La universidad británica, tambaleada por el ‘brexit’

19 Marzo 2017/Fuente:cincodias /Autor: PABLO SEMPERE

La financiación y la movilidad de personas preocupan a los centros académicos británicos

El pasado miércoles, una carta hecha pública por los responsables de 35 colegios de la Universidad de Oxford instaba a los diputados británicos a proteger los derechos de los comunitarios que residen en Reino Unido una vez que se active el brexit. En la misiva, los directivos exigen a los congresistas de todos los partidos que respalden las enmiendas y les alertan de que la Universidad de Oxford, una de las más prestigiosas del mundo, “sufriría un enorme daño si sus docentes, investigadores, alumnos y personal académico comunitario perdiesen su derecho a trabajar y estudiar en el país”.

La publicación recordaba a su vez que los profesores de la institución consideran insuficientes las indicaciones dadas hasta ahora por el Gobierno de Theresa May, que apuntan, pero no confirman, que probablemente los derechos de estos ciudadanos europeos se mantengan. Precisamente, hace un mes, una noticia del diario inglés The Daily Telegraph aseguraba que la Universidad de Oxford abrirá a finales de 2018 su primer campus fuera de Reino Unido, en París, para hacer frente a la más que posible pérdida de financiación europea una vez se consume la salida de la Unión.

La citada institución, pese a que no ha confirmado la noticia, tampoco la ha desmentido, y ha reconocido al mismo diario que la alternativa no sería tan descabellada llegado ese supuesto. De una forma u otra, el sistema educativo británico, sobre todo sus universidades, está moviéndose. El objetivo es minimizar lo máximo posible el impacto de la salida de la UE.

La campaña contra el brexit encontró durante los meses previos al referéndum un importante aliado en la universidad. No es para menos: “El prestigio de los centros académicos británicos está íntimamente ligado a su internacionalización. Hoy, más de 125.000 estudiantes de las universidades de Reino Unido son de otros países de la UE y cerca de un 15% del profesorado es europeo. Además, la investigación ya no se hace por países, sino que es internacional”, resume la directora de educación del British Council, Carolina Jiménez. No es de extrañar, por lo tanto, que el sistema académico británico esté en vilo.

“Tenemos contacto diario con las mejores universidades del país y es el gran tema de conversación de los últimos meses. Más ahora, que está a punto de activarse el artículo 50, que comenzará a materializar la salida definitiva”, prosigue el orientador para el acceso a la universidad de los estudiantes de King’s College Madrid, Paul McNally. Para la economía de Reino Unido es fundamental poder recibir a los europeos y que los británicos puedan estudiar en otros países de la unión. Este es el principal miedo: “Uno de los requisitos del Gobierno es el fin de la libre circulación de personas, un choque catastrófico para todo el sistema”, añade Michael Harris, vicepresidente de la asociación de ciudadanos británicos asentados en España, EuroCitizens.

Sirva como ejemplo, ilustra Harris, que a día de hoy todos los estudiantes comunitarios tienen los mismos derechos en cuanto a tasas que los universitarios británicos, “y si no hay un acuerdo bilateral, esto podría acabar llevando a que los matriculados de la UE tengan que pagar las mismas cantidades que los extracomunitarios desembolsan hoy, lo que supone, de media, triplicar la cuota, pasando de los 10.000 a los 30.000 euros por año académico”. No es la única ventaja que los comunitarios tienen a día de hoy. También cuentan con más facilidades a la hora de acceder a posibles préstamos con los que hacer frente a sus estudios, entre otras razones “gracias al menor impacto burocrático que supone estar dentro de la UE”, recuerda Adrian Massam, presidente de la Asociación Nacional de Colegios Británicos en España (NABSS, por sus siglas en inglés), aunque, matiza, este punto no sería de los más críticos porque los bancos y empresas, posiblemente, seguirían manteniéndolos. “Es, en definitiva, negocio”.

El impacto también se haría notar en lo que respecta al personal docente y al alumnado allende Gran Bretaña. “En el caso de los colegios británicos de España, hay más de 50.000 estudiantes y más de la mitad son de aquí. El brexit casi seguro que no va a afectar a la homologación de titulaciones, pero quizá sí a la facilidad de acceso directo a la universidad”, continúa Massam. El riesgo no está en que las facultades no llenen el aforo, “sino en que se pierda calidad y talento”, insiste. La última encuesta Hobson, realizada a 44.000 estudiantes de la UE antes de la votación, confirmó el riesgo: más del 80% verían Reino Unido menos atractivo para estudiar. “Hoy hay 18 universidades británicas entre las 100 mejores del mundo; si estos asuntos no se solucionan, tememos que la cifra baje en pocos años”, reconoce Harris. El temor también llega al profesorado, “porque en el caso de que las negociaciones no lleguen a buen puerto, se contratará a los profesores no en base a su calidad, sino a lo que cueste mantenerlos”, recuerda Massam.

Por el momento, señala Carolina Jiménez, “los estudiantes que entren durante 2017 mantendrán las mismas condiciones hasta el fin de sus estudios”. “También se ha garantizado que los que están en los colegios británicos en el último curso de bachillerato, o sistemas equivalentes en otros países de la UE, puedan terminar sus estudios. Lo que queremos es que esto se extienda a los años venideros”, recalca McNally.

Sin embargo, no es la movilidad lo único que puede trastocar el sistema universitario británico. La investigación es otro de los puntos calientes. Según explica Vivienne Stern, directora de Universities UK (organización que representa a los directores de las universidades británicas), “nuestros centros recibieron en el último curso casi 850 millones de libras [unos 980 millones de euros] de la UE, destinados en su mayoría a becas o contratos de investigación, que fueron a parar a cerca de 20.000 trabajadores, predoctorados y doctorados”. La sospecha de muchos es que el Gobierno de Theresa May quiera llenar ese vacío: “Sabemos que van a seguir buscando colaboración internacional con otros organismos. Lo que parece claro es que ese gasto no podría asumirlo solo el país”, recuerda McNally.

La situación también trastocaría por completo los planes de muchos investigadores españoles. “Reino Unido también es un país receptor de investigadores nuestros que se han ido al país con becas de la UE”, explica el presidente de la comisión sectorial CRUE-Internacionalización y Cooperación y rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández Ruipérez. “En los últimos años se han generado relaciones bilaterales entre universidades británicas y españolas. La salida de la UE genera, realmente, muchas incertidumbres y una dinámica muy complicada que puede dificultar la colaboración”, insiste.

“Existen programas de ayudas comunitarias que Reino Unido perdería si abandona la Unión al uso”, explica el socio de Cuatrecasas, Fernando Mínguez. Lo que no se descarta, prosigue, es que del mismo modo que cualquier país tercero puede llegar a posibles acuerdos, Gran Bretaña haga lo propio. “El punto de partida realmente es diferente al de otros países terceros, por lo que el nuevo estatus también podría serlo”. El principal inconveniente que ve Mínguez es la duración del periodo de negociaciones: “Dos años de acuerdos, discusiones y reuniones pasan muy rápido para todos los temas que hay que tocar. No sé qué calado tendrá la educación en esto”.

“Tememos que asuntos como este, con aparentemente menos impacto directo en la economía que otros, pasen desapercibidos”, coincide Michael Harris. Porque todos los sectores están intentando asegurar que su ámbito sea prioritario en las negociaciones. “Desde la comunidad educativa presionamos, pero parece que otros sectores, como la industria o el turismo, van a tener más peso”, dice Massam. Algo más optimista se muestra Paul McNally, quien no cree que el Gobierno busque batalla con las universidades. “Las británicas son marcas muy fuertes. Nadie quiere problemas con Oxford o Cambridge”. Lo que está claro es que, por primera vez en la historia, los centros británicos están unidos, “y eso es difícil porque no suelen ponerse de acuerdo”.

Fuente de la noticia: http://cincodias.com/cincodias/2017/03/17/sentidos/1489771005_958116.html

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