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El normalismo debe ligarse a la educación popular: Óscar Cortés

Si el normalismo no se liga con la educación popular estamos lejos de su esencia, sostuvo Óscar Cortés, autor del libro Cimiento de ecos o la creación del edificio de la Escuela Nacional de Maestros, 1947, en el día del estudiante normalista.

Durante la presentación del libro, recordó que la construcción del edificio derrumbó una idea del normalismo para que surgiera otro. En el gobierno de Lázaro Cárdenas, con la educación socialista, esta escuela fue fundamental, estaba la hacienda de Santo Tomás, y el normalismo se ligó directamente a la educación socialista, agregó.

Mencionó que en su momento las normales rurales fueron paralelas a lo que hacía esta escuela, el rompimiento vino cuando se creó el edificio en 1947. Reconstruir los elementos del normalismo como lo es la identidad que tiene que ver con la educación popular, expresó.

El autor plantea que las políticas neoliberales han desdeñado al normalismo y a la formación de docentes. La profesión docente dejó de ser una carrera de Estado.

Recordó que en 2017 cuando ocurrió el sismo, pensó escribir sobre otro tema, pero me di cuenta que quería hacer hablar al edificio. El inmueble debe ser catalogado como histórico y esto sólo puede darse por un decreto, ya en febrero de 2020 se recolectaron unas 2 mil 500 firmas en apoyo de la propuesta, para que no sólo sea reconocido como bonito edificio, apuntó.

Fuente de la información: https://web.jornada.com.mx

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Ni maestros de primera, ni maestros de segunda

Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz

 

«Que el mérito mal entendido y el individualismo no lleven a la desunión y a formular prejuicios, ni a suponer que existen maestros de primera y de segunda»

La mañana del 15 de mayo, en evento para celebrar el Día del Maestro, la secretaria de Educación, Delfina Gómez Álvarez, anunció un incremento salarial diferenciado en función de las percepciones de los docentes. Al día siguiente, en la conferencia matutina presidencial, se detalló que, además de un incremento generalizado de 3.5% en salario y 1.8% en prestaciones, se otorgaría un 1% más al salario y, adicionalmente, 3%, 2% o 1% para aquellos grupos de maestros con ingresos más bajos (menos de $10,000, de $10,000 a $15,000 y de $15,000 a $20,000, respectivamente). En suma, los profesores de menores ingresos podrían aumentar su salario hasta 7.5%.

El incremento salarial diferenciado provocó reacciones muy diversas. Algunos aplaudieron el hecho de que se busque reducir las brechas entre los mayores y menores ingresos de los profesores. En contraparte, llama la atención que un sector del magisterio, a través de redes sociales, haya tachado los aumentos diferenciados como injustos, no por insuficiencia, sino por su focalización. Entre los argumentos esgrimidos al respecto, se entrevé una idea desvirtuada del mérito: “¿Cómo a esos que nunca han pasado un examen les van a elevar su sueldo?” parecen preguntarse muchos con asombro e indignación. Así pues, el aumento para quienes menos ganan se observa como una afrenta para los que a través de esquemas de promoción horizontal o vertical han accedido a mejores salarios. Un premio a la mediocridad, dicen otros. Los argumentos no son muy lejanos de aquellos empleados para descalificar los apoyos otorgados a los jóvenes sin estudio y empleo: dinero “regalado”.

¿Son correctas las afirmaciones del párrafo anterior? ¿Hay una manifiesta falta de interés o capacidad de quienes menos ganan? ¿Han sido suficientes los presupuestos de promoción horizontal de los últimos años para abrigar a todos los profesores que se preparan y realizan su trabajo adecuadamente? ¿Deben ser los esquemas de promoción horizontal la única llave para un salario digno? ¿Han sido adecuados, en todo caso, sus mecanismos para seleccionar a quienes merecen una mejora salarial? ¿Es del todo despreciable una política de nivelación de salarios? ¿Hablamos de equidad sólo de dientes para afuera? Respuestas a preguntas como las anteriores deberían servir para matizar los juicios sobre la focalización de los aumentos.

 

De acuerdo a las cifras presentadas, serían 957,035 docentes, de los poco más de 2 millones que conforman el Sistema Educativo Nacional, en todos sus niveles, los que se harían acreedores a incrementos diferenciados. Es decir, la medida abarca a casi la mitad del universo de docentes, mientras que a tres cuartas partes del magisterio de educación básica. Con los aumentos anunciados, ese casi millón de profesores se acercaría, al menos un poco, a las percepciones del resto de maestros del país.

Si bien las reflexiones anteriores no intentan desviar la atención sobre la suficiencia o insuficiencia de los últimos incrementos salariales o el nivel de percepciones de los docentes en relación al de otros países, sí ponen de manifiesto que ha permeado en parte del magisterio mexicano una idea desvirtuada de mérito que busca condicionar ingresos mínimos dignos a la participación en sistemas selectivos de promoción (cuya eje es la aprobación de un examen), que no combaten de fondo, sino que maquillan, la precarización de las condiciones salariales del magisterio. Sacan a la luz también, en algunos casos, el individualismo que prevalece sobre el interés colectivo.

Desde luego que es necesario seguir exigiendo mejoras salariales para el magisterio. Lo otorgado hasta hoy seguramente seguirá siendo insuficiente para brindar condiciones salariales dignas al profesorado o para acercarnos a los niveles de otras regiones. Se requiere poner a prueba, con datos reales, la revalorización del magisterio que tanto se ha mencionado en los discursos oficiales. Pero que esas exigencias no caigan en la legitimación de los sistemas selectivos de promoción como única vía de acceso a ingresos dignos. El bienestar salarial del magisterio no puede ser excluyente y depender de aprobar un examen. Que el mérito mal entendido y el individualismo no lleven a la desunión y a formular prejuicios, ni a suponer que existen maestros de primera y de segunda.

Fuente de la información e imagen: http://proferogelio.blogspot.com/

 

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José Santos Valdés, figura central del normalismo

Por: Laura Poy

El maestro José Santos Valdés (1905-1990) no sólo es una figura central para el normalismo rural mexicano. Sintetiza un sector social, una época y un proyecto educativo. Fue hijo de peón en una hacienda en su natal Matamoros, Coahuila. Un niño que trabajó lo mismo de aguador, que labrando la tierra para completar el gasto del hogar, y que años más tarde fue promotor central de las escuelas normales rurales y de la educación socialista en el país, define Hallier Arnulfo Morales Dueñas, historiador y biógrafo de Santos Valdés.

Al provenir de una familia humilde, con dificultad logró continuar sus estudios. Le llevó nueve años cursar cinco grados de educación primaria. Pese a las carencias, consiguió; sin embargo, ingresar a la Escuela Normal de Coahuila, gracias a una beca.

A los 16 años padeció tuberculosis debido a la falta de alimentos. Se graduó como maestro en 1926, y en su larga trayectoria ocupó diversos cargos como director e inspector de escuelas primarias, director de escuelas centrales agrícolas y director de escuelas normales rurales, entre otros.

Maestro incansable

Morales Dueñas, profesor-investigador de la Escuela Normal Rural Gral. Matías Ramos Santos, de San Marcos, Zacatecas, caracteriza a Santos Valdés como un maestro incansable, que pronto participó en la consolidación de la escuela rural mexicana y fue fundador de escuelas centrales agrícolas, normales rurales y de misiones culturales, así como un activo organizador sindical del magisterio; y también del estudiantado, pues en 1938 redactó el manifiesto que dio origen a la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM).

Su destacada labor en pro de la educación, del normalismo rural y de la justicia social, lo llevaron también a enfrentar, incluso, a la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que en 1959 lo incluyó en una lista de investigados debido a su constante defensa de los presos políticos, su animadversión ante el latifundio y su abierta posición antimperialista, entre muchas otras causas que impulsó, establece su biógrafo.

Actualmente, normalistas en Durango se oponen a la pretensión del ayuntamiento de Lerdo de renombrar el bulevar que lleva el nombre de José Santos Valdés por el del actual gobernador panista, José Rosas Aispuro.

Edición: Emilio Gómez

Fuennte de la información e imagen: https://www.lajornadamaya.mx

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México: Aumento salarial para los maestros: entre igualdades y desigualdades

Aumento salarial para los maestros: entre igualdades y desigualdades

Abelardo Carro Nava

Aún tengo fresco en la memoria, el recuerdo de aquel día de 2016, cuando el ex Secretario de Educación de nuestro país, Aurelio Nuño, se reunió con maestras y maestros que presentaron un “examen” mediante el cual se valoró su desempeño docente en el aula y escuela. Este mecanismo, según se dijo, era el medio a través del cual se daría un paso trascendental para lograr la tan anhelada “calidad” educativa que tanto necesitaban los estudiantes, como si un examen fuera el único elemento o factor que permitiría cumplir tal sueño.

En dicha reunión, acudieron docentes de toda la República Mexicana y, desde luego llamó mi atención, la intervención de una profesora del estado de Chihuahua porque, cuando este ex funcionario público le dio la palabra, sin más ni menos dicha docente le expresó de manera clara y contundente, que en este momento y en ese recinto se encontraban docentes de todo el país, no maestros de primera, ni de segunda, ni de tercera categoría, solo maestros.

El aplauso surgió espontáneo, pues clasificar a maestras y maestros como “idóneos” o no “idóneos”, “destacados” o “insuficientes” solo por el hecho de haber obtenido un resultado que no valoraba lo que en un salón de clases ocurría en una jornada de 6 y 8 horas, no era lo más sensato ni la mejor política.

El clamor por un trato justo, igualitario y equitativo, no se hizo esperar en los días, semanas y meses subsecuentes; de hecho, propios y extraños tomaron este evento como una ferviente posibilidad para exigir un trato digno hacia todos los trabajadores de la educación.

No es un asunto menor afirmar que, las palabras expresadas por esta profesora, de inmediato tuvieron un impacto mediático de importantes magnitudes y consideraciones pues, hasta ese momento, no había existido algún foro público, de esta naturaleza, en el que un docente expresara su sentir de la forma en que ella lo hizo.

Sentir y pensamiento que, debo decirlo, sino fue generalizado, sí gozó de la aceptación y aprobación de buena parte del magisterio que, indiscutiblemente, cuestionó desde el 2013 la puesta en marcha de una política evaluadora de su quehacer profesional, cuyo carácter punitivo quedó demostrado a lo largo de esos años evidenciando, con ello, el desprecio hacia una de las profesiones más nobles que pueden existir en este mundo.

Pasados los años llegó un régimen diferente a Palacio Nacional; desde luego, muchos de los errores cometidos por el gobierno peñanietista, en materia educativa, fueron capitalizados por diversos actores políticos contrarios a esta ideología de corte neoliberal; el hambre y sed de justicia de esa parte inconforme del magisterio rindió los frutos esperados, y el carácter punitivo de la evaluación se eliminó de las leyes reglamentarias en 2019. Justicia, igualdad y equidad, al igual que en el 2013, de nueva cuenta aparecieron en los discursos y en algunas de las leyes que hasta este momento se encuentran vigentes en nuestro país porque, según se dijo, las maestras y los maestros son agentes del cambio educativo y de la transformación social; sin embargo, en los hechos, por ejemplo, aún se mantiene prácticamente el mismo esquema evaluativo para ingresar al magisterio, para promocionarse o para ser reconocido. ¿Qué cambió entonces?, ¿dónde quedó esa justicia, esa igualdad o esa equidad?

Y, si esto no fuera suficiente, la política de aumento salarial de los trabajadores de la educación, con excepción de lo que hemos visto y conocido en este año – y sobre la cual abordaré unas líneas más adelante –, prácticamente se ha mantenido entre un 3 y 4 por ciento a largo de estos años; hecho que indudablemente ha golpeado directamente el poder adquisitivo de éstos pues, por donde quiera que se mire, dichos incrementos no han superado la inflación en los años en que se han propuesto y aceptado.

En estos días, este tema desde luego que ha dado pie al análisis, reflexión, crítica o argumentación de diversos actores educativos y no educativos; desde luego, veo y leo voces a favor y en contra de la decisión tomada por el gobierno lopezobradorista debido a las altas expectativas que generó el anunció que se realizaría el 15 de mayo de este año; fecha en la que se celebra el Día del Maestro en nuestro país y que ha sido empleada por los distintos gobiernos para construir una imagen positiva a su favor puesto que, tal pareciera que este “logro” presupuestal, debe agradecérsele y no exigírsele o demandársele mejores condiciones laborales, profesionales y salariales. En fin.

En cuanto al tema del incremento salarial de este año, éste alcanzó el 5.3% global, retroactivo al 1º de enero de 2022; 3.5% al salario y 1.8% en prestaciones de los docentes de educación básica, Especial, Inicial, de Educación Media Superior y Superior, así como para el personal de Apoyo y Asistencia a la educación. Nada nuevo bajo el sol si consideramos los incrementos de años y gobiernos anteriores y en el que, desde mi perspectiva, permea esa imagen de igualdad señalada pues, en tal concepción, este ha sido el mismo aumento para todos los trabajadores de la educación. Igualdad, por donde quiera que se mire.

Sin embargo, el rubro que causó una polémica de considerables magnitudes, fue la nueva política salarial impulsada por este gobierno debido al aumento escalonado del 3%, 2% y 1% para aquellos que ganan menos de 20,000 pesos mensuales, de acuerdo a los siguientes niveles: a) menos de 10,000 mensuales, 3%; b) de 10,000 a 15,000 mensuales, 2%; y de 15,000 a 20,000 mensuales, 1%; política en la que, como parece obvio, permea un sentido de equidad que no debe soslayarse, pues si consideramos que ésta alude a darle mayores recursos a quienes menos tienen, tal concepción se sostiene porque, como sabemos, en nuestro intricado Sistema Educativo, hay varios miles de trabajadores de la educación cuyo salario es mejor a 10,000 pesos mensuales. ¿Qué responsabilidad han tenido estos trabajadores de la educación para que perciban ese salario si las políticas contractuales han sido establecidas por los mismos gobiernos y aprobadas en los espacios legislativos y de hacienda conocidos? Es más, si revisamos las políticas de estímulos salariales impulsadas desde la década de los noventa, nos daremos cuenta de que éstas no han favorecido a todo el gremio quienes, es cierto, gozaron de la posibilidad de participar voluntariamente en el programa de carrera magisterial o en los procesos de promoción hasta nuestros días vigentes. Entonces, ¿es responsabilidad de un trabajador ganar el salario que gana porque no ha decidido participar en esos esquemas de promoción? En absoluto porque, no hay que perder de vista que al ser una profesión de estado que depende directamente del estado en estos temas una vez que se ejerce, la obligación es de ese estado para proporcionar las condiciones laborales, profesionales y salariales dignas que le permitan a este trabajador, por un lado, realizar su actividad contando con las mejores condiciones en sus espacios escolares, pero también, con un salario digno que retribuya toda la labor que realizan a diario en sus escuelas y comunidades.

Qué bueno que haya permeado un sentido de equidad en esta política gubernamental, qué malo que aún permee la desigualdad en dichas políticas porque, recordando las palabras de la profesora expuestas al inicio de estas líneas, no hay maestras ni maestros de primera ni de segunda ni tercera categoría, todos son maestros y punto. ¡Vaya dilema! Porque en búsqueda de la equidad la igualdad no se sostiene, pero en la búsqueda de esa igualdad la inequidad se sostiene.

En suma, si estamos hablando de que tal anuncio fue un acto de justicia hacia quienes menos salarios tienen, la apreciación es correcta; sin embargo, también es correcto y entendible ese sentimiento de injusticia hacia quienes han jugado con las reglas del juego que todos, absolutamente todos los gobiernos – incluyendo el actual régimen – han impuesto con la finalidad de acceder a un mejor salario.

En consecuencia, tales acciones con matices de equidad se quedan en eso, en unas acciones que, por el momento, son aplaudidas o abucheadas pero que no resuelven el problema de fondo por lo ya expuesto.

Desde mi perspectiva, urge transformar el Sistema Educativo – y desde luego el económico – desde adentro para que las políticas de equidad e igualdad encuentren un equilibrio lo más cercano a eso que tanto ha demandado el magisterio a través de los años: justicia. Para nadie es desconocido la enorme brecha existente entre funcionarios, en todos los regímenes, con sueldos exorbitantes y maestros con salarios menores a 10,000 pesos.

Con negritas:

También llamó mi atención la algarabía con la que una senadora de nuestro país aplaudía el anunció del presidente del 15 de mayo sobre dichos aumentos escalonados; sí, una senadora con un sueldo mensual que no ve un maestro reflejado en sus bolsillos. Qué fácil es hablar, aplaudir y alegrarse desde el privilegio… ¿y si un senador ganará lo mismo que un maestro o maestra?, ¿por qué no, dicha senadora, propone que todos los senadores ganen lo mismo que un profesor? Me gustaría verlo.

 

Fuente de la Información: http://www.educacionfutura.org/aumento-salarial-para-los-maestros-entre-igualdades-y-desigualdades/

 

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México: Esto informó Hacienda sobre el incremento salarial de los maestros

Esto informó Hacienda sobre el incremento salarial de los maestros

El Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Rogelio Ramírez de la O, dio detalles del incremento salarial a los docentes del País, como parte de la Negociación Salarial 2022 entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE).

Durante la conferencia mañanera de este día, el funcionario federal expresó que la política general salarial se centra en un aumento de 3.5 por ciento anual en sueldos y salarios, y 1.8 por ciento en prestaciones.

Asimismo detalló los tres elementos para fortalecer las remuneraciones, en donde los más beneficiados serán los maestros que menos ganan.

Por un lado, hay un incremento porcentual escalonado. Por encima de ese 3.5 y 1.8 hay un incremento de tres, dos y uno por ciento escalonado para aquellos salarios menores a 20 mil pesos mensuales, dijo.

Del mismo modo agregó que tenemos por encima de todo esto el aumento de uno por ciento a sueldos y salarios en general.

Según cifras que reveló, existen 957 mil personas que ganan menos de 20 mil pesos mensuales, incluyendo los que están hasta 12 mil.

Estos van a recibir tres por ciento para quienes tienen menos de 10 mil pesos, dos por ciento para quienes ganan de 10 a 15 mil pesos y uno por ciento para quienes ganan de 15 mil a 20 mil pesos. Así cubrimos con 957 mil beneficiarios.

Dijo que con esta política de salarios, se busca aproximar al promedio de salarios de los trabajadores inscritos al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cual es de 14 mil 300 pesos mensuales.

Estamos haciendo la aproximación para llegar con sueldos, prestaciones, aguinaldo y las políticas de bienestar al salario que acabo de mencionar a 14 mil 300 pesos mensuales, lo cual hace equiparable el salario de magisterio con el salario del Seguro Social, afirmó.

En ese sentido afirmó que el incremento ponderado general para los trabajadores de la educación que más aumento reciben es de 7.5 por ciento, es decir, salarios que están hoy por debajo de 20 mil pesos mensuales.

Puntualizó que para la aplicación de estos ajustes y corregir la inequidad a las remuneraciones de los docentes, el gobierno está invirtiendo 25 mil millones de pesos en este destino que no podrían utilizarse mejor en ninguna otra cosa.

Por último agregó que con la implementación de esta política de bienestar, los trabajadores de la educación en activo verán un aumento de su salario base de cotización, así como un aumento en las contribuciones para su retiro.

Así lo expresó el Secretario de Hacienda:

Fuente de la Información: https://profelandia.com/esto-informo-hacienda-sobre-el-incremento-salarial-de-los-maestros/

 

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Aumento salarial para los maestros: entre igualdades y desigualdades

Por: Abelardo Carro Nava

Aún tengo fresco en la memoria, el recuerdo de aquel día de 2016, cuando el ex Secretario de Educación de nuestro país, Aurelio Nuño, se reunió con maestras y maestros que presentaron un “examen” mediante el cual se valoró su desempeño docente en el aula y escuela. Este mecanismo, según se dijo, era el medio a través del cual se daría un paso trascendental para lograr la tan anhelada “calidad” educativa que tanto necesitaban los estudiantes, como si un examen fuera el único elemento o factor que permitiría cumplir tal sueño.

En dicha reunión, acudieron docentes de toda la República Mexicana y, desde luego llamó mi atención, la intervención de una profesora del estado de Chihuahua porque, cuando este ex funcionario público le dio la palabra, sin más ni menos dicha docente le expresó de manera clara y contundente, que en este momento y en ese recinto se encontraban docentes de todo el país, no maestros de primera, ni de segunda, ni de tercera categoría, solo maestros.

El aplauso surgió espontáneo, pues clasificar a maestras y maestros como “idóneos” o no “idóneos”, “destacados” o “insuficientes” solo por el hecho de haber obtenido un resultado que no valoraba lo que en un salón de clases ocurría en una jornada de 6 y 8 horas, no era lo más sensato ni la mejor política.

El clamor por un trato justo, igualitario y equitativo, no se hizo esperar en los días, semanas y meses subsecuentes; de hecho, propios y extraños tomaron este evento como una ferviente posibilidad para exigir un trato digno hacia todos los trabajadores de la educación.

No es un asunto menor afirmar que, las palabras expresadas por esta profesora, de inmediato tuvieron un impacto mediático de importantes magnitudes y consideraciones pues, hasta ese momento, no había existido algún foro público, de esta naturaleza, en el que un docente expresara su sentir de la forma en que ella lo hizo.

Sentir y pensamiento que, debo decirlo, sino fue generalizado, sí gozó de la aceptación y aprobación de buena parte del magisterio que, indiscutiblemente, cuestionó desde el 2013 la puesta en marcha de una política evaluadora de su quehacer profesional, cuyo carácter punitivo quedó demostrado a lo largo de esos años evidenciando, con ello, el desprecio hacia una de las profesiones más nobles que pueden existir en este mundo.

Pasados los años llegó un régimen diferente a Palacio Nacional; desde luego, muchos de los errores cometidos por el gobierno peñanietista, en materia educativa, fueron capitalizados por diversos actores políticos contrarios a esta ideología de corte neoliberal; el hambre y sed de justicia de esa parte inconforme del magisterio rindió los frutos esperados, y el carácter punitivo de la evaluación se eliminó de las leyes reglamentarias en 2019. Justicia, igualdad y equidad, al igual que en el 2013, de nueva cuenta aparecieron en los discursos y en algunas de las leyes que hasta este momento se encuentran vigentes en nuestro país porque, según se dijo, las maestras y los maestros son agentes del cambio educativo y de la transformación social; sin embargo, en los hechos, por ejemplo, aún se mantiene prácticamente el mismo esquema evaluativo para ingresar al magisterio, para promocionarse o para ser reconocido. ¿Qué cambió entonces?, ¿dónde quedó esa justicia, esa igualdad o esa equidad?

Y, si esto no fuera suficiente, la política de aumento salarial de los trabajadores de la educación, con excepción de lo que hemos visto y conocido en este año – y sobre la cual abordaré unas líneas más adelante –, prácticamente se ha mantenido entre un 3 y 4 por ciento a largo de estos años; hecho que indudablemente ha golpeado directamente el poder adquisitivo de éstos pues, por donde quiera que se mire, dichos incrementos no han superado la inflación en los años en que se han propuesto y aceptado.

En estos días, este tema desde luego que ha dado pie al análisis, reflexión, crítica o argumentación de diversos actores educativos y no educativos; desde luego, veo y leo voces a favor y en contra de la decisión tomada por el gobierno lopezobradorista debido a las altas expectativas que generó el anunció que se realizaría el 15 de mayo de este año; fecha en la que se celebra el Día del Maestro en nuestro país y que ha sido empleada por los distintos gobiernos para construir una imagen positiva a su favor puesto que, tal pareciera que este “logro” presupuestal, debe agradecérsele y no exigírsele o demandársele mejores condiciones laborales, profesionales y salariales. En fin.

En cuanto al tema del incremento salarial de este año, éste alcanzó el 5.3% global, retroactivo al 1º de enero de 2022; 3.5% al salario y 1.8% en prestaciones de los docentes de educación básica, Especial, Inicial, de Educación Media Superior y Superior, así como para el personal de Apoyo y Asistencia a la educación. Nada nuevo bajo el sol si consideramos los incrementos de años y gobiernos anteriores y en el que, desde mi perspectiva, permea esa imagen de igualdad señalada pues, en tal concepción, este ha sido el mismo aumento para todos los trabajadores de la educación. Igualdad, por donde quiera que se mire.

Sin embargo, el rubro que causó una polémica de considerables magnitudes, fue la nueva política salarial impulsada por este gobierno debido al aumento escalonado del 3%, 2% y 1% para aquellos que ganan menos de 20,000 pesos mensuales, de acuerdo a los siguientes niveles: a) menos de 10,000 mensuales, 3%; b) de 10,000 a 15,000 mensuales, 2%; y de 15,000 a 20,000 mensuales, 1%; política en la que, como parece obvio, permea un sentido de equidad que no debe soslayarse, pues si consideramos que ésta alude a darle mayores recursos a quienes menos tienen, tal concepción se sostiene porque, como sabemos, en nuestro intricado Sistema Educativo, hay varios miles de trabajadores de la educación cuyo salario es mejor a 10,000 pesos mensuales. ¿Qué responsabilidad han tenido estos trabajadores de la educación para que perciban ese salario si las políticas contractuales han sido establecidas por los mismos gobiernos y aprobadas en los espacios legislativos y de hacienda conocidos? Es más, si revisamos las políticas de estímulos salariales impulsadas desde la década de los noventa, nos daremos cuenta de que éstas no han favorecido a todo el gremio quienes, es cierto, gozaron de la posibilidad de participar voluntariamente en el programa de carrera magisterial o en los procesos de promoción hasta nuestros días vigentes. Entonces, ¿es responsabilidad de un trabajador ganar el salario que gana porque no ha decidido participar en esos esquemas de promoción? En absoluto porque, no hay que perder de vista que al ser una profesión de estado que depende directamente del estado en estos temas una vez que se ejerce, la obligación es de ese estado para proporcionar las condiciones laborales, profesionales y salariales dignas que le permitan a este trabajador, por un lado, realizar su actividad contando con las mejores condiciones en sus espacios escolares, pero también, con un salario digno que retribuya toda la labor que realizan a diario en sus escuelas y comunidades.

Qué bueno que haya permeado un sentido de equidad en esta política gubernamental, qué malo que aún permee la desigualdad en dichas políticas porque, recordando las palabras de la profesora expuestas al inicio de estas líneas, no hay maestras ni maestros de primera ni de segunda ni tercera categoría, todos son maestros y punto. ¡Vaya dilema! Porque en búsqueda de la equidad la igualdad no se sostiene, pero en la búsqueda de esa igualdad la inequidad se sostiene.

En suma, si estamos hablando de que tal anuncio fue un acto de justicia hacia quienes menos salarios tienen, la apreciación es correcta; sin embargo, también es correcto y entendible ese sentimiento de injusticia hacia quienes han jugado con las reglas del juego que todos, absolutamente todos los gobiernos – incluyendo el actual régimen – han impuesto con la finalidad de acceder a un mejor salario.

En consecuencia, tales acciones con matices de equidad se quedan en eso, en unas acciones que, por el momento, son aplaudidas o abucheadas pero que no resuelven el problema de fondo por lo ya expuesto.

Desde mi perspectiva, urge transformar el Sistema Educativo – y desde luego el económico – desde adentro para que las políticas de equidad e igualdad encuentren un equilibrio lo más cercano a eso que tanto ha demandado el magisterio a través de los años: justicia. Para nadie es desconocido la enorme brecha existente entre funcionarios, en todos los regímenes, con sueldos exorbitantes y maestros con salarios menores a 10,000 pesos.

Con negritas:

También llamó mi atención la algarabía con la que una senadora de nuestro país aplaudía el anunció del presidente del 15 de mayo sobre dichos aumentos escalonados; sí, una senadora con un sueldo mensual que no ve un maestro reflejado en sus bolsillos. Qué fácil es hablar, aplaudir y alegrarse desde el privilegio… ¿y si un senador ganará lo mismo que un maestro o maestra?, ¿por qué no, dicha senadora, propone que todos los senadores ganen lo mismo que un profesor? Me gustaría verlo.

Fuente de la información: https://www.educacionfutura.org
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Claroscuros de la propuesta educativa de la Cuarta Transformación

Por: Miguel Ángel Pérez Reynoso

 

En educación un requisito fundamental de toda propuesta de cambio, de mejora o incluso de reforma educativa, es que sea clara en cuanto a los fines y los beneficios sociales y educativos que se tendrán con su implementación.

De esto carece la propuesta educativa de la Cuarta Transformación, de claridad; sus contenidos se han tornado en polisémicos, cada quien entiende lo que quiere o lo que puede entender y ni en los fines, ni en los medios, ni tampoco en los contenidos que le dan soporte logra visualizarse la claridad social y educativa de lo que aspira.

La propuesta educativa del gobierno de López Obrador desde un inicio tuvo como finalidad el distanciarse de la propuesta educativa de gobierno anteriores, se inició un proceso de cambios en la legislación educativa para poder corregir los excesos que se generaron con los acuerdos de la evaluación punitiva del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Se generaron una serie de documentos breves, desde un inicio en donde daban a conocer algunos principios rectores de lo que sustentaba la propuesta. No le quisieron llamar reforma educativa sino un amplio acuerdo por la educación, de esta manera era importante cabildear y poder acordar con los actores políticos algunos contenidos y procedimientos de la propuesta educativa de este sexenio. El SNTE a la cabeza y de manera oportunista se vistió ahora de los colores de MORENA y comenzó a tejer una serie de alianzas en el ámbito nacional primero y en algunos estados más adelante. Cabe reconocer entre paréntesis que el espectro político del país ha cambiado radicalmente a partir del triunfo de López Obrador y hasta este momento. Los partidos fuertes de antaño PRI y PAN hoy forman parte de una oposición debilitada que, si bien está al acecho de regresar al poder a través de tejer alianzas tácticas, han pasado a formar parte de una oposición debilitada y carente de inventiva. La hegemonía política en este momento se distribuye entre MORENA, Movimiento Ciudadano que hoy tiene el control en Jalisco y en tercer lugar la alianza PRI – PAN – PRD. Actualmente MORENA tiene 15 gobernadores, Movimiento Ciudadano 2, el PAN 7, el PRI 4, el PRD 1, el PCEM 1 y el PES 1. Y MORENA gobierna el DF.

De esta manera la educación también pasa y se negocia con las fuerzas políticas locales, para llegar a acuerdos o para conocer el rechazo que se tiene.

La propuesta educativa de la cuarta transformación tiene aspiraciones significativas, con todo un despliegue ligado a la inclusión a partir del reconocimiento de las diversidades, del intento por reinventar la alianza escuela – comunidad, y de darle un nuevo rumbo a la organización curricular sobre todo en la educación básica, a partir de mejorar la relación entre los campos formativos con los ejes articuladores. Pero todo esto queda en un plano referencial, el gran problema sigue siendo el poder incorporar a los miles de docentes de todo el país y que hagan suya la nueva propuesta. Además, junto a todo ello, la promesa de democratizar al SNTE no se ha cumplido. El reloj político sigue caminando, y parece ser que al igual de lo que sucedió con Peña Nieto nos va a alcanzar el tiempo para poder consolidar los ejes centrales de la propuesta.

El actual gobierno le apuesta a la continuidad en política y en educación, pero de ello no hay garantía, la democracia sui generis de nuestro país abre horizontes a la incertidumbre y a las sorpresas. El año 2024 es una fecha clave para comenzar a entender no solo lo que está pasando ahora sino lo que está por venir.

En educación tanto las y los ciudadanos que confiamos en el sistema, así como las y los docentes cuyo trabajo consiste en contribuir en la formación de la niñez y la juventud de nuestro país, merecemos claridad de la propuesta, no solo lo que se pretende explícitamente sino también entender el contenido de las letras chiquitas que se escriben abajo o en los márgenes y que dan cuenta del verdadero contenido de la misma.

Es importante contar con espacios de diálogo para conocer cuál es realmente el escenario educativo de México a partir del arranque del ciclo escolar 2022 – 2023.

Fuente de la información: https://www.educacionfutura.org

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