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Trump exige 1.000 millones de dólares a Harvard mientras el enfrentamiento se intensifica

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

El presidente Donald Trump está exigiendo un pago de 1.000 millones de dólares a la Universidad de Harvard para poner fin a su prolongado enfrentamiento con esa institución académica, duplicando la cantidad que había solicitado anteriormente mientras las partes parecen estar alejándose de un acuerdo.

El presidente elevó el monto en un mensaje en las redes sociales el lunes por la noche, diciendo que Harvard ha estado “comportándose muy mal”. Afirmó que la universidad debe pagar al gobierno directamente como parte de cualquier acuerdo, algo a lo que Harvard se ha opuesto, y que su administración no quiere “nada más que ver” con esa casa de estudios en el futuro.

Los comentarios de Trump en Truth Social fueron en respuesta a un informe del New York Times según el cual el mandatario retiró su demanda de un pago financiero. Trump negó que estuviera retrocediendo

Los funcionarios de Harvard no han comentado al respecto.

El arrebato de Trump parece dejar a ambas partes firmemente atrincheradas en un conflicto que Trump había dicho anteriormente que estaba llegando a su fin.

En junio pasado, Trump declaró que un acuerdo estaba a solo días de concretarse y que Harvard había actuado “muy apropiadamente” durante las negociaciones. Más tarde dijo que se estaba finalizando un acuerdo que requeriría que Harvard destinara 500 millones de dólares a la creación de una “serie de escuelas de oficios” en lugar de un pago al gobierno.

Ese acuerdo parece haberse desmoronado por completo. En su publicación en redes sociales, Trump declaró que la propuesta de la escuela de oficios había sido rechazada porque era “complicada” y “totalmente inadecuada”.

Harvard ha sido durante mucho tiempo el principal objetivo de Trump en su campaña para obligar a las universidades a obedecer sus órdenes. El gobierno le ha quitado a Harvard miles de millones de dólares en fondos de investigación e intentaron bloquear su inscripción de estudiantes extranjeros después de que el campus rechazara una serie de demandas del gobierno el pasado abril.

La Casa Blanca sostiene que está castigando a Harvard por tolerar el sesgo antijudío en el campus.

En un par de demandas, Harvard denunció que está siendo penalizada injustamente por negarse a adoptar las opiniones de la administración. Un juez federal coincidió con eso en diciembre, revirtiendo los recortes de fondos y calificando el argumento del antisemitismo como una “cortina de humo”.

La última escalada de Trump se produce mientras otros intentos suyos de controlar la educación superior están tambaleándose.

El otoño pasado, la Casa Blanca invitó a nueve universidades a unirse a un “pacto” que ofrecía prioridad de financiamiento a cambio de adoptar la agenda de Trump. Ninguna de las escuelas aceptó. En enero, la administración abandonó su defensa de un documento del Departamento de Educación que amenazaba con recortar el financiamiento de las escuelas por políticas de diversidad, equidad e inclusión.

Cuando asumió el cargo para su segundo mandato, Trump prometió arremeter contra las universidades de élite que, según él, habían sido invadidas por el pensamiento liberal y el sesgo antijudío. Sus funcionarios han congelado enormes sumas de fondos de investigación, de los cuales las universidades han llegado a depender para la investigación científica y médica.

Varias universidades han llegado a acuerdos con la Casa Blanca para restaurar el financiamiento. Algunos acuerdos han incluido pagos directos al gobierno, incluyendo 200 millones de dólares de la Universidad de Columbia. La Universidad de Brown acordó pagar 50 millones de dólares a grupos de desarrollo de la fuerza laboral estatal.

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La cobertura educativa de The Associated Press recibe el apoyo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable del contenido. Encuentra los estándares de la AP para trabajar con organizaciones filantrópicas, una lista de las fundaciones y las áreas de cobertura que financian en AP.org.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2026-02-03/trump-exige-1-000-millones-de-dolares-harvard-mientras-el-enfrentamiento-se-intensifica

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Sudán: 8 millones de niños sin ir a colegio por casi 500 días

La guerra en el país africano, que pronto cumplirá tres años, ha privado a la mitad de la población de un acceso a la educación. Esta interrupción supera a las registradas durante la pandemia de covid-19.

«Más de ocho millones de niños -cerca de la mitad de los 17 millones en edad escolar- han pasado unos 484 días sin pisar un aula», indicó la organización humanitaria en un comunicado.

Se trata de «uno de los cierres escolares más largos del mundo», alertó la oenegé británica. Esta interrupción supera a las registradas durante la pandemia de covid-19, especialmente en Filipinas.

Sudán está devastado desde abril de 2023 por una guerra entre el ejército regular y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).

«Muchas escuelas están cerradas, otras han resultado dañadas por el conflicto o sirven de refugio» para los cerca de siete millones de desplazados en todo el país, subraya la organización.

Darfur Norte, en el oeste del país, es el estado más afectado: solo el 3% de las más de 1.100 escuelas sigue en funcionamiento.

Las FAR tomaron en octubre la ciudad de El Fasher, la última de las cinco capitales regionales que aún escapaban a su control.

El conflicto, que ha causado decenas de miles de muertos, ha provocado, según la ONU, «la peor crisis humanitaria del mundo».

Imagen: Niños de El-Fasher descansan fuera de su tienda en un campamento para desplazados sudaneses en la ciudad norteña de Al-Dabba, el 13 de noviembre de 2025. AFP – –

https://www.rfi.fr/es/africa/20260122-sud%C3%A1n-8-millones-de-ni%C3%B1os-sin-ir-a-colegio-por-casi-500-d%C3%ADas

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Entrevista: La lucha de la comunidad educativa, es la misma de todos los servicios públicos.

“La lucha de la comunidad educativa, es la misma de todos los servicios públicos: nos tenemos que coordinar al grito de ‘Presupuestos militares, para escuelas y hospitales’”

Verónica Landa, docente de secundaria de Ciencias Sociales en un instituto de Badalona, militante de la CRT y de Pan y Rosas. Nos habla de cómo se está preparando la jornada de huelga de la comunidad educativa de Catalunya, los debates que se desarrollan sobre las reivindicaciones, el papel de los sindicatos y la coordinación de las luchas con otros sectores del servicios públicos también en lucha.

El ciclo de huelgas que empieza el 11 de febrero pone sobre la mesa la crisis de la educación pública. ¿Por qué habéis ampliado vuestras reivindicaciones, más allá del incremento salarial?

El trasfondo de la convocatoria es que aunque la Ley de Educación exige destinar un 6% del PIB en educación no se llega al 3%. Todo esto comporta problemas graves de un sistema educativo en crisis en Catalunya y todo el Estado.

Como docentes, cuando salimos a luchar y explicamos los motivos, nos vemos obligadas a romper los prejuicios que se promueven, sobre todo desde los medios de comunicación, como por ejemplo que nuestros sueldos son demasiado altos. Lo que no se dice es que durante años hemos perdido entre un 20% y un 25% de poder adquisitivo, con recortes y presupuestos esqueléticos. Además, en los centros públicos el Personal de Atención Educativa (PAE) apenas llegan al salario mínimo. O todo el personal externalizado y que sufre el convenio del lleure como las monitoras de comedor o las vetlladores, como fue mi caso hace años, que también se han añadido a la huelga y que al ser personal externalizado cobran sueldos de miseria. Por lo tanto, la subida del salario es una de las reivindicaciones de la huelga que atraviesa todos los sectores de educación.

Ahora bien, desde el curso pasado, un sector de docentes planteó luchar por esta reivindicación salarial únicamente. Por el contrario, en varias plataformas y espacios de organización de la comunidad educativa, se debatió sobre la necesidad de luchar por otras reivindicaciones también por qué, aunque nos suban los salarios, los graves problemas que atraviesa la educación pública continuarán si no se cambian las condiciones laborales de precariedad y la carencia de recursos.

Creo que si solo luchamos por la subida de salarios y no luchamos por el incremento de recursos por la pública, dejamos de lado a sectores como el PAE o los sectores externalizados de la educación. Además, la subida salarial no soluciona unos problemas insostenibles de la educación como son las ratios o la carencia de infraestructuras.

No podemos caer en una lucha para mejorar condiciones solo de un sector específico de la educación y tenemos que plantear medidas y reivindicaciones que den solución a los problemas estructurales que afectan a toda la comunidad educativa.

Por lo tanto, ¿cuáles son vuestras reivindicaciones, además de la subida de los salarios?

Tenemos un número de alumnos en cada clase que, con suerte, va de los 25 a los 30. Estas son las ratios. Continúan siendo excesivas, desde infantil hasta bachillerato. Además, según datos del mismo Departament, un 34% del alumnado presenta necesidades específicas de apoyo educativo sin que se hayan previsto las medidas y apoyos para garantizar una atención de calidad. Es imposible atender a todo el alumnado y hacerlo con calidad cuando tienes clases de 30 o 35 alumnos. Por eso una reivindicación clave de la huelga, sobre todo para centros como el mío, es la bajada de ratios.

Ligado a esto, pedimos más recursos y el aumento estructural de plantillas de equipos de apoyo especializado, tanto psicosociales, como psicopedagógicos y también sanitarios. Es decir, que aumente el personal educativo necesario para atender todas las necesidades que el alumnado se encuentra a lo largo de su educación. Que estas plantillas sean además estables, porque hay mucha rotación e inestabilidad laboral que hace que las compañeras que son interinas no sepan donde trabajarán -o si trabajarán- el curso siguiente. Además, que los servicios de las auxiliares de educación especial (las vetlladores) dejen de estar externalizados y pasen a formar parte directamente del Departament d’Educació porque bajo empresas privadas se precarizan sus condiciones de trabajo y hacen un trabajo clave para poder atender los alumnos con necesidades educativas. Otra cosa que ha afectado mucho, por ejemplo en mi centro, ha sido el recorte de integradores y educadores sociales. Mi centro vio como de repente perdía un integrador social sin ningún tipo de explicación; estas figuras educativas también son claves en centros y barrios con tantos problemas sociales. Hablar de inclusión sin reducir ratios ni reforzar equipos es un ejercicio de cinismo institucional. También hay que invertir en infraestructuras, todavía muy precarias como el mantenimiento de las instalaciones y edificios, cocinas o la climatización de los centros.

Y por otro lado, luchamos por menos burocracia. A pesar de que dicen que trabajamos poco o que tenemos muchos días de fiesta, tenemos una sobrecarga laboral insostenible: hacemos de media 8 horas semanales extra de manera gratuita; somos el colectivo de trabajadores que más horas extra sin remunerar hace al año. El Departament nos carga cada vez más con más funciones administrativas, cargos que comportan trabajo pero no sueldo, elaboración de informes, etc.

Cuál es la respuesta del Departament d’Educació y de las instituciones?

El Departament nos da la espalda y no muestra mucha voluntad de solucionar nada, como no lo ha hecho nunca. Si se ha conseguido algo en la educación ha sido gracias a la lucha y la coordinación del personal educativo. Las políticas para educación del PSC de Salvador Illa y Esther Niubó no se alejan mucho de las aplicadas por Esquerra Republicana con el ex conseller Cambray o los gobiernos de Junts y los convergentes. Con décadas de recortes, de carencia de inversión, de incrementos de presupuestos y de financiar la escuela concertada, la crisis de educación se ha profundizado.

Y a la vez siempre nos culpan de todos los problemas en educación: si los resultados de las pruebas PISA son malos, es culpa nuestra porque no estamos suficientemente capacitadas y no damos clases bastante innovadoras. Si el alumnado no logra un buen nivel de catalán, es culpa nuestra y nos quieren obligar a sacarnos el C2, pero a la vez los recursos de aula de acogida para los alumnos que acaban de llegar a Catalunya dan risa. Nos han llevado a un punto en el cual no podemos más, por eso vamos a la huelga e iremos hasta el final.

Y además, los presupuestos dedicados a la educación son todavía bastante bajos, ¿no?

Exacto, los presupuestos en la educación son esqueléticos. Tal como señalan los sindicatos convocantes de la huelga, el Departament justifica su propuesta económica en el acondicionamiento establecido desde el Departament d’Economía que determina, vista la situación presupuestaria actual y el tope de endeudamiento de la Administración pública, que el incremento presupuestario para Educació no puede superar el 1% del actual. Esto sitúa una inversión total de 50 millones de euros para hacer frente a las demandas prioritarias de la comunidad educativa: aumento salarial de todo el personal docente; incremento de plantillas para bajar ratios y mejorar la atención educativa. Una compañera lo describió como los juegos del hambre: quieren que nos peleemos por las migajas de este presupuesto.

Con esta propuesta, del todo inadmisible, es evidente que el Departament no puede hacer frente a ninguna de las demandas de la comunidad educativa. Mientras tanto el gobierno central sube los presupuestos militares ante la carrera armamentística de los gobiernos imperialistas del mundo. PSOE y Sumar, han comprometido más de 60.000 millones de euros en gasto militar para cumplir con la agenda de la OTAN.

Por eso, nuestra lucha por el incremento de los presupuestos de los servicios públicos, tendría que implicar una lucha política contra estos gobiernos. ¿Cómo puede ser que se aumente el presupuesto en gasto militar por la “defensa de Europa” mientras los servicios públicos nos estamos ahogando y no podemos más? Solo tenemos que mirar como está el personal sanitario, la situación de los maquinistas, la educación, los servicios sociales. Es hora de volver a gritar eso de “presupuestos militares por escuelas y hospitales”.

Por eso, me ha sorprendido muy negativamente el acuerdo que acaban de firmar todos los sindicatos docentes de Aragón con el PSOE. Un compromiso de campaña electoral, es decir de estos que no se cumplen nunca, con el partido de la guerra y la carrera militarista, y el mismo partido que aquí en Catalunya -o en el mismo Aragón hasta 2023- es el resposnable del estado de la educación pública. Todo después de una huelga histórica de 3 días. Este no puede ser el camino, necesitamos construir un movimiento que parta de una idea elemental, la total independencia de los partidos que gobiernan por los de siempre y que son parte, aunque lo hagan con discursos “progresistas”, de una escalada que promete destruïr los servicios públicos y los derechos sociales y democráticos, en favor de la preparación de nuevas guerras.

El ciclo de huelgas está convocado por todos los sindicatos educativos. ¿Cómo se ha llegado a esta unidad sindical y con qué debates sobre el rol de los sindicatos?

Cuando empezamos a organizarnos, un amplio sector, sobre todo de docentes, plantearon organizarse sin los sindicatos. De hecho, a pesar de que los sindicatos educativos están convocando el ciclo de huelgas de manera unitaria, todavía hay debates en algunas asambleas sobre la participación o no de los sindicatos. Por un lado, es totalmente comprensible este malestar, sobre todo respecto a las direcciones de los sindicatos más burocráticos como CCOO y UGT que hicieron negociaciones vergonzosas a nuestra espalda con el Departament, que a escala estatal no convocan huelgas generales desde el año 2012 y que pactaron con los gobiernos reformas laborales o de pensiones que empobrecieron al conjunto de la clase trabajadora.

Ahora bien, como docente militante, de la izquierda revolucionaria, y afiliada a la CGT, creo que también hay fuerzas políticas de derechas -incluso de extrema derecha- que se aprovechan de este descontento para promover una perspectiva antisindical, directamente de liquidar los sindicatos como herramienta de lucha. Esta ha sido históricamente una posición de la derecha para echar a las organizaciones obreras. Por el contrario, yo creo que los sindicatos, como conquista democrática desde hace décadas son una herramienta importante de la clase trabajadora que tenemos que recuperar -los grandes sindicatos- de manos de quienes no quiere que se llenen de trabajadores y trabajadoras y que los utilizan con el fin contrario al que tendrían que servir.

Al mismo tiempo tenemos que fortalecer los sindicatos combativos y convertirlos en herramientas que potencien la autoorganización y el control democrático, desde abajo, de nuestras luchas y reivindicaciones. Por eso tenemos que ser críticos también, por ejemplo, con el apoyo de CGT y STEA al acuerdo con el PSOE en Aragón, que apunta en un sentido totalmente contrario a esto.

Hace falta una transformación profunda del modelo sindical, contra la burocratización de los grandes sindicatos que actúan como línea directa de los partidos políticos de los gobiernos. Y a veces, existe la presión en el corporativismo y el abandono de los sectores más precarios de la educación en prácticamente todos los sindicatos y esto también lo tenemos que combatir porque cuando más divididos estemos, más fuerza perdemos.

La actual unidad sindical con los sindicatos alternativos y de izquierda es un paso adelante contra la fragmentación sindical. Pero solo la organización democrática desde abajo puede impedir cualquier maniobra burocrática que vaya en contra de nuestros intereses como comunidad educativa. Hay que estar organizados en asambleas de centro, en asambleas unitarias de zonas, y donde todo el mundo pueda decidir, debatir y votar las decisiones. Solo así podemos controlar el rumbo de nuestra lucha.

¿Cómo os estáis organizando en los centros educativos?

Pues estamos haciendo asambleas de trabajadores y trabajadoras de centro, participando a las asambleas unitarias de nuestra zona para poder coordinarnos con otros centros. Estamos haciendo difusión en el barrio sobre los motivos de la huelga, y por eso, hemos tenido en cuenta que estamos en un lugar donde muchas familias son migrantes y no hablan ni catalán ni castellano y para llegar a ellas y que vean que también son parte de esta lucha hemos hecho carteles explicando la huelga traducidos a sus idiomas. Además, estamos intentando implicar organizaciones del barrio para tejer alianzas entre estas y la comunidad educativa.

Se acerca un mes de febrero con muchas huelgas en el sector público como maquinistas, sector social, ayuntamientos, sanidad: ¿pensáis que es posible coordinarse?

Está claro que es posible. Incluso, en muchas asambleas o espacios de debate se está planteando como una idea de sentido común. Es inexplicable porque los sindicatos convocantes de las huelgas de maquinistas o de médicos, no proponen coordinarse con la huelga educativa.

Coordinar las luchas, las huelgas y los procesos de movilizaciones es una necesidad y daría mucha más fuerza en la lucha por la defensa de los servicios públicos. Para empezar, hacia el 11 de febrero los sindicatos podrían convocar asambleas para debatir como coordinar la huelga educativa con la huelga de maquinistas, con acciones conjuntas para garantizar una huelga eficaz en toda Catalunya, con cortes de carreteras y calles principales, por ejemplo. Imagináis el impacto de toda Catalunya bloqueada por estas acciones conjuntas!

Todo esto marcaría el camino a seguir para coordinar un plan de lucha conjunto hacia una huelga general de todos los servicios públicos, organizada democráticamente en asambleas.

De hecho, los sindicatos y colectivos de estudiantes hacen un llamamiento a la huelga el 11 de febrero, ¿como piensas que os deberíais de coordinar?

Exacto, hacia el 11 de febrero el Sindicato de Estudiantes convoca huelga estudiantil y otras agrupaciones juveniles, como Contracorrent se han sumado también. La participación de los estudiantes es clave, aunque hay profesoras que plantean que no hace falta. Pero la realidad es que son los jóvenes, los mismos estudiantes, los primeros afectados por la crisis de la educación pública. Además, es gracioso porque el Departament en su currículum educativo plantea que se tiene que educar y formar al alumnado en un pensamiento crítico. ¿Qué hay más educativo que transmitir la defensa de los servicios públicos? Educar también en los valores de la solidaridad con el profesorado que sufre la precariedad laboral, lo cual afecta a la educación de calidad.

Los ataques en la educación pública son un ataque contra los hijos e hijas de la clase trabajadora para conseguir una mano de obra subordinada a la voluntad de las empresas, preparándola y disciplinándola para ser carne de cañón en las nuevas guerras. La educación no puede ser una educación para situaciones de crisis y para que las nuevas generaciones estén preparadas por un mundo convulso como este. La educación nos tiene que permitir pensar y plantear otra sociedad y por eso, que el movimiento estudiantil sea partícipe y organice la huelga, es un paso importante.

En síntesis, creo que la lucha por unos servicios 100% públicos, de calidad y al servicio de la clase trabajadora solo es posible con la unidad y coordinación de todos los sectores públicos, junto a otros sectores organizados como los de la lucha de la vivienda y de la juventud.

EsquerraDiari.cat

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Malasia presentó un plan de desarrollo de la educación a 10 años con énfasis en la igualdad de oportunidades

El Gobierno de Malasia presentó el Plan Nacional de Desarrollo de la Educación para los años 2026–2035. Su objetivo principal es hacer que el sistema educativo sea más inclusivo y acorde con los requisitos modernos. Así lo informa Bernama, socio de TV BRICS.

En la base del plan se encuentra el principio de “no dejar a nadie sin atención”. Para ello, se amplía el acceso a la educación superior gratuita y a las becas, y los estudiantes con discapacidades podrán estudiar gratuitamente en universidades, politécnicos y colegios.

En las escuelas comenzará una reforma a gran escala. En cada distrito aparecerán escuelas que servirán de ejemplo para mejorar la calidad de la gestión y la enseñanza. Se hará obligatorio el estudio del idioma malasio y de la historia según un programa único para todos los tipos de escuelas. La evaluación de los conocimientos de los alumnos será más integral y dejará de depender únicamente de los exámenes. El nuevo sistema se implementará de forma gradual a partir de 2026.

Asimismo, se prevé ampliar la educación técnica y profesional, introduciendo sus elementos ya en la escuela primaria. Para la formación de los cuadros del futuro, en las universidades públicas en 2026 se añadirán 3.000 plazas para los mejores estudiantes que hayan cursado estudios preuniversitarios en los ámbitos del derecho, la economía, la inteligencia artificial y la ciencia de datos.

A los padres se les ofrecerán más opciones: a partir de 2027 podrán, de forma voluntaria, enviar a sus hijos al primer grado a los seis años. Para la modernización de la infraestructura para los docentes se destinarán 100 millones de ringgit (unos 25,3 millones de dólares).

Se señala que el plan está diseñado para 10 años y tiene como objetivo llevar a cabo reformas profundas. La educación se considera la base del desarrollo del capital humano, la movilidad social y la unidad nacional.

Autor: teleSUR – TV BRICS

Fuente: TV BRICS

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Tecnología – Más allá del ruido: lo que los inversores dicen sobre inteligencia artificial y empleo

Por: Enrique Dans

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Inteligencia artificial y trabajo: la marea que no hace ruido» (pdf), y trata sobre cómo el impacto de la inteligencia artificial en el empleo está siendo mucho menos abrupto de lo que anuncian los titulares apocalípticos, pero también mucho más profundo y estructural de lo que sugieren los discursos tranquilizadores.

Frente a la idea de una destrucción masiva e inmediata de puestos de trabajo, los datos que manejan inversores, analistas y grandes firmas de investigación parecen apuntar más a una transformación progresiva que va reconfigurando tareas, carreras profesionales y equilibrios de poder dentro de las organizaciones.

Para construir el argumento me apoyo, entre otros, en el último informe de PwC sobre empleo e inteligencia artificial, elaborado a partir del análisis de cientos de millones de ofertas de trabajo y datos empresariales, que muestra cómo los sectores más expuestos no sufren necesariamente una destrucción inmediata de empleo, pero sí cambios acelerados en habilidades, salarios y composición de los puestos, con un impacto que, una vez iniciado, tiende a amplificarse y no a revertirse.

Desde la banca de inversión, el diagnóstico es muy similar. Morgan Stanley plantea que la inteligencia artificial acabará afectando a la mayoría de las ocupaciones, no tanto eliminándolas como redefiniéndolas, y vincula ese proceso a incrementos de productividad que históricamente suelen traducirse en presión organizativa y ajustes de plantilla. J.P. Morgan afirma además que muchas empresas todavía no han activado plenamente ese potencial, pero que una desaceleración económica podría acelerar la sustitución de contratación por automatización, convirtiendo la próxima crisis en un catalizador del cambio.

Mi artículo también intenta conectar estas visiones con la evidencia histórica analizada por Brookings, que nos viene a decir que la adopción de inteligencia artificial hasta ahora se ha asociado más a crecimiento empresarial que a destrucción neta de empleo, aunque ese crecimiento no se reparte de forma homogénea y suele penalizar siempre a los mismos perfiles, especialmente a quienes ocupan posiciones de entrada o intermedias en las organizaciones.

Finalmente, he intentado incorporar datos recientes sobre percepción y ansiedad laboral, como una encuesta en Reino Unido que muestra que más de una cuarta parte de los trabajadores teme perder su empleo por la inteligencia artificial en los próximos cinco años, pero no tanto porque esperen una sustitución directa, sino porque perciben que el equilibrio está cambiando, a menudo antes que sus propias empresas. Algo que en artículo califico como «una variación del síndrome del impostor», y que me temo que es un indicador temprano bastante fiable: si tú mismo, cuando evalúas las capacidades de la inteligencia artificial generativa en su estado actual (que dista mucho de lo que será capaz de hacer en no mucho tiempo), empiezas a temer por el futuro de tu trabajo, es una evidencia de que, en efecto, el futuro de tu puesto está en peligro.

Mi tesis de fondo es que no nos enfrentamos a un apocalipsis inmediato, sino a una marea lenta y silenciosa que va erosionando trayectorias profesionales, reduciendo la necesidad de perfiles junior y polarizando el mercado laboral. Un proceso menos vistoso que el despido masivo, pero mucho más difícil de corregir cuando ya se ha integrado en procesos, organigramas y hábitos de contratación. Como suele ocurrir con las mareas, el problema no es que lleguen sin avisar, sino que cuando miramos atrás, la costa ya no es la misma.

Fuente de la Información: https://www.enriquedans.com/2026/01/mas-alla-del-ruido-lo-que-los-inversores-dicen-sobre-inteligencia-artificial-y-empleo.html

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Una crítica al pensamiento decolonial: hacia un giro descivilizador

No es ninguna novedad que el giro decolonial sigue siendo una de las corrientes intelectuales más importantes en América Latina y el Caribe, ofreciendo una crítica a la colonialidad del poder, el saber y el ser, tal como lo han planteado pensadores como Aníbal Quijano, Catherine Walsh, Walter Mignolo, Enrique Dussel y María Lugones. Su enfoque en la modernidad colonial, iniciada con la conquista de América en 1492 y el predominio de Occidente, ha sido fundamental para desmontar el eurocentrismo y visibilizar las epistemologías del Sur.

Sin embargo, el pensamiento decolonial tiene una limitación profunda: su centralidad casi exclusiva en la colonialidad moderna occidental, ignorando las raíces mucho más antiguas de las estructuras de poder existentes. Me refiero específicamente a la Revolución Neolítica, ese punto de inflexión alrededor del 10.000 a.C., cuando las sociedades humanas pasaron del nomadismo cazador-recolector a la sedentarización agrícola. Este cambio no fue solo tecnológico o económico; trajo consigo la formación de las grandes civilizaciones y de los grandes Estados que emergieron en Mesopotamia, el Valle del Indo, Egipto, China y Mesoamérica.

Con la agricultura surge la acumulación de excedentes, y con ella, las primeras formas de poder jerárquico: la propiedad privada de la tierra, las religiones institucionalizadas para legitimar el control, las clases sociales diferenciadas, las jerarquías rígidas, la esclavitud como mano de obra forzada y el patriarcado como sistema de dominación de género. Estas no son invenciones exclusivas de Occidente; son patrones civilizatorios universales que preceden por milenios a la expansión europea.

Al centrarse únicamente en la colonialidad moderna y el predominio de Occidente, el giro decolonial comete un error de miopía histórica. Reduce la opresión a un fenómeno reciente y geográficamente localizado, como si antes de Colón el mundo fuera un paraíso igualitario. Esto no solo invisibiliza las violencias precoloniales en nuestras propias regiones —piénsese en los imperios azteca o inca, con sus tributos, sacrificios y estratificaciones sociales—, sino que también deja fuera a otras civilizaciones no occidentales. Es como si la crítica al poder solo valiera cuando viene de Europa o Estados Unidos.

Esta limitación se hace evidente en cómo muchos pensadores decoloniales abordan el actual escenario geopolítico. En su afán por desafiar el unipolarismo occidental, omiten —e incluso celebran— la emergencia de un mundo multipolar liderado por potencias como Rusia y China. Se habla de ellos como si estos actores representaran una ruptura radical con la colonialidad, llegando algunos al extremo de validar gobiernos autoritarios y dictaduras, como es el caso de Ramón Grosfoguel. Pero ¿acaso no reproducen patrones civilizatorios milenarios? Rusia, con su autoritarismo estatal heredado de imperios zaristas y soviéticos, perpetúa jerarquías, control religioso (ortodoxo) y expansionismo territorial que remiten a las dinastías mesopotámicas.

China, por su parte, bajo el Partido Comunista, encarna una modernización autoritaria que combina propiedad estatal, confucianismo como ideología legitimadora, clases sociales marcadas por la desigualdad extrema, y un patriarcado que, pese a avances, sigue arraigado en tradiciones milenarias. Sus proyectos como la Nueva Ruta de la Seda no son más que una actualización de antiguas redes de dominación, con deudas y dependencias que recuerdan a los tributos de los antiguos imperios.

El pensamiento decolonial podrá argumentar que países como China y Rusia también fueron colonizados por la modernidad occidental, ya que esta colonizó todo el planeta imponiendo su lógica de poder, saber y ser. Sin embargo, esta respuesta igual omite que el origen de esas estructuras jerárquicas, acumulativas y dominantes no radica en la modernidad misma, sino en la formación de las grandes civilizaciones neolíticas miles de años antes; la modernidad no es más que un resultado y una continuación de esos patrones civilizatorios profundos, adaptados a nuevas escalas y tecnologías.

Al ignorar la Revolución Neolítica y las grandes civilizaciones como fundadoras de estas estructuras de poder, el pensamiento decolonial corre el riesgo de convertirse en una ideología selectiva: antioccidental pero acrítica con el resto. Celebrar a Rusia y China como contrapesos sin cuestionar cómo reproducen esclavitudes modernas o jerarquías globales es, en el fondo, una forma de esencialismo invertido. No se trata de defender el Occidente —cuya colonialidad es innegable—, sino de ampliar la crítica a un nivel civilizatorio más profundo. Solo así podremos imaginar alternativas verdaderamente liberadoras, que no se limiten a cambiar de amo, sino a desmantelar las raíces mismas del poder jerárquico.

Dicho todo lo anterior, el pensamiento decolonial necesita un «giro descivilizador» para no caer en la trampa de la multipolaridad acrítica y de miradas que terminan validando autoritarismo en nombre de la crítica al eurocentrismo. De lo contrario, seguiremos reproduciendo sistemas de opresión desde Mesopotamia, disfrazados de descolonización.

Andrés Kogan Valderrama es sociólogo. Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea. Diplomado en Masculinidades y Cambio Social.

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Infodemia: La peste simbólica que azota al mundo actual

Por: Federico Giménez para Estrategia.la

A fines de 2024, Ediciones CICCUS y la Mutual Manuel Baldomero Ugarte, presentaron el segundo volúmen de la colección conjunta Construyendo Soberanía, una saga de libros digitales gratuitos acerca de los principales debates en torno a las tareas pendientes de unidad latinoamericana y de independencia. Dedicado a la soberanía comunicacional, y bajo el título de Infodemia y los márgenes de la infectadura, esta compilación, coordinada por el periodista y licenciado en comunicación Omar Zanarini, explora la escena política contemporánea y su derivada zona virtual, la nueva “arena pública”, donde otra forma política pareciera dirimir la propia idea de democracia, en función de lo afectivo, las emociones y la individualidad, por sobre la razón, la reflexión y los hechos colectivos.

La obra se compone de siete ensayos escritos por comunicadores y comunicadoras “militantes de una comunicación democrática”, donde se abordan las transformaciones en los procesos comunicacionales, a partir de los acontecimientos provocados por la pandemia del COVID-19 y sus efectos. Luego de dos años de confinamiento, la población mundial fue testigo de una inusitada mutación social, política, económica y cultural, al calor del pánico generalizado por un virus que, según la Organización Mundial de la Salud, dejó un saldo aproximado de quince millones de muertos en todo el orbe, contando las víctimas directas y las resultantes del colapso sanitario que se produjo en varios países, como en Ecuador, Brasil y Perú, por mencionar los casos más significativos de nuestra región.

Fantasmas en pandemia

El libro abre con el artículo de Natalia Romé titulado “Dejar de pelear con fantasmas”, en donde señala la clara tendencia a la “indistinción entre comunicación y política”, como lo expresan los axiomas todo discurso es político, o el “novedoso” lo que no se nombra no existe. Para la autora, se trata de una “desmesurada fascinación con las posibilidades y alcances de las intervenciones comunicacionales en el espacio público”, circunscritas a lo mediático, lo publicitario y lo digital, que abren un nuevo modo de aparición de la ideología neoliberal, que define como “ideología de la comunicación”. En ella, la compleja vida comunicacional del cuerpo social se simplifica en su intelección a “unas cuantas técnicas de captación, sondeo y diseño de información u opiniones”, y reduce “la vida política bajo modalidades tecnocráticas que raquitizan la creatividad colectiva, empobrecen las representaciones que la sociedad hace de sí misma y tienden a hacer de la democracia una mueca torpe de sí misma”.

Sin embargo —nos advierte Romé—, cabe señalar que esa posición, si se quiere, tecnócrata, confronta con otra, una idea agonal de la sociedad, multiplicada en la metáfora de la batalla cultural, caracterizada por un interminable combate de significados de las grandes categorías, que apuesta “a torcer para un lado u otro la vibrante polisemia de los enunciados”. La lucha de clases se licúa en una lucha entre meros discursos, que abre el interrogante sobre si en ambas posiciones (tecnocrática o agonal), por ser (o parecer) pares especulares, acaso no anida la misma ideología neoliberal, que nos devuelve una imagen de eso que llamamos comunicación carente de política, es decir de “algún modo de incidencia transformadora del orden establecido”. De modo que cabe preguntarse “qué de nuestra propia cultura política y teórica actual participa de la consagración de la victoria neoliberal”.

En este contexto, la pandemia no hizo más que reforzar esas tendencias ideológicas, pues, lo común que se nos presenta hoy es la incertidumbre y el miedo, y su socialización “puede provocar alianzas inexplicables de parte de los sectores populares con factores de poder”. Por lo tanto, el desafío de esta coyuntura es “buscar otros modos de tramitar el miedo” (un miedo anterior al odio), un afecto real que no se fabrica ni en los medios, ni en las redes, sino apenas allí se capitaliza e instrumenta. Reinventar formas de comunicación política, popular y democrática requiere sortear esa encrucijada, sin caer en formas ideológicas de un otro radical “amenazante y deshumanizado, con quien ya nada es posible”, pues lejos de hacer política, eso no es más que “pelear con fantasmas”.

Infectadura colectiva

En el artículo de Margarita Martínez, “Pandemia, medios y sociedad civil”, la autora rememora la oposición a las restricciones establecidas por el Estado nacional, ante la inevitable viralización de contagios. Una reacción que desató una insólita batería de hipótesis paranoicas, que desencadenaron actos de desobediencia civil que reclamaban por sus libertades, mientras que en las redes (especialmente Twitter —hoy, X—) y en los medios tradicionales, el debate público se violentaba, al tiempo que denunciara en forma “esquizoide” la violencia que se producía.

Para la autora, la pandemia fue un gran experimento biopolítico involuntario, que desplazó el “afuera” de las calles a las redes, único lugar “al que se podía salir cuando no se podía salir a ningún otro lugar”. La inmovilidad obligó a sectores de la población a dejar de “producir para no morir”, arriesgándose a “morir por no producir”. En ese interregno, trabajo y tiempo libre se entrelazaron, y mientras se reducía la productividad material de bienes, aumentaba la productividad y consumo de datos, “en los mismos domicilios donde el usuario hiperconectado los producía sin descanso”.

Mientras, el debate que se estructuró en las redes estuvo signado por “más de lo mismo”: noticias falsas, palabras proféticas, efectos retóricos y otras falacias, mientras que en la televisión,  el prestigio de voces autorizadas (médicos, infectólogos, funcionarios de Estado) desfilaron con toda clase de argumentos que impactaron en una sociedad en la que, de la noche a la mañana, surgían especialistas en la materia. Las redes “no solo comenzaron a funcionar como una suerte de dedo en alto de la corrección política; se constituyeron
también como sistemas eficaces de reemplazo de la sanción jurídica en un espacio público-político-virtual nacido como extra-jurídico”.

En la Argentina, la comunicación política gubernamental apeló a la razón y al sentido de responsabilidad, sin perder “el tono ineludible de la época”, al presentar el “nuevo COVID-19”, como si se tratara de un producto en góndola, y la imposición del verbo Cuidar, se transformó en una “orden inexpugnable”. Pero el descontrol en el territorio se desató igual, por las dificultades que surgían para cumplir las restricciones en ciertas áreas, como en el conurbano bonaerense, mientras reflotaron las marchas anti cuarentena, “y la presión psíquica se hizo sentir”. Aunque en las redes no surja una verdad, tienen la posibilidad de organizar cierta acción política, algo que la comunicación política debería considerar prima facie.

Nuevos ejercicios del poder y nuevos desafíos

Además de las quince millones de víctimas, la recesión económica fue estrepitosa, cargándose alrededor de ciento catorce millones de puestos de trabajo y arrojando a la  extrema pobreza a unas ciento veinte millones de personas 2 , mientras que los gigantes tecnológicos multiplicaron su valoración, llevando a sus CEOs a consagrarse como los primeros billonarios del mundo, tal como lo presenta Verónica Sforzin en su trabajo “Infodemia, nuevos ejercicios del poder y desafíos para América Latina”. ¿Cómo es posible? Para la autora, la única forma viable es mediante disciplinamiento social y guerra psicológica.

Allí se ubica el concepto de infodemia, como parte de las nuevas formas de ejercer el poder por las fracciones dominantes. Mientras se asocia el fenómeno a una sobreabundancia “natural” de información, producto del uso de las tecnologías, se opaca su aspecto de relación social de dominación, que evidencia la ruptura entre hecho y relato, un acuerdo social roto por los gigantes tecnológicos, por su capacidad infinita de producción de relatos, que se inscribe en un sistema mayor de desinformación masivo.

Estas corporaciones son parte del entramado de poder global occidental, que entablan una relación directa con el individuo/usuario/consumidor, a expensas de su voluntad. Gracias a la consolidación de las burbujas de algoritmos, “construyen un mundo virtual acorde a cada personalidad”. El resultado son sistemas sociales cada vez más polarizados ideológicamente, que multiplican la fragmentación de grupos y manifestaciones parciales, pero que además, imposibilita una lectura integral de la causa política y los intereses en juego. Estos elementos son parte de una guerra psicológica diseñada para la manipulación de emociones, a fin de exaltar el odio, el desánimo o el descreimiento.

El poder concentrado por estas corporaciones, que monopolizan el desarrollo tecnológico, les permite asegurarse la posibilidad de un apagón comunicacional y cometer los excesos que consideren necesarios para el ejercicio de un poder brutal, frente a la creciente desigualdad.

Ante el surgimiento indetenible de un mundo multipolar, encabezado por China y Rusia, el poder angloamericano requiere del despliegue de un nuevo régimen de acumulación basado en el extractivismo masivo de datos y de materias primas centrales. Por ello, para la autora, retomar el sendero de la soberanía requiere de una estrategia propia y de una alianza regional, como también resulta vital la convocatoria y participación de las organizaciones sociales y de la comunidad en general, ya que es el “tejido social organizado, movilizado, el que no queda preso de los medios de comunicación y las redes sociales virtuales, que imponen sus ejes de discusión”.

Patear el tablero

En su artículo “Volver a patear el tablero”, Eliana Maffullo y Larisa Kejval, identifican un primer problema al que llaman “la erosión de la conversación pública”, no solo por una excesiva massmediatización, sino por la instauración de “formas violentas y maniqueas del debate y el diálogo político, e incluso, social”. En ese sentido, la llamada grieta estructura una compleja forma de absorber y colocar discursos públicos en una cadena de interpretación “que les quita todo intento de interpelación”, más bien, “terminan produciendo indignación y odio, como emociones de fácil digestión”; entonces, “no hay sentido”, sino una “producción continua de miedo, furia y antipatía, configurante de determinadas identificaciones políticas”.

Previo a las elecciones de 2015, el fenómeno de la posverdad comenzó a instalarse en Argentina, a partir del montaje de escenas que provocaron sensaciones de realidad, tales como timbreos, reuniones con vecinos, caminatas con saludos, y otros dispositivos planificados para la creación de productos comunicacionales. Su estratégica distribución en medios y redes, permitió una alta recepción en amplios sectores de la población.

Aunque, del campo nacional y popular, “la reacción fue la denuncia”, esos mensajes calaron profundamente en los sentidos sobre lo político; “un discurso soft del placer, antipático a las ideas políticas, comenzaba a circular y permear”, el de “la pesada herencia y la idea de un cambio necesario”. Es entonces cuando el macrismo llega al poder, con un discurso negador del conflicto y de la política. Pero la gestión de la política pronto se distanció de ese relato, y fue entonces difícil escapar a la politización.

Con la llegada de la pandemia, el capitalismo evidenció no tener restricciones. Para la coalición de gobierno fue necesario un discurso que sostuviera la disciplina y las medidas sanitarias, con información científica, transmisión de datos y prohibiciones que promuevan el cuidado, mientras que la derecha opositora se erigió como “la defensora de la libertad”, al tiempo que los medios, y su réplica en las redes, alentaron la quema de barbijos y la transgresión de las normas sanitarias. De allí se deriva un segundo problema, que las autoras llaman “la erosión de las tramas sociales”.

Ante este escenario, las autoras llaman a “habitar las redes y los espacios mediáticos con inteligencia”, y de “empezar a preocuparnos no tanto por el monstruo sino por quién le da de comer”. Por ello, invitan a recuperar y multiplicar otras formas de encuentro y conversación pública, “con una política que ponga en el centro el cuidado del otro”, y con sentidos “que devuelvan la capacidad transgresora y desafiante de nuestra tradición política”.

Por un protagonismo popular

En un exhaustivo análisis titulado “La agenda de las mayorías”, Úrsula Asta, resalta que, a comienzos del 2020, la propia Organización Mundial de la Salud sostuvo que “a la lucha contra el virus del COVID-19 se le sumaba la lucha contra la infodemia”. Subraya que no puede pensarse el fenómeno por fuera del modo de producción capitalista- imperialista, ya que los sujetos centrales del sistema de poder son quienes “violentan las formas de las relaciones sociales para sus objetivos de optimizar beneficios”. Es decir, que “el proceso de desarrollo algorítmico es impulsado y controlado por el mismo plexo empresario dominante”, que asegura “diversificar” la información y la comunicación, cuando la concentra cada vez más.

En el contexto de pandemia, las noticias sobre ciertos efectos colaterales de algunas vacunas se propagaron globalmente, como ocurrió con Oxford/AstraZeneca, cuestionada por la Unión Europea, a pesar que no fuera comprobado, y más aún cuando otras, como Pfizer-BioNTeche o Johnson&Johnson, también presentaron aparentes problemas, aunque estas no recibieron el mismo tipo de crítica. En el plano local, el lobby farmacéutico ungió a Pfizer para que sea “la mejor vacuna”. Resultó que la corporación presionaba a gobiernos latinoamericanos para que utilizaran activos soberanos como garantía para el acuerdo de vacunas.

Paralelamente, la vacuna Sputnik V fue calificada de “veneno” y asociada al fantasma del comunismo ruso. Es así que los medios corporativos argentinos aseguraron que nuestro país compraba vacunas por ideología. Estos aspectos muestran los despliegues mediáticos movilizados por “intereses transnacionales, en perjuicio de cierto desarrollo autónomo”, y a fin de cuentas, la intención de “marcar la cancha para que solo se pueda administrar esa dependencia”. No obstante, lejos de ser un reflejo de la realidad, las noticias son “una construcción de los acontecimientos”, cuyo campo de influencia se organiza en función de la relevancia de determinado tema; qué se dice, quién lo dice y cómo lo dice, sumado a un escenario de guerra psicológica “que obnubila la capacidad de reflexión”.

Pero ese campo de influencia no es absoluto. Los medios inciden extensamente, pero siempre en forma relativa, aunque el terreno mediático ocupe un lugar central de disputa política, económica y cultural. De modo que “todo proceso periodístico pertenece al escenario de debate y de puja en torno al poder”; existe objetividad en el hecho periodístico, que se contrasta en sus fuentes, mientras que la parcialidad implica un posicionamiento frente al hecho.

Si bien, la narrativa mediática durante la pandemia instigó marchas antivacunas y exacerbó la libertad individual, en simultáneo ocurrían “importantes niveles de solidaridad” en escuelas, sindicatos, clubes, universidades, fábricas, cooperativas, entre otros. Por ello, la autora sostiene la necesidad de “discutir el protagonismo popular”, con “el impulso de procesos de movilización”, que son primordiales para construir la agenda de las mayorías.

Comunicación y liberación

Gustavo Aráoz, en “Comunicación popular para la liberación nacional”, define el acceso a la comunicación como un derecho humano. A pesar de ello, las estrategias de comunicación corporativa buscan confundir a la sociedad; si antes la censura era la forma explícita de restringir el derecho a la libertad de expresión, la sobreabundancia de información, paradójicamente, conlleva los mismos fines, negar el acceso a la información. Por eso, quien consume medios e información, “debe asumir la responsabilidad que los tiempos demandan”, pero ¿cómo? “Es ahí donde las organizaciones libres del pueblo deben ocupar el rol de comunicadores populares para la liberación”.

Para el autor, liberación implica “construir soberanía nacional y popular en la conciencia del pueblo”, pero también, generar un aparato productivo, lograr condiciones de igualdad “en una comunidad que se desarrolla colectivamente, desde la solidaridad y la empatía como estandarte”.

Esta situación no es ajena a los barrios, pues las relaciones entre sus miembros “suelen estar impregnadas de ciertos relatos que se expresan de la misma manera y con una misma perspectiva”. Aráoz, toma como ejemplo la política pública municipal en el distrito bonaerense de Quilmes, con la reciente creación de la Dirección de Comunicación Popular, con el objetivo de impulsar espacios de debate, análisis, formación y producción de contenidos. Se trata de crear “herramientas de información que puedan ayudar a la comunidad a pensarse como grupos diversos de actores sociales que habitan un mismo territorio”, porque, de lo micro a lo macro, “cuando conversamos sobre el precio de la carne o el pan, estamos ante un tema de economía global”.

Para cumplir estos objetivos, se crearon los Encuentros de Comunicación, en el marco del Programa de Comunicación Ciudadana, que tiene por misión “trabajar la comunicación desde la perspectiva popular, democrática y feminista, en función de la comunidad organizada”, con asesorías, formación y producción de contenidos educativos para organizaciones y actores que fortalezcan el desarrollo de los objetivos de estas políticas de estado, y en última instancia, contribuyan a “elevar la conciencia de nuestro pueblo”.

Infodemia y Estado de Excepción

El libro finaliza con el artículo de su compilador, “Infodemia contra el Estado”, que resalta cómo las relaciones humanas fueron puestas a prueba en todas sus dimensiones durante esa “experiencia socialmente traumática”, que alteró la forma de relacionarnos y de leer la realidad y la política. Los gobiernos se vieron forzados a asumir el riesgo de aplicar un “dispositivo gubernamental”, como fue el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), con el fin de proteger la salud pública. Pero, a su vez, otra normalidad surgía desde la virtualidad que se instaló con la ASPO, en tanto “Excepción de Estado”, que dio lugar a una campaña de desinformación y acción psicológica, que se caracterizó por la viralización del uso manipulado de informaciones y noticias.

Este modo  de operar la información, conocido como infodemia, alentó el fracaso del esfuerzo estatal contra la pandemia, que, desde la Secretaría de Medios y Contenidos Públicos de la Nación lanzó la plataforma Confiar, creada para combatir la epidemia informativa de noticias engañosas y contenido manipulado, que se convirtieron en asuntos de salud pública.

Para el autor, lo que se buscó fue configurar el efecto de estar viviendo una “infectadura”, y que la intervención estatal debía ser combatida y derrotada. En este escenario se consolidó la figura altamente mediatizada de Javier Milei. Estos “mecanismos mediáticos de construcción de sentidos, de consensos y elaboración de imaginarios sociales”, decantaría en un cambio cultural “que pusiera en juego la creencia social que el Estado es garante de la vida de sus ciudadanos”, y en consecuencia, en el triunfo electoral libertario.

Por eso, la estrategia denominada infodemia, constituyó una “ofensiva ideológica” por parte de los sectores de poder, que se volvió efectiva con la instalación de narrativas anti cuarentena, que operaron en cambios de actitud en los sujetos, al punto de crearles una “disonancia cognitiva”. Se trata de una acción deliberada para producir malestar a gran escala, e implantar un nuevo sistema de creencias “que pusiera en primer lugar al individuo, por sobre el conjunto de la población”, sobre un escenario de humor social condicionado por el ASPO, la crisis económica y el malestar político.

Fue así cómo comenzó a instalarse “un polo de pensamiento de derecha y antinacional a través de la corriente libertaria”, cuyo “nuevo horizonte de lo decible”, apunta al Estado como enemigo. Bajo el “sesgo cognitivo” de señalar que “todos los políticos son corruptos”, comienza a “galvanizar discursos de odio que parecen justificar la eliminación de todo otro que sostenga la necesidad de un Estado presente” y desafía peligrosamente “las creencias que sostuvieron durante años una cultura política que tuvo al Estado como garantía de Justicia Social”.

CICCUS

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