Las epidemias han sido una constante en la historia

Las epidemias han sido una constante en la historia

El ADN de unos restos humanos del Neolítico indica que ya sufrieron la peste bubónica hace 5.000 años

La pandemia de la Covid-19 nos ha sorprendido y ha puesto de manifiesto las debilidades del progreso científico y material de la humanidad. Pero la expansión de un virus por todo el planeta no es nada nuevo ni nada que no pudiera preverse. Algunos epidemiólogos lo habían advertido. Y los historiadores han estudiado episodios similares desde tiempos remotos e incluso mucho más letales.

Las enfermedades como una constancia histórica queda perfectamente reflejada en la pequeña exposición instalada dentro de la permanente del Museu d’Història de Cat alunya (MHC). Comisariada por el historiador Lluís Marí i Sala, la exposición explica, a través de 16 plafones colocados en las salas de distintos periodos históricos, el impacto de las grandes enfermedades infecciosas, con especial atención a Catalunya. Y cada jueves hasta diciembre se organizan visitas guiadas para grupos de diez personas.

Los epidemiólogos ya habían advertido del peligro de una pandemia también en el siglo XXI

Hasta el siglo XVIII existía la creencia que las epidemias eran un castigo de los dioses o que eran fruto de las conjunciones de los astros o de determinados fenómenos atmosféricos. Pero la ciencia puso fin a estas supersticiones. “Lo que hemos aprendido de la gripe de 1918 –escribía el microbiólogo José María Eiros Bouza– es que necesitamos una vigilancia pandémica continua, líneas de investigación continuamente activas y una planificación para el momento en que surja un virus pandémico, que surgirá más tarde o más temprano”. Lo publicó el 30 de octubre del 2018, como se expone en el primer plafón de esta exposición del MHC, pero como otras advertencias quedó en el olvido.

Y eso que recientemente se ha sabido que incluso en las sociedades neolíticas, con muchas menos movilidad y más vida al aire libre, ya existió una peste bubónica de terribles efectos. Gracias a un estudio del ADN dental en restos humanos enterrados en Suecia, de una antigüedad de unos 5.000 años, se ha sabido que murieron como consecuencia de la Yersinia pestis . Y probablemente fue el inicio de la decadencia de la cultura neolítica, según explica el historiador Lluís Marí.

El primer texto conocido sobre una epidemia es de Tucídides sobre la ‘plaga de Atenas’

El segundo caso que relata la exposición es la conocida como plaga de Atenas, entre el 430 y el 426 aC, la primera epidemia de la que se conoce un texto escrito debido a Tucídides. No se sabe cual fue el agente patógeno que la provocó pero si que en solo dos años provocó la muerte del 40% de la población de Atenas, muy castigada también por el hambre y las guerras con Esparta. Y la descripción de Tucídides sobre la repentina fiebre, la voz ronca, los estornudos y el mal aliento tiene algo y mucho de actualidad.

Con el imperio romano se producen también no menos de dos graves brotes epidémicos. La llamada Peste Antonina, seguramente a causa de la varicela, habría provocado entre 5 y 10 millones de muertos entre los años 165 y 180 dC. Y posteriormente, ya en el siglo III, la peste de Cebrián, de origen no aclarado, provocó también entre 3 y 5 millones de muertos y significó el inicio de la decadencia del imperio. Tito Livio señaló que fue mayor el impacto económico que el sanitario, porqué no fue una peste tan mortífera, pero la gente se encerró en sus casas, se dejaron de cultivar muchos campos y faltaron alimentos.

La primera gran pandemia de la historia apareció en Constantinopla en el año 542. Conocida como la peste de Justiniano, primero afectó a Bizancio pero luego se extendió por Europa, Asia y África. Provocó entre 25 y 50 millones de muertos en dos siglos, lo que equivalía al 15 o 30% de la población mundial. Y los análisis de ADN han certificado que se trataba de peste bubónica. Fue también el detonante de la caída del imperio bizantino. Y tuvo efectos que perduraron en el tiempo. Sin olvidar que otras enfermedades com el sarampión, la viruela o la lepra eran también plagas endémicas que azotaban a la población de forma constante.

Las mejoras en la agricultura, la aparición del arado normando, las nuevas técnicas de barbecho, dieron lugar a un aumento de la productividad y a un crecimiento demográfico intenso entre los siglos XI y XIII. Y como si se tratase de una trampa fue también la espoleta para la segunda gran pandemia: la peste bubónica que aparece en 1346. Parece que la enfermedad se extiende desde Crimea hasta los puertos del mediterráneo como Venecia, Mesina, Génova y Barcelona, traslada da por las ratas que iban en los barcos, y posteriormente se extiende ya por vías terrestres. No existían los desplazamientos aéreos que en el siglo XXI han sido el foco principal de la extensión. Las bajas temperaturas de esos años redujeron también las cosechas y provocaron hambre entre la población. Quizás por eso los efectos fueron más dramáticos. Murieron unos 48 millones de personas, solo en Europa, el 60% de su población.

En Catalunya, apareció a finales de 1347 y acabó con dos tercios de la población. Los brotes de peste se repitieron durante los siglos XV y XVI con menor intensidad. El último, en 1589, en Barcelona provocó 11.000 muertos. Esta crisis sanitaria coincidió además con un periodo en el que se repitieron varios terremotos, lo que contribuyó a la sensación de inseguridad. En la exposición se reproduce una hoja de pergamino que se encontró enganchada en la tapa de una manuscrito de la Biblioteca de Montserrat que describe como uno de estos seísmos provocó la caída de varios edificios y del rosetón de la iglesia de Santa Maria del Mar de Barcelona, lo que provocó la muerte de 42 personas.

Todas esas circunstancias explican que Catalunya pasase de los 500.000 habitantes del primer tercio del siglo XV a 225.000 a principios del XVI. Sin embargo, esa caída demográfica sería compensada pronto por la llegada de numerosos contingentes de inmigrantes franceses.

El siglo XVII dio paso a grandes descubrimientos científicos pero tampoco frenó la peste. En Sevilla, en 1649, mató a 60.000 personas (el 46% de la población). Un texto del historiador Diego de Ortiz indica que de los 26.000 enfermos que entraron en el Hospital de la Sangre solo salieron con vida unos 3.000. En Londres, en 1665, fallecieron 100.000 personas, y en Viena, en 1679, otras 76.000.

Poco a poco, las mejoras higiénicas y sanitarias, la introducción de productos agrícolas de América y avances médicos como la vacuna contra la viruela (1796) facilitaron un crecimiento demográfico. Y la peste bubónica se extinguió en Europa, siendo el último brote el de 1720 en Marsella.

El siglo XIX, aún siendo más tranquilo, tuvo episodios esporádicos complicados. En 1812 la fiebre amarilla atacó a Barcelona (18.000 muertos en solo seis meses) y algunas poblaciones del Baix Ebre. Y entre 1834 y 1835 fue el cólera el que provocó en España otros 776.000 muertos.

En 1918 llegó la tercera gran pandemia, la mal llamada gripe española(puesto que se sabe que arranca de los soldados norteamericanos desplazados a Europa). Aún hoy es imposible determinar el número de muertos y las cifras oscilan entre los 50 y los 100 millones.

La exposición del MHC de Catalunya recoge una crónica de La Vanguardia del 8 de octubre de 1918 donde cuenta la llegada al puerto de Barcelona de un barco con 900 personas que habían acudido a Francia a la vendimia.
“Todos ellos, a pesar de que llevaban la patente de sanidad limpia –es decir, algo así como los PCR actuales– fueron inspeccionados detenidamente a su llegada por los funcionarios del servicio sanitario”.

El sida sería la cuarta gran pandemia con 30 millones de muertes desde 1981

Ha sido especialmente tras el final de la II Guerra Mundial cuando se ha producido un espectacular crecimiento en el mundo que nos ha llevado hasta los 7.800 millones de habitantes (eran 1.500 en el año 1900). Se han descubierto vacunas contra el sarampión, la poliomelitis o los catarros. También es cierto que aún no hay un remedio eficaz contra el ébola o contra el sida (que desde 1981 ha provocado 30 millones de muertes). Y no se puede olvidar que la gripe causa cada año otras 650.000 muertes.

El comisario de esta muestra Lluís Marí reconoce que en algún momento ha tenido la sensación de que se trataba de un relato excesivamente crudo y dramático. Pero también lamenta que las voces que nos alertaban de esos peligros no fuesen escuchadas. Por eso, la exposición termina con una frase premonitoria de Albert Camus en su novela La peste: “Quizás llegará un día que, para desgracia y aleccionamiento de los hombres, la peste despertará sus ratas y las enviará a morir a una ciudad feliz”.

Fuente de la Información: https://www.lavanguardia.com/cultura/20201025/484281406713/pandemias-covid-museu-historia-catalunya-lluis-mari-gripe-espanola.html

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