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Santo Domingo: Volver a la vocación para estudiar y ejercer el magisterio

Volver a la vocación para estudiar y ejercer el magisterio

Estamos frente a un sistema educativo roto, a pesar de los esfuerzos que se realizan. Por ello, la vuelta a la vocación no es nada cursi; es una responsabilidad ineludible.

Dinorah García Romero

La aplicación y los resultados de las pruebas nacionales son noticias de interés para la sociedad. Los motivos que despiertan la atención de los actores y sectores sociales son diversos. Unos desean confirmar qué tan efectiva es la formación de los docentes para generar desempeños eficientes de los estudiantes. Otros centran su interés en los resultados, cuántos aprobarán y cuántos quedarán reprobados. Los hay, también, que focalizan su mirada en el avance o retroceso que presenta el sistema, por la cantidad de reprobados. Lo importante de esto es que se crea un estado de alerta social. En este contexto, persiste el lamento, sin revisión sistémica, de los factores que generan el alto número de reprobados en las pruebas nacionales de 2025: son 88, 538 aprobados y 22,000 reprobados, de un total de 114, 790 convocados y 111, 067 participantes.

No se puede negar la frustración que produce la alta cantidad de estudiantes que han reprobado. Los factores causales son múltiples. No hay una única causa. Ahora lo importante es analizar, muy bien, qué procesos y procedimientos va a desarrollar el Ministerio de Educación de la República Dominicana con los estudiantes para liberarlos de la deserción y motivarlos para que continúen su proceso formativo. Esto requiere participación activa y comprometida de la familia. El problema que hay que afrontar no es tarea exclusiva del MINERD; implica, integralmente, a las familias. De otra parte, a todos los docentes, tanto a los que celebran la aprobación de los estudiantes que acompañan, como a los que viven la preocupación de reprobación, que vuelvan a su vocación docente.

Volver a la vocación docente es dedicarle tiempo para pensarla y analizarla. Es, también, estimarla y tomar conciencia de lo que implica desde el ámbito personal, profesional y socioeducativo. Hoy parece obsoleto plantear la necesidad de reencontrarse con la vocación docente. Este no es un énfasis propio de la era digital. Interesa más que los docentes se apropien de recursos digitales, para hacer; y, sobre todo, para hacerlo bien. Pero, la vocación ha de ser un elemento constitutivo de la decisión que toman las personas que desean laborar en los procesos de enseñar y de aprender. Estimar la vocación es tarea y compromiso. El beneficio de este proceso de análisis tiene un alcance más allá de lo personal; impacta el desarrollo de las instituciones educativas y de la sociedad.

Estamos frente a un sistema educativo roto, a pesar de los esfuerzos que se realizan. Por ello, la vuelta a la vocación no es nada cursi; es una responsabilidad ineludible. Repensar la vocación, para afirmarla, para aportarle consistencia y calidad, es una demanda de la tarea educativa.  No basta la vocación, pero sin ella se instrumentaliza la profesión docente. Sin ella, se pervierten los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Además, sin una vocación probada, los resultados de aprendizaje, los resultados de las pruebas nacionales y la vida cotidiana de los centros educativos, pierden el equilibrio. Los profesores que viven su vocación al magisterio con pasión y alegría propician, en estudiantes y en la comunidad educativa, cambio de actitudes y cambio de prácticas.

La vocación real, no la simulada, impulsa y potencia la creatividad, ofrece oportunidades para disfrutar y vivenciar los aportes de las ciencias. Asimismo, produce paz interior, que se manifiesta en el fortalecimiento de la corresponsabilidad, el desarrollo de la capacidad de servicio y la apertura a nuevos aprendizajes. Ejercer la profesión docente sin visos de vocación produce lo contrario. Especialmente, mantiene al profesor pendiente de las salidas individuales. De igual modo, cuenta los días para celebrar la jubilación. Convierte el aula en un espacio marcado por la ansiedad y la impaciencia. Aún más, asume el estudio y la cualificación profesional como una carga. Sus intereses se distancian de la finalidad y de los objetivos de la educación.

Volver a la vocación es un acto de justicia educativa. Sin vocación educativa no se debiera aceptar a nadie en el sector. El vacío vocacional afecta, de forma profunda, la efectividad, el sentido transformador y los compromisos socioeducativos y políticos de los actores y sectores del campo de la educación. La vocación docente hay que respetarla, hay que cultivarla, hay que vivirla. La vocación fortalece el ser docente y resitúa el hacer. Es un hacer con sentido, un hacer para construir significados. La articulacione entre ser y hacer dan como resultado un docente comprometido de forma integral con su misión, sus responsabilidades y desafíos en el campo de la educación y en la sociedad.

Fuente de la Información: https://acento.com.do/opinion/volver-a-la-vocacion-para-estudiar-y-ejercer-el-magisterio-9526614.html

 

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Israel, un peligro existencial para el mundo y la humanidad

Israel, un peligro existencial para el mundo y la humanidad

Renán Vega Cantor

Fuentes: El Colectivo (Medellín) – Rebelión

Israel es un Estado que controla un pequeño territorio de 21.000 km2, 12.000 de los cuales son un desierto. Su exiguo tamaño se constata al observar un mapa del mundo. Para tener una mirada comparativa con Colombia, Israel tiene un tamaño similar al departamento de la Guajira, el No. 25 por tamaño del país.

Israel tiene menos de 10 millones de personas (entre ellos 6,5 millones de judíos y 3 millones de árabes), una cifra poco relevante si la comparamos con la población del planeta, de 8.000 millones. Los habitantes judíos del Estado sionista constituyen el 0.08% de la población mundial, cuya cantidad es inferior a la de Bogotá, que alberga 8 millones.

Estos indicadores elementales, en condiciones normales, comprobarían la poca importancia de un país de esa naturaleza en la vida mundial. Sin embargo, los hechos cotidianos de los últimos 80 años evidencian que Israel es un peligro para el mundo entero y sus diversas formas de vida.  Cómo puede suceder que un Estado diminuto haya adquirido tal preponderancia en la política internacional hasta el punto de que su sola existencia suponga un riesgo para el resto de la humanidad.

Dos aspectos ayudan a entender el asunto: la historia posterior a 1948 cuando fue creado dicho Estado y su importancia geopolítica en el dominio mundial de los Estados Unidos. En términos históricos, Israel es el resultado de la confluencia de una concepción racista, el sionismo, que desde finales del siglo XIX pregonó por la construcción de un estado en la Palestina histórica, con los intereses de las potencias mundiales (primero Inglaterra y luego Estados Unidos) que incrustaron una cuña colonialista en Asia Occidental, para controlar los hidrocarburos de la región ‒indispensables para el funcionamiento del capitalismo‒ y enfrentar a los movimientos de liberación nacional que germinaron en el mundo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Israel, un proyecto colonial del occidente imperialista, para existir y expandirse requiere apropiarse de las tierras de los palestinos, a los que somete, expulsa, tortura y asesina en forma sistemática y sin pausa desde hace más de un siglo, incluso desde antes de la fundación oficial del Estado sionista.

Israel, un emblema del colonialismo occidental en una región donde la población árabe es abrumadoramente mayoritaria (en estos instantes unos 475 millones de habitantes), solo puede existir mediante el respaldo económico y militar de Occidente. Con esa financiación, y la impunidad que de allí se deriva, Israel industrializó el terrorismo de Estado y ha realizado pavorosos crímenes desde su mismo origen. Una doctrina racista y excluyente (el sionismo) sustenta el mito de la superioridad divina de Israel y genera limpieza étnica, genocidio, asesinatos a vasta escala, atentados terroristas, invasiones y bombardeo de países vecinos y/o cercanos. Su servicio secreto de “inteligencia genocida”, el Mosad, es un cuerpo de asesinos profesionales que actúa impunemente fuera de las fronteras de Israel y tiene carta franca para matar a los “enemigos” donde quiera que se encuentren. Asesina a dirigentes políticos, líderes religiosos, científicos, investigadores, artistas y pensadores que considera blancos legítimos y todo con el respaldo incondicional de Estados Unidos y la Unión Europea.

Esas tropelías criminales las lleva a cabo un enorme entramado militar, que hace de Israel un gigante artificial y deforme, con pies de barro. Su cabeza diminuta proclama el “derecho divino” a existir y a ocupar la “tierra santa”, formar el gran Israel y a matar a sangre y fuego según los textos sagrados. Su cuerpo abultado está formado por su escabroso poderío militar, posible por el patrocinio de Estados Unidos y la Unión Europea.

Según datos del Global Fire Power [GFP], Israel ocupa el puesto No. 18 por poderío militar entre 145 países del mundo estudiados, un lugar subestimado porque por su tamaño y población su desmesura militar es evidente. Posee una fuerza de sicarios del aire que manejan más de 600 aviones de combate y 160 helicópteros con los que bombardea cuando le viene en gana ‒es decir, todos los días‒ a los habitantes de Gaza, Líbano, Siria, Yemen o Irán. Sus tropas están formadas por 187.000 soldados permanentes, más de medio millón de reservistas y ocho mil paramilitares.

Su poder en tierra está constituido por 2200 tanques, 56.000 vehículos blindados de combate y 300 lanzacohetes. Pese a su pequeña costa, de 270 kilómetros, dispone de 67 buques de guerra y submarinos.  Para completar el panorama de muerte, Israel posee armas nucleares. Es un secreto a voces. Israel siempre se ha negado a que le realicen cualquier inspección nuclear, y nadie lo sanciona por ese hecho que parece normal a los ojos de la comunidad internacional de delincuentes que gobierna el mundo.

Este engendro del colonialismo tardío y del imperialismo, que expele muerte y sangre hasta por su último poro, sustenta su existencia en una ideología victimista, en donde se presenta como una eterna víctima que ha convertido al denominado Holocausto (un término hechizo para referirse al genocidio de los judíos en la II Guerra Mundial) en una justificación de todos sus crímenes. Dispone de poderosos lobbies (grupos de presión) en diversos lugares del mundo, siendo el más influyente el que opera en Estados Unidos, el cual ha logrado que la política exterior de la primera potencia mundial esté dictada en forma directa por los intereses genocidas del Estado de Israel, como se acaba de demostrarse con la “Guerra de los Doce Días”, en la que Irán sufrió el ataque aleve y cobarde del ente sionista, con la participación directa de los Estados Unidos.

Las acciones criminales de Israel se basan en un falaz derecho a la autodefensa, a los ataques preventivos para liquidar a sus potenciales o reales enemigos y a su sed expansionista para crear el Gran Israel siguiendo la senda bíblica. Ese pretendido derecho a existir, que reconocen como un mantra sagrado los más afamados pensadores europeos desde la creación de estado sionista, es una falacia, para sustentar un detestable régimen genocida y racista.

Si la humanidad quiere eliminar uno de los peligros más letales para su existencia es imperioso que Israel desaparezca de la faz de la tierra lo antes posible. Por si faltaran pruebas de ese peligro, hace pocos días en Israel se hablaba de usar armas nucleares si la guerra con Irán se iba perdiendo, lo que era inevitable si no hubiera intervenido Estados Unidos. Incluso, circuló la noticia (que está por confirmarse), que nos pone los pelos de punta, que Rusia derribó a tiempo un bombardero israelí que llevaba un arma atómica para ser lanzada sobre territorio persa.

En estas condiciones, Israel, un país gobernado por psicópatas y genocidas, no puede seguir existiendo porque cada minuto que perdure en la faz del planeta es un riesgo existencial para el resto del mundo. La consigna debe ser ¡NUNCA MÁS ISRAEL ni el SIONISMO GENOCIDA!, porque uno de nuestros dilemas existenciales es claro: o Israel o la Humanidad.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Fuente de la Información: https://rebelion.org/israel-un-peligro-existencial-para-el-mundo-y-la-humanidad/

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Educación en el mundo: Las escuelas Montessori son populares, hasta que dejan de serlo. ¿Qué implicaciones tiene esto para la educación?

Las escuelas Montessori son populares, hasta que dejan de serlo. ¿Qué implicaciones tiene esto para la educación?

Hubo un momento a mediados de la década de 2010 en que Montessori era ineludible. La filosofía educativa centenaria, que prioriza la independencia desde una edad temprana, se había convertido en una marca de estilo de vida. Los bloques y otros juegos de actividades de madera se comercializaron nuevamente como «juguetes Montessori». Los padres acudieron en masa al aprendizaje al aire libre, que a menudo incluía ganado en una granja, a veces denominada «granjas Montessori». «

Creo que Montessori ha existido durante mucho tiempo, y ha habido todo tipo de altibajos, con generaciones descubriendo Montessori una y otra vez por ideas muy diferentes», dice Mira Debs, directora de estudios de educación en la Universidad de Yale. «Como alguien que estudió Montessori durante un largo período histórico, lo que encuentro tan fascinante es cómo sigue siendo transformado por nuevos públicos y personas para lo que sea que busquen para sus hijos».

Pero en los últimos cinco años, y en el último año en particular, el panorama educativo ha cambiado drásticamente. Con una economía en declive, una disputa sobre las opciones de vales escolares y confusión sobre el significado del término «Montessori», ¿sigue siendo Montessori la tendencia de moda en el mundo preescolar?

Las preguntas surgen a medida que una importante cadena de escuelas inspiradas en Montessori se reduce rápidamente.

Un ascenso y una caída que duraron un siglo, y un nuevo ascenso

Angeline Lillard conoció el método Montessori a los 3 años, asistiendo a una escuela Montessori junto a su hermana cuando resurgió en la década de 1960, durante un cambio cultural hacia la autonomía individual. Lillard se convirtió en una académica que ha dedicado dos décadas al estudio de las escuelas Montessori y es autora de «Montessori: La ciencia detrás del genio».

El interés en esta filosofía, creada inicialmente por la doctora y educadora italiana Maria Montessori a principios del siglo XX, tiende a disminuir durante las recesiones y a crecer durante las bonanzas económicas, según Lillard, lo que podría explicar su aparente presencia generalizada a finales de la década de 2010.

«Todas las escuelas decaen cuando la economía no va bien», afirma. «Las técnicas progresistas centradas en el niño se mantuvieron vigentes hasta la Segunda Guerra Mundial. Se pueden observar ciclos donde surgen ciertos desafíos y se regresa a las prácticas de la época de la Depresión».

Si bien se ha asociado con familias más adineradas, generalmente blancas, varias instituciones Montessori también se han esforzado por ayudar a niños de bajos ingresos. Por ejemplo, Magnolia Montessori for All fue noticia cuando abrió su primera ubicación en 2014 en East Austin, Texas, un área de residentes de bajos ingresos.

Lillard también cree que la programación experimentó recientemente un aumento en gran parte debido a lo que ella llama el «movimiento de las escuelas charter», donde las familias renuncian al camino de la escuela pública tradicional y, en cambio, eligen escuelas charter privadas y financiadas con fondos públicos según las necesidades de sus familias. Las escuelas Montessori que solo ofrecen preescolar no necesariamente compiten con muchas instituciones públicas. Pero aquellas que brindan educación primaria o secundaria sí compiten por estudiantes con las escuelas públicas K-12.

Hoy, las familias pueden inscribir a sus hijos en Wildflower Montessori Schools, que afirman tener 60 escuelas en más de una docena de estados. O en una ubicación de Bezos Academy , que se promociona como «inspirada en Montessori» y está patrocinada por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, quien asistió a una escuela Montessori en Albuquerque, Nuevo México, cuando era niño.

Quizás la más conocida sea Guidepost Montessori, que irrumpió en la escena educativa en 2016 y se expandió a más de 130 ubicaciones en todo el mundo.

Sin embargo, a finales del año pasado, la cadena de escuelas, con financiación privada, comenzó a cerrar rápidamente sedes en Virginia y Ohio, seguido de una serie de cierres en lo que va de 2025: cinco sedes en Colorado, tres en Ohio y dos en Minnesota y Iowa. Las aperturas ya planificadas en otras ubicaciones se suspendieron indefinidamente. Otras sedes permanecen abiertas, y la cadena no se ha declarado en quiebra ni ha anunciado su cierre.

Sin embargo, los cofundadores de la empresa, Ray y Rebecca Girn, anunciaron en febrero que ambos dejarían la empresa.

“En nuestro afán por cumplir con la vasta visión de nuestra misión, nos extralimitamos, expandiendo nuestra red escolar más allá de lo que podíamos sostener eficazmente, tanto financiera como operativamente”, decía una entrada en el blog de la empresa , añadiendo que la empresa estaba en proceso de cerrar un tercio de sus escuelas “que con tanto cariño se han construido en los últimos nueve años”.

Guidepost es propiedad de y está operada por Higher Ground Education, una empresa de gestión educativa centrada en Montessori y respaldada por capital de riesgo privado. EdSurge no pudo contactar con ningún portavoz de Guidepost ni de Higher Ground Education para obtener comentarios tras repetidos intentos.

Sin embargo, algunos observadores creen que el declive de la cadena no significa el fin de la programación Montessori.

“No tengo motivos para pensar que Montessori como filosofía esté pasando de moda”, afirma Elliot Haspel, investigador principal del centro de estudios sobre políticas familiares Capita. “Hay modas pasajeras, pero Guidepost se centra menos en Montessori y más en una cadena con ánimo de lucro que tomó decisiones comerciales pésimas”.

La falta de barandillas y de marca registrada genera preocupación

Es difícil rastrear las cifras de matriculación en los programas Montessori. Aunque las escuelas y los docentes tienen la opción de obtener la acreditación de las asociaciones Montessori, no existe una definición establecida ni una marca registrada para «Montessori», por lo que cualquier institución podría posiblemente autodenominarse «escuela Montessori» o seguir el ejemplo de Bezos y afirmar estar «inspirada en Montessori».

La ambigüedad es similar a la de los productos de limpieza que llevan la etiqueta «ecológicos». No siempre queda claro para los consumidores qué significa eso realmente.

Lillard, quien estudió juego y cognición durante su doctorado, finalmente envió a sus propios hijos a una escuela con la marca Montessori, pero pronto notó una discrepancia. Sus hijos completaban hojas de ejercicios de matemáticas antes de poder seleccionar sus propias actividades. En los verdaderos programas Montessori, los niños pueden elegir el orden en que completar las tareas.

«Cuando no me gustaba algo en la escuela, le preguntaba a mi familia y me decían: ‘Bueno, eso no es Montessori’», cuenta. Eso es un problema: los padres no tienen ni idea. Saben que es una «escuela Montessori», pero hay una enorme variedad, y es porque el término no está registrado.

La Sociedad Americana Montessori no respondió a las solicitudes de comentarios de EdSurge, pero afirma en su sitio web que existen aproximadamente 5000 escuelas Montessori en Estados Unidos, 4500 de ellas privadas y el resto públicas.

Ellen Frede, codirectora recientemente jubilada del Instituto Nacional para la Investigación de la Educación Temprana, afirma que, si bien siempre ha sido un programa más especializado, coincide en que su popularidad ha fluctuado.

«No es algo que haya estudiado, ni que esté al tanto de lo que ocurre en Montessori, pero al estar muy involucrada en el campo, coincido en que es un flujo y reflujo», afirma. «Siempre ha estado ahí. Es algo de lo que uno es consciente: hay programas Montessori cerca, conoces a alguien cuyos hijos asisten a uno, pero no son programas tan grandes».

Cualquier caída potencial actual en la inscripción Montessori podría deberse en parte al hecho de que hay menos niños en el mundo en general en este momento, dice Frede, junto con menos niños inscritos en programas de educación de la primera infancia en muchos estados de los EE. UU.

Irónicamente, la falta de barandillas que ayudó a difundir la filosofía Montessori por todas partes en las escuelas más convencionales podría en realidad socavar los verdaderos programas Montessori. Los muebles de tamaño infantil, por ejemplo, son un elemento básico en las aulas Montessori que ahora son omnipresentes en las aulas de preescolar en todo EE. UU. También se han adoptado en gran medida en las técnicas de educación en el hogar, otra vía educativa que ha ido en aumento .

Y para muchas familias, elegir Montessori, o no, simplemente se reduce a lo que es más accesible. Después de todo, el arreglo de cuidado infantil más común en los EE. UU. se apoya en la familia, los amigos y los vecinos para obtener apoyo.

«En muchos casos, debido a la escasez que marca el sistema de cuidado infantil de EE. UU., los padres están tomando decisiones sobre lo que hay alrededor y disponible», dice Haspel. Estoy seguro de que muchos padres se interesan por el método Montessori porque creen firmemente en él, pero también creo que si hay un programa Montessori cerca, lo buscan; y, de igual manera, si no está cerca, optarán por otro tipo de programa. No creo que haya revelado preferencias, sino más bien la elección de un programa de cuidado infantil y educación temprana que se adapte a su familia.

Atrapados en el fuego cruzado de los programas de vales

Mientras tanto, las escuelas Montessori pueden enfrentar una amenaza existencial debido a las batallas políticas actuales sobre la educación.

Debs, de la Universidad de Yale, dice que las escuelas charter se han visto atrapadas en el fuego cruzado del impulso hacia los programas de vales , que toman fondos estatales y los dan a familias que asisten a instituciones privadas o religiosas.

«Ambas partes se han alejado de las escuelas charter en este momento; los republicanos apoyan los vales y la privatización de la educación y, ante eso, muchos demócratas están regresando a las escuelas tradicionales», dice Debs. «Lo que ha llevado al abandono de las escuelas charter. Montessori y la falta de fondos para la expansión de la red de charter están en una especie de pausa en este momento».

Dijo que algunos distritos escolares, como los de Detroit o Grand Rapids , Michigan, han estado abriendo sus propias escuelas públicas Montessori en un intento de atraer a las familias que han ido a las escuelas charter. Pero con el aumento de la educación preescolar financiada por el estado en muchos estados, Montessori podría estar quedándose atrás. Frede señaló que los programas financiados por el estado necesitan su propia certificación. Montessori tiene sus propios métodos de enseñanza y es administrado en gran parte por propietarios independientes, lo que significa que dichos propietarios tendrían que solicitar la certificación estatal por su propia voluntad. «Por lo tanto, es un doble golpe», dice ella. «Este es todo un movimiento, y es difícil para Montessori encajar su clavija cuadrada en el agujero redondo del preescolar financiado por el estado. Por lo general, saben cuál es su programa y no están tan abiertos a modificarlo para que se ajuste a la situación. Y creo que a veces los perjudica». También está el impacto potencial de la economía en declive. La mayoría de las escuelas privadas, incluidos los programas Montessori, están respaldadas por donaciones privadas, y con una economía en constante debilitamiento, estas podrían escasear. «Ha habido donantes más limitados que apoyan el modelo Montessori en comparación con otros tipos de programas de alta intensidad «, dice Debs, señalando específicamente a KIPP , una cadena nacional de escuelas charter públicas enfocada en preparar a los estudiantes para la universidad. «Pero creo que es muy difícil determinar, en cuanto a las tendencias en la demanda de Montessori, si el enfriamiento se debe más al sector económico o a la creación de nuevas escuelas públicas», afirma. «Y creo que eso tiene menos que ver con la demanda de Montessori por parte de los padres».

Fuente: Lauren Coffey / edsurge.com

Fuente de la Información: https://www.redem.org/las-escuelas-montessori-son-populares-hasta-que-dejan-de-serlo-que-implicaciones-tiene-esto-para-la-educacion/

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Libro: McLaren, Peter – Pedagogía crítica y cultura depredadora (PDF)

 Autor: Peter McLaren 

Este libro es una importante contribucion a la literatura mas radical sobre temas como la cultura, la identidad y las politicas de educacion, especialmente por el modo en que enfoca el reto y la promesa de una reforma social y educativa a traves de lo que el autor llama multiculturalismo critico . La perspectiva de Peter McLaren sobre la cultura depredadora y su analisis de la discusion actual sobre el rol de las instituciones publicas, el Estado y los agentes sociales ofrecen al lector una combinacion unica de las teorias neomarxista y postestructuralista referida como critica posmodernista de resistencia . La obra, asi, nos invita a construir una politica de resistencia, respecto a la vida institucional cotidiana y en otras esferas publicas, que a su vez es analizada en profundidad como forma de pedagogia critica que el autor desarrolla a partir del trabajo del educador brasileno Paulo Freire y de varios teoricos y practicos de la izquierda educativa, como por ejemplo Deleuze, Guattari, Derrida, Foucault o Lyotard: un deseo de inversion, en fin, en el proyecto de lo posible.

Link para la descarga:

McLaren, Peter – Pedagogia critica y cultura depredadora (1)

Fuente de la Reseña:

https://books.google.com.mx/books/about/Pedagog%C3%ADa_cr%C3%ADtica_y_cultura_depredador.html?id=yFtpAAAACAAJ&source=kp_book_description&redir_esc=y

ove/mahv

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¿Inteligencia o extorsión artificial?

Por: Emilio Cafassi

-En el umbral del presente siglo, Uruguay desplegó sobre sus campos, ciudades y costas un audaz y vibrante tapiz digital, soñando con una sociedad trenzada por la inclusión tecnológica. Hoy, el tejido se deshilacha entre las manos de monopolios ubicuos y sigilosos. Ceibal encendió pantallas como estrellas en las manos infantiles, mientras Ibirapitá devolvió a los ancianos una primavera digital tardía. Aquella audacia se fundó sobre un concepto claro: la tecnología como derecho, no como privilegio. Sin embargo, ya en diciembre pasado, el artículo que escribí en estas páginas, «Uruguay como eslabón fuerte de soberanía digital», advertía sobre la sombra creciente de los monopolios digitales y la progresiva privatización de lo público, que comenzaba a erosionar aquellas promesas iniciales. El sueño de inclusión enfrentaba entonces, y enfrenta más aún hoy, la amenaza de convertirse en una infraestructura capturada por intereses oligopólicos transnacionales. Un llamado de atención para el gobierno progresista, entonces por asumir.

Frente a esta amenaza, surgieron y continúan surgiendo propuestas alternativas desde diversos espacios intelectuales y políticos, entre ellas las formuladas por la “Coalición por la Soberanía Digital Democrática y Ecológica”, colectivo internacional preocupado por la intervención política en torno a la soberanía tecnológica. Este colectivo, impulsado por académicos e intelectuales comprometidos con la democratización tecnológica y la sostenibilidad ecológica, propone iniciativas concretas para recuperar la autonomía ciudadana frente al dominio digital corporativo. Sus propuestas buscan romper las cadenas de un colonialismo digital, devolviendo a la ciudadanía la soberanía sometida de sus territorios virtuales. La construcción de nubes públicas multiestatatales y plataformas digitales democráticas constituye uno de sus ejes fundamentales, buscando emanciparlas del control corporativo que asfixia sus decisiones más íntimas y devolver a las personas el poder sobre sus datos y decisiones. Como sostuve, no se limita solo al ámbito tecnológico digital, sino que propone una integración transversal con la sostenibilidad ambiental. Desde su perspectiva, la transición digital debe caminar junto a una economía circular de protección de los ecosistemas. Es la conjunción indispensable entre lo digital y lo orgánico, entre circuitos electrónicos y ciclos vitales. Este enfoque integrado reafirma que la innovación tecnológica no puede ser un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un desarrollo consciente y sostenible. Asimismo, la regulación ética de la inteligencia artificial ocupa un lugar destacado en sus propuestas. Esta regulación busca garantizar la transparencia y la equidad en los algoritmos, evitando que se conviertan en nuevas formas de exclusión y discriminación. En consonancia con el Frente Amplio uruguayo, el colectivo subraya la importancia de fomentar competencias STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) desde la educación inicial, formando así a ciudadanos capaces de ejercer un control informado sobre las tecnologías emergentes.

La noción de soberanía digital, central en estas propuestas, implica también un enfoque internacionalista. Una soberanía que, lejos de encerrarse en fronteras nacionales, se extiende como redes solidarias en resistencia al nuevo imperialismo algorítmico. El colectivo plantea la necesidad de crear redes globales basadas en la cooperación y la solidaridad entre Estados, contrarrestando así la dependencia y la vulnerabilidad frente a los oligopolios tecnológicos. La soberanía digital, desde esta visión, no es un repliegue nacionalista, sino un acto de resistencia global frente a las cadenas invisibles del dominio corporativo.

Finalmente, el colectivo enfatiza la necesidad urgente de desmantelar los monopolios culturales y tecnológicos que sofocan la diversidad y estrangulan el pensamiento crítico ciudadano. Proponen una planificación estratégica a largo plazo, orientada a transformar la matriz productiva mediante tecnologías avanzadas, junto a una recalificación laboral que fomente la justicia social y la equidad. Este conjunto de propuestas busca convertir las infraestructuras digitales en bienes comunes, gestionados democráticamente y enfocados en colocar a las personas y al hacer colectivo en el centro de las decisiones.

En paralelo con estas propuestas, Yanis Varoufakis ofrece un juego metafórico que resulta elocuentemente denunciatorio sobre el contexto actual, acuñando el término tecnofeudalismo para describir el nuevo orden que rige nuestras vidas digitales. El tecnofeudalismo convierte al usuario en campesino digital, obligado a sembrar datos, cultivando sus interacciones para que los señores algorítmicos recojan cosechas permanentes de vigilancia y beneficios. Me referí a él en el trabajo de la semana pasada señalando que estas plataformas no producen mercancías en el sentido tradicional, sino que monopolizan territorios digitales desde donde extraen rentas continuas. El concepto tradicional de mercado se diluye frente a una realidad dominada por el acceso restringido y la apropiación continua de valor, no desde el trabajo asalariado, sino desde los gestos mínimos de nuestra existencia conectada. Extremando su tesis en una analogía forzada entre la tierra y las plataformas del ciberespacio, sostiene que el capitalismo ha muerto, no reemplazado por una revolución democrática, sino devorado por una lógica feudal renovada por la tecnología. En este tecnofeudalismo, la explotación ya no es meramente laboral, sino existencial, del mismo modo en que lo concibe el autonomismo italiano o la corriente del capitalismo cognitivo, entre otras. Para el economista griego, el usuario digital, lejos de ser un ciudadano libre, se ha convertido en un siervo atrapado en plataformas controladas por señores invisibles que monopolizan el acceso y cobran rentas sobre cada movimiento digital. Entiendo la potencia de esta narrativa como énfasis crítico, sin por ello comprarle la lápida al capitalismo, ni abrazar la resurrección feudal en clave binaria. El uso impreciso de los conceptos de renta, ganancia y plusvalía o la identificación del ciberespacio con la tierra, sirven solo como subrayado y alarma, sin necesario correlato teórico en mi opinión.

Varoufakis no se limita a señalar este sombrío panorama, sino que propone alternativas radicales y concretas para superarlo. Entre sus propuestas figura la creación de empresas democratizadas, en las cuales cada empleado posee voz y voto sobre decisiones fundamentales. Sugiere también establecer Asambleas Nacionales de Ciudadanos, elegidas al azar, para deliberar sobre legislación, recuperando así la esencia democrática perdida. La socialización del capital digital y la reapropiación democrática de las infraestructuras tecnológicas también forman parte central de sus propuestas, apuntando hacia un socialismo democrático digital, una tecnodemocracia que devuelva la soberanía a las personas sobre su vida digital.

Incluso la descripción del usuario tecnofeudal de Varoufakis, entregado a su propio vasallaje por el atractivo de uso de las plataformas, entregando toda su vitalidad, no está excluido de superar barreras mercantiles a fin de acceder a su placer formatizado. Cada vez más, las plataformas cobran por accesos iniciales o posteriormente diferenciales para su utilización. Es evidente en las de streaming o video on demand como Netflix, Amazon, Disney, HBO, Paramount, Spotify, las aplicaciones de respaldo y procesamiento en la nube y hasta las diversas date apps con sus upgrades premium. El “free trial” se contrapone cada vez más con la suscripción monetaria dando lugar a una suerte de “versionismo” recurrente, que transforma cada derecho en un abono y cada clic en una tasa encubierta.

El modelo está llegando a la inteligencia artificial donde tengo desde hace algo menos de un mes algunas experiencias extravagantes, que no hacen más que ratificar la necesidad de articular procesos de resistencia a la monopolización como en los ejemplos mencionados, que apuntan a la construcción colectiva de nubes, redes y plataformas públicas. Decidí suscribirme a la versión “plus” de ChatGpt de la empresa Openai, a fin de dialogar oralmente desde el celular en otras lenguas y en la laptop realizar traducciones, verificaciones de posibles errores sintácticos de textos y la escritura de líneas de código de scripts en lenguaje Python a partir de instrucciones simples. Nada más, ya que mi experiencia y la de colegas en el uso de esta herramienta como buscador de información, no solo no es recomendable, sino muy peligrosa, ya que inventa datos, lo que en la jerga se llama alucinar. Cualquier lector puede experimentar pidiéndole su propia biografía y resultará ser un autor de textos, un músico, artista variado, deportista o profesional diverso.

A partir de una confusión sobre el débito de la suscripción, fui derivado a un recóndito y esquivo formulario que llevó tiempo encontrar sin respuesta alguna. Ante insistencias, dialogando con la propia plataforma, conseguí el mail de support. Presenté mi queja en español y obtuve respuesta en inglés. No tengo inconveniente en leer en esa lengua, pero interrogué inmediatamente por qué si lo que mejor hace la plataforma es traducir, no se traduce a sí misma. La respuesta fue que el sistema solo devuelve en inglés. No hace falta ser inteligente, artificial o naturalmente, para advertir que es un dispositivo de poder desestimulante de quejas e interacciones, al menos para una proporción importante de usuarios no angloparlantes. Entiende mi idioma materno en el que escribo ahora como si fuese un lujo secundario, una mera cortesía circunstancial que podía ser ignorada por capricho algorítmico. Responder en inglés a un reclamo hecho en español revela no solo desprecio, sino la imposición imperial de una lengua dominante que ignora sistemáticamente la diversidad cultural, no por razones técnicas, ya que es su principal capacidad. Este gesto, lejos de un simple error, desnuda una prepotencia cultural y lingüística disfrazada de eficiencia digital. Consulté si tenía posibilidad de dialogar en inglés con algún humano (las firmas van variando nombres) con previsible respuesta: “no way”.

Desde entonces, lejos de recrear la promesa de conversación fluida derivó en un inquietante laberinto de restricciones arbitrarias y exigencias monetarias encubiertas bajo la apariencia técnica de un servicio más avanzado. Desde el momento en que emergieron alertas insistentes, recordando a cada paso la necesidad de adherirse a una modalidad pro la plataforma reveló su verdadera naturaleza: una extorsión sutil disfrazada de recomendación amigable. Aparecen constantemente mensajes coercitivos, estableciendo límites arbitrarios al número de respuestas posibles como recordatorio explícito del chantaje: o se acepta pagar más, o se enfrenta una reducción severa y repentina en la calidad y continuidad del servicio, amparada en decisiones opacas tomadas desde la comodidad anónima de un algoritmo inescrutable. El resultado es la erosión progresiva de la confianza, el desgaste emocional de enfrentar barreras innecesarias y una profunda desilusión con un sistema que, tras prometer ampliar horizontes, termina imponiendo restricciones inexplicadas o recomendando estériles reseteos, navegadores alternativos, eliminación de cookies y cachés, sin excluir la invocación a alguna plegaria algorítmica en vano.

La crítica hacia ChatGPT es también la crítica hacia el propio modelo tecnológico contemporáneo: una promesa brillante que, si no se reapropia socialmente para la emancipación social, rápidamente se convierte en práctica coercitiva, mercantilización y discriminación sutil o desembozada, condenando al usuario a aceptar la imposición económica, la apropiación de datos o la exclusión comunicacional como primer síntoma.

El último intercambio fue al sostener que antes de hacer las pruebas en mi laptop quería saber si mi suscripción plus de 20 dólares mensuales tiene límites en materia de cantidad de consultas, tiempo o lo que fuera y que, los tenga o no, expongan los términos y condiciones del contrato. La respuesta, que traduzco aquí con su auxilio fue: “Agradezco su interés en obtener una explicación clara sobre los límites de uso de ChatGPT Plus y cómo se comunican. Tenga la seguridad de que puedo aclararle este punto. Los límites de nuestro modelo GPT 4.5 varían en función de varios factores y no hay un número fijo documentado debido a la fluctuación de la demanda. Aunque los usuarios gratuitos no tienen acceso a GPT 4.5, los usuarios Plus, Pro, Team y Enterprise acceden a este modelo a diario. Para mantener una experiencia fluida para todos los usuarios, las suscripciones pueden incluir límites de uso, como límites de mensajes, que pueden variar en función de las condiciones del sistema y los periodos de alta demanda. Espero que esto le ayude. Si necesita algo más, no dude en ponerse en contacto con nosotros”.

La inteligencia artificial, lejos de emancipar, reproduce la más antigua de las formas de opresión humana: el chantaje disfrazado de progreso, la coacción envuelta en amabilidad algorítmica. Al igual que en los locales de feria donde el valor de la compra otorga más o menos chances para una rifa, Openai propone suscribirse a las fluctuaciones de demanda, variaciones de sistema, o tan solo recibir presiones para escalar en la tarifa. Así, la inteligencia artificial, lejos de ser la vanguardia de una nueva ilustración, se desliza como disfraz amable del viejo vasallaje: cobrar por preguntar, pagar por existir, rendirse al algoritmo. Nada artificial, sino la más humana y analógica de las vivezas, maquillada con silicio: extorsión pura.

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Niñez y eficiencia. Hambre y desposesión

Por Darío Balvidares

“Hay privaciones que afectan a los niños/as y adolescentes que no son visibles mediante la estructura de ingresos o gastos de los hogares”, señala el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. La sentencia interpela no solo al modo en que se mide la pobreza, sino a la racionalidad que decide qué debe ser medido y qué puede ser omitido. En Argentina, más de 4 millones de niños conviven con inseguridad alimentaria, pero la carencia no reside únicamente en la falta de alimento, sino en una cadena de privaciones afectivas, cognitivas y sociales que modelan subjetividades.

Las políticas públicas, lejos de reparar esa trama de desigualdades, refuerzan su invisibilidad y profundizan el estado social deficitario cuando operan bajo criterios de eficiencia. Cuando la prioridad del gobierno es la reorganización del Estado donde los derechos se subsumen a métricas y algoritmos de gestión, el hambre, el deterioro cognitivo y el abandono educativo dejan de ser urgencias sociales para convertirse en externalidades técnicas.

Tal como lo expusimos en La eficiencia como el significante de la desposesión, esta lógica pedagógica enseña por omisión: lo que no se nombra, también produce sentido político. En el presente artículo proponemos una lectura transversal que vincula el hambre infantil con las políticas tecnocráticas, desmontando la neutralidad de las pruebas estandarizadas, los decretos administrativos y los organismos multilaterales que operan como arquitectos de una pedagogía del sesgo. Porque si la niñez es uno de los territorios donde se disputa el futuro, la exclusión es una forma de extinción.

Eficiencia y hambre: la desposesión como política estructural

“Hay privaciones que afectan a los niños/as y adolescentes que no son visibles mediante la estructura de ingresos o gastos de los hogares”, advierte el informe del Observatorio de la Deuda Social. Esta afirmación desestabiliza el paradigma contable que domina la gestión estatal, lo que no se traduce en cifras, no existe para la política pública. En ese marco, la eficiencia se convierte en un significante que no organiza recursos, sino que legitima omisiones, retiene alimentos y abrigo en los galpones del ministerio de Capital (in)Humano.

Durante 2024, el 35,5% de los niños y adolescentes en Argentina atravesó inseguridad alimentaria, y el 16,5% lo hizo en su forma más severa. Pero el hambre no es solo una carencia nutricional, es una forma de desposesión cognitiva, afectiva y simbólica. La desnutrición crónica afecta el desarrollo cerebral, compromete la memoria, la atención y el aprendizaje. En contextos de pobreza estructural, la infancia aprende desde la carencia, y ese aprendizaje no se mide en las pruebas estandarizadas ni en los informes de gestión.

El Decreto 436/2025, al instalar la eficiencia como principio rector, consolida una racionalidad que omite lo esencial porque no puede ser cuantificado. La supresión de políticas como “Educar en Igualdad” no responde a una evaluación pedagógica, sino a la lógica de desposesión: lo que no produce resultados medibles, se elimina. En ese sentido, el hambre infantil y la eliminación de contenidos educativos referidos a la igualdad no son hechos aislados, sino expresiones de una misma arquitectura política.

La eficiencia, entonces, no es una herramienta de mejora, sino un dispositivo de exclusión. Desposee a las niñeces de alimento, de afecto, de contexto y de sentido. Y al hacerlo, transforma el Estado en un gestor de carencias, donde los derechos se convierten en gastos y las vidas en externalidades.

Evaluar sin contexto: la estandarización como pedagogía del sesgo

“Las pruebas estandarizadas no miden lo que los alumnos saben, sino lo que pueden repetir bajo condiciones artificiales de evaluación” — advertía Robert Glaser, uno de sus propios diseñadores de los “test” estandarizados. En Argentina, estos dispositivos se han naturalizado como herramientas objetivas, cuando en realidad funcionan como instrumentos de clasificación y control, descontextualizados del entorno cognitivo, afectivo y material de quienes van a ser ¿evaluados?

El informe del Observatorio Social revela que más de 4 millones de niños y adolescentes enfrentan inseguridad alimentaria, y que el 16,5% lo hace en su forma más severa. Este dato es estructural: el hambre compromete funciones cognitivas esenciales (memoria, atención, lenguaje) moldeando la subjetividad del propio desarrollo educativo marcado por la precariedad. Sin embargo, las pruebas estandarizadas ignoran estas variables constitutivas y ofrecen resultados que refuerzan la exclusión como si fuera una diferencia de mérito o esfuerzo.

Desde una perspectiva crítica, como ya decíamos en 2016, en el artículo Las pruebas estandarizadas, otro mito del proceso de la reforma educativa,  que este modelo no mide saberes reales, sino procedimientos repetitivos y reconocimiento de resultados. En ese análisis afirmábamos: “Estas pruebas no miden lo que los alumnos saben, sino la capacidad de recordar procedimientos, o reconocer un resultado cuando se les presentan opciones múltiples.”

Este enfoque muestra cómo las pruebas se articulan con los lineamientos de organismos multilaterales que promueven la educación como mercancía, desplazando el pensamiento crítico en favor de la obediencia evaluativa y anulando el sentido pedagógico de la construcción de conocimiento como proceso.

La estandarización, entonces, opera como una pedagogía del sesgo que invisibiliza el hambre, el deterioro cognitivo y la desigualdad estructural, y lo reemplaza por una métrica que legitima la exclusión. Evalúa sin contexto, sin historia, sin cuerpo.

Breve paréntesis: cuerpo, hambre y lenguaje

“Confundir un problema de aprendizaje reactivo con un síntoma del ‘no aprender’ es como confundir a un desnutrido con un anoréxico”, escribe Inés Cristina Rosbaco en El desnutrido escolar. Dificultades de aprendizaje en los niños de contextos de pobreza urbana.  Esa distinción es política: el desnutrido escolar no elige no aprender, el entorno lo desactiva. Frente al fracaso, “ya ni siquiera puede defenderse”, porque lo que está roto no es su voluntad, sino las condiciones para que esa voluntad exista.

Rosbaco identifica una escena educativa en la que “la pobreza queda borrada como condición estructural y transformada en dificultad personal”. La escuela, muchas veces, en vez de ser refugio o reparación, se convierte en mecanismo de reiteración de esa violencia. Clasifica sin reconocer, evalúa sin contexto, patologiza el silencio del hambre.

El hambre, en este marco, es interrupción de lenguaje. Es cuerpo que no llega al aula para aprender, sino para resistir. La mirada ausente, el juego apagado, la palabra cortada son formas concretas de la desposesión. Nada más cínico que desconocer las causas del latiguillo “seis de cada diez niños no comprenden lo que leen”, producido por quienes diseñan las políticas que invisibilizan lo que estamos visibilizando en este artículo y que a la sazón, son las causas.

Es simple, allí donde se impone la eficiencia como significante de desposesión, el niño “no puede sostener el deseo de aprender” porque el sistema no está diseñado para sostenerlo.

Este paréntesis no busca conmover ni suavizar la crítica. Se propone restituir el cuerpo como campo de disputa. No hay déficit; hay exclusión estructural. No hay falla individual; hay abandono estatal. Y frente a ese abandono, cada cuerpo que aún persiste en el aula interrumpe la lógica del descarte.

Las niñeces frente a la arquitectura del daño

La eficiencia se ha instalado como el significante central de una gramática institucional que no organiza recursos, sino que desactiva derechos. Su poder no radica en lo que propone, sino en lo que permite omitir. Bajo su forma más sofisticada, la estandarización, la evaluación contable, el lenguaje administrativo, opera una política de desposesión que transforma las niñeces y adolescencias en territorio de cálculo, y su hambre en externalidad.

Las cifras del informe muestran que millones de niñxs atraviesan sus niñeces con hambre. No es un fenómeno excepcional ni transitorio, es una estructura persistente que impacta en el cuerpo, la cognición y el deseo. Como advierte Inés Rosbaco, el desnutrido escolar no fracasa por ignorancia, sino porque el sistema le niega las condiciones mínimas para sostener el deseo de aprender. La escuela, enclavada en la reforma neoliberal, no  repara, más bien prolonga, más allá de la voluntad docente. Y el Estado, cuando prioriza la eficiencia como criterio rector, se vuelve pedagogo del daño.

El orden institucional no se configura en torno a la protección, sino a la medición y punición. Y lo que no se mide, se omite. La violencia social no entra en los algoritmos, el hambre no figura en los mapas de riesgo educativo, la desigualdad no se reconoce como límite a la meritocracia. Así, lo que falta se transforma en culpa y lo que duele en déficit técnico.

Este artículo no propone una lectura sensiblera, sino una denuncia con disposición a la disputa por el sentido. Porque frente a la pedagogía del sesgo, solo una pedagogía del reconocimiento puede sostener el deseo de futuro. Y ese deseo no se mide, no se estandariza, no se administra. Se enciende, se protege, se nombra, se acompaña, se hace colectivo. Forma parte de una lucha epistemológica.

Imagen de portada: Comunitaria

Niñez y eficiencia. Hambre y desposesión

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El auge del entretenimiento digital responsable en América Latina

El auge del entretenimiento digital responsable en América Latina

Damian R Natalichio

Durante los últimos años, América Latina ha sido testigo de un cambio significativo en la manera en que las personas acceden al entretenimiento. Con el crecimiento del acceso a internet, la digitalización de servicios y la popularización de plataformas móviles, actividades como el juego en línea, el streaming de contenidos y las apuestas deportivas se han convertido en parte del día a día para millones de usuarios.

Sin embargo, este auge tecnológico también trae consigo un llamado a la responsabilidad. En el caso particular de las plataformas de apuestas deportivas y juegos de casino en línea, es fundamental entender su impacto social, económico y ambiental para fomentar un uso consciente y equilibrado.

Transformación digital con rostro humano

Las plataformas modernas de entretenimiento digital ya no son simples espacios para apostar o jugar. Han evolucionado para ofrecer experiencias personalizadas, herramientas de control del tiempo y gasto, y entornos más seguros para los usuarios. Además, muchas de ellas están comenzando a asumir un compromiso con la sostenibilidad, la educación financiera y la promoción del juego responsable.

Esto implica no solo regular el acceso mediante verificación de edad o límites de depósito, sino también informar al usuario sobre los riesgos y brindar asistencia a quienes puedan estar desarrollando comportamientos compulsivos. Desde esta perspectiva, el entretenimiento deja de ser una actividad meramente pasiva para convertirse en una oportunidad de desarrollo consciente.

Una oportunidad para el desarrollo económico local

El crecimiento de estas plataformas también ha tenido un impacto positivo en la economía local de países como Chile. Al generar empleos digitales, fomentar alianzas con medios deportivos y colaborar con desarrolladores de software regionales, se está creando un ecosistema digital que impulsa la innovación y la tecnología en la región.

Además, el acceso a plataformas de apuestas deportivas ha despertado un interés renovado por las ligas y equipos locales, dándoles visibilidad y apoyo económico. Para muchos emprendedores, estas plataformas representan un nuevo modelo de negocio digital que puede funcionar incluso en contextos donde las oportunidades tradicionales son limitadas.

Consideraciones ambientales en la era digital

A menudo se pasa por alto el impacto ambiental del entretenimiento digital. Aunque no es tan evidente como el de industrias extractivas o manufactureras, el funcionamiento constante de servidores, el consumo energético de los centros de datos y el ciclo de vida de los dispositivos utilizados pueden tener una huella ecológica considerable.

Por eso, algunas plataformas han comenzado a implementar prácticas más sostenibles, como el uso de servidores energéticamente eficientes, la compensación de emisiones de carbono o el diseño de interfaces que reduzcan el consumo de datos móviles. Desde el lado del usuario, también es posible contribuir eligiendo horarios de uso responsables, limitando el tiempo frente a la pantalla y optando por plataformas que demuestren compromiso ambiental.

Educación digital y uso saludable

Uno de los retos más grandes que enfrenta el entretenimiento online es el de la educación. No basta con tener acceso: es fundamental que los usuarios sepan cómo interactuar con estas plataformas de forma informada. Esto incluye desde la comprensión de términos y condiciones, hasta el conocimiento sobre probabilidades, gestión de riesgos y límites personales.

En este sentido, es muy valioso que algunas plataformas integren recursos educativos dentro de su experiencia de usuario. Al ofrecer simuladores, tutoriales y alertas de tiempo de juego, se fomenta una cultura digital más consciente y saludable, alineada con los valores de sostenibilidad social que promueve EcoPortal.

Mirando hacia el futuro

A medida que el entretenimiento digital sigue creciendo en América Latina, es vital que lo haga de la mano de valores como la transparencia, la inclusión, la sostenibilidad y la ética. Las plataformas de juego y apuestas en línea tienen la responsabilidad, y también la oportunidad, de liderar esta transformación positiva.

El futuro del entretenimiento en línea no será únicamente definido por la tecnología, sino por las decisiones colectivas que tomemos como sociedad: cómo regulamos, cómo educamos, y cómo consumimos. Si logramos equilibrar innovación con responsabilidad, estaremos construyendo no solo una mejor experiencia digital, sino también un entorno más justo y sostenible para todos.

Fuente de la Información: https://www.ecoportal.net/econciencia/entretenimiento-responsable/

 

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