Educación
El derecho a la educación: ¿vale hablar desde la ira?
Por: Carlos José Gil Jurado
Si saber no es un derecho, seguro será un izquierdo
Silvio Rodríguez (1994)
El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo Estratégico en Modelos y Políticas Educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.
En una de sus obras, Apple (2002) manifiesta que, en sus escritos, todo ellos en favor de una educación que favorezca y responda a los intereses de los escolares y sus contextos, son también resultado de la ira. Esa ira que, precisamente, le producía ver cómo “la arrogancia de quienes creen en la lógica del mercado” (Apple, 2002, p. 11), y eran incapaces de ver el daño que sus propuestas educativas con “palabras grandilocuentes sobre la eficacia, la responsabilidad, la excelencia y la calidad de la enseñanza” (Apple, 2002, p. 12), causan a seres humanos reales, dado que obvian las condiciones reales de vida en que existen dichos seres. Dejaba con ello claro que la ira es, sin duda, una motivación para pensar sobre la desigualdad, la exclusión y la injusticia y, cómo no, también sobre el derecho a una educación democrática, real y pertinente para numerosos sectores sociales.
Ahora bien, con la ira pasa algo curioso en nuestras sociedades: casi siempre se observa una actitud ambivalente frente a la misma. Desde el punto de vista religioso, la ira es considerada uno de los siete pecados capitales; sin embargo, se considera santa la ira de Jesús, cuando expulsó a los mercaderes del templo (La Palabra de Dios, 1992); desde otra perspectiva, el Dalai Lama (2019) la considera un sentimiento humano que puede canalizarse para combatir las injusticias humanas o todo aquello que se cierna como una amenaza para la vida; asimismo, evita que seamos impasibles frente al dolor o la desgracia de otros. Desde lo social, como lo plantea Apple (2002), la ira es una forma de respuesta frente a aquello que causa daño, origina desigualdad social y genera injusticia y exclusión. Por lo mismo, se constituye en un valioso instrumento de lucha, reflexión y expresión social.
Ahora bien, mirar la educación misma desde la ira permite ciertas libertades que no consiente el rigor académico o la corrección política y que conviene aprovechar para poner sobre la mesa cuestiones que han sido ya dichas, pero ahora acompañadas de esa emoción que admite cuestionar, con cierta dureza y virulencia, la situación que ha puesto en evidencia la pandemia, la misma que a la fecha ha producido más de 127 millones de contagios y cuya cifra de muertos supera los 23 millones y, sin embargo, se observa que el proceso de vacunación, no sólo no marcha con la urgencia y la cobertura que la situación amerita, sino que da lugar a que algunos gobiernos hagan manejos excluyentes y perversos con ella, como lo ha denunciado la OMS (ONU, 2021). Es decir, aun frente a una situación en la cual debería privilegiarse el valor de la vida, otros asuntos resultan de “mayor importancia”.
Frente a ello, resultan necesarias la preguntas: ¿dónde está aquella educación que debe tener como misión formar sujetos sociales que, con esos saberes y sentimientos de humanidad, responsabilidad y solidaridad, deben reivindicar el valor y la importancia de la vida, por encima de otras consideraciones?; ¿qué ha sucedido con aquellos saberes que, con tanta intensidad horaria, experiencias de laboratorio y numerosos ejercicios de campo buscaban informar y provocar admiración y respeto por ese milagro, que es la vida misma? Parece que los problemas de una creciente ola de violencia, desafortunadamente, múltiple y variada en sus expresiones, así como la indiferencia social, dicen que todo ello quedó reducido a un conjunto de numerosos y llamativos datos, así como a una alfabetización básica sobre la vida, que no parece tener sentido ni utilidad en la existencia personal y social.
Parece que, frente la situación que ahora se vive, tendrían absoluta razón hombres como Toffler (1970) o Rifkin (1999), cuando se refieren al hecho de que la civilización se embarcó en un “modo de vida” industrial, en el cual este conocimiento sobre la vida asumió un sesgo en favor de una visión pragmática y productivista y en la cual los seres vivos estaban ahí para servir a una revolución científico-tecnológica, depredadora y mercantilista cuyas consecuencias hoy día no sólo son visibles en la desaparición de muchas expresiones de la vida vegetal y animal, así como de sus sustratos ecológicos, sino que incluso la vida humana ha adquirido otro valor y los grandes poderes económicos ya la ven como objeto de experimentación y como un gran potencial comercial, gracias a su acervo genético; la actual revolución biotecnológica ya permite avizorar este peligroso sentido y horizonte para la vida humana (Rifkin,1999).
El “ser humano” comercial y la sociedad consumista en la que se desenvuelve dice con sus actitudes, sus silencios, sus complicidades que las reflexiones sobre lo humano y lo social están siendo abandonadas o tienen en la educación un terreno estéril y carente de compromiso, cada vez más visible; parece que aquella escuela del papagayo, imaginada por Tagore (Nussbaum, 2011), tiene presencia evidente en muchos de los contextos latinoamericanos, dado que la reflexión y el compromiso con la vida misma y con la vida de los otros, se resume en saberes más enciclopédicos que participativos y más memorísticos que impregnados de vida y compromiso. Como observa la misma Nussbaum (2011), estamos ante una educación que está minando las cualidades esenciales que identifican lo humano y debilitan aquella solidaridad básica que debería llevarnos a desarrollar la ira y la resistencia frente al poder y sus desmanes.
Por ello mismo, también resulta pertinente preguntarse qué tipo de sujetos, de sociedades y bajo qué presupuestos se están formado mediante los procesos educativos, dado que la capacidad de respuesta de los mismos frente a la situación planteada, no tiene la cohesión ni la fuerza que la situación social amerita y así poder generar los cambios que permitan ver que los discursos ético-científicos sobre la vida y la responsabilidad con la vida y la naturaleza, van más allá de los cuentos cientificistas, a los que se dedican largas jornadas de “estudio” en las aulas escolares. Parece ser que la cuestión de la formación del sujeto sigue siendo, igualmente, una tarea aplazada, por lo cual la cuestión de la formación de una ciudadanía, entendida esta como una actitud de vida que nos hace responsables de nosotros mismos, de los otros y del hábitat, igualmente, es sólo otro ejercicio academicista.
El denominado desembarco neoliberal en la educación (Martínez, 2004) dejó claro que el Estado de Bienestar y su interés en la agenda de lo social debía desaparecer, dejando, eso sí, espacio para los discursos que se reclamaban como urgentes por ciertos sectores sociales, como la democracia, la cuestión ambiental, los derechos humanos, la equidad de género, la inclusión social, entre otros, y que se visibilizó en la llegada de nuevos saberes a la educación, sin que ello significase que lo esencial experimentara cambios: En efecto, los nuevos planes de estudio se han modernizado con la introducción de nuevas cátedras como Competencias Ciudadanas, Educación Sexual, Medio Ambiente, Derechos Humanos, Democracia y Participación. No podía ser de otro modo, en este estado de cosas, los sectores sociales son escuchados y la “educación” está atenta a dichas voces. Pero sólo eso.
Por ello, parece que la escuela, como lo mostró hace mucho Toffler (1970), sigue siendo el centro de instrucción de los hombres y las mujeres que reclama el nuevo modo de ver el desarrollo y la economía. Y entonces la escuela volvió a ser “feliz” porque se modernizó y, como no podía ser de otro modo, también ingresó la burocratización, el papeleo, la respuesta rápida, pero también los profundos cambios que están desfigurando el trabajo de los educadores, como seres humanos que forman en Humanidad (Hargreaves, 1996). Ahora es una institución más moderna, más racional y más eficiente pero, al parecer, menos inteligente. Todo ello parece indicar que se requiere del concurso de la “santa ira”, para expulsar esta nueva, pero siempre vieja casta de mercaderes de la educación, y así recobrar la escuela como auténtico y democrático templo de formación de lo humano y lo social. ¿El maestro contempla ello en sus propósitos?
Ya veremos.
Referencias
Apple, M. (2000). Educar “como Dios manda”. Barcelona: Paidós.
Dalai Lama. (2019). El poder de la ira. México: Urano.
Martínez, A. (2004). De la escuela expansiva a la escuela competitiva. Barcelona: Anthropos.
Hargreaves, A. (1996). Profesorado, cultura y postmodernidad. Madrid: Morata.
Nussbaum, M. (2011). Sin ánimo de lucro. Buenos Aires: Katz
ONU (2021). La OMS critica el egoísmo de los países ricos y las farmacéuticas frente a las vacunas del Covid-19. Nueva York: Noticias ONU.
Rifkin, J. (1999). El siglo de la biotecnología. Barcelona: Critica-Marcombo.
La Palabra de Dios (1992). El evangelio según San Juan. Bogotá: Terranova.
Toffler, A. (1970). El shock del futuro. Barcelona: Plaza y Janés.
República Dominicana: Estudio. Crisis sanitaria impone desafíos al retorno a la educación presencial
Por: Diariodigital.com
El estudio señala que, por efecto de la pandemia, el ingreso de los hogares con población en edad escolar disminuyó en 15.7% entre el primer y segundo trimestre de 2020.
Santo Domingo.- El Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo publica el tópico de coyuntura “COVID-19 y la educación preuniversitaria en República Dominica: Evaluación precrisis, su impacto y efectos sobre la población en edad escolar”, en el cual se plantea que el retorno a la educación presencial impone una serie de desafíos debido al contexto de incertidumbre de la crisis sanitaria.
El estudio, de la Dirección de Análisis Económico Sectorial del Viceministerio de Análisis Económico y Social (VAES), considera que la prioridad del retorno a la presencialidad es un elemento fundamental para sostener el vínculo de los estudiantes con el sistema y, así, mantener las trayectorias educativas en todos los niveles y grados de los sectores público y privado en la República Dominicana.
Puntualiza que la pandemia del COVID-19 llegó en un momento donde el país se enfrentaba a una importante crisis de aprendizaje. El documento precisa que, a pesar del incremento de las inversiones hechas en el sector educativo en los últimos años, estas no se tradujeron en una mejora del nivel de aprendizaje de la población escolar. Cita, por ejemplo, que en las pruebas del Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (PISA), a nivel global, los estudiantes de secundaria se posicionaron en los últimos lugares entre los 78 países evaluados en la referida prueba: antepenúltimo lugar en lectura (76) y último lugar en matemáticas y ciencias (78).
Asimismo, en la última Evaluación Diagnóstica Nacional se evidenciaron importantes desafíos. El informe específica que de los estudiantes en el tercer grado de primaria solo el 12% y 27% demostraron las competencias esperadas en lengua española y en matemáticas, respectivamente.
Impactos y efectos del COVID-19
El estudio señala que, por efecto de la pandemia, el ingreso de los hogares con población en edad escolar disminuyó en 15.7% entre el primer y segundo trimestre de 2020.
Asimismo, la tasa global de participación disminuyó en 15.1 p.p., siendo las mujeres las más afectadas al ver reducir su participación en el mercado laboral en 17.9 puntos porcentuales. La desocupación femenina se redujo al mismo tiempo que la ocupación, lo que sugiere que la caída de la participación se debió al traspaso de un segmento de la población a la inactividad, resultado congruente con el inicio de la virtualidad y la necesidad de atender a las actividades de cuidado que tradicionalmente recaen sobre las mujeres.
Precisa que en el nivel inicial, se observa que la disminución en la tasa de matrícula general afectó más a las niñas, al pasar de 59.8% a 28.3% (-31.5 p.p.), mientras que en el caso de los niños la reducción fue de 25.9 p.p. En el nivel básico, que en años recientes había mostrado una brecha a favor de las niñas, se observan retrocesos que modifican esa tendencia.
En el nivel medio, la retención escolar exhibió disminuciones prácticamente en igual cuantía entre ambos segmentos con relación a las tasas vigentes en 2019. Este resultado trajo como consecuencia que la brecha se mantuviera sin variación significativa, a pesar de que en los últimos años venía mostrando una importante reducción.
Consideraciones para el retorno a las aulas
El documento precisa que la definición de las etapas de retorno debe estar relacionada con aspectos sanitarios y otros puntos prioritarios a considerar.
Puntualiza que entre lo sanitario debe destacarse el análisis de impacto que la vuelta a las aulas tiene en la circulación de personas y el nivel diferenciado de afectación de la pandemia en el territorio, tomando en cuenta el contexto socioeconómico y la vulnerabilidad de la población. A su vez, sostiene que es necesario considerar las demandas del proceso de enseñanza y aprendizaje que son diferenciadas según el nivel educativo.
Además, tomar en cuenta como se combinaría la educación virtual y presencial en la medida en que se retorne a los centros educativos, programáticamente, en carga horaria y en lo referente a la organización del tiempo docente.
Por igual, agrega que las opciones de escalonamiento del retorno a la presencialidad deben contemplar las necesidades de los diversos grupos de la comunidad educativa. Por ejemplo, señala que los niños de educación inicial, y quienes se encuentran en situación de mayor obstáculo para usar las plataformas virtuales, deben tener prioridad en el regreso a clases debido a que para este grupo, la rutina, el vínculo y el espacio de cuidado y desarrollo que constituyen los centros educativos es determinante en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Estudio: crisis sanitaria impone desafíos al retorno a la educación presencial
Libro (PDF): Etnografías en tramas locales. Experiencias escolares, apuestas y desafíos
Reseña: CLACSO
Repensar proyectos pedagógicos y tramitarlos en la larga duración es la voluntad detrás de este volumen de artículos de investigación que se propone reconocer huellas, palabras, emociones y contrariedades de diferentes jóvenes y procesos de escolarización en Córdoba (Argentina). La indagación se sustenta en la perspectiva socioantropológica y en un proceso de trabajo de campo prolongado, que permite mirar desde adentro los modos que las y los estudiantes adolescentes tienen de habitar la escuela. Los textos recorren la vida juvenil mostrando con consistencia distintos procesos, desde la presencia de los lenguajes digitales y sus prácticas escolares y populares, hasta las tensiones que se abren con las políticas educativas de inclusión para jóvenes que viven en condiciones de pobreza. Estas reflexiones esperan abrir camino a nuevas formas de experimentar el paso por las escuelas; menos desiguales y dolorosas para algunos; más estimulantes, cooperativas y solidarias para todos.
Autoras(es):
Mónica M. Maldonado. Silvia M. Servetto. [Editoras]
Mónica M. Maldonado. Carolina Saiz. Adriana Bosio. Silvia M. Servetto. Valeria Rosario Balmaceda. Olga Bartolomé. Mariano Pussetto. [Autoras y Autores de Capítulo]
Editorial/Edición: CLACSO. Universidad de Nacional de Córdoba.
Año de publicación: 2021
País (es): Argentina
ISBN: 978-987-722-849-6
Idioma: Español
Descarga: Etnografías en tramas locales. Experiencias escolares, apuestas y desafíos.
Fuente e Imagen: https://www.clacso.org.ar/libreria-latinoamericana/libro_detalle.php?orden=&id_libro=2342&pageNum_rs_libros=0&totalRows_rs_libros=1505
El sector de la Educación Infantil demanda medidas urgentes ante el cierre de casi un 20% de centros
Por: Magisnet.com
Las patronales de la Educación Infantil han suscrito una declaración conjunta en la que solicitan «medidas urgentes ante la grave crisis que padece este colectivo agravada por la pandemia».
El sector de la Infantil quiere, en primer lugar, la implementación de modelos de financiación. Con esta medida, se favorecería la viabilidad de estas empresas, y con ello las condiciones que permitan el mantenimiento y mejora del empleo y salarios, y la prestación de un servicio de interés público esencial.
También solicitan ayudas económicas extraordinarias para paliar los efectos derivados de la pandemia y que eviten el cierre de los centros de Educación Infantil privados. Para ello, los fondos europeos y el reparto de los mismos, deben responder a “criterios objetivos de pérdida de ingresos, como puede ser un 30% de caída, sin que se tenga que limitar el acceso a los mismos a unos sectores de actividad con unos CNAE específicos”.
En tercer lugar, solicitan la creación de una Mesa Sectorial de Educación Infantil presidida por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, en el que se aborde de la mano de los representantes de la negociación colectiva del sector sus problemáticas y posibles soluciones.
Según las patronales, la red de centros privados está formada principalmente por autónomos, micropymes y pymes, con una limitada capacidad económico-financiera. Antes del inicio de esta crisis sanitaria existían en nuestro país más de 5.100 centros educativos 0-3, que escolarizaban a más de 250.000 alumnos, y que empleaban a más de 50.000 profesionales, la mayoría joven y femenino.
Sin embargo, el sector está inmerso en una “profunda crisis”, según la patronal, agravada por los efectos de la Covid-19, que está derivando en el cierre constante de centros, superándose en la actualidad alrededor del 20% desde el inicio de la pandemia, con la consiguiente pérdida de empleo que ello conlleva.
El sector está inmerso en una «profunda crisis», según la patronal, agravada por los efectos de la Covid-19, que está derivando en el cierre constante de centros
Además, ya antes de que estallara la pandemia existían factores que propiciaban la crisis del sector, como el “más que preocupante descenso de la natalidad; la persistente competencia desleal de establecimientos que se publicitan engañosamente como centros de Educación Infantil, sin la oportuna autorización administrativa; o la imposibilidad de repercutir en las cuotas de las familias los incrementos de costes de funcionamiento y, sobre todo, los sociales que han llegado al 45%”, dicen la patronales.
A todos estos factores preexistentes se han venido a unir los producidos por la pandemia, como:
- El teletrabajo derivado de la pandemia, así como el miedo al propio virus han propiciado un descenso de las matriculaciones que va desde el 40% hasta más del 80%.
- El Real Decreto-ley 5/2021, de 12 de marzo, de medidas extraordinarias de apoyo a la solvencia empresarial en respuesta a la pandemia de la Covid-19, tampoco ha tenido en cuenta los CNAE correspondientes a este tipo de Educación.
- El anuncio del Gobierno, tras la reciente publicación de la Lomloe, de la creación de 65.000 plazas públicas y gratuitas de primer ciclo de Educación Infantil. Ello contrasta con la ausencia de toda previsión destinada al estudio de alternativas de financiación y/u organización que permitan la subsistencia de la red privada de centros.
- Falta de apoyo y reconocimiento de la mayoría de las administraciones públicas. Esta falta de reconocimiento se ve refrendada por el trato discriminatorio dado a esta etapa educativa tanto en la LOE como en la Lomloe, permitiendo la ruptura del primer ciclo, rompiendo así los objetivos pedagógicos del ciclo y comprometiendo la viabilidad económica de los centros de Educación Infantil privados.
El sector de la Educación Infantil demanda medidas urgentes ante el cierre de casi un 20% de centros
La Educación Normal, ¿Debe Adoptar Seriamente la Sustentabilidad y Educar para Ella?
Por: Dr. Luis Palacios Ortega
INTRODUCCIÓN
La motivación para escribir este ensayo es que reflexionemos hacia comprender algunos de los principios a partir de los cuales los seres humanos, a partir de la educación de los educadores, seamos capaces de transformar nuestra actual cultura depredadora, por una cultura respetuosa de toda forma de vida, sustentada en una relación armónica con el entorno natural y planetario en el que habitamos y sobre cómo transformar la educación para actuar desde una nueva percepción, formal o informal, hacia generar estrategias pedagógicas a fin de educar seres humanos comprometidos con el respeto a la vida y a la naturaleza y contribuir al avance de una sociedad sustentable.
Al ser éste un ensayo, he centrado mi atención en compartir mis reflexiones y opiniones que, desde mi visión como educador, dejan los conceptos rescatados de diversos autores y mi experiencia en una temática que ha llamado siempre mi atención y hoy considero más vital que nunca. Además, creo necesario que los educadores deben ser críticos acerca de la responsabilidad que implica manejar en el discurso conceptos como “sustentabilidad”, “educación sustentable” y otros que han permeado en la sociedad, la mayor parte de las veces, de manera irresponsable y ambigua.
CONTEXTUALIZANDO
Hagamos un poco de historia… Hace 4,600 millones de años se formó nuestro planeta en medio de condiciones atmosféricas extremas. De esa materia inerte surgió la vida hace 700 millones de años en forma de bacterias. No se debió a que se haya creado un nuevo elemento, lo que surgió fue una organización mucho más compleja de la materia. Todos los humanos, junto con todas las demás especies, descendemos de aquellas primeras bacterias o arqueobacterias (Margulis y Sagan 2005), que, durante dos mil millones de años, constituyeron la única forma de vida. En ese tiempo, se experimentaron nuevas formas de organización, al mismo tiempo que transformaban químicamente la atmósfera, creando mejores condiciones para la vida.
A partir de lo que propone Guillaumín (2010), hagamos un ejercicio: vamos a contener los 4 mil 600 millones de años en 365 días. Esto quiere decir que cada día representa 12 millones 602 mil 740 años de evolución, el resultante es un calendario comprimido que presento en la siguiente tabla:
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Evento |
Fecha y hora |
| § Se forma la tierra. | 1 de enero, 00:01 hrs. |
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§ Surgimiento de los primeros océanos. |
1 de febrero, 17:44 hrs. |
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§ Se origina la vida en forma de células bacterianas carentes de núcleo o procariotas, en ese medio líquido y rico de compuestos orgánicos, expuesto a rayos ultravioleta y descargas eléctricas. |
25 de febrero, 12 hrs. |
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§ Emergen los grandes continentes. |
23 de marzo, 20 hrs. |
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§ Aparecen los primeros animales (esponjas, celentéreos y artrópodos). |
14 de noviembre, por la mañana. |
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§ La llamada “era de los reptiles” (Periodos Triásico, Jurásico y Cretácico). |
Entre el 8 y el 14 de diciembre. |
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§ Los primeros homínidos, nuestros ancestros, nacen hace 4 millones de años, en la Garganta de Olduvai, que hoy es parte de Tanzania, África. |
31 de diciembre, a las 16:23 hrs. |
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§ El homo sapiens, con sus 1,600 cm3 de cerebro, surge hace dos millones de años |
31 de diciembre 20:12 hrs |
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§ La revolución agrícola |
31 de diciembre 23:58 hrs. |
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§ Las grandes ciudades |
31 de diciembre 23:59:22 hrs. |
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§ El descubrimiento de América y la corroboración de que la Tierra es redonda |
31 de diciembre 23:59:56 hrs. |
A partir del análisis anterior podemos visualizar que, el hombre racional e inteligente que parece destacarse de las demás especies de animales, ocupa apenas el 0.043478 % de la historia de la Tierra (Guillaumín, 2010), algo así como 4 segundos de 365 días.
No ha sido una cuestión de suerte: la biosfera desarrolló capacidades de autorregulación por medio de complejas interacciones entre el medio físico-químico y las formas vivas, a través del agua y el aire, fluidos que lo unen todo, trabajando a temperatura y presión ambiente. Nuestro planeta no es una colección de organismos y medios físicos, es un organismo viviente, es lo que el científico inglés James Lovelock (2000) llamó Gaia en su famosa teoría del mismo nombre.
En cuanto a su organización, la biosfera es una holarquía: ninguno de los elementos del sistema tiene primacía o ejerce el control sobre los demás. Las partes (llamadas “holones” por Arthur Koestler), no son simples partes del sistema, sino totalidades que funcionan también como partes (Margulis y Sagan 2005). La evolución, más que descansar en la competencia, ha sido posible por un principio de simbiosis: “la vida en la Tierra no es una jerarquía creada, sino una holarquía emergente surgida de la sinergia autoinducida de combinación, acoplamiento y recombinación” (Margulis y Sagan 2005, p.8), es decir, la naturaleza se las arregló perfectamente sin nosotros por más de 4 mil 500 millones de años.
¿Qué ha hecho el ser humano en este pequeño periodo de vida terrestre? No sólo nos hemos desencantado del mundo, sino que estamos a punto de destruirlo y de destruirnos junto con él. Estamos acabando con lo que ha tomado 4,600 millones de años en crearse. No se trata de asumir una posición simplista sobre la “maldad” humana, somos sapiens y demens: el Homo Complexus (Morin, 1999, p.24). Hemos realizado obras sublimes en los campos de las artes, la literatura, la arquitectura, la tecnología, las ideas, la ciencia y podemos asumir que todos buscamos lo mismo: la felicidad, pero hemos usado el camino equivocado, ya que hemos olvidado nuestro origen común. En contraste, hemos fragmentado nuestra memoria y nuestros conocimientos al grado de no reconocernos, de no reconocer la unidad cósmica de la cual somos una pequeña parte.
¿Qué salió mal? A la luz de los nuevos conocimientos, esta pregunta tiene una respuesta: el hombre no es la medida de todas las cosas. Todos pertenecemos a la humanidad, pero el hombre y la humanidad son emergentes de la biosfera, y la biosfera es emergente de las fuerzas que rigen el universo. Es decir, la visión antropocéntrica actual no sólo es limitada, sino ilusoriamente peligrosa (Guillaumín, 2010). En contraste, la visión de la naturaleza que predominó en el mundo occidental era la de un mundo encantado: rocas, ríos y nubes eran vistos como maravillosos, vivos, y los seres humanos se sentían en casa en este ambiente. El cosmos, en resumen, era un lugar de pertenencia, “un miembro de este cosmos no era un observador alienado de él, sino un participante directo de su drama” (Berman 1981, p. 16).
Con las obras cumbre de Francis Bacon, Novum Organum (publicada en 1620), y de René Descartes, Discurso del Método (publicada en 1637), surge una visión objetiva, mecanicista, no contemplativa, distanciada y pragmática del mundo, y una ciencia basada en una metodología para controlar y someter la naturaleza a los propósitos humanos. Científicos de la talla de Isaac Newton ayudan a construir la Revolución Científica, pero es otra revolución la que la pone en el mapa: la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII (Berman 1981). En el último cuarto del siglo XX, el sistema científico, tecnológico y económico consolida lo que venía evolucionando desde 500 años atrás: la globalización.
¿Cuál ha sido el efecto de esto? El ecocidio. En un día típico en el planeta, se pierden cerca de 34 mil kilómetros cuadrados de bosques lluviosos. Otros 13 mil kilómetros cuadrados se convierten en desiertos, como resultado de malas decisiones y de programas de “desarrollo”. Se pierden entre 40 y 100 especies. La población aumenta en 260 mil habitantes. Se lanzan 3 mil toneladas de clorofluorocarbonos (CFC) a la atmósfera y 16 millones de toneladas de dióxido de carbono. Esta noche la Tierra será un poco más caliente, su agua más ácida y el tejido de la vida más débil (Orr 2004), en resumen, cada día incrementamos la inhabitabilidad de la Tierra.
No hemos entendido que en la biosfera se distribuye la riqueza de la energía solar, mientras que en la economía humana ocurre lo contrario: se concentra a niveles “inhumanos” e insostenibles. Hemos inventado una trinidad mítica: el mito de la posesión, el mito de la independencia y el mito del control (Guillaumín, 2010), los cuales son conceptos de la economía y de la política humanas, pero extrañas e innecesarias para la naturaleza y su evolución:
“en la restringida economía de la arrogancia y la fantasía humanas, los humanos pueden acumular riquezas y poder. Pero en la economía solar de la realidad biológica todos y cada uno de nosotros somos liquidados para dejar sitio a la siguiente generación. Nuestro préstamo de carbono, hidrógeno y nitrógeno debe ser devuelto al banco biosférico” (Margulis y Sagan 2005, p. 165).
La gran lección que debemos aprender para construir otra cultura humana es una cultura no antropocéntrica: una cultura solar, biosférica y simbiótica (Guillaumín, 2010). El problema de la cultura y, por tanto de la educación, es que hemos ignorado, olvidado, contravenido, alterado y destruido los ritmos, los ciclos y los principios que subyacen a la vida sobre la tierra, a su organización. La cultura y la educación formal y escolarizada han interferido con nuestra comprensión de la naturaleza, de la trama que une todas las cosas, y de que la vida pende de los sutiles hilos de esa trama.
Se han tenido inobjetables indicios de que estamos en una senda de colapso civilizacional y económico. Un temprano aviso de esto fue dado en la década de los setenta por el Reporte del Club de Roma: “Los Límites del Crecimiento” (Meadows et al 1974), sin embargo, no pasó de ser sólo un best seller internacional. Esta advertencia no tuvo un efecto importante, excepto como una curiosidad académica.
¿Y la educación?… La educación es el proceso por medio del cual la cultura se reproduce, se transmite de una generación a otra. Podríamos decir metafóricamente que es su ADN. En ella, las personas aprenden los valores y las prácticas necesarios para sobrevivir, así como para tratar y negociar las situaciones que la propia cultura genera en su contexto histórico y geográfico específico (Guillaumín, 2010), aunque:
“sin las precauciones necesarias, la educación sólo va a habilitar a las personas para convertirlas en los más eficaces vándalos de la Tierra. Si uno presta la debida atención, es posible escuchar a la Creación quejarse cada vez que un nuevo lote de jóvenes Homo sapiens, astutos y deseosos de tener éxito, pero ecológicamente analfabetos, son lanzados a la biosfera” (Orr, 2004, p. 5).
Nos autodenominamos la cúspide de la evolución y, según nosotros, nos encontramos inmersos en la era de la “sociedad del conocimiento” (Margulis y Sagan, 2005). Esta percepción, a todas luces arrogante y que supone la existencia de sociedades que no tienen conocimientos o que son “inferiores”, contrasta con la de pensadores como Edgar Morin, quien afirma que la Humanidad no ha logrado superar la Era de Hierro. En todo esto, la educación juega un papel fundamental debido a que es un proceso mediante el cual se reproduce la cultura humana. Elie Wiesel, por ejemplo, dice que el problema de la educación es que: “Ha enfatizado teorías en lugar de valores; conceptos más que seres humanos; abstracciones en vez de sentido; respuestas y no preguntas; ideología y eficiencia, más que conciencia” (Citado en Orr 2004, p. 8). A lo anterior debiéramos sumarle el enfoque de la llamada excelencia, concepto en boga en los discursos oficiales, a la que Latapí (2007), se refiere en el tenor siguiente:
“El propósito de ser excelente conlleva la trampa de una secreta arrogancia. Mejores sí podemos y debemos ser; perfectos, no. Lo que una pedagogía sana debe procurar es incitarnos a desarrollar nuestros talentos, preocupándonos por que sirvan a los demás” (p. 4).
La educación forma a los futuros consumidores y ciudadanos de McWorld, como Benjamin Barber (1995), bautizó a la civilización occidental. La educación se privatiza en sus fines y métodos y adopta un enfoque empresarial. Así, se enseña la eficiencia económica y no el bienestar o el equilibrio de la biosfera. Se promueve la competitividad en detrimento de la cooperación. Se alienta la especialización y se atenta contra la diversidad. El objetivo es ser productivo, competitivo y tener éxito, mientras, la economía se apodera del bien último que puede convertir en mercancía: la vida.
La educación convencional alienta a los jóvenes a encontrar una carrera antes de que puedan encontrar una vocación (Orr 2004). Una carrera es un trabajo, una manera de ganarse el sustento, una forma para hacerse de un curriculum. Representa movilidad social y un “estilo de vida” (medible en niveles de consumo). En cambio, una vocación tiene que ver con propósitos más trascendentales en la vida, con valores más profundos, con lo que uno quiere legar al mundo.
Munir Fashed, un profesor y matemático jordano, que fue expulsado de Palestina en 1948 a la edad de siete años, durante el Simposio Internacional: “Hacia una visión transdisciplinaria de la Universidad, Ecología de saberes para la sostenibilidad local y planetaria”, realizado del 8 al 10 de octubre de 2009 por el Programa Universitario para la Transdisciplina, el Diálogo de Saberes y la Sostenibilidad, de la Universidad Veracruzana, dijo algo que me estremeció y que creo que sintetiza de manera preocupante el alcance del problema educativo actual: “Dediqué los primeros treinta años de mi vida a formarme académicamente. Hice una licenciatura, una maestría y un doctorado. El resto de mi vida lo he dedicado a sanarme de esa educación”.
¿Qué es lo que se ha trabajado sobre sustentabilidad en las Escuelas Normales, las que educan a los educadores? Tradicionalmente la Educación Normal ha estado ligada a las necesidades de los contextos en los que actúa, sin embargo la escolarización, la hiperespecialización de la escuela y los enfoques producto del mundo empresarial han dejado de lado este vínculo básico escuela-comunidad. Un ejemplo de ello es que actualmente el Plan de estudios 2018 para la educación normal contempla una asignatura llamada “Estudio del medio ambiente y la naturaleza”, cuya carga horaria es de 6 horas a la semana durante el segundo semestre y con 6.75 créditos. Es decir, ¿con 6 horas a la semana en un semestre se pretende formar una consciencia ecológica hacia una educación para la sustentabilidad?
La educación para la sustentabilidad o de cuidado del entorno ecológico, en el mejor de los casos, termina con la implementación de huertos escolares o con actividades de reforestación. No quiero decir con esto que no es importante que los normalistas sepan sembrar o cuidar plantas o árboles, pero, ¿esto ayuda a educar al educador ecológicamente y a que éste eduque en los entornos regionales para ello?, ¿sirve este esfuerzo o habría que generarlos otros desde cero?, me parece que la Educación Normal tiene un compromiso más profundo que eso.
A la par de lo anterior, existe la gran preocupación por la creciente privatización de la educación pública, en particular de la educación normal, la que educa a los educadores. No me refiero a su financiamiento, sino a sus propósitos, métodos y formas de trabajo, es decir, la conversión de ésta para que opere como una empresa productora de conocimientos y de recursos humanos para alimentar la actual economía de consumo, a partir de una formación profesionalizante, con saberes fragmentados en disciplinas y especialidades, sin una visión compleja de la realidad, lo que alude a “moldear” en vez de educar, que significa guiar, acompañar.
En este problemático contexto, ¿puede haber una empresa más atractiva y ambiciosa que contribuir, a través de la educación, a superar la Modernidad, con toda su estela de destrucción de ecosistemas y comunidades humanas en pos de un progreso que nunca se concretó? ¿No es tiempo ya de deshacernos de las ideas que hemos heredado de ésta desde hace más de tres siglos, las que siguen prescribiendo nuestras aspiraciones deseos y consumos en todos los ámbitos de la vida? ¿Es este un reto a la altura de la Escuela Normal contemporánea, la institución que educa a los educadores, una de las instituciones pináculo de la cultura humana? Yo considero que sí a las tres preguntas, por ello, es necesario que la Educación Normal adopte seriamente la sustentabilidad y educar para ella.
¿Por qué? Porque es un problema que afecta a todos los ecosistemas y comunidades del país; porque es un fenómeno del que gravitan muchos otros problemas, como la pobreza y el hambre; porque tiene que ver con el futuro de nuestra civilización y de nuestra especie; porque necesitamos educar a las nuevas generaciones a favor de la dignidad e integridad humana; porque cuenta con la infraestructura, los medios y las condiciones académicas para hacerlo.
La transición que se hace necesaria hacia un planeta sustentable comienza con una educación que contemple un conocimiento profundo del territorio local/regional. En primer lugar, porque necesitamos salir de un proceso de más de 500 años que ha consistido en: la explotación y destrucción de los territorios y recursos locales/regionales, la implantación de centros y economías enclave en dichos territorios, la subordinación de lo local a un sistema de orden global. En segundo lugar, porque la sustentabilidad se construye localmente y en tercer lugar porque es la escala en la que la educación normal y sus egresados pueden intervenir de manera eficaz, con lo que está a la mano.
De hecho, la educación puede constituir un proceso de recuperación del territorio (Guillaumín, 2016). ¿Recuperarlo de qué? Primero, de nuestra indiferencia y nuestro descuido. Estamos tan entretenidos con lo que Desbord (2000), llama “sociedad del espectáculo”, que predomina bajo las condiciones actuales de producción: “la vida se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era directamente vivido se ha ido desvaneciendo y ha sido reducido a su representación” (p.6). Vivimos en el mundo de la propaganda, las noticias (y la desinformación), la publicidad, el entretenimiento (donde también cabe la política), la moda y los estilos de vida, los que representan el modelo dominante del desarrollo y nos presentan pseudo-elecciones que han sido ya tomadas de antemano en las esferas de la producción y el consumo.
Segundo, recuperar el territorio de los intereses que no representan a los de los habitantes. Estamos hablando de una amplia variedad de fenómenos y actividades que atentan contra el bienestar e integridad de las comunidades y ecosistemas locales: fracking, agricultura industrial y uso de herbicidas y pesticidas, contaminación, empresas que destruyen las actividades locales, deforestación, expoliación de recursos naturales, etcétera. Tercero, recuperar al territorio de nuestras propias acciones que contribuyen a destruirlo y deteriorarlo, lo cual nos conduce a la idea de darnos cuenta o, si se prefiere, crear consciencia.
Existen algunas propuestas que pueden abonar a crear esa consciencia y que, por su relevancia, pueden incorporarse a la educación del educador:
- El eco-alfabetismo, propuesta de Frijot Capra (2002), quien lo refiere como una habilidad a desarrollar hacia comprender los principios básicos de la ecología y vivir de acuerdo a ellos. Una sociedad ecoalfabetizada no destruye el ambiente natural del cual depende. Este concepto, razonablemente básico, ha evolucionado hacia incluir una comprensión general de cómo funciona la biosfera.
- La educación basada en lo local (place-based education). Se trata de una vertiente educativa reciente, que ha sido propuesta por un grupo de educadores y ambientalistas norteamericanos desde hace tres décadas. Propone una misión fundamental: reformar la educación básica a favor de una nueva formación de los niños y jóvenes donde se coloque en el centro de interés el conocimiento ecológico a partir del estudio de lo que se tiene a la mano, es decir, el territorio inmediato. Como punto de partida puedo citar las palabras de uno de sus promotores más importantes: “La educación basada en el lugar es el proceso de poner a la comunidad y al ambiente local como puntos de partida para enseñar conceptos y teorías en lengua, artes, matemáticas, sociología, ciencias y otras materias a través del curriculum” (Sobel, 2005, p. 7).
En términos generales, la educación basada en lo local (EBL) consiste en una estrategia de replanteamiento de la narrativa habitual del salón de clases, mediante la cual los estudiantes responden creativamente con historias de su experiencia, en las que se sitúan dentro de un continuum entre cultura y naturaleza. Es decir, se descubren como parte de una comunidad que no sólo es humana, sino que está integrada por miembros de otras especies: plantas, animales, bacterias, hongos, etc., suena interesante, ¿no? La EBL es una pedagogía de la comunidad, en un esfuerzo de reintegración del individuo a su lugar, y de restauración de los vínculos entre las personas y su entorno. Es preciso no dejarnos engañar por la palabra “comunidad”, pues su aplicación puede responder tanto al medio rural como urbano. Esta educación es una manera de integrar el curriculum alrededor del estudio del lugar, pero también un medio para inspirar el cuidado del territorio y promover la revitalización de la ciudadanía. Es un enfoque que articula lo teórico con una dimensión práctica y transformadora de la realidad.
La educación basada en lo local responde a la necesidad de ver la educación ambiental como una parte fundamental de las vidas de las personas en sus lugares. También responde a la necesidad de conocer científicamente el territorio mediante proyectos de investigación sobre problemas identificados por los propios niños y jóvenes dentro de lo que se conoce como investigación-acción, una metodología muy útil. Los estudiantes pasan de ser espectadores pasivos para convertirse en estudiantes que utilizan la teoría no para pasar los exámenes, sino para comprender fenómenos complejos y para transformar el hábitat que les rodea. Se vinculan así las relaciones entre abstracto-concreto, teoría-práctica y cuerpo-mente (Guillaumín, 2015; Sobel, 2005; Gruenewald & Smith, 2008; Davis, Sumara &Luce-Kapler, 2006).
III. El currículum orgánico. ¿De qué se trata? Recurro para ello a los diversos significados que tiene la palabra “orgánico” en diversos contextos, pero siempre relacionados entre sí: de carácter sistémico; que acondiciona para la vida; que tiene que ver con los ciclos del carbono; que se transforma con el entorno; que es “biodegradable”; que es unitario y diverso a la vez. Nos remite a la idea de lo que sucede de manera natural y espontánea, a las formas en que las cosas se desenvuelven y que no pueden ser predeterminadas. Se aleja de todo proceso industrial mecánico, repetitivo y estandarizado. Si bien el curriculum orgánico puede comenzar como una metáfora para describir una realidad natural y social cambiante y dinámica, con el tiempo, la práctica y la experiencia puede convertirse en un mapa que tiende a fundirse con el territorio, tal como lo plantea, por ejemplo, Carlos Calvo (Palacios, 2018).
Es necesario aclarar que un curriculum orgánico no es un campo de eventos desestructurados, sin sentido y sin rumbo. Esta interpretación no sólo resultaría confusa para los actores educativos involucrados (profesores, estudiantes, familias), sino que sería desfavorable para la misión de la educación normalista de brindar a niños y jóvenes conocimientos que tengan significado en el contexto de sus propias vidas y de su entorno cultural y natural. Por el contrario, la idea de contar con un curriculum orgánico es proporcionar un conjunto de pautas y principios organizadores a los normalistas que les permitan atender a las nuevas generaciones desde una visión diversa e inclusiva, en un mundo cada vez más problemático y complejo (Palacios, 2018).
El hecho de que esté vinculando los aprendizajes al ámbito local/regional significa que el nuevo curriculum no es estandarizable, en virtud de que responde a especificidades de la diversidad cultural y natural del territorio. En este sentido, es necesario enfatizar la importancia que la naturaleza multiplicadora que la educación normalista tiene. En ella se forman los futuros profesores que ocuparán sus puestos a lo largo y ancho del territorio nacional.
CONCLUSIONES
Antonio Machado (1981) en el texto: “Juan de Mairena, sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo”, plantea una visión de la educación bastante contundente. Menciona que la finalidad de nuestra escuela debiera ser enseñar a “repensar lo pensado, a desaber lo sabido y a dudar de la propia duda, que es el único modo de comenzar a creer en algo” (p. 196). En ese tenor, ¿es necesario que la educación normal adopte seriamente la sustentabilidad y educar para ella? Sí, en virtud de que continuar hacia una cultura única, global, hegemónica, con una educación estandarizada, como producto moldeado para los fines de los mercados financieros, autoritaria, de competencia, que excluye a millones de seres humanos, que fomenta la desaparición de las culturas locales y así de nuestra especie, es una receta para futuros desastres.
Lo lógico es plantear que lo mejor para nuestra sobrevivencia, como especie, es no permitir que se imponga una cultura global, sin embargo, el contrarrestar su impacto resulta una tarea poco menos que imposible. La educación puede ayudar a revertir lo que se ha instalado con tal fuerza en nuestra conciencia, lo que no es una labor mínima. No seremos capaces de querer, gustar y disfrutar de la vida en todas sus expresiones, con solidaridad y responsabilidad con lo existente y lo que va a existir, si no orientamos nuestra permanente búsqueda del sentido de la existencia humana hacia la formación de esta conciencia ambiental, partiendo de lo local hacia lo planetario, ahí es donde los educadores y la educación inciden.
Se hace necesario que la educación de los educadores, la educación normal, se oriente hacia promover formas de globalización democrática y ecosistémica, con procesos de integración social, donde se otorgue el significado que tienen las distintas dimensiones de la existencia humana y la diversidad cultural, tendiente a desarrollar ecosistemas humanos que respondan a lo local, buscando ampliar el horizonte evolutivo. En ese proceso es relevante incorporar los aspectos genéticos y culturales, es decir, educar al educador para considerar la relación existente entre la cultura local y la genética propia de la misma, relación rota a partir del auge de la educación estandarizada. Ambos fenómenos son procesos continuos, no terminales y determinan un proceso que debe ser complementario a ellos, el proceso educativo.
Complementariamente, se requiere una educación ética, a fin de que las sociedades humanas vivan en armonía con la naturaleza, de la que dependen para su sobrevivencia y bienestar. El objetivo a largo plazo de la educación debe ser fomentar actitudes y comportamientos compatibles con una nueva visión. La educación debe ser orientada a la sustentabilidad, a partir de un proyecto educativo comprometido con la mejora de las condiciones de vida de toda la humanidad, iniciando del ámbito local hacia el ámbito global.
El progreso, la globalización y la cultura global, reitero, han dejado de lado los procesos cíclicos naturales, de ahí la importancia y pertinencia de que los individuos como las comunidades comprendan la naturaleza compleja del medio ambiente, resultante de la interacción de sus diferentes aspectos: físicos, biológicos, sociales, culturales, económicos y adquieran los conocimientos, los valores y las habilidades prácticas para participar responsable y eficazmente en la prevención y solución de los problemas del medio ambiente y en la gestión de la calidad de vida del mismo.
Por lo tanto, la educación normal, más que limitarse a aspectos concretos del “cómo enseñar”, debe atender los procesos educativos hacia convertirse en una base privilegiada para promover un nuevo estilo de vida, abierta a la vida social, a fin de que los miembros de la sociedad participen, según sus posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las relaciones entre la humanidad y su medio.
¿Cómo podrían implementarse en la curricula de la Normal? Esto no será posible sólo con la implementación de cursos, pláticas u otras estrategias educativas reducidas a unos cuantos. Lo primero, desde mi óptica, es que se reconozca la necesidad de un cambio significativo al interior de la Educación Normal, y que este cambio se transforme en una política pública que trastoque los intereses inmersos en ella, que cambien los enfoques y las finalidades de la misma. De no ser atendida desde el ámbito político, esta propuesta quedará sólo en un listado de buenas intenciones, aunque cada egresado de la escuela normal tenga la posibilidad de promoverla conformando una comunidad (común-unidad) de aprendizaje.
Es momento de multiplicar los esfuerzos de concienciación, a la par de un urgente cambio paradigmático, ya que es evidente que los cambios programáticos que hemos vivido a la fecha, no han funcionado. ¿Se debe adoptar seriamente la sustentabilidad y educar para ella? Sí, y no nos engañemos: «el mundo no necesita más gente exitosa…» David Orr
REFERENCIAS
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FICHA DE IDENTIFICACIÓN
-Nombre completo del autor/autores: Luis Palacios Ortega
-Institución de Adscripción: Benemérita Escuela Normal Veracruzana, “Enrique C. Rébsamen”
-Correo electrónico: palaciosortega68@hotmail.com
-Contacto y número telefónico o de celular: Luis Palacios Ortega cel. 22 88 47 00 39
- Resumen
Este ensayo es una crítica a la educación actual guiada por principios economicistas, aliada del proyecto de control de la naturaleza para lograr el progreso humano, el cual vivimos actualmente y que es conocido como “globalización”. Para ello, se inicia con el análisis sintético que incluye la evolución de la Tierra desde hace 4,600 millones de años y el funcionamiento de la biósfera hasta los efectos ecocidas del ser humano, su huella ecológica, en su caminar por el planeta.
Propone reflexionar, a partir de los efectos que el desarrollo y la sociedad del conocimiento, hacia comprender los principios a partir de los cuales, los seres humanos, seamos capaces de transformar nuestra actual cultura depredadora, por una cultura respetuosa de toda forma de vida, sustentada en una relación armónica con el entorno natural y planetario en el que habitamos y sobre cómo transformar la educación para actuar desde una nueva percepción. Propone, además, que la educación normal, más que limitarse a un aspectos concretos del proceso educativo, debe promover un nuevo estilo de vida, abierta a la vida social, a fin de que los miembros de la sociedad participen, según sus posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las relaciones entre la humanidad y su medio. Para ello se incluyen tres propuestas: la ecoalfabetización, la educación basada en lo local y el currículum orgánico.
- Palabras clave (5 como máximo).
ecoalfabetización, educación basada en lo local, currículum orgánico, biósfera.
España: La falta de escolarización y las consecuencias de la covid-19 centran una jornada parlamentaria sobre educación
Convocada por la coalición gallega de la Campaña Mundial por la Educación, la jornada se ha celebrado este martes en el Parlamento gallego, con participación telemática y presencial.
El presidente de la Cámara autonómica, Miguel Ángel Santalices, ha presidido el encuentro, que ha servido para reflexionar sobre la importancia del derecho a la educación y para concienciar a la sociedad en relación al Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 -la educación de calidad-, dentro de la agenda 2030.
En su intervención, Santalices ha afirmado que Galicia cuenta con un sistema educativo «avanzado y de calidad». En cualquier caso, ha advertido de que sería un «error» limitar la visión al mundo occidental, ya que, según datos de la Unesco de 2018, «alrededor de 260 millones de niños estaban sin escolarizar», una situación que podría complicarse con el cierre de centros educativos por la pandemia de covid-19.
Por su parte, la portavoz de la coalición gallega de la Campaña Mundial por la Educación, Mónica Viqueira, ha llamado la atención sobre lo interesante de «compartir» visiones sobre la educación en una iniciativa como la de este martes.
Sobre estas cuestiones han reflexionado también, de forma telemática, estudiantes del IES Salvador de Madariaga en A Coruña, Colegio Compañía de María en Santiago de Compostela, Santa María del Mar en A Coruña, además de la jefa del Servicio de Formación y Coordinación Institucional de la Cooperación al Desarrollo de la Xunta, María del Mar Vega, y tres activistas por el derecho a la educación.
Presencialmente han asistido al hemiciclo los diputados del PSdeG Luís Álvarez, del BNG Daniel Castro y del PPdeG Ovidio Rodeiro.
«RESPETAR, PROTEGER Y GARANTIZAR»
El foco se ha puesto, entre otras cuestiones, en la falta de escolarización que sigue existiendo a nivel mundial. Al respecto, María del Mar Vega ha asegurado que la educación constituye «un elemento de protección contra la pobreza» y que «aún existen muchas dificultades» para garantizar este derecho.
La activista por el derecho a la educación Iris Trigo ha destacado que, a principios de 2020, «había 258 millones de niños y niñas sin escolarizar en todo el mundo».
Las consecuencias de la covid en el sistema educativo también han sido analizadas y, así, alumnos del colegio Compañía de María han avisado de los efectos negativos de la crisis sanitaria para este derecho y han reclamado que se debe «respetar, proteger y garantizar».
Estudiantes del IES Salvador de Madariaga han hecho alusión a la brecha digital, «agrandada» por las medidas de confinamiento y han afirmado que se adherían a la campaña #MilMillonesdeVoces, por una educación equitativa, inclusiva y de calidad.
Alumnado del centro de Santa María del Mar considera que se deben «realizar inversiones a largo plazo», que son «necesarias» para mejorar la educación.
En este sentido, la Campaña Mundial por la Educación ha propuesto que la presencia de la educación en el PIB suba del 4% al 6% y que se cancele la deuda en los países menos desarrollados, entre otras.
El portavoz del PSdeG ha destacado la educación como «bien público» y ha aludido a que «es una de las banderas de la democracia», por lo que se debe seguir «trabajando por una escolarización completa».
Por parte del Bloque, Daniel Castro ha recalcado que la ausencia de alfabetización «no por ser una realidad lejana, es menos grave» y que no se debe permitir «que se comercialice» la educación. También ha hecho referencia al papel de la implicación de la juventud para «hacer frente a las injusticias».
A este respecto, el popular Ovidio Rodeiro se ha dirigido a los estudiantes gallegos a los que ha presentado como «la segunda comunidad en competencia global con respecto a personas de otras culturas» y como la «primera comunidad en concienciación de igualdad entre hombres y mujeres». Así, ha afirmado que «el gran reto» es conservar la educación actual y ha acentuado la relevancia de la participación.
Miguel Ángel Santalices ha finalizado dirigiéndose, de nuevo, al alumnado, que «tiene la obligación de esforzarse cada día para sacar el mejor provecho de los recursos educativos que la sociedad pone a su disposición».
https://www.20minutos.es/noticia/4715243/0/la-falta-de-escolarizacion-y-las-consecuencias-de-la-covid-19-centran-una-jornada-parlamentaria-sobre-educacion/








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