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«Nuestra arma principal escupe palabras, no balas»

Por Jorge Majfud/Rebelión 

Las guerras contra Vietnam, Irak y Afganistán fueron derrotas para Estados Unidos. Sin embargo, los medios dominantes y la industria cultural las presentaron no solo como victorias morales, sino también como victorias militares.

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”.

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo.

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los años 50, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota.

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

Foto: Liberación de Saigón: evacuación cerca de la embajada de EE.UU., 30 de abril de 1975.

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El sueño, crucial en las habilidades lingüísticas de niños con síndrome de Down

Por: ABC

Según un estudio publicado en la revista «Research in Developmental Disabilities», cuanto más duermen más palabras saben.

El sueño juega un papel crucial en el desarrollo de las habilidades lingüísticas de niños con síndrome de Down, síndrome de X frágil y el síndrome de Williams, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Anglia Ruskin (Reino Unido) al que ha tenido acceso Ep y que ha sido publicado en la revista «Research in Developmental Disabilities».

Para realizarlo, los expertos compararon el tamaño del vocabulario y los patrones de sueño de 75 bebés y niños pequeños que padecían uno de estos trastornos del neurodesarrollo, junto a 30 niños sanos de la misma edad.

De esta forma, comprobaron que el sueño se interrumpía entre los niños con los tres trastornos del desarrollo neurológico. En concreto, los niños sanos dormían aproximadamente 50 minutos más por noche que aquellos con un trastorno del desarrollo neurológico, y se pasaban despiertos unos 30 minutos más. Además, los expertos observaron que cuanto más dormían los que padecían estos trastornos, más palabras sabían. De hecho, por cada 10 minutos más de sueño, los niños entendían el significado de seis palabras más.

«Se necesita más investigación para explorar si las intervenciones tempranas para mejorar los patrones de sueño de los niños con síndrome de Down, síndrome de X frágil y síndrome de Williams serían tan beneficiosas para sus habilidades lingüísticas como las intervenciones posteriores en su desarrollo que apuntan específicamente al aprendizaje de idiomas», han zanjado los investigadores.

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Cómo enseñar a los chicos a leer y a escribir, un debate que se actualiza

Por:  Mariana Otero

La Nación dio marcha atrás con su idea de cambiar el actual método de aprendizaje. Los investigadores aseguran que la psicogénesis es la causante de las fallas en la comprensión lectora. Sostienen que es necesario aplicar la “conciencia fonológica”, que permite aprender a leer antes, y producir textos en su contexto social. Estudiantes de Ingeniería desarrollaron una “app” que enseña a través del juegoAna Borzone: La pobreza no es una excusaLa nueva tarea del siglo 21

¿Cuál es la mejor manera de aprender a leer y a escribir? ¿Qué metodología da mejores resultados? ¿Es posible optimizar el rendimiento enseñando de una manera distinta y evitar así la repitencia y el abandono escolar?

El tema está en discusión desde hace décadas y ahora, después de 25 años de alfabetización con el actual método constructivista (la psicogénesis) –que sostiene que el origen del aprendizaje está en la psiquis–, vuelve a ponerse en el debate público.

Hasta fines del año pasado, el Ministerio de Educación de la Nación dejó trascender que habría modificaciones, que apuntaban a revalorizar lo que es conocido como “conciencia fonológica”, que se enfoca en la oralidad y en los sonidos de las palabras.

Sin embargo, con los cambios en los equipos técnicos nacionales se daría marcha atrás con la idea. Funcionarios del área se excusaron de confirmarlo o negarlo, aunque fuentes de la cartera confirmaron que ya se notificó a las provincias que no habrá transformaciones.

Ana María Borzone, investigadora del Conicet y una de las referentes de la perspectiva de la “conciencia fonológica”, fue invitada en noviembre para explicar en el Palacio Sarmiento las ventajas de dicha metodología.

“Los chicos para poder leer y escribir textos tienen que aprender a leer y a escribir palabras. Para aprender hay que enseñarles de manera sistemática. Una manera activa es a través del desarrollo de la conciencia fonológica y la enseñanza de las correspondencias (entre letras y sonidos). La conciencia fonológica no es un método; es una metodología más abarcativa y compleja, que no sólo enseña a leer y a escribir palabras, sino que enseña a comprender y a producir textos”, dice Borzone.

La experta asegura que la psicogénesis explica, en parte, el fracaso de los estudiantes en el secundario y es la causante de los problemas de comprensión de textos hasta en el ámbito universitario.

“Las investigaciones sobre este método revelan que los chicos se retrasan mucho en el aprendizaje y que no pueden comprender un texto porque no tienen fluidez para el conocimiento de palabras”, remarca Borzone.

Bibiana Amado, doctora en Ciencias del Lenguaje y docente de la Facultad de Lenguas de la UNC, explica que la alfabetización es un proceso de integración de prácticas sociales, cognitivas, lingüísticas y discursivas. La escritura es un modo de comunicación y es un sistema que demanda el dominio de un código.

“Cuando hablamos de conciencia fonológica no decimos que es igual a alfabetización. La conciencia fonológica se refiere a un conjunto de habilidades que nos permiten saber qué sonidos forman las palabras que escuchamos. Estas habilidades son parte del proceso de alfabetización”, dice.

Y explica: “Cuando se enfoca el proceso de alfabetización sólo desde la conciencia fonológica se corre el riesgo de limitar la comprensión de lo que significa el acceso a la lectura y a la escritura. Lo mismo sucede cuando se entiende que la lectura y la escritura no están vinculadas con la cognición sino que son prácticas sociales. Ese enfoque presenta un contrasentido porque la cognición humana es social. Así, podemos sostener que ambas prácticas del lenguaje tienen una dimensión social y cognitiva, lo que permite reconocer su complejidad”.

Fuentes del Ministerio de Educación de Córdoba dijeron que en las escuelas provinciales se aprende a leer y a escribir con una combinación de ambos enfoques.

 

Diferencias

Desde la perspectiva de la “conciencia fonológica” se trata de que los chicos sean capaces de encontrar la correspondencia entre grafemas (letras escritas) y fonemas (sonidos de esas letras). El punto de partida es la oralidad. Sus promotores aseguran que evita retrasos y que permite aprender a leer antes.

“La conciencia fonológica es la capacidad que desarrolla el niño de darse cuenta de que las palabras habladas, que escucha desde que nació, están compuestas de segmentos de sonidos, los cuales forman las palabras, y a su vez que esos segmentos (las palabras) están compuestos de sonidos individuales, que son las letras”, explica Alberto Fernández, doctor en Neuropsicología e investigador de la Universidad Católica de Córdoba (UCC).

El maestro interviene de manera precisa, para enseñar la correspondencia entre el fonema y su representación visual.

“Se juega con los chicos a prolongar los sonidos. Por ejemplo, ‘sssooolll’. Los chicos empiezan a prestar atención al sonido, no al significado. Hay un aprendizaje implícito porque ya identifican los sonidos, miran las palabras que empiezan con el mismo sonido y relacionan el sonido con la letra y van infiriendo las correspondencias”, explica Borzone.

Asegura, además, que un niño puede aprender a leer y a escribir en tres meses.

Desde la perspectiva psicogenética, el proceso de alfabetización ocurre con relación a la interacción con el medio y las experiencias culturales. Se alienta a escribir “como salga”.

“Los chicos de alguna manera tenían que ‘adivinar’ qué palabras estaban escritas, tenían que escribir como les pareciera y no se corregía el error”, refiere.

“Estos estudios basan su propuesta en la teoría de que el niño, al interactuar con palabras y textos va generando hipótesis mentales sobre el lenguaje y va construyendo su lengua escrita pasando por distintas etapas”, explica María Fernanda Freytes, magíster en Lingüística y docente en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba.

Los detractores de este método sostienen que, de esta manera, no se llega a la comprensión de los textos y que no es efectiva en la alfabetización de niños de sectores empobrecidos.

“Aprender a escribir no es un proceso espontáneo, sino que supone mucha reflexión sobre el lenguaje”, sostiene Freytes. Y agrega: “No debe verse como una mera técnica mecanicista. El objetivo principal es automatizar las asociaciones de sonidos y letras para no ocupar espacio mental en ello y dedicarlo a la producción de textos en su contexto social”.

 

Metodologías

Dos posturas. Especialistas afirman que es necesario un cambio. En la actualidad se implementa en las escuelas el método constructivista (la psicogénesis), en el que el proceso de alfabetización ocurre en relación a la interacción con el medio y las experiencias culturales. Se alienta a escribir “como salga”… Los especialistas sugieren aplicar el de la “conciencia fonológica”, es decir el de las correspondencias entre letras y sonidos.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/como-ensenar-los-chicos-leer-y-escribir-un-debate-que-se-actualiza
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Libro: Democratizar la palabra – Movimientos convergentes en comunicación

Democratizar la palabra – Movimientos convergentes en comunicación

  • Coordinador: Osvaldo León
  • Editorial: ALAI, Casilla
  • Pais:  Ecuador.

Sinopsis: En sintonía con los cambios políticos que vive América Latina desde la década pasada, la lucha por la democratización de la comunicación ha dejado de ser un asunto circunscrito a quienes se encuentran vinculados directa o indirectamente a la comunicación, para convertirse en una causa asumida por cada vez más actores sociales, puesto que ventila el futuro mismo de la democracia.

Se trata de una lucha que pasa por la actualización de las normativas legales -para que la libertad de expresión deje de ser el privilegio de unos pocos-, y políticas públicas que garanticen el pluralismo y la diversidad, preservando el interés colectivo sobre apetitos particulares.
Ante esta elemental aspiración democrática, la reacción furibunda de los grandes grupos mediáticos es una demostración por sí misma de la magnitud del poder que detentan -en tanto factores estratégicos para la reproducción del status quo-, pues de esa manera incluso consiguen intimidar a muchos actores políticos, cuando no gobiernos. Pero no pasan de ser «triunfos» circunstanciales, pues la causa por la democratización de la comunicación ya está marcada en la agenda de los cambios históricos.
El propio impacto que tiene la comunicación en todos los órdenes de la vida contemporánea conduce a que la demanda por su democratización deje ser un asunto circunscrito a quienes están directamente involucrados en este campo y se torne un desafío ciudadano. Y esta es la dimensión que esta lucha tiene en la actualidad.
Como un aporte a ella, ALAI presenta el libro «Democratizar la palabra: Movimientos convergentes en comunicación» que recoge tanto posicionamientos de varias coordinaciones y organizaciones sociales e indígenas, como plataformas comunes y normativas legales que están abriendo brecha para hacer realidad la democratización de la comunicación y el reconocimiento pleno del Derecho a la Comunicación.
Para descargar: http://www.alainet.org/sites/default/files/democratizar-la-palabra-ALAI.pdf
Fuente de la reseña: http://www.alainet.org/es/libros/579
Fuente de la imagen: http://www.alainet.org/sites/default/files/styles/publicaciones-ampliada/public/P_democratizar_w.gif?itok=lOia1bvi
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Valor y credibilidad de la palabra

02 de noviembre de 2016 / Fuente: http://www.cronica.com.ec/

Por: Augusto Costa Zabaleta

La palabra, que es una facultad y aptitud humana, que representa un acto de fe y probidad, es un testimonio de certeza de lo que se asegura o niega, es una razón y sentencia, testimonio de honor para cumplir fidedignamente una oferta o promesa.

El valor de la palabra es la de ser el testimonio fehaciente del criterio, que se origina con la concurrencia de la libre voluntad, del libre albedrío, de la capacidad de decisión del intelecto humano y del nivel moral de quien la emite, por ello la palabra es el reflejo fiel de la personalidad, de la formación intelectual y de la conciencia humana.
Por estas eminentes razones, la palabra puede ser el enlace conciliatorio con la verdad, la justicia, la libertad, la equidad, la moral y más aptitudes, sentimientos y valores humanos, así como el medio propicio para la falacia, la mentira, la farsa, la ofensa y más actitudes indignas y lacerantes a la esencia y dignidad del ser humano.
La palabra va perdiendo credibilidad, si consideramos retrospectivamente que nuestros ancestros, usaban la palabra como el documento más veraz para el cumplimiento de una promesa u obligación; el testimonio de la palabra constituía para ellos su honor, hidalguía y personalidad, no hacía falta un documento por escrito y abalizado por su rúbrica, la palabra imprimía confianza y seguridad inextinguible, incólume, infalible e indeleble, sin quebrantamientos vanos o equívocos.
Obviamente, las normas jurídicas vigentes, prescriben la existencia de un documento escrito y abalizado, para la exigencia de una obligación o promesa, para superar la inequidad, el descredito, el desprestigio, la complicada realidad del mundo actual y las actitudes intrínsecas del ser humano, que trastocan la moral, la ética y los valores humanos. (O).

Fuente artículo: http://www.cronica.com.ec/opinion/columna/columnista/item/16066-valor-y-credibilidad-de-la-palabra

Foto: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcR5opf-sH55aphMN5CtR4JT1V6jjTYWRRuEyCjPf90SGu9YQ5LK

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Entrevista a Luiz Ruffato: «Lo que yo hago es realismo capitalista»

04 Septiembre 2016/Fuente: laizquierdadiario/Autor: Laura Vilches

En el marco del pasado Festival Internacional de Literatura de Córdoba, visitó la provincia mediterránea el escritor brasilero contemporáneo Luiz Ruffato. Luego de una distendida charla que brindara junto a la escritora cordobesa Eugenia Almeida, La Izquierda Diario aprovechó la oportunidad para conversar con él.

Nacido en el seno de una familia obrera de inmigrantes italianos, Luiz fue el primero en obtener estudios universitarios. Trabajaba en ventas al tiempo que estudiaba periodismo por la noche en la Universidad de Juiz de Fora en Minas Gerais. Trabajó como periodista en San Pablo hasta que finalmente se inclinó por la literatura. Su origen inmigrante y de clase trabajadora se ve reflejado en sus obras. En su ciclo de cinco novelas titulado Inferno Provisório (Infierno provisorio) (2005-2011), retrata la historia de la industrialización de Brasil a partir de los años 50. En Eles eran muitos cavalos (Eran muchos caballos) (2001), una historia narrada en 69 fragmentos, toma las contradicciones de la vida cotidiana en San Pablo, la ciudad más poblada del vecino país. Con este trabajo obtuvo el Troféu APCA (entregado por la Asociación Paulista de Críticos de Arte) y el premio Machado de Assis como mejor novela del 2001, entre tantos otros obtenidos a lo largo de su carrera.

La charla estuvo plagada de humor…
(Risas) Sí, los escritores suelen mantener toda una postura de seriedad. Pero no es necesario ser serio para decir cosas serias.

Dijiste allí que te considerás un obrero de la palabra, contanos un poco.
Bueno, yo fui periodista hasta el 2003, ahí decidí abandonar el periodismo para dedicarme a la literatura, pero vivir de las letras es imposible en Brasil. Entonces yo tengo una especie de nido con huevos. Un huevo son los derechos autorales, otro los festivales literarios, las ferias, las charlas en universidades, trabajo mucho. Por eso digo que soy un obrero que hoy tiene otra actividad, que es intelectual, pero soy un trabajador.

También declaraste que no hacías realismo socialista, sino más bien un realismo capitalista. ¿Cómo sería ese realismo?
Es que, el universo del que tratan mis libros, que es un universo habitado por obreros y obreras humildes, trabajadores de clase media baja urbana, es un universo muy particular. En Brasil casi ningún autor trata esa temática. Entonces, para contrarrestar la idea de que para tratar ese material uno tiene que hacer realismo socialista -que a mí no me gusta nada, porque el realismo socialista tiene la intención de crear una novela colectiva en detrimento de los individuos, donde los personajes no tienen individualidad- yo trato de construir alrevés, una novela colectiva donde lo más importantes son las personas, los individuos que constituyen un colectivo. Por eso digo que hago un realismo capitalista.

¿Por qué nadie toma la clase obrera como temática? ¿A qué se debe esta separación tan grande entre la literatura y los trabajadores?
La literatura es un arte que exige una educación, allá los obreros están educados sólo para trabajar con máquinas, no para realizar un trabajo intelectual. En Brasil la educación formal de calidad es sólo para la clase media y clase media alta. Por eso, la representación o la auto-representación obrera en la literatura son casi imposibles. Porque uno tiene que salir de la clase media baja y conseguir una educación para poder representar eso, y es muy difícil. Muchos de los que lo logran, la primera cosa que quieren es apagar el pasado, para ser absorbidos, no se habla sobre ese pasado.

Señalaste que para vos en la literatura son más importantes el ritmo y el lenguaje que la historia. ¿Esto lo extendés a todos los géneros?
Sí, yo creo que la literatura no tiene que tener una bandera, la bandera la tienen los lectores y en todo caso los escritores. La literatura tiene que representar la realidad de la mejor manera posible, y la realidad es demasiado compleja, allí el autor no tiene que hacer nada. Por eso el escritor tiene su hacer en el lenguaje, que representa esa realidad. Y el ritmo, sin ritmo no hay nada, el corazón tiene un ritmo, sin eso no hay nada. La historia es relativamente importante, pero no fundamental. Lo mismo el escritor, un escrito que no es leído no existe, entonces el lector es aún más importante.

Hasta hace algunos años en la Facultad de Letras la materia Literatura Latinoamericana se llamaba Hispanoamericana. ¿Por qué crees que cuesta tanto la inserción de la Literatura Brasilera en Latinoamérica, es quizás por la barrera que implica la lengua?
La lengua es importante, pero más importante es que en Brasil no se tiene la idea de “latinoamericanos”, de “patria grande”, no existe esa idea geopolítica. No hay un pensamiento de que somos hermanos de Argentina, Ecuador o Colombia. No somos hermanos de nadie. Somos egoístas y desinteresados con el resto de América Latina, porque deseamos ser europeos, africanos, norteamericanos y no lo somos.
Además, la historia política de Brasil es muy distinta de la historia de Latinoamérica. Mientras aquí se conformaban repúblicas y nacían naciones modernas, nosotros éramos un imperio, mientras en casi todo el mundo la esclavitud ya pertenecía al pasado, en Brasil había esclavitud.
No es sólo la lengua, es importante, sí, pero hay miedo en la relación entre Latinoamérica y Brasil. Y es lógico, porque Brasil siempre fue imperialista.

Cuando te referiste a los distintos escenarios de la Literatura Brasilera, cuando nombraste a la denominada “Literatura Marginal” mencionaste que le faltaba calidad estética. ¿Podés ampliar esa visión?
Es una cuestión para mi muy importante. Al mercado editorial le interesa esta literatura marginal, pero como un fenómeno antropológico y sociológico. Esto es una trampa, porque los escritores creen que hacen literatura.
El mercado apoya, pero no hay un desarrollo de esa literatura más allá de lo comercial, porque se agota en sí misma. El paso siguiente sería cambiar este deseo y esta potencia, en verdadera literatura. Trabajar el ritmo y el lenguaje, sino se queda en la historia.
Entonces es un documento político, antropológico y sociológico, pero no es literatura. Desde mi punto de vista, por supuesto, puedo estar equivocado.

Fuente de la entrevista: http://laizquierdadiario.com/Luiz-Ruffato-Lo-que-yo-hago-es-realismo-capitalista

Fuente de la imagen:http://laizquierdadiario.com/IMG/arton52340.jpg

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Aprendiendo de la escucha.

Sistematizo aquí una suerte de resumen de distintas escuchas (no sólo auditivas) que he tenido la fortuna de vivir en los últimos años. Algunas de estas escuchas ya han sido mostradas en mis blogs personales a lo largo de este tiempo en formato de entradas más extensas.

1) «Dime algo significativo en tu vida, algo grande». «Nunca aceptes lo que alguien te dice como verdad absoluta».

2) Un aeropuerto, luego de un hospital, para mi es de los lugares más impersonales. Gentes e historias confluyen sin que parezca tener un sentido, y cada una de esas confluencias tiene una razón de ser y sentido entendible en ese momento efímero que es el viaje.

3) Nunca llueve a gusto de todos. Desde los aeropuertos más simplones hasta los más sofisticados al pasar el servicio de inmigración, casi siempre la unica ruta posible hasta las puertas de embarque es a través de las tiendas que venden cosas “sin” impuestos. Es una ilusión: este sistema se asegura de que todos paguemos algo por algo.

4) Conocí en Quito a una tucumana encantadora y admirable. De cómo miraban los quiteños dijo una vez: “me revienta que no te miren y agachen la mirada…es una muestra de una cultura sumisa y sometida” … decía alargando las vocales como sólo saben hacer lxs sureñxs.

5) Luego supe de una cholita que viajó conmigo hasta Caracas. Rezó todo el vuelo, entre pidiendo, orando y quejándose, así que, aunque la turbulencia saliendo de Quito no ayudaba, me animé a hablarle a mitad de camino, un poco antes de nuestra escala en Bogotá. Tenía  35 años viviendo en Caracas y va con frecuencia a Quito. Llevaba en Ecuador de tres meses y contó que le dolía muchísimo regresar a Venezuela porque estaba dejando a su hija mayor. “Está ya casada, con esposo e hijos” me decía, “pero la mamá es la mamá… bendito Dios que cuando uno tiene la mamá … necesita estar con ella”…

6) El pensamiento materializa las realidades. Nuestros hijos son fruto de nuestro pensamiento. (Pensémoslo(s) bien)

7) ¿Qué va a saber usted de computadoras, si lo que estudió fue otra cosa? Déjese de inventos antes de que dañe algún botón.

8) Han dicho mujeres feministas que si algo duro debe superar la mujer son las palabras y frases que, a diario, colman su espacio vital. «¿qué haces que no vienes?», «ya andas tu inventando, has lo que se te dice», «estás horrible, anda arréglate», «andas como zorra, luego no te quejes si te pasa algo», «cómo no te iban a meter mano, ¿no ves cómo estas vestida?», «maquíllate, pareces un espanto».

9) La cholita que rezaba por todos, se alegró cuando llegó a Caracas, agradecida oró porque ya vería a sus hijitos.

10) Cuando llueve, son las mujeres las que cargan a sus hijos en la calle, destapando sus temores para arropar los de los niños.

11) Loro viejo no aprende a hablar. Las computadoras son para gente joven. Pero mi suegra, de 71, tiene más amigos que yo en Facebook y su celular no para de contar actualizaciones de perfiles.

12) Si alguien sabe, debe demostrarlo en un examen. Para eso están las evaluaciones. Si un profesor sólo califica con buenas notas, no es bueno.

13) Deje que ese aparato lo revise su papá. Usté es mujer, mejor vaya a la cocina y arregle el desayuno.

14) «¿No te cobraron el refresco?» «-qué mantequilla» … no creo que eso haya pensado el cajero que seguro debió costear de su bolsillo la equivocación.

15) Lo gratis es malo. Si algo no debes pagarlo o se dañará pronto o no sirve.

16) Las matemáticas son para genios … dijo un campesino que sabía con exactitud el rendimiento por hectárea de sus plantas de tamarindo.

17) «Ese software libre que Ud. utiliza, tiene alguna patente ¿cierto?»

18) «Debemos acelerar los procesos, por eso propongo que armemos unas mesas de trabajo y orientemos que se conforme una comisión»

19) Mejor es andar sólo

20) El estudiante no es amigo de nadie.

21) «Andaba sola» «Se lo buscó» «Debió estar con alguien que la representara»

22) «Se organizaron las guardias de cuidado del padre enfermo de modo que nunca le faltara una de las muchachas de la familia para acompañarlo»

23) «He sido claro con mis hijos: en casa no se habla de cosas de sexo, sería una desvergüenza»

24) Vaya a la universidad y será alguien en la vida. Nos dijeron nuestros padres que habían olvidado cuán importantes son en la nuestra, con apenas tercer grado.

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