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Opinión: El ritual escolar: de la incertidumbre a la verdad (¿o al revés?)

Por:


En esta cuarta entrega de la serie “El ritual educativo”, Andrés García Barrios nos invita a contestar la siguiente pregunta: ¿hoy, en la escuela, a qué llama el timbre?

Quiero empezar este ensayo expresando una vez más mi admiración a todos los miembros de la comunidad escolar pues gracias en buena parte a ellos, y a que han perseverado en mantener la escuela a toda costa durante la pandemia de COVID-19, se ha podido conservar la cohesión social durante el último año, a lo largo del planeta.

En cada época, la sociedad pide a la educación escolar que enseñe a sus miembros las habilidades técnicas necesarias del momento. Más allá de éstas, la escuela transmite también un espíritu de pertenencia y una fuerza de cohesión que es ancestral y que se realiza a través de lo que he llamado (en varios ensayos, en este mismo espacio) el ritual escolar.

Este ritual va más allá de toda intención consciente y empieza a cumplirse por el simple hecho de que un centro escolar convoque a la comunidad a sus aulas. No importa que esa comunidad sea un pequeño poblado o el mundo entero (la educación en línea ha favorecido esto último como nunca); ni importa si los miembros se reúnen de manera presencial y cotidiana o de vez en cuando y a distancia (El ritual educativo durante la pandemia). Sólo importa, en principio, esa convocatoria, es decir, la apertura de un espacio en donde la gente puede reunirse a…

¿A qué se reúne la gente en este lugar, a qué convoca exactamente la escuela? Esa es la pregunta crucial, y en la que estoy tratando de indagar en esta serie de breves ensayos.

Verdad

Encuentro que el ritual escolar tiene varios componentes: para empezar ― y esto surge de la etimología de la palabra escuela, que significa ocio―, nos presenta a la escuela como lugar de descanso y juego (El ritual escolar: el aprendizaje como juego). También nos permite desplegar intenciones conscientes e inconscientes ―de atracción, rechazo, cooperación y competencia, entre otras― hacia todas y todos los miembros que participan en él; es decir, nos permite ejercer y moldear esa mitología que según el filósofo alemán Ludwig Wittgenstein está contenida en el lenguaje (El ritual escolar: mitología).

Sin embargo, el principal componente, el que todos de inmediato identificamos, es la necesidad de aprender, a la que simplificando un poco llamamos curiosidad o dramatizando denominamos ansia de conocimiento.

Todo empieza, como he dicho, con la convocatoria, y se activa aún más el primer día de clases cuando atravesamos el portón escolar y súbitamente ya estamos en completa relación unos con otros, aplicando la variada y oculta mitología que contiene nuestro lenguaje/pensamiento. Por todas partes brincan, corren, vuelan esa infinidad de niños y adultos, haciendo todo tipo de cosas, agitados, dispersos, dejando más claro que nunca que cada cabeza es un mundo. Oigamos el Génesis bíblico: “En el principio era el patio de escuela”. ¿No dice así? ¿No es ésta la mejor imagen del caos primigenio? Nada ahí tiene inicio, medio o fin, ni existe indicio de objetivo o función.

Y sin embargo Dios dijo: “¡Que suene el timbre escolar!”

Pocas veces tenemos la oportunidad de testificar el paso del desorden al orden como en ese patio. Cuando el timbre suena, al instante la comunidad se deja ver. Creo ―bromas aparte― que de alguna forma la esencia del ritual escolar está representada en ese timbre: la escuela es ante todo un llamado, un llamado a conocer la verdad.

No hay escuela sin verdad, sin llamado a la verdad. Más que en ninguna otra parte, en la escuela se dan esos momentos en que la certidumbre nos envuelve, tranquilizadora y deslumbrante. Aprendemos a hacer con un lápiz un garabato al que damos significado, y constatamos que los demás lo entienden. Lo mismo pasa si sumamos dos más dos o si aprendemos una nueva palabra: el resultado es algo que los demás comparten. Ya no sólo existen las suposiciones y la imaginación: ahí está la verdad, lo comprobamos. Como dice la española María Zambrano acerca de lo que ocurrió en la conciencia humana cuando llegó la filosofía de Platón: “Por primera vez se pensó claramente sobre lo que tan oscuramente se sentía. Los símbolos se tornaron en pensamientos claros y a los misterios sucedieron las ideas”.

Ansia

Pero ¿de dónde procede la necesidad de aprender? ¿Por qué valoramos tanto esa verdad?

La realidad en que vivimos es misteriosa. Su misterio, sin embargo, no es comparable con un espacio oscuro al que sentimos que podemos ir despejando. Hay algo más, una contradicción profunda, una suerte de duda acerca de si lo que vemos a nuestro alrededor existe realmente, e incluso de si nosotros mismos estamos aquí. Me explico.

Una de las primeras preguntas que recuerdo haberme hecho al inicio de la pubertad ―apenas puse un pie fuera del mundo infantil― fue: “Si el universo físico en el que vivo tiene un final, ¿qué hay más allá de él?” La respuesta me llevaba a imaginar la Nada, lo cual era imposible, y sin embargo al intentar entonces imaginar un universo que no acabara nunca, mi fantasía se detenía bruscamente sin poder alejarse más allá de cierto punto. También un universo infinito era inimaginable.

Intenté una y otra vez resolver el enigma, pero yo mismo caía siempre en contradicción: a la vez que sabía que no había solución para ello no perdía la esperanza de encontrar algún día la respuesta. Sólo en tiempos recientes vine a enterarme de que este y otros problemas semejantes sobre el universo (Kant les llama antinomias) son importantes cuestiones filosóficas que, estando en el meollo del entendimiento humano, no tienen solución; o más bien, tienen dos soluciones contradictorias, es decir permiten dos “verdades” opuestas y nos dejan en el huracán de la incertidumbre.

Las antinomias y la angustia que generan han estado presentes a todo lo largo de la historia humana. Por fortuna el lenguaje, la mitología y los rituales cohesionadores integran alrededor nuestro un mundo habitable, dotado de eso que llamamos verdad. Por él solemos pasearnos como por un paraíso en el que lo finito y lo infinito conviven y lo unido y lo separado son lo mismo. Sin embargo, y sin que sepamos bien por qué, eternamente vuelve a nosotros una sensación de pérdida, de incompletud. Los mitos, los rituales y todas nuestras formas de estar en ese mundo ideal no parecen ser suficiente.

Experimentación

Cada etapa histórica tiene su verdad y sus espacios “escolares” para hacerla común a todos: la edad mítica y sus narraciones alrededor del fuego; la razón platónica y la academia; la fe tomista y la universidad, todas son formas en que la escuela va cambiando, sin perder nunca el vínculo con aquella contradicción primigenia, con el consuelo que otorga la verdad y con los rituales de enseñanza originarios.

La historia de la escuela moderna empieza una mañana de 1581 en la catedral de Pisa, cuando el joven Galileo Galilei tuvo una especie de revelación, una epifanía que cambiaría la forma de pensar y de ver el mundo. No fue Dios quien le causó ese arrobo sino la presencia de otro Altísimo, uno bien material y sujeto a leyes naturales: me refiero (y perdóneseme la broma) al “altísimo candelabro” que colgaba de la cúpula y que un sacristán había hecho mecerse pendularmente.

En el vaivén, Galilei creyó observar que, aunque el objeto recorría una distancia cada vez más corta pues se iba deteniendo, tardaba exactamente el mismo tiempo en cada vuelta. ¡Era absurdo! Sin embargo, en vez de exclamar “¡milagro!” o salir corriendo, el muchacho llevó a cabo ahí mismo algo inusual para la época: se puso a hacer experimentos. Usando su propio pulso para medir el tiempo, descubrió que lo observado era cierto.

El método experimental galileano tuvo, como es obvio, muchos rivales (entre otros la Inquisición), y la escuela de todo ese periodo sufrió una crisis de incertidumbre. Finalmente, cuando la ciencia adquirió carta de legitimidad con las ideas publicadas en 1781 por el filósofo Immanuelle Kant, las cosas empezaron a estabilizarse (divierte ver que fueron exactamente doscientos años después).

Además de ser un viejito puntual, a cuyo paso la gente ponía su reloj, Kant encontró una nueva verdad que permeó pronto a todo occidente. Demostró que los seres humanos tenemos la capacidad de reunir ―con y en nuestra razón― todos los hechos del universo. El éxito que tuvo esta idea hizo fraguar, por fin, el racionalismo de la edad moderna, con lo cual el conocimiento científico ocupó cada vez más el lugar de la verdad en el ritual escolar. Ahora los estudiantes acudirían no sólo a las aulas sino también a laboratorios y explorarían la naturaleza como única realidad. Poco a poco entenderían también que el único conocimiento es el que obtenemos al relacionar entre sí los conceptos de la realidad y ―lo que nos interesa más en este momento― experimentarían cómo con esa nueva forma de pensar, las antinomias perdían toda validez y la angustia desaparecía mágicamente. Kant lo había explicado: las antinomias son conceptos sobre un Todo (todo el universo) y dado que sólo existe un Todo, no encontraremos nunca nada fuera de él con lo cual relacionarlo.

Bastaba con esto para ver en todo lo existente una unidad con sentido. Gracias a la ciencia, la sensación de incompletud ―que procedía de un pasado oscuro― giraría su flecha para dirigirse a un luminoso futuro, convirtiéndose en un progreso constante. Las verdades irían llegando gracias a un trabajo paulatino de descubrimientos demostrados y los seres humanos iríamos avanzando de generación en generación hacia ese reino de realidades evidentes. Había llegado el momento de ―como dice la ya mencionada María Zambrano― “obligar a la vida, a la vida toda, a (seguir) el destino del conocimiento”.

En la escuela, los niños sólo debían confiar en verdades que podían observarse y comprobarse, pues sólo ese método garantizaba nuestra tranquilidad. Pocos han expresado con tanta claridad la nueva fe como lo hizo David Hilbert cuando George Cantor publicó la Teoría de Conjuntos que da base a la matemática moderna: “Ahora nadie nos expulsará del paraíso que Cantor ha abierto”.

Una verdad más profunda

“No es el fin, es el mar”

— L. Cardoza y Aragón

A principios del siglo XX, cuando apenas acababa de ser demostrada la Teoría de la relatividad, un grupo de científicos franceses y alemanes dieron a luz una nueva ciencia, tan válida y demostrada como cualquier otra pero que ponía en el centro del conocimiento a la incertidumbre. No es aquí el lugar para hablar de esa disciplina, a la que se dio el nombre de mecánica cuántica (y que es la base de tecnologías como los láseres, la fibra óptica, la resonancia magnética y el GPS); basta con decir que sus conclusiones sobre el comportamiento del mundo subatómico contradijeron todo lo comprobado hasta entonces por la física clásica (la de Einstein y Newton) acerca del funcionamiento del mundo macroscópico, es decir el de las moléculas, los seres vivos y el resto del universo.

Con la llegada de los nuevos descubrimientos quedaron expuestas ante los ojos del mundo dos verdades que no concordaban, dos mundos separados regidos por distintas leyes. Los científicos no estaban acostumbrados a tales rarezas. ¿Dos verdades opuestas? El físico teórico Sylvester J. Gates Jr. describió esta crisis perfectamente: “Se supone que las leyes de la naturaleza se cumplen en todas partes, así que si tanto las teorías de Einstein como las de la mecánica cuántica se cumplen siempre, resulta que tenemos dos siempres distintos”.

Volvían las antinomias. La ciencia no podía responder a todo con racional certidumbre. Años antes, Thomas H. Huxley, el insigne biólogo defensor de Darwin, también rechazaba el criterio de algunos de sus colegas según el cual la materia inerte del cerebro puede producir pensamientos. “¿Cómo puede ser que una cosa tan notable como un estado de conciencia surja de irritar el tejido nervioso? Es tan inexplicable como que aparezca un genio cuando Aladino frota la lámpara”.  En otro terreno, muchos niegan de forma rotunda la versión matemática actual de que la nada puede ser causa de todo lo existente. “Si usted cree que de la nada pudo surgir el universo, entonces usted tiene más fe que yo”, dijo algún creyente.

En 1910, el gran pensador y maestro mexicano Justo Sierra, en su discurso de inauguración de la Universidad Nacional de México, resumió el criterio que empezaría a regir en la escuela contemporánea: “Pedimos a la ciencia la última palabra de lo real, y nos contesta y nos contestará siempre con la penúltima palabra”.

El siglo XX buscaría la última palabra pedagógica en múltiples experimentos. No es necesario enumerar la cantidad de tendencias que se abrieron desde Piaget hasta el New Age y el posmodernismo, mientras el ideal del conocimiento racional quería seguir imponiéndose. Finalmente, en 1999, como si pusiera un punto y aparte a la discusión, el filósofo y pedagogo francés Edgar Morin, creador de las teorías del pensamiento complejo, colocó entre los 7 saberes necesarios para la educación del futuro la idea de que conocer es navegar a través de archipiélagos de certezas en un océano de incertidumbres. Poco después, en su libro El camino a la realidad, el ahora Premio Nobel de Física, Roger Penrose, publicó unos párrafos también contundentes, admitiendo que tal vez más allá de la física, la matemática y la psicología, existe una “verdad más profunda, de la que tenemos muy poca idea en el momento presente”.

En los últimos años también la escuela ha empezado a colocarse en el vértice del aparente conflicto entre el entendimiento y el misterio. En última instancia la pregunta es: ¿hoy, en la escuela, a qué llama el timbre? Para responder no podemos dejar de tomar en cuenta lo aprendido durante la pandemia de COVID-19, que al obligarnos a priorizar de forma radical nuestros recursos también nos ha ayudado a vislumbrar con nitidez los componentes esenciales de ese ritual escolar al cual seguimos acudiendo tan ávidamente en busca de cohesión social.

Dejemos a un lado intereses particulares para concentrarnos en lo que ha sido vital en este año: reuniones con otras personas más allá del seno familiar, aprendizaje como juego y descanso a la rutina del dolor, y un tipo de convivencia en la que podemos ejercitar distintos roles de vida y seguirnos conociendo y moldeando…

¿Y en cuanto a la verdad?

En su poema en prosa El maestro de sabiduría, Oscar Wilde nos cuenta de un sabio que posee el perfecto conocimiento de Dios, el cual atesora en silencio. Un día se encuentra con un perverso y hermoso ladrón, y se siente embargado de compasión hacia él. Abusando de esa compasión, el joven lo amenaza con perderse en el pecado si no le revela el divino secreto. El sabio sucumbe y susurra al oído del joven el conocimiento de Dios, quedándose vacío al hacerlo. Deshecho en lágrimas, ve que alguien está de pie a su lado, un ángel: “Hasta ahora has tenido el perfecto conocimiento de Dios ―le dice éste―. Desde ahora tendrás el perfecto amor de Dios. ¿Por qué lloras?”

La renuncia al perfecto conocimiento y su relevo por el amor, es retomado por el psicoanalista Erich Fromm en su libro El arte de amar, donde explica que el sentimiento de completud/incompletud asociado con la conciencia humana sólo encuentra solución en la unión amorosa con otros seres (o, desde un punto de vista religioso, con Dios), solución que no es de ninguna manera irracional sino que al contrario, es la consecuencia “más audaz y radical” del racionalismo: la razón, nos explica, es capaz de conocer sus limitaciones y saber que nunca “captaremos el secreto del hombre y del universo, pero que podemos conocerlos, sin embargo, en el acto de amar”.

Cuáles son las formas de esa unión y cuáles las que se presentan en el ritual escolar, son temas para seguir reflexionando. Por ahora sólo quiero añadir, siguiendo a Fromm, que la misión de la escuela es la misma de siempre: llamar a la verdad. No a la verdad que encuentra sus límites en la ciencia sino a una verdad “más profunda” donde los saberes de la comunión ocupan un lugar preponderante. Firmemente posada en islas de certeza, la comunidad escolar empieza a ser capaz de lanzarse al océano de la incertidumbre con esa “audaz y radical” confianza en que el mar ―y el amor― son también parte de nuestra esencia.

Fuente e imagen: observatorio.tec

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Jóvenes, educación, subjetivación e identidades

Por: Selene Kareli Zepeda Pioquinto

La identidad ha sido inicialmente atención de los estudiosos en ciencias sociales por la emergencia de los movimientos sociales que han tomado como impulso la identidad de un grupo ―étnico, regional, etcétera― o de una categoría social ―movimientos feministas, por ejemplo― para cuestionar una relación de dominación o de reivindicar una autonomía; principalmente al comenzar la era de la globalización. De tal manera que, “para que la pluralidad de las culturas del mundo sea políticamente tenida en cuenta, es indispensable que la diversidad de identidades pueda ser contada y narrada” (Martín Barbero, 2001, citado por Salazar, 2018, p. 41)

 Bauman apunta que la cuestión de la identidad sólo se suscita en la modernidad cuando el Estado naciente, se enfrenta a la necesidad de crear un orden. Así, la idea de “identidad”, una “identidad nacional” en concreto, ni se gesta ni se incuba en la experiencia humana de forma natural, ni surge de la experiencia como un hecho vital evidente por sí mismo. Siendo el Sistema Educativo un motor para propiciar determinadas normas y valores que promuevan esa “identidad nacional”.

En este sentido, las representaciones sociales serían una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, orientando a la práctica que contribuye a la construcción de una realidad común a un conjunto social, por tal surgen las preguntas, ¿qué representaciones está dando el sistema educativo mexicano a la juventud actual?, ¿por qué es vital mirar a las juventudes? Es de destacar que ingresar a la Educación Media Superior en México se ha vuelto cada vez más complejo, los lugares se ven reducidos y la competencia es mayor. Existen preferencias por estudiar en una institución adscrita a las Universidades Autónomas que en aquellas que no lo están. No obstante, hay un gran desconocimiento por parte de los jóvenes para elegir una institución para sus estudios superiores, pues la orientación escolar y vocacional queda delegada al transitar de su formación, lo pilares o ejes guías para elegir una institución de estudios antes de ingresar no están presentes.

¿Qué significa ser joven en México?

Describir a los jóvenes mexicanos resulta crucial, pues es de reconocer que ante los cambios tan acelerados a los cuales nos enfrentamos en la actualidad, el ser joven implica retos particulares. Retomando a Rossana Reguillo, cito que las formas de constitución de “lo joven” varían a lo largo del tiempo; cada generación es joven a su manera.  Sin embargo, la pobreza define en buena medida las biografías y trayectorias juveniles. Asimismo, el desempleo, la precariedad, la inseguridad y la criminalización de la juventud y la pobreza hacen parte de la experiencia cotidiana y subjetiva de millones de jóvenes.

Es importante concebir a la juventud como construcción social de una fase particular en el ciclo de vida que cambia de forma y de contenido a través del tiempo y del espacio. “La biología de los cuerpos juveniles en maduración no es la determinante principal e invariable de su identidad categorial, sino que está sujeta a diferentes marcos de interpretación entre y dentro de las culturas y de diferentes épocas históricas” (Urteaga, 2013, p. 18).

Según lo señala Rossana Reguillo en su texto Los jóvenes en México, 2013, podemos identificar tres momentos para el referente de juventud

  1. La emergencia de un actor político juvenil a través de la categoría «estudiantil» que parte del movimiento del 68.
  2. La emergencia del joven popular urbano a través principalmente de las “bandas juveniles”, espejo invertido del llamado milagro mexicano, y su molesta intromisión en la declaración de nuestra modernidad capitalista (sic) hacia principios de los años 80.
  3. La emergencia de las «culturas juveniles» que, a través de modos diferenciados de autoreconocimiento, dieron cuenta de la globalización de las identidades, la cual ponía en evidencia que el mundo ya no se agotaba en las adscripciones o fidelidades locales; este momento arranca a finales de la década de los años ochenta, pero es en los 90 cundo alcanza su punto más alto, tanto en el plano de la discusión académica como en el ámbito del discurso mediático. (Reguillo, 2013, p. 10).

Gracias a los aportes de Reguillo, es posible reconocer que el actuar juvenil como ahora lo concebimos, tiene sus primeras apariciones y apropiaciones a mitad del siglo XX, sin embargo, hoy en día surge la pregunta “¿de qué maneras la espacialización de las diferencias juveniles remite a su activa participación en la construcción de estilos de vida diferenciados y desiguales enmarcados en la recomposición/reconfiguración de las clases sociales, en curso desde el quiebre del modelo de desarrollo capitalista anterior y el cambio en el sistema de referencia social?”  (Urteaga, 2013, p. 28)

Por lo antes mencionado, contextualizar a los jóvenes dentro de la sociedad globalizada, es un engrane que ayudará a comprender las maneras en que estos adoptan formas de ser y actuar en los diversos contextos sociales de los cuales son partícipes, uno de ellos y el cual atañe al presente artículo, es la escuela, llevándolos así, a la construcción de identidades. Según Bourdieu, la clase social, se define por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes, que confiere su propio valor a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas.

En la actualidad, los jóvenes van interiorizando representaciones sociales, justo de la misma forma en que interiorizan la representación de pertenencia a una institución educativa. Es algo que ellos ―en su mayoría― meramente reproducen, sin detenerse a analizar ni cuestionar la “realidad social” que se les está dando y que están tomando para su vida, los jóvenes simplemente se lo apropian como algo natural, lo mismo ocurre con la enseñanza dentro del aula; así pues, tenemos que esta realidad es aprehendida en un continuum de tipificación que se vuelve progresivamente anónima a medida que se aleja del aquí y ahora (Berger, 2015).

Por otra parte, cuando se habla de subjetividad se refiere a las ideas del entorno en el cual se habita y han sido interiorizadas por los individuos, sin embargo, los procesos de subjetivación son esos pliegues, esas rutas que interconectan el afuera con el adentro del sujeto, la relación permanente que se vive con el entorno; de tal manera que, el mundo social aparece filtrado para el individuo, de esta manera el joven de clase baja no sólo absorbe el mundo social en una perspectiva de clase baja, sino que lo absorbe con la coloración idiosincrásica que le han dado sus padres, o cualquier ente encargado de su socialización, como lo es la escuela.

Dentro del espacio social juvenil, los medios y las nuevas tecnologías no son simplemente mercancías simbólicas o marcadores de distinción, sino redes cruciales en la definición y distribución del conocimiento cultural. La diferencia entre estar dentro (in) o fuera (out) de la moda, alto o bajo en capital subcultural, etcétera, se correlaciona de maneras complejas con grados de información, creación y exposición a los mismos. (Urteaga, 2013, p. 34)

En este sentido las TIC vinieron a revolucionar las interacciones sociales, dando impulso a la sociedad global, sin embargo, este mismo fenómeno dividió con mayor fuerza a los diversos sectores sociales de la población. Se podría empezar a hablar del fin de la geografía, o una nueva geopolítica. Las distancias ya no importan y la idea del límite geofísico es cada vez más difícil de sustentar en el “mundo real” (Bauman, 2017, p. 19).

En el ámbito económico se puede percibir que “las empresas pertenecen a las personas que invierten en ella: no a sus empleados, sus proveedores ni la localidad donde está situada. (Albert J Dunlap, 1996, en Bauman 2017, p. 13), por lo que los empleados, proveedores y voceros de la comunidad no tienen voz en las decisiones que puedan tomar las “personas que invierten, siendo así que los empleados provienen de la población local.

En este contexto, el económico, ¿qué es lo que el sistema educativo mexicano ofrece a los jóvenes?, ¿qué ideas internaliza en los jóvenes para su vida adulta? Las comunicaciones baratas inundan y ahogan la memoria en lugar de alimentarla y estabilizarla (Bauman, 2017, p. 23). El espacio es organizado por la capacidad de los factores técnicos y la clave para imponer orden en la sociedad consistía en organizar el espacio.

Lejos de homogeneizar la condición humana, la anulación tecnológica de las distancias de tiempo y espacio tiende a polarizarla. Emancipa a ciertos humanos de las restricciones territoriales a la vez que despoja al territorio. Para algunos, augura una libertad sin precedentes de los obstáculos físicos y una inédita capacidad de desplazarse y actuar a distancia. Para otros, presagia la imposibilidad de apropiarse y domesticar la localidad de la cual tendrán escasas posibilidades de librarse para ir a otra parte. (Bauman, 2017, p. 25)

En el nuevo mundo de la alta velocidad, la “localidad” no es la misma que en la época cuando la información se desplazaba solamente con el cuerpo del transportador; tanto la localidad como la población localizada tienen poco en común con la comunidad local. Los espacios públicos siguieron a la elite al librarse de sus anclajes locales. (Bauman, 2017, p. 31). A principios de los cincuenta, escribió memorablemente Jean Paul-Sartre: «sólo los burgueses disfrutan de la juventud. Los hijos de los obreros y campesinos pasan de golpe de la niñez a la edad adulta». La juventud lujo de clase. (Urteaga, 2013, p. 73). Esto ha repercutido en el sentido que hoy los jóvenes mexicanos otorgan a la participación política y en las malas o nulas relaciones que establecen con ella y sus representantes.

Un territorio despojado de espacio público brinda escasas oportunidades para debatir normas, confrontar valores, debatir y negociar. La imaginación utópica para conquistar el espacio urbano y el de los sueños de planificación y arquitectura urbanas en busca de un marco social donde pueda materializarse. (Bauman, 2017, p. 41)

En este orden de ideas, las políticas educativas van apuntalado a la consolidación de una sociedad global, capitalista y neoliberal donde existen los globales y los locales, lo que propaga con mayor fervor las desigualdades.

En un discurso dado por, Ávila Camacho —quien fuera presidente de México de 1940 a 1946— pronuncia y sintetiza muy bien el espíritu del cual van dotando al Sistema Educativo:

A partir de este momento la política educativa, las escuelas serán la divisa de nuestro empeño. Máquinas para facilitar, activar y aumentar las faenas de nuestros campos. Máquinas para elaborar las materias primas que, a bajo precio, vendamos al extranjero y que importemos más tarde convertidas en artículos manufacturados, caros y escasos. Y también escuelas. Escuelas para enseñar el manejo de las máquinas de que hablo, sin que las máquinas se apoderen del corazón y cerebro de nuestros hombres. Escuelas en cuyas aulas el adiestramiento de las técnicas más modernas, no conduzca a los educandos a las sórdidas conclusiones de un maquinismo automático y de un materialismo servil. Escuela, por fin, en que nuestros niños y nuestros jóvenes adquieran ese amor al bien y ese dominio de sí que liberan más que ningún combate y que hacen de las virtudes de cada ser una fuerza de resistencia pública más protectora y más fiel que el mejor escudo. (Pérez, 2013, pp. 71-72)

Se puede percibir en el discurso de aquel mandatario, el giro y dirección que cobró la escuela y que se mantiene hasta la actualidad, en una formación social determinada, la acción pedagógica legítima, o sea, dotada de la legitimidad dominante, no es más que la imposición arbitraria de la arbitrariedad cultural dominante, en la medida en que es ignorada en su verdad objetiva de acción pedagógica dominante y de imposición de la arbitrariedad cultural dominante. (Bourdieu, 1996).

De esta manera, se está dificultando en gran medida cualquier innovación verdaderamente poderosa para desarrollar capacidades críticas, reflexivas, creativas, colaborativas, solidarias y democráticas, o sea, con potencialidad para desafiar intelectual e ideológicamente al discurso dominante imposibilita, de empoderar con criterio al alumnado y ayudarle a convertirse en ciudadanas y ciudadanos optimistas, que consideran que es posible alterar el curso de la historia que se les presenta como ya terminada. (Torres, 2017, p.19)

Más allá de la escuela, las TIC están dando recursos a los jóvenes para que adopten una identidad, y así echen mano de sus recursos culturales disponibles en sus redes inmediatas y en la sociedad. Por consiguiente, las contradicciones y disposiciones del entorno sociocultural tienen que ejercer un profundo impacto sobre el proceso de construcción de identidad. (Giménez, 2007)

Hoy, el propio ámbito familiar ha sido invadido por el marketing incesante. Los miembros de una familia tienden a consumir productos diferentes y a elegir estilos de vida también diferentes (Giménez, 2007) a lo que se podía observar hace 30 años, lo que puede generar una fragmentación en las relaciones sociales de familia o bien la puede diversificar.

Los clásicos de la sociología concibieron la modernización como un amplio proceso de cambio social perceptible en el largo plazo multisecular y a escala de la sociedad global. Lo describieron como el tránsito de lo simple a lo complejo, de la comunidad tradicional a la sociedad contractual (Tönnies), del mito a la ciencia (Comte), de la solidaridad por semejanza a la solidaridad por interdependencia (Durkheim), de la sociedad tradicional a la sociedad racional burocratizada (Max Weber), de las sociedades pre-capitalistas a la sociedad capitalista burguesa (Marx) de la costumbre a la ley, etc. (Giménez, 2007)

Se observa que a lo largo de la historia los procesos culturales se han ido transformando, y esto da como resultado que los roles sociales de cada individuo se vayan modificando para tener un nuevo orden en la sociedad, incluso las mismas instituciones irán modificando su rol dependiendo el momento histórico en que se esté viviendo, por tal, no se puede hablar de identidades permanentes, pero sí de identidades que bien podría impulsar a tejer comunidad.

En este momento coyuntural que vivimos debido a la crisis sanitaria, económica, educativa, habría que repensar educación para qué, ¿qué tipo de sociedad es la que se necesita consolidar? Pensar únicamente en cubrir las competencias y temas memorísticos nos ha mostrado que ante una crisis ecológica y humanitaria no es suficiente. Tejer lazos de solidaridad, consciencia social e histórica es vital para fortalecer el tejido social. Asimismo, ver las políticas educativas donde los jóvenes y las infancias son el centro es primordial, pues son ellos los futuros ciudadanos que sostendrán a las sociedades. ¿Qué jóvenes estamos formando?, ¿los estamos escuchando?

Referencias

Bauman, Z. (2007). Identidad. Buenos Aires: Losada Giménez, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. México : CONACULTA.

Bauman, Z. (2017). La Globalización. Consecuencias humanas. México: FCE.

Berger, P. y. (2015). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu.

Bourdieu, P. (1996). La reproducción. Barcelona: Fontamara.

Bourdieu, P. (1997). Capital cultural, escuela y espacio social. México: Siglo XXI.

Giménez, G. (2007). Estudios sobre la cultura y las identidades sociales. México: CONACULTA.

Modonesi, M. (2017). El concepto de clase social en la teoría marxista contemporánea. México: UNAM.

Pérez, J. (2013). Las transformaciones en las edades sociales. En R. Reguillo, Los jóvenes en México (págs. 52-90). México: FCE.

Reguillo, R. (2013). Los jóvenes en México. México: FCE.

Salazar, J. (2018). ¿Por qué enseñar historia a los jóvenes? México: Horizontes educativos

Urteaga, M. (2013). Género, clase y etnia. Los modos de ser joven. En R. Reguillo, Los jóvenes en México (págs. 15-52). México: FCE.

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Declaración: La Expedición Pedagógica Nacional participa de las Luchas del Pueblo Colombiano por La Paz, La Vida Digna y La Democracia.

Declaración: 

Maestras y maestros de Colombia, integrantes del Movimiento Expedición Pedagógica Nacional, aunados desde hace más de 20 años en torno a la diversidad de los territorios de la nación, expresamos nuestra solidaridad con la lucha que hoy libran los pueblos indígenas y su determinación reivindicatoria de la memoria histórica; con la juventud enardecida, forjadora de nuevas expresiones de lucha y de rebeldía; con el movimiento de trabajadores y campesinos que reclaman vida digna y remuneración justa del trabajo, verdaderos generadores de la riqueza nacional; con las justas y legitimas reivindicaciones sociales de la población excluida. Nuestra solidaridad también la expresamos en la práctica pedagógica, en la reivindicación de un sistema educativo incluyente, en nuestra acción cotidiana en la escuela, manteniendo viva la esperanza y los sueños por una nación y un Estado democrático y justo, defensor de la vida y tejedor de la paz.

Nos unimos al clamor y a las demandas de la comunidad nacional e internacional por el respeto y la garantía de los derechos del pueblo colombiano a la vida digna, al cumplimiento de los acuerdos de paz, a la protesta y a la movilización social. Rechazamos la criminalización de la protesta social y exaltamos el Paro Nacional que se escenifica desde el 28 de abril en nuestro país, manifestándose en contra de las políticas y proyectos de reformas, como reforma tributaria, la de la educación, la del sistema de salud y otras lesivas para el pueblo como el proyecto de reforma laboral en marcha. Proyectos que, al igual que el mal manejo de la pandemia, sin duda profundizan la desigualdad y la pobreza del país.

Como movimiento social y pedagógico, hacemos un llamado a:

  1. El respeto por la vida, como bien superior de una sociedad, que debe ser garantizado por el Estado.
  2. Garantizar los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y el régimen de responsabilidad penal juvenil, consagrado por nuestra constitución, por nuestras leyes y por los pactos internacionales suscritos por el Estado colombiano.
  1. Que cesen las detenciones extra judiciales, las actuaciones extra legales y todas las formas de represión contra quienes adelantan la movilización, o ejercen liderazgos en nuestras comunidades.
  2. El respeto al derecho a la protesta, a la movilización social, y a las legítimas manifestaciones de la ciudadanía. A condenar todas las formas de violencia y en particular la militarización y el uso de formas desproporcionadas de la fuerza para el control por parte de las autoridades, que terminan afectando la vida y los derechos de la población civil.
  3. Rechazar la estigmatización de la juventud y sus luchas, que han sido descalificadas y señaladas como hechos de vandalismo. Que se reconozca el protagonismo de las juventudes y su resistencia en las calles. Este reconocimiento no se agota con superficiales ajustes a las instituciones públicas o tramitando las demandas juveniles con fórmulas tradicionales de abordaje de la lucha social.
  4. Al ejercicio por parte del gobierno nacional de un diálogo franco y abierto, que reconozca los nuevos liderazgos y la diversidad del movimiento social y conduzca a una negociación que de respuesta efectiva a sus demandas. Demandamos la garantía de una justicia para todos, sin sesgos en favor de oscuros intereses políticos y económicos
  5. A la solidaridad y la movilización. Como movimiento de maestros (as) vivenciamos las graves problemáticas que afectan a nuestras comunidades. Son nuestros estudiantes quienes están siendo violentados(as) y estigmatizados(as). Como movimiento expedicionario y pedagógico, esta situación de la juventud, nos convoca a la acción colectiva, a continuar la transformación de la práctica pedagógica, para responder al momento histórico del país
  6. Reiterar la necesidad de la desmilitarización de los territorios, el cese de la desaparición y de la detención extralegal de las personas, de la represión y de la barbarie policial. Hacemos un llamado a soluciones concertadas frente a las demandas expresadas por la movilización social: el respeto a la protesta, el retiro de los proyectos de ley que afectan los derechos, la aprobación de la renta básica y la generación de oportunidades educativas para niñas, niños y jóvenes.
  7. Hacer un llamado a la cooperación internacional y a los tribunales internacionales de Derechos Humanos para que actúen como garantes de justicia ante las violaciones y excesos que se cometen a diario en el país

    Movimiento Expedición Pedagógica Nacional Mayo 11 de 2021

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ONU: Mujeres siguen excluidas de la educación

Por: Laura Poy Solano 

A pesar que en los pasados 25 años el número de niñas y adolescentes matriculadas en la escuela se incrementó en 180 millones a nivel mundial y mejoraron los resultados de su aprendizaje, incluso por arriba de los avances obtenidos por hombres en campos como la lectura, escritura y matemáticas, las mujeres enfrentan nuevas disparidades, como en las competencias relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

El estudio sobre género del Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2020, de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que se difundió este martes, alerta que, pese a los avances, el porcentaje de mujeres analfabetas se ha mantenido constante en los últimos 20 años.

Agrega que las niñas, en especial aquellas que sufren desventajas combinadas como pobreza y discapacidad, “siguen enfrentando las formas más graves de exclusión en los países más pobres del mundo”.

El documento “Informe sobre género. Una nueva generación: 25 años de esfuerzos en favor de la igualdad de género en la educación”, publicado como parte del Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2020, destaca que el sector “por sí solo no puede lograr la igualdad de género en la educación”.

Advierte que las normas de género residuales de la sociedad imprimen a la formación un sesgo en relación con si se es hombre o mujer, e influye en las actitudes de docentes, en la elección de las asignaturas de estudio y de la carrera profesional, lo que puede afectar las oportunidades de vida para las mujeres.

Entre los principales hallazgos de la investigación destaca que a nivel mundial 75 por ciento de los menores con edad de asistir a la escuela primaria, pero que nunca han acudido a las aulas, son niñas; mientras en al menos 20 naciones casi ninguna mujer joven en condición de pobreza en zona rural logró finalizar la educación media superior.

También subraya que en 59 países las mujeres de 15 a 49 años de las familias más pobres tienen cuatro veces más probabilidades de ser analfabetas que las chicas que proceden de familias más ricas, mientras a nivel mundial el número de mujeres que estudia ingeniería o TIC es inferior a 25 por ciento en más de dos tercios de las naciones encuestadas.

https://www.jornada.com.mx/notas/2021/05/12/politica/mujeres-siguen-excluidas-de-la-educacion-onu/

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Las niñas y mujeres jóvenes señalan la educación como el área de su vida más afectada por el COVID-19

Por: Periódico Digital Centroamericano y del Caribe

«Los gobiernos deberían abordar las barreras financieras y tecnológicas que impiden a las niñas asistir a la escuela para limitar el daño que el COVID-19 ha causado a su educación y a sus perspectivas de futuro».

América Latina. “Vidas Detenidas 2”, el estudio global de Plan International, que recaba información sobre el impacto del COVID-19 en niñas y jóvenes y que se realizó en 14 países en el mundo a lo largo del 2020, incluyendo a Ecuador, Brasil, y Nicaragua, revela que las niñas y las jóvenes de todo el mundo consideran que la educación es el ámbito de su vida que se ha visto más profundamente afectado por la pandemia del COVID-19.

El acceso limitado a la tecnología, el apoyo insuficiente de las escuelas y colegios y el espacio físico para estudiar en casa, han sido las principales dificultades que han enfrentado las niñas y mujeres jóvenes al aprender desde casa.

“Lo más difícil es la falta de internet,” menciona Emily, una niña ecuatoriana de 17 años … “Solía ​​usar el internet del vecino, pero no sé qué pasó, nos cortó incluso cuando mi madre estaba ayudando para pagar el costo “.

La soledad y las responsabilidades domésticas también han interferido en la capacidad de las chicas para seguir el ritmo de la educación a distancia mientras las escuelas y los colegios han estado cerrados, y para concentrarse y enfocarse cuando estudian en casa.

En el estudio, con su propia voz, las estudiantes también citaron la falta de dinero para los datos, los teléfonos móviles y otros costes relacionados con el aprendizaje en línea, y el hecho de no tener a nadie que les ayude a explicar las lecciones o los conceptos, como obstáculos frecuentes para el aprendizaje durante la pandemia.

“El futuro de las niñas y las mujeres jóvenes está en peligro. La pandemia ha aumentado las desigualdades existentes y corremos el riesgo de un verdadero revés para la igualdad de género.” asegura Débora Cóbar, Directora Regional de Plan International para América Latina y El Caribe.

Una encuesta llevada a cabo por Plan International, como parte del estudio en curso el año pasado, reveló que el 19% de las niñas de todo el mundo creen que el COVID-19 las obligará a dejar de lado temporalmente su educación, mientras que el 7% teme tener que abandonar la escuela por completo.

En el momento más crítico de la primera oleada de la pandemia, durante el año pasado, 1.500 millones de alumnos se vieron afectados por el cierre de escuelas, que se produjo en 194 países de casi toda Europa, África, América Latina y Asia.

Jacqui Gallinetti, Directora de Monitoreo, Evaluación, Investigación y Aprendizaje de Plan International, dijo: “COVID-19 ha cambiado profundamente la vida de todos nosotros en el último año. Pero su impacto no afecta por igual, y la pandemia hace evidente las desigualdades preexistentes, ya sea entre ricos y pobres, jóvenes y mayores, hombres y mujeres.

“El futuro de las niñas y las jóvenes de muchos países está amenazado, y las políticas gubernamentales deben reconocerlo, mientras salimos de la pandemia y nos adaptamos a una nueva normalidad, escuchando las preocupaciones que han planteado”.

El estudio también encontró que la interrupción considerable en la educación de las niñas y mujeres jóvenes durante el último año, combinada con el miedo al virus en sí y la necesidad de adaptarse a las medidas de confinamiento, ha afectado su salud mental. El 80% de encuestadas mencionó haber experimentado episodios de ansiedad.

“Apenas como, hay días en los que me siento como si estuviera bajo presión, no sé cómo explicarlo, pero es una tristeza muy grande, muy fuerte”, expresa Ana, de Nicaragua (16 años).

Xiluva, de 17 años, de Mozambique, dijo: “Espero que podamos volver a las clases; que no aumenten los casos de matrimonios precoces durante la pandemia, porque creo que durante este periodo algunas niñas serán sometidas a matrimonios precoces, otras estarán embarazadas.

“Como las niñas están en casa sin hacer nada, algunos miembros de la familia no aceptan que la niña no contribuya a la alimentación. Obligan a la niña a salir a buscar comida; para los padres, tener una niña en casa es una carga sobre sus espaldas y para librarse del peso entregan a sus hijas a un hombre”.

Plan International insta a los gobiernos de todo el mundo a financiar y permitir un regreso seguro a la escuela para todos las alumnas y alumnos, reconociendo que las niñas corren un mayor riesgo que los niños de abandonar la escuela de forma permanente.

La organización también pide que se mejore la formación tanto de las/os profesoras/os como de las/os alumnas/os en el uso de la tecnología, para mejorar la calidad del aprendizaje a distancia en los países donde las escuelas permanecen cerradas y para que la educación sea más resistente en caso de futuras crisis.

Esto incluye la planificación para futuros cierres, identificando a las alumnas y alumnos más necesitados de apoyo e invirtiendo en métodos de alta y baja tecnología, como la radio, la televisión y el aprendizaje en línea, así como la distribución de kits escolares con planes de estudio, material de papelería y bolígrafos.

“La reconstrucción y el avance deben realizarse desde la igualdad y requiere de esfuerzos de todas las autoridades, gobiernos y sociedad civil. Los gobiernos deben abordar las barreras financieras para que las niñas asistan a la escuela y limitar el daño que la pandemia ha causado a su educación y perspectivas futuras,” señala Débora Cobar.

Fuente. Periódico Digital Centroamericano y del Caribe

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La covidianidad educativa en rincones de la República Dominicana

Por: Mariela Mejía/diariolibre.com

Esta historia es parte del especial “Estudiar en pandemia” de Diario Libre.

Un equipo de Diario Libre se movió por Santo Domingo y pueblos del interior del país para conocer las experiencias de los niños, adolescentes, padres y maestros sobre la educación a distancia y semipresencial en esta pandemia. El viaje llegó hasta las primeras comunidades haitianas al otro lado de la frontera.

Las historias encontradas son un reflejo de la desigualdad que ha traído la pandemia del COVID-19 en el sistema educativo. También, de la deserción, el rezago y de los retos de los maestros para nivelar a esos alumnos que por desmotivación o falta de equipos se han alejado de lo académico.

Del recorrido, Diario Libre compiló en un video las experiencias más reveladoras sobre la situación en muchos hogares. Y las fotografías que se comparten a continuación también reflejan esa covidianidad educativa.

Un niño repasa en su hogar en Villa Mella las clases contenidas en un cuadernillo confeccionado por el Ministerio de Educación para la educación a distancia por la pandemia, en abril de 2021.
Un niño repasa en su hogar en Villa Mella las clases contenidas en un cuadernillo confeccionado por el Ministerio de Educación para la educación a distancia por la pandemia, en abril de 2021. ( )
Una niña residente en La Guázara, Barahona, observa los cuadernillos que le entregaron en la escuela para estudiar a distancia, el 13 de abril de 2021. Al fondo está el televisor del hogar en el que, por asuntos técnicos, no puede sintonizar las clases que imparte el Gobierno para su grado.
Una niña residente en La Guázara, Barahona, observa los cuadernillos que le entregaron en la escuela para estudiar a distancia, el 13 de abril de 2021. Al fondo está el televisor del hogar en el que, por asuntos técnicos, no puede sintonizar las clases que imparte el Gobierno para su grado. ( )
Un adolescente, residente en Las Salinas, Barahona, mira el televisor del hogar en el que, por fallas técnicas, no puede sintonizar las clases que imparte el Gobierno para su grado, el 13 de abril de 2021.
Un adolescente, residente en Las Salinas, Barahona, mira el televisor del hogar en el que, por fallas técnicas, no puede sintonizar las clases que imparte el Gobierno para su grado, el 13 de abril de 2021. ( )
Un adolescente con la laptop que recibió del Gobierno dentro del programa República Digital, el 13 de abril de 2021.
Un adolescente con la laptop que recibió del Gobierno dentro del programa República Digital, el 13 de abril de 2021. ( )
Hermanos se distraen con el celular de su madre una mañana de abril de 2021.
Hermanos se distraen con el celular de su madre una mañana de abril de 2021. ( )
Una adolescente residente en Pedernales ayuda a su madre a lavar la ropa como parte de sus ocupaciones diarias tras desconectarse de las clases a distancia en la pandemia, el 14 de abril de 2021.
Una adolescente residente en Pedernales ayuda a su madre a lavar la ropa como parte de sus ocupaciones diarias tras desconectarse de las clases a distancia en la pandemia, el 14 de abril de 2021. ( )
Un niño juega frente a su casa en El Limón, Jimaní, en horas en que el Ministerio de Educación transmite clases a distancia por televisión, el 15 de abril de 2021.
Un niño juega frente a su casa en El Limón, Jimaní, en horas en que el Ministerio de Educación transmite clases a distancia por televisión, el 15 de abril de 2021. ( )
Una escuela cerrada en Los Tres Charcos, Oviedo, por la pandemia, el 14 de abril de 2021.
Una escuela cerrada en Los Tres Charcos, Oviedo, por la pandemia, el 14 de abril de 2021. ( )
Alumnos llegan a una escuela en Pedernales para recibir clases semipresenciales, el 14 de abril de 2021.
Alumnos llegan a una escuela en Pedernales para recibir clases semipresenciales, el 14 de abril de 2021. ( )
Niños reciben clases semipresenciales de su maestra en una escuela de Pedernales, el 14 de abril de 2021.
Niños reciben clases semipresenciales de su maestra en una escuela de Pedernales, el 14 de abril de 2021. ( )
Un niño descansa mientras toma clases semipresenciales en una escuela de Pedernales, el 14 de abril de 2021.
Un niño descansa mientras toma clases semipresenciales en una escuela de Pedernales, el 14 de abril de 2021. ( )
El portero de una escuela en Jimaní esparce alcohol en las manos de una visitante al centro como parte de las medidas protocolares de higiene para el retorno seguro a la escuela durante la pandemia, el 15 de abril de 2021.
El portero de una escuela en Jimaní esparce alcohol en las manos de una visitante al centro como parte de las medidas protocolares de higiene para el retorno seguro a la escuela durante la pandemia, el 15 de abril de 2021. ( )
Una madre lleva a su hijo a la escuela a tomar clases semipresenciales, en El Limón, Jimaní, el 15 de abril de 2021.
Una madre lleva a su hijo a la escuela a tomar clases semipresenciales, en El Limón, Jimaní, el 15 de abril de 2021. ( )
El portero de la escuela de la comunidad haitiana Los Algodones camina hacia el recinto educativo de color azul y amarillo, el 29 de abril de 2021.
El portero de la escuela de la comunidad haitiana Los Algodones camina hacia el recinto educativo de color azul y amarillo, el 29 de abril de 2021. ( )
En la pizarra de un aula de la escuela de la comunidad haitiana Los Algodones queda parte de las clases presenciales dadas el 29 de abril de 2021.
En la pizarra de un aula de la escuela de la comunidad haitiana Los Algodones queda parte de las clases presenciales dadas el 29 de abril de 2021. ( )
$!Dos alumnas de una escuela de la comunidad haitiana Tilory conversan mientras esperan que lleguen los demás estudiantes al aula, el 29 de abril de 2021.
Dos alumnas de una escuela de la comunidad haitiana Tilory conversan mientras esperan que lleguen los demás estudiantes al aula, el 29 de abril de 2021. (
https://www.diariolibre.com/afondo/en-imagenes-la-covidianidad-educativa-en-rincones-de-la-rd-EN26095076?utm_source=articulos&utm_medium=te-puede-interesar&utm_campaign=related
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Unesco destaca los avances de género en el acceso a la educación en Latinoamérica

Por: elperiodista.cl

El informe titulado «Una nueva generación: 25 años de esfuerzos en favor de la igualdad de género en la educación» muestra que desde 1995 se han matriculado 180 millones más de niñas en la enseñanza primaria y secundaria alrededor del mundo.

Un informe de la oficina regional de la Unesco indica que en América latina y el Caribe se registró “un progreso significativo” en la matriculación de las niñas y que se acerca a la universalización en el nivel primario, pero aun persisten barreras en el acceso para sectores vulnerables en Guatemala, Haití, Surinam, Honduras, Uruguay y Nicaragua.

El informe titulado “Una nueva generación: 25 años de esfuerzos en favor de la igualdad de género en la educación” muestra que desde 1995 se han matriculado 180 millones más de niñas en la enseñanza primaria y secundaria alrededor del mundo.

El reporte destaca que en la región “se ha registrado un progreso significativo en la educación de las niñas, acercándose a la universalidad en el acceso a la educación primaria”.

Y da como ejemplo a Guatemala donde la tasa de finalización de primaria de las niñas más pobres “ha aumentado más del doble en tan solo 15 años, prácticamente eliminando la brecha con los niños”.

También destaca el caso de México en cuyo segundo ciclo de secundaria “el porcentaje de niñas matriculadas pasó del 38% en 1995 al 84% en 2018”, mientras que en Costa Rica pasó de un 38% en 1995 al acceso universal en el 2018.

No obstante destaca que en Haití, Guatemala, Surinam, Honduras, Uruguay y Nicaragua, “persisten grandes disparidades de género en el acceso a la educación, en particular entre el alumnado más vulnerable”.

En Belice, por ejemplo, “casi ninguna joven pobre de zonas rurales finalizó el segundo ciclo de escuela secundaria”.

Asimismo, son los hombres jóvenes de la región quienes tienen más probabilidades de desvincularse de la educación y abandonar la escuela antes de tiempo.

A nivel mundial, el informe destaca que hay tres veces más mujeres matriculadas en las universidades que hace dos décadas.

Mientras que en la región esa diferencia a favor de las mujeres se evidencia en casi todos los países latinoamericanos.

“El mundo ha cambiado significativamente en los últimos 25 años, cuando las niñas luchaban por hacer realidad su derecho a la educación. Hoy en día, hay más niñas que niños matriculados en las escuelas y universidades”, dijo Manos Antoninis, director del Informe.

Y agregó: “Una agenda de igualdad de género para los próximos 25 años requiere un nuevo enfoque en todo el mundo, incluida América Latina y el Caribe”.

Por su parte Claudia Uribe, directora de la OREALC/UNESCO Santiago afirmó: “Veinticinco años después de la histórica Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, las niñas enfrentan muchas menos barreras para acceder a la escuela”.

Pero indicó que “hay otros factores que las alejan de alcanzar su potencial, como son algunas normas culturales que establecen bajas expectativas para ellas en materia educativa”.

El informe de UNESCO destaca que el lento progreso en los avances en materia de igualdad de género en la educación “se debe a la persistencia de normas de género negativas en la educación”.

En las zonas rurales de muchos países de ingresos bajos y medios, “a menudo se espera que las niñas se casen y asuman funciones domésticas, lo que actúa como una barrera para su educación, como ocurre entre las niñas indígenas de Guatemala y México”, precisa el reporte.

*https://www.elperiodista.cl/2021/05/unesco-destaca-los-avances-de-genero-en-el-acceso-a-la-educacion-en-latinoamerica/

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