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Ambientalismo cualificado y sus desafíos

Por: Ollantay Itzamná
Cada 5 de junio, desde 1972, la ONU promueve diferentes actividades de sensibilización e información, mediante diversas actividades, sobre la situación ambiental del planeta, en múltiples lugares.Casi medio siglo después del establecimiento de esta conmemorativa fecha mundial, la percepción sobre la situación crítica del medio ambiente ha cambiado.

En la década de los 60 del pasado siglo toda persona (científica o no) que “alertase” sobre las calamitosas situaciones de algunos aspectos del medio ambiente (en especial la capa de ozono) era calificada de “catastrofista”, “apocalíptica” y “radical”.

Ahora la situación crítica y sus consecuencias del sistema Tierra (y del medio ambiente en particular) es una verdad científica incuestionable. Y la autodefinición de ambientalista o emprender acciones de cuidado con el medio ambiente son motivos de valoración y admiración por parte del resto de la comunidad.

La herejía o el radicalismo de hace sólo 50 años atrás ahora se ha convertido en una verdad universal, por encima de las diversidades culturales o civilizatorias, porque la Madre Tierra es una y los signos y síntomas de su malestar no conocen ninguna frontera.

Teóricamente sabemos lo mal que está «Mamá». Pero, los dispositivos sociales y culturales instalados en nuestro espíritu nos impiden que el conocimiento cerebral baje al corazón y cambie nuestras aptitudes, actitudes y conductas.

Tenemos información necesaria de las causas de los múltiples malestares de nuestra Madre Tierra, pero aún no tenemos voluntad (individual y colectiva) para hacer cambios significativos y así quizás postergar lo inevitable que se viene a velocidades cada vez más rápidas.

¿Cuáles son los mayores retos de los ambientalistas?

Sanarnos de la «consumopatía». Urge abandonar progresivamente el consumismo material y espiritual y transitar hacia la sobriedad existencial. No necesitamos mucho ni muchos bienes para ser felices.

Resistencia económica. Ya no deberíamos comprar y consumir productos que hacen demasiado daño a la Tierra, mucho más si son de corporaciones «ecocidas». Casi el 50 % de los productos que nos ofrecen en los supermercado son innecesarios y/o basura que compramos para tirar. Si dejamos de comprarlos dejarán de producirlos.

Los consumidores actuales y potenciales demográficamente somos la gran mayoría. Eso nos da un poder inimaginable.

Si dejamos de consumir ciertos productos ellos ya no tendrán el poder para dañarnos porque ya no los seguiremos fortaleciendo con cada compra que hacemos.

Si a esto sumamos nuestra apuesta progresiva a abandonar el dinero como único medio de intercambio de bienes y servicios, estaremos activando una cultural contrahegemónica de resistencia económica.

Resistencia cultural. La resistencia cultural consiste en dudar de todas las verdades “absolutas” que nos ha instalado o afianzando el sistema mundo occidental moderno.

No podemos ser ambientalistas y seguir asumiéndonos los humanos como los únicos sujetos con derechos en el planeta. Predilectos de algún dios desconocido «sulbalternizando» al resto de las especies.

Aceptar que los humanos somos un grupo más dentro de la comunidad cósmica y reconocer la dignidad y los derechos a los otros seres vivos y “no vivos”, es una tarea teórica y práctica inmediata. El antropocentrismo acelera el viaje a nuestro final como especie.

Superar el individualismo. Reconstruir los entramados comunitarios y superar el individualismo como método y como estilo de vida es otro de los desafíos ambientales actuales.

Hemos destruido nuestra única casa y hemos dañado el tejido vital de nuestra Madre Tierra por estar compitiendo entre nosotros, jugando a ser “mejores que el resto”.

El sistema Tierra no tiene capacidad para que todos satisfagamos nuestros infinitos deseos de ser “el mejor” con sus finitos y ya deficitarios bienes disponibles con los que cuenta. El individualismo metodológico es tan letal e insostenible como el mito del desarrollo infinito.

Abandonar las ciudades. Abandonar paulatinamente las «megaurbes» y retornar al campo es una necesidad y un reto urgente. Si «Mamá» ya no tiene capacidad para alimentar la voracidad creciente actual, mucho menos tiene energías para hacer llegar comida y agua a las megaciudades desde lugares cada vez más alejados. La ciudad, como ilusión de la modernidad, no es amigable con la Tierra. Peor aún en situaciones catastróficas cada vez más recurrentes.

Transitar hacia la ecopolítica. Tampoco podemos decir que somos ambientalistas (sólo por recoger residuos sólidos o protestar cada 5 de junio) si seguimos creyendo en el sistema político vigente que nos ha llevado al caos ambiental planetario.

Es urgente trabajar, organizar, construir poder, ya no únicamente para la búsqueda del bienestar humano (derechos humanos), sino por el bienestar integral de la Madre Tierra, donde vamos incluidos los humanos. Estos tiempos son tiempos de derechos de nuestra Madre Tierra.

Organizaciones como las ONG o las iglesias no pueden ser ambientalistas si siguen entrampadas en el eufimismo de lo apolítico. Votar por la derecha y por los ricos ecocidas en cada rito electoral nos hace tan cómplices o más que los «ecotiranos» que gobiernan.

Construir el poder integral desde lo local, de manera ascendente y horizontal, para que todos los hijos de la Madre Tierra nos reorganicemos para defender y promover la vida en sus diferentes formas es un imperativo político impostergable. Los ricos son ambientalistas en la medida en que no afecta a sus intereses económicos.

Hacia una ecoespiritualidad. El reto mayor es el reto espiritual. La sobriedad económica, la conciencia ecopolítica, el cosmocentrismo y el retorno a la comunidad son posibles si acaso emprendemos la transición de la fase religiosa a la fase espiritual.

La espiritualidad es ese centro fundador y motivador que hace que la persona, por más que en sus intentos sólo encuentre “derrotas”, jamás claudique en sus propósitos. Renunciar a lo cierto (seguro) por lo incierto, al confort por el sacrificio, a las verdades instaladas por las sospechas… requiere una mística profunda arraigada en la identidad y espiritualidad de la Tierra.

Estos tiempos no solo necesitan a los ambientalistas, sino a todos los hijos de la Tierra que sientan los dolores catastróficos de su Madre y actúen para mitigar y cambiar progresivamente las causas estructurales de dichos males. Y ello implica cambios de estilos de vida. Una proceso de autoliberación interna individual y colectiva para salir del «sistema mundo ecocida» en el que estamos entrampados.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227576&titular=ambientalismo-cualificado-y-sus-desaf%EDos-

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La formación de familias en contextos desfavorecidos como elemento básico de mejora

Por: Pablo Gutiérrez del Álamo

La formación de familias mejora los resultados de niñas y niños, además de tener efectos positivos en la convivencia y la comunicación con el centro educativo e, incluso, fuera, en el barrio.

Tres podrían ser los ingredientes clave para conseguir una buena relación con las familias gracias a la formación en el centro: preguntarles qué quieren aprender, hacerles caso y poner en marcha el proyecto para que lo aprendan y, por último, “cafelito”.

La participación de las familias es uno de esos ingredientes necesarios para una mejora de todos los sentidos en la vida de un centro. Pero esta participación siempre es algo complicada. Tal vez más, o diferente, cuando el centro educativo se encuentra en barrios en donde buena parte de la población se encuentra al borde de la exclusión social, bien sea por ser migrantes, por pertenecer a minorías étnicas o culturales, por la situación laboral o por todas estas razones al mismo tiempo.

Una buena manera de conseguir un salto cualitativo, no exento de gran esfuerzo, es la formación de familias. Es una de las actuaciones que se llevan a cabo en el proyecto educativo de comunidades de aprendizaje. Una formación de familias que si por algo se caracteriza es por el diálogo igualitario entre las partes.

Preguntar

Hace unos días se presentaba en Madrid un estudio sobre el impacto de la formación de familiares (principalmente madres) en la vida de los centros educativos y de sus entornos. Para ello, además de asistir el investigador principal, Aitor Gómez, también estuvieron presentes madres, personas voluntarias del proyecto, así como equipos directivos de centros tan alejados como el Mare de Deu de Montserrat (Terrasa) como el CEIP Andalucía (Sevilla).

Lo primero de todo es preguntar a las familias qué quieren, qué necesitan aprender. “Cuando se abre la puerta hay que hacerlo de corazón, escuchando”, aseguró Inmaculada Mayorga, del equipo directivo del CEIP Andalucía.

Antes de organizar cualquier formación es básico saber qué necesitan las personas a las que va dirigida. Las respuestas van desde educación emocional, alfabetización, clases para sacar el carné de conducir, costura y patronaje… La lista es larga, pero teniendo en cuenta la realidad de los centros del estudio, la alfabetización para la consecución de un título como el de la ESO o para el carné de conducir son recurrentes. También el aprendizaje del idioma, puesto que muchas de las familias son de origen migrante (en muchos casos, marroquíes) y necesitan cosas tan básicas como poder preguntar a los docentes de sus hijas e hijos cómo van en los estudios, cómo se portan o qué notas tienen. O qué han de preguntar en el consultorio médico.

Pero, claro, cuando se pregunta hay una obligación de acatar lo que se decida. Aquí los equipos directivos han de hacer un cierto esfuerzo de humildad. Es otra de las bases de todo el proyecto, el diálogo igualitario que tanto obliga al docente a no ser el agente decisorio, sino facilitador en muchos casos, así como es el elemento clave para el cambio en las relaciones (para mejor) tanto de las familias hacia los docentes y la escuela, como entre ellas y en el barrio.

Desde el Colegio Santiago Apóstol, en el barrio valenciano del Cabanyal lo tienen claro. Jordi Bosch (director) y Amparo Cervera (jefa de estudios) explicaron cómo “más diálogo hace que todo sea más fácil y que haya menos conflicto”. Para Nuria Martín, directora del Mare de Deu, la cosa está clara: “Les preguntamos mucho. Hay que escuchar para hacer según nos digan. Horarios, cursos, si queremos formador, alfabetización en catalán/castellano, preparación para la nacionalidad, inserción laboral, conocer a sus hijos…”.

Como explicaba José López, voluntario y mediador intercultural de etnia gitana en el Cabanyal, una de las dificultades para las familias es que “nos costó creer que nos dejaran entrar (en los centros). Me van a escuchar, mi voto cuenta”.

La participación de las familias en la formación que pueda organizarse dentro del colegio es importante no solo por los efectos sobre el alumnado, en sus resultados así como en la mejora de la convivencia del centro. También adquiere importancia al mejorar las relaciones entre estas familias dentro y, sobre todo, fuera de las puertas del colegio.

María Quirós es una madre del Mare de Deu, de etnia gitana, que explicó lo importante que había sido poder compartir espacios de formación, aprendizaje y conversación con otras madres, en este caso, marroquíes. Habían compartido tertulias literarias alrededor de libros como Yerma, Madre coraje o Casa de muñecas. Libros que, dijo, les hablaban “de mujeres de verdad”, gracias a los cuales habían conocido “diferentes culturas que nos dan distintas visiones”. Las tertulias consiguieron que estas madres eliminasen “los mitos sobre las otras culturas”. “Nos respetamos y hace que el barrio vaya mejor”.

Y a parte de diseñar actividades formativas elegidas por las propias familias, o encuadrarlas en un horario que les venga bien a ellas para poder asistir, preguntaba una docente cómo se conseguía que esas madres y padres fueran al centro, participasen.

La respuesta, por simple, tal vez no se vea. La dio José López: “Invítalas a merendar”. Una de las claves es reunir a las personas alrededor de una mesa, con un café, con algo de comida. En el CEIP Ciutat de Cremona, Alicia Requena, su directora, también habían optado por esta línea: “Con horchata y merienda”. Y no solo en Valencia. Desde el CEIP Andalucía de Sevilla también comentaron la “necesidad” de incentivar las reuniones con las familias con algo más que el título de la reunión.

Para López la clave es que el ambiente sea distendido, no obligatorio. De hecho, en el Santiago Apóstol se había optado por llamar al proyecto de formación “Tardes familiares”. A parte de la merienda, claro, la clave es que la formación es a demanda, la elegida por las familias: taller socio-sanitario sobre alimentación para los críos, habilidades sociales a la hora de enfrentar una entrevista de trabajo, alfabetización para el carné de conducir.

¿Para qué esta formación?

Esta tal vez se la pregunta clave. Dentro del proyecto de comunidades de aprendizaje entienden la formación de las familias como elemento fundamental para, entre otras cosas, romper con el determinismo social según el cuál el nivel de estudios de las familias (principalmente de las madres) predice el nivel académico de niñas y niños, o influye en su desarrollo en dentro del sistema educativo.

Las familias de ámbitos de exclusión social, que por lo general tienen niveles de estudios primarios o, como mucho, hasta la ESO, según informes como PISA, impactan en los resultados de niñas y niños de forma que no alcanzan altos niveles de competencia.

Mediante la formación de familias se consiguen importantes resultados que tienen incidencia en los resultados académicos de sus hijos e hijas. Uno de los primeros efectos es que estos ven a sus madres (y también a algunos de sus padres) estudiando dentro del mismo colegio que ellos. Ven directamente cómo repercute la formación en su futuro. Les ayuda a motivarse puesto que ven el referente adulto más claro. Las expectativas aumentan. En este sentido también habló Loli Santiago, profesora y voluntaria gitana en la Escuela Mediterrani, quien explicó que “Ven que tú lo has hecho y que ellas pueden hacerlo también”; “te conviertes en un referente”.

José López explicaba que: “Tiene mucho impacto para las niñas y los niños ver que sus padres también estudian y lo hacen en el mismo colegio que ellos. Además, cuando llegan a la casa ven que sus familias también tienen que hacer deberes y eso crea escuela“.

Así que el impacto sobre los resultados académicos es patente, pero no solo. También está el efecto que tiene esta formación en la convivencia dentro del centro. Lo ejemplificaba esto Reda Rigaa, un alumno de 12 años, de 6º de Primaria del Mare de Deu de Montserrat al explicar cómo había llegado un niño nuevo en 4º procedente de Bruselas. Y cómo los niños de la clase le hacían bromas sin pensar que le pudieran molestar. La madre del chico participaba dentro de los grupos interactivos que trabajan con los chicos diferentes horas a la semana y, viendo lo que ocurría, habló con la profesora de los niños. Hubo una reunión del grupo con esta docente y con la madre, que les explicó que su hijo lo estaba pasando mal.Las bromas cesaron, explicaba Reda, porque comprendieron lo que estaba ocurriendo.

El niño también ejemplificó la importancia de la formación de las familias hablando de cómo su padres estaba leyendo en las tertulias dialógicas literarias La metamorfosis de Kafka y cómo les explicaba a la familia de qué trataba durante la cena. “Ahora le explico yo que estoy leyendo El lazarillo de Tormes y de qué trata”. “Nos gusta que vengan al colegio porque nos pueden ayudar”.

*Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/06/12/la-formacion-de-familias-en-contextos-desfavorecidos-como-elemento-basico-de-mejora/

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“Resistir es crear, existir y trasformar”

Por: Sergio Ferrari

Foro Social Mundial temático en 2018, en Brasil

Los interrogantes que flotaban sobre el futuro del movimiento altermundialista luego del último Foro Social Mundial (FSM) de Quebec de agosto del 2016 parecen comenzar a decodificarse. El Colectivo Brasilero del FSM 2018 acaba de ratificar su decisión de convocar en el campus universitario de la Universidad Federal del Estado de Bahía, en la ciudad de Salvador, a un evento mundial temático entre el 13 y 17 de marzo del año próximo.

Propone que el tema central del mismo incluya los Pueblos, Territorios y Movimientos en Resistencia. Y según un comunicado público de inicios de junio, reconoce que “las frases que impregnaron nuestros debates” en estos meses, como posibles lemas fueron: *Resistir es Crear, Resistir para Transformar*; “Resistir es Crear y Transformar, Resistir es Necesario* y, “Resistir es Crear, Existir y Transformar”.

Dicho Colectivo reúne ya una centena de organizaciones y “sigue en crecimiento”. Y será gestionado por un Grupo Facilitador compuesto por 20 miembros, representantes de “organizaciones y movimientos sociales bahianos, de entidades brasileras presentes en el Consejo Internacional y de organizaciones y movimientos de dimensión nacional representativas de la diversidad de las luchas”.

Saliendo al cruce de toda crítica sobre una eventual manipulación político-coyuntural de la convocatoria bahiana, los organizadores recuerdan que, si bien 2018 será un año electoral en el país sudamericano, la autonomía de la sociedad civil está asegurada.

A pesar de los comicios nacionales del 7 de octubre del 2018, “la autonomía de los movimientos sociales” que participan de la convocatoria, “será preservada, en consonancia con la Carta de Principios del FSM” (documento fundante de referencia de 14 puntos de junio del 2001), ratifica el Colectivo Bahiano. Quien anticipa que en conjunto con el Consejo Internacional se busca la participación amplia de los movimientos sociales de los diferentes continentes.

Visión de uno de los “fundadores”

En un texto recién enviado al Consejo Internacional para su discusión, Francisco Chico Whitaker, uno de los fundadores del Foro Social Mundial afirma que esta convocatoria “es una prueba de la voluntad de movilización planetaria para superar el capitalismo a pesar de su avance avasallador en el proceso de globalización de la economía”.

Y recuerda que doce años después de la caída del Muro de Berlín (noviembre 1989), la convocatoria del primer evento del FSM en Porto Alegre en enero del 2001, vino a confrontar el pensamiento único que pretendía vender la idea que “fuera del mercado no hay alternativa”. Tuvo un impacto simbólico y de comunicación extraordinaria porque “organizamos este evento a favor de Otro Mundo Posible, en la misma fecha y en paralelo al Foro Económico de Davis”, recuerda Whitaker en entrevista con este corresponsal.

Los actuales desafíos de los movimientos sociales brasileros – y partidos de oposición- son extremadamente semejantes a los de los movimientos y partidos de izquierda en otras regiones del mundo, en especial en América Latina, pero también en el propio hemisferio norte, asegura Whitaker. Para quien el proyecto de Trump en Estados Unidos, es “solo un ejemplo contundente de lo que sucede en muchos otros lugares, con el crecimiento del fascismo, la xenofobia, y las propuestas de derecha”. Por tanto, es “extremadamente importante un encuentro mundial de militantes promotores de acciones de resistencia para intercambiar experiencias y articular nuevas alianzas”, subraya.

Clarificar conceptos y estrategias

Para el Premio Nobel Alternativo 2006, dos aspectos adquieren una importancia esencial en esta fase de la convocatoria del evento de Salvador de Bahía en 2018: la naturaleza misma del Foro, así como los desafíos actuales y futuros del Consejo Internacional, en tanto instancia facilitadora.

La propuesta bahiana, según Whitaker, se sitúa dentro de la “intuición de un nuevo tipo de Foro Social: los Temáticos”. Que tienen como punto de partida como los demás foros (locales, regionales, nacionales) su carácter de “espacio abierto”, creado de abajo hacia arriba por Comités Facilitadores y por tanto con actividades auto-gestionadas. En verdad, reflexiona con optimismo, “constatamos que al enfocarse en luchas precisas se llega más directamente a propuestas concretas y articulaciones de acciones”. Por otra parte, los Foros Temáticos, “tienen otra ventaja: nada impide que la gente regrese a sus lugares/regiones/países con rumbos comunes trazados, incluso con Declaraciones Finales”. Sin por ello entrar en contradicción con la Carta de Principios que no autoriza ese tipo de declaraciones cuando se trata de un FSM, general o global.

Nada impide, subraya Chico Whitaker, que este tipo de eventos como el que se convoca en Bahía en marzo del 2018 sea denominado de *mundial* y todos los Foros Sociales son ya internacionales. Y anticipa que es en esta perspectiva y con esta visión que se convocará en noviembre del presente año un Foro Social Mundial Temático Antinuclear en París, Francia. La multiplicación de Foros Temáticos Mundiales sería un buen método para “apoyar la expansión y la interconexión de todos los otros tipos de foros, en la construcción de grandes redes planetarias necesarias para confrontar eficazmente al monstruo capitalista mundial”, enfatiza Whitaker continuando con su reflexión.

Un camino viable, además, para destrabar el proceso del FSM. “Constatamos que se corre el riesgo con eventos mundiales generales -no temáticos- de caer en un cierto vaciamiento de contenidos, la repetición de *más de lo mismo*, es decir, una cierta burocratización del proceso”, advierte.

La redefinición funcional

La adopción de la estrategia de os Foros Sociales Mundiales Temáticos, “podría ser también un buen mecanismo para resolver en parte el gran problema de la crisis interna que vive hoy el Consejo Internacional del FSM”. Creado luego del 1er foro de Porto Alegre en el 2001, el Consejo, considerado una instancia de facilitación – y no de dirección o de conducción- desde hace algunos años vive una parálisis creciente.

En su último encuentro de enero pasado en Porto Alegre solo participaron unos 30 representantes, sobre un total de 170 que lo integran, constata Whitaker. Quien en 2015 en Tunes había propuesto, de forma casi provocadora, desintegrar el Consejo Internacional, al que consideraba ya entonces un “elefante pesado” de poca operatividad y casi ninguna capacidad de reacción/proposición.

En esa perspectiva de “ra cionalidad”, propone Whitaker, dicho Consejo podría reunirse una sola vez por año, durante una semana, para profundizar análisis de coyuntura y proponer nuevos caminos para enfrentar al neoliberalismo. Podrían participar todos los facilitadores de los distintos tipos de foros en el marco del FSM, que se siguen realizando en distintas regiones y con diversas temáticas, “al servicio de la construcción de otro mundo posible”.

Y en el marco de esa reflexión animada, de contenidos, representativa de dinámicas realmente existentes, “se vea necesario y útil, se podría evaluar la realización de un gran Foro Social Mundial abierto a todas las temáticas, para alimentar la esperanza de todos”, sugiere el intelectual y militante antinuclear brasilero.

Revolución de formas; reconceptualización de instancias de las iniciativas altermundialistas… La propuesta de reconceptualización de Chico Whitaker no se detiene solo en formas y funciones. Sino también en simbologías: “¿Por qué no imaginar una primera reunión de ese nuevo tipo de Consejo Internacional, ya en enero del 2018, en paralelo nuevamente al Foro de Davos en una ciudad como Porto Alegre?”, concluye interrogándose.

 Sergio Ferrari en colaboración con E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria, activamente presente desde 2001 en el proceso del Foro Social Mundial .

*Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=227601&titular=%93resistir-es-crear-existir-y-trasformar%94-
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Anticapitalismo. No hemos inventado nada (II)

Por: Luis Casado

Tal parece que la “modernidad” trae consigo novedades y prácticas inéditas. Nada de eso, dice Luis Casado, que nos muestra el origen medieval de las peores costumbres de nuestros días. Un viaje en el tiempo hacia la Edad Media, la cuna del capitalismo actual.

La gruta de Lascaux (Dordogne – Francia), posee una de las más impresionantes muestras del arte rupestre del Paleolítico. En 80 a 90 metros de longitud, entre pinturas y grabados se han clasificado 1.963 unidades gráficas, 915 de las cuales son de animales. Junto a Altamira (Cantabria, España), y Chauvet (Ardèche, Francia), constituye lo que los entendidos llaman las Capillas Sixtinas del arte prehistórico, aunque las imágenes no muestran ningún querubín.

Aun cuando Lascaux no tiene ni el atractivo de un shopping-center ni la variedad de un Mall y se diga lo que se diga no es tan exciting como Eurodisney o una final de la Champions League, hacia 1955 recibía más de 1.200 visitantes al día. El dióxido de carbono producido por los turistas comenzó a dañar las obras que el Homo sapiens sapiens pintó hace unos 15-18.000 años, de modo que, para garantizar su preservación, la gruta de Lascaux fue cerrada al público en 1963: triste fin de una oportunidad de negocio.

Se cuenta que Picasso estuvo entre los privilegiados que alcanzaron a visitar Lascaux. Al salir, los periodistas le preguntaron su opinión. Picasso, impresionado por lo que había visto, declaró: «no hemos inventado nada».

Ni el desmadre de creatividad de Picasso, que portaba al cénit un modo de pintar tras otro sin satisfacerse jamás de lo alcanzado, logró superar las técnicas y el arte que practicaron los cromañones del Paleolítico.

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La sala de Toros en Lascaux

Por eso, entre otras razones, no me sorprendió que Bernard Maris asegurase en uno de sus libros que la Teología y la Economía no han descubierto nada en los últimos siglos. Cuestión de fe, desde hace más de dos mil años es la misma cantinela: el padre, el hijo y el espíritu santo. Amén. Por su parte, cuando a Milton Friedman le preguntaban, «¿Qué hay de nuevo?», Milton, que era un cachondo, respondía «Adam Smith», y se apretaba la tripa riéndose.

Como cualquier hijo de vecino, servidor tenía a Adam Smith (1723-1790) y a Jean-Baptiste Say (1767-1832) por los fundadores de la Economía Política. Sabiendo que aún en nuestros días la mano invisible del mercado es el dogma entre los dogmas y la política económica de la oferta la panacea universal, comprendes por qué razones ambos fulanos pesan lo que pesan.

Lo bueno de los primeros economistas es que no se hacían ilusiones con relación a la ciencia económica, la ciencia del mal y la desdicha, la dismal science, la ciencia siniestra, porque siniestro es el destino al que conducen el capitalismo y el liberalismo que ellos defendían (B. Maris). Un poco más tarde, Marx abundó en ese sentido cuando escribió: «La humanidad se sitúa fuera de la economía política, la inhumanidad adentro». Bernard Maris no fue menos, al escribir: «Todo lo que es económico es inhumano. Todo lo que es inhumano le atañe a la economía. La economía es el ámbito del horror y de la inhumanidad. El hombre nace cuando muere la economía». Como no la juego erudita, no te contaré que para John Maynard Keynes la economía era un basto horror que, afortunadamente, algún día, le cedería el paso a la cultura, al arte, a la política, a la libertad, a la felicidad.

Si te cuento estas cosas es porque hace unos días una lectora de Politika se sintió mal cuando le hice ver que los economistas son seres abominables. Yo no sabía que uno de sus sobrinos es economista, que siempre sacó buenas notas, que hizo estudios en los EEUU, que es un orgullo para la familia…

Y yo intentando explicarle que «en el mejor de los casos un economista no es sino un estafador, un charlatán que oculta bajo su palabrería, en general complicada, el objetivo impuesto por sus amos, mantener los hombres en la servidumbre. En el peor, es el policía o el prostituto del capital. Y la economía el canto gregoriano de la sumisión del hombre. La teoría del orden dominante, la ciencia del esclavismo». (B. Maris).

No soy el único gafe. Antes que yo Nicolás Guillén, en uno de sus poemas, habló del oficio del hijo de “Doña María”:

¡Ay, pobre doña María,
ella que no sabe nada!
Su hijo, el de la piel manchada,
a sueldo en la policía.
Ayer, taimado y sutil,
rondando anduvo mi casa.
¡Pasa! – pensé al verle – ¡Pasa!
(Iba de traje civil).
Señora tan respetada,
la pobre doña María,
con un hijo policía,
y ella que no sabe nada.

Karl Marx y, por qué no decirlo, John Maynard Keynes, buscaron liberar al hombre de la economía. Mal les ha ido. Hoy por hoy, no hay día de dios en que media docena de economistas no venga al púlpito, perdón, a la televisión, a contarnos sus fabulaciones, mentiras, dogmas, cifras y porcentajes que, en su retorcida calabaza, son más importantes que el ser humano.

Lo cierto es que Adam Smith, Jean-Baptiste Say, Karl Marx, John Maynard Keynes y muchos otros solo tuvieron que examinar una realidad antigua como el mundo para darse cuenta de la cloaca en la que se metían al dedicarse a la economía.

Adam Smith y Jean-Baptiste Say eran mercaderes. A ratos productores. John Maynard Keynes fue especulador, como David Ricardo. Marx fue pobre. Cuando nacieron, las técnicas de la producción industrial, del comercio, de la banca y las finanzas, los trucos de la doble contabilidad (no confundas con la contabilidad por partida doble), los monopolios, el tráfico de influencias, el conflicto de intereses, el engaño, el fraude, la estafa, el robo, la arbitrariedad, el pillaje, la explotación, el disimulo, la información privilegiada, los privilegios, la incuria, la prevaricación, las coimas, la usura, el abuso de posición dominante, la colusión, en suma, las técnicas del capitalismo, ¡ya existían desde hacía siglos!

Si vas a Provins, pequeña ciudad medioeval cercana a París, encontrarás no solo un chateaufort, amén de las imponentes murallas y torres que circundan el pueblo, sino también la iglesia basílica colegial de Saint-Quiriace, que data del siglo XII, en la que se arrodilló Jeanne d’Arc junto al rey Charles VII el 3 de agosto de 1429, y quien esto escribe hace cosa de un mes, pero no precisamente para rezar.

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Las imponentes murallas de Provins, pueblito de más de dos mil años de edad

Si recorres Provins, caerás en Le Roy Lire, librería especializada en la Edad Media. Allí encontré dos joyas que vienen al caso: un libro sobre las Foires de Champagne que reunían mercaderes de todas las ciudades comerciantes de Europa entre el siglo XII y el siglo XV. Cada año, las ciudades de Lagny-sur-Marne, Bar-sur-Aube, Troyes y Provins organizaban el equivalente de una FISA a la que concurrían negociantes de Venecia, Florencia, Génova, Lucques, Brugge, Londres, Leipzig, Sevilla, Stettin, Cracovia, Lübeck, Barcelona, Praga, París, Novgorod y otras tantas.

Esas Ferias prefiguraron, por su influencia económica y financiera, los primeros centros financieros internacionales. Nadie se paseaba con el producto de sus ventas: ya existían las redes bancarias y los efectos comerciales, las órdenes de pago emitidas en Brugge, y satisfechas en Venecia o Londres.

Había que ver el estado de los incipientes caminos llenos de bandas de asaltantes armados, la navegación aleatoria en redes fluviales inciertas y de peajes caros, para no hablar de un tráfico marítimo expuesto a los caprichos de los vientos y al temor de los corsarios. Goscinny lo cuenta en uno de sus Astérix: un navío de comerciantes fenicios avista un barco pirata. La reflexión de un mercader lo dice todo: «¡Piratas! ¡Que mala suerte! Podrían hundirnos, o aun matarnos. O peor aún, robarnos la mercadería».

Si cada ciudad poseía su propia moneda y su propio sistema de pesos y medidas, los banqueros y agentes de cambio facilitaban los intercambios con una ciencia que ya era milenaria. El denier provinois hacía oficio de euro medioeval, y la onza troy que entonces pesaban en el trébuchet, sigue siendo aún hoy la referencia de masa mundial para los metales preciosos.

La otra joya es un libro de Jean Favier, miembro del Institut de France, ex Directeur General des Archives de France, y ex presidente de la Gran Biblioteca Nacional. Un erudito el Favier. El título de su libro lo dice todo: Del oro y las especias – Nacimiento del hombre de negocios de la Edad Media.

Su lectura ofrece, más allá de una visión estereoscópica de la vida medioeval, un compendio tan completo de trucos, trampas y pillerías, que te podrías ahorrar los aranceles de las escuelas de comercio. Harvard, The London School of Business and Finance, HEC París y otras instituciones similares son una alpargata al lado de los comerciantes de la Edad Media.

El libro es una mina de oro. Jean Favier nos cuenta que entre los hombres de negocios de la época «el grupo social se cierra deliberadamente para preservar y explotar sus ventajas». Como ves, el capítulo comienza bien. Entre las ventajas, se cuentan «las del reino o la ciudad, la del oficio organizado, el arte o la corporación». Es decir que, en el marco de determinadas fronteras, quienes ejercían el poder establecían privilegios gracias a los cuales a algunos les iba bien y a otros les iba mal, tú ya sabes cómo es eso de la libre competencia. Si no me crees, pregúntale a Piñera o, en estricto rigor, a Luksic o a Ponce Lerou.

Si competencia había, ella tenía lugar entre privilegiados de diferentes reinos, ciudades-república, o dominios feudales. Así, cada reino, cada ciudad, cada oficio, cada corporación definía reglas que dificultaban el trabajo de la competencia. «Eliminar las barreras era desaparecer», precisa Favier. Para definir privilegios, establecer barreras, construir obstáculos, era imprescindible que «el poder público tuviese la fuerza para imponerlos y, sobre todo, obtener el asentimiento, mejor aun, la connivencia, de los medios de negocios». En la Edad Media ya mangoneaba el riquerío.

Los privilegios acordados a los grandes, a los poderosos, a los peces gordos, hacían virtualmente imposible que surgiese un competidor de entre los peces chicos, «la imposibilidad para el pequeño comerciante de inscribirse algún día entre los negociantes de amplios horizontes». ¿Parece conocido?

En Venecia, en el año 1297, terminaron por cerrar la lista de las familias comerciantes que podían formar parte del Gran Consejo: de ese modo «se consolidaban las grandes fortunas, se contenían las audacias y se cimentaban las mediocridades». No era Chile, sino la República de Venecia.

Biche y Mouche, comerciantes toscanos, lograron convertirse en los consejeros más escuchados de Philippe le Bel, rey de Francia (1268 – 1314) «y se aprovecharon sin vergüenza. Se reservaron las mejores especulaciones. Acapararon la moneda real. Tomaron en concesión los impuestos de las Ferias de Champagne. La prioridad de la información que confiere la familiaridad del rey les ofreció muchas oportunidades en el comercio y la banca. Y su sobrino Tote fue el hombre de negocios personal de Enguerran de Marigny en la época en que, quien los envidiosos llamaban virrey, transformó las relaciones diplomáticas –con el Papa como con las ciudades flamencas– en un sórdido chanchullo a escala europea». De dos cosas una: en esos años no conocían el fideicomiso ciego, o bien eran expertos en la materia.

Entre los años 1298 y 1326, sin embargo, se suceden las quiebras y las crisis. «La confianza se hunde». Para restaurar la confianza parece más útil eliminar la libre competencia. «Las noveles compañías que se forman entonces prefieren entenderse para no arruinarse mutuamente. Se distribuyen los mercados, operan de consuno en las plazas bancarias. Cada compañía explota un área geográfica bien definida». Aparición –o reaparición– de los carteles. Los Papas Juan XXII y Benedicto XII bendicen las operaciones. No hemos inventado nada.

«Una de las armas de la libre competencia –dice Jean Favier– es naturalmente el secreto». Ya en la Edad Media. Lo que nos hace comprender la profundidad de la “transparencia” y los discursos sobre la simetría de la información, virtud sine qua non de los mercados perfectos en los que las barreras de entrada deben ser las mismas para todos los competidores. Palabrería hueca.

La información ya es un asset, un valor que no conviene compartir con nadie ni siquiera con los socios que contribuyen capital: «Las estructuras del capitalismo naciente –escribe Jean Favier– reflejan esta preocupación: evitar que demasiados socios conozcan la realidad económica. La práctica del depósito remunerado, que atrae y hace trabajar capitales extranjeros en el contrato constitutivo de la sociedad, excluye eficazmente del conocimiento y de la gestión de los negocios buena parte de los aportadores de capital». Bernard Madoff y las AFP tuvieron predecesores.

Mejor aun, «las sociedades en nombre colectivo y las sociedades con filiales permiten de manera más sutil la multiplicación de socios que en su gran mayoría no conocen sino una parte del negocio».

Tal ciudad, tal rey, cobra peajes en los puentes de los ríos que cruzan sus territorios, o exime de tales tributos a determinados comerciantes a cambio de una retribución. París exige de cada comerciante foráneo que “se asocie” a un parisino bajo pena de exclusión de sus mercancías. Así nació –o renació– el coimero con introducciones en palacio, el lobista, el ‘agente local’ cuyo aporte suele limitarse a cobrar –en esa época– hasta un 50% del lucro sin hacer absolutamente nada. ¿Tráfico de influencias?

A veces la ‘libre competencia’ va hasta la agresión física. Los mercaderes ingleses le pidieron a Henri VI –en el año 1449– hundir los barcos bretones o normandos para poder «dominar los mares».

Una magnífica biografía de Jean-Baptiste Colbert (1619 – 1683), –ministro de finanzas de Louis XIV y gran propulsor del Estado en el desarrollo económico de Francia–, publicada en el siglo XVIII, cuenta de la piratería holandesa en contra de los navíos mercantes franceses. Y del espionaje francés que logró apoderarse de las técnicas de los vidrieros de Murano. Libre competencia. En materia de piratería, y de espionaje, los ingleses no fueron menos. A veces vale la pena leer libros viejos. Incluso en la Sofofa.

Gracias a estas joyas de la literatura económica, a la minuciosa investigación llevada a cabo durante decenios por verdaderos estudiosos, al examen de millones de documentos comerciales dispersos por toda Europa, crece mi convicción: cuando las grandes corporaciones, las multinacionales, algún jefe de Estado, dos o tres esbirros, muchos políticos, no pocos ‘hombres de armas’, y su innumerable servidumbre, acumulan una rápida riqueza y se transforman en millonarios de la noche a la mañana, utilizan técnicas y recursos que nacieron, en algunos casos, hace milenios.

En los tiempos de nuestra dichosa modernidad no hemos inventado nada.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/14/anticapitalismo-no-hemos-inventado-nada-ii/

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“De la exclusión tan brutal, nacen todos los males de Colombia”

Por: Enric Llopis

El director Víctor Gaviria presenta la película “La Mujer del Animal” en la cooperativa Aragó Cinema de Valencia.

Una mujer es raptada por un individuo a quien llaman “El Animal” en el barrio Popular de Medellín –una barriada de “invasión”-, allá por el año 1975. La mantiene secuestrada durante siete años, sin que nadie le ofrezca ayuda. La gente del barrio ha asumido con “normalidad” una situación extrema de maltrato. Con estos ingredientes argumentales y basada en hechos reales, el director colombiano Víctor Gaviria (Liborina, Antioquía, 1955) ha realizado la película de 120 minutos “La Mujer del Animal”, estrenada el pasado nueve de marzo en Colombia y el 16 de junio en el estado español. En el primer cuatrimestre de 2017 se produjeron 204 casos de homicidios a mujeres en Colombia, cuyos principales autores fueron las parejas o exparejas de la víctima, según el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Durante el mismo periodo el instituto público registró 21.979 episodios de violencia machista (de ellos, 16.222 intrafamiliares), y 5.808 casos de mujeres mayores de 18 años que pasaron los exámenes médicos legales para determinar un presunto delito sexual.

La última película de Víctor Gaviria ha recibido premios y reconocimientos en los festivales de La Habana, Cali, Málaga y la Mostra de Cinema Llatinoamericà de Catalunya. El cineasta explica en parte la violencia narrada en la película por la historia del país: “El Estado ha estado siempre ausente de muchas ciudades, municipios y veredas de Colombia; esto ha hecho que haya mujeres muy vulnerables”. Director de cuatro filmes, Gaviria ha escogido para rodar “La vida del animal” actores no profesionales, seleccionados con mucho detenimiento. “El actor natural tiene una presencia muy fuerte ante la cámara, encuentro a algunos que son muy talentosos”, destaca antes del preestreno en la Cooperativa Aragó Cinema de Valencia, en un acto organizado por CEAR-País Valencià, CEDSALA, el colectivo Sur-Cacarica, Entreiguales Valencia e Intersindical Valenciana. El mismo afán de realismo le ha llevado a grabar la película en el barrio Nueva Jerusalén, entre el municipio de Bello y la capital Medellín, que evoca la barriada Popular de los años 70.

“La Vida del Animal” llega a las pantallas tras doce años de ausencia del realizador. Pero durante el largo paréntesis, trabajó en filmes que después no pudieron realizarse “por problemas con los productores”, según afirma. En algunas ocasiones falló la financiación y en otras no se produjo el entendimiento necesario, como en “La hora de los traidores”, proyecto de película iniciado en 2007 y finalmente frustrado sobre un bandolero, “Sangrenegra”, que recorría el país durante los años 60 del siglo pasado. Director, guionista, autor de cortometrajes y documentales, poeta (ha publicado seis libros de poesía)… ¿Hay algún hilo conductor en todos los trabajos? “Como poeta escribo de asuntos más personales, pero mi cine es social”. Sin embargo, no hay una separación tajante en su obra: “Mi intención es hacer películas como poemas, en el cine me guió por intuiciones poéticas”. Y esta voluntad se pone de manifiesto en películas de tanta rudeza y violencia como “La vida del animal”.

En la el filme “Sumas y restas” (2005), el realizador trató de contar los años del Medellín lacerado por la mafia del narcotráfico. Ocurrió durante los años 80 del siglo XX. “La mafia se presenta en parte como una utopía política y social, pero después se revela como una gran empresa delicuencial”, explica Gaviria. En “La vendedora de rosas” (1998) cuenta la historia de unos niños de la calle, asimismo actores no profesionales. Todas sus películas se basan en la construcción de argumentos muy sencillos, a partir de los cuales introduce las costumbres y vida cotidiana de la gente. ¿Por qué no una película sobre el conflicto armado, prolongado durante más de 50 años y con 8,4 millones de víctimas según los registros oficiales? “En la década de ‘parón’ llegué a escribir el guión de una película sobre unos secuestrados por la guerrilla”.

Director que se mancha de barro, Víctor Gaviria no rehúye la conversación política. ¿Cómo evalúa los Acuerdos firmados en septiembre de 2016 entre el Gobierno y las FARC? “Fue un gran acierto, hago parte de esa mitad de la población que apoyó el ‘Sí’ a los Acuerdos de Paz”; me parece que se ha criticado a Santos por ello de manera injusta”. Pero, sobre todo, “porque ahora podrán verse los problemas que el conflicto ocultó durante tanto tiempo”. Por ejemplo, “el narcotráfico como aliado del ejército y el paramilitarismo contra la insurrección”. Se consideraba, explica el cineasta, como “verdadero enemigo” a los guerrilleros comunistas que practicaban la violencia contra el Estado, “pero ahora se verá cuál era el ‘verdadero’ enemigo del país, y que todo aquello era una ‘cortina de humo’, como mínimo tan letal como la guerrilla”. Gaviria se refiere en concreto a la corrupción política, el paramilitarismo, las bandas criminales, el narcotráfico, la minería ilegal… “A todo el que se oponía al Estado se le revestía de ‘guerrilla’”. Actualmente, tras el abandono de tierras ocupadas por la insurgencia, penetrarán paramilitares, “Bacrim” y transnacionales, “pero el Estado ha de estar allí, para proteger estos territorios”.

La conversación retorna al cine, que en el caso de Víctor Gaviria se caracteriza por el estilo realista y el compromiso social. Las explicaciones sobre los males de Colombia se trasladan a su filmografía. Considera como principal problema del país la exclusión de más de la mitad de la población, “gente que vive sin proyecto de vida, sin un oficio o en la absoluta pobreza”, critica el realizador. “De ahí, de la exclusión tan brutal, nacen todos los males de Colombia; y tenemos que ser un país para todo el mundo”. Tal vez por ello aprecie especialmente las películas de Passolini y su búsqueda en las culturas populares (“Mamma Roma”, “Accatone”, “Pajaritos y pajarracos”…) o todo el cine neorrealista italiano, por ejemplo “Roma ciudad abierta” (1945), de Roberto Rossellini, también autor de “Camarada” (1946) y “Alemania Año Cero” (1947); y otro estandarte del neorrealismo, “Ladrón de bicicletas” (1948), de Vittorio de Sica. Valora aquellas películas sin transición, en las que oficiales nazis pueden estar en una habitación conversando con italianos y con unas prostitutas, mientras justo al lado se está torturando a comunistas. “Sólo el cine realista puede mostrar esas convivencia de escenarios entre vida cotidiana, civilización y barbarie”.

El autor de “La Vida del Animal” forma parte de una generación de realizadores colombianos, comprometidos, que proyectaron su obra en los años 80 y sobre todo en los 90. Víctor Gaviria resalta a directores como Francisco Norden, autor del largometraje “Cóndores no entierran todos los días” (1984). O a Sergio Cabrera, quien ha producido películas como “La estrategia del caracol” (1992), “Golpe de Estadio” (1998) o “Técnicas de duelo: una cuestión de honor” (1999). Directores más jóvenes y con nuevos lenguajes han seguido la estela comprometida de los veteranos. En la nómina figuran Ciro Guerra (“El abrazo de la serpiente”, 2015); Rubén Mendoza (“Tierra en la lengua”, 2014), César Augusto Acevedo (“La tierra y la sombra”, 2015), Óscar Ruiz Navia (“El vuelco del cangrejo”, 2009) y Juan Sebastián Mesa (“Los nadie”, 2016).

A los 62 años, el director colombiano echa la vista atrás: “Siempre me he mantenido en el cine realista”. Pone algunos reparos al término militancia. “En Colombia vamos a entrar en una etapa en la que estará algo cuestionada, al igual que los dogmatismos”. Víctor Gaviria piensa que quienes apoyaban de modo irrestricto la acción armada y a la guerrilla como forma de hacer política, “no pueden insistir más en ese tema; aunque obviamente la guerrilla exprese el malestar y rencor de quienes queremos un país más justo”. El cineasta añade que ha llegado el momento, para hablar de asuntos como la tierra o la reforma agraria, de trabajar con partidos políticos y “entre todos, impedir que las elites colombianas y las trasnacionales hagan con el país lo que ellos quieran”.

*Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=227955

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Las promesas fallidas de Santos de hacer a Colombia la más educada

“Si queremos un nuevo país y construir una Colombia más educada debemos resarcir la deuda histórica con los docentes y cumplir lo pactado”

Por: DIOGENES ARMANDO PINO SANJUR
Desde la implementación del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “Todos por un nuevo país” la nación se comprometió a resarcir una deuda histórica con la educación, la cual estaba sumida en el atraso, abandono y pésimas condiciones la que se reflejaba en la mala calidad educativa de nuestros estudiantes.

Por ello se planteó la necesidad de establecer una política pública que permitiera una mejora sustancial en la calidad educativa que garantizara cerrar las brechas de acceso y calidad en el sistema educativo, acercando al país a los altos estándares internacionales. El Gobierno Nacional se comprometió a convertir a Colombia en el mejor educado de América Latina en el año 2025.

 Para cumplir con este propósito se establecieron unas líneas estratégicas como la Excelencia Docente, Jornada Única, Colombia Bilingüe, Colombia Libre de Analfabetismo y Más Acceso a la Educación Superior, que representarían un gran salto educativo, garantizando a nuestros niños y niñas su derecho a la educación, pero ante todo con altos estándares de calidad convirtiéndola en la herramienta más poderosa para acabar con la desigualdad social y permitiendo a los colombianos un crecimiento económico que mejoraría sus condiciones de vida.

Pero transcurrido un tiempo prudencial desde la implementación del Plan de Desarrollo nuestro anhelo y sueño de tener un sistema educativo de alta calidad se han venido desvaneciendo, gracias al incumplimiento y falta una vez más a la palabra del gobierno nacional.

El Presidente Santos en campaña para lograr el apoyo de los educadores en su reelección prometió dignificar la profesión de los maestros y mejorar sus salarios, de manera que sean comparables con los de las demás profesiones mejor pagadas, pero elegido ha hecho conejo a los docentes los cuales siguen percibiendo un salario paupérrimo que no le permite brindar bienestar a sus familias, lo que convierte la excelencia docente en un sofisma.

Debido al oscuro panorama y constante incumplimiento del gobierno los docentes deciden irse a paro, para por la lucha sindical resarcir sus derechos, pero el estado renuente y desagradecido con estos maestros que imparten conocimiento y edifican el futuro del país se niega a cumplir con sus exigencia y los amenaza con descontarle de su salario los días que han estado en paro.

Ellos firmes deciden protestar y tomarse las calles para que la ciudadanía general conozca su problemática, demostrando hasta la saciedad que no es una simple lucha por un incremento salarial, sino una protesta por garantizar un sistema educativo más idóneo y que garantice la excelencia , permitiendo una mejor preparación en nuestros jóvenes que propenda un salto social para nuestra patria.

Pero el gobierno indolente contrarresta la justa protesta de nuestros docentes con el uso de la fuerza, enviando al ESMAD para que atropelle, e indecorosamente  vulnere su dignidad, enviando un mensaje equivocado a una nación que quiere acabar con más de medio siglo de guerra e injusticia.

Un país más educado se construye con mayor inversión, mejoramiento de las instalaciones educativas, innovación tecnológica, mejoramiento de las condiciones salariales de sus docentes, capacitación docente y no con gases, bolillos y amenazas.

Si queremos un nuevo país y construir una Colombia más educada debemos resarcir la deuda histórica con los docentes y cumplir lo pactado de lo contrario estaremos condenado al subdesarrollo y desigualdad donde hemos vivido siempre.

Fuente: https://www.las2orillas.co/las-promesas-fallidas-santos-colombia-la-mas-educada/

Imagen tomada de: https://www.las2orillas.co/wp-content/uploads/2017/06/MAESTROS.jpg

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¿Y por qué no educar desde la política (pública)?

Por Pablo García de Vicuña

Se debe volver la vista y escuchar  a los miembros de la comunidad educativa –familias, estudiantes, profesorado- a los barrios y asociaciones su opinión sobre la educación que necesitamos

Sin ánimo de agotar el interesante binomio política-educación tratado en el anterior artículo, estas líneas pretenden tratar un asunto que quedó sin valorar entonces: la política educativa.

No descubro nada nuevo al mencionar que el fin del monopolio que durante siglos la Iglesia mantuvo sobre la educación se puede cifrar en la eclosión de las revoluciones liberales, a fines del siglo XVIII en Europa y América. La consolidación de los estados nacionales trajo consigo una primera acción que modificaría definitivamente el sistema de enseñanza-aprendizaje. Los nuevos sistemas educativos, configurados desde entonces como universales y obligatorios, buscarán afianzar un doble objetivo: la formación de ciudadanía y la preparación técnica para el mundo del trabajo.

Con el primero -y en plena época racionalista de cuestionamiento del mundo de la fe- se conseguiría formar una nueva moral social basada en la participación y representación del ser ciudadano, portador por fin de derechos y deberes políticos. Además, mediante el empuje de la nueva economía industrial que se fortalece en paralelo a la formación de los nuevos y poderosos estados europeos y norteamericanos, la educación se encargará de proveer de mano de obra abundante, necesaria para las nuevas necesidades productivas que la exigía el capitalismo industrial. Así, Razón y Mercado se unían para constituir un nuevo orden social. Unión, sin embargo, no exenta de tensión que se traslada continuamente a las acciones que los gobiernos realizan en el ámbito educativo. (¿Qué es más rentable para el Estado, la formación ciudadana de la persona o su futura empleabilidad? ¿Y para la persona?)

En este nuevo contexto es en el que aparece la política educativa de los gobiernos nacionales. De ahí que consultada la definición de esta expresión educativa en cualquier fuente, todas coincidan: actividad o conjunto de actividades que de una forma u otra se impulsan desde el Estado o emanan de él. Se trata, por tanto, de una decisión política, mejor o peor meditada, más o menos consensuada, que adopta el poder ejecutivo correspondiente –estatal o autonómico, en el caso español- y que afecta a la totalidad de la población de cualquier país.

A través de estas políticas educativas el Estado configura y materializa en la escuela sus intenciones, deseos, objetivos. Podrá, mediante teorías pedagógicas concretas, consolidar un sistema rígido, autoritario, de fuerte contenido centralista y jerarquizado. O buscará, a través de otras didácticas educativas, una escuela más participativa, plural y colaborativa.

La política educativa de una país es, además, un mandato público, que obliga, en primer lugar, a la administración educativa a presentar un proyecto global que satisfaga las necesidades de la sociedad. Además, en un estado democrático como el nuestro, podrán coexistir otros proyectos pedagógicos, de ámbito privado, que respondan a intereses particulares, sean estos de índole religiosa, política o ideológica. Por encima de estos, la administración pública es la garante del sistema educativo elegido.

La política educativa de una país es, además, un mandato público, que obliga, en primer lugar, a la administración educativa a presentar un proyecto global que satisfaga las necesidades de la sociedad
Esta puntualización viene a colación ante la precaución cada vez mayor de gran parte del mundo progresista por el incremento paulatino de asociaciones filantrópicas, corporaciones y alianzas público-privadas que están colocando su foco de atención en el mundo educativo español (Saura Casanova, Geo. “Filantropía, corporaciones y gobiernos neoliberalizando desde los centros educativos” Revista OGE, Nº 3. Mayo-junio, 2017. FEDAE1). De unos pocos años a esta parte, España está siendo un terreno propicio para la llegada –aún tímida, pero insistente y bien financiada- de asociaciones privadas que bajo el paraguas normativo de acciones de “Responsabilidad Social Corporativa” (más conocida por sus siglas RSC) acercan actitudes filantrópicas de inversiones multimillonarias con beneficios en donaciones y extienden el ámbito de penetración de las empresas privadas.

Observar que agentes representativos del mundo neoliberal español, como Telefónica, CaixaBank o Banco Santander, por citar los más llamativos, llevan unos años formalizando proyectos privados de inclusión en el ámbito educativo español no es descubrir ninguna novedad. Pero sí genera temores y advierte de la toma de precauciones.

El Banco Santander (primera empresa mundial de las 500 que más invierten en RSC en educación), a través de su filial “Empezar por educar” (ExE) forma a jóvenes titulados que son incorporados durante dos años a colegios vulnerables de Cataluña, Madrid y Euskadi, “promoviendo nuevas relaciones de mercado entre los actores que forman la red política e incorpora prácticas escolares basadas en nuevas subjetividades neoliberales docentes” (op cit). Y no es la única multinacional española con estos objetivos. La Fundación Telefónica –a través del programa “Entre profes”, basada en herramientas prácticas de gestión y planificación de aulas, así como de formación práctica de docentes- y CaixaBank –con la iniciativa Escola Nova 21, cuyo reclamo principal es la innovación docente y metodológica- son dos ejemplos más de la nueva hibridación público-privada de privatización de los sistemas educativos. La finalidad es clara: crear –con el señuelo de la aportación filantrópica- nuevas formas de caridad educativa que acerquen la privatización e incluyan a estos nuevos agentes educativos como actores inexcusables en las nuevas decisiones que se tomen desde políticas educativas gubernamentales.

Lo que nos lleva de nuevo a la importancia de las políticas públicas para el diseño de la educación española. El Foro de Sevilla en el primer párrafo de su Documento de Bases para una nueva Ley de Educación, señala: “La política no puede ser sino política pública, es decir, aquella discutida, decidida y gestionada por la ciudadanía”( porotrapoliticaeducativa.org). Es, por tanto, una apuesta decidida por lo público, por el valor de lo compartido en común la que debe decidir sobre el bien público que es la educación.

El gobierno del PP, hasta el momento, ha dado voz a organizaciones internacionales dominadas por concepciones neoliberales (OCDE, BM…) o a comisiones de expertos sobre asuntos muy puntuales de la educación. Pero se ha olvidado, conscientemente entiendo, de otros agentes sociales interesados en la participación educativa. Se debe volver la vista y escuchar a los miembros de la comunidad educativa –familias, estudiantes, profesorado- a los barrios y asociaciones su opinión sobre la educación que necesitamos. Por ello, apostar por la puesta en marcha de espacios de deliberación también local para la comunidad escolar –por ejemplo, los Consejos Municipales de Educación- dotaría de mayor horizontalidad la toma de decisiones y, probablemente, devolvería credibilidad a normas educativas hoy ignoradas, o asumidas con absoluta resignación.

Necesitamos una política educativa nueva, más integrada, más social y de mayor participación ciudadana. Porque como exponen Jaume Martínez Bonafé y otros (‘La democracia, sus agentes y sus agendas, cuando se construyen las políticas públicas de educación’ en porotrapoliticaeducativa.org) “comenzar a mirarnos como poder en la construcción de un ‘nosotros’ capaz de ir creciendo en un proceso educativo emancipador abierto y en constante creación es, probablemente, el desafío que tenemos hoy”.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/educar-politica-publica_6_653794650.html

Imagen tomada de: https://cdn.line.do/uploads/5615445c8262a7c2221edef7_1444234880401_720.jpg

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