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Romantizando el regreso a clases presenciales

Por: Abelardo Carro Nava

 

Cierto, el proceso de vacunación de magisterio avanza en cada uno de los estados, pero ¿esta inoculación elimina toda posibilidad de un posible contagio en las escuelas?…

En los últimos días ha aumentado el debate sobre el regreso a clases presenciales en nuestro país. La carrera política por ver quién regresa primero comenzó en el estado de Campeche y, de ahí, algunas entidades han hecho lo propio o, como en el caso de la Ciudad de México, han anunciado que los alumnos y profesores estarán de vuelta en las aulas el próximo 7 de junio.

Curioso es como, muchos medios de comunicación, a diario difunden sendos reportajes en donde se observa a padres de familia, personal docente, administrativo y de apoyo a la educación, con cubeta, escoba y trapeador en mano, realizar actividades de limpieza, desinfección y rehabilitación de algunos espacios físicos con la finalidad de que los estudiantes, a su regreso, encuentren una institución que brinde las condiciones, mínimas e indispensables, para que se prevenga un posible contagio por el virus ya conocido. ¿Por qué no se difunde el estado en el que se encuentran estas instituciones derivado del escaso presupuesto que reciben cada año para habilitar o rehabilitar su infraestructura educativa?, ¿quién aporta los recursos económicos para esa limpieza y desinfección?, ¿son suficientes los kit’s que los gobiernos de las entidades distribuyen para este propósito consistentes en 4 litros de cloro, tres de ácido muriático, dos de jabón líquido, escobas y trapeadores, cuya duración debe ser, al menos, de dos a tres meses?, ¿por qué los padres de familia y maestros deben asumir los costos de estos insumos para cumplir un anhelo político y económico?, ¿cuál es el papel de Estado en estos asuntos?

Sí, la imagen de una madre de familia con una escoba en la mano y con los pies mojados por el agua que permite el aseo de un salón de clases vende, y vende muy bien una idea romántica sobre este regreso a clases. Los medios de comunicación lo saben, los políticos y gobernantes de sobra lo conocen, pero la obligación de éstos últimos, difícilmente se proyecta en el televisor o en otros espacios informativos.

Sí, se habla de la urgente necesidad de que los alumnos vuelvan a las escuelas; se argumenta que es necesaria la socialización entre pares porque favorece su desarrollo; se afirma que los aprendizajes no se han logrado como tendrían que lograrse dada la educación a distancia y virtual que la misma Secretaría de Educación Pública (SEP) promovió a través de cuatro televisoras nacionales y por las cuales se desembolsaron más de 400 millones de pesos; se reafirma la necesaria revaloración de la educación y el aprendizaje como pilares de la sociedad; se asegura la conformación de comités de salud para que den vida a un filtro que permita prevenir contagios entre los distintos actores educativos y no educativos.

Sí, de todo esto se habla, pero no del abandono del que han sido objeto las escuelas por parte de los distintos gobiernos que han despachado desde Palacio Nacional, incluyendo el que se encuentra en estos días por esos lares.

Al fin de cuentas hemos aceptado, que las “aportaciones voluntarias” que anualmente realizan los padres de familia se destinan en la educación de sus hijos hecho que, indudablemente ha propiciado, que el Estado, progresivamente, haya dejado de garantizar que los materiales didácticos, la infraestructura educativa, el mantenimiento y las condiciones de su entorno (art. 3º Constitucional), sean las más idóneas para todos.

Por su parte, el magisterio, o buena parte de éste, ha hecho su parte. En la medida de sus posibilidades ha apoyado a sus estudiantes. En efecto, es parte de su quehacer docente, pero sus acciones van más allá de lo que representa o significa un contrato, y en ello, probablemente estemos de acuerdo.

Curiosamente, una profesora en estos días despacha desde la silla que alguna vez fue de Vasconcelos. Curiosamente, sabedora de estas y otras demandas y necesidades que prevalecen en el Sistema Educativo Nacional, favorece el próximo regreso a clases anteponiendo el interés económico y, obviamente, las indicaciones del presidente que la colocó en esa silla. Curiosamente, en las entidades de la República Mexicana se observa el mismo panorama; se sigue una línea que no brinda un regreso seguro a las aulas sino, más bien, una carrera política por demostrar que uno es mejor que el otro y viceversa.

Cierto, el proceso de vacunación de magisterio avanza en cada uno de los estados, pero ¿esta inoculación elimina toda posibilidad de un posible contagio en las escuelas?

Hace unos días, Rodolfo de la Torre, a través de su cuenta se Twitter escribió: “La ilusión de dejar atrás la crisis de la pandemia es poderosa, pero falsa y de lo más oportunista”, y no se equivoca. Distintos gobiernos han soltado una avalancha de ilusiones con el propósito de venderle, al pueblo, la idea de que la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia está superada, y no es cierto.

Ojalá, estos gobernantes, pudieran responder para qué regresarán los alumnos a las escuelas. Obviamente que tal cuestionamiento, tiene que ver con un plan educativo que responda a múltiples cuestiones de esta y otras índoles, pero, desafortunadamente, ni la SEP ni los gobiernos locales cuentan con ese plan que desde hace mucho tiempo lo solicitamos, y hoy, a escasas semanas de que culmine el ciclo escolar 2020-2021 sigue siendo un misterio, y lo que es peor, ya les urge abrir las instituciones educativas.

¿Regreso gradual y voluntario? Ahí está el detalle.

¿Para qué, quiénes y por qué? Ahí está una narrativa poderosa y por demás oportunista.

Fuente: https://profelandia.com/romantizando-el-regreso-a-clases-presenciales/

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La triste historia de los pobres del mundo

Por: Hedelberto López Blanch

El número de pobres en el mundo aumenta cada año debido a varios factores como los violentos cambios climáticos que producen sequías, huracanes, terremotos, inundaciones; la aparición desde febrero de 2019 de la pandemia de covid-19 y sobre todo la indolencia de regímenes capitalistas neoliberales cuyos gobernantes piensan en incrementar sus riquezas en detrimento de las mayorías.

Esa conjunción de factores ha provocado que en el mundo ya existan 840 millones de hambrientos al sumárseles otros 130 millones que pasaron a esa deleznable lista en 2020.
Un informe del Estado Mundial de la Seguridad Alimentaria y Nutrición de Naciones Unidas explica que alrededor de 132 millones de personas sufrieron una situación de “hambre crónica” durante 2020 y se sumaron a los 708 millones que vivían en esas circunstancias en 2019.
Los expertos de organismos internacionales indican que Asia es el continente con mayor número de hambrientos con 382 millones, seguida de África, 250 millones y América Latina y el Caribe con 50 millones. La cifra total se completa con los que se encuentran en esa categoría en Europa y América del Norte.
Como un complemento directo en esta lamentable situación, ha quedado demostrado que los regímenes capitalistas neoliberales no han sido capaces de resguardar a sus pobladores de los efectos peyorativos producidos por la pandemia de coronavirus.

Los altos costos de la atención médica privada usados en los tratamientos contra la covid, no pueden ser pagados por muchos habitantes que se ven obligados a recluirse en sus casas y buscar remedios caseros o medicamentos más baratos los cuales, en la mayoría de los casos, no son efectivos y la trágica muerte los alcanza.
Para agravar la situación de millones de personas que sobreviven en este mundo cada vez más desigual, otra mala noticia se les viene encima.
Según la Organización de Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO) los precios mundiales de los alimentos volvieron a subir en abril por 11 meses consecutivo.
La organización divulgó que el índice de precio mundial de alimentos promedió 120.9 dólares en abril, 2,2 % más que en marzo, y un 30,8 % interanual por lo que alcanzó el nivel más alto desde 2014
Este índice es una medida de la variación mensual de los costos de la canasta y consiste en el promedio de cinco índices de precios de la cesta básica en relación con las exportaciones de cada uno de esos productos.

La FAO informó que en abril, el azúcar tuvo un alza de 3,9 % y alcanzó más del 60 % en relación con 2020 debido al lento avance de la cosecha en Brasil y los daños causados por las heladas en Francia.
En el caso de los aceites vegetales, creció 1,8 % en abril debido a aumento de las cotizaciones mundiales del aceite de palma por temor a que las producciones fueran más lentas de lo previsto. Los valores de los aceites de soya y colza se incrementaron aun más mientras que los de las carnes bovino, ovino y porcino se elevaron 1,7 % y los de la de aves de corral no tuvieron cambios.
Los cereales, se alzaron 1,2 % y 26 % desde 2019. El maíz subió 5,7 % y 66,7 % con respecto al pasado año resultado de siembras menores de lo previsto en Estados Unidos, Argentina y Brasil.
En medio de este escenario, en 2020 y 2021 ha crecido la inseguridad alimentaria aguda, debido a conflictos, crisis económica exacerbada por la pandemia y el embate de fenómenos naturales.
La red mundial contra la crisis alimentaria avizora un 2021 muy difícil pues en el pasado año, 155 millones de personas en solo 55 países estaban en situación de crisis, lo que representó alrededor de 20 millones más en relación con el último informe. Asimismo, 28 millones en 38 países se hallaban en situación de emergencia alimentaria y entre los más afectados se encontraban República Democrática del Congo, Yemen y Afganistán.
Dominique Burgeon, director de emergencia y resilencia de la FAO aseguró que para evitar que estalle una crisis generalizada en 2021 se necesita con urgencia acciones humanitarias para salvar vidas y medios de subsistencia a gran escala.
Antonio Guterrez secretario general de la ONU significó que este informe es una lectura desalentadora por el alza de personas en condiciones de inseguridad alimentaria aguda las cuales necesitan asistencia nutricional rápida. Se debe hacer todo lo posible, dijo, por frenar ese círculo vicioso y abordar la eliminación del hambre como base para la estabilidad y la paz, a la par de transformar los sistemas alimentarios para hacerlos más inclusivos, resilientes y sostenibles.
Otro fenómeno que golpea a las naciones son los altos niveles de endeudamiento que han adquirido desde hace décadas y que se reforzaron con la pandemia.
En América Latina y el Caribe, informó la CEPAL, esta situación también ha puesto en crisis la posible recuperación económico-social.
Todos los países latinoamericanos han sufrido un deterioro de la situación fiscal al aumentar la deuda del 69,8 % al 79,3 % del PIB entre 2019 y 2020, lo cual la convierte en la región más endeudada del mundo en desarrollo y la que tiene el mayor servicio de deuda externa en relación con las exportaciones de bienes y servicios.
Esa es la triste historia de los pobres en este mundo neoliberal tan desigual y que cada día, con más fuerza, los pueblos claman por la adopción de un nuevo orden internacional más justo.

Fuente: La triste historia de los pobres del mundo – Tercera Información -Tercera Información (tercerainformacion.es)

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Dislexia y disgrafía en la era digital

Por: Sofía García-Bullé

La dislexia y la disgrafía van de la mano para entender la dificultad de algunos alumnos para aprender a leer y escribir correctamente.

Los desórdenes de aprendizaje han representado un obstáculo histórico para la calidad de la experiencia educativa de millones de personas. Si bien hoy en día sabemos más sobre estas situaciones cognitivas y la tecnología nos ha llevado a favorecer el uso de computadoras y dispositivos electrónicos en vez de libreta y lápiz, problemas como la dislexia y la disgrafía no han desaparecido solo se hacen presentes en otro contexto.

Para fines explicativos, la dislexia se refiere a un trastorno la identificación de sonidos y su relación con las letras, a falta de esa conexión, la lectura se complica. La disgrafía, por otro lado, es un trastorno de escritura que complica el ejercicio motriz de manuscribir o el distinguir entre la forma de las letras al momento de leer o de escribir.

Para identificar a una persona como dislexia o disgrafía es necesario tomar en cuenta que estos obstáculos de aprendizaje están completamente desligados al nivel de inteligencia o cociente intelectual de los alumnos. ¿Pero cómo intersectan estas discapacidades en un contexto educativo en el que se teclea mucho más de lo que se escribe?

La dislexia y el teclado

El uso de libreta, lápiz y pluma ha decaído significativamente en el ejercicio de la educación, especialmente ahora que es a distancia, se ha vuelto un recurso eje para la continuidad didáctica en tiempos de pandemia.  Pensaríamos que esto pudiera jugar en contra en el aprendizaje para la lectura y escritura de alumnos con dislexia o disgrafía, porque no realizan con tanta frecuencia la actividad de escribir a mano, sin embargo, el uso inteligente del teclado puede hacer una enorme diferencia en su proceso didáctico.

El teclado ayuda a los estudiantes a visualizar un orden de la imagen de las letras, si tiene problemas para asociarlas con un fonemas y la memoria muscular que se desarrolla al practicar el uso del instrumento, el teclado les ayuda a formar la estructura cognitiva para procesar correctamente la escritura, la lectura, la comprensión y la comunicación. Cursos de mecanografía en computadora ofrecen recursos de apoyo como letras más legibles, colores para asociar diferentes secciones del teclado, sonidos para ir identificando la relación del ruido con las letras y palabras.

Cabe también la posibilidad de que el tipo de dislexia que un alumno experimenta obstaculice un uso óptimo del teclado para escribir, a esta clase muy particular de trastorno se le llama dystypia en inglés. Para este problema existen tanto teclados específicamente diseñados como aplicaciones para mejorar la habilidad del educando para la escritura, expresión y lectura.

La tecnología de revisión gramática y predicción de textos ha sido instrumental para completar palabras al momento de escribir. La mayoría de los recursos de apoyo para personas con dislexia y disgrafía parten de estas funciones.

¿Tienes alumnos con dislexia o disgrafía? ¿Has tenido estos problemas durante tu vida estudiantil? ¿Cómo ha sido tu experiencia? ¿Qué recursos has utilizado para superar las dificultades impuestas por esta situación cognitiva? ¿Crees que la tecnología ha hecho más fácil el aprendizaje con estas discapacidades? Cuéntanos en los comentarios.

Fuente e imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/dislexia-era-digital

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El rol de los sindicatos de trabajadores de la educación

Por: Paulette Delgado

Estudios demuestran que tener un sindicato fuerte que defienda los intereses de los maestros no sólo beneficia a los educadores, también significa un mejor desempeño de los estudiantes.

Los sindicatos de maestros han sido parte de la educación durante décadas y existen para apoyar a maestros y maestras a tener mejores condiciones laborales a través de la negociación de mejores salarios, beneficios y condiciones laborales. Sin embargo, en algunos países los sindicatos de trabajadores de la educación tienen mala reputación bajo el debate sobre si realmente ayudan a la educación o la perjudican.

Los sindicatos son organizaciones que se dedican a negociar con empresas, corporaciones u otras organizaciones en nombre de sus miembros. Algunos sindicatos representan a trabajadores que realizan ciertas actividades, como los educadores, y también existen los industriales que representan a toda una industria. Han existido desde hace mucho tiempo, pero desde la Revolución Industrial se les ha atribuido la mejora de las condiciones laborales y los salarios de muchos trabajadores, gracias a que en esa época se formaron un gran número de sindicatos de empresas manufactureras, de acero, mineros y muchas otras industrias.

Los sindicatos también son conocidos por negociar el salario de sus trabajadores utilizando diferentes técnicas: impulsando el salario mínimo, aumentando la productividad marginal por medio de capacitación, restringiendo bienes importados a través de cuotas o aranceles entre otras medidas como utilizar su influencia.

Los sindicatos de trabajadores de la educación

El propósito de los sindicatos de maestros es ayudarlos, su propósito es lograr un funcionamiento justo del sistema educativo. Estos sindicatos los integran personas interesadas y apasionadas por la educación. De acuerdo con el Comité Sindical Europeo de Educación (ETUCE por sus siglas en inglés), los maestros tienen oportunidades limitadas para desarrollarse y poca influencia para cambiar esta situación, por lo que necesitan una voz significativa e independiente a nivel de políticas y prácticas, labor que llevan a cabo los sindicatos, para hacer un cambio significativo y resolver sus condiciones laborales y necesidades de aprendizaje profesional.

El reporte Education Trade Unions for the Teaching Professional (2018) publicado por la ETUCE, destaca tres razones clave por las que los sindicatos deben abordar las necesidades profesionales de los educadores y hacerlas su prioridad: primero está apoyar la carrera y el desarrollo profesional de los docentes ya que es vital para la progresión profesional; la segunda razón es ser una voz para los docentes, especialmente en temas trascendentales que impacten su trabajo diario. Por último, está la construcción y fortalecimiento del propio sindicato, enfocándose en cuestiones profesionales y permitiendo a los miembros participar en la construcción de la identidad sindical.

Además, el reporte señala cinco maneras que utilizan los sindicatos para enfrentar los principales problemas que enfrentan los docentes:

  1. Desarrollar una agenda de negociación centrada en el diálogo social para que la voz de los maestros sea escuchada.

  2. Garantizar el acceso a un desarrollo profesional proporcionado para satisfacer la necesidad de formar a los educadores.

  3. Facilitar la auto organización al trabajar el sindicato con los docentes para identificar y abordar sus necesidades profesionales.

  4. Ayudar a elaborar la narrativa sobre la educación pública, que a su vez apoya a cambiar cómo la gente ve la inversión en recursos para la educación.

  5. Construir alianzas y crear asociaciones.

A pesar de que la función de los sindicatos es dar voz a los maestros, apoyar su desarrollo profesional y mejorar sus condiciones laborales, muchas personas son escépticas de su función y beneficios. Los críticos conservadores argumentan que no existe una relación entre los niveles de afiliación sindical y el rendimiento estudiantil.

¿Están los sindicatos de maestros ayudando o perjudicando a las escuelas? 

En Estados Unidos, entre 1990 y el 2011, muchos estados modificaron la manera de financiar las escuelas, con el objetivo de enviar más dinero a aquellas con mayor índice de pobreza. Sin embargo, algunos gobiernos locales en su lugar usaron ese ingreso estatal para solventar sus gastos.

Según un estudio realizado en el 2018 titulado School Finance Reforms, Teachers’ Unions, and the Allocation of School Resources, los estados con sindicatos fuertes recibieron la mayor parte del dinero y este se gastó en las escuelas que más lo necesitaban. Además, el dinero también se utilizó para subir el salario de los maestros, lo que generó un mayor beneficio para los alumnos, señala el estudio, ya que estos obtuvieron mejores calificaciones. Este estudio demuestra que tener un sindicato fuerte que defienda los intereses de los maestros no sólo beneficia a los educadores, también significa un mejor desempeño de los estudiantes.

Otra publicación de la Universidad Loyola de Chicago concluye que es peligroso excluir a los educadores de la formación de políticas educativas porque son ellos quienes cuentan con la experiencia y conocimientos. Además, ellos son los defensores de los estudiantes porque sus necesidades están ligadas, las concesiones para los maestros benefician a los alumnos y su rendimiento.

La relación condiciones laborales-rendimiento escolar es un tema sumamente controvertido. Por un lado, estudios como los anteriores indican que mejores salarios y condiciones laborales de los docentes se reflejan en un mejor rendimiento estudiantil. Pero otras investigaciones como este estudio realizado por Joshua Cowen y Katharine O. Strunk de la Universidad Estatal de Michigan, reportan que los distritos sindicalizados tienen tasas de deserción escolar más altas, al igual que calificaciones más bajas en matemáticas y literatura. Cowen y Strunk analizaron investigaciones desde 1977 hasta el 2014 para comprender el impacto de los sindicatos. Se encontró que los distritos con sindicatos gastan más dinero y lo invierten directamente en beneficios como el salario de los docentes.

Por su parte, Gary Ravani, presidente de la Federación de California del Consejo de Educación Infantil / K-12, defiende el rol de los sindicatos en la educación pública. Ravani señala en un artículo publicado en EdSource que si bien la sindicalización de maestros no necesariamente garantiza un bajo rendimiento estudiantil y la falta de sindicalización tampoco garantiza un alto rendimiento. Los sindicatos permiten “que los maestros tengan una voz más fuerte en asuntos profesionales y también les permite asegurar su influencia en el campo político”. Esta influencia y participación de los maestros en la formulación de políticas es clave ya que “el financiamiento estatal para la educación por estudiante tiende a ser mayor en los estados sindicalizados y de mayor rendimiento”, concluye.

Los estudiantes también buscan sindicalizarse

Gregory Wickham, un joven de 17 años, escribió para el portal New York School Talk, sobre la importancia de que los estudiantes se organicen y tengan su propio sindicato. Wickham sostiene que los alumnos tienen un poder diferente a los docentes, al organizarse podrían hacer escuchar y cumplir demandas para mejorar la vida estudiantil aún sin la aprobación del departamento de educación.

Para el estudiante, los sindicatos de estudiantes fomentan el intercambio de recursos entre los educandos de toda una ciudad, como su natal Nueva York, haciendo el aprendizaje más accesible para todos. Este intercambio podría reflejarse de las siguientes formas:

  1. Biblioteca de clases: los alumnos graban las lecciones de sus maestros favoritos para después compartirlas de forma gratuita. Esto haría que los mejores maestros lleguen a más personas que los necesitan, además de hacer que los estudiantes tengan la oportunidad de aprender de distintos educadores, encontrando a uno que se adapte más a su manera de aprender. Además de ser un gran recurso de apoyo a la hora de estudiar y ser un recurso para aquellos que estudian desde casa siempre.

  2. Archivos de asignaciones: el sindicato podría organizar un archivo de tareas para los estudiantes junto con las respuestas y sus calificaciones, especialmente aquellas materias cuyas tareas sean proyectos o ensayos. El propósito es conocer y ver cómo se aplican los estándares y expectativas de los distintos docentes. Además, aseguraría la transparencia de calificaciones porque pondría en evidencia favoritismos de los maestros o algún trato injusto a un alumno. Tener acceso a estos archivos también facilita el trabajo del educador ya que los estudiantes pueden ver el contenido de otros, comprender mejor su trabajo y complementarlo. Y debido a que las asignaciones están en un sólo lugar, es más fácil verificar que los trabajos sean originales y no plagios.

  3. Biblioteca de libros de texto: la organización estudiantil podría mantener fácilmente bibliotecas y planear intercambios de libros de texto tanto físicos como digitales. Aunque muchas escuelas utilizan los mismos libros de texto, no todos los estudiantes tienen acceso a ellos. Además, los estudiantes pueden coordinarse para digitalizar los libros de texto, de forma que sean accesibles en todo momento, sin necesidad de llevar sus versiones físicas. Los intercambios también garantizarían que aquellas escuelas con menores recursos tengan acceso a una mejor biblioteca, con más temas y recursos de apoyo.

  4. Biblioteca de matrículas: Muchas escuelas piden las matrículas para acceder a bases de datos, bibliotecas digitales, recursos de preparación para exámenes, etcétera. Los alumnos pueden compartir sus matrículas para que más personas tengan acceso a estos materiales. Aunque la secretaría de educación cuenta con sitios de investigación y bibliotecas en línea accesibles para las escuelas públicas, el sindicato puede poner a la disposición de todos muchísimo material a todos los estudiantes por igual.

  5. Biblioteca de tecnología: los estudiantes necesitan dispositivos y acceso a internet y el sindicato estudiantil puede garantizar por medio de préstamo o donación de equipo. Para el acceso a internet, los alumnos que no tienen podrían ir a instituciones que ofrecen acceso a través de WiFi, o incluso ir a la casa de algún maestro u otro estudiante que viva cerca y lo pueda apoyar. Esto también apoyaría a los papás con problemas para balancear las exigencias del horario laboral con las necesidades del hogar y cuidado de los hijos. El sindicato se encargaría de organizar que todo sea seguro tanto para las escuelas de los estudiantes que abran sus puertas.

Gregory Wickham, agregó que los sindicatos de alumnos son la mejor opción para organizarse entre toda la comunidad escolar y apoyarse, en lugar de esperar a que la secretaría de educación lo haga. Incluso problemáticas como la falta de alimentación, techo o ropa para los estudiantes de bajos recursos podrían ser resueltas por un sindicato estudiantil.  Además, puede existir una gran diferencia entre la calidad educativa que recibe una escuela y otra, aunque sean parte del mismo distrito y estas propuestas ayudarían a los menos privilegiados a tener un mejor futuro ya que tendrían acceso a más y mejores recursos.

Wickham no menciona nada de políticas públicas, se centra más en organizar actividades, un aspecto que se necesita analizar más en el caso de los sindicatos de maestros. Joshua Cowen y Katharine O. Strunk mencionan en su estudio el valor de realizar más investigación sobre el impacto de sus actividades.

El mayor tema con los sindicatos es que, por años, las investigaciones se han centrado en si son «buenos» o «malos» para la educación en lugar de centrarse en los resultados de sus actividades o las políticas que respaldan o bloquean. Más allá de calificarlos como algo positivo o negativo, el debate debería centrarse en identificar soluciones basadas en evidencia para las necesidades en los docentes y cómo apoyarlos.

Fuente e imagen: observatorio.tec.

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Corregir o dialogar, el dilema presente en familias de estratos pobres

Por: Tahira Vargas García

Los matices del diálogo se muestran claramente en los grupos focales tanto con adolescentes como con personas adultas.

En una entrega anterior iniciamos la presentación de hallazgos del estudio cuanti-cualitativo sobre “prácticas de crianza que promueven u obstaculizan la protección de niños, niñas y adolescentes del abuso y la violencia, así como la igualdad de género en las provincias: Elías Piña, Gran Santo Domingo y La Altagracia” que realizamos para Plan Internacional desde la dirección del Equipo Vargas de Investigación Social y se puso a circular el 21 de abril de este año.

El estudio muestra distintas situaciones vinculadas a las prácticas de crianza siendo una de ellas la comunicación entre personas adultas y la población infantil y adolescente al interior de las familias.  Un extracto del estudio sobre este tema se presenta a continuación.

El 79% de la población adulta dialoga con niños/niñas y adolescentes al interior de las familias y el 14% solo dialoga con adolescentes y el 6% no dialoga ni con niños/as ni con adolescentes. El diálogo con la población infantil está negado en el 21% de la población adulta encuestada. En las encuestas a adolescentes el 15% señala que sus padres/madres y personas adultas responsables no dialoga con ellos/ellas.

Los matices del diálogo se muestran claramente en los grupos focales tanto con adolescentes como con personas adultas. Las respuestas ofrecidas muestran distintos estilos de comunicación como son:

a) Dialogo sostenido en base a órdenes y deberes de niños, niñas y adolescentes

Al cuestionar a padres y madres sobre qué temas dialogan con sus hijos e hijas. Muchos de ellos respondieron con frases como las siguientes:

Le digo que me pase la cuchara, o un tenedor

Me hace los mandaos.

b) Comunicación sostenida en base a las necesidades (alimentarias y otras). Esta consulta sobre la comida solo se presenta en la población adolescente masculina. Lo que demuestra la reproducción de los roles sexistas de género, a las muchachas no se les pregunta porque se supone que ellas participan de la preparación de la comida, lo que no ocurre con los muchachos.

c) Consulta en decisiones sobre actividades recreativas. Las actividades recreativas son de las pocas consultas que aparecen señaladas por la población adolescente

d) Consejos y recomendaciones de padres/madres a hijos e hijas. Al cuestionar a algunos padres y madres sobre los temas que dialogan con sus hijos e hijas, estos señalan elementos que tienen que ver con consejos y recomendaciones de como “deben comportarse”.

Mis padres hablan conmigo sobre que, debo estudiar para recibir calificaciones buenas.

e) Ausencia de diálogo entre personas adultas y adolescentes. En la población adolescente entrevistada se presentan algunos señalamientos de que no existe dialogo entre ellos y sus padres y madres.

No converso ningún tema con mis padres

No hablamos. A veces mi abuelo me pregunta algo, si hablo la verdad no me cree. Mi mamá pocas veces me cree las cosas

Llama la atención la desconfianza que tienen algunos padres y madres de sus hijos e hijas adolescentes. Señalamientos como “no me creen” o que no “quieren hablar” son elementos que demuestran una gran barrera comunicacional entre la población adulta y la adolescente.

En la población adulta encontramos algunas madres y padres que consideran que no tienen por qué hablar con sus hijos e hijas porque son niños. Entendiendo que solo se conversa con los que son más grandes.

 “No tengo muchachos grandes para hablar con ellos”.

El diálogo en la familia es muy débil. Hablar con los hijos e hijas es interpretado por la población adulta como dar órdenes o mandatos, o recomendaciones sobre lo que deben o no hacer. Los temas que provocan diálogo son aquellos que se refieren a la búsqueda de respuesta a necesidades o para recrearse. En algunos casos hay quienes reconocen que no hay diálogo y peor aún no existe confianza en las relaciones entre padres-madres e hijos/hijas. Demostrándose así una gran barrera comunicacional entre padres/madres/personas adultas responsables e hijos/hijas en las provincias estudiadas.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/corregir-o-dialogar-el-dilema-presente-en-familias-de-estratos-pobres-8942757.html

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De la muerte de la política a la política de la muerte

Por: Emir Sader
Los orígenes de la catástrofe humanitaria que vive Brasil se pueden rastrear en nuestra historia. Podríamos buscarlos en la marca más profunda de nuestro tipo de sociedad: las desigualdades sociales, de las que somos campeones en América Latina, a su vez el continente más desigual del mundo.

Podrían buscarse más recientemente, cuando el Partido de los Trabajadores (PT) emergió en la política brasileña y, más específicamente, cuando las candidaturas de Luiz Inácio Lula da Silva comenzaron a acechar a las élites brasileñas. O, cuando el PT realizó los mejores gobiernos de la historia de Brasil, atacando, por primera vez de manera frontal y prioritaria, las desigualdades sociales en nuestro país.

O, incluso más recientemente, en la reacción de la derecha al éxito de estos gobiernos. Sin poder condenar al PT y a sus gobiernos, aclamados por la mayoría de los brasileños por sucesivas victorias electorales, tendría que atacar furtivamente al PT, tratando de vincularlo a la corrupción y atacar la política, la misma que, a través de la democracia, había permitido que Brasil tuviera los mejores gobiernos de su historia.

Precisamente los vinculados a la peor política –medios de comunicación, grandes empresarios, partidos tradicionales, líderes autoritarios como Jair Bolsonaro, entre otros– se enfocaron en descalificar la política. Un tema que siempre atrae a los más despolitizados, entre ellos, a los jóvenes de clase media, recién llegados a la política, incluso al condenar el aumento de los boletos de autobús.

¿Qué manera más fácil que decir que todos los políticos y todos los partidos son iguales? Quienes protagonizaron esta pantomima fueron los mejores ejemplos de la peor política y los más corruptos. Baste decir que el paso de Bolsonaro de un político despreciable, a líder de esta ola, se hizo a través del mejor ejemplo del peor político y la familia más corrupta.

Esta supuesta sentencia de muerte de la política terminó, por este sinuoso mecanismo, desembocando en un gobierno que practica la política de muerte. La política no sólo no murió, también se desdobló en el peor tipo de política: la que niega la democracia, la que atenta contra los derechos de todos, la que predica la violencia como forma de enfrentar los conflictos, la que hace la apología de la dictadura militar y la tortura, que pide la desaparición de los enemigos.

Se instaló un gobierno que, de diferentes maneras, es un gobierno de política de muerte. Muerte por la absoluta despreocupación por proteger la vida de las personas frente a la pandemia, con su negatividad en relación con el propio virus. Que, por el contrario, se burla de las formas de aislamiento, el uso de máscaras, la restricción del movimiento de personas.

A quien no le importa ni tiene ningún tipo de solidaridad con las víctimas de la violencia policial, a la que alienta, descalificando a las víctimas ensalzando la heroicidad de los verdugos. Predicar el uso de la policía y, si pudiera, de las propias fuerzas armadas, de todos los órganos que basan su acción en la violencia y la falta de respeto a los derechos de las personas.

Un gobierno que personifica la muerte, la lucha contra la vida, fue el resultado de la lucha contra la política, por la muerte de la política. De tal manera que la lucha por la vida es la lucha contra el gobierno de Bolsonaro. Y la lucha contra el gobierno de Bolsonaro es la lucha por la vida.

La democracia requiere el rescate de la política, como actividad de defensa de los intereses públicos, desde la convivencia de diferentes posiciones y puntos de vista. El final de la política es la dictadura, es la victoria del pensamiento único, es la ausencia total de la diversidad, del debate, de la convivencia de todos. La lucha contra la política resultó en la catástrofe que vivimos hoy en Brasil.

https://www.jornada.com.mx/2021/05/26/opinion/020a2pol

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Esta pandemia llega a América Latina y el Caribe en una alta desigualdad, vulnerabilidad y debilitamiento social”

Por: Karina Batthyány

Había quedado pendiente, a partir de una pregunta tuya en la última columna, el tema de la protección social en América Latina en estos tiempos de COVID-19 y a propósito por supuesto de informes que han salido en estas últimas semanas sobre el tema.

Abordemos este tema entonces antes situando -como ya hemos mencionado en otras columnas- que esta pandemia del COVID-19 está teniendo unos efectos muy fuertes en el ámbito de la salud y en los temas vinculados al crecimiento económico y al desarrollo social en nuestra región. Justamente la pandemia llega a América Latina y el Caribe además en un contexto de bajo crecimiento, como hemos dicho de alta desigualdad y de vulnerabilidad en la que se observaban ya tendencias crecientes en la pobreza (y en la pobreza extrema) que por supuesto se han acrecentado en este año y medio que llevamos de pandemia. Además de un debilitamiento en lo que se refiere a la cuestión social. Y recordemos, antes de la pandemia, importantes manifestaciones de descontento popular que han seguido, aunque con menor intensidad, en este año y medio producto de las medidas de confinamiento y no aglomeración.



América Latina y el Caribe como sabemos es la región que registró en este tiempo la mayor reducción de las horas de trabajo en todo el mundo. Solo para dar un dato: aproximadamente esta reducción es del 20%. Eso quiere decir 55 millones de puestos de trabajo a tiempo completo en nuestra región que han desaparecido; informe de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) del año 2020 que nos da esta cifra. Además, en 2019 el 77% de la población de la región, que son 470 millones de personas, pertenecía a los estratos de ingresos bajos o de ingresos medios bajos. Es decir que tienen cierta inseguridad  económica y que sus ingresos per cápita son de hasta tres veces la línea de pobreza. Y por lo tanto no tenían un respaldo, en términos de ahorro, como para enfrentar una crisis como la que estamos viviendo.

Estos impactos desde el punto de vista social y económico nos vuelven a mostrar la matriz de la desigualdad social en nuestra región. Hemos abordado este tema en otras columnas, pero recordemos que las dimensiones estructurantes de esta matriz de la desigualdad social son justamente el pertenecer a distintos estratos socioeconómicos o clases sociales, el género, la etapa del ciclo vital, la condición étnica racial, la dimensión territorial, a los que podemos sumar otras dimensiones también como son la situación o el estatus migratorio, el encontrarse en situación de calle, la discapacidad, etc.

¿Qué es lo que ocurre? Estas desigualdades obviamente se acumulan, se potencian, interactúan entre sí causando diferencias en términos del ejercicio de los derechos de las personas en América Latina y el Caribe. ¿Qué ha pasado entonces con las medidas de protección social tanto de corto, de mediano o de largo plazo para poder enfrentar los efectos de esta pandemia que nos encontró en esta situación? Lo primero decir es que esa protección social tiene que incorporar la idea del bienestar para toda la población (para todos y para todas) y especialmente para estos grupos que sufren esta acumulación de desigualdades o que experimentan distintas formas de exclusión, de discriminación y sufren por lo tanto de manera más aguda los impactos de esta crisis.

Nuestros países latinoamericanos y caribeños han respondido de manera diferente desde el punto de vista de la protección social. De acuerdo a los datos que tenemos disponible por parte de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y OIT (Organización Internacional del Trabajo), encontramos que hasta agosto-septiembre del 2020 de los países de América Latina y el Caribe se habían anunciado aproximadamente unas 400 medidas de protección social en respuesta a la crisis de la pandemia. En la mayoría de estas medidas implicaban nuevos programas o más bien nuevas prestaciones (más de la mitad, el 56% de hecho eran nuevas prestaciones), seguida en un 24% por ajustes a programas o prestaciones ya existentes de la protección social, y luego ajustes en el gasto social aproximadamente un 11%. Como dije, casi la mitad de estas medidas se explican por nuevos beneficios o nuevas ayudas en prestaciones, sobre todo términos de alimentación, de nutrición, de salud y en algunos casos también medidas de protección al empleo. Este tipo de medidas también se ha complementado, en algunos casos, con la suspensión del pago de lo que llamamos servicios básicos o servicios esenciales como agua, luz, pero también la conectividad a internet ­–recordemos la importancia de este punto, por ejemplo, en los momentos de teletrabajo y teleeducación–, así como el aumento en el monto de las transferencias monetarias que ya existían pero que aumentaron su monto.

Entonces, tenemos nuevas transferencias monetarias que es lo más frecuente en la región (23 países de América Latina y el Caribe lo han hecho), aumento del monto de las transferencias que ya existían (11 países que lo han hecho), anticipo en algunos casos de la entrega de transferencias existentes (las adelantaron en el tiempo) y aumento de la cobertura poblacional de esas transferencias. Es decir, transferencias que ya existían pero se aumenta la cantidad de gente que recibe esas transferencias. Si lo vamos a medir en números, ahí es donde encontramos nuevamente una gran desigualdad o una gran disparidad entre nuestros países de América Latina y el Caribe, ya que la cobertura de estos paquetes (digámosle así de protección social) tiene una amplia variación en todos nuestros países entre un 0.7% a más del 10% del PBI dependiendo el país que miremos. Por ejemplo, en los extremos, encontramos a República Dominicana y a Uruguay –mi país– con 0.7% del PBI destinado a la protección social en el marco de la pandemia. Y en el otro extremo encontramos a El Salvador con el 11% del PBI;  a Chile con el 6%; a Perú, Brasil, Paraguay, todos en el entorno del 4%; Argentina con también casi un 4%. En promedio globalmente si miramos toda la región, América Latina y el Caribe destinó un 3.2% del Producto Bruto Interno para apoyar a la población en esta situación.

También decir (porque importan las magnitudes en todo esto) que estas medidas extraordinarias que mencionaba o medidas que ampliaron las prestaciones tienen también una desigualdad muy importante en cuanto al monto concreto que se entrega y varía desde 40 a 345 dólares en los distintos países de América Latina para los hogares, las personas. Y dejar para el final, quizás lo podemos analizar en alguna otra columna, que también estamos observando una tendencia muy reciente de las últimas semanas en algunos de nuestros países de América Latina sobre la necesidad de pedir contraprestaciones a la población por este tipo de medidas. ¿A qué me refiero? Pongo nuevamente el caso de Uruguay, donde se habla de pedirle a la gente “algo a cambio” –digámoslo en el lenguaje sencillo– por estas prestaciones que el gobierno está otorgando. Y yo me pregunto allí: ¿Se hizo la pregunta el presidente de Uruguay sobre las contraprestaciones en casos de mujeres (también de varones pero sabemos que la mayoría son mujeres) que están en sus casas intentando teletrabajar o desempleadas, pero cuidando hijos pequeños que no están asistiendo a la escuela o a la educación inicial porque están cerradas las formas presenciales por la pandemia? Cuando discute esta medida de la contraprestación, ¿cómo sería posible para una mujer con dos hijos -pensemos- en su casa sin escuela, sin educación y obviamente en situación de vulnerabilidad desde el punto de vista socioeconómico, tener nada más que tiempo para poder cumplir con esas contraprestaciones? Prestemos atención a eso también porque es una discusión que empieza a estar presente en todos nuestros países a raíz de este aumento supuesto de la ayuda o de las prestaciones para la protección social.

-Lo que hace muy valioso tu columna de hoy es que nos planteas un panorama regional de lo que sucede en los diferentes lugares tratando de entender… Pero me quedo con la sensación de que todo esto no está generando modificaciones de bases, parecen parches sobre parches para tratar de atravesar la situación. Inclusive si en estos casos no se transforman casi en un sostén en las mismas lógicas capitalistas…

-Efectivamente en ninguno de nuestros países hubo una discusión desde el punto de vista estructural. Es decir, cuáles son aquellos elementos estructurales que tenemos que modificar para evitar llegar a esta situación, no por la pandemia sino por las desigualdades anteriores que mencionaba al inicio de la columna, que se incrementaron, se exacerbaron en la pandemia pero que ya existían. Esa es la discusión estructural de fondo que remite una vez más a la discusión de cuáles son los modelos de bienestar y desarrollo que queremos para nuestros países. Esa discusión evidentemente está ausente en la reflexión y por eso también mi comentario sobre el final: justamente como no hay un cambio de lógica en el planteo, se puede llegar a absurdos de pretender que a una mujer, por otorgarle una prestación, exigirle una contraprestación de algún tipo de trabajo comunitario, de “devolución”, por esa ayuda que está recibiendo cuando está en una situación insostenible con sus hijos, en su casa, sin escuelas, sin educación inicial y sin ningún otro tipo de apoyo. Evidentemente la discusión estructural no está presente en estas situaciones.

https://www.clacso.org/esta-pandemia-llega-a-america-latina-y-el-caribe-en-una-alta-desigualdad-vulnerabilidad-y-debilitamiento-social/

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