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“Soy porque somos un grito de lucha y de paz”: entrevista a Francia Márquez

Por: Verónica Gago/lobosuelto

Proyecto Ballena, el área del Centro Cultural Kirchner dedicado a producir imaginaciones y pensamientos para un presente mejor, este año propone analizar, discutir y desacordar sobre el sentido actual de la palabra LIBERTAD. Libertad como promesa incumplida, lucha revolucionaria y también señuelo para propuestas conservadoras. En este marco PROYECTO BALLENA recibe la visita de Francia Márquez, a pocos días de asumir como vicepresidenta de Colombia.

VERONICA GAGO: Buenas tardes. Muchísimas gracias por la espera, por el agite. Estamos felices de recibir hoy aquí a Francia Márquez Mina, vicepresidenta electa de Colombia. Como vemos, en Argentina su presencia ha generado un increíble furor, admiración, cariño. Y queremos agradecerle, una vez más, que comparta esta conversación hoy aquí, en el Centro Cultural Kirchner. Le hemos puesto de título sus palabras: “Soy porque somos un grito de lucha y de paz”. Esta conversación que tendremos en breve se da en el marco del Proyecto Ballena y, antes que nada, quiero invitar a Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz de Argentina. Él ha venido especialmente. Un fuerte aplauso.

ADOLFO PEREZ ESQUIVEL: Hola. Buenas tardes a todos y todas. Yo voy a pedir algo. ¿Me permiten? Ustedes nos ven a nosotros, pero nosotros no los vemos a ustedes y queremos verles los rostros, la sonrisa, la mirada. Por favor, enciendan las luces. Los pueblos no tenemos que esconder el rostro, tenemos que abrir la mente y el corazón para mirarnos y ser solidarios con el pueblo hermano de Colombia y con todos los pueblos de esta América que nos convoca y nos desafía en construir una nueva sociedad. Yo, aquí, tengo el honor de presentar a la hermana, a la amiga, vicepresidenta de Colombia, que después de largas luchas… Francia Márquez. Ustedes la conocen. Y tenemos que cambiar el rostro, las miradas de todo el continente latinoamericano, ser pueblos libres y, para eso, necesitamos de las luchas, de las experiencias, de la solidaridad. Y hoy, en este desafío que tienen en Colombia, es una lucha que continúa y es cambiar, también, superar las muertes, las violaciones de los derechos humanos, la situación tan trágica que vive el pueblo colombiano. El derecho de hombres y mujeres en su diferencia, pero también en la igualdad de derechos. Esto es importante.

No me puedo quedar mucho tiempo, quiero presentar aquí a nuestra hermana Francia, pero después los dejó por un problema de salud simplemente. Pero no quería faltar en este momento tan importante para todos.

Permítame señalar una cosa. Aquí hay muchos compañeros, compañeras, hermanos, luchadores y luchadoras por el pueblo, la dignidad de la persona. Está Norita Cortiñas. También una madre que no está presente físicamente, pero sí está en la mente y el corazón, Mirta Baravalle, que viajaba a Colombia permanentemente para llevar la solidaridad, el amor, la fuerza, la lucha del pueblo colombiano.

Así que, simplemente, acompañarte. Van a traer muchas dificultades, pero sabes que cuentas con el pueblo argentino y que vamos a seguir juntos y juntas. Verónica es la periodista que va a conversar junto con ustedes. Aquí está el ministro Tristán Bauer, compañero de lucha. Y muchos otros y otras. Así que los dejo con ellas. Mucha fuerza y esperanza y hasta la victoria, siempre.

AUDIO EDUARDO GALEANO:

Los nadies: los dueños de nada,

los hijos de nadie,

los ningunos, los ninguneados.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones,

sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no tienen cultura, sino a lo sumo folklore.

Que no son seres humanos,

sino recursos humanos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal,

sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies,

que cuestan menos

que la bala que los mata.

V.G.: Bueno, muchísimas gracias. Acabamos de escuchar un documento histórico porque es en la voz de Eduardo Galeano, este poema: “Los nadies”. Por supuesto que no es casual que elegimos este poema. Vos hablaste, Francia, en tu campaña a los nadies y a las nadies. Dijiste: aquellos y aquellas que habitan en la sierra, en las montañas, en los barrios. Y estamos acá, también, para darte la bienvenida con este poema y decir, también, que nos parece que estas palabras poéticas de Eduardo Galeano vos las convertiste en un programa político. Y es un momento para celebrar, porque sabemos además que estas elecciones que les dieron el triunfo a vos y a Gustavo Petro son las elecciones con menos abstención de las últimas décadas. O sea que hubo una convocatoria a votar que fue impresionante. Este triunfo también abrió un viento de cambio para la región y también una época nueva. Hoy se dice en Colombia: ganó la izquierda con un programa feminista, antirracista y ambientalista. Y eso es un montón.

En una semana vas a estar asumiendo y tenemos el enorme honor de tenerte acá, en esta gira sudamericana que hemos visto que está produciendo un montón de imágenes muy potentes de tus encuentros con distintos líderes y lideresas políticos populares, con distintas organizaciones, movimientos. Este encuentro acá es uno más de muchos que sabemos que estás teniendo y, de nuevo, te queremos agradecer porque nos sentimos muy honradas de poder, en el Proyecto Ballena, tenerte.

La cuestión que queremos preguntarte es, en primer lugar, también en palabras de Galeano, porque él, después de escribir los nadies, dijo estas preguntas: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién?, se preguntaba. ¿No será la desgracia un producto de la historia hecha por los hombres y que por los hombres puede ser deshecha? Tu voz les habla a todas, a todos y a todes, ya no solo a la figura del hombre universal y pone una esperanza, que es una esperanza radical para nuestro continente. Entonces, la primera pregunta que te quiero hacer es justamente esta: ¿es América Latina una región condenada a la humillación? ¿O, cómo podemos deshacer esta condena?

FRANCIA MÁRQUEZ: Buenas noches, Argentina. Quiero, en primer lugar, extender un saludo a todas las personas que, desde acá, vibraron con nosotros para que llegara un cambio para Colombia, que es un cambio para la región. Les extiendo un saludo de parte de nuestro presidente, Gustavo Petro Urrego. Por supuesto, un saludo a toda Colombia. Saludo a los colombianos y colombianas migrantes aquí, en la Argentina. Saludo a los pueblos originarios de la Argentina, los pueblos indígenas. Saludo al pueblo negro, afrodescendiente de Argentina. Saludamos, por supuesto, a la comunidad diversa LGBTIQ+. Saludo a las mujeres, a los niños, niñas que están aquí. Y, por supuesto, a todo el liderazgo social y político de Argentina, que ha mantenido un gobierno en resistencia. Agradecemos al Gobierno de Argentina por recibirnos con beneplácito, con mucho amor. Muchas gracias al presidente y, por supuesto, a la Vicepresidenta con quien, durante estos días, hemos tenido reuniones muy importantes para hablar de justicia, de paz, de lucha antirracista, de cambio climático y para hablar de muchos temas que ahora nos competen en el gobierno de Colombia, pero sobre todo a Latinoamérica.

Entonces, para dar un poco de respuesta a la pregunta, creo que cuando Eduardo Galeano, que bien supo describir a los nadies y a las nadies, que lo usamos, usamos su poema en campaña, precisamente para definir quiénes éramos los nadies. Para el caso de Colombia son los pueblos étnicos, indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueros. Para el caso de Colombia, son las mujeres que tienen que soportar el asesinato y las violencias sexuales y de género. Es la comunidad diversa, las mujeres trans que todos los días tienen que soportar sistemáticas violencias. Es el pueblo campesino a quien todos los días le despojan la tierra. Son los niños y niñas que mueren de hambre en un país que tiene tanta biodiversidad, pero que no les ofrece un plato de comida. Son los jóvenes que salen a las calles a marchar y les sacan los ojos para que no puedan ver el futuro, pero también los asesinan como una forma de expresión para silenciarles. Son todos aquellos hombres y mujeres que, en nuestras diversidades, hemos tenido que ver cómo una política neoliberal en nuestra región ha ido poniendo en riesgo todos los días la vida humana, pero que hoy ese aniquilamiento, esa extinción de la vida trasciende al ser humano y afecta nuestra casa grande, nuestro útero mayor, la Madre Tierra. Los nadies, los trabajadores y trabajadoras que resisten, que a pesar de que trabajan duramente, su salario no es compensatorio a todo el esfuerzo, a toda la mano de obra, todo el trabajo que realiza. Y que esa explotación se traduce en acumulación y acumulación de capital en manos de unos pocos, mientras los trabajadores y trabajadoras no tienen una vida digna. Desde ese lugar nos paramos y desde ese lugar enunciamos nuestra campaña, porque de allá yo vengo, de allá soy, de esos tirapiedras, como nos decían, o de los mamertos, como nos señala la ultraderecha para no reconocer nuestra humanidad, para no reconocer nuestra voz, o para seguir estereotipando o negando la lucha de los movimientos sociales en América Latina y en la región. Pues hoy esos tirapiedras, esos nadies, hemos llegado para el caso de Colombia, a ocupar el Estado, a ocupar el poder del Estado para gobernar en favor de los nadies y de las nadies, en favor de todos los colombianos y colombianas. Y para tejer una agenda de construcción de región que nos permita afrontar de manera colectiva los desafíos que tiene nuestra América, que tiene nuestra casa grande, que tiene la Abya Yala. Ese es el desafío que tenemos. Eduardo Galeano nos indagaba porque siempre hubo avances significativos importantes en otras naciones, mientras que Colombia apenas acaba de dar ese paso. Y no porque no haya habido resistencia. La resistencia siempre ha estado ahí. Yo crecí en medio de la resistencia. Una resistencia que no empezó conmigo, que empezó con pueblos traídos en condición de esclavitud a toda América, que fueron desarraigados de su condición humana y sometidos a condición de animales salvajes y que hoy los descendientes de esos hombres y mujeres seguimos haciendo un esfuerzo por dignificar nuestra. Mi presencia aquí no es la presencia de, simplemente, Francia Márquez. Soy muy consciente de que mi presencia es la representación de pueblos históricamente excluidos, marginados, racializados y olvidados. Por tanto, yo creo que esa pregunta de Eduardo Galeano era una incitación a seguir buscando caminos y horizontes, como naciones que nos permitan vivir en paz, vivir en dignidad, vivir con justicia social. Yo creo que no estamos condenados. Creo que el pueblo toma decisiones en los momentos en que debe tomarlas. Tristemente, nosotros nos tardamos bastante en Colombia para tomar una decisión del cambio. Esa tardanza nos ha costado muchas vidas, han sido muchas personas, muchos millones de seres humanos, que han sido afectados por la política neoliberal que hemos tenido en nuestro país. Así que el desafío, ahora, que asume Gustavo Petro, Francia Márquez, pero que asume el pueblo colombiano, es un cambio en favor de la paz, en favor de la justicia social, de la justicia racial, de la justicia de género, en favor de la dignidad, en favor del cuidado de la casa grande y ese desafío, por supuesto, lo asumimos con responsabilidad, con los pies colocados sobre la tierra y con todo el amor y el compromiso que ello implica.

V.G.: Es para aplaudir todo el tiempo. Ya se me cayeron todos los papeles por aplaudir. La impronta feminista antirracista en tu campaña, en tu discurso, fue muy fuerte. lo que queríamos preguntarte era de quiénes aprendiste. En tu infancia, para vos, quiénes fueron personajes, personas, afectos importantes en este aprendizaje.

F.M.: Bueno, aprendí de muchas mujeres. La primera enseñanza de la resistencia la aprendí en mi casa, con mi abuela, con mi mamá. Mi abuela que, aunque no supo leer y escribir, supo el valor de la vida. La aprendí de Paulina Balanta, otra mujer de mi comunidad que no sabe leer y escribir, pero ayer nos recordaba Carlos Rosero que está aquí, que ella nos decía que quien no lucha, no va al cielo. Lo aprendí de mujeres de aquí, de Argentina. Y aquí tenemos una matrona, que es una insignia de la resistencia y de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, de ahí aprendimos la resistencia. He aprendido de tantas mujeres que, aún sin tener nada, hacen lo que sea por sacar a sus hijos adelante, porque sus hijos se acuesten con el estómago vacío, porque sus hijos tengan una oportunidad de ir a la escuela, porque sus hijos no vayan con los zapatos rotos a la escuela, porque sus hijos, como lo son las mujeres del Pacífico colombiano, no sean arrebatados por la violencia, por los actores armados, por el conflicto armado. Ahí yo he aprendido la resistencia y, por supuesto, ahí, siendo una mujer negra, he aprendido a diferenciar los impactos del modelo económico de desarrollo, los impactos del patriarcado, las violencias de género. Y he aprendido ahí la interseccionalidad de raza, clase y género que, al principio, no lo teorizaba, pero después conocí a Ángela Davis y aprendí. No leyendo sus libros, sino escuchando de su propia voz las historias de lo que significó para ella, una mujer afrodescendiente negra, resistir frente al apartheid, frente a todas las políticas raciales de los Estados Unidos. De ella aprendí que las mujeres negras no están haciendo la lucha para romper el techo de cristal, sino que están haciendo la lucha para ponerse de pie y caminar con sus hermanas, igual que las mujeres indígenas, porque ellas siempre han estado de rodillas. O como lo dice Sojourner Truth, que pregunta ¿acaso no soy una mujer?, en pleno tiempo de discusión de la lucha feminista.  Porque mientras unas mujeres van adelante en una lucha, pues otras mujeres van atrás. Entonces el gran desafío que tenemos es ponernos y cogernos de la mano con las que apenas se están poniendo de pie para empujar sus propias reivindicaciones. La forma en cómo Angela Davis lo dice es: yo no estoy aquí para poderme de la mano con Hillary Clinton que está a punto de romper el techo de cristal, yo estoy aquí para cogerme de las manos con las mujeres negras del Bronx o, en el caso de Colombia, del distrito de Agua Blanca o del Cauca. Porque ahí están las verdaderas luchas de las mujeres que no se reclaman a sí mismas feministas, pero que lo son.

V.G.: Te quería preguntar sobre eso, porque tu militancia empieza de adolescente casi, en la región del Cauca, contra los megaproyectos extractivistas. Eran los años ’90, donde esas luchas tampoco tenían, tal vez, la difusión que tienen hoy o la popularidad que tienen hoy. Entonces, contanos para quienes no sabemos qué significa la región del Cauca y qué significaba para vos, como adolescente, esa militancia.

F.M.: Yo creo que las mujeres siempre han estado en la lucha, otra cosa es que esas luchas han sido invisibilizadas. Para el caso del norte del Cauca, pues la experiencia de la comunidad y de las mujeres primero es que esta es una región que vivió la esclavitud. Si ustedes van a esa región, que está al suroccidente de Colombia, todavía están las casas esclavistas. Popayán, que es nuestra capital, fue la casa de la Corona española. Y aún se llama la Ciudad Blanca. Y no es simplemente la Ciudad Blanca porque tiene las paredes pintadas de blanco, sino que hay un pensamiento colonial de ciudad blanca en términos de que los que habitan la ciudad son herederos de la Corona española. Mi abuelo me contó que cuando él iba a Popayán la gente le tocaba la piel para ver si su piel desteñía. De ese tamaño es el racismo. Pero también de ese tamaño es el racismo de la negación, que sé que lo vive aquí, en Argentina, la gente afroargentina. No hay un país, por lo menos de América Latina, que pueda negar la colonización y la esclavitud. Y si no hay un país de esta región que pueda negar eso, entonces tampoco puede negar la presencia de los pueblos originarios indígenas y tampoco puede negar la presencia de los pueblos negros o afrodescendientes. Desde ahí partimos. El norte del Cauca permanentemente ha sido un territorio en disputa, desde el tiempo de esclavitud hasta hoy. Entonces, yo aprendí con mi abuela que el territorio donde nosotros vivíamos no fue un regalo. Después de la abolición de la esclavitud, en ese territorio a la gente le tocó luchar para tener la tierra que nosotros habitamos. Entonces, mi abuela decía: a mis abuelos les tocó luchar y a ellas, que eran mineras artesanales, les tocó trabajar en las minas para ir juntando lo poquito de oro y sacar a sus maridos de la cárcel, que estaban luchando por la tierra frente a terrateniente. Entonces, mi comunidad tiene una conciencia clara de la importancia del territorio como un espacio de vida. La gente negra en el norte del Cauca aprendió que sin territorio no hay libertad. Y sin territorio no hay autonomía. Y esto no es solo la gente negra del norte del Cauca, sino que el campesinado colombiano también sabe eso. Sabe que la autodeterminación de los pueblos está arraigada a un territorio. A un territorio que, para muchos, es un espacio para obtener riqueza acumulativa, pero para otros es un espacio donde se reproduce la vida. Y eso es el norte del Cauca, eso es el Pacífico colombiano, eso es gran parte de Colombia. Así nos concebimos como pueblos. Así se concibe el pueblo indígena. No se conciben pueblo sin su arraigo cultural, y el arraigo cultural y espiritual está anclado al territorio. Nosotros tenemos una práctica ancestral que es de todo el Pacífico que la hacen las parteras. Las parteras son las mujeres que ayudan a una mujer a dar a luz en lugares donde la salud no llega, donde un médico no está, son estas mujeres que, con su sabiduría, ayudan a mujeres a dar a luz cuando van a parir. Mi mamá era partera. Y parte de lo que hacen es el ombligamiento, que consiste en enterrar el ombligo, enterrar las placentas, que arraigan a las personas. Nosotros decimos “nos sembraron el ombligo”. Y es que esa práctica, que parece una cosa antigua, pues para nosotros es el arraigo y el vínculo con nuestros territorios. De esa magnitud es el amor por la tierra, es la ancestralidad por la tierra. Y bueno, por eso nos hemos enfrentado a proyectos mineros, energéticos, que ahora que soy gobierno me toca mirar cómo es que vamos a hacer. Pero que, sin duda, son proyectos que se ven como el desarrollo, sin embargo, no generan bienestar. Del norte del Cauca hay una represa salvajina que dicen los viejos “esto es la salvajada”. Y es porque es un proyecto de de una gran represa energética. Tiene agua acumulada ahí, pero mi propia comunidad no tiene agua potable. Produce millones de megavatios de energía y la misma comunidad no tiene una electrificación adecuada. Entonces, la gente dice: bueno, de qué desarrollo estamos hablando. Y eso es parte de los desafíos que ahora tiene nuestro Gobierno. Es pensar realmente un desarrollo para el bienestar de la gente. De ese territorio vengo. El Cauca ha sido un territorio que ha padecido el conflicto armado. Pero en Colombia yo me siento orgullosa de ser caucana, porque allá ha nacido la resistencia también.

V.G.: O sea que la consigna “soy porque somos”, que es también el nombre de tu movimiento, tiene estos cuerpos, esta historia y este territorio detrás, ¿verdad? No es una consigna, como muchas veces se usa, solamente de marketing, sino con una densidad histórica muy importante.

F.M.: Bueno, nada de lo que hicimos en campaña fue simplemente marketing. Nosotros, al contrario, transgredimos el marketing político ya establecido. Todo el tiempo estuve discutiendo incluso sobre qué me colocaba sobre mi cabello, sobre cómo lo usaba, porque para mí eso es parte de una representación. Como dicen las mujeres brasileñas: aquí se trata de cambiar el color en las fotos de la representación del poder, el color y las imágenes. Pues nada fue solo marketing. Creo que hicimos una campaña muy desde el corazón, desde nuestras propias vivencias y desde la realidad. Por eso, los jóvenes escucharon. Por eso, las mujeres nos escucharon. Por eso, los campesinos nos escucharon. Por eso, mi pueblo que, aunque se decía que estaba dividido el pueblo negro, raizal y palenquero, masivamente votó por Gustavo Petro – Francia Márquez. Una campaña hermosa. No teníamos recursos ni las estructuras que se usan en campaña, pero estaban los jóvenes con toda su energía, estaban los artistas con toda su creatividad. Entonces “Soy porque somos”, como bien se conoce, es la filosofía Ubuntu. Este es una herencia africana. Una filosofía africana que, por supuesto, la hemos heredado y que para nosotros significa que yo soy, si ustedes son, que nosotros somos, si la casa grande es. No hay posibilidad de existencia de la vida humana sin la vida de la naturaleza. Y eso nos implica y nos obliga a nosotros a replantearnos cómo conservar la vida significa “soy porque somos”, que esto no es una apuesta individual, que es una apuesta colectiva. Implica mirarnos como familia extensa, como familia que va más allá de los lazos sanguíneos. Para nosotros eso no es un problema porque lo hemos hecho como pueblo afrodescendiente. Ha sido el pensarnos colectivamente que nos ha permitido resistir en el Pacífico colombiano, en el Caribe, a tantos años de barbarie, a tantos años de dolor, a tantos años de sufrimiento, de lo que ha sido la guerra, de lo que ha sido la exclusión, de lo que ha sido el racismo estructural. Entonces, “soy porque somos” hoy lo colocamos a toda la América a pensarse desde el Ubuntu. Y es una consigna que nos invita, como humanidad, a pensarnos desde otra lógica. Y es la lógica del cuidado de la vida desde lo colectivo. Por eso, apostamos a que Colombia sea una potencia mundial de la vida y es usando esa forma colectiva de vernos, de enunciarnos, de sentirnos, para el buen vivir, para el vivir sabroso, como hemos dicho, porque no hay otra forma. Hoy, como humanidad, tenemos un desafío enorme y es el desafío de enfrentar el cambio climático, la crisis ambiental y esto no va a pasar si no es que cada ser humano nos hacemos conscientes, si no es que los gobiernos nos hacemos conscientes de que estamos en un camino sin regreso del exterminio de la civilización humana. Entonces “soy porque somos” tiene ese sentido del sentipensar, como dice Arturo Escobar, de pensarnos desde lo colectivo.

V.G.: Nombrabas ese desafío de ahora pasar a ser Gobierno. Ahora en Chile dijiste: “soy tirapiedras y ahora me toca gobernar”. Ese es un enorme desafío y, además, el programa político del pacto histórico se propone estas grandes cuestiones como las que venís enunciando. Sabemos que hay una carga enorme de expectativas, no sólo de Colombia, sino de toda la región. ¿Cómo te preparas para esas expectativas, para este proyecto? Sabemos que va a haber ataques, ataques de la derecha, de los núcleos concentrados del poder empresarial colonial, que ya fueron agresivos en campaña, y sabemos que ahora van a venir con todo.

F.M.: Bueno, un país no se gobierna solo. Gustavo Petro y Francia Márquez creemos que tenemos toda la capacidad para liderar un nuevo proyecto de nación. Un proyecto de nación que se piensa desde abajo, desde la raíz, desde la periferia, para la justicia social, como ya lo he dicho. El mayor desafío que tenemos es el logro de la paz. Yo creo que el principal reto es lograr silenciar los fusiles en nuestro país. Pero la paz no es sólo el silenciamiento de los fusiles, sino atacar las causas que generaron la violencia, el conflicto armado. Y esas causas tienen que ver con el hambre. Esas causas tienen que ver con la falta de garantía de derechos. Esas causas tienen que ver con el abandono del Estado. Esas causas tienen que ver con el racismo. Nosotros ya hemos dicho que vamos a retomar el avance hacia la paz que implica la implementación de los acuerdos firmados entre las FARC y el Estado colombiano sin dilaciones. Nosotros no vamos a seguir haciendo trizas la paz, lo que tenemos que hacer trizas es la guerra. Tenemos que acabar la guerra en nuestro país. Y para ello se va a restablecer la mesa de diálogo con el ELN. Para eso hay una política de sometimiento, también, que se va a desarrollar frente a los otros actores armados. Eso fue parte de lo que quedó en el programa de gobierno que le presentamos a Colombia, Gustavo Petro, nuestro líder, y Francia Márquez, que fue por lo cual votaron los colombianos y colombianas. Para eso es necesario discutir la política de drogas que por muchos años ha sido ineficaz, ha servido para dejar la plata en los bancos y los muertos en los territorios. Yo creo que enfrentar la discusión, y por eso decidimos hacer esta gira, implica que Colombia lidere, pero es un debate de la región, el camino de la legalización de las drogas usando varias perspectivas:

Uno, es el cambio del uso de la hoja de la coca y de la marihuana. Creo que ahí se puede generar toda una industria económica en términos farmacéuticos, en términos alimenticios, en términos de industria textil, que les genere oportunidad a las mismas comunidades que han sido víctimas tanto del narcotráfico como de la política de drogas.

Dos, un enfoque de atención del consumo problemático como un problema de salud pública y no como un problema de criminalidad, entendiendo que el enfoque de criminalidad que se le ha dado a esta política ha sido un enfoque que ha impactado de manera negativa sobre los derechos y libertades de todas las poblaciones empobrecidas y racionalizadas. Las mujeres, los jóvenes, los pueblos étnicos son los que han vivido un impacto desproporcionado de estas políticas. Y en ese sentido, yo creo que resarcir esos efectos implica un nuevo paradigma de cómo atender eso. La política de cero tolerancia ha servido para profundizar la corrupción, que no ataca todo el eslabón de la cadena de lo que es el narcotráfico, sino que la droga sale del país y sale con la complacencia de muchos corruptos, incluso que han estado en las instituciones del mismo Estado colombiano.

Atender el tema del hambre significa que ningún niño o niña tenga que seguir muriendo de hambre y desnutrición, y esto implica una política de atención al campo colombiano que por muchos años se dejó olvidado y que, por eso, avanzó la criminalidad, por eso avanzó el narcotráfico, por eso avanzaron estas economías ilícitas que han puesto en riesgo la vida de las comunidades. Tener un enfoque de Derechos Humanos en todas estas políticas es una necesidad, pues los líderes y lideresas que han levantado la voz y que han puesto estos temas sobre la mesa, pues les ha costado la vida. Colombia es de los países en los que más líderes sociales y ambientales se asesinan en la región, así que es un desafío colocar el enfoque de Derechos Humanos en estas políticas que vamos a desarrollar. Desarrollar el campo colombiano necesitará tecnología, investigación, ciencia. Por eso, nuestro presidente y por supuesto nosotros le acompañamos en la propuesta de la educación gratuita y de calidad, como parte esencial para los cambios que requiere nuestro país.

Son muchos otros temas, pero de manera específica quiero decir que, en mi caso, mi tarea será liderar el Ministerio de la Igualdad que vamos a constituir. Esperamos que el 7 de agosto nuestro Gobierno esté presentando al Congreso ese proyecto de creación del Ministerio de la Igualdad para trabajar por los derechos de las mujeres, de las poblaciones diversas, de los pueblos étnicos, de la juventud y de las regiones históricamente olvidadas y excluidas, que son los que están en esos niveles de inequidad y desigualdad tan grande. Por supuesto, las personas con discapacidades o diversidades, es una necesidad trabajar con ellos y ellas también. Y bueno, eso es lo que yo voy a hacer: trabajar por la igualdad. En términos de Colombia sabemos que somos de los países más desiguales de la región y esto será un desafío. Mi experiencia es desde lo social, es desde lo comunitario, es desde la defensa de los derechos ambientales, es desde la lucha por los derechos de las mujeres y la lucha antirracista, y eso estará ahí, como parte de esa apuesta de gobierno.

V.G.: Hay una palabra que aparece mucho en el programa de gobierno que, insisto, tiene ese nombre tan lindo, “Colombia, potencia mundial de la vida”, y es una palabra olvidada que es la de transición. Ustedes apuestan a una transición y cuando se habla de transición es porque hay un proyecto, porque hay una perspectiva de futuro. Hablan de una transición energética, de una transición alimentaria, también de la tierra. Hablan de una reforma en los impuestos, es decir, a quiénes se van a cobrar impuestos y hablan de una reforma de salud. Son cuatro temas muy importantes para toda América Latina, muy importantes para Argentina y me gustaría si pudieras puntualizar en algunas de esas perspectivas de la transición, porque son maneras de hacerse cargo de la crisis planetaria, como decías antes, pero además tomar los temas de fondo que hacen a un modelo depredador, neoliberal y completamente destructivo.

F.M.: Lo de transición energética fue un tema con el que nos dieron palo. Casi que perdemos la elección, porque empezaron a decirles a los empresarios y a todo el mundo que era una apuesta al castrochavismo, que si llegábamos el 7 de agosto a la presidencia y a la vicepresidencia ese mismo día íbamos a cortar el chorro de la explotación del petróleo y del carbón. Y pues eso nunca se dijo y eso no es parte del programa. Lo que se dijo es que hay que hacer un tránsito. Y un tránsito implica un proceso. Un proceso de adecuación institucional, de adecuación en términos de infraestructura que implica investigación, que implica ciencia, desarrollo tecnológico, para poder hacer todo ese tránsito de la economía extractivista hacia una economía sustentable. Y pues eso fue lo que planteamos en el programa de Gobierno que pasa por la voluntad política. Y creo que nuestro presidente la tiene y pues yo mucho más. Porque tanto el presidente Gustavo Petro, un hombre con una sensibilidad humana impresionante y con un don de gente, como decía mi abuela, siempre está poniendo los valores sobre la vida en la mesa y yo creo que es eso: es una responsabilidad humana. Es el desafío que tenemos como humanidad, no tenemos otra alternativa. O cuestionamos nuestros privilegios y toda la cultura de lo que ha sido nuestra cultura de consumo, porque eso no es solamente la voluntad del Gobierno, las políticas de gobierno, sino que pasa por una transformación cultural. Es como sociedad que tenemos que empezar a reeducarnos sobre los desafíos que hoy tenemos en términos del cambio climático. Es una parte del Gobierno, pero otra parte es la responsabilidad que tiene que asumir la sociedad, que tenemos que asumir como humanidad. Y ahí yo creo que podemos ir haciendo los cambios. Entonces, es un proceso que se va a dar, que implica todo un ajuste tecnológico, de ciencia, de tecnología, de investigación, de adecuación institucional, de adecuación legislativa. Por eso, tener el Congreso mayoritariamente hoy, una buena bancada del Congreso, que nos alegra que la mitad de la bancada, por lo menos del pacto histórico, son mujeres y la mitad son hombres, eso es muy importante para todo el desafío que tenemos.

Frente a lo de la reforma tributaria, pues los principios que colocamos fueron los principios de Justicia tributaria. Es decir, quienes más tienen utilidades, pues tienen que aportar más en términos de la responsabilidad solidaria. Porque uno puede hablar bonito, pero es con plata que se pueden hacer las transformaciones. Y se requieren los recursos. La pirámide ha estado colocada en que quienes menos tienen son quienes más pagan en Colombia. Las exenciones tributarias se han colocado a los sectores más poderosos que efectivamente pueden pagar mayores impuestos, porque tienen una mayor utilidad. Pero, en realidad, quienes menos tienen son los que más aportan o, en muchos casos, aportan de manera igualitaria. Ahí no hay una justicia en términos tributarios. Invertir la pirámide será parte del desafío. Lo primero va a ser una un proyecto de reforma agraria que se va a elaborar para poder asumir los desafíos que implica el programa de gobierno.

V.G.: La fuerza de los paros en Colombia en el 2019, en el 2021, la lucha por el aborto victoriosa. ¿Pensás que son procesos políticos que también intervinieron en la victoria electoral?

F.M.: Sin dudas, sin dudas. Por lo menos en mí, sí. Y me motivaron mucho para decir sí tenemos que disputarnos el poder. Ver a tantos jóvenes en la calle, ver a tantas mamás en las calles, para mí fue realmente conmovedor. Y no eran los jóvenes universitarios que están acostumbrados al movimiento estudiantil que sale a la calle. No. Eran los jóvenes que no han pisado las puertas de una Universidad, los jóvenes que no han pisado las puertas de un colegio. Jóvenes que en el caso de Cali nos decían: hace muchos años no comía tan sabroso como comían en las ollas comunitarias que hacían las mujeres. Eran esos jóvenes que sentían que les han quitado todo, eran los nadies y las nadie que estaban en la calle. Por eso, también los señalamientos de terroristas, vándalos y criminales. Y por eso, no le tembló la mano al Gobierno para ordenar el asesinato de tantos jóvenes que perdieron la vida. A tantos que le sacaron los ojos. Tantas jóvenes mujeres que fueron violadas durante el paro. Pues todos ellos, con mayor razón, me movieron a decir: esto tiene que cambiar. Y bueno, aquí está el Senador Alexander López Maya que me acompañó en todo esto. Y tengo que confesar que una campaña de año y medio, a veces, sentíamos que ya no teníamos energía ni fuerza, pero nos levantábamos todos los días a las 3 para irnos porque decíamos entre nosotros: el desafío es muy grande, tenemos que responderles a esos muchachos, tenemos que honrar la memoria de todos esos muchachos y pues gracias a ellos, por lo menos yo siento que estoy aquí. Ellos se pusieron en primera línea en la calle en el paro, ahora yo me pongo en primera línea en el Gobierno para defender sus derechos. No nos olvidamos, están presentes. Por lo menos de parte mía, yo ya convoqué a varios abogados para que se pusieran ahí en primera línea a defenderles, porque creo que es injusto que a estos muchachos que buscan oportunidades, les hayan criminalizado sin ninguna respuesta a sus demandas. Ahí vamos a estar. Yo no soy el Poder Judicial para decir que ya los voy a sacar, pero sí por lo menos, a garantizar que se cumpla el debido proceso y que se le garanticen sus derechos en esos procesos.

V.G.: Para ir terminando esta conversación, quería ir a esa frase que algunos analistas dicen que cambió el estado anímico de Colombia, que es el de vivir sabroso. Y de alguna manera, también es la consigna que más polémica genera. Hemos leído que también se ha dicho si se puede pensar en vivir sabroso a la hora de pensar el conocimiento, la Universidad, las reformas técnicas de las que hablabas, como que genera una reacción clasista y racista muy fuerte esa consigna. Y a la vez, es la que más impacta. Y entonces quería que nos cuentes y que nos compartas por qué ha molestado, pero también su fuerza, su capacidad de este cambio anímico y afectivo en el país.

F.M.: Bueno, siempre que los conceptos salen del poder popular se cuestionan o se tergiversan. Y eso a mí no me preocupa. A mí no me preocupa que distintos medios de comunicación hayan intentado tergiversar el concepto del vivir sabroso. Y no me preocupa porque yo sé que mi pueblo sabe muy bien lo que eso significa. Y el pueblo colombiano y el pueblo afrodescendiente que usa como parte de su lenguaje popular y cotidiano el vivir sabroso, sabe que vivir sabroso es vivir en alegría, es vivir sin miedo, es vivir en paz, es vivir con derechos, es vivir con amor y eso, aunque intenten tergiversarlo, no nos los van a quitar, porque ese es un derecho. Tenemos derecho a vivir sin miedo. Tenemos derecho a vivir con alegría. Y la forma en que yo puedo expresar esto es que, en el Pacífico colombiano, en medio del conflicto armado, en medio de la escasez y en medio de las violencias, nosotros podemos decir: vivimos sabroso cuando nos juntamos a compartir un plato de comida; vimos sabroso cuando cogemos la marimba y entre todos nos reunimos para cantar la música tradicional nuestra del Pacífico colombiano o del Cauca. Nosotros vivimos sabroso cuando el 24 de diciembre en mi pueblo, mientras cada familia en la cotidianidad se va papá, mamá e hijo a pasar el 24 de diciembre en su casa, nosotros el 24 de diciembre nos juntamos toda la comunidad en una sola casa, donde celebramos el nacimiento del niño Dios y eso para nosotros es vivir sabroso. Vivir sabroso significa lo que hace mi mamá: que cuando no hay salud y una mujer va a parir, ellas ponen toda su sabiduría, todas esas mujeres se juntan para acompañar a esa mujer en ese momento, en el momento de la reproducción de la vida. Esos para nosotros son los valores tradicionales y ancestrales que aprendimos en nuestra comunidad, que los aprendimos como humanidad, pero que el modelo civilizatorio que hemos tenido nos hizo olvidar de esas prácticas, nos hizo creer que eran prácticas chapadas a la antigua o retrógradas, en vez de pensar que eran prácticas que nos permitían vivir como humanidad. Cuando yo escucho a la maestra Nidia de Timbiquí diciendo: “cuando aquí han venido los actores armados a silenciarnos, nosotros hemos seguido tocando el bombo y la marimba, y hemos logrado con nuestros instrumentos y con nuestra voz, con nuestros cantos tradicionales, silenciar la guerra”, para mí eso es vivir sabroso. Y nadie nos va a quitar eso. Por eso, nosotros invitamos al pueblo colombiano a apostarle al vivir sabroso. Claro que cuando terminamos la campaña yo dije hay que trabajar para vivir sabroso. Y me dijeron que ese no era el acuerdo. Pero claro que sí. Ese es el acuerdo, porque tenemos que devolverle la tranquilidad a nuestro país. Colombia es un país maravilloso. Latinoamérica es una región maravillosa. Y nosotros podemos vivir bien, podemos vivir en paz, podemos vivir en dignidad y sólo requiere del compromiso de cada uno y de cada una reconociéndonos en nuestra diferencia. En nuestro país, tristemente, la diferencia se convirtió en una razón para exterminar al otro, para asesinar al otro, para desaparecer al otro. Pues hoy, este este proyecto político le está devolviendo la posibilidad al pueblo colombiano y al pueblo latinoamericano de construir en nuestras diferencias. Son las diferencias que hacen de nosotros una región rica. Son las diferencias que hacen de nosotros una región poderosa. Y estoy segura de que ahí vamos a encontrar un mejor estar, un mejor vivir y un verdadero desarrollo humano, un verdadero desarrollo social, un verdadero desarrollo económico.

V.G.: Para seguir con tus palabras sobre vivir sabroso queremos invitar a la artista Beatriz Pichi Malen y a su músico Miguel Cruz que nos van a honrar y sumar la voz mapuche a esta conversación.

F.M.: Un aplauso.

CANTA BEATRIZ PICHI MALEN

BEATRIZ PICHI MALEN: Buenas noches a todos y todas. Bienvenida, hermana Francia, vicepresidenta de la República hermana de Colombia. Quisimos comenzar con este canto del viento porque, así como en su indómita actitud del viento se traslada por toda la tierra, nosotros, nosotras, los pueblos antiguos originarios del territorio y aquellos que fueron traídos, como los afrodescendientes, también somos libres a pesar de todo y de tanto, porque la tierra es una sola alma y migrar es un derecho.

CANTO A LAS BALLENAS POR BEATRIZ PICHI MALEN

V.G.: Muchísimas gracias, Beatriz Pichi Malen, Miguel Cruz.

F.M.: Ahora quiero, en este intercambio cultural, invitar a María Elvira Solís, una mujer del Pacífico colombiano, una mayora. También nos va a cantar una canción que es de la música tradicional del pueblo afrocolombiano del Pacífico colombiano. Gracias.

MARÍA ELVIRA SOLÍS: Muy buenas noches para todas y todos. Soy la mayora, como lo dice aquí la hermana Francia Márquez. Tengo varias canciones, pero vamos a cantar en este momento algo que tenga que ver mucho con la región pacífica, es la música sanadora de nosotros, de los pueblos negros, es nuestra herencia africana y es la música sanadora para nosotras, mujeres negras del Pacífico. Esta canción nace porque yo salí de mi territorio muy niña y no me acordaba que tenía una cultura, una herencia. Cuando retomo mi herencia, mi ancestralidad, entonces dije: bueno, yo hago parte también de allí, por qué canto otro tipo de música y no canto la que me pertenece.

CANTA MARÍA ELVIRA SOLÍS

V.G.: Hay una placa de reconocimiento también entregada en este momento. Por su lucha contra el racismo, por este feminismo antirracista que también nos comentó y nos contó hoy. Gracias, Francia.

F.M.: Bueno, muchas gracias a todo el pueblo argentino, al pueblo colombiano, al pueblo afroargentino, al pueblo indígena, a las mujeres, a los jóvenes, a los niños. Gracias a todas, a todos, a todes por este momento. Gracias y esperamos que, en cuatro años, cuando terminemos el Gobierno de Gustavo Petro – Francia Márquez, el Gobierno de Colombia, podamos seguirnos mirando a la cara con dignidad, con respeto. Y espero que en cuatro años mi corazón aún siga estando bien puesto. Muchas gracias.

Proyecto Ballena, el área del Centro Cultural Kirchner dedicado a producir imaginaciones y pensamientos para un presente mejor, este año propone analizar, discutir y desacordar sobre el sentido actual de la palabra LIBERTAD. Libertad como promesa incumplida, lucha revolucionaria y también señuelo para propuestas conservadoras. En este marco PROYECTO BALLENA recibe la visita de Francia Marquez, a pocos días de asumir como vicepresidenta de Colombia.

Entrevista a Francia Márquez

VERONICA GAGO: Buenas tardes. Muchísimas gracias por la espera, por el agite. Estamos felices de recibir hoy aquí a Francia Márquez Mina, vicepresidenta electa de Colombia. Como vemos, en Argentina su presencia ha generado un increíble furor, admiración, cariño. Y queremos agradecerle, una vez más, que comparta esta conversación hoy aquí, en el Centro Cultural Kirchner. Le hemos puesto de título sus palabras: “Soy porque somos un grito de lucha y de paz”. Esta conversación que tendremos en breve se da en el marco del Proyecto Ballena y, antes que nada, quiero invitar a Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz de Argentina. Él ha venido especialmente. Un fuerte aplauso.

ADOLFO PEREZ ESQUIVEL: Hola. Buenas tardes a todos y todas. Yo voy a pedir algo. ¿Me permiten? Ustedes nos ven a nosotros, pero nosotros no los vemos a ustedes y queremos verles los rostros, la sonrisa, la mirada. Por favor, enciendan las luces. Los pueblos no tenemos que esconder el rostro, tenemos que abrir la mente y el corazón para mirarnos y ser solidarios con el pueblo hermano de Colombia y con todos los pueblos de esta América que nos convoca y nos desafía en construir una nueva sociedad. Yo, aquí, tengo el honor de presentar a la hermana, a la amiga, vicepresidenta de Colombia, que después de largas luchas… Francia Márquez. Ustedes la conocen. Y tenemos que cambiar el rostro, las miradas de todo el continente latinoamericano, ser pueblos libres y, para eso, necesitamos de las luchas, de las experiencias, de la solidaridad. Y hoy, en este desafío que tienen en Colombia, es una lucha que continúa y es cambiar, también, superar las muertes, las violaciones de los derechos humanos, la situación tan trágica que vive el pueblo colombiano. El derecho de hombres y mujeres en su diferencia, pero también en la igualdad de derechos. Esto es importante.

No me puedo quedar mucho tiempo, quiero presentar aquí a nuestra hermana Francia, pero después los dejó por un problema de salud simplemente. Pero no quería faltar en este momento tan importante para todos.

Permítame señalar una cosa. Aquí hay muchos compañeros, compañeras, hermanos, luchadores y luchadoras por el pueblo, la dignidad de la persona. Está Norita Cortiñas. También una madre que no está presente físicamente, pero sí está en la mente y el corazón, Mirta Baravalle, que viajaba a Colombia permanentemente para llevar la solidaridad, el amor, la fuerza, la lucha del pueblo colombiano.

Así que, simplemente, acompañarte. Van a traer muchas dificultades, pero sabes que cuentas con el pueblo argentino y que vamos a seguir juntos y juntas. Verónica es la periodista que va a conversar junto con ustedes. Aquí está el ministro Tristán Bauer, compañero de lucha. Y muchos otros y otras. Así que los dejo con ellas. Mucha fuerza y esperanza y hasta la victoria, siempre.

AUDIO EDUARDO GALEANO:

Los nadies: los dueños de nada,

los hijos de nadie,

los ningunos, los ninguneados.

Que no son, aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones,

sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no tienen cultura, sino a lo sumo folklore.

Que no son seres humanos,

sino recursos humanos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia universal,

sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies,

que cuestan menos

que la bala que los mata.

V.G.: Bueno, muchísimas gracias. Acabamos de escuchar un documento histórico porque es en la voz de Eduardo Galeano, este poema: “Los nadies”. Por supuesto que no es casual que elegimos este poema. Vos hablaste, Francia, en tu campaña a los nadies y a las nadies. Dijiste: aquellos y aquellas que habitan en la sierra, en las montañas, en los barrios. Y estamos acá, también, para darte la bienvenida con este poema y decir, también, que nos parece que estas palabras poéticas de Eduardo Galeano vos las convertiste en un programa político. Y es un momento para celebrar, porque sabemos además que estas elecciones que les dieron el triunfo a vos y a Gustavo Petro son las elecciones con menos abstención de las últimas décadas. O sea que hubo una convocatoria a votar que fue impresionante. Este triunfo también abrió un viento de cambio para la región y también una época nueva. Hoy se dice en Colombia: ganó la izquierda con un programa feminista, antirracista y ambientalista. Y eso es un montón.

En una semana vas a estar asumiendo y tenemos el enorme honor de tenerte acá, en esta gira sudamericana que hemos visto que está produciendo un montón de imágenes muy potentes de tus encuentros con distintos líderes y lideresas políticos populares, con distintas organizaciones, movimientos. Este encuentro acá es uno más de muchos que sabemos que estás teniendo y, de nuevo, te queremos agradecer porque nos sentimos muy honradas de poder, en el Proyecto Ballena, tenerte.

La cuestión que queremos preguntarte es, en primer lugar, también en palabras de Galeano, porque él, después de escribir los nadies, dijo estas preguntas: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién?, se preguntaba. ¿No será la desgracia un producto de la historia hecha por los hombres y que por los hombres puede ser deshecha? Tu voz les habla a todas, a todos y a todes, ya no solo a la figura del hombre universal y pone una esperanza, que es una esperanza radical para nuestro continente. Entonces, la primera pregunta que te quiero hacer es justamente esta: ¿es América Latina una región condenada a la humillación? ¿O, cómo podemos deshacer esta condena?

FRANCIA MÁRQUEZ: Buenas noches, Argentina. Quiero, en primer lugar, extender un saludo a todas las personas que, desde acá, vibraron con nosotros para que llegara un cambio para Colombia, que es un cambio para la región. Les extiendo un saludo de parte de nuestro presidente, Gustavo Petro Urrego. Por supuesto, un saludo a toda Colombia. Saludo a los colombianos y colombianas migrantes aquí, en la Argentina. Saludo a los pueblos originarios de la Argentina, los pueblos indígenas. Saludo al pueblo negro, afrodescendiente de Argentina. Saludamos, por supuesto, a la comunidad diversa LGBTIQ+. Saludo a las mujeres, a los niños, niñas que están aquí. Y, por supuesto, a todo el liderazgo social y político de Argentina, que ha mantenido un gobierno en resistencia. Agradecemos al Gobierno de Argentina por recibirnos con beneplácito, con mucho amor. Muchas gracias al presidente y, por supuesto, a la Vicepresidenta con quien, durante estos días, hemos tenido reuniones muy importantes para hablar de justicia, de paz, de lucha antirracista, de cambio climático y para hablar de muchos temas que ahora nos competen en el gobierno de Colombia, pero sobre todo a Latinoamérica.

Entonces, para dar un poco de respuesta a la pregunta, creo que cuando Eduardo Galeano, que bien supo describir a los nadies y a las nadies, que lo usamos, usamos su poema en campaña, precisamente para definir quiénes éramos los nadies. Para el caso de Colombia son los pueblos étnicos, indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueros. Para el caso de Colombia, son las mujeres que tienen que soportar el asesinato y las violencias sexuales y de género. Es la comunidad diversa, las mujeres trans que todos los días tienen que soportar sistemáticas violencias. Es el pueblo campesino a quien todos los días le despojan la tierra. Son los niños y niñas que mueren de hambre en un país que tiene tanta biodiversidad, pero que no les ofrece un plato de comida. Son los jóvenes que salen a las calles a marchar y les sacan los ojos para que no puedan ver el futuro, pero también los asesinan como una forma de expresión para silenciarles. Son todos aquellos hombres y mujeres que, en nuestras diversidades, hemos tenido que ver cómo una política neoliberal en nuestra región ha ido poniendo en riesgo todos los días la vida humana, pero que hoy ese aniquilamiento, esa extinción de la vida trasciende al ser humano y afecta nuestra casa grande, nuestro útero mayor, la Madre Tierra. Los nadies, los trabajadores y trabajadoras que resisten, que a pesar de que trabajan duramente, su salario no es compensatorio a todo el esfuerzo, a toda la mano de obra, todo el trabajo que realiza. Y que esa explotación se traduce en acumulación y acumulación de capital en manos de unos pocos, mientras los trabajadores y trabajadoras no tienen una vida digna. Desde ese lugar nos paramos y desde ese lugar enunciamos nuestra campaña, porque de allá yo vengo, de allá soy, de esos tirapiedras, como nos decían, o de los mamertos, como nos señala la ultraderecha para no reconocer nuestra humanidad, para no reconocer nuestra voz, o para seguir estereotipando o negando la lucha de los movimientos sociales en América Latina y en la región. Pues hoy esos tirapiedras, esos nadies, hemos llegado para el caso de Colombia, a ocupar el Estado, a ocupar el poder del Estado para gobernar en favor de los nadies y de las nadies, en favor de todos los colombianos y colombianas. Y para tejer una agenda de construcción de región que nos permita afrontar de manera colectiva los desafíos que tiene nuestra América, que tiene nuestra casa grande, que tiene la Abya Yala. Ese es el desafío que tenemos. Eduardo Galeano nos indagaba porque siempre hubo avances significativos importantes en otras naciones, mientras que Colombia apenas acaba de dar ese paso. Y no porque no haya habido resistencia. La resistencia siempre ha estado ahí. Yo crecí en medio de la resistencia. Una resistencia que no empezó conmigo, que empezó con pueblos traídos en condición de esclavitud a toda América, que fueron desarraigados de su condición humana y sometidos a condición de animales salvajes y que hoy los descendientes de esos hombres y mujeres seguimos haciendo un esfuerzo por dignificar nuestra. Mi presencia aquí no es la presencia de, simplemente, Francia Márquez. Soy muy consciente de que mi presencia es la representación de pueblos históricamente excluidos, marginados, racializados y olvidados. Por tanto, yo creo que esa pregunta de Eduardo Galeano era una incitación a seguir buscando caminos y horizontes, como naciones que nos permitan vivir en paz, vivir en dignidad, vivir con justicia social. Yo creo que no estamos condenados. Creo que el pueblo toma decisiones en los momentos en que debe tomarlas. Tristemente, nosotros nos tardamos bastante en Colombia para tomar una decisión del cambio. Esa tardanza nos ha costado muchas vidas, han sido muchas personas, muchos millones de seres humanos, que han sido afectados por la política neoliberal que hemos tenido en nuestro país. Así que el desafío, ahora, que asume Gustavo Petro, Francia Márquez, pero que asume el pueblo colombiano, es un cambio en favor de la paz, en favor de la justicia social, de la justicia racial, de la justicia de género, en favor de la dignidad, en favor del cuidado de la casa grande y ese desafío, por supuesto, lo asumimos con responsabilidad, con los pies colocados sobre la tierra y con todo el amor y el compromiso que ello implica.

V.G.: Es para aplaudir todo el tiempo. Ya se me cayeron todos los papeles por aplaudir. La impronta feminista antirracista en tu campaña, en tu discurso, fue muy fuerte. lo que queríamos preguntarte era de quiénes aprendiste. En tu infancia, para vos, quiénes fueron personajes, personas, afectos importantes en este aprendizaje.

F.M.: Bueno, aprendí de muchas mujeres. La primera enseñanza de la resistencia la aprendí en mi casa, con mi abuela, con mi mamá. Mi abuela que, aunque no supo leer y escribir, supo el valor de la vida. La aprendí de Paulina Balanta, otra mujer de mi comunidad que no sabe leer y escribir, pero ayer nos recordaba Carlos Rosero que está aquí, que ella nos decía que quien no lucha, no va al cielo. Lo aprendí de mujeres de aquí, de Argentina. Y aquí tenemos una matrona, que es una insignia de la resistencia y de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, de ahí aprendimos la resistencia. He aprendido de tantas mujeres que, aún sin tener nada, hacen lo que sea por sacar a sus hijos adelante, porque sus hijos se acuesten con el estómago vacío, porque sus hijos tengan una oportunidad de ir a la escuela, porque sus hijos no vayan con los zapatos rotos a la escuela, porque sus hijos, como lo son las mujeres del Pacífico colombiano, no sean arrebatados por la violencia, por los actores armados, por el conflicto armado. Ahí yo he aprendido la resistencia y, por supuesto, ahí, siendo una mujer negra, he aprendido a diferenciar los impactos del modelo económico de desarrollo, los impactos del patriarcado, las violencias de género. Y he aprendido ahí la interseccionalidad de raza, clase y género que, al principio, no lo teorizaba, pero después conocí a Ángela Davis y aprendí. No leyendo sus libros, sino escuchando de su propia voz las historias de lo que significó para ella, una mujer afrodescendiente negra, resistir frente al apartheid, frente a todas las políticas raciales de los Estados Unidos. De ella aprendí que las mujeres negras no están haciendo la lucha para romper el techo de cristal, sino que están haciendo la lucha para ponerse de pie y caminar con sus hermanas, igual que las mujeres indígenas, porque ellas siempre han estado de rodillas. O como lo dice Sojourner Truth, que pregunta ¿acaso no soy una mujer?, en pleno tiempo de discusión de la lucha feminista.  Porque mientras unas mujeres van adelante en una lucha, pues otras mujeres van atrás. Entonces el gran desafío que tenemos es ponernos y cogernos de la mano con las que apenas se están poniendo de pie para empujar sus propias reivindicaciones. La forma en cómo Angela Davis lo dice es: yo no estoy aquí para poderme de la mano con Hillary Clinton que está a punto de romper el techo de cristal, yo estoy aquí para cogerme de las manos con las mujeres negras del Bronx o, en el caso de Colombia, del distrito de Agua Blanca o del Cauca. Porque ahí están las verdaderas luchas de las mujeres que no se reclaman a sí mismas feministas, pero que lo son.

V.G.: Te quería preguntar sobre eso, porque tu militancia empieza de adolescente casi, en la región del Cauca, contra los megaproyectos extractivistas. Eran los años ’90, donde esas luchas tampoco tenían, tal vez, la difusión que tienen hoy o la popularidad que tienen hoy. Entonces, contanos para quienes no sabemos qué significa la región del Cauca y qué significaba para vos, como adolescente, esa militancia.

F.M.: Yo creo que las mujeres siempre han estado en la lucha, otra cosa es que esas luchas han sido invisibilizadas. Para el caso del norte del Cauca, pues la experiencia de la comunidad y de las mujeres primero es que esta es una región que vivió la esclavitud. Si ustedes van a esa región, que está al suroccidente de Colombia, todavía están las casas esclavistas. Popayán, que es nuestra capital, fue la casa de la Corona española. Y aún se llama la Ciudad Blanca. Y no es simplemente la Ciudad Blanca porque tiene las paredes pintadas de blanco, sino que hay un pensamiento colonial de ciudad blanca en términos de que los que habitan la ciudad son herederos de la Corona española. Mi abuelo me contó que cuando él iba a Popayán la gente le tocaba la piel para ver si su piel desteñía. De ese tamaño es el racismo. Pero también de ese tamaño es el racismo de la negación, que sé que lo vive aquí, en Argentina, la gente afroargentina. No hay un país, por lo menos de América Latina, que pueda negar la colonización y la esclavitud. Y si no hay un país de esta región que pueda negar eso, entonces tampoco puede negar la presencia de los pueblos originarios indígenas y tampoco puede negar la presencia de los pueblos negros o afrodescendientes. Desde ahí partimos. El norte del Cauca permanentemente ha sido un territorio en disputa, desde el tiempo de esclavitud hasta hoy. Entonces, yo aprendí con mi abuela que el territorio donde nosotros vivíamos no fue un regalo. Después de la abolición de la esclavitud, en ese territorio a la gente le tocó luchar para tener la tierra que nosotros habitamos. Entonces, mi abuela decía: a mis abuelos les tocó luchar y a ellas, que eran mineras artesanales, les tocó trabajar en las minas para ir juntando lo poquito de oro y sacar a sus maridos de la cárcel, que estaban luchando por la tierra frente a terrateniente. Entonces, mi comunidad tiene una conciencia clara de la importancia del territorio como un espacio de vida. La gente negra en el norte del Cauca aprendió que sin territorio no hay libertad. Y sin territorio no hay autonomía. Y esto no es solo la gente negra del norte del Cauca, sino que el campesinado colombiano también sabe eso. Sabe que la autodeterminación de los pueblos está arraigada a un territorio. A un territorio que, para muchos, es un espacio para obtener riqueza acumulativa, pero para otros es un espacio donde se reproduce la vida. Y eso es el norte del Cauca, eso es el Pacífico colombiano, eso es gran parte de Colombia. Así nos concebimos como pueblos. Así se concibe el pueblo indígena. No se conciben pueblo sin su arraigo cultural, y el arraigo cultural y espiritual está anclado al territorio. Nosotros tenemos una práctica ancestral que es de todo el Pacífico que la hacen las parteras. Las parteras son las mujeres que ayudan a una mujer a dar a luz en lugares donde la salud no llega, donde un médico no está, son estas mujeres que, con su sabiduría, ayudan a mujeres a dar a luz cuando van a parir. Mi mamá era partera. Y parte de lo que hacen es el ombligamiento, que consiste en enterrar el ombligo, enterrar las placentas, que arraigan a las personas. Nosotros decimos “nos sembraron el ombligo”. Y es que esa práctica, que parece una cosa antigua, pues para nosotros es el arraigo y el vínculo con nuestros territorios. De esa magnitud es el amor por la tierra, es la ancestralidad por la tierra. Y bueno, por eso nos hemos enfrentado a proyectos mineros, energéticos, que ahora que soy gobierno me toca mirar cómo es que vamos a hacer. Pero que, sin duda, son proyectos que se ven como el desarrollo, sin embargo, no generan bienestar. Del norte del Cauca hay una represa salvajina que dicen los viejos “esto es la salvajada”. Y es porque es un proyecto de de una gran represa energética. Tiene agua acumulada ahí, pero mi propia comunidad no tiene agua potable. Produce millones de megavatios de energía y la misma comunidad no tiene una electrificación adecuada. Entonces, la gente dice: bueno, de qué desarrollo estamos hablando. Y eso es parte de los desafíos que ahora tiene nuestro Gobierno. Es pensar realmente un desarrollo para el bienestar de la gente. De ese territorio vengo. El Cauca ha sido un territorio que ha padecido el conflicto armado. Pero en Colombia yo me siento orgullosa de ser caucana, porque allá ha nacido la resistencia también.

V.G.: O sea que la consigna “soy porque somos”, que es también el nombre de tu movimiento, tiene estos cuerpos, esta historia y este territorio detrás, ¿verdad? No es una consigna, como muchas veces se usa, solamente de marketing, sino con una densidad histórica muy importante.

F.M.: Bueno, nada de lo que hicimos en campaña fue simplemente marketing. Nosotros, al contrario, transgredimos el marketing político ya establecido. Todo el tiempo estuve discutiendo incluso sobre qué me colocaba sobre mi cabello, sobre cómo lo usaba, porque para mí eso es parte de una representación. Como dicen las mujeres brasileñas: aquí se trata de cambiar el color en las fotos de la representación del poder, el color y las imágenes. Pues nada fue solo marketing. Creo que hicimos una campaña muy desde el corazón, desde nuestras propias vivencias y desde la realidad. Por eso, los jóvenes escucharon. Por eso, las mujeres nos escucharon. Por eso, los campesinos nos escucharon. Por eso, mi pueblo que, aunque se decía que estaba dividido el pueblo negro, raizal y palenquero, masivamente votó por Gustavo Petro – Francia Márquez. Una campaña hermosa. No teníamos recursos ni las estructuras que se usan en campaña, pero estaban los jóvenes con toda su energía, estaban los artistas con toda su creatividad. Entonces “Soy porque somos”, como bien se conoce, es la filosofía Ubuntu. Este es una herencia africana. Una filosofía africana que, por supuesto, la hemos heredado y que para nosotros significa que yo soy, si ustedes son, que nosotros somos, si la casa grande es. No hay posibilidad de existencia de la vida humana sin la vida de la naturaleza. Y eso nos implica y nos obliga a nosotros a replantearnos cómo conservar la vida significa “soy porque somos”, que esto no es una apuesta individual, que es una apuesta colectiva. Implica mirarnos como familia extensa, como familia que va más allá de los lazos sanguíneos. Para nosotros eso no es un problema porque lo hemos hecho como pueblo afrodescendiente. Ha sido el pensarnos colectivamente que nos ha permitido resistir en el Pacífico colombiano, en el Caribe, a tantos años de barbarie, a tantos años de dolor, a tantos años de sufrimiento, de lo que ha sido la guerra, de lo que ha sido la exclusión, de lo que ha sido el racismo estructural. Entonces, “soy porque somos” hoy lo colocamos a toda la América a pensarse desde el Ubuntu. Y es una consigna que nos invita, como humanidad, a pensarnos desde otra lógica. Y es la lógica del cuidado de la vida desde lo colectivo. Por eso, apostamos a que Colombia sea una potencia mundial de la vida y es usando esa forma colectiva de vernos, de enunciarnos, de sentirnos, para el buen vivir, para el vivir sabroso, como hemos dicho, porque no hay otra forma. Hoy, como humanidad, tenemos un desafío enorme y es el desafío de enfrentar el cambio climático, la crisis ambiental y esto no va a pasar si no es que cada ser humano nos hacemos conscientes, si no es que los gobiernos nos hacemos conscientes de que estamos en un camino sin regreso del exterminio de la civilización humana. Entonces “soy porque somos” tiene ese sentido del sentipensar, como dice Arturo Escobar, de pensarnos desde lo colectivo.

V.G.: Nombrabas ese desafío de ahora pasar a ser Gobierno. Ahora en Chile dijiste: “soy tirapiedras y ahora me toca gobernar”. Ese es un enorme desafío y, además, el programa político del pacto histórico se propone estas grandes cuestiones como las que venís enunciando. Sabemos que hay una carga enorme de expectativas, no sólo de Colombia, sino de toda la región. ¿Cómo te preparas para esas expectativas, para este proyecto? Sabemos que va a haber ataques, ataques de la derecha, de los núcleos concentrados del poder empresarial colonial, que ya fueron agresivos en campaña, y sabemos que ahora van a venir con todo.

F.M.: Bueno, un país no se gobierna solo. Gustavo Petro y Francia Márquez creemos que tenemos toda la capacidad para liderar un nuevo proyecto de nación. Un proyecto de nación que se piensa desde abajo, desde la raíz, desde la periferia, para la justicia social, como ya lo he dicho. El mayor desafío que tenemos es el logro de la paz. Yo creo que el principal reto es lograr silenciar los fusiles en nuestro país. Pero la paz no es sólo el silenciamiento de los fusiles, sino atacar las causas que generaron la violencia, el conflicto armado. Y esas causas tienen que ver con el hambre. Esas causas tienen que ver con la falta de garantía de derechos. Esas causas tienen que ver con el abandono del Estado. Esas causas tienen que ver con el racismo. Nosotros ya hemos dicho que vamos a retomar el avance hacia la paz que implica la implementación de los acuerdos firmados entre las FARC y el Estado colombiano sin dilaciones. Nosotros no vamos a seguir haciendo trizas la paz, lo que tenemos que hacer trizas es la guerra. Tenemos que acabar la guerra en nuestro país. Y para ello se va a restablecer la mesa de diálogo con el ELN. Para eso hay una política de sometimiento, también, que se va a desarrollar frente a los otros actores armados. Eso fue parte de lo que quedó en el programa de gobierno que le presentamos a Colombia, Gustavo Petro, nuestro líder, y Francia Márquez, que fue por lo cual votaron los colombianos y colombianas. Para eso es necesario discutir la política de drogas que por muchos años ha sido ineficaz, ha servido para dejar la plata en los bancos y los muertos en los territorios. Yo creo que enfrentar la discusión, y por eso decidimos hacer esta gira, implica que Colombia lidere, pero es un debate de la región, el camino de la legalización de las drogas usando varias perspectivas:

Uno, es el cambio del uso de la hoja de la coca y de la marihuana. Creo que ahí se puede generar toda una industria económica en términos farmacéuticos, en términos alimenticios, en términos de industria textil, que les genere oportunidad a las mismas comunidades que han sido víctimas tanto del narcotráfico como de la política de drogas.

Dos, un enfoque de atención del consumo problemático como un problema de salud pública y no como un problema de criminalidad, entendiendo que el enfoque de criminalidad que se le ha dado a esta política ha sido un enfoque que ha impactado de manera negativa sobre los derechos y libertades de todas las poblaciones empobrecidas y racionalizadas. Las mujeres, los jóvenes, los pueblos étnicos son los que han vivido un impacto desproporcionado de estas políticas. Y en ese sentido, yo creo que resarcir esos efectos implica un nuevo paradigma de cómo atender eso. La política de cero tolerancia ha servido para profundizar la corrupción, que no ataca todo el eslabón de la cadena de lo que es el narcotráfico, sino que la droga sale del país y sale con la complacencia de muchos corruptos, incluso que han estado en las instituciones del mismo Estado colombiano.

Atender el tema del hambre significa que ningún niño o niña tenga que seguir muriendo de hambre y desnutrición, y esto implica una política de atención al campo colombiano que por muchos años se dejó olvidado y que, por eso, avanzó la criminalidad, por eso avanzó el narcotráfico, por eso avanzaron estas economías ilícitas que han puesto en riesgo la vida de las comunidades. Tener un enfoque de Derechos Humanos en todas estas políticas es una necesidad, pues los líderes y lideresas que han levantado la voz y que han puesto estos temas sobre la mesa, pues les ha costado la vida. Colombia es de los países en los que más líderes sociales y ambientales se asesinan en la región, así que es un desafío colocar el enfoque de Derechos Humanos en estas políticas que vamos a desarrollar. Desarrollar el campo colombiano necesitará tecnología, investigación, ciencia. Por eso, nuestro presidente y por supuesto nosotros le acompañamos en la propuesta de la educación gratuita y de calidad, como parte esencial para los cambios que requiere nuestro país.

Son muchos otros temas, pero de manera específica quiero decir que, en mi caso, mi tarea será liderar el Ministerio de la Igualdad que vamos a constituir. Esperamos que el 7 de agosto nuestro Gobierno esté presentando al Congreso ese proyecto de creación del Ministerio de la Igualdad para trabajar por los derechos de las mujeres, de las poblaciones diversas, de los pueblos étnicos, de la juventud y de las regiones históricamente olvidadas y excluidas, que son los que están en esos niveles de inequidad y desigualdad tan grande. Por supuesto, las personas con discapacidades o diversidades, es una necesidad trabajar con ellos y ellas también. Y bueno, eso es lo que yo voy a hacer: trabajar por la igualdad. En términos de Colombia sabemos que somos de los países más desiguales de la región y esto será un desafío. Mi experiencia es desde lo social, es desde lo comunitario, es desde la defensa de los derechos ambientales, es desde la lucha por los derechos de las mujeres y la lucha antirracista, y eso estará ahí, como parte de esa apuesta de gobierno.

V.G.: Hay una palabra que aparece mucho en el programa de gobierno que, insisto, tiene ese nombre tan lindo, “Colombia, potencia mundial de la vida”, y es una palabra olvidada que es la de transición. Ustedes apuestan a una transición y cuando se habla de transición es porque hay un proyecto, porque hay una perspectiva de futuro. Hablan de una transición energética, de una transición alimentaria, también de la tierra. Hablan de una reforma en los impuestos, es decir, a quiénes se van a cobrar impuestos y hablan de una reforma de salud. Son cuatro temas muy importantes para toda América Latina, muy importantes para Argentina y me gustaría si pudieras puntualizar en algunas de esas perspectivas de la transición, porque son maneras de hacerse cargo de la crisis planetaria, como decías antes, pero además tomar los temas de fondo que hacen a un modelo depredador, neoliberal y completamente destructivo.

F.M.: Lo de transición energética fue un tema con el que nos dieron palo. Casi que perdemos la elección, porque empezaron a decirles a los empresarios y a todo el mundo que era una apuesta al castrochavismo, que si llegábamos el 7 de agosto a la presidencia y a la vicepresidencia ese mismo día íbamos a cortar el chorro de la explotación del petróleo y del carbón. Y pues eso nunca se dijo y eso no es parte del programa. Lo que se dijo es que hay que hacer un tránsito. Y un tránsito implica un proceso. Un proceso de adecuación institucional, de adecuación en términos de infraestructura que implica investigación, que implica ciencia, desarrollo tecnológico, para poder hacer todo ese tránsito de la economía extractivista hacia una economía sustentable. Y pues eso fue lo que planteamos en el programa de Gobierno que pasa por la voluntad política. Y creo que nuestro presidente la tiene y pues yo mucho más. Porque tanto el presidente Gustavo Petro, un hombre con una sensibilidad humana impresionante y con un don de gente, como decía mi abuela, siempre está poniendo los valores sobre la vida en la mesa y yo creo que es eso: es una responsabilidad humana. Es el desafío que tenemos como humanidad, no tenemos otra alternativa. O cuestionamos nuestros privilegios y toda la cultura de lo que ha sido nuestra cultura de consumo, porque eso no es solamente la voluntad del Gobierno, las políticas de gobierno, sino que pasa por una transformación cultural. Es como sociedad que tenemos que empezar a reeducarnos sobre los desafíos que hoy tenemos en términos del cambio climático. Es una parte del Gobierno, pero otra parte es la responsabilidad que tiene que asumir la sociedad, que tenemos que asumir como humanidad. Y ahí yo creo que podemos ir haciendo los cambios. Entonces, es un proceso que se va a dar, que implica todo un ajuste tecnológico, de ciencia, de tecnología, de investigación, de adecuación institucional, de adecuación legislativa. Por eso, tener el Congreso mayoritariamente hoy, una buena bancada del Congreso, que nos alegra que la mitad de la bancada, por lo menos del pacto histórico, son mujeres y la mitad son hombres, eso es muy importante para todo el desafío que tenemos.

Frente a lo de la reforma tributaria, pues los principios que colocamos fueron los principios de Justicia tributaria. Es decir, quienes más tienen utilidades, pues tienen que aportar más en términos de la responsabilidad solidaria. Porque uno puede hablar bonito, pero es con plata que se pueden hacer las transformaciones. Y se requieren los recursos. La pirámide ha estado colocada en que quienes menos tienen son quienes más pagan en Colombia. Las exenciones tributarias se han colocado a los sectores más poderosos que efectivamente pueden pagar mayores impuestos, porque tienen una mayor utilidad. Pero, en realidad, quienes menos tienen son los que más aportan o, en muchos casos, aportan de manera igualitaria. Ahí no hay una justicia en términos tributarios. Invertir la pirámide será parte del desafío. Lo primero va a ser una un proyecto de reforma agraria que se va a elaborar para poder asumir los desafíos que implica el programa de gobierno.

V.G.: La fuerza de los paros en Colombia en el 2019, en el 2021, la lucha por el aborto victoriosa. ¿Pensás que son procesos políticos que también intervinieron en la victoria electoral?

F.M.: Sin dudas, sin dudas. Por lo menos en mí, sí. Y me motivaron mucho para decir sí tenemos que disputarnos el poder. Ver a tantos jóvenes en la calle, ver a tantas mamás en las calles, para mí fue realmente conmovedor. Y no eran los jóvenes universitarios que están acostumbrados al movimiento estudiantil que sale a la calle. No. Eran los jóvenes que no han pisado las puertas de una Universidad, los jóvenes que no han pisado las puertas de un colegio. Jóvenes que en el caso de Cali nos decían: hace muchos años no comía tan sabroso como comían en las ollas comunitarias que hacían las mujeres. Eran esos jóvenes que sentían que les han quitado todo, eran los nadies y las nadie que estaban en la calle. Por eso, también los señalamientos de terroristas, vándalos y criminales. Y por eso, no le tembló la mano al Gobierno para ordenar el asesinato de tantos jóvenes que perdieron la vida. A tantos que le sacaron los ojos. Tantas jóvenes mujeres que fueron violadas durante el paro. Pues todos ellos, con mayor razón, me movieron a decir: esto tiene que cambiar. Y bueno, aquí está el Senador Alexander López Maya que me acompañó en todo esto. Y tengo que confesar que una campaña de año y medio, a veces, sentíamos que ya no teníamos energía ni fuerza, pero nos levantábamos todos los días a las 3 para irnos porque decíamos entre nosotros: el desafío es muy grande, tenemos que responderles a esos muchachos, tenemos que honrar la memoria de todos esos muchachos y pues gracias a ellos, por lo menos yo siento que estoy aquí. Ellos se pusieron en primera línea en la calle en el paro, ahora yo me pongo en primera línea en el Gobierno para defender sus derechos. No nos olvidamos, están presentes. Por lo menos de parte mía, yo ya convoqué a varios abogados para que se pusieran ahí en primera línea a defenderles, porque creo que es injusto que a estos muchachos que buscan oportunidades, les hayan criminalizado sin ninguna respuesta a sus demandas. Ahí vamos a estar. Yo no soy el Poder Judicial para decir que ya los voy a sacar, pero sí por lo menos, a garantizar que se cumpla el debido proceso y que se le garanticen sus derechos en esos procesos.

V.G.: Para ir terminando esta conversación, quería ir a esa frase que algunos analistas dicen que cambió el estado anímico de Colombia, que es el de vivir sabroso. Y de alguna manera, también es la consigna que más polémica genera. Hemos leído que también se ha dicho si se puede pensar en vivir sabroso a la hora de pensar el conocimiento, la Universidad, las reformas técnicas de las que hablabas, como que genera una reacción clasista y racista muy fuerte esa consigna. Y a la vez, es la que más impacta. Y entonces quería que nos cuentes y que nos compartas por qué ha molestado, pero también su fuerza, su capacidad de este cambio anímico y afectivo en el país.

F.M.: Bueno, siempre que los conceptos salen del poder popular se cuestionan o se tergiversan. Y eso a mí no me preocupa. A mí no me preocupa que distintos medios de comunicación hayan intentado tergiversar el concepto del vivir sabroso. Y no me preocupa porque yo sé que mi pueblo sabe muy bien lo que eso significa. Y el pueblo colombiano y el pueblo afrodescendiente que usa como parte de su lenguaje popular y cotidiano el vivir sabroso, sabe que vivir sabroso es vivir en alegría, es vivir sin miedo, es vivir en paz, es vivir con derechos, es vivir con amor y eso, aunque intenten tergiversarlo, no nos los van a quitar, porque ese es un derecho. Tenemos derecho a vivir sin miedo. Tenemos derecho a vivir con alegría. Y la forma en que yo puedo expresar esto es que, en el Pacífico colombiano, en medio del conflicto armado, en medio de la escasez y en medio de las violencias, nosotros podemos decir: vivimos sabroso cuando nos juntamos a compartir un plato de comida; vimos sabroso cuando cogemos la marimba y entre todos nos reunimos para cantar la música tradicional nuestra del Pacífico colombiano o del Cauca. Nosotros vivimos sabroso cuando el 24 de diciembre en mi pueblo, mientras cada familia en la cotidianidad se va papá, mamá e hijo a pasar el 24 de diciembre en su casa, nosotros el 24 de diciembre nos juntamos toda la comunidad en una sola casa, donde celebramos el nacimiento del niño Dios y eso para nosotros es vivir sabroso. Vivir sabroso significa lo que hace mi mamá: que cuando no hay salud y una mujer va a parir, ellas ponen toda su sabiduría, todas esas mujeres se juntan para acompañar a esa mujer en ese momento, en el momento de la reproducción de la vida. Esos para nosotros son los valores tradicionales y ancestrales que aprendimos en nuestra comunidad, que los aprendimos como humanidad, pero que el modelo civilizatorio que hemos tenido nos hizo olvidar de esas prácticas, nos hizo creer que eran prácticas chapadas a la antigua o retrógradas, en vez de pensar que eran prácticas que nos permitían vivir como humanidad. Cuando yo escucho a la maestra Nidia de Timbiquí diciendo: “cuando aquí han venido los actores armados a silenciarnos, nosotros hemos seguido tocando el bombo y la marimba, y hemos logrado con nuestros instrumentos y con nuestra voz, con nuestros cantos tradicionales, silenciar la guerra”, para mí eso es vivir sabroso. Y nadie nos va a quitar eso. Por eso, nosotros invitamos al pueblo colombiano a apostarle al vivir sabroso. Claro que cuando terminamos la campaña yo dije hay que trabajar para vivir sabroso. Y me dijeron que ese no era el acuerdo. Pero claro que sí. Ese es el acuerdo, porque tenemos que devolverle la tranquilidad a nuestro país. Colombia es un país maravilloso. Latinoamérica es una región maravillosa. Y nosotros podemos vivir bien, podemos vivir en paz, podemos vivir en dignidad y sólo requiere del compromiso de cada uno y de cada una reconociéndonos en nuestra diferencia. En nuestro país, tristemente, la diferencia se convirtió en una razón para exterminar al otro, para asesinar al otro, para desaparecer al otro. Pues hoy, este este proyecto político le está devolviendo la posibilidad al pueblo colombiano y al pueblo latinoamericano de construir en nuestras diferencias. Son las diferencias que hacen de nosotros una región rica. Son las diferencias que hacen de nosotros una región poderosa. Y estoy segura de que ahí vamos a encontrar un mejor estar, un mejor vivir y un verdadero desarrollo humano, un verdadero desarrollo social, un verdadero desarrollo económico.

V.G.: Para seguir con tus palabras sobre vivir sabroso queremos invitar a la artista Beatriz Pichi Malen y a su músico Miguel Cruz que nos van a honrar y sumar la voz mapuche a esta conversación.

F.M.: Un aplauso.

CANTA BEATRIZ PICHI MALEN

BEATRIZ PICHI MALEN: Buenas noches a todos y todas. Bienvenida, hermana Francia, vicepresidenta de la República hermana de Colombia. Quisimos comenzar con este canto del viento porque, así como en su indómita actitud del viento se traslada por toda la tierra, nosotros, nosotras, los pueblos antiguos originarios del territorio y aquellos que fueron traídos, como los afrodescendientes, también somos libres a pesar de todo y de tanto, porque la tierra es una sola alma y migrar es un derecho.

CANTO A LAS BALLENAS POR BEATRIZ PICHI MALEN

V.G.: Muchísimas gracias, Beatriz Pichi Malen, Miguel Cruz.

F.M.: Ahora quiero, en este intercambio cultural, invitar a María Elvira Solís, una mujer del Pacífico colombiano, una mayora. También nos va a cantar una canción que es de la música tradicional del pueblo afrocolombiano del Pacífico colombiano. Gracias.

MARÍA ELVIRA SOLÍS: Muy buenas noches para todas y todos. Soy la mayora, como lo dice aquí la hermana Francia Márquez. Tengo varias canciones, pero vamos a cantar en este momento algo que tenga que ver mucho con la región pacífica, es la música sanadora de nosotros, de los pueblos negros, es nuestra herencia africana y es la música sanadora para nosotras, mujeres negras del Pacífico. Esta canción nace porque yo salí de mi territorio muy niña y no me acordaba que tenía una cultura, una herencia. Cuando retomo mi herencia, mi ancestralidad, entonces dije: bueno, yo hago parte también de allí, por qué canto otro tipo de música y no canto la que me pertenece.

CANTA MARÍA ELVIRA SOLÍS

V.G.: Hay una placa de reconocimiento también entregada en este momento. Por su lucha contra el racismo, por este feminismo antirracista que también nos comentó y nos contó hoy. Gracias, Francia.

F.M.: Bueno, muchas gracias a todo el pueblo argentino, al pueblo colombiano, al pueblo afroargentino, al pueblo indígena, a las mujeres, a los jóvenes, a los niños. Gracias a todas, a todos, a todes por este momento. Gracias y esperamos que, en cuatro años, cuando terminemos el Gobierno de Gustavo Petro – Francia Márquez, el Gobierno de Colombia, podamos seguirnos mirando a la cara con dignidad, con respeto. Y espero que en cuatro años mi corazón aún siga estando bien puesto. Muchas gracias.

Fuente de la información e imagen: https://lobosuelto.com

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Mélich: el ser humano no podrá nunca erradicar el mal

Por: José Zepeda

No podemos aspirar a un mundo en el que el mal sea completamente erradicado, pero sí podemos aspirar a un mundo donde la compasión acabe de alguna manera dominando a la crueldad.

si mucho de lo que creemos debe ser cuestionado? ¿Y si el mal no es la ausencia del bien, sino una posibilidad humana no erradicable? ¿Y si la compasión es la ética misma? ¿Y si la metafísica, ese pensamiento de la totalidad, puede llevar al totalitarismo? ¿Y si no somos tan libres como lo creemos? Estas son algunas reflexiones del filósofo español Joan-Carles Mèlich, una de las voces de mayor prestigio del momento, dedicado al estudio de la finitud, el mal y la fragilidad de los humanos

José Zepeda: Comencemos con algunos conceptos fundamentales de su pensamiento, sobre todo de los libros, La lógica de la crueldad y la experiencia de la pérdida. A mi juicio, sobresale en primer lugar este rechazo, una transgresión (por ocupar sus palabras) a la metafísica, por considerarla responsable de concepciones equivocadas sobre la vida. ¿Por qué?

Joan-Carles Mèlich: Creo que la metafísica ha sido, en primer lugar, el pensamiento dominante de Occidente, desde la concepción eleática del ser, desde el poema de Parménides, como mínimo, hasta Hegel. Pero creo que llegaríamos hasta la visión tecnológica del mundo de nuestro tiempo. Para apoyarme en un autor de peso, para que nuestros lectores sepan que esto no solamente lo digo yo, Franz Rosenzweig, en La Estrella de la Redención, que es la obra fundamental para entender una creación posterior del año 1961 de Emmanuel Levinas, Totalidad e infinito, en donde Levinas dice que se apoya en Rosenzweig.

Este autor judío alemán sostiene que la idea es que el pensamiento metafísico ha sido dominante en Occidente desde Jonia, Parménides, hasta Jena (universidad de Turingia, Alemania), es decir, Hegel. Rosenzweig no puede seguir porque desgraciadamente murió relativamente pronto. Pero podríamos hablar incluso hoy de este pensamiento metafísico.

El pensamiento de la totalidad, cuando se traslada a cuestiones políticas, morales y pedagógicas, es enormemente peligroso

¿Por qué la metafísica es peligrosa? Me pregunta usted. Sobre todo, porque es un pensamiento de la totalidad. Allí es donde haríamos claramente el paso Rosenzweig-Levinas. El pensamiento de la totalidad, cuando se traslada a cuestiones políticas, morales y pedagógicas, es enormemente peligroso, porque se convierte en un totalitarismo político, en un adoctrinamiento pedagógico y en un absolutismo moral. Estas son los tres grandes ámbitos en los que la metafísica muestra su peligrosidad para lo esencial en la vida humana que es la finitud.

JZ: Otro de los pilares fundamentales de su pensamiento es el hecho de que vivimos en un mundo gramatical. Que es un mundo interpretado. Una gramática interiorizada, asumida. Como si el discurso del libre albedrío, el de la soberanía personal, fuese en parte, errado porque los recién llegados no arriban a un desierto.

JCM: Efectivamente nos hemos caracterizado en Occidente por pensar que el ser humano es libre. No voy a sostener radicalmente lo contrario, que no somos libres. Pero sí diría que somos mucho menos libres de lo que nos creemos. Lo cual no significa que no seamos responsables de lo que hacemos. Tenemos un ámbito de responsabilidad, pero somos mucho más lo que nos pasa, lo que nos sucede, lo que no programamos, lo que hemos adquirido a través de la herencia gramatical: signos, símbolos, gestos y normas, que no lo que nosotros decidimos.

Tenemos un ámbito de decisión o de libertad que depende, en buena medida, de la herencia gramatical. Yo no puedo pensar si no es en un lenguaje, por ejemplo. Puedo escoger el lenguaje, pero no puede escoger la lengua materna. La lengua materna me viene dada. Ahora no estoy hablando en mi lengua materna, el catalán. Esta lengua es aprendida. Y me siento más cómodo cuando escribo en español que en catalán, porque fui escolarizado en español, pero mi lengua materna desde los cero hasta los tres años fue el catalán. Y eso no lo decido yo.

JZ: Sobresale un pensamiento que afirma que no son sinónimos moral y ética. Digo sobresale porque el hombre común, el hombre de la calle, muchas veces confunde los términos y hace de muchas cosas un sinónimo. Y aquí estamos, dice usted, frente a dos términos absolutamente distintos.

JCM: Vamos a intentar explicarlo. Lo que suele decirse es que la moral es un conjunto de valores, de deberes y la ética sería algo así como la reflexión filosófica sobre el hecho moral, una especie de filosofía moral. A mí no me gusta esta distinción, porque si la ética es una filosofía moral, entonces prefiero llamarla directamente filosofía moral.

La primera cosa que deberíamos tener presente es que el ser humano es un ser moral y ético al mismo tiempo. También podríamos añadir político. ¿Qué es el ser humano por naturaleza? Por naturaleza nada. Somos por naturaleza seres culturales, gramaticales, somos seres en el mundo. Si no existiera el mundo y por tanto la gramática, no existiría la cultura, no existiríamos. Y en la medida en que somos seres culturales, mundanos, gramaticales, somos seres morales, éticos y políticos al mismo tiempo.

Vamos a centrarnos en la distinción entre ética y política de forma muy breve ¿qué significa que el ser humano es un ser moral? Significa que heredamos un universo de normas, de valores, de principios, de deberes, que están implícitos en esta gramática. Desde pequeños nos enseñan tanto en la familia como en la escuela, como en los medios de comunicación, a vestirnos de una determinada manera, que hay partes de nuestro cuerpo que podemos mostrar, y en cambio, partes que no debemos mostrar sin sentir vergüenza.

Hay una serie de reglas de decencia, de levantarnos en el autobús si hay una persona mayor que necesita de esos asientos reservados para personas que merecen especial atención. Estoy pensando, por ejemplo, hay un chico joven, o una chica, en un asiento no de este tipo, sino en uno normal y corriente. Y, no obstante, el papá le dice: Por favor, levántate y deja sentar a esa persona mayor. Está interiorizando lo que llamaría una regla de decencia. Esa es la moral.

Por tanto, la defino como el conjunto de valores, de normas propias de un momento determinado en una cultura concreta. Cada cultura tiene en un momento de su historia una serie de valores, de normas en las que se educan los recién llegados.

La ética, en cambio, es la zona oscura de la moral. Es el encuentro ahora y aquí entre al menos dos individuos, dos sujetos. Prefiero no llamarlos personas, porque persona es un concepto moral. En ese encuentro hay un desajuste. Alguien reclama algo, pide algo. La moral te dice cómo debes responder. La ética, en cambio, te dice que debes responder.

Pero te plantea la cuestión de no saber con seguridad qué es lo que debes responder. O sea, el primer qué va con acento, el segundo no. Cuando se pone por escrito: la moral me dice qué debo hacer, con acento. La ética me dice que debo hacer algo, pero no me dice lo que debo hacer, sin acento.

El ejemplo más claro lo tenemos en un pasaje del Nuevo Testamento del Evangelio de Lucas, que es conocido como la parábola del buen samaritano, evangelio de Lucas, capítulo diez, versículo 30. Las personas que nos lean pueden leer ese fragmento y se darán cuenta que los tres personajes que pasan por delante del hombre herido, tienen moral.

Todo el mundo tiene moral, porque somos gramaticales, pero solamente uno da una respuesta ética. El que se detiene. El samaritano, que es el que se para y ayuda, tiene compasión del judío herido. Lo que hace es transgredir la moral en la que ha sido educado. Aquí se ve como ética y moral no coinciden.

El problema de los nazis no es que no tuvieran moral, es que sólo tenían moral. Lo que no tenían era ética. Con esto no quiero decir que ser ético es actuar bien. Nunca he definido la ética así. A veces se me ha acusado de decir, ser ético es actuar bien, ¿y cómo sabes lo que está bien? No he dicho nunca eso. He dicho que ser ético es actuar sabiendo que nunca actuamos suficientemente bien.

Por tanto, la cuestión de la mala conciencia o de la vergüenza, como apuntaba en mi último libro, La fragilidad del mundo, el final de la fragilidad del mundo se llama ética de la vergüenza.

Por eso, junto a la compasión, situaría la vergüenza como un elemento fundamental de la ética. El ser humano es un ser que vive en esa tensión entre el deber, la regla, la norma, el valor, que es la moral, por un lado y por el otro, esa incertidumbre, ese no saber, esa ambigüedad, esa vergüenza ética.

JZ: Otro concepto. El mal no es la ausencia del bien, dice usted. No, el mal es la insensibilidad frente al dolor del otro. ¿Es siempre consecuencia del poder? Hago lo que quiero contigo porque puedo. Sea este un poder pequeñito en el hogar, en la escuela o el grande en un dictador.

JCM: Hay que aclararlo. Toda mi obra es un diálogo o una herencia de lecturas importantes para mí, de grandes autores. Sobre este tema del bien y del mal, una de las obras que más me han influido, que también es una de las que más influyen en Manuel Levinas, es la novela de Vasili Grossman, Vida y destino. Una epopeya que acontece durante la Segunda Guerra Mundial, que pasa en distintos escenarios, en campos de concentración nazis, en el frente.

En Vida y destino, Grossman nos advierte del peligro de la palabra bien. ¡Cuidado con este término! Porque lo que dice uno de los personajes varias veces a lo largo del relato, es que en nombre del bien se han cometido las peores masacres de la historia. Que el campo de concentración nazi, que esa cámara de gas, cito de memoria a Grossman, Hitler la construyó en nombre del bien. Herodes -dice Grossman más adelante- mató a los inocentes en nombre del bien. Otro personaje le pregunta, usted no cree en el bien. Responde: no, creo en la bondad. Esa distinción es fundamental, la ética metafísica se ha ocupado del bien. En cambio, la filosofía de la finitud, en la que yo me muevo, se ocupa de la bondad.

JZ: Hay varias tensiones en el ser humano y una muy importante es la que existe entre el olvido y el recuerdo: la memoria. Esto es importante porque normalmente se piensa que la memoria es sólo el recuerdo y no es así.

JCM: Esto sí que los antiguos lo tenían muy claro, la memoria es una facultad fundamental desde un punto de vista educativo, desde los griegos hasta la modernidad. Pensemos en Platón. Sin memoria no hay educación posible.

Lo mismo sucede en la dimensión judía y cristiana. El judeocristianismo gira alrededor de la memoria. «Recuerda Israel», ese es el gran imperativo. Si no recuerdas la Alianza, no podemos vivir. Todo el pueblo judío gira alrededor de la memoria. Y el cristianismo lo mismo en la eucaristía cristiana, en el momento de la consagración, cuando el sacerdote levanta el pan y el vino consagrado, dice: «Haced esto en memoria mía».

¿Qué ha sucedido? A partir sobre todo del siglo XVIII, con la ilustración, la memoria se va desprestigiando y va dejando paso a la experiencia, a la imaginación, a otras facultades.

Ahora bien, la memoria no hay que entenderla solamente como recuerdo, porque la memoria implica una tensión entre el recuerdo y el olvido. No solamente dos personas no recuerdan de la misma manera, ponga a 20 personas frente a un acontecimiento y cada una de ellas le contará el acontecimiento de maneras distintas.

O sea, la memoria implica un relato. Y el relato implica una selección de algo que se vio, se oyó y, por lo tanto, también de un olvido. El olvido forma parte de la memoria. No solamente sucede entre diferentes personas, sucede conmigo mismo. Yo a lo largo del tiempo voy recordando el mismo acontecimiento y a lo mejor lo cuento de maneras distintas.

Por tanto, defender la memoria es defender también que el ser humano es un ser olvidadizo. Hasta el punto de que a menudo nos acordamos de lo que quisiéramos olvidar y nos olvidamos de lo que deberíamos recordar.

JZ: Se dice que los recuerdos son relativamente autónomos, que emergen motivados por un aroma, por una temperatura, por una palabra, por muchas razones conocidas o aparentemente ignoradas. Permítame usted que yo le cuente una anécdota personal. Mi madre murió el año 1966 y la recuerdo con mucha regularidad. Y mi padre murió 35 años después y casi nunca lo recuerdo. Aquí, me parece, se derivan dos cosas. La primera es lo que comentábamos, el recuerdo y el olvido. Pero se me ocurre que los recuerdos persistentes, de un modo u otro que no puedo explicar con claridad, no son pasado, son presente intermitente, son presente que no termina de pasar. Como si el tiempo se dilatara en un extremo y al final no estuviera el pasado, estaría siempre el presente. ¿Estoy alucinando?

JCM: No. Es exactamente así. A menudo entendemos el tiempo como lo que en filosofía se ha llamado los tres éxtasis de la temporalidad, pasado, presente y futuro, como algo completamente independiente. El pasado ya está pasado. El presente es lo real, lo que sucede ahora y el futuro es lo que todavía no es, pero será. Pero en realidad la cosa no funciona así.

El ser humano es al mismo tiempo pasado, presente y futuro, es decir, en el presente hay pasado. No puede entenderse el presente como un haber dejado de lado el pasado, sino que el pasado continúa operando de alguna u otra manera en el presente y el futuro también, porque hacemos las cosas para algo. A menudo pensamos: esto lo hacemos para lo que vendrá. Proyectamos.

Los medios de comunicación normalmente muestran la actualidad, pero no muestran el presente.

Pasado, presente y futuro están entremezclados. Esa es la distinción entre lo que yo llamaría el presente y la actualidad. Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es la confusión entre el presente y lo actual, la actualidad. Vivimos en un mundo donde se valora sobre todo la actualidad en detrimento del presente. Esto lo descubrí leyendo un cuento de Günter Grass, el Premio Nobel de Literatura.

En una novela que se titula Mi siglo, cuenta lo que sucedió en una escuela en Alemania el día de la caída del muro de Berlín. Cae el muro y el profesor, en lugar de hablarles del acontecimiento donde todo el mundo celebra que por fin se ha terminado el régimen comunista, en lugar de hablar de eso, el profesor les cuenta a los chicos la noche de los cristales rotos. Y claro, los papás dicen: pero vamos a ver, usted ¿qué nos está contando? Relata la noche de los cristales rotos para ponernos tristes., si lo que importa, lo realmente actual, es hablarles de la caída del muro de Berlín.

El profesor replica ¿usted sabe qué sucedió exactamente en este país un nueve de noviembre, pero hace ya muchos años? Porque si ustedes quieren entender el presente, la caída del muro, tienen que recordar la noche de los cristales rotos, hubo un muro porque hubo una noche de los cristales rotos.

Los medios de comunicación normalmente muestran la actualidad, pero no muestran el presente. El presente es la actualidad en el que se ve que el pasado está vivo, el presente no es independiente del pasado. La actualidad, en cambio, nos entrega un presente libre de pasado. Y ese es el drama de la actualidad.

JZ: Puestos a optar le diría que existen dos aspectos decisivos en su obra. El primero de ellos es cuando usted dice: somos más pasiones que acciones o decisiones frente al logos o a la razón pura de la moral metafísica. La literatura nos enseña que nunca sabremos suficientemente cómo leer, porque nunca sabemos suficientemente cómo vivir. Y digo que es decisivo porque vuelvo de nuevo a que mucha gente piensa que la literatura, para decirlo castizamente, no sirve para un carajo, y usted la reivindica de una manera suprema. ¿Por qué?

JCM: Porque creo que precisamente los grandes, los cimientos de toda cultura y especialmente de la cultura occidental – que es de la única de la que puedo hablar mínimamente- se construye en base a grandes obras literarias. Tanto las que vienen del mundo judío como las del mundo griego. Yo doy clases de filosofía de la educación, en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, y me encuentro que los estudiantes de mi facultad nunca han tenido una Biblia en las manos, tampoco la Ilíada o la Odisea, o las tragedias griegas.

Me dicen, pero es que nosotros no somos creyentes, nosotros no vamos a misa. Esto me cuesta entenderlo, porque la Biblia no tiene nada que ver con que uno vaya a misa o no, sea judío o cristiano, o que esté circuncidado o no, o que esté bautizado o no lo esté. La Biblia es un texto como mínimo literario. Podemos discutir si para usted o para mí o para otra persona es un texto revelado. Dios le revela a Moisés… eso se puede discutir, pero lo que nadie puede discutir es que es un texto literario, porque lo es.

Y sin la Biblia no se entiende nada. No entenderá la Divina Comedia, ni el Quijote, no entenderá Shakespeare, no entenderá nada de nada. Acaba de morir el Papa. No entenderá nada de lo que está pasando ahí. No podrá ver el cuadro. No sabrá lo que está mirando. Usted no puede ir a Florencia a ver el David sin saber la Biblia, no puede ver el Moisés de Miguel Ángel sin saber nada de la Biblia. No puede leer a Freud si no sabe nada de la Biblia.

Por tanto, la literatura no es algo por lo que uno que uno transita cuando no tiene nada más importante que hacer y dice bueno, es un pasatiempo. Hay un tipo de literatura que lo es. Pero los grandes clásicos nos están formando, educando en esta gramática del mundo con la que iniciamos nuestro diálogo. Los grandes clásicos están en la gramática que heredamos.

Todos somos un poco Caín y Abel, un poco Don Quijote y Sancho, un poco David y Goliat. Todos somos un poco Hamlet, también somos un poco Macbeth, etc.

JZ: Me parece que la unión de dos vocablos conforma, de una u otra manera, el resumen de su mirada, de la búsqueda de sentido que tiene sobre la vida, que son: ética y compasión. Compasión ética. Es decir, una forma de vida diferente. Y permítame que me adelante y diga bastante ajeno a una mayoría importante del mundo y sobre todo de sus dirigentes, compasión ética. Vaya, son palabras mayores.

JCM: Le añadiría una tercera palabra que ojalá no tuviera que hacerlo, la crueldad. Usted decía al principio, es verdad, yo después de La ética de la compasión, en 2010, me pasé cuatro años pensando que la luna tiene una cara oculta. Y nosotros también tenemos un lado oscuro. No quisiera que las personas que puedan leer esta entrevista piensen que solamente me ocupo de la compasión, que es verdad que para mí es fundamental, porque para mí la ética es compasión.

La compasión es responder de alguna forma al dolor del otro. Al grito del otro que está sufriendo. Uno tiene que dar respuesta de alguna manera. La compasión no es la piedad.

La palabra compasión ha tenido mala prensa en filosofía porque se ha pensado que es propia del cristianismo. Lo que ha sucedido es que, sobre todo en la modernidad, Spinoza, Kant o Nietzsche, han sido muy críticos con la compasión. Pero un filósofo ateo como Schopenhauer gira toda su obra alrededor de la compasión y el perdón. Es un autor ateo. Así, la compasión puede ser reivindicada tanto por creyentes como por ateos.

La compasión es responder de alguna forma al dolor del otro. Al grito del otro que está sufriendo. Uno tiene que dar respuesta de alguna manera. La compasión no es la piedad. Porque creo que otro de los problemas que ha tenido la compasión es la confusión entre compasión y piedad.

El César, en el circo romano, puede tener piedad porque tiene poder. Puede perdonar, entre comillas, la vida. Su gesto del pulgar hacia arriba es de piedad. Para que todo el mundo lo entienda, la piedad es vertical. Solamente el poderoso puede tener piedad. Nosotros podemos tener compasión.

La compasión no es un sentimiento, es una acción ante el dolor del otro. El ser humano es un ser compasivo, aunque no solamente él. La ética de la compasión lo que hace es situar al ser humano fuera de su centro y entender que hay otros seres. Estamos pensando, por ejemplo, en los bonobos, los elefantes, los delfines, grandes mamíferos que son seres compasivos.

La ética de la compasión no es antropocéntrica. Esto es muy importante. Somos compasivos y eso, lejos de alejarnos de los animales, nos vincula al mundo animal, de lo cual yo me alegro. Para mí la cuestión no es lo que nos distingue de los animales, sino lo que nos distingue de algunas máquinas, de algunos androides, de algunos ciborg.

Por desgracia, el ser humano también es un ser cruel. No digo que sea un ser malo. No he dicho nunca eso. Es un ser que no puede eliminar de su vida la posibilidad de la crueldad, de la violencia y del mal. La crueldad sería para mí una de las formas más importantes del mal. El mal también es humano.

No podemos aspirar a un mundo en el que el mal sea completamente erradicado, pero sí podemos aspirar a un mundo donde la compasión acabe de alguna manera dominando a la crueldad. En el final de El malestar en la cultura, Freud termina diciendo, y ahora ¿qué nos espera? No lo sabemos.

Esperemos que finalmente el Eros, yo diría la compasión, acabe venciendo al Thanatos, es decir, a la crueldad. Pero toda victoria del Eros será momentánea, porque el Thanatos, la crueldad, el mal, siempre es una posibilidad que, insisto, el ser humano no podrá nunca erradicar.

Fuente de la información e imagen: https://www.opendemocracy.net

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Librando la lucha de clases en la teoría y la práctica

Por: Derek Ford

Una entrevista con Peter McLaren

 

INTRODUCCIÓN

La siguiente entrevista exclusiva de Paz, Tierra y Pan con el educador y organizador revolucionario Peter McLaren fue realizada por Derek Ford, su camarada y ex alumno, por correo electrónico a fines de 2022 y principios de 2023, después de que McLaren leyera el último libro de Ford y escribiera una reseña para Monthly Review. Sentimos que era una oportunidad importante para exponer a una nueva generación y cohorte de comunistas a la vida y obra de McLaren. En él, cubren una amplia gama de temas y eventos intelectuales y políticos, mostrando la brillante forma en que se desarrolla la praxis de McLaren.

Peter McLaren es un reconocido teórico, educador y organizador, que es uno de los principales teóricos educativos marxistas en el mundo de hoy, como lo demuestra la entrevista a continuación. McLaren se desempeña como Profesor Distinguido en Estudios Críticos en el Colegio Attallah de Estudios Educativos, Universidad Chapman, donde es Codirector del Proyecto Democrático Paulo Freire y Embajador Internacional para la Ética Global y la Justicia Social. En 2005, un grupo de académicos y activistas en el norte de México estableció La Fundación McLaren de Pedagogía Crítica para desarrollar un conocimiento del trabajo de McLaren en todo México y promover proyectos de pedagogía crítica y educación popular. El 15 de septiembre de 2006 se inauguró la Cátedra Peter McLaren en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

McLaren se desempeñó como miembro del comité de tesis de Derek Ford en 2015 y, desde entonces, ha apoyado su trabajo y el trabajo de una nueva generación de educadores revolucionarios.

Derek Ford: Peter, muchas gracias por tomarse el tiempo de su agitada agenda para hablar con nosotros sobre su investigación y activismo. Como saben, la educación política es una de las tareas centrales de nuestro momento, y una de las razones por las que queríamos hacer esta entrevista es por sus amplias y profundas experiencias pensando y practicando la educación política. Pero como una forma de entrar en sus antecedentes, trayectoria y los detalles de su praxis, queríamos comenzar con un artículo reciente que publicó con Petar Jandrić sobre el papel del intelectual público en la actualidad.

Comienzas afirmando que una verdad simple de la pedagogía crítica es que no se limita a las aulas o escuelas, sino que se infunde a lo largo de la vida diaria. Ahora, corrígeme si me equivoco, pero parece que este ha sido un principio consistente a lo largo de las diferentes fases de tu trabajo, y como organizadores marxistas, estamos de acuerdo en que este es un hecho fundamental de la pedagogía crítica. ¿Por qué sigue siendo importante comenzar por enunciar explícitamente esta premisa y es más importante ahora que en otros momentos de la historia de la pedagogía crítica?

Peter McLaren: Gracias Derek por tu invitación a hablar contigo. Su pregunta para comenzar nuestra conversación es importante y llega al corazón del dilema que enfrenta la educación hoy en día. Creo que como educadores no podemos enfatizar lo suficiente la importancia de nuestro compromiso político cotidiano con los demás, en los contextos sociales de nuestros mundos de vida como maestros, investigadores y activistas. La respuesta a esto significa ir mucho más allá de lo que los progresistas han estado defendiendo, porque estamos viviendo hoy en un punto de inflexión crítico en la historia, con una especie singular de instancias de fascismo profundas en médula ósea envueltas en atuendos neonazis, neoconfederados, antiinmigración, neofeudales y misóginos, y preparados por los señores de la frontera sociópatas «respetables» de hoy, los aplicadores intelectuales de la Dark Web y los tecnofascistas. La madriguera del conejo de QAnon tiene el poder de un agujero negro, absorbiendo a personas racionales en un mundo donde se cree que nuestros vecinos de al lado son reptiles comedores de niños bajo la administración del Partido Demócrata y su Señor Supremo satánico, Joe Biden.

El fascismo, como nos enseñó Ernst Bloch, es una estafa de realización. Está diseñado para revitalizar pasados que han permanecido estériles e insatisfechos cuando se enfrentan a un presente donde la esperanza está en declive. Hemos creado una verdadera Volksgemeinschaft estadounidense, donde las verdades existenciales no son negociables y donde los jóvenes se sienten justificadamente libres de perseguir a amigos o compañeros de clase que albergan ideas censuradoras e iliberales, que no están siguiendo los rituales de comportamiento bien entendidos de acuerdo con el MAGAverse. El medio social de MAGA es uno en el que mantener una opinión tiene el poder equivalente de reunir un argumento, suficiente para justificar moralmente la violencia política que hemos visto en lugares como Charlottesville o en el edificio del Capitolio.

Tenemos una Corte Suprema de derecha dominada por textualistas judiciales que son propensos a leer la ley sin intentar dar cuenta de los contextos históricos y culturales y la intencionalidad de los legisladores. Tenemos fundamentalistas evangélicos que han ungido al presidente Trump como «El Elegido» y este mismo ex presidente que se proclama a sí mismo «Rey de Israel» y la «Segunda Venida de Dios» que asegura que habrá cultos a Trump marinados en un guiso fétido de creencias QAnon que florecerán en el futuro. Y tenemos las plataformas de medios como Gab, donde el microblogging y las redes sociales funcionan como instrumentos de acoso y tortura que pueden infligirse instantáneamente a los enemigos percibidos.

Pero la cuestión urgente que afecta a toda la educación, la cuestión del capitalismo, todavía no se plantea. Recordemos que durante el Susto Rojo en 1952, en una decisión de 6-3, la Corte Suprema de los Estados Unidos confirmó una ley del estado de Nueva York conocida como la Ley Feinberg que prohibía a los comunistas enseñar en las escuelas públicas. Cualquiera que pidiera el derrocamiento del gobierno fue expulsado de la profesión docente. La propaganda subversiva fue prohibida. Estamos de vuelta en esos días del «Susto Rojo» hoy, pero esta vez está respaldado por un mediaverso que es lo suficientemente poderoso como para agregar capas de mistificación ideológica a nuestro inconsciente estructural ya sobrecargado: crear fascistas que sean expertos en tecnología, que estén militarizados, cuya capacidad de empatía y afirmación de los principios de justicia social se haya convertido en una piscina muerta ambiental. incapaz de generar la posibilidad de una nueva vida.

No tenemos muchas armas a nuestra disposición para desafiar estas amenazas actuales a nuestro mundo, pero sí tenemos nuestra propia participación en la pedagogía crítica y nuestro trabajo como intelectuales y activistas públicos. La pedagogía crítica, como usted conoce a Derek, surgió a fines de la década de 1970 como un movimiento de reforma vibrante y contestatario que con una lucidez insolente se situó fuera del movimiento de potencial humano impulsado por flores de la década de 1960 asociado con «escuelas libres» cuya filosofía de enseñanza y planes de estudio se basaban en la tradición de sabiduría principalmente europea generada por la psicología humanista de Abraham Maslow y Carl Rogers centrada en los esfuerzos para mejorar el «autoconcepto» o la «autoimagen» de los estudiantes. Más tarde, algunos de sus zarcillos derivaron hacia personas como Timothy Leary y la cultura de «sintonizar, encender y abandonar» (de la que formé parte a finales de los años sesenta).

La pedagogía crítica inmediatamente atrajo la ira del Partido Republicano (algunos miembros en aquellos días poseían cierto peso intelectual, tan repulsivo como podrían haber sido) ya que era un enfoque de la reforma educativa cuyos defensores se atrevieron a mencionar los nombres de Karl Marx, Antonio Gramsci y Paulo Freire prominentemente en sus ensayos, y que promovieron su trabajo bajo la bandera de la «teoría de la resistencia». En un sentido más amplio, la pedagogía crítica fue un intento de revelar las consecuencias morales y prácticas de la neutralidad política y también el impacto que las relaciones sociales de producción y las formaciones culturales tienen en la organización y el bienestar de la vida humana. En estos tiempos actuales, los ataques de los republicanos realizan sus esfuerzos fanfarrones para exorcizar la «cultura despierta» con una ambición borracha que haría que Elmer Gantry pareciera sonámbulo, tomas de bourbon barato disfrazado de agua bendita y lenguas de fuego saltando de sus bocas parlanchinas como grandes manipuladores de serpientes de carpa en trajes de lino de gran tamaño, generalmente han calificado la teoría educativa que ha surgido en la izquierda como una especie infernal de «socialismo» o «comunismo» inspirado en el diablo. Y, como era de esperar, dada la prominencia del movimiento Black Lives Matter, han señalado la Teoría Crítica de la Raza como su conveniente bête noire.

Sin disculpas a aquellos que persisten en sus ataques ignorantes a la Teoría Crítica de la Raza, con aquellos que miran boquiabiertos a Karl Marx como si fuera una especie de criatura exótica, debemos tener claro que la industrialización de América se construyó sobre la esclavitud y el exterminio de los pueblos indígenas. ¿Cómo podemos decir que el capitalismo ha tenido éxito cuando una proporción tan grande de la riqueza en los Estados Unidos se concentra en manos de unos pocos? Aquellos de nosotros en la izquierda entendemos que en las mentes de aquellos críticos que condenan la Teoría Crítica de la Raza, la Pedagogía Crítica y el trabajo de Paulo Freire como marxista o comunista, esto es solo un intento payaso de arrojar carne roja a la base de Trump. Si se toman en serio el uso de esos términos, incluso como accesorios en sus trucos baratos y acrobacias políticas, podrían estar interesados en descubrir que no necesitan ir más allá de la Biblia en su búsqueda del nacimiento del comunismo, específicamente el Nuevo Testamento. Pero eso solo crearía una división adicional.

Que no enseñemos a Marx en nuestras escuelas es uno de los grandes escándalos de la educación en los Estados Unidos. Para muchos estudiantes universitarios en los Estados Unidos, leer a Marx se consideraría una violación fundamental del patriotismo, algo que sin duda provocaría la ira de los estadounidenses probados y verdaderos, y causaría una tormenta de protestas de los padres y familiares de estos estudiantes. Contrastemos esto con la forma en que algunos europeos se relacionan con Marx. En 1989, Karl Marx encabezó una encuesta de BBC News Online para encontrar al mejor pensador del milenio. Albert Einstein ocupó el segundo lugar. Los 10 primeros incluyeron a los filósofos Immanuel Kant y René Descartes, así como al científico del siglo XX Stephen Hawking. Solo decir.

La pedagogía crítica y sus exponentes internacionales han ayudado a dar forma a cómo se entiende la educación conceptualmente, y lo más importante dialécticamente, y lo que cuenta como conocimiento y agencia en la era de la información. Los pedagogos críticos han emprendido una acción crítica más teóricamente consciente en defensa de las escuelas públicas, acumulando teoría y acción, así como proporcionando un lenguaje para crear memoria histórica y una lengua vernácula crítica con la que comprender y juzgar al mundo en su lucha por futuros posibles. Tal descripción puede sonar para algunos como afirmaciones elevadas abandonadas de la historia en un campo de juego diseñado para que los ideólogos se involucren entre sí de manera performativa pero no sustantiva, pero hay mérito para ellos, y ayudan a definir cómo los educadores críticos llegaron a formular la idea de pedagogía y cómo su trabajo complementa las principales contribuciones de la teoría crítica y los avances realizados durante el Movimiento de Derechos Civiles y cómo son las luchas revolucionarias en todo el mundo. Conceptualizado hoy como un proceso multinivel, tareas que definen completamente nuestra actividad actual como agentes de cambio. Las contribuciones de la pedagogía crítica son distintas de las de sus contemporáneos más convencionales en términos del alcance de sus intereses, sus apelaciones a la autoridad y la forma de sus obras canónicas, ya sean enrevesadas o finamente perfeccionadas, llenas de positividad o sobrecargadas de cinismo. Es más exacto hablar de pedagogías críticas (en plural) que de una pedagogía crítica singular. La pedagogía crítica ha crecido exponencialmente en lugar de linealmente, y ciertamente las variantes marxistas y anarquistas han jugado un papel en su trayectoria evolutiva y han ayudado a determinar su desarrollo a gran escala.

Participar en la lucha por el socialismo, que es un desafío que impulsa principalmente mi propia contribución a la pedagogía crítica, toma varias formas organizativas como sindicatos, asociaciones, consejos y cooperativas. Pero también puede tener lugar en los entornos más informales, como conversaciones en pubs locales o en el taller en fábricas, o en las aulas del campus. Puede tener lugar en conciertos y en lecturas de poesía, seminarios y salones, y en cafeterías de Greenwich Village o en las ubicadas en los centros comerciales locales que salpican el paisaje urbano de todo el país.

Siempre he encontrado que la poesía y las reuniones de palabras habladas son útiles para generar diálogo político. Al crecer en mi Toronto natal, me sentí particularmente atraído por los poetas beat estadounidenses como Gregory Corso, Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti. Los veía como filósofos locales que señalaban a sus oyentes ciertas experiencias de vida. Me sentí atraído por Corso no porque sobreviviera al nacer de una madre de dieciséis años que lo abandonó a Caridades de la Iglesia Católica. No porque su padre finalmente lo acogiera para que pudiera esquivar el reclutamiento de la 2ª Guerra Mundial (fue reclutado de todos modos), dejando a Corso en las calles, no porque durmiera en el metro y en los tejados, o porque robara una tostadora a los 13 años y fuera enviado a The Tombs (el Complejo de Detención de Manhattan), donde fue traumatizado por sus compañeros asesinos psicóticos reclusos, un evento que llevó a su traslado al pabellón psiquiátrico de Bellevue Hospital, y finalmente a los 17 años a la prisión de Clinton, donde pasó un tiempo bajo la protección de la mafia en la antigua celda de «Lucky» Luciano. No porque fuera un obrero, un marinero o un reportero de periódico. Pero debido a que amaba a los santos, no tenía miedo de ocultar su disgusto por la sociedad contemporánea y usaba ritmos caprichosos de jazz para contar su historia. Después de leer los Beats, comencé a prestar más atención a las experiencias de las personas en las calles.

DF: Gracias por su respuesta, y me alegro de que haya terminado explicitando cómo su participación en la lucha por el socialismo impulsa su trabajo en pedagogía crítica. De hecho, lo que me ha inspirado tanto de su trabajo, y lo que para mí lo hace distintivo en nuestro campo y un modelo importante para la producción intelectual de hoy, es cuán profunda y extensamente integrado está con los movimientos populares y obreros reales de nuestros días. En particular, estoy pensando en el trabajo que hizo con el gobierno revolucionario de Venezuela sobre pedagogía crítica y educación revolucionaria en 2006, durante una etapa temprana de la Revolución Bolivariana. ¿Cómo surgió esa colaboración? ¿Qué aprendiste de los camaradas en Venezuela y qué les interesaba aprender de ti?

PM: La invitación a Venezuela siguió una progresión natural en conjunto con mi trabajo. Mi colaboración con diferentes grupos e individuos fuera de los Estados Unidos comenzó con una invitación de Paulo Freire para hablar en una conferencia en Cuba donde estaba dando una serie de charlas. La gran mayoría de mi trabajo hasta ese momento estaba restringido a mi Canadá natal y los Estados Unidos. Así comenzó mi primer viaje a Cuba donde me sorprendió encontrar otros académicos de Brasil y de México que estaban familiarizados con mi trabajo. Me sorprendió porque no había publicado mucho en ese momento y recién estaba comenzando mi trabajo académico. Mientras estaba en la conferencia me sorprendió aún más recibir invitaciones para hablar en México y Brasil y eso marcó un período de mi vida en el que estaba hablando y viajando en Brasil con mucha frecuencia. Eso duró una década o más y fue seguido por más visitas a Cuba y viajes a Venezuela, Colombia y Argentina, donde pude conocer a nuevos camaradas y aprender sobre las luchas formativas dondequiera que estuviera visitando. En total, fui invitado a aproximadamente 30 países diferentes, a veces como orador de conferencias y otras veces para conocer activistas y visitar varias comunidades y grupos. Mis visitas a México han continuado hasta el presente, aunque por razones de salud ya no puedo viajar.

Muy a menudo, los grupos que me traían para hablar sobre pedagogía crítica esperaban que tuviera las respuestas a cualquier problema que enfrentaran, pero en la mayoría de los casos, yo estaba allí como aprendiz. Traté de dejar claro que estaba allí para dialogar y compartir nuestras diversas luchas en los muy diferentes contextos en los que estábamos trabajando y para proporcionar contactos de nuestras experiencias que podrían resultar útiles para varios grupos y organizaciones con los que nos habíamos familiarizado. No soy un muy buen organizador y lamento no poder desarrollar una red más estructurada que nos hubiera conectado a todos. He aprendido mucho de mis camaradas en el Proyecto Democrático Paulo Freire en la Universidad Chapman sobre la organización. Mi esfuerzo más reciente fue crear las bases para un instituto de pedagogía crítica en China. Hasta ahora hemos organizado cuatro conferencias internacionales, pero no está claro si habrá más. La mayor parte del tiempo que viajaba, también enseñaba una carga completa en la universidad, presidiendo disertaciones, sirviendo en comités universitarios y publicando. Pasó factura físicamente.

La tarea que me asignaron en Venezuela fue involucrar a investigadores y maestros educativos con mi propio trabajo en pedagogía crítica, centrándome específicamente en el trabajo de Freire, y servir en un papel de asesor. Incluyó conferencias específicas en varias universidades, marchando en las calles con los chavistas y confrontando a los grupos antichavistas, visitas a sitios donde se estaban llevando a cabo muchos programas sociales desarrollados bajo el presidente Chávez en torno a la salud, la alimentación y la alfabetización, como las misiones Ribas, Robinson, Barrio Adentro, Mercal y Zamora. El presidente Chávez fue muy claro durante una conversación que tuvimos en el Palacio de Miraflores de que cualquier pedagogía crítica que surgiera de Venezuela sería venezolana. Esto era consistente con lo que Paulo siempre había enfatizado en nuestras conversaciones: que su trabajo no debía importarse a través de fronteras geográficas y simplemente conectarse a cualquier situación que necesitara ser abordada (una pedagogía única para todos), sino reinventarse en los espacios contextualmente específicos de las luchas revolucionarias.

DF: Esto parece una tarea increíble, tanto en términos del impacto como de la responsabilidad que conlleva. ¿Cómo fue trabajar con los chavistas?

PM: Trabajar con los chavistas fue una experiencia poderosa que cambió políticamente la vida. Uno de los asesores de Chávez en educación, Luis Bonilla, me había invitado a dar charlas en apoyo de la revolución bolivariana en varias ciudades y pueblos de todo el país. Así es como empezó. Me uní a un grupo de revolucionarios y trabajamos juntos. A veces viajábamos en un avión de la Guardia Nacional con dos pilotos adolescentes que guardaban AK-47 en el piso de la cabina.

Más tarde, fui invitado a asistir a dos programas de televisión conducidos por el presidente Chávez, ¡Alo Presidente!, y se me unió el gran poeta Ernesto Cardenal, quien había sido reprendido por el Papa Juan Pablo II años antes por involucrarse en la política nicaragüense (Ernesto era un sacerdote católico en ese momento). Un punto culminante de mi visita a la vecina Colombia fue ser llevado por un grupo de maestros de secundaria de Medellín que me rastrearon en una conferencia de sociología donde fui un orador destacado. Me llevaron a su escuela y rápidamente hicieron arreglos para que hablara con la facultad que, años antes, había visto tanques blindados de transporte de personal, helicópteros Black Hawk y miles de soldados invadir su comunidad, buscando capturar o matar a miembros clandestinos de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que se sabía que se escondían en el vecindario.

Los profesores estaban un poco nerviosos durante mi discurso porque la escuela estaba bajo vigilancia de los paramilitares, que en muchos sentidos eran más mortales y viciosos que los militares. Luis Bonilla había estado siguiendo mi trabajo a lo largo de los años y la invitación a Venezuela vino de la nada, ya que desconocía a Luis y su trabajo en Venezuela en ese momento. Ahora, nos hemos convertido en buenos amigos y estoy sorprendido por el trabajo que ha estado haciendo internacionalmente.

DF: Es en este punto que creo que un contexto intelectual y biográfico más amplio es relevante porque el estado de su desarrollo teórico fue uno de los factores coyunturales involucrados en esta colaboración. ¿Cuál fue su teoría, o enfoque teórico más amplio, de la pedagogía crítica revolucionaria que facilitó la colaboración?

PM: Supongo que una respuesta a su pregunta podría ser que yo era uno de los pocos autodenominados marxistas en el campo en ese momento (no usé la frase neomarxista que estaba de moda en ese momento) y había estado publicando desde 1980, y algunas de mis obras estaban siendo traducidas al español y portugués. Y estaba aceptando invitaciones fuera de los Estados Unidos en lugares donde los maestros estaban interesados en ver lo que los educadores de los Estados Unidos tenían para ofrecer. El Instituto McLaren, que fue iniciado por un camarada en México, estaba poblado en gran parte por profesores comunistas y socialistas, y a menudo grupos se ponían en contacto conmigo a través del instituto. Anteriormente identifiqué mi trabajo como posmodernismo crítico, y de vez en cuando me encuentro con un artículo de revista que todavía me describe como tal.

Había comenzado a repensar la falta de análisis marxista en mi trabajo durante un viaje a Alemania Oriental, donde conocí a los camaradas británicos Mike Cole y Dave Hill. Mike me desafió a comenzar a releer a Marx y aplicarlo a la pedagogía crítica que se estaba desarrollando. Dave me presentó el importante trabajo de otro camarada, Glenn Rikowski. Fue unos años después de la caída del Muro de Berlín y las universidades estaban reemplazando a los profesores de Alemania Oriental con los de Alemania Occidental. Aprendí mucho de mis camaradas en Inglaterra durante los años siguientes, y algunos de mis asociados en los Estados Unidos se horrorizaron de que me hubiera metido en una madriguera política cuando comenzaron a ver referencias a Marx en mi trabajo. En 2005 o 2006, treinta profesores de UCLA fueron identificados por un grupo de derecha que se llamaba The Bruin Alumni Association y que fueron financiados por agentes republicanos. Yo estaba en la parte superior de la lista de esa camarilla de profesores izquierdistas que se conoció como los «Treinta Sucios». Respondimos al nombre llamándonos In Good Company.

A los estudiantes se les ofrecieron 100 dólares para grabar secretamente mis conferencias y 50 dólares para las notas de mis conferencias. Esto fue para todo el grupo. Se convirtió en una historia nacional que se enmarcó como un regreso a los días de Joe McCarthy. Hubo estudiantes espías que hicieron todo lo posible para inventar historias sobre nosotros; después de todo, 100 dólares no es un cambio pequeño. Ciertamente estamos de vuelta en los días en que los críticos usan la etiqueta «comunista» para casi cualquier cosa que no les guste de los valores culturales liberales. Es una estratagema efectiva de los republicanos porque evoca imágenes de gulags, asesinatos políticos, ateísmo, hambre forzada y candidatos manchúes. También trae a la mente el miedo al pensamiento de paso a paso cuando en realidad la uniformidad es más una característica del capitalismo. En muchos sentidos, estamos viviendo en una sociedad reaccionaria hoy que es mucho peor que la década de 1950, ya que las redes sociales han convertido en armas formas de odio digitalizado sin fricción.

Soy un converso católico, y escribo sobre teología de la liberación de vez en cuando. Uno de los mejores teóricos marxistas que he encontrado es José Porfirio Miranda, quien ha escrito numerosos libros, entre ellos Marx y la Biblia, El comunismo en la Biblia y Marx contra los marxistas. Esto a menudo confundiría a mis críticos. Todavía lo hace. Pero este es un tema para otro momento.

DF: Este es un contexto muy útil, y es importante para el registro histórico. Me hace pensar en el papel clave que juega el momento histórico en la investigación y el trabajo que hacemos. Por ejemplo, era un ambiente intelectual muy diferente en los Estados Unidos cuando comencé la escuela de posgrado en 2012 y cuando nos conocimos en 2014 que en las décadas de 1990 y 2000. En particular, el movimiento Occupy Wall Street, las luchas por los derechos de los inmigrantes, el movimiento antiimperialista contra las guerras de Irak y Afganistán, así como la marea rosa en América Latina, entre otros factores, hicieron que los debates entre el posmodernismo o la política de identidad y otras teorías políticas liberales y el marxismo o el socialismo parecieran bastante esotéricos y casi irrelevantes. Estaba claro para todos que el capitalismo y el imperialismo no estaban separados, sino los motores de, o al menos «intrincadamente atados con», la opresión basada en la nacionalidad y la identidad. Pero después de leer esos debates para mi trabajo de posgrado, estaba claro que jugaron un momento decisivo en una lucha de clases intelectual en la educación. ¿Cómo fue ese período para usted personalmente en relación con esos debates?

PM: Esos debates a veces parecían demasiado esotéricos y, a veces, incluso irrelevantes. Los peores de ellos estaban saturados de filípicas y casuísticas, ayudaron a crear un tribalismo tóxico y alentaron afiliaciones basadas más en la inversión afectiva que en la argumentación racional. Mirando hacia atrás, sin embargo, me ayudaron a prepararme para mi viaje hacia el materialismo histórico y el trabajo en entornos revolucionarios.

Emigré a los Estados Unidos en 1985 y tomé un puesto en la Universidad de Miami de Ohio por invitación de Henry Giroux, con quien tuve el privilegio de trabajar durante 8 años creando el primer centro de estudios culturales ubicado en una escuela de educación. Me contrataron como etnógrafo y muchos de los debates que requerían mi atención tenían que ver con hacer un trabajo de campo antropológico donde intentaría evaluar el impacto que el posmodernismo tenía en la recopilación, interpretación y evaluación de datos. Joe Kincheloe y yo logramos hacer un trabajo en esta área juntos y el campo de la educación perdió a uno de sus pensadores más brillantes cuando falleció a una edad relativamente joven.

En ese momento estaba interesado en la semiótica, así como en la semántica general y la pragmática, pero estaba empezando a interesarme más en el trabajo de la Escuela de Frankfurt. Por supuesto, también me interesó la teología, que se hizo más intensa cuando comencé a visitar países latinoamericanos, conociendo a los niños de los desaparecidos en Argentina y las Madres de Plaza de Mayo y aprendiendo sobre cómo los teólogos de la liberación arriesgaron sus vidas hablando en contra de la tortura y el asesinato de campesinos y los temidos escuadrones de la muerte sancionados por el gobierno.

De hecho, algunos de estos sacerdotes fueron asesinados, el caso más famoso fue el asesinato en 1989 de seis intelectuales jesuitas en un campus universitario en El Salvador por un escuadrón de la muerte militar salvadoreño. En noviembre de 1989, seis sacerdotes jesuitas, una cocinera y su hija de 16 años habían sido asesinados por el batallón de élite del ejército Atlacatl utilizando M-16 y AK-47. Entre 1980 y 1989, el Congreso de los Estados Unidos había otorgado más de $ 4 mil millones en asistencia al gobierno de El Salvador y el ejército de los Estados Unidos también había entrenado a cientos de oficiales y soldados salvadoreños bajo la condición de que las fuerzas armadas del país ya no cometieran abusos contra los derechos humanos y se hubieran reformado.

Si bien la idea de los escuadrones de la muerte puede ser horrible para el estadounidense promedio, debemos recordar, como ha escrito Annie Jacobsen, que la CIA lleva a cabo asesinatos a instancias del presidente de los Estados Unidos. Un fallo presidencial, también llamado Memorando de Notificación, le da al presidente la autoridad para poner a las personas en una lista de asesinatos que luego se transfiere a la CIA, que pasa los nombres de los que serán asesinados a sus agentes paramilitares porque la CIA trabaja bajo un código llamado Título 50, que permite estos asesinatos extrajudiciales. Estados Unidos tiene operativos en 134 países que operan bajo el Título 50, porque las reglas de combate del ejército estadounidense son diferentes. El Departamento de Defensa opera bajo el Título 10 que no permite matar a ciudadanos de países con los que no estamos en guerra.

Bajo la influencia de Henry Giroux, me sentí atraído por los estudios culturales. Henry y su amigo Donaldo Macedo también me presentaron a Paulo Freire. Macedo, experto en lingüística aplicada, fue uno de los camaradas cercanos de Freire. Tuve la suerte de estar trabajando en Miami de Ohio durante este tiempo. No puedo pensar en un intelectual público más importante que escriba hoy en el área de la cultura juvenil y la política contemporánea que Henry. No es sorprendente que tenga un gran número de lectores en todo el mundo. Henry y yo invitamos a académicos prominentes a hablar en el Centro como Stuart Hall y Henry estuvo en estrecho contacto con Larry Grossberg, quien desempeñó un papel formidable en el establecimiento de los estudios culturales como un campo académico en los Estados Unidos. Durante este período, hubo muchas líneas de demarcación trazadas entre los marxistas ortodoxos y los investigadores izquierdistas que estaban afiliados al Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de la Universidad de Birmingham.

Durante años trabajé en la intersección de estas dos tendencias mientras que al mismo tiempo trataba de mantenerme al día con lo que estaba sucediendo en el mundo de la etnografía. Me interesé más en las críticas de la economía política a medida que pasaba el tiempo. Con respecto a Gramsci, por ejemplo, que estaba cobrando prominencia en ese momento entre los investigadores de estudios culturales, parecía haber una tendencia a centrarse más en cuestiones de persuasión y consentimiento en detrimento de la producción de valor y la lucha de clases. A menudo se pensaba que la lucha de clases se limitaba a detenerse con un economicismo crudo, y se descartaba como una especie de determinismo económico marxista. La hegemonía a menudo se discutía de maneras que antisépticamente separaban esta relación de la producción de valor, y era percibida por los marxistas como una forma de distraernos de las funciones internas del capitalismo. Este fue ciertamente el caso con algunas de las investigaciones.

También estaba explorando cómo la resistencia podría transformarse en agencia. Pero una agencia dirigida al derrocamiento del sistema capitalista de valores directamente responsable de la explotación del proletariado. También estaba interesado en el estado de la praxis en curso que se requería para que los intelectuales orgánicos y comprometidos vivieran como revolucionarios. Esto me llevó a un compromiso con el concepto de hegemonía y su caducidad esencial, ya que esto se relacionaba con la comprensión y explicación del poder estatal y las formas de legitimidad política y la realidad de la producción que suscribe todas las relaciones sociales. Después de todo, me parecía obvio que las relaciones hegemónicas que reproducían relaciones de dominación, opresión y explotación no pueden escapar a la confrontación revolucionaria.

Como expresé en publicaciones con Gustavo Fischman y otros, para comprender la compleja relación entre ideología y hegemonía, ambas construcciones deben ser vistas como relaciones de paralaje, es decir, desde la perspectiva del agente social en el momento presente, entendiendo que este sitio de enunciación está en sí mismo dialécticamente condicionado por esta interacción. Algunos marxistas estaban convencidos de que parte de la culpa de la retirada de clases y la lucha de clases por parte de muchos neogramscianos tenía que recaer en los exponentes de los estudios culturales de Gramsci (1971), incluido el propio Hall, y la forma en que la noción de hegemonía de Gramsci había sido retraducida. Fabiana Woodfin argumentó que la apropiación de Gramsci a menudo ha servido al propósito irónico de argumentar contra Marx.

En ese momento hubo una disputa dentro de los estudios culturales británicos sobre la mejor manera de volver a comprometerse con la tradición marxista. En ese momento hubo debates que fomentaban la disputa estructuralismo-culturalismo. Raymond Williams presentó la famosa proposición de Marx de que el ser social determina la conciencia como un reemplazo para el modelo de superestructura mecánica de E.P. Thompson. Esto, de hecho, había preparado el escenario para la introducción de Gramsci en el proyecto de estudios culturales británicos. Pero Woodfin señaló que esta «ruptura en el marxismo» que preparó el escenario para Gramsci fue de corta duración y, gracias al trabajo de Stuart Hall, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y otros, culminó en su opuesto: una ruptura con el marxismo.

Woodfin argumentó que al rechazar completamente las caricaturas del modelo base-superestructura, Hall posicionó su proyecto contra el marxismo en lugar de como un argumento para la relevancia continua de un marxismo que existe más allá de los modelos deterministas y economicistas. En lo que debería haber sido una renovación de la dialéctica de Marx «ser versus conciencia», Hall reescribió la disputa culturalista-estructuralista como la ruptura definitoria del marxismo. Dicho esto, no podemos ignorar las importantes contribuciones que estos teóricos han hecho.

También hubo debates sobre la idea zapatista de cambiar el mundo sin tomar el poder presentada por los zapatistas. Estaba utilizando la distinción de Teresa Ebert entre el posmodernismo crítico y el posmodernismo lúdico (posmodernista burgués), que encontré muy útil y su énfasis en la importancia de analizar la historicidad de las identidades, particularmente de género, sexualidad y raza y la relación que tenían con el proceso laboral. El posmodernismo lúdico fue un término que usó para identificar a aquellos que privilegiaban el deseo sobre las relaciones materiales de explotación y cuyo trabajo se basaba en supuestos postestructuralistas de diferencia, representación y juego lingüístico. La textualidad, el deseo y el voluntarismo habían reemplazado a la transformación revolucionaria. Luego, por supuesto, estaban los debates sobre el multiculturalismo, el eurocentrismo, el poscolonialismo y la descolonización a los que respondí escribiendo un libro llamado Multiculturalismo revolucionario que se centra en la política del privilegio blanco y la construcción / invención de la raza blanca y la importancia de la narrativa en la formación de la agencia política. Estos son debates que siguen vivos hoy en día, pero los que reciben atención pública son los relacionados con la raza.

Por supuesto, también hay debates sobre si Estados Unidos ha cruzado la línea hacia el fascismo de buena fe, debates sobre el nacionalismo versus el internacionalismo socialista, la desnacionalización del capitalismo, el tecnofascismo, la descolonización, el eurocentrismo, la repatriación, la desalienación, la colonialidad del poder, la indigeneidad y el colonialismo de asentamiento y la lista se hace más larga cada día, como debería ser el caso. Por muy interesantes que sean estos debates teóricos, nada te prepara realmente para los matices geopolíticos al cruzar las fronteras de un país a otro. Hay que aprenderlos in situ.

Estuve en Ankara en la época de las protestas del Parque Gezi en Estambul, y en Atenas durante las protestas contra la austeridad en Grecia. Esas protestas llevaron a debates sobre la autoorganización de las masas. Muchos manifestantes fueron atacados con gases lacrimógenos y golpeados, y yo no fui la excepción. Afortunadamente en mi caso, un camarero de un restaurante local en Ankara me encontró en la calle y me escondió en un armario cerca de la cocina hasta que las tropas antidisturbios se fueron. Durante esos momentos, no necesariamente piensas en cómo tu situación personal encaja en el largo menú de construcciones teóricas que has estado discutiendo en tus artículos de revistas y si estás privilegiando o no la clase sobre, digamos, el nacionalismo religioso.

Salí de los debates sobre la relevancia del marxismo para la educación y los estudios culturales con la convicción de que para tener una pedagogía crítica de cualquier tipo, primero necesitamos desarrollar una filosofía de la praxis, que requiere que reconozcamos que toda filosofía está determinada por su relación dialéctica con la praxis. La relación entre filosofía y praxis es inminentemente ética en el sentido de que se manifiesta en una opción preferencial por los pobres (reafirmada en la teología de la liberación) y su prioridad temática se da a los oprimidos. Los oprimidos, los trabajadores del mundo, los que viven en comunidades agraviadas tienen la primera opción de presentar sus contrahistorias y testimonios de resistencia. Una filosofía de la praxis también es inminentemente pedagógica en el sentido de que reconoce que las lenguas y los discursos de los oprimidos han sido domesticados, si no destruidos, por las prácticas pedagógicas del Estado (en su papel de cliente de la clase propietaria) y, como he mencionado numerosas veces en mi trabajo, que los nuevos lenguajes de resistencia a menudo se codifican en los intersticios de las luchas populares. Una filosofía de la praxis también es inminentemente transformadora en el sentido de que adopta una posición de clase en solidaridad con los oprimidos.

Además, permanece unida en las luchas populares, ideológicas, raciales, de género y culturales. Así que nos unimos a luchas de todo tipo: luchas descoloniales, luchas indígenas, luchas antiimperialistas, luchas feministas en la creación de una esfera contrapública, un bien común social democrático y liberador que reconozca los peligros inherentes a un capitalismo mundial insostenible. Estas luchas se caracterizan por el principio socialista de solidaridad internacionalista contra el antiimperialismo.

Los problemas que comenzaron a fines de la década de 1980 y 1990 fueron principalmente sobre la interseccionalidad y qué categorías se privilegian sobre otras y en qué contextos o circunstancias ocurren. Estoy de acuerdo, Derek, en que comprender la interseccionalidad al explorar las conexiones entre raza, clase, género, orientación sexual, capacidad y ciudadanía es importante, y ese es un énfasis que se ha mantenido constante en las últimas décadas en el campo de la educación crítica.

Pero en respuesta al enfoque en la «política de identidad», aprecio la posición adoptada por Angela Davis, quien prefiere centrarse en las luchas colectivas en lugar de las identidades individuales. Se centra más en «una política de identidad» que en «política de identidad». Su noción de identidad proviene «no de lo que una persona es, sino de la voluntad de esa persona de participar en luchas radicales para crear un mundo mejor. Y entonces diría que la tensión entre identidad y política o uno podría describirla como la política de identidad o la identificación de las luchas políticas como centrales en nuestra búsqueda para cambiar el mundo». Esta posición parece ser más habitable con la lucha revolucionaria marxista.

Fui duramente criticado en mis primeros trabajos por no tratar ciertos temas más allá de la raza, la clase, el género y la sexualidad. Por ejemplo, no estaba discutiendo la obesidad, o la discapacidad, o la adicción a las drogas, o la depresión, y eso era un problema para algunas personas y también era una forma de atacar a los marxistas por ser deterministas económicos obsesionados por la clase sobre cualquier otra cosa. Por supuesto, ahora está mucho más claro cómo las relaciones sociales de producción necesariamente impactan las luchas políticas clave de nuestros días, lo que no significa que porque soy marxista automáticamente privilegio la clase sobre la raza, sobre el género, sobre la sexualidad o sobre otras identificaciones. Más tarde, estos debates se volvieron más sofisticados. Siempre he apreciado la opinión de Joel Kovel sobre este tema de la interseccionalidad y hay una cita suya que me gusta compartir con mis estudiantes que se puede encontrar en su libro, The Enemy of Nature donde habla de que la clase es:

Lógicamente e históricamente distinta de otras formas de exclusión (por lo tanto, no deberíamos hablar de «clasismo» para acompañar al «sexismo» y al «racismo» y al «especismo»). Esto se debe, en primer lugar, a que la clase es una categoría esencialmente hecha por el hombre, sin raíz ni siquiera en una biología mistificada. No podemos imaginar un mundo humano sin distinción de género, aunque podemos imaginar un mundo sin dominación por género. Pero un mundo sin clase es eminentemente imaginable; de hecho, tal fue el mundo humano durante la gran mayoría del tiempo de nuestra especie en la tierra, durante todo lo cual se hizo un alboroto considerable sobre el género.

Históricamente, la diferencia surge porque «clase» significa un lado de una figura más grande que incluye un aparato estatal cuyas conquistas y regulaciones crean razas y dan forma a las relaciones de género. Por lo tanto, no habrá una verdadera resolución del racismo mientras la sociedad de clases se mantenga, en la medida en que una sociedad racialmente oprimida implica las actividades de un estado defensor de clase. Tampoco se puede eliminar la desigualdad de género mientras la sociedad de clases, con su estado, exija la superexplotación del trabajo de la mujer. La sociedad de clases genera continuamente opresiones de género, raciales, étnicas y similares, que adquieren vida propia, además de afectar profundamente las relaciones concretas de la clase misma. De ello se deduce que la política de clase debe ser combatida en términos de todas las formas activas de división social. Es la gestión de estas divisiones lo que mantiene funcional a la sociedad estatal.

Así, aunque cada persona en una sociedad de clases se reduce de lo que puede llegar a ser, las variadas reducciones pueden combinarse en los grandes regímenes estratificados de la historia: este convirtiéndose en un guerrero feroz, ese en un empleado amante de la rutina, otro en una costurera sumisa, y así sucesivamente, hasta que alcancemos las personificaciones actuales del capital y los capitanes de la industria. Sin embargo, no importa cuán funcional sea una sociedad de clases, la profundidad de su violencia ecológica asegura un antagonismo básico que impulsa la historia hacia adelante. La historia es la historia de la sociedad de clases, porque no importa cuán modificado sea, un cisma tan poderoso está obligado a salir a la superficie, provocar resistencia («lucha de clases») y conducir a la sucesión de poderes.

Por supuesto, Kovel tiene mucho más que decir sobre este tema, pero creo que esta cita llega a la raíz de por qué no debemos confundir clase con clasismo. Hoy en los Estados Unidos nos unimos a otros países para enfrentar el espectro del fascismo, más que en cualquier otro momento de nuestra historia. Como señala mi amigo Bill Robinson, el fascismo del siglo 20 implicó la fusión del capital nacional con el poder político reaccionario y represivo. Pero el fascismo del siglo 21 implica la fusión del capital transnacional con el poder político reaccionario. Hoy nos enfrentamos a una recomposición de las fuerzas políticas dentro de la globalización capitalista. Para descargar los billones de dólares que ha acumulado, la clase capitalista transnacional ha recurrido a la acumulación militarizada, es decir, a ciclos interminables de guerra, a la «acumulación por represión» (prisiones privadas y centros de detención de inmigrantes, muros fronterizos, tecnologías de seguridad nacional, etc.), la necesidad estructural de plusvalía y ganancias sin fin, y la construcción de un estado de vigilancia. Y, por supuesto, la guerra contra Ucrania ha dividido a gran parte de la izquierda aquí en los Estados Unidos. Y hay una necesidad, como enfatizó mi amigo Joel Kovel, de transformar el socialismo en socialismo ecológico, un socialismo para nuestros tiempos ecológicamente tensos donde las condiciones económicas que afectan a todos están sistemáticamente vinculadas a la crisis del capitalismo transnacional con sus rupturas ecosistémicas, sus interminables ciclos de guerra y su mercantilización del trabajo vivo que ha producido millones de refugiados ecológicos.

La sobreproducción y el consumo excesivo están funcionalmente ligados al ecocidio, el genocidio y el epistemicidio (la destrucción de las cosmovisiones de los pueblos indígenas). Esto nos obliga a eliminar la escoria de nuestra visión del futuro de la humanidad, como diría Kovel. Uno de los problemas de la izquierda progresista es que tratan de crear condiciones de igualdad sin desafiar fundamentalmente la lógica del capitalismo y las formas en que se organiza nuestra economía.

Ya sea que estemos luchando por estrategias neoliberales o nacionalismo económico, nos encontramos atrapados. La estructura básica del lugar de trabajo del capitalismo (empleadores versus empleados) no se molesta tanto en su forma estatal como privada; Raya Dunayevskaya expuso esto en su ensayo sobre el capitalismo de Estado. Es evidente que necesitamos abolir la forma específica de trabajo abstracto o alienado del capitalismo o enfrentar la perspectiva de continuar por el camino del capitalismo de Estado que solo puede perpetuar las injusticias que enfrentamos hoy. Por lo que luchamos como educadores críticos es por un mundo donde el valor de cambio y la producción universalizada de mercancías lleguen a su fin y los medios de producción dependan de la autoorganización de las masas y los actos autodeliberativos de los productores. El tiempo se organizará de una manera completamente diferente. Daremos la bienvenida a una distribución planificada del tiempo de trabajo por parte de los productores que han eludido sus cadenas y ya no son aplastados bajo el peso del tiempo de trabajo socialmente necesario. Se crearán formas de trabajo que no sean productivas de plusvalía. En esto, buscamos el fin de la violencia omnipresente del capitalismo.

Estamos viendo más y más desigualdades dentro y entre las naciones y estoy de acuerdo con Richard Wolff cuando pide un socialismo internacionalista para garantizar alimentos, ropa y vivienda a lo largo de la vida de todos los pueblos, y una democratización de la vida política y económica de manera que nos acerquemos a un socialismo genuino. Mi afiliación política a lo largo de los años ha sido con la Organización Humanista Marxista Internacional. Pero tengo una amplia gama de intereses que van más allá de la política materialista. Mencioné mi interés en la teología y la apologética, pero también trato de seguir, de una manera amateur, sospecho, los debates actuales en cosmología y biología evolutiva, ya que todos estamos forzosamente vinculados a fuerzas de determinación de las cuales algunas son materiales y otras no materiales. Bueno, me considero más un artesano que un experto.

DF: Está claro cómo tu pensamiento realmente continúa desarrollándose a medida que avanzan los movimientos y cambian las circunstancias, y a medida que te empujas hacia territorios nuevos y diferentes. Su capacidad para hacer pronunciamientos políticos claros y establecer afiliaciones políticas claras, pero sin volverse sectario y sin colapsar toda la pedagogía en la política es algo que falta mucho en la academia de hoy. Entonces, finalmente, ¿cómo ha sido trabajar como académico pero participando en movimientos y luchas revolucionarias y de otros movimientos y luchas de liberación? ¿Qué has aprendido de ellos? En otras palabras, ¿qué consejo le daría a las últimas y futuras generaciones de pensadores y organizadores revolucionarios?

PM: Ninguno de nosotros es experto cuando se trata de lo inexpresable, desconocido y desconocido, incluso cuando lo desconocido se conoce y lo desconocido se vuelve familiar, porque estamos fuera de nuestra zona de seguridad y los marcadores culturales que damos por sentado carecen de coherencia y correspondencia con lo que nos es familiar. Estamos en un mundo donde una sonrisa puede confundirse con un ceño fruncido, y una mueca con una afirmación. Somos empujados a la posición que algunos de nuestros estudiantes sienten cuando toman nuestras clases, por lo que reflexionar sobre esto puede ser un buen ejercicio. De esta manera, el trabajo de campo se convierte en una forma de entregarse al momento existencial. Perseguimos nuestras tareas con sentimientos de ansiedad y aprensión, absorbiendo el éter de la falta de familiaridad.

¿Cómo debemos llevar a cabo nuestra identidad cuando no conocemos el lenguaje por el cual se comunican las señales e inferencias sutiles? ¿Cómo podremos transmitir la sinceridad de nuestras convicciones? Después de un tiempo nos sentimos relajados y lo suficientemente seguros como para dejar de cuestionar todo. Nos sentimos eufóricos por el amor y la bondad que se nos muestran, nos sentimos amenazados en momentos peligrosos de peligro, nos sentimos intoxicados de alegría en los momentos más imprevistos, sentimos una inmensa gratitud por ser perdonados por un comportamiento que no sabíamos que se consideraba vergonzoso, y nos sorprendemos constantemente de la capacidad de los demás para tolerarnos cuando cometemos los mismos errores una y otra vez. Nuestras relaciones con aquellos humillados por la pobreza y la privación a menudo nos avergüenzan al reconocer los aspectos más superficiales de nuestra propia cultura de «todo se trata de mí». Nos sentimos culpables cuando nos deleitamos compartiendo nuestras propias historias cuando deberíamos estar escuchando a los demás.

A partir de una lectura más académica, he encontrado que la teoría surge de la práctica y no al revés. En otras palabras, la teoría surge de luchas prácticas, algunas de las cuales fueron éxitos y otras no cumplieron con los objetivos asignados. Por ejemplo, recuerdo a un grupo de estudiantes chavistas de un sector empobrecido de Caracas, queriendo iniciar una estación de radio pirata. Después de poner esto en marcha, se reunirían con nuestro grupo y discutirían los obstáculos que enfrentaban y luego nos preguntarían si alguno de nuestros trabajos podría ayudarlos a encontrar más éxito en el logro de sus objetivos. Lo que aprendí es que la conciencia crítica no es una condición previa de la lucha revolucionaria (necesitas leer tantos libros, tomar tantos cursos, etc., antes de ser lo suficientemente «crítico» como para comenzar un proyecto) sino el resultado de sumergirse en la lucha. La reflexión viene después de tal inmersión, y sí, ahí es cuando las lecturas y conversaciones anteriores pueden ser útiles para convertirse en activistas de mentalidad más crítica.

Un momento trascendental en mi vida ocurrió alrededor de 2005 cuando conocí a Sergio Quiroz Miranda, un hombre 5 o 6 años mayor que yo, pero alguien a quien consideraba una figura paterna en muchos sentidos. Me presentó a organizadores locales y trabajadores cotidianos en todo México que estaban interesados en la lucha colectiva. Sergio cofundó el Partido de los Comunistas Mexicanos en 1997, fue profesor universitario y me invitó a México para dar charlas cuando vivía en Mexicali y luego cuando enseñaba en Tijuana y luego cuando se mudó a Ensenada. Preguntó si podía nombrar una institución educativa que estaba pensando crear, Instituto McLaren. Me sentí halagado, pero no estaba seguro de que fuera la mejor opción como nombre. Insistió y discutió el tema con sus camaradas, que habían leído gran parte de mi trabajo que estaba disponible en español. Y poco después, el instituto nació: todavía se encuentra en Ensenada, pero tiene estudiantes de toda América Latina, pero principalmente de numerosos estados de México. Mucho más tarde se me concedió la membresía honoraria en el Partido de los Comunistas Mexicanos.

 

Hasta su muerte hace varios años, Sergio estaba a cargo del Instituto McLaren y me invitaba a dar clases (mi español es terrible y siempre me proporcionaba un traductor) cuando no estaba enseñando en Los Ángeles. Su muerte me ha sacudido considerablemente. La facultad del Instituto McLaren consistía en miembros del Partido de los Comunistas Mexicanos y académicos visitantes. El Instituto ofrece un doctorado en educación y se está haciendo conocido en todo México como una alternativa a lo que las universidades tienen para ofrecer. Sergio me acompañaba en charlas en todo México, y como resultado de su amable mentoría y amistad, he visitado docenas de ciudades y estados en todo ese increíble país.

Sergio y yo pasamos un tiempo en la región de las Barrancas del Cobre de Chihuahua, México con los rarámuri, también conocidos (incorrectamente) como los tarahumaras. En la ciudad de Chihuahua, trabajé con un grupo de maestros, uno de los cuales acababa de llegar a mi conferencia desde Parral. Había traído a sus hijos con ella y todas sus pertenencias estaban bien empacadas en su automóvil. Su hijo había sido amenazado por Los Zetas, uno de los cárteles más viciosos del país. También fue amenazada y se le ordenó entregar rutinariamente el salario de sus maestros al cártel cada mes. Había dejado su casa y el resto de sus pertenencias porque sabía que su vida y la de sus hijos corrían grave peligro. Ella asistió a todas las conferencias y algunos de los estudiantes trataron de ayudarla a ser reubicada en la ciudad de Chihuahua.

Una de las visitas más memorables fue a la ciudad purépecha de Cherán, en la región noroeste de Michoacán, donde la población indígena estaba haciendo planes para una defensa armada de la ciudad de los cárteles de la droga que se estaban moviendo a tierras purépechas y eliminando grandes franjas de los bosques para vender la madera. Sergio también me invitaba a hablar en sus conferencias anuales Volver a Marx.

La última a la que asistí fue en la Ciudad de México y contó con Marta Harnecker, una intelectual chilena que fundó el instituto de investigación Memoria Popular Latinoamericana (MELPA) en Cuba y que fue asesora del presidente venezolano Hugo Chávez. Estaba casada con mi amigo, el economista marxista canadiense Michael Lebowitz. Desde allí visitaba Colombia y me reunía con miembros de los sindicatos de maestros y visitaba escuelas en comunidades que habían sido atacadas por los militares y paramilitares colombianos. Las escuelas que visité a menudo tenían retratos de maestros pintados en las paredes dedicadas a aquellos miembros de la comunidad escolar que habían sido asesinados por los paramilitares.

Recuerdo haber hablado con un jefe sindical que me dijo que todos los presidentes anteriores del sindicato habían sido asesinados, y que esperaba compartir el mismo destino. Conocí a numerosas mujeres revolucionarias y me sorprendió cómo la lucha revolucionaria puede transformar la maternidad (pienso en el importante papel de las mujeres zapatistas que conocí en Chiapas, las Madres de la Plaza de Mayo que fueron invitadas a una de mis charlas en Buenos Aires, y las mujeres que trabajan en comunidades recién establecidas de Brasil como parte del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra , o MST), uno de los movimientos más grandes de América Latina. Imagínese la creatividad necesaria para planificar la toma de posesión de una extensión de tierra no utilizada para mantener una pequeña aldea: ¿dónde se ubicaría la escuela? ¿Dónde se almacenarían los suministros? ¿Cómo estarían disponibles los alimentos? ¿Cómo se cuidaría a los niños durante esta transición?

Tuve la suerte de poder pasar unos días con miembros del movimiento Abahlali baseMjondolo («los residentes de las chozas»), que es un movimiento socialista de habitantes de chabolas en Sudáfrica que organiza ocupaciones de tierras, consideradas como los movimientos sociales urbanos más grandes del mundo. Aprendí mucho sobre la importancia de desmercantilizar la tierra. Di conferencias en la Escuela de Invierno para el Partido Comunista de Sudáfrica y aprendí de primera mano sobre las luchas durante e inmediatamente después del fin del apartheid. La primera vez que lloré abiertamente durante una presentación pública fue cuando hablé en Argentina con el grupo conocido como HIJOS (acrónimo de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) compuesto principalmente por hijos e hijas de los «desaparecidos» durante la «guerra sucia», y escuchando historias sobre cómo miembros de la milicia fascista amenazarían a los miembros de HIJOS, a veces en los mismos lugares donde sus padres fueron secuestrados décadas antes, para nunca ser encontrados de nuevo.

En Cuba tuve una reunión con la hija del Che Guevara, Aleida Guevara, quien había leído mi libro sobre su padre y tuvo la amabilidad de mostrarme algunas de sus posesiones personales. Podría seguir y seguir sobre mis experiencias en América Latina y cómo le dieron a mis críticas a la geopolítica de Estados Unidos una ventaja mucho más aguda. Los viajes a Turquía, Israel, Palestina, Pakistán, Malasia y muchos otros países me dieron la oportunidad de hablar en persona con personas que habían sido torturadas y que pasaron años como presos políticos. Una de las experiencias más poderosas que tuve fue durante un viaje a Polonia, donde visité el campo de concentración de Auschwitz y pude presenciar el sitio de uno de los mayores horrores de la historia humana, y desde entonces me he convertido en un estudiante serio de la Segunda Guerra Mundial que me ha alertado sobre los peligros del fascismo que existen hasta el día de hoy. ¡Me tomo muy en serio la frase «Nunca más»! He estado dedicando un tiempo considerable a escribir sobre los peligros del fascismo en los Estados Unidos y el aumento del antisemitismo.

Aconsejaría a los jóvenes revolucionarios y organizadores de hoy que aprecien nuestro parentesco con todos los seres vivos, que entablen un diálogo con otros multigeneracionales que han soportado dificultades inimaginables en su lucha por la libertad, aquellos que han sido desheredados, aquellos que han sobrevivido a la crueldad y degradación sistemáticas y, sin embargo, emergieron con una fe de que el mundo puede transformarse en un lugar mejor y más pacífico. Les animaría a abrazar a aquellos que desean levantarse contra la injusticia, pero al hacerlo se han negado a subastar sus almas. Que han tomado en custodia aquellas acciones que impiden en lugar de facilitar el diálogo, que tienen cuidado de no invadir la bondad instintiva de los demás. En otras palabras, los animaría a tratar de ser resueltos en su lucha por un mundo mejor, un mundo donde se puedan encontrar dispersiones de alegría en medio de los escombros de las dificultades. Es importante respetar las diversas comunidades de resistencia que se nos han ofrecido hoy, y la fuerza contraria de unión y sociabilidad humana que las ha nutrido, lo que nos permite a todos apreciar las vastas posibilidades inherentes a tal unión y el potencial de bondad que conlleva tal amor revolucionario.

DF: Wow, esa última frase para mí realmente encapsula la esencia, si es que hay una, de su praxis en estas últimas décadas. Cualesquiera que sean los debates que hayas estado inaugurando o participando, las líneas que hayas trazado, los movimientos que hayas apoyado o cuestionado, cualquier erudición que hayas criticado o apoyado (o la mayoría de las veces, ambos), parecen estar guiados por ese amor revolucionario: la búsqueda de las capacidades imprevistas que tenemos como humanos y la necesidad de desencadenarlas.

Realmente quiero agradecerles por su tiempo hablando conmigo y compartiendo esta historia y conocimiento con todos nosotros. A medida que los organizadores revolucionarios en los Estados Unidos comienzan a ocupar espacio intelectual, lo cual es fantástico, puede ser bastante desalentador entrar en estos campos con sus detalles y líneas de investigación y demarcación a veces específicos de la disciplina, pero siempre muy expansivos y extensos. ¡Creo que lo que acabas de exponer será específicamente útil en este sentido!

Fuente de la información e imagen: https://www.peacelandbread.com
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Entrevista con Peter McLaren: Liderando la lucha de clases en la teoría y la práctica.

DEREK R. FORD

INTRODUCCIÓN

La siguiente entrevista exclusiva de Paz, Tierra y Pan con el educador y organizador revolucionario Peter McLaren fue realizada por Derek Ford, su camarada y exalumno, por correo electrónico a finales de 2022 y principios de 2023, después de que McLaren leyera el último libro de Ford y escribiera una reseña. de él para la revisión mensual . Sentimos que era una oportunidad importante para exponer a una nueva generación y cohorte de comunistas a la vida y el trabajo de McLaren. En él, cubren una amplia gama de temas y eventos intelectuales y políticos, mostrando la forma brillante en que se desarrolla la praxis de McLaren .

Peter McLaren es un renombrado teórico, educador y organizador, quien es uno de los principales teóricos marxistas de la educación en el mundo actual, como lo demuestra la entrevista a continuación. McLaren se desempeña como Profesor Distinguido en Estudios Críticos en la Facultad de Estudios Educativos de Attallah, Universidad Chapman, donde es Codirector del Proyecto Democrático Paulo Freire y Embajador Internacional para la Ética Global y la Justicia Social. En 2005, un grupo de académicos y activistas del norte de México establecieron La Fundación McLaren de Pedagogía Crítica para desarrollar el conocimiento del trabajo de McLaren en todo México y promover proyectos de pedagogía crítica y educación popular. El 15 de septiembre de 2006 se inauguró la Cátedra Peter McLaren en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

McLaren fue miembro del comité de disertación de Derek Ford en 2015 y, desde entonces, ha apoyado su trabajo y el de una nueva generación de educadores revolucionarios.

Derek Ford: Peter, muchas gracias por tomarte el tiempo de tu apretada agenda para hablar con nosotros sobre tu investigación y activismo. Como sabes, la educación política es una de las tareas centrales de nuestro momento, y una de las razones por las que quisimos hacer esta entrevista es por tu amplia y profunda experiencia pensando y practicando la educación política. Pero como una forma de adentrarnos en sus antecedentes, trayectoria y las particularidades de su praxis, queríamos comenzar con un artículo reciente que publicó con Petar Jandrić sobre el papel del intelectual público en la actualidad.

Comienza afirmando que una simple verdad de la pedagogía crítica es que no se limita a las aulas o las escuelas, sino que se infunde a lo largo de la vida diaria. Ahora, corríjame si me equivoco, pero parece que este ha sido un principio constante a lo largo de las diferentes fases de su trabajo, y como organizadores marxistas, estamos de acuerdo en que este es un hecho fundamental de la pedagogía crítica. ¿Por qué sigue siendo importante comenzar por afirmar explícitamente esta premisa y es más importante ahora que en otros momentos de la historia de la pedagogía crítica?

Pedro McLaren:Gracias Derek por tu invitación para hablar contigo. Su pregunta para comenzar nuestra conversación es importante y llega al corazón del dilema que enfrenta la educación hoy en día. Creo que, como educadores, no podemos enfatizar lo suficiente la importante importancia de nuestro compromiso político cotidiano con los demás, en los contextos sociales de nuestros mundos de vida como docentes, investigadores y activistas. La respuesta a esto significa ir mucho más allá de lo que los progresistas han estado defendiendo, porque estamos viviendo hoy en un punto crítico de inflexión en la historia, con una especie singular de ejemplificaciones profundas de la médula ósea del fascismo envuelto en neonazis, neoconfederados, atuendo antiinmigración, neofeudal y misógino, y preparado por los sociópatas ‘respetables’ de la actualidad, los aplicadores intelectuales de la Dark Web y los tecnofascistas.

El fascismo, como nos enseñó Ernst Bloch, es una estafa de realización. Está diseñado para revitalizar pasados ​​que han quedado estériles e incumplidos frente a un presente donde la esperanza está en declive. Hemos creado una verdadera Volksgemeinschaft estadounidense , donde las verdades existenciales no son negociables y donde los jóvenes se sienten justificadamente libres para perseguir a amigos o compañeros de clase que albergan ideas censuradoras y antiliberales, que no siguen los bien entendidos rituales de comportamiento según MAGAverse. El entorno social MAGA es aquel en el que tener una opinión tiene el poder equivalente a reunir un argumento, suficiente para justificar moralmente la violencia política que hemos visto en lugares como Charlottesville o en el Capitolio.

Tenemos una Corte Suprema de derecha dominada por textualistas judiciales que son propensos a leer la ley sin intentar dar cuenta de los contextos históricos y culturales y la intencionalidad de los legisladores. Tenemos fundamentalistas evangélicos que han ungido al presidente Trump como “El Elegido” y este mismo expresidente que se autoproclama “Rey de Israel” y la “Segunda Venida de Dios” que asegura que habrá cultos a Trump marinados en un guiso fétido de creencias de QAnon que florecerán en el futuro. Y tenemos las plataformas de medios como Gab, donde los microblogging y las redes sociales funcionan como instrumentos de acoso y tortura que pueden infligirse instantáneamente a los enemigos percibidos.

Pero la cuestión urgente que aqueja a toda educación —la cuestión del capitalismo— todavía no se plantea. Recuerde que durante el Terror Rojo en 1952, en una decisión de 6-3, la Corte Suprema de los EE. UU. confirmó una ley del estado de Nueva York conocida como la Ley Feinberg que prohibía a los comunistas enseñar en las escuelas públicas. A cualquiera que pidiera el derrocamiento del gobierno se le prohibió ejercer la profesión docente. La propaganda subversiva fue proscrita. Estamos de regreso en esos días del «Miedo rojo» hoy, pero esta vez está respaldado por un mediaverso que es lo suficientemente poderoso como para agregar capas de mistificación ideológica a nuestro inconsciente estructural ya sobrecargado: para crear fascistas que son expertos en tecnología, que están militarizados, cuya capacidad de empatía y afirmación de los principios de justicia social se ha convertido en un estanque ambiental muerto,

No tenemos muchas armas a nuestra disposición para desafiar estas amenazas actuales a nuestro mundo, pero tenemos nuestra propia participación en la pedagogía crítica y nuestro trabajo como intelectuales y activistas públicos. La pedagogía crítica, como usted sabe Derek, surgió a fines de la década de 1970 como un movimiento de reforma vibrante y contestatario que con una lucidez insolente se situó fuera del movimiento floreciente del potencial humano de la década de 1960 asociado con las «escuelas libres» cuya filosofía de enseñanza y currículo se basaban en sobre la tradición de sabiduría principalmente europea generada por la psicología humanista de Abraham Maslow y Carl Rogers centrada en los esfuerzos para mejorar el ‘autoconcepto’ o ‘autoimagen’ de los estudiantes. Más tarde, algunos de sus zarcillos derivaron hacia personas como Timothy Leary y el «sintonice, encienda y abandone».

La pedagogía crítica inmediatamente atrajo la ira del Partido Republicano (algunos miembros en esos días poseían cierto peso intelectual, por repulsivo que pudiera haber sido) ya que era un enfoque de la reforma educativa cuyos proponentes se atrevían a mencionar los nombres de Karl Marx, Antonio Gramsci y Paulo Freire de manera prominente en sus ensayos, y quien promovió su trabajo bajo el lema de ‘teoría de la resistencia’. En un sentido más amplio, la pedagogía crítica fue un intento de revelar las consecuencias morales y prácticas de la neutralidad política y también el impacto que tienen las relaciones sociales de producción y las formaciones culturales en la organización y el bienestar de la vida humana. En estos tiempos actuales, los ataques de los republicanos que realizan sus jactanciosos esfuerzos por exorcizar la ‘cultura del despertar’ con una ambición ebria que haría que Elmer Gantry pareciera un sonámbulo, tragos de bourbon barato disfrazados de agua bendita y lenguas de fuego que saltan de sus bocas balbucientes como grandes manipuladores de serpientes en tiendas de campaña en trajes de lino de gran tamaño, por lo general han tildado la teoría educativa que ha surgido en la izquierda como una especie infernal de «socialismo» inspirado por el diablo. o ‘comunismo’. Y, como era de esperar, dada la prominencia del movimiento Black Lives Matter, han elegido la Teoría Crítica de la Raza como su conveniente bête noire.

Sin disculpas a aquellos que persisten en sus ignorantes ataques a la Teoría Crítica de la Raza, con aquellos que miran boquiabiertos a Karl Marx como si fuera una especie de criatura exótica, debemos dejar claro que la industrialización de Estados Unidos se basó en la esclavitud y la exterminio de los pueblos indígenas. ¿Cómo podemos decir que el capitalismo ha tenido éxito cuando una proporción tan grande de la riqueza de los Estados Unidos está concentrada en manos de tan pocos? Quienes somos de izquierda entendemos que en la mente de aquellos críticos que condenan la Teoría Crítica de la Raza, la Pedagogía Crítica y el trabajo de Paulo Freire como marxista o comunista, esto es solo un intento bufonesco de arrojar carne roja a la base de Trump. Si se toman en serio el uso de esos términos, incluso como accesorios en sus trucos baratos y acrobacias políticas, podrían estar interesados ​​en descubrir que no necesitan ir más allá de la Biblia en su búsqueda del nacimiento del comunismo, específicamente el Nuevo Testamento. Pero eso solo crearía una mayor división.

Que no enseñemos a Marx en nuestras escuelas es uno de los grandes escándalos de la educación en EE.UU. Para muchos estudiantes universitarios de EE.UU. leer a Marx sería considerado una falta fundamental al patriotismo, algo que sin duda despertaría la ira de los -y-verdaderos estadounidenses, y provocar una tormenta de protestas de los padres y familiares de estos estudiantes. Comparemos esto con la forma en que algunos europeos se relacionan con Marx. En 1989, Karl Marx encabezó una encuesta de BBC News Online para encontrar al mayor pensador del milenio. Albert Einstein ocupó el segundo lugar. Los 10 primeros incluyeron a los filósofos Immanuel Kant y Rene Descartes, así como al científico del siglo XX Stephen Hawking. Solo digo.

La pedagogía crítica y sus exponentes internacionales han ayudado a dar forma a cómo se entiende la educación conceptualmente y, lo que es más importante, dialécticamente, y qué cuenta como conocimiento y agencia en la era de la información. Los pedagogos críticos han emprendido una acción crítica más teóricamente consciente en defensa de las escuelas públicas, acumulando teoría y acción, además de proporcionar un lenguaje para crear memoria histórica y una lengua vernácula crítica con la que entender y juzgar el mundo en su lucha por futuros posibles. Tal descripción puede sonar para algunos como nobles afirmaciones abandonadas en la historia en un campo de juego diseñado para que los ideólogos se comprometan entre sí de manera performativa pero no sustantiva, pero tienen mérito. y ayudan a definir cómo los educadores críticos llegaron a formular la idea de la pedagogía y cómo su trabajo complementa las principales contribuciones de la teoría crítica y los avances realizados durante el Movimiento por los Derechos Civiles y cómo las luchas revolucionarias en todo el mundo se conceptualizan hoy en día como un proceso de múltiples niveles: tareas que definen íntegramente nuestra actividad actual como agentes de cambio. Las contribuciones de la pedagogía crítica son distintas de las de sus contemporáneos más importantes en términos del alcance de sus intereses, sus apelaciones a la autoridad y la forma de sus obras canónicas, ya sean enrevesadas o finamente pulidas, repletas de positividad o abrumado por el cinismo. Es más exacto hablar de pedagogías críticas (en plural) que de una pedagogía crítica en singular. La pedagogía crítica ha crecido exponencialmente más que linealmente,

Participar en la lucha por el socialismo, que es un desafío que impulsa principalmente mi propio aporte a la pedagogía crítica, toma diversas formas organizativas como sindicatos, asociaciones, consejos y cooperativas. Pero también puede tener lugar en los entornos más informales, como conversaciones en pubs locales o en el taller de fábricas o en las aulas del campus. Puede tener lugar en conciertos y lecturas de poesía, seminarios y salones, y en las cafeterías de Greenwich Village o en los centros comerciales locales que salpican el paisaje urbano de todo el país.

Siempre he encontrado que las reuniones de poesía y de palabra hablada son útiles para generar diálogo político. Al crecer en mi Toronto natal, me atrajeron especialmente los poetas beat estadounidenses como Gregory Corso, Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti. Los vi como filósofos locales que señalaban a sus oyentes ciertas experiencias de vida. Me atrajo a Corso no porque sobrevivió al nacimiento de una madre de dieciséis años que lo abandonó a Caridades de la Iglesia Católica. No porque finalmente su padre lo acogió para esquivar el reclutamiento de la Segunda Guerra Mundial (lo reclutaron de todos modos), dejando a Corso en la calle, no porque durmió en el metro y en los tejados, o porque robó una tostadora a los 13 y fue enviado a The Tombs (el complejo de detención de Manhattan), donde fue traumatizado por sus compañeros asesinos psicóticos, un evento que lo llevó a la sala de psiquiatría del Hospital Bellevue y, finalmente, a los 17 años, a la prisión de Clinton, donde pasó un tiempo bajo la protección de la mafia en la antigua prisión de «Lucky» Luciano. célula. No porque fuera obrero, marinero o reportero de un periódico. Pero como amaba a los santos, no tuvo miedo de ocultar su disgusto por la sociedad contemporánea y usó ritmos caprichosos de jazz para contar su historia. Después de leer Beats, comencé a prestar más atención a las experiencias de la gente en las calles. Pero como amaba a los santos, no tuvo miedo de ocultar su disgusto por la sociedad contemporánea y usó ritmos caprichosos de jazz para contar su historia. Después de leer Beats, comencé a prestar más atención a las experiencias de la gente en las calles. Pero como amaba a los santos, no tuvo miedo de ocultar su disgusto por la sociedad contemporánea y usó ritmos caprichosos de jazz para contar su historia. Después de leer Beats, comencé a prestar más atención a las experiencias de la gente en las calles.

DF: Gracias por tu respuesta, y me alegro de que hayas terminado explicitando cómo tu participación en la lucha por el socialismo impulsa tu trabajo de pedagogía crítica. De hecho, lo que me ha inspirado tanto acerca de su trabajo, y lo que para mí lo hace distintivo en nuestro campo y un modelo importante para la producción intelectual de hoy, es cuán profunda y extensamente integrado está con los movimientos populares y obreros de nuestros días. . En particular, estoy pensando en el trabajo que hiciste con el gobierno revolucionario de Venezuela sobre pedagogía crítica y educación revolucionaria en 2006, durante una etapa temprana de la Revolución Bolivariana. Cómo surgió esa colaboración? ¿Qué aprendiste de los compañeros de Venezuela y qué les interesaba aprender de ti?

PM:La invitación a Venezuela siguió una progresión natural junto con mi trabajo. Mi colaboración con diferentes grupos e individuos fuera de los EE. UU. comenzó con una invitación de Paulo Freire para hablar en una conferencia en Cuba donde estaba dando una serie de charlas. La gran mayoría de mi trabajo hasta ese momento estaba restringido a mi Canadá natal y los Estados Unidos. Así comenzó mi primer viaje a Cuba, donde me sorprendió encontrar a otros académicos de Brasil y de México que estaban familiarizados con mi trabajo. Me sorprendió porque no había publicado mucho en ese momento y recién comenzaba mi trabajo académico. Mientras estaba en la conferencia, me sorprendió aún más recibir invitaciones para hablar en México y Brasil y eso marcó un período de mi vida en el que hablaba y viajaba por Brasil con mucha frecuencia. Eso duró una década o más y fue seguido por más visitas a Cuba y viajes a Venezuela, Colombia y Argentina, donde pude conocer nuevos camaradas y aprender sobre las luchas formativas dondequiera que visitaba. En total, me invitaron a aproximadamente 30 países diferentes, a veces como conferencista y otras veces para reunirme con activistas y visitar varias comunidades y grupos. Mis visitas a México han continuado hasta el presente, aunque por razones de salud ya no puedo viajar. a veces como conferencista y otras veces para conocer activistas y visitar varias comunidades y grupos. Mis visitas a México han continuado hasta el presente, aunque por razones de salud ya no puedo viajar. a veces como conferencista y otras veces para conocer activistas y visitar varias comunidades y grupos. Mis visitas a México han continuado hasta el presente, aunque por razones de salud ya no puedo viajar.

Muy a menudo, los grupos que me traían para hablar sobre pedagogía crítica esperaban que tuviera las respuestas a los problemas que enfrentaban, pero en la mayoría de los casos, yo estaba allí como aprendiz. Traté de dejar en claro que estaba allí para dialogar y compartir nuestras diversas luchas en los muy diferentes contextos en los que trabajábamos y proporcionar contactos de nuestras experiencias que podrían resultar útiles para varios grupos y organizaciones con las que nos habíamos unido. familiar. No soy muy buen organizador y lamento no haber podido desarrollar una red más estructurada que nos hubiera conectado a todos. He aprendido mucho de mis camaradas en el Proyecto Democrático Paulo Freire en la Universidad Chapman sobre organización. Mi esfuerzo más reciente fue crear las bases para un instituto de pedagogía crítica en China. Hasta ahora hemos gestionado cuatro conferencias internacionales, pero no está claro si habrá más. La mayor parte del tiempo que viajaba también enseñaba mucho en la universidad, presidía disertaciones, servía en comités universitarios y publicaba. Pasó factura físicamente.

La tarea que se me asignó en Venezuela fue involucrar a investigadores educativos y docentes con mi propio trabajo en pedagogía crítica, centrándome específicamente en el trabajo de Freire, y desempeñar un papel de asesor. Incluyó conferencias específicas en varias universidades, marchas en las calles con los chavistas y enfrentamientos con los grupos antichavistas, visitas a sitios donde se estaban llevando a cabo muchos programas sociales desarrollados bajo el presidente Chávez en torno a la salud, la alimentación y la alfabetización, como misiones Ribas, Robinson, Barrio Adentro, Mercal y Zamora. El presidente Chávez fue muy claro durante una conversación que tuvimos en el Palacio de Miraflores que cualquier pedagogía crítica que surja de Venezuela sería venezolana.

DF: Esto parece una tarea increíble, tanto en términos del impacto como de la responsabilidad que conlleva. ¿Cómo fue trabajar con los chavistas?

PM: Trabajar con los chavistas fue una experiencia poderosa que cambió la vida políticamente. Uno de los asesores de Chávez en educación, Luis Bonilla, me había invitado a dar charlas de apoyo a la revolución bolivariana en varias ciudades y pueblos del país. Así empezó. Me uní a un grupo de revolucionarios y trabajamos juntos. A veces viajábamos en un avión de la Guardia Nacional con dos pilotos adolescentes que tenían AK-47 en el suelo de la cabina.

Más tarde, fui invitado a asistir a dos programas de televisión conducidos por el presidente Chávez, ¡Alo Presidente! , y se le unió el gran poeta Ernesto Cardenal, quien había sido reprendido por el Papa Juan Pablo II años antes por involucrarse en la política nicaragüense (Ernesto era un sacerdote católico en ese momento). Un momento destacado de mi visita a la vecina Colombia fue que un grupo de profesores de secundaria de Medellín me localizaron en una conferencia de sociología en la que fui un orador destacado. Me llevaron a su escuela y rápidamente arreglaron que yo hablara con la facultad que, años antes, había sido testigo de cómo tanques, vehículos blindados de transporte de personal, helicópteros Black Hawk y miles de tropas invadían su comunidad, buscando capturar o matar a miembros clandestinos de las FARC. (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ) de quienes se sabía que se escondían en el vecindario.

Los profesores estaban un poco nerviosos durante mi discurso porque la escuela estaba bajo la vigilancia de los paramilitares, quienes en muchos sentidos eran más letales y despiadados que los militares. Luis Bonilla había estado siguiendo mi trabajo a lo largo de los años y la invitación a Venezuela llegó de la nada, ya que en ese momento yo no conocía a Luis y su trabajo en Venezuela. Ahora, nos hemos hecho buenos amigos y estoy asombrado por el trabajo que ha estado haciendo a nivel internacional.

DF: Es en este punto que creo que un contexto intelectual y biográfico más amplio es relevante porque el estado de su desarrollo teórico fue uno de los factores coyunturales involucrados en esta colaboración. ¿Cuál fue su teoría, o un enfoque teórico más amplio, de la pedagogía crítica revolucionaria que facilitó la colaboración?

PM: Supongo que una respuesta a su pregunta podría ser que yo era uno de un puñado de autodenominados marxistas en el campo en ese momento (no usé la frase neomarxista que estaba de moda en ese momento) y yo había estado publicando desde 1980, y algunos de mis trabajos estaban siendo traducidos al español y al portugués. Y estaba aceptando invitaciones fuera de los EE. UU. en lugares donde los maestros estaban interesados ​​en ver lo que los educadores de los EE. UU. tenían para ofrecer. El Instituto McLaren , que fue iniciado por un camarada en México, estaba poblado en gran parte por profesores comunistas y socialistas, y a menudo los grupos me contactaban a través del instituto. Anteriormente identifiqué mi trabajo como posmodernismo crítico, y de vez en cuando me encuentro con un artículo de revista que todavía me describe como tal.

Comencé a repensar la falta de análisis marxista en mi trabajo durante un viaje a Alemania Oriental, donde conocí a los camaradas británicos Mike Cole y Dave Hill. Mike me desafió a comenzar a releer a Marx y aplicarlo a la pedagogía crítica que se estaba desarrollando. Dave me presentó el importante trabajo de otro camarada, Glenn Rikowski. Fue unos años después de la caída del Muro de Berlín y las universidades estaban reemplazando a los profesores de Alemania Oriental con los de Alemania Occidental. Aprendí mucho de mis camaradas en Inglaterra durante los años siguientes, y algunos de mis asociados en los EE. UU. estaban horrorizados de que me hubiera metido en una madriguera política cuando comenzaron a ver referencias a Marx en mi trabajo. En 2005 o 2006, Treinta profesores de UCLA fueron identificados por un grupo de derecha que se hacía llamar The Bruin Alumni Association y que estaba financiado por operativos republicanos. Yo estaba en la parte superior de la lista de esa camarilla de profesores izquierdistas que retuercen la mente que se conoció como los «Treinta Sucios». Respondimos al nombre llamándonosEn Buena Compañía .

A los estudiantes se les ofreció 100 dólares para grabar en secreto mis conferencias y 50 dólares por notas de mis conferencias. Esto fue para todo el grupo. Se convirtió en una historia nacional que se enmarcó como un regreso a los días de Joe McCarthy. Hubo espías estudiantiles que hicieron todo lo posible para inventar historias sobre nosotros; después de todo, 100 dólares no es un cambio pequeño. Ciertamente estamos de vuelta en los días en que los críticos usan la etiqueta ‘comunista’ para casi cualquier cosa que no les guste de los valores culturales liberales. Es una estratagema eficaz de los republicanos porque evoca imágenes de gulags, asesinatos políticos, ateísmo, hambrunas forzadas y candidatos manchurianos. También trae a la mente el miedo al pensamiento cerrado cuando en realidad la uniformidad es más una característica del capitalismo.

Soy un converso católico y escribo sobre la teología de la liberación de vez en cuando. Uno de los mejores teóricos marxistas que he conocido es José Porfirio Miranda , quien ha escrito numerosos libros, entre ellos Marx y la Biblia , El comunismo en la Biblia y Marx contra los marxistas . Esto a menudo confundiría a mis críticos. Todavía lo hace. Pero este es un tema para otro momento.

DF:Este es un contexto muy útil, y es importante para el registro histórico. Me hace pensar en el papel clave que juega el momento histórico en la investigación y el trabajo que hacemos. Por ejemplo, era un ambiente intelectual muy diferente en los Estados Unidos cuando comencé la escuela de posgrado en 2012 y cuando nos conocimos en 2014 que en las décadas de 1990 y 2000. En particular, el movimiento Occupy Wall Street, las luchas por los derechos de los inmigrantes, el movimiento antiimperialista contra las guerras de Irak y Afganistán, así como la marea rosa en América Latina, entre otros factores, hicieron que los debates entre el posmodernismo o las políticas de identidad y otras políticas liberales. Las teorías y el marxismo o el socialismo parecen bastante esotéricos y casi irrelevantes. estaba claro para todos que el capitalismo y el imperialismo no estaban separados sino los motores de, o al menos «

PM : Esos debates a veces parecían demasiado esotéricos y, a veces, incluso irrelevantes. Los peores de ellos estaban saturados de filípicas y casuísticas, ayudaban a modelar un tribalismo tóxico y fomentaban filiaciones basadas más en la inversión afectiva que en la argumentación racional. Sin embargo, mirando hacia atrás, me ayudaron a prepararme para mi viaje hacia el materialismo histórico y trabajar en escenarios revolucionarios.

Inmigré a los Estados Unidos en 1985 y asumí un puesto en la Universidad de Miami de Ohio por invitación de Henry Giroux, con quien tuve el privilegio de trabajar durante 8 años creando el primer centro de estudios culturales alojado en una escuela de educación. Me contrataron como etnógrafo y muchos de los debates que requerían mi atención tenían que ver con el trabajo de campo antropológico en el que intentaría evaluar el impacto que tuvo el posmodernismo en la recopilación, interpretación y evaluación de datos. Joe Kincheloe y yo logramos trabajar juntos en esta área y el campo de la educación perdió a uno de sus pensadores más brillantes cuando falleció a una edad relativamente joven.

En ese momento estaba interesado en la semiótica, así como en la semántica general y la pragmática, pero estaba comenzando a interesarme más en el trabajo de la Escuela de Frankfurt. Por supuesto, también me interesó la teología, que se intensificó cuando comencé a visitar países latinoamericanos, conociendo a los hijos de los desaparecidos en Argentina y a las Madres de Plaza de Mayo y aprendiendo cómo los teólogos de la liberación arriesgaron sus vidas hablando en contra. la tortura y asesinato de campesinos y los temidos escuadrones de la muerte sancionados por el gobierno.

De hecho, algunos de estos sacerdotes fueron asesinados, siendo el caso más famoso el asesinato en 1989 de seis intelectuales jesuitas en un campus universitario en El Salvador por un escuadrón de la muerte militar salvadoreño. En noviembre de 1989, seis sacerdotes jesuitas, una cocinera y su hija de 16 años fueron asesinados por el batallón de élite del ejército Atlacatl utilizando M-16 y AK-47. Entre 1980 y 1989, el Congreso de los EE. UU. otorgó más de $4 mil millones en asistencia al gobierno de El Salvador y el ejército de los EE. UU. también entrenó a cientos de oficiales y soldados salvadoreños con la condición de que las fuerzas armadas del país ya no cometieran abusos contra los derechos humanos. y se habían reformado.

Si bien la idea de los escuadrones de la muerte puede ser horrible para el estadounidense promedio, debemos recordar, como ha escrito Annie Jacobsen, que la CIA lleva a cabo asesinatos a instancias del presidente de los Estados Unidos. Un hallazgo presidencial, también llamado Memorándum de Notificación, otorga al presidente la autoridad para poner personas en una lista de asesinatos que luego se transfiere a la CIA, que pasa los nombres de las personas que serán asesinadas a sus agentes paramilitares porque la CIA trabaja bajo un código. llamado Título 50, que permite estos asesinatos extrajudiciales. Estados Unidos tiene operativos en 134 países que operan bajo el Título 50, porque las reglas de enfrentamiento de las fuerzas armadas estadounidenses son diferentes. El Departamento de Defensa opera bajo el Título 10 que no permite matar a ciudadanos de países con los que no estamos en guerra.

Bajo la influencia de Henry Giroux, me atrajeron los estudios culturales. Henry y su amigo Donaldo Macedo también me presentaron a Paulo Freire. Macedo, experto en lingüística aplicada, fue uno de los camaradas cercanos de Freire. Tuve la suerte de estar trabajando en Miami de Ohio durante este tiempo. No puedo pensar en un intelectual público más importante hoy en día en el área de la cultura juvenil y la política contemporánea que Henry. No es sorprendente que tenga una gran cantidad de lectores en todo el mundo. Henry y yo invitamos a destacados académicos a hablar en el Centro, como Stuart Hall, y Henry estuvo en contacto cercano con Larry Grossberg, quien desempeñó un papel formidable en el establecimiento de los estudios culturales como un campo académico en los EE. UU. Durante este período,Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de la Universidad de Birmingham .

Durante años trabajé en la intersección de estas dos tendencias y, al mismo tiempo, traté de mantenerme al día con lo que estaba sucediendo en el mundo de la etnografía. Me interesé más en las críticas a la economía política a medida que pasaba el tiempo. Con respecto a Gramsci, por ejemplo, quien estaba cobrando prominencia en ese momento entre los investigadores de estudios culturales, parecía haber una tendencia a centrarse más en cuestiones de persuasión y consentimiento en detrimento de la producción de valor y la lucha de clases. A menudo se pensaba que la lucha de clases se restringía a permanecer en un crudo economicismo y se descartaba como una especie de determinismo económico marxista. La hegemonía a menudo se discutía en formas que separaban asépticamente esta relación de la producción de valor, y los marxistas la percibían como una forma de distraernos de las funciones internas del capitalismo.

También estaba explorando cómo la resistencia podría transformarse en agencia. Pero una agencia dirigida al derrocamiento del sistema capitalista de valor directamente responsable de la explotación del proletariado. También me interesó el estado de praxis permanente que se requería de intelectuales orgánicos y comprometidos para vivir como revolucionarios. Esto me llevó a comprometerme con el concepto de hegemonía y su caducidad esencial, ya que se relaciona con la comprensión y explicación del poder estatal y las formas de legitimidad política y la realidad de la producción que sustenta todas las relaciones sociales. Después de todo, me parecía obvio que las relaciones hegemónicas que reproducen relaciones de dominación, opresión y explotación no pueden escapar a la confrontación revolucionaria.

Como expresé en publicaciones con Gustavo Fischman y otros, para captar la compleja relación entre ideología y hegemonía, ambos constructos deben ser vistos como relaciones de paralaje, es decir, desde la perspectiva del agente social en el momento presente, en el entendido de que este lugar de enunciación está en sí dialécticamente condicionado por este juego. Algunos marxistas estaban convencidos de que parte de la culpa de la retirada de las clases y de la lucha de clases por parte de muchos neogramscianos tenía que recaer en los exponentes de los estudios culturales de Gramsci (1971), incluido el propio Hall, y en la forma en que la noción de Gramsci de la hegemonía había sido retraducida. Fabiana Woodfin argumentó que la apropiación de Gramsci a menudo ha tenido el propósito irónico de argumentar en contra de Marx.

En ese momento, había una disputa dentro de los estudios culturales británicos sobre cómo volver a comprometerse mejor con la tradición marxista. En ese momento se fomentaban debates en torno a la disputa estructuralismo-culturalismo. Raymond Williams presentó la proposición de Marx de que el ser social determina la conciencia como reemplazo del modelo mecánico de base-determina-superestructura de EP Thompson. Esto, de hecho, había preparado el escenario para la introducción de Gramsci en el proyecto de los estudios culturales británicos. Pero Woodfin señaló que esta «irrupción en el marxismo» que preparó el escenario para Gramsci fue de corta duración y, gracias al trabajo de Stuart Hall, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y otros, culminó en su opuesto: una ruptura con el marxismo.

Woodfin argumentó que al rechazar por completo las caricaturas del modelo base-superestructura, Hall posicionó su proyecto contra el marxismo en lugar de como un argumento a favor de la relevancia continua de un marxismo que existe más allá de los modelos deterministas y economicistas. En lo que debería haber sido una renovación de la dialéctica de «ser versus conciencia» de Marx, Hall reescribió la disputa culturalista-estructuralista como la ruptura definitiva con el marxismo. Dicho esto, no podemos ignorar las importantes contribuciones que han hecho estos teóricos.

También hubo debates sobre la idea zapatista de cambiar el mundo sin tomar el poder planteada por los zapatistas. Estaba utilizando la distinción de Teresa Ebert entre posmodernismo crítico y posmodernismo lúdico (posmoderno burgués), que encontré muy útil y su énfasis en la importancia de analizar la historicidad de las identidades, particularmente de género, sexualidad y raza y la relación que tenían con el proceso de trabajo. Posmodernismo lúdico fue un término que usó para identificar a aquellos que privilegiaban el deseo sobre las relaciones materiales de explotación y cuyo trabajo se basaba en supuestos posestructuralistas de diferencia, representación y juego lingüístico. La textualidad, el deseo y el voluntarismo habían reemplazado a la transformación revolucionaria. Luego, por supuesto, estaban los debates sobre multiculturalismo, eurocentrismo,Multiculturalismo revolucionario que se enfoca en la política del privilegio blanco y la construcción/invención de la raza blanca y la importancia de la narrativa en la formación de la agencia política. Estos debates siguen vivos hoy en día, pero los que reciben atención pública son los relacionados con la raza.

Por supuesto, también hay debates sobre si Estados Unidos ha cruzado la línea hacia el fascismo bona fide, debates sobre el nacionalismo versus el internacionalismo socialista, la desnacionalización del capitalismo, el tecnofascismo, la descolonización, el eurocentrismo, la repatriación, la desalienación, la colonialidad del poder, la indigeneidad y colonialismo de colonos y la lista se hace más larga cada día, como debería ser el caso. Por interesantes que sean estos debates teóricos, nada te prepara realmente para los matices geopolíticos al cruzar las fronteras de un país a otro. Esos tienen que aprenderse in situ .

Estuve en Ankara en la época de las protestas del parque Gezi en Estambul y en Atenas durante las protestas contra la austeridad en Grecia. Esas protestas dieron lugar a debates sobre la autoorganización de las masas. Muchos manifestantes recibieron gases lacrimógenos y garrotazos y yo no fui la excepción. Afortunadamente en mi caso, un mesero en un restaurante local en Ankara me encontró en la calle y me escondió en un armario cerca de la cocina hasta que las tropas antidisturbios se fueron. Durante esos momentos, no necesariamente piensa en cómo su situación personal encaja en el largo menú de construcciones teóricas que ha estado discutiendo en sus artículos de revista y si está o no privilegiando la clase sobre, digamos, el nacionalismo religioso.

Salí de los debates sobre la relevancia del marxismo para la educación y los estudios culturales con la convicción de que para tener una pedagogía crítica de cualquier tipo, primero necesitamos desarrollar una filosofía de la praxis, lo que requiere que reconozcamos que toda filosofía es determinada por su relación dialéctica con la praxis. La relación entre filosofía y praxis es eminentemente ética en tanto se manifiesta en una opción preferencial por los pobres (reafirmada en la teología de la liberación) y su prioridad temática se da a los oprimidos. Los oprimidos, los trabajadores del mundo, los que viven en comunidades agraviadas tienen la primera opción para presentar sus contrarrelatos y testimonios de resistencia. Una filosofía de la praxis es también eminentemente pedagógica en cuanto reconoce que los lenguajes y discursos de los oprimidos han sido domesticados, si no destruidos, por las prácticas pedagógicas del Estado (en su papel de cliente de la clase propietaria) y, como He mencionado en numerosas ocasiones en mi trabajo que los nuevos lenguajes de resistencia a menudo se codifican en los intersticios de las luchas populares. Una filosofía de la praxis también es inminentemente transformadora en la medida en que adopta una posición de clase en solidaridad con los oprimidos.

Además, se mantiene unida en las luchas populares, ideológicas, raciales, de género y culturales. Así que nos unimos a luchas de todo tipo: luchas decoloniales, luchas indígenas, luchas antiimperialistas, luchas feministas en la creación de una esfera contrapública, un bien común social democrático y liberador que reconozca los peligros inherentes a un capitalismo mundial insostenible. Estas luchas se caracterizan por el principio socialista de solidaridad internacionalista contra el antiimperialismo.

Los problemas que comenzaron a fines de los años 80 y 90 fueron principalmente sobre la interseccionalidad y qué categorías se privilegian sobre otras y en qué contextos o circunstancias ocurre eso. Estoy de acuerdo, Derek, en que es importante comprender la interseccionalidad al explorar las conexiones entre raza, clase, género, orientación sexual, capacidad y ciudadanía, y ese es un énfasis que se ha mantenido constante durante las últimas décadas en el campo de la educación crítica.

Pero en respuesta al enfoque en la ‘política de identidad’, aprecio la posición adoptada por Angela Davis, quien prefiere centrarse en las luchas colectivas en lugar de las identidades individuales. Ella se enfoca más en «una política de identidad» que en una «política de identidad». Su noción de identidad proviene «no de lo que una persona es, sino de la voluntad de esa persona de participar en luchas radicales para crear un mundo mejor. Y entonces diría que la tensión entre identidad y política o uno podría describirla como la política». de identidad o la identificación de las luchas políticas como centrales en nuestra búsqueda para cambiar el mundo». Esta posición parece ser más cohabitable con la lucha revolucionaria marxista.

Me criticaron rotundamente en mis primeros trabajos por no tratar ciertos temas más allá de la raza, la clase, el género y la sexualidad. Por ejemplo, no estaba discutiendo la obesidad, la discapacidad, la adicción a las drogas o la depresión, y eso era un problema para algunas personas y también era una forma de atacar a los marxistas por ser deterministas económicos obsesionados por la clase por encima de cualquier otra cosa. Por supuesto, ahora está mucho más claro cómo las relaciones sociales de producción impactan necesariamente las luchas políticas clave de nuestros días, lo que no significa que porque soy marxista automáticamente privilegie la clase sobre la raza, el género, la sexualidad o la sexualidad. otras identificaciones. Posteriormente, estos debates se hicieron más sofisticados. YO’The Enemy of Nature donde habla de que la clase es:

[A]mbos lógica e históricamente distintos de otras formas de exclusión (por lo tanto, no deberíamos hablar de ‘clasismo’ para ir junto con ‘sexismo’ y ‘racismo’ y ‘especismo’).Esto se debe, en primer lugar, a que la clase es una categoría esencialmente hecha por el hombre, sin raíz ni siquiera en una biología mistificada.No podemos imaginar un mundo humano sin distinción de género, aunque podemos imaginar un mundo sin dominación por género.Pero un mundo sin clases es eminentemente imaginable; de ​​hecho, así fue el mundo humano durante la gran mayoría del tiempo de nuestra especie en la tierra, durante todo el cual se hizo un gran alboroto sobre el género.

Históricamente, la diferencia surge porque ‘clase’ significa un lado de una figura más amplia que incluye un aparato estatal cuyas conquistas y regulaciones crean razas y dan forma a las relaciones de género.Por lo tanto, no habrá una verdadera resolución del racismo mientras se mantenga la sociedad de clases, ya que una sociedad racialmente oprimida implica las actividades de un estado que defiende las clases.Tampoco se puede eliminar la desigualdad de género mientras la sociedad de clases, con su estado, exija la superexplotación del trabajo de la mujer.La sociedad de clases genera continuamente opresiones de género, raciales, étnicas y similares, que cobran vida propia, además de afectar profundamente las relaciones concretas de la clase misma.De ello se deduce que la política de clase debe ser combatida en función de todas las formas activas de escisión social.

Así, aunque cada persona en una sociedad de clases es reducida de lo que puede llegar a ser, las diversas reducciones pueden combinarse en los grandes regímenes estratificados de la historia: éste se convierte en un guerrero feroz, aquél en un oficinista amante de la rutina, otro en un sumiso. costurera, y así sucesivamente, hasta llegar a las actuales personificaciones del capital y capitanes de industria.Sin embargo, no importa cuán funcional sea una sociedad de clases, la profundidad de su violencia ecológica asegura un antagonismo básico que impulsa la historia hacia adelante.La historiaesla historia de la sociedad de clases, porque no importa cuán modificado sea, un cisma tan poderoso está destinado a salir a la superficie, provocar resistencia («lucha de clases») y conducir a la sucesión de poderes.

Por supuesto, Kovel tiene mucho más que decir sobre este tema, pero creo que esta cita llega a la raíz de por qué no debemos confundir clase con clasismo. Hoy en los EE. UU. nos unimos a otros países para enfrentar el espectro del fascismo, más que en cualquier otro momento de nuestra historia. Como señala mi amigo Bill Robinson, el fascismo del siglo XX implicó la fusión del capital nacional con el poder político represivo y reaccionario. Pero el fascismo del siglo XXI implica la fusión del capital transnacionalcon el poder político reaccionario. Hoy nos enfrentamos a una recomposición de las fuerzas políticas dentro de la globalización capitalista. Para descargar los billones de dólares que ha acumulado, la clase capitalista transnacional ha recurrido a la acumulación militarizada, es decir, a interminables ciclos de guerra, a la «acumulación por represión» (prisiones privadas y centros de detención de inmigrantes, muros fronterizos, seguridad nacional tecnologías, etc.), la necesidad estructural de la plusvalía y la ganancia sin fin, y la construcción del estado de vigilancia. Y, por supuesto, la guerra en Ucrania ha dividido a gran parte de la izquierda aquí en los EE. UU. Y existe la necesidad, como enfatizó mi amigo Joel Kovel, de transformar el socialismo en socialismo ecológico.

La sobreproducción y el sobreconsumo están ligados funcionalmente al ecocidio, el genocidio y el epistemicidio (la destrucción de las cosmovisiones de los pueblos indígenas). Esto nos obliga a limpiar la escoria de nuestra visión del futuro de la humanidad, como diría Kovel. Uno de los problemas de la izquierda progresista es que intentan crear condiciones de igualdad sin desafiar fundamentalmente la lógica del capitalismo y las formas en que se organiza nuestra economía.

Ya sea que luchemos por estrategias neoliberales o por el nacionalismo económico, nos encontramos atrapados. La estructura básica del lugar de trabajo del capitalismo (empleadores versus empleados) no se ve afectada tanto en su forma estatal como privada: Raya Dunayevskaya expuso esto en su ensayo pionero sobre el capitalismo de estado. Claramente, necesitamos abolir la forma específica de trabajo abstracto o alienado del capitalismo o enfrentar la perspectiva de continuar por el camino del capitalismo de estado que solo puede perpetuar las injusticias que enfrentamos hoy. Por lo que estamos luchando como educadores críticos es por un mundo donde el valor de cambio y la producción universalizada de mercancías lleguen a su fin y los medios de producción se basen en la autoorganización de las masas y los actos autodeliberativos de los productores. El tiempo se organizará de una manera completamente diferente. Daremos la bienvenida a una distribución planificada del tiempo de trabajo por parte de productores que han eludido sus cadenas y ya no están aplastados bajo el peso del tiempo de trabajo socialmente necesario. Se crearán formas de trabajo que no produzcan plusvalía. En esto, buscamos el fin de la violencia omnipresente del capitalismo.

Estamos viendo cada vez más desigualdades dentro y entre las naciones y estoy de acuerdo con Richard Wolff cuando pide un socialismo internacionalista para garantizar alimentos, vestido y vivienda durante toda la vida de todos los pueblos, y una democratización de la vida política y económica de manera que nos acerquen a un auténtico socialismo. Mi afiliación política a lo largo de los años ha sido con la Organización Humanista Marxista Internacional. Pero tengo una amplia gama de intereses que van más allá de la política materialista. Mencioné mi interés por la teología y la apologética, pero también trato de seguir, sospecho que de una manera amateur, los debates actuales en cosmología y biología evolutiva, ya que todos estamos forzosamente vinculados a fuerzas de determinación de las cuales algunas son materiales y otras no materiales. Bueno, yo me considero más un artesano que un experto.

DF: Está claro cómo su pensamiento realmente continúa desarrollándose a medida que avanzan los movimientos y cambian las circunstancias, ya medida que se empuja hacia territorios nuevos y diferentes. Su capacidad para hacer pronunciamientos políticos claros y afirmar afiliaciones políticas claras, pero sin volverse sectario y sin colapsar toda la pedagogía en la política, es algo que hoy día hace mucha falta en el mundo académico. Entonces, finalmente, ¿cómo ha sido trabajar como académico pero participar en movimientos y luchas revolucionarias y de liberación? Qué has aprendido de ellos; en otras palabras, ¿qué consejo le daría a las últimas y futuras generaciones de pensadores y organizadores revolucionarios?

PM: Ninguno de nosotros somos expertos cuando se trata de lo inexpresablemente desconocido y desconocido, incluso cuando lo desconocido se vuelve conocido y lo desconocido se vuelve familiar, porque estamos fuera de nuestra zona de seguridad y los marcadores culturales que damos por sentado carecen de coherencia y correspondencia con lo que nos es familiar. Estamos en un mundo donde una sonrisa puede confundirse con un ceño fruncido y una mueca con una afirmación. Estamos empujados a la posición que algunos de nuestros estudiantes sienten cuando toman nuestras clases, por lo que reflexionar sobre esto puede ser un buen ejercicio. De esta forma, el trabajo de campo se convierte en una forma de entregarse al momento existencial. Realizamos nuestras tareas con sentimientos de ansiedad y aprensión, absorbiendo el éter de la falta de familiaridad.

¿Cómo representaremos nuestra identidad cuando no conocemos el lenguaje mediante el cual se comunican las señales e inferencias sutiles? ¿Cómo seremos capaces de transmitir la sinceridad de nuestras convicciones? Después de un tiempo nos sentimos lo suficientemente relajados y seguros como para dejar de dudar de todo. Nos sentimos regocijados por el amor y la bondad que nos muestran, nos sentimos amenazados en los momentos peligrosos de peligro, nos sentimos embriagados de alegría en los momentos más imprevistos, sentimos una inmensa gratitud al ser perdonados por un comportamiento que no sabíamos que se consideraba vergonzoso, y constantemente nos sorprende la capacidad de los demás para tolerarnos cuando cometemos los mismos errores una y otra vez. Nuestras relaciones con aquellos humillados por la pobreza y la privación a menudo nos avergüenzan al reconocer los aspectos más superficiales de nuestra propia cultura de ‘todo se trata de mí’.

Desde una lectura más académica, he encontrado que la teoría surge de la práctica y no al revés. En otras palabras, la teoría surge de luchas prácticas, algunas de las cuales fueron exitosas y otras no lograron cumplir con los objetivos asignados. Por ejemplo, recuerdo a un grupo de estudiantes chavistas de un sector empobrecido de Caracas que querían montar una radio pirata. Después de poner esto en marcha, se reunían con nuestro grupo y discutían los obstáculos que enfrentaban y luego nos preguntaban si algo de nuestro trabajo podría ayudarlos a encontrar más éxito en alcanzar sus objetivos. Lo que aprendí es que la conciencia crítica no es una precondición de la lucha revolucionaria (es necesario leer tantos libros, tomar tantos cursos, etc., antes de ser lo suficientemente ‘crítico’ para comenzar un proyecto) sino el resultado de sumergirse en la lucha.

Un momento trascendental en mi vida ocurrió alrededor de 2005 cuando conocí a Sergio Quiroz Miranda, un hombre 5 o 6 años mayor que yo pero a quien yo consideraba como una figura paterna en muchos sentidos. Me presentó a organizadores locales y trabajadores de todos los días en todo México que estaban interesados ​​en la lucha colectiva. Sergio cofundó el Partido de los Comunistas Mexicanos en 1997, era profesor universitario y me invitó a México a dar charlas cuando vivía en Mexicali y después cuando enseñaba en Tijuana y luego cuando se mudó a Ensenada. Preguntó si podía nombrar una institución educativa que estaba pensando en crear, el Instituto McLaren. Me sentí halagado, pero no estaba seguro de que fuera la mejor opción como nombre. Era insistente y había discutido el tema con sus camaradas, quienes habían leído gran parte de mi trabajo que estaba disponible en español. Y poco después, nació el instituto, todavía está ubicado en Ensenada pero tiene estudiantes de toda América Latina, pero en su mayoría de numerosos estados de México. Mucho tiempo después me concedieron miembro honorario del Partido de los Comunistas Mexicanos.

Hasta su muerte hace varios años, Sergio estaba a cargo del Instituto McLaren y me invitaba a dar conferencias (mi español es terrible y siempre me proporcionaba un traductor) cuando no estaba enseñando en Los Ángeles. Su muerte me ha sacudido considerablemente. El cuerpo docente del Instituto McLaren estaba formado por miembros del Partido de los Comunistas Mexicanos y académicos visitantes. El Instituto ofrece un doctorado en educación y se está dando a conocer en todo México como una alternativa a la oferta universitaria. Sergio me acompañaba en charlas por todo México y, como resultado de su amable tutoría y amistad, he visitado docenas de ciudades y estados en todo ese maravilloso país.

Sergio y yo pasamos un tiempo en la región de las Barrancas del Cobre de Chihuahua, México, con los rarámuri, también conocidos (incorrectamente) como los tarahumaras. En la ciudad de Chihuahua trabajé con un grupo de profesores, uno de los cuales acababa de llegar a mi conferencia de Parral. Había traído a sus hijos con ella y todas sus pertenencias estaban apretadamente empacadas en su automóvil. Su hijo había sido amenazado por Los Zetas, uno de los cárteles más viciosos del país. También la amenazaron y le ordenaron entregar rutinariamente el salario de sus maestros al cártel todos los meses. Había dejado su casa y el resto de sus pertenencias porque sabía que su vida y la de sus hijos corría grave peligro. Ella asistió a todas las conferencias y algunos de los estudiantes intentaron ayudarla a mudarse a la ciudad de Chihuahua.

Una de las visitas más memorables fue a la ciudad purépecha de Cherán en la región noroeste de Michoacán, donde la población indígena estaba haciendo planes para una defensa armada de la ciudad de los cárteles de la droga que se estaban trasladando a tierras purépechas y eliminando grandes extensiones de bosques. para vender la madera. Sergio también me invitaba a hablar en sus conferencias anuales Volver a Marx.

El último al que asistí fue en la Ciudad de México y contó con Marta Harnecker, una intelectual chilena que fundó el instituto de investigación Memoria Popular Latinoameria (MELPA) en Cuba y que fue asesora del presidente venezolano Hugo Chávez. Estaba casada con mi amigo, el economista marxista canadiense, Michael Lebowitz. Desde allí visitaría Colombia y me reuniría con miembros de los sindicatos de maestros y visitaría escuelas en comunidades que habían sido atacadas por militares y paramilitares colombianos. Las escuelas que visité a menudo tenían retratos de maestros pintados en las paredes dedicados a aquellos miembros de la comunidad escolar que habían sido asesinados por los paramilitares.

Recuerdo haber hablado con un líder sindical que me dijo que todos los presidentes anteriores del sindicato habían sido asesinados y que esperaba compartir el mismo destino. Conocí a numerosas mujeres revolucionarias y me asombró cómo la lucha revolucionaria puede transformar la maternidad (pienso en el importante papel de las mujeres zapatistas que conocí en Chiapas, las Madres de Plaza de Mayo que fueron invitadas a una de mis charlas en Buenos Aires , y mujeres que trabajan en comunidades recién establecidas de Brasil como parte del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra ( Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, o MST), uno de los movimientos más grandes de América Latina. Imagínese la creatividad necesaria para planificar la toma de posesión de una extensión de tierra no utilizada para mantener un pequeño pueblo: ¿dónde se ubicaría la escuela? ¿Dónde se almacenarían los suministros? ¿Cómo estarían disponibles los alimentos? ¿Cómo se cuidaría a los niños durante esta transición?

Tuve la suerte de poder pasar unos días con miembros de la base AbahlaliMjondolo(«los residentes de las chozas»), que es un movimiento socialista de habitantes de chozas en Sudáfrica que organiza ocupaciones de tierras, considerado el movimiento social urbano más grande del mundo. Aprendí mucho sobre la importancia de desmercantilizar la tierra. Di conferencias en la Escuela de Invierno del Partido Comunista de Sudáfrica y aprendí de primera mano sobre las luchas durante y justo después del fin del apartheid. La primera vez que lloré abiertamente durante una presentación pública fue cuando hablé en Argentina con el grupo HIJOS (acrónimo de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) integrado principalmente por hijos e hijas de los ‘desaparecidos’. durante la ‘guerra sucia’, y escuchando historias sobre cómo los miembros de la milicia fascista amenazaban a los miembros de HIJOS,

En Cuba tuve una reunión con la hija del Che Guevara, Aleida Guevara, quien había leído mi libro sobre su padre y tuvo la amabilidad de mostrarme algunas de sus posesiones personales. Podría seguir y seguir sobre mis experiencias en América Latina y cómo le dieron a mis críticas de la geopolítica estadounidense una ventaja mucho más aguda. Los viajes a Turquía, Israel, Palestina, Pakistán, Malasia y muchos otros países me dieron la oportunidad de hablar en persona con personas que habían sido torturadas y que pasaron años como presos políticos. Una de las experiencias más poderosas que tuve fue durante un viaje a Polonia donde visité el campo de concentración de Auschwitz y pude presenciar el sitio de uno de los mayores horrores en la historia de la humanidad, y desde entonces me he convertido en un estudiante serio de la Guerra Mundial. II que me ha alertado de los peligros del fascismo que existen hasta el día de hoy. Me tomo muy en serio la frase, ‘Nunca más’! He estado dedicando un tiempo considerable a escribir sobre los peligros del fascismo en los EE. UU. y el aumento del antisemitismo.

Aconsejaría a los jóvenes revolucionarios y organizadores de hoy que aprecien nuestra afinidad con todos los seres vivos, que entablen un diálogo con otros miembros de varias generaciones que han soportado dificultades inimaginables en su lucha por la libertad, los que han sido desheredados, los que han sobrevivido a la crueldad sistemática y degradación y, sin embargo, emergieron con fe en que el mundo puede transformarse en un lugar mejor y más pacífico. Los alentaría a abrazar a aquellos que desean levantarse contra la injusticia, pero al hacerlo se han negado a subastar sus almas. Que han puesto bajo custodia aquellas acciones que impiden en lugar de facilitar el diálogo, que se cuidan de no atentar contra la bondad instintiva de los demás. En otras palabras, les animo a que traten de ser resolutivos en su lucha por un mundo mejor, un mundo donde se pueden encontrar alegrías dispersas en medio de los escombros de las dificultades. Es importante respetar las diversas comunidades de resistencia que se nos han brindado hoy, y la contrafuerza de la unión y la sociabilidad humana que las ha nutrido, lo que nos permite a todos apreciar las vastas posibilidades inherentes a tal unión y el potencial de bondad. que tal amor revolucionario conlleva.

DF: Wow, esa última oración para mí realmente resume la esencia, si es que la hay, de su praxis durante estas últimas décadas. Cualesquiera que sean los debates que haya inaugurado o en los que haya participado, las líneas que haya trazado, los movimientos que haya apoyado o cuestionado, cualquier erudición que haya criticado o apoyado (o la mayoría de las veces, ambos), parecen estar guiados por ese amor revolucionario: la búsqueda de las capacidades imprevistas que tenemos los humanos y la necesidad de desatarlas.

Realmente quiero agradecerle por su tiempo hablando conmigo y compartiendo esta historia y conocimiento con todos nosotros. A medida que los organizadores revolucionarios en los EE. UU. comienzan a ocupar un espacio intelectual, lo cual es fantástico, puede ser bastante desalentador ingresar a estos campos con sus detalles y líneas de investigación y demarcación, a veces específicos de la disciplina, pero siempre muy expansivos y extensos. ¡Creo que lo que acabas de exponer será específicamente útil en este sentido!

Publicado originalmente en: https://www.peacelandbread.com/post/waging-the-class-struggle

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Pablo Stefanoni: “no alcanza con deconstruir todo”

Por: Federico Fuentes

Pablo Stefanoni es jefe de redacción de la revista latinoamericana Nueva Sociedad e investigador asociado en la Fundación Carolina de España. Es autor de ¿La rebeldía se volvió de derecha?, un libro sobre mutaciones de las extremas derechas y los obstáculos a los que se enfrentan las izquierdas. En esta entrevista, habló con Federico Fuentes sobre la situación en América del Sur tras las elecciones brasileñas, los desafíos que plantean las nuevas derechas, el impacto de la guerra de Ucrania y las perspectivas para las izquierdas regionales.

Las recientes elecciones en Brasil se pueden analizar desde dos lecturas diferentes. De un lado, se puede hablar de la confirmación de una nueva ola de gobiernos progresistas -o Pink Tide- ya que el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al gobierno sigue los pasos de los triunfos progresistas en Chile, Perú, Colombia, Honduras y Bolivia. Del otro lado, se puede ver la consolidación de la nueva derecha –o mejor dicho nuevas derechas, dado las diferencias que existen entre ellas– que en varios países viene desplazando a la derecha tradicional y mejorando su performance electoral. ¿Cuál es tu análisis del resultado en Brasil y cuánto énfasis pondrías en estas dos visiones al analizar la actual dinámica política en el subcontinente?

En mi opinión, ambas lecturas son correctas, y ambas requieren de matices. Por un lado, en Brasil vimos el triunfo de una alianza electoral muy amplia en torno de la figura de Lula da Silva, que abarcó desde la izquierda socialista hasta sectores de centroderecha y de la elite económica, mediática y judicial, distanciada de Bolsonaro. Eso fue en parte el resultado de la imposibilidad del centro de armar una oferta electoral atractiva. El de Lula fue un proceso de resurrección política muy impresionante, pero su victoria estuvo lejos ser resultado de un clivaje pueblo/oligarquía o izquierda/derecha. Lo que ganó fue una suerte de frente democrático, liderado por Lula, contra el enorme deterioro de la vida cívica, social e institucional que constituyó el bolsonarismo y la derecha lúmpen y pandillera que encarnaba. Y si bien Lula “resucitó”, el PT sigue siendo muy cuestionado. Hay sectores dinámicos a su izquierda como el Partido Socialismo y Libertad (Psol), pero son partidos aun relativamente pequeños. Con esta victoria, los principales países de la región son gobernados por el progresismo.

Pero es cierto que Bolsonaro mostró que es la expresión de un sustrato de derecha radicalizado en estos años, de amplio alcance, y que lo trasciende. Un movimiento que rechaza los avances de género y raciales de los últimos tiempos y representa posiciones negacionistas en el ámbito climático. Además vimos un voto muy regionalizado, con el PT muy dependiente de los sectores más pobres del Nordeste. Detrás del bolsonarismo hay intereses concretos: agroindustriales, milicias y sectores de las fuerzas de seguridad, evangélicos conservadores… lo que se llama en Brasil las tres B: Buey, Bala y Biblia. Bolsonaro es la cuarta B que federó a todos esos sectores desde 2018. Veremos si puede sostener su liderazgo en el futuro -ni siquiera pudo crear un partido en estos años- o surgen otros liderazgos de derecha en competencia con él; pero en el Parlamento y las gobernaciones quedó claro que estos sectores mantienen una fuerte presencia institucional.

 El de Lula fue un proceso de resurrección política muy impresionante, pero su victoria estuvo lejos ser resultado de un clivaje pueblo/oligarquía o izquierda/derecha. Lo que ganó fue una suerte de frente democrático, liderado por Lula

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Hay varias razones para explicar por qué la nueva derecha ha logrado estos resultados. Las explicaciones más corrientes se enfocan en el papel de los medios de comunicación (tradicionales y alternativos, como las redes sociales), la circulación de fake news o el crecimiento de las iglesias evangélicas. ¿Cuánto peso das a estos factores? ¿Habría que sumar además el impacto del neoliberalismo sobre la sociedad, que ha venido creando un sujeto social receptivo de las ideas y visiones de estas nuevas derechas? ¿Cómo explicas la cosecha electoral que ha logrado la nueva derecha? ¿Llegaron para quedarse estas derechas radicalizadas?

En el caso de Brasil, muchos de los grandes medios apoyaron a Lula. Hay videos de periodistas de grandes diarios festejando la derrota de Bolsonaro. Al mismo tiempo, el bolsonarismo se mostró eficiente como fábrica de fake news, en redes, en WhatsApp, que en Brasil es muy importante, y mucha de esa guerra sucia virtual tiene como terreno fértil de cambios en la sociedad como el crecimiento del evangelismo. Había infinidad de fakes news que decían que Lula iba a cerrar iglesias e incluso que tenía un pacto con el diablo, y la campaña del PT debió salir a “desmentirlo”. También los discursos anticorrupción siguen siendo importantes para desacreditar al PT. Bolsonaro se refiere siempre a Lula como “ex reo”, por su paso por la prisión.

Pero en efecto, hay cambios societales sobre los que hay que profundizar. Transformaciones en el mundo religioso, movilizad social truncada, mejoras bajo los gobiernos del PT sostenidas en el consumo más que en los servicios públicos, los bienes comunes y el Estado de bienestar… todo eso generó a menudo frustraciones en sectores de las llamadas “nuevas clases medias” y reacciones en otros, contra la “invasión” plebeya de universidades, aeropuertos, centros comerciales. Aunque el PT promovió una distribución sin lucha de clases -darle a los pobres sin quitarle a los ricos-, en el plano simbólico sí hubo, según varios estudios, reacciones clasistas contra las transformaciones en curso. Adicionalmente, como recuerda en un artículo el académico Roberto Andrés, el período lulista también supuso un salto en la importancia de la agroindustria en el país. La desindustrialización en el sureste fue acompañada por el crecimiento de la producción de commodities y la consolidación de un fuerte sector agrícola en el centro-oeste. En esa zona, Bolsonaro obtuvo sus mejores resultados. La regionalización del voto fue muy importante en la elección, y en la resistencia electoral de Bolsonaro.

Finalmente, a escala más regional, no hay que olvidar que casi la mitad de la población latinoamericana trabaja de manera no registrada. Dentro de esa economía existe un capitalismo popular que es permeable a los discursos meritocráticos, contrario a la asistencia social, e incluso anti-Estado. Hay un discurso contra los “vagos” pero también de gente que no quiere ser tratada como “asistida”. En América Latina, muchos se consideran pequeños empresarios, incluso en el marco de economías de la precariedad, que hace que los discursos de estas nuevas derechas, mezcla de libertarianismo y conservadurismo, tengan una base más grande de lo que a veces la izquierda imagina (el apoyo de los libertarios de Javier Milei entre la clase media baja e incluso en los sectores populares de Argentina es un buen ejemplo de ello). Todo esto no se resuelve diciendo que votan contra sí mismos o que tienen “falsa conciencia”. La propia izquierda en la región, y en Brasil en particular, ha hecho del consumo la base de su política, sin fortalecer al mismo tiempo los bienes comunes y los servicios públicos. No es casual que las protestas contra Dilma Rousseff en 2013 comenzaran con el transporte y pidieran “servicios públicos calidad FIFA”, en referencia a los gastos por el mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos.

 Creo que hoy hay un agotamiento significativo de los discursos “populistas” -sobre todo, los de matriz bolivariana- del primer ciclo. Y el horizonte de cambio se ha reducido. Dicho eso, el triunfo de la izquierda en Chile y Colombia, con sus problemas, ha redefinido la geopolítica regional

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Mientras el establishment apoyó a Bolsonaro cuatro años atrás para evitar una victoria del PT, hoy en gran parte apoyó a Lula. A esto se puede añadir el hecho que los nuevos presidentes progresistas fueron elegidos con un programa más moderado comparados con los candidatos de la primera ola (Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, etc.). Hasta el mismo Lula de 2022 no es el mismo que fue electo por primera vez en 2002. ¿Qué nos dice esto del estado de la izquierda hoy? ?Y que quisiste decir en tu libro cuando escribiste que las izquierdas podrán seguir ganando elecciones, pero sienten que pueden muy poco cuando ganan?

Con Bolsonaro pasó algo parecido a lo ocurrido Trump, terminó siendo una suerte de derecha vulgar y violenta que además acabó con la reputación internacional de Brasil y obstaculizó el desarrollo del propio sistema (ni siquiera las derechas regionales miraron con demasiada simpatía a Bolsonaro, salvo pequeños grupos). Hay una dimensión en estas derechas “alternativas” que termina siendo antisistema dentro del sistema, cuestionando las instituciones y a parte de las elites, y generando incertidumbre por arriba. Solo eso explica que sectores que odiaban a Lula lo “amnistiaran” ahora.

Pasando a la segunda parte de la pregunta, es cierto que hoy la izquierda parece tener menos energía ideológica, digamos, que en la primera pink tide o marea rosa de los años 2005-2015. De todos modos, creo que es importante volver sobre la supuesta radicalidad de ese momentum. Es cierto que en varios países hubo transformaciones importantes, sobre todo cambios de elite que habilitaron la llegada al poder de sectores tradicionalmente excluidos, y eso fue muy importante. Al mismo tiempo, creo que el clivaje reforma/radicalidad para analizar ese periodo debe ser relativizado. El país más “radical”, el único nuevo que se definió socialista después de la caída del Muro de Berlín, que fue Venezuela, acabó con una mezcla de ineficiencia, corrupción y autoritarismo, con servicios públicos derrumbados, particularmente el sistema de salud, y una economía dolarizada, una desigualdad muy alta y en crecimiento y una enorme ola migratoria. En el caso de Bolivia, aunque el gobierno de Evo Morales fue muy eficiente en el ámbito de la economía, combinando nacionalización del gas con prudencia macroeconómica, en términos de Estado social los avances fueron mucho más modestos, y el propio Morales reconoció hacia el final de su tercer mandato que la deuda del “proceso de cambio” respecto al sistema de salud (algo central para la vida de los sectores populares, que hace la diferencia entre la vida y la muerte).

De manera más general, los discursos más radicales que vimos en la primera ola a menudo no tuvieron capacidad para plasmar los cambios en nuevas instituciones, y hubo muchas políticas ad hoc del Estado, como las “misiones” en Venezuela, y, al mismo tiempo, parte del discurso “revolucionario” se tradujo en formas de autoritarismo o visiones antipluralistas de la política. Hay que recordar que Evo Morales desconoció el resultado del referéndum de 2016 por su reelección, lo que le entregó la bandera democrática a la derecha, que al final logró derrocarlo por una vía antidemocrática, o que el presidente boliviano le entregó la máxima condecoración del Estado al dictador de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang (que está en el cargo desde 1979) y dijo que quería aprender del “hermano Teodoro” cómo ganar con 90% de los votos (todos sabemos cómo se logra eso). Venezuela entró en formas de autoritarismo mucho más graves -que hoy denuncia incluso el Partido Comunista venezolano- y Nicaragua directamente se transformó en una dictadura.

A diferencia del primer ciclo, hoy hay un sector de la izquierda que denuncia estas derivas, sobre todo Gabriel Boric en Chile, pero también Gustavo Petro en Colombia, y sectores de las izquierdas radicales que vienen de tradiciones disidentes del comunismo oficial. También vemos una izquierda que ha tomado la bandera ambiental, ausente en los populismos de izquierda. Esas transiciones no son fáciles pero es necesario comenzar a discutirlas. En resumen: sí creo que hoy hay un agotamiento significativo de los discursos “populistas” -sobre todo, los de matriz bolivariana- del primer ciclo. Y el horizonte de cambio se ha reducido. Dicho eso, el triunfo de la izquierda en Chile y Colombia, con sus problemas, ha redefinido la geopolítica regional. Ya no existe la Alianza del Pacífico como espacio liberal conservador que se postulaba como alternativa a la izquierda, y las extremas derechas fueron frenadas en Brasil y Chile. Es cierto que el horizonte “utópico” de los cambios, y los discursos refundacionales se han debilitado, pero creo que hay que evitar contraponer estas dificultades a una supuesta edad de oro de la izquierda en los primeros años 2000.

 Parte de las dificultades que tiene la izquierda para cambiar el mundo las tienen también las derechas radicales. No estamos en los años 30 aunque encontremos algún aire de familia con algunos aspectos de aquellos años

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Al hablar en mi libro de lo “poco” que pueden las izquierdas cuando ganan me refería a un clima más global, a las decepciones en Grecia, en parte en España, con las fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia que llegaron al gobierno. Hay, en mi opinión, una discusión pendiente sobre cómo repensar la economía política del cambio social más allá del discurso contra los mega ricos; el discurso de Oxfam es atractivo pero en mi opinión limita la discusión. La escritora argentina Mariana Heredia escribió sobre eso en un libro reciente.

Has escrito que las nuevas derechas se han construido sobre las bases de un antiprogresismo o suerte de Frente Único Antiprogresista. También se podría decir que sectores de la izquierda han intentado movilizar a sus bases sobre una suerte de antifascismo, intentando etiquetar todas las nuevas derechas como una amenaza fascista. ¿Creés que esto ha tenido logros hasta ahora? ¿O ves debilidades en esa estrategia?  

Creo que el antiprogresismo (ahora anti-wokeísmo) es el pegamento de extremas derechas muy diversas entre sí pero que funcionan -no sin tensiones- en un terreno común (el libro de Steven Forti explica de manera pedagógica esas diferencias). La idea de que hay una dictadura woke (término usado por la extrema derecha contra la izquierda que se expandió desde Estados Unidos a otros países), que las elites son de izquierda, que el marxismo cultural ha capturado los cerebros y los espíritus, circula entre el Norte y el Sur, entre las derechas partidarias y derechas virtuales. El problema de hablar de fascismo es que no permite captar las diferencias entre estas derechas y el fascismo clásico. Hoy, como recuerda Forti, no hay milicias, estos movimientos no son palingenésicos (no se busca el “hombre nuevo”) y juegan de una manera compleja y ambivalente en la democracia.

Dicho eso, los frentes democráticos han logrado frenar a las extremas derechas en muchas partes, en particular en Francia, Brasil, Chile… Lo que ocurre es que el “todos contra el fascismo” puede confirmar las denuncias de las derechas de que esos “todos” son parte del mismo bloque, y a menudo coloca a la izquierda a remolque de fuerzas neoliberales. De todos modos, las extremas derechas han logrado avanzar en su desdemonización: en Francia, el lepenismo rompió los cordones republicanos en las legislativas y pasó de 8 a 89 diputados; Giorgia Meloni llegó a la primera magistratura de Italia aliada al centroderecha; Vox se alió al Partido Popular en varias regiones; José Antonio Kast en Chile consiguió el voto se vastos sectores de las derechas “moderadas”.

Entonces, al no verse a los camisas negras marchando por las calles, muchos se preguntan: ¿dónde está el fascismo del que habla la izquierda? Hay en esto algo paradójico: es cierto que la normalización de la extrema derecha corre los límites de lo pensable, rompe acuerdos tácitos de la posguerra, pero al mismo tiempo pone a estas derechas ante el riesgo de ser demasiado “normales”, parte del sistema, de la elite o la “casta” política. Parte de las dificultades que tiene la izquierda para cambiar el mundo las tienen también las derechas radicales. No estamos en los años 30 aunque encontremos algún aire de familia con algunos aspectos de aquellos años. En el caso europeo, esto ocurre por la propia Unión que pone muchísimos límites, para mal y para bien. Todos tienen menos poder hoy frente al “sistema” si tomamos por sistema el capitalismo globalizado que vivimos en la actualidad. Y todos parecen decepcionar a quienes esperan cambios profundos, no solo la izquierda.

Analizando la respuesta de la izquierda a la guerra en Ucrania en abril, el traductor y editor Marc Saint-Upéry escribió que “como ideología movilizadora de masas y brújula unilateral para proyectos de desarrollo nacional creíbles, el antiimperialismo antiestadounidense está muerto y enterrado en América Latina”. ¿Cómo definirías las posiciones de la izquierda -y de las nuevas derechas- en América Latina frente a la guerra? ¿Crees que es tal como dice Saint-Upéry en cuanto al antiimperialismo? ¿O más bien prevalece, como dicen otros autores, una visión de no alineación donde la región se niega a ser parte de la cruzada de OTAN contra Rusia?    

El antiimperialismo antiestadounidense tiene sin duda una rica tradición en la región, que por razones obvias debió resistir la injerencia de Estados Unidos, que consideraba a América Latina, y sobre todo México y América Central, su patio trasero. El problema es que el antiimperialismo, como sabemos, puede tener muchas declinaciones. Por ejemplo, la dictadura militar argentina de Videla también denunció la injerencia de Estados Unidos, a la OEA, a la CIDH que investigaron las desapariciones e incluso se acercó a la URSS. El problema no es el antiimperialismo sino usarlo para contrabandear cualquier cosa. En el caso de la izquierda, a menudo más que antiimperialismo hay “campismo”: pensar la política como dos campos en el que hay que tomar partido, en piloto automático, por quien se opone a Estados Unidos.

Se trata de una versión degradada del viejo campismo, que dividía el mundo entre el campo capitalista y el campo socialista. Si la URSS proyectaba, a su manera, desnaturalizando viejas utopías, la perspectiva de un mundo alternativo al capitalismo, el campismo post-1989 sirve solo para justificar a tiranos puros y duros, como Bachar el Asad, Gadafi, o sistemas como el iraní. Varios referentes de las izquierdas latinoamericanas llenan de flores a estos “antiimperialistas”. Así, Evo Morales pudo felicitar a Vladímir Putin para su cumpleaños, con un tuit que vale la pena citar completo: “Muchas felicidades al hermano presidente de Rusia, Vladímir Putin en el día de sus cumpleaños. Los pueblos dignos, libres y antiimperialistas acompañan su lucha contra el intervensionismo armado de EEUU y la OTAN. El mundo encontrará paz cuando EEUU deje de atentar contra la vida”. Que Putin financie a la extrema derecha europea, que plantee la guerra de Ucrania como una guerra santa contra el Occidente satánico, no tiene importancia para estas izquierdas que compraron el discurso de la “desnazificación” o la idea de que todo esto es producto de la “expansión de la OTAN”, sin analizar las propias dinámicas imperialistas de Rusia ni el hecho de que para muchos vecinos entrar en la OTAN sea bastante racional si Rusia opera como el matón grandote del barrio. Es una izquierda que tampoco dice nada sobre Nicaragua, donde cada vez más disidentes están presos, incluso reconocidas figuras de izquierda. El caso nicaragüense es interesante porque Daniel Ortega desarrolló buena relaciones con el Comando Sur, el FMI y otras instituciones “imperiales”.

 Todos tienen menos poder hoy frente al “sistema” si tomamos por sistema el capitalismo globalizado que vivimos en la actualidad. Y todos parecen decepcionar a quienes esperan cambios profundos, no solo la izquierda

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Por otro lado, como mostró el mismo Saint-Upéry, y mostramos también en otro artículo, en última instancia y a la hora de fijar el sentido del voto en Naciones Unidas y otros organismos, las posiciones de los gobiernos de la región han respondido mayoritariamente a la tradicional visión normativa de las relaciones internacionales que ha caracterizado a la cultura política y su visión del mundo latinoamericanas, y en particular a la tradición de política exterior de las cancillerías y la diplomacia. De manera sumaria, las políticas exteriores latinoamericanas están enraizadas, en primer lugar, en los principios de respeto de igualdad soberana de los Estados y no intervención.

Pero no es solo la izquierda la que se muestra ambivalente con esta cuestión. Como señalaba un artículo de la BBC en portugués, “el ala más radicalizada de la derecha brasileña está dividida en este conflicto, ya que una parte coquetea con la derecha ucraniana, mientras que otra admira a Putin”. Al viajar a Moscú, Bolsonaro declaró que “Putin es conservador, gente como nosotros”. De hecho, la segunda parada ideológica de la gira fue una visita a Viktor Orbán donde señaló que “los gobiernos de Brasil y Hungría comparten ideas que pueden resumirse en cuatro palabras: dios, patria, familia y libertad”.

Por último, las izquierdas radicales en general suelen decir que la respuesta a las nuevas derechas está en las calles y en los movimientos sociales. ¿Creés que en la situación actual eso es suficiente? ¿Qué le falta a la izquierda de hoy? O, dicho de otra manera, ¿cuál es el desafío más grande que enfrenta la izquierda que verdaderamente quiere implementar cambios?

En mi opinión, el desafío es rearticular de otro modo la dupla reforma/revolución. Sin la revolución como horizonte disponible (para mal y para bien, dados los resultados de las experiencias que conocemos), es necesario dar nueva vida a la reforma social, abandonada por los reformistas. Hay una serie enorme de problemáticas para abordar: cambio climático, nuevas formas de alienación -¿cómo pensar las nuevas tecnologías?- y precariedad, necesidad de reconstruir de alguna forma los Estados de bienestar. En Madrid se movilizó medio millón de personas hace unos días por la sanidad pública: para conseguir una cita con un especialista se puede esperar meses, y hasta un año. Eso posiblemente no se pueda hacer bajo parámetros de hipercorrección política ni sedimentando identidades de nicho, sino combinando perspectivas emancipatorias en temas como el feminismo y las diversidades sexuales con capacidad para atraer sectores populares más amplios con sensibilidades diversas y contradictorias sobre una multiplicidad de problemas societales. En un mundo precarizado y con un futuro amenazante no alcanza con deconstruir todo, es necesario construir imágenes de cómo puede ser una vida mejor.

Es necesario, creo, cierta des-hipsterización del progresismo, reconectar con los de abajo, volver sobre cuestiones económicas “duras” -hoy se habla de pos capitalismo casi sin hablar de economía, salvo en círculos muy especializados-. El catastrofismo puede ser pedagógico pero no creo que nos ayude a refundar proyectos emancipatorios. No sé cómo se hace todo esto, dependerá de experiencias concretas que permitan cierta universalización, formas de reconstruir comunidad, espacios de deliberación… El ecosocialismo, en este contexto, podría proporcionar algunas imágenes para reconstruir imaginarios positivas y deseables del futuro que trascienda el mero colapsismo.

A pesar de haber escrito un libro que parece pesimista yo no creo que la derecha esté ganando todo, incluso creo que su radicalidad es menudo es porque está perdiendo. Pero quien “gana” es un capitalismo desigualitario y al mismo tiempo “progresista” en sus discursos sobre género, raza, minorías sexuales… por eso hay una gran confusión. El problema, en todo caso, es que parte de la izquierda se ha centrado en discursos que ha abandonado en gran medida una perspectiva más universalista/de clase. Si bien se habla todo el tiempo de interseccionalidad, la dimensión de clase de esa ecuación de las desigualdades es la menos abordada. Sin recuperar algún tipo de identidad de clase —que no será como las del pasado ni se resuelve asumiendo posiciones conservadoras o anti-woke— no parece fácil enfrentar los combates que nos esperan.

(Una versión en inglés de esta entrevista fue publicada en la revista LINKS International Journal of Socialist Renewal).

Fuente de la información e imagen: https://panamarevista.com

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Entrevista a Hebe de Bonafini: un giro por la vida

Por: María Gabriela Mizraje

La primera vez que entré a la Casa de las Madres también era noviembre, hace justo 30 años. Y fue para hablar con ella. El impacto que tuve en aquel interior y en el mano a mano con Hebe de Bonafini fue tan poderoso que luego, al comentárselo a David Viñas, quien cada tanto imprimía sus pasos junto a ellas alrededor de la pirámide, éste me sugirió que escribiera esas impresiones.

No seguí su solicitud; entonces Viñas, que sabía ser muy insistente cuando se proponía algo, repetía: te pido por favor, todo esto que estás diciéndome es único y con el tiempo no vas a poder reconstruirlo como ahora, hay que compartirlo, por favor, escribílo.

Fue una pena no haberle hecho caso, pues yo era joven y simplemente estaba viviendo, atravesando mis propias ideas y sensaciones con suma intensidad, y quizá no llegué a comprender la dimensión de lo que él escuchaba en mi relato. Sólo guardé aquel episodio en mi memoria y la grabación de la entrevista que aquella tarde le hice a esa mujer, esa madre, con el objetivo de incorporarla a un libro sobre mujeres argentinas. Pero al final opté por incluir en el mismo otros textos, discursos que Hebe había dado y que me parecían representativos para esa antología que saldría publicada por el Instituto Movilizador de Fondos Coooperativos poco después, como volumen bastante temprano de la que sería una extensa e inolvidable colección.

La entrevista quedó inédita, en dos formatos, en un cassette y en una desgrabación que realicé enseguida, absolutamente fidedigna, conservando todas las marcas de oralidad. Y ha permanecido intacta hasta ahora.

Hoy, ante el impacto del adiós, en una de esas ceremonias privadas con las que el recuerdo revuelve entre las cosas y recupera imágenes, voces, textos, retorno a aquel encuentro, a aquella otra tarde de sol, a aquel diálogo generoso y distendido; veo la mesa y nos veo a ambas en ese ambiente tan pero tan familiar, tan de puerta abierta de nido, tan de pájaros que se asomarían por siempre.

Se han dicho tantas cosas, de las mejores y de las otras, se han trillado tantos elementos; como cada vez que se va una figura grande, son muchas las personas que pueden acercar su anécdota, muchas las que pueden hacer una valoración general, de cualquier índole, muchas las que pueden abocarse al estudio de la misma.

Hebe es insoslayable, guste o no. Y es alguien que también parte la historia al medio. Es un ícono mientras no deja de ser una mujer bien de carne y hueso, con todas sus vicisitudes y zozobras. Por encima de lo que se advierte como desacierto recargado de énfasis en sus momentos de mayor crispación, está su dolor y además su valentía. Antes, durante y después, su pérdida inconmensurable; antes, durante y después, esa valentía. Con una franqueza que detestó las medias tintas, sin voluntad de esmirriada retórica diplomática y con clara decisión combativa, fue creciendo en el ring de su lucha incansable y alzando la voz.

En aquella misma década de 1990, sí escribí algo que ahora quiero retomar porque grafica con intensidad el periplo de las injusticias, de los amores maternos, de los desvelos inclaudicables hasta “la locura”, entre los vericuetos de los uniformes y la política en Argentina.

Eduarda Mansilla, mujer pionera de nuestras letras, ofrece, entre otras obras, una novela riquísima, titulada Pablo o la vida en las Pampas. Con estupor, mientras exhumaba ese texto y lo comparaba en sus distintas versiones decimonónicas (un original francés, primero en folletín y luego en libro, y después el mismo traducido por su hermano Lucio Victorio para otro folletín publicado en Buenos Aires), tracé un arco estremecedor.

La protagonista de E. Mansilla, llamada Micaela, clama por la aparición de quien le fuera arrebatado sin ninguna palabra explicativa por parte de las autoridades y se atreve a reclamar al poder: “deben devolverme a mi hijo, mi Pablo”, les dice cara a cara, pero todo lo que intenta resulta en vano. Se queda esperando en la plaza, por siempre. “Los curiosos no dejan de decir: Vamos a pedirle a la loca que nos lea la carta del Gobernador”.

La loca de la plaza, a quien viéramos con un pañuelo en la cabeza en esta novela de 1868, guarda vivos los rasgos que serán un plural en las Madres de Plaza de Mayo. La plaza es la misma, en cuanto mira a la Casa de Gobierno y la “locura” también, la de una madre pujando por echar luz sobre la desaparición — y posterior fusilamiento– de su hijo. En las muescas de la historia (literaria) argentina, podemos leer esta trágica anticipación.

Si el pañuelo blanco es un pañal resignificado, Hebe, como otras compañeras pero muy especialmente ella, ha sido blanco de dardos de todo tipo.

Las cosas que aquella tarde me comentó y que hoy quedan registradas en la transcripción muestran ya, luego de tres décadas, muchas continuidades con sus definiciones y declaraciones y asimismo algunos puntos de inflexión, de cambio, que pueden sopesarse en la actualidad respecto de aquel presente histórico, cuando el país inevitablemente era el mismo y a su vez tan distinto, cuando los feminismos revestían otras formas, cuando el esforzado retorno a la democracia aún estaba tan fresco, cuando algunas leyes dispuestas a encarar el período previo, de la dictadura cívico-militar, ardían en el candelero.

“La salvación del país depende entonces […] de la energía moral de sus fuerzas vivas […] ellas deben depositar su última fe en la superioridad moral que la desesperación concede al verdadero coraje”, proponía Karl von Clausewitz. Es precisamente de la desesperación dictada por el amor que emerge el coraje de las Madres y que ellas saltan del individuo a la sociedad, del hogar a la calle, de la soledad a la política; es a partir del llanto que riegan la Plaza y la lavan de tanta inmediata ignominia.

Por eso, cualquier cosa que se diga resulta insuficiente y cualquier crítica que se haga hoy es improcedente y suele estar ligada al negacionismo. Momento de sopesar y agradecer. Mejor preguntar con el poeta para qué escribir versos y responder, para seguir preguntado, “¿para volver al vientre donde cada palabra va a nacer?/ ¿por hilo tenue?”, tal cual sollozaba Juan Gelman en Carta a mi madre.

O reflexionar con el filósofo del Materialismo ensoñado, León Rozitchner, que se estremece a sí mismo interrogando una suspensión realizada por las madres: “¿Y allí haya anidado y desarrollado el huevo de la nueva vida histórica –

-la memoria indeleble de una vida feliz, sin violencia ni muerte, que en el hijo permanecerá grabada para siempre– que toda madre incuba para que vida humana haya, que si no, no existiría como ideal ni en la religión ni en el Estado ni en la ética?”.

Las cenizas sobre nuestra Plaza madre mantendrán vivo el fuego de la entraña combativa de Hebe de Bonafini y de su corazón. La Plaza que la vio, que las vio y aún las ve, ir y venir sin descanso, girando como un planeta sobre su propio eje, mientras exista patria, jamás tendrá fin en la memoria, con todos los hitos eslabonados desde el siglo XIX y el eco inextinguible de las Madres.

En esa matriz urbana, vientre vertido en consignas de Derechos Humanos, cobijo de toda intemperie cuando la crueldad arrecia, donde la lengua materna permite oír y retumbar el trino de los vocablos escogidos, que no pierden vigencia: Memoria, Verdad y Justicia, nos seguiremos reconociendo.

Por los hijos de los hijos, AMEN.

Buenos Aires, 24 de noviembre de 2022

Hebe de Bonafini y la reivindicación de la entrega

Por María Gabriela Mizraje, 30 de noviembre de 1992

MGM: ¿Cómo considera el hecho de que algunos ciudadanos las asocien a una práctica feminista?

HB: Nosotras nunca nos asociamos a una práctica feminista porque no nos consideramos feministas, nosotros (sic) creemos que hacemos un trabajo de mujeres, que defendemos la lucha de la mujer, que hemos reivindicado el hecho de ser madre, lo hemos elevado, ¿no?, porque siempre parecía que la madre estaba solo preparada para lavar, planchar y cocinar, y nosotros hemos demostrado que podemos hacer muchas otras cosas, sin dejar de lavar, planchar y cocinar; así que no, no somos un movimiento feminista, trabajamos con muchas mujeres, con muchos movimientos feministas de todas partes del mundo, pero realmente no somos feministas, para nada, creemos que la liberación va a venir del hombre y la mujer juntos; pero sí defendemos la lucha de la mujer, la reivindicamos y nos parece que la mujer ha estado muy postergada… todo eso, está claro…

MGM: Eso, desde ya, la pregunta sería no tanto por una autodefinición (yo entiendo que no se autodefinen como feministas), sino por el encuadre que algunos le dan al Movimiento, la visión que otros tienen de las Madres como feministas, ¿qué opina usted (o ustedes) sobre esa visión?

HB: Bueno, cada uno nos ve desde el punto que nos puede ver, eso no es –vamos a decir– específico, nos parece que algunos nos ven más feministas, otros nos ven muy politizadas, otros nos ven muy anarquistas, cada uno nos ve desde el lado que le viene a él, desde su punto de vista; no me parece mal, porque como nos ven de tantas maneras -vos sabés que estamos tan analizadas-, los psicólogos, los soció- logos, los antropólogos, todos nos analizan, los que estudian el lenguaje, los que estudian los discursos, todo el mundo hace tesis, los teólogos, todos hacen tesis de las Madres, así que nos sentimos requeteobservadas, entonces somos lo que cada uno quiere que seamos.

MGM: ¿Existen divisiones internas dentro del grupo de las Madres?

HB: No, no, no, sólo una vez que se fueron ocho personas de la Asociación; nada más, se fueron y chau, no vinieron más, no pertenecen más a la Asociación.

MGM: Si tienen que tomar decisiones ¿votan…?, ¿hay acuerdo general…?

HB: Sí, nosotros tenemos una reunión semanal de la comisión, después los jueves nos reunimos con las madres y hacemos cinco reuniones por año, o cuatro, con todas las madres del país; se acaba de hacer una en Santa Fe, para debatir los lineamientos a seguir durante el año; después cada uno opera a partir de lo que sucede en la provincia o en el lugar donde está trabajando. A veces para cosas importantes nos llamamos; decimos: mirá, con esto se hace tal cosa; y, si no, cada encuentro. También las marchas, como ser ahora la Marcha de la Resistencia es casi un encuentro, porque vienen todas las madres del país y ahí también hacemos pequeñas reuniones. Además nosotras visitamos permanentemente también los lugares, estamos yendo constantemente a los lugares donde las madres preparan tareas y charlas y debate; y ahí ya estamos también con las madres de unidad.

MGM: Pero, entonces ¿no hay divisiones internas como en cualquier agrupación política?

HB: No, no, no, no, acá sólo la que hubo fue la de las que se fueron, que se llaman fundadoras, pero que no tienen nada que ver con nosotras.

MGM: Sin embargo sí es una agrupación política.

HB: Claro, hacemos política… no partidista. Una manera diferente de hacer política, nada que ver con lo que la gente cree. Por eso la película La voz de los pañuelos es tan buena para que la gente la vea, porque ahí uno ve cómo funcionamos, cómo determinamos lo que hacemos, cómo discutimos…

MGM: A veces lo que menos se conoce es justamente eso, cómo se deciden las cosas…

HB: Mirá, nosotros tenemos una manera muy particular de reunirnos; por ahí estamos haciendo la comida y estamos debatiendo un tema requete-importante… bueno, los temas más, más, más álgidos se debaten en la reunión de comisión, que son once miembros, pero donde después también participan todas las madres de la casa, las que trabajan, que son unas veinticinco madres, y después se las participa de lo que se resolvió en la comisión. Y si la cosa es muy álgida, muy difícil, nos reunimos todas para debatirlo, como ser para discutir si íbamos o no al programa de Mirtha Legrand lo discutimos casi una semana entera, con todas las madres que iban y venían, que se enteraban y que venían a dar su opinión, y las del jueves y las del martes y las de todos los días. Hay un grupo de Madres que hace el envío del periódico, hay un grupo de Madres que se encarga de lo que son las tareas de la casa, del dinero, de las compras y de eso. Todas participan de todo, también cuando hay decisiones participan todas, no somos las elegidas, participamos todas.

MGM: ¿Las reuniones de comisión son semanales?

HB: Son semanales, todos los martes. Después de la reunión de comisión, todas las Madres de la casa participan de cosas que nos comprometen a todas, queremos saber qué piensan todas y entonces vienen todas. No es una cosa de llamado, sino que estamos, vienen, todas saben, quieren saber qué pasó, les cuento un viaje…

MGM: Pareciera una cosa mucho más espontánea…

HB: Claro, porque nosotras no somos burocráticas, queremos romper con todo lo que sea burocrático; bueno, por supuesto, hacemos un acta de la reunión. Ahora estamos reunidas con la gente para la Marcha de la Resistencia, estamos trabajando tres Madres. Esas tres tienen que contarles a las otras qué pasó, qué se discutió, qué se arregló. Lo que pasa es que ahora, cuando salimos de ahí, nos reunimos de vuelta. Hay días que estamos reunidas todo el día, ¡porque hay tanto trabajo!, vamos debatiendo los temas que nos van dejando. Los diputados italianos que recién vinieron nos dejaron una inquietud, ahora tenemos que reunirnos con todas para ver qué piensan.

MGM: Ahora que dice lo de los “temas”, querría preguntarle si se reúnen a estudiar o alguna otra actividad similar, leer leyes…

HB: No. Los jueves a la mañana, por medio del periódico o de los temas que salgan, hacemos una discusión política, o sea que ahí tenemos charlas políticas o las Madres me traen problemas o los discutimos entre todas o vemos cómo en cada periódico sale una cosa diferente, y ahí discutimos política, qué pasa, por qué sacan esto o por qué no lo sacan, por qué se dice esto, si tapa lo otro, por qué no se tapan o por qué se tapan las cosas. De ahí salen las cosas que vamos a decir en la radio, porque tenemos, los días jueves, muchas radios alternativas que vienen y nos graban, y también sale el discurso de la Plaza; aunque es corto, es siempre de acuerdo al tema que elegimos.

Ese día no cocinamos acá, comemos cualquier cosa y después vamos a la Plaza. Y ahí es la locura, entrevistas y gente, viene cualquier cantidad de gente del exterior; gente del país, maestras, alumnos, de todo.

MGM: Esas visitas tan numerosas de la gente del exterior, ¿cómo las viven?, ¿piensan que las consideran algo pintoresco?

HB: No, la gente que viene a la Plaza viene a darnos siempre solidaridad, no viene a vernos como a una cosa extraña, mucha gente que va a la Plaza hasta a veces habla. Es una cosa bien profunda. Los que dicen que es folklórico son los que no entienden a toda la gente que nos apoya o no lo quieren ver.

MGM: La autodenominación de Madres implica, desde ya, definirse en función de sus hijos; la pregunta sería ¿se consideran hijas de las ideas de sus hijos, construyeron su aparato ideológico a posteriori del de sus hijos o era preexistente?

HB: Nosotros (sic) decimos que ellos nos parieron y que levantamos sus banderas porque son las mismas por las que ellos lucharon, lo que reclamamos nosotras ahora, tal vez con una ideología más tibia, porque ellos eran tan combativos, tan claros, tan serios, tan íntegros en lo que hacían, ¿no?, nosotros tal vez no lo hacemos con la misma fuerza que ellos, tratamos de hacerlo lo mejor que pode- mos, de defender los principios que ellos defendían y que son los nuestros, y, bueno, de sentir la lucha de ellos como propia, ¿no?, eso es lo que tratamos de hacer, no sé si nos sale.

MGM: ¿Cuál es su opinión actual acerca de la lucha armada?

HB: Yo creo que todos los pueblos tienen derecho a levantarse en armas cuando son sometidos, cuando son postergados, cuando son marginados; cuando alguien perdió todo y ya no tiene más nada, yo creo que tiene derecho a levantarse en armas. Yo creo que la lucha armada tiene que ser hecha con mucho criterio, que tiene que haber mucha gente dispuesta a dar la vida en contra de la opresión; porque, si no, se pierden muchas vidas y no se recuperan; yo creo que los pueblos que se han levantado en armas, como en Nicaragua, como en Salvador, han demostrado que era necesario para conseguir un poquito de libertad; ahora después, claro, como pasa- ron tantas cosas, y en Nicaragua está Violeta Chamorro y en El Salvador están ahora pensando qué van a hacer, si van a seguir o no, y hay lucha armada en otros países, yo no sé, yo creo que la lucha armada, que es algo tan serio y tan importante, ¿no?, para un pueblo, para un país tiene que ser de todos, no puede ser de un pequeño grupo. Tenemos que ser muchos los que estemos…

MGM: …dispuestos…

HB: …dispuestos; si no, no sirve. Yo creo que se puede hacer la revolución más lentamente, con mucho fundamento y con mucha fuerza y tal vez arriesgando la menor cantidad de vidas posible. Esa es la idea nuestra.

MGM: Si tuviera que hacer una autocrítica, de las Madres en general, de usted en particular…

HB: Yo creo que las Madres en un principio fuimos muy ingenuas, creíamos muchas cosas que no eran, creíamos que Videla era un presidente y era un asesino. Creo que no nos abrimos como debiéramos haberlo hecho antes y lo comenzamos a hacer mucho tiempo después, o sea no hace tanto tiempo que las Madres abrimos la lucha a otras luchas, hará unos seis o siete años y creo que nos debíamos haber abierto antes, pero, bueno, teníamos temor, no queríamos que nos dijeran que hacíamos política, nos parecía –como los políticos decían: ah, hacen política– ah, no no, políti- ca, no, claro, porque nos metían la idea de que era malo hacer política; cuando nos dimos cuenta de que era bueno, empezamos a reconocerlo, ¿no? Creo que esa fue una cuestión que debíamos haberla… y que debíamos haber sido más duras de lo que fuimos; sí, en algunas ocasiones hubiéramos debido ser mucho más duras, más terminantes; pero, bueno, ya está, ahora está así.

MGM: ¿A qué argentina, de la historia o del presente, elegiría, si tuviera que rescatar una figura de mujer?

HB: Y por ahí a la más anónima, ¿no?, a mi mamá, por ahí, que toda la vida trabajó y ahorró… y… ahora, a una figura pública, me parece que Eva Perón y la señora Moreau de Justo son dos mujeres… brillantes, opuestas tal vez en su pensamiento pero con ideales tan claros, ¿no? Yo creo que son dos mujeres para pensar.

MGM: ¿Cómo se siente incluida en la serie: Alicia Moreau de Justo – Eva Perón – Hebe Bonafini?

HB: Bueno, me siento muy honrada, no sé, me da mucho miedo, porque son dos gigantes para mí, Eva Perón y la señora Moreau de Justo. Vos sabés que en la última exposición que hicimos las Madres, vino alguien a reprocharnos que no teníamos ni una foto de la señora Moreau de Justo con nosotras, es que nunca nos sacamos una foto con ella, no sabemos por qué, en algún lugar estarán pero nosotras no las tenemos. Y yo me quedé muy mal, porque ella me dijo “¿cómo en esta exposición no está la señora?”, no es que no la sintamos, sentimos que está aquí pero no teníamos ni una sola foto de ella con nosotras, con tantas veces que estuvimos juntas. Yo he leído la vida de Eva Perón de muchas maneras, muchos libros he leído sobre ella, el último que leí es uno de Marisa Herrero [Navarro], una historiadora, me pareció excelente, porque uno conoce muchas más facetas de lo que vio, y a la señora Moreau de Justo la conocimos y estuvimos con ella y sabíamos de su pensamiento y de su lucha, su entrega, ¿no?; porque lo más importante de ellas dos yo creo que fue la entrega, la entrega así sin pensar en nada, entregadas por entero a lo que creían, en su objetivo, que es una cosa tan fuerte.

MGM: Sin duda por eso mismo es que la serie no tiene que darle ningún temor, porque yo creo que las condiciones, a pesar de las diferencias, en ese punto son las mismas. Y usted dice que leyó textos sobre la vida de Eva ¿y textos de ella, La razón de mi vida, por ejemplo?

HB: Me gustan más los libros que cuentan sobre ella, que son muy interesantes. Ese de Marisa Herrero [Navarro] me pareció brillante, porque no está ni la parte donde se la condena ni donde se la subestima ni se la alaba demasiado, sino que está la Eva Perón, la que yo quiero, esa Eva Perón. En sus contradicciones y en todo, pero esa Eva Perón, esa que se jugó, esa es la que está en ese libro, por eso me gustó.

MGM: Volviendo a las Madres, aunque los términos cuantitativos suelen ser molestos, nos consta que los números a veces ayudan por su fuerza; en función de esto, otra cosa que quiero preguntarle es ¿siendo los desaparecidos tantos como lamentablemente sabemos, cómo se explica que las Madres hayan sido tan pocas en relación y sigan siéndolo?

HB: Porque no es lo mismo ser Madre de Plaza de Mayo que madre de desaparecido. Hay 30.000 desaparecidos y hay 15.000, porque algunas tenemos dos o tres, o 18.000 madres de desaparecidos, pero no hay 18.000 Madres de Plaza de Mayo, porque las Madres de Plaza de Mayo fuimos las que entendimos la lucha de los hijos, las que nos entregamos de lleno a luchar por otros hijos que no son los nuestros pero que encontramos en ellos a los nuestros, somos las que no estamos dispuestas a aceptar ningún tipo de reparación, porque la única reparación posible, si es que hay una, es la justicia, entonces por eso es que no hay, porque no todas las madres ni todas las mujeres que han perdido a los hijos están dispuestas a esto que te lleva la vida, esto es una entrega total. Es una lección de vida, y nuestra generación era una generación egoísta, individualista, y cambiar y transformarse a los 49 años, como empecé a transformarme yo cuando me llevaron a mis hijos, no es fácil; no es fácil, porque es como que cada mañana alguien te da dos o tres trompadas para que sigas cambiando, cuando querés entrar en esta cosa del individualismo decís no, pero cómo, si yo estoy haciendo esto no puedo ser individualista, para ninguna de las co- sas que hago en el día, y no es fácil. No es fácil. No todas están dispuestas. Además, por la vida a veces cómoda, acá te tenés que mojar, tenés que estar abajo de la lluvia, bajo el sol, bajo el frío, bajo el calor, no hay horarios… Ya la vida personal no cuenta, no hay más nada personal. Yo no me compro ni la ropa, yo me pongo lo que me dan, me regalan, jamás salgo a mirar una vidriera, a elegirme nada, no tengo tiempo, no puedo. Si tengo tiempo, leo porque me encanta leer.

MGM: Ahora que dice esto de la lucha que sigue, etc., ¿cómo se explican las consignas principales que continúan levantándose: aparición con vida, y juicio y castigo? Cómo se explican actualmente, quiero decir, cuál es su vigencia ahora, sobre todo la de la primera.

HB: Bueno, aparición con vida es el cuestionamiento a un sistema, ¿no?, aparición con vida: mientras los asesinos estén en libertad, nosotros no vamos a reconocer la muerte, nunca se puede reconocer la muerte de un hijo si los demás no dicen qué pasó, porque nadie nos dijo que los mataron o que están enterrados en algún lugar o que los quemaron o que murieron en la tortura. Quieren que nosotros aceptemos las muertes sin que nadie lo diga y sin que nadie pague por ellas. Entonces mientras los asesinos estén en libertad, nosotros no vamos a reconocer la muerte de nuestros hijos, nunca, porque la desaparición es un delito permanente, entonces para nosotros siguen estando desaparecidos.

MGM: Bueno, después de esto casi no me atrevo a preguntar nada más. Muchas gracias.

HB: No, querida, al contrario.

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“Al mapuche lo quieren sumiso y empobrecido, no se bancan que tengamos un camino autónomo”

Por: Ezequiel Luque

 

El 4 de enero, se cumplieron tres meses desde que fuerzas federales irrumpieron en el territorio de la Lof Lafken Winkul Mapu en Villa Mascardi (Bariloche) y se llevaron detenidas a mujeres y niños mapuche. Cuatro de ellas permanecen todavía con prisión domiciliaria, entre las que se encuentra la machi Betiana Colhuan Nahuel, autoridad espiritual de la comunidad. Desde La tinta, visitamos la casa donde permanecen alojadas y dialogamos con ellas para comprender su reclamo y su vínculo con las tierras ancestrales que reconocen como hogar y son fundamentales en su espiritualidad.

La recuperación de las tierras en 2017 y la formación de la Lof Lafken Winkul Mapu; el inicio de la causa de Parques Nacionales y los operativos de la entonces ministra, Patricia Bullrich; el asesinato de Rafael Nahuel por parte de Prefectura; la campaña coordinada de estigmatización mediática; el crimen de odio contra Elías Garay; las amenazas de desalojo; las humillaciones; los ataques de falsa bandera; las decenas de causas abiertas… todo un extenso y sistemático camino de persecución policial, judicial y política que tuvo su episodio más reciente el pasado 4 de octubre de 2022, cuando el Comando Unificado de Seguridad -formado hace meses por el Gobierno nacional- ingresó a territorio mapuche en Villa Mascardi y desalojó a la comunidad que hacía cinco años vivía allí.

Sin intenciones de profundizar sobre este operativo -que bien ha sido relatado por las damnificadas a través de medios colegas-, es fundamental contar cómo sigue la vida de las cuatro mujeres y la decena de niños que aún permanecen con prisión preventiva y domiciliaria en el Centro Mapuche de Bariloche. Porque se trata de personas que, de manera abrupta, vieron interrumpidaero su vida en la montaña y ahora tienen que acomodarse a otro entorno, otros vínculos, otra espiritualidad, lejos de su hogar.

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(Imagen: Ana Medero para La tinta)
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(Imagen: Ezequiel Luque para La tinta)

La Lof Lafken Winkul Mapu hacía más de cinco años que estaba instalada en Villa Mascardi, en una porción de territorio que le disputa a Parques Nacionales, a quien acusa de hacer negocios con las tierras. De hecho, la mayoría de las parcelas con las que colinda la Lof pertenece a privados particulares, salvo una porción perteneciente al Obispado de San Isidro.

Desde 2017 a esta parte, la comunidad comenzó a trabajar con animales, tenía una huerta y hierbas medicinales, y había construido una docena de casas de madera (rukas) donde vivían cerca de 30 personas, entre ellas, niños y niñas que habían pasado toda su vida allí. Durante el desalojo, perdieron sus casas y sus pertenencias, ya que, hasta ahora, no las dejaron volver y el territorio se encuentra extremadamente custodiado por fuerzas federales.


“Nos destruyeron todo lo que habíamos construido con mucho esfuerzo estos años, pero no nos importa lo material ni lo económico. No lo vemos como un negocio para el turismo, como lo ve Parques Nacionales. Podemos volver a empezar de cero y levantar todo. Pero tenemos que volver. Lo que nos da ánimo es el territorio. El día a día en esa montaña nos cargaba de energía”, relata la machi Betiana Colhuan Nahuel, desde el otro lado de la mesa en la que compartimos unas tortas fritas con mate amargo.


El lugar en el que están ahora alojadas -apresadas- es una estructura cuadrada de cemento de dos pisos, en la que conviven Betiana Colhuan Nahuel, Luciana Jaramillo, Romina Rosas y Celeste Ardaiz Guenumil, junto a una decena de niños y niñas que van desde apenas unos meses de vida a, quizás, unos 9 o 10 años. Todos son criados en comunidad. Los adolescentes de la comunidad no están aquí. Me cuentan que ellos tenían aún el recuerdo latente de la represión de 2017 en la que murió Rafael Nahuel, por lo que huyeron montaña arriba apenas escucharon que se desató la represión de las fuerzas de seguridad.

“No tenemos otra opción de vida que volver al territorio. Nuestros hijos nacieron ahí, tienen sus placentas ahí y sus raíces ahí. No se les puede sacar de ahí y llevarlos a otro lugar para que sigan con su vida. Es como sacar a una planta de su entorno natural. No van a crecer como lo harían en su lugar nativo. Nosotras aspiramos a volver, por nuestra salud, por la de nuestros hijos. Tenemos todo ahí: nuestro bienestar de pueblo, nuestra salud física y espiritual“, sostiene firme la machi, mientras amamanta a su bebé apenas por encima de su vestimenta y platería tradicional.

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(Imagen: Ezequiel Luque para La tinta)
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(Imagen: Ana Medero para La tinta)

Las machi son las autoridades espirituales máximas del pueblo mapuche, que “vienen a este mundo a sanar con sabiduría natural”, tanto a personas mapuche como no mapuche. Después de 50 años, Betiana Colhuan Nahuel es la primera machi de este lado de la frontera, en el Puel Mapu, y es reconocida como referente espiritual de ambos lados de la cordillera.

En la Lof Lafken Winkul Mapu (Villa Mascardi), se encuentra también el único rewe que hay en pie en el país y se trata de un lugar donde la machi contacta a sus energías espirituales, renueva su fuerza y sabiduría, neutralizando energías espirituales causantes de enfermedades y males.

Tal vez sea difícil de entender desde una cosmovisión occidental, pero, desde la filosofía mapuche, son muy profundas las razones por las que una machi tiene que estar junto a su rewe. “No es un altar que se visite cada tanto. Es un newen, una fuerza que está ligada a la machi que allí desarrolla su trabajo y a ese rewe también quedan ligadas las personas que están en tratamiento y las comunidades que se vincularon. Todo rewe es un ser con vida que debe ser cuidado, acompañado y alimentado. Se preocupan por nuestra salud, pero nosotras decimos que la salud que está primero en peligro es la del rewe, la mapu y los kujfikecheyem. Por eso, también estamos todos en peligro”, expresaron las mujeres detenidas en el último Parlamento Autónomo convocado por diferentes autoridades ancestrales mapuche-tehuelche que se realizó a fines de noviembre.

La detención y desalojo de la machi Betiana Colhuan Nahuel tiene antecedentes similares en Chile, donde muchos pu machi han sido separados de sus pu rewe, como es el caso del machi Celestino Córdova, la machi Francisca Linconao y la machi Millaray Huichailaf, quienes también han manifestado públicamente la urgencia por regresar a sus territorios y evitar así las graves consecuencias que un rewe debilitado tiene para el pueblo mapuche.

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(Imagen: Ana Medero para La tinta)
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(Imagen: Ana Medero para La tinta)

Luciana Jaramillo es otra de las mapuche detenidas. Antes de arrancar a charlar, me pregunta si después voy a poder editar el audio de la grabadora y le aclaro que es solo para la nota, que no va a salir en ningún lado. Se la ve ahora más cómoda. Dice que recién están aprendiendo a dar entrevistas, que, hasta hace unos meses, nunca habían tenido que hacerlo. Aun así, comienza de manera contundente: “Toda esta persecución, todo este hostigamiento y criminalización es porque somos mapuche. Se vuelve a repetir lo que le ha pasado a nuestros abuelos. Es claramente un escarmiento, un castigo. Buscan disciplinar, no solo a nuestra comunidad, sino al pueblo mapuche entero“.


“Nuestro pueblo es preexistente al Estado. Nosotros retornamos al lugar de donde, en algún momento, fueron sacados nuestros abuelos. Por herencia nos corresponde. No somos usurpadores, cómo vamos a usurpar nuestra propia tierra, cómo vamos a comprar nuestra propia tierra (…) La solución a este conflicto es que reconozcan sus propias leyes y dejen de perseguirnos”, dice Jaramillo, en referencia a las leyes internacionales y a la propia Constitución Nacional (Art 75. inciso 17) que reconoce los derechos y la preexistencia de los pueblos originarios en el territorio nacional.


El edificio en el que transcurren la prisión domiciliaria se encuentra en el extremo noroeste de la ciudad de Bariloche, sobre una loma repleta de retama amarilla. En una de sus paredes laterales, hay ilustraciones de la simbología mapuche que permiten reconocer la casa casi desde la ruta costanera. De vecinos, tienen al Destacamento de la Policía Criminalística, en el que, todos los días, una formación militar realiza el izamiento de la bandera argentina.

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(Imagen: Ezequiel Luque para La tinta)
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(Imagen: Ezequiel Luque para La tinta)

Luciana cuenta, además, que autoridades gubernamentales les ofrecieron viviendas en la ciudad de Bariloche y dinero para que puedan sustentarse por seis meses, propuesta que rechazaron de manera inmediata.


“Al mapuche lo quieren así, en el medio de la ciudad, empobrecido, siendo la mano de obra barata de ellos, construyéndole la casa; siendo la sirvienta de ellos, cuidándole los hijos y lavándole la ropa. Así nos quiere el winka (hombre blanco), sumisos. No se bancan que tengamos un camino autónomo, porque quieren que les estemos besando los pies. Nosotros no estamos más en esa, queremos ser un pueblo digno y buscamos dignidad en nuestro territorio, si la sierra nos da todo lo que precisamos, no necesitamos nada de la ciudad estando allá. Sabemos sembrar, sabemos tejer, criar animales… y estamos construyendo nuestra espiritualidad que es lo más importante”, expone la joven.


La machi Betiana sostiene algo similar: “Queríamos tener una vida más propia del pueblo mapuche. Y damos el mensaje de aliento de que se puede lograr. Por eso, creo que el Estado nos tiene miedo. En la ciudad, nos sentimos despojados, no parte. Esa es nuestra herencia reciente. Nuestros padres y madres han sido la mano de obra barata, analfabetos, sin encajar en la sociedad. Es parte de la opresión que conquistó y esclavizó al pueblo mapuche. Seguimos siendo esto, de otras formas, pero seguíamos siendo sus esclavos. Por eso, decidimos no vivir más de rodillas, levantarnos y eso tiene consecuencias que debemos asumir“.

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(Imagen: Ana Medero para La tinta)

El pueblo mapuche tiene, como colectivo, derecho a la salud y a la espiritualidad. Y para su cosmovisión, esos dos pilares de la vida no están garantizados si la machi no retorna a su rewe.

Sumado a esto, hay infancias a las que se les está privando de su derecho a crecer en pleno ejercicio de su identidad cultural y religiosa. Desde que ocurrió el desalojo, algunos de los niños están sufriendo desequilibrios físicos y emocionales por estar fuera de su tierra, y lo demuestran con falta de habla o exhibiendo un estado de sobreexcitación. “Los más chicos nos dicen: ‘¿Por qué estamos acá? Vayamos para la ruka’. Ellos lo único que quieren es volver allá, a su lugar. Hacía cinco años que estábamos viviendo ahí, no conocen otra cosa”, señala Luciana.

Mientras, Betiana complementa: “Nosotras intentamos transmitir la cultura mapuche, no en un pizarrón ni como enseñanza de escuela, sino desde la crianza día a día, con las costumbres en el territorio. Que ellos lo vean como una forma de vida, más propia de nuestro pueblo. Hoy, se sienten muy despojados y reprimidos, porque se cortó mucho de esa crianza. Pero entienden lo que pasó y que les pasó por ser mapuche, por vivir en el territorio”.

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(Imagen: Ana Medero para La tinta)
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(Imagen: Ezequiel Luque para La tinta)

El próximo 12 de enero, se realizará una mesa de diálogo entre el presidente Alberto Fernández y referentes de comunidades mapuche de Río Negro, Chubut y Neuquén, para abordar la persecución a las comunidades, en general, y la problemática de Villa Mascardi en particular.

Consultadas sobre cuál sería la solución al conflicto, Betiana y Luciana respondieron: “La decisión es política. El conflicto que ellos mismos han generado con nosotros se resuelve con una firma del presidente, donde diga que nos cede ese territorio a nosotros, donde ya teníamos una vida y que, por derecho, nos corresponde”.

Imágenes: Ana Medero y Ezequiel Luque

Fuente de la información e imagen: La Tinta

 

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