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Profesiones de lo humano: docentes y personal de salud ante el Covid-19

Por: Pluma Invitada

En meses pasados, los investigadores rastrearon las repercusiones del confinamiento, provocado por el Covid-19, en la expansión del tele-trabajo. Se centraron en la productividad de los trabajadores que bascularon hacia esa modalidad, de manera brusca, y en sus ventajas y desventajas, en situación de pandemia. Analizaron el cumplimiento de las obligaciones laborales, el respecto de los derechos de los trabajadores y las afectaciones psicológicas a la vida familiar y personal, acarreadas por esa coyuntura. En vísperas de la reanudación de actividades presenciales, en las profesiones esenciales y, luego, en las “no –esenciales”, abordaron el derecho humano a quedarse en casa para no arriesgar la salud, por lo menos en los sectores que tenían la posibilidad (legal y económica) de elegir hacerlo.

En paralelo, los especialistas se interesaron en profesiones cuyos integrantes no sólo no suspendieron labores sino que soportaron cargas profesionales duplicadas. Las estadísticas muestran que el personal de salud y los trabajadores encargados del mantenimiento de las infraestructuras hospitalarias no sólo no se quedaron en su casa sino que incrementaron, más allá de sus horarios contractuales, sus tiempos de permanencia en el trabajo para cuidar a los pacientes. Pagaron un precio excesivo por su dedicación y sufrieron porcentajes de defunción superiores al promedio, en una coyuntura de ausencia de reconocimiento social a sus compromisos.

Los docentes, por su parte, se encuentran en una situación ambigua. Ellos, como los médicos y enfermeros, son trabajadores “esenciales” para garantizar el funcionamiento “normal” de gran parte de la sociedad. Gracias a que atienden a los alumnos en los espacios escolares, los familiares de los jóvenes pueden trabajar, con cierta tranquilidad. Pero, a diferencia del personal de salud, durante el medio año que acaba de transcurrir, los profesores dejaron de ocuparse directamente de los niños.
La decisión de la Secretaria de la Educación Pública (SEP) de cerrar tempranamente de las escuelas y no reabrirlas en agosto, los llevó en efecto a “abandonar” las instalaciones educativas y, desde sus casas, a experimentar prácticas a distancia de atención a los alumnos. En encuestas y pronunciamientos, opinaron que la enseñanza no presencial fue una solución de sustitución, útil transitoriamente y en condiciones excepcionales. Advirtieron que no debía representar un cambio irreversible ya que su adopción, definitiva y en amplia escala, supondría reformular los principios éticos de una profesión que, como las de la salud, se define como “una profesión de lo humano”. Todas las que se ubican en esa categoría, según los sociólogos del trabajo, enfatizan, como sus ejes organizativos esenciales, las interacciones permanentes con los otros, las modalidades colectivas de realización de tareas y una adhesión fuerte a una vocación de servicio.

Esa autodefinición indica que, para reanudar la docencia presencial añorada por igual por prestadores, usuarios indirectos y beneficiarios directos, no bastan soluciones técnicas y reglamentarias. Urge negociar compromisos con los sindicatos, las asociaciones académicas, los desesperados madres y padres de familia, que batallan a diario por sentar a sus hijos ante la televisión en los horarios de transmisión de los cursos, supervisar su desempeño y llenar las bitácoras de evidencia y los alumnos (grandes ausentes en los diagnósticos sobre las rutas de salida de la crisis),

Además, cuando vuelvan a encontrarse cara a cara los sujetos colectivos que animan la vida escolar, tomando en cuenta las exageradas tasas de mortalidad de médicos y enfermeras, será preciso que todos obtengan una protección sanitaria adecuada y respecten los lineamientos para la convivencia en los ámbitos educativos. Para evitar que las escuelas sean “clusters” de contagio, habrá que disponer de una cantidad de “tests”, suficiente para medir oportunamente contagios de doble vía, de los docentes y otras categorías de personal hacia los alumnos y vice-versa. Habrá que contar con capacidades instaladas de tratamiento de las muestras para que los laboratorios de análisis clínicos entreguen expeditamente resultados. Es en efecto indispensable asegurar un control de las cadenas de transmisión de la enfermedad en las instalaciones educativas, que abarque todo el país y todos los tipos de escuelas.

En otras palabras, urge planear el regreso a clases simultáneamente en los niveles intra- y extraescolares, aunque no se haya fijado todavía fechas de reocupación de las aulas, y hacerlo de manera previamente concertada. Considerando lo que todavía se desconoce sobre la enfermedad y los alcances de las vacunas, pensar que, en automático, el semáforo verde garantizará un regreso terso a la escuela o la universidad es ilusorio. Partir de las dimensiones humanas que se entrecruzan en y en torno a la profesión docente para identificar las esperanzas y los miedos subyacentes a las propuestas de reapertura escolar y responsabilizar a los actores involucrados en ella, son, por tanto, estrategias susceptibles de aminorar un riesgo, que todos desearíamos dejar atrás pero que, desgraciadamente, sigue presente (y lo seguirá estando por largo tiempo).

Fuente: http://www.educacionfutura.org/profesiones-de-lo-humano-docentes-y-personal-de-salud-ante-el-covid-19/

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Escuela y covid-19: llega la hora de los ‘edutubers’

Por: Nacho Meneses

La incertidumbre que rodea la vuelta a clase en medio de la pandemia favorece un perfil de docente más innovador y participativo: el de los profesores ‘youtubers’

Incorporar la tecnología en el aula dejó de ser una opción el pasado mes de marzo, cuando la pandemia de coronavirus provocó el cierre repentino de los centros educativos en España y en muchos otros países. Con más o menos fortuna, y en cuestión de días, los docentes tuvieron que encontrar la mejor manera de seguir dando clase a distancia, echando mano de las herramientas tecnológicas a su alcance: plataformas como Zoom, Google Classroom, Microsoft Teams… y YouTube, un recurso recurrente en el aprendizaje de los internautas. Según datos de Google, siete de cada diez usuarios de la plataforma la utilizan para aprender, y si en enero y febrero se subieron 300 vídeos en todo el mundo con las palabras “enseñanza a distancia” en el título, solo en marzo ese número superó los 23.000. Meses después, y cuando arranca el año académico en medio de fuertes medidas de seguridad para contener el número de contagios, la tecnología es ya una herramienta esencial para los educadores, los alumnos y sus familias.

En este contexto de incertidumbre por cómo se desarrollará el nuevo curso, la figura de los edutubers, o educadores por YouTube, cobra una relevancia especial. Canales educativos con años de experiencia como Unicoos, del profesor David Calle (1,4 millones de seguidores que aprenden con él matemáticas, física, química y tecnología); La cuna de Halicarnaso, del profesor de Historia y Geografía José Antonio Lucero (150 mil) o AntonioProfe, del andaluz Antonio Pérez (26.900 estudiantes de Física y Química), marcan el camino de un estilo de enseñanza interactivo y participativo, basado en un modelo de aula invertida (o flipped classroom) que se adapta sin problemas al tipo de enseñanza que se necesite en cada momento, ya sea cara a cara, semipresencial o a distancia.

“Ahora todo el mundo está preocupado por una vuelta segura a las clases, y eso está genial, pero no se está hablando de qué cambiamos, de qué forma diferente debemos afrontar las lecciones, o de cómo conseguir que los alumnos se impliquen y participen en las videoconferencias”, reflexiona Calle en voz alta. Para este profesor, falta tanto formación como recursos por parte de las administraciones educativas, para que los docentes puedan abordar su docencia digital con todas las garantías.

No se trata solo de mandar vídeos

Todos los docentes consultados coinciden en un punto: dar clase por Internet no es simplemente mandar una lista de 50 o 100 vídeos a tus alumnos, ni conectarse a una videoconferencia para hacer exactamente lo mismo que harías en el aula. “Hay que cambiar el qué se enseña y el cómo se enseña, tratando de introducir dinámicas diferentes para motivarles e implicarles en otras iniciativas que les interesen, porque si no… Si ya en clase se te duermen, imagínate a las nueve de la mañana en su casa”, sostiene Calle. En el modelo de aula invertida, los estudiantes ven el contenido por su cuenta antes de clase, de manera que el tiempo que pasan con el profesor se emplea para contestar preguntas y realizar actividades colaborativas.

“Yo no explico en el aula”, confiesa Antonio Pérez, profesor de Física y Química de ESO y Bachillerato en Los Barrios (Cádiz). “Las clases las dedicamos a resolver dudas, al igual que hicimos durante el confinamiento: ellos veían la teoría en casa y las preguntas las resolvíamos por videoconferencia. Por eso es una metodología tan interesante, porque atiende perfectamente a la diversidad. Como la clase está grabada, el alumno al que le cuesta más puede verla tantas veces como necesite, de manera que cuando volvemos a clase ya estamos todos al mismo nivel”, asegura. Pérez, que es finalista al Gobal Teacher Prize 2020 y que protagoniza el documental Soy EduTuber, que se verá próximamente en el festival de cine documental Alcances, en Cádiz, ha acumulado en su canal casi 500 vídeos que cubren todo el temario de Física y Química desde 2º de la ESO hasta 2º de Bachillerato, con los ejercicios más importantes de cada tema. “A mí me gusta ser innovador, y probar cosas nuevas; y la verdad es que, cuando empiezas a usar metodologías activas como esta, los resultados mejoran, y mucho”.

José Antonio Lucero creó La cuna de Halicarnaso en 2015 para ofrecerle a sus alumnos un contenido audiovisual que ellos pudieran usar para estudiar o repasar en casa. Pero, como en el caso de Calle y de Pérez, lo que empezó como un pequeño proyecto adquirió gracias a Internet un alcance inesperado que traspasó fronteras, especialmente el curso pasado. Y, también como ellos, adoptó el mismo modelo de clases invertidas. “Yo les pido que vean un vídeo a la semana, que ellos tienen que trabajar en casa tomando apuntes según un modelo (el de las notas Cornell) que les enseño a principios de curso. Y luego, lo que se genera en clase es tiempo para reflexionar sobre la cuestión histórica que estamos planteando, mediante tareas cooperativas o proyectos. Generar un debate es fundamental no solo para el aprendizaje, sino para desarrollar el espíritu crítico”.

Entre las actividades que emplea tras el visionado de los vídeos, Lucero cita algunas como un análisis de imágenes, la realización de preguntas y respuestas para otros compañeros o investigaciones en el aula, usando recursos informáticos. Pero insiste en un punto: estos recursos son muy válidos, pero no lo son todo: “Para mis alumnos, el vídeo puede significar entre el 10 y el 20 % de lo que aprenden. Debe combinarse con otras actividades y metodologías activas en el aula, que sirven para reflexionar y aprender de muchas maneras”. Y Calle recuerda que “los profesores ya no somos la única fuente de conocimientos. Por eso es imprescindible guiarles, enseñarles qué tipo de cosas deben ver y que puedan discriminar las fuentes fiables de las que no lo son; plantearles preguntas; trabajar en equipo con ellos; debatir; conocerles un poco más…”

Además de cubrir el temario de Historia, La cuna de Halicarnaso aborda también, desde un punto de vista objetivo, cuestiones de actualidad no exentas de polémica para explicárselas a un alumno de Secundaria: ¿por qué me dicen facha si llevo la bandera de España? ¿Por qué tenemos un rey? ¿Por qué no aparecen tantas mujeres como hombres en los libros de texto? Una iniciativa que pretende desmentir la impresión generalizada de que la Historia es solo una materia para memorizar hechos pasados: “Yo creo que la Historia sirve, sobre todo, para comprender y reflexionar sobre nuestro presente”, afirma Lucero.

¿Son entonces los vídeos todo ventajas?

No del todo. Para este docente, presentan el inconveniente de que el profesor no está delante para responder las dudas que puedan surgir en los estudiantes, y por eso intenta que las apunten para luego formularlas en clase; y siempre sin olvidar que puede haber alumnos que no tengan un buen acceso a Internet o que a lo mejor tienen un solo ordenador para varias personas, y para ellos ha de preparar otras estrategias.

“Es muy común que al alumno que estudia en casa le surja una duda, pero que cuando regresa a clase ya se le ha olvidado”, cuenta Pérez. Para evitarlo, él los anima a que dejen sus dudas o preguntas en los comentarios del vídeo o a través de las redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter, en las que el docente mantiene un contacto directo con sus alumnos. “En Instagram, por ejemplo, suelo subir fotos de las prácticas que hacen ellos en sus casas; o me mandan una foto de un problema que no les sale, y si yo en ese momento estoy en casa, trabajando en algo de eso, les resuelvo la duda en el acto. O la tenemos ahí y al día siguiente, en clase, abrimos esa red social y la contestamos”.

Conservar la pasión por aprender

“Tal vez, lo que en muchas ocasiones ha generado este sistema educativo es una desilusión por aprender, y ha hecho que poco a poco pierdan esa curiosidad e ilusión que los niños sienten a los tres, cuatro, cinco años”, reflexiona Lucero. “Al final, de lo que se trata es de generar amor por el conocimiento, sobre todo en Secundaria. Porque cuando a un chaval se le transmite ese amor por aprender, eso nunca se le va. A mí no me importa que mis alumnos salgan de la ESO conociendo un montón de fechas, nombres y hechos históricos; sino que no pierda su amor por mi materia, por seguir aprendiendo historia”. Para este experto, estamos acostumbrados a un sistema conductista en el que el profesor conduce y el alumno va sobre raíles; así que, al final de su etapa educativa, “es como si hubiera estado todo el rato sentado en el tren de la bruja, recibiendo. Eso genera en muchos alumnos la sensación de que ellos no construyen su propio aprendizaje, sino que se les impone, y genera desconexión porque no ven el atractivo al sistema”.

Si se consigue generar esa pasión por aprender, los resultados no solo serán mayores, sino también más duraderos. Los estudiantes se implicarán más y tomarán una mayor responsabilidad sobre su propio aprendizaje. Algo en lo que coincide también Antonio Pérez, que a la hora de hacer prácticas da total libertad a sus alumnos: “Ellos pueden hacer la que quieran. Te pongo un ejemplo de segundo de la ESO. Un día me vino uno de ellos y me dijo: “¡Antonio, yo quiero hacer un cohete!” “¿Un cohete, chiquillo?”. “Sí, sí”. “Pues nada, métete por ahí, busca la información, dime lo que quieres hacer y yo te ayudo”. Ellos hacen todo el proceso completo: buscan la información, los materiales, hacen el experimento, explican lo que ha pasado… Como están siguiendo todo el método científico, desde la observación hasta la obtención de resultados, es válido para cualquier asignatura”. Y añade: “A lo mejor no está relacionado directamente con lo que estás dando en ese momento, pero ese contenido se les queda, es un aprendizaje significativo que además cumple con el propósito de las prácticas, que es que conozcan cómo funciona la ciencia”.

Unicoos, de la crisis a la pandemia

Cuando en 2011, y por la crisis económica, la pequeña academia que David Calle tenía en Velilla de San Antonio (Madrid) se quedó sin la mitad de sus estudiantes, le dio tanta pena que decidió superar su miedo escénico y comenzó a grabar vídeos para ayudar a sus estudiantes. Iba a ser algo para una treintena de estudiantes… Y hoy, nueve años después, Unicoos es ya una comunidad virtual de casi un millón y medio de estudiantes, docentes e incluso padres, tiene su propia web e incluso una app para Android, y ha superado los contenidos de matemáticas, física, química y tecnología para abordar todas las asignaturas, con el proyecto BeUnicoos. Le han comparado con Salman Khan, creador de la web Khan Academy y recipiente del Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2019, “con una pequeña diferencia: que él recibe 100 millones de dólares al año en subvenciones y nosotros ni 100 euros… Ojalá pudiera yo tener también 200 empleados, y hacer muchas más cosas con Unicoos. Porque no dejan de pedírnoslas”, confiesa.

Tanto ha crecido que ahora, además de casi 900 vídeos gratuitos, incluso tienen una parte premium “con toda la teoría que necesitan, exámenes que se corrigen solos, ejercicios resueltos, un chat y un foro de preguntas y respuestas que, en dos años, ha resuelto ya 600.000 dudas”, explica Calle, e incluso han desarrollado algunas herramientas para profesores, como BeCam, una plataforma de videoconferencias que tiene una pizarra multiusuario en la que profesor y alumno pueden pintar a la vez, o BeQuest, una aplicación para ludificar las clases a través de un juego interactivo de preguntas y respuestas.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/economia/2020/09/16/actualidad/1600249878_557809.html

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El problema de la ética revolucionaria

Por: Marcelo Colussi

Partamos por decir que al utilizar la designación “izquierda” estamos ante un muy amplio abanico de posibilidades; entran allí innumerables posiciones, desde tibios reformismos hasta perspectivas radicales que echan mano de la violencia armada. De todos modos, todas ellas tienen, al menos en términos generales, un común denominador: constituyen una crítica al sistema dominante. En tal sentido, se alzan como voces contestatarias, como propuestas de cambio. No importa precisar aquí si ese cambio se piensa en forma gradual, pacífica, por vía electoral o como resultado de estallidos violentos, con grandes movimientos de masas, con vanguardias que conducen o todo se deja librado al espontaneísmo.

No es intención de este breve texto analizar en detalle cada una de esas posiciones, y mucho menos su grado de impacto en ese proyecto transformador. Lo que está claro es que todas esas expresiones de “izquierda” se distancian de la derecha, la cual, presentando igualmente muy diversos matices y variantes, tiene un común denominador: busca mantener lo dado, es conservadora. Como rasgo distintivo y aglutinador de todas estas posiciones de derecha puede indicarse la voluntad de mantener los beneficios detentados: eso les une, sin dudas es lo único que les une (lo cual ya es más que suficiente para transformarla en un bloque monolítico). La derecha, en el más amplio sentido, tiene algo, o mucho, que perder: privilegios, prebendas, prerrogativas varias. En tal sentido, las posiciones de izquierda expresan el sentir de aquellos que, como dice el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, “no tienen nada que perder, más que sus cadenas”.

Dicho esto, puede intentarse entender qué es eso de “los vicios” que se critican en el campo de la izquierda. O, para ser más precisos, de las izquierdas.

Habría así un extenso listado de “incorrecciones” en el campo de las izquierdas que, vistas desde una posición clásica, ortodoxa, podrían considerarse “vicios” (del latín vitium: falla o defecto), conductas cuestionables que merecen corrección. Es ya clásico, al menos en la ortodoxia de izquierda, hablar de “desviaciones” (lo que supone, por tanto, que habría un camino recto del que no se debería desviar). Entran allí, entre otras, el protagonismo, el mesianismo, la avidez de poder, el autoritarismo, lo que se llamó “comandantismo”, el culto a la personalidad, el machismo, el racismo. La lista es larga y admite muchas otras categorías más.

Quienes levantan esa idea, parten de la base que, en el ámbito de la derecha, todo esto es moneda corriente, lo normal, lo ya establecido, institucionalizado incluso. Por lo que, en el bando contrario, en el campo de las izquierdas, esto no debería pasar. Y si pasa, es un “vicio”, una incorrección que debe ser subsanada. Más aún: con todo el peso del cuestionamiento moral, debe ser castigado, fuertemente fustigado, sometido al escarnio para que no se repita.

Lo patético es que todo esto pasa, y pasa mucho, tanto como en el campo de la derecha. Ejemplos al respecto sobran. La izquierda intenta levantar un mundo nuevo, más justo y solidario, no basado en la explotación de unos sobre otros. Idea encomiable, absolutamente plausible. De hecho, las experiencias socialistas que se dieron a lo largo del siglo XX intentaron poner en marcha un nuevo ideario, una nueva ética superadora de esos “vicios”. Sucede, sin embargo, que más allá de extraordinarios logros en el campo socio-económico que obtuvieron estos proyectos (se terminó con la miseria crónica, con el hambre, con la marginación, se redujo considerablemente o se abolieron distintas formas de explotación, se redujeron tasas de morbi-mortalidad, la noche oscura de la postración y la ignorancia secular se iluminó), más allá de todo ello, la construcción del “Hombre nuevo” siguió siendo una agenda pendiente. ¿Por qué?

Porque la ética -es decir: la tabla de valores que rige la vida, la normativa social, la moral dominante en un momento histórico determinado- no se puede fijar por decreto, no cambia por un acto de voluntad. Es decir: no se puede ser “buena” o “mala” gente por decisión simplemente porque…. no hay “buena” o “mala” gente.

En tal sentido, entonces, debe reconsiderarse esto de “los vicios”. La gente de izquierda o de derecha es, ante todo, gente. O sea: seres humanos cortados por similar tijera, con análogas constituciones psicológicas, formados por historias previas que nos moldean, que nos hacen participar por igual a todo el mundo en el mismo maremágnum de símbolos que organizan nuestras vidas. Si somos consecuentes con lo que nos enseña el psicoanálisis, podemos afirmar que los sujetos humanos no presentamos mayores diferencias estructurales unos de otros, por lo que la “normalidad” es la forma en que la amplia mayoría, la casi totalidad de mortales compartimos los códigos que nos humanizan. Es decir: lo que llamaremos “normales adaptados”, o sea, neuróticos: gente que se humanizó dentro de los cánones impuestos por cada cultura particular en cada momento histórico determinado (con un resto mínimo que no entra ahí: los psicóticos -locos-, o entra a medias: los psicópatas -transgresores-).

De tal forma que los comportamientos que se podrán juzgar “inapropiados”, no pertenecen a la derecha: son patrimonio de la totalidad, del colectivo. La gente que se enrola en ese complejo campo llamado las izquierdas está conformada igualmente por las mismas prácticas. Las luchas de poder, el machismo o el protagonismo individualista, por poner algunos ejemplos, ¿son acaso patrimonio de derechas o de izquierdas?

Está claro que cuando surge la teoría revolucionaria del socialismo científico a mediados del siglo XIX de la mano de Marx y Engels, no se conocía nada aún de las “profundidades” psicológicas de lo humano, lo cual se desarrolla ya entrado el siglo siguiente. Había en ese decimonónico momento fundacional una confianza casi absoluta en la buena fe, en la voluntad humana. La idea de “Hombre nuevo” que se fue forjando en el socialismo de las experiencias reales habidas en el siglo XX se inspira en ese voluntarismo, a veces con ribetes casi mesiánicos. Y los “vicios”, por supuesto, son denostados como “elemento perturbador”, cuerpo extraño que debe ser abolido, anatematizado. “El hombre es un ser lleno de instintos, de egoísmos, nace egoísta; pero por otro lado, la conciencia lo puede conducir a los más grandes actos de heroísmo”, pudo decir Fidel Castro.

Sin dudas, es necesaria una cuota de “voluntad”, de decisión consciente para plantearse cambios sociales. O, si se quiere ser más claro aún: de pasión (el psicoanálisis dirá de deseo). “Nada grande se ha hecho en el mundo sin una gran pasión”, dirá Hegel.

La experiencia humana en su conjunto, la experiencia de estos primeros pasos dado por las primeras revoluciones socialistas, nos muestran con descarnada evidencia que esos “vicios” son el pan nuestro de cada día, nos construyen, son lo que nos funda como humanos. Entre los animales no hay juegos de poder: el macho alfa de la manada cumple con un instinto al servicio del mantenimiento de la especie; allí no hay machismo patriarcal, ni racismo, ni discriminación por diversidad sexual, ni revista Forbes que indica quiénes son los más “exitosos”. Entre los humanos sí. Si hay mandamientos (“No codiciar la mujer de tu prójimo”, por ejemplo) es porque no existen mecanismos biológicos de autorregulación: somos todos -derecha e izquierda- producto de una construcción social, histórica, por tanto cambiante.

Ahí se plantea el problema crucial: ¿cómo cambiar la sociedad?, ¿cómo sentar los cimientos de un nuevo orden social justo y solidario con este elemento que somos, llenos de “vicios”? Hablando de la naturaleza humana, Voltaire se preguntaba: “¿Creéis que en todo tiempo los hombres se han matado unos a otros como lo hacen actualmente? ¿Que siempre han sido mentirosos, bellacos, pérfidos, ingratos, ladrones, débiles, cobardes, envidiosos, glotones, borrachos, avaros, ambiciosos, sanguinarios, calumniadores, desenfrenados, fanáticos, hipócritas y necios?” La respuesta, sin dudas, es afirmativa.

El campo de la izquierda tradicionalmente fue optimista en relación a la ética: hay que construir un mundo de equidades, y ello sí es posible. Lo que muestra la experiencia es que, luego de las revoluciones -que efectivamente mejoran condiciones objetivas de las grandes mayorías- también se construyeron grupos privilegiados, burocracias con dachas y prebendas, a veces insultantes para el pueblo, llegándose a excesos increíbles como lo sucedido en algunos movimientos guerrilleros latinoamericanos donde problemas entre “comandantes” se dirimían a balazos: ¿quién es el más revolucionario?, mandándose a matar al “menos” revolucionario.

Entonces, si eso somos, si en las izquierdas también encontramos todo eso, más allá de una declaración de principios altruista y generosa, la cuestión se abre en relación a cómo es posible dar ese cambio social. Si no somos tan solidarios y, pese a las declaraciones de principios, en lo individual seguimos siendo protagonistas, egoístas, machistas, alcohólicos o racistas, ¿cómo construir un mundo de solidaridades donde se superen todos esos “vicios”?

No hay “vicios” de la derecha que se puedan “corregir” en la izquierda. Somos lo que somos (¿la caracterización de Voltaire?) en primer término; secundariamente podemos desarrollar un ideario de cambio, abrazar ideas transformadoras, revolucionarias, pero siempre sobre la base de cómo fuimos moldeados. En nombre de las ideas de cambio se puede estar dispuesto a los más grandes sacrificios, pero la plataforma de partida es lo que somos: es decir, sujetos construidos en todos esos “vicios”. El desafío es grande, pero vale la pena.

Entonces queda la pregunta: ¿qué hay que construir primero: el “Hombre nuevo” o la sociedad nueva? El solo hecho de preguntarlo así ya da la respuesta: ¿“Hombre” nuevo? ¿“Hombre” como sinónimo de Humanidad? El machismo patriarcal se nos filtra indefectiblemente a todos, comandantes y comunes de a pie. No es una cuestión de “buena” o “mala” voluntad: estamos armados sobre esa matriz social, y se hace imposible salirse totalmente de ella, por más “buena” voluntad que haya. Los actos de voluntarismo no pueden dejar de ser eso: actos de voluntarismo. Por tanto, habrá que construir otra matriz, otro código global que dé como resultado nuevos sujetos. De aquí, con el tiempo, quizá surja otro ser humano distinto, con otros “vicios” tal vez, no los ya conocidos. Dinámica compleja, por cierto, que remite a la eterna aporía de qué es primero, si el huevo o la gallina.

Esto no debe llevarnos a la desesperanza, al pesimismo y la resignación. Quizá no hay “progreso” en términos subjetivos, pero sí en términos sociales, macros, que son los que construyen la subjetividad. Sin dudas, la dialéctica del cambio regulará las cuotas de voluntarismo -que tiene límites, por cierto, pero que es necesario en un momento- y la edificación de un nuevo tejido social, moldeador de nuevos sujetos. Valga esta cita de Freud -que no era un marxista precisamente, pero que entendió muy cabalmente lo humano- para llenarnos de esperanza: “Hoy día los nazis queman mis libros; en la Edad Media me hubieran quemado a mí. ¡Hemos progresado!

Fuente: https://rebelion.org/el-problema-de-la-etica-revolucionaria/

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El video que reivindica el papel fundamental de los profesores en esta vuelta al cole atípica

Por: Carolina García

Gestionando Hijos lanza un campaña para que los padres y las madres entiendan la necesidad urgente de que maestros y familias trabajen en la misma dirección

Muchos colegios de distintas comunidades ya han abierto sus puertas en esta vuelta al cole atípica. Un retorno a las aulas que pone el foco en las acciones para proteger a niños, niñas y adolescentes frente al coronavirus y en que los alumnos consigan, en cierta medida, recuperar el ritmo normal que han perdido tras seis meses de parón escolar por la pandemia y el descanso estival. Y en medio de todo este escenario surge la figura fundamental de los maestros y maestras para lograr que ambas acciones, evitar contagios y educar, sean posibles.

Una campaña elaborada por Gestionando Hijos, plataforma formada por educadores que pretende ayudar a padres y madres en la vida escolar de cada menor, ha querido subrayar su papel tan importante en estos días tan excepcionales que vivimos. La iniciativa, denominada Son profesores, busca con un video reivindicar su profesión en la situación derivada de la pandemia por la covid-19, “un gran reto para la educación que solo podrá ser enfrentado con la colaboración entre familias y profesorado”. El corto, cuya duración es de poco más de medio minuto, ha sido lanzado en redes y pretende además hacer un llamamiento a la colaboración esencial de padres, madres, alumnos y profesores: “Un equipo educativo más necesario que nunca”.

Reconocer la figura y papel de los profesores y profesoras

Con este vídeo, sus impulsores prentenden ayudar a que todos recordemos que los maestros y maestras son quienes guían y acompañan a los jóvenes “en su crecimiento personal, les ayudan a descubrirse, a aprender, a ser personas que conviven en sociedad…”. “Los profesores no están al servicio de la política, sino que viven, trabajan y actúan al servicio de la educación”, se recuerda en el corto.

Leo Farache, director de Gestionando Hijos, señala que “la clave para superar este gran reto de forma beneficiosa para los niños, las niñas y, por ende, para la sociedad, pasará necesariamente por fomentar relaciones sanas y constructivas entre las familias y las escuelas, creando un buen equipo educativo capaz de solventar las dificultades que se presenten”. Y añade que “es urgente e inteligente reconocer a los profesores, que reciban nuestro estímulo positivo y la sensación de que en la educación todos estamos a una: educar a nuestros alumnos e hijos para que sean los protagonistas de un mundo mejor”.

Según explica, la campaña es necesaria porque el reconocimiento del papel del profesor en España es mejorable: “De acuerdo con los datos que tenemos, a ocho de cada 10 profesionales de la educación les gustaría trabajar más en equipo con las familias. Hay que saber que los padres son los principales responsables de la imagen y valoración del profesorado, seguidos de los políticos y de los propios profesores, quienes sienten que su prestigio es más bien bajo, de 2,5 sobre cinco”. E, incluso, “el barómetro social de Ipsos concluye que tanto madres y padres como los propios alumnos han perdido respeto a la figura del profesor. Podemos intuir, por tanto, que el necesario, ilusionante y, seguramente, fructífero equipo educativo tiene muchas áreas de mejora”.

Para este experto, la mejor manera de cooperar y de hacer equipo es creando un ambiente propicio de colaboración y tomando acciones en cada escuela y familia, para que esa relación mutua se lleve a cabo: “Muchos expertos educativos crearon el pacto por la educación en equipo, un punto de partida interesante con unos mínimos para que la relación sea cordial, creativa y productiva, en beneficio de los alumnos; que, no olvidemos (y es una ironía), son los hijos de las madres y padres. [Ese pacto puede verse y descargarse en www.equipoeducativo.com]. “Y claro que podemos recuperar el tiempo perdido por la pandemia. Cada uno de nosotros tenemos muchas oportunidades y responsabilidades para construir una mejor sociedad educativa. España y el mundo necesitan que muchos seamos activistas educativos”, añade Farache.

“Primero debemos ponernos todos a su disposición. Segundo, hay que reconocer su trabajo; tercero, ofrecer nuestro tiempo y talento, utilizando un tono constructivo y, por último, recordar que no todos los profesores son buenísimos ni buenos. Esto no ocurre en ninguna profesión con 800.000 personas trabajando. Pero son los educadores de nuestros hijos y van a ser mejores si establecemos una relación constructiva con ellos”, prosigue el experto.

Padres, profesores, posibles conflictos y la covid-19

Para Farache, es muy difícil ponerse en la situación de tantas madres y padres que viven momentos muy diferentes. “Si una madre o padre lleva a su hijo con fiebre, lo está haciendo muy mal, pero quizás lo haga por subsistencia porque, si no, no va a poder dar de comer a sus hijos. Y allí entramos en juego todos”. “Si el empresario lo entiende”, prosigue, “y no afecta a esa madre o padre, va a poder quedarse en casa. O si esa madre o padre encuentra a un vecino que se haga cargo del niño, también lo hemos solucionado. La Administración tiene que regular que eso no ocurra, que ningún progenitor vea afectada su vida laboral por cuidar a su hijo enfermo. La gran mayoría de las personas queremos hacerlo bien y esas personas en situación precaria necesitan que no se lo pongamos difícil para cumplir correctamente como ciudadanos”, concluye.

El llamamiento de Gestionando Hijos lo respaldan educadores, divulgadores y especialistas como Alberto Soler, Catherine L’ Ecuyer; Alba Castellvi o Amaya de Miguel, entre otros.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/09/11/mamas_papas/1599818137_441318.html

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“Este curso, el tema cero debería ser conectar con los niños antes de trabajar cualquier otro contenido”

Por: Ana Camarero

El objetivo es ayudar a los menores en las distintas etapas educativas de Infantil, Primaria y, sobre todo, Secundaria a “reengancharse” al nuevo curso

Marina acaba de cumplir ocho años y en breve iniciará el nuevo curso escolar. Este año cursa 3º de Primaria. Está nerviosa y, al mismo tiempo, feliz, de reunirse de nuevo con sus compañeros. Este comienzo de curso no será uno más. Posee algunos elementos diferenciadores con respecto al resto de años: primero, comienza seis meses después de que el pasado 14 de marzo las clases se cerraran tras declararse el Estado de Alarma en todo el territorio español para afrontar la situación de emergencia sanitaria originada por la covid-19; segundo, a causa del coronavirus, el alumnado se mantuvo en sus casas finalizando el curso anterior de manera digital, sin ninguna presencialidad en las aulas; tercero, la apertura de las aulas se inicia en la “nueva normalidad”, manteniendo la distancia de seguridad entre los estudiantes, el uso obligatorio de la mascarilla y la higiene de manos continua con gel hidroalcohólico. Una serie de pautas a las que se suma todo un protocolo de recomendaciones a desarrollar a lo largo de la jornada escolar. Pero… y los aprendizajes. ¿Dónde quedaron? ¿Se recuperarán los contenidos que el coronavirus despreció? ¿Cuáles serán las materias a las que habrá que dar mayor importancia?… Y los alumnos y alumnas, ¿cómo se encuentran? ¿cómo les ha afectado física, social y emocionalmente esta nueva situación? En definitiva, ¿qué perdieron durante estos meses y cómo ayudarles en las distintas etapas educativas de Infantil, Primaria y, sobre todo, Secundaria a “reengancharse” al nuevo curso?

Pedro Molino, tutor y creador de contenidos de la Universidad de Padres online, considera que el confinamiento ha afectado tanto al aprendizaje como a las relaciones interpersonales, a la vez que ha agravado las contradicciones de cada familia o escuela: “Los niños desobedientes se han vuelto más retadores, los hipersensibles más miedosos, los padres sobreprotectores lo han sido más aún y los niños adictos a las pantallas les han dedicado más tiempo. Los colegios sin unidad de estilo educativo han improvisado más y han pasado del exceso de deberes a la impotencia con respecto a los alumnos no conectados (brecha digital) generando una gravísima exclusión social”. Pero, señala este tutor de la Universidad de Padres online, que “curiosamente, algunos alumnos, con más capacidad de aprendizaje por sí mismos, han ganado autonomía y nivel en su aprendizaje online”.

En cuanto a los alumnos de Educación Infantil, Pedro Molino comenta que “ha afectado a los aprendizajes que requerían un nivel más preciso de psicomotricidad corporal, a la lógica del cálculo y a la socialización (como respetar turnos o compartir)”. Sin embargo, en aquellos que cursan Educación Primaria, este tutor apunta que “ha habido un retroceso en la atención, en la escritura y en conocimientos generales (salvo en niños lectores). También ha disminuido la confianza en el otro y la capacidad de realizar tareas en equipo”. Por eso, continúa Pedro Molino, “esta crisis debería servirnos para replantearnos el modelo de escuela tradicional predominante (transmisiva y pasiva) y renovarla con urgencia hacia una escuela más activa y participativa. Repensarnos y vertebrar qué enseñar, cómo enseñar y qué relaciones se establecen en el proceso enseñanza-aprendizaje, algo que requiere la formación urgente y permanente de familias y docentes”. Para lograrlo, Pedro Molino considera necesario “podar” el currículum y ofrecer esquemas de conocimiento esenciales donde, “a modo de mapas conceptuales o perchas clave, los niños puedan ir colocando en su mente todo lo que descubren en clase, en los libros, en el entorno y en Internet”.

El creador de contenidos de la Universidad de Padres afirma que el modo de “reenganchar” y motivar a los niños de Primaria es educarlos con emoción y sentido de pertenencia: “el tema cero debería ser conectar con ellos antes de trabajar cualquier otro contenido. Hay que dedicar el primer mes a hablar mucho con y entre ellos, a escucharlos, a recoger sugerencias y propuestas para crear conexión de aula, organizando pequeños equipos que, tanto en clase como fuera de ella (online), se apoyen en un sistema de aprendizaje compartido”. Además, continúa este tutor, “la realidad del virus puede tratarse desde muchos ángulos: educar a los niños en los principios del pensamiento científico (observar, medir, comparar, establecer hipótesis, comprobar); estimular la creatividad inventando cuentos literarios e imaginativos para que se sientan héroes; fomentar los valores de cooperación, creatividad y superación… La escuela es una microsociedad en pequeño”.

En el caso de los estudiantes de ESO, Domingo Hernández García, director y profesor de Biología y Geología del IES de Sahagún (Sahagún-León), expone que las consecuencias del confinamiento no son tan importantes respecto a la pérdida de contenidos y de estándares de aprendizaje, (“siempre se pueden recuperar en el siguiente curso y, en muchos casos, los programas de las distintas materias se repiten”), como a la pérdida de los otros aprendizajes, (“adquirir hábitos de trabajo, interacción con el medio y aplicación práctica de lo aprendido, el aprendizaje individual… Todo esto se ha perdido en estos meses y las consecuencias las veremos durante el curso”). Por ello, Hernández García es partidario de comenzar con la parte no trabajada durante el último trimestre. “Esto va a suponer un esfuerzo importante del profesorado, dedicando parte del primer trimestre a trabajar la parte de la materia no consolidada el curso anterior, respetando en todo momento los ritmos diferentes de aprendizaje de los alumnos”, señala el profesor de Biología.

Un planteamiento con el que coincide el director del Colegio Trilema El Pilar, Miguel García Morell, quien apuesta por realizar un trimestre 0 “para afianzar los contenidos menos trabajados durante el curso anterior. Durante este periodo se trabajará #SiempreListos para prepararnos ante un posible confinamiento, trabajando las competencias: digital, ejecutiva y la autonomía personal”. Una acción necesaria, según manifiesta García Morell, sobre todo “en el caso de los alumnos con escasa motivación para quienes el confinamiento, sumado a la imposibilidad de seguimiento por parte de las familias, ha supuesto una desconexión y descuelgue”. También, para aquellos alumnos con Necesidades Educativas Especiales (NEE) que “no han podido seguir las clases de forma adecuada junto a sus compañeros, teniendo que realizar sesiones individuales. O aquellos alumnos sin competencia digital que no han podido hacer un aprovechamiento óptimo de las asignaturas, y han sufrido una ralentización de su aprendizaje”.

Para evitar este “descuelgue” de los estudiantes, sobre todo de Secundaria, la gestión de las emociones debe ser el punto de partida, en opinión del director y profesor de Biología y Geología del IES de Sahagún (Sahagún- León). “La escuela pública tiene que ser el elemento que sirve para igualar y garantizar las mismas oportunidades. Durante la pandemia nos hemos dado cuenta que los alumnos de familias más desfavorecidas socialmente han sufrido mucho a nivel emocional por no poder contar con los medios y con la ayuda en casa que si han tenido otros alumnos; por eso es fundamental la enseñanza presencial. Tenemos que sumar las situaciones vividas por los hijos de los sanitarios y de las profesionales que han estado en primera línea de batalla contra el virus, las familias que han perdido su trabajo o que han perdido a un familiar. Todo esto necesita de un trabajo importante en los primeros días del curso; hablar de lo ocurrido es prioritario”.

El director del colegio Trilema El Pilar también apuesta por “trabajar la parte emocional de la realidad de la COVID-19: infoxicación, compromiso, responsabilidad y metacognición a partir de su porfolio del confinamiento. A partir de este, hacer un planteamiento de cómo afrontar un posible confinamiento durante el curso 20/21, los objetivos y las expectativas para este curso. No solo en el plano académico, sino también en la gestión de las emociones”. Con un objetivo esencial, destaca García Morell, que es “mantener un compromiso de colaboración y una comunicación constante, así como generar vínculos estrechos entre familia y escuela”. Porque, explica Pedro Molino, “las familias son fundamentales para poner los cimientos de la educación, pero no puede recaer todo el esfuerzo en ellas. Necesitan formación, apoyo educativo y ayudas para la conciliación… Los logros académicos son fruto de un estilo de crianza educativa responsable. La motivación por aprender de los niños se forja con un amor incondicional –estimulante, responsable y exigente– de los padres. Formar a los padres para educar mejor a los hijos es prioritario, porque necesitamos una sociedad más consciente, más colaboradora y más creativa”.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2020/09/13/mamas_papas/1599991563_216253.html

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El presupuesto 2021: un atraco para el normalismo mexicano

 Abelardo Carro Nava

Atrás han quedado los 10 puntos sobre la educación pública que ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, presentó en Guelatao como parte de su estrategia de campaña con miras a las elecciones del 2018. Atrás quedó aquella idea del Fortalecimiento de las Escuelas Normales y de la Universidad Pedagógica Nacional, para lograr la formación de maestras y maestros de excelencia. Atrás quedó aquella promesa tan sentida y necesaria de revalorizar al maestro porque, como nunca antes se había visto, el gobierno peñanietista había denostado al magisterio.

Sí, todo ello quedó en el pasado. De hecho, fueron momentos en lo que la contienda electoral se encontraba en su máximo esplendor y, como parece obvio, era necesario prometer lo que había de prometerse, sin que ello significara empobrecimiento. ¿Qué podría pasar siendo ya gobierno? La realidad que vivimos en nuestros días nos ha demostrado que, efectivamente, prometer no empobrece, no obstante, hay de promesas a promesas y, como tales, deben cumplirse. ¿No acaso el cumplimiento de éstas aseguraría la concreción de una Cuarta Transformación como la que también fue prometida al pueblo de México?

En efecto, estas cuestiones, y el hartazgo de millones de mexicanos hacia un sistema que, en lugar de velar por los intereses de los más necesitados privilegiaba los de las élites del poder, fueron algunos de los motivos que, insisto, llevaron a la victoria en las urnas al actual Presidente de la República. No obstante, lo anterior, bien se dice que una cosa es la contienda electoral y otra, muy diferente, la de gobernar. La primera, está directamente relacionada con el arte de persuadir, mientras que la segunda, con el arte de gobernar. Y es allí donde se encuentra el meollo del asunto: no es lo mismo gobernar que aspirar a gobernar. ¿Cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político que las cosas “ahora” sí cambiarían?, ¿cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político que éste no es igual a los anteriores porque, indiscutiblemente, es diferente?, ¿cuántas veces no habremos escuchado expresar a un político aquella cantaleta que refiere que de llegar al poder jamás se olvidaría de sus promesas de campaña? Efectivamente, la inmensa mayoría de mexicanos en edad de votar, con mucha seguridad, en algún momento de sus vidas, habrán escuchado estas y otras arengas. Y qué pasó después, es decir, qué sucedió con aquel político que llegó al poder con una inmensa carga de promesas sobre sus hombros: nada o casi nada; sencillamente olvidó aquello que prometió y la cosa se fastidió. Triste realidad; penoso sistema político mexicano.

Y bueno para entrar en materia, en días pasados, el Secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, entregó al Congreso de la Unión el paquete económico 2021, mismo que está integrado por tres documentos: los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF21). En este último, como parece obvio, se hacen latentes, aquellos incrementos y disminuciones que habrán de tener diferentes programas que, en el ámbito educativo, son fundamentales para atender a los sectores más vulnerables de la población infantil. De hecho, llamó mi atención que, precisamente, 13 programas educativos ya no recibirían financiamiento gubernamental o, lo que es lo mismo, estarían en riesgo de desaparecer por esta misma situación. Tales programas son: el de escuelas de tiempo completo, el de formación y certificación para el trabajo, el fortalecimiento a la excelencia educativa, el de expansión en la oferta educativa en educación media superior y superior, el de la carrera de los docentes, el de desarrollo de aprendizajes significativos de educación básica, el de convivencia escolar, el de atención a la diversidad de la educación indígena, el de atención educativa de la población escolar migrante, el de evaluaciones confiables de la calidad educativa y difusión oportuna de resultados, el del sistema de información y gestión educativa, el de reconstrucción, y el de formación de recursos humanos basados en competencias. Si, así como lo leyó usted, estos son los programas que, según el proyecto de presupuesto presentado por el Secretario de Hacienda, dejarían de recibir financiamiento gubernamental. La razón por la que se dejaría de financiar dichos programas no es clara, de hecho, la SHCP, alude a que tales razones, están directamente relacionadas con los efectos que ha traído consigo la contingencia sanitaria derivada del Covid-19, además de la drástica caída de la actividad económica del país que, de acuerdo con el Secretario de Hacienda, reflejará una disminución del Producto Interno Bruto (PIB) en, al menos, un 8.8 %. ¿Razón o razones suficientes para que dejen de recibir financiamiento estos programas?, ¿por qué no se revisó y reasignó el recurso para el programa de becas a estudiantes que actualmente está en marcha porque, como bien se sabe, la recepción de esta beca, no significa que se aminoren los problemas que vive el Sistema Educativo Mexicano en su conjunto?

Por lo que respecta a la educación normal, en el mismo PPEF21, se observa una asignación de 20.6 millones de pesos, lo cual representa una disminución histórica del 95.3% puesto que, en el 2020, se le asignó una cantidad de 440.7 millones de pesos. En este sentido no debe olvidarse que, precisamente en el 2020, el Subsistema de Normales, también se vio afectado con los recortes presupuestales que la misma SHCP proyectó para ese año. No obstante, el Congreso de la Unión rectificó, y la asignación quedó en las cifras que he proporcionado.

En datos concretos, la asignación de poco más de 20 millones de pesos a la educación normal en el PPEF21, significaría entregar a cada estudiante normalista la cantidad de 229 pesos anuales en 2021. ¿De qué manera se pretende fortalecer a las escuelas normales si, para acabar pronto, con el presupuesto asignado muchos de sus programas académicos y de gestión se verían afectados por tales cuestiones?, ¿de qué manera el presidente pretende cumplir con una promesa de campaña si, para acabar pronto, los 229 pesos proyectados no son suficientes para que los estudiantes reciban una educación de excelencia como él lo había prometido?, ¿de qué manera se pretende fortalecer a las escuelas normales quienes, por décadas, fueron sometidas al olvido?, ¿de qué manera se pondrán en marcha las acciones que derivaron de las aportaciones que los más de 200 Delegados Nacionales Normalistas formularon en el Congreso Nacional para el Fortalecimiento y Transformación de las Escuelas Normales en 2019?, ¿de qué manera la Dirección de Educación Superior para Profesionales de la Educación pondrá en marcha proyectos para beneficio de los más de 90 mil estudiantes normalistas inscritos?, de qué manera los profesores normalistas podrán cumplir con las tres áreas sustantivas que, como Instituciones de Educación Superior, tienen que desarrollar en sus respectivas centros educativos? Sí, de qué manera comprender que las promesas de campaña difieren de los hechos. ¿Un asunto de pandemia?, no lo creo, repito, el año pasado SIN PANDEMIA, se proyectó un recorte importante para la educación normal que se brinda en México.

Esperamos que los representantes del Congreso de la Unión hagan su trabajo y, verdaderamente, se preocupen y ocupen en reconsiderar estas disminuciones y faltas de financiamiento a ciertos programas que, como decía, son favorables para ciertos sectores de la población que más los necesitan. Esperamos pues, que el mismo presidente recuerde esas arengas expresadas en Guelatao, a cientos de maestros que estuvieron presentes porque, si bien es cierto que el normalismo mexicano es un ente imperfecto que puede perfeccionarse gradualmente, éste podría sufrir el mayor atraco que la historia haya registrado si es que se aprueba el PPEF21.

Al tiempo.

Fuente: https://profelandia.com/el-presupuesto-2021-un-atraco-para-el-normalismo-mexicano/

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“La agroindustria nos vende veneno”

Por: Daliri Oropeza}

 

Hay suficiente evidencia científica de que el glifosato envenena a los animales, dice Silvia Ribeiro, una de las especialistas más reconocidas en el tema. En entrevista, explica que el problema de la propuesta presentada por la Secretaría de Agricultura es que no plantea un plan de transición para prohibir el herbicida, como ya ocurre en otros países.

Silvia Ribeiro tiene más de 26 años estudiando los impactos sociales, económicos, ambientales y de salud que provocan los transgénicos y los paquetes tecnológicos de la agroindustria.

Es la directora para América Latina del grupo de ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) que tiene reconocimiento consultivo ante la ONU, y una de las voces más respetadas en México para hablar del medioambiente. Sus últimas investigaciones profundizan en los impactos de nuevas biotecnologías la nanotecnología.

Hablamos del glifosato, el herbicida que ha sido prohibido en varios países del mundo por producir cáncer y cuyo uso en México ha tensionado las presiones dentro del gabinete de Andrés Manuel Lóperz Obrador.

En entrevista con Pie de Página, Ribeiro asegura que hay suficiente evidencia científica sobre la toxicidad del glifosato y sus repercusiones en la salud, como el cáncer. También desmenuza la relación entre el veneno que producen las empresas fabricantes de agrotóxicos y la letalidad que ha tenido la covid en México.

El negocio de los agroindustriales no está en las semillas, dice, sino en los agrotóxicos. Nos quieren convencer de que no se puede producir sin glifosato, cuando durante miles de años se sembró sin el herbicida y sólo se ha usado el último medio siglo.

“Lo necesitamos -dice- no son más estudios sobre glifosato (como propuso la Secretaría de Agricultura), sino un plan coherente de transición a una agricultura sin químicos”.

Evidencia suficiente

En el mundo hay una cantidad enorme de investigaciones sobre glifosato, dice Ribeiro. La mayor cantidad de investigaciones sobre el tema es la que reunió el grupo de expertos en investigación sobre el cáncer, por pedido de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Son 17 expertos de 11 países, que no están vinculados a la industria. La evaluación, desde 2015, es la que ha promovido la discusión mundial sobre el glifosato.

“Ellos llegan a la conclusión de que el glifosato, que estaba en la categoría 3, hasta ese año, en realidad debió de haber estado en la categoría 2A, que es la de probable cancerígeno”, dice Ribeiro.

“El estudio dice dos cosas: que el glifosato es cancerígeno en animales. No es ‘probable’. Es cancerígeno en animales, porque han realizado experimentos con ellos. Las evidencias las tienen sobre todo en Escandinavia. Hay glifosato en el surgimiento de un tipo particular de cáncer: linfático, de linfoma no Hodgkin. Lo que pasa que en humanos no se puede experimentar para decir: es cáncerígeno. Entonces dicen ‘probable cancerígeno’. Pero estas dos conclusiones, y otras (han encontrado evidencias de que es disruptor endócrino), hacen que la OMS diga: ‘el glifosato es altamente peligroso’”.

¿Qué tan peligroso?

“Sólo para darte una idea: hay cuatro escalones dentro de lo que es peligroso para la OMS. Las radiaciones ionizantes de los rayos X o la radiación nuclear están en el uno. Poner el glifosato en el 2A es realmente muy alto, es como decir: ‘si te expones a ellas directamente te va a dar cáncer’. El mensaje de la OMS es muy fuerte”.

Hasta hoy, hay más de mil cien estudios científicos arbitrados -quiere decir revisados por pares- que muestran diferentes aspectos de toxicidad del glifosato.

Aparte está el caso de los tres juicios ganados contra Monsanto, el inventor del glifosato (lo desarrolló en 1972 y lo registró con patente en 74).

“El primer caso que hay de un juicio en Estados Unidos contra Monsanto es por envenenar a la gente con glifosato. Hay precedentes judiciales de un jardinero de escuela, de 42 años, Dewayne Johnson. Durante dos años trabajó en una escuela. Para controlar las hierbas que crecen en el parque de la escuela usó glifosato. El hombre en este momento tiene cáncer, está en juicio desde hace varios años por eso. Logró demostrar con sus abogados que la razón es el glifosato. Condenaron a Monsanto a pagar 80 millones de dólares a este hombre”.

Hoy hay más de 100 mil juicios contra Monsanto en Estados Unidos en este momento por esta misma razón: el uso de glifosato. “Porque lo demostraron desde el primer juicio del jardinero Dewayne Johnson y luego lo vuelven a demostrar en el segundo y en el tercero, y en los que siguen pendientes. Monsanto sabía que el glifosato es cancerígeno, pero lo ocultó”.

China entra al mercado

La peligrosidad del glifosato está sobre la mesa. Decir que se van a hacer más estudios, como plantea al Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) es una repetición de la misma estrategia de los fabricantes de agrotóxicos. (Agroquímicos, aclara, es “la palabra neutral, agrotóxicos es la palabra más adecuada”).

Esa industria se ha dedicado a tratar de construir un discurso que minimiza la peligrosidad del glifosato. La manipulación viene de la propia industria que fabrica y usa el glifosato. “Es sobre todo la industria de los transgénicos; la misma que los agrotóxicos. Esta es la industria que trata de encontrar argumentos para usarlo. Hay instituciones de gobiernos que han sido, digamos, infiltradas por estos estudios fraudulentos de las empresas”.

Sin embargo, ese discurso no ha logrado revertir ni el estudio de la OMS, ni muchos estudios posteriores que llegan a lo mismo.

La patente de Monsanto duró veinte años. Hoy, la mayor de producción de glifosato en el mundo se hace en China. Incluso Monsanto compra el glifosato de China, porque le sale más barato que fabricarlo.

Ahora hay varios nombres comerciales de glifosato. Esa formulación tiene una serie de otros elementos coadyuvantes que también son tóxicos. Entonces, hay una combinación de toxicidades.

La trampa, dice Ribeiro, es pretender que se hagan nuevos estudios en los que participe la industria.

“Eso es lo que ellos quieren. Pero ¿cómo va a participar el que tiene interés de lucro en el estudio para ver los impactos del producto?”, cuestiona.

El caso de México

Hay dos estudios importantes en México, explica Ribeiro. Uno es en Jalisco, donde se realizó un estudio de la presencia de diferentes agrotóxicos, uno de ellos el glifosato, en orina de niños. Es un estudio que publicado y arbitrado: la prueba dio positivo al 100 por ciento de los niños, en varias comunidades.

El otro es de científicos como Elena Álvarez Buylla (actual directora de Conacyt), Emmanuel González Ortega, Alma Piñeiro, que en ese momento eran de la UNAM. Ellos analizaron la presencia de residuos de glifosato en alimentos en México, y lo que tuvieron fue un porcentaje muy alto de glifosato tanto en tortillas como en todos los elementos que tienen maíz o soya.

El glifosato en México se usa sobre todo en cultivos industriales, pero también se usa en cultivos más pequeños como herbicida y se también en jardinería. No solo en usos agrícolas. Es en este momento el herbicida más usado en el mundo, también en México.

El presidente López Obrador, explica Ribeiro, dijo en campaña que no iba a permitir transgénicos en México. Sin embargo, su gobierno ha permitido la siembra de algodón transgénico. Es un algodón tolerante a varias cosas, no es sólo al glifosato.

“Ahora salen los algodoneros a decir que necesitan el glifosato. Pues eso es mentira. México, centro de origen del algodón, lamentablemente planta algodón transgénico en una superficie grande”.

Glifosato y transgénicos

 ¿Cuál es la relación del glifosato con los transgénicos?

—En los últimos 30 años, hay una fusión total entre las empresas semilleras y las empresas fabricantes de agrotóxicos. De las empresas fabricantes de agrotóxicos, Monsanto, Syngenta, Bayer, Dupont, Dow, Basf, ahora de esas sólo quedan cuatro: Bayer-Monsanto, Syngenta de China, Corteva que es la la fusión de Dupont y Dow; y Basf. Si te vas a los orígenes, tienen más de 100 años fabricando veneno.

Ellas son las fabricantes de veneno en el mundo, dice Ribeiro. “Entre esas cuatro tienen más de tres cuartas partes del mercado mundial de agrotóxicos, y en México más de las tres cuartas partes en agroquímicos”.

Las cuatro (Bayer, Syngenta, Corteva, Basf) están en la directiva de la Asociación Mexicana de Semilleros (AMSAC).

“Es importante entender que cada palabra que sale de la boca del AMSAC es de la industria de los agrotóxicos. Hablan en función de su interés de lucro”, insiste.

“Las empresas de agrotóxicos se compran a todas las semilleras. Entre esas cuatro empresas tienen el 71 por ciento de todo el mercado mundial de semillas. Además, tienen el 100 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas. Más de 90 por ciento de los transgénicos que se venden han sido semillas tolerantes o manipuladas para ser tolerantes a un agroquímico de la propia compañía: el glifosato. En lo que más ganan no es en la venta de semillas sino que es en la venta del veneno, esa es su principal fuente de ganancia”.

Pone un ejemplo: antes, a la soya le echaban glifosato pero le tenían que echar una cantidad pequeña antes de que saliera la plantita. Otro poquito después de que salía la planta, y otro poquito al crecer, porque si le echaban el herbicida de golpe, mataban también la planta.

“Al hacerla resistente, solo echan una gran cantidad de golpe. En lugar de hacerle cuatro aplicaciones, que significa mano de obra, hacen una fuerte. Matan todo lo que está alrededor menos la planta transgénica”.

Sin embargo, en los lugares donde hay cultivos tolerantes a herbicidas, también generaron resistencia las malezas, por lo que cada vez tiene que usarse más glifosato. “Por eso aumentó exponencialmente la cantidad de glifosato que se usa en el mundo”, dice Ribeiro.

En este momento más de la mitad de glifosato que se usa en el mundo se usa en cultivos transgénicos, pero éstos son menos del 5 por ciento de la superficie agrícola plantada en el mundo. Eso significa que va aumentando el uso del glifosato aunque no aumente la superficie cultivada.

“Eso es un coctel tóxico muy fuerte en todos los componentes de agroquímicos que hoy día tienen glifosato, se usen para transgénicos o no, porque se vende todo el paquete”.

—¿En México por qué se usa, si los transgénicos están prohibidos?

— Los transgénicos en México no están prohibidos. Solamente están detenidos porque hay un juicio, con demanda legal que aún no se ha resuelto. Lleva siete años. Plantea que no se debe permitir en México. Lo que sí se resolvió, en el marco de la demanda, es que sí se podían hacer plantaciones experimentales.

Las trampas y la ecuación de la agricultura industrial

Ya tenemos agroindustra, paquetes tecnológicos, uso de herbicidas como glifosato. En noviembre, Semarnat detuvo la importación de glifosato y su eliminación para el año 2024. ¿Cómo se debería de regular? ¿O se debería prohibir por completo?

—La agricultura tiene 10 mil años. Durante 9 mil 950 hemos vivido de agricultura sin agrotóxicos. En los últimos 50 años imponen una agricultura basada en el uso de químicos, con una enorme uniformidad de cultivos que está en manos de poquísimas empresas. Tanto las semillas como del veneno. Eso les permite controlar toda la industria. Y estas son las empresas que nos dicen que sin este tipo de agricultura no podemos sobrevivir. Eso es una mentira. En este momento el 75 por ciento de la tierra agrícola en el planeta se usa para producir forraje. La mayoría con cultivos industriales con agrotóxicos para producir forrajes para animales encerrados en confinamiento. Menos del 10 por ciento llega a alimentar a la gente. Esa es la ecuación de la agricultura industrial.

Actualmente, se producen más de dos veces de la cantidad de cereales que se necesitan en el mundo para alimentar a toda la población. Y aún así, no alcanza. Al contrario, hay hambre en muchos lugares, porque la agricultura industrial tiene un porcentaje de desperdicio enorme.

“Desde el campo hasta la casa desperdicia el 50 por ciento de lo que produce.  Pero hay otro porcentaje enorme de desperdicio que tiene que ver con que se produce un tipo de comida con conservadores químicos”, dice Ribeiro.

“Incluso los agrotóxicos han producido una serie de enfermedades que tienen que ver con cambios metabólicos. Eso hace que México tenga un porcentaje altísimo de letalidad. En este momento de pandemia por covid, es la obesidad la principal enfermedad por que muere la gente. Son cánceres del sistema digestivo. Todo eso está directamente relacionado a la agricultura industrial”.

El cálculo que hizo ETC – una investigación con tres ediciones en 13 años— es que, de todo lo que produce la agricultura industrial, sólo 20 por ciento le llega como alimento a la gente.

“Lo que sí sabemos es que el 70 por ciento de la humanidad depende de lo que producen los pequeños, o sea, la agricultura campesina, la agricultura familiar, sin químicos. La gran industria necesita una agricultura en donde cada vez hay menos gente, está hecha por tractores, con drones. Esos son los grandes monocultivos y claro ahí necesitan echar veneno”, dice Ribeiro.

“La trampa aquí es un tipo de agricultura industrial absolutamente concentrada en manos de pocas corporaciones, que tienen agrotóxicos y semillas. Y nos quieren hacer creer que la transición a una agricultura sin químicos es muy difícil. No es verdad”.

¿Quien produce la comida influye directamente en la salud?

—En ETC hicimos un trabajo que se llama ¿Quién nos alimentará? ¿La agroindustria o la agricultura campesina? Es una comparación entre qué producen las dos redes. Mostramos que por cada peso que la gente paga en comida industrial, química, chatarra, la sociedad paga dos pesos más en salud y medio ambiente, daños de salud. Entonces, no hay, ni siquiera económicamente, una razón para mantener ese tipo de agricultura.

Lo necesitamos, insiste, no son más estudios sobre glifosato, sino “un plan coherente de transición a una agricultura sin químicos”; 17 países en el mundo ya han prohibido el uso de glifosato en forma directa o escalonada.

La trampa de la propuesta de Sader, dice, es que «en lugar de que diga: ´vamos a hacer una transición para la prohibición‘, dicen: ‘vamos a hacer un estudio donde participen otra vez las industrias‘. Por si fuera poco, quieren que lo pague el Conacyt. No quieren que se vaya a una transición escalonada. Lo que quieren es que se vaya a otra investigación. Y al final vamos a decir: no va a haber transición en 2024. Además, que no sabemos qué gobierno va a estar».

Fuente e imagen: https://piedepagina.mx/la-agroindustria-nos-vende-veneno/

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