grupo importante de amigas y colegas con las que comparto intereses y, sobre todo, las ganas de hacer cosas juntas, de aportar un granito de arena para entender y mejorar la educación de nuestro país.

Conozco el valor y las potencialidades del trabajo en equipo. Sé bien que cuando las mujeres trabajamos juntas podemos ser realmente fuertes. Hace unos 20 años hice mi investigación de doctorado sobre los procesos de agencia y empoderamiento de niñas y jóvenes en el medio rural a partir del acceso al recurso educación formal gracias a las becas que recibían. Los testimonios de vida y relatos que recabé entonces daban cuenta de cómo el espacio de socialización y de compartir, en el patio y el recreo, las hacía fuertes y les ayudaba a visibilizar opciones y horizontes de vida distintos, para romper con los roles tradicionales de género, producto del aislamiento y confinamiento que ellas y sus madres vivían. Sin duda, juntas, desde niñas, somos más fuertes. En el marco de ese trabajo, primero como estudiosa de los procesos de agencia y empoderamiento, y luego en diversas experiencias de vida, he constatado la importancia de trabajar con otras personas, en este caso, entre mujeres que compartimos intereses en común. Este “poder con las demás”, que no un poder de suma cero, nos ayuda a sembrar una semilla importante de cambios tanto a nivel personal como en nuestras relaciones más cercanas. Será por eso, quizá, que me encanta trabajar con mujeres.

Pues bien, la Red de Mujeres Unidas por la Educación ha sido un espacio de enorme crecimiento, sororidad y apoyo, que actualmente congrega a más de 150 mujeres de todo el país, con diversas formaciones y lentes conceptuales: en ésta, participamos politólogas, docentes, pedagogas, sociólogas, antropólogas, economistas, feministas, abogadas… Y esta diversidad de formas de mirar al mundo, lejos de ser un obstáculo o impedirnos cooperar, nos hace más fuertes, porque nos complementamos.

En el eclecticismo y respeto por lo que cada una puede aportar hemos logrado hacer cosas valiosas: varios ciclos de conferencias y diálogos para entender y ayudar a otros a sortear el aprendizaje; un policy brief con recomendaciones para las autoridades educativas y escolares en el eventual regreso a clases; una campaña #YoTambiénMeQuedoEnlaEscuela para apoyar y ayudar a hacer conciencia sobre la importancia de que las niñas y mujeres adolescentes continúen estudiando pese a lo difícil de la situación actual; y, entre muchas otras cosas, el sitio web de El Morral (www.morral.muxed.mx), lleno de contenidos, testimonios y experiencias que pueden servir como espacio de contención y aprendizaje a maestras y maestros, padres y madres de familia e investigadores educativos.

En este trabajo colaborativo, por ejemplo, las que alimentamos el sitio El Morral nos reunimos periódicamente para compartir lo que estamos haciendo, cada una desde nuestras espacios y ámbitos profesionales, y para ver cómo potenciarlo y compartirlo.

Decía Pablo Latapí que para poder incidir en política educativa teníamos que hacernos fuertes con otros, estar dispuestos a renunciar a nuestras diferencias y ver cómo sumar juntos. Del trabajo de Don Pablo rescato la importantísima experiencia del Observatorio Ciudadano de la Educación, un espacio en donde la comunidad de investigadores educativos le preguntaba y pedía cuentas a la autoridad sobre el porqué tomaba una u otra decisión. Hoy iniciativas como el Faro Educativo, el observatorio educativo que dirijo, y la maravillosa Red MUxED de la que soy parte se convierten en esos necesarios espacios para la deliberación pública, el análisis y el planteamiento de propuestas.

La Red MUxED es un espacio plural, una Red de redes, en donde confluyen agendas, visiones, proyectos y sueños. Hoy, en el casi cierre de este 2020, un año distinto, complejo, único, celebro que decenas de investigadoras de lo educativo nos hayamos dado cita para sacarle tiempo al poco tiempo que nos deja la pandemia –luego de resolver lo indispensable– para escucharnos, debatir y juntas encontrar y proponer soluciones. La conformación de la Red y el trabajo hecho en estos meses es un botón de muestra, de las bondades y frutos del trabajo en equipo.

Para adelante, una vez superada la situación de encierro, tendremos que hacer balances, plantear nuevas y renovadas discusiones y debates, reformular y hacer nuevas preguntas a las autoridades, inventar nuevas formas para poner un granito de arena. Hoy, estoy convencida, es tiempo de construir puentes entre las investigadoras educativas, para a partir de esta agencia y empoderamiento colectivo, potenciar nuestra capacidad de incidencia.

https://www.muxed.mx/post/la-red-muxed-un-espacio-de-agencia-y-empoderamiento-colectivo-entre-investigadoras-educativas

  • Arcelia Martínez Bordón es integrante de MUxED. Doctora en Política por la Universidad de York, Reino Unido. Analista y evaluadora de políticas educativas. Académica de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Twitter: @arceliambordon

Fuente de la Información: http://www.educacionfutura.org/la-red-muxed-un-espacio-de-agencia-y-empoderamiento-colectivo-entre-investigadoras-educativas/

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