Lo malo de cumplir años no es la pérdida de visión ni de audición, ni tantas otras bajas no computables. Lo peor, sin duda, es la pérdida de la capacidad de sorpresa, esa rutina pegajosa que impregna los días y te hace creer que ya estás de vuelta de todo.
Por eso es maravilloso, como un maná caído del cielo después de un mes de hambruna, cuando la vida te regala otra forma de ver y de mirar lo que llevas contemplando tanto tiempo.
Eso me pasó el sábado en Guadalupe, una joya que ya no valoramos porque la tenemos al lado. Rafael Reig hablaba sobre realidad y ficción, y sus palabras, sensatas, coherentes y lúcidas, me reconciliaron con la profesión que ejerzo.
Cada año, agobiados por un temario que no cesa o un currículum cambiante y sin sentido, los profesores de literatura, al menos yo, vamos perdiendo la esperanza, pero sobre todo, los caminos que nos llevan a dar de beber literatura a unos alumnos que ya no están sedientos.
Pero llega Rafael Reig y nos cuenta la literatura de tal forma que dan ganas no solo de leer, sino de devorar los libros.
Habla de los clásicos, del Cid, del Lazarillo de Tormes, tan moderno en su defensa del poliamor, como él dice entre risas. De la Celestina y Calixto, un loco enamorado que ha leído mal, como Mme Bovary y Don Quijote.
Nos explica la invención del amor, el poder de la lírica popular frente a la culta, la importancia insurrecta de la lectura, los mitos descabezados por todo aquel que se atreve a abrir un libro.
Habla también de la modestia, de formar parte de la historia de la literatura no como escritor sino como lector. Y, escuchándole, vuelvo a tener quince años, y comprendo que no estoy sola, y decido, con la misma convicción de entonces, que no voy a estudiar medicina, caiga quien caiga.
Lástima que la charla acabe, vuelvan a caerme encima los años, y parezca tan difícil mantener la magia que acabo de presenciar ahora.
Reconociendo los avances, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población es manifiestamente mejorable.
Por: F. Javier Merchán Iglesias.
Hay un gran consenso entre los docentes a la hora de señalar a la lectura comprensiva, la expresión oral y escrita o el cálculo y razonamiento, como los principales problemas que dificultan la adquisición de conocimiento por parte de los alumnos. A este respecto, por cierto, también hay consenso en considerar que las denominadas pruebas Escala, que desde hace varios años realiza por estas fechas la Consejería de Educación para comprobar el nivel de competencia del alumnado, son perfectamente prescindibles: no nos dicen nada que no sepamos y realmente contribuyen poco a la solución de los problemas que se pretenden detectar. Su persistencia no se justifica por su utilidad.
El caso es que, al margen ahora de la supuesta virtualidad de las pruebas, sin necesidad de ellas, los docentes saben que las deficiencias en estos recursos instrumentales son la pieza clave que explica el fracaso académico de muchos alumnos y la ralentización del logro en la adquisición de conocimientos, y saben que en este asunto estamos lejos de alcanzar las metas deseables y esperables. Reconociendo los avances producidos en los últimos cincuenta años, claramente puede decirse que la eficiencia de la escuela para producir una alfabetización crítica de la población, es manifiestamente mejorable.
Entre otros objetivos, la sociedad encomienda al sistema educativo promover en los alumnos la capacidad de razonamiento, así como la adquisición de conocimientos que ayuden a entender y discernir sobre el mundo social y material. Para ello resulta imprescindible el manejo de los códigos de la comunicación con los que se expresa y transmite la cultura, es decir, entender lo que se lee, explicar lo que se quiere decir, entender lo que se oye y razonar sobre lo que queremos saber; sin ese dominio, es mucho más difícil el ejercicio de la ciudadanía y la adquisición de conocimiento.
Se dice que el actual modo de vida de los jóvenes es un pesado hándicap para formar en habilidades que requieren una disposición muy diferente. Sin embargo, habiendo mucho de cierto en ello, tal cosa no puede ser una excusa o justificación, pues hoy el encargo de la sociedad es el de alfabetizar a esos niños y jóvenes, no a los de hace 50 años.
Ahora bien, no es menos cierto que la actual estructura de la escolarización, con sus horarios rígidos, asignaturas cerradas, gestión muy burocratizada, exámenes convencionales… lejos de aportar la solución, está convirtiéndose en parte del problema. Siendo el conocimiento un asunto complejo, la institución escolar tiende a simplificarlo. Transmitiendo a los alumnos la idea de que saber consiste meramente en reproducir lo que otros saben, el texto no se lee, se copia; las ideas no se escriben, se imprime lo que otro ha escrito. Si miramos los libros de texto y buena parte de las rutinas que se practican en el aula, las llamadas actividades no consisten realmente en pensar sobre una pregunta o problema, sino en buscar la página en la que se encuentra la respuesta. Generalmente los alumnos no estudian, es decir, no trabajan sobre un problema de conocimiento, sino que preparan exámenes. Y los exámenes, ya se sabe, no son exactamente un recurso para dar cuenta del conocimiento que se tiene sobre un asunto, sino para reproducir lo más fielmente posible lo que el profesor les dijo o lo que consta en los apuntes tomados de internet o en las páginas del libro de texto. En realidad, cuando, por ejemplo, se pregunta por las causas de la revolución industrial, la pregunta es dime las cuatro causas de la revolución industrial que te dije ayer. De esta forma, leer, escribir, hablar, escuchar y pensar, son tareas que acaban siendo prácticamente actividades extraescolares.
Se habla mucho del fracaso escolar refiriéndose al rendimiento de los alumnos, pero quizás sea más importante pensar sobre el fracaso de un sistema que en los albores del siglo XXI funciona de la misma forma que en el siglo XIX. Contengamos la irrefrenable tendencia a señalar culpables -generalmente, se dice, los docentes-. Vale más analizar los problemas y tomar nota de las múltiples experiencias que se vienen sucediendo en España y en otros países. A este respecto tanto en los medios de comunicación generales como en los profesionales se viene dando cuenta de tendencias prometedoras que, inequívocamente, pasan por cambios significativos en la estructura actual de la escolarización. Cambios de calado que no pueden producirse de la noche a la mañana pero que son viables si se establecen objetivos y estrategias. Para estos cambios es necesario apelar a la política, a la política educativa y a otras, pues, por sí solas, las escuelas y los profesores carecen de los recursos que requiere su reforma. Esperemos, por cierto, que el pacto educativo no sea el parto de los montes.
Consecuencias de haber negociado todo con las Farc bajo el interés del Gobierno y no del Estado.
Por: Daniel Mera Villamizar.
En octubre de 2015, la entonces ministra de Educación celebro que “hemos logrado un sacudón a la calidad de la educación; los resultados de Saber 11 muestran la respuesta de los estudiantes frente al programa de becas Ser Pilo Paga”. De aguafiestas, anote que “el sistema responde por todos los estudiantes”, no solamente por los pilos, y que para un “entendimiento público más fidedigno” se necesitaban otros datos básicos, que el MEN tampoco ofreció en 2016.
Pues bien: aquí están algunos de esos datos y ratifican la enorme desigualdad educativa que se esconde detrás del promedio nacional del puntaje global en Saber 11, la estadística favorita para seguir engañándonos. Es como si a nadie le importara el promedio del quintil inferior o del 60 % de la mitad. Como si la distancia entre el quintil inferior y el superior no entrañara un reto mayúsculo de política pública, con variables de rural y urbano, y nivel socioeconómico.
En 2015, calendario A, el promedio global fue 250 (sobre 500); el del 20 % inferior, 191; el de los quintiles 2, 3 y 4, 246; y el del quintil superior, 321.
Debería consternar un poco ese promedio de 191, que cerca de 120.000 bachilleres salgan con tan bajas competencias académicas. La entonces ministra vendió un “sacudón a la calidad”; así que es de suponer que observó una mejoría respecto de 2014. No fue el caso del quintil inferior, que bajó de 196 a 191 (en 2016 se movió a 194), ni del 60 % de la mitad, que bajó de 247 a 246. El único que subió fue el quintil superior, de 315 a 321 (versus 349 de calendario B). De hecho, el puntaje promedio de los colegios oficiales bajó levemente de 245 en 2014 a 244 en 2015. Sin embargo, “sacudón…”.
Si nos importan los 120.000 bachilleres del quintil inferior, ¿qué hacer? Una acción que este Gobierno prometió a partir del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, artículo 200, fue cerrar brechas; y en educación uno de los indicadores es el promedio del resultado en la prueba de matemáticas de Saber 11, a nivel municipal, con línea base de 2014 y metas en 2016 y 2018. Otro indicador relacionado es el porcentaje de cobertura neta en educación media. Planeación Nacional, DNP, estableció la brecha y el nivel de esfuerzo para superarla, y trata de realizar seguimiento.
¿Quiénes son los responsables del esfuerzo? He ahí la cuestión. Se requería un acuerdo sectorial entre DNP y el Ministerio para redirigir inversiones hacia cada uno de los cuatro indicadores en educación para cierre de brechas. Ya no se hizo ese acuerdo sectorial y muy pocos se hicieron. No hubo una política pública para cierre de brechas en educación. No es sexy hablar de los perdedores o los condenados en ruedas de prensa. Pero así como un país con aspiraciones no debe cometer la torpeza de desperdiciar el talento que ha sobrevivido a la desigualdad, tampoco puede éticamente ignorar a los que no podrán evitar el 20 % inferior.
Ahora que se han terminado las clases, una idea para pensar de aquí a septiembre: un estudiante pobre tiene 4,1 veces más posibilidades de repetir curso que uno rico. Como explica Soledad Bos, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), «en los resultados de PISA, el factor más importante que influye en educación, es el socioeconómico».
Precisamente, el dato sobre el peligro de repetir es del Informe PISA, el archifamoso estudio sobre educación en 72 países que hace la OCDE, el think tank oficial de los que teóricamente son los países más ricos del mundo (y alguno al que había meter en el grupo para pagarle favores, como Turquía, por ser miembro de la OTAN en plena la frontera con la Unión Soviética, o México, por firmar un acuerdo de libre comercio con EEUU).
Según la OCDE, los «estudiantes ricos» son aquéllos cuyas familias están en el 20% más alto de ingresos, y los «pobres», los que se encuentran en el 20% más bajo. Y el estatus socioeconómico explica un 13% de las diferencias educativas de PISA.
Eso no se debe solo a que el dinero permite comprar cosas (en este caso, educación), sino, también, modos de vida. En palabras de Bos, «tener ingresos altos no solo significa poder acceder a mejor educación, incluyendo clases particulares. Implica también que el estudiante tiene un buen lugar para estudiar en la casa, y unos padres con tiempo libre para ayudarle».
Jonathan Guryan y Erik Hurst, de la universidad de Chicago, y Melissa Kearney, de la de Maryland, afirman que, en EEUU, «los padres consideran invertir en sus hijos como un bien de lujo, más valorado que la tradicional producción del hogar [o sea, las tareas domésticas] o el entretenimiento». Pasar tiempo con la progenie es, hoy en día, un lujo.
Así que la educación, en cierto sentido, se hereda. «Si un padre viene de un entorno educativo con un estándar educativo alto, él va a poner más alto el listón para sus hijos», explica Bos. En su opinión, la educación de los padres puede ser el elemento más importante, al menos en «en América Latina, donde los alumnos que llegan a niveles de excelencia en la prueba PISA lo consiguen por el apoyo de los padres, no por los sistemas educativos en la región».
Claro que esta importancia de la educación de los padres y del entorno familiar también puede limitar el impacto del nivel económico y de la falta de inversión en educación (permitir darle la vuelta a la tortilla. Por una parte, está el hecho de que, como recuerda el BID en su análisis de PISA, «un pequeño porcentaje de estudiantes pobres logra resultados positivos, lo que demuestra que todos, más allá de sus circunstancias, pueden lograr el éxito en la escuela».
El problema es que ese «pequeño porcentaje» de estudiantes que alcanzan la excelencia es, realmente, muy pequeño. Apenas entre el 0,5% y el 1% de los estudiantes de Latinoamérica alcanzan los niveles que PISA considera «de excelencia». En España, el porcentaje es del 5%. En Singapur, el 20%. La excelencia es importante porque, según Bos, «estas personas son las que son más proclives a generar innovación».
Todo esto pulveriza la tesis del columnista de The Wall Street Journal Charles Murray en su archicontrovertido libro The Bell Curve, de 1994, y en otros ensayos, en los que afirmaba que «es casi seguro» que «la población que está bajo la línea de la pobreza en EEUU tiene una configuración genética significativamente diferente de la de la población que está por encima del umbral de la pobreza».
Vamos, que los pobres son genéticamente tontos y vagos. Murray, al menos, tuvo la deferencia de no explicar a sus lectores que normalmente las personas creemos que somos más ricas y más inteligentes de lo que somos. Y es, probablemente, también se le pueda aplicar a él. La soberbia no es el pecado original por mera casualidad, y no parece que se vea muy afectado por el nivel socioeconómico y educativo las familias. Todos la tenemos.
Una buena escuela es capaz de mitigar el peso de los factores socioeconómicos y culturales, y de hacer una diferencia. Para lograrlo, debe tener liderazgo académico, trabajo en equipo, cultura de la planeación y la evaluación, atención al clima propicio para el aprendizaje y relación con la comunidad, destacó Sylvia Schmelkes del Valle, consejera de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, en su ponencia La autoevaluación en la escuela, ante docentes y alumnos de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal Oficial de Guanajuato.
En el marco del primer aniversario de la Red Estatal de Cuerpos Académicos y Grupos de Interés de las Escuelas Normales Públicas del Estado de Guanajuato (Red CAEN), Schmelkes del Valle señaló que la autoevaluación escolar cobra sentido en el marco de la autonomía para planear en función de la realidad de cada escuela, puesto que la evaluación sirve para mejorar.
Indicó que los centros escolares requieren autonomía para planear a partir de un diagnóstico de sus problemas y de las necesidades educativas del contexto, planeación que debe ser colegiada, monitoreada y evaluada; en este marco la autoevaluación es una actividad central.
La escuela al centro, dijo la consejera del INEE, tiene como ventajas la adopción de un enfoque que le da centralidad a lo pedagógico, impulsa la planeación estratégica traducida en una ruta de mejora y promueve prácticas docentes, participación responsable y rendición de cuentas.
Precisó que la autoevaluación de los centros escolares es una estrategia integral para valorar el proceso y los resultados educativos de la comunidad escolar, así como la efectividad con que la escuela gestiona los recursos disponibles en su contexto, en torno a una visión compartida centrada en altas expectativas de aprendizaje para los alumnos. La autoevaluación en la escuela permitirá mejorar la calidad y la equidad de la educación que ofrece, concluyó.
Por otra parte, el INEE realizó el taller Autoevaluación, evaluación formativa y evidencias, impartido a docentes de escuelas normales de la entidad, por la jefa de proyecto del equipo de la Junta de Gobierno de este organismo autónomo, Eva Hamilton Vélez.
El CDC ha publicado un nuevo informe que demuestra que menos adolescentes están informando de la actividad sexual. Y, alentador, cuando tienen relaciones sexuales, la mayoría de estos jóvenes están usando protección.
Tirando de datos de la Encuesta Nacional de Crecimiento Familiar para los adolescentes varones y mujeres entre las edades de 15 y 19, funcionarios de los CDC intentaron medir las tasas de actividad sexual y hábitos anticonceptivos. La ventana de investigación abarca desde 2011 hasta 2015 y también incorpora información seleccionada de otros recursos nacionales de datos, incluyendo la Encuesta Nacional de Varones adolescentes 1995, para dar contexto y la comparación de las tendencias actuales.
En curso desde 1988, esta investigación anual es crucial, ya que da a los funcionarios la posibilidad de medir la proporción de adolescentes que tienen relaciones sexuales y, lo más importante, cómo están protegiendo su salud.
Sabemos que los EE.UU. tienen una tasa de embarazo adolescente muy superior al de las naciones similares, a pesar de que ha disminuido considerablemente en los últimos años. Y al igual que otras naciones occidentales, los EE.UU. está luchando contra las ITS y sus complicaciones de salud resultantes.
En este informe, los investigadores encontraron que la actividad sexual de los adolescentes es en realidad una tendencia descendente.
Entre 2011 y 2015, poco más del 42 por ciento de las adolescentes que nunca se casaron – alrededor de cuatro millones – y el 44 por ciento de los adolescentes varones que nunca se casaron – 4,4 millones – informaron de que habían participado en el acto sexual. Las tendencias a largo plazo parecen corroborar que las cifras de 2011-2015 representan una disminución significativa en las tasas de adolescentes que reportan tener relaciones sexuales.
Este no fue el aspecto más interesante de esta investigación, sin embargo. Otro hallazgo clave fue que las mujeres jóvenes están utilizando cada vez más los anticonceptivos para proteger su salud sexual y evitar el embarazo.
Adolescentes mujeres que usan anticonceptivos en su primera relación sexual reportado subió de 74,5 por ciento en 2002 a 81 por ciento en el período 2011-2015. adolescentes varones que no han experimentado el mismo aumento en el uso del condón, pero esa tasa se ha mantenido relativamente estable en casi el 77 por ciento entre 2011 y 2015 – abajo de algunos puntos de la cerca de un 80 por ciento entre 2006 y 2010.
En la era de aplicaciones de enganche en línea que pueden facilitar fácilmente encuentros sexuales en la primera reunión, otro aspecto sorprendente a emerger de los datos es que son relativamente pocos los adolescentes reportan tener relaciones sexuales con alguien que no se habían visto antes, a tan sólo dos por ciento de niñas y siete por ciento de los varones. Será interesante ver si esta tendencia cambia cuando los investigadores examinan retrospectivas para el período 2016-2020 dentro de unos años.
El informe incluye algunos resultados alarmantes, sin embargo. Por ejemplo, entre las formas más populares de control de la natalidad fue “retirada” o “marcha atrás”.
Como Planned Parenthood y cada clínica de renombre salud sexual que se hará constar, esto no es un método fiable para la prevención del embarazo, y no hace nada para prevenir las ITS. La popularidad del método ineficaz entre los adolescentes puede estar vinculada a la falta de educación sobre salud sexual – algo que los expertos dicen que es clave para prevenir el embarazo en adolescentes y enfermedades de transmisión sexual.
Nicole Cushman, de la educación y la formación organización respuesta sexual, caracteriza a estos hallazgos para la CNN como positivo y un testimonio de jóvenes responsables:
Estos nuevos datos realmente confirma la continuación de las tendencias que hemos estado viendo desde hace muchos años en la salud sexual de los adolescentes. Mi mensaje para llevar de estas tendencias a lo largo de los años es que los jóvenes están haciendo un gran trabajo en la toma de decisiones responsables sobre su salud sexual. Creo que realmente muestra que cuando dotar a los jóvenes con el conocimiento y las habilidades para proteger su salud sexual, que son capaces de tomar decisiones mejores para ellos.
Cushman pone de relieve la urgente necesidad de dotar a los jóvenes con el asesoramiento preciso y libre de prejuicios sobre la salud sexual. Por ejemplo, el informe de los CDC señala que “Las estimaciones de prevalencia sugieren que uno de cada cuatro adolescentes sexualmente activos tiene una ETS, como la clamidia o el virus del papiloma humano (VPH),” los cuales pueden tener graves repercusiones para la fertilidad adulta.
Por otra parte, las personas LGBTQIA a menudo no reciben la educación que necesitan para tomar decisiones informadas sobre la salud sexual, llevando a algunos a involucrarse en comportamientos sexuales de riesgo que puede significar contraer el VIH y otras infecciones.
El principal mensaje de este informe es la siguiente: Si damos a los jóvenes las herramientas que necesitan con el fin de tomar decisiones informadas, la mayoría va a actuar de manera responsable.
Depende de nosotros, entonces, reconocer que la educación sexual apropiada para su edad debe ser financiado a través de los programas de abstinencia fallidos a nivel nacional, estatal y local. El hecho de no hacerlo le permite a nuestros hijos hacia abajo y los expone a riesgos de salud sexual que son fácilmente evitables.
* Steve Williams, es un apasionado defensor de los derechos Trans (LGBT) Lesbianas, Gay, Bisexuales y, los derechos humanos, el bienestar animal y la reforma de salud. Es un autor, poeta y periodista ciudadano publicada, y guionista de juegos de ordenador, películas y series web.
A few years ago, the cloud was a promise to reduce costs of IT and improve flexibility and scaling by providing on-demand computing, storage and services to every organization.
Today, the cloud is a ubiquity we take for granted. We expect every file, every service and digital asset we have to be available across all our devices everywhere we go, at any time of the day.
The omnipresence of the cloud has streamlined and transformed quite a number of domains, including education. Today, thanks to cloud computing, education and training has become more affordable, flexible and accessible to millions of people and thousands of businesses.
Here’s a look at how cloud-based education has changed things for the better.
Lower software and hardware costs
One of the problems schools and training departments in organizations have constantly struggled with is to keep up with hardware, software and IT staff costs and complexities. In contrast, the cloud has been offering low-cost, subscription-based model that can support more companies and organizations.
The elegance of the cloud is that the user only requires little more than a browser and an internet connection. This is a welcome shift from the need to manually install and update applications on every single computer in a department.
In the past years, solutions such as Google’s suite of educational tools have provided schools with a free access to general classroom tools such as word processors, spreadsheets and presentation software. Cloud applications such as Google Docs allow students to easily collaborate on assignments in an easy-to-use environment.
Microsoft has also made its move to the cloud, providing subscription-based access to the cloud version of its popular Office suite, which it offers for free to students and teachers.
Virtual classrooms
One of the interesting developments in the space has been the advent of virtual classrooms in the cloud. Virtual cloud classrooms provide teachers with a paperless way to set up classes and courses, distribute material and assignments, and track and grade student progress from their desktop browser or smartphone.
On-premise virtual classroom software have existed for a while, but their installation and deployment came with heavy technical and financial requirements. In recent years, established companies such as Blackboard have started offering cloud-based services, making it possible for more schools and institutions to enroll.
Bigger tech corporations are also entering the space. Google launched its Classroom app as part of G Suite for Education in 2014 and Microsoft released its own Classroom last year. Both solutions revolve around providing a unified environment to better use office cloud apps in managing classes.
Virtual training labs
Cloud platforms can be a boon to professional education. For instance, IT training is traditionally associated with large investments in hardware and complex setup costs. However specialized cloud platforms have provided a flexible, cost-effective and easy-to-deploy alternative.
One example is CloudShare, a provider of cloud-based virtual machines, which enables companies to setup virtual training labs for their training sessions. With CloudShare, trainers can create any number of VMs of various operating systems in a virtual class environment, assign them to students, monitor their use and actively assist students when needed.
The use of cloud computing and virtual classes in IT training brings huge benefits by cutting back hardware costs and complexity while providing an interactive experience that is not possible in legacy classroom settings. It also benefits companies that need to train staff and employees across the world by sparing them additional traveling and trainer fees.
Better access to education and training
By 2025, the global demand for higher education will double to approximately 200 million students per year, mostly from emerging economies. Elsewhere, the disruption of the economy and employment landscape by artificial intelligence is increasing demand for professional training in various fields.
But thanks to cloud-based education, more and more people can now attend academic and professional courses. In recent years, we’ve seen the emergence of massive open online courses (MOOCs) platforms, which provide easy and affordable (sometimes free) access to knowledge and training.
In 2012, Stanford University professors Andrew Ng and Daphne Koller founded Coursera, a cloud platform that offers online courses, specializations, and degrees in a variety of subjects, including data science, computer science, engineering and medicine. Aside from Stanford, other top universities such as Princeton, University of Michigan and Penn State University are now using the platform to offer their programs to students worldwide.
Applicants can enroll for courses, specialization certificates or full higher education degrees. As of 2017, the platform offers more than 2,000 courses and has more than 24 million registered users worldwide.
edX, a platform similar to Coursera created by Harvard University in collaboration with the Massachusetts Institute of Technology, added high school education to its platform in 2014 to help people across the world get access to secondary education.
Tech corporations have launched their own education platforms to give access to knowledge and education in specific fields. One example is IBM’s Big Data University, a free platform that aims to put more people into data science and machine learning jobs and now has more than 400,000 signed up users.
Cloud-based learning platforms offer anyone with an internet connection classrooms, lectures, course material and a seamless environment where they can learn at their own pace and work on assignments and projects on any device and anywhere they go.
Where do we go from here?
With such huge amounts of data being collected and processed in the cloud, the next step of cloud education is the integration of artificial intelligence in the process. AI algorithms can assist both teachers and students in the learning process, finding pain-points in the teaching process and lending a hand where learners are struggling. Most major vendors have either taken their first steps or are now considering integrating AI-powered tools in their training solutions.
We’ve already seen acceleration and enhancements in education and training thanks to the cloud. What will come next can be even more exciting.
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