Entrevista a Miriam Escacena: “Un padre que opta por Montessori apuesta por la libertad y el desarrollo integral del niño”

Entrevistas/16 Julio 2020/Autora: Carolina García/elpais.com

La experta en esta pedagogía explica que este método se basa en una mirada de profundo respeto a la infancia. Tachada por muchos de elitista, es una técnica no exenta de polémica

La pedagogía Montessori es un tipo de educación alternativa, diferente de lo tradicional, casi una filosofía de vida para aquellos que la practican, y está “basada en tres pilares fundamentales: el niño, el ambiente preparado, y el adulto que acompaña”, explica Miriam Escacena, gingeniera de profesión, guía Montessori y autora del libro Comunicación con bebés. Mis manitas hablan (editorial Cuatro Hojas). Se le conoce como el método de la pedagogía científica y fue desarrollado por Maria Montessori, “una mujer adelantada a su tiempo que estaba convencida de que la educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo. Montessori defendía la infancia como la etapa más importante de la vida del ser humano, la que más debemos cuidar y proteger, y hoy en día la neurociencia demuestra lo que ella predecía en función de su método científico y años de observación”, subraya Escacena, que resuelve algunas dudas sobre este método no exento de polémica.

PREGUNTA. ¿Cómo ha evolucionado el método Montessori en sus 150 años de historia?

RESPUESTA. Desde que el 6 de enero de 1907 se abriera la primera Casa dei Bambini en el humilde barrio de San Lorenzo de Roma, en la que María Montessori empezó a trabajar con niños de tres a seis años de edad, su método se ha ido ampliando a edades inferiores y superiores y adaptándose a los tiempos tratando de permanecer fiel al alma de la pedagogía. Montessori es una pedagogía universal que se ha extendido con gran éxito por muchos países y culturas del mundo, educando a millones de niños para que adquieran una fuerte autoestima y unas ganas inmensas por aprender, anhelo de todos los progenitores. Se calcula que en la actualidad hay 25.000 escuelas Montessori en el mundo, aunque es difícil contabilizarlas, porque no tienen obligación de registrarse en la AMI (Asociación Montessori Internacional).

P. Por su experiencia, ¿cuáles son los beneficios de este método para los niños?

R. Esta pedagogía está basada en una mirada de profundo respeto a la infancia, en admirar la individualidad de cada niño, en respetar sus tiempos, confiar en sus capacidades y potenciar su autonomía. Los materiales que diseñó la doctora son verdaderas obras de ingenio, ya que permiten que el niño construya su propio aprendizaje al manipularlos. Tienen incluso un control del error implícito y, de este modo, atrapan por completo la atención del niño hasta que logra «solucionarlo». Por eso a veces se habla de este método como la autoeducación: se confía en el niño y en su maestro interior ya que, guiado por sus intereses y aprovechando sus periodos sensibles, logrará conquistar grandes aprendizajes.

P. ¿Y comparado con otros métodos de enseñanza?

R. En 2017, 65 años después de la muerte de Maria Montessori, la prestigiosa revista Nature publicó un artículo de Chloë Marshall en el que se hacía una recopilación de los estudios científicos realizados sobre su pedagogía. Una de las primeras conclusiones es que resulta difícil comparar la educación Montessori con la tradicional, ya que el objetivo de esta educación es permitir el desarrollo integral del niño (intelectual, físico, emocional y social), objetivo muy diferente del de la mayoría de los sistemas educativos actuales, donde el enfoque está en logro en materias académicas, como alfabetización y matemáticas (competencias que además se miden con exámenes y notas). Por tanto, es difícil comparar ambas formas de educar, ya que las expectativas en cada caso son distintas.

Los niños que se educan en escuelas Montessori no solo cultivan una gran autoestima y autonomía, reflejan una mirada de satisfacción, un sentimiento de logro dibujado en su sonrisa, unas ganas constantes de aprender más, de ser creativos, en contra de lo que a veces ocurre en las escuelas más tradicionales, que se basan en rellenar fichas o memorizar datos para aprobar un examen. Por lo tanto, podemos concluir que la diferencia de la educación Montessori respecto a otros modelos más tradicionales no es mesurable tanto en los resultados académicos, basados siempre en patrones tradicionales y estandarizados, sino en el desarrollo del niño como individuo.

P. ¿Este método es aplicable para todo el mundo?

R. Si, tanto para niños dentro del normotipo como para niños con cierta discapacidad física o intelectual o con altas capacidades, ya que la ratio profesor/alumno hace que sea mucho mejor atender las necesidades de cada niño, y el hecho de mezclar edades es muy beneficioso para todos, más de lo que pueda parecer a priori. Uno de los mitos más extendidos es que esta pedagogía es elitista y solo para determinada clase social.

Si bien es cierto que las escuelas que se basan en esta pedagogía suelen ser iniciativas privadas que no reciben dinero ni ayudas de las administraciones públicas, muchas veces son fundadas por familias que invierten su patrimonio familiar en crear espacios donde se pueda educar de manera más respetuosa con la infancia, con aulas llenas de materiales educativos específicos. Por tanto, los costes son mayores.

Pero no todo es blanco o negro, hay una escala de grises maravillosa…Por ejemplo, cada vez más docentes de España se están interesando en esta metodología y buscan la manera de aplicar en parte estos conocimientos en sus aulas. De hecho, en el II Congreso Internacional Montessori que se ha celebrado este mes de julio, tenemos centenares de maestros que siguen formándose pese a que, desgraciadamente, este Congreso no les pueda computar de forma oficial a nivel de obtener puntos que pudieran reconocerse en sus oposiciones al sistema público. Los padres, aunque no podamos llevar a nuestros hijos a una escuela basada en esta pedagogía, podemos hacer mucho en casa, empezando por nuestra propia preparación como adultos. Y cuanto más esté extendida esta pedagogía en la sociedad, más sencillo será que la educación española se adapte a esta visión que pone al niño como centro de todo.

P. ¿Qué busca un padre cuando se decide por este método?

R. Cada vez escuchamos más noticias sobre bullying, acoso, violencia o generaciones ni-ni, desmotivadas, sin valores o sin ganas de contribuir a hacer un mundo mejor. Además, estamos ante un futuro incierto, ya no solo por las crisis económicas y por la globalización, sino también por el cambio climático y en general por la sostenibilidad del planeta. ¡Necesitamos más adolescentes y adultos que sean capaces de movilizar nuestras conciencias! Un padre que se acerca a este tipo de proyectos es consciente de que la mejor herencia que puede dejar a sus hijos es la educación, y se cuestiona sobre cómo el sistema tradicional se ha venido utilizando con fines de adoctrinamiento en el pasado y busca una educación que no esté basada en el miedo, sino en la libertad y en el desarrollo integral del ser humano.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/07/14/mamas_papas/1594713609_550622.html

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Proyecto TransFormándoNos

Por: educactivate.com.

 

TransFormándoNos

TransFormándoNos es un proyecto que promueve la transformación educativa por medio de tres corazones: el cambio personal, el cambio docente, y el cambio del espacio educativo.

Transformándonos desde las raíces, paso a paso, partiendo de la experiencia de cada persona, desde lo que sabe, conoce y le otorga confianza, placer, pasión.

Formaciones presenciales y campus virtual TFN

Una forma de propiciar ese cambio docente, personal y de espacio educativo es a través de la formación. De ahí surge el campus virtual TFN y los diferentes talleres presenciales relacionados con la pedagogía activa: inteligencias múltiples, pedagogía Montessori, educación emocional, acompañamiento respetuoso, comunicación efectiva y consciente, el papel del adulto…

Asesoría

Para TransFormándoNos lo más importante es la persona. Por ello, ofrece también asesoramiento, tanto pedagógico como familiar, a todas aquellas personas que quieran cambiar su relación y su mirada hacia la infancia y la educación.

Proyecto gira Latido-América 2018

En su gira por Colombia y Centroamérica han surgido multitud de experiencias que quiere compartir con los demás. ¿El objetivo? Dar visibilidad e inspirar a otros.

Detrás de TransFormándoNos

TransFormándoNos es Cristina Antoñanzas, una maestra, formadora y asesora de pedagogías activas. Es experta en inteligencias múltiples, inteligencia emocional, coaching y PNL. Pero sobre todo, es una apasionada por la educación. Todo sobre ella aquí.

Fuente de la reseña: https://www.educactivate.com/transformandonos/

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No, el método Montessori no es “aprender jugando”

Por: Catherine L’ecuyer

En educación, está muy difundida la creencia de que el método Montessori consiste en “aprender jugando”. Tanto se ha popularizado esa idea, que se puede leer, en la cuarta línea de la entrada sobre la autora en Wikipedia, que Maria Montessori “defendía que el juego es la principal actividad a través de la cual el niño lleva su vida durante los primeros años de edad.”

En 1911, un año antes de publicar su primer libro sobre su método, Montessori observó que los alumnos de la Casa dei Bambini que habían aprendido a reconocer las letras perdían interés por completo en los juguetes; se dio cuenta de que los juguetes eran un refugio en ausencia de un mayor reto para ellos. Fue cuando sacó definitivamente los juguetes de sus aulas. Sobre la cuestión de la finalidad del juguete, Montessori dijo que los niños aprenden de los juguetes cuando los rompen, y que no lo hacen por rabia, sino por curiosidad, para ver “lo que hay dentro”.

La pedagogía montessoriana es compleja, y todo esfuerzo para simplificar su propuesta sobremanera está condenado al fracaso. Su autora escribió 21 libros en diversos idiomas; los libros no fueron todos publicados en el idioma en el que fueron inicialmente escritos y las traducciones posteriores a menudo se hicieron partiendo de una segunda traducción. El estilo escrito de Montessori es metafórico, recargado, con alusiones a teorías a veces obsoletas y su propuesta es transmitida con un lenguaje a veces tortuoso. La autora salta de una idea a otra, trae anécdotas metafóricas complejas para convencer de sus ideas. No suele cerrar el bucle de sus argumentaciones de forma estructurada; el texto no fluye. Parece que intenta darnos de golpe todo lo que piensa sobre todas las cuestiones, sin orden o desarrollo argumental estructurado. Algunos comentaristas de sus obras caen en la hagiografía y se niegan a ver los defectos de la autora o de su obra, lo que da a esa pedagogía aires místicos casi como si de un culto se tratara; otros critican desde la ignorancia, sin molestarse en intentar entender a la autora.

Montessori tiene un tono autoritario, a veces incluso parece dogmático; pide ortodoxia y no admite diálogo. Un análisis superficial lleva uno a preguntarse: ¿Por qué no da a sus maestros el mismo margen de espontaneidad que a sus alumnos? Su estilo a menudo recibe críticas que llegan incluso a su persona, lo que distrae del análisis honesto y riguroso del mérito intrínseco de su propuesta. Hay que entender que el papel de la ortodoxia y de la disciplina, en Montessori, no es inmovilismo o fe ciega en un bloque teórico monolítico, sino prerrequisito para el movimiento con propósito, la creatividad y la espontaneidad ordenada a un fin. En un contexto educativo que plantea la creatividad, la imaginación y el aprendizaje, desarraigados de los contenidos y del esfuerzo para adquirirlos, Montessori está hoy más vigente que nunca.

A menudo, sus más fieles apóstoles pueden, sin ser conscientes de ello, convertirse en los peores enemigos de su método. Eso ocurre cuando la leen parcialmente y no la entienden globalmente. Por ejemplo, en el prólogo de la primera edición americana del primer libro de Montessori, Henry Holmes describe lo que considera una bondad del método: “El alumno Montessori hace todo lo que quiere, mientras no hace daño a otros”. Sabemos que esa descripción del método está equivocada, porque el material Montessori es uno de los más rigurosos y estructurados que existe en la etapa infantil. Solo hay una forma de utilizarlo y el sistema de control del error diseñado para cada material no permite al niño hacer todo lo que le plazca. Los defensores de su método pueden también desvirtualizarlo cuando proponen con buena fe fusionarlo con otros. En vida, Montessori lamentó esas prácticas entre los pedagogos de la Educación Nueva. El intento de combinar dos métodos cuyas premisas son fundamentalmente incompatibles pone en evidencia la incapacidad de entender los motivos y las asunciones que caracterizan el espíritu que mueve a esos métodos. La preocupación del eclecticismo educativo no puede ser más vigente hoy, dada la frívola tendencia a acumular las innovaciones educativas sin hacer el esfuerzo previo de entender el trasfondo de cada propuesta educativa y la incoherencia que puede haber entre ellas.

Quizás esas explicaciones arrojen luz al hecho de que muchas de las personas que se proclaman expertos de la educación montessoriana en el ámbito educativo no conocen a fondo sus obras. Quizás esa sea la razón por la cual encontramos en muchos colegios autodenominados Montessori metodologías o planteamientos (por ejemplo, estimulación temprana, uso de la tecnología en la primera infancia, libertinaje escolar, exclusión de la dimensión espiritual, etcétera) que no están en armonía con lo que ella defendía (la disciplina interior, el proceso de normalización, la dimensión espiritual, el término medio en la cantidad de estímulos que responde a las características de cada período sensitivo, la mente absorbente, etcétera).

Más allá del lenguaje técnico, Montessori es una mujer con un sentido del humor fino; a menudo escribe con un tono de ironía que solo captan aquellos que conocen ese rasgo de su personalidad y que entienden bien el trasfondo de su método. Por ejemplo, algunos entienden como apoyo lo que en realidad era una crítica que la autora formulaba a la idea de eliminar asignaturas para así aliviar a los alumnos de la fatiga. Montessori argumenta en contra de la reducción de la fatiga mediante la rebaja de las exigencias académicas y a favor de un contenido curricular exigente. Para ella, la fatiga disminuye cuando el niño alcanza la concentración y realiza actividades sensoriales y mentales que tienen un propósito, no cuando se vacía el aprendizaje de sus contenidos. Deplora el giro que tomó el movimiento de la Educación Nueva del siglo XX del que se consideró precursora ignorada, y lo asocia con nada menos que “una revolución que aspira al desorden y a la ignorancia”. No es casualidad que Montessori está ahora apareciendo en primera línea de la actualidad pedagógica.

Para comprender la educación Montessori es preciso entender el trasfondo de sus principios, así como la relación que esos principios guardan con el material. Por ejemplo, es importante entender el motivo por el que defiende que la disciplina es una condición previa a la libertad y da tanta importancia al trabajo individual y la responsabilidad personal. Es clave entender el trasfondo de las críticas del sector de la escuela progresista y de la Educación Nueva que calificaron su método de mecánico, formal, restrictivo, carente de oportunidades de juego creativo y de cooperación, así como las respuestas que da a las críticas que recibe del sector antimodernista que existía en el clero de principios del siglo XX. Es necesario entender el motivo por el que rechaza la imaginación productiva tan característica del Romanticismo. Es importante entender el motivo por el que piensa que los juegos simbólicos llevan la confusión mental del niño a su culminación; para ella, la necesidad de tener experiencias imaginativas en vez de reales es consecuencia de la pobreza sensorial. En sus escuelas, los niños no simulan servir la mesa con copas de plástico, la sirven con copas de cristal; no simulan lavarse las manos, se las lavan de verdad y disfrutan haciéndolo. Todos los “ejercicios de vida práctica” que hacen sus alumnos están basados en la realidad, no en el juego simbólico.

Pero entender la teoría tampoco sería suficiente. Montessori insiste en que parte de la formación en su método consiste en la observación, durante horas, de la actividad espontánea de los niños en un entorno que se adecue a sus necesidades. El método se basa en la asunción de que los niños pequeños quieren trabajar y disfrutan haciéndolo, sin necesidad de castigos o de recompensas externas. Esas ideas chocan contra el prejuicio de aquellos que piensan que el niño es esencialmente vago, perezoso e incapaz de buscar retos que se ajusten a sus capacidades. Debido a una visión pesimista de la naturaleza del niño, algunas personas creen que eso no es posible.

Por otro lado, debido a la dependencia que tienen los niños hacía los dispositivos tecnológicos y a la dificultad que tendrán para desarrollar un locus de control interno, es posible que no tengamos hoy un entorno que nos permita fácilmente observarlo. Cuando los sentidos están alborotados, estimulados por encima del umbral de la sensibilidad, el niño deja de sentir y difícilmente prestará atención sostenida a los estímulos externos. Entonces su método se arriesga a convertirse en una utopía impracticable, pero no porque el método sea inoportuno, sino porque el entorno en el que se encuentra el niño de hoy hace imposible su “normalización”. La “normalización” es un término aparentemente anacrónico de la pedagogía montessoriana, pero sin explicarlo bien, es imposible pretender entender nada. Montessori explica que los niños pobres en sus aulas se interesaban antes que los niños de clase alta por el material, porque estos últimos estaban saturados de objetos y juguetes que alborotan pasivamente sus sentidos. Hoy en día, ni los niños desfavorecidos tienen ese privilegio, se lo hemos arrebatado cuando la retórica educativa dominante defendió que la mejora educativa pasaba necesariamente por el cierre de la brecha digital.

Es cierto que Montessori repite a menudo que el niño aprende “con menos esfuerzo”, pero en realidad no es que no haya esfuerzo; dejarse medir por la realidad siempre requiere esfuerzo. Cuando el niño está absorbido o completamente concentrado trabajando, no es consciente del esfuerzo que está poniendo en la tarea y ese esfuerzo se ve compensado por la satisfacción del gozo de aprender. El esfuerzo es, de alguna forma, placentero. Para Montessori, la actividad espontánea y la concentración son los secretos para la resistencia a la fatiga y la disciplina interna es una condición previa al ejercicio de la libertad que permite al niño experimentar esa irresistible inclinación para aprender.

En definitiva, sería bueno que los autoproclamados expertos en la pedagogía montessoriana vuelvan a los textos originales de la autora. Todos podemos estar o no de acuerdo total o parcialmente con su propuesta, pero si pretendemos hablar en su nombre o en el de su método, más nos vale hacerlo de forma responsable. Porque no se puede “aprender” sobre Montessori “jugando” a ser experto sobre ella.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/03/18/mamas_papas/1552896695_886326.html

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Los trucos para que los niños aprendan matemáticas, según la profesora que lleva 50 años enseñándolas

Por ENRIQUE SACRISTÁN

“He olvidado nombres de personas y lugares, como las montañas que escalaba de joven, pero me acuerdo de todo lo que hay dentro de esta habitación”, comenta la veterana maestra Maria Antònia Canals desde su Gabinete de Materiales y de Investigación de la Matemática en la Escuela (GAMAR), situado en la biblioteca de la Universidad de Girona, donde es profesora emérita. Las muletas que usa y su salud delicada no pueden competir contra su carácter.

Las estanterías del pequeño despacho están repletas del material didáctico que ha desarrollado a lo largo de su vida: coloridos bloques de madera, regletas numéricas, botes con caramelos de mentira, un pequeño tendedero, tapones, bobinas de hilo, cintas de medir, piezas de cartulina… Sus métodos se derivan de los movimientos de renovación pedagógica del siglo XX y proponen una didáctica de las matemáticas basada en la manipulación y el juego, sin olvidar las particularidades de cada alumno.

El gabinete se creó en 2001 con la dotación del premio Jaume Vicens Vives a la docencia universitaria que la Generalitat de Cataluña otorgó a Canals. Es el entorno perfecto para repasar la vida de esta profesora emérita de la Universidad de Girona y conocer sus consejos para otros maestros.

Pregunta. Nació en Barcelona en noviembre de 1930. ¿Tiene recuerdos de la Guerra Civil?

“Los seguidores de Maria Montessori convirtieron su método pedagógico en una forma de ganar dinero, con escuelas carísimas y elitistas”

Respuesta. Yo era una niña y al principio no entendía bien por qué la gente gritaba “¡bombas, bombas!” y se volvía loca. Íbamos a unos refugios que a mí me parecían fantásticos. Un día vi una casa convertida en escombros y mi madre me explicó que eso es lo que hacían las bombas. Así entendí lo malas que eran. Entonces no sentí miedo, pero sí después, durante el franquismo, sobre todo el día que policías armados con metralletas enormes nos rodearon en el palacio de deportes de Montjüic mientras cantábamos L’Estaca de Lluís Llach.

P. ¿Cuándo decide dedicarse a la enseñanza infantil?

R. A principios de los años 50 estudié Magisterio por libre en la Escuela Normal de Tarragona, y Ciencias Exactas en la Universidad de Barcelona. Lo suyo es que me hubiera puesto a dar clases a los de bachillerato, pero nunca me han interesado. Los pequeños, sin embargo, me parecen formidables y decidí trabajar con ellos. Para mí son los que piensan más y mejor. También influyó que mi abuela y mi tía eran maestras. Esa tía había ganado un concurso para formarse varios meses en Italia con Maria Montessori, la precursora del método educativo que lleva su nombre y que puso en marcha en un barrio desfavorecido de Roma. Tengo una foto sentada sobre su falda durante su estancia en Barcelona.

P. ¿Puso en práctica este método cuando comenzó a trabajar?

R. Sí. Lo seguí en mi primer trabajo como maestra en la Escuela Thalita de Sarrià, donde estuve hasta 1962. Aquel año, ante la llegada de miles de migrantes a Barcelona, decidí que algo había que hacer con tantos niños sin escolarizar. En un humilde barracón del barrio de Verdum abrí la Escuela Ton i Guida. Empecé con 40 niños un poco gamberros pero poco a poco, yendo a su terreno, razonando con ellos y jugando, logramos que dejaran de escupir o gritar en clase. En esta escuela, que llegó a tener más de 400 alumnos, tuve una crisis con Montessori porque algunos de sus materiales numéricos no funcionaban, por ejemplo sumar con bolitas olvidando el valor del espacio que ocupan en un alambre, como me hicieron ver los propios niños.

«Quizá este es mi último mensaje pedagógico: si nosotros no les decimos [a los niños] ninguna mentira, ellos responden, aunque lo hagan cada uno a su manera. También es muy importante saber escuchar y tener confianza en los alumnos, sin perder la autoridad»

P. ¿Entonces ya no es partidaria de esta metodología?

R. El respeto profundo de Montessori por los niños nadie lo ha superado. Su esencia es el respeto por cada niño o niña, pero esto no es enseñar matemáticas exactamente. De hecho, ella estudió Medicina, no sabía muchas matemáticas. No estoy de acuerdo en algunos aspectos como el planteamiento de la numeración, por ejemplo. Además, después de su muerte, sus seguidores convirtieron el método pedagógico en una forma de ganar dinero. Sus escuelas son carísimas y elitistas.

P. ¿Cómo hay que trabajar entonces con los niños? ¿Cuál es su consejo para los maestros?

R. Lo primero, hay que ser francos con ellos, porque lo notan. Quizá este es mi último mensaje pedagógico: si nosotros no les decimos ninguna mentira, ellos responden, aunque lo hagan cada uno a su manera. También es muy importante saber escuchar y tener confianza en los alumnos, sin perder la autoridad. Ellos se dan cuenta de si el maestro les escucha o no, y creo que la mayoría de los profesores no lo hacen. Además hay que recordar que no es lo mismo enseñar que conseguir que se aprenda de verdad.

P. Y los materiales que ha creado ayudan en esa tarea…

R. La acción de los niños y niñas sobre estos materiales es la que genera conocimiento, junto al apoyo del educador y la respuesta verbal de los alumnos. Los cuadernos y dosieres donde se explica cómo crear y utilizar estos materiales –destinados al aprendizaje de las matemáticas en infantil, primaria e inicio de secundaria–, se pueden solicitar en catalán o castellano a través de l’Asociació de Mestres Rosa Sensat, en la que también participo desde los años 60. Los materiales manipulables son de distinto tipo: unos son para generar nociones o conceptos (de números, operaciones, geometría…), otros potencian capacidades o competencias matemáticas (como la lógica) y un tercer grupo son juegos o actividades que sirven para consolidar lo aprendido. No hay que olvidar que el juego es la primera asignatura de los niños.

P. ¿Cómo acogen este material los profesores?

R. La verdad es que estoy muy enfadada con los maestros. Compran los libros y no los leen. Los materiales requieren un esfuerzo por parte del maestro y si no los comprenden bien, tampoco los usan correctamente. Por ejemplo, los maestros suelen colocar números en carteles para adornar el aula, lo que es una estupidez. ¿No lo ven los niños ya en los libros, en la calle, en los autobuses…? Una cosa es la cantidad y otra el número escrito. Acabo de terminar un decálogo de errores que cometen los profesores de matemáticas en infantil y ese aparece el primero.

«Los maestros suelen colocar números en carteles para adornar el aula, lo que es una estupidez. ¿No lo ven los niños ya en los libros, en la calle, en los autobuses…? Una cosa es la cantidad y otra el número escrito»

P. ¿No ha pensado en adaptar todo este material a las nuevas tecnologías?

R. Con mis materiales es mejor dejar el móvil o la tableta en la entrada del colegio. No están pensados para las nuevas tecnologías. El lenguaje matemático hay que enseñarlo y su aprendizaje depende de la edad, la personalidad y el contexto de cada alumno. Cada uno lo hace de una manera y debemos respetarlo. No es lo mismo el campo que la ciudad, por ejemplo. ¿Sabes la historia del problema de la cesta de huevos?

P. La verdad es que no…

R. Un maestro le plantea a un alumno: tenemos un cesto con 500 huevos y vendemos 170. ¿Cuántos quedan?. El niño responde que ninguno y le suspende, pero cuando se lo cuenta a su madre, esta le pregunta: “¿Y tú qué pensaste?”. “Que nosotros vamos todos los días al mercado a vender huevos y sabemos que si pones 500 huevos en un cesto se rompen todos”, responde. En este caso la madre tiene confianza en lo que piensa su hijo. Lo que interesa es que los niños piensen, no que yo quede bien como profesora. Y fijarse en sus inquietudes, en sus particularidades… incluyendo si tienen algún tipo de dificultad.

P. ¿También ha trabajado con alumnos con discapacidad?

R Cuando trabajaba en la Escuela Toni i Guida tuve algunos, como la Mari, con síndrome de Down. Conseguimos que viniera al cole y fuera respetada por todos. También recuerdo el caso de José, que no hablaba nunca. Tenía autismo, que por aquel entonces yo ni sabía lo qué era. Pero un día prestó mucho interés durante un taller de marionetas a las que los alumnos tenían que poner voz. Cuando le tocó el turno a José habló por primera vez para decir su parte del diálogo. A raíz de aquello animamos a los padres para que le llevaran a un especialista. Fue emocionante cuando 50 años después, en el aniversario de la escuela, nos reencontramos y estuve charlando con José.

DECÁLOGO DE ERRORES AL TRABAJAR LAS MATEMÁTICAS EN INFANTIL (3-6 AÑOS)

1. Mostrar los números escritos, grandes y muy visibles, de manera fija y persistente en el aula.

2. Reducir el contaje a solo un trabajo de memoria, con el único objetivo de recordar el nombre de unas grafías.

3. Identificar los bloques lógicos tipo Dienes con los nombres geométricos de sus formas.

4. Representar las primeras sumas con bolitas pequeñas (tipo collar) sin tener en cuenta el espacio que ocupa el alambre que las une en los extremos de cada cantidad.

5. Introducir el uso de las regletas lisas de colores para la comprensión de los números naturales antes de llegar al primer ciclo de primaria simplemente porque son muy bonitas.

6. Descuidar el trato en profundidad de las actividades básicas en matemáticas: noción de cantidad y cambios; movimientos en el espacio; líneas, superficies y cuerpos; y solución de situaciones reales, que son los verdaderos problemas.

7. Usar los materiales que resultan bonitos y caros sin ver los que de verdad tienen una relación más auténtica con la vida de la clase y los maestros consideran adecuados para cada niño, principalmente con los que tienen dificultades.

8. Olvidarnos de completar todas las actividades con la expresión verbal de los niños sobre lo que se ha hecho, lo que ha pasado, lo que hemos descubierto, etc.

9. Ser víctimas de un programa que nos habíamos trazado o nos habían impuesto.

10. No confrontar lo suficiente nuestro trabajo, éxitos y dificultades con nuestro equipo de compañeros y compañeras.

(Maria Antònia Canals, 2018)

Fuente; https://elpais.com/elpais/2018/07/19/ciencia/1532023630_630635.html?id_externo_rsoc=TW_CM

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La mejor respuesta.

América del Norte/México/Fuente:https://elsoldemexico.com.mx/

Por: Francisco José Bernal.

Mirando a México y ante las generaciones del porvenir hoy más que nunca el magisterio tiene un destino que crear. Dejar morir nuestra conciencia ante la crisis que vive el país, será lo peor que nos pueda pasar.
Ante este horizonte, la educación Montessori es la mejor respuesta.
Este es el caso de la Institución Educativa Montessori de Atlamaya, fundada en el año de 1977 por la mtra. Lourdes Astorga Maycotte. Esta institución se ha distinguido por aplicar la metodología y filosofía Montessori de manera ética y profesional, cuenta con reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública, así como de las dos grandes Asociaciones a nivel Internacional AMI (Association Montessori Internacionale) y AMS (American Montessori Society).

Actualmente la directora de dicha institución es Laura Orozco Serralde, con estudios de guía montessori, psicóloga, psicoterapeuta infantil, así como lic. en educación preescolar, que desde el año 2008 desempeña sus funciones.
ENTREVISTA A LA MTRA. LAURA OROZCO

P: ¿Cuál es la misión de Montessori de Atlamaya?

R: Nuestra misión es promover el proceso de desarrollo de los niños de manera integral, a través de un ambiente preparado y armónico, rico en material educativo y científico que le permiten al niño ejercer su libertad con responsabilidad, con el fin de autoconocerse y desarrollarse al explorar, observar, experimentar, trabajar, aprender, convivir… lo que conlleva a una organización mental y a la autoformación del ser, construyendo así una alta autoestima y seguridad en sí mismo. Promover a través de nuestro programa motor la excelencia física, la cual repercute en todas las funciones humanas. Sensibilizar a los niños hacia una ecológica que nos permita preservar nuestro ambiente a través de vivencias cotidianas que le permitan al niño irlo integrando a su vida.

P: Objeto de esta enseñanza

R: El objeto principal de la enseñanza Montessori es ponderar en la formación de la vida infantil, la manifestación de una “guía interna” para el propio autodesarrollo de cada niño, el cual se manifestará al permitir a esa guía expresarse adecuadamente. Todo ello se considera como la pedagogía de la autoformación y de la responsabilidad, con el fin de lograr una capacidad para ser libre y responsable.

P: ¿Cuáles son los resultados evidentes en los alumnos Montessori?

Los niños que idealmente han cursado cuatro años (dos en Comunidad Infantil, nivel de 1.8 a tres años y tres, en Casa de los niños, nivel de tres a seis años) en un buen sistema Montessori, en el nivel preescolar, tienen la oportunidad de desarrollar una infraestructura que queda como patrón de organización psíquica fundamental bases para un desarrollo integral y armónico que se construyen dentro de los primeros seis años de vida. Patrones de organización como lo son la independencia, la sensación de sentirse capaces y eficientes, convicción que se transforma en autoestima, la capacidad de tomar ciertas decisiones y responsabilizarse de sus actos, y principalmente la sensibilidad para reconocer sus verdaderas y propias necesidades, las cuales saben llevar al tamiz de su pensamiento primero, para posteriormente actuar en congruencia con ellas y después poder asimilar lo que esta experiencia deja. Otro resultado evidente es la capacidad para reconocer las necesidades en los demás y apoyarlas en la media que puedan y estén convencidos que se trate de algo que está bien. Los niños educados en un ambiente Montessori, manifiestan un alto grado y manejo de la lectoescritura y las matemáticas. Las ciencias son para ellos motivo de curiosidad y deseo de aprender.

Considero que si estas habilidades, son fundamentales claves en desarrollo de todo ser humano, dejando una infraestructura que garantiza una formación sólida para una vida mejor.

P: ¿Cuál es el rol de los profesores de este sistema?

R: El rol de los profesores es particularmente distintivo. En lugar de ser instructores, son facilitadores que crean un ambiente de calma y propósito en el aula y que guían a los estudiantes en su proceso natural del aprendizaje. Daniel Pink, reconocido autor y pensador de los negocios considera que el uso del método Montessori es una gran idea para el desarrollo de los ejecutivos en escenarios corporativos y mejora del pensamiento innovador, así como la agilidad de aprendizaje que es el predictor número uno del éxito de los ejecutivos que son promovidos a nuevos cargos, al igual que con el conjunto de habilidades que caracterizan a los CEOs de las organizaciones

P: La Formación Montessori, ¿es el mejor cimiento para un niño de nuestra
época?

R: En esta época, más que nunca, se requiere de seres cuya formación tenga como infraestructura niños capaces, eficaces, independientes, seguros de sí mismos, con una formación cuyos valores le dicten el cuidado de sí mismo y el de los demás. Con una sólida base académica, organizada desde el gusto por el aprendizaje y la investigación, en donde los números y las letras y las ciencias, lejos de ser un tedio para ellos, son una gran motivación para el aprendizaje.

El método Montessori: más vigente que nunca para la formación de líderes innovadores, entre ellos Gabriel García Márquez, Peter Drucker, Yo-Yo Ma y Larry Page.

Todos ellos son exalumnos de escuelas Montessori. Y la lista de exalumnos sobresalientes incluye a Jeff Bezos, fundador de Amazon, Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, la afamada chef Julia Child, el rapero P. Diddy, el actor George Clooney, y a la
celebridad Jackeline Kennedy-Onassis.
EPÍLOGO

Es evidente que un país será según el tipo de hombre que predomine en él. Ya no es momento de deliberar sino de actuar. La desigualdad en el nivel de la educación básica de nuestro país con otros países, es un signo de alarma.

México tiene un pueblo con gran
talento: no lo dejemos solo.
MIS FRASES DE HOY

Educar es la belleza del amor.

Educar es una apasionante aventura con responsabilidad.

Educar es enseñar a vivir y a convivir.

Educar es dejar camino de luces para las generaciones del porvenir.
Nota:

De mi libro “Las frases de la experiencia”.

Fuente: https://elsoldemexico.com.mx/columnas/330597-la-mejor-respuesta

Imagen: http://activateya.com.ar/blog/wp-content/uploads/montessori-4.jpg

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Colegios sin deberes

La ‘educación activa’ reivindica un modelo de escuela en el que el aprendizaje se basa en la motivación y el crecimiento personal, donde no son necesarios pupitres, deberes para casa ni exámenes

Un profesor entra en clase, habla y escribe en la pizarra mientras los alumnos, bajo un silencio disciplinario, escuchan y toman notas. Periódicamente son sometidos a exámenes para ver si han sido capaces de memorizar lo hablado por su maestro y para fomentar esa memorización se mandan deberes, tareas que deben realizar los alumnos fuera del horario escolar. Esa podría ser la imagen de cualquier colegio o instituto convencional. Ya hay voces de expertos que critican este sistema educativo que dicen «sigue invariable desde hace siglos», como apunta uno de los principales investigadores mundiales sobre la inteligencia artificial y la teoría del aprendizaje, Roger Schank.

Disciplina férrea, el papel incuestionable –casi dictatorial– del maestro en el aula y como objetivo aprender habilidades y memorizar conocimientos. No parece que se ajuste a una educación basada en los actuales valores democráticos. Eso se debe, según los expertos críticos con la educación convencional a que el modelo educativo actual se basa en principios del siglo XVIII, cuando el reto de la educación era crear una ingente mano de obra para la producción industrial.

Sin embargo, empiezan a ganar peso en la sociedad otras pedagogías que ponen el foco en la creatividad y en valores democráticos. «Trabajamos bajo las premisas de la pedagogía activa, en la que el alumno realiza su propio aprendizaje a partir de materiales vivenciales y experiencias de aprendizaje, que le permiten el desarrollo del pensamiento crítico, la resolución de problemas, la búsqueda de estrategias múltiples de aprendizaje, manteniéndole conectado con su creatividad, inventiva y alta capacidad de pensamiento divergente», explica Cynthia Ramos, directora de la Escuela Myland, ubicada en la sevillana localidad de Palomares del Río.

En Myland llama la atención que no hay pupitres. Los niños eligen qué hacer según sus necesidades o intereses, aunque monitorizados por un profesorado que ejerce de «acompañante educativo». Aprender en base a la experiencia y no teniendo como patrón educativo la repetición y la memorización. «Entendemos que los niños y niñas poseen un interés innato por el aprendizaje y el descubrimiento, como explica su directora». En este sistema pedagógico el profesor adquiere el papel de guía y se comunica con el niño de manera bidireccional. El silencio en clase no sólo no es obligatorio, sino que puede ser preocupante si un niño no adquiere esa capacidad de preguntar y comunicarse, explican.

Si ya resulta extraño no ver pupitres en las aulas, más extraño es ver al alumnado entrar y salir a su antojo de aulas que siempre mantienen las puertas abiertas o, simplemente, no tienen puertas. En contra de lo que podrían imaginar los defensores de la educación basada en una férrea disciplina, al ojear en el interior de alguna de estas aulas los niños están trabajando dentro sin que nadie les obligue a ello. «Basamos nuestro proyecto en la idea de que el aprendizaje surge por una motivación interna y esta es la que determina el currículum individual que seguirá cada niño o niña», explica la directora de Myland. Es fundamental, apuntan los promotores de este tipo de educación activa, respetar al niño y sobre todo sus necesidades e inquietudes. «Se educa para el fomento de sus habilidades, autonomía y desarrollo personal, tanto intelectual como emocional», aclara.

En Myland se han decantado por un sistema propio de enseñanza que tiene sus bases en la Teoría de Inteligencias Múltiples (de Gardner) y en el método Montessori entre otros. El método Montessori, elaborado por la doctora italiana María Montessori, se basa en tres elementos clave: ofrecer un ambiente preparado para que los alumnos puedan expresarse en todos los ámbitos posibles, la monitorización del profesorado hacia cada alumno ya que es «mediante la observación atenta que hacen los profesores se realizan propuestas de trabajo que respondan a las necesidades auténticas de aprendizaje que va mostrando cada alumno», aclara Cynthia Ramos. En este sentido el método Montessori potencia las singularidades de cada alumno y no ofrece una educación uniforme para grupos, como es habitual en la educación convencional. El otro elemento fundamental es conocer y aportar experiencias a los niños acordes a cada etapa evolutiva.

En este sentido, la otra gran tendencia alternativa a la educación convencional en la llamada educación activa es el método Waldorf. En estas escuelas el vínculo entre el maestro y el alumno es muy fuerte y se considera esencial, pero su metodología se basa en respetar los ritmos educativos de cada niño. Estas escuelas libres han logrado el reconocimiento como corriente pedagógica de la Unesco y cuentan con más de 800 escuelas y mil centros infantiles en todo el mundo. En las escuelas Waldorf los libros de texto los elaboran los propios alumnos, de manera que se sientan protagonistas de su propia educación, con una clara orientación humanística.

Sea Waldorf o Montessori, el objetivo es el desarrollo integral del individuo a través de la educación. Para ello se pone también la lupa en las emociones y los sentimientos de los alumnos. «Es esencial que la educación ofrezca un apoyo afectivo continuado, un acompañamiento emocional que le permita al niño sentirse libre y seguro para desarrollar todas sus capacidades». Y en ese planteamiento la participación de los miembros de la familia es imprescindible: «Las familias forman parte del proceso educativo, colaboran tanto en actividades como en el seguimiento y bienestar de la escuela», explica la directora de Myland.

Una de esas madres que ha optado por salirse de la línea educativa convencional es Mireia Illescas, que además trabaja como formadora de maestros: «En estas escuelas yo encontré la teoría hecha realidad –explica–; el entorno, las personas y la manera de acompañar a los niños responde a las recomendaciones que los expertos en ámbitos como la neurobiología, la psicología y la pedagogía, aportan a la educación».

Patricia Linares, madre de Diego, de tres años, llegó a uno de estos centros casi de manera natural: «No puedo decir que nosotros hayamos escogido un colegio de pedagogía activa de forma consciente, fue más bien el resultado de aprender a ser padres lo que nos llevó allí», aclara. «Con nuestro primer hijo descubrimos con tristeza en su entrada al cole, con tres años, que no había un verdadero proceso de adaptación sino un paso abrupto más cercano al sálvese quien pueda». Para esta madre el hecho de que los padres puedan estar acompañando a sus hijos en estos centros todo el tiempo que sea necesario hasta que se sienta seguro en ese nuevo espacio es esencial.

La motivación de los alumnos es sin embargo lo que más destacan los padres y madres que optan por esta educación alternativa. Patricia Linares, que ha vivido la educación convencional con su primer hijo, relata lo que para ella fue traumático en la escolarización convencional: «Asistimos con estupor al hecho de que mientras más tiempo pasaba en el centro escolar, más se iba apagando su afán innato por aprender».

Así que cuando nació nuestro segundo hijo, nos preguntamos: «¿No habría un colegio donde los padres podamos estar presentes en su adaptación? ¿No habría un colegio donde se aprendiera de forma más intuitiva y activa aprovechando sus intereses? ¿No habría un colegio donde se respetara sus necesidades afectivas?».

En estos centros no hay fichas, no hay deberes, no hay exámenes. Es una ruptura total con la forma que han tenido de educarse las generaciones de españoles hasta ahora. Los principales temores que le surgen a los padres y madres para dar el salto a la educación activa están principalmente en torno a la homologación. Hasta ahora, en España, estas iniciativas surgen amparadas por el hecho de que la educación no es obligatoria para los niños menores de 6 años, pero se hace necesaria la autorización administrativa una vez que los niños entran en edad de escolarización obligatoria (Educación Primaria). Es en ese momento en el que muchas escuelas no encuentran el respaldo legal necesario como alternativa educativa y los proyectos acaban cerrando o ubicándose en un limbo alegal. «Para nosotros normalizar esta forma de enseñanza es primordial y hemos luchado mucho para reconocer el reconocimiento de las autoridades competentes», explican desde Myland.

«Una educación donde lo importante es desarrollo global del niño mas allá de la adquisición de contenidos académicos», es el resumen que hace la directora de Myland de esta educación alternativa a lo tradicional. La escuela pública está también evolucionando y adquiriendo muchos de estos planteamientos, pero la estructura física incluso les impide llevar a cabo estos cambios. Aunque el planteamiento se comparta: convertir al alumnado en el centro del conocimiento y no como un receptor pasivo, las estructuras físicas suponen un obstáculo. Mientras la educación tradicional mantiene aulas únicas con pupitres, en estos centros alternativos se desarrollan actividades en espacios abiertos, adaptables y gran parte de ellos al aire libre en entornos naturales. De hecho, aunque este concepto de educar en un entorno exterior, con vegetación y huerto y sin mobiliario que restrinja los movimientos pueda parecer muy novedoso, es el mismo que desarrolló Aristóteles en su Liceo, un jardín provisto de una galería para pasear al aire libre, salas de clase y habitaciones. El resultado es una educación atractiva, interesante y desde luego no aburrida y monótona. Tal vez esa sea una fórmula capaz de romper la espiral del fracaso escolar.

Fuente: http://elcorreoweb.es/cincocolumnas/colegios-sin-deberes-LH1867159

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Padres de día: «Ellos también cuidan»

19.03.2016 | VERÓNICA VICENTE | 20 mniutos

JOSE GUZMAN

En una mayoría aplastante son mujeres las que han hecho de la crianza en el hogar su profesión. Xavi, autor del blog papadedia.wordpress.com, vivía con su familia en el municipio de Chapinería (Madrid), allí quiso trabajar en casa como padre de día cuidando de su pequeño y otros menores, pero el proyecto no cuajó.

«Ya sea por la localización de la casa (en un pueblo de apenas mil habitantes), o porque soy hombre, la verdad es que fue muy difícil localizar niños. Por desgracia, el tema del cuidado de los niños se sigue relacionando directamente con las mujeres, hombres cuidando a niños hay pocos y todavía se ve como una práctica poco común. Espero que con el tiempo esta visión vaya cambiando. Yo lo intenté unos meses pero al final lo tuve que dejar», explica.

Según cifras de 2013 de la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat), el 95% de las personas que educan a los niños durante los primeros años de su vida escolar son mujeres, tanto en España como en la UE. También son maestras tres de cada cuatro educadores de primaria. De los más de ocho millones de profesores que trabajan en la Unión Europea, 5,8 millones (el 70%) son mujeres.

La ausencia generalizada de varones en las profesiones vinculadas al cuidado de los otros, en este caso de los menores, está relacionada con los procesos de socialización, «una programación oculta y silenciosa que no percibimos, pero que nos rodea», afirma Víctor Giménez Bertomeu, Sociólogo y profesor del Departamento de Trabajo Social en la Universidad de Alicante. Bertomeu explica que «en principio, el hecho de ser hombre no es un impedimento para hacerse un hueco en el mundo de la educación infantil, pero sí».

La explicación tiene que ver con «los procesos de socialización, diferentes para hombres y mujeres, es decir, el aprendizaje que se desarrolla a partir del contacto con la familia, la escuela, los iguales y los medios de comunicación. Este contacto hace que construyamos una identidad de género basada en una serie de aprendizajes que, en parte, están estereotipados. Como resultado se produce el proceso de naturalización, y es que parece que aprendemos como natural o innato lo que en realidad es adquirido. Es habitual escuchar que las mujeres son más sensibles y tienen un instinto natural para la maternidad, o que están más preparadas para cuidar al otro, pero no es necesariamente así; habrá mujeres que sí y que no, y hombres que sí y que no. Sin embargo, a causa de esta naturalización, el individuo acaba teniendo una propensión o tendencia, en el caso de las mujeres, a las tareas de cuidado, siempre hablando en términos generales».

Llevado al terreno de lo laboral, el resultado (tal y como apuntan las estadísticas) es que las mujeres suelen predominar en un conjunto de profesionales vinculadas al cuidado (educación infantil, enfermería, trabajo social, etc.) «muy feminizadas», donde los varones son una excepción, «porque ellos no han sido socializados en el desarrollo de tareas vinculadas al cuidado de los otros, insisto, siempre generalizando», añade Bertomeu.

Ellos también cuidan

La desconfianza de algunas familias a la hora de dejar a su bebé con un hombre también guarda una estrecha relación con esto. A Diego no se lo dijeron directamente, «pero me enteré después por otras vías de que ser hombre me hacía, a ojos de algunas familias, poco confiable para cuidar niños tan pequeños», cuenta a 20minutos.

No sabe si lo que los padres sentían era miedo o que no le consideraban preparado para la tarea, pero lo que tiene «clarísimo» es que «no es un problema mío». Desde que nació su hija, hace siete años, Diego sintió mucho interés por investigar y formarse a fondo para «no reproducir la educación vertical que había recibido en casa».

«Si no apostamos por un cambio de modelo educativo corremos el peligro de acortar la infancia de nuestros niños», afirma. El primer día de su curso en pedagogía Waldorf, en un aula donde era el único hombre, se levantó y dijo: «Hola, me llamo Diego y quiero ser madre de día». A continuación, risitas y murmullos.

«Un varón que tenga especial interés por los niños puede ser en principio sospechoso, porque en una sociedad que todavía tiene un carácter patriarcal esto está fuera de la norma, y lo que no se ajusta a la norma suele levantar sospechas. Si un hombre quiere cuidar y educar menores se cree que hay algo oculto porque se sale de lo común, y muchas veces se tiende a pensar que detrás hay un interés sexual o de otro tipo», añade el sociólogo.

Después de formarse durante dos años en talleres de pedagogía Montessori, realizar un postgrado oficial en enseñanza Waldorf y tras cuidar de su hija en casa hasta que cumplió tres años, Diego logró empezar a ganarse la vida como padre de día en Madrid. «Cuidé de Leo durante un curso y después de Darío durante dos años, así que estuve con dos bebés durante tres años en total. Yo me daba a conocer por el boca a boca, se lo contaba a familiares, amigos y conocidos y me hice incluso tarjetas de visita como padre de día». Ahora, trabaja como «acompañante» en el Jardín de Momo, una escuelita ubicada en el barrio madrileño de Lavapiés que aúna varias de las pedagogías consideradas «respetuosas» con el ritmo de aprendizaje del menor.

Eduardo también trabaja como padre de día en la capital, en su casa del barrio de La Latina. Junto a María, su mujer, fundó en 2014 la asociación La huella de Alba, donde cuidan de su hija y otros cuatro pequeños bajo la pedagogía Waldorf y Emmi Pikler (donde el adulto adopta una actitud no intervencionista que favorece el desarrollo del niño). Juntos son más bien una familia de día. «Nuestro proyecto de padres de día siempre ha sido conjunto y a los padres les parece un plus que haya presencia femenina y masculina, les da más seguridad».

Sobre la escasa presencia de varones en la profesión Eduardo recuerda que «en general faltan hombres en el ámbito de la educación infantil«, pero asegura que las familias que optan por esta educación en casa para sus hijos se desmarcan bastante del debate de los géneros.

«La gente que busca este tipo de proyectos alternativos para sus hijos mira poco si el cuidador es hombre o mujer, y se preocupa más por cuestiones de fondo», como la pedagogía, que los materiales de los juguetes sean naturales (madera, papel, lana…) en lo posible, las salidas diarias al parque, el contacto con la naturaleza, el juego libre, la comida en casa o el descanso.

«Un condicionamiento social»

Jose (padre de día que ilustra este reportaje) tiene ocho años de experiencia en educación infantil trabajando con niños y niñas de 1 a 6 años en distintos colegios y escuelas infantiles de Las Palmas de Gran Canaria. Cuando nació su hijo Guillermo se planteó ofrecerle «una educación más amable».

En julio de 2015 decidió poner en marcha su propio proyecto educativo como padre de día: Papá de día Las Palmas. Además de a su hijo cuida en su casa de otros cuatro bebés con edades entre los 19 y 20 meses. «Estoy muy contento. Funciono por el boca a boca y me va bien porque tengo muchos contactos por mi experiencia previa como maestro de infantil».

En su trabajo diario con los bebés, Jose aúna el método Montessori y la filosofía Reggio Emilia, «donde el niño es el verdadero protagonista de su educación». La actividad no está todavía regulada en Canarias, pero «estamos haciendo las primeras reuniones de madres y padres de día en la isla para empezar a mover hilos y crear la asociación». En estas reuniones es el único hombre. «En mi caso, jamás he tenido ningún problema con las familias por este motivo. Creo que el hecho de que todavía haya pocos padres de día en España es un condicionamiento social, pero yo nunca me he planteado que por ser hombre tendría dificultades para dedicarme a esto», afirma.

Inés Gámez, presidenta de la Asociación madres de día en Madrid, asegura que son pocos profesionales en general los que hay en nuestro país. «Casi no hay padres de día pero tampoco madres, esta es una profesión emergente y todavía nos estamos asentado, aún queda mucho camino por recorrer. Esperemos que según vayamos ganando espacios crezca el número de madres y también de padres dedicándose a esto en España».

Fuente de la noticia y de la foto inserta en la misma: http://www.20minutos.es/noticia/2669953/0/padres-de-dia/pocos-hombres/profesion-educacion-cuidado/

Foto del encabezado tomado de: https://papadedia.files.wordpress.com/2013/09/xavi-y-k-1.jpg?w=1074&h=794

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