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Juan Carlos Mansilla,: “Debemos jerarquizar el contacto afectivo con el alumno”

El especialista en prevención de adicciones, Juan Carlos Mansilla, afirma que en el consumo de sustancias el problema no está en los jóvenes sino en la relación que el mundo adulto mantiene con el adolescente; y rescata la importancia de la escuela para brindar un horizonte de vida que aleje a los chicos tanto de las drogas ilegales como de las legales.

¿La adolescencia es el período más riesgoso para el consumo de sustancias?

Es un período con particularidades propias. No sólo con respecto a las drogas sino a la actitud exploratoria de la persona, que va más allá del ambiente familiar. El adolescente entra en contacto con lo social, con la cultura, con su propia construcción de la vida privada. Aparece con peso el lugar de los pares en su proceso de individuación, de construcción identidad. Todo este mundo, rico en búsqueda de sensaciones nuevas y de testeo de si la información que se maneja sobre la vida, es veraz, hace que, entre otras cosas, el tema del consumo de drogas –que es básicamente una experimentación sobre la modificación de los estados anímicos– aparezca con ciertas particularidades: el joven tiende a elegir las drogas de los adultos y a avanzar sobre otras también.

¿En qué sentido?

–El alcohol y el tabaco siguen siendo sustancias de fuerte presencia en el mundo adolescente porque lo son en el adulto. Cuando los jóvenes avanzan sobre la marihuana, por ejemplo, están eligiendo una sustancia distinta. Para la prevención, no importa que la droga sea legal o ilegal: ese es un paradigma que viene del mundo jurídico –que se ha metido en la vida cotidiana casi sin críticas–, pero que no tiene ningún sustento ni desde lo químico, ni desde lo biológico, ni desde lo psicológico evolutivo. El adulto no percibe esto así. Entiende lo del alcohol y lo del tabaco –probablemente no en cuanto a cantidades–, y sin embargo se escandaliza cuando eligen otras drogas (sobre todo en cuanto a cualidades). Sin embargo, el patrón es el mismo: explorar, modificar estados de ánimo, generar aceptación e inclusión grupal. Sobre todo hay una exploración simbólica, vinculada a la curiosidad: qué es, por qué no…

Respecto de los patrones de consumo, ¿qué deben saber los adultos?

El adulto tiene que entender que hay un avance de la utilización del alcohol como desinhibidor: el patrón de uso funciona muy parecido a las otras sustancias. Por otro lado, la marihuana es una droga ilegal pero que tiene un comportamiento en el mundo juvenil casi de sustancia legal –que se asocia mucho al del alcohol y al del tabaco–, en un sector más reducido de población adolescente. Epidemiológicamente, existe un grupo, que se calcula en un 17%, que va a experimentar con drogas ilegales, y hay un grupo del 60% que ha tenido episodios de alcoholización. El problema del alcohol se dice que es hasta siete veces más grande que el de las drogas ilegales, el de la marihuana suele ser entre tres y cinco veces más grande que el de la cocaína. La cocaína es mucho menor pero se ha instalado más. Esto significa que no todos los adolescentes se emborrachan durante el fin de semana y que no todos los pibes andan fumando marihuana ni se van a quedar enganchados con el tabaco. La mayoría no lo hace. Y si lo hace, experimentó y salió. Frente a algo así, lo que decimos es que la escuela debe comprender el fenómeno para revertirlo. Y centralmente hacemos hincapié en qué debe hacer antes de que esto suceda, que es básicamente el concepto de prevención.

Cuando entra la marihuana a la escuela –no pasa en igual medida con el alcohol– los docentes sienten que no están en condiciones de afrontar estas situaciones, ¿qué pueden hacer?

Si ya hay un episodio de consumo o de circulación, de lo que se trata es de tener claro un concepto: en la escuela, drogas no. No puede ser un lugar de aceptación de algunas sí y otras no. Debe ser un espacio protegido, que no tenga lugares más autorizados que otros (como pueden ser los baños). Es como cuando llega un chico que consume con su familia que lo quiere ayudar. Nosotros le preguntamos si lo hace en la casa, si la respuesta es que no, la expectativa de recuperación aumenta porque eso significa que reconoce, advierte, que su hogar es un lugar cuidado, con autoridad. Si dice que sí, baja, porque implica que en la casa hay cierta tolerancia, que las reglas las está poniendo él y no los adultos, reglas que tienen que ver con sus placeres y no con sus cuidados. Con las escuelas podemos hacer la misma analogía. Si hay ciertos lugares donde sí se puede, si es posible llegar a la primera hora medio alcoholizado, eso debería revertirse. La institución debe dejar un mensaje claro, que no significa perseguir con sanciones al alumno ni entender lo ocurrido como un mero problema disciplinario. Estamos aquí frente a un problema de crecimiento, afectivo: debemos comprender la situación para revertirla.

Esto es cuando episodios vinculados con las drogas ya se han presentado en la escuela ¿qué pueden hacer los docentes para justamente prevenir antes de que ingrese la problemática?

El concepto de prevención hace referencia, justamente, a los recursos que hay que darles a los adolescentes para que si todavía no lo hicieron, no experimenten y si experimentaron no continúen haciéndolo. El eje aquí es ver cuál es el vínculo que el adulto tiene que tener con el joven para que, en situaciones de riesgo, pueda recurrir a ese mayor, qué alternativas de vida, de proyecto tiene que tener. Cuanto menos expectativa de vida futura hay, más abuso de sustancias como el alcohol y la marihuana se produce (la epidemiología destaca eso también). La prevención no es hablar de las drogas y sus efectos, o de los cuidados que hay que tener; sino fundamentalmente una serie de cuestiones a nivel social mucho más amplias a nivel familiar, escolar. La escuela tiene, en ese punto, un lugar para la contención, para el diálogo, para el intercambio, privilegiados. Por sí misma ya es preventiva. El riesgo de que una persona se instale en el consumo de drogas o que sea alcohólico es mucho mayor si abandonó los estudios.

Respecto al vínculo ¿cómo debe ser para que actúe como factor de prevención?

Hay que poner mucha atención en aquellos que tienen una relación mucho más cotidiana –los preceptores, los coordinadores, que tienen una presencia fuerte–; debemos volver a jerarquizar el contrato afectivo que hay entre el alumno y el cuerpo docente, porque si eso se rompe, estamos haciendo de la escuela un lugar mucho más vulnerable. Y es interesante esto porque no estamos diciendo que el problema está en los jóvenes, sino en esta relación que mantienen el mundo adulto con el mundo adolescente, o que repite la institución escolar porque ya está instalado en lo social, donde no hay un cuidado de los chicos. Nosotros estamos trabajando con distintos programas, uno es Pasar al frente, que es una escuela de padres, para que ellos tengan herramientas de interpretación de lo que pasa, puedan empoderarse frente a una autoridad que a veces no ejercen y que se necesita, y fundamentalmente puedan tener un intercambio afectivo, demostrativo con los adolescentes, en una sociedad tan desafectiva.

¿En qué sentido esta sociedad es poco cuidadosa, desafectiva?

Uno ve simplemente lo que pasó con el caso de Ángeles Rawson, con todo el manoseo que hubo, con una morbosidad inusitada: es una muestra del trato que el mundo adulto le está dando al adolescente, con el comercio de la comunicación. Hay un maltrato, una cosificación, el joven es un producto de mercado. Lo vemos con el alcohol, con la cerveza, que desde los años ’80 viene captando a ese grupo para desplazar el consumo de gaseosa y lo ha conseguido. La escuela, obviamente, tiene que ver cómo se diferencia de este tipo de vínculos cosificados, cómo construye algo distinto. Y de hecho, por lo que uno ve, en muchas de las crisis barriales, la institución escolar ha aparecido, más allá de lo conflictivo, como un lugar de integración social, de encuentro.

Sí, la escuela sigue siendo el espacio de lo público…

Sí, del encuentro intergeneracional. No sé si hay otro espacio donde se ve eso con tanta fuerza. Eso hay que tenerlo como un elemento preventivo más. El otro es poner la atención en los que no consumen. Ese es otro cambio de paradigma que tiene que haber con los adolescentes porque, en general, el trabajo que se hace es detectar a los que se drogan; como si la tarea del docente fuese casi policíaca: cómo tienen los ojos, cómo manejan el lenguaje…, y no pasa por ahí. La atención tiene que ser puesta en todos los otros; en el grupo que no consume y que por lo tanto participa de buenas elecciones. Si nos da temor el consumo de drogas porque pensamos que se replica casi con el modelo de contagio de una enfermedad infecciosa −hay muchos adultos que lo piensan así, que basta que uno lo haga para que todos empiecen a hacerlo–; podemos pensar también que las actitudes positivas, las que valoramos como preventivas, de cuidado, que tienen los adolescentes también pueden replicarse y contagiarse. Uno de los programas con el que estamos trabajando, Pasala bien, con un modelo de par a par, apunta justamente a eso. Con esto no estoy diciendo que tenemos que invisibilizar a los consumidores. Pero a veces la mirada preventiva llega un poco tarde cuando ya necesitamos ver cómo ayudamos, cómo los acercamos a alguna institución que preste servicio de asistencia.

Esta mirada sobre la prevención descarta las campañas donde exadictos cuentan su experiencia…

La mirada preventiva va por otro lado. Tenemos que pensar en los líderes positivos, en los padres, en las acciones que se están haciendo para entusiasmar una buena visión de futuro. Los pibes que llegan a otros colegios a contar lo que están haciendo, para nosotros son un modelo mucho más interesante que el del exadicto que te viene a relatar lo mal que le fue con las drogas y lo bien que está hoy por haberlas dejado. Eso es un antimodelo. El modelo tiene que ser el que no consume y logró vivir sin consumir, aunque no sea noticia. En cambio la persona que consumió y salió puede ser un “modelo” para alguien que se está recuperando, pero no para alguien que no queremos que ingrese. No es una estrategia preventiva, puede ser de impacto, casi amarillista diría.

Da la sensación que cuando hablamos de drogas las únicas escuelas que estuvieran sujetas al problema del consumo son las estatales, hay como un silenciamiento de lo que ocurre en las privadas…

Cuando presentamos la Guía de intervención escolar estaban presentes las escuelas oficiales y privadas y se dio una discusión interesante, un intercambio: después de escucharlas me pareció que es una dificultad común a todas, pero que se visibiliza más en las estatales que en las privadas. Los contextos socioeconómicos no son indicadores de mayor o menor consumo de drogas. En los sectores más incluidos socialmente, el problema se presenta de la misma manera en cuanto a cantidad, lo que ocurre es que se lo puede aislar más como fenómeno y trabajarlo mejor: no suele estar enganchado con otras problemáticas. La población más vulnerable tiene menos posibilidades de salir adelante porque generalmente su consumo está concatenado con otro tipo de inconvenientes: falta de acceso a la justicia, al sistema de salud, al trabajo, a la vivienda… Entonces las drogas actúan en una multiproblematicidad.

¿Cómo sería eso?

Nosotros lo vemos aquí en el CIS (Centro de Integración Social). No es lo mismo un chico que duerme junto a sus hermanos con los padres en una misma habitación, sin trabajo, que tiene algún familiar preso, sin el cospel para venir a hacer el tratamiento –y allí el Estado tiene que estar presente para ver cómo abordarlo con ellos–; que otro pibe de clase media que tiene problemas de drogas y que lo encontraron porque chocó el auto del padre. Ese joven tiene obra social, está inserto en la escuela, sus papás tienen trabajo, no tiene otras complicaciones de salud que hayan sido desatendidas, no hay cuestiones legales pendientes, porque si las tuvo ya fueron solucionadas. Los problemas están pero se pueden encarar de una manera más beneficiosa para la persona.

No es que consuman más, sino que sufren más el consumo de drogas…

Exactamente. Como todo problema: no es lo mismo que el que se quiebre un pie sea un albañil que trabaja por jornal, que una persona que está en blanco y puede pedir carpeta médica. Con las drogas pasa igual: las problemáticas sociales asociadas a poblaciones vulnerables son un tema que justamente justifica la creación de los Centros de Integración Social. Se trata de vincular a ese joven con la institución educativa, si no tiene trabajo ofrecerle un programa para financiar microemprendimientos, ponerlo en contacto con el sistema de salud… Se trata de tener una mirada social sobre todos estos temas y la escuela tiene mucho que hacer con eso.

–Creyendo que otro futuro es posible…

La gran mayoría de los jóvenes y adolescentes que están en la escuela y consumen drogas, no son adictos, son experimentadores o abusadores de sustancias. Y hay que entender esto. Porque si no, pensamos que esa persona está en el último escalón y en realidad está en situación de experimentación, que no por ello es menos riesgosa, ya que se vincula con la accidentología (el pibe que fuma un porro o se emborracha, agarra el auto o la moto y choca; o tiene una pelea callejera). Allí es que encuentra la escuela al adolescente consumidor y ese es un momento de mucho optimismo en cuanto a todo lo que se puede hacer. Es un momento de mucha posibilidad.

Juan Carlos Mansilla es licenciado en Psicología, psicoterapeuta familiar y grupal, especializado en el área de drogodependencia, subsecretario de Prevención de Adicciones, del ministerio de Desarrollo Social, y director del Centro de estudios y estrategias en adicciones de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Nacional de Córdoba. Los Centros de Integración Social brindan atención y capacitación docente en la temática, llamando al (0351) 428 – 8700.

Fuente: https://revistasaberes.com.ar/2013/09/debemos-jerarquizar-el-contacto-afectivo-con-el-alumno/

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Libro: Reflexiones sobre la formación y el trabajo docente en Ecuador y América Latina

Main Authors: Ortiz E., María Elena, Crespo Burgos, Carlos, Isch L., Edgar, Fabara Garzón, Eduardo
Format: Libros
Published: 2015
Subjects:
Online Access: http://dspace.ups.edu.ec/handle/123456789/10650

Fuente:https://www.bibliotecasdelecuador.com/Record/oai-:123456789-10650

Descarga: https://dspace.ups.edu.ec/bitstream/123456789/10650/1/Reflexiones%20sobre%20la%20formaci%3f%3fn%2017%3aseptiembre%3a2015.pdf

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Aprendizajes como artesanias

Ignacio Calderón Almendros

Recién aterrizado de un viaje (físico, cognitivo y emocional) a Paraguay, en el que hemos desarrollado el Seminario para la Promoción de la Educación Inclusiva en las Américas OEA-Oritel. Yo llegaba unos meses después de que se hubiese llevado a cabo la primera parte de esta propuesta, que resultó un gran éxito. El equipo que lo ha organizado es extraordinario, y tiene claro que su papel es propiciar cambios y acompañarlos, pero que los cambios los hace la ciudadanía. Es fantástico encontrar a profesionales así, y con esta talla humana. Yo agradezco que en ese equipo tan bien armado me hayan dejado entrar, con una calurosa bienvenida y haciéndome sentir como parte del grupo. Ha sido una maravilla trabajar con ellos y ellas.

Vengo con la mochila cargada de artesanías (eso tan precioso que se hace con las manos y a lo que no se le da la categoría de arte por ser popular), de recuerdos y de aprendizajes. Aprendizajes también preciosos y desvalorados por las instituciones –como las artesanías–, que no encuentran lugar en las revistas científicas indexadas en el Journal Citation Report. Pero son preciosos, suponen una transformación interior, modifican esquemas fundamentales de la comprensión de las realidades humanas e iluminan el corazón.

De este encuentro tan intenso y participativo, en el que la gente hablaba a borbotones, voy a subrayar cuatro momentos por su significado para mí, por haberme sobrecogido y por ayudarme a avanzar. El primero lo protagonizó una madre y maestra, que expuso su experiencia. Contaba, con la cabeza agachada, como pidiendo perdón por hablar y con una humildad casi dolorosa, que vivió una honda depresión al ver el panorama que se le presentaba a su hijo, pero que se levantó y con su palabra tan humilde fue tejiendo una red de familias y manteniendo conversaciones con representantes políticos que la había llenado de esperanza. Quienes la escuchábamos, aunque no la conocíamos, además nos llenaba de orgullo. Eso, solo eso, enderezaba el cuerpo pequeño y erguía la cabeza agachada de esta mujer tan poderosa. Sus últimas palabras fueron una sentencia: “No lo hubiera conseguido si solo hubiera pensado en mi hijo”. Esa frase es tan impresionante como el Universo.

Sistematización de la sesión por @LaCartográfica

El segundo fue un encuentro con jóvenes que tuve la oportunidad de disfrutar. Les invité a pensar que yo era un extraterrestre, y a que me contaran cómo eran sus escuelas. Me dijeron cosas transgresoras sin que resultaran impertinentes: “Nos aburrimos en la escuela”, dijeron varios. Qué crimen global, pensé. Una chica iluminada, al ser preguntada por la escuela que deseaba exclamó: “¡Que se parezca menos a una cárcel!” Me encantó su acierto, pero lloré por dentro. Me contaron que se aprenden muchas cosas que no sirven para la vida. Para sus vidas, claro, que son concretas y singulares, y no una abstracción teórica. “Queremos que las escuelas sean seguras. ¿Cómo vamos a estudiar si se nos puede caer el techo encima?”, dijo otro chico. Pensé entonces en esa pirámide de Maslow sobre la prioridad de cubrir unas necesidades sobre otras. Me detuve en una idea: frente a eso teórico y memorístico que señalaron como inútil, está lo práctico y útil para la vida. En el pizarrón, al frente, tenían lo teórico. Y encima de sus cabezas estaba lo práctico, lo útil, lo concreto. Mirar hacia el frente o hacia arriba era la cuestión. Eso lo podría problematizar la escuela. Me lo enseñó en un rato un grupo de jóvenes del Planeta Tierra.

Momentos del Taller con jóvenes «Realidad y sueños en educación»

El tercero lo viví en un panel en el que participó Álvaro. Él, con su hablar pausado, creó una atmósfera sobrecogedora y profunda en la sala. En sus silencios, en su misterio, estábamos los demás. Un hablar que nos hacía entrar adentro de nosotros y escudriñar ese interior oculto. Una pregunta lo desbordó todo: “¿Cuántos normicidios has hecho en las últimas veinticuatro horas?” Solo pudimos callar, y entonces agachamos la cabeza, como aquella maestra-madre colosal.

Fotografía: Escuchando atentamente a Álvaro Martínez

El último momento que subrayo es bien diferente a los anteriores. Quizás no. No. Paseando por Asunción con mi amiga Sofía, junto al Congreso Nacional y un hermoso museo en el Cabildo, me atropelló un campamento de gente muy humilde de entornos rurales que estaba asentada en la plaza, al costado del lugar que habitan los representantes políticos de la república. Allí, con sus hijos e hijas desescolarizados, en tiendas de campaña hechas con lonas, palos y plásticos, en la tierra y bajo un sol de justicia, tomaban tereré (una fresca infusión) mientras conversaban sentados en el suelo los adultos; jugaban con alegría un grupo de niños y niñas, y pedían a quienes paseábamos algo de sustento. Cuando estas familias se fueran, llegarían otras. Y después otras. Y otras. La imagen era un martillo en mi cabeza. Una anciana barría la tierra rojiza con unas ramas, mientras yo me preguntaba: ¿cómo puede un mismo espacio y tiempo soportar esto? Y pensaba que habían armado colectivamente una resistencia, que podría hacerse consistente, y me preguntaba el papel que los profesionales podríamos jugar en realidades como esta: cuando las poblaciones dañadas, oprimidas y devaluadas arman resistencias –unas más organizadas y conscientes, otras más informales e inconsistentes– ante los poderes que los someten. Aunque no estaban todos. Porque en aquel espacio se simbolizaba a la política, a la cultura y a los subalternos, pero no estaba allí representado el mercado. Tampoco el resto de la ciudadanía. Y entonces pensé que quizá nuestro papel está en contribuir a que las resistencias sean construidas con formas más efectivas, ayudando a la ciudadanía a dirigir sus propias producciones sociales y culturales para que puedan poner en cuestión los sistemas (el económico, el político, el escolar, el social…) y hacerles frente para provocar en ellos la necesidad de transformarse.

Solo una cosa más. Podemos dar color a esa realidad pintada en blanco y negro, como se hace con las artesanías, hermosas, históricas y únicas. Rescatar la belleza de lo humano, que está especialmente en aquellas realidades que nos recuerdan nuestra precariedad y nuestra debilidad. Lo entendí después, en Iguazú, al ver la belleza inmensa de un río completamente roto. Me emociona decirlo.

Profesor de Teoría de la Educación en la Universidad de Málaga (España). Interesado en la experiencia de exclusión e inclusión educativa de personas situadas en los márgenes, especialmente desde la discapacidad y la desventaja sociocultural. Empeñado en que la escuela sea un lugar donde todas las personas podamos crear sentido.
Fuente: http://www.ignaciocalderon.uma.es/index.php/aprendizajes-como-artesanias/
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Psicología del aprendizaje con el español Juan Ignacio Pozo, en el Congreso Psicología del aprendizaje y la evaluación auténtica

Otro de los ejes de Proeducar será la evaluación auténtica y contará con exponentes nacionales y extranjero.

El jueves 6 y el viernes 7 se llevará a cabo Proeducar, el congreso organizado por la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec), que en esta edición se centrará en la psicología del aprendizaje y la evaluación auténtica. Para conversar sobre la primera temática llega desde la Universidad Autónoma de Madrid, en España, el docente y psicólogo Juan Ignacio Pozo, mientras que el segundo tópico será abordado por el uruguayo Pedro Ravela, profesor de Filosofía y máster en Ciencias Sociales y Educación.

Pozo es doctor en Psicología y se ha especializado en educación; actualmente trabaja en el área de psicología del aprendizaje y coordina el grupo de investigación del seminario interdisciplinar sobre el aprendizaje y el cambio educativo en su universidad. Con varios libros publicados sobre diferentes temas, se ha centrado en cómo se aprenden las diferentes asignaturas de la enseñanza media y terciaria.

Ravela se especializó en evaluación educativa y ha asesorado a varios organismos en el país y en el extranjero. En Uruguay fue director de Evaluación en la Administración Nacional de Educación Pública, donde también se desempeñó como coordinador nacional del Estudio PISA. Además, fue director del Instituto de Evaluación Educativa en la Universidad Católica y director ejecutivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.

En el colegio Clara Jackson de Heber, Pozo dará cuatro conferencias, tres el jueves y una el viernes. Durante el primer día los participantes podrán escuchar sobre los principios de la psicología del aprendizaje para mejorar la enseñanza, herramientas para enseñar en la nueva sociedad del conocimiento, y el cambio de las concepciones y las prácticas docentes. El viernes, la charla se centrará en los desafíos del enseñar a aprender, y habrá un espacio de intercambio con Pozo en base a las preguntas que se formulen el día anterior.

Ravela, por otra parte, dará una conferencia cada día, el jueves sobre la integración de situaciones auténticas en la enseñanza y la evaluación, en tanto el viernes hablará sobre diferentes estrategias para la evaluación formativa en el aula.

Las inscripciones están abiertas en el sitio web de Audec.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/articulo/2020/2/psicologia-del-aprendizaje-con-el-espanol-juan-ignacio-pozo/

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Libro: Desde la filosofía latinoamericana hacia un proyecto descolonizador

Main Author: Mora Alarcón, María del Pilar
Format: Libros
Published: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador; Corporación Editora Nacional2013
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Online Access: http://hdl.handle.net/10644/3127
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Descargar en: http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/3127/1/SM112-Mora-Desde%20la%20filosofia.pdf

Fuente: http://repositorio.uasb.edu.ec/handle/10644/3127

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Alicia Camilloni: “Los docentes tienen que participar de los diseños curriculares”

Por Revista Saberes

La necesidad de que la investigación educativa tenga anclaje en la realidad y sea puesta en práctica; el rol que les cabe a los formadores en acercar el mundo académico a los que recién se inician en su carrera o se están actualizando y los desafíos de la educación, ejes de la entrevista a la especialista Alicia Camilloni.|

“En el campo de la pedagogía es muy habitual que se pongan de moda algunos autores, ciertos libros, que tienen vigencia durante varios años y luego desaparecen. Y así es que un enfoque es sustituido por otro, como si se tratara de una vestimenta que se cambia por otra”, critica de soslayo Alicia Camilloni cuando evalúa la falta de relación entre la investigación educativa y la práctica de la enseñanza.

Para la profesora de Filosofía y Pedagogía, especialista en Didáctica, quien a sus 77 años continúa dedicada a la actividad académica como docente, investigadora y directora de la Maestría en Didáctica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA), “mucho de lo que se ha investigado y publicado, se ha hecho en revistas científicas, con un lenguaje difícil de comprender para el docente común”. “Entonces –prosigue– a veces hay un salto muy grande entre las preocupaciones que son el objeto de la definición de temas de investigación para los académicos, y las de los educadores que tienen que resolver en la tarea cotidiana de la enseñanza: hay una cuestión de temas, de vocabulario, de presentación incluso metodológica, en el universo conceptual que están manejando”.

 –¿Qué papel juegan los profesores de los institutos superiores de formación docente (ISFD) en ese divorcio entre las preocupaciones de los maestros y la de los académicos?

–Los formadores de formadores muchas veces se encuentran en el interregno que hay entre ambos y ellos manejan el libro. Si por un lado teníamos las revistas, que son el conocimiento más actualizado, más científicamente validado desde el punto de vista académico; por el otro lado, tenemos que mucho de ese trabajo se recoge, promediando unos años desde que se produjo el original, en el libro que llega a las manos del docente formador de los ISFD. Entonces, esa información no suele estar demasiado actualizada. Lo que leyera el estudiante en su formación inicial y algunas veces en perfeccionamiento es una versión, una combinación de esas investigaciones recogidas años después y de ciertas líneas que se ponen de moda durante algún tiempo; pero que no son profundamente manejadas porque, en última instancia, son superficialmente presentadas y no llegan a tener una sustancia suficientemente sólida como para constituirse en claves de la formación de los docentes y en ayudarles a resolver los problemas que encuentran en la práctica cotidiana.

–¿Y cómo se pueden acercar estos mundos?

–El objetivo sería que lo que se produce en el campo de la educación se pueda llevar a la acción. Si bien los universitarios siguen sus temarios, sus agendas de investigación, de acuerdo con líneas académicas no siempre reclamadas por la práctica; también hay programas que tratan de estrechar esa distancia. Hay algunos investigadores que han formado grupos de docentes para ver cómo las ideas que ellos habían desarrollado se llevan a cabo. Luego hay publicaciones, en las que esos investigadores muestran qué dificultades tuvieron e incluso qué modificaciones llegaron a hacer sobre las propuestas que habían hecho como conclusión de sus investigaciones.

Hay otros programas, asumidos por las autoridades, que al ver la distancia existente empezaron a designar personas que hacen de nexo entre los dos –porque la conclusión a la que se llega es que al docente le resulta muy difícil acceder a esas fuentes, que no están a su alcance–, y producen materiales nuevos, muy actualizados, para trabajarlos con los educadores.

Formadores e investigación

En este marco, en el que los académicos publican en revistas especializadas que no llegan a los maestros, mientras los estudiantes y los docentes estudian y se perfeccionan con libros sobre investigaciones desactualizadas, Camilloni apunta que lo que hace falta “son difusores, que tienen que serlo los formadores de formadores”. Pero además de que se establezca una vinculación con la investigación educativa que llevan adelante las universidades, para la especialista también es fundamental ampliar las líneas de trabajo.

–¿Qué tipo de investigaciones deben hacerse?

–Hay un tipo de investigación que es absolutamente indispensable hacer, en la que la que interpela a la Academia es la práctica. Porque mientras los académicos sigan trabajando desde el punto de vista teórico, van a quedar divorciados de la realidad. La educación es acción y allí se plantean dificultades distintas que necesitan solución. Toda buena investigación educativa reclama su puesta en práctica. Aquellos que están desarrollando la acción tienen que participar, tienen que ser necesariamente escuchados: pueden ser los generadores de las problemáticas a investigar. Indagaciones en las que los formadores de formadores tienen un papel fundamental, ya sea mediante el asesoramiento o la participación junto a especialistas.

–¿Cuáles son las dificultades que se presentan para lograr esto?

–Hay condiciones objetivas que hacen difícil el acercamiento. La carrera del investigador académico está totalmente aislada de lo que es la práctica en la escuela. Ese aislamiento debería desaparecer, aunque eso no quiere decir que haya que marcarles las líneas de indagación, pero sí proponer que tengan un anclaje en la realidad.

En el caso de los ISFD, el régimen de designación por horas conspira totalmente contra el tipo de trabajo que puedan hacer. Uno puede decir que se dediquen a investigar, pero el formador de formadores tiene que tener condiciones para poder hacerlo y para producir con los docentes en las escuelas: tiene que tener inserción sencilla, fácil. Y eso depende del sistema; de que los establecimientos escolares estén abiertos a los institutos de formación docente, no sólo para que manden practicantes, sino para que se ocupen de los problemas de la escuela y de los propios alumnos.

–¿Qué rol le cabe, qué importancia tiene la teoría a la hora de enfrentar la práctica áulica?

–El docente tiene que poseer muchos conocimientos de los que denominamos estratégicos, para ver cómo, cuándo, dónde y por qué utilizarlos. Es un saber para la acción en escenarios siempre cambiantes: nunca se le van a aparecer dos situaciones idénticas. La teoría es absolutamente fundamental porque es lo único que se puede generalizar. Y eso se puede hacer siempre que a uno le enseñen en su proceso de formación a utilizar esos conocimientos generales en momentos diferentes. Para ello tiene que reconocer la diferencia entre las situaciones –no sólo lo que tienen en común– y poseer muy buen conocimiento teórico que le permita modelizarlas y encontrar, dentro de sus recursos teóricos y prácticos, la mejor solución para cada caso.

Inclusión con calidad

Consultada acerca de cuáles son a su juicio los grandes desafíos que enfrenta la educación, de cara al futuro, Camilloni es tajante: “Personalmente, me cuesta hablar de futuro porque me parece que la educación tiene muchos retos de cara al presente”. Y aclara: “Si bien se suele decir que la inclusión casi ha sido resuelta, aún queda muchísimo por hacer. Y además creo que la inclusión no tiene sentido si no es al mismo tiempo con calidad”.

 

–La escuela secundaria es la que quizás reciba mayores críticas acerca de la calidad de los aprendizajes que brinda ¿acuerda con que es la que más dificultades atraviesa?

–No creo que los problemas estén concentrados exclusivamente en la secundaria, aunque es la que muestra con mayor claridad esos déficits, esos vacíos: el alumno de media no es público cautivo y demuestra con mayor facilidad cuáles son las dificultades de la escuela. Al chico de primaria le resulta más complejo manifestarlo.

Los inconvenientes, me parece, se originan en varios puntos. Uno son los diseños curriculares, de los que deberían participar docentes muy bien formados, ya que no sólo implican tener un gran conocimiento desde el punto de vista epistemológico de los contenidos que deben ser enseñados. Si queremos que los currículums se lleven adelante verdaderamente, no pueden ser elaborados únicamente por especialistas disciplinares porque faltaría el sentido orgánico que tiene que tener un programa de formación: lo que está en los papeles no necesariamente se lleva a la práctica. Debe haber una participación tanto de los especialistas como de los docentes que son los que conocen los problemas cotidianos y los que van a resolver el currículum en acción.

 

–¿Qué habría que cambiar, además de los diseños curriculares?

–La formación docente, sobre la cual yo pondría metas muy ambiciosas, que no se podrían llevar a la práctica si no ofreciese a la vez muy buenas condiciones laborales, que incluyen no solamente a los salarios, sino estar un tiempo prolongado en la escuela, en vez de tener que reunir –como los profesores secundarios– una gran cantidad de cursos diferentes con grandes cantidades de alumnos en distintas instituciones; porque eso no permite hacer un trabajo serio con los estudiantes sobre ningún tema ni llegar a conocerlos. En esto también tienen que ver las estructuras curriculares: si tengo un montón de materias con pocas horas, obligo a los educadores a tener un montón de cursos.

Decía que la formación docente es fundamental, porque si es buena se puede pensar en mejores currículos también: no sólo es importante qué se enseña sino que hay que hacerlo bien. Por lo cual hay que resolver de manera adecuada las cuestiones de la enseñanza y la evaluación.

De la misma manera, Alicia Camilloni sostiene que, si lo que se pretende es mejorar la calidad educativa, es necesario “generar condiciones para que los jóvenes tengan posibilidad de aprender”. Y reflexiona: “Esto tiene que ver también con señales sociales, culturales, acerca de la importancia que tiene la educación y lo que se estudia en las escuelas”. Pero además, y fundamentalmente, con que los estudiantes puedan elegir: “Que no sea un currículo exactamente igual para todos sino que los alumnos puedan encontrar un camino para sus propios intereses, más allá de una formación básica indispensable”.

Fuente: https://revistasaberes.com.ar/2013/04/los-docentes-tienen-que-participar-de-los-disenos-curriculares/

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4to Aniversario: OVE, un espacio de deconstrucción colonial y de formación intercultural (Podcast)

Por: Luís Miguel Alvarado Dorry y Maria Alejandra Vega/ Equipo de OVE

Celebrando  el 4 aniversario de de portal de las maestras y maestros otrasvoceseneduccaion.org.

OVE se ha convertido en un espacio de debate, reflexión, investigación y de reconocimiento de nuestros pueblos originarios, resaltando la cosmovisión y el respeto hacia la naturaleza y visibilizando el hilo discursivo de los pueblos originarios de América Latina. El portal Otras Voces en Educación ha mostrado al mundo estas y muchas más realidades y voces que claman justicia, igualdad, democracia, educación y respeto a la diversidad y a nuestra amada tierra.

 

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OtrasVocesenEducacion.org